Concerning the Team of Horses
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Original / primary: Spanish Gemini
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Sobre el tiro de caballos, habéis escuchado a los embajadores que vinieron de allí y a los demás testigos que saben que mi padre no se lo arrebató a Tisias, sino que lo compró a la ciudad de los argivos; pero todos están acostumbrados a calumniarme de la misma manera.
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Pues presentan demandas por agravios privados, pero hacen acusaciones sobre los asuntos de la ciudad, y pasan más tiempo difamando a mi padre que explicando los motivos por los que prestaron juramento, y desprecian tanto las leyes que, por aquello en lo que dicen que fuisteis agraviados por él, ellos mismos pretenden obtener justicia de mí.
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Yo considero que no corresponde mezclar las acusaciones públicas con los litigios privados; pero puesto que Tisias me reprocha a menudo el destierro de mi padre y que se preocupa más por vuestros asuntos que por los suyos, es necesario que presente mi defensa al respecto; pues me avergonzaría si a alguno de los ciudadanos le pareciera que me preocupo menos por la reputación de aquel que por mis propios peligros.
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Para los más ancianos, un breve discurso habría bastado, pues todos saben que fue por los mismos hombres que la democracia fue disuelta y él fue expulsado de la ciudad; pero por causa de los más jóvenes, que han llegado después de los hechos y han escuchado muchas veces a los difamadores, comenzaré a explicar desde más atrás.
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Pues aquellos que primero conspiraron contra el pueblo y establecieron a los Cuatrocientos, cuando mi padre, al ser invitado, no quiso unirse a ellos, al verlo firme en sus acciones y leal a la multitud, no creyeron ser capaces de cambiar nada de lo establecido hasta que él fuera apartado de su camino.
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Sabiendo que la ciudad se habría indignado sobremanera por los asuntos relacionados con los dioses si alguien resultara haber cometido una falta en los misterios, y por los demás asuntos si alguien se atreviera a disolver la democracia, combinaron ambas acusaciones y las denunciaron ante el Consejo, diciendo que mi padre reunía a su facción para fines subversivos y que ellos habían celebrado los misterios cenando en la casa de Pulitión.
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Pero al haberse levantado la ciudad debido a la gravedad de las acusaciones y al haberse reunido rápidamente la asamblea, demostró tan claramente que mentían que el pueblo habría castigado gustosamente a los acusadores, y eligió a aquel como estratego para Sicilia. Después de esto, él zarpó como si ya se hubiera librado de la calumnia, pero los que habían organizado el Consejo y puesto a los oradores bajo su mando, reavivaron el asunto y enviaron denunciantes.
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Y¿ qué necesidad hay de extenderse? Pues no cesaron hasta que hicieron llamar a mi padre desde el campamento, mataron a algunos de sus amigos y expulsaron a otros de la ciudad. Al enterarse del poder de sus enemigos y de las desgracias de sus allegados, y considerando que sufría una injusticia al no ser juzgado estando presente, pero ser condenado estando ausente, ni aun así consideró oportuno marcharse con los enemigos;
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sino que él tuvo tanto cuidado de no cometer ninguna falta contra la ciudad ni siquiera estando desterrado, que al llegar a Argos se mantuvo tranquilo, mientras que ellos llegaron a tal grado de insolencia que os convencieron de expulsarlo de toda Grecia, de inscribirlo en una estela y de enviar embajadores para reclamarlo a los argivos. Viéndose sin saber qué hacer ante los males presentes, bloqueado por todas partes y sin que le apareciera ninguna otra salvación, al final se vio obligado a refugiarse con los lacedemonios.
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Y esto es lo que sucedió; pero los enemigos tienen tal exceso de insolencia que, habiendo sido expulsado mi padre tan ilegalmente, lo acusan como si hubiera cometido actos terribles, e intentan difamarlo diciendo que fortificó Decelia, que hizo que las islas se rebelaran y que se convirtió en maestro de los enemigos.
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Y a veces pretenden despreciarlo, diciendo que no era diferente de los demás, pero ahora lo culpan de todos los males ocurridos y dicen que los lacedemonios aprendieron de él cómo hacer la guerra, ellos que también tienen la habilidad de enseñar a otros. Yo, si tuviera tiempo suficiente, demostraría fácilmente que en algunas cosas actuó con justicia y que de otras es acusado injustamente. Pero sería lo más terrible de todo si, habiendo recibido mi padre una recompensa después de su destierro, yo fuera castigado por causa de ese mismo destierro.
