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On The Estate of Ciron
IsaeusCiro 0 · spanish-geminiMore by Isaeus
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Original / primary: Spanish Gemini
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Hipótesis: Tras la muerte de Quirón, quien falleció sin dejar hijos legítimos, un sobrino suyo por parte de padre reclamó la herencia y tomó posesión de sus bienes con la ayuda de la esposa del difunto. Posteriormente, el orador demanda al sobrino, alegando que él es nieto de Quirón por línea materna y que la esposa del difunto entregó voluntariamente la herencia al sobrino para quedarse con una parte y lucrarse con el resto. Esta es la hipótesis, y la cuestión central es una conjetura, pues se investiga si el orador es o no nieto legítimo de Quirón. A esto se añade una cuestión de cualidad: el sobrino argumentaba que, incluso si admitiéramos que ella era hija legítima de Quirón, dado que ella ha fallecido y su hijo reclama ahora la herencia, el sobrino por parte de padre debe ser preferido al nieto por parte de hija, conforme a la ley que ordena dar preferencia a los descendientes por línea masculina sobre los de línea femenina. Él, con gran habilidad, omitió mencionar esta ley y basó su defensa en la diferencia entre los progenitores, demostrando que, en la medida en que una hija es más cercana a los difuntos que un sobrino, en esa misma medida un nieto difiere de un sobrino. Se apoya, pues, en la justicia, aunque es débil en cuanto a la legalidad; y desarrolla la argumentación de los puntos clave según su propia capacidad.
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Ante tales hechos, señores, es inevitable sentir indignación cuando algunos no solo se atreven a reclamar lo que no les pertenece, sino que esperan además anular los derechos que otorgan las leyes mediante sus propios argumentos; que es precisamente lo que estos intentan hacer ahora. Pues, habiendo muerto nuestro abuelo Quirón no sin hijos, sino habiéndonos dejado a nosotros como hijos de su hija legítima, ellos reclaman la herencia como los parientes más cercanos y nos ultrajan diciendo que no somos hijos de su hija, ni que esta existió jamás.
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La causa de que actúen así es su codicia y la gran cantidad de dinero que Quirón dejó, el cual ellos poseen por la fuerza y retienen; y se atreven a decir, al mismo tiempo, que él no dejó nada y a reclamar la herencia.
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Por tanto, no deben considerar que este juicio es contra quien ha reclamado la herencia, sino contra Diocles de Flia, el llamado Orestes; pues él es quien ha instigado a este a causarnos problemas, apropiándose del dinero que el abuelo Quirón dejó al morir y exponiéndonos a estos peligros, para no tener que devolver nada si ustedes son engañados por sus palabras.
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Es necesario, pues, que ustedes conozcan todo lo sucedido, ya que estos traman tales cosas, para que, sin ignorar nada de lo ocurrido y conociendo claramente los hechos, emitan su voto. Si alguna vez han prestado atención minuciosa a otro juicio, les pido que presten la misma a este, como es justo. Y, habiendo habido muchos juicios en la ciudad, nadie parecerá haber reclamado lo ajeno de manera más descarada ni más evidente que estos.
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Es difícil, señores, enfrentarse a preparaciones de discursos y a testigos que no dicen la verdad en un litigio sobre asuntos tan importantes, siendo uno totalmente inexperto en los tribunales; sin embargo, tengo muchas esperanzas de obtener justicia de ustedes y de que yo mismo, al menos en lo que respecta a exponer los hechos, hablaré de manera suficiente, a menos que ocurra algo inesperado. Les pido, pues, señores, que me escuchen con benevolencia y, si les parece que he sido agraviado, que me ayuden a obtener justicia.
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En primer lugar, demostraré ante ustedes que mi madre era hija legítima de Quirón, utilizando para los hechos antiguos el testimonio de oídas y de testigos, y para los más recientes, a quienes los conocieron, además de pruebas que son superiores a los testimonios; y cuando haya dejado esto claro, demostraré entonces que nos corresponde a nosotros, más que a ellos, heredar los bienes de Quirón. Por tanto, intentaré explicarles desde el principio cómo comenzaron estos asuntos.
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Mi abuelo, señores, Quirón, se casó con mi abuela, que era su prima, nacida de la hermana de su propia madre. Ella, tras convivir con él no mucho tiempo y dar a luz a mi madre, murió a los cuatro años; y el abuelo, al tener una sola hija, tomó de nuevo a la hermana de Diocles, de la cual tuvo dos hijos. Y a ella la criaba junto a su esposa y con los hijos de esta,
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y cuando ella tuvo edad para casarse, estando aún vivos aquellos, la entregó a Nausímenes de Holargos, dándole como dote veinticinco minas junto con vestidos y joyas. Aquel murió tres o cuatro años después, tras haber enfermado, antes de tener hijos con nuestra madre; y el abuelo, habiéndola recuperado y no habiendo recibido la dote que entregó debido a la mala situación económica de Nausímenes, la entregó de nuevo a mi padre y le dio mil dracmas como dote.
