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Joannis ScylitzaeHist q.1 · spanish-geminiMore by Joannis Scylitzae
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Synopsis historiarum ΣΥΝΟΨΙΣ ΙΣΤΟΡΙΩΝ ΑΡΧΟΜΕΝΗ ΑΠΟ ΤΗΣ ΑΝΑΙΡΕΣΕΩΣ ΝΙΚΗΦΟΡΟΥ ΒΑΣΙΛΕΩΣ ΤΟΥ ΑΠΟ ΓΕΝΙΚΩΝ ΚΑΙ ΜΕΧΡΙ ΤΗΣ ΒΑΣΙΛΕΙΑΣ ΙΣΑΑΚΙΟΥ ΤΟΥ ΚΟΜΝΗΝΟΥ ΣΥΓΓΡΑΦΕΙΣΑ ΠΑΡΑ ΙΩΑΝΝΟΥ ΚΟΥΡΟΠΑΛΑΤΟΥ ΚΑΙ ΓΕΓΟΝΟΤΟΣ ΜΕΓΑΛΟΥ ΔΡΟΥΓΓΑΡΙΟΥ ΤΗΣ ΒΙΓΛΑΣ ΤΟΥ ΣΚΥΛΙΤΖΗ. pro. 1 Τὴν ἐπιτομὴν τῆς ἱστορίας ἄριστα μετὰ τοὺς παλαιοὺς ἐπραγματεύσαντο πρῶτον μὲν ὁ μοναχὸς Γεώργιος καὶ σύγκελλος χρηματίσας Ταρασίου τοῦ ἁγιωτάτου πατριάρχου, μετ' ἐκεῖνον δὲ ὁ ὁμολογητὴς Θεοφάνης καὶ τοῦ Ἀγροῦ ἡγούμενος, ἐπιστατικώτερον τὰς ἱστορικὰς ἐπιδραμόντες βίβλους καὶ συνοψίσαντες λόγῳ μὲν ἀφελεῖ καὶ ἀπεριέργῳ, μονονουχὶ δὲ τῆς οὐσίας αὐτῆς ἐφαπτομένῳ τῶν πεπραγμένων. ἀλλ' ὁ μέν, ὁ Γεώργιος, ἀπὸ καταβολῆς ἀρξάμενος κόσμου ἐς τοὺς τυράννους κατέληξε, Μαξιμιανόν φημι καὶ τὸν τούτου υἱὸν Μαξιμῖνον. ὁ δέ, ὁ Θεοφάνης, τὸ ἐκείνου τέλος οἰκείαν ἀρχὴν ποιησάμενος καὶ τὴν ἐπίλοιπον συντεμὼν χρονογραφίαν καὶ ἐς τὴν τελευτὴν τοῦ βασιλέως Νικηφόρου τοῦ ἀπὸ γενικῶν καταντήσας ἔστη τοῦ δρόμου. μετὰ δὲ τοῦτον οὐδεὶς ἄλλος ἐπέδωκεν ἑαυτὸν τῷ τοιούτῳ σπουδάσματι. ἐπεχείρησαν μὲν γάρ τινες, οἷον ὁ Σικελιώτης διδάσκαλος, καὶ ὁ καθ' ἡμᾶς ὕπατος τῶν φιλοσόφων καὶ ὑπέρτιμος ὁ Ψελλός, καὶ πρὸς τούτοις ἕτεροι. ἀλλὰ παρέργως ἁψάμενοι τοῦ ἔργου τῆς τε ἀκριβείας ἀποπεπτώκασι, τὰ πλεῖστα τῶν καιριωτέρων παρέντες, καὶ ἀνόνητοι τοῖς μετ' αὐτοὺς γεγόνασιν, ἀπαρίθμησιν μόνην ποιησάμενοι τῶν βασιλέων καὶ διδάξαντες, τίς μετὰ τίνα τῶν σκήπτρων γέγονεν ἐγκρατής, καὶ πλεῖον οὐδέν. εἰ γὰρ καί τινων δοκοῦσιν ἐπιμνησθῆναι πράξεων, ἀλλὰ καὶ ταύτας οὐκ ἐστοχασμένως συγγραψάμενοι ἔβλαψαν τοὺς ἐντυγχάνοντας, οὐκ ὠφέλησαν. ὁ γὰρ Δαφνοπάτης Θεόδωρος, Νικήτας ὁ Παφλαγών, Ἰωσὴφ Γενέσιος, καὶ Μανουὴλ οἱ Βυζάντιοι, Νικηφόρος διάκονος ὁ Φρύξ, ὁ Ἀσιανὸς Λέων, Θεόδωρος ὁ τῆς Σίδης γενόμενος πρόεδρος, καὶ ὁ τούτου ἀνεψιὸς καὶ ὁμώνυμος ὁ τῆς ἐν Σεβαστείᾳ καθηγησάμενος ἐκκλησίας, καὶ ἐπὶ τούτῳ Δημήτριος ὁ τῆς Κυζίκου, καὶ ὁ μοναχὸς Ἰωάννης ὁ Λυδὸς οἰκείαν ἕκαστος ὑπόθεσιν προστησάμενοι, ὁ μὲν ἔπαινον φέρε εἰπεῖν βασιλέως, ὁ δὲ ψόγον πατριάρχου, ἅτερος δὲ φίλου ἐγκώμιον καὶ ἐν ἱστορίας σχήματι τὸν ἑαυτοῦ ἕκαστος ἀποπληροῦντες σκοπὸν πόρρω τῆς τῶν εἰρημένων θεοφόρων ἀνδρῶν ἀποπεπτώκασι διανοίας. ἀποτάδην γὰρ τὰ κατὰ τοὺς αὐτῶν χρόνους συνενεχθέντα, καὶ μικρὸν ἄνωθεν, ἱστορικῶς συγγραψάμενοι, καὶ ὁ μὲν συμπαθῶς, ὁ δ' ἀντιπαθῶς, ὁ δὲ καὶ κατὰ χάριν, ἄλλος δὲ καὶ ὡς προσετέτακτο, τὴν ἑαυτοῦ συνθεὶς ἱστορίαν καὶ πρὸς ἀλλήλους ἐν τῇ τῶν αὐτῶν ἀφηγήσει διαφερόμενοι ἰλίγγου καὶ ταραχῆς τοὺς ἀκροατὰς ἐμπεπλήκασιν. ἡμεῖς δὲ τῷ πόνῳ τῶν εἰρημένων ἀνδρῶν ἐκείνων ἀρεσθέντες καὶ λυσιτελήσειν οὐ μικρὰ τὴν σύνοψιν τοῖς φιλιστοροῦσιν ἐλπίσαντες καὶ μάλιστα τοῖς τὸ ῥᾷστον τοῦ ἐπιπονωτέρου προτιθεμένοις, συντομωτάτην διδοῦσαν κατάληψιν τῶν ἐν διαφόροις συμβεβηκότων καιροῖς καὶ τοῦ βάρους τῶν ὑπομνημάτων ἐλευθεροῦσαν, τὰς τῶν ἄνωθεν λεχθέντων συγγραφέων ἐπ' ἀκριβὲς ἱστορίας ἀναλεξάμενοι καὶ τὰ ἐμπαθῶς ἢ καὶ πρὸς χάριν λεχθέντα ἀποδιοπομπήσαντες καὶ τὰς διαφορὰς καὶ διαφωνίας παρέντες, ἀποξέσαντες δὲ καὶ ὅσα ἐγγὺς ἐρχόμενα εὕρομεν τοῦ μυθώδους, τὰ δὲ εἰκότα καὶ ὁπόσα μὴ τοῦ πιθανοῦ ἀπέπιπτε συλλεξάμενοι, προσθέντες δὲ καὶ ὁπόσα ἀγράφως ἐκ παλαιῶν ἀνδρῶν ἐδιδάχθημεν, καὶ ὑφ' ἓν ἐπιδρομάδην συνθέμενοι τοῖς μεταγενεστέροις καταλελοίπαμεν τροφὴν ἁπαλὴν καὶ τοῦτο δὴ τὸ τοῦ λόγου ἀληλεσμένην, ἵν' οἱ μὲν τὰς τῶν ῥηθέντων ἱστορικῶν βίβλους ἐπελθόντες

Spanish Gemini
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Los persas, por su parte, fueron los responsables de lo que se había osado. En aquel momento, el emperador aceptó la disposición de aquel y lo llamó a palacio, devolviéndole su anterior prosperidad, y concedió el perdón a todos los persas, así como la amnistía por sus delitos. El emperador, considerando que, una vez persuadidos por las promesas y habiendo abandonado Sinope, era necesario dispersarlos y no permitir que una multitud tan grande viviera junta, y dado que el número total de persas ascendía a treinta mil, tras reflexionar bien, envió dos mil a cada tema, ordenando que quedaran bajo la autoridad de los estrategas de los mismos. Esta medida hizo que los persas fueran sospechosos y, poco después, llevó a Teófobo a la muerte. Hubo también una segunda causa, que el relato revelará en su debido momento. El amir al- mu' minin quedó tan herido en su alma por la toma de su patria saqueada, que ordenó por todas partes que se reunieran gentes de toda edad procedentes de Babilonia, Fenicia, Palestina, Celesiria y, además, de la Libia más lejana. Ordenó que todo soldado escribiera« Amorio» en su propio escudo, aludiendo al ataque contra ella. Así pues, todo el ejército se reunió en torno a Tarso. Teófilo también salió hacia Dorilea, a tres días de camino de Amorio. Como muchos le aconsejaban trasladar a la población que habitaba en Amorio y ceder ante el irresistible ímpetu de los sarracenos, esto le pareció a Teófilo deshonroso y cobarde, mientras que consideraba noble y propicio para el valor fortificarla aún más y salvarla mediante los consejos de un estratega valiente. Envió, pues, al patricio Aecio, estratega de los Anatólicos, dándole también una fuerza suficiente para repeler a los enemigos. Le dio además como jefes del pueblo a quienes poco después sufrirían el martirio: Teodoro el Cratero, Teófilo, Babucico y los demás, quienes se convirtieron en jefes no solo del pueblo enviado entonces, sino también de la falange de los cuarenta y dos mártires. Cuando el jefe de los sarracenos llegó a Tarso con todo su pueblo, tras deliberar con los que le acompañaban y consultar los augurios, juzgó necesario no dirigirse directamente a Amorio, sino probar primero la fuerza del emperador a través de su hijo, que había tomado una parte del ejército, razonando que, si este vencía al emperador, la victoria seguiría sin duda también al padre, y si no, era mejor permanecer tranquilo. Tras deliberar y decidir esto, envió a su hijo, llevándose consigo a Amer, que entonces gobernaba Melitene, a unos diez mil turcos, a todo el ejército de los armenios y al jefe de los jefes. Este, al llegar al lugar llamado Dazimón, estableció su campamento. Teófilo también salió contra él, llevando consigo un ejército nada despreciable, compuesto por persas, occidentales y los que venían de donde nace el sol. Al llegar al lugar llamado Anzén, deseaba explorar antes de la batalla y del ataque la concentración de los enemigos. Llevado por el doméstico de las escuelas, Manuel, a una altura muy elevada, observó la multitud de los enemigos y, por conjetura, la multitud de los sarracenos parecía más pesada. Pero Manuel dijo:« No mires a la multitud, oh emperador, sino observa el cañaveral de lanzas de ambos bandos». Como el ejército de los enemigos parecía más fuerte, deliberaba sobre cómo atacarlos con astucia. Manuel aconsejaba atacarlos de noche junto con Teófobo, pero los otros estrategas instaban a que el combate tuviera lugar de día, a lo que el emperador se dejó convencer. Prevaleciendo esta opinión, al despuntar el día, se entabla una batalla temible. Y habiendo luchado con entusiasmo los tagmas imperiales, los ismaelitas se inclinaron a la huida. Pero como los turcos usaban persistentemente el tiro con arco y habían rechazado a los romanos que los perseguían, la batalla resultó ser un revés. Pues los romanos, al no poder soportar las flechas de los turcos por ser alcanzados con fuerza,
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dando la espalda, abandonaron al emperador. Sin embargo, los jefes de los tagmas y los persas no soportaron hacer esto, sino que, rodeando al emperador, se apresuraron a salvarlo con vigor. Y habrían perecido todos, si no hubiera llegado la noche y una pequeña lluvia caída del cielo hubiera dejado flojas las cuerdas de los arcos, proporcionando a los romanos alivio de las flechas y dándoles motivos de salvación. Al hacerse profunda la noche, mientras Manuel se ocupaba de las guardias, percibió de alguna manera en lengua sarracena que los persas estaban pactando con los sarracenos para traicionar al ejército de los romanos y regresar a su tierra natal. Inmediatamente hace saber esto al emperador y le instaba a salvarse a sí mismo con los selectos, y no esperar la captura. Preguntando el emperador cómo sería esto,¿ si perecían los que se habían quedado por mí?, Manuel, tomando la palabra, dijo:« Que la salvación venga de Dios solo para ti, emperador; estos arreglarán pronto sus asuntos». Al final, al amanecer, habiendo huido el emperador y salvándose en el llamado Quiliócomo, los desertores le salieron al encuentro y decían ser indignos de la vida por haber abandonado al emperador en la guerra, y al mismo tiempo se desnudaban con sus propias espadas. Pero Teófilo, herido en el alma por el espectáculo, dijo:« Si yo me he salvado por Dios, sálvense también ustedes». Esta comunicación de los persas con los descendientes de Agar fue una segunda causa y una ocasión oportuna para la calumnia para los enemigos de Teófobo, que ya sentenciaban su muerte. El amir al- mu' minin, al oír la noticia de la victoria, decidió no demorarse, sino partir hacia Amorio. Así pues, tras reunir su propio ejército y escribir a su hijo para que hiciera lo mismo, siguió su camino. Al unirse los ejércitos, se levantó una empalizada fuerte, la ciudad fue rodeada por un foso profundo y el asedio se volvió práctico y activo, mientras los turcos usaban persistentes y continuos disparos de flechas, los sarracenos acercaban las máquinas de asedio a los muros, y los romanos encerrados dentro del muro luchaban valiente y heroicamente, rechazando fácilmente los instrumentos de asedio. El asedio de la ciudad se realizaba por relevos y era continuo e ininterrumpido, mientras que Teófilo, habiendo escapado apenas de la derrota y llegando a Dorilea, permanecía allí, esperando el desenlace. Intentaba probar la intención del amir al- mu' minin, por si pudiera apartarlo del asedio. Se envían, pues, embajadores con regalos valiosos y no pocas promesas para intentar convencerlo, quienes, al llegar al campamento de los sarracenos y presentarse ante el jefe, expusieron los mensajes del emperador. Él, dominado por una ira incontenible debido a la toma de su patria, se burlaba del emperador por su cobardía, despreciaba la embajada, la ridiculizaba y mantenía a los embajadores bajo custodia, esperando el resultado de la acción. Intensificó aún más el asedio, dividiendo el ejército en muchas partes y realizando los ataques por relevos, para que, por la multitud y la frescura de los que se relevaban, los de dentro, agotados y desesperados por los esfuerzos, cedieran. Pero como los de dentro se defendían con firmeza, las operaciones del asedio resultaban infructuosas. Y la ciudad habría escapado a la captura si uno de los de dentro, corrompido por regalos y habiendo renegado de la fe de los cristianos, habiendo caído en tal peligro por una disputa, no hubiera entregado la patria por traición. Boiditzes es el nombre del hombre. Este, habiéndose reunido en secreto con los sarracenos y sugiriendo dónde era fácil realizar los ataques al muro, fue el causante de que la ciudad fuera tomada. Una vez tomada por ley de guerra,¿ qué discurso es capaz de expresar la multitud de los aniquilados y los capturados? Pues los sarracenos, golpeados por la ira debido a que muchos de los ilustres habían sido eliminados durante el tiempo del asedio, no tenían piedad de nadie de los que encontraban, sino que los hombres eran asesinados, las mujeres eran llevadas junto
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con los jóvenes y adolescentes, los edificios más bellos eran incendiados y, en poco tiempo, la más distinguida de las ciudades orientales se mostraba como una ruina abandonada. Eran llevados prisioneros también los jefes de los ejércitos, Calisto, Constantino y Teodoro el Cratero, los patricios, y otros muchos de los destacados en los mandos, que brillaban con los más altos cargos. Una vez conquistada así la ciudad, el jefe de los sarracenos, tras ordenar a los embajadores que observaran cada uno de los hechos, como si se deleitara y banquetease con lo realizado, los envía como mensajeros de la desgracia al emperador. Este los envió de nuevo al amir al- mu' minin, pidiendo que le fueran devueltos tanto los hombres ilustres capturados en el asedio como los parientes de su linaje y los demás cautivos, prometiendo dar veinticuatro kentenaria como rescate por ellos. Él, al recibir la embajada, envió de nuevo a los embajadores con insultos, diciendo que sería un insensato si, habiendo gastado mil kentenaria en la reunión de su propio ejército, devolviera a los capturados por tantos kentenaria. Theoph. 24 Habiendo regresado los embajadores sin éxito, Teófilo, golpeado por la insaciabilidad de la desgracia, rechazando toda comida y bebida, habiéndose quedado casi sin comer y no aceptando otra cosa que el agua extraída de la nieve, cayó en la enfermedad de la disentería. Pero aun estando tan mal, no estaba tranquilo, ni soportaba con moderación la destrucción de Amorio, sino que buscaba el momento y la manera de cómo vengarse del enemigo. Por ello, envía al patricio Teodosio, descendiente del linaje de los Babucicos, al rey de Francia, pidiendo que se le enviara ayuda y que enviara una fuerza capaz de luchar y dañar algunas partes de Libia pertenecientes al amir al- mu' minin. Pero esta embajada quedó sin efecto, al terminar Teodosio su vida en el camino. Teófilo, habiendo fracasado también en esta esperanza y siendo oprimido aún más por la enfermedad, sube postrado en cama a la Magnaura, en la que, habiendo convocado al senado y a la parte restante visible de la ciudad, dramatizaba y se lamentaba de su situación y pedía a los reunidos que recordaran la benevolencia hacia él, manteniendo la fe y la lealtad hacia su esposa y su hijo, y preservándoles el imperio sin conspiraciones. Al conmoverse los reunidos por estas palabras lastimeras del emperador, se levantó un lamento y un llanto por parte de todos. Y todos, invocando a Dios, deseaban al emperador salud y vida, pero si, lo que era detestable para ellos, seguía la muerte, decían, por su esposa, y señora de ellos, y por los hijos, prometían entregar incluso sus propias vidas, si fuera necesario, y preservarles el imperio intacto. Y ellos prometieron esto, pero el emperador, consumido totalmente por la enfermedad y viviendo poco tiempo más, cumplió la deuda común, habiendo dirigido el imperio durante doce años y tres meses. Theoph. 25 Y puesto que, como el relato ya ha indicado, los que calumniaban a Teófobo tuvieron ocasión a partir de las causas mencionadas, cuando Teófilo supo el fin de su vida, lo pone en una prisión muy oscura junto al Bucoleón. Y acercándose ya el fin, ordenó cortar la cabeza de este y traérsela. Al recibirla y tocar con las manos los cabellos, pronunció una última palabra:« Desde ahora, ni yo soy Teófilo, ni tú Teófobo». Algunos atribuyen la decapitación de Teófobo a Oorifas, drungario de la vigilia, quien la realizó por iniciativa propia sin que nadie se lo ordenara. Mich3. t MIGUEL, HIJO DE TEÓFILO, JUNTO CON SU MADRE Mich
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3. 1 Tras terminar Teófilo su vida, su hijo Miguel asume los cetros del imperio junto con su madre Teodora, teniendo tutores y regentes, a quienes su padre le impuso en testamentos, al magistro Manuel, que había sido doméstico de las escuelas, y al patricio Teoctisto, logoteta del dromo. Estos, inmediatamente después de la muerte de Teófilo, saliendo al hipódromo y convocando allí al pueblo, pronunciaron discursos recordando la benevolencia del emperador hacia ellos y, diciendo muchas cosas persuasivas y atrayentes, atrajeron la benevolencia de los oyentes, quienes prometieron derramar su propia sangre por la salvación del emperador. Y sellaron inmediatamente las palabras con juramentos. Mich3. 2 Estando el imperio bajo el control de Teodora junto con su hijo, inmediatamente, desde el principio, con las sugerencias de hombres piadosos, se examinaban los asuntos de la herejía de los iconoclastas, que se extendía bajo los romanos desde el reinado de León el Armenio hasta el final de Teófilo. Teoctisto también se unía a la abolición de esta. Manuel, por su parte, se mostraba vacilante durante algún tiempo, y nadie se atrevía a hablar con franqueza y llevar a la luz el discurso sobre la destrucción de esta, estando la mayor parte del senado, del sínodo y el mismo patriarca dominados por la herejía. Solo Manuel se atrevió a esto, movido por una energía divina. Pues antes, como se ha dicho, dudaba sobre la veneración de los iconos santísimos, pero después la abrazó por la siguiente causa. Fue presa de una enfermedad gravísima y se le desahució la vida, habiendo fracasado todo arte médico. Vinieron, pues, a él unos monjes piadosos del monasterio de Studion, habiendo oído que había muerto. Al acercarse al lecho y saber que aún vivía y respiraba, le anunciaban vida, recuperación y restablecimiento a la salud anterior. Él al principio desconfiaba. Sin embargo, insistiendo los hombres divinos y diciendo que no dudara del poder de Dios que les había sido revelado, recuperándose un poco de la enfermedad, dice a ellos con un aliento débil y sin fuerzas:«¿ Y cómo será esto para mí, oh padres divinos? Las fuerzas del alma me han abandonado, el cuerpo se ha debilitado totalmente y se ha secado. Yo yago embalsamado y como un esqueleto, sin diferenciarme en nada de los muertos, más que en el respirar.¿ Qué esperanza o qué discurso habrá que me convenza de que me recuperaré y volveré a la salud anterior?». Los santos, tomando la palabra, le dijeron:« Todo es posible y nada es imposible para Dios. Si, pues, te esfuerzas, una vez recuperado, en apagar el incendio de los iconoclastas y restaurar los iconos sagrados según las leyes antiguas y paternas, te anunciamos la vida». Dijeron, y se retiraron. Para Manuel, paradójicamente y más allá de toda expectativa, la enfermedad remitió, las energías naturales se realizaban sin obstáculos y en poco tiempo había obtenido la liberación total de la dolencia. Estando más aliviado de la enfermedad, montando a caballo, va inmediatamente al palacio y entra ante la emperatriz y por todos los medios la incitaba a restaurar los iconos divinos, deseando ella misma desde hace tiempo aprovechar la ocasión, siendo estimulada constantemente por su propia madre y por los hermanos de su madre, los patricios. Sin embargo, Teodora se oponía a las palabras de Manuel, ya sea por temor a los juramentos hechos a su marido, o, como hemos dicho, temiendo también a la multitud de los atrapados por la herejía. Insistiendo Manuel, dijo Teodora:« Mi marido y emperador, oh magistro, era amante de la precisión y nunca hizo nada sin reflexionar, y este dogma, si no estuviera prohibido por las leyes sagradas y las santas escrituras, no lo habría expulsado de la iglesia». Al decir ella esto, él le amenazó con una rápida destrucción de su vida y la pérdida del imperio, y no solo a ella, sino también a su hijo, si no devolvía el adorno divino de los iconos sagrados a las iglesias. Ante sus
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palabras, ya sea aterrorizada o complacida de otro modo, como hemos dicho, la emperatriz se entrega por completo a la obra. E inmediatamente ordenó reunir en las estancias de Teoctisto a todos los adornados con prudencia y palabra, tanto del senado como del sínodo, y mover discursos y proponer sobre la ortodoxia. Habiendo sido reunidos todos, por así decirlo, y habiendo fluido muchas palabras, y habiendo sido presentadas no pocas pruebas de la divina escritura, la parte piadosa prevaleció y se convirtió en dogma que los iconos divinos fueran restaurados inmediatamente, habiendo aprendido la mayoría de los archipreste, monjes y senadores, que estaban atrapados por la pasión anteriormente, lo mejor y habiéndose transformado hacia la verdad, mientras que aquellos a quienes había llegado el tinte de la impiedad y se mantenían inamovibles, fueron expulsados de la ciudad y enviados a lugares fuera de los límites, habiendo sido depuesto también el impío patriarca y arrojado del trono archierático mediante el envío de hombres notables de los destinados a la guardia del palacio. A quienes al principio no se dejaba convencer de bajar, ni aseguraba querer salir de la iglesia por su propia voluntad. Como estos, al regresar ante la emperatriz que los había enviado, expusieron los hechos de la desobediencia, es enviado más rápidamente el patricio Bardas, hermano de la señora, para preguntar por qué no se aparta de la fe ortodoxa del patriarcado. Juan, siendo astuto y sabiendo como nadie escribir y tramar calumnias, habiéndose marcado con plomo su propio vientre, la espalda y los glúteos, para parecer haber sido azotado por algunos, y gritando haber sufrido esto por parte de los enviados que lo atacaron bárbaramente, y más por parte de Constantino, el drungario de la vigilia, suplicaba que se le permitiera un poco, hasta que desaparecieran sus marcas. Juan decía esto, pero Bardas, habiendo sido desenmascarada la maldad, movido a ira, lo baja del patriarcado contra su voluntad. Una vez bajado, la señora introdujo de nuevo en la iglesia como patriarca al santo y divino Metodio, que aún llevaba en la carne las marcas de la confesión y del martirio, habiendo aceptado la propuesta todos los sacerdotes piadosos, laicos y monjes, pero también los que practicaban la ascética en los montes, con mucha alegría, y habiendo llegado en masa ante la emperatriz y entregado unánimemente a la herejía a un anatema eterno. Estos logros fueron realizados en los prolegómenos por la célebre Teodora y su hijo. Mich3. 3 El impío Juan, encerrado en un monasterio y viendo en una parte de este un icono restaurado de Cristo Dios, de la Madre de Dios y de los arcángeles, ordenó a su diácono que subiera y excavara los ojos de los iconos venerables, diciendo que no tenían el poder de ver. Cuando la piadosa señora se enteró de esto, inflamada por un celo divino, ordenó excavar los ojos de él. Pero esto no se realizó por la mediación de algunos allegados, pero enviando guardias, lo castigó con azotes de doscientos látigos. Esta gran ciudad, que preside todas las ciudades, soportó a Juan, descendiente del linaje de los Morojarzanios. Habiendo llegado ya a la edad anciana, el monasterio de los mártires victoriosos Sergio y Baco lo tenía como un dragón que anidaba en la iglesia, siendo su hegúmeno, habiendo estado en los ascensos poco a poco fuertemente apegado a la impía herejía de los iconoclastas y dedicado a hechicerías y lecanomancias durante toda su vida, y siendo amado especialmente por el padre de Teófilo, Miguel el Tartamudo, ya sea por compartir su herejía, o por haber adquirido fama de erudición, habiéndose convertido en maestro de Teófilo. Y cuando este tomó las riendas del imperio, lo honra primero como sincelo, y luego lo establece como patriarca de Constantinopla, anunciándole algunas premoniciones mediante la lecanomancia y la hechicería. Una vez, una nación infiel y dura corría contra los romanos, dirigida por tres jefes.
