Helen
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Original / primary: Spanish Gemini
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Hay algunos que se enorgullecen mucho si, tras haber planteado una tesis absurda y paradójica, logran hablar sobre ella de manera tolerable; y han envejecido unos afirmando que no es posible decir cosas falsas, ni contradecir, ni exponer dos discursos opuestos sobre los mismos asuntos, mientras que otros exponen que la valentía, la sabiduría y la justicia son lo mismo, y que por naturaleza no poseemos ninguna de ellas, sino que hay una sola ciencia para todas; otros, en cambio, se entretienen en disputas que no aportan ningún beneficio, pero que son capaces de causar problemas a quienes se acercan a ellos.
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Yo, si viera que esta curiosidad ha surgido recientemente en los discursos y que ellos se enorgullecen por la novedad de sus hallazgos, no me asombraría tanto de ellos; pero ahora,¿ quién es tan tardío en aprender que no sepa que Protágoras y los sofistas que vivieron en aquel tiempo nos dejaron escritos tanto estos como otros mucho más complejos que estos?
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¿ Pues cómo podría alguien superar a Gorgias, quien se atrevió a decir que nada de lo que existe es, o a Zenón, que intentaba demostrar que las mismas cosas son posibles y, a su vez, imposibles, o a Meliso, quien, siendo los seres infinitos en multitud, intentó encontrar pruebas de que el todo es uno?
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Pero, sin embargo, habiendo demostrado ellos tan claramente que es fácil, sobre cualquier tema que uno se proponga, urdir un discurso falso, siguen entreteniéndose en este ámbito; a quienes habría que pedirles que, abandonando esta charlatanería, que en los discursos pretende refutar, pero que en los hechos ya ha sido refutada desde hace mucho tiempo, persigan la verdad y, sobre las acciones en las que participamos en la vida política,
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eduquen a sus discípulos y los ejerciten en la experiencia de estas, reflexionando que es mucho mejor opinar acertadamente sobre las cosas útiles que saber con precisión sobre las inútiles, y aventajar un poco en los asuntos importantes más que diferenciarse mucho en los pequeños y en los que no aportan nada a la vida.
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Pero, en realidad, no les importa nada más que ganar dinero de los más jóvenes. Y la filosofía de las disputas es capaz de hacer esto; pues quienes no se preocupan ni de sus asuntos privados ni de los públicos se complacen sobremanera con aquellos discursos que resultan no ser útiles para nada.
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A los que tienen esa edad, pues, se les puede perdonar mucho por tener esa mentalidad; pues en todos los asuntos siguen estando predispuestos a las extravagancias y a las maravillas; pero a los que pretenden educar es digno censurarlos, porque acusan a quienes engañan en los contratos privados y no usan los discursos con justicia, pero ellos mismos hacen cosas peores que aquellos; pues aquellos perjudicaron a otros, pero estos dañan sobremanera a sus propios discípulos.
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Y han hecho que el mentir progrese tanto que ya algunos, viendo que estos se benefician de tales cosas, se atreven a escribir que la vida de los que mendigan y viven en el exilio es más envidiable que la de los demás hombres, y lo toman como prueba de que, si tienen algo que decir sobre asuntos viles, con mayor razón tendrán facilidad para hablar sobre los nobles y buenos.
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A mí me parece que lo más ridículo de todo es buscar convencer mediante estos discursos de que poseen una ciencia sobre los asuntos políticos, cuando podrían hacer la demostración en aquello mismo que profesan; pues a quienes disputan sobre la sabiduría y dicen ser sofistas les corresponde, no en los asuntos descuidados por los demás, sino en aquellos en los que todos son competidores, diferenciarse y ser superiores a los profanos.
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Pero ahora hacen algo parecido a si alguien pretendiera ser el mejor de los atletas bajando a un lugar donde nadie más se atrevería. Pues,¿ quién de los que tienen buen juicio intentaría elogiar las desgracias? Pero es evidente que recurren a esto por debilidad.
