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IsocratesSplataicus 1 · spanish-geminiMore by Isocrates
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Sabiendo, atenienses, que estáis acostumbrados a socorrer con entusiasmo a los que sufren injusticias y a devolver una gratitud inmensa a vuestros bienhechores, hemos venido a suplicaros que no permitáis que, estando en paz, seamos despojados por los tebanos. Dado que muchos han recurrido ya a vosotros y han logrado todo lo que necesitaban, consideramos que es a vosotros a quienes corresponde, sobre todo, velar por nuestra ciudad.
2
Pues no podríais encontrar a nadie que haya sufrido desgracias más injustas que nosotros, ni a nadie que desde hace más tiempo mantenga una relación más estrecha con vuestra ciudad. Además, venimos a pediros cosas en las que no hay peligro alguno, y todos los hombres considerarán que, al acceder a ellas, sois los más piadosos y justos de los griegos.
3
Si no viéramos que los tebanos están preparados de todas las formas posibles para convenceros de que no han cometido ninguna falta contra nosotros, habríamos sido breves en nuestras palabras; pero como hemos llegado a tal grado de infortunio que nuestra lucha no es solo contra ellos, sino también contra los oradores más poderosos, a quienes estos han reclutado como defensores usando nuestros propios recursos, es necesario exponer el asunto con mayor extensión.
4
Es difícil, por tanto, no decir nada que sea inferior a lo que hemos padecido; pues¿ qué discurso podría equipararse a nuestras desgracias, o qué orador sería capaz de acusar los crímenes de los tebanos? Sin embargo, debemos intentar, en la medida de nuestras fuerzas, dejar patente su ilegalidad.
5
Lo que más nos indigna es que estamos tan lejos de ser considerados iguales a los demás griegos que, existiendo paz y habiéndose firmado tratados, no solo no participamos de la libertad común, sino que ni siquiera hemos sido considerados dignos de una esclavitud moderada.
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Os pedimos, pues, atenienses, que escuchéis con benevolencia lo que decimos, reflexionando que sería lo más absurdo de todo lo que nos ha sucedido si, habiendo sido vosotros la causa de la libertad para quienes siempre han sido hostiles a vuestra ciudad, nosotros, incluso suplicándoos, no obtuviéramos lo mismo que nuestros peores enemigos.
7
Sobre lo ocurrido, no sé qué necesidad hay de extenderse; pues¿ quién ignora que han repartido nuestro territorio y han arrasado nuestra ciudad? Intentaremos, en cambio, explicar aquello con lo que esperan engañaros.
8
A veces intentan decir que nos trataron así porque no queríamos contribuir con ellos. Vosotros considerad, en primer lugar, si es justo imponer castigos tan ilegales y terribles por tales acusaciones, y después, si os parece apropiado que la ciudad de Platea no sea persuadida, sino forzada a contribuir con los tebanos. Pues yo no considero a nadie más audaz que a ellos, que destruyen las ciudades particulares de cada uno de nosotros y obligan a quienes no desean participar de su propia constitución a hacerlo.
9
Además de esto, no parecen actuar de manera coherente con los demás y con nosotros. Pues debieron, ya que no eran capaces de persuadir a nuestra ciudad, obligarnos solo a contribuir a Tebas, como hicieron con los tespios y los tanagreos; pues no habríamos sufrido ninguno de los males irreparables. Pero ahora ha quedado claro que no deseaban lograr esto, sino que codiciaban nuestro territorio.
10
Me pregunto a qué hechos se refieren y cómo juzgan la justicia para decir que nos imponen esto. Si observan las costumbres ancestrales, no deberían mandar sobre los demás, sino que mucho más deberían los orcomenios pagar tributo; pues así era en la antigüedad. Pero si consideran que los tratados deben ser válidos, lo cual es justo,¿ cómo no van a admitir que cometen una injusticia y los violan? Pues ordenan que tanto las ciudades pequeñas como las grandes sean autónomas.
