On the Estate of Menecles
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Original / primary: Spanish Gemini
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Hipótesis: Menécles adoptó un hijo y vivió veintitrés años después de la adopción. Al disputar sus hermanos la herencia, un tal Filonides testificó que la herencia no era reclamable, pues Menécles había dejado un hijo. Los hermanos interpusieron contra él una querella por falso testimonio, y el joven comparece en defensa de sí mismo frente a ellos. Este discurso es opuesto al relativo a la herencia de Cleónimo; pues allí habló en favor del parentesco, mientras que aquí lo hace en favor de un testamento. La cuestión es de asunción por conjetura, pues dice que le estaba permitido adoptarse un hijo. Luego, el punto conjetural es que no se dejó persuadir por su mujer para adoptarme.
1
Creía, señores, que si alguien más fue adoptado por alguien conforme a las leyes, también yo lo fui, y que nadie se atrevería jamás a decir que Menécles me adoptó sin estar en su sano juicio o persuadido por su mujer. Pero puesto que mi tío, deliberando de forma incorrecta, según afirmo, intenta por todos los medios dejar a su propio hermano muerto sin descendencia, sin respetar a los dioses paternos ni a ninguno de ustedes, tengo la gran necesidad de ayudar tanto al padre que me adoptó como a mí mismo.
2
Por tanto, les explicaré desde el principio cómo la adopción se realizó de manera apropiada y conforme a las leyes, y que la herencia de Menécles no es reclamable siendo yo su hijo, sino que el testigo testificó la verdad. Les ruego a todos ustedes, les suplico y les imploro que reciban mis palabras con benevolencia.
3
Pues Epónimo el acarniense, nuestro padre, señores, era amigo y allegado de Menécles, y trataba con él familiarmente. Éramos cuatro hijos suyos, dos varones y dos mujeres. Al morir nuestro padre, entregamos a nuestra hermana mayor, puesto que estaba en edad, a Leucólofo, aportando una dote de veinte minas.
4
Y cuatro o cinco años después de aquel tiempo, nuestra hermana menor tenía casi la edad para convivir con un marido, y a Menécles le murió la mujer que tenía anteriormente. Así pues, una vez que Menécles hubo cumplido los ritos debidos a ella, nos pidió a nuestra hermana, recordándonos la amistad de nuestro padre y la suya propia, y cómo estaba dispuesto hacia nosotros mismos.
5
Y nosotros, sabiendo que ni siquiera nuestro padre se la habría dado a nadie con más gusto que a él, se la damos, no sin dote, como este dice cada vez, sino aportando la misma dote que entregamos a nuestra hermana mayor. Y de este modo, siendo antes sus amigos, nos convertimos en parientes. Y quiero presentar primero este testimonio de que Menécles recibió veinte minas como dote por la hermana.
6
Testimonio. Tras haber entregado a nuestras hermanas, señores, y estando nosotros mismos en edad de servir en el ejército, nos dedicamos a ello y partimos con Ifícrates hacia Tracia. Allí, tras haber sido considerados dignos de algo y haber obtenido ganancias, navegamos de regreso aquí, y encontramos que la hermana mayor tenía dos hijos, pero la menor, la que tenía Menécles, no tenía ninguno.
7
Y él, al segundo o tercer mes, tras haber elogiado mucho a la hermana, nos dirigió la palabra y dijo que temía tanto su propia edad como la falta de hijos. Por tanto, decía que no era justo que ella, por su propia bondad, sufriera esto, quedar sin hijos al envejecer junto a él; pues decía que él mismo ya era bastante desgraciado.
8
[ Y de esta expresión es evidente que la despidió amándola; pues nadie que odia a alguien le suplica]. Nos pedía, pues, que le hiciéramos este favor, entregarla a otro con su consentimiento. Y nosotros le pedíamos que la persuadiera a ella sobre esto; pues dijimos que haríamos lo que ella aceptara.
9
Y ella, al principio, ni siquiera soportaba que él hablara, pero al pasar el tiempo, apenas fue persuadida. Y así la entregamos a Elio de Esfeto, y Menécles le entrega la dote, habiendo participado del patrimonio del arrendamiento de los hijos de Nicias, y le da las vestiduras que ella trajo al llegar junto a él, y las joyas de oro que había.
10
Después de esto, habiendo transcurrido el tiempo, Menécles consideraba cómo no quedar sin hijos, sino tener a alguien que, estando él vivo, lo cuidara en su vejez y, al morir, lo enterrara y, en el tiempo venidero, le hiciera los ritos debidos. Veía que este tenía un solo hijo, por lo que le parecía vergonzoso, al dejarlo sin hijos, pedirle que le diera a este para adoptarlo.
