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IsocratesSphilip 1 · spanish-geminiMore by Isocrates
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Original / primary: Spanish Gemini
1
No te sorprendas, Filipo, de que comience mi discurso no por la parte que voy a dirigirte a ti y que está a punto de ser expuesta ahora, sino por la que escribí sobre Anfípolis. Sobre esto deseo decir unas breves palabras de antemano, para aclarar tanto a ti como a los demás que no fue por insensatez ni por haber sido engañado por la debilidad que ahora me aqueja por lo que me puse a escribir el discurso para ti, sino de manera razonable y habiéndome dejado llevar poco a poco.
2
Pues al ver que la guerra que ha surgido entre ti y la ciudad por causa de Anfípolis es el origen de muchos males, me propuse hablar sobre esta ciudad y su territorio, sin decir nada de lo mismo que dicen tus compañeros ni lo que dicen los oradores de entre nosotros, sino apartándome lo más posible de su manera de pensar.
3
Ellos, en efecto, incitaban a la guerra, secundando vuestros deseos; yo, por mi parte, no me pronunciaba sobre los puntos en disputa, sino que me ocupaba de aquel de los argumentos que consideraba más pacífico, diciendo que ambos os equivocáis en los asuntos: tú haces la guerra por lo que nos conviene a nosotros, y la ciudad por tu poder; pues a ti te resulta provechoso que nosotros poseamos ese territorio, y a la ciudad no le conviene de ninguna manera tomarlo.
4
Y sobre estos temas parecía exponer de tal manera ante los oyentes, que nadie elogiaba el discurso ni la expresión por ser precisa y pura, como algunos suelen hacer, sino que admiraban la verdad de los hechos y consideraban que de ninguna otra manera podríais cesar en vuestra rivalidad,
5
a menos que tú te convencieras de que la amistad de la ciudad será para ti de mayor valor que los ingresos que provienen de Anfípolis, y que la ciudad pudiera comprender que es necesario evitar tales colonias, las cuales han destruido cuatro o cinco veces a quienes se han establecido en ellas, y buscar aquellos lugares que, estando lejos de quienes son capaces de gobernar, están cerca de los acostumbrados a servir, tal como los lacedemonios colonizaron a los cireneos;
6
y además de esto, si tú comprendieras que al entregarnos este territorio de palabra, tú mismo lo dominarás de hecho, y además ganarás nuestra buena voluntad( pues tomarás de nosotros tantos rehenes de amistad como colonos enviemos a tu dominio), y si alguien enseñara a nuestra multitud que, en cuanto tomemos Anfípolis, nos veremos obligados a tener la misma buena voluntad hacia tus asuntos, debido a los que allí residen, que la que tuvimos hacia Amádoco el viejo debido a los que cultivaban la tierra en el Quersoneso.
7
Al decirse muchas cosas de este tipo, todos los que las escucharon esperaban que, una vez difundido el discurso, pondríais fin a la guerra y, tras reconocer vuestro error, deliberaríais sobre algún bien común para vosotros mismos. Si juzgaban esto de manera insensata o sensata, ellos serían los responsables; pero, dado que yo estaba en esta tarea, os adelantasteis a hacer la paz antes de que el discurso fuera terminado, actuando con sensatez; pues, de cualquier modo, era mejor que se hubiera realizado que seguir atrapados en los males que la guerra provocaba.
8
Al alegrarme por lo decretado sobre la paz, y pensando que no solo a nosotros, sino también a ti y a todos los demás griegos nos convendría, no fui capaz de apartar mi pensamiento de estos asuntos, sino que estaba tan predispuesto que inmediatamente me puse a considerar cómo lo logrado podría permanecer entre nosotros y que nuestra ciudad, tras un breve intervalo, no volviera a desear otras guerras;
9
y al reflexionar sobre esto conmigo mismo, descubrí que de ninguna manera podría ella mantener la tranquilidad, a menos que las ciudades más grandes decidieran, tras resolver sus diferencias entre sí, llevar la guerra a Asia, y si quisieran obtener de los bárbaros las ventajas que ahora pretenden obtener de los griegos; lo cual, por casualidad, ya he aconsejado en el discurso panegírico.
10
Al pensar esto, y considerando que nunca se encontraría un tema más noble que este, ni más común, ni que nos convenga más a todos, me sentí impulsado de nuevo a escribir sobre él, sin ignorar nada de lo que me concierne, sino sabiendo que este discurso no requiere de mi edad, sino de un hombre que esté en el florecimiento de su vigor y cuya naturaleza sea muy superior a la de los demás,
11
y viendo que es difícil decir dos discursos aceptables sobre el mismo tema, especialmente si el publicado anteriormente está escrito de tal manera que incluso quienes nos envidian lo imitan y lo admiran más que aquellos que lo elogian en exceso.
