Jerome

Reader

Read texts in the original and in translation.
Settings
Not signed in
Find in Jerome
You can also type short locations such as 1, 1.1, 1:2, or 1-3 inside the current work.
To the Children of Jason
IsocratesJaso 1 · spanish-geminiMore by Isocrates
Choose a text id="mobileReaderAuthor" class="mobile-reader-author" href="/authors/isocrates" aria-label="More works by Isocrates"> —
⋯
More
Original / primary: Spanish Gemini
1
Alguien de los que fueron enviados como embajadores ante ustedes me comunicó que, tras llamarlo a solas, le preguntaron si yo estaría dispuesto a viajar y pasar un tiempo con ustedes. Por mi parte, debido a la hospitalidad de Jasón y Polialces, iría con gusto a verlos; pues creo que la conversación que mantendríamos nos sería provechosa a todos. Pero, en realidad, muchos obstáculos me lo impiden,
2
principalmente el no poder viajar y el hecho de que no es apropiado para alguien de mi edad ser huésped; y, en segundo lugar, porque todos los que se enteraran de mi viaje me despreciarían con razón si, habiendo elegido pasar el resto de mi vida en tranquilidad, intentara viajar al llegar a la vejez, cuando lo lógico sería, incluso si antes hubiera pasado el tiempo en otro lugar, apresurarme ahora a volver a casa, estando mi fin tan próximo.
3
Además de esto, temo también por la ciudad; pues hay que decir la verdad. Veo que las alianzas que se establecen con ella se disuelven rápidamente. Si ocurriera algo así también con ustedes, incluso si pudiera evitar las causas y los peligros, lo cual es difícil, me avergonzaría, ya sea que por causa de la ciudad algunos de ustedes pensaran que los descuido, o que por causa de ustedes pensaran que desprecio a la ciudad. Y al no ser común el interés, no sé cómo podría complacer a ambos. Estas son, pues, las razones por las que no me es posible hacer lo que deseo.
4
Sin embargo, no creo que por haber escrito sobre mis propios asuntos deba descuidar los de ustedes, sino que intentaré exponer ahora, sobre estos mismos temas, lo que habría discutido de haber estado presente con ustedes. No supongan nada parecido a que escribí esta carta no por causa de su hospitalidad, sino por el deseo de hacer una exhibición. Pues no he llegado a tal grado de locura como para ignorar que no podría escribir nada mejor que lo que ya ha sido difundido, estando tan lejos de mi plenitud, y que, al presentar algo peor, obtendría una reputación mucho más mediocre de la que ya poseemos.
5
Además, si hubiera puesto mi atención en una exhibición y no estuviera interesado en ustedes, no habría elegido este tema de entre todos, sobre el cual es difícil hablar con propiedad, sino que habría encontrado otros mucho más bellos y con mayor contenido. Pero, en realidad, ni antes ni nunca me he sentido ambicioso por estas cosas, sino más bien por otras que han pasado inadvertidas para la mayoría, ni ahora he emprendido esto con esa intención,
6
sino al verlos a ustedes inmersos en muchos y grandes asuntos, y deseando yo mismo manifestar la opinión que tengo sobre ellos. Considero que tengo la madurez para aconsejar, pues las experiencias educan a quienes tienen esta edad y los hacen capaces, más que a los demás, de discernir lo mejor; pero hablar sobre los temas propuestos de manera elegante, artística y elaborada ya no es propio de mi edad, sino que me daría por satisfecho si no hablara de ellos de manera totalmente deslucida.
7
No se sorprendan si parezco decir algo de lo que ya han oído antes; pues tal vez me encuentre con ello involuntariamente, o bien, sabiéndolo de antemano, lo incluya si fuera apropiado para el discurso; pues sería absurdo que, viendo a los demás usar mis propias palabras, yo mismo fuera el único en abstenerme de lo que he dicho anteriormente. Y he dicho esto por esta razón, porque lo primero que voy a exponer es uno de los temas trillados.
8
Pues estoy acostumbrado a decir a quienes se dedican a nuestra filosofía que lo primero que hay que considerar es qué es lo que se debe lograr con el discurso y con las partes del discurso; y una vez que hayamos descubierto y precisado esto, digo que hay que buscar las ideas mediante las cuales se realizarán estas cosas y se alcanzará el fin que nos propusimos. Y esto lo digo respecto a los discursos, pero es un principio aplicable tanto a todos los demás asuntos como a los de ustedes. Pues nada puede hacerse con sensatez,
9
si primero no reflexionan y deliberan con mucha previsión sobre cómo deben dirigir el resto de su tiempo, qué vida elegir, a qué reputación aspirar y cuál de los honores preferir, si los que provienen de ciudadanos voluntarios o los que provienen de ciudadanos involuntarios; y, una vez determinados estos puntos, entonces sí deben considerar las acciones de cada día, para que contribuyan a los propósitos establecidos desde el principio.
10
Y buscando y filosofando de esta manera, como si hubiera un blanco fijado, apuntarán con el alma y alcanzarán mejor lo que es conveniente; pero si no establecen tal propósito y tratan de hacer lo que se presenta, es inevitable que sus pensamientos se extravíen y se equivoquen en muchas cosas.
11
Quizás, por tanto, alguien de los que han elegido vivir al azar intentaría ridiculizar tales razonamientos, pero exigiría que yo aconsejara ya sobre lo dicho anteriormente. Por lo tanto, no hay que dudar en manifestar lo que opino al respecto. Pues a mí me parece que la vida de los ciudadanos privados es más preferible y mejor que la de los tiranos, y considero que los honores en las repúblicas son más agradables que los de las monarquías; y sobre esto intentaré hablar.
12
Aunque no se me oculta que tendré muchos opositores, y especialmente los que están a su alrededor. Pues creo que no son ellos quienes menos los incitan a la tiranía; ya que no observan en todas partes la naturaleza del asunto, sino que se engañan mucho a sí mismos. Pues ven los poderes, las ganancias y los placeres, y esperan disfrutar de ellos, pero no contemplan las perturbaciones, los miedos y las desgracias que sobrevienen a los gobernantes y a sus amigos, sino que les ha ocurrido lo mismo que a quienes emprenden las más vergonzosas e ilegales de las acciones.
13
Pues también ellos no ignoran la maldad de los asuntos, pero esperan que, todo lo que hay de bueno en ellos, eso lo obtendrán, y que evitarán todos los males terribles que conlleva el asunto, y que administrarán sus propios asuntos de tal manera que estarán lejos de los peligros y cerca de los beneficios.
14
A quienes tienen esta mentalidad, pues, envidio su despreocupación, pero yo mismo me avergonzaría si, al aconsejar a otros, descuidara eso y buscara lo que me es conveniente a mí mismo, y no, dejando de lado por completo mis propios intereses y todos los demás, aconsejara lo mejor. Así pues, como alguien que tiene esta opinión, préstenme atención.

Intertext edge

Open linked passage

Note