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Pues existe un camino para tales escritos, que no es difícil ni de encontrar, ni de aprender, ni de imitar; pero los discursos comunes, fiables y similares a estos se encuentran y se dicen a través de muchas ideas y ocasiones difíciles de comprender, y tienen una composición tanto más ardua cuanto más laborioso es enaltecer que burlarse, y tomarse en serio que jugar. Y la mayor prueba es:
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de los que han querido elogiar a los abejorros, la sal y cosas semejantes, nadie se ha quedado nunca sin palabras, mientras que todos los que han intentado hablar sobre los bienes o bellezas reconocidos, o sobre los que destacan por su virtud, han hablado muy por debajo de lo que existe.
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Pues no es de la misma intención hablar dignamente sobre cada uno de ellos, sino que es fácil superar con discursos las cosas pequeñas, pero es difícil alcanzar la grandeza de las otras; y sobre las que tienen renombre es raro encontrar lo que nadie ha dicho antes, mientras que sobre las viles y humildes, cualquier cosa que uno diga al azar es original.
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Por eso también elogio al que escribió sobre Helena más que a los que han querido decir algo bien, porque mencionó a una mujer tal que destacó mucho tanto por su linaje como por su belleza y su fama. Sin embargo, también a este se le escapó algo pequeño; pues dice haber escrito un encomio sobre ella, pero resulta haber dicho una apología en defensa de lo que ella hizo.
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Y el discurso no es de las mismas ideas ni sobre las mismas acciones, sino todo lo contrario; pues corresponde disculparse por los que tienen acusación de cometer injusticias, y elogiar a los que destacan por algún bien. Pero para que no parezca que hago lo más fácil, censurar a los demás sin mostrar nada de lo mío, intentaré hablar sobre esta misma, dejando de lado todo lo que han dicho los otros.
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Haré, pues, el comienzo del discurso desde el origen de su linaje. Pues habiendo sido engendrados muchísimos semidioses por Zeus, solo de esta mujer se dignó ser llamado padre. Y habiéndose interesado sobremanera tanto por el hijo de Alcmena como por los hijos de Leda, prefirió tanto a Helena sobre Heracles que a aquel le dio fuerza, que puede dominar por la fuerza a los demás, mientras que a ella le asignó belleza, que por naturaleza impera incluso sobre la misma fuerza.
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Y sabiendo que las apariciones y los esplendores no surgen de la tranquilidad, sino de las guerras y los combates, queriendo no solo elevar sus cuerpos a los dioses sino también dejar sus glorias para siempre recordadas, estableció para él una vida laboriosa y llena de peligros, y para ella hizo una naturaleza digna de ser contemplada y por la que luchar.
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Y primero Teseo, el que se dice hijo de Egeo, pero que fue hijo de Poseidón, al verla, cuando aún no estaba en su plenitud, pero ya destacaba sobre las demás, fue tan vencido por su belleza, él que estaba acostumbrado a dominar a los demás, que, poseyendo una patria grandísima y un reino segurísimo, consideró que no valía la pena vivir con los bienes presentes sin la intimidad con ella,
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puesto que no podía obtenerla de sus señores, sino que insistían en la edad de la niña y en el oráculo de la Pitia, despreciando el poder de Tindáreo y menospreciando la fuerza de Cástor y Pólux, y habiendo hecho caso omiso de todos los temibles en Lacedemonia, la tomó por la fuerza y la depositó en Afidna de Ática,
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y tuvo tanta gratitud hacia Pirítoo, quien participó en el rapto, que, queriendo este desposar a Core, la hija de Zeus y Deméter, y exhortándolo a la bajada al Hades, puesto que al aconsejarle no podía disuadirlo, siendo evidente la desgracia, sin embargo lo siguió, pensando que debía este favor, de no apartarse de nada de lo ordenado por Pirítoo a cambio de que aquel se arriesgó con él.