11
Creo que sobre esto no se atreverán a ser desvergonzados, sino que se volverán hacia el argumento de que luchamos junto a los lacedemonios y que, al corrompernos con toda la alianza, han hecho lo que les convenía.
12
Yo considero que ninguna acusación ni denuncia debe tener más fuerza que los juramentos y los tratados; sin embargo, si algunos deben sufrir por la alianza con los lacedemonios, los plateenses no habrían sido elegidos justamente de entre todos los griegos; pues no los servíamos voluntariamente, sino obligados.
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Pues¿ quién creería que hemos llegado a tal insensatez como para valorar más a quienes esclavizaron nuestra patria que a quienes nos hicieron partícipes de la suya? Pero, creo, era difícil innovar siendo nosotros una ciudad pequeña y poseyendo ellos un poder tan grande, y además, estando establecido un gobernador, habiendo una guarnición y existiendo un ejército tan grande en Tespias,
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por quienes no solo habríamos sido destruidos más rápido que por los tebanos, sino también con más justicia; pues a estos no les correspondía, estando en paz, guardar rencor por lo sucedido entonces, mientras que aquellos, traicionados en la guerra, habrían tomado con razón el mayor castigo de nosotros.
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Creo que no ignoráis que muchos de los otros griegos se veían obligados a seguir a aquellos con sus cuerpos, pero con sus voluntades estaban con vosotros.¿ Qué opinión se debe esperar que tengan estos si oyen que los tebanos han convencido al pueblo de los atenienses de que no hay que perdonar a nadie de los que estuvieron bajo los lacedemonios?
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Pues el discurso de estos no parecerá tener otro fin que este; pues no han destruido nuestra ciudad haciendo una acusación particular contra ella, sino una que podrán decir igualmente contra los demás. Sobre esto es necesario deliberar y observar, para que la insolencia de estos no reconcilie a quienes antes odiaban el imperio de los lacedemonios y les haga considerar la alianza de aquellos como su propia salvación.
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Reflexionad que emprendisteis la guerra más reciente no por vuestra libertad ni por la de vuestros aliados, pues todos la teníais, sino por los que eran privados de su autonomía contra los juramentos y los tratados. Lo cual es lo más indignante de todo, si permitís ahora que las ciudades que no creíais que debieran ser esclavas de los lacedemonios sean destruidas por los tebanos; quienes están tan lejos de imitar vuestra moderación que, lo que parece ser lo más terrible de todo,
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ser capturados por la lanza, esto era mejor para nosotros sufrirlo por parte de esta ciudad que encontrar a estos como vecinos. Pues los que fueron capturados por la fuerza por vosotros, inmediatamente fueron liberados del gobernador y de la esclavitud, y ahora participan del consejo y de la libertad; mientras que los que viven cerca de estos, unos son esclavos no menos que los comprados con dinero, y a otros no dejarán de hostigar hasta que los traten como a nosotros. Y acusan a los lacedemonios,
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de que tomaron la Cadmea y establecieron guarniciones en las ciudades, mientras que ellos, no enviando guardianes, sino derribando los muros de unos y destruyendo a otros por completo, no creen hacer nada terrible, sino que han llegado a tal grado de desvergüenza que exigen que todos los aliados se preocupen por su propia salvación, mientras que ellos se erigen en dueños de la esclavitud de los demás.
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Y sin embargo,¿ quién no odiaría la codicia de estos, que buscan gobernar a los más débiles, creen que deben tener lo mismo que los más fuertes, y envidian a vuestra ciudad por la tierra dada por los oropios, mientras que ellos mismos reparten por la fuerza el territorio ajeno?
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Y además de otros males, dicen que hicieron esto por el bien común de los aliados. Sin embargo, debieron, existiendo aquí un consejo y siendo vuestra ciudad capaz de deliberar mejor que la de los tebanos, no venir a disculparse por lo hecho, sino venir a vosotros a deliberar antes de hacer nada de esto.
