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IsocratesTrap 1 · spanish-geminiMore by Isocrates
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Original / primary: Spanish Gemini
1
El litigio que tengo ante mí es importante, señores jueces. Pues no solo me arriesgo a perder una gran suma de dinero, sino también a que parezca que codicio injustamente lo ajeno, algo que considero de la mayor importancia. Pues, aunque me quede un patrimonio suficiente incluso si me privan de estos bienes, si pareciera que reclamo tal cantidad de dinero sin que me corresponda, mi reputación quedaría manchada para toda la vida.
2
Es, señores jueces, lo más difícil de todo enfrentarse a adversarios como estos. Pues los contratos con quienes trabajan en los bancos se realizan sin testigos, y quienes son víctimas de injusticias se ven obligados a arriesgarse frente a personas que poseen muchos amigos, manejan grandes sumas de dinero y parecen ser dignas de confianza debido a su oficio. Sin embargo, aun existiendo estas circunstancias, creo que demostraré a todos que Pasión me está privando de mi dinero.
3
Desde el principio, pues, les relataré los hechos tal como pueda. Pues mi padre, señores jueces, es Sopayo, a quien todos los que navegan hacia el Ponto conocen por su estrecha relación con Sátiro, hasta el punto de gobernar un gran territorio y ocuparse de todo el poder de aquel.
4
Al enterarme también sobre esta ciudad y sobre el resto de Grecia, deseé viajar. Mi padre, tras cargar dos naves con grano y darme dinero, me envió tanto para comerciar como para conocer el país; y habiéndome presentado Pitodoro el Fenicio a Pasión, utilicé su banco.
5
Tiempo después, al surgir una calumnia contra Sátiro de que mi padre conspiraba contra su gobierno y que yo me reunía con los exiliados, él arresta a mi padre y envía instrucciones a los que residían aquí desde el Ponto para que recibieran el dinero de mi parte y le ordenaran navegar hacia allá; y si no hacía nada de esto,
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que se lo reclamaran a ustedes. Estando en tales desgracias, señores jueces, le cuento a Pasión mis infortunios; pues estaba tan estrechamente relacionado con él que no solo confiaba en él para el dinero, sino también para todo lo demás. Pensaba que si entregaba todo el dinero, me arriesgaba a que, si a él le pasaba algo, al verme privado tanto de lo de aquí como de lo de allá, me quedaría sin nada; y si, admitiendo que el dinero era de Sátiro, no lo entregaba, me expondría a mí y a mi padre a las mayores calumnias ante Sátiro.
7
Al deliberar, pues, nos pareció mejor aceptar hacer todo lo que Sátiro ordenaba, entregar los bienes visibles, y respecto a los que estaban depositados en poder de este, no solo negarlos, sino también aparentar que yo le debía dinero tanto a él como a otros con intereses, y hacer todo lo posible para que ellos estuvieran convencidos de que yo no tenía dinero.
8
En aquel momento, señores jueces, creía que Pasión me aconsejaba todo esto por benevolencia; pero cuando hube resuelto el asunto con los enviados de Sátiro, comprendí que conspiraba contra mis bienes. Pues, queriendo yo recuperar lo mío y navegar hacia Bizancio, este, pensando que se le había presentado la mejor oportunidad— ya que el dinero depositado en su poder era mucho y digno de desvergüenza, y yo, ante muchos testigos, había negado poseer nada, y al ser reclamado por todos, admitía ante otros que debía dinero—
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y además de esto, señores jueces, pensaba que si intentaba quedarme aquí, sería entregado por la ciudad a Sátiro, y si me dirigía a otro lugar, no le importaría nada lo que yo dijera, y si navegaba hacia el Ponto, moriría junto con mi padre; calculando esto, planeaba privarme del dinero. Y ante mí fingía estar en apuros en ese momento y no poder devolverlo; pero cuando, queriendo saber claramente el asunto, le envío a Filomelo y a Menexeno para reclamárselo, él les niega tener nada de lo mío.