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Si, pues, el que hizo esto fuera uno de tantos y no de los que destacaron mucho, no estaría claro el discurso, si es un elogio de Helena o una acusación de Teseo; pero ahora, de los otros que han tenido buena fama, encontraremos que uno carecía de valentía, otro de sabiduría, otro de alguna otra de tales partes, pero este solo no careció de ninguna, sino que poseyó la virtud completa.
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Y me parece conveniente hablar sobre él incluso más extensamente; pues considero que esta es la mayor prueba para quienes quieren elogiar a Helena, si demostramos que quienes la amaron y admiraron eran ellos mismos más admirables que los demás. Pues todo lo que ha ocurrido en nuestro tiempo, razonablemente podríamos juzgarlo según nuestras propias opiniones, pero sobre asuntos tan antiguos corresponde que nosotros parezcamos estar de acuerdo con los que tuvieron buen juicio en aquel tiempo.
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Lo más hermoso, pues, que tengo que decir sobre Teseo es que, habiendo vivido en el mismo tiempo que Heracles, hizo que su propia gloria fuera rival de la de aquel. Pues no solo se adornaron con armas similares, sino que también practicaron las mismas ocupaciones, haciendo cosas dignas de su parentesco. Pues habiendo nacido de hermanos, uno de Zeus y el otro de Poseidón, tuvieron también deseos hermanos. Pues solo ellos, de los nacidos antes, se convirtieron en atletas por la vida de los hombres. Y sucedió que el uno hizo los peligros más famosos y mayores,
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y el otro los hizo más útiles y más cercanos a los griegos. Pues a aquel, Euristeo le ordenaba traer las vacas de Eritía, llevar las manzanas de las Hespérides, traer a Cerbero y otros trabajos semejantes, de los cuales no iba a beneficiar a los demás, sino que él mismo iba a arriesgarse;
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pero este, siendo dueño de sí mismo, elegía aquellos combates de los que iba a resultar benefactor de los griegos o de su propia patria. Y al toro que había sido soltado por Poseidón, que dañaba el territorio, al que todos no se atrevían a enfrentar, él solo, al domarlo, libró a los que habitaban la ciudad de un gran miedo y de mucha dificultad;
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y después de esto, habiéndose convertido en aliado de los lápitas, habiendo hecho campaña contra los centauros bicorpóreos, que destacando en rapidez, fuerza y audacia, saqueaban unas ciudades, estaban a punto de hacerlo con otras y amenazaban a otras, al vencerlos en batalla, inmediatamente puso fin a su insolencia y, no mucho después, hizo desaparecer su raza de entre los hombres.
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Y por los mismos tiempos, al ver al monstruo criado en Creta, nacido de Pasífae, la hija de Helios, al cual, según un oráculo, la ciudad enviaba un tributo de catorce jóvenes, al verlos siendo llevados y escoltados por todo el pueblo hacia una muerte ilegal y evidente, y siendo llorados aún vivos, se indignó tanto que consideró que era mejor morir que vivir gobernando la ciudad que estaba obligada a pagar un tributo tan lastimoso a sus enemigos.
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Y habiendo navegado con ellos, y habiendo vencido a una naturaleza mezclada de hombre y toro, que tenía la fuerza que corresponde a la compuesta de tales cuerpos, salvó a los jóvenes y los devolvió a sus padres, y liberó a la ciudad de un mandato tan ilegal, terrible y difícil de eludir.
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Y estoy en duda sobre qué hacer con el resto; pues habiendo llegado a las obras de Teseo y empezado a hablar sobre ellas, dudo en detenerme a mitad y dejar de lado la ilegalidad de Escirón, de Cerción y de los otros semejantes, contra quienes, al convertirse en su antagonista, aquel libró a los griegos de muchas y grandes desgracias, pero me doy cuenta de que me estoy saliendo de los límites y temo que a algunos les parezca que me esfuerzo más por esto que por aquello sobre lo que me propuse al principio.