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Y, como es natural, estando Teófilo afligido por esto, Juan le exhortaba a deponer la desazón y llenarse de valor, si tan solo obedeciera su consejo. El consejo era el siguiente: en las estatuas de bronce que se encuentran en el euripo del hipódromo, se decía que una estatua estaba representada con tres cabezas. Juan ordena, pues, forjar un número igual de martillos a las cabezas, entregarlos a hombres valientes, y a una hora nocturna determinada, estar junto a él ante la mencionada estatua, y cuando les ordenara, golpear fuertemente con los martillos las cabezas, hasta que fueran derribadas a tierra como de un solo golpe y impacto. Complacido el emperador por las palabras, ordenó que así se hiciera. Y habiendo llegado allí los hombres junto con Juan a altas horas de la noche( Juan iba con vestimenta de laico, para no ser descubierto), tras pronunciar las palabras mágicas y quitar la fuerza que había en tales cosas de la estatua, ordenaba a los hombres golpear con vigor y fuerza. Dos de ellos, usando golpes fortísimos, cortaron las dos cabezas de la estatua, pero el tercero, habiendo hecho el golpe más suave, inclinó un poco, pero no cortó toda la cabeza del cuerpo. De manera similar a esto sucedieron los hechos con los jefes de la nación, pues habiendo sobrevenido una fuerte sedición en el linaje, y habiendo seguido a esta una guerra civil, dos de los jefes caen, y el tercero también fue golpeado, aunque no mortalmente, pero quedó inactivo por el golpe, y así la nación, debilitada, regresó a casa. Y esto es lo referente a la hechicería. Mich3. 4 Este mago tenía un hermano carnal, de nombre Arsaber, patricio por fortuna. Este tenía una finca en la parte izquierda del Estrecho, muy cerca del monasterio de San Focas, con edificios lujosos, pórticos, baños y otros lugares de recreo agradables. Allí, el mago, haciendo frecuentes visitas, habiendo construido una vivienda subterránea y similar a la de Trofonio, y habiendo creado una pequeña puerta detrás que permitía pasar dentro a los que querían, recibía a los que deseaban en aquel taller malvado; unas veces se almacenaban allí mujeres monjas y otras de belleza distinguida, con las que se corrompía, otras veces se realizaban hepatoscopias, lecanomancias, hechicerías y nigromancias, mediante las cuales, a menudo con la cooperación de demonios, predecía algunas de las cosas futuras. Pero esta propiedad, habiendo pasado después al paracimomeno, fue destruida hasta los cimientos y convertida en monasterio en nombre de Focas el gran mártir. Habiendo sido sometidos a deposición, como hemos dicho, este y sus cómplices, ni aun así permanecían tranquilos, sino que seguían actuando con insolencia contra los iconos sagrados y tramando cosas malvadas contra los piadosos. Pues, tramando una calumnia contra el gran Metodio, intentaban difamar al irreprochable y así entristecer a la multitud de los ortodoxos. Pues, habiendo corrompido con mucho oro y promesas a una mujer( la mujer era la madre de Metrófanes, que después presidió Esmirna), si tan solo estuviera de acuerdo con ellos, la convencen de denunciar al santo ante la señora y los tutores del emperador, diciendo que había tenido relaciones con ella. Se convoca, pues, inmediatamente un tribunal lleno de horror, compuesto por hombres civiles y sagrados. Estaban presentes los piadosos llenos de tristeza y dolor, no faltaban los impíos, pensando que de la acción se infligiría una mancha no pequeña a la iglesia de los ortodoxos. Estaban presentes los calumniadores, sintiéndose grandes y regocijados, como si la acusación tuviera la prueba a mano. Llevaban a la mujer al medio y lo que se le enseñó a los jueces triunfaba. Los jueces estaban sombríos, y más que los demás el magistro Manuel, si por un solo hombre el conjunto de los ortodoxos correría el riesgo de convertirse en burla para los adversarios. Habiéndose dado cuenta de todo esto el santo Metodio, y queriendo apartar a los impíos de sus esperanzas,
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y liberar a los piadosos de la pesadumbre que los dominaba y no ser piedra de tropiezo para la iglesia, sin avergonzarse ante la multitud, desechando la demora, a la vista de todos los que observaban, se despoja de sus partes pudendas, él que es verdaderamente digno de todo respeto y honor. Y parecieron a todos estas partes marchitas por alguna enfermedad y totalmente carentes de la energía natural. El hecho llenó de vergüenza a los malintencionados y a los calumniadores, y de mucha alegría y regocijo a los piadosos. Y acercándose a él con una alegría desbordante, lo abrazaban, lo rodeaban, no sabían cómo usar la multitud de la alegría. Y uno de los más genuinos, acercándose, preguntaba en voz baja al patriarca, deseando saber el modo de la marchitez de los miembros. Él, tomando la palabra, contaba desde arriba y desde el principio, que:« Enviado a Roma ante el papa por las acusaciones levantadas contra Nicéforo, el santísimo patriarca, y viviendo allí, fui molestado por el demonio amante de la carne, que no dejaba de noche y de día de cosquillearme y despertar en mí deseos de unión carnal. Inflamado por la pasión, como ya supe que estaba siendo vencido, me encomendé a Pedro, el apóstol principal, y le suplicaba que me librara de este deseo corporal. Y el que se presentó de noche, tocar con la mano derecha las partes pudendas y quemarlas, diciendo que en adelante no temiera el deseo amante del placer. Al despertar, me encontré con un dolor intenso, como habéis visto». Al decir esto el patriarca, Manuel, considerando insoportable la trama, decidió que la mujer fuera sometida a examen, para aclarar la maquinación. Se le presentó, pues, inmediatamente una espada y se trajeron varas espinosas, y los verdugos estaban presentes preparados. Ante los cuales, aterrorizada, la desdichada pone al descubierto la verdad, la maquinación, cómo fue tramada, el engaño con el que fue engañada mediante la entrega del oro y las muchas promesas, las personas que actuaron y toda la preparación del drama. Añadía que, si alguien fuera a la casa de ella, encontrará el oro en una bolsa en un cofre lleno de trigo. Inmediatamente fue enviado uno de los guardias, y el oro fue traído, y el drama fue desenmascarado. Y los calumniadores habrían sido entregados a los castigos correspondientes, si el patriarca, imitando a su propio señor, no hubiera pedido que se les perdonara el delito, tomando esto solo como pago y castigo, que cada año, durante la festividad de la ortodoxia, con lámparas, desde el templo de la Inmaculada en Blaquernas, llegaran al templo divino de Santa Sofía y escucharan con sus propios oídos el anatema. Lo cual se guardó hasta el fin de sus vidas. Mich3. 5 Y la herejía de los iconoclastas tuvo tal modo de disolución, y la iglesia de los ortodoxos recuperó su adorno propio, la restauración de los iconos venerables. Celebrando una vez la difunta emperatriz esta fiesta de la ortodoxia, agasajaba a la plenitud de la iglesia en los palacios que están en el lugar de Cariano. Se contaban entre los invitados Teófanes y su hermano Teodoro, los« escritos». Al declinar el banquete y al servirse los postres, es decir, pasteles y dulces, la emperatriz, mirando constantemente a los rostros de los padres y observando las letras grabadas en sus rostros, soltaba suspiros y lágrimas. Uno de los padres, habiendo descubierto esto, preguntó la causa de la frecuente mirada hacia ellos. Diciendo ella:« Admiro vuestra paciencia, cómo soportasteis que se grabaran en vuestros rostros tantas letras. Y lamento también la crueldad de quien hizo esto contra vosotros», el difunto Teófanes, tomando la palabra, dijo:« Por esta escritura, oh señora, seremos juzgados en el tribunal imparcial de Dios junto con tu marido y emperador». La señora fue golpeada en el corazón con la palabra, y con lágrimas dijo al
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inmenso, y la madre hacia el niño, y el águila de nuevo espantada por una piedra, y el regreso de la madre hacia los que trabajaban. Como esto sucedió tres y muchas veces, apenas logra al fin la comprensión del signo divino, y confirma mediante los hechos anteriores lo que sucedería después. El niño, por tanto, era criado con todo esmero solo por sus padres. Bas1. 4 Cuando ya hubo superado la edad de la juventud, el padre se alejaba de la vida, y la viudez rodeaba a la madre y la orfandad a este joven, y de ahí nacían penas y aflicciones. Afluía también un enjambre de preocupaciones, pues el cuidado de la casa, la provisión materna y la de los hermanos dependían ahora de él mismo. Puesto que la agricultura le parecía un pequeño auxilio y colaborador para la vida, decide entrar en la ciudad imperial, y desde allí procurarse a sí mismo y a sus seres más queridos lo necesario. Y este era el deseo que tenía por la ciudad imperial, pero la madre lo retenía y lo sujetaba, no permitiéndole llevar a cabo lo que planeaba, sino exhortándole a esperar y a cuidar de su vejez, y a que, una vez que ella hubiera partido, él pudiera ocuparse con sus propias manos y así emprender el viaje que le fuera grato; pero aun estando ella así, las preocupaciones vitales la persuaden a dejarlo ir con dificultad. Partiendo, pues, de Macedonia, llega a la ciudad imperial. Y tras recorrer la distancia intermedia y llegar a las puertas de oro de la ciudad imperial, y habiendo entrado por ellas, estando ya el día hacia el atardecer, en el monasterio del santo mártir Diomedes, se dejó caer descuidadamente y como pudo sobre los escalones que estaban en los atrios ante el portal, y descansaba, estando agotado. Hacia la primera vigilia de la noche, el mártir Diomedes se aparece en sueños al higúmeno del monasterio, ordenándole salir al portal del monasterio, llamar por su nombre a Basilio, introducir al que obedeciera en el monasterio y dignarlo de cuidados. Pues este estaba ungido como emperador por Dios, y él mismo estaba destinado a ser para la reconstrucción y el crecimiento del presente monasterio. El higúmeno, considerando que lo visto era un fantasma, no dio importancia a lo dicho, sino que se entregó de nuevo al sueño. Al ver lo mismo por segunda vez, como no informaba por ser algo perezoso y adormilado, por tercera vez ve al mártir, ya no exhortando tranquila y suavemente, sino amenazando con mucha vehemencia y pareciendo traer azotes, si no servía más rápido a lo dicho. Entonces, despertado lleno de miedo y sacudiéndose la pereza, se presenta en el portal y, según el mandato divino, llamaba:¡ Basilio! Y él al instante: Aquí estoy, señor.¿ Qué ordenas a tu siervo? Introduciéndolo dentro del monasterio, lo dignó de la debida atención y cuidado, y le compartió toda filantropía. Luego, tras asegurarse de que guardara silencio y no lo divulgara a nadie, sino que le encargó guardar el misterio para sí mismo, le reveló la predicción del mártir y le suplicaba recordar después del desenlace de los hechos tanto a él como al monasterio. Como él rechazaba el asunto como si fuera superior a sí mismo, y más bien pedía al higúmeno que lo instalara en servicio con alguno de los más prominentes, el higúmeno se entregó gustosamente a esto, y puesto que Teófilo, pariente del emperador Miguel y del césar Bardas, a quien llamaban cariñosamente Teofilitzes por su corta edad, tenía costumbre con tal monasterio, a este le recomendó a Basilio, quien siempre tenía afán de poseer a su alrededor servidores nobles, bien parecidos y famosos por su valentía. Pues a tales los acogía y enseguida los adornaba con vestiduras de seda y los embellecía brillantemente con el resto del atuendo. Habiendo sido alistado Basilio entre estos, y pareciendo superar por mucho a los demás en fuerza corporal y valentía anímica, lo propone como protostrator. Siempre extendiéndose hacia lo que estaba delante, día tras día era más amado por Teófilo y admirado por sus propias virtudes. Pues era, tanto por su mano,
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valiente como audaz de alma y rápido y apto para todo lo que se le ordenaba. Bas1. 5 Y Basilio estaba en esto, mientras su madre anhelaba saber cómo le habían ido las cosas en el camino y qué descanso de sus fatigas lo había recibido. Estando desanimada y angustiada, ve en sueños una gran planta semejante a un ciprés, de pie dentro del mismo patio, espesándose con hojas de oro y teniendo ramas y tallo de oro, sobre el cual estaba sentado su hijo Basilio. Al despertar, cuenta la visión a una de las mujeres piadosas. Ella la animaba a estar alegre por su hijo y, juzgando lo visto, declaraba que su hijo llegaría a ser emperador de los romanos. Habiendo añadido esto a lo anterior, la madre ya no se afligía más por él desde entonces, sino que se alegraba y alimentaba buenas esperanzas sobre su hijo. Bas1. 6 Sucedió que en aquel tiempo Teófilo, el señor de Basilio, fue enviado al Peloponeso por asuntos públicos. Basilio seguía a este, cumpliendo el servicio que le estaba asignado. Al llegar a Acaya, Teófilo entraba en el templo del apóstol primado Andrés para orar, pero Basilio no entró con él entonces, ocupado, al parecer, en su propio servicio. Más tarde, cumpliendo él mismo sus deberes ante el apóstol, aprovechando el momento, entra solo en el templo. Un monje que pretendía la virtud mediante su vida acechaba en el recinto divino del apóstol. Este, ni recibió a Teófilo cuando entró con tal escolta, ni se levantó para saludarlo, ni lo dignó de una pequeña salutación, pero más tarde, al entrar Basilio, como se ha dicho, solo, se levantó como ante alguien superior y le ofreció la aclamación que por costumbre es propia de los emperadores. Lo cual, al verlo algunos de los que estaban presentes allí, se lo anuncian a la mujer que era la primera en aquellos lugares tanto por modo como por nobleza, que era llamada Danielis por su marido. Ella, sin saber que el monje tenía el don de la clarividencia, no fue negligente respecto a lo dicho, sino que, apenas escuchó, llamó al monje y le dirigió palabras de reproche: Tanto tiempo, decía, padre espiritual, desde que me he hecho conocida para ti, y sabes que en este lugar sobresalgo en todo sobre la mayoría, y nunca te levantaste al verme, ni oraste por mí. Pero tampoco a mi hijo o a mi nieto otorgaste tal cortesía.¿ Y cómo ahora, al ver a un hombre humilde, extranjero y pobre que lleva una vida, te levantaste y lo honraste como a un emperador? No vi al hombre como a uno de tantos, respondió el monje, sino que, al verlo como emperador de los romanos designado por Cristo de parte de Dios, me levanté y aclamé. Pues a los honrados por Dios les es debida absolutamente también la honra de los hombres. Teófilo, pues, habiendo cumplido lo ordenado, emprendió de nuevo el camino hacia la ciudad imperial, pero Basilio, atrapado por una enfermedad corporal, es dejado allí. Habiendo recibido el cuidado apropiado, se preparaba para el ascenso. La mujer antes mencionada, Danielis, llamándolo, lo agasaja con regalos y grandes dones, sin buscar nada más de él que ser unida con el vínculo de la hermandad espiritual a Juan, su hijo. Él, mirando hacia su propia humildad y la magnificencia de la mujer, rechazaba el encuentro como si fuera superior a él. Pero habiendo recibido mayor exhortación, cumple el propósito de ella. Cumplido el deseo de la mujer, le pareció bien no ocultar la voluntad de Dios, sino publicar y poner de manifiesto las grandezas de Dios, de las maneras que sabe que son predichas y declaradas. Por tanto, habiendo puesto a Basilio en privado: Sabe, dijo, hijo, que Dios te va a poner en una gran atalaya y te va a demostrar señor de toda la tierra. Al cumplirse, pues, mi predicción, no pido nada más de ti, sino solo ser amada y compadecida yo y los que son míos. Él, si Dios concediera
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que se cumplieran las cosas anunciadas, prometió declararla señora de todo, si fuera posible, de aquella tierra. Y así, habiendo saludado a la mujer, subía hacia la ciudad imperial y hacia su propio señor. Con el dinero que le sobrevino desde entonces, habiendo comprado posesiones considerables en Macedonia, estableció en la abundancia a todos sus allegados generosamente, pero aun así estaba y servía a su señor. Bas1. 7 En uno de los días, Antígono, el que dirigía las escuelas, hijo del césar Bardas, habiendo preparado un banquete costoso, tenía como comensales a los primeros de los que estaban reclinados a su propio padre, el césar Bardas, quien, habiendo tomado a muchos otros de los parientes, amigos y conocidos, se dirigía a la fiesta. Estaban presentes con él también búlgaros conocidos y amigos, que por casualidad pasaban el tiempo en la ciudad imperial. No faltaba del banquete ni Teófilo, el señor de Basilio, como pariente él mismo del césar. Al avanzar la bebida y estar en su apogeo la fiesta, puesto que los búlgaros tenían consigo a un hombre atlético y que se vanagloriaba de la fuerza de su cuerpo, parecían pensar mucho de él y se jactaban, y se jactaban de que no había nadie capaz de enfrentarse a él. Dice, pues, Teófilo en medio de las mesas al césar: Si place a tu autoridad, hay uno de los que me sirven capaz de luchar con este famoso búlgaro. Pues es una gran vergüenza para los romanos si este llega a estar así invicto en Bulgaria. Habiendo aceptado el césar la palabra y ordenado traer al joven al medio, el patricio Constantino, padre de Tomás el logoteta, estando muy amistosamente dispuesto hacia Basilio, ya que él mismo también arrastraba la serie de su linaje de los armenios, al ver el lugar húmedo donde los luchadores iban a enfrentarse, y temiendo el resbalón por la humedad, esparce polvo y serrín de madera por el suelo. Habiendo sucedido esto, Basilio, al enfrentarse al búlgaro, y habiéndolo presionado y apretado como a un niño recién nacido, como a un fardo de hierba o un vellón de lana, lo levantó ligera y fácilmente y lo arrojó por encima de la mesa. Esto, al suceder, llenó de alegría a los romanos y de vergüenza a los búlgaros. Desde aquel día, la fama de Basilio se extendía más por la ciudad imperial, y era celebrado en boca de todos, habiéndose convertido ya en alguien notable. Bas1. 8 Sucedió también otra cosa que lo elevó a mayor gloria. Había un caballo junto al emperador Miguel, de cuello duro y difícil de manejar, que en edad, belleza, rapidez y hermosura de aspecto superaba a los admirados hasta entonces, el cual, si por casualidad era soltado de sus ataduras o de otro modo liberado, era muy difícil de volver a tomar y causaba muchos problemas a los caballerizos para sujetarlo. Montado en este caballo, el emperador salía a cazar, y habiendo acertado a una liebre, se bajó del caballo con la vara para degollar a la liebre. El caballo, dejado suelto, saltaba y se escapaba. Y habiendo corrido muchos caballerizos, arcontes y el resto de los que estaban alrededor del emperador, no era posible para nadie sujetar al caballo, de modo que el emperador, enfurecido, ordenó que, si era capturado, se le cortaran las patas traseras. El césar suplicaba y pedía al emperador que no se perdiera en vano tanta virtud de un caballo por una sola maldad. Y ellos estaban en tales deliberaciones, pero Basilio, habiendo corrido junto a su señor: Si paso al caballo imperial, dijo, y habiendo saltado desde mi caballo me monto en él,¿ acaso el emperador se indignará contra mí por la silla imperial y el freno teñido de púrpura? Habiendo recordado él al emperador al oído, y habiendo ordenado aquel que esto sucediera, Basilio, habiendo hecho pasar hábilmente su propio caballo y habiéndolo igualado en línea paralela con el del emperador, saltó directamente y se lanzó sobre el caballo imperial, causando un gran asombro a los presentes y a los que miraban. Habiendo admirado también el emperador su habilidad con valentía y
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prudencia, enseguida, separándolo de Teofilitzes, lo alistó entre sus propios estrátores, lo amaba de manera especial y, mediante pequeños progresos, lo elevó al rango de protostrator. Bas1. 9 Habiéndose realizado una cacería por el emperador en Filopatio, el protostrator iba delante de este a caballo, llevando en el cinturón también el bardukion imperial. Habiéndose producido ruido y gritos por la multitud, un lobo de gran tamaño saltó del bosque. Habiendo corrido Basilio detrás de él, lanzó contra él el bardukion imperial, y habiendo alcanzado a la fiera en medio de la cabeza, la partió en dos. El césar, que seguía detrás del emperador como de costumbre, al ver lo sucedido, se dice que dijo a uno de los conocidos en secreto: A este hombre, amigo, considero que será la ruina total de nuestro linaje. Dicen que también León el filósofo profetizó esto mismo, llamando al hombre por su nombre y señalando algunas señales y mostrándolo con el dedo, y prediciendo que este sería la ruina de todo vuestro linaje. Bas1. 10 El césar, pues, acechaba siempre, pero no lograba nada. Pues era muy difícil anular lo que una vez parecía haber sucedido por la providencia. Habiendo pasado el emperador una vez de nuevo por causa de la cacería a Armamento y, después de la cacería, banqueteando junto con su madre Teodora y algunos de los parientes y más allegados, fue llamado el protostrator por orden del emperador. Hacia él la emperatriz miraba más fijamente, observando y examinando lo que había en él. Habiendo reconocido alguna marca y señal en él, enseguida, atrapada por un vértigo y golpeada por un desmayo, cayó a tierra. Habiéndose alborotado el emperador por esto y los que estaban alrededor del emperador, enseguida se traía agua y perfumes de los fragantes, con los cuales, rociando a la señora, la llamaban de la caída. Apenas volviendo en sí y habiendo salido de la oscuridad, al ser preguntada por su hijo y emperador por qué causa le había sobrevenido este padecimiento, apenas recuperada, respondió esto a su hijo: Este, hijo, a quien llamas Basilio, es el aniquilamiento de nuestro linaje. Pues vi en él una señal predicha hace tiempo para mí por tu padre, ante la cual, mareada, caí a tierra. El emperador, por una parte con palabras disuasorias, y por otra con seguridades juradas, alejaba a la madre del miedo, devolviéndola a la calma y consolándola, diciendo: Sabe, señora y madre mía, que este hombre es un hombre valiente, irresistible en fuerza e incomparable en nobleza de alma, fiel en lo que respecta a nosotros y bienintencionado y para nada malintencionado contra nadie. Y entonces Basilio evitó así el daño de tal suerte. Bas1. 11 Damián el parakoimomenos, que era eunuco y escita y había sido honrado con la dignidad de patricio, criticando lo que hacía el emperador, como si no se realizara según lo debido, y especialmente lo que hacía su tío Bardas el césar, el emperador fue incitado alguna vez a la reacción, siendo muy obtuso y perezoso para la percepción de los asuntos, y revocaba y quizás corregía algunas de las acciones del césar. Lo cual, no soportándolo el césar, se prepara secretamente contra Damián, y habiendo usado muchas calumnias contra él ante el emperador, y habiendo sofisteado convincentemente las acusaciones, logró apartar al emperador de la benevolencia hacia Damián, de modo que pudo incluso sucederlo en su propia dignidad. Habiendo sido expulsado aquel, el cargo de parakoimomenos quedó vacante por algún tiempo. Mientras el césar y la facción que lo rodeaba promovían a uno y a otro para esto, la providencia de Dios, invisiblemente, como ella quería, dirigiendo los asuntos, demostró que toda prudencia y astucia eran ineficaces. Pues después de algún tiempo, el emperador propone como parakoimomenos a Basilio, honrándolo también con la patriciado y uniéndolo en matrimonio con una mujer que sobresalía en belleza corporal, hermosura y prudencia sobre todas las de su condición. Esta era