10
Y al sobrevenirme tantas desgracias por todas partes,¿ qué opinión creen que tenía yo, a quien le resultaba que, si callaba, este me privaba del dinero, y si hablaba, no recuperaba nada, y además exponía a mi padre y a mí mismo a la mayor calumnia ante Sátiro? Por tanto, consideré que lo mejor era guardar silencio.
11
Después de esto, señores jueces, llegan quienes me anuncian que mi padre ha sido liberado y que Sátiro se arrepiente tanto de todo lo sucedido que le ha dado las mayores garantías, ha hecho su gobierno aún más grande de lo que era antes y ha tomado a mi hermana como esposa para su hijo. Al enterarse de esto Pasión, y sabiendo que ya actuaría abiertamente sobre mis asuntos, hace desaparecer a Kitto, el esclavo que estaba al tanto del dinero.
12
Y cuando yo, al acercarme, se lo reclamé, pensando que esto sería la prueba más clara de lo que yo denunciaba, cuenta una historia terrible, diciendo que Menexeno y yo, tras corromperlo y convencerlo mientras estaba sentado en el banco, habíamos tomado seis talentos de plata de él; y para que no hubiera ninguna prueba ni tortura sobre ellos, decía que nosotros, tras hacer desaparecer al esclavo, le reclamábamos a él y exigíamos a aquel a quien nosotros mismos habíamos hecho desaparecer. Y diciendo esto, indignado y llorando, me arrastró ante el polemarco, pidiendo fiadores, y no me soltó hasta que le puse fiadores por seis talentos. Y llámame a los testigos de esto. Testigos
13
Han escuchado a los testigos, señores jueces; yo, habiendo perdido ya mis bienes y teniendo las acusaciones más vergonzosas sobre mí, me fui al Peloponeso a buscar, y Menexeno encuentra al esclavo aquí, y tras capturarlo, exigió que fuera torturado tanto por el depósito como por lo que este nos acusó.
14
Pasión llegó a tal grado de audacia que lo reclamaba como si fuera libre, y no se avergonzaba ni temía, al mismo a quien decía que nosotros habíamos esclavizado y de quien decía que teníamos tanto dinero, reclamarlo para la libertad e impedir que fuera torturado. Y lo que es más terrible de todo: mientras Menexeno lo ponía bajo fianza ante el polemarco, Pasión lo avaló por siete talentos. Y suban a testificar esto. Testigos
15
Habiendo hecho esto, señores jueces, pensando que en lo pasado había errado claramente, pero creyendo que con lo que quedaba lo rectificaría, se nos acercó diciendo que estaba dispuesto a entregar al esclavo para ser torturado. Tras elegir a los torturadores, nos reunimos en el Hefesteo. Y yo exigía que azotaran al entregado y lo estiraran hasta que les pareciera que decía la verdad; pero este Pasión decía que no debíamos elegir a verdugos públicos, sino que pedía preguntar al esclavo de palabra,
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si querían algo. Y como estábamos en desacuerdo, los propios torturadores dijeron que no lo torturarían, pero decidieron que Pasión me entregara al esclavo. Pero este evitaba tanto la tortura que no quería obedecerles respecto a la entrega, y estaba dispuesto a pagar el dinero si lo condenaban. Y llámame a los testigos de esto. Testigos
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Puesto que, tras las reuniones, señores jueces, todos lo condenaban por actuar injustamente y hacer cosas terribles, al ser él quien, tras hacer desaparecer al esclavo que yo decía que estaba al tanto del dinero, primero lo acusaba de haber sido hecho desaparecer por nosotros, luego, al ser capturado, impedía que fuera torturado como si fuera libre, y después de esto, tras entregarlo como esclavo y elegir torturadores, de palabra pedía torturarlo, pero en la práctica no lo permitía, por esto, pensando que no tenía ninguna salvación si entraba ante ustedes, me enviaba a pedir que fuera a un templo a reunirme con él.
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Y cuando fuimos a la Acrópolis, cubriéndose el rostro lloraba y decía que se vio obligado por la necesidad a negarlo, pero que en poco tiempo intentaría devolver el dinero; me pedía que lo perdonara y ocultara la desgracia, para que no se hiciera evidente que, al aceptar depósitos, había cometido tales errores. Pensando que se arrepentía de lo hecho, accedí y le pedí que encontrara la manera que quisiera para que a él le fuera bien y yo recuperara lo mío.