12
Pero, a pesar de todo, yo, despreciando estas dificultades, me he vuelto tan ambicioso en mi vejez que quise, junto con lo que te dirijo a ti, mostrar y hacer evidente a quienes pasan el tiempo conmigo que molestar en las asambleas y hablar ante todos los que allí se reúnen es como no hablar ante nadie, y que tales discursos resultan ser tan ineficaces como las leyes y las constituciones escritas por los sofistas,
13
y que quienes desean no hablar en vano, sino hacer algo útil, y quienes creen haber encontrado algún bien común, deben dejar que los demás celebren asambleas, y ellos mismos deben buscar para lo que proponen algún protector que sea capaz tanto de hablar como de actuar y que tenga gran reputación, si es que alguien va a prestarles atención.
14
Esto es lo que, tras reflexionar, elegí discutir contigo, no eligiéndote para ganar tu favor— aunque daría mucho por hablarte de manera agradable, pero no tuve ese propósito en mente—. Más bien, veía que los otros hombres ilustres viven bajo ciudades y leyes, y no les es posible hacer nada más que lo que se les ordena, y además son muy inferiores a los asuntos que se van a tratar,
15
mientras que a ti solo la fortuna te ha dado gran libertad tanto para enviar embajadores a quienes desees, como para recibir de quienes te parezca, y para decir lo que consideres conveniente, y además de esto, posees tanta riqueza y poder como ninguno de los griegos, lo cual es lo único que, por naturaleza, puede tanto persuadir como forzar; cosas que creo que también necesitarán lo que se va a decir.
16
Pues voy a aconsejarte que te pongas al frente tanto de la concordia de los griegos como de la expedición contra los bárbaros; y persuadir es útil para con los griegos, mientras que forzar es útil para con los bárbaros. Esta es, pues, la estructura de todo el discurso.
17
No dudaré en contarte lo que me molestó de algunos de los que me frecuentaban; pues creo que será de alguna utilidad. Pues al declararles que voy a enviarte un discurso que no será una exhibición ni un elogio de las guerras que han ocurrido gracias a ti( pues otros harán eso), sino que intentará exhortarte a acciones más apropiadas, más nobles y más provechosas que las que ahora has elegido,
18
se quedaron tan atónitos, temiendo que por la vejez hubiera perdido el juicio, que se atrevieron a reprenderme, no acostumbrados a hacer esto antes, diciendo que intento cosas absurdas y demasiado insensatas:“ Tú, que vas a enviar un discurso para aconsejar a Filipo, quien, incluso si antes pensaba que era inferior a alguien en cuanto a juicio, ahora, debido a la magnitud de lo que le ha sucedido, no es posible que no crea que puede deliberar mejor que los demás.
19
Además, tiene a su alrededor a los macedonios más capaces, quienes es natural que, aunque sean inexpertos en otros asuntos, conozcan lo que le conviene a él mejor que tú. Y además, verías a muchos griegos residiendo allí, hombres no sin reputación ni insensatos, sino con quienes él, al deliberar, no ha hecho el reino menor, sino que ha realizado cosas dignas de deseo.
20
Pues,¿ qué le falta?¿ Acaso no ha hecho que los tesalios, que antes dominaban Macedonia, estén tan bien dispuestos hacia él que cada uno de ellos confía más en él que en sus conciudadanos?¿ Y de las ciudades que están en esa región, no ha atraído a unas a su alianza mediante beneficios, y a las que le molestaban mucho las ha destruido?
21
¿ No ha subyugado a los magnetes, a los perrebos y a los peonios, y los ha tomado a todos como súbditos?¿ No se ha hecho dueño y señor de la multitud de los ilirios, excepto de los que viven junto al Adriático?¿ No ha establecido como señores de toda Tracia a quienes ha querido?¿ Acaso no crees que quien ha realizado tales y tan grandes hazañas condenará por gran necedad al que envió el libro, y considerará que se ha equivocado mucho tanto en el poder de las palabras como en su propio juicio?”
22
Omitiré cómo me quedé atónito al escuchar esto al principio, y cómo, al recuperarme, respondí a cada una de las cosas dichas, para no parecer a algunos demasiado vanidoso si los defendí con ingenio; pero, tras haber molestado moderadamente( como me convencí a mí mismo) a los que se atrevieron a reprenderme, al final prometí mostrarles el discurso solo a ellos de entre los de la ciudad, y no hacer nada más con él que lo que ellos decidieran.
23
Al escuchar esto se fueron, no sé con qué intención. Pero no muchos días después, al terminarse el discurso y mostrárselo, cambiaron tanto que se avergonzaban de lo que habían dicho con audacia, se arrepentían de todo lo dicho, confesaban no haber fallado nunca tanto en un asunto, y se apresuraban más que yo a que este discurso te fuera enviado, y decían que esperan que no solo tú y la ciudad me estéis agradecidos por lo dicho, sino también todos los griegos.
24
He expuesto esto para ti con este fin, para que si algo de lo dicho al principio te parece poco fiable, imposible o impropio de hacer para ti, no te desanimes y abandones el resto, ni sufras lo mismo que mis allegados, sino que permanezcas con el pensamiento tranquilo hasta que escuches todo lo que se dice hasta el final. Pues creo que diré algo de lo necesario y de lo que te conviene.