11
Por tanto, no encontraba a nadie más cercano a él que nosotros. Nos dirigió la palabra y dijo que le parecía bien, puesto que la suerte le había deparado que no nacieran hijos de nuestra hermana, adoptar un hijo de esta casa, de donde habría deseado que le nacieran hijos por naturaleza.« Por tanto», dijo,« quiero adoptar a uno de ustedes, al que les parezca bien».
12
Y el hermano, al escuchar esto[ puesto que los prefería a todos], elogió sus palabras y dijo que tanto la edad como la soledad actual de aquel requerían a alguien que lo cuidara y estuviera presente.« A mí, por tanto», dijo,« me ocurre una partida al extranjero, como sabes; pero este hermano mío»— refiriéndose a mí—« se ocupará tanto de tus asuntos como de los míos, si quieres adoptarlo». Y Menécles dijo que hablaba bien, y de este modo me adopta.
13
Por tanto, quiero enseñarles cómo la adopción se realizó conforme a las leyes. Léeme la ley que ordena que sea lícito disponer de los bienes propios como uno quiera, si no hay hijos varones legítimos. Pues el legislador, señores, promulgó la ley así por esto, al ver que esta es la única salvaguarda contra la soledad y el consuelo de la vida para los hombres sin hijos, el que sea lícito adoptar a quien uno quiera.
14
Puesto que las leyes le permitían adoptar por estar sin hijos, me adopta, no mediante testamentos, señores, escrito cuando estaba a punto de morir, como otros ciudadanos, ni estando enfermo; sino estando sano, en su sano juicio, en su cabal sentido, tras adoptarme, me introduce ante los frateres estando estos presentes, y me inscribe en el demo y en los orgeones.
15
Y entonces estos no le contradijeron nada diciendo que no estaba en su sano juicio; aunque era mucho mejor persuadirlo estando vivo, si querían algo, que ultrajarlo al morir y dejar desolada su casa. Pues él vivió después de la adopción no un año o dos, sino veintitrés años; y en este tiempo, siendo tan largo, no se arrepintió de nada de lo que había hecho, debido a que todos estaban de acuerdo en que había deliberado correctamente.
16
Y para probar que digo la verdad, les presentaré como testigos de la adopción a los frateres, a los orgeones y a los miembros del demo, y la ley misma les será leída, conforme a la cual se realizó la adopción, para demostrar que era lícito adoptar. Léeme estas pruebas y la ley.
17
Testimonios. Ley. Que a Menécles le era lícito adoptar como hijo a quien quisiera, la ley misma lo manifiesta; que lo hizo, los frateres, los miembros del demo y los orgeones les han testificado; de modo que ha quedado demostrado claramente ante nosotros, señores, que el testigo ha testificado la verdad, y estos, respecto a la adopción misma, no podrían contradecir nada en absoluto.
18
Realizado esto, Menécles buscó una mujer para mí y dijo que debía casarme; y tomo a la hija de Filonides. Y él tenía la previsión que es natural que un padre tenga respecto a un hijo, y yo, de la misma manera, como si fuera mi padre por nacimiento, lo cuidaba y lo respetaba, tanto yo como mi mujer, de modo que él elogiaba a todos ante los miembros del demo.
19
Que Menécles no me adoptó sin estar en su sano juicio ni persuadido por su mujer, sino estando en su cabal sentido, es fácil de reconocer para ustedes por esto. En primer lugar, la hermana, sobre la cual este ha hecho la mayor parte de su discurso, diciendo que me adoptó persuadido por ella, había sido entregada mucho antes de que ocurriera la adopción, de modo que, si me hubiera adoptado persuadido por ella, habría adoptado a uno de los hijos de ella; pues ella tiene dos.
20
Pero, señores, no me adoptó como hijo persuadido por ella, sino sobre todo por la soledad, en segundo lugar por las causas ya dichas y por la benevolencia existente hacia mi padre, y en tercer lugar por no tener ningún otro pariente de quien pudiera adoptar un hijo. Estas cosas me impulsaron entonces a ser adoptado; de modo que no parece que estuviera fuera de sí ni persuadido por su mujer, a menos que este quiera llamar con ese nombre a su soledad y a su falta de hijos.
21
Me gustaría preguntar a este, que dice estar en su sano juicio,¿ a quién debía adoptar de entre sus parientes?¿ Acaso al hijo de este? Pero no se lo habría dado, dejándose a sí mismo sin hijos; este no es tan amante del dinero.¿ O al hijo de la hermana, o al de la prima, o al del primo? Pero, para empezar, no tenía ninguno de estos parientes.
22
Por tanto, era necesario por fuerza que adoptara a otro antes que envejecer sin hijos, como este pretende ahora que hiciera. Por tanto, creo que todos ustedes estarían de acuerdo en que, de no haberme adoptado a mí, no habría adoptado a nadie más cercano. Pues que este les muestre a alguien. Pero nunca podría; pues no tenía ningún otro pariente salvo estos.