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Al tercer día, tras reunirnos, nos dimos garantías mutuas de que, en efecto, guardaríamos silencio sobre lo sucedido, lo cual él rompió, como ustedes mismos sabrán al avanzar el discurso, y aceptó navegar conmigo al Ponto y devolverme allí el oro, para que lo más lejos posible de esta ciudad resolviera el contrato, y nadie de aquí supiera el modo de la liquidación, y una vez que él hubiera zarpado, pudiera decir lo que quisiera; y si no hacía esto, confiaba el arbitraje a Sátiro, con la condición de que lo condenara a pagar el dinero y medio.
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Tras redactar esto y llevar a la Acrópolis a Pirón de Feras, un hombre acostumbrado a navegar al Ponto, le dimos el documento para que lo guardara, ordenándole que, si nos reconciliábamos, quemara el documento, y si no, que se lo entregara a Sátiro.
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Nuestros asuntos, pues, señores jueces, se habían resuelto así; pero Menexeno, enfurecido por la acusación que Pasión también le había hecho a él, tras presentar una demanda, reclamaba a Kitto, considerando que Pasión, al mentir, debía sufrir el mismo castigo que él habría recibido si hubiera resultado que había hecho algo de esto. Y este, señores jueces, me pedía que convenciera a Menexeno, diciendo que no ganaría nada si, tras navegar al Ponto, devolvía el dinero según lo escrito, pero él mismo quedaba igualmente en ridículo aquí; pues el esclavo, si es torturado, confesará la verdad sobre todo.
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Yo exigía que hiciera lo que quisiera con Menexeno, pero que conmigo cumpliera lo acordado. En aquel tiempo, pues, estaba humillado, sin saber qué hacer con sus propias desgracias. Pues no solo temía por la tortura y aquel juicio que se había presentado, sino también por el documento, para que no fuera capturado por Menexeno.
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Al estar en apuros y no encontrar otra salida, tras convencer a los hijos del extranjero, destruye el documento que Sátiro debía recibir si este no me liquidaba. Y no tardó en hacer esto y se volvió el más audaz de todos los hombres, y decía que no navegaría conmigo al Ponto ni que tenía ningún contrato conmigo, y pedía abrir el documento ante testigos.¿ Para qué les diría mucho, señores jueces? Pues se encontró en el documento escrito que yo lo había liberado de todas las reclamaciones.
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He dicho todo lo sucedido, tan exactamente como pude. Y creo, señores jueces, que Pasión basará su defensa en el documento destruido y se apoyará principalmente en esto. Por tanto, presten atención: pues creo que a partir de esto mismo les haré evidente su maldad.
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Primero, observen esto. Pues cuando entregamos el contrato al extranjero, según el cual él dice haber sido liberado de las reclamaciones, y yo, como debía recuperar el oro de él, ordenamos al extranjero que, si nos reconciliábamos, quemara el documento, y si no, que se lo entregara a Sátiro; y ambos admitimos que esto fue dicho por los dos.
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Y sin embargo,¿ qué sentido tenía, señores jueces, ordenar entregar el documento a Sátiro si no nos reconciliábamos, si Pasión ya estaba liberado de las reclamaciones y el asunto estaba terminado para nosotros? Pero es evidente que hicimos estos acuerdos porque aún nos quedaban asuntos pendientes, sobre los cuales él debía liquidar conmigo según el documento.
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Después, yo, señores jueces, puedo decir las razones por las que él aceptó devolver el oro; pues cuando nosotros nos liberamos de las calumnias ante Sátiro y él no pudo hacer desaparecer a Kitto, el que estaba al tanto del depósito, pensando que si entregaba al esclavo para ser torturado,
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quedaría evidente que actuaba con maldad, y si no hacía esto, perdería el juicio, quiso hacer una liquidación conmigo. Y pídanle a este que demuestre qué ganaba o qué peligro temía al liberarlo de las reclamaciones. Y si no tiene nada de esto que mostrarles,¿ cómo no habrían de creerme a mí más que a él sobre el documento?