25
Aunque no se me oculta cuánto difieren en cuanto a persuasión los discursos pronunciados de los leídos, ni que todos han supuesto que los discursos sobre asuntos serios y urgentes se pronuncian, mientras que los otros se han escrito para exhibición y para obtener ganancias.
26
Y no han juzgado esto sin razón; pues cuando el discurso es privado de la reputación del orador, de la voz y de los cambios que ocurren en las oraciones, y además de las circunstancias y del entusiasmo por la acción, y no hay nada que compita y persuada, sino que queda desierto y desnudo de todo lo mencionado anteriormente, y alguien lo lee sin persuasión y sin señalar ningún carácter, sino como si estuviera enumerando,
27
razonablemente, creo, parece mediocre a los oyentes, lo cual dañaría más que nada al que ahora se exhibe y lo haría parecer más mediocre; pues no lo hemos adornado con las euritmias y variedades en la expresión que yo mismo usaba cuando era más joven, y que mostré a los demás para que pudieran hacer los discursos a la vez más agradables y más creíbles.
28
De los cuales ya no soy capaz de nada debido a mi edad, sino que me basta con esto, si puedo exponer las acciones simplemente. Creo que también te corresponde a ti, descuidando todo lo demás, prestar atención solo a estas. Así es como observarías con mayor precisión y mejor si estamos diciendo algo,
29
si eliminas las dificultades sobre los sofistas y los discursos leídos, y al tomar cada uno de ellos en tu pensamiento lo examinas, no haciéndolo como algo secundario ni con desidia, sino con razonamiento y filosofía, de la cual dicen que tú también has participado. Pues al considerar con esto, más que con la opinión de la mayoría, podrías deliberar mejor sobre ellos.
30
Lo que quería decirte de antemano es esto. Sobre los asuntos mismos, ya haré los discursos. Pues afirmo que debes, sin descuidar ninguno de tus asuntos privados, intentar reconciliar a la ciudad de los argivos, a la de los lacedemonios, a la de los tebanos y a la nuestra. Pues si puedes unirlas, no harás con dificultad que las otras también estén de acuerdo;
31
pues todas están bajo las mencionadas, y recurren, cuando tienen miedo, a cualquiera de ellas que les toque, y de allí obtienen ayuda. De modo que si persuades a solo cuatro ciudades a pensar bien, liberarás también a las otras de muchos males.
32
Y podrías comprender que no te corresponde descuidar a ninguna de ellas, si refieres sus acciones a tus antepasados; pues encontrarás para cada una mucha amistad hacia vosotros y grandes beneficios existentes. Pues Argos es tu patria, de la cual es justo que te preocupes tanto como de tus propios padres; y los tebanos honran al antepasado de vuestro linaje con ingresos y sacrificios más que a los otros dioses;
33
y los lacedemonios han dado a los descendientes de aquel tanto el reino como la hegemonía por todo el tiempo; y dicen de nuestra ciudad, a quienes creemos sobre los asuntos antiguos, que fue causa de la inmortalidad para Heracles( de qué manera, es fácil para ti saberlo después, pero para mí ahora no es el momento), y para sus hijos, de su salvación.
34
Pues solo ella, al soportar los mayores peligros contra el poder de Euristeo, lo detuvo a él de su insolencia y liberó a los hijos de los miedos que siempre les sobrevenían. Por lo cual no solo era justo que los salvados entonces nos estuvieran agradecidos, sino también los que existen ahora; pues gracias a nosotros viven y disfrutan de los bienes existentes; pues si ellos no se hubieran salvado, no les habría sido posible existir en absoluto.
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Siendo todas las ciudades de tal tipo, nunca debió haber surgido ninguna diferencia entre tú y ninguna de ellas; pero todos estamos hechos por naturaleza para errar más que para acertar. De modo que es justo considerar como comunes las cosas que han ocurrido antes; pero para el tiempo restante hay que vigilar que no te ocurra nada parecido, y hay que considerar qué bien podrías hacerles para parecer haber hecho cosas dignas tanto de ti como de lo que ellas han realizado.
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Y tienes la oportunidad; pues al devolver el favor de lo que debías, supondrán, debido a la cantidad de tiempo transcurrido, que los beneficios son previos. Y es noble parecer hacer el bien a las ciudades más grandes y no menos beneficiarse a uno mismo que a ellas. Además de esto,
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si te ha ocurrido algo desagradable con alguna de ellas, disolverás todo esto; pues los beneficios en las circunstancias actuales harán olvidar las ofensas que os habéis hecho mutuamente antes. Pero, además, también es evidente que todos los hombres tienen mayor memoria de aquellos de quienes reciben beneficios en sus desgracias.
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Y ves cómo han sufrido debido a la guerra, y cómo están de manera similar a los que luchan en privado. Pues a aquellos, al aumentar la ira, nadie los reconciliaría; pero cuando se tratan mal mutuamente, sin que nadie los disuelva, ellos mismos se separan. Lo cual creo que también harán estas, si tú no te ocupas de ellas antes.
