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On the Estate of Dicaeogenes
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Original / primary: Spanish Gemini
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Hipótesis: Habiendo muerto Diceógenes sin hijos y dejando cuatro hermanas, Próxeno se presentó con un testamento en el que Diceógenes, el difunto, adoptaba a su hijo, Diceógenes, hijo de Próxeno, como hijo suyo, asignándole la tercera parte de su patrimonio. Tras haberse repartido la totalidad del patrimonio de este modo, finalmente llegó Diceógenes, el hijo de Próxeno, alegando haber sido adoptado como hijo sobre la totalidad del patrimonio, y tras ganar el pleito, se apoderó también de las dos partes correspondientes a las hermanas del difunto. Más tarde, los hijos de las hermanas entablaron un juicio contra Diceógenes y ganaron, y Diceógenes se comprometió a devolverles las dos partes limpias e intactas, habiendo prestado Leócares garantía de ello. Ahora, como los partidarios de Diceógenes y Leócares niegan lo acordado, los hijos de las hermanas presentan una demanda por las dos partes, contra uno por haber llegado a un acuerdo y contra el otro como garante. La cuestión es de conjetura, pues lo niegan.
1
Creíamos, señores, que sobre los asuntos en los que estábamos en litigio con Diceógenes, lo acordado ante el tribunal tendría validez para nosotros; pues, habiendo renunciado Diceógenes a las dos partes de la herencia y habiendo presentado garantes de que, en efecto, nos entregaría estas partes sin disputa, nos liberamos mutuamente de las demandas. Pero puesto que, señores, Diceógenes no cumple lo que acordó, nos querellamos contra Leócares, quien se convirtió en garante de Diceógenes, tal como declaramos bajo juramento.
2
Léeme la declaración jurada. Declaración jurada: Que, en efecto, prestamos juramento sobre la verdad, lo sabe este Cefisodoto, y os presentaremos testigos, primero de que Diceógenes renunció a las dos partes de la herencia en nuestro favor, y luego de que Leócares prestó garantía. Léeme el testimonio.
3
Testimonio: Habéis escuchado a los testigos, y creo que ni el propio Leócares se atrevería a decir que no han testificado la verdad; tal vez se vuelva hacia ese argumento, diciendo que Diceógenes ha cumplido todo lo que nos prometió y que él mismo ha devuelto la garantía. Si dice esto, mentirá y será fácilmente refutado. Pues se os leerá todo lo que Diceógenes, hijo de Menexeno, dejó en la herencia y los bienes que recibió.
4
〈 Inventario〉: Si dicen que Diceógenes, nuestro tío, no poseía esto en vida y que al morir no nos lo dio, que lo demuestren; pero si admiten que él lo dejó y que nosotros lo recibimos, que alguien testifique en su favor. Pues que Diceógenes acordó entregarnos las dos partes de lo que dejó Menexeno, presentamos testigos, y que Leócares prestó garantía de que él haría esto; pues precisamente por esto litigamos y esto es lo que declaramos bajo juramento. Léeme la declaración jurada.
5
Declaración jurada: Si, pues, señores, Leócares o Diceógenes fueran a defenderse solo sobre estos puntos, me bastaría con lo dicho; pero dado que están preparados desde el principio para hablar sobre la herencia, quiero que también sepáis por mí lo sucedido, para que, conociendo la verdad, votéis lo que os parezca, y no engañados. Pues Menexeno, nuestro abuelo, tuvo un hijo, Diceógenes, y cuatro hijas, de las cuales una fue tomada por Poliarato, mi padre, otra por Democles de Frearrio, otra por Cefisofonte de Peania; y la cuarta se casó con Teopompo, padre de Cefisodoto.
6
Y Diceógenes, habiendo zarpado como trierarca de la Pralo, murió luchando en Cnido; al morir él sin hijos, Próxeno, el padre de este Diceógenes, presentó un testamento, confiando en el cual nuestros padres se repartieron la herencia. Y sobre la tercera parte de la herencia, este Diceógenes se convirtió en hijo adoptivo de Diceógenes, hijo de Menexeno, nuestro tío; y cada una de las hijas de Menexeno reclamó judicialmente su parte de lo restante. De esto os presentaré a los testigos que estuvieron presentes entonces.
