To Nicocles
Choose a text
id="mobileReaderAuthor" class="mobile-reader-author" href="/authors/isocrates" aria-label="More works by Isocrates">
—
⋯
Original / primary: Spanish Gemini
1
Aquellos que acostumbran, Nicocles, a traerles a ustedes, los reyes, vestiduras, bronce o oro labrado, o cualquier otro bien de esa clase, del cual ustedes mismos carecen y poseen en abundancia, me han parecido demasiado evidentes al hacer no una donación, sino un negocio, y al vender tales cosas con mucha más destreza que quienes admiten dedicarse al comercio.
2
Habría considerado que este sería el regalo más hermoso, el más útil y el más apropiado tanto para que yo lo dé como para que tú lo recibas, si pudiera definir a qué ocupaciones aspirar y de qué acciones abstenerse para administrar de la mejor manera tanto la ciudad como el reino. Pues, en el caso de los ciudadanos particulares, hay muchas cosas que los educan, sobre todo el no vivir en el lujo, sino verse obligados a deliberar sobre su sustento cada día,
3
luego, las leyes bajo las cuales cada uno vive, y además la libertad de expresión y el poder reprender abiertamente a los amigos y atacar a los enemigos por sus errores mutuos; además de esto, algunos de los poetas de la antigüedad han dejado consejos sobre cómo se debe vivir; de modo que, por todo esto, es natural que se vuelvan mejores.
4
Para los tiranos, en cambio, no existe nada de esto; al contrario, aquellos que deberían ser educados más que los demás, una vez que acceden al poder, permanecen sin recibir consejos. Pues la mayoría de los hombres no se les acercan, y los que conviven con ellos lo hacen por complacencia. Y, en efecto, al ser dueños de muchísimas riquezas y de los asuntos más importantes, por no hacer buen uso de estos recursos, han provocado que muchos se pregunten si es preferible elegir la vida de los ciudadanos particulares que viven con moderación o la de quienes ejercen la tiranía.
5
Cuando dirigen su mirada hacia los honores, las riquezas y el poder, todos consideran que los que están en las monarquías son iguales a los dioses; pero cuando reflexionan sobre los temores y los peligros, y al examinar ven a unos destruidos por quienes menos debían, a otros obligados a cometer faltas contra sus seres más queridos, y a otros a quienes les han ocurrido ambas cosas, vuelven a pensar que es más ventajoso vivir de cualquier manera que reinar sobre toda Asia con tales desgracias.
6
La causa de esta irregularidad y confusión es que consideran la monarquía como un sacerdocio al alcance de cualquiera, cuando es el asunto humano más importante y el que requiere mayor previsión. Por lo tanto, sobre cada acción concreta, de qué manera uno podría administrar mejor para preservar los bienes y evitar las desgracias, es tarea de los que están presentes aconsejar; pero sobre el conjunto de las ocupaciones, a las que se debe apuntar y en las que se debe dedicar tiempo, yo intentaré exponerlo.
7
Si el regalo resultará digno del tema, es difícil saberlo desde el principio; pues muchas obras, tanto de poesía métrica como de escritos en prosa, mientras estaban en la mente de sus autores, ofrecían grandes expectativas, pero al ser terminadas y mostradas a los demás, recibieron una fama muy inferior a la esperanza.
8
Sin embargo, el intento es bueno: buscar lo que se ha omitido y legislar para las monarquías. Pues quienes educan a los ciudadanos particulares solo benefician a estos; pero si alguien incitara a la virtud a quienes dominan a la multitud, beneficiaría a ambos, tanto a los que poseen el poder como a los que están bajo ellos; pues a unos les haría los gobiernos más seguros, y a los otros, las instituciones más suaves.
9
En primer lugar, pues, hay que examinar cuál es la tarea de los que reinan; si logramos abarcar bien en términos generales la fuerza de todo el asunto, mirando hacia esto, hablaremos mejor también sobre las partes. Creo que todos estarían de acuerdo en que les corresponde detener a una ciudad que sufre desgracias, preservar a una que actúa bien y hacer grande a una pequeña; pues los demás asuntos que ocurren cada día deben realizarse en función de esto.
10
Y, ciertamente, es evidente que quienes han de ser capaces de esto y deliberan sobre asuntos tan importantes no deben ser perezosos ni descuidados, sino observar cómo se dispondrán con más prudencia que los demás; pues se ha demostrado que tendrán reinos tales como las disposiciones que preparen en sus propias mentes.