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hija de Inger, famoso ante todos por su prudencia y nobleza, cuyo linaje descendía de los Martinakios. Habiendo sucedido esto y viendo el césar que el amor del emperador hacia Basilio aumentaba siempre, y mordido por la envidia y temiendo por el futuro, decía muchas veces a los que lo habían persuadido a deshacerse de Damián: Que, habiendo obedecido a vuestros malos consejos, yo, habiendo expulsado a una zorra, introduje a un león, para que nos devore a todos de golpe. Bas1. 12 Apenas el emperador Miguel hubo partido contra los cretenses con Bardas el césar, su tío, y Bardas se ocupaba de los asuntos con mayor arrogancia y poco a poco irritaba al emperador y daba motivo de sospecha a los que lo rodeaban, cuando estuvieron en los Jardines( los Jardines son un lugar junto a la costa, donde el río Meandro hace sus desembocaduras hacia el mar), allí, habiendo tenido lugar la preparación y el plan de los que rodeaban al emperador, para que no fueran prevenidos y sufrieran más que actuaran, apresurándose, matan a Bardas, como el relato ha declarado explícitamente desde arriba, habiéndose enredado en los pies del emperador. El mes de abril de la decimocuarta indicción corría entonces. Habiendo sido asesinado Bardas, enseguida el emperador disuelve el campamento y recuerda el regreso hacia la ciudad imperial. Habiendo regresado a Bizancio, puesto que carecía de descendencia propia, adopta a Basilio y lo eleva a la dignidad de magistro. Bas1. 13 Lo cual, no soportándolo por envidia Simbatios el logoteta del dromo, yerno del césar Bardas, pretextando no poder vivir en la ciudad imperial, pide el estrategato de los Tracesios, y ciertamente lo obtiene. Habiendo pasado poco tiempo y siendo el gobierno imperial gobernado de forma precaria, ya que el emperador tenía la mente en otras cosas y no en la administración de los asuntos, y habiendo demostrado claramente la muerte de Bardas su nulidad y simplicidad( pues mientras aquel vigilaba como partícipe de los asuntos y de la administración, en la medida de lo posible resistiendo, por su cuidado y afán se ocultaba la nulidad del emperador. Pero cuando aquel fue degollado y todo el cuidado del imperio recayó solo en el emperador, entonces claramente se demostraba su ineptitud y su incapacidad para las acciones políticas), pues se producían continuos murmullos por parte del común contra el emperador, y ni el senado ni la ciudadanía estaban satisfechos con lo que se hacía, y el ejército mismo estaba agitado y conmovido. Estas cosas, escuchándolas el emperador a través de sus allegados, y comprendiendo su propia ineptitud para las gestiones mundanas, y a la vez temiendo una rebelión, decidió tomar como partícipe de los asuntos y del poder. Y puesto que poco antes, como dijimos arriba, había adoptado a Basilio, y sabía que él sobresalía en valentía y prudencia sobre la mayoría y era capaz de suplir su carencia en el gobierno de la nave mundana, y más aún impulsándolo a esto una fuerza suprema, lo adorna con la dignidad, gloria y unción de emperador, en el santo día de Pentecostés, en el renombrado templo de la Sabiduría de Dios, habiendo realizado una procesión pública, y pone a Basilio la corona imperial, llevando el mes de mayo el día veintiséis de la decimocuarta indicción. Habiendo sabido esto Simbatios, no lo soportó moderadamente, sino que, habiendo tomado como colaborador también al patricio Peganes( este también era estratega del Opsikion), miraron hacia la rebelión, aclamando a Miguel como emperador, para que de esto atrajeran a las multitudes y no parecieran levantar manos contra el autócrata, pero difamando a Basilio y lavándolo con mil insultos. Y estas cosas se hacían en verano. Pero el invierno, al llegar, disolvió las reuniones de estos, habiendo buscado los cabecillas de la insensatez la salvación en la huida. Simbatios, pues, entra en la Piedra Plana( este es un fuerte
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fortificado e inexpugnable situado en Asia), y Peganes ocupó Cotyaeum. Pero después de poco, habiendo sido derrotados, son llevados encadenados ante el mismo emperador. Quienes, habiendo sido cegados de los ojos, y habiendo sido cortada la mano derecha a Simbatios, y la nariz a Peganes, son enviados al exilio. Bas1. 14 Todos los súbditos del imperio de los romanos se alegraron por la proclamación de Basilio, anhelando ver a un hombre sentado en el timón del imperio que hubiera experimentado la suerte privada y no ignorara lo que sufren los más humildes bajo los más poderosos. Pues les afligía también el gobierno del emperador Miguel, siendo muy fluido y disoluto, y no teniendo otra obra que fiestas, borracheras, carreras de caballos prósperas, bufones y las otras acciones corrompidas, de las cuales, como de paso, el relato hizo mención arriba brevemente, vaciando los tesoros imperiales en cinaedos, tañedoras de sambuca, bailarinas y una multitud de hombres libertinos con horcas enteras. De lo cual, por una parte, los asuntos de los romanos se estrechaban, y él mismo, estrechado por la necesidad, y no teniendo qué hacer, ideaba recursos injustos, para el alivio quizás de la necesidad, y ponía manos impías sobre los que en nada le pertenecían. Se burlaba también de lo divino con hombres y mujeres impuros y lascivos. Y no había ninguna acción indecible que no fuera dicha y hecha a través de él y de los que se alimentaban de otro modo junto a él. Basilio, queriendo apartarlo de tales acciones ilícitas, habiendo intentado muchas veces, no solo no pudo, sino que más bien lo irritó hacia la ira, y despertó planes torpes y absurdos contra él, como se ha dicho en lo anterior. Bas1. 15 Aterrorizado por las continuas conspiraciones y planes contra él, Basilio se esforzó por hacer algo más antes de sufrir. Por tanto, habiendo preparado con algunos allegados y parientes y los soldados que dormían en los palacios, mata al emperador en los palacios del santo gran mártir Mamas. Y Miguel, habiendo vivido así de forma relajada y blanda, recibió tal fin, y es proclamado monarca enseguida Basilio, primero por los conspiradores, luego también por el senado, los tagmas imperiales, todo el ejército y la multitud de la ciudad. Apenas al pasar al poder de todo, habiendo llamado enseguida al senado y a los que sobresalían en dignidades, abrió el tesoro imperial, y no se encontró nada más de tal multitud de dinero, sino, como se ha dicho antes, solo tres kentenaria. Habiendo buscado, pues, el emperador el registro de la salida, y habiendo encontrado esto en poder de un anciano eunuco, y habiendo sabido a dónde fue a parar esto, propuso un consejo sobre esto a los mejores. Habiendo sido dado el voto por todos de que aquellos que tomaron mal esto devolvieran lo tomado al público, Basilio, cediendo en exceso, ordenó devolver a la tesorería imperial la mitad de lo que cada uno tomó. Y así, de esto se reunieron para el público trescientos kentenaria de oro. El emperador realizó también una procesión pública hacia el gran templo de la Sabiduría de Dios, y distribuyó mucho dinero al volver a la multitud, no de los públicos, sino de los que le pertenecían privadamente. Le sobrevino también una multitud de dinero inesperada y de tesoros ocultos que aparecieron de la tierra. Se encontró también en el eidikon no poco oro, que el anterior emperador Miguel reunió, habiendo fundido aquel famoso plátano y los dos grifos de oro macizo y los dos leones de oro forjados y el órgano de oro macizo y otras obras diversas de oro de la mesa, y vestiduras imperiales y augustas, de las cuales iba a servirse para lo que le fuera grato, pero habiendo llegado el destino, estas fueron transferidas a Basilio. Pero esto, más tarde. Bas1. 16 Apenas subido al poder, Basilio, primero, eligiendo a los más incorruptibles, los proponía para los cargos
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y testificados de mantener sus propias manos limpias de toda ganancia, luego así se ocupaba de la justicia, y se ocupó de que la isonomía se practicara entre los gobernados y que los más pobres no fueran oprimidos por los ricos. Por todas partes exponía decretos ordenando que la injusticia fuera totalmente erradicada. Estableció jueces, engrandeciéndolos con raciones y todo tipo de honores y ordenándoles pasar el día y resolver las disputas de los litigantes, habiéndoles asignado lugares aptos, la Magnaura y el llamado hipódromo y la llamada Calce, que había sufrido con el tiempo y, estando a punto de caer, la reparó y renovó. Ordenó también alimento para los más pobres de los que tenían los juicios, para que no, presionados por la necesidad, desistieran de los juicios. Se entregaba también él mismo a tal parte, cuando tenía tiempo de las campañas y de despachar con las embajadas de todas partes, y bajando al llamado genikon, observaba a los que eran cobrados por el público, no fuera que alguien fuera cobrado injustamente, y así ayudaba a los injustamente tratados. Se dice que, habiendo bajado él a la mencionada estancia, como nadie acudía a quejarse, sospechando que los necesitados eran impedidos por algunos de entrar ante él, envió a algunos de los guardias a muchas partes de la ciudad a buscar si había alguien necesitado de ayuda. Como ellos regresaron diciendo no haber encontrado a nadie de ninguna manera, derramó una lágrima con placer y dio gracias a Dios. Viendo que hay alguna ocasión para los malvados para injusticiar debido a la brevedad de las partes en los números, digo de la mitad, sexta, duodécima y tales, usando los antiguos signos de los escribas, quiso también quitar tal ocasión a los que elegían injusticiar, y ordenó con letras sencillas, que también a los rústicos es fácil de leer, que se escribieran tales signos, habiendo pagado de su bolsillo también el gasto de los papeles, el de las letras y el de los escribas. Realizó también una vuelta de los asuntos eclesiásticos, expulsando del archieratado, con un sínodo reunido, a Focio, que había irrumpido en el cargo, ordenándole estar ocioso hasta que Dios traslade al que fue justamente puesto para él, introduciendo en su lugar a Ignacio, que había sido expulsado mal y ilegalmente por Bardas, y así hizo que las iglesias de Dios estuvieran en calma. Pero también, viendo que las leyes civiles tenían mucha oscuridad y confusión, se apresuró a corregirlas adecuadamente según lo debido, y a quitar la inutilidad de las abolidas, y a limpiar la multitud de las vigentes. No tuvo tiempo, habiendo sido prevenido por la muerte. Completó la obra León su hijo después de esto. Bas1. 17 En el primer año del reinado de Basilio, hubo una conspiración y plan contra él, siendo Jorge y Simbatios los que iniciaban el plan de los patricios. Habiendo sido descubierto el crimen, y habiéndose hecho evidentes también las pruebas, estos son cortados de los ojos como autores principales del consejo, y todo el resto del grupo de los conspiradores, habiendo sido paseados, fueron exiliados. Cortando las conspiraciones de los que reinaban, corona a Constantino y León, sus propios hijos. En el tercer año de la monarquía proclama también a Alejandro, el tercer hijo. Al más joven de todos, Esteban, lo consagra y lo alista en la iglesia de Dios. Y puesto que tenía cuatro hijas, también a estas las consagra en el divino santuario de la panfamosa mártir Eufemia. Bas1. 18 Así, pues, como parecía, habiendo dispuesto bien sus asuntos, se apresuraba también a hacer campaña contra los que se oponían a la Romanía. Y ciertamente, habiendo completado las falanges contra los bárbaros mediante la recolección de nuevos, habiendo llenado los catálogos militares que habían disminuido por el anterior emperador Miguel debido al corte de sus pagas y raciones, hizo campaña, y primero contra Tefrica, de la cual Crisóquer
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Dirigía, pareciendo destacar en valentía y prudencia, y hostigaba y saqueaba constantemente los territorios de los romanos. Contra él y contra la ciudad parte en campaña el emperador. Como aquel no resistió el avance, sino que se refugió dentro de las murallas, el emperador recorrió y saqueó todo el territorio bajo su dominio y estableció su campamento junto a la misma muralla de Tefrica, pensando tomar la plaza fuerte mediante un largo asedio. Pero cuando observó que estaba fortificada por todas partes y que era desesperado tomarla por asedio( pues ya se habían consumido todos los víveres necesarios en la región), levantó el asedio, tras haber arrasado las fortalezas próximas a Tefrica: Avara, Copto, Espata y otras muchas. Habiendo reunido allí al ejército, regresó con brillantes trofeos y botines. Mientras la región en torno a Tefrica era saqueada y devastada, la ciudad vecina de los ismaelitas, llamada Taras, que mantenía una alianza y cooperación con Tefrica, temiendo el peligro, envió embajadores para solicitar la paz y ser inscrita entre los aliados de los romanos. Y, en efecto, lo consiguió, pues el emperador recibió la embajada con benevolencia. Se unió también Curticio, de origen armenio, quien poseía Locana y saqueaba y devastaba continuamente las fronteras de los romanos, entregándose a sí mismo al emperador, así como la ciudad y el pueblo que le estaba sometido. Mientras esto sucedía, el emperador envió contra la llamada Zapetra a un pueblo de guerreros selectos, y tuvo éxito en Samosata, pues el ejército atravesó los desfiladeros mediante un ataque repentino y entró de improviso en la misma ciudad; la ciudad fue tomada por sorpresa, gran parte del pueblo fue degollado, se tomó un botín inmenso y fueron liberados romanos que llevaban largo tiempo encadenados. Tras incendiar el pueblo enviado los alrededores de la región y arrasar Samosata, y habiendo cruzado el Éufrates con igual ímpetu, capturado toda la región de la otra orilla y reunido un gran botín y cautivos, regresó indemne hacia el autócrata, que tenía su campamento junto al río Atzarnuk. Desde allí, el emperador partió con todo el ejército y marchó hacia Melitene. Al acercarse al Éufrates y encontrarlo desbordado en la época estival y totalmente intransitable, construyó un puente y cruzó el río. Tras haber dañado y devastado gran parte de la región, y habiendo tomado la fortaleza que llaman Rapsacio, envió a una parte del ejército a recorrer la región entre Arsino y el Éufrates, quienes, tras recorrerla toda con rapidez alada, arrasaron el llamado Carcicio, Jajo, Aman, Murex y Abdela. Él mismo, al atacar Melitene, que entonces era populosa y se vanagloriaba de su multitud de bárbaros, cuando se acercó a las murallas, recibió a las falanges bárbaras que salían a su encuentro con gritos y alaridos; mezclándose con ellos con vigor y poniéndose al frente de la falange, puso en fuga a los que se le oponían, y luego los demás persiguieron a los otros matándolos hasta la ciudad, de modo que el terreno intermedio quedó cubierto y lleno de cadáveres, siendo capturados no pocos vivos, mientras que los restantes se encerraron cobardemente dentro de las murallas. El emperador quiso intentar tomar el lugar con máquinas de asedio. Pero al ver la ciudad bien provista de torres y rebosante de defensores en la muralla, y al enterarse además por los desertores de que tenía gran abundancia de víveres y no temía un asedio prolongado, partió de allí, atacó la tierra de los maniqueos y, tras reducir a cenizas todo lo que encontraba a su paso, incendió y demolió la fortaleza llamada Argaout, la de Cutacio, la de Estéfano y la de Aracaj. Habiendo reunido allí al ejército, se dirigió hacia la ciudad imperial. Tras honrar a los soldados que se habían distinguido, los licenció, y él mismo, al llegar a la capital y cruzar a Tracia, tras realizar una procesión pública desde el Séptimo, entró por la Puerta de Oro y celebró un triunfo muy espléndido, mientras el pueblo
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lo engrandecía con aclamaciones y vítores de victoria hasta el templo de la Sabiduría hipostática de Dios. Pues, una vez allí y tras ofrecer himnos de acción de gracias a Dios, y habiendo sido coronado con guirnaldas de victoria por el patriarca Ignacio, regresó al palacio y, tras alegrarse brevemente con su esposa y sus hijos, se ocupó de nuevo de las administraciones políticas. Bas1. 19 Al año siguiente, el jefe de los maniqueos, Crisóquer, invadió el territorio de los romanos con un ejército pesado y lo saqueaba, por lo que el emperador envió contra él, como de costumbre, al jefe de las escuelas. Este, habiendo reunido a todo el ejército romano, puesto que temía decidirlo todo en una batalla campal, le seguía desde cierta distancia, contenía sus incursiones parciales y no le permitía dispersarse sin miedo por el país. Así pues, como el bárbaro, haciendo unas cosas y dejando otras sin hacer, ya recordaba el regreso a su patria y regresó con un botín considerable, el doméstico de las escuelas designó a dos de los estrategas, el de Carsiano y el de los armeniacos, para que, con la fuerza que los rodeaba, cada uno acompañara a Crisóquer hasta el llamado Baturriaco, y allí, dice, si lanza un ejército contra las fronteras romanas, que le informe claramente sobre ello, pero si marcha hacia casa sin volverse, que lo dejen regresar de nuevo hacia él. Al caer la tarde, y habiendo llegado el ejército bárbaro al Baturriaco y acampado al pie de la montaña, mientras los mencionados estrategas ocupaban las alturas y observaban lo que iba a suceder, surge una disputa y rivalidad por la primacía entre los soldados de los dos temas. Pues los de Carsiano insistían en atribuirse a sí mismos los honores de la valentía, y, por el contrario, los armeniacos se los atribuían a sí mismos. Como la disputa llegaba a su punto álgido y cada uno de los regimientos tendía a la jactancia, se dice que alguien del contingente de los armeniacos dijo:¿ Por qué, compañeros de armas, nos enfurecemos inútilmente de forma indecorosa, pudiendo demostrar una virtud indiscutible con hechos? Pues los enemigos no están lejos, y es posible que los valientes se muestren en la acción. Tras escuchar tales palabras y observar el impulso de valentía del pueblo, y habiendo notado también la ayuda del lugar, puesto que iban a atacar desde una posición superior a los enemigos situados en un lugar cóncavo, dividen la fuerza en dos. Se decidió que la parte selecta, hasta seiscientos, junto con los mismos estrategas, atacara al ejército de los bárbaros. El resto, un número reducido del ejército romano, lo dispusieron allí mismo para dar la impresión de una multitud en las alturas y, tras dar la consigna, para que cuando estos atacaran a los enemigos, ellos también lanzaran un grito estremecedor con alaridos y trompetas, resonando también las montañas, y así se acercaran sigilosamente durante la noche al campamento de los enemigos. Dada tal consigna, sin que el sol iluminara aún las cumbres, entonando un peán con gritos vigorosos y gritando al unísono" el Cristo ha vencido", atacan a los enemigos, mientras los demás gritaban también desde la montaña. Inmediatamente, los bárbaros, aterrorizados por lo inesperado y sin tener tiempo ni para formarse, ni para ver cuán grande era la multitud que se les venía encima, ni para deliberar otra cosa salvadora para sí mismos en ese momento, se lanzaron a la huida. Como los romanos los perseguían y llamaban a los estrategas, a los regimientos y al jefe de las escuelas que no estaban presentes, tal como se les había ordenado, y los que huían eran empujados a un mayor miedo y confusión, sucedió que la persecución duró hasta treinta millas y el espacio intermedio quedó cubierto de innumerables cadáveres. Entonces, el desvergonzado Crisóquer, huyendo con pocos de los que estaban con él, cuando vio que lo perseguía un romano llamado Pulades, a quien había tomado prisionero una vez en Tefrica y a quien tenía como conocido por su ingenio, gracia y trato habitual,