7
〈 Testigos〉: Una vez que se repartieron la herencia, habiendo jurado no transgredir lo acordado, cada uno poseyó durante doce años lo que le correspondió; y en tanto tiempo, habiendo juicios, ninguno de ellos consideró justo decir que lo hecho se había hecho injustamente, hasta que, tras la desgracia de la ciudad y la sedición, este Diceógenes, persuadido por Melas el egipcio, a quien también obedecía en todo lo demás, nos disputó la totalidad de la herencia, diciendo que había sido adoptado como hijo por nuestro tío sobre la totalidad de la misma.
8
Nosotros, pues, pensábamos que estaba loco al presentar la demanda, sin creer que el mismo hombre que a veces decía haber sido adoptado sobre la tercera parte y otras sobre la totalidad de la herencia pudiera pareceros que decía la verdad; pero al entrar en el tribunal y decir cosas mucho más numerosas y justas, fuimos perjudicados, no por los jueces, sino por Melas el egipcio y sus amigos, quienes, debido a las desgracias de la ciudad, creían tener autoridad para poseer lo ajeno y testificar falsamente unos a otros; y por quienes hacían tales cosas fueron engañados los jueces.
9
Y nosotros, habiendo sido víctimas de falsos testimonios, perdimos lo que teníamos; pues mi padre murió poco tiempo después del juicio, antes de poder procesar a los testigos que había denunciado; y Diceógenes, habiendo litigado contra nosotros como quiso, ese mismo día expulsó a la hija de Cefisofonte de Peania de su parte, siendo sobrina de Diceógenes, el que dejó los bienes, y arrebató a la que había sido esposa de Democles, lo que Diceógenes, siendo su hermano, le había dado, y arrebató también a la madre de Cefisodoto y a él mismo todo.
10
Pues de ellos era a la vez tutor, señor y adversario, y ni siquiera por la más mínima parte del parentesco obtuvieron piedad de él, sino que, habiéndose quedado huérfanos, desamparados y pobres, estaban necesitados de todo, incluso de lo necesario para el día a día. Así los tutelaba este Diceógenes, siendo el pariente más cercano; él, que entregó a los enemigos de estos lo que su padre Teopompo les dejó, y lo que el tío materno y el abuelo les dieron, él mismo se lo arrebató antes del juicio.
11
Y lo que es más terrible de todo, compró la casa paterna de ellos, siendo ellos niños, y tras demolerla, hizo un jardín junto a su propia casa en la ciudad. Y recibiendo un alquiler de ochenta minas de los bienes de Diceógenes, nuestro tío, envió al sobrino de aquel, Cefisodoto, con su propio hermano, Harmodio, a Corinto como si fuera un criado; a tal grado de insolencia y maldad llegó. Y además de los otros males, le reprocha y le acusa de que lleva sandalias y un manto, como si fuera injustamente tratado si Cefisodoto lleva sandalias, y no fuera él quien lo trata injustamente al haberlo dejado pobre tras arrebatarle sus bienes.
12
Pero sobre esto baste con lo dicho; volveré de nuevo a donde lo dejé. Pues Menexeno, hijo de Cefisofonte, siendo primo de este Cefisodoto y mío, y correspondiéndole a él una parte de la herencia igual que a mí, procesó a los que habían testificado falsamente contra nosotros y contra él, y a Licón, a quien introdujo primero en el tribunal, a este condenó; quien testificó que el actual Diceógenes había sido adoptado por nuestro tío sobre la totalidad de la herencia.
13
Habiendo testificado esto, fue condenado por falso testimonio. Pero cuando Diceógenes, señores, ya no puede engañaros, convence a Menexeno, que actuaba en nuestro nombre y en el suyo, a hacer lo que, avergonzado, me veo obligado a decir por su maldad:¿ qué hacer? Que, habiendo recibido él una parte de la herencia que le correspondía, nos traicionara en lo que actuaba, y dejara libres a los testigos que aún no habían sido condenados. Y nosotros, habiendo sufrido esto por parte de amigos y enemigos, guardamos silencio. De esto os presentaré testigos.