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Considero que él merecería justamente obtener de vosotros la mayor indulgencia; pues, al ser expulsados por los Treinta, sufristeis las mismas desgracias que él. De lo cual debéis reflexionar cómo se sentía cada uno de vosotros, qué opinión tenía y qué peligro no habría soportado con tal de dejar de ser meteco, regresar a la patria y castigar a quienes os expulsaron.
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¿ A qué ciudad, amigo o extranjero no acudisteis suplicando que os ayudara a regresar?¿ De qué os abstuvisteis intentando volver?¿ No ocupasteis el Pireo, destruisteis el grano que había en el campo, talasteis la tierra, incendiasteis los suburbios y, finalmente, atacasteis las murallas?
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Y considerabais tan necesario hacer esto, que os indignabais más con los compañeros de destierro que permanecían tranquilos que con los que habían sido causa de las desgracias. Por tanto, no es razonable reprochar a quienes deseaban lo mismo que vosotros, ni considerarlos hombres malvados por haber buscado regresar estando desterrados, sino mucho más a quienes, permaneciendo, hicieron cosas dignas de destierro; ni comenzar a juzgar desde ahí qué clase de ciudadano era mi padre cuando nada tenía que ver con la ciudad,
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sino observar en aquel tiempo, antes de su destierro, cómo era respecto a la multitud, y que, teniendo doscientos hoplitas, hizo que las ciudades más grandes del Peloponeso se separaran de los lacedemonios y se convirtieran en vuestras aliadas, y a qué peligros los expuso, y cómo ejerció el mando en Sicilia. Pues por esto es justo que le estéis agradecidos; y por lo ocurrido en la desgracia, justamente deberíais considerar culpables a quienes lo expulsaron.
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Recordad entre vosotros, cuando regresó, cuántos bienes hizo a la ciudad, y aún antes, en qué situación de los asuntos lo recibisteis: con la democracia disuelta, los ciudadanos en facciones, los soldados enfrentados a las autoridades aquí establecidas, y ambos bandos habiendo llegado a tal punto de locura que ninguno tenía esperanza de salvación;
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pues unos consideraban a los que tenían la ciudad más enemigos que a los lacedemonios, y otros enviaban a buscar a los de Decelia, pensando que era mejor entregar la patria a los enemigos que compartir la ciudadanía con los que luchaban por la ciudad.
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Estando los ciudadanos con tal opinión, dominando los enemigos tanto la tierra como el mar, y además no teniendo vosotros dinero mientras ellos lo recibían del Gran Rey, y sumado a esto noventa naves fenicias habiendo llegado a Aspendo y preparadas para ayudar a los lacedemonios, estando la ciudad en tales desgracias y peligros,
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al ser llamado por los soldados, no se vanaglorió de la situación, ni se quejó de lo ocurrido, ni deliberó sobre el futuro, sino que eligió inmediatamente sufrir cualquier cosa con la ciudad antes que prosperar con los lacedemonios, e hizo evidente a todos que luchaba contra quienes lo expulsaron, pero no contra vosotros, y que deseaba regresar, pero no destruir la ciudad.
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Al estar con vosotros, convenció a Tisafernes de no proporcionar dinero a los lacedemonios, detuvo a los aliados que se rebelaban contra vosotros, distribuyó de su propio dinero el sueldo a los soldados, devolvió al pueblo la democracia, reconcilió a los ciudadanos y alejó a las naves fenicias.
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Y después de esto, sería una tarea larga enumerar una por una cuántas trirremes tomó, qué batallas ganó, qué ciudades tomó por la fuerza o cuáles hizo amigas vuestras mediante la persuasión; pero habiendo ocurrido muchísimos peligros para la ciudad en aquel momento, nunca los enemigos erigieron un trofeo sobre vosotros mientras mi padre estaba al mando.