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Pero ahora han saqueado nuestros bienes en privado y han venido a hacer partícipes de la calumnia a todos los aliados. La cual vosotros, si sois sensatos, evitaréis; pues es mucho mejor obligar a estos a imitar vuestra piedad que dejarse persuadir a participar de la ilegalidad de estos, que no reconocen nada de lo mismo que los demás.
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Pues creo que para todos es evidente que corresponde a los que piensan bien observar en la guerra cómo obtener ventaja sobre los enemigos por todos los medios, pero, una vez que hay paz, no valorar nada más que los juramentos y los tratados.
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Estos, en cambio, entonces hacían sus discursos en todas las embajadas a favor de la libertad y la autonomía; pero desde que creen que han obtenido impunidad, descuidando todo lo demás, se atreven a hablar a favor de sus propias ganancias y de su propia violencia,
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y dicen que el hecho de que los tebanos posean lo nuestro es beneficioso para los aliados, sabiendo mal que ni siquiera a los que obtienen ventaja contra la justicia les ha sido provechoso jamás, sino que muchos, habiendo codiciado injustamente lo ajeno, se han visto justamente en los mayores peligros respecto a lo propio.
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Pero, además, no podrán decir que ellos, con quienesquiera que estén, siguen siendo fieles, y que es digno temer que nosotros, al recuperar el territorio, nos pasemos a los lacedemonios; pues encontraréis que nosotros hemos sido sitiados dos veces por vuestra amistad, mientras que ellos han cometido muchas veces faltas contra esta ciudad.
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Y sería una tarea larga hablar de las antiguas traiciones; pero habiéndose producido la guerra de Corinto por la insolencia de estos, y habiendo marchado los lacedemonios contra ellos, y habiéndose salvado gracias a vosotros, no solo no os dieron las gracias, sino que, cuando terminasteis la guerra, abandonándoos, entraron en la alianza de los lacedemonios.
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Y los quios, los mitileneos y los bizantinos permanecieron con vosotros, pero estos, habitando una ciudad tan grande, no se atrevieron a mostrarse como aliados, sino que llegaron a tal grado de cobardía y maldad que juraron que seguirían con aquellos contra vosotros, los que salvaron su ciudad; por lo cual, habiendo pagado el castigo a los dioses y habiendo sido tomada la Cadmea, se vieron obligados a refugiarse aquí. De donde también mostraron sobre todo su propia deslealtad;
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pues, salvados de nuevo gracias a vuestro poder y habiendo regresado a la suya, no permanecieron ningún tiempo, sino que inmediatamente enviaron embajadores a Lacedemonia, dispuestos a ser esclavos y a no cambiar nada de lo acordado anteriormente con ellos.¿ Y qué necesidad hay de extenderse? Pues si aquellos no hubieran ordenado acoger a los exiliados y expulsar a los culpables, nada les habría impedido marchar junto a los que habían cometido injusticias contra vosotros, sus bienhechores.
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Y siendo tales recientemente respecto a esta ciudad, y habiéndose convertido en la antigüedad en traidores de toda Grecia, ellos mismos fueron considerados dignos de obtener perdón por injusticias tan voluntarias y grandes, mientras que nosotros, por lo que fuimos obligados, creen que no deben tener ninguna, sino que se atreven, siendo tebanos, a reprochar a otros el laconismo, a quienes todos sabemos que han servido a los lacedemonios durante más tiempo y han luchado con más entusiasmo por el imperio de aquellos que por su propia salvación.
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¿ De qué invasión de las que se han producido en este territorio se han ausentado?¿ O de quiénes han seguido siendo más hostiles y malintencionados hacia vosotros?¿ No fueron en la guerra de Decelia causa de más males que los demás que invadieron conjuntamente?¿ No fueron, cuando vosotros sufristeis desgracias, los únicos de los aliados que votaron que era necesario esclavizar la ciudad y dejar el territorio para pasto de ovejas como la llanura de Crisa?
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De modo que si los lacedemonios hubieran tenido la misma opinión que los tebanos, nada habría impedido que los que fueron causa de salvación para todos los griegos fueran ellos mismos esclavizados por los griegos y sufrieran las mayores desgracias. Y sin embargo,¿ qué beneficio tan grande podrían decir que es suficiente para disolver la enemistad que justamente debería existir de parte de ellos hacia ellos?
