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In Defence of Euxenippus
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Pero yo, señores jueces, tal como decía hace un momento a los que están sentados a mi lado, me asombro de que tales acusaciones( eisangeliai) no les resulten ya insoportables. Pues anteriormente, ante ustedes, fueron acusados Timómaco, Leóstenes, Calístrato, Filón de Anaya, Teótimo, el que perdió Sesto, y otros semejantes; y algunos de ellos estaban acusados de traicionar naves, otros ciudades de los atenienses, y otro por ser orador y no aconsejar lo mejor al pueblo.
2
Y de estos cinco, ninguno esperó el juicio, sino que ellos mismos huyeron de la ciudad, y tampoco muchos otros de los acusados; era raro ver a alguien que, tras una acusación, compareciera ante el tribunal. Así de grandes y manifiestos eran los delitos por los que se presentaban las acusaciones entonces. Pero ahora, lo que sucede en la ciudad es absolutamente ridículo.
3
Diognides y Antidoro, el meteco, son acusados por contratar a las flautistas por un salario mayor del que permite la ley; Agasicles, de El Pireo, porque se inscribió en el demo de los Halimousios; y Euxénipo, por los sueños que dice haber visto. Ninguna de estas causas, por supuesto, tiene nada que ver con la ley de acusaciones.
4
Y sin embargo, señores jueces, en los juicios públicos no deben los jueces escuchar los detalles de la acusación antes de examinar el punto principal del proceso y la denuncia para ver si se ajusta a las leyes o no.¡ Por Zeus que no!, no como decía Polieucto en su acusación, al afirmar que los acusados no deben apoyarse en la ley de acusaciones, la cual ordena que las acusaciones contra los oradores mismos sean por no aconsejar lo mejor al pueblo, no contra todos los atenienses.
5
Yo no mencionaría nada antes que esto, ni creo que deba hablar de otra cosa que de cómo, en una democracia, las leyes deben ser soberanas y las acusaciones y los demás juicios deben entrar en el tribunal conforme a las leyes. Pues para esto ustedes establecieron leyes por separado para cada uno de todos los delitos que existen en la ciudad.
6
Si alguien comete impiedad contra lo sagrado, hay procesos de impiedad ante el rey. Si alguien es vil con sus padres, el arconte preside sobre esto. Si alguien propone leyes contrarias a la ciudad, existe el consejo de los tesmotetes. Si alguien comete actos dignos de detención, está establecida la magistratura de los Once. De la misma manera, para todos los demás delitos, ustedes asignaron las leyes, las magistraturas y los tribunales correspondientes a cada uno.
7
¿ Sobre qué cosas, pues, creen que deben realizarse las acusaciones? Esto ya lo escribieron detalladamente en la ley, para que nadie lo ignore: si alguien, dice, intenta derrocar al pueblo ateniense. Con razón, señores jueces, pues tal acusación no admite ninguna excusa ni aplazamiento, sino que debe ser tratada con la mayor rapidez en el tribunal.
8
O si alguien se reúne en algún lugar para derrocar al pueblo, o si organiza una facción, o si alguien traiciona una ciudad, naves, o un ejército de infantería o naval, o si, siendo orador, no aconseja lo mejor al pueblo ateniense recibiendo dinero. Lo primero de la ley lo escribieron contra todos los ciudadanos( pues de todos podrían surgir tales delitos), y lo último de la ley contra los oradores mismos, en cuyas manos está también redactar los decretos.
9
Estarían locos si hubieran establecido esta ley de otra manera que no fuera esta: si los oradores cosechan los honores y beneficios por hablar, pero han dejado los riesgos de estos para los ciudadanos particulares. Pero, aun así, Polieucto es tan valiente que, al perseguir una acusación, dijo que los acusados no debían usar la ley de acusaciones.
10
Y todos los demás acusadores, cuando creen que deben restar valor a las defensas de los acusados en el primer discurso, exhortan a los jueces a no querer escuchar a los que se defienden si dicen algo fuera de la ley, sino a oponerse a lo que se dice y pedir que se lea la ley; pero tú, al contrario, crees que debes quitarle a Euxénipo el refugio en las leyes para su defensa.
11
Y además de esto, dices que nadie debe ayudarle ni hablar en su favor, sino que exhortas a los jueces a no querer escuchar a los que suben a la tribuna. Y sin embargo,¿ qué hay en la ciudad mejor o más democrático que esto, entre tantas otras cosas buenas, que cuando un particular se ve envuelto en un juicio y peligro y no puede defenderse por sí mismo, se le permita a cualquier ciudadano que lo desee subir y ayudarle, y enseñar a los jueces lo justo sobre el asunto?