11
De modo que a ninguno de los atletas le corresponde tanto ejercitar el cuerpo como a los reyes ejercitar su propia alma; pues todas las festividades no ponen en juego ninguna parte de esos certámenes por los que ustedes compiten cada día. Reflexionando sobre esto, debes prestar atención para que, tanto como superas a los demás en honores, tanto también los superes en virtudes.
12
Y no pienses que el cuidado es útil en los demás asuntos, pero que no tiene ninguna fuerza para hacernos mejores y más prudentes; ni condenes a los hombres a tal desgracia, como si hubiéramos encontrado artes para las fieras con las que amansamos sus almas y las hacemos de mayor valor, pero que nosotros mismos no podríamos beneficiarnos en nada hacia la virtud. Al contrario, mantén la disposición de ánimo de que tanto la educación como el cuidado son los que más pueden beneficiar nuestra naturaleza,
13
y acércate a los más prudentes de los presentes y haz venir a los demás que puedas, y no creas que debes ser inexperto en ninguno de los poetas que gozan de buena reputación ni de los sofistas, sino sé oyente de unos y discípulo de otros, y prepárate a ti mismo para ser juez de los menores y competidor de los mayores; pues a través de estos ejercicios llegarías más rápido a ser tal como supusimos que debe ser quien reinará correctamente y administrará la ciudad como es debido. Pero sobre todo, serías incitado por ti mismo,
14
si consideraras terrible que los peores gobiernen a los mejores y que los más insensatos den órdenes a los más prudentes; pues cuanto más vigorosamente desprecies la insensatez de los demás, tanto más ejercitarás tu propia inteligencia.
15
Por lo tanto, por aquí deben comenzar los que van a hacer algo de lo que es debido, y además de esto, es necesario ser filántropo y amante de la ciudad; pues ni de caballos, ni de perros, ni de ninguna otra cosa es posible gobernar bien si uno no se alegra de aquello de lo que debe ocuparse. Que te preocupe la multitud, y considera por encima de todo gobernar de manera que les sea grato,
16
sabiendo que tanto las oligarquías como las demás formas de gobierno perduran más tiempo aquellas que mejor cuidan a la multitud. Gobernarás bien al pueblo si no permites que la masa cometa excesos ni toleras que los sufra, sino que observas que los mejores tengan los honores y que los demás no sean perjudicados en nada; pues estos son los elementos primeros y más importantes de una buena política.
17
De las ordenanzas y las ocupaciones, mueve y cambia las que no estén bien establecidas, y sobre todo sé un inventor de las mejores; si no, imita las que están bien en otros lugares. Busca leyes que, en conjunto, sean justas, convenientes y coherentes entre sí, y además de esto, que hagan que las disputas sean lo más escasas posible y las resoluciones lo más rápidas posible para los ciudadanos; pues todo esto debe estar presente en las leyes bien establecidas.
18
Haz que las ocupaciones productivas les sean lucrativas y las gestiones perjudiciales, para que huyan de unas y se sientan más dispuestos hacia las otras. Realiza los juicios sobre aquello en lo que disputen entre sí, no por complacencia ni de manera contradictoria, sino juzga siempre lo mismo sobre los mismos asuntos; pues conviene y es ventajoso que la opinión de los reyes se mantenga inamovible sobre lo justo, al igual que las leyes bien establecidas. Habita la ciudad de la misma manera que la casa paterna,
19
con construcciones brillantes y reales, y con acciones precisas, para que ganes reputación y perdures al mismo tiempo. Muestra tu magnificencia no en ninguno de los lujos que desaparecen de inmediato, sino en lo mencionado anteriormente, en la belleza de las posesiones y en los beneficios a los amigos; pues tales gastos permanecerán para ti mismo, y dejarás a los que vendrán después algo de mayor valor que lo gastado.
20
En cuanto a los dioses, haz como los antepasados han indicado, pero considera que este es el sacrificio más hermoso y el mayor culto: que te muestres a ti mismo lo mejor y más justo posible; pues hay más esperanza de que tales personas obtengan algún bien de los dioses que aquellos que ofrecen muchas víctimas. Honra con los cargos a los amigos más cercanos, y con la verdad misma a los más leales.
