Against Lochites
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Original / primary: Spanish Gemini
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Que Lohites me golpeó, dando inicio a una agresión injusta, todos los presentes se lo han testificado a ustedes. No deben considerar este delito como algo semejante a los demás, ni establecer penas iguales para los daños corporales y para los patrimoniales, sabiendo que el cuerpo es lo más propio de todos los hombres, y que por causa de esto establecimos las leyes, luchamos por la libertad, deseamos la democracia y realizamos todas las demás actividades de la vida. Por tanto, es razonable que ustedes castiguen con la mayor severidad a quienes delinquen contra aquello que ustedes más valoran.
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Descubrirán también que quienes nos dieron las leyes se preocuparon especialmente por la integridad física. En primer lugar, solo para este tipo de delitos establecieron juicios y acusaciones sin necesidad de depósito previo, para que cada uno de nosotros, según sus posibilidades y voluntad, pueda castigar a quienes lo agravian. Además, en los demás delitos, el agresor solo responde ante la víctima; pero en el caso de la hibris, al ser un asunto de interés común, cualquier ciudadano que lo desee puede presentar una acusación ante los tesmotetes y llevar el caso ante ustedes.
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Consideraron tan grave el golpearse unos a otros que incluso establecieron una ley sobre la difamación, la cual ordena que quienes profieran palabras prohibidas paguen quinientas dracmas. Y, sin embargo,¿ qué magnitud de penas debemos establecer para quienes han sufrido el daño en la realidad, cuando ustedes se muestran tan indignados por quienes solo han sido ofendidos de palabra?
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Resulta sorprendente que consideren dignos de muerte a quienes cometieron actos de hibris bajo la oligarquía, pero que dejen sin castigo a quienes practican lo mismo en democracia. Y, sin embargo, estos merecerían con justicia un castigo mayor, pues demuestran con más claridad su propia maldad. Pues quien ahora se atreve a transgredir la ley, cuando no está permitido,¿ qué habría hecho cuando los que gobernaban la ciudad incluso agradecían a quienes cometían tales desmanes?
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Quizás, pues, Lohites intentará minimizar el asunto, despreciando la acusación y diciendo que no sufrí ningún daño por los golpes, y que exagero mis palabras más allá de lo que merecen los hechos. Pero si a lo ocurrido no se le hubiera añadido la hibris, nunca habría acudido ante ustedes; ahora, sin embargo, no vengo a pedir justicia por el daño físico resultante de los golpes, sino por la afrenta y la deshonra que he recibido de él.
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Cuestiones por las que es propio que los hombres libres se indignen especialmente y obtengan el mayor castigo. Veo que ustedes, cuando condenan a alguien por sacrilegio o robo, no fijan la pena según la magnitud de lo sustraído, sino que dictan la muerte para todos por igual, considerando justo que quienes intentan los mismos actos sean castigados con las mismas penas.
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Es necesario, por tanto, tener el mismo criterio respecto a quienes cometen hibris, y no fijarse en si no golpearon con extrema violencia, sino en si transgredieron la ley, y no pedirles cuentas solo por el incidente concreto, sino por toda su conducta.
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Tengan presente que a menudo pequeñas causas han sido origen de grandes males, y que, debido a quienes se atreven a golpear, algunos han sido llevados a tal grado de ira que han llegado a heridas, muertes, destierros y las mayores desgracias; nada de esto ha dejado de ocurrir por culpa del acusado, sino que, por su parte, todo ha sido realizado, y solo gracias a la fortuna y a mi carácter no ha sucedido nada irreparable.
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Considero que ustedes se indignarían como corresponde al asunto si reflexionaran sobre cuánto mayor es este delito que los demás. Pues descubrirán que las otras injusticias dañan solo una parte de la vida, mientras que la hibris corrompe la existencia entera, y que por su causa muchas casas han sido destruidas y muchas ciudades han quedado desoladas.