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al verlo y reconocerlo, se volvió y dijo:¿ Qué mal te he hecho, miserable Pulades, para que me persigas así con deseo maníaco de matarme? Él, respondiendo rápidamente, dijo: Confío en Dios en que hoy podré devolverte la recompensa por tus beneficios, patrón. Aquel seguía adelante como alguien aturdido y con la mente dañada, mientras que el otro lo seguía con valentía juvenil. Al encontrarse el perseguido con una zanja profunda y no permitir que el caballo la saltara, es golpeado por detrás por Pulades, que se le había adelantado, con una lanza en el costado. Y él, tras dar vueltas inmediatamente por el dolor, cayó del caballo, y uno de los que estaban con él( Diaconitzes era su apellido) se arrojó del caballo y se dignó a cuidar al caído, poniendo la cabeza de aquel sobre sus propias rodillas y lamentando lo sucedido. Mientras tanto, llegan otros junto a Pulades, y saltando de sus caballos, cortan la cabeza de Crisóquer, que ya estaba muriendo y expirando. Encadenan también a Diaconitzes y lo cuentan entre los otros prisioneros. Inmediatamente se envían buenas nuevas al emperador, con las cuales iba también la cabeza de Crisóquer. Al caer Crisóquer, se marchitó también toda la floreciente valentía de Tefrica. Y los asuntos de Tefrica tuvieron tal fin, y en una hora la multitud de los maniqueos, que se había elevado a una altura de gloria mayor, se disolvió como el humo. Bas1. 20 Al fallecer el patriarca Ignacio, el emperador devolvió de nuevo la iglesia a Focio. Bas1. 21 En este tiempo se comunica al emperador una conspiración por parte de uno de los conjurados, que tenía como jefe al patricio Romano Curcua. Y, en efecto, tras ser capturados los conspiradores, a Curcua le fueron vaciados los ojos, y los demás fueron azotados, tonsurados y desterrados. Bas1. 22 El mismo emperador recuperó también la fortaleza de Lulo, que estaba en poder de los sarracenos. Añadió a ella también la de Meluos y proclamó al emperador como señor. Arrasó también por sí mismo la metrópoli de los maniqueos, Cama. Bas1. 23 Brillando ya la primavera, tomó a su hijo mayor, Constantino, y partió en campaña contra Siria. Tras llegar a Cesarea, la primera de los capadocios junto al Argeo, y acampar allí, ejercitaba a la multitud restante con ejercicios tácticos, mientras que, separando una parte del ejército, envió exploradores, y él mismo los seguía por detrás. Los exploradores y precursores, tras recorrer rápidamente los desiertos, arrasaron la fortaleza llamada Psilocastro y la otra llamada Firocastro, y esclavizaron a sus habitantes. Ante esto, los que habitaban el castillo llamado Falacro, aterrorizados, se entregaron voluntariamente a los romanos. El hijo de Ambrón, Apabdele, el emir de Anabarza, mientras el emperador estaba lejos, se mostraba bárbaramente insolente, pero cuando se acercó, uniéndose a la hueste de los melitenos, buscó su salvación en la huida. El emperador arrasó Casama, Carba, Ardala y Eremosuquéa, cuando aquel Semas, hijo de Tael, que ocupaba los lugares difíciles del Tauro y dañaba las fronteras de los romanos mediante ataques repentinos, huyó hacia el emperador. Después de esto, el emperador, tras cruzar el río llamado Onopnictes y el Saro, llegó con el ejército a Cucuso, y tras limpiar las malezas de allí y hacer transitable lo intransitable, se apoderó de las emboscadas de allí. Al llegar a Calípolis y Padasia y encontrarse con caminos difíciles y escarpados, consolando a los que estaban bajo su mando, él mismo avanzaba a pie y paso a paso delante del ejército. Tras superar los desfiladeros del Tauro, ataca Germanicea. Como todos los que se resistían se encerraban en las murallas y nadie se atrevía a entrar en combate, tras cortar y entregar al fuego las bellezas que había ante la ciudad, llegó a la ciudad de Adata. Y como los habitantes de esta tampoco se atrevían a luchar en campo abierto,
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sino que se habían encerrado dentro de las murallas, tras saquear e incendiar lo que estaba fuera de la ciudad, y tras tomar por asedio el pequeño pueblo que llamaban Geronta y permitir a los soldados saquearlo, finalmente ataca las murallas, llevó toda clase de máquinas y fue activo en el asedio, teniendo no pocas esperanzas de tomar la ciudad debido al peso de la fuerza que lo rodeaba. Al encontrar a los de dentro vigorosos y soportando sin miedo lo que les caía encima, tras dar una tregua a la guerra, preguntaba a los de dentro en qué confiaban, pues su patria estaba a punto de ser tomada, y parecían hacer poco caso de ello. A lo que respondió uno de los ancianos que tenían la certeza de que la ciudad no iba a ser tomada por él ahora, sino que estaba destinado que fuera tomada por otro que le pertenecía por linaje( Constantino es su nombre), y que por eso no se asustaban de lo que les caía encima. Al mostrar el emperador a su hijo y decir que se llamaba Constantino, el jefe decía que ese no era el Constantino que iba a hacer que su ciudad fuera destruida, sino otro después de mucho tiempo de entre tus descendientes. Ante esto, el emperador, enfurecido y queriendo demostrar con hechos que la profecía era falsa, se dedicó con más intensidad al asedio. Pero al ver que, aunque todos se esforzaban, el empeño no avanzaba, y al sobrevenir además un frío insoportable que dañaba gravemente a los que estaban al aire libre, levantó el asedio. Al regresar, ordenó que la mayor parte de los cautivos se descargaran por el peso a espada y se dirigió hacia la ciudad imperial, dejando gran miedo a los de Agar. Esperando que los atacaran, dejó muchas emboscadas en los lugares oportunos en los desfiladeros y capturó a muchos de los que estaban emboscados. Ante esto, Abdelomeler, el jefe del lugar, desesperado, envió embajadores y pedía obtener seguridad y paz; el emperador, tras recibir su petición, lo tuvo desde entonces como aliado voluntario contra sus compatriotas. Desde allí, tras cruzar el Argeo y llegar a Cesarea, recibió noticias de victoria desde Colonía y Mesopotamia, habiendo sido llevados ante él muchos botines y cautivos, tanto curtos como sarracenos, a todos los cuales eliminó a espada. Pues el ejército estaba ya sobrecargado de muchos botines y cautivos de Siria y Tefrica, y no quería tenerlos también como una carga difícil. Al llegar a Medaeo y distribuir honores a los valientes y enviar a los demás a pasar el invierno, él mismo llegó ligero a la ciudad imperial y, como de costumbre, recibió a través del patriarca la corona de la victoria y los cantos de victoria del pueblo. Bas1. 24 Marchitada ya Tefrica, el poder de los tarsitas comenzaba a florecer y crecer, y de nuevo las fronteras de los territorios romanos eran gravemente presionadas por ellos. Contra ellos, aquel Andrés, el estratega de los escitas, se mostró valiente muchas veces, y mataba a muchos de los que salían a saquear y tomaba cautivos. El emperador lo honró con el patriciado y lo promovió al mando de las escuelas. Entonces, con mayor autoridad y poder, Andrés se enfrentó muchas veces en batallas abiertas contra los de Melitene y los de Tarso y los venció. Y una vez, habiendo enviado el emir de Tarso cartas a Andrés llenas de blasfemias, que decían:" Veré si te ayuda el hijo de María y esta que lo dio a luz, cuando salga contra ti con la fuerza que me rodea", este, al recibir el escrito injurioso, lo colgó ante la imagen de la Madre de Dios, diciendo:" Mira, oh Madre del Verbo y de Dios, y tú, hijo de ella y Dios, qué injurias y qué insolencias ha proferido contra ti y contra tu pueblo elegido este bárbaro y arrogante". Tras decir esto, tomó las fuerzas romanas y marchó contra Tarso. Y, en efecto, al llegar a Podando y enfrentarse allí a los enemigos, puso en fuga con gran matanza a la multitud de los bárbaros, habiendo caído primero el mismo emir. Pocos apenas se salvan hacia
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Tarso. Tras enterrar a los suyos y reunir a los enemigos en un solo lugar y hacer un gran túmulo como estela para los que vendrían después, regresó a sus tierras con muchos botines y cautivos. Escribió también al emperador comunicándole la victoria. Bas1. 25 Como suele hacer la envidia, los malvados calumnian al hombre ante el emperador, diciendo que le era fácil tomar Tarso, pero que él había dejado pasar la oportunidad por demora y pereza. Convencido por lo que decían muchas veces, el emperador destituye al hombre de su mando y en su lugar nombra al llamado Estupiotas, quien prometía tomar Tarso y se jactaba de muchas otras cosas. Este, tomando inmediatamente las fuerzas, las llevó contra Tarso, sin pensar en nada estratégico ni digno de buena prudencia. Al llegar cerca de Tarso, acampa en un lugar llamado Crisobulo, sin establecer ni una zanja considerable ni un campamento fortificado. Al observar los tarsitas que estaba descuidado, lo atacan de noche usando tal estratagema. Pues, siendo pocos tras la derrota ante Andrés y no siendo capaces de enfrentarse en batalla, reunieron muchos caballos y ataron pieles secas a las colas de los caballos, y bajo una sola orden los lanzaron contra muchas partes del campamento romano, mientras ellos mismos, golpeando detrás con trompetas y tambores, irrumpieron en medio del campamento con las espadas desnudas. Al producirse confusión y cobardía en el ejército de los romanos, al confundirse a la vez hombres y caballos y chocar unos con otros, sucedió que los bárbaros vencieron y realizaron una matanza inmensa de romanos, siendo la mayoría pisoteados y asfixiados ignominiosamente por ellos mismos. Tras vencer así de forma paradójica y destrozar la fuerza romana, los tarsitas entonaban peanes con alaridos bárbaros. Bas1. 26 Y los asuntos hacia el sol naciente estaban así, pero el relato pasará a contar los de occidente. Pues también estos, al igual que los demás, habiendo sido descuidados en mayor medida durante el reinado de Miguel, y habiendo sido casi toda Italia, la que pertenece al imperio de los romanos, y la mayor parte de Sicilia conquistada por el poder de los cartagineses y habiéndose vuelto tributaria de los bárbaros, y además los escitas situados en Panonia y Dalmacia y los que están más allá de ellos, digo los croatas y serbios y zaclumios, terbunios y canalitas, dioclecianos y rentanos, habiéndose rebelado contra el dominio romano de antaño y establecido como autónomos, se unieron a ellos con el tiempo también los agarenos de Cartago. Y tras poner al mando a Soldano, Saba y Calfus, de quienes se atestiguaba que destacaban en experiencia militar sobre sus compatriotas, enviaron una flota de treinta y seis barcos de guerra contra Dalmacia, por la cual fueron tomadas diversas ciudades de los dálmatas, como Butoma, Rosa y los Decatora de abajo. Al avanzar los asuntos según el deseo de los agarenos, llegaron también bajo la metrópoli de toda la nación, que se llama Rausio, y la asediaron durante mucho tiempo, luchando los de dentro con entusiasmo. Pero cuando los rausios, afligidos por el tiempo, fueron llevados a las últimas dificultades, envían embajadores al emperador, estrechados por la necesidad, suplicando que socorra a los que estaban en peligro de caer bajo el poder de los que niegan a Cristo. Pero antes de que llegaran los embajadores, el emperador Miguel muere, y los embajadores encuentran a Basilio. Tras escucharlos atentamente y compadecerse totalmente del sufrimiento, tras equipar una flota de cien barcos y poner al mando de ellos a un hombre que destacaba en experiencia y prudencia sobre muchos, el patricio Nicetas y drungario de la flota, el que tenía el apellido Oorifas, los envía contra los enemigos. Los agarenos, que esperaban el asedio de Rausio, al enterarse por algunos desertores de la embajada de los rausios al emperador, desesperados
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por la rápida toma, y temiendo además la ayuda que estaba por llegar del emperador, levantan el asedio, y tras cruzar hacia Italia, que ahora se llama Lombardía, arrasaron el castillo de Bari y acamparon allí, y atacando cada día a los que se acercaban y ganando siempre algo, se apoderaron de toda Lombardía hasta casi la misma Roma, antaño gloriosa. Lo sucedido en Dalmacia por parte de la ayuda romana, y al ver los mencionados pueblos de los escitas, los croatas, serbios y los demás, envían embajadores al emperador solicitando entrar bajo el yugo del poder romano. El emperador, tras escuchar su petición como razonable, los recibió con benevolencia, y todos regresaron al imperio romano, recibiendo gobernantes de los suyos y compatriotas, pero preocupándose el emperador por cómo deshacerse de los agarenos que rodeaban Rausio y que aún recorrían Italia y la desgastaban continuamente, puesto que sabía que la flota con Oorifas no era capaz de enfrentarse, envía embajadores a Doloyco, el rey de Francia, y al papa de Roma, solicitando que socorrieran a sus propias fuerzas y que junto con ellos se enfrentaran a los impíos, y ordenando a los habitantes de Esclavinia, mencionados poco antes, que ayudaran en la obra, y también a los habitantes de Rausio. Habiéndose realizado todo esto al unísono y habiéndose reunido una gran fuerza, puesto que también el almirante de los romanos estaba adornado con experiencia estratégica, Bari es tomada rápidamente. El rey de Francia, tras tomar como prisioneros a Soldano y al pueblo de los agarenos que estaba bajo él, los llevó a casa. Y la primera campaña hacia occidente de Basilio recibió tal fin. El prisionero Soldano, como se ha dicho, tras ser tomado por el rey y llevado a Capua, tras pasar dos años enteros, nunca fue visto riendo por nadie. El rey prometió una dádiva de oro a quien hiciera que se le viera riendo. Alguien informó al rey de haber visto a Soldano riendo, y de esto presentó testigos. El rey, tras llamarlo, le preguntaba por el cambio de risa. Él dijo: Al ver un carro y observar sus ruedas, cómo el que está abajo es elevado y el que está arriba es bajado, y al tomar esto como imagen de la inestable e insegura felicidad de los hombres, me reí, pensando a la vez cómo nos envanecemos por algo tan inseguro, y pensando también que no es imposible que yo, que habiendo estado arriba me he vuelto humilde, pueda de nuevo ser elevado desde la bajeza hacia la grandeza. Al escuchar esto el rey y reflexionar sobre lo suyo y considerar al hombre prudente por su mando anterior, su vejez y por haber experimentado a la vez la felicidad y la desgracia, le compartía franqueza y convivencia. Bas1. 28 Él, siendo astuto y malvado, teje una estratagema contra el rey, que expulsó al rey de Capua y le concedió a él el regreso a sus tierras. Pues sabiendo tal hombre que estas dos ciudades italianas, Capua y Benevento, no hacía mucho adquiridas por el rey, no guardan una fe segura hacia él, sino que siempre fantasean con la libertad, y no ignorando que al rey le preocupa la posesión segura y firme de estas, se acerca al rey y le dice: Viéndote siempre, oh rey, preocupado y cuidando cómo poseerás con seguridad estas ciudades italianas, vengo a ofrecerte un consejo. Sabe, pues, oh generosísimo, que no tendrás una posesión inmutable de estas ciudades si no trasladas a los principales de ellas a las costumbres de los francos. Pues por naturaleza lo que es esclavizado contra su voluntad se aferra a la libertad, y al encontrar la oportunidad estalla lo que se desea. Complacido el rey con estas palabras, y pensando que le era provechoso, había decidido hacerlo así. Por tanto, se forjaban collares y cadenas ocultamente, como para alguna necesidad urgente. Así pues,
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tras esclavizar ingeniosamente el rey, Soldano se acerca a los jefes de los ciudadanos( pues también con ellos se había vuelto habitual y continuaba hablando constantemente), y les dice: Quiero revelarles algo secreto, pero temo que, si se hace público, me cause la muerte a mí y peligro a ustedes. Tras jurar ellos que guardarían el secreto y mantendrían lo dicho sin divulgarlo, dijo que el rey quería enviarlos a todos a su tierra de Francia encadenados, como si no hubiera otra forma de asegurar la posesión de sus ciudades. Como ellos dudaban y no creían que lo dicho fuera cierto, y buscaban una comprensión más clara de los mensajes, tomó a uno de los jefes y se fue a los herreros, y ordenaba investigar qué era lo que se forjaba con insistencia; al saber que eran cadenas y grilletes, al regresar daba seguridad a los jefes de que el hombre hablaba con benevolencia y que lo dicho era verdad y salvador para nuestras ciudades. Tras recibir la seguridad, los jefes y consejeros de las ciudades mencionadas buscaban la manera de vengarse del rey. Y, en efecto, cuando salió una vez a cazar, le cierran las puertas y ya no le permiten la entrada. Él, no pudiendo hacer nada en ese momento, regresó a su propia tierra. Soldano se acerca entonces a los jefes exigiendo la recompensa por el aviso. Y esta era ser liberado y que se le permitiera libremente irse a su propia patria. Tras ser liberado, como si hubiera hecho un favor, y al llegar a Cartago y recuperar su propio mando, parte en campaña contra Capua y Benevento. Y tras clavar un campamento fortificado, asediaba activamente las ciudades. Los ciudadanos, estrechados por el asedio, envían embajadores al rey, pidiendo perdón por la falta y buscando alianza. Pero son despedidos con insultos, diciendo el rey que se alegraba de su perdición. Tras regresar los embajadores sin éxito, desconcertados y sin saber qué hacer, y siendo presionados gravemente por las necesidades del asedio, envían un mensajero al emperador Basilio de los romanos, solicitando ayuda. Este, tras recibir la embajada, envía rápidamente al embajador, para que les anime a tener confianza, pues en poco tiempo les llegará ayuda suficiente y los librará de la necesidad. El embajador, al regresar, fue hecho prisionero por los enemigos. Soldano, tras hacerlo comparecer, dijo: Tienes dos caminos ante ti, puedes elegir el más provechoso. Si quieres tu propia salvación y obtener dones y muchas gracias, habla a los que te enviaron, en presencia de todos, que al emperador de los romanos le ha sido prohibido la alianza con ustedes, y te salvarás. Si te aferras a las promesas verdaderas, te seguirá una muerte muy rápida. Tras aceptar el mensajero hacer la voluntad del emir, cuando se acercaron a la muralla a tiro de arco, el embajador pidió que llegaran los primeros de la ciudad. Y, en efecto, al llegar, comenzó a decirles tales palabras: Aunque la muerte me es evidente, oh padres, y la espada en la garganta, sin embargo, no ocultaré la verdad. Pido que me devuelvan el favor a mis descendientes y a mi esposa. Pues yo, oh señores míos, aunque estoy retenido por las manos de los enemigos, he cumplido mi embajada y esperen pronto la ayuda del emperador de los romanos. Por tanto, manténganse con nobleza. Pues viene el que los salvará, aunque no a mí. Este, tras decir tales y tantas cosas, fue inmediatamente despedazado en pequeñas partes y miembros por las espadas de los servidores de Soldano. Soldano, temiendo la ayuda que vendría del emperador, levantó el asedio y se retiró a casa. Las ciudades mencionadas continuaron desde entonces siendo amigas y aliadas de los romanos. Post Rom. add. axeb: dejando solo la ciudad más ilustre de Italia, Ionto, como ruina y al pueblo que estaba en ella junto con
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Una vez que hubieron ensalzado las cortesías y devuelto los regalos que habían traído para él, Fatlum, complacido por todo lo que escuchó, perdonó a los romanos la mitad de los tributos que le debían y redujo once de las veintidós mil unidades. Desde entonces, y hasta la proclamación de Nicéforo, se entregaron estas cantidades a los sarracenos. Mientras los gobernantes fueron sensatos y la región gozó de justicia, los súbditos llevaron una vida libre de pesares y el tributo se entregaba a los sarracenos sin complicaciones; pero cuando el poder fue confiado a hombres injustos y codiciosos, tanto los súbditos sufrieron como los tratados con los sarracenos se resquebrajaron. En efecto, Crinitas Caldo, habiendo sido nombrado estratego de Calabria por el Porfirogéneta, se aprovechó de la propia codicia para someter a los sarracenos de África y Sicilia, que estaban a punto de perecer por el hambre y la guerra contra los sarracenos de Cirene, y maltrató gravemente a quienes estaban bajo su mando. Pues compraba a bajo precio todos los recursos de subsistencia a los lugareños y se los vendía a los sarracenos a un precio elevado, quienes pagaban sin rechistar debido a la abundancia de oro que poseían a pesar de la estrechez provocada por el hambre y los enemigos. Sin embargo, Crinitas fue destituido de su cargo por Constantino, despojado de sus riquezas con ignominia y murió en la vejez. Durante el tiempo de la guerra, los romanos acogieron a los fugitivos cartagineses que desertaron, a quienes los cartagineses no reclamaron en absoluto. Más aún, incluso consentían el tributo anual, temiendo que los romanos, ofendidos, impidieran la compra de víveres y corrieran el riesgo de perecer de hambre. Pero más tarde, al disolverse la guerra, reclamaron tanto a los desertores como el pago del tributo. Como nadie les prestó atención, rompieron la paz y, cruzando el estrecho, devastaron Calabria. El emperador Constantino, por tanto, no queriendo, como su suegro, tratar con suavidad a los sarracenos y renovar la paz, sino decidido a resolver los asuntos mediante la guerra, reunió una fuerza capaz y, poniendo al frente al patricio Malaqueno, lo envió a Calabria, ordenándole unirse al estratego de la región( este era Pascual, mencionado poco antes) y emprender juntos la guerra que los cartagineses y sicilianos amenazaban con desatar. Puso también a Macrojuannes al mando de la flota enviada. Estos, al llegar a la región, cometieron innumerables males contra los nativos, siendo codiciosos y haciendo cosas que incluso los enemigos habrían dudado en realizar. Al enterarse de esto, el emir de los sarracenos, Abuljare( pues Fatlum ya había muerto), animó a los suyos y, exhortándoles a no temer a un ejército que mostraba tales maldades contra los suyos, salió al encuentro, trabó una batalla poderosa y obtuvo una victoria excelente y gloriosa. Pues los estrategas estuvieron a punto de ser capturados vivos.