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A estos, pues, no les queda ningún argumento, habiendo cometido faltas de tal magnitud, y a los que desean defenderlos, solo aquel de que ahora Beocia lucha por vuestro territorio, y si disolvéis la amistad con estos, haréis cosas desfavorables para los aliados; pues dicen que será de gran peso si la ciudad de estos se pone del lado de los lacedemonios.
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Yo no considero que sea provechoso para los aliados que los más débiles sirvan a los más fuertes, pues también en el tiempo pasado luchamos por ellos, ni que los tebanos lleguen a tal grado de locura como para, abandonando la alianza, entregar la ciudad a los lacedemonios, no porque confíe en el carácter de estos, sino porque sé que saben que es necesario para ellos una de dos cosas: o morir permaneciendo y sufrir lo que hicieron, o, huyendo, estar en apuros y privados de todas las esperanzas.
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¿ Acaso les va bien con los ciudadanos, a quienes han matado a unos y expulsado a otros de la ciudad, saqueando sus bienes, o con los demás beocios, a quienes no solo intentan gobernar injustamente, sino que a unos les han derribado los muros y a otros les han privado del territorio?
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Pero, además, tampoco les es posible volver a vuestra ciudad, a la que se verá que han traicionado tan continuamente. De modo que no es posible que deseen, habiéndose enfrentado a vosotros por lo ajeno, perder su propia ciudad tan temeraria y manifiestamente, sino que se comportarán mucho más moderadamente en todas sus acciones, y tanto más os cuidarán cuanto más teman por sí mismos.
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Os demostraron cómo es necesario usar la naturaleza de estos por lo que hicieron respecto a Oropo; pues cuando esperaron tener poder para hacer lo que quisieran, no os trataron como aliados, sino que se atrevieron a cometer las mismas faltas que contra los enemigos más acérrimos; pero cuando votasteis hacerlos fuera de la alianza por esto, cesando en su arrogancia, vinieron a vosotros más humildes de lo que nosotros estamos ahora.
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De modo que si algunos de los oradores os asustan diciendo que hay peligro de que cambien y se pongan del lado de los enemigos, no hay que creerles; pues tales necesidades los han atrapado que soportarían mucho antes vuestro imperio que la alianza de los lacedemonios.
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Y si, en efecto, fueran a hacer todo lo contrario, ni aun así considero que os corresponda valorar más la ciudad de los tebanos que los juramentos y los tratados, reflexionando, en primer lugar, que es costumbre vuestra temer no los peligros, sino la deshonra y la vergüenza, y después, que sucede que vencen en las guerras no los que destruyen las ciudades por la fuerza, sino los que administran Grecia de manera más piadosa y moderada.
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Y esto se podría exponer con más ejemplos; pero¿ quién no sabe lo que ocurrió en nuestro tiempo, que los lacedemonios destruyeron vuestro poder, que parecía insuperable, teniendo al principio pequeñas causas para la guerra marítima, pero atrayendo a los griegos gracias a esta fama, y de nuevo vosotros les quitasteis el imperio, partiendo de una ciudad sin muros y en mala situación, pero teniendo a la justicia como aliada?
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Y que de esto no fue causa el rey, el tiempo último lo demostró claramente; pues habiéndose mantenido él fuera de los asuntos, y estando los vuestros sin esperanza, y siendo casi todas las ciudades esclavas de los lacedemonios, sin embargo, superasteis tanto a aquellos luchando que ellos vieron con agrado que se hiciera la paz.
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Que nadie de vosotros tema, pues, al correr los peligros junto a la justicia, ni piense que carecerá de aliados si deseáis socorrer a los que sufren injusticias y no solo a los tebanos; a quienes, habiendo votado ahora lo contrario, haréis que muchos deseen vuestra amistad. Pues si demostráis que estáis preparados para luchar por los tratados igualmente por todos,
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¿ quiénes llegarán a tal grado de insensatez como para desear estar con los que esclavizan más que con vosotros, los que lucháis por la libertad de los propios? Y si no,¿ qué diréis, si vuelve a haber guerra, para considerar atraer a los griegos, si, proponiendo la autonomía, entregaréis para ser saqueada por los tebanos a cualquier ciudad que quieran?