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Sobre sus acciones como estratego, sé que omito muchas, y no he hablado con precisión de ellas porque casi todos recordáis lo sucedido. Pero injurian de manera excesivamente desvergonzada y audaz también el resto de la vida de mi padre, y no se avergüenzan de usar tal franqueza sobre un difunto, la cual habrían temido usar sobre alguien vivo, sino que han llegado a tal punto de insensatez,
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que creen que gozarán de buena reputación tanto ante vosotros como ante los demás si blasfeman sobre él tanto como pueden, como si todos no supieran que incluso a los más viles de los hombres les está permitido decir palabras injuriosas no solo sobre los mejores hombres, sino también sobre los dioses.
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Quizás sea una insensatez preocuparse por todo lo dicho; sin embargo, no menos deseo exponer ante vosotros las costumbres de mi padre, habiendo tomado un poco de distancia y mencionado a sus antepasados, para que sepáis que desde lejos nos vienen los más grandes y bellos rasgos de los ciudadanos.
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Pues mi padre era por parte de padre de los Eupátridas, cuya nobleza es fácil de conocer por el mismo nombre, y por parte de madre de los Alcmeónidas, quienes dejaron el mayor monumento de riqueza, pues Alcmeón fue el primero de los ciudadanos en ganar en Olimpia con un tiro de caballos, y la benevolencia que tenían hacia la multitud la demostraron en los tiempos de los tiranos; pues siendo parientes de Pisístrato y, antes de que se estableciera en el poder, los que más trataban con él de los ciudadanos, no consideraron digno participar de su tiranía, sino que prefirieron desterrarse antes que ver a los ciudadanos esclavizados.
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Y habiendo durado cuarenta años la facción, fueron odiados por los tiranos mucho más que los demás, de modo que cuando los de aquel bando vencían, no solo derribaban sus casas, sino que desenterraban sus tumbas, y por los compañeros de destierro fueron tan confiados que durante todo este tiempo continuaron liderando al pueblo. Y al final, Alcibíades y Clístenes, siendo uno por parte de padre y el otro por parte de madre bisabuelo de mi padre, habiendo dirigido el destierro, hicieron regresar al pueblo y expulsaron a los tiranos,
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y establecieron aquella democracia, de la cual los ciudadanos fueron educados en la valentía de tal modo que, luchando, vencieron solos a los bárbaros que vinieron contra toda Grecia, y sobre la justicia obtuvieron tal reputación que los griegos les entregaron voluntariamente el mando del mar, e hicieron a la ciudad tan grande en tamaño, en poder y en las demás construcciones, que quienes afirmaban que era el centro de Grecia y estaban acostumbrados a usar tales hipérboles, parecían decir la verdad.
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La amistad hacia el pueblo, tan antigua, genuina y nacida de los mayores beneficios, la recibió de sus antepasados; él mismo quedó huérfano, pues su padre murió luchando contra los enemigos en Coronea, y fue puesto bajo la tutela de Pericles, de quien todos estarían de acuerdo en que fue el más sensato, justo y sabio de los ciudadanos. Pues considero que también esto es algo bello, habiendo nacido de tales personas, ser tutelado, criado y educado bajo tales costumbres.
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Al ser examinado, no resultó inferior a los mencionados, ni consideró digno vivir ociosamente y vanagloriarse de las virtudes de sus antepasados, sino que desde el principio tuvo un espíritu tan elevado que pensó que debía hacer que, por sí mismo, también se recordaran las obras de aquellos. Y primero, cuando Formión llevó a mil atenienses a Tracia, habiendo elegido a los mejores, al luchar junto a ellos fue tal en los peligros que fue coronado y recibió una panoplia del estratego.
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Y sin embargo,¿ qué es lo que debe ser digno de los mayores elogios?¿ No es ser considerado digno de honores al luchar fuera de la ciudad con los mejores, y al luchar contra los más fuertes de los griegos, aparecer superándolos en todos sus peligros? Aquel, pues, logró unas cosas siendo joven, y otras las hizo cuando era mayor.
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Después de esto, se casó con mi madre; pues considero que también esto lo obtuvo como un honor. Pues su padre, Hipónico, siendo el primero en riqueza de los griegos, y en linaje no inferior a ninguno de los ciudadanos, siendo honrado y admirado sobremanera por sus contemporáneos, al dar a su hija con la mayor dote y la mayor reputación, y deseando todos obtener el matrimonio, y aspirando a él los principales, eligió a mi padre de entre todos y deseó hacerlo su yerno.