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Después de esto, el emperador Constantino envió a Juan el asēkrētis, apodado Pilatos, para negociar la paz con los sarracenos. Como estos no solían envanecerse con las victorias, sino que abrazaban la paz incluso cuando salían victoriosos, accedieron de buena gana y establecieron una tregua por algún tiempo. Al expirar esta, volvieron a cruzar y saquearon a los calabreses. De nuevo, Constantino envió contra ellos una fuerza naval y terrestre. De la fuerza naval estaban al mando el apodado Crambeas y Moroleón, mientras que el patricio Mariano el Argiro comandaba la infantería. Al llegar a Hidrunte y sacar las naves a tierra, se preparaban para el cruce a Sicilia. Los sarracenos, perturbados por el rumor( pues este sabe agrandar lo pequeño y anunciar los hechos de forma más temible) y temiendo sufrir algún daño debido a la proximidad repentina de los enemigos sin estar preparados, fueron presa de un pánico terrorífico y, abandonando su propio campamento, huyeron de Regio y cruzaron hacia Sicilia. Al navegar hacia Palermo, se vieron envueltos en una tempestad violentísima y, al ser destrozadas las naves por el oleaje, o mejor dicho, por Cristo Dios, a quien ellos blasfemaban, perecieron todos. Por tanto, firmaron un tratado con los romanos, y los términos de la paz se mantuvieron hasta la proclamación de Focas. Apenas este fue proclamado emperador, considerando que era peor que cualquier desgracia pagar tributo a los sarracenos, envió a Manuel, como dijimos, con una fuerza contra ellos. Este, siendo joven y digno de estar alistado entre los soldados, pero no de comandar, y estando además sujeto a muchas otras debilidades y sin hacer caso de quienes le aconsejaban lo mejor, fue cercado con todo su ejército en unos lugares escarpados y de difícil acceso de Sicilia y entregado a la destrucción total. Fue capturado vivo también Nicetas, patricio y drungario de la flota, el eunuco, y enviado encadenado a África. Y Manuel tuvo tal final, siendo responsable de la perdición de todo el ejército. El emperador, en ese tiempo, envió contra Cilicia a Juan Magister y Doméstico de las Escuelas de Oriente, ya nombrado, el Tzimisces. Al llegar este a la ciudad de Adana y encontrar una multitud de agarenos selectos reunidos de toda Cilicia, trabó combate con ellos y los derrotó por completo. Los demás agarenos fueron pasados a cuchillo según la ley de la guerra; una parte del ejército, unos cinco mil en número, huyó a una colina de difícil acceso y escarpada, a pie, tras abandonar sus caballos, y confiando en la ventaja del lugar, se defendieron vigorosamente de los atacantes. Juan, rodeándolos, al no poder enfrentarse a ellos a caballo, ordenó a los soldados desmontar y subió con ellos a pie. Tras vencerlos a todos, los degolló, sin que nadie volviera la espalda, de modo que la sangre fluyó por la pendiente hacia la llanura como un río, y a partir de este suceso, la colina fue llamada colina de sangre. Esta hazaña elevó aún más el nombre de Juan y fue la causa de la completa destrucción de los sarracenos.
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Nicéforo, en el segundo año de su reinado, en el mes de julio, de la séptima indicción, salió contra Cilicia con un pesado ejército de romanos y aliados iberos y armenios, llevando a Teófano, su esposa, junto con sus hijos. A ella la dejó fuera de Cilicia, en una fortaleza llamada Drizio, mientras que él, entrando en Cilicia, destruyó las ciudades de Anazarba, Roso y Adana, y otras no pocas fortalezas. No se atrevió a ir contra Tarso y Mopsuestia, pues el invierno ya había llegado. Dejando allí un ejército suficiente, salió para pasar el invierno en Capadocia. Al comenzar la primavera, entró de nuevo en Cilicia y, dividiendo las tropas en dos, dejó a León, su hermano, para sitiar Tarso, mientras él, tomando el resto del ejército, se dirigió a Mopsuestia. Empleando un asedio activo y contando con el hambre como aliado, tomó una parte de la ciudad. Pues esta ciudad está dividida por el río Saro, de modo que parece ser dos ciudades. Al ser tomada una parte, como se ha dicho, los sarracenos huyen a la otra, tras incendiar la parte conquistada por todas partes. Al emplear el emperador un asedio más vigoroso, fue tomada también la otra parte, sin que nadie escapara de allí. León, el hermano del emperador, que sitiaba Tarso, tuvo mala suerte al enviar una parte del ejército, bajo el mando del Monasteriota, a recoger forraje y víveres. Pues los de Tarso, al salir de noche, sin que nadie se percatara de la salida, atacaron a los forrajeadores que estaban dispersos sin vigilancia y mataron a no pocos, entre ellos al propio Monasteriota. Los de Tarso, al enterarse de la toma de Mopsuestia y presionados tanto por el asedio como por el hambre, enviaron embajadores a León, suplicando al emperador y rogando ser liberados de males y entregar su propia ciudad. Él, permitiendo que cada uno se llevara una carga determinada, se apoderó de toda la demás riqueza de la ciudad. Tres días después de la toma de la ciudad, llegó una flota inmensa desde Egipto para socorrer a Tarso, llena de trigo y otros bienes necesarios para la vida. No se les permitió acercarse a tierra ni desembarcar por parte de los soldados encargados por el emperador de vigilar la costa. Y al no saber qué hacer con lo que tenían, regresaron, encontrándose con grandes naufragios debido al desorden de los vientos y al ataque de los barcos de guerra del emperador. Tras devastar y reducir a cenizas las demás ciudades de Cilicia en el mes de octubre, de la novena indicción, regresó a Constantinopla, llevando consigo las puertas de Tarso y las de Mopsuestia, las cuales, adornadas con oro por fuera, ofreció como exvoto a la Reina, colocando unas en la acrópolis y otras en el muro de la Puerta de Oro. También llevó como regalo a Dios y diezmo de su ejército los preciosos crucifijos capturados, cuando el Estupiota, siendo doméstico de las Escuelas y sitiando Tarso, sometió a las tropas a una destrucción total por su propia imprudencia; los cuales dedicó al santísimo templo de la Sabiduría de Dios. En el mismo segundo año de su reinado, Nicéforo también sometió toda la isla de Chipre al dominio de los romanos, expulsando de allí a los agarenos a través del patricio Nicetas, estratego de Calcutzi. En el tercer año de su reinado, al llegar la primavera, el emperador realizó de nuevo una incursión contra Siria. Al llegar a Antioquía, no la atacó, esperando que los antioquenos, aterrorizados por lo sucedido en las ciudades de Cilicia, ni siquiera soportarían oír hablar de él. Pero, pasándola de largo, avanzó hacia las partes más interiores de Siria y, tras destruir muchas ciudades y regiones situadas junto al Líbano y la costa, regresó en el mes de diciembre. Como los antioquenos resistían vigorosamente la guerra debido a que mucha gente de los alrededores había entrado en la ciudad para ayudar, y habiendo escaseado los víveres para el ejército romano, y habiéndose formado un pantano intransitable debido a la mucha lluvia que cayó del cielo, se retiró sin éxito y llegó a la Reina, llevando consigo el kerámion que contiene la imagen no hecha por mano humana de nuestro Dios y Salvador Cristo, que encontró en Hierápolis tras haberla saqueado, y un rizo de los cabellos del Bautista Juan apelmazado con sangre.
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Siendo Nicéforo así, habiendo empleado tales estrategias y habiendo aumentado tanto los asuntos de los romanos( pues se apoderó de más de cien ciudades y fortalezas de Cilicia, Siria y Fenicia Libanesa, de las cuales las más grandes y notables son Anazarba, Adana, Mopsuestia, Tarso, Pagras, Sinnefio, Laodicea, Alepo, y también hizo tributarias a Trípoli en Fenicia y a Damasco), sin embargo, se volvió odioso para todo hombre, y todos ansiaban ver su destrucción. El relato enumerará las causas en el momento oportuno. Al regresar Nicéforo de Antioquía hacia la Reina, al cruzar el Tauro, que localmente se llama Monte Negro, construyó una fortaleza en medio del monte sobre una colina muy fortificada, y dejando allí al patricio Miguel Bourtzes, a quien honró nombrándolo estratego del Monte Negro, le encargó vigilar sin descanso y evitar por todos los medios que los antioquenos salieran y trajeran víveres para su subsistencia. Dejó también a Pedro, uno de sus eunucos, un esclavo, hombre activo, a quien hizo estratopedarca en Cilicia, ordenándole dispersar el ejército para pasar el invierno y esperar su llegada al año siguiente. Se decía que el emperador, pudiendo tomar Antioquía de un golpe, no quiso, sino que deliberadamente retrasaba y posponía su captura, temiendo el rumor que circulaba. Pues, en efecto, estaba en boca de todos que, junto con la toma de la ciudad de Antioquía, el emperador también moriría. Sin duda, amedrentado por tal dicho, ni él mismo se acercó a Antioquía, y ordenó a Pedro y a Bourtzes no realizar ningún ataque contra ella. Pero él, habiendo establecido esto, como dijimos, entra en la ciudad imperial. Bourtzes, vecino de Antioquía y deseoso de procurarse una gloria imperecedera, preocupándose poco de las instrucciones del emperador, reflexionaba de noche y de día si podría capturar la ciudad. Por tanto, salía constantemente y entablaba conversaciones con los antioquenos. Como estos se mostraban arrogantes y rechazaban los acuerdos, él, sin que se dieran cuenta, se hizo amigo de uno de los sarracenos( este era Aulax), a quien, sobornándolo con regalos y promesas, logró obtener la medida de una de las torres al oeste de Antioquía, llamada Calla. Y habiendo fabricado con él escaleras que llegaban hasta la parte superior de la torre, y esperando una noche sin luna y lluviosa, colocó las escaleras contra el muro sin ser visto. Y subiendo con trescientos de sus hombres, degolló a los guardias de la torre, y también a los de la torre vecina. Habiéndose apoderado de estas dos torres con los trescientos, envía inmediatamente un mensajero al estratopedarca, comunicándole que se apresure y venga con todo el ejército, pues la ciudad ya estaba capturada. Pedro, al recibir los mensajes, dudaba y se resistía, temiendo la indignación del emperador, no fuera a sufrir algún mal como transgresor de sus órdenes. Como Bourtzes insistía y enviaba un mensajero tras otro, apresurando la llegada y asegurándole que no podía resistir más el asedio( pues los antioquenos, al enterarse de la captura de las torres, acudían de todas partes y se apresuraban a sitiar las torres, lanzando todo tipo de flechas y diversas máquinas, e incendiaban fuego, y hacían todo lo que debían hacer quienes corrían el riesgo de perecer con sus mujeres e hijos, y de perder una ciudad que superaba a todas las ciudades de Oriente), el estratopedarca, aterrorizado de que, habiendo perecido tantos y tan grandes hombres por su desobediencia, el Estado de los romanos sufriera un daño por la pérdida de una ciudad tan grande, a regañadientes y sin querer, se apresuró y llegó con todo el ejército, encontrando a los hombres de Bourtzes muy agotados. Pues llevaban tres días y noches siendo sitiados. Al enterarse de su llegada, los antioquenos se desanimaron y perdieron su vigor. Bourtzes, habiendo obtenido seguridad, baja a la puerta, y cortando con la espada el cerrojo de la llave, abre las puertas e introduce a Pedro con todo el ejército. Y así fue tomada la grande y célebre Antioquía. Al enterarse de esto Nicéforo, debiendo alegrarse por la toma de tal ciudad y encomendar sus asuntos a Dios, él, por el contrario, se dolió en su alma, culpó al estratopedarca y a Bourtzes no solo no lo recibió por su celo y valentía ni le otorgó recompensas dignas de su hazaña, sino que, cubriéndolo de insultos, lo destituyó de su cargo y le ordenó quedarse en casa.
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Esta causa y las demás que se dirán hicieron a Nicéforo odioso y detestable para todos. En primer lugar, cuando al principio se iniciaron sus asuntos, no ponía freno a los soldados que estaban con él, que cometían innumerables faltas, diciendo: no es nada extraño si en tal multitud de gente algunos se desordenan. Y de nuevo, al entrar en la ciudad, habiendo sido saqueados muchos ciudadanos ilustres y particulares, no hizo ninguna justicia, sino que pasaba por alto las atrocidades, deleitándose con las desenfrenos a los que los desordenados se entregaban, maltratando a los ciudadanos, y esto a pesar de que le habían ayudado no poco a la toma del poder imperial. Luego, saliendo constantemente a expediciones, maltrataba gravemente a los súbditos no solo con adiciones de impuestos y otras contribuciones de todo tipo, sino también con saqueos insoportables, habiendo recortado, además de lo dicho, una parte de las liberalidades que se entregaban al senado, porque, como decía, escaseaba el dinero en las guerras, y además recortó por completo las donaciones establecidas para ser entregadas a casas piadosas e iglesias por algunos emperadores piadosos, y promulgó una ley de que las iglesias no se expandieran con bienes inmuebles, diciendo mal que los obispos gastaban el dinero de los pobres y que los soldados disminuían, y lo que es más grave de todo, promulgó una ley, en la que también firmaron algunos de los obispos volubles y aduladores, que disponía que no se eligiera ni se nombrara obispo sin su opinión y exhortación. Y al morir un obispo, enviaba a un hombre real y ordenaba hacer el inventario de la salida, y se apropiaba de lo superfluo. Y establecía otros decretos que excedían toda idea de necesidad, los cuales requieren una mente y una lengua grandilocuentes para detallarlos parte por parte. Se esforzó también por promulgar una ley para que los soldados que morían en las guerras fueran considerados dignos de recompensas martiriales, poniendo la salvación del alma solo en la guerra y no en ninguna otra cosa. Presionaba también al patriarca y a los obispos para que estuvieran de acuerdo con el dogma. Pero algunos de ellos, resistiendo noblemente, lo apartaron de su propósito, poniendo en medio el canon del gran Basilio, que dice que los que han matado a un enemigo en alguna guerra deben estar excomulgados durante tres años. También devaluó la moneda, ideando el llamado tetartón. Habiéndose duplicado la moneda desde entonces, la recaudación de los impuestos públicos exigía la más pesada, mientras que en los gastos se dispersaba la pequeña. Siendo ley y costumbre que todo sello de emperador, si no disminuía en peso, tuviera un valor equivalente, él legisló que el suyo fuera preferido, rebajando los de los demás. Por cuya causa afligió no poco a los súbditos en los llamados cambios. Y lo peor, al estar oprimido el Estado por tal causa, los productos comprados no recibieron ninguna abundancia. Pero lo que más molestó a la gente, a pesar de ser ya muy grave, fue la construcción del muro de los palacios. Pues, destruyendo muchas obras que estaban alrededor del palacio, realizadas con belleza y magnitud, construyó una acrópolis y una tiranía contra los miserables ciudadanos, haciendo almacenes y graneros por dentro, y hornos y hornos de pan, y llenándolos de bienes. Pues se le había profetizado que moriría dentro del palacio, pero ignoraba, al parecer, que si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigila el que guarda. Pues, al terminarse el muro, sucedió que él mismo murió el mismo día en que el encargado de su cuidado le entregó las llaves.
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Se añadió a lo dicho otra cosa, que elevó aún más el odio contra él. Al producirse un altercado en la misma fiesta de la Santa Pascua entre marineros y armenios, hubo una gran mortandad de hombres, y por poco muere también el magister Sisinnio y el eparca. Se difundió un rumor a partir de esto, como que Nicéforo, enfadado con los ciudadanos, como si fueran los culpables de la desorden, iba a castigar al pueblo en un día de carreras de caballos tras haberlo cercado. Y, en efecto, poco después, celebrándose carreras, queriendo Nicéforo mostrar a los ciudadanos cómo era el combate de la guerra, y quizás también para asustarlos, ordenó a algunos tomar espadas desnudas y jugar como si fuera un simulacro de enemigos, para entretenimiento de los espectadores. Al suceder esto, los espectadores, ignorando la intención de los que miraban y suponiendo que el rumor reinante estaba llegando a su fin, se dirigían a toda prisa hacia las salidas, que eran escarpadas y peligrosas, y morían pisoteados unos por otros. Y habrían perecido todos pisoteados unos por otros, si no se hubiera visto al emperador sentado en el trono, impasible e inmutable. Al verlo el pueblo no perturbado, y comprendiendo que lo sucedido había ocurrido contra su voluntad, cesaron en la huida. Nicéforo, al realizar una procesión pública en la Fuente durante la fiesta de la Ascensión de Cristo y al regresar, los parientes de los que habían muerto en el hipódromo, al recibirlo en el mercado de los panaderos, lanzaban insultos indecentes contra él, llamándolo alástor y palamneo y impuro por la sangre de sus semejantes, y le arrojaban polvo y piedras hasta el mercado del gran Constantino. Y habría perecido por el miedo, si algunos de los ciudadanos más honorables, adelantándose, no hubieran contenido a los desordenados y, aclamándolo, lo hubieran escoltado hasta el palacio. Sabiendo que por todo esto era odiado por los ciudadanos y temiendo un ataque, construyó la acrópolis. Pero no pudo evitar el destino, sino que, cuando pensó que todo le iba bien, rompió su vida. Y cómo, se dirá en el momento oportuno. En el cuarto año de su reinado, en el mes de junio, de la décima indicción, salió a visitar las ciudades de Tracia, y al llegar hasta el llamado gran foso, escribió a Pedro, el gobernante de Bulgaria, para que no permitiera a los turcos cruzar el Istro y dañar los asuntos de los romanos. Como este no prestaba atención, sino que se burlaba con todo tipo de pretextos, Nicéforo, honrando con la dignidad de patricio a Calociro, hijo del primado de Quersoneso, lo envió al gobernante de Rusia, Svendoslave, convenciéndolo con promesas de regalos y no pocas liberalidades para que hiciera campaña contra los búlgaros. Los rusos, convencidos, atacaron Bulgaria en el mes de agosto, de la undécima indicción, en el quinto año de su reinado, y arrasaron muchas ciudades y regiones de los búlgaros, y regresaron a sus tierras llevándose un botín inmenso. Y en el sexto año de su reinado, volvieron a hacer campaña contra Bulgaria y cometieron cosas similares a las anteriores, o incluso peores. El dos de septiembre, a la hora duodécima de la noche, de la undécima indicción, hubo un temblor y un terremoto extraordinario, y Honoriade y Paflagonia sufrieron gravemente. Hubo también vientos en el mes de mayo de la misma indicción, duros y calurosos, que destruyeron los frutos en las mismas viñas y árboles, de modo que a partir de ahí, en la duodécima indicción, se produjo un hambre muy grave. Y debiendo el emperador preocuparse por la salvación de los súbditos, él, vendiendo el trigo real con avaricia y comerciando con la desgracia de los que estaban bajo su mando, se jactaba como si hubiera logrado algo grande, porque, vendiéndose el modio a un nomisma, él ordenó que se vendieran dos, no imitando al emperador macedonio Basilio. Pues este, al ir el Domingo de Ramos al templo de los Santos Apóstoles y ver a algunos ciudadanos de aspecto sagrado y venerable, pero por lo demás sombríos y abatidos, poniéndolos cerca de sí, preguntaba por qué ellos mismos no estaban presentes en la fiesta vestidos con galas, sino que estaban tristes como si la ciudad estuviera en una gran desgracia. A lo que respondió uno de los ciudadanos: a ti, oh señor, y a los que están cerca de ti, conviene vestir con galas y alegrarse. Pero aquellos a quienes les acompaña la expectativa de la muerte, se parecen a esto.¿ O ignoras que se venden dos medimnos de trigo por un nomisma debido a la dureza de los vientos? Ante esto, el emperador, sollozando profundamente, derramó una lágrima de compasión, y los consoló generosamente, y al regresar a los palacios, reunió a los que se ocupaban de los asuntos políticos y reales y los sometió a innumerables insultos y maldiciones, porque no le habían informado sobre la escasez de trigo, y enseguida, exponiendo el trigo real y público, ordenó que se dieran doce por un nomisma. Dios, aceptando su propósito, proporcionó mucha abundancia a los hombres. Pero esto se dijo en alabanza de aquel. Nicéforo, en cambio, se alegraba más que ayudaba al ver a los súbditos afligidos. Y no solo él, sino también León, su hermano, dedicándose a la venta de bienes, llenó el mundo de muchos y diversos males. Los ciudadanos ridiculizaban ingeniosamente su codicia. Pues, habiendo salido una vez el emperador al campo para ejercitar al ejército, cuando llegó uno de pelo canoso e intentó ser contado entre los soldados, le dice: tú, hombre, siendo viejo,¿ cómo te apresuras a ser contado entre mis soldados? Él, respondiendo acertadamente: soy mucho más fuerte ahora, dijo, que cuando estaba en mi apogeo. Preguntando él:¿ y cómo?, dijo: porque el trigo que antes cargaba en dos mulas por un nomisma, en tu reinado llevo el trigo de dos nomismas sin peso sobre mis hombros. Comprendiendo la ironía, se retiró sin alterarse en absoluto.
