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Original / primary: Spanish Gemini
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Yo, aunque resulta peligroso entre nosotros enviar una carta a Macedonia, no solo ahora que estamos en guerra con vosotros, sino incluso cuando hay paz, he decidido, no obstante, escribirte sobre Diodoto, pues considero justo que todos valoren mucho a quienes se han acercado a mí y se han hecho dignos de nosotros, y no menos a este, tanto por su benevolencia hacia nosotros como por su otra integridad.
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Ciertamente, habría preferido que te fuera presentado por mi mediación; pero puesto que ya te ha conocido a través de otros, me queda testificar sobre él y confirmar el conocimiento que has adquirido de él. Pues, habiendo tratado con muchos y variados hombres, algunos de los cuales gozan de gran reputación, de todos los demás, unos han resultado hábiles en la palabra misma, otros en la capacidad de concebir y actuar, y otros, aunque sensatos y agradables en su vida privada, son totalmente ineptos para los demás usos y tratos sociales;
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pero este ha tenido una naturaleza tan bien equilibrada que es perfectísimo en todo lo mencionado. Y no me atrevería a decir esto si no tuviera yo mismo la experiencia más precisa de él y esperara que tú también la obtengas, tanto tratándolo tú mismo,
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como informándote también de otros que tienen experiencia con él, de los cuales no hay nadie que no admita, a menos que sea demasiado envidioso, que él es capaz de hablar y aconsejar como nadie, que es sumamente justo y sensato, y muy dueño de sus bienes; además, que es el más agradable y encantador de todos para pasar el día y convivir, y, además de esto, que posee la mayor franqueza, no la que no es apropiada, sino la que razonablemente se convertiría en la mayor señal de benevolencia hacia los amigos;
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la cual, de los gobernantes, unos, los que poseen una grandeza de alma digna de mención, la valoran por ser útil, mientras que otros, de naturaleza más débil que sus poderes existentes, se molestan, como si los obligara a hacer algo que no eligen, sin saber que quienes se atreven a contradecir sobre lo que es conveniente, estos les proporcionan la mayor capacidad para hacer lo que desean.
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Pues es natural que, debido a quienes eligen hablar siempre para complacer, no solo las monarquías, que arrastran muchos peligros necesarios, no puedan perdurar, sino ni siquiera las democracias, que están bajo mayor seguridad; mientras que, gracias a quienes hablan con franqueza por el bien común, se salvan muchas cosas que estaban destinadas a perecer. Por lo cual, correspondería que ante todos los monarcas fueran más apreciados quienes manifiestan la verdad que los que dicen todo para agradar, pero nada digno de gratitud; sin embargo, sucede que tienen menos consideración ante algunos de ellos.
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Esto es lo que también le ocurrió a Diodoto ante algunos de los gobernantes de Asia, para quienes, habiendo sido útil en muchas cosas, no solo aconsejando sino también actuando y arriesgándose, debido a su franqueza con ellos sobre lo que les convenía, ha sido privado de los honores de su patria y de muchas otras esperanzas, y las adulaciones de hombres mediocres han tenido más fuerza que sus beneficios.
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Por eso, incluso cuando pensaba en acercarse a vosotros, estaba vacilante, no porque pensara que todos los que están por encima de él son iguales, sino porque, debido a las dificultades que tuvo con aquellos, estaba más desanimado ante las esperanzas que tenía en vosotros, habiendo sufrido, a mi parecer, algo parecido a algunos navegantes que, la primera vez que sufren tormentas, ya no se atreven a entrar en el mar, aunque saben que a menudo es posible tener un buen viaje. No obstante, puesto que ya se ha presentado ante ti, hace bien. Pues considero que le será provechoso,
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sobre todo confiando en tu filantropía, que se supone que tienes ante los hombres de fuera, y luego pensando que no ignoráis que es lo más agradable y provechoso de todo adquirir amigos que sean a la vez fieles y útiles mediante beneficios, y hacer el bien a tales personas, por quienes muchos de los demás os estarán agradecidos. Pues todos los hombres de bien elogian y honran a quienes tratan bien a los hombres virtuosos, como si ellos mismos disfrutaran de los beneficios.
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Pero, en realidad, creo que el propio Diodoto te instará más a que te preocupes por él. También intentaba persuadir a su hijo para que se aferrara a vuestros asuntos y, entregándose a vosotros como un discípulo, intentara avanzar. Pero él, cuando yo decía esto, afirmaba desear vuestra amistad, pero que, sin embargo, había sufrido algo parecido respecto a ella que respecto a los juegos de los certámenes coronados.
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Pues decía que querría vencer en aquellos, pero que no se atrevería a bajar a ellos por no haber participado de una fuerza digna de las coronas, y que desearía obtener los honores de vosotros, pero que no esperaba alcanzarlos; pues estaba aterrorizado tanto por su propia inexperiencia como por vuestro esplendor, y además, que su cuerpo, no siendo vigoroso sino teniendo algunas debilidades, pensaba que le impediría muchas de las cosas.
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Este, pues, hará lo que le parezca conveniente; pero tú, tanto si está cerca de vosotros como si permanece tranquilo en estos lugares, ocúpate de todas las demás cosas que necesite, pero sobre todo de su seguridad y de la de su padre, considerando que tienes a estos como un depósito tanto de nuestra vejez, que merecidamente debería recibir mucha previsión, como de la reputación existente, si es que merece algún interés, y de la benevolencia hacia vosotros que he continuado teniendo todo este tiempo.
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Y no te sorprendas, ni porque haya escrito la carta más larga ni porque hayamos dicho algo más minucioso y propio de ancianos en ella; pues, descuidando todo lo demás, me preocupé solo de una cosa: de parecer solícito por hombres que han sido amigos y muy queridos para mí.