14
Testigos: Menexeno, pues, habiendo sufrido lo que merecían sus costumbres, fue engañado por Diceógenes; pues habiendo dejado libres a los testigos y traicionándonos a nosotros, no recibió aquello por lo que hizo esto. Pero habiendo sido perjudicado por Diceógenes, volvió a actuar con nosotros. Y nosotros, considerando que ya no corresponde a Diceógenes tener ninguna parte de los bienes de la herencia, puesto que los testigos fueron condenados, le disputamos la totalidad de la casa por parentesco. Y que nosotros hemos juzgado correctamente y que ya no corresponde a Diceógenes nada de la herencia, lo enseñaré fácilmente.
15
Pues aparecieron dos testamentos, uno antiguo y otro mucho más reciente; y según el antiguo, que presentó Próxeno, el padre de este Diceógenes, nuestro tío tenía un hijo adoptivo sobre la tercera parte de la herencia, y según el que presentó el propio Diceógenes, sobre la totalidad de la casa. De estos dos testamentos, el que presentó Próxeno, Diceógenes convenció a los jueces de que no era auténtico; y el que presentó Diceógenes, los que testificaron que nuestro tío lo había dispuesto fueron condenados por falso testimonio.
16
Al quedar ambos testamentos sin validez, y no habiendo ningún otro reconocido, por donación no correspondía a nadie la herencia, sino por parentesco a las hermanas de Diceógenes, el difunto, de las cuales son nuestras madres. Por esto decidimos reclamar la herencia por parentesco, y cada uno reclamamos nuestra parte. Pero cuando íbamos a prestar juramento, este Leócares presentó una declaración jurada de que la herencia no era reclamable por nosotros.
17
Habiendo nosotros denunciado a los testigos, la reclamación de la herencia fue archivada, y el juicio por falso testimonio comenzó. En el tribunal, habiendo dicho nosotros todo lo que ahora, y habiendo Leócares respondido mucho, los jueces decidieron que Leócares había testificado falsamente. Y cuando esto se hizo evidente al extraerse los votos, lo que Leócares pidió a los jueces y a nosotros, o lo que pudimos lograr entonces, no sé qué necesidad hay de decirlo, pero lo que se nos acordó, escuchadlo.
18
Pues, habiendo nosotros consentido ante el arconte no contar los votos, sino mezclarlos, Diceógenes renunciaba a las dos partes de la herencia en favor de las hermanas de Diceógenes, y acordaba entregarnos estas partes sin disputa; y esto lo garantizaba por él este Leócares, lo que acordaba hacer, no solo, sino también Mnesiptólemo de Plotea. Y de esto os presentaré a los testigos.
19
Testigos: Nosotros, pues, habiendo sufrido esto por parte de Leócares, y habiendo tenido la oportunidad, una vez que los condenamos por falso testimonio, de privarlos de sus derechos, no quisimos, sino que nos bastó con haber recuperado lo nuestro y habernos librado. Pero habiendo sido así con Leócares y Diceógenes, fuimos engañados por ellos, señores; pues ni Diceógenes nos entregó las dos partes de la herencia, habiendo acordado ante el tribunal, ni Leócares admite haberlo garantizado entonces.
20
Y sin embargo, si no lo hubiera garantizado ante los jueces, siendo quinientos, y ante los que estaban alrededor, no sé qué habría hecho. Que, pues, mienten manifiestamente, presentamos testigos ante vosotros, los que estaban presentes cuando Diceógenes renunciaba a las dos partes de la herencia y acordaba entregarlas sin disputa a las hermanas de Diceógenes, y Leócares lo garantizaba, lo que acordó hacer. Pedimos también a vosotros, señores, si alguien estaba presente entonces, que recuerde si decimos la verdad y que nos ayude.