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Quizás alguien se atrevería a oponerse a lo dicho, diciendo que intento persuadirte de que te ocupes de asuntos imposibles; pues ni los argivos llegarían a ser amigos de los lacedemonios, ni los lacedemonios de los tebanos, ni en absoluto los acostumbrados a obtener ventajas todo el tiempo llegarían a compartir por igual entre sí.
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Yo, cuando nuestra ciudad dominaba entre los griegos y de nuevo la de los lacedemonios, no creía que nada de esto se llevaría a cabo; pues fácilmente cualquiera de las dos se habría interpuesto en lo que se hacía; pero ahora no he juzgado lo mismo sobre ellas. Pues sé que todas han sido igualadas por las desgracias, de modo que creo que preferirán mucho más los beneficios de la concordia que las ventajas de lo que se hacía entonces.
41
Además, admito que nadie más podría reconciliar a estas ciudades, pero para ti nada de esto es difícil. Pues veo que has realizado muchas de las cosas que a los demás les parecen desesperadas y paradójicas, de modo que no sería extraño si pudieras unirlas tú solo. Y quienes se enorgullecen y se distinguen no deben intentar tales cosas que cualquiera de los comunes podría realizar, sino aquellas que nadie más intentaría excepto los que tienen una naturaleza y un poder similares a los tuyos.
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Me sorprendo de los que consideran imposible que se realice algo de esto, si ni ellos mismos saben ni han oído de otros que han ocurrido muchas guerras terribles, que quienes las disolvieron se convirtieron en causa de grandes bienes para los demás. Pues,¿ qué exceso podría haber de la enemistad que hubo entre los griegos y Jerjes? Cuya amistad todos saben que tanto nosotros como los lacedemonios apreciamos más que la de quienes nos ayudaron a construir el poder a cada uno de nosotros.
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Y,¿ qué necesidad hay de hablar de lo antiguo y de lo que fue contra los bárbaros? Pero si alguien observara y considerara las desgracias de los griegos, no parecerían ser parte de las que nos han ocurrido debido a los tebanos y a los lacedemonios. Pero, no obstante, cuando los lacedemonios hicieron campaña contra los tebanos, y querían dañar a Beocia y destruir las ciudades, nosotros, al ayudar, nos interpusimos a sus deseos;
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y de nuevo, al cambiar la fortuna, y los tebanos y todos los peloponesios intentaron destruir Esparta, nosotros, al hacer una alianza también con ellos, solos de entre los griegos, nos convertimos en causa de su salvación.
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Estaría lleno de mucha insensatez si alguien, al ver que ocurren tales cambios, y que las ciudades no se preocupan ni por enemistades ni por juramentos ni por nada más, excepto por lo que supongan que es beneficioso para ellas, y que solo aman esto y ponen todo su entusiasmo en ello, no creyera que ahora también tendrán la misma opinión, especialmente cuando tú supervisas las reconciliaciones, el beneficio persuade y los males presentes obligan. Pues yo creo que, con esto ayudándote, todo sucederá de manera adecuada.
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Creo que así es como mejor podrías comprender si estas ciudades están dispuestas pacífica o bélicamente entre sí, si exponemos, ni de manera totalmente simple ni demasiado precisa, lo más importante de lo que les ocurre. Y primero consideremos lo de los lacedemonios.
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Pues ellos, que dominaban a los griegos( no hace mucho tiempo) tanto por tierra como por mar, llegaron a tal cambio, después de que fueron derrotados en la batalla de Leuctra, que fueron privados del poder entre los griegos, y perdieron a tales hombres de entre ellos, que preferían morir antes que vivir derrotados por aquellos a quienes antes dominaban.
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Y además de esto, vieron a todos los peloponesios que antes los seguían contra los demás, invadir su propio territorio junto con los tebanos, contra quienes se vieron obligados a arriesgarse no en el campo por los frutos, sino en medio de la ciudad, junto a los mismos archivos, por sus hijos y mujeres, tal peligro que, si no acertaban, perecían inmediatamente,
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y al vencer, no están más liberados de los males, sino que son atacados por los que viven alrededor de su territorio, son desconfiados por todos los peloponesios, son odiados por la multitud de los griegos, y son llevados y traídos tanto de noche como de día por sus propios esclavos, y no dejan pasar ningún tiempo sin hacer campaña contra alguien, o luchar contra alguien, o ayudar a los que perecen de entre ellos.
50
Y lo más grande de los males: pues viven temiendo que los tebanos, tras resolver sus asuntos con los focenses, vuelvan y los rodeen de mayores desgracias que las que han ocurrido antes. Aunque,¿ cómo no hay que pensar que los que están así dispuestos verían con agrado a un hombre capaz de supervisar la paz y capaz de disolver las guerras que tienen?
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A los argivos, pues, podrías verlos haciendo cosas similares a las mencionadas, y teniendo cosas peores que estas; pues luchan desde que habitan la ciudad contra los vecinos, como los lacedemonios, pero difieren tanto en que aquellos luchan contra los inferiores a ellos, y estos contra los superiores; lo cual todos admitirían que es el mayor de los males. Y tienen tanta mala suerte en la guerra que, por poco, cada año ven cómo su propio territorio es cortado y saqueado.