12
Pero,¡ por Zeus!, tú mismo no has usado tal procedimiento; cuando huías del juicio de Alejandro de Oio, pediste diez defensores de la tribu Egeida, de los cuales yo fui uno elegido por ti, y de los demás atenienses llamaste al tribunal a quienes te ayudarían. Y,¿ qué necesidad hay de hablar de lo demás?¿ Cómo te has comportado en este mismo juicio?¿ No acusaste de todo lo que quisiste?¿ No llamaste a Licurgo para que fuera coacusador, quien no es inferior a nadie en la ciudad en el hablar, y que ante estos parece ser moderado y equitativo?
13
Entonces, a ti te está permitido, incluso huyendo, llamar a quienes te ayuden y, acusando, hacer subir a coacusadores, tú que no solo puedes hablar por ti mismo, sino que eres capaz de causar problemas a toda la ciudad,¿ pero a Euxénipo, porque es un particular y mayor, no le estará permitido que sus amigos y familiares le ayuden, y si no, serán difamados por ti?
14
¡ Por Zeus!, pues los hechos cometidos por él son terribles y dignos de muerte, como tú dices en la acusación. Consideren, pues, señores jueces, examinando cada uno de ellos. El pueblo ordenó a Euxénipo que se acostara en el santuario, y él, tras dormir, dice haber visto un sueño, el cual comunicó al pueblo. Si suponías que esto era verdad, y que lo que vio en el sueño fue lo mismo que comunicó al pueblo,¿ qué delito comete al anunciar a los atenienses lo que el dios le ordenó?
15
Pero si, como dices ahora, creías que mintió al dios y que, por complacer a algunos, no comunicó la verdad al pueblo, no debías haber redactado un decreto sobre el sueño, sino, como dijo el que habló antes que yo, haber enviado a Delfos para preguntar al dios la verdad. Pero tú no hiciste esto, sino que redactaste un decreto autónomo contra dos tribus, no solo injustísimo, sino contradictorio consigo mismo; por lo cual fuiste condenado por ilegalidad, no por culpa de Euxénipo.
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Examinemos sobre él de esta manera. Las tribus, uniéndose de dos en dos, se repartieron las montañas en Oropos, habiéndoselo dado el pueblo. Esta montaña les tocó a la Acamántide y a la Hipotoóntide. Escribiste que estas tribus debían devolver la montaña a Anfiarao y el precio de lo que habían vendido, como si antes los cincuenta delimitadores la hubieran retirado para el dios y delimitado, y que las dos tribus no poseían la montaña legítimamente.
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Pero, poco después, en el mismo decreto escribes que las ocho tribus deben proporcionar a las dos tribus la diferencia y devolverla, para que no salgan perjudicadas. Y sin embargo, si les quitabas la montaña por ser propiedad privada de las tribus,¿ cómo no eres digno de ira? Y si no la poseían legítimamente, sino que era del dios,¿ por qué escribías que las otras tribus debían pagarles dinero? Pues ya era bastante para ellas si devolvían lo del dios sin tener que pagar dinero adicional.
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Esto, al ser examinado en el tribunal, no pareció haber sido escrito correctamente, y los jueces te condenaron. Entonces, si hubieras evitado la acusación, él no habría mentido al dios, pero como te ocurrió ser condenado,¿ debe Euxénipo perecer?¿ Y a ti, que redactaste tal decreto, se te impuso una multa de veinticinco dracmas, y al que se acostó en el santuario por orden del pueblo no se le debe permitir ni ser enterrado en el Ática?
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Sí, pues hizo cosas terribles respecto a la fiala, al permitir que Olimpia la dedicara a la estatua de Higía. Pues esto es lo que supones, trayendo el nombre de ella como provisión para ti en el juicio y acusando a Euxénipo de una adulación falsa, para reunir odio e ira contra él por parte de los jueces. Pero es necesario, mi buen amigo, no buscar hacer daño a algún ciudadano por el nombre de Olimpia y el de Alejandro,
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sino que, cuando ellos envíen al pueblo ateniense mensajes que no sean justos ni apropiados, entonces levantarse para hablar en nombre de la ciudad, defenderse ante los que vienen de parte de ellos y acudir al consejo común de los griegos para ayudar a la patria. Pero tú nunca te levantaste allí ni hablaste de ellos, y aquí odias a Olimpia para destruir a Euxénipo,
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y dices que él es adulador de ella y de los macedonios; si demuestras que ha llegado alguna vez a Macedonia, o que ha acogido a alguno de ellos en su casa, o que trata con alguno de los de allí, o que se encuentra con ellos, o que ha dicho palabras de cualquier tipo, ya sea en un taller, en el ágora o en cualquier otro lugar sobre estos asuntos, y que no gestiona sus asuntos de manera ordenada y moderada como cualquier otro ciudadano, que los jueces hagan con él lo que quieran.