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¿ Y cómo no parecerá que actuáis de manera contraria a vosotros mismos, si no impedís que los tebanos violen los juramentos y los tratados, mientras que pretendéis luchar contra los lacedemonios por estas mismas cosas? Y habéis renunciado a vuestras propias posesiones, deseando hacer la alianza lo más grande posible, mientras que permitiréis que estos posean lo ajeno y hagan tales cosas por las que todos considerarán que sois peores.
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Lo que es más terrible de todo, si habéis decidido socorrer a los que han estado continuamente con los lacedemonios, si aquellos les ordenan algo contrario a los tratados, mientras que a nosotros, que hemos pasado la mayor parte del tiempo con vosotros, y que solo en la última guerra nos vimos obligados a estar bajo los lacedemonios, por este pretexto nos permitiréis estar en la situación más miserable de todos los hombres.
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¿ Pues a quiénes podría encontrar uno más desgraciados que a nosotros, que, privados de ciudad, territorio y bienes en un solo día, estando igualmente necesitados de todo lo necesario, nos hemos convertido en vagabundos y mendigos, sin saber a dónde dirigirnos y sintiendo aversión por todas las moradas? Pues si encontramos a otros en desgracia, nos duele vernos obligados, además de a nuestros propios males, a compartir los ajenos;
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y si vamos a los que les va bien, nos sentimos aún peor, no envidiando su prosperidad, sino viendo más bien en los bienes del prójimo nuestras propias desgracias, por las cuales no pasamos ni un día sin lágrimas, sino que pasamos todo el tiempo lamentando la patria y llorando el cambio que se ha producido.
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¿ Qué opinión creéis que tenemos al ver a nuestros padres cuidados indignamente en su vejez y a nuestros hijos educados no con las esperanzas con las que los tuvimos, sino muchos sirviendo por pequeños contratos, otros yendo a trabajar como jornaleros, y otros procurándose el sustento diario como cada uno puede, de manera impropia tanto para las obras de nuestros antepasados como para sus propias edades y para nuestros sentimientos?
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Lo que es más doloroso de todo, cuando uno ve que se separan unos de otros no solo ciudadanos de ciudadanos, sino también mujeres de maridos e hijas de madres, y que se disuelve todo el parentesco, lo cual les ha sucedido a muchos de nuestros ciudadanos por la pobreza; pues la vida común perdida ha hecho que cada uno de nosotros tenga esperanzas privadas.
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Creo que no ignoráis las otras vergüenzas que surgen por la pobreza y el exilio, que nosotros llevamos en el pensamiento más difícilmente que los demás, pero que omitimos en el discurso, avergonzándonos de examinar demasiado minuciosamente nuestras propias desgracias.
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Por lo cual os pedimos que, reflexionando, tengáis algún cuidado por nosotros. Pues no somos ajenos a vosotros, sino que con nuestra benevolencia somos todos cercanos, y por parentesco la mayoría de nosotros; pues hemos nacido por los matrimonios dados de ciudadanas vuestras; de modo que no os es posible descuidar aquello por lo que hemos venido a suplicar. Pues sería lo más terrible de todo,
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si antes nos hicisteis partícipes de vuestra propia patria, ahora no os pareciera devolvernos la nuestra. Además, no es razonable que cada uno de los que sufren desgracias contra la justicia sea compadecido, y que una ciudad entera destruida tan ilegalmente no pueda obtener ni un poco de compasión, sobre todo habiendo recurrido a vosotros, a quienes ni antes les resultó vergonzoso ni sin gloria compadecer a los suplicantes.