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Y lo que es más terrible de todo: cuando los enemigos dejan de hacerles daño, ellos mismos destruyen a los más ilustres y ricos de los ciudadanos, y al hacer esto se alegran tanto como nadie más al matar a los enemigos. Y la causa de que vivan tan desordenadamente no es otra que la guerra; la cual, si la disuelves, no solo los liberarás de esto, sino que también los harás deliberar mejor sobre los demás asuntos.
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Pero, además, lo de los tebanos tampoco se te oculta. Pues tras vencer en una batalla muy hermosa, y obtener de ella una gran reputación, debido a que no usaron bien las fortunas, no les va mejor que a los derrotados y desafortunados. Pues no terminaron de vencer a los enemigos, y ya molestaban a las ciudades del Peloponeso, se atrevían a esclavizar a Tesalia, amenazaban a los megarenses que son vecinos, privaban a nuestra ciudad de una parte del territorio, saqueaban Eubea y enviaban trirremes a Bizancio como si fueran a gobernar tanto la tierra como el mar.
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Y al final, llevaron la guerra contra los focenses como si fueran a dominar las ciudades en poco tiempo, a ocupar todo el territorio circundante y a obtener los tesoros de Delfos para los gastos de los suyos. De lo cual nada les ha resultado, sino que en lugar de tomar las ciudades de los focenses, han perdido las suyas, y al invadir el territorio de los enemigos, hacen menos daño a aquellos que el que sufren al retirarse al suyo;
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pues en Fócida matan a algunos de los mercenarios, a quienes les resulta más provechoso morir que vivir, y al retirarse, destruyen a los más ilustres de entre ellos y a los que más se atreven a morir por la patria. Y sus asuntos han llegado a tal punto que, habiendo esperado que todos los griegos estarían bajo ellos, ahora tienen en ti las esperanzas de su propia salvación. De modo que creo que también ellos harán rápidamente lo que tú ordenes y aconsejes.
56
Quedaría para nosotros discutir aún sobre nuestra ciudad, si no hubiera sido la primera de las demás en pensar bien y haber hecho la paz. Pero ahora creo que ella también ayudará en lo que tú hagas, especialmente si puede comprender que administras esto antes de la expedición contra el bárbaro.
57
Que no es imposible para ti unir estas ciudades, creo que te ha quedado claro por lo dicho; además, que también realizarás esto fácilmente, creo que te haré saber por muchos ejemplos. Pues si aparecen otros de los que han existido antes que no intentaron cosas más nobles ni más santas que las que hemos aconsejado, pero realizaron cosas mayores y más difíciles que estas,¿ qué quedará para los que contradicen que tú no realizarás más rápido las cosas fáciles que ellos las difíciles?
58
Considera primero lo de Alcibíades. Pues él, al huir de nosotros, y al ver que los demás que estaban antes que él, habiendo sufrido esta desgracia, estaban atemorizados debido a la magnitud de la ciudad, no tuvo la misma opinión que ellos, sino que, pensando que había que intentar volver por la fuerza, eligió luchar contra ella.
59
Sobre cada uno de los hechos de entonces, si alguien intentara hablar, ni podría exponerlo con precisión, y quizás molestaría para el presente; pero puso en tal confusión no solo a la ciudad, sino también a los lacedemonios y a los demás griegos, que nosotros sufrimos lo que todos saben, y los demás cayeron en tales males,
60
que ni siquiera ahora las desgracias que por aquella guerra se han producido en las ciudades han desaparecido, y los lacedemonios, que entonces parecían tener suerte, han caído en las desgracias actuales por causa de Alcibíades;
61
pues al ser persuadidos por él de desear el poder marítimo, perdieron también la hegemonía terrestre, de modo que si alguien dijera que entonces comenzó para ellos el origen de los males actuales, cuando tomaban el inicio del mar, no sería refutado mintiendo. Él, pues, tras ser causa de tales cosas, volvió a la ciudad, obteniendo gran reputación, aunque no siendo elogiado por todos. Conón, no muchos años después, hizo lo contrario a esto.
62
Pues tras tener mala suerte en la batalla naval del Helesponto, no por sí mismo sino por sus colegas, se avergonzó de llegar a casa, y al navegar a Chipre, pasó algún tiempo ocupándose de sus asuntos privados, pero al darse cuenta de que Agesilao había cruzado a Asia con gran poder y saqueaba el territorio, se sintió tan orgulloso,
63
que, sin tener otra fuente que su cuerpo y su pensamiento, esperó vencer a los lacedemonios que gobernaban a los griegos tanto por tierra como por mar, y esto prometía hacerlo enviando a los generales del rey. Y,¿ qué necesidad hay de decir más? Pues al formarse una flota para él cerca de Rodas, y al vencer en la batalla naval, expulsó a los lacedemonios del poder,
64
y liberó a los griegos, y no solo levantó los muros de la patria, sino que también llevó a la ciudad a la misma reputación de la que había caído. Aunque,¿ quién habría esperado que por un hombre que había actuado tan humildemente se transformarían los asuntos de Grecia, y que unas ciudades griegas serían deshonradas y otras prevalecerían?