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Los sarracenos, después de la toma de las ciudades de Siria y Cilicia, quemaron vivo al archipreste de Jerusalén, Juan, como si Nicéforo fuera a llegar a ellos por sus consejos, e incendiaron también el hermosísimo templo del Santo Sepulcro. Lo mismo hicieron los antioquenos, matando a Cristóbal, su archipreste. Se unieron al emperador Gregorio y Pancracio, los hermanos, cediéndole su propia región de Taron. A quienes honró con la dignidad de patricios y agasajó con posesiones de grandes rentas. Hubo también un eclipse de sol el veintidós de diciembre, alrededor de la tercera hora, de modo que aparecieron las estrellas. La emperatriz Teófano, rechazando la unión de Nicéforo, enviando a buscar a uno de los hombres de Tzimisces, lo hace entrar en su propia casa, donde estaba ocioso. Pues el emperador, por alguna sospecha del doméstico, lo había destituido de su cargo y le había ordenado estar en su propia casa sin salir. A quien el enviado, sacándolo de allí( pues la adúltera había logrado incluso recibir cartas que permitían su regreso), llegó a Calcedonia. Y recordando el emperador si debía entrar en la emperatriz, y permitiendo aquel esperar un poco, ella, la noche del once de diciembre, de la decimotercera indicción, del año seis mil cuatrocientos setenta y ocho, enviando a buscarlo, lo lleva al puerto hecho por mano humana debajo de los palacios, y lo subió en una cesta con todos los que estaban con él. Eran el patricio Miguel Bourtzes, León taxiarca el Abalante y uno de los más fieles de Tzimisces, el Atzipoteodoro, y otros dos. Quienes, subiendo y entrando con espadas desnudas en el dormitorio del emperador, al no encontrarlo en la cama habitual, sospechando que habían sido descubiertos, por poco se precipitan ellos mismos, si no hubieran sido guiados por un hombrecito encontrado en el gineceo. Y lo encuentran acostado en el suelo, teniendo como lecho un fieltro teñido de grana y una piel de oso, que había tomado de Miguel el monje Maleíno, su tío. A este, que apenas se había entregado al sueño y no se percataba en absoluto de la llegada de los que iban a matarlo, Tzimisces lo despertó pinchándolo con el pie. Al despertarse y apoyar el codo de la mano derecha en el suelo y levantar la cabeza, León el Abalante le asesta un golpe noble con la espada desnuda en la coronilla, que estaba descubierta( pues se le había caído el cubrecabezas al levantarse), y le atraviesa el cráneo por la mitad. Luego, levantándolo del lecho, lo llevan ante Tzimisces, que estaba sentado en el trono imperial, y tras burlarse mucho, insultarlo y difamarlo, sin que él dijera otra cosa que' Señor, ten piedad' y' Madre de Dios, ayuda', finalmente, al ser descubiertos por los guardias del palacio y formarse una multitud que los defendía, lo degüellan y le cortan la cabeza.
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reino. Sviatoslav, al regresar a su patria, al atravesar la tierra de los pechenegos, cae en emboscadas que ya habían sido preparadas y que lo estaban esperando, y tanto él como la multitud que lo acompañaba perecen por completo, pues los pechenegos estaban resentidos con él debido a los tratados con los romanos. JOHN1. 19 El emperador, rindiendo gracias por los trofeos al Salvador Cristo, reconstruyó desde los cimientos el templo situado sobre el arco de la Calce, sin escatimar nada de lo que contribuía al lujo y al ornato. También perdonó a todos los tributarios el llamado impuesto por hogar. Ordenó que en la moneda y en el óbolo se grabara la imagen del Salvador, cosa que no se hacía anteriormente. También se escribían letras en lengua romana en la otra cara, que decían más o menos así: Jesucristo, rey de reyes. Esto lo observaron también los emperadores sucesivos. Habiendo sido denunciado el patriarca Basilio por ciertos cargos y depuesto sinodalmente, fue proclamado patriarca Antonio el Estudita. JOHN1. 20 En el mes de agosto, de la tercera indicción, apareció también el cometa llamado barbado, y se vio hasta el mes de octubre de la cuarta indicción. Este presagiaba la muerte del emperador y las desgracias inconsolables que estaban por apoderarse de la tierra de los romanos a causa de las guerras civiles. JOHN1. 21 De las ciudades que habían sido adquiridas por el emperador Nicéforo y que se habían vuelto tributarias de los romanos, como se dijo antes, al levantar el talón y sacudirse la autoridad romana, el emperador sale contra ellas y llega hasta Damasco. JOHN1. 22 Tras recuperar unas por persuasión y palabra, y otras por guerra y fuerza, y habiendo establecido todo según convenía, regresaba hacia la ciudad imperial. Al llegar a Anabarza y Podando y pasar por las demás regiones, y al ver lo que tenía ante sus pies, observando posesiones lujosas y campos fértiles y pródigos en todo, preguntaba a los presentes de quiénes serían aquellas. Al enterarse por los interrogados de que todas eran del paracimomeno Basilio, esta y aquella adquiridas recientemente para los romanos por el emperador Nicéforo, esta otra por tal doméstico de las escuelas, y esta y aquella por ti, y que habían sido donadas a Basilio, y al ver que no quedaba nada de lo adquirido para el erario público que fuera digno de mención, sintiéndose profundamente dolido y lanzando un profundo suspiro, dijo: Es terrible, presentes, que se consuman los fondos públicos, que las tropas romanas sufran penalidades y que los emperadores asuman fatigas en el extranjero, mientras que lo que se adquiere con tantos esfuerzos se convierte en propiedad de un solo eunuco. El emperador dijo esto, pero uno de los presentes transmitió el dicho del emperador a Basilio y lo incitó a la ira. Y desde entonces buscó la oportunidad de deshacerse del emperador. Así pues, acercándose con halagos y engañando con regalos al que solía servir el vino al emperador, y mezclando un veneno, no de los más activos que provocan el peligro rápidamente, sino de los que consumen lenta y poco a poco la fuerza del que ha bebido, se lo sirve al emperador. Y tras beberlo y enfermar poco a poco y perder su propia fuerza, y finalmente al tener los hombros cubiertos de pústulas y haber derramado mucha sangre por los ojos, al entrar en la ciudad imperial puso fin a su vida, habiendo reinado seis años y otros tantos meses, dejando como sucesores de su vida a Basilio y Constantino, los hijos de Romano. Su aspecto era el siguiente: de rostro blanco y buen color, con el cabello rubio y ralo sobre la frente. Sus ojos eran varoniles y alegres, la nariz fina y proporcionada, la barba superior pelirroja y caída en forma cuadrada más de lo normal, y la inferior proporcionada, como es natural, y sin carecer de nada. En cuanto a la estatura era algo bajo, aunque tenía el pecho y la espalda anchos. Poseía una fuerza gigantesca, y en sus manos una destreza y un vigor invencibles; pues en un cuerpo tan pequeño estaba mezclada un alma heroica, intrépida e inquebrantable,
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demostrando una audacia sobrenatural. Pues no temía arremeter solo contra toda una falange, y tras matar a muchísimos con rapidez alada, regresaba junto a los suyos, y en los saltos, juegos de pelota, lanzamientos de jabalina, tensión de arcos y disparos, superaba a todos los de aquel entonces. Colocando cuatro caballos de carreras en fila, saltaba desde el otro lado y se posaba sobre el último como un pájaro. Al disparar una flecha, acertaba a través del orificio de un anillo al blanco, y colocando una esfera trabajada en cuero en el fondo de una copa de vidrio, espoleando al caballo a menudo y acelerando la carrera, golpeando con una vara lograba que la esfera saltara y volara, mientras que la copa permanecía inmóvil en su lugar. Era generoso y muy dado a los regalos, y nadie que le pidiera se iba vacío, a menos que Basilio el paracimomeno lo detuviera. Tenía un defecto, y es que en cuanto a las bebidas, a veces celebraba fiestas más de lo debido y estaba perturbado por los placeres del cuerpo. Tenía cuarenta y cinco años cuando reinó, y muere habiendo vivido en total cincuenta y un años. El de Sebaste dice que Basilio comenzó a reinar en el undécimo( 11) día del mes de enero. A quien hay que creer más. Bas+ Const8. t BASILIO Y CONSTANTINO Bas+ Const 8. 1 El fin de Juan ocurrió de la manera mencionada, y el poder del imperio fue transferido a Basilio y Constantino, los hijos de Romano, en el año seis mil cuatrocientos ochenta y cuatro, de la cuarta indicción, en el mes de diciembre. De ellos, Basilio cumplía el vigésimo año de su edad, y Constantino era tres años menor que él. Así pues, solo se les confirió la forma y el nombre de emperadores, pero la gestión de los asuntos era realizada por el presidente Basilio debido a la juventud de los emperadores, a su fragilidad y a que su juicio aún no estaba maduro. Quien, tan pronto como el poder pasó a los hijos de Romano, envió mensajeros rápidos y trajo a su madre del exilio al palacio. Temiendo también las insurrecciones contra el imperio, y más que a los demás a Bardas Esclero, el magistro, que siempre acechaba el imperio y siempre estaba gestando la rebelión( pues ya había sido capturado conspirando bajo el emperador Juan, y condenado a que le sacaran los ojos, fue salvado de la pena por él), temiendo sobre todo a este, que en aquel momento tenía encomendado todo el poder romano y lo dirigía y movía fácilmente hacia donde quería( pues había sido nombrado estratelata de todo el Oriente), consideró que era conveniente y seguro para el imperio mutilar gran parte de su poder y hacerlo más débil frente a la supuesta rebelión. Y así, lo destituye del cargo de estratelata y lo nombra duque de los regimientos de Mesopotamia, ordenándole vigilar y proteger las incursiones de los sarracenos. Esto mismo tramó también contra Miguel Burzes, que era sospechoso, esforzándose por separarlo de la compañía de Esclero( pues este también estaba con él al mando de un regimiento militar). A quien, honrándolo con la dignidad de magistro, lo nombra duque de Antioquía, junto al Orontes. Y nombra supervisor y jefe de todos los regimientos orientales al patricio Pedro, el esclavo de Focas, llamándolo estratopedarca, un hombre castrado, pero por lo demás activo y muy experimentado en los asuntos de guerra. Esto dolió mucho a Esclero, de modo que ni siquiera pudo ocultar su aflicción ante sí mismo con magnanimidad, sino que se quejó y reprochó, si a cambio de las hazañas y trofeos realizados por él recibía tales recompensas, progresando hacia peor, aunque al paracimomeno le importó poco o nada, diciéndole que se contentara con lo dado y que no se entrometiera más allá, a menos que quisiera ser, en lugar de gobernante, guardián de su propia casa. Bas+ Const8. 2 Estando estas cosas así dispuestas por el paracimomeno, Bardas partió de la ciudad imperial con gran rapidez y tomó el cargo que se le había encomendado. En las expediciones anteriores, habiéndose mostrado a menudo grave y activo, y amado por todo el ejército, por así decirlo, y habiendo revelado el misterio de su propósito a muchos en quienes confiaba, y más aún al regimiento de los estratelatas, y creyendo que era el momento oportuno para revelar lo que se esforzaba por conseguir, tras deliberar con los adecuados, da a luz la rebelión que gestaba desde hacía mucho tiempo, y levanta las armas contra los emperadores y sus compatriotas. Inmediatamente, pues, envía a la ciudad imperial a un tal Antas, de sobrenombre Aliates, que era uno de sus servidores más activos, para que, si pudiera, robara a Romano, su propio hijo( que casualmente se encontraba en la ciudad imperial), y lo llevara ante él. Este, al llegar a la ciudad y apresurándose a pasar desapercibido de todas formas, sembró rumores negativos contra Esclero, mediante los cuales pudo pasar desapercibido al parecer insospechado y robar a Romano para llevarlo ante Esclero. Bardas, habiendo estallado ya a la vista lo que había planeado, se ciñe la diadema y toma los demás emblemas del imperio y es proclamado emperador por todo el ejército romano que lo acompañaba, habiendo comenzado los armenios la aclamación. Y puesto que sabía que para quien lanza tal dado se necesita mucho dinero, sin el cual no se puede hacer nada de lo necesario, como dice el orador, se dedicó inmediatamente a la recolección de este, reteniendo a los recaudadores de impuestos públicos y cobrando los fondos comunes, y arrestando y castigando a los que de otro modo daban sospechas de riqueza, y algunos incluso ofreciendo voluntariamente sus propios bienes con la esperanza de recuperar más. Y así, en poco tiempo, reúne una gran cantidad de dinero. Habiendo tomado una fortaleza inexpugnable llamada Harpete, situada en Mesopotamia, y asegurándola de todas formas y estableciendo una guardia suficiente, depositaba en ella el dinero reunido, y se reservaba un punto de partida en caso de fracaso y un puerto de salvación. Y a los sarracenos vecinos, tanto al emir de Amida, Apotulf, que se llama Emet, como al de Martirópolis, Apotagle, a quien llaman Mieferkeim, habiendo dado y recibido promesas, y habiendo entablado parentesco con ellos y asegurado mediante el parentesco los asuntos de amistad, recibe mucho dinero y trescientos caballeros árabes como aliados. Habiendo corrido la fama por todas partes, acudían a él todos los que se deleitan con los asuntos nuevos. Ya llegado el verano, habiendo levantado a todo el ejército, se apresuraba hacia la ciudad imperial, lleno de esperanzas y casi creyendo estar sentado en el palacio. Pues, en efecto, le animaba y lo hacía más audaz para la empresa una visión nocturna de un monje que pretendía ser virtuoso. Pues le pareció ver a unos hombres de fuego que, tomando a Bardas, lo llevan a una altura elevadísima. Y que en ella se encuentra con una mujer de aspecto más rígido que el humano, y que le entrega el látigo imperial. Este látigo, Bardas lo consideraba un símbolo del imperio, pero en realidad era la ira de Dios contra los romanos. Bas+ Const8. 3 Apenas la fama llegó también a la ciudad imperial, los emperadores se pusieron en angustia, y el desánimo se apoderó de la parte sensata e íntegra del gobierno, y solo alegraba a aquellos que se deleitan con los cambios de los asuntos y se regocijan con los saqueos. Rápidamente, pues, se hicieron cartas para el estratopedarca Pedro, y rápidamente la parte sana del ejército se reunía en Cesarea. Mientras esto se hacía, el sincelo Esteban y presidente de Nicomedia, hombre ilustre y famoso por su sabiduría y virtud, y capaz de suavizar con persuasión
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un juicio duro e indomable, es enviado como embajador ante Esclero, por si pudiera convencerlo de deponer las armas. Pero este, teniendo la mente tensa hacia una sola cosa, el deseo del imperio, al llegar ante él y decir muchas cosas atractivas y seductoras, no lo dignificó con muchas palabras, sino que, levantando el pie derecho y mostrando el calzado teñido de púrpura, dijo: Es imposible, hombre, que quien se ha ceñido esto una vez lo deseche fácilmente ante la vista de muchos. Dile, pues, a los que te enviaron, que o me aceptan voluntariamente como emperador, o, aunque no quieran, intentaré tomar el poder. Habiendo dicho esto y habiendo dado un plazo de cuarenta días, le ordena marcharse. Al regresar el sincelo y llevar la respuesta de Esclero a los emperadores y a Basilio, que dirigía el imperio, llegaban cartas al estratopedarca de no comenzar una guerra civil, sino de vigilar las rutas con seguridad, y si alguien venía a luchar, defenderse. Esclero, al partir hacia Cesarea, envió precursores y espías, para que observaran y avisaran dónde están los enemigos, y le allanaran el camino. El jefe de los enviados fue elegido Antas el Aliates. Quienes, al llegar a un desfiladero( llaman al lugar Piedra de Cuco) y encontrarse con una parte del ejército imperial que tenía como jefe al magistro Eustacio el Maleno, intentaron el encuentro y realizaron escaramuzas. Mientras los ejércitos se escaramuceaban entre sí durante algún tiempo, y nadie daba la espalda, Aliates, no conteniéndose, y tomado por un ardor en el corazón, espoleando al caballo, arremete contra los enemigos con ímpetu irreflexivo. Y sin realizar nada digno de mención, cae herido mortalmente. Y todo lo que estaba a su alrededor se dispersó por los bosques y matorrales cercanos. Se informó entonces también que el jefe de la guardia de Bardas estaba a punto de desertar al ejército del emperador. A quien, tras hacerlo comparecer, Esclero lo reprendió, y sin haber hecho nada más abiertamente contra él, lo dejó ir, pero en secreto avisó a los mercenarios sarracenos y lo eliminó. Pues estos, al pasar el hombre a mediodía, lo rodearon y lo cortaron con sus espadas. Bas+ Const8. 4 Los jefes de los ejércitos imperiales, esperando la llegada de Esclero, deciden ocupar los puntos clave del camino, y levantando a todo el ejército acampan frente a él, habiendo ocupado los caminos por los que debía pasar. Al enterarse de esto, Esclero fue lento y dudó en avanzar, y perdiendo el tiempo con la demora, esperaba lo que vendría. Lo incita y lo hace más decidido un general desertor que llegó, de nombre Sahacio, de sobrenombre Brahamio. Pues al llegar, le aconsejó no perder el tiempo en vano; pues decía que la demora causaba desprecio. Pareciéndole que decía cosas oportunas, es nombrado jefe y guía del camino. Y él guiaba, y este seguía. Y en tres días llega a Lapara. Este lugar es una parte de Capadocia, lo que hoy llaman Licando, llamado así por ser fértil y pródigo en todo. Al enterarse de esto el estratopedarca, utilizando la marcha nocturna por miedo a que Esclero no pasara de largo, acampa frente a los enemigos. Y hasta cierto punto se resistían y retrasaban el enfrentamiento a la vista, y luchaban por robar la victoria. Pero Bardas superó en estrategia a los enemigos, preparando muchas cenas, como si fuera a agasajar a su propio ejército, y así engañó a los enemigos. Pues suponiendo que no comenzaría la batalla ese día, ellos también se entregaron al banquete. Pero Esclero, al saber esto( pues tenía los ejércitos preparados para la guerra), señalando repentinamente con la trompeta el combate, cae sobre los enemigos que estaban desayunando. Ellos, como cada uno pudo, tomando el arma que tenían a mano, recibían a los que se acercaban, sin estar aturdidos por la sorpresa. Y durante algún tiempo se defendieron vigorosamente. Luego, Bardas, realizando maniobras de flanqueo y temiendo ya encerrar a los enemigos, y lanzando también a los mercenarios por la retaguardia, los pone en fuga y causa una gran matanza, habiendo cedido primero el duque de Antioquía, Burzes, ya sea por cobardía o por maldad. Pues se decía ambas cosas. Y tomó todo el campamento junto con el equipaje, y obtuvo de allí una riqueza infinita. Desde allí vuelve a ir al llamado Tamando. La ciudad de Tamando, situada en una roca escarpada, es populosa y rica en abundancia. La cual, habiendo tomado de los habitantes voluntarios, reunió no poca riqueza. Esta victoria sacudió a muchos de los que estaban con el emperador y los obligó a desertar hacia Esclero. Pues tanto Burzes deserta primero a Esclero como el patricio Andrónico y el duque el Lidio junto con sus hijos. Y los ataliotas, poniendo cadenas al almirante del emperador, Miguel Curticio, se pasan con toda la flota, enviado por Esclero para comandar a los cibirreotas. Bas+ Const8. 5 Habiendo sido anunciadas estas cosas al emperador y al paracimomeno, propuesta la deliberación, pareció bien que alguien de los allegados al emperador, habiendo tomado un mando igual al del tirano e irresponsable, y teniendo autoridad para promover con honores y enriquecer con regalos a los que se pasaban, marchara contra el tirano. La opinión agradó, y es enviado León, el protovestiario del emperador, habiendo tomado como consejero a un tal Juan, patricio, hombre ilustre y famoso por su dominio de las palabras, habiendo recibido autoridad del emperador para hacer todo sin dudar, lo que le es permitido al emperador. Habiendo salido, pues, y llegando a Cotieo de Frigia y uniéndose al estratopedarca Pedro, allí fijó el campamento, estando Bardas acampado en Dipótamo. Dipótamo es un lugar imperial, que los habitantes llaman Mesanacta. En secreto, pues, con promesas de regalos y ascensos de honores, intentaba atraer a los rebeldes y atraerlos hacia sí y hacerlos favorables al emperador, pero sin saberlo, fortalecía más al bando contrario, considerando la exhortación como señal de debilidad. Por lo cual, desesperado, levantó el campamento de Cotieo y, pasando de noche a Esclero, se dirigió hacia el oriente. Esta acción asustó mucho a los de Esclero, temiendo no solo por el dinero y las posesiones, sino también por sus cosas más valiosas. Muchos, pues, renunciando a la rebelión, acudían al protovestiario, de modo que el bando rebelde corría peligro de disolverse como el polvo. Para que esto no sucediera, Esclero, temiendo al magistro Miguel Burzes, que acababa, como dijimos, de pasarse a él, y al patricio Romano el Taronita, los envía con un ejército ligero, ordenándoles ponerse en el camino del protovestiario, atacando de improviso y evitando las incursiones en la medida de lo posible, y absteniéndose de un enfrentamiento general en la medida de lo posible. Al acercarse al ejército imperial, los de Burzes se vieron obligados a luchar incluso contra su voluntad, contra la orden de Esclero, por la siguiente causa. Se anunció que los sarracenos de Berea, hacia el oriente, que traían los tributos anuales a los romanos, iban hacia la ciudad imperial, y que debían pasar por medio de los ejércitos en un día determinado. Y puesto que llegó el día, y los sarracenos debían pasar por la fortaleza llamada Oxilito, habiendo armado los de Burzes a los suyos, y habiendo hecho lo mismo los del protovestiario, marchaban muy impetuosamente hacia la batalla. Pues ante ambos se presentaba como un premio el oro traído por los sarracenos. Y puesto que se acercaron, enfrentándose lucharon. Burzes, pues, es puesto en fuga, y muchos de los que estaban con él perecieron, y más aún de los armenios. Pues los romanos degollaban a todos los armenios capturados, no teniendo piedad por haber sido los primeros en pasarse al rebelde. Bas+ Const8. 6 Habiendo sido anunciada la derrota, Bardas, sin dar tiempo a la demora, habiendo reunido a los
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que estaban con él, sale rápidamente, y llegando a un lugar llamado Rageas, acampa, buscando el momento oportuno para la batalla. Mientras los ejércitos imperiales perdían el tiempo, el momento de la batalla se prolongaba, y muchos de los rebeldes, sacudidos por la derrota anterior, acudían al protovestiario. Así pues, lo que había de vigoroso en el ejército del emperador y sin experiencia en la guerra, envalentonado por la victoria reciente, ardía por el enfrentamiento, pero los más ancianos y agotados por las luchas dudaban y evitaban la batalla. Pero puesto que, según el que dijo: la persuasión rápida sigue al mal, el protovestiario también se deja persuadir por los más jóvenes, y señalando el combate, saca a los ejércitos a la batalla. Y Bardas, habiendo dividido su propio ejército en tres, él mismo tenía el centro, y puso a su hermano Constantino a mandar el ala derecha, y a Constantino el Gauras el ala izquierda. Habiéndose producido el enfrentamiento y habiendo lanzado los generales de las alas la caballería contra los enemigos, los del protovestiario, no soportando el ímpetu, se ponen en fuga, y se produce una gran matanza. Allí cayó también el patricio Juan y el estratopedarca Pedro y otros muchos de los ilustres. Fue capturado también el protovestiario con otros hombres principales. Al protovestiario, pues, ordenó que fuera custodiado, pero a Teodoro y Nicetas, los hermanos carnales de los Hagiozacaritas, les saca los ojos a la vista de todo el ejército, como si hubieran violado los juramentos que habían hecho ante él y se hubieran pasado al protovestiario. Bas+ Const8. 7 De esta victoria, los asuntos de Bardas se elevaban y se alzaban a gran altura, acudiendo a él todos, por así decirlo, pequeños y grandes, mientras que los del emperador se tambaleaban sobre una sola, aunque sagrada, ancla: la ayuda de Dios. El paracimomeno se preocupaba de los asuntos de tierra, pero más se preocupaba de los de mar. Pues le dolía el jefe de la flota enemiga. Pues Miguel Curticio, habiendo saqueado todas las islas, ya estaba a punto de sitiar también Abido en el Helesponto. Por tanto, habiendo preparado también una flota muy bien, la envía contra Curticio, teniendo como almirante al patricio Teodoro el Caranteno. Este, habiendo zarpado y cruzado los estrechos del Helesponto, arremete contra Curticio cerca de Focea, y habiéndose producido una dura batalla naval, los de Curticio son puestos en fuga y dispersados, y habiendo dominado el mar el Caranteno, tuvo la tregua de los asuntos del mar. Ya que los asuntos del mar iban bien, el paracimomeno ponía cuidado en los de tierra firme. Y en efecto, envía al patricio Manuel el Erótico, hombre de linaje y famoso por su virtud y valentía, a custodiar Nicea. Poco después llega también Esclero, y habiendo incendiado los campos alrededor de Nicea, finalmente llega a la misma Nicea, y se apresuraba a tomarla con máquinas de asedio. Habiendo recibido Manuel noblemente el asedio y habiendo incendiado con fuego preparado las escaleras y máquinas acercadas al muro, Esclero, desesperando de la toma por asedio, esperaba tomar la ciudad por falta de lo necesario. Habiendo pasado mucho tiempo en el asedio y estando los de dentro presionados por la escasez de grano, no teniendo Manuel qué hacer, ni de dónde introducir lo necesario para vivir, vigilando Esclero cuidadosamente las entradas, decidió engañar a Esclero. Sin duda, habiendo llenado secretamente los graneros de Nicea con arena, y habiendo cubierto la superficie con grano por encima, de modo que se engañaran las vistas de los que miraban, llamando a algunos de los capturados del bando contrario, les mostraba los almacenes, y los envía a Esclero, ordenándoles decir que no temo el asedio por hambre( pues tengo provisiones suficientes para dos años enteros), y que la ciudad es inexpugnable por asedio de otro modo. Pero pensando en lo tuyo, estoy dispuesto a cederte la ciudad, si a mí y a los que están conmigo nos das mediante juramentos ir a donde elijamos.