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Por los mismos tiempos, viendo que la festividad en Olimpia era amada y admirada por todos los hombres, y que los griegos hacían en ella demostración de riqueza, fuerza y educación, y que los atletas eran envidiados y las ciudades de los vencedores se hacían famosas, y además considerando que las liturgias aquí eran para los ciudadanos por asuntos privados, pero las de aquella festividad eran para toda Grecia en nombre de la ciudad,
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al pensar esto, no siendo menos talentoso ni menos fuerte de cuerpo, despreció los juegos gimnásticos, sabiendo que algunos de los atletas eran de bajo origen, vivían en ciudades pequeñas y habían sido educados humildemente, y al intentar criar caballos, lo cual es tarea de los más afortunados y que ningún hombre vil haría, superó no solo a sus competidores, sino también a los que alguna vez habían vencido.
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Pues presentó tantos tiros de caballos en número como ni siquiera las más grandes ciudades habían competido, y tales en virtud que llegó a ser primero, segundo y tercero. Además de esto, en los sacrificios y en los demás gastos de la festividad, se mostró tan generoso y magnífico que los gastos públicos de los demás parecían menores que los suyos privados. Y puso fin a la exhibición, haciendo que las fortunas de los anteriores parecieran pequeñas comparadas con las suyas, haciendo que los que habían vencido en su tiempo dejaran de ser envidiados, y no dejando ninguna posibilidad de superación a los que pretendieran criar caballos.
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Sobre las coregías, gimnasiarquías y trierarquías aquí, me avergüenzo de hablar; pues en tanto superó a los demás que los que realizaron liturgias con menos medios que él se elogian a sí mismos por ello, y si alguien exigiera gratitud por tales cosas en nombre de él, parecería hablar de pequeñeces.
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Respecto a la política, pues tampoco esto debe omitirse, como tampoco él la descuidó, sino que ha sido mejor para con el pueblo que los que más gozaron de buena reputación, en la medida en que encontraréis que los demás se enfrentaron por sí mismos, mientras que él se arriesgó por vosotros. Pues no siendo expulsado de la oligarquía, sino invitado, era demócrata; y muchas veces, pudiendo no solo gobernar con pocos de los demás, sino también tener más que ellos mismos, no quiso, sino que prefirió ser agraviado por la ciudad antes que traicionar la democracia.
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Y esto, mientras vivíais continuamente en democracia, nadie os habría convencido diciéndolo; pero ahora las facciones que ocurrieron han demostrado claramente tanto a los demócratas como a los oligárquicos, a los que deseaban ser neutrales y a los que pretendían participar de ambos. En las cuales dos veces fue expulsado por vuestros enemigos; y la primera, tan pronto como lo apartaron de su camino, disolvieron la democracia, y la segunda no tardaron en esclavizaros, y condenaron al destierro al primero de los ciudadanos; tan profundamente la ciudad disfrutó de los males de mi padre y él compartió las desgracias de la ciudad.
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Y sin embargo, muchos de los ciudadanos estaban mal dispuestos hacia él como si conspirara para tiranizar, no observando sus obras, sino pensando que el asunto era envidiado por todos y que él podría llevarlo a cabo mejor que nadie. Por lo cual justamente deberíais estarle más agradecidos, porque siendo el único de los ciudadanos digno de tener tal acusación, pensaba que también los demás debían participar de la política.
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Debido a la multitud de cosas que hay que decir sobre mi padre, me encuentro en apuros sobre qué es apropiado mencionar en el presente y qué de ello se debe omitir; pues siempre me parece que lo que aún no se ha dicho es mayor que lo que ya se ha dicho ante vosotros. Puesto que también considero evidente para todos que es necesario que este sea el más benevolente con las fortunas de la ciudad, aquel a quien le corresponde la mayor parte tanto de los bienes como de los males.
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Aquel, pues, cuando la ciudad prosperaba,¿ quién era más afortunado, más admirado o más envidiado de los ciudadanos, y cuando sufría desgracias, quién fue privado de mayores esperanzas, de más dinero o de una reputación más bella?¿ No fue al final, cuando se establecieron los Treinta, que los demás huyeron de la ciudad, pero él fue expulsado de toda Grecia?¿ No hicieron los lacedemonios y Lisandro el mismo esfuerzo por matarlo y disolver vuestro poder, no creyendo que tendrían ninguna garantía de la ciudad si derribaban las murallas, si no destruían también al que era capaz de levantarlas?