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De ambos, pues, elijo dejar de lado la mayoría por los que escuchan con dificultad, y sobre los otros, hablar tan brevemente como pueda, para complacer a aquellos y a mí mismo, y no ser vencido del todo por los que están acostumbrados a envidiar y a censurar todo lo que se dice.
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La valentía, pues, la demostró en aquellas obras en las que él mismo se arriesgó por sí solo; la ciencia que tenía para la guerra, en las batallas en las que luchó con toda la ciudad; la piedad hacia los dioses, en las súplicas de Adrasto y de los hijos de Heracles, pues a unos los salvó al vencer en batalla a los peloponesios, y a otros les permitió enterrar por la fuerza de los tebanos a los que murieron bajo Cadmea; y la otra virtud y la templanza, tanto en lo dicho anteriormente como, sobre todo, en cómo administró la ciudad.
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Pues viendo que los que buscan gobernar por la fuerza a los ciudadanos sirven a otros, y que los que hacen la vida peligrosa para los demás viven ellos mismos con miedo, y se ven obligados a hacer la guerra, con los ciudadanos contra los que los atacan, y con otros contra sus propios conciudadanos,
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y además saqueando las cosas de los dioses, matando a los mejores de los ciudadanos, desconfiando de los más cercanos, y no viviendo con menos desidia que los que han sido capturados para la muerte, sino que, siendo envidiados por fuera, ellos mismos sufren más que los demás en su interior;
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¿ pues qué hay más doloroso que vivir siempre temiendo que alguien de los que están cerca lo mate, y no temer menos a los que lo guardan que a los que conspiran? Despreciando todo esto y considerando que tales personas no son gobernantes sino enfermedades de las ciudades, demostró que es fácil tiranizar a la vez y no estar en peor situación que los que gobiernan en igualdad.
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Y primero, habiendo reunido en un mismo lugar a la ciudad que vivía dispersa y por aldeas, la hizo tan grande que aún ahora, desde aquel tiempo, es la mayor de las griegas; después de esto, habiendo hecho común la patria y liberado las almas de los conciudadanos, hizo que la competencia por la virtud fuera igual para ellos, confiando en que los aventajaría igual si se ejercitaban que si se descuidaban, y sabiendo que los honores son más dulces los que provienen de los que se enorgullecen que los que provienen de los que sirven.
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Y estuvo tan lejos de hacer algo contra la voluntad de los ciudadanos que él establecía al pueblo como dueño de la constitución, y ellos consideraban que solo él debía gobernar, pensando que su monarquía era más fiable y más común que su propia democracia. Pues no hacía como otros, que ordenaban los trabajos a los demás y él solo disfrutaba de los placeres, sino que hacía suyos los peligros y devolvía los beneficios a todos para el bien común.
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Y, en efecto, pasó su vida no siendo objeto de conspiraciones sino siendo amado, y no protegiendo su poder con una fuerza mercenaria, sino siendo escoltado por la benevolencia de los ciudadanos, tiranizando por su autoridad y demagogeando por sus beneficios; pues administraba la ciudad tan legal y hermosamente que aún ahora ha quedado un rastro de su mansedumbre en nuestras costumbres.
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A la que nació de Zeus, pues, y que alcanzó tal virtud y templanza,¿ cómo no hay que elogiarla, honrarla y considerarla que ha destacado mucho sobre todas las que han existido? Pues no tendremos un testigo más fiable ni un juez más capaz que la mente de Teseo para traer a colación sobre los bienes que posee Helena. Pero para que no parezca que por falta de recursos me entretengo en el mismo lugar, ni que elogio a Helena abusando de la opinión de un solo hombre, quiero hablar también sobre lo que sigue.
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Pues después de la bajada de Teseo al Hades, habiendo vuelto ella de nuevo a Lacedemonia y habiendo alcanzado la edad para ser desposada, todos los que entonces gobernaban y tenían poder tuvieron la misma opinión sobre ella; pues pudiendo tomar en sus propias ciudades a las mujeres que destacaban, despreciaron los matrimonios de casa y vinieron a pedirla en matrimonio.