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Y además, señores jueces, es fácil para todos saber que yo, que reclamaba, si temía las pruebas, podía no haber hecho ningún acuerdo y dejar el asunto; pero para él, debido a la tortura y a los juicios ante ustedes, no era posible liberarse de los peligros cuando quisiera, a menos que me convenciera a mí, el reclamante. Así que no era yo quien debía hacer acuerdos sobre la liberación, sino él sobre la devolución del dinero. Y además, esto es extraordinario,
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si antes de redactar el documento desconfiaba tanto de los asuntos que no solo liberé a Pasión de las reclamaciones, sino que también hice acuerdos sobre ellos, y cuando redacté tal prueba contra mí mismo, entonces deseé entrar ante ustedes. Y sin embargo,¿ quién deliberaría así sobre sus propios asuntos?
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Y la mayor prueba de todas de que Pasión no estaba liberado en los acuerdos, sino que había aceptado devolver el oro, es que cuando Menexeno le presentó la demanda, sin haber sido destruido aún el documento, enviaba a Agirio, que era amigo de ambos, pidiendo que yo o Menexeno lo liberáramos o que anuláramos los acuerdos hechos con él.
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Y sin embargo, señores jueces,¿ creen que él desearía que se anularan estos acuerdos, a partir de los cuales iba a demostrar que mentíamos? Por tanto, no es que dijera estas palabras una vez que fueron modificados, sino que para todo recurría a ellos y pedía abrir el documento. Como prueba de que al principio buscaba anular los acuerdos, presentaré al propio Agirio testificando. Y sube. Testimonio
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Que hicimos los acuerdos no como Pasión intentará decir, sino como yo les he dicho a ustedes, considero que ha quedado suficientemente demostrado. Y no es digno de asombro, señores jueces, que destruyera el documento, no solo por esto, porque muchas cosas así han sucedido ya, sino porque algunos de los que tratan con Pasión han hecho cosas mucho peores que estas. Pues a Pitodoro, el llamado escenita, que dice y hace todo en nombre de Pasión,¿ quién de ustedes no sabe que el año pasado abrió las urnas y sacó a los jueces que habían sido introducidos por el Consejo?
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Y sin embargo, quien por pequeñas cosas y arriesgando su propia vida se atrevió a abrir estas, que estaban selladas por los coregos, guardadas por los tesoreros y depositadas en la Acrópolis,¿ por qué hay que asombrarse si modificaron un documento depositado en poder de un extranjero, esperando ganar tanto dinero, ya sea convenciendo a sus hijos o ingeniándoselas de otra manera que pudieron? Sobre esto, pues, no sé qué más decir.
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Y Pasión ya ha intentado convencer a algunos de que yo no tenía dinero aquí en absoluto, diciendo que pedí prestados trescientos estateros a Stratocles. Es digno, pues, escuchar también sobre esto, para que entiendan con qué pruebas se atreve a privarme del dinero. Pues yo, señores jueces, cuando Stratocles iba a navegar al Ponto, queriendo sacar de allí la mayor cantidad posible de dinero, le pedí a Stratocles que me dejara su oro y que lo recuperara en el Ponto de mi padre,
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pensando que ganaba mucho si el dinero no corría peligro durante la navegación, especialmente porque los lacedemonios gobernaban el mar en aquel tiempo. Para este, pues, no creo que esto sea ninguna señal de que yo no tenía dinero aquí. Pero para mí serán las mayores pruebas los hechos realizados con Stratocles, de que yo tenía oro en poder de este.
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Pues cuando Stratocles preguntaba quién le devolvería el dinero si mi padre no cumplía lo ordenado y él, tras navegar, no me encontraba aquí, le presenté a Pasión, y este aceptó devolverle tanto el capital como los intereses que se generaran. Y sin embargo, si no hubiera nada mío depositado en su poder,¿ creen que se habría convertido tan fácilmente en mi fiador por tanto dinero? Y suban, testigos. Testigos
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Quizás, pues, señores jueces, también les presentará testigos de esto, de que negué ante los que actuaban en nombre de Sátiro poseer nada más que lo que les entregaba, y de que él mismo se apoderaba de mi dinero admitiendo yo que debía trescientas dracmas, y que permitía que Hipolaidas, un extranjero amigo mío, pidiera prestado a este.