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De modo que no solo por lo que os ha hecho bien, sino también por lo que ha sufrido mal por vuestra causa, es fácil conocer su benevolencia. Pues aparece ayudando al pueblo, deseando la misma política que vosotros, sufriendo males por los mismos, desgraciado a la vez que la ciudad, considerando a los mismos enemigos y amigos que vosotros, arriesgándose de toda manera, unas veces por vosotros, otras por vuestra causa,
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otras en vuestro nombre, otras junto a vosotros, habiendo sido un ciudadano diferente de Caricles, el yerno de este, quien deseaba servir a los enemigos, pretendía gobernar a los ciudadanos, y estando desterrado se mantenía tranquilo, pero al regresar hacía daño a la ciudad. Y sin embargo,¿ cómo podría haber un amigo más malvado o un enemigo de menos valor?
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Entonces tú, siendo yerno de aquel y habiendo sido consejero bajo los Treinta,¿ te atreves a guardar rencor a otros, y no te avergüenzas de violar los acuerdos por los cuales tú mismo habitas la ciudad, ni reflexionas que, cuando decida castigar los hechos pasados, a ti te corresponde arriesgarte antes y más que a mí?
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Pues no creo que vayan a obtener justicia de mí por lo que hizo mi padre, y que a ti te vayan a tener indulgencia por lo que tú mismo has errado. Pero, ciertamente, tampoco parecerás tener excusas similares a las de él; pues no fuiste expulsado de la patria, sino que participaste en el gobierno, no fuiste obligado, sino voluntario, no te defendiste, sino que fuiste el agresor, de modo que ni siquiera te corresponde obtener defensa de ellos.
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Pero, en verdad, sobre los asuntos políticos de Tisias, quizás en algún momento, en sus propios peligros, habrá ocasión de hablar más extensamente; pero a vosotros os pido que no me entreguéis a los enemigos ni me envolváis en desgracias irreparables. Pues ya he experimentado suficientes males, yo que, al nacer, quedé huérfano, con mi padre desterrado y mi madre fallecida, y sin haber cumplido aún cuatro años, debido al destierro de mi padre, me vi en peligro por mi propia vida,
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y siendo aún niño fui expulsado de la ciudad por los Treinta. Al regresar los del Pireo y los demás recuperando sus bienes, yo fui el único que, debido al poder de los enemigos, fui privado de la tierra que el pueblo nos devolvió en lugar de los bienes confiscados. Habiendo sufrido tantas desgracias anteriormente y habiendo perdido dos veces mi patrimonio, ahora me enfrento a un juicio de cinco talentos. Y la acusación es sobre dinero, pero lucho por si debo tener parte en la ciudad.
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Pues, estando inscritas las mismas penas, el peligro no es el mismo para todos, sino que para los que poseen dinero es por una multa, pero para los que están sin recursos, como yo, es por la atimia, la cual considero una desgracia mayor que el destierro; pues es mucho más miserable vivir privado de derechos entre los propios ciudadanos que ser meteco entre otros.
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Os pido, pues, que me ayudéis y no permitáis que sea ultrajado por los enemigos, ni privado de la patria, ni que me convierta en objeto de burla ante tales fortunas. Justamente podríais compadecerme por los mismos hechos, incluso si en el discurso no logro llevaros a ello, si es que hay que compadecer a quienes se arriesgan injustamente, luchan por los mayores asuntos, actúan indignamente de sí mismos y de sus antepasados, y han sido privados de la mayor parte de sus bienes y han experimentado el mayor cambio de vida.
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Teniendo mucho de qué lamentarme, me indigno sobre todo por esto: primero, si voy a pagar justicia a aquel de quien me corresponde obtenerla, y segundo, si por la victoria de mi padre en Olimpia voy a ser privado de derechos, por la cual veo que los demás reciben recompensas,
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y además de esto, si Tisias, sin haber hecho ningún bien a la ciudad, tendrá gran poder tanto en democracia como en oligarquía, y yo, sin haber agraviado a ninguno de los dos bandos, voy a sufrir males de ambos, y si sobre los demás haréis lo contrario a lo que hicieron los Treinta, pero sobre mí tendréis la misma opinión que ellos, y entonces, habiendo estado junto a vosotros, ahora voy a ser privado de la ciudad por vosotros.