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Pues si fueran ciertas estas cosas que acusas, no solo tú lo sabrías, sino también todos los demás en la ciudad; tal como ocurre con los demás, todos los que dicen o hacen algo a favor de ellos, no solo ellos mismos, sino también los demás atenienses lo saben, incluso los niños de las escuelas, quiénes de los oradores cobran de ellos, y quiénes de los demás hospedan a los que vienen de allí, los acogen y salen a su encuentro cuando llegan; y en ninguna parte verás a Euxénipo contado entre ellos.
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Pero tú no juzgas ni llevas a juicio a ninguno de ellos, a quienes todos saben que hacen estas cosas, y contra Euxénipo acusas de adulación, cuya vida no admite tal acusación. Y sin embargo, si tuvieras juicio, al menos sobre la fiala dedicada, ni habrías culpado a Euxénipo, ni habrías hecho ningún otro discurso aquí; pues no es apropiado.¿ Por qué? Escuchen, señores jueces, el discurso que voy a decir.
24
Olimpia les ha hecho reclamaciones injustas sobre lo de Dodona, como ya he demostrado dos veces ante el pueblo, frente a ustedes y los demás atenienses, ante los que vinieron de su parte, que ella reclamaba a la ciudad cosas que no le correspondían. Pues Zeus Dodoneo les ordenó en el oráculo adornar la estatua de Dione;
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y ustedes, habiendo hecho un rostro lo más hermoso posible y todo lo demás consecuente, y habiendo preparado un adorno abundante y costoso para la diosa, y habiendo enviado una embajada y un sacrificio de mucho dinero, adornaron el trono de Dione dignamente tanto de ustedes mismos como de la diosa. Por esto les llegaron las reclamaciones de Olimpia en las cartas, diciendo que la región de Molosia era suya, donde está el santuario; por tanto, que no nos corresponde mover nada de allí.
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Si, pues, deciden que lo ocurrido con la fiala es un delito, en cierto modo nos condenamos a nosotros mismos por haber actuado incorrectamente allí; pero si lo dejamos como algo ya ocurrido, habremos eliminado sus tragedias y sus acusaciones. Pues no es posible que a Olimpia le esté permitido adornar los santuarios de Atenas, y a nosotros no nos esté permitido lo de Dodona, y esto habiéndolo ordenado el dios.
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Pero no es así, Polieucto, según me parece, que no pudieras hacer una acusación. Y sin embargo, debías, ya que has elegido dedicarte a la política, y¡ por Zeus! también puedes, no juzgar a los particulares ni actuar con arrogancia contra ellos, sino que si algún orador comete un delito, juzgarlo a él, si algún estratego no actúa justamente, acusarlo; pues en ellos está el poder dañar a la ciudad, en cuantos de ellos lo elijan, no en Euxénipo ni en ninguno de estos jueces.
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Y no creo que tú debas actuar así, mientras yo he usado otro modo en la política, sino que yo mismo nunca he juzgado a ningún particular en mi vida, y ya he ayudado a algunos en la medida de lo posible.¿ A quiénes, pues, he juzgado y llevado a juicio? A Aristofonte de Azenia, que ha sido muy poderoso en la política( y este, en este tribunal, se salvó por dos votos);
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a Diopites de Esfeto, que parecía ser el más hábil de los de la ciudad; a Filócrates de Agnú, que ha actuado con la mayor audacia y desenfreno en la política. A este, tras acusarlo por lo que servía a Filipo contra la ciudad, lo condené en el tribunal, y redacté la acusación de manera justa y como ordena la ley, que siendo orador no aconsejaba lo mejor al pueblo ateniense recibiendo dinero y regalos de los que actuaban contra el pueblo;
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y ni siquiera así me bastó con presentar la acusación, sino que escribí debajo: esto dijo no aconsejando lo mejor al pueblo recibiendo dinero, luego añadí su decreto; y de nuevo, esto dijo no aconsejando lo mejor al pueblo recibiendo dinero, y añadía el decreto. Y tengo esto escrito cinco o seis veces; pues creía que debía hacer el juicio y la condena de manera justa. Pero tú, lo que dices que Euxénipo dijo no aconsejando lo mejor al pueblo, no pudiste escribirlo en la acusación, y juzgas a un particular en el rango de orador.
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Y habiendo dicho poco sobre la denuncia, vienes trayendo otras causas y difamaciones contra él, diciendo que daba su hija a Filocles y que aceptó el arbitraje de Demotión, y otras acusaciones semejantes, para que si, abandonando la acusación, se defienden de las cosas acusadas fuera del asunto, los jueces les respondan:¿ por qué nos dicen esto? Y si no hacen ningún discurso sobre ellas, el juicio les resulte peor. Pues de lo acusado, lo que no recibe defensa queda bajo la ira de los jueces.