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Yo, señores jueces, al verme en las desgracias que les he relatado, privado de todo lo que tenía en casa, obligado a entregar lo que tenía aquí a los que venían, y sin quedarme nada, a menos que pudiera ocultar y conservar el oro depositado en poder de este, admito haberle admitido a él también trescientas dracmas y haber hecho y dicho sobre lo demás cosas que pensaba que convencerían a aquellos de que no tenía nada.
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Y que esto no se hacía por necesidad, sino para que ellos confiaran en mí, lo sabrán fácilmente. Pues primero les presentaré testigos que saben que mucho dinero mío fue traído del Ponto, luego a quienes me veían usar el banco de este, y además a aquellos a quienes compré oro en aquel tiempo por más de mil estateros.
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Además de esto, al ordenársenos una contribución y haber otros encargados de la lista, yo aporté la mayor cantidad de los extranjeros, y al ser elegido yo mismo, me inscribí la mayor contribución, y en nombre de Pasión pedí a los otros encargados, diciendo que él utiliza mi dinero. Y suban, testigos. Testigos
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Al propio Pasión, pues, lo presentaré en la práctica testificando junto con ellos. Pues un mercante, en el que yo había dado mucho dinero, fue denunciado por alguien como si fuera de un hombre de Delos. Al disputar yo y exigir que lo bajaran, los que querían calumniar dispusieron al Consejo de tal manera que, al principio, estuve a punto de morir sin juicio, pero al final se convencieron de aceptar fiadores de mi parte.
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Y Filipo, siendo mi amigo paterno, tras ser llamado y responder, temiendo la magnitud del peligro, se fue; pero Pasión me presentó a Arquestrato, el del banco, como fiador por siete talentos. Y sin embargo, si se le privara de poco y no supiera que yo poseía nada aquí, no se habría convertido, supongo, en mi fiador por tanto dinero.
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Pero es evidente que reclamó las trescientas dracmas para complacerme, y se convirtió en mi fiador por los siete talentos pensando que el oro depositado en su poder era garantía suficiente. Que yo tenía mucho dinero aquí y que este está depositado en el banco de este, se lo he demostrado tanto por los hechos de Pasión como por lo que han escuchado de otros que lo saben.
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Me parece, señores jueces, que conocerían mejor sobre lo que disputamos si recordaran aquel tiempo y cómo estaban nuestros asuntos cuando envié a Menexeno y a Filomelo a reclamar el depósito, y Pasión se atrevió por primera vez a negarlo. Pues encontrarán a mi padre arrestado y privado de todo su patrimonio, y a mí sin poder, debido a las desgracias presentes, ni quedarme aquí ni navegar al Ponto.
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Y sin embargo,¿ es razonable que yo, estando en tantas desgracias, reclame injustamente, o que Pasión, tanto por la magnitud de nuestras desgracias como por la cantidad de dinero, se haya sentido animado a privarme de él?¿ Quién ha llegado jamás a tal grado de calumnia como para, arriesgando su propia vida, conspirar contra lo ajeno?¿ Con qué esperanza o qué pensando habría ido injustamente contra él?¿ Acaso pensando que, temiendo mi poder, me daría dinero inmediatamente? Pero ninguno de nosotros actuaba así.
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Pero,¿ acaso pensaba que, al entrar en un juicio, obtendría más que Pasión ante ustedes incluso contra la justicia?¡ Si ni siquiera me preparaba para quedarme aquí, temiendo que Sátiro me reclamara ante ustedes!¿ O para no ganar nada y convertirme en enemigo de aquel a quien, de todos los de la ciudad, trataba mejor?¿ Y quién de ustedes se atrevería a condenarme por tal locura e ignorancia?