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Habiendo aceptado Bardas gustosamente la palabra y habiendo dado promesas, Manuel, habiendo tomado a los niceos y al ejército que estaba con él con todo lo que tenían, entra en la ciudad imperial. Esclero, habiendo tomado Nicea y encontrando el engaño sobre el grano, se dolió de lo que había sido engañado, pero dejando una guardia capaz en ella, y poniendo como general a un tal Pegasio, él mismo se ocupaba de las obras siguientes. Bas+ Const8. 8 El paracimomeno, desesperado por todo( pues ya Esclero se acercaba a la ciudad imperial), había decidido una ayuda suficiente: hacer venir a Bardas Focas del exilio, pensando que solo él sería un rival capaz para Esclero. Habiendo hecho venir más rápido que la palabra y asegurándolo con juramentos y habiendo proporcionado riqueza abundante y honrándolo con la dignidad de magistro, lo nombra doméstico de las escuelas y lo envía contra Esclero. Este, habiendo asumido la lucha por todo, primero intentó cruzar desde Tracia a Abido. Vigilando los lugares del Helesponto Romano, el hijo de Esclero, rechazado de allí, regresa a la ciudad imperial, y desde allí, subiendo a un barco y pasando desapercibido a los enemigos, llega a la tierra de la otra orilla, y utilizando marchas nocturnas, se va a Cesarea, y allí, habiendo jugado con el magistro Eustacio el Maleno y Miguel Burzes( pues él también se había adelantado a elegir de nuevo los asuntos del emperador por arrepentimiento), se preparaba con ellos para la guerra. Y en efecto, habiendo reunido gente, como permitía el momento, y habiendo capturado a los dispersos de la huida, llega a Amorium. Esclero, habiendo oído su salida, y pensando que ahora por primera vez tendría la lucha contra un hombre guerrero y que sabía llevar noble y tácticamente los giros de la guerra, y no, como antes, contra hombrecillos castrados, criados en el dormitorio y a la sombra, levantándose de Nicea se va a Amorium, y encontrándose, se enfrenta a Focas. No habiendo resistido los de Focas debido a que el tono de su valentía y audacia se había relajado por las derrotas anteriores, Esclero se vuelve más poderoso. Sin embargo, el ejército no se había dispersado del todo en una retirada desordenada ante Focas, sino que, habiendo cedido, se retiró, pero hacía la retirada lenta, para no parecer impulsado por cobardía, sino ceder por orden estratégica con buen orden y disciplina. Pues, en efecto, dando la espalda los soldados y apresurándose a la huida, Focas, protegiendo la retaguardia, se defendía de los que venían y no permitía que se acercaran con ímpetu y fuerza demasiado violentos. Allí se dice que Constantino el Gauras, persiguiendo al que huía con los que estaban con él, utilizando una ambición inoportuna, y pensando que tendría gran gloria si Focas era hecho prisionero por él, espoleando al caballo que montaba, se acercó a Focas con gran ímpetu. A quien este, al verlo y darse cuenta de quién era, desviando suavemente el caballo y saliendo al encuentro, lo golpea con una maza en el casco. Y él, desmayándose por el ímpetu irresistible del golpe, cae inmediatamente del caballo, y Focas, habiendo obtenido mayor seguridad, continuaba la marcha hacia adelante, yendo lenta y pausadamente, pero no con las riendas sueltas. Pues los que estaban con Gauras, al ver a su general caído y cuidando de él, abandonaron la persecución. Focas, junto con los que estaban con él, habiendo llegado al llamado Carsiano y acampando allí, observaba lo que vendría, siendo agasajado con honores por el emperador, recibiendo a muchos que acudían y calentando las voluntades con beneficios a los que estaban con él. Siguiéndolo también Esclero, y acampando cerca de un lugar llamado Termas Basílicas, desafiaba al homónimo a la batalla. Habiendo aceptado también este gustosamente el desafío, se produce de nuevo otra batalla. Y durante algún tiempo resistieron los de Focas, pasando este mismo a caballo por todas partes y rompiendo con la maza de hierro las falanges de los enemigos y causando una matanza infinita. Sin embargo, de nuevo, dando la espalda, los que estaban con él fueron puestos en fuga. Bas+ Const8. 9
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Capturan también a doscientos hoplitas, así como los caballos, el equipaje de Juan y a su sobrino, a quien priva inmediatamente de la vista. Tras realizar esto, regresa a Vodena y, después de haber organizado todo lo relativo a aquel lugar, emprende el viaje de regreso a Bizancio, el nueve del mes de enero, en la decimoquinta indicción, del año seis mil quinientos veintiséis.
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Juan, habiendo obtenido un salvoconducto, se marcha con el propósito de sitiar Dirraquio, con gran arrogancia y pompa bárbara. Allí, al establecerse el asedio y producirse un enfrentamiento, cae junto con el estratego y patricio Nicetas Pegonites, mientras combatían a caballo; cae, digo, al ser herido mortalmente en las entrañas por dos infantes que se abalanzaron sobre él en el fragor de la lucha, sin que quedara claro quién fue el que lo derribó, tras haber gobernado a los búlgaros durante dos años y cinco meses. Al ser notificada al emperador la muerte de Juan por medio del estratego de Dirraquio, el patricio Nicetas Pegonites, el emperador sale inmediatamente. Cuando llega a Adrianópolis, le salen al encuentro el hermano del célebre Krakra y su hijo, anunciándole la rendición de la famosa fortaleza de Pernik y de otras treinta y cinco. Tras honrarlos debidamente y elevar a Krakra al trono de los patricios, se dirigió a Mosinópolis. Allí llegaron también embajadores de Pelagonia, Morobizdo y Lipenio, entregando al emperador sus ciudades. Partiendo de allí, llegó a Serres, adonde acudió Krakra junto con los arcontes de los treinta y cinco castillos que se habían rendido, y fue bien recibido. Se unió también Dragomuzo, quien había entregado lo relativo a Strumitza y fue honrado con el título de patricio, trayendo consigo al patricio Juan el Caldo, liberado entonces de su prolongado cautiverio. Pues había sido capturado por Samuel y estuvo en prisión durante veintidós años. Apenas se acercó el emperador a Strumitza, llegó el arzobispo de Bulgaria, David, con cartas de María, la esposa de Juan, quien prometía abandonar Bulgaria si obtenía lo que pretendía. También salió a su encuentro Bogdano, el toparca de las fortalezas del interior, y este también fue honrado como patricio, pues desde hacía tiempo simpatizaba con el emperador y había eliminado a su propio suegro, Mattaitzes. De allí se dirige a Skopje, donde también se encontró con él el joven Nikolitza, trayendo consigo la primera y más aguerrida formación de Samuel, y fue honrado con el título de protospatario y estratego. Tras dejar como estratego autocrátor en la ciudad al patricio David Arianites, nombrándolo catepán de Bulgaria, regresó a través de las fortalezas de Stipeo y Prosaco, siendo aclamado y honrado con letanías e himnos. De nuevo, con juvenil vigor, se dirige hacia la derecha, a Ocrida, y allí estableció su campamento, mientras todo el pueblo salía a su encuentro con peanes, aplausos y aclamaciones. La ciudad de Ocrida está situada sobre una colina elevada, muy cerca de un gran lago llamado Licnido. De él toma su nombre la ciudad de Licnido, llamada antiguamente Dasarítide. De este lago se pesca una cantidad incalculable de peces útiles, del cual nace el río Drino que fluye hacia el norte, manando desde las partes más meridionales hacia Diabolis, dividiendo el mencionado lago, tal como se dice que el Alfeo divide el mar, y dirigiéndose hacia Aretusa y fluyendo hacia la parte septentrional. Hacia el extremo del lago, habiendo encontrado las llamadas localmente Strugas y unido a ellas, se convierte en un río muy grande, luego se inclina hacia el oeste y desemboca en el Orino cerca de la fortaleza de Elissón; se llama Licnido al lago, del cual la ciudad de Licnido toma su nombre, llamada antiguamente Dasarítide. De este lago se pesca una cantidad incalculable de peces útiles, siendo la metrópolis de toda Bulgaria, en la que estaban establecidos los palacios de los reyes de Bulgaria y donde estaban atesoradas las riquezas. Al abrirlos, el emperador encontró mucho dinero, coronas de perlas, vestiduras tejidas en oro y cien centenarios de oro acuñado, todo lo cual distribuyó como pagas para el ejército que lo rodeaba. Habiendo nombrado, pues, como gobernador de la ciudad al patricio Eustacio Dafnomeles y habiéndole dado una guarnición considerable, salió al campamento y recibió a la mujer de Juan, también llamado Vladislao, que fue conducida ante él, trayendo consigo a tres hijos y seis hijas, además de un hijo bastardo de Samuel y dos hijas de Radomiro, el hijo de Samuel, y cinco hijos, uno de los cuales estaba privado de la vista, habiendo sido mutilado por Juan cuando eliminó a Radomiro, el hijo de Samuel, junto con su esposa y a Vladimiro, el yerno de este. Había también otros tres hijos de María nacidos de Juan, pero lograron huir al monte Tomoro, que es la cumbre de los montes Ceraunios. A ella, tras recibirla con amabilidad y benevolencia, ordenó que fuera custodiada junto con los demás. Se acercaron también al emperador otros magnates de los búlgaros, Nestoritzes, Lazaritzes y el joven Dobromero, cada uno con sus propias tropas, y fueron recibidos favorablemente y honrados con dignidad imperial. Entonces también Presiano y sus dos hermanos, Alusiano y Aarón, los hijos de Vladislao que habían huido al Tomoro, como se dijo antes, y que habían sido retenidos por un largo asedio( pues soldados enviados por el emperador vigilaban los accesos del monte), enviaron emisarios al emperador solicitando garantías y prometiendo entregarse. El emperador les dio respuestas filantrópicas, y partiendo de Ocrida, llega al lago llamado Prespa, construyendo una fortaleza en el monte que se encuentra en medio, por encima de este, y llamándola Basilida, y otra en el mencionado lago más pequeño, a la que también llamó Constantio. De Prespa se dirige a la llamada Diabolis, donde, tras elevarse un estrado alto, recibió a los hermanos de Presiano al entrar, y consolándolos con palabras afables y filantrópicas, honró a este con el título de magistro y a los demás con el de patricios. Fue traído también Ivatze, quien tenía la vista privada. Pero es digno contar también el modo de su cegamiento. Pues el relato tiene algo dulce y maravilloso.
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Tras la muerte de Vladislao, también llamado Juan, y la rendición de su esposa María y de sus hijos Presiano, Alusiano, Aarón, Trajano y Rodomiro, y la sumisión de los demás potentados de toda Bulgaria, este Ivatze huyó y, refugiándose en un monte de difícil acceso( llamado Brocoto), que poseía palacios hermosísimos( a estos los llaman Pronista), jardines y placeres nada despreciables, no quiso someterse a los deseos de Dios, sino que, reuniendo poco a poco fuerzas, perturbaba los lugares vecinos, planeaba la rebelión y soñaba con el poder búlgaro. Esto afligía no poco al emperador, y por ello, dejando de lado el camino directo, se desvió hacia el sur y llegó a la mencionada Diabolis, con la intención de obligar a toda costa al rebelde a deponer las armas o de acabar con él mediante la guerra. El emperador, permaneciendo en el lugar mencionado, amonestaba por cartas a Ivatze para que no levantara las manos contra él, una vez que Bulgaria se había sometido, ni imaginara cosas imposibles, sabiendo que el intento no terminaría en provecho suyo. Él, recibiendo las cartas y respondiendo con otras, y poniendo todo tipo de pretextos, dilataba y se resistía, de modo que el emperador se vio obligado a permanecer cincuenta y cinco días en el lugar, seducido por las promesas. Se supo el asunto por el gobernador de Ocrida, Eustacio Dafnomeles, que al emperador le preocupaba la caída de Ivatze. Y, en efecto, habiendo encontrado una ocasión propicia y habiendo compartido el plan con dos de sus servidores más fieles, revelándoles su propósito, se lanza a la acción. Se celebraba una fiesta popular para Ivatze, la Dormición de la Purísima y Madre de Dios. En este día solía convocar a un banquete no solo a los vecinos y a los de las fronteras cercanas, sino también a muchos de los que estaban muy lejos. Eustacio se presenta, pues, sin ser invitado a la fiesta, y al encontrarse con los que custodiaban los pasos, ordenó que anunciaran quién era y que estaba allí para alegrarse junto con el gobernador. Al anunciarlo, Ivatze se maravilló de que un hombre hostil viniera por propia voluntad y se entregara en manos enemigas. Sin embargo, ordena que llegue, y al llegar, lo recibió con gran alegría y lo abrazó. Apenas terminado el himno matutino y habiéndose dispersado todos los reunidos a sus propias posadas, Eustacio se acerca a Ivatze y pide que los demás se retiren por un momento, como si fuera a hablar con él en privado sobre algo muy necesario y provechoso para él. Él, sin comprender el engaño y la trampa, sino suponiendo que en realidad desea ser uno de los que apoyan su rebelión, ordenó a los servidores que se alejaran un poco, y tomándolo de la mano, lo introduce en un jardín cubierto de árboles y con una hondonada, de modo que ni siquiera se podía oír una voz debido a la espesura de los árboles. Una vez dentro, Eustacio, habiendo tomado a Ivatze aislado, lo derriba inmediatamente al suelo y, apoyando la rodilla sobre su pecho( pues era valiente de manos), lo estrangulaba y ordenaba a los dos servidores que ayudaran lo más rápido posible. Ellos, tal como estaba acordado, permaneciendo y observando lo que iba a suceder, al oír la voz de su señor, corrieron inmediatamente y, rodeando a Ivatze y tapándole la boca con la túnica para que no gritara, atrajera a la multitud hacia ellos y dejara la obra sin efecto, lo cegaron, y una vez cegado, lo sacaron del jardín al patio. Ellos, por su parte, subieron corriendo a una estancia alta y, desenvainando las espadas, esperaban a los que iban a acercarse. Al conocerse el drama, acudió una multitud incalculable. Unos con espadas en las manos, otros con lanzas, otros con arcos, otros con piedras, otros con palos, otros con tizones encendidos, y otros con leña inflamable, corrían en auxilio gritando:¡ Que sean degollados, que sean quemados, que sean cortados en pedazos, que sean sepultados bajo piedras los asesinos y malvados!¡ Que no haya piedad para los impíos! Eustacio, al ver la concurrencia y desesperando de su propia salvación, exhortaba por el momento a los hombres que estaban con él a ser valientes y no desfallecer, ni traicionarse a sí mismos y caer en poder de quienes buscaban su perdición, y esperar de ellos la salvación, o una muerte lastimosa y dolorosa. Hacia la multitud, asomándose por una ventana y haciendo callar a la turba con la mano, comenzó a decir tales palabras: Que yo, hombres reunidos, no tenía ninguna enemistad previa contra vuestro señor, vosotros mismos lo diréis ciertamente, pues él es búlgaro y yo romano, y romano no de los que habitan en Tracia y Macedonia, sino de Asia Menor, que los que saben conocen cuán lejos está de vosotros. Que yo mismo emprendí tal obra no al azar y en vano, sino que alguna necesidad me apremió, lo deduciréis los más sensatos. Pues no me habría arrojado tan locamente a un peligro evidente y despreciado mi propia vida, si no hubiera habido otra causa que me obligara a realizar la acción. Sabed, pues, que la obra realizada es una orden del emperador, a la cual, obedeciendo, yo serví como instrumento. Y ahora, si deseáis acabar conmigo, aquí estoy rodeado por vosotros. Pero no moriré fácil ni rápidamente, ni depondré las armas para entregarme a vosotros para que hagáis conmigo lo que queráis, sino que lucharé por mi propia vida y hasta la muerte me defenderé de los que ataquen junto con los que están conmigo. Y si morimos, lo cual es necesario que sufran los que están rodeados por muchos, consideraremos la muerte feliz y dichosa, teniendo también a quien buscará y vengará nuestra sangre, contra quien deliberad si es posible resistir por mucho tiempo. Al escuchar estas palabras, los reunidos, aterrados por el miedo al emperador, se dispersaron poco a poco cada uno por su lado, y los más ancianos y sensatos, aclamando al emperador, se sometieron. Eustacio, con gran seguridad, habiendo tomado a Ivatze, lo llevó ante el emperador. Este, al recibirlo por su valentía, lo nombró inmediatamente estratego de Dirraquio y le regaló toda la propiedad mueble de Ivatze. A este lo entregó a prisión.