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Y sin estar aún decidido quién iba a convivir con ella, sino siendo aún común la suerte, era tan evidente para todos que iba a ser objeto de lucha que, habiéndose reunido, se dieron garantías unos a otros de que, ciertamente, ayudarían si alguien arrebataba al que fuera considerado digno de tomarla, pensando cada uno que se preparaba esta ayuda para sí mismo.
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De su esperanza privada, pues, todos se engañaron excepto un hombre, pero de la opinión común que tuvieron sobre ella, ninguno de ellos se equivocó. Pues no habiendo pasado mucho tiempo, habiendo surgido entre los dioses una disputa sobre la belleza de la que Alejandro, hijo de Príamo, se convirtió en juez, y ofreciéndole Hera reinar sobre toda Asia, Atenea dominar en las guerras,
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y Afrodita el matrimonio de Helena, no habiendo podido obtener un juicio sobre los cuerpos, sino habiendo sido vencido por la visión de las diosas, y habiéndose visto obligado a ser juez de los dones, eligió la intimidad de Helena en lugar de todas las demás cosas, no mirando hacia los placeres— aunque también esto es para los que tienen buen juicio más preferible que muchas cosas—,
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pero, sin embargo, no se lanzó hacia esto, sino que deseó convertirse en pariente político de Zeus, pensando que este honor era mucho mayor y más hermoso que el reino de Asia, y que los grandes poderes y dominios pueden llegar alguna vez incluso a hombres viles, pero que nadie de los que vendrían después sería considerado digno de tal mujer, y además de esto, que no dejaría a sus hijos ninguna posesión más hermosa que habiéndoles preparado cómo serán descendientes de Zeus no solo por parte de padre sino también por parte de madre.
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Pues sabía que las otras felicidades cambian rápidamente, pero que la nobleza permanece siempre con los mismos, de modo que esta elección sería para todo el linaje, mientras que los otros dones solo para el tiempo de su propia vida.
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De los que tienen buen juicio, pues, nadie censuraría estos razonamientos, pero de los que no reflexionan nada antes del hecho, sino que solo observan lo que sucede, algunos ya lo han injuriado; cuya insensatez es fácil de comprender para todos a partir de lo que blasfemaron sobre él.
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¿ Pues cómo no han sufrido algo ridículo si consideran que su propia naturaleza es más capaz que la elegida por los dioses? Pues no es que hayan hecho juez de lo que estaba en disputa a cualquiera, sino que es evidente que tuvieron tanto interés en elegir al mejor juez como cuidado pusieron en el asunto mismo.
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Y hay que observar qué clase de persona era y juzgarlo no por la ira de las que fracasaron, sino por lo que todas, tras deliberar, eligieron como su juicio. Pues nada impide que incluso los que no han cometido ninguna falta sufran mal por parte de los más fuertes; pero alcanzar tal honor como para, siendo mortal, convertirse en juez de los dioses, no es posible si no es para quien destaca mucho en su juicio.
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Y me asombra si alguien piensa que ha deliberado mal el que eligió vivir con ella, por cuya causa muchos de los semidioses quisieron morir.¿ Y cómo no iba a ser insensato si, sabiendo que los dioses competían por la belleza, él mismo despreció la belleza y no consideró que esta era la mayor de los dones, por la cual veía que incluso aquellas se esforzaban sobremanera?
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¿ Y quién habría despreciado el matrimonio de Helena, tras cuyo rapto los griegos se indignaron tanto como si toda Grecia hubiera sido saqueada, y los bárbaros se enorgullecieron tanto como si nos hubieran vencido a todos? Y es evidente cómo se dispusieron ambos; pues habiendo tenido muchas acusaciones antes, sobre las otras cosas guardaban silencio, pero por esta organizaron una guerra tan grande no solo por la magnitud de la ira sino también por la duración del tiempo y por la cantidad de los preparativos, como ninguna otra ha existido jamás.