65
Dionisio, pues( pues quiero que te convenzas por muchos de que es fácil la acción a la que te estoy exhortando), siendo uno de tantos siracusanos tanto por linaje como por reputación y por todo lo demás, al desear la monarquía de manera insensata y loca, y al atreverse a hacer todo lo que conduce a este poder, tomó Siracusa, subyugó todas las ciudades de Sicilia que eran griegas, y se rodeó de tal poder tanto terrestre como naval, como ningún hombre de los que existieron antes que él.
66
Además, Ciro( para que mencionemos también lo de los bárbaros), al ser expuesto por su madre en el camino, y al ser recogido por una mujer persa, llegó a tal cambio que se convirtió en señor de toda Asia.
67
Donde Alcibíades siendo un exiliado, Conón habiendo tenido mala suerte, Dionisio no siendo ilustre, y Ciro habiendo tenido un nacimiento tan lamentable desde el principio, llegaron a tanto y realizaron tales cosas,¿ cómo no debes esperar tú, que has nacido de tales antepasados, que reinas en Macedonia y que eres señor de tantos, que unirás fácilmente lo dicho anteriormente?
68
Considera cómo es digno intentar tales obras, en las cuales, al acertar, establecerás tu propia reputación como rival de los que han sido los primeros, y al fallar en la expectativa, al menos ganarás la buena voluntad de los griegos, lo cual es mucho más noble obtener que tomar por la fuerza muchas ciudades griegas; pues tales obras tienen envidia, enemistad y muchas blasfemias, y en lo que hemos aconsejado no hay nada de esto. Pero si alguno de los dioses te diera a elegir con qué tipo de cuidado y ocupación desearías pasar la vida, no elegirías ninguna, si me usaras como consejero, más que esta.
69
Pues no solo serás envidiado por los demás, sino que tú mismo te considerarás afortunado. Pues,¿ qué exceso podría haber de tal felicidad, cuando lleguen embajadores de las ciudades más grandes, los que más reputación tienen, a tu poder, y junto con ellos delibere sobre la salvación común, sobre la cual nadie más aparecerá que haya tenido tal preocupación,
70
y sientas que toda Grecia está atenta a lo que tú estás proponiendo, y nadie sea indiferente a lo que tú arbitras, sino que unos pregunten sobre ello donde estén, otros deseen que no falles en lo que has deseado, y otros teman que te pase algo antes de poner fin a lo que se está haciendo?
71
Al ocurrir esto,¿ cómo no te sentirías orgulloso razonablemente?¿ Y cómo no pasarías la vida muy alegre, sabiendo que te has convertido en supervisor de tales asuntos?¿ Y quién de los que razonan incluso moderadamente no te aconsejaría elegir estas acciones más que otras, las que pueden traer a la vez, como frutos, placeres desbordantes y honores imborrables?
72
Ya me habría bastado con lo dicho anteriormente sobre esto, si no hubiera omitido algún argumento, no por falta de memoria sino por vacilación al decirlo, el cual creo que ahora voy a exponer; pues creo que te conviene escuchar sobre ello, y a mí me corresponde hacer los discursos con franqueza( como estoy acostumbrado).
73
Pues me doy cuenta de que eres objeto de calumnias por parte de quienes te envidian y están acostumbrados a sumir sus propias ciudades en el caos, y que consideran que la paz, común para los demás, es una guerra para sus propios intereses; ellos, descuidando todo lo demás, hablan de tu poder, diciendo que no crece en favor de Grecia, sino contra ella, y que desde hace mucho tiempo estás conspirando contra todos nosotros,
74
y que de palabra pretendes ayudar a los mesenios si arreglas los asuntos de los focidios, pero que de hecho intentas someter al Peloponeso bajo tu mando; y que tienes a los tesalios, a los tebanos y a todos los que participan de la Anfictionía dispuestos a seguirte, y a los argivos, mesenios, megalopolitanos y a muchos otros dispuestos a hacer la guerra contigo y a expulsar a los lacedemonios; y que, si logras esto, dominarás fácilmente también al resto de los griegos.
75
Al decir estas tonterías y afirmar que lo saben con exactitud, y al resolverlo todo rápidamente con sus palabras, convencen a muchos, especialmente a aquellos que desean los mismos males que los que inventan estas historias, y luego también a los que no usan ningún razonamiento sobre los asuntos comunes, sino que se muestran totalmente insensibles y muy agradecidos a quienes fingen sentir miedo y temor por ellos, y además a aquellos que no desaprueban que parezca que conspiras contra los griegos, sino que consideran que esta acusación es digna de ser deseada.