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Pues habiendo venido los argivos a vuestros antepasados y habiendo pedido recoger a los que murieron bajo la Cadmea, persuadidos por aquellos y obligando a los tebanos a deliberar más legalmente, no solo gozaron de buena fama en aquellos tiempos, sino que dejaron a la ciudad una gloria eterna para todo el tiempo, de la cual no es digno convertirse en traidores. Pues es vergonzoso vanagloriarse de las obras de los antepasados y aparecer haciendo lo contrario con los suplicantes.
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Y sin embargo, hemos venido a hacer peticiones por cosas mucho mayores y más justas; pues aquellos suplicaban habiendo marchado contra lo ajeno, mientras que nosotros, habiendo perdido lo nuestro, y aquellos pedían la recogida de los muertos, nosotros la salvación de los que quedan.
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Y no es un mal igual ni parecido que los muertos sean privados de sepultura y que los vivos sean privados de patria y de todos los demás bienes, sino que lo primero es más terrible para los que lo impiden que para los que sufren, pero lo segundo, no teniendo refugio y habiéndose convertido en apátrida, sufrir cada día y ver a los suyos sin poder ayudarles,¿ qué necesidad hay de decir cuánto supera a las demás desgracias?
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Por lo cual os suplicamos a todos que nos devolváis el territorio y la ciudad, recordando a los más ancianos que es lamentable ver a personas de tal edad sufrir y estar en apuros por lo cotidiano, y suplicando a los más jóvenes que ayuden a sus coetáneos y no permitan que sufran más males que los mencionados.
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Y debéis, solos de entre los griegos, este favor, habiendo sido nosotros despojados. Pues dicen que nuestros antepasados, habiendo abandonado vuestros padres este territorio en la guerra persa, siendo los únicos de fuera del Peloponeso que compartieron con ellos los peligros, salvaron conjuntamente la ciudad para ellos; de modo que justamente recuperaríamos el mismo beneficio que nosotros mismos hemos tenido hacia vosotros.
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Y si no habéis decidido preocuparos por nuestros cuerpos, al menos no es propio de vosotros soportar que el territorio sea saqueado, en el que quedan los mayores signos de vuestra virtud y de los demás que lucharon conjuntamente;
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pues los otros trofeos han sido de ciudad contra ciudad, pero aquellos están erigidos por toda Grecia contra todo el poder de Asia. Los cuales los tebanos destruyen razonablemente, pues los monumentos de lo sucedido entonces son una vergüenza para ellos, pero a vosotros os corresponde conservarlos; pues gracias a aquellas obras os convertisteis en líderes de los griegos.
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Es digno también mencionar a los dioses y a los héroes que ocupan aquel lugar y no permitir que sus honores sean destruidos, a quienes vosotros, habiendo hecho sacrificios propiciatorios, emprendisteis tal peligro que liberó tanto a estos como a todos los demás griegos. Es necesario también tener algún cuidado por los antepasados y no descuidar tampoco la piedad hacia ellos,
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quienes,¿ cómo estarían, si es que hay algún pensamiento allí sobre lo que sucede aquí, si, siendo vosotros dueños, percibieran que los que consideraron servir a los bárbaros se convierten en amos de los demás, y nosotros, que luchamos por la libertad siendo los únicos de los griegos, hemos sido despojados, y que las tumbas de los que compartieron el peligro no obtienen lo acostumbrado por falta de quienes lo ofrezcan, y que los tebanos, que se alinearon de manera contraria, dominan aquel territorio?
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Reflexionad que hacíais la mayor acusación contra los lacedemonios, porque, complaciendo a los tebanos, traidores de los griegos, destruyeron a nosotros, los bienhechores. No permitáis, pues, que estas blasfemias se produzcan contra vuestra ciudad, ni elijáis la insolencia de estos en lugar de la gloria presente.
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Y habiendo muchas cosas que decir por las que uno podría induciros a preocuparos más por nuestra salvación, no puedo abarcarlo todo, sino que vosotros mismos, observando también lo omitido y recordando sobre todo los juramentos y los tratados, y después también nuestra benevolencia y la enemistad de estos, debéis votar algo justo sobre nosotros.

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