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¿ Cómo podría uno demostrar claramente que todo esto sucedió frente a las acusaciones que ahora ellos hacen? Yo, al investigar, lo descubrí. Es necesario que los criados y las esclavas que él poseía sepan todo esto: si mi madre era o no hija de Quirón, si vivía o no con él, si celebró o no dos bodas por ella, y qué dote recibió cada uno de los maridos por ella.
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Deseando, pues, además de los testigos existentes, realizar una comprobación mediante tortura sobre estos asuntos, para que ustedes les crean más al no estar a punto de dar testimonio, sino al haberlo dado ya sobre lo que testifican, exigí que entregaran a las esclavas y a los criados tanto sobre esto como sobre todo lo demás que pudieran saber.
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Pero este, que ahora les pedirá que crean a sus testigos, evitó la tortura. Y, sin embargo, si resulta que no quiso hacer esto,¿ qué les queda a sus testigos sino parecer que ahora testifican falsamente, habiendo evitado él una prueba tan importante? Yo creo que nada. Pero, para demostrar que digo la verdad, toma primero este testimonio y léelo.
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Testimonio. Ustedes consideran, pues, tanto en privado como en público, que la tortura es la prueba más precisa; y cuando están presentes esclavos y libres y es necesario descubrir algo de lo que se busca, no utilizan los testimonios de los libres, sino que, torturando a los esclavos, buscan así encontrar la verdad de lo sucedido. Con razón, señores; pues saben que, de los que han testificado, algunos han parecido no decir la verdad, mientras que de los torturados, nadie ha sido jamás refutado por no haber dicho la verdad bajo tortura.
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¿ Y este, el más desvergonzado de todos los hombres, pretenderá que ustedes crean en palabras inventadas y en testigos que no dicen la verdad, evitando pruebas tan precisas? Pero nosotros no; sino que, habiendo exigido primero ir a la tortura sobre lo que se iba a testificar, y habiéndola él evitado, pensaremos que ustedes deben creer a nuestros testigos. Toma, pues, estos testimonios y léelos.
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Testimonios.¿ Quiénes es probable que conozcan los asuntos antiguos? Es evidente que quienes trataban con el abuelo. Estos, pues, han testificado de oídas.¿ Quiénes es necesario que conozcan lo relativo a la entrega de la madre? Quienes la garantizaron y quienes estaban presentes cuando la garantizaban. Estos, pues, han testificado, tanto los parientes de Nausímenes como los de mi padre.¿ Y quiénes son los que la vieron criarse dentro y sabían que era hija legítima de Quirón? Los que ahora disputan testifican claramente con sus actos que esto es verdad, al evitar la tortura. De modo que no dudarían de los nuestros, sino mucho más de los testigos de ellos.
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Nosotros, pues, tenemos otras pruebas además de estas para decir, para que sepan que somos hijos de la hija de Quirón. Pues, como es natural cuando se tienen hijos de la propia hija, nunca realizó ningún sacrificio sin nosotros, sino que, ya fuera que sacrificara cosas pequeñas o grandes, estábamos presentes en todas partes y sacrificábamos con él. Y no solo éramos invitados a tales cosas, sino que siempre nos llevaba a los campos para las Dionisias,
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y contemplábamos las fiestas sentados junto a él, y celebrábamos todas las fiestas en su casa; y cuando sacrificaba a Zeus Ctesio, sacrificio en el que él se esmeraba especialmente y al que no llevaba ni esclavos ni libres extraños, sino que él mismo lo hacía todo por sí mismo, nosotros participábamos de esto, ayudábamos en los ritos sagrados, colocábamos las ofrendas y hacíamos lo demás, y él rezaba para que nos diera salud y buenos bienes, como es natural siendo abuelo.
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Y, sin embargo, si no nos considerara nietos y no viera que éramos los únicos descendientes que le quedaban, nunca habría hecho nada de esto, sino que habría tenido a su lado a este, que ahora dice ser su sobrino. Y que todo esto es verdad, lo saben con total precisión los criados del abuelo, a quienes este no quiso entregar a la tortura, y lo saben también muy claramente algunos de los que trataban con él, a quienes presentaré como testigos. Toma los testimonios y léelos.