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Y pudiendo unos, al devolver a Helena, haberse librado de los males presentes, y otros, al descuidar a aquella, vivir sin miedo el tiempo restante, ninguno de los dos quiso esto; sino que unos permitían que las ciudades fueran destruidas y el territorio saqueado, con tal de no entregarla a los griegos, y otros elegían, permaneciendo en tierra ajena, envejecer y no ver nunca a los suyos antes que, habiéndola dejado, marcharse a sus propias patrias.
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Y hacían esto no compitiendo por Alejandro y Menelao, sino unos por Asia y otros por Europa, pensando que, en cualquiera de las dos donde habitara el cuerpo de aquella, esa tierra sería más feliz.
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Y tanto amor por los trabajos y por aquella campaña cayó no solo sobre los griegos y los bárbaros sino también sobre los dioses, que ni siquiera a los nacidos de ellos mismos apartaron de los combates de Troya, sino que Zeus, previendo el destino de Sarpedón, Eos el de Memnón, Poseidón el de Cicno, Tetis el de Aquiles, sin embargo los impulsaron y los enviaron juntos,
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pensando que era más hermoso para ellos morir luchando por la hija de Zeus que vivir habiendo quedado fuera de los peligros por ella.¿ Y por qué hay que asombrarse de lo que pensaron sobre sus hijos? Pues ellos mismos hicieron una formación mucho mayor y más terrible que la que tuvieron contra los Gigantes; pues contra aquellos lucharon juntos, pero por esta hicieron la guerra entre ellos mismos.
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Y razonablemente también aquellos pensaron esto, y yo puedo usar tales hipérboles sobre ella; pues participó en la mayor parte de la belleza, que es lo más venerable, lo más valioso y lo más divino de lo que existe. Y es fácil conocer su poder; pues de las cosas que no participan de valentía, sabiduría o justicia, muchas parecerán ser más valoradas que cada una de estas, pero de las que carecen de belleza no encontraremos nada que sea amado, sino todo despreciado, excepto lo que ha participado de esta idea, y que la virtud por esto goza de mayor fama, porque es lo más hermoso de las ocupaciones.
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Y uno podría conocer también de ahí cuánto destaca sobre las cosas que existen, a partir de cómo nos disponemos nosotros mismos hacia cada una de ellas. Pues de las otras cosas de las que tenemos necesidad, solo queremos obtenerlas, pero más allá de eso no hemos sentido nada en el alma sobre ellas; pero por las cosas bellas nos nace amor, teniendo una fuerza mayor que el querer, cuanto más superior es el asunto.
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Y a los que destacan por su inteligencia o por cualquier otra cosa les envidiamos, si no nos atraen haciéndonos bien cada día y nos obligan a quererlos; pero a los bellos, al verlos, inmediatamente nos volvemos benevolentes, y no nos cansamos de servir solo a ellos como a los dioses,
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sino que servimos más gustosamente a tales personas que gobernamos a los demás, teniendo más gratitud hacia los que ordenan mucho que hacia los que no mandan nada. Y a los que están bajo algún otro poder los injuriamos y los llamamos aduladores, pero a los que sirven a la belleza los consideramos amantes de lo bello y trabajadores.
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Y usamos tanta piedad y previsión sobre tal idea que incluso de los que poseen la belleza, a los que se han vendido y han deliberado mal sobre su propia juventud los deshonramos más que a los que han cometido faltas contra los cuerpos de los demás; pero a cuantos conservan su propia juventud inaccesible a los viles, habiéndola hecho como sagrada, a estos los honramos por el tiempo restante igual que a los que han hecho algún bien a toda la ciudad.
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¿ Y por qué hay que entretenerse diciendo las opiniones humanas? Sino que Zeus, el que domina todo, en las otras cosas demuestra su propio poder, pero ante la belleza se vuelve humilde y se digna acercarse. Pues habiéndose asemejado a Anfitrión fue hacia Alcmena, convertido en oro se unió a Dánae, y convertido en cisne se refugió en el regazo de Némesis, y habiéndose asemejado de nuevo a este, se casó con Leda; y siempre aparece cazando tal naturaleza con arte y no con fuerza.