23
Pero ahora este parece criticarlo no porque no adoptara a su propio hijo, sino porque adoptó a alguien en absoluto y no murió sin hijos. Esto es lo que critica, haciendo algo envidioso y no justo; pues parece criticar a aquel que, estando sin hijos y siendo desgraciado, tenía hijos.
24
Y a todos los demás hombres, tanto griegos como bárbaros, les parece que esta ley, la relativa a la adopción, está bien establecida, y por eso todos la usan; pero este tío mío no se avergüenza de privar ahora a su propio hermano de esta facultad, la de adoptar, que nadie ha envidiado jamás ni siquiera a quienes no son parientes por nacimiento.
25
Creo que incluso este, si alguien le preguntara qué habría hecho al encontrarse en la misma suerte que aquel, no diría otra cosa sino que habría adoptado a quien fuera a cuidarlo estando vivo y a enterrarlo al morir; y es evidente que la adopción se habría realizado conforme a esta misma ley, conforme a la cual se hizo la mía. Luego, si él estuviera sin hijos, adoptaría; pero dice que Menécles, al hacer lo mismo que él, estaba fuera de sí y que adoptó persuadido por su mujer.
26
¿ Cómo, pues, no parece decir cosas atroces? Pues creo que este está mucho más fuera de sí por este discurso que ahora pronuncia y por lo que hace. Pues parece decir lo contrario a las leyes, a la justicia y a lo que él mismo habría hecho, y no se avergüenza de hacer válida para sí mismo la ley sobre la adopción, mientras intenta hacer nula esta misma para su hermano.
27
Luego, por qué este, al estar en conflicto, busca dejar a su propio hermano sin hijos, es digno de oír, señores. Pues si el conflicto conmigo es por el nombre y se niega a que yo sea hijo de Menécles,¿ cómo no es envidioso? Pero si el discurso es por dinero, que les muestre qué terreno, edificio o casa dejó aquel que yo posea ahora. Pero si no dejó nada de esto, y lo que le quedaba, una vez que devolvió el dinero al huérfano, este lo tomó estando aquel aún vivo,¿ cómo no queda claramente demostrado que es un desvergonzado?
28
Y cómo es, yo lo mostraré. Pues como debía devolver el dinero al huérfano, y no tenía de dónde devolverlo, y se le habían acumulado intereses de mucho tiempo, vendía el terreno, y este, aprovechando la ocasión y queriendo hostigarlo porque me adoptó, impedía que el terreno se vendiera, para que quedara embargado y se viera obligado a ceder ante el huérfano. Disputaba, pues, con él una parte del terreno, sin haber disputado nunca antes, y prohibía a los compradores que lo compraran.
29
Y aquel se indignaba, creo, y se veía obligado a dejar lo que este disputaba. El resto se lo vende a Filipo de Piteo por setenta minas, y así liquida al huérfano, devolviendo un talento y siete minas del precio del terreno; pero contra este entabla un juicio por la prohibición. Habiendo habido muchas palabras y mucha enemistad, nos pareció necesario, para que nadie diga nunca que yo soy amante del dinero y que provoco enemistades entre hermanos, confiar el arbitraje al pariente político de este y a los amigos.
30
Y ellos nos dijeron que, si les confiábamos el arbitraje para juzgar lo justo, no arbitrarían; pues no deseaban enemistarse con ninguno de nosotros; pero si les permitíamos decidir lo conveniente para todos, dijeron que arbitrarían. Y nosotros, para librarnos de problemas, como creíamos,
31
y ellos, tras habernos jurado ante el altar de Afrodita en Céfale que decidirían lo conveniente, nos arbitraron que cediéramos lo que este disputaba y que se lo diéramos como regalo; pues dijeron que no había ninguna otra solución si estos no participaban de los bienes de aquel.
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Y para el tiempo restante decidieron que nos hiciéramos bien unos a otros tanto de palabra como de obra, y nos obligaron a ambos a jurar esto ante el altar de que, ciertamente, lo haríamos. Y nosotros juramos hacernos bien unos a otros en el tiempo venidero, en la medida de lo posible, tanto de palabra como de obra.
33
Y cómo se realizó el juramento, y estos tienen lo que decidieron sus parientes, y ahora nos hacen estos bienes, queriendo dejar al muerto sin hijos y expulsarme a mí tras ultrajarme de la casa, les presentaré como testigos a quienes lo decidieron, si quieren subir( pues son parientes de estos), y si no, a los que estuvieron presentes.
34
Léeme estos testimonios; y tú, retén el agua. Testimonios. Toma para mí esos testimonios de que el terreno se vendió por setenta minas y de que el huérfano recibió sesenta y siete minas al venderse el terreno.