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Testimonios. No es evidente solo por esto que nuestra madre era hija legítima de Quirón, sino también por lo que hizo nuestro padre y por lo que las mujeres de los miembros del demo sabían sobre ella. Pues cuando mi padre la tomó, celebró bodas e invitó a tres de sus amigos junto con sus parientes, y presentó la ofrenda de matrimonio a los fratres según sus leyes.
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Y las mujeres de los miembros del demo, después de esto, la eligieron junto con la esposa de Diocles de Piteo para presidir las Tesmoforias y realizar los ritos acostumbrados con ella. Y nuestro padre, cuando nacimos, nos introdujo en la fratría, jurando según las leyes establecidas que nos introducía como hijos de una ciudadana y de una mujer garantizada; y ninguno de los fratres se opuso ni disputó que esto no fuera verdad, siendo muchos y examinando minuciosamente tales cosas.
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Y no crean que, si nuestra madre fuera tal como ellos dicen, nuestro padre habría celebrado bodas y presentado la ofrenda de matrimonio, sino que habría ocultado todo esto, ni que las mujeres de los otros miembros del demo la habrían elegido para realizar los ritos sagrados con la esposa de Diocles y hacerla responsable de los ritos, sino que habrían confiado esto a otra, ni que los fratres nos habrían admitido, sino que habrían acusado y refutado, si no fuera admitido por todos que nuestra madre era hija legítima de Quirón. Pero ahora, por la evidencia del hecho y por el hecho de que muchos lo saben, no se ha disputado nada de esto en ninguna parte. Y para demostrar que digo la verdad, llama a los testigos de esto.
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Testigos. Además, señores, también por lo que hizo Diocles cuando murió nuestro abuelo, es fácil saber que se admitía que éramos nietos de Quirón. Pues yo fui a buscarlo para enterrarlo desde mi propia casa, llevando a algunos de mis parientes, un primo de mi padre; y no encontré a Diocles dentro, pero al entrar, estaba dispuesto a llevarlo, teniendo a quienes lo llevarían.
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Y como la esposa del abuelo pedía enterrarlo desde aquella casa, y decía que ella misma querría participar en el manejo del cuerpo junto con nosotros y adornarlo, y suplicaba y lloraba por esto, me convencí, señores, y acercándome a él ante testigos dije que realizaría el entierro desde allí; pues la hermana de este había pedido que se hiciera así.
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Y Diocles, al oír esto, no se opuso, sino que, diciendo que él mismo había comprado algunas cosas para el entierro y que había dado arras por otras, exigió recibirlas de mí, y acordó recibir el precio de lo comprado y que le presentara a quienes habían recibido las arras de lo que decía haber dado. Inmediatamente, pues, empezó a decir que Quirón no había dejado nada, sin que yo hubiera hecho mención alguna sobre los bienes de aquel.
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Y, sin embargo, si yo no fuera nieto de Quirón, no habría acordado esto, sino que habría dicho aquellas palabras:“¿ Quién eres tú?¿ Qué te corresponde a ti enterrarlo? No te conozco; no entrarás en la casa”. Esto era lo que correspondía decir, lo mismo que ahora ha convencido a otros para que digan. Pero ahora no dijo nada de eso, sino que me pidió que llevara el dinero al día siguiente. Y para demostrar que digo la verdad, llama a los testigos de esto.
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Testigos. No solo él, pues, sino que tampoco el que ahora disputa la herencia dijo nada de eso, sino que disputa instigado por este. Y, no habiendo querido aquel recibir el dinero que yo traía, y diciendo al día siguiente que lo había recibido de este, no se me impidió enterrarlo conjuntamente, sino que hice todo conjuntamente; no gastando este ni Diocles, sino realizándose los gastos para él de lo que aquel dejó.
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Y, sin embargo, también a este le correspondía, si Quirón no fuera mi abuelo, empujarme, expulsarme y prohibirme enterrarlo conjuntamente. Pues no había nada igual entre mí y este; yo, en efecto, permitía que él, siendo sobrino del abuelo, hiciera todo esto conjuntamente, pero a este no le correspondía permitirme, si fueran verdad estas cosas que ahora se atreven a decir.
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Pero estaba tan atónito por la verdad del asunto que, ni siquiera cuando yo hablaba ante la tumba y acusaba a Diocles de que, por apropiarse del dinero, había convencido a este para disputar, se atrevió a gruñir nada en absoluto ni a decir lo que ahora se atreve a decir. Y para demostrar que digo la verdad, llama a los testigos de esto.