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Y lo más terrible de todo lo que dices en el discurso, lo que creías que pasaba desapercibido por qué lo dices, no pasando desapercibido, cuando mencionas a menudo en el discurso que Euxénipo es rico, y de nuevo, tras una pausa, que no ha reunido una gran fortuna justamente; lo cual no tiene nada que ver con este juicio, si este posee mucho o poco, sino que es malicia del que habla y una sospecha injusta hacia los jueces, como si estos pudieran tener la mente en otro lugar que no sea en el asunto mismo, y si el juzgado les hace daño o no.
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Me parece que conoces mal, Polieucto, tú y los que piensan lo mismo, que no hay pueblo en el mundo, ni monarca, ni nación más magnánima que el pueblo de los atenienses, y que no abandona a los ciudadanos que son víctimas de sicofantes por parte de algunos, ya sea uno por uno o en grupo, sino que los ayuda.
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Y primero, cuando Teisides de Agrila denunció la fortuna de Eutícrates como pública, la cual era de más de sesenta talentos, y después de aquella prometía denunciar la de Filipo y Nausicles, y decía que se habían enriquecido con minas no registradas, estos estuvieron tan lejos de aceptar tal discurso o de desear lo ajeno, que al que intentó calumniarlos lo privaron de derechos inmediatamente, al no darle la quinta parte de los votos.
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Y esto, si quieres, lo que hicieron los jueces el mes pasado,¿ cómo no es digno de gran alabanza? Pues habiendo denunciado Lisandro la mina de Epicrates de Palene como excavada dentro de los límites, la cual ya se trabajaba desde hacía tres años, y participaban de ella casi los más ricos de la ciudad, y Lisandro prometía recaudar trescientos talentos para la ciudad( pues tanto decía que habían tomado de la mina);
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pero aun así los jueces, no mirando a las promesas del acusador, sino a lo justo, decidieron que la mina era privada, y con el mismo voto establecieron sus fortunas en seguridad y confirmaron la explotación restante de la mina. Por tanto, las innovaciones que antes estaban abandonadas por el miedo ahora están activas, y los ingresos de la ciudad de allí vuelven a aumentar, los cuales algunos de los oradores habían dañado engañando al pueblo y cobrando impuestos a los de allí.
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Pues no es, señores jueces, un buen ciudadano aquel que, dando poco, daña más a los asuntos comunes, ni aquel que, para el momento, habiendo obtenido dinero injustamente, destruyó el ingreso de la ciudad que provenía de lo justo, sino aquel a quien le importan también las cosas útiles para la ciudad en el tiempo futuro, la concordia de los ciudadanos y la reputación de ustedes; de lo cual algunos no se preocupan, sino que, quitando recursos a los que trabajan, dicen que ellos los proporcionan, preparando la escasez en la ciudad. Pues cuando es temible poseer y ahorrar,¿ quién querrá arriesgarse?
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A estos, pues, quizás no sea fácil impedirles hacer estas cosas; pero ustedes, señores jueces, tal como han salvado a otros muchos ciudadanos que se vieron envueltos injustamente en juicios, así ayuden también a Euxénipo, y no permitan que sea destruido por un asunto que no vale nada y por una acusación tal, a la que no solo no es responsable, sino que ella misma ha sido presentada contra las leyes, y además, por el mismo acusador, en cierto modo, absuelta.
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Pues Polieucto lo ha acusado de no aconsejar lo mejor al pueblo ateniense recibiendo dinero y regalos de los que actúan contra el pueblo ateniense. Si, pues, acusara a algunos de fuera de la ciudad de quienes Euxénipo hubiera recibido regalos para competir a su favor, le sería posible decir que, puesto que no es posible castigarlos a ellos, es necesario que los que aquí les sirven paguen la pena. Pero ahora dice que son atenienses de quienes él ha recibido los regalos. Entonces tú, teniendo en la ciudad a los que actúan contra el pueblo,¿ no los castigas, sino que causas problemas a Euxénipo?
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Y habiendo dicho poco más sobre el voto que ustedes van a emitir, bajaré. Pues cuando vayan a votar, señores jueces, ordenen al secretario que les lea la acusación, la ley de acusaciones y el juramento heliástico; y aparten los discursos de todos nosotros, y examinando a partir de la acusación y las leyes lo que les parezca justo y conforme al juramento, voten eso.
41
Yo, pues, te he ayudado, Euxénipo, en todo lo que pude. Queda pedir a los jueces, llamar a los amigos y hacer subir a los niños.

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