76
Estos están tan lejos de tener juicio que no saben que uno podría usar las mismas palabras para dañar a unos y beneficiar a otros. Por ejemplo, incluso ahora, si alguien dijera que el rey de Asia conspira contra los griegos y se ha preparado para hacer la guerra contra nosotros, no diría nada malo sobre él, sino que lo haría parecer más varonil y digno de mayor estima; pero si lanzara esta acusación contra alguien de los descendientes de Heracles, quien se convirtió en benefactor de toda Grecia, lo sumiría en la mayor vergüenza.
77
Pues,¿ quién no se indignaría y odiaría si pareciera que conspira contra aquellos por quienes su antepasado eligió arriesgarse, y no intentara preservar la benevolencia que aquel dejó a sus descendientes, sino que, descuidando esto, deseara acciones vergonzosas y malvadas?
78
Al reflexionar sobre esto, debes evitar permitir que tal reputación se adhiera a ti, la cual tus enemigos buscan imponerte, mientras que no hay ninguno de tus amigos que no se atrevería a hablar en tu defensa. Y, sin embargo, sobre lo que te conviene, podrías ver la verdad más claramente en las opiniones de ambos grupos.
79
Quizás, pues, supongas que es pusilanimidad preocuparse por los que calumnian y dicen tonterías, y por los que se dejan convencer por ellos, especialmente cuando tú mismo no eres consciente de haber cometido ninguna falta. Pero no debes despreciar a la multitud, ni considerar insignificante el tener buena reputación ante todos, sino considerar que tienes una gloria hermosa, grande y digna de ti, de tus antepasados y de lo que ustedes han realizado,
80
cuando dispongas a los griegos de tal manera como ves que los lacedemonios se comportan con sus propios reyes y tus aliados contigo. Y no es difícil lograr esto, si deseas ser común para todos y dejas de estar bien dispuesto hacia unas ciudades y mal dispuesto hacia otras, y además si eliges realizar acciones tales que te hagan fiel a los griegos y temible para los bárbaros.
81
Y no te sorprendas, tal como escribí también a Dionisio cuando obtuvo la tiranía, si, sin ser estratega, ni orador, ni poderoso de otro modo, te he hablado con más audacia que los demás. Pues yo, para participar en la política, resulté ser el menos apto de los ciudadanos( ya que no tuve una voz suficiente ni una audacia capaz de tratar con la multitud y ensuciarme y ser insultado por los que se revuelcan en la tribuna),
82
pero en cuanto a pensar bien y estar bien educado, aunque alguien diga que lo dicho es algo rústico, lo disputo, y me colocaría no entre los rezagados, sino entre los que superan a los demás. Por eso intento aconsejar de esta manera, en la que he nacido y puedo, tanto a la ciudad como a los griegos y a los hombres más ilustres.
83
Sobre mis asuntos y lo que debes hacer respecto a los griegos, casi has escuchado; sobre la expedición a Asia, aconsejaremos a las ciudades que dije que debías reconciliar cómo deben hacer la guerra contra los bárbaros cuando las veamos en concordancia, pero ahora dirigiré mis palabras a ti, no teniendo la misma intención que en aquella edad cuando escribía sobre este mismo tema.
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Entonces, en efecto, exhortaba a quienes me escuchaban a reírse de mí y despreciarme si no parecía exponer el tema dignamente, tanto por los hechos como por mi propia gloria y el tiempo dedicado al discurso; pero ahora temo que mi discurso resulte mucho más inferior que todo lo dicho anteriormente. Pues, además de otras cosas, el discurso panegírico, que hizo más capaces a los otros que se dedican a la filosofía, me ha causado mucha dificultad; pues no quiero decir lo mismo que está escrito en aquel, ni puedo buscar cosas nuevas.
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Sin embargo, no hay que desistir, sino decir sobre lo que me propuse, lo que sea que se me ocurra y convenga para persuadirte de hacer esto. Pues incluso si omito algo y no puedo escribir de la misma manera que lo publicado anteriormente, creo que al menos esbozaré con elegancia para aquellos que son capaces de elaborar y trabajar a fondo.
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Creo, pues, haber hecho el comienzo de todo el discurso, el cual conviene a quienes persuaden a hacer la expedición contra Asia. Pues no se debe hacer nada antes de que uno consiga a los griegos, ya sea luchando juntos o teniendo mucha benevolencia hacia lo que se hace. De esto, Agesilao, quien parecía ser el más sensato de los lacedemonios, se despreocupó,
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no por maldad, sino por ambición. Pues tuvo dos deseos, ambos hermosos, pero que no concordaban entre sí ni podían realizarse al mismo tiempo. Pues elegía hacer la guerra al rey y llevar a sus aliados a sus propias ciudades y hacerlos dueños de los asuntos. Por lo tanto, sucedía que, por la gestión en favor de los aliados, los griegos estaban en males y peligros, y por el caos que ocurría aquí, no tenían tiempo libre ni podían hacer la guerra a los bárbaros.
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De modo que, por los errores cometidos en aquel tiempo, es fácil comprender que quienes deliberan correctamente no deben declarar la guerra al rey antes de que alguien reconcilie a los griegos y los detenga de la locura que ahora les aqueja; lo cual también nosotros te hemos aconsejado.