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Testigos.¿ De dónde se debe creer lo dicho?¿ No de los testimonios? Creo que sí.¿ Y de dónde los testigos?¿ No de la tortura? Es probable.¿ Y de dónde desconfiar de las palabras de ellos?¿ No de que evitan las pruebas? Es una gran necesidad.¿ Cómo, pues, podría uno demostrar más claramente que mi madre era hija legítima de Quirón que demostrándolo de esta manera?
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Presentando a los que testifican de oídas sobre los hechos antiguos, y a los que aún viven y conocen cada uno de estos hechos, quienes sabían que se criaba con él, que era considerada hija, que fue entregada dos veces, que fue garantizada dos veces, y además que estos han evitado la tortura de los criados sobre todo esto, quienes sabían todo esto. Yo, por los dioses olímpicos, no podría decir pruebas mayores que estas, sino que considero suficientes las dichas.
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Vamos, pues, y demostraré ahora mismo que me corresponde a mí más que a este los bienes de Quirón. Y creo que es sencillo y que para ustedes ya es evidente que no están más cerca en el parentesco los que nacieron con él que los que nacieron de él(¿ cómo podría ser? Pues unos son llamados parientes, y otros descendientes del difunto); sin embargo, puesto que, siendo así, se atreven a disputar, enseñaremos más precisamente a partir de las leyes mismas.
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Pues si mi madre viviera, siendo hija de Quirón, y él hubiera muerto sin disponer nada, y este fuera su hermano, no sobrino, él tendría derecho a convivir con la mujer, pero no a los bienes, sino los hijos nacidos de él y de ella, cuando alcanzaran la pubertad; pues así lo ordenan las leyes. Si, pues, ni siquiera estando ella viva él se convirtió en dueño de los bienes de la mujer, sino los hijos, es evidente que, habiendo muerto ella, puesto que nos ha dejado como hijos, no a ellos sino a nosotros nos corresponde heredar los bienes.
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No es, pues, solo por esto, sino también por la ley sobre el maltrato, que es evidente. Pues si el abuelo viviera y estuviera necesitado de lo necesario, este no sería responsable de maltrato, sino nosotros. Pues ordena alimentar a los padres; y los padres son madre, padre, abuelo, abuela y los padres de estos, si aún viven; pues ellos son el origen del linaje, y lo de ellos se entrega a los descendientes; por eso es necesario alimentarlos, aunque no dejen nada.¿ Cómo, pues, es justo que, si no dejan nada, nosotros seamos responsables de maltrato si no los alimentamos, pero si han dejado algo, este sea el heredero y no nosotros? De ninguna manera, por supuesto.
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Presentaré a uno, el primero de los parientes, y les preguntaré sobre cada uno del linaje; pues así lo aprenderían más fácilmente.¿ Qué está más cerca del linaje de Quirón, la hija o el hermano? Pues es evidente que la hija; pues ella nació de él, y él con él.¿ Y los hijos de la hija o el hermano? Los hijos, por supuesto; pues esto es linaje y no parentesco. Si, pues, nos adelantamos tanto al hermano,¿ cómo no vamos a ser mucho más anteriores siendo este sobrino?
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Temo que, al decir cosas tan admitidas, parezca molestarles; pues todos ustedes heredan de los bienes paternos, abuelos y aún más lejanos, habiendo recibido el parentesco por linaje sin litigio, y no sé si a alguien le ha ocurrido antes un juicio así. Habiendo leído, pues, la ley sobre el maltrato, por la cual todo sucede, intentaré enseñar también esto.
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Ley. Pues Quirón poseía bienes, señores, un campo en Flia, que valía fácilmente un talento, y dos casas en la ciudad, una que producía renta, junto al Dionisio de Limnas, que valía dos mil, y la otra, en la que él mismo vivía, de trece minas; además, esclavos que producían renta y dos esclavas y una joven, y muebles con los que vivía en la casa, casi junto con los esclavos valían trece minas; todo lo que era evidente, más de noventa minas; además de esto, préstamos no pocos, de los cuales él recibía intereses.
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Contra estos, Diocles, junto con la hermana, conspiraba desde hace tiempo, tan pronto como murieron los hijos de Quirón. Pues a ella no la entregaba, pudiendo aún tener hijos de otro hombre, para que, al separarse, no deliberara sobre lo suyo como correspondía, sino que la convencía de quedarse, diciendo que creía estar embarazada de él, y fingiendo que abortaba involuntariamente, para que él, esperando siempre que tendría hijos, no adoptara a ninguno de nosotros como hijo; y calumniaba siempre al padre, diciendo que conspiraba contra los bienes de aquel.