21
Considera que la guardia más segura del cuerpo es la virtud de los amigos, la benevolencia de los ciudadanos y tu propia prudencia; pues a través de esto uno podría, sobre todo, adquirir y conservar las tiranías. Cuida de las casas de los ciudadanos y considera que quienes gastan, gastan de lo tuyo, y quienes trabajan, hacen que lo tuyo sea mayor; pues todo lo de quienes habitan la ciudad es propiedad de quienes reinan bien.
22
Durante todo el tiempo, muéstrate prefiriendo la verdad de tal manera que tus palabras sean más dignas de crédito que los juramentos de los demás. Proporciona a todos los extranjeros una ciudad segura y legal en cuanto a los contratos, pero considera de mayor importancia entre los que llegan no a los que te traen regalos, sino a los que consideran digno recibir de ti; pues honrando a tales personas, gozarás de mejor reputación entre los demás.
23
Elimina los muchos temores de los ciudadanos y no desees que los que no cometen ninguna falta vivan con miedo; pues como dispongas a los demás hacia ti, así te sentirás tú hacia ellos. No hagas nada con ira, pero aparenta hacerlo ante los demás cuando sea el momento oportuno. Muéstrate terrible por no dejar que nada de lo que sucede te pase inadvertido, pero manso por hacer que los castigos sean menores que las faltas cometidas.
24
Desea ser un gobernante no por dureza ni por castigar en exceso, sino porque todos se sientan superados por tu inteligencia y consideren que, para su propia salvación, tú deliberas mejor que ellos mismos. Sé guerrero en cuanto a los conocimientos y los preparativos, pero pacífico en cuanto a no obtener ventaja alguna contra lo justo. Trata a las ciudades más débiles de la misma manera que desearías que las más fuertes te trataran a ti.
25
No compitas por todo, sino por aquello en lo que, al vencer, te vaya a ser provechoso. Considera viles no a los que son derrotados de manera provechosa, sino a los que salen victoriosos con daño. Considera magnánimos no a los que se proponen metas mayores de las que son capaces de alcanzar, sino a los que aspiran a cosas hermosas y son capaces de llevar a cabo lo que emprenden.
26
No envidies a los que han adquirido el mayor poder, sino a los que han hecho el mejor uso del que tienen, y considera que serás perfectamente feliz no si reinas sobre todos los hombres con miedos, peligros y maldad, sino si, siendo tal como debes ser y actuando como en el presente, deseas cosas moderadas y no te falta ninguna de ellas.
27
Adquiere amigos no a todos los que quieran, sino a los que sean dignos de tu naturaleza, y no con quienes pases el tiempo más agradablemente, sino con quienes administres mejor la ciudad. Haz precisas las pruebas de quienes te rodean, sabiendo que todos los que no se han acercado a ti pensarán que eres igual a los que te tratan. Pon a cargo de los asuntos que no se realizan a través de ti a personas tales que tú mismo asumas la responsabilidad de lo que ellos hagan.
28
Considera fieles no a los que alaban todo lo que dices o haces, sino a los que reprenden tus errores. Da libertad de expresión a los que piensan bien, para que, sobre aquello en lo que dudes, tengas a quienes juzguen contigo. Discierne también a los que adulan con arte y a los que sirven con benevolencia, para que los malvados no tengan ventaja sobre los buenos. Escucha lo que dicen unos de otros e intenta conocer al mismo tiempo a los que hablan, qué clase de personas son, y sobre quiénes hablan.
29
Castiga con las mismas penas a los que calumnian falsamente que a los que cometen faltas. Gobérnate a ti mismo no menos que a los demás, y considera que esto es lo más propio de un rey: no ser esclavo de ninguno de los placeres, sino dominar tus deseos más que a los ciudadanos. No aceptes ninguna compañía al azar ni sin reflexión, sino acostúmbrate a disfrutar de aquellas ocupaciones de las que tú mismo progresarás y parecerás mejor a los demás.
30
No te muestres ambicioso por cosas que incluso los malvados pueden lograr, sino siéntete orgulloso por la virtud, de la cual los malvados no tienen parte alguna. Considera que los honores más verdaderos no son los que ocurren en público con miedo, sino cuando ellos mismos, estando a solas, admiran más tu inteligencia que tu fortuna. Sé discreto si te sucede alegrarte por algo trivial, pero muéstrate esforzándote en los asuntos más importantes.