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Y tanto más se ha preferido la belleza entre ellos que entre nosotros que incluso tienen perdón para sus propias mujeres cuando son dominadas por esta, y uno podría mostrar muchas de las inmortales que fueron vencidas por la belleza mortal, de las cuales ninguna buscó ocultar lo sucedido como si tuviera vergüenza, sino que quisieron que se cantara que lo hecho era hermoso más que guardar silencio sobre ello. Y la mayor prueba de lo dicho: pues encontraríamos más inmortales por causa de la belleza que por todas las otras virtudes.
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De las cuales Helena tuvo más, cuanto más destacó también en su aspecto. Pues no solo alcanzó la inmortalidad, sino que, habiendo recibido un poder igual al de los dioses, primero elevó a los dioses a sus hermanos que ya estaban siendo retenidos por el destino, y queriendo hacer fiable el cambio, les dio honores tan evidentes que, siendo vistos por los que están en peligro en el mar, los salvan, quienesquiera que los invoquen piadosamente.
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Y después de esto, devolvió tanta gratitud a Menelao por los trabajos y los peligros que soportó por ella, que, habiendo perecido todo el linaje de los Pelópidas y habiendo caído en males irremediables, no solo lo libró a él de estas desgracias, sino que, habiéndolo hecho dios en lugar de mortal, lo estableció como su conviviente y compañero de trono por toda la eternidad.
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Y puedo ofrecer a la ciudad de los espartanos, que es la que más conserva las cosas antiguas, como testigo de esto con hechos; pues aún ahora en Terapne de Laconia les realizan sacrificios sagrados y patrios no como a héroes sino como a dioses que son ambos.
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Y demostró también su poder al poeta Estesícoro; pues cuando al comenzar la oda blasfemó algo sobre ella, se levantó privado de la vista, pero cuando, conociendo la causa de la desgracia, hizo la llamada palinodia, lo devolvió de nuevo a su misma naturaleza.
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Y dicen algunos de los Homéridas que, habiéndose aparecido de noche a Homero, le ordenó escribir sobre los que hicieron campaña contra Troya, queriendo hacer la muerte de aquellos más envidiable que la vida de los demás; y que en parte también por el arte de Homero, pero sobre todo por ella, su poesía llegó a ser tan encantadora y famosa entre todos.
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Como, pues, capaz tanto de tomar justicia como de devolver gratitud, los que destacan en riquezas deben aplacarla y honrarla con ofrendas, sacrificios y las otras rentas, y los filósofos intentar decir algo sobre ella digno de lo que posee; pues a los educados les conviene hacer tales primicias.
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Y mucho más son las cosas dejadas de lado que las dichas. Pues aparte de las artes, las filosofías y las otras utilidades que uno podría atribuir a ella y a la guerra de Troya, justamente podríamos considerar a Helena como causa de que no sirvamos a los bárbaros. Pues encontraremos que los griegos, por ella, se pusieron de acuerdo e hicieron una campaña común contra los bárbaros, y entonces por primera vez Europa erigió un trofeo sobre Asia;
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de lo cual obtuvimos tal cambio que, en el tiempo anterior, los que sufrían desgracias entre los bárbaros pretendían gobernar las ciudades griegas, y Dánao, habiendo huido de Egipto, ocupó Argos, Cadmo el sidonio reinó en Tebas, los carios habitaban las islas, y Pélope, el hijo de Tántalo, dominó toda la Peloponeso, pero después de aquella guerra nuestro linaje obtuvo tal progreso que incluso arrebató grandes ciudades y mucho territorio a los bárbaros.
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Si, pues, algunos quieren elaborar esto y extenderlo, no carecerán de recursos desde donde podrán elogiar a Helena fuera de lo dicho, sino que encontrarán muchos y nuevos discursos sobre ella.