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Convencía, pues, de cobrar todas las deudas que se le debían y los intereses, y de hacer lo evidente por sí mismo, engañando a un hombre mayor con atenciones y adulaciones, hasta que se apoderó de todo lo de aquel. Y sabiendo que yo buscaría ser dueño de todo esto según corresponde, cuando el abuelo muriera, no me impedía entrar, atenderlo y pasar tiempo con él, temiendo que, al irritarse, se pusiera en su contra, pero me preparaba al que disputaría la propiedad, dándole una parte mínima a este si tenía éxito, y quedándose él con todo, y ni siquiera admitiendo ante este que el abuelo dejaba bienes, sino diciendo que no había nada.
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Y tan pronto como murió, habiendo preparado los funerales, me pedía que llevara el dinero, como oyeron testificar a los testigos, y fingía haberlo recibido de este, pero de mí ya no quería recibirlo, apartándome, para que pareciera que él enterraba al abuelo y no yo. Y disputando este tanto la casa como lo demás que aquel dejó, y diciendo que no había dejado nada, no creí que debiera forzar y trasladar al abuelo en tales inoportunidades, estando mis amigos de acuerdo conmigo, sino que hice todo conjuntamente y enterré, realizándose los gastos de lo que el abuelo dejó.
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Y esto lo hice obligado de esta manera; pero para que no me aventajaran en nada, diciendo ante ustedes que yo no había gastado nada en el entierro, habiendo preguntado al exegeta, por orden de este, gasté de lo mío y realicé los novenos, habiéndolo preparado lo mejor posible, para cortarles este sacrilegio, y para que no pareciera que ellos habían gastado todo y yo nada, sino que yo también por igual.
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Y lo sucedido, y por lo que tenemos estos asuntos, es casi esto, señores; pero si supieran la desvergüenza de Diocles, y cómo es en lo demás, no dudarían de nada de lo dicho. Pues este posee la propiedad, de la cual ahora es brillante, siendo ajena, habiéndose adoptado él mismo ante el padre de tres hermanas epícleras que quedaron, no habiendo hecho aquel ningún testamento sobre esto.
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Y de las dos hermanas, cuando los bienes eran cobrados por quienes convivían con ellas, al que tenía a la mayor lo encerró y, conspirando, lo deshonró, y habiendo sido acusado de ultraje, aún no ha pagado por esto, y de la que nació después de ella, habiendo ordenado a un criado matar al marido, envió a aquel lejos, y volvió la acusación contra la hermana,
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y habiendo atemorizado con sus propias vilezas, le ha arrebatado al hijo de ella la propiedad, habiendo sido tutor, y retiene el campo, y le ha dado a aquel tierras pedregosas. Y que digo la verdad, le temen, pero quizás querrían testificarme; si no, presentaré a los testigos que lo saben. Y llámamelos aquí primero.
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Testigos. Siendo, pues, tan lascivo y violento y habiendo privado a sus hermanas de la propiedad, no se contenta con tener lo de ellas, sino que, porque no ha pagado ninguna pena por ello, viene también a privarnos a nosotros de los bienes del abuelo, y habiendo dado a este solo dos minas( como oímos), nos expone a peligros no solo sobre los bienes sino también sobre la ciudadanía. Pues si ustedes son engañados al ser convencidos de que nuestra madre no era ciudadana, tampoco nosotros lo somos; pues nacimos después de que Euclides fuera arconte.¿ Acaso nos ha preparado el juicio sobre cosas pequeñas? Y viviendo el abuelo y el padre no teníamos ninguna acusación, sino que permanecimos indiscutibles todo el tiempo;
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pero desde que ellos han muerto, incluso si ahora ganamos, tendremos vergüenza, porque fuimos disputados, por culpa de este Orestes, que perezca mal, quien, habiendo sido sorprendido adúltero y habiendo sufrido lo que corresponde a los que hacen tales cosas, ni aun así se aparta del asunto, como testifican los que lo saben. A este, pues, cómo es, lo oyen ahora y lo sabrán más precisamente después, cuando entremos en juicio contra él;
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pero a ustedes les pido y suplico, no me dejen ultrajado sobre estos bienes que el abuelo dejó, ni privado, sino ayuden en la medida en que cada uno de ustedes pueda. Y tienen pruebas suficientes de los testimonios, de la tortura, de las leyes mismas, de que somos hijos de la hija legítima de Quirón, y de que nos corresponde a nosotros más que a ellos heredar los bienes de aquel, siendo descendientes del abuelo.
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Recordando, pues, también los juramentos que hicieron al juzgar, y las palabras que hemos dicho, y las leyes, donde es justo, allí pongan el voto. No sé qué más decir; pues creo que ustedes no ignoran nada de lo dicho. Toma para ellos el testimonio restante, cómo fue sorprendido adúltero, y léelo.( Testimonio)

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