To Dionysius
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Si fuera más joven, no te enviaría una carta, sino que habría navegado hasta allí para hablar contigo en persona; pero dado que el momento de mi edad y el de tus asuntos no han coincidido, sino que yo ya me he retirado mientras que tus asuntos han alcanzado ahora su apogeo, intentaré exponértelos de la mejor manera posible dadas las circunstancias.
2
Sé bien que para quienes intentan dar consejos hay una gran diferencia entre no realizar el encuentro por escrito, sino acercándose personalmente, no solo porque es más fácil para alguien presente explicarle a otro presente los mismos asuntos que aclararlos mediante una carta, ni porque todos confían más en lo que se dice que en lo que se escribe, y escuchan lo primero como si fueran propuestas y lo segundo como si fueran composiciones literarias;
3
además de esto, en los encuentros, si algo de lo que se dice no se entiende o no se cree, el que expone el discurso estando presente puede defender ambos puntos, mientras que en lo enviado por carta y escrito, si ocurre algo así, no hay nadie que lo corrija; pues al estar ausente el que escribió, el texto queda desamparado de quien lo auxilie. Sin embargo, puesto que tú vas a ser el juez de estos asuntos, tengo muchas esperanzas de que parecerá que decimos algo de lo necesario; pues considero que, dejando de lado todas las dificultades mencionadas, prestarás atención a las acciones mismas.
4
Y, sin embargo, algunos de los que se han acercado a ti ya han intentado asustarme, diciendo que tú honras a los aduladores y desprecias a los que te aconsejan. Si yo aceptara esos discursos de ellos, mantendría una gran tranquilidad; pero ahora nadie podría convencerme de que es posible sobresalir tanto en inteligencia como en acciones, a menos que uno se convierta en discípulo de unos, oyente de otros y descubridor de otros, y reúna y recoja de todas partes aquello con lo que es posible ejercitar la propia mente.
5
Por estas razones me sentí impulsado a escribirte. Voy a hablar de asuntos importantes y sobre los cuales no corresponde que nadie de los que viven los escuche más que tú. Y no pienses que te exhorto con tanto entusiasmo para que te conviertas en oyente de un escrito; pues ni yo me encuentro con afán de gloria respecto a las exhibiciones, ni se me escapa que tú ya estás lleno de tales cosas.
6
Además de esto, también es evidente para todos que para quienes necesitan exhibirse son apropiadas las asambleas, pues allí es donde uno podría dispersar su poder ante la mayor cantidad de gente, pero para quienes desean realizar algo, se debe hablar con aquel que está a punto de llevar a cabo con mayor rapidez las acciones que el discurso ha expuesto.
7
Si yo estuviera haciendo una propuesta a una de las ciudades, dirigiría mis palabras a quienes están al frente de ella; pero dado que me he preparado para aconsejar sobre la salvación de los griegos,¿ con quién sería más justo hablar que con el que encabeza el linaje y posee el mayor poder?
8
Y, ciertamente, no parecerá que mencionamos esto fuera de tiempo. Pues cuando los lacedemonios tenían el mando, no era fácil para ti ocuparte de los asuntos de nuestra región, ni actuar en contra de ellos y al mismo tiempo hacer la guerra a los cartagineses; pero dado que los lacedemonios están en tal situación que se dan por satisfechos con conservar su propio territorio, y nuestra ciudad se ofrecería gustosamente a colaborar contigo si hicieras algo bueno por Grecia,¿ cómo podría presentarse una ocasión mejor que la que ahora tienes?
9
Y no te sorprendas si, sin ser orador público, ni estratega, ni poseer otro poder, asumo un asunto tan grave e intento dos de las cosas más importantes: hablar en nombre de Grecia y aconsejarte a ti. Pues yo me aparté de realizar cualquier asunto público inmediatamente, por motivos que sería una larga tarea explicar, pero no podría parecer carente de la educación que desprecia las cosas pequeñas e intenta alcanzar las grandes.
10
De modo que no es extraño si pudiera ser capaz de ver algo de lo conveniente mejor que aquellos que actúan políticamente al azar, pero que han obtenido una gran reputación; lo demostraremos sin dilaciones, si es que valemos algo, a partir de lo que está por decirse.