31
No consideres que los demás deben vivir con decoro y los reyes sin orden, sino establece tu propia templanza como ejemplo para los demás, sabiendo que el carácter de toda la ciudad se asemeja al de sus gobernantes. Que sea para ti una señal de reinar bien si ves que los gobernados se vuelven más prósperos y más templados gracias a tu cuidado.
32
Considera de mayor importancia dejar a tus hijos una buena reputación que una gran riqueza; pues la una es mortal, la otra inmortal, y con la reputación se pueden adquirir riquezas, pero la reputación no se puede comprar con riquezas; y las riquezas llegan incluso a los malvados, pero la reputación no es posible que la adquieran otros que no sean los que se han distinguido. Disfruta del lujo en las vestiduras y en los adornos del cuerpo, pero sé constante, como deben ser los reyes, en las demás ocupaciones, para que quienes te vean, por tu aspecto, consideren que eres digno del poder, y quienes convivan contigo, por la fuerza de tu alma, tengan la misma opinión que aquellos.
33
Examina siempre tus palabras y tus acciones para que cometas la menor cantidad de errores posible. Lo mejor es acertar en el momento oportuno, pero puesto que son difíciles de conocer, elige quedarte corto y no excederte; pues la moderación está más en la carencia que en el exceso.
34
Intenta ser afable y solemne; pues lo primero conviene a la tiranía, y lo segundo se adapta a las relaciones sociales. Pero esto es lo más difícil de todos los mandatos; pues encontrarás, en su mayoría, que los que se muestran solemnes son fríos, y los que quieren ser afables parecen humildes. Pero es necesario usar ambas formas y evitar el defecto que acompaña a cada una.
35
Cualquier cosa que desees precisar de lo que conviene que los reyes sepan, persíguelo con la experiencia y la filosofía; pues filosofar te mostrará los caminos, y ejercitarte en los hechos mismos te hará capaz de manejar los asuntos. Observa lo que sucede y lo que les ocurre tanto a los ciudadanos particulares como a los tiranos; pues si recuerdas lo pasado, deliberarás mejor sobre lo futuro.
36
Considera terrible que algunos ciudadanos particulares deseen morir para ser alabados después de muertos, y que los reyes no se atrevan a usar las ocupaciones por las cuales gozarán de buena reputación mientras viven. Desea dejar imágenes de tu virtud como recuerdo más que de tu cuerpo. Intenta sobre todo preservar la seguridad tanto para ti como para la ciudad; pero si te ves obligado a correr riesgos, elige morir hermosamente antes que vivir vergonzosamente.
37
En todas tus acciones recuerda el reino y cuida de no hacer nada indigno de este honor. No permitas que tu propia naturaleza se disuelva por completo; sino, puesto que has obtenido un cuerpo mortal, intenta dejar un recuerdo inmortal de tu alma.
38
Practica hablar sobre ocupaciones hermosas para que te acostumbres a pensar de manera similar a lo que dices. Lo que te parezca mejor al razonar, llévalo a cabo en los hechos. Aquellos cuyas reputaciones envidies, imita sus acciones. Lo que aconsejarías a tus propios hijos, considera digno de mantener tú mismo. Usa lo dicho o busca cosas mejores que estas.
39
Considera sabios no a los que discuten con precisión sobre cosas pequeñas, sino a los que hablan bien sobre las más importantes, ni a los que prometen felicidad a los demás mientras ellos mismos están en muchas dificultades, sino a los que hablan con moderación sobre sí mismos y son capaces de tratar tanto con los asuntos como con los hombres, y no se perturban en los cambios de la vida, sino que saben soportar bien y con moderación tanto las desgracias como las fortunas.
40
Y no te sorprendas si muchas de las cosas dichas son cosas que tú también conoces; pues esto no se me ha escapado, sino que sabía que, siendo tantos en número tanto los demás como los gobernantes, unos han dicho algo de esto, otros lo han escuchado, otros han visto a otros hacerlo, y otros mismos resultan practicarlo.
41
Pero es que no hay que buscar novedades en estos discursos, en los cuales no es posible decir nada paradójico, ni increíble, ni fuera de lo establecido, sino considerar que es el más elegante aquel que pueda reunir la mayor parte de lo que está disperso en las mentes de los demás y expresarlo de la manera más hermosa.