21
Pues, señores, si Diceógenes dice la verdad,¿ qué ganamos nosotros al ganar, o qué perdió él al perder? Pues si solo renunció( como dice) a las dos partes de la herencia, pero no acordó entregarlas sin disputa,¿ qué perdía renunciando a lo que tenía su valor? Pues ni siquiera antes de perder el juicio tenía lo que nosotros reclamamos, sino los que compraron y tomaron de él, a quienes él debía devolver el precio para devolvernos las partes.
22
Por esto también tomamos garantes de él, no confiando en que haría lo que acordó. Pues, excepto dos casitas fuera de la muralla y sesenta pletros en el Pedio, no hemos recuperado nada, sino los que tomaron y compraron de él. Nosotros no los desalojamos; pues tememos perder los juicios. Pues incluso a Mición, ordenándolo Diceógenes y diciendo que no garantizaría, al desalojarlo del baño perdimos cuarenta minas por culpa de Diceógenes, señores.
23
Pues, creyendo que él no garantizaría nada de lo que renunció ante nosotros en el tribunal, insistíamos ante Mición frente a los jueces, dispuestos a sufrir cualquier cosa si Diceógenes le garantizaba el baño, sin creer nunca que él haría lo contrario de lo que acordó, no por otra cosa sino por los garantes, porque se habían constituido para nosotros.
24
Pero Diceógenes, habiendo renunciado a estas partes de las que incluso ahora admite haber renunciado ante nosotros, garantizó el baño a Mición. Y yo, el desgraciado, no solo no recibí nada de la herencia, sino que, habiendo perdido además cuarenta minas, me fui ultrajado por Diceógenes. Y de esto os presentaré testigos.
25
Testigos: Esto hemos sufrido por parte de Diceógenes, señores; pero Leócares, que lo garantizó y es el causante de todos nuestros males, dice que no garantizó lo que se testifica contra él, porque en el documento escrito ante el tribunal no figura esto. Pero nosotros, señores, entonces en la tribuna, apresurándonos, escribimos unas cosas y de otras hicimos testigos; pero ellos, lo que les conviene de lo acordado entonces, dicen que es válido, aunque no esté escrito, y lo que no les conviene, no es válido si no está escrito.
26
Yo, señores, no me asombro de que nieguen lo acordado; pues ni siquiera quieren hacer lo escrito. Pero que decimos la verdad, presentaremos otra prueba. Pues Diceógenes dio a su hermana a Protarquides de Potamo por cuarenta minas, y en lugar de la dote le entregó la casa que tenía en el Cerámico. A esta mujer, que tiene Protarquides, le corresponde una parte de la herencia igual que a mi madre.
27
Y cuando Diceógenes renunció a las dos partes de la herencia en favor de las mujeres, Leócares exigió a Protarquides que le entregara la casa que tenía en lugar de la dote, como siendo él garante, y que la parte de la herencia en nombre de la mujer la recibiera de él. Pero habiendo recibido la casa, no entregó la parte. Y de esto os presentaré como testigo a Protarquides.
28
Testigo: Sobre la reparación del baño y la construcción, Diceógenes ya ha hablado antes y ahora tal vez dirá que, habiendo acordado devolverle lo gastado, no se lo devolvimos, y que por esto no puede pagar a los acreedores, ni entregarnos lo que debe.
29
Nosotros, señores, en el tribunal, cuando le obligábamos a renunciar a esto, en lugar de las liturgias y de lo gastado en las construcciones, le cedimos los frutos, decidiéndolo así los jueces; pero más tarde, no obligados sino voluntariamente, le dimos la casa en la ciudad, añadiéndola a la tercera parte de la herencia para que la tuviera en lugar de lo reparado, la cual él entregó a Filonico por cinco mil dracmas.
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Y se la dimos no por la bondad de Diceógenes, señores, sino demostrando que no valoramos más el dinero que a los parientes, aunque sean muy malvados. Pues incluso antes, cuando estaba en nuestras manos castigar a Diceógenes y quitarle lo que tenía, no quisimos poseer nada de lo suyo, sino que nos bastaba con recuperar lo nuestro. Pero él, cuando nos venció, saqueó lo que pudo, y nos destruye como si fuéramos enemigos y no parientes.