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Entonces también Nikolitza, el que muchas veces fue capturado y muchas veces liberado, escondiéndose en algunos montes, cuando se envió una fuerza contra él y los que estaban con él, unos se rindieron voluntariamente y otros fueron capturados, deserta y baja al campamento, y golpeando la puerta con la mano, anunció quién era y que entregaba voluntariamente su cuerpo al emperador. Pero el emperador no soportó ni siquiera verlo, sino que lo envió a Tesalónica ordenando que fuera custodiado. Él mismo, habiendo organizado lo relativo a Dirraquio, Colonia y Driinópolis como le pareció mejor, y habiendo puesto guardias y estrategas en los temas, y habiendo ordenado a los romanos cautivos que quisieran permanecer en sus tierras que lo hicieran, y a los demás que lo siguieran, y a los soldados capturados alguna vez( pues había muchos tanto de romanos como de armenios establecidos por Samuel en Pelagonia, Prespa y Ocrida, de los cuales los más ilustres eran los hijos de Basilio Apocapes, Gregoras y...), llegó a Castoria. Allí le fueron presentadas dos hijas de Samuel, quienes al enterarse del honor con que ha sido honrada María, la esposa de Vladislao, amenazaron con acabar con ella, la mujer de Juan que estaba ante el emperador, y se lanzaron contra ella como para acabar con María. Pero el emperador calmó la ira de estas, prometiendo honrarlas y enriquecerlas sobremanera, y tras honrar a María con la dignidad de patricia zoste, la envía a la capital junto con sus hijos y todos sus parientes, junto con el hijo bastardo de Samuel, que era muy pequeño. Destruye también todas las fortalezas en Serbios y Sosco por medio de Xifias y las arrasa hasta los cimientos. Y llega a la fortaleza de Stagos, donde el arconte de Belgrado, Elemago, se presentó ante el emperador con aspecto de siervo, junto con sus coarcontes. Belgrado es una fortaleza de difícil acceso e inaccesible para los enemigos. Pues hacia el sur está coronada por precipicios, en los cuales fluye también un río; su nombre es Asona. Y hay una sola entrada a la fortaleza. Pero también el que gobernaba Racova se presentó ante el emperador. Partiendo de allí, se dirige a Atenas. Al pasar por Zeitunio, al ver los huesos de los búlgaros que cayeron allí cuando el magistro Nicéforo Urano derrotó a Samuel, se maravilló. Admiró también el muro construido en las Termópilas, que ahora se llama Escelo, para disuadir a los búlgaros por parte de Rupenio. Al llegar a Atenas y dar gracias por la victoria a la Madre de Dios y adornar el templo con ofrendas brillantes y costosas, regresó a Constantinopla. En Tesalónica, al descubrirse la conspiración de los dos arcontes y patricios Elinago y Gabrás, como si hubieran intentado restaurar el poder búlgaro, Gabrás, que ya había huido a su propia tierra y fue capturado, fue cegado, mientras que Elinago, tras ser interrogado y negarlo todo, fue restituido a su propio cargo. Al entrar en Constantinopla y pasar por las grandes puertas de la Puerta de Oro, triunfó coronado con una corona de oro que tenía un penacho encima, precedido por María, la mujer de Vladislao, y las hijas de Samuel, y los demás búlgaros y el archipreste de los búlgaros. Era la segunda indicción, año seis mil quinientos veintisiete. Y así, tras los trofeos y la victoria, entró en la Gran Iglesia y, tras cantar himnos de acción de gracias a Dios, se retiró a los palacios. El patriarca Sergio, al entrar él victorioso, le suplicaba mucho que aboliera el alileggyon( pues había prometido hacer esto si prevalecía sobre los búlgaros), pero no lo convenció. Este, tras pastorear la iglesia de Dios durante veinte años enteros, en el mes de julio, de la segunda indicción, en el año seis mil quinientos veintisiete, partió hacia el Señor. Y fue propuesto como patriarca Eustacio, que era el primero de los presbíteros del templo del palacio. El emperador confirmó de nuevo la archidiócesis de Bulgaria como autocéfala, tal como antes en tiempos del anciano Romano, tras informarse por las disposiciones del emperador Justiniano de que era la primera Justiniana, la cual él dice que es su patria, teniendo entonces como obispo a Castellión.
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El emperador restauró también el acueducto del emperador Valentiniano, para que los ciudadanos tuvieran abundancia de agua. Como Jorge, el arconte de Abasgia, incumplió los tratados con los romanos y saqueaba las regiones vecinas, el emperador sale contra él con todo su ejército, dejando atrás al patricio Nicéforo Xifias y al patricio Nicéforo, hijo de Bardas Focas. Estos, al sentirse agraviados por haber sido dejados atrás en la expedición, habiendo reunido gente, como pudieron, de Capadocia, Rodanto y las regiones circundantes, provocan una rebelión. Al ser anunciado esto al emperador, la confusión y la angustia se apoderaron del campamento, temiendo que, al ser atrapados en medio de los abasgos y los rebeldes( pues se difundió también el rumor de que los hombres de Xifias habían enviado emisarios sobre esto al arconte de Abasgia), sufrieran algo irreparable. El emperador escribió cartas tanto a Xifias como a Focas y las envió, ordenando al que las recibiera que se esforzara por todos los medios en ocultarlo y entregar la carta a cada uno sin que nadie lo supiera. Habiendo hecho este lo ordenado y entregado las cartas secretamente, Focas leyó inmediatamente la suya a Xifias, pero este, ocultando la suya y negando haber recibido carta alguna, en uno de los días lo llama para deliberar y, al llegar, teniendo emboscadas preparadas, lo mata. Y la insurrección de los rebeldes se disipó inmediatamente. Al conocerse la muerte de Focas por el emperador, es enviado Teofilacto, hijo de Damián Dalaseno, y tras capturar a Xifias, lo envía encadenado a la capital ante Juan el protonotario, quien lo tonsura como monje en la isla de Antígona. El emperador, liberado del miedo a los rebeldes, se enfrenta a los abasgos, y caen muchos de los romanos. Sin embargo, ambos ejércitos se disolvieron y la victoria fue dudosa. Después de esto, al producirse un segundo enfrentamiento, el once del mes de septiembre, de la sexta indicción, en el año seis mil quinientos treinta y uno, cae Liparites( pues este era el general en jefe de Jorge) y con él todo lo más selecto de los abasgos, y Jorge huye a los montes más profundos de Iberia. Poco después, enviando embajadores y cediendo al emperador cuanta tierra quiso, firma la paz, dando como rehén a su hijo Pancracio. Tras hacer a este magistro, el emperador regresó. A los demás que ayudaron a Xifias y a Focas los despojó de sus bienes y los encarceló, pero solo mató al patricio Ferses, por haberse unido antes que todos a los rebeldes, por haber matado a cuatro curadores de arcontes vecinos y por haber decapitado personalmente a un eunuco imperial. Se dio también a los leones como alimento a cierto chambelán imperial, al ser descubierto conspirando con venenos contra el emperador por causa de Xifias.
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Queriendo el emperador hacer una expedición contra Sicilia, envió a Orestes con una fuerza considerable, siendo uno de los eunucos más fieles, pero él mismo fue impedido al llegar el destino. Pues en el mes de diciembre, de la novena indicción, del año seis mil quinientos treinta y cuatro, fue tomado por una enfermedad repentina y murió, habiendo muerto también unos días antes de su fallecimiento Eustacio el patriarca, sobre quien se dice que en una de las fiestas solemnes, mientras se celebraba la liturgia( esto por la vejez, pues estaba fuera de tiempo, y esto por debilidad corporal, pues estaba enfermo), al realizarse la entrada de los santos de manera lenta y pausada más de lo habitual, al terminar la oración, no pudiendo estar de pie, se le trajo un trono en el que solía descansar. Sentado, pues, esperaba la llegada de los santos. Sentado, se quedó dormido y ve una visión terrible, en realidad, no en sueños. Veía entrar fieras vestidas con estolas sacerdotales, con los cuerpos formados humanamente, pero con las cabezas con forma de fiera. Mientras tanto, al recordar el diácono la presencia de los santos, lo reprendía mucho por el recordatorio, como si lo hubiera privado de una visión espantosa. Pues decía haber visto a once tales archipreste monstruosos, y además de estos, entrando otros, cortándose su entrada debido al recordatorio del diácono. Decía que las fieras eran asnos, leones, leopardos, gatos domésticos, a los que nosotros llamamos habitualmente gatas, lobos, osos y otras cosas semejantes. Pero esto es así. Como sucesor suyo, el emperador nombró a Alejo, monje y hegúmeno del monasterio de Estudion, que había ido a visitarlo con la cabeza venerable del Precursor. Tras enviarlo, lo entroniza por medio del protonotario Juan, a quien usaba como colaborador para la administración de los asuntos públicos. Y al atardecer murió, habiendo vivido setenta años y habiendo reinado en total, dirigiendo el poder autocrátor durante cincuenta años. Pidió ser enterrado su hermano, a quien dejó también como sucesor del poder, en el templo del evangelista y teólogo situado en el Séptimo. Lo cual, en efecto, sucedió.
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Constantino, habiendo asumido todo el poder y habiendo obtenido la autoridad para hacer lo que quisiera, y complaciéndose en las acciones disolutas, fue causa de muchos males para el Estado, no haciendo él mismo nada ni deliberando sobre lo necesario, sino complaciéndose en carreras de caballos, mimos y bufones, y pasando las noches en juegos de dados, nombrando arcontes tanto en las administraciones civiles como en las estrategias, no a los que demostraban su valía con hechos y palabras, sino a esclavos borrachos y castrados, llenos de toda inmundicia y abominación, elevándolos a las más altas cumbres de las dignidades, mientras pasaba por alto a los que sobresalían por linaje, virtud y experiencia. Pues nombró a Nicolás, el primero de sus chambelanes, doméstico de las escuelas y paracimomeno, a Nicéforo, el que ocupaba el segundo lugar después de aquel, protovestiario, a Simeón, el tercero en rango, drungario de la vigla, honrándolos a todos con el título de proedros, y a Eustracio, el que estaba después de ellos, gran etairearca. Nombró también duque de Antioquía a cierto eunuco llamado Espondiles, y de Iberia a Nicetas, el de Pisidia, ambos hombres infames y malvados. Quienes, llenando todo de confusión y desorden, casi derribaron el imperio, que ya era bien gobernado desde la autocracia de Romano, padre de los dos emperadores, y de Nicéforo, Juan y Basilio, quienes sucedieron en el poder por turnos y lo hicieron temible para las naciones vecinas. Y no solo tenía una opinión indiferente en los nombramientos de los cargos, nombrándolos al azar, sino que perseguía constantemente a los más notables y probados, conspirando contra los que tenían buena reputación. Pues cegó también a Constantino, patricio, hijo de Miguel, magistro de Burtzes, que antes de su imperio se le oponía y denunciaba sus acciones desenfrenadas al emperador Basilio, y eliminó a otros hombres buenos no pocos, como dirá el relato más adelante. Y los prolegómenos de su imperio son tales.¿ Pero qué historia podría representar dignamente lo que siguió? Pues, como se dijo, ocupándose solo de bufones y mimos, y estando absorto en las carreras de caballos como nadie más, consideraba estas como el único trabajo necesario, no valorando nada más, sino considerando todo lo demás como secundario frente a sus acciones desenfrenadas. Pues a Nicéforo Comneno, hombre sensato y famoso por su virtud y valentía, arconte de Media, también llamada Baspracania, y que había sometido a las naciones vecinas, sin ninguna causa razonable, envidiando su virtud, lo cegó, imputándole un cargo de lesa majestad. Pues este, luchando muchas veces con los sarracenos vecinos en Media...
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Al ver que sus propios soldados se debilitaban, volvían la espalda de forma desordenada y huían, los reprendió en parte y en parte los exhortó a no huir de manera tan vergonzosa, sino a resistir valientemente contra sus adversarios, y los convenció de que accedieran. Como él exigía que confirmaran su compromiso bajo juramento, de que morirían junto a él luchando contra los enemigos, emitieron un documento escrito, asegurando con las maldiciones más terribles y los juramentos más espantosos que permanecerían firmes en la formación de batalla y morirían junto al general. Cuando esto llegó a oídos de Constantino, Nicéforo fue destituido inmediatamente de su cargo y llevado a la capital; se levantó un tribunal y un estrado, fue condenado por haber conspirado contra el imperio y se le cegaron los ojos. Como también guardaba rencor a Bardas el patricio, nieto del magistro Bardas Focas, y a otros, urdió mediante algunos de sus sicofantes a su servicio una acusación de usurpación contra él, e inmediatamente lo cegó a él y a los que fueron denunciados junto con él. Al producirse una sedición en Naupacto contra Jorge, su estratego, a quien llamaban Morojorge por la inestabilidad de su juicio, el estratego fue asesinado y saquearon todas sus posesiones, pues se había comportado mal con los habitantes, aplastándolos con exacciones sofisticadas y continuas. El emperador no solo castigó severamente a los responsables del asesinato, sino que también cegó al propio arzobispo de Naupacto. Basilio el patricio, hijo de Romano Esclero, al entrar en conflicto con el magistro Prusiano el búlgaro, que era estratego de los Bucelarios, llegó a tal grado de audacia que incluso llegó a enfrentarse a él en combate. El emperador Constantino, juzgando su disputa como una insolencia contra el imperio, los desterró a ambos, a uno a la isla de Oxia y al otro a la de Plati. Poco después, cegó a Basilio, tras ser acusado de planear una fuga, y liberó a Prusiano, que corría el riesgo de sufrir lo mismo. También cegó a Romano Curcuas, que era cuñado de Prusiano por parte de su hermana, así como a Bogdan, a Glabas y a Gudelio. También le cortó la lengua al monje Zacarías, pariente del bestes Teudato, tras fingir que estos conspiraban contra él. En este año, los pechenegos también hicieron una incursión contra Bulgaria, y mataron y capturaron a una gran multitud de personas, estrategos y comandantes de tagmas. Por ello, el emperador Constantino nombró a Diógenes, que era arconte de Sirmio, duque de Bulgaria, quien, tras enfrentarse a ellos muchas veces, los dispersó, los puso en fuga y los obligó a cruzar el Istro y mantenerse tranquilos. Durante todos los años de su reinado hubo una sequía inmensa, hasta el punto de que se secaron las fuentes perennes y los ríos. Como el emperador Basilio, por compasión hacia los pobres, no cobraba a tiempo los impuestos públicos, sino que concedía prórrogas y plazos, al morir aquel, todavía quedaban pendientes los impuestos de dos años. Constantino los cobró inmediatamente. Cobró también los de otros tres años( pues hasta ese tiempo se extendió su gobierno), y quedaron arruinados no solo los pobres y necesitados, sino también los acomodados, al haber tenido que pagar cinco años de tributos en tres años. Entonces salió también una flota de agarenos contra las islas Cícladas. Jorge Teodorocano, estratego de Samos, junto con Beriboe, estratego de Quíos, se enfrentó a ellos, los puso en fuga, capturó doce naves con toda su tripulación y dispersó al resto. El nueve del mes de noviembre, de la duodécima indicción, en el año seis mil quinientos treinta y siete, Constantino, presa de una enfermedad repentina y desahuciado por los médicos, reflexionaba sobre a quién dejar como sucesor del imperio. Decidió entonces hacer llamar al patricio Constantino Dalaseno, que descansaba en su propia casa en el Armeniaco,
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y convertirlo en su yerno casándolo con una de sus hijas y proclamarlo emperador. Y así, es enviado a buscarlo un eunuco de los más fieles, el llamado Ergodotes. Pero debido al afán de Simeón, que estaba bien dispuesto hacia el patricio Romano Argiro, esta intención fue pasada por alto, y se envía a alguien, supuestamente de parte del emperador, hacia Dalaseno, ordenándole esperar allí donde le alcanzara el mensaje, mientras que Romano es llevado a palacio. Al ser conducido, se le presentan dos opciones: o divorciarse de su legítima esposa para unirse a la hija del emperador y ser proclamado emperador, o ser cegado. Como él se sentía mareado y reacio a ambas cosas, su esposa, temiendo por su marido, no fuera a sufrir algún daño, se cortó voluntariamente la cabellera mundana y le regaló a su esposo tanto la vista como el imperio. Como Constantino tenía tres hijas de la hija del patricio Alipio, con la que se había casado cuando Basilio aún vivía, la mayor por edad, Eudoxia, se hizo monja, y la tercera, Teodora, se negó a casarse con Romano, ya sea por el parentesco, como dicen, o porque la esposa de aquel aún vivía. La segunda en edad, Zoe, aceptó con agrado la propuesta de matrimonio que se le presentó. Al suscitarse el tema del parentesco, y habiendo resuelto la iglesia junto con el patriarca la duda, Romano se casa con Zoe mediante rito sagrado y es proclamado emperador autócrata. Y a los tres días Constantino murió, habiendo vivido toda su vida setenta años, y habiendo reinado durante tres años menos un mes. ROMANO ARGIRO. Así, contra toda esperanza y expectativa, habiendo escapado al peligro de la ceguera, Romano se ciñe el poder del imperio y es proclamado emperador autócrata junto con Zoe, la hija de Constantino. Tan pronto como se sentó en el trono imperial, saludó a sus súbditos con buenos augurios y loables medidas de entrada, comenzando primero a hacer el bien desde la piedad. Pues, sabiendo que los ingresos de la Gran Iglesia eran insuficientes, ya que él mismo había sido su ecónomo en tiempos anteriores, y los de las otras iglesias que el clero de aquella solía administrar, estableció que se les otorgaran ochenta libras de oro cada año como suplemento desde el tesoro imperial. También suprimió y arrancó de raíz el alilengyon, que Constantino había planeado hacer, pero no llegó a realizar. Vació también las cárceles de los encarcelados por ciertas deudas, perdonando las deudas públicas y pagando las privadas. También rescató a los cautivos que estaban retenidos en Pechenegia. Honró también a tres sincelos metropolitanos: a Ciriaco de Éfeso, por ser pariente del patriarca; a Demetrio de Cícico, por ser muy querido para él incluso antes del imperio; y a Miguel de Eucaita, por estar emparentado con él por sangre, al remontar su linaje a los llamados Radenos. A Juan, el protonotario del emperador Basilio, que ya se había cortado la cabellera mundana, lo hizo llamar y, honrándolo como sincelo, lo puso como guardián de Teodora, la hermana de su propia esposa. A muchos de los servidores de Dios que habían llegado a la extrema pobreza a causa de los alilengyon los rescató, y a los otros que sufrían y estaban oprimidos por la escasez los dignificó con consuelo. Proporcionó también una cantidad de dinero superior a cualquier cálculo para la salvación del alma de su suegro. Dignificó de manera similar a todos los que habían sufrido injustamente bajo él, ascendiendo a unos a cargos, y consolando a otros con propiedades y a otros con dinero. Elevó también al brillante rango de magistros a su cuñado Romano Esclero, a quien Constantino, como dijimos, había cegado. Llamó también de su largo
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exilio a Nicéforo Xifias, quien voluntariamente se había vestido con el hábito monástico en el monasterio de los Estuditas. En este tiempo, Dios envió una lluvia moderada y hubo abundancia de frutos, especialmente de aceitunas. Durante el día de la santa Pentecostés hubo un disturbio por el asiento en la liturgia, al no aceptar los metropolitanos que los sincelos se sentaran antes que ellos en el sintrono. En este tiempo, el magistro Prusiano el búlgaro, tras ser denunciado por conspirar con Teodora, la hermana de la emperatriz, y pretender el imperio, es puesto bajo custodia en el monasterio de Manuel. Al prevalecer la acusación, él es cegado y su madre es expulsada de la ciudad. Y Constantino Diógenes, yerno del emperador por la hija de su hermano Basilio, fue trasladado de Sirmio a Tesalónica y se convirtió en duque, pero al ser acusado por Orestes, el servidor del emperador Basilio, de planear una deserción, es enviado como estratego a los Tracesios. Al hacerse evidente la acusación, es llevado encadenado a la capital y arrojado a una torre. Sus cómplices, el protonotario Juan y sincelo, el patricio Eustacio y el estratego Dafnomeles, Miguel Teognosto y Samuel, los nietos del magistro Miguel Burzes, así como Jorge y Barasbatze, quien fundó el monasterio de los iberos en el monte Athos, sobrinos del patricio Teudato, fueron cruelmente azotados y, tras ser paseados por la vía principal, fueron enviados al exilio. Teodora también fue bajada de los palacios y confinada en el llamado Petrion. En el mes de octubre, el día treinta y uno del mes, hubo una caída de una estrella, que seguía su curso de occidente a oriente. Y ese mismo día ocurrió una caída no pequeña del ejército romano en Siria, siendo estratego de la gran Antioquía Miguel Spondyles. Hubo también una inundación de lluvias, que prevaleció hasta el mes de marzo, desbordándose los ríos e inundándose las zonas bajas, de modo que casi todos los animales y los frutos depositados en la tierra se ahogaron, y por esto siguió una terrible hambruna en el año siguiente. Queriendo el emperador remediar la desgracia ocurrida en Siria, se dispuso a hacer una expedición contra Beroea. Envía, pues, con una fuerza ligera a Constantino patricio Caranteno, su cuñado, ordenándole ir, explorar las entradas y, en la medida de lo posible, dañar a los enemigos, pero absteniéndose de una batalla general hasta su llegada. Mientras el ejército se reunía para él, Jorge, el arconte de Abasgia, murió de enfermedad, y su esposa, enviando embajadores al emperador con regalos, buscaba tratados de paz y una esposa para su hijo Pancracio. El emperador, aceptando su embajada, ratificó los tratados y envió a Elena, su propia sobrina, hija de su hermano Basilio, como novia a Abasgia, elevando al novio Pancracio a la altura de curopalata. En este tiempo ocurrió un prodigio asombroso en el tema de los Tracesios, cerca de las estribaciones del monte Cuzena, donde había una fuente de agua hermosísima y cristalina. Se escuchaba una voz con lamentos, ayes y llantos, semejante al gemido de una mujer. Y no una o dos veces, sino desde el mes de marzo hasta junio, día y noche. Al ir algunos a explorar el lugar donde resonaba la voz, el gemido se trasladaba a otra parte. Esto, al parecer, presagiaba la desgracia de los romanos en Celesiria, que ya se ha mencionado. Pues habiendo sometido el emperador Nicéforo la mayoría de las ciudades de Siria y Fenicia, y habiendo consolidado Juan, después de él, lo conquistado y extendido el dominio hasta Damasco, dado que Basilio, quien vino después de ellos, primero ocupado por las guerras civiles,
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y después dedicado a las obras contra Samuel, no tuvo oportunidad de asegurar bien y como era debido los asuntos en Oriente, sino que, habiendo estado allí solo en apariencia y habiendo establecido las cosas como el momento lo requería, luego regresó y tuvo como ocupación y preocupación constante someter al pueblo búlgaro, esto se convirtió en la ocasión para que las ciudades más poderosas se sacudieran el yugo y buscaran su propia libertad. Pero mientras él vivía, la deserción se planeaba, pero en secreto y no abiertamente. Al pagar este su deuda, y al reinar su hermano Constantino de manera descuidada y perezosa, y teniendo su atención puesta en aquellas cosas que el relato ya ha registrado, y habiendo derramado un desprecio no común sobre las otras cosas, los sarracenos, aprovechando la impunidad, saquearon las guarniciones de las ciudades, matando también a los guardias, especialmente el jefe de Beroea, a la que también llaman Alepo. Pues realizaba incursiones continuas y dañaba a Antioquía y a las naciones vecinas y cercanas que estaban sujetas a los romanos. Contra él, Spondyles, que gobernaba Antioquía, como se ha dicho, hace una expedición mientras Constantino aún vivía, queriendo quizás mostrar algo juvenil y noble. Y al enfrentarse al jefe de Beroea, es derrotado, y gran parte de los que estaban con él perecen, y él mismo se salva vergonzosamente en Antioquía. Un árabe, de nombre Musaraf, lo engañó con una estratagema de la siguiente manera. Este