42
Puesto que también me era evidente que todos consideran que los poemas y escritos que aconsejan son los más útiles, pero no es lo que más les gusta escuchar, sino que les sucede lo mismo que con los que amonestan; pues a aquellos los alaban, pero desean acercarse a los que cometen faltas junto con ellos, no a los que los disuaden.
43
Uno podría tomar como señal la poesía de Hesíodo, Teognis y Focílides; pues dicen que estos han sido los mejores consejeros para la vida de los hombres, pero al decir esto, prefieren pasar el tiempo con las insensateces de los demás antes que con los consejos de aquellos.
44
Además, si alguien seleccionara de los poetas destacados las llamadas sentencias, en las que ellos más se esforzaron, se sentirían de igual manera hacia ellas; pues escucharían con más gusto la comedia más vil que las obras compuestas con tanta destreza.¿ Y qué necesidad hay de perder el tiempo diciendo una por una?
45
Pues, en general, si quisiéramos observar las naturalezas de los hombres, encontraremos que la mayoría de ellos no se alegran de los alimentos más saludables, ni de las ocupaciones más hermosas, ni consideran que son resistentes y trabajadores los que hacen algo de lo debido;
46
de modo que,¿ cómo podría alguien agradar a tales personas aconsejando, enseñando o diciendo algo útil? Quienes, además de lo dicho, envidian a los que piensan bien, consideran simples a los que no tienen sentido, y huyen de las verdades de los asuntos de tal manera que ni siquiera conocen las suyas propias, sino que se entristecen al razonar sobre sus asuntos privados, pero se alegran al hablar de los ajenos, y preferirían sufrir físicamente antes que esforzarse mentalmente y reflexionar sobre algo de lo necesario.
47
Uno podría encontrarlos en sus reuniones mutuas o insultando o siendo insultados, y en sus soledades no deliberando, sino rezando. Y no hablo de todos, sino de los que son culpables de lo dicho.
48
Pero aquello es evidente, que quienes desean hacer o escribir algo grato a la mayoría no deben buscar los discursos más útiles, sino los más fabulosos; pues al escuchar tales cosas se alegran, y al ver los certámenes y las competiciones. Por eso es digno admirar la poesía de Homero y a los primeros que inventaron la tragedia, porque al observar la naturaleza de los hombres, utilizaron ambas formas para la poesía.
49
Pues uno fabuló los certámenes y las guerras de los semidioses, y los otros convirtieron los mitos en certámenes y acciones, de modo que no solo fueran audibles para nosotros, sino también visibles. Existiendo tales ejemplos, se ha demostrado a quienes desean atraer a los oyentes que deben abstenerse de amonestar y aconsejar, y decir tales cosas en las que ven que las masas se alegran más.
50
He expuesto esto pensando que tú, que no eres uno de los muchos sino que reinas sobre muchos, no debes tener la misma opinión que los demás, ni juzgar los asuntos serios ni a los hombres prudentes por los placeres, sino evaluarlos por las acciones útiles,
51
máxime cuando sobre los ejercicios del alma disputan los que se dedican a la filosofía, y dicen unos que a través de los discursos erísticos, otros a través de los políticos y otros a través de otros medios, los que se acercan a ellos serán más prudentes, pero todos están de acuerdo en que el bien educado debe parecer capaz de deliberar a partir de cada uno de estos.
52
Es necesario, pues, dejando de lado lo disputado, tomar de ellos la prueba sobre lo que es comúnmente aceptado, y sobre todo observar si aconsejan en los momentos oportunos, y si no, al menos si hablan sobre el conjunto de los asuntos. Y a los que no conocen nada de lo debido, desaprúebalos( pues es evidente que quien no es útil por sí mismo, tampoco haría prudente a otro),
53
pero a los que tienen sentido y son capaces de ver más que los demás, tenlos en gran estima y cuídalos, sabiendo que un buen consejero es el más útil y el más propio de un tirano de todos los bienes. Considera que estos hacen que tu reino sea el más grande, aquellos que puedan beneficiar más tu inteligencia.
54
Yo, por mi parte, he aconsejado lo que sé, y te honro con lo que puedo; pero desea también que los demás, como dije al principio, no te traigan los regalos acostumbrados, que ustedes compran a un precio mucho mayor a quienes los dan que a quienes los venden, sino tales cosas que, aunque las uses mucho y no dejes pasar ni un día, no las desgastarás, sino que las harás mayores y de mayor valor.