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¿ Y qué necesidad hay de perder el tiempo relatando las desgracias de otros? Nosotros mismos hemos visto ya dos veces la democracia disuelta y dos veces fuimos privados de la libertad, no por quienes eran culpables de otras maldades, sino por aquellos que despreciaban las leyes y deseaban servir a los enemigos,
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y cometer hibris contra los ciudadanos. De estos, este individuo resulta ser uno. Pues aunque sea más joven que los que se establecieron entonces, tiene el mismo carácter que el de aquel régimen. Pues estas son las naturalezas que entregaron nuestro poder a los enemigos, derribaron las murallas de la patria y mataron a mil quinientos ciudadanos sin juicio.
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Es razonable que ustedes, recordándolos, castiguen no solo a quienes entonces causaron daño, sino también a quienes ahora desean tratar así a la ciudad, y tanto más a los que se prevé que serán malvados que a los que ya han delinquido, cuanto mejor es encontrar un remedio para los males futuros que pedir justicia por los ya ocurridos.
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Y no esperen hasta que, habiéndose agrupado y encontrado la ocasión, cometan un delito contra toda la ciudad, sino que, en cualquier pretexto que se les presente, castíguenlos, considerando que es una oportunidad ganada cuando atrapan a alguien que ha demostrado toda su maldad en asuntos menores.
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Lo mejor habría sido, si hubiera alguna otra señal en los hombres malvados, castigarlos antes de que alguien fuera agraviado; pero puesto que no es posible darse cuenta antes de que algunos sufran daño por ellos, al menos, una vez que son conocidos, es propio que todos odien a tales personas y las consideren enemigos comunes.
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Tengan en cuenta que los pobres no participan de los riesgos relacionados con los bienes, pero todos compartimos por igual la afrenta contra el cuerpo; de modo que, cuando castigan a quienes defraudan, solo benefician a los ricos, pero cuando castigan a quienes cometen hibris,
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se ayudan a ustedes mismos. Por lo cual es necesario valorar estos juicios por encima de todo, y en los demás contratos fijar la pena según lo que corresponde recuperar al demandante, pero en el caso de la hibris, tanto como el acusado, al pagar, esté destinado a cesar en su desenfreno actual.
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Si, pues, eliminan los bienes de quienes se comportan con insolencia hacia los ciudadanos y no consideran suficiente castigo que quienes delinquen contra el cuerpo respondan con dinero, lograrán todo lo que deben hacer quienes juzgan correctamente;
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pues juzgarán rectamente sobre el asunto presente, harán a los demás ciudadanos más moderados y harán más segura su propia vida. Pues es propio de jueces sensatos que, al votar con justicia sobre los asuntos ajenos, al mismo tiempo aseguren los suyos propios.
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Y que ninguno de ustedes, al fijarse en que soy pobre y uno de la multitud, pretenda reducir la pena. Pues no es justo establecer penas menores para los desconocidos que para los famosos, ni considerar peores a los pobres que a los que poseen mucho. Pues se deshonrarían a ustedes mismos si juzgaran así sobre la mayoría. Además, sería lo más grave de todo,
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si, estando la ciudad bajo una democracia, no obtuviéramos todos lo mismo, sino que pretendiéramos participar de los cargos, pero nos priváramos a nosotros mismos de los derechos legales, y estuviéramos dispuestos a morir luchando por la constitución, pero al votar, concediéramos más ventaja a quienes poseen los bienes.
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No, si me hacen caso, no se comportarán así consigo mismos, ni enseñarán a los más jóvenes a despreciar a la multitud de los ciudadanos, ni considerarán que tales conflictos son ajenos, sino que cada uno de ustedes emitirá su voto como si juzgara en causa propia. Pues quienes se atreven a transgredir esta ley establecida para proteger sus cuerpos agravian a todos por igual.
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De modo que, si son sensatos, exhortándose unos a otros, manifestarán a Lohites su propia indignación, sabiendo que todos los de su clase desprecian las leyes establecidas, pero consideran que lo que aquí se decide, eso es la ley. Yo, por mi parte, he dicho sobre el asunto todo lo que he podido; si alguno de los presentes tiene algo que añadir en mi favor, que suba y hable ante ustedes.