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Es digno de reflexionar, señores jueces, sobre lo absurdo y lo increíble de lo que Pasión intentaba decir en cada ocasión. Pues cuando yo actuaba de tal manera que ni siquiera si él admitiera privarme del dinero podría obtener justicia de él, entonces me acusa de intentar reclamar injustamente; pero cuando yo me liberé de las calumnias ante Sátiro y todos pensaban que él perdería el juicio, entonces dice que lo liberé de todas las reclamaciones. Y sin embargo,¿ cómo podría haber algo más ilógico que esto?
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Pero quizás no solo sobre esto, sino también sobre lo demás, es evidente que se contradice a sí mismo tanto al hablar como al actuar; pues al esclavo que él mismo hizo desaparecer, decía que había sido esclavizado por nosotros, pero a este mismo lo registró en las valoraciones como esclavo junto con los demás sirvientes, y cuando Menexeno exigió torturarlo, lo reclamó como si fuera libre.
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Además de esto, privándonos él mismo del depósito, se atrevió a reclamarnos que tenemos seis talentos de su banco. Y sin embargo, quien se atrevía a mentir sobre asuntos tan evidentes,¿ cómo hay que creerle sobre lo que hizo a solas con alguien?
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Por último, señores jueces, tras aceptar navegar al Ponto y hacer lo que aquel decidiera, también engañó en esto, y él mismo no quiso navegar a pesar de que lo desafié muchas veces, sino que envió a Kitto; quien, al llegar allí, decía que era libre y de origen milesio, y que Pasión lo había enviado para informar sobre el dinero.
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Al escuchar Sátiro a ambos, no consideró justo juzgar sobre los contratos hechos aquí, especialmente porque este no estaba presente ni iba a hacer lo que él decidiera, pero pensaba que yo era tan injustamente tratado que, tras convocar a los capitanes, les pedía que me ayudaran y no permitieran que fuera tratado injustamente, y tras redactar una carta a la ciudad, se la dio a Tenotimo, hijo de Carcino, para que la trajera. Y léemela ante ellos. Carta
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Así pues, señores jueces, teniendo muchas pruebas de justicia, considero que la mayor prueba de que Pasión me priva del dinero es que no quiso entregar para ser torturado al esclavo que estaba al tanto del depósito. Y sin embargo, sobre los contratos con los que están en los bancos,¿ qué prueba podría ser más fuerte que esta? Pues no hacemos testigos de ellos.
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Veo que ustedes, tanto en asuntos privados como públicos, no consideran nada más confiable ni más verdadero que la tortura, y consideran que los testigos pueden ser preparados incluso para lo que no sucedió, mientras que las torturas muestran claramente quiénes dicen la verdad. Sabiendo esto, él quiso que ustedes conjeturaran sobre el asunto en lugar de saberlo claramente. Pues no podría decir que iba a salir perdiendo en la tortura, y por eso no era razonable que él la entregara.
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Pues todos saben que, al confesar, iba a ser destruido por este durante el resto del tiempo como el peor de los hombres, pero al resistir, iba a ser libre y a participar de lo que este me privó. Pero, sin embargo, aun esperando ganar tanto más, sabiendo lo que había hecho, soportó tanto evitar juicios como tener las otras acusaciones, para que no se realizara ninguna tortura sobre este asunto.
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Yo, pues, les pido que, recordando esto, condenen a Pasión, y no me condenen a mí por tal maldad, como si, viviendo en el Ponto y poseyendo tal patrimonio que pudiera incluso hacer el bien a otros, hubiera venido a calumniar a Pasión y a reclamarle depósitos falsos.
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Es digno también de reflexionar sobre Sátiro y mi padre, quienes durante todo el tiempo los consideran a ustedes los más importantes de los griegos, y muchas veces ya, debido a la escasez de grano, enviando vacías las naves de otros mercaderes, les dieron exportación; y en los contratos privados, de los cuales ellos son jueces, no solo salen iguales, sino incluso ganando.
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De modo que no considerarían razonablemente poco importantes sus cartas. Les pido, pues, tanto por mí como por ellos, que voten lo justo y no consideren las palabras de Pasión, siendo falsas, más confiables que las mías.

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