35
Testimonios. Este tío mío, pues, señores, ha heredado los bienes de aquel de hecho y no de palabra como yo, y tiene mucho más que yo; pues yo recibí las trescientas dracmas que quedaron del precio del terreno, y una casita que no vale tres minas; pero este, teniendo un terreno de más de diez minas, viene ahora además a dejar desolada su casa.
36
Y yo, el adoptado, lo cuidaba estando vivo, tanto yo como mi mujer, hija de este Filonides, y a mi hijo le puse el nombre de aquel, para que su casa no quedara sin nombre, y al morir lo enterré dignamente tanto para él como para mí, y le puse una hermosa lápida, e hice los novenos y todo lo demás relativo al entierro lo mejor posible, de modo que todos los miembros del demo lo elogiaban.
37
Pero este pariente, el que lo critica por haber adoptado un hijo, le arrebató estando vivo el terreno que le quedaba, y al morir quiere dejarlo sin hijos y sin nombre. Tal es este. Y les leerá los testimonios de quienes saben que yo lo enterré, hice los terceros y los novenos y todo lo demás relativo al entierro.
38
Testimonios. Que Menécles, señores, me adoptó no estando fuera de sí ni persuadido por su mujer, quiero presentarles a estos mismos como testigos, testificándome de hecho y no de palabra, por lo que ellos mismos hicieron, que yo digo la verdad. Pues ambos parecen haber hecho las liquidaciones conmigo, y no con Menécles, y habiendo jurado juramentos conmigo, y yo con ellos.
39
Y sin embargo, si la adopción no se hubiera realizado conforme a las leyes, ni yo fuera heredero de Menécles aprobado por ellos mismos,¿ qué necesidad tenían de jurar conmigo o de recibir juramentos de mí? Ninguna, por supuesto. Por tanto, cuando hicieron esto, ellos mismos parecen testificarme que fui adoptado conforme a las leyes y que soy legítimamente heredero de Menécles.
40
Creo que esto es evidente para todos ustedes, que incluso por estos mismos es admitido que Menécles no estaba fuera de sí, sino mucho más este ahora, que habiendo hecho una liquidación de la enemistad conmigo y jurado juramentos, viene de nuevo ahora habiendo transgredido lo acordado y jurado, y pretende quitarme estos restos, siendo tan pequeños.
41
Y yo, si no considerara que el asunto es muy vergonzoso y oprobioso, traicionar al padre de quien fui nombrado y quien me adoptó, pronto le habría cedido los bienes de aquel; pues no queda ni uno solo, como creo que ustedes también perciben.
42
Pero ahora considero que el asunto es grave y vergonzoso aquí, si cuando Menécles tenía algo, entonces me entregué para ser adoptado por él, y de los bienes de aquel, antes de que se vendiera el terreno, ejercí de gimnasiarca en el demo y me sentí honrado como hijo suyo, y las expediciones militares que hubo en este tiempo, las hice en la tribu de aquel y en el demo;
43
y cuando él murió, si traiciono y, tras dejar desolada su casa, me voy,¿ cómo no parecería el asunto grave y ridículo, y daría mucha facultad a quienes quisieran difamarme? Y no solo esto es lo que me hace luchar en este combate, sino si parezco ser un hombre tan vil y que no vale nada, de modo que ni siquiera por uno de mis amigos, estando en su sano juicio, sería adoptado, sino por alguien fuera de sí, esto es lo que me duele.
44
Por tanto, les ruego a todos ustedes, señores, les suplico y les imploro que se compadezcan de mí y absuelvan al testigo. Les he demostrado primero que fui adoptado por Menécles de la forma más justa posible, y que la adopción no se realizó de palabra ni por testamento, sino de hecho; y de esto les presenté como testigos a los frateres, a los miembros del demo y a los orgeones;
45
y demostré que él vivió veintitrés años después. Luego les mostré las leyes que dan facultad a los hombres sin hijos para adoptar hijos. Y además de esto, parezco haberlo cuidado estando vivo y haberlo enterrado al morir.
46
Pero este ahora quiere dejarme sin la herencia paterna, sea esta mayor o menor, y dejar al muerto sin hijos y sin nombre, para que nadie honre los ritos paternos en nombre de aquel ni le haga ofrendas cada año, sino que le arrebate sus honores; lo cual, habiéndolo previsto Menécles, siendo dueño de sus bienes, se adoptó un hijo, para obtener todo esto.
47
No me arrebaten, pues, señores, persuadidos por estos, el nombre, que es lo único que queda de la herencia, y no hagan nula su adopción; sino puesto que el asunto ha llegado a ustedes y ustedes se han convertido en dueños, ayúdennos tanto a nosotros como a aquel que está en el Hades, y no permitan, les ruego por los dioses y los demonios, que sea ultrajado por estos, sino, recordando la ley y el juramento que han jurado y lo dicho sobre el asunto, voten lo justo y lo que está conforme a los juramentos según las leyes.