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IsocratesAgainstsop 1 · spanish-geminiMore by Isocrates
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Si todos los que intentan enseñar quisieran decir la verdad y no hacer promesas mayores de lo que pueden cumplir, no serían mal vistos por la gente común; pero ahora, quienes se atreven a fanfarronear con demasiada imprudencia han logrado que parezca más sensato elegir la holgazanería que dedicarse a la filosofía. Pues,¿ quién no odiaría y despreciaría, en primer lugar, a quienes se ocupan de las disputas, que pretenden buscar la verdad pero, desde el principio de sus promesas, intentan decir falsedades?
2
Creo que para todos es evidente que conocer el futuro no es propio de nuestra naturaleza, sino que estamos tan lejos de tal sabiduría que Homero, quien ha obtenido la mayor fama por su sabiduría, ha representado a los dioses deliberando a veces sobre estos asuntos, no porque conociera la opinión de ellos, sino para demostrarnos que esto es una de las cosas imposibles para los hombres.
3
Estos, pues, han llegado a tal grado de audacia que intentan convencer a los más jóvenes de que, si se acercan a ellos, sabrán lo que deben hacer y, mediante este conocimiento, serán felices. Y habiéndose erigido en maestros y señores de tan grandes bienes, no se avergüenzan de pedir tres o cuatro minas por ello.
4
Pero si vendieran alguna de las otras posesiones por una parte mínima de su valor, no habrían discutido que son sensatos; sin embargo, valorando la virtud y la felicidad tan poco, pretenden ser maestros de los demás como si tuvieran juicio. Y dicen que no necesitan dinero, llamando al oro y la plata riqueza, pero, codiciando una pequeña ganancia, prometen casi hacer inmortales a quienes los frecuentan.
5
Y lo más ridículo de todo es que desconfían de aquellos de quienes deberían recibir el pago, a quienes van a transmitir la justicia, mientras que, de aquellos de quienes nunca han sido maestros, depositan en ellos las garantías de los alumnos, actuando con sensatez para su propia seguridad, pero haciendo lo contrario a su profesión.
6
Pues a quienes enseñan cualquier otra cosa les corresponde ser precisos sobre los asuntos en cuestión, ya que nada impide que quienes se han vuelto hábiles en otras materias no sean honestos en los contratos; pero,¿ cómo no es absurdo que quienes inculcan la virtud y la templanza no confíen sobre todo en sus alumnos? Pues seguramente no serán malvados e injustos con aquellos gracias a quienes se han vuelto tales.
7
Cuando, pues, algunos de los profanos, tras haber reflexionado sobre todo esto, observan que quienes enseñan la sabiduría y transmiten la felicidad están ellos mismos necesitados de muchas cosas y cobran poco a sus alumnos, y que observan las contradicciones en los discursos pero no las ven en los hechos, y además que pretenden saber sobre el futuro,
8
pero no son capaces ni de decir ni de aconsejar nada de lo necesario sobre el presente, sino que más bien están más de acuerdo y tienen más éxito quienes usan el sentido común que quienes profesan poseer el conocimiento, con razón, creo, los desprecian y consideran que tales ocupaciones son palabrería y mezquindad, y no un cuidado del alma.
9
Y no solo a estos, sino también a quienes prometen discursos políticos es digno censurarlos; pues también ellos no se preocupan en absoluto por la verdad, sino que consideran que el arte consiste en atraer a tantos como sea posible mediante la pequeñez de los honorarios y la magnitud de las promesas, y poder obtener algo de ellos; y están tan insensibilizados ellos mismos y suponen que los demás también lo están, que, aunque escriben discursos peor que lo que algunos profanos improvisan, prometen hacer a sus alumnos tales oradores que no omitirán nada de lo que está contenido en los asuntos.
10
Y de esta capacidad no transmiten nada ni mediante la experiencia ni mediante la naturaleza del alumno, sino que dicen que transmitirán el conocimiento de los discursos igual que el de las letras, sin haber examinado cómo es cada una de estas cosas, sino pensando que, debido a la exageración de las promesas, ellos mismos serán admirados y la educación de los discursos parecerá ser de mayor valor, sabiendo mal que no hacen grandes las artes quienes se atreven a fanfarronear sobre ellas, sino quienes son capaces de descubrir cuánto hay en cada una.
11
Yo, por mi parte, habría pagado mucho dinero porque la filosofía tuviera tanto poder como dicen estos, pues quizás nosotros no nos habríamos quedado muy atrás, ni habríamos disfrutado de la menor parte de ella; pero como no es así, desearía que los que dicen tonterías se detuvieran; pues veo que las calumnias no solo recaen sobre los que cometen errores, sino que todos los demás que se dedican a la misma ocupación son difamados junto con ellos.