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Sobre esto, pues, nadie de los sensatos se atrevería a contradecir; pero creo que, si a otros les pareciera aconsejar sobre la expedición a Asia, caerían en esta exhortación, diciendo que a todos los que intentaron hacer la guerra contra el rey les sucedió pasar de ser desconocidos a ser brillantes, de pobres a ricos, y de humildes a dueños de mucha tierra y ciudades.
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Yo, sin embargo, no pretendo exhortarte a partir de tales ejemplos, sino de los que parecen haber tenido mala suerte, me refiero a los que hicieron la expedición con Ciro y Clearco. Pues se admite que aquellos vencieron luchando contra todo el poder del rey tanto como si hubieran combatido contra sus mujeres, pero que, cuando ya parecían dueños de los asuntos, tuvieron mala suerte debido a la precipitación de Ciro; pues, estando muy alegre y persiguiendo mucho más adelante que los demás, murió al quedar en medio de los enemigos.
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Pero, a pesar de haber ocurrido tal desgracia, el rey despreció tanto el poder que lo rodeaba que, tras invitar a Clearco y a los otros líderes a parlamentar, y prometiéndoles dar grandes recompensas, y habiendo pagado el salario completo a los otros soldados para enviarlos de vuelta, habiéndolos atraído con tales esperanzas y dado las mayores garantías de las que allí se acostumbran, los capturó y mató, y prefirió pecar contra los dioses antes que enfrentarse a los soldados, estando estos tan desamparados.
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De modo que,¿ qué exhortación podría ser más hermosa y más digna de confianza que esta? Pues parece que también aquellos habrían vencido los asuntos del rey si no fuera por Ciro. Y para ti, no es difícil evitar la desgracia que ocurrió entonces, y es fácil preparar un ejército mucho mejor que el que venció el poder de aquel. Y, sin embargo, habiendo ocurrido ambas cosas,¿ cómo no se debe tener confianza al realizar esta expedición?
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Y que nadie suponga que quiero ocultar que he expresado algunas de estas cosas de la misma manera que antes. Pues, al detenerme en las mismas ideas, elegí no esforzarme por decir de otra manera lo que ya estaba bien expuesto; pues si estuviera haciendo una demostración, intentaría evitar todo esto,
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pero al aconsejarte a ti, sería un necio si dedicara más tiempo a la expresión que a las acciones, y además si, viendo a otros usar mis palabras, yo mismo me abstuviera de lo que dije anteriormente. Por lo tanto, podría usar mis propias palabras si en algún lugar urge mucho y es apropiado, pero no aceptaría nada de otros, tal como tampoco en el tiempo pasado.
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Esto, pues, es así; pero me parece que después de esto debemos hablar sobre la preparación, tanto la que tú tendrás como la que tuvieron aquellos. Lo más importante, pues, es que tú tendrás a los griegos benevolentes, si deseas mantenerte en lo dicho sobre esto, mientras que ellos, debido a las decarquías de los lacedemonios, eran lo más hostiles posible. Pues pensaban que si Ciro y Clearco tenían éxito, serían aún más esclavos, mientras que si el rey vencía, se librarían de los males presentes; lo cual también les sucedió.
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Y, además, tú obtendrás soldados de inmediato tantos como desees; pues los asuntos de Grecia están de tal manera que es más fácil formar un ejército mayor y mejor de los que vagan que de los que participan en la política; en aquellos tiempos no había mercenarios, de modo que, al verse obligados a reclutar mercenarios de las ciudades, gastaban más en las recompensas dadas a los reclutadores que en el salario de los soldados.
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Y, además, si quisiéramos examinar y comparar a ti, que ahora vas a dirigir la expedición y deliberar sobre todo, y a Clearco, que estuvo al frente de los asuntos de entonces, encontraremos que aquel nunca antes había estado al mando de ningún poder, ni naval ni terrestre, sino que se hizo famoso a partir de la desgracia que le ocurrió en el continente,
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mientras que tú has realizado tantas y tan grandes cosas; sobre las cuales, si estuviera hablando ante otros, estaría bien exponerlas, pero al hablar contigo, si te expusiera tus propias acciones, con razón parecería a la vez necio y entrometido.
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Es digno de mencionar también a ambos reyes, contra quien te aconsejo hacer la expedición y contra quien Clearco hizo la guerra, para que conozcas la intención y el poder de cada uno. El padre de este, pues, derrotó a nuestra ciudad y de nuevo a la de los lacedemonios, pero este nunca ha vencido a ninguno de los ejércitos que dañan su país.
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Luego, aquel recibió toda Asia de los griegos en los tratados, mientras que este está tan lejos de gobernar a los demás que ni siquiera es dueño de las ciudades que le fueron entregadas. De modo que no hay nadie que no se preguntaría si debe considerar que este se ha alejado de ellas por cobardía, o que aquellas han despreciado y menospreciado el poder bárbaro.

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