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Y presentaremos una gran prueba tanto de nuestras costumbres como de la injusticia de este. Pues cuando el juicio contra Leócares iba a comenzar, señores, en el mes de Maimacterión, Leócares y Diceógenes exigieron que sometiéramos el juicio a arbitraje, posponiéndolo. Y nosotros, como si fuéramos tratados injustamente en algo pequeño, accedimos, y lo sometimos a cuatro árbitros, de los cuales dos trajimos nosotros y dos ellos. Y ante ellos acordamos atenernos a lo que decidieran, y juramos.
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Y los árbitros dijeron que, si pudieran reconciliarnos sin juramento, lo harían, pero si no, que ellos mismos, habiendo jurado, declararían lo que consideran justo. Pero habiéndonos interrogado muchas veces y habiendo averiguado lo sucedido, los árbitros, los dos que yo propuse, Diotimo y Melanopo, querían declarar, tanto sin juramento como habiendo jurado, lo que consideraban más verdadero a partir de lo dicho, pero los que Leócares propuso, dijeron que no declararían.
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Y sin embargo, Diopites, el otro de los árbitros, era pariente político de este Leócares, y enemigo mío y adversario por otros contratos; y Demarato, el que estaba con él, era hermano de Mnesiptólemo, el que garantizó a Diceógenes junto con Leócares. Estos, sin embargo, no quisieron declarar, habiéndonos hecho jurar que, en efecto, nos atendríamos a lo que ellos decidieran. Y de esto os presentaré testigos.
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Testigos:¿ No es terrible, pues, si Leócares os pide, señores, que votéis en contra de lo que Diopites, siendo su pariente político, votó en contra de él?¿ O cómo es honorable para vosotros absolver a Leócares de lo que ni siquiera sus parientes lo absolvieron? Os pido, pues, que votéis contra Leócares, para que recuperemos lo que nuestros antepasados nos dejaron, y no tengamos solo sus nombres sino también los bienes. De los bienes propios de Leócares no deseamos nada.
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Pues a Diceógenes, señores, no es justo ni compadecerlo como si estuviera en mala situación y fuera pobre, ni hacerle bien como si hubiera hecho algo bueno por la ciudad; pues ninguna de estas dos cosas le corresponde, como demostraré, señores. A la vez, demostraré que es rico y el más malvado de los hombres, tanto para la ciudad como para sus parientes y sus amigos. Pues este, habiendo recibido la herencia de vosotros, que producía un alquiler anual de ochenta minas, habiéndola disfrutado diez años, no admite poseer dinero ni podría mostrar en qué lo gastó, señores.
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Es digno también que vosotros calculéis. Pues este, habiendo sido corego para la tribu en las Dionisias, quedó cuarto, y último para los trágicos y los pirriquistas; y estas, las únicas liturgias que fue obligado a realizar, las costeó tan bien con semejante ingreso. Pero, sin embargo, habiéndose nombrado tantos trierarcas, ni él mismo ha sido trierarca ni ha contribuido a otro en tales momentos, sino que otros, poseyendo un patrimonio menor que el alquiler que este recibe, son trierarcas.
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Y sin embargo, señores, no fue su padre quien le dejó el gran patrimonio, sino que vosotros se lo disteis con vuestro voto; de modo que, aunque no fuera ciudadano, por esto mismo era justo que hiciera bien a la ciudad. Pues habiéndose realizado tantas contribuciones por todos los ciudadanos para la guerra y la salvación de la ciudad, no hay ninguna que Diceógenes haya aportado; excepto cuando cayó Lequeo, llamado por otro, entregó al pueblo trescientas dracmas, menos que Cleónimo el cretense;
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y esto lo entregó, no lo aportó, sino que con la inscripción más vergonzosa fue expuesto su nombre ante los epónimos, porque estos, habiendo prometido al pueblo que aportarían dinero voluntariamente para la salvación de la ciudad, no lo aportaron. Y sin embargo,¿ cómo es digno de asombro, señores, si me engañó a mí, siendo uno solo, él que a vosotros todos, reunidos a la vez en la asamblea, hizo tales cosas? Y de esto os presentaré testigos. Testigos: Para la ciudad, así y tanto ha realizado liturgias Diceógenes con semejante cantidad de dinero;
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y con sus parientes es tal como veis, de modo que a unos de nosotros nos arrebató el patrimonio, porque pudo más, y a otros los dejó irse a trabajar como asalariados por falta de lo necesario. Y a su propia madre, sentada en el templo de Ilitía, todos la veían, y acusándolo a él de cosas que me avergüenzo de decir, él, al hacerlas, no se avergonzaba.