12
Y me asombro cuando veo que estos se consideran dignos de alumnos, al tomar como ejemplo un arte establecido de algo creativo, sin darse cuenta de sí mismos. Pues,¿ quién no sabe, excepto ellos, que lo de las letras permanece inmóvil y se mantiene igual, de modo que siempre usamos lo mismo para lo mismo, mientras que lo de los discursos ha sufrido todo lo contrario? Pues lo que ha sido dicho por otro no es igualmente útil para quien habla después de él, sino que parece ser más técnico aquel que habla de manera digna de los asuntos, pero no es capaz de encontrar nada de lo mismo que los demás.
13
Y la mayor señal de su desemejanza: pues no es posible que los discursos sean buenos si no participan de las ocasiones, de lo apropiado y de la novedad, mientras que las letras no han necesitado nada de esto. De modo que quienes usan tales ejemplos pagarían con mucha más justicia de lo que reciben dinero, porque, necesitando ellos mismos mucho cuidado, intentan enseñar a los demás.
14
Y si es necesario no acusar a los demás, sino también exponer mi propia opinión, creo que todos los sensatos estarían de acuerdo conmigo en que muchos de los que se han dedicado a la filosofía han seguido siendo profanos, mientras que otros, sin haber frecuentado nunca a ninguno de los sofistas, se han vuelto hábiles tanto para hablar como para participar en la política. Pues las capacidades, tanto de los discursos como de todas las demás obras, nacen en los que tienen buena disposición natural y en los que se han ejercitado en las experiencias;
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pero la educación ha hecho a tales personas más técnicas y más hábiles para investigar, pues les enseñó a tomar de manera más fácil lo que ahora encuentran vagando, mientras que a los que tienen una naturaleza más deficiente no los convertiría en buenos competidores o creadores de discursos, pero los haría avanzar respecto a sí mismos y los haría estar mucho más sensatamente dispuestos.
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Y quiero, ya que he llegado a esto, hablar aún más claramente sobre ellos. Pues yo afirmo que obtener el conocimiento de las formas, a partir de las cuales hablamos y componemos todos los discursos, no es de las cosas muy difíciles, si uno se entrega no a los que prometen fácilmente, sino a los que saben algo sobre ellas; pero lo de elegir para cada uno de los asuntos lo que se debe, mezclarlos entre sí y ordenarlos adecuadamente, y además no errar en las ocasiones, sino también adornar todo el discurso apropiadamente con los entimemas y hablar con los nombres de manera rítmica y musical,
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esto requiere mucho cuidado y es obra de un alma varonil y con capacidad de juicio, y es necesario que el alumno, además de tener la naturaleza que se requiere, aprenda las formas de los discursos y se ejercite en sus usos, y que el maestro sea capaz de exponer las cosas con tal precisión que no omita nada de lo que se puede enseñar, y que respecto a lo demás se ofrezca a sí mismo como tal ejemplo,
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que quienes han sido formados y son capaces de imitar, parezcan inmediatamente hablar de manera más florida y elegante que los demás. Y si todas estas cosas coinciden, los que se dedican a la filosofía estarán en plenitud; pero en lo que se omita algo de lo dicho, es necesario que los que se acercan a ellos estén en peor situación.
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Así pues, los que están brotando ahora de los sofistas y han caído recientemente en las fanfarronerías, aunque ahora abunden, sé bien que todos serán llevados a esta tesis. Nos quedan los que nacieron antes que nosotros y se atrevieron a escribir las llamadas artes, a quienes no hay que dejar sin censura; quienes prometieron enseñar a litigar, eligiendo el más difícil de los nombres, que era tarea de los envidiosos decir, y no de los que están al frente de tal educación, y esto siendo el asunto,
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en la medida en que es enseñable, no más capaz de beneficiar para los discursos judiciales que para todos los demás. Y se volvieron tanto peores que los que se revuelcan en las disputas, en cuanto que estos, al exponer tales discursitos, en los que si uno persistiera en los hechos estaría inmediatamente en todos los males, sin embargo prometieron virtud y templanza sobre ellos, mientras que aquellos, al exhortar a los discursos políticos, descuidando los otros bienes que les corresponden, se comprometieron a ser maestros de la intromisión y la codicia.
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Y, sin embargo, a quienes quieren obedecer lo que ordena esta filosofía, los beneficiaría mucho más pronto para la equidad que para la retórica. Y que nadie piense que digo que la justicia es enseñable; pues, en general, no creo que exista tal arte que pueda inculcar templanza y justicia a los que están mal dotados por naturaleza para la virtud; sin embargo, creo que el cuidado de los discursos políticos es lo que más ayuda a exhortar y ejercitar conjuntamente.
22
Y para que no parezca que disuelvo las promesas de los demás, pero yo mismo digo cosas mayores de lo que hay, a partir de lo cual yo mismo me convencí de que esto es así, creo que fácilmente lo haré evidente también para los demás.

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