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De sus allegados, a Melas el egipcio, de quien era amigo desde joven, habiéndole estafado el dinero que recibió de él, le es el más odioso; y de sus otros amigos, unos no recuperaron lo que prestaron, y otros fueron engañados, y no recibieron lo que les prometió que les daría si reclamaba la herencia.
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Y sin embargo, señores, nuestros antepasados, los que adquirieron y dejaron esto, costearon todas las coregías, y aportaron mucho dinero para la guerra para vosotros, y siendo trierarcas no dejaron pasar ningún tiempo. Y de esto, testimonios en los templos, ellos dedicaron ofrendas de lo que les sobraba, monumentos de su propia virtud, esto en el templo de Dioniso, trípodes que recibieron siendo coregos y ganando, esto en el de Pitio;
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además, en la acrópolis, habiendo dedicado primicias de sus bienes a muchos, como de una adquisición propia, han adornado el templo con estatuas de bronce y piedra. Ellos mismos murieron luchando por la patria, Diceógenes, el padre de Menexeno, mi abuelo, siendo estratego cuando ocurrió la batalla en Eleusis, Menexeno, el hijo de aquel, siendo filarco de la Olintia en Spartolo, y Diceógenes, el hijo de Menexeno, siendo trierarca de la Pralo en Cnido.
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La casa de estos, tú, Diceógenes, habiéndola recibido, la has destruido mal y vergonzosamente, y habiéndola convertido en dinero, te lamentas de pobreza,¿ en qué la has gastado? Pues ni para la ciudad ni para los amigos eres evidente que hayas gastado nada. Pero, sin embargo, tampoco has criado caballos; pues nunca has adquirido un caballo que valga más de tres minas; ni has criado yuntas, puesto que nunca has adquirido una yunta de mulas con tantos campos y posesiones. Pero ni siquiera has rescatado a nadie de los enemigos.
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Pero ni siquiera las ofrendas, que Menexeno, habiéndolas hecho por valor de tres talentos, murió antes de dedicarlas, las has llevado a la ciudad, sino que todavía siguen rodando en los talleres de piedra, y tú mismo pretendías poseer dinero que no te correspondía en absoluto, y a los dioses no les devolviste las estatuas que les correspondían.
45
Por qué, pues, pretenderás que los jueces voten a tu favor, Diceógenes?¿ Acaso porque has realizado muchas liturgias para la ciudad, y habiendo gastado mucho dinero has hecho a la ciudad más solemne con esto?¿ O porque siendo trierarca has hecho muchos males a los enemigos, y habiendo aportado contribuciones a la patria necesitada para la guerra has ayudado mucho? Pero nada de esto has hecho.
46
Pero,¿ acaso como buen soldado? Pero no has hecho campaña habiendo ocurrido una guerra tan grande y tal, en la que los olintios y los isleños mueren luchando contra los enemigos por esta tierra, y tú, Diceógenes, siendo ciudadano, ni siquiera has hecho campaña. Pero tal vez por los antepasados pretenderás tener más que yo, porque mataron al tirano. Yo, a aquellos los alabo, pero a ti no creo que te corresponda nada de la virtud de aquellos.
47
Primero, pues, elegiste en lugar de la gloria de aquellos poseer nuestro patrimonio, y quisiste más ser llamado hijo de Diceógenes que de Harmodio, despreciando la manutención en el Pritaneo, y menospreciando las precedencias y las exenciones, que se han dado a los descendientes de aquellos. Además, aquel Aristogitón y Harmodio no fueron honrados por el linaje sino por la valentía, de la cual no te corresponde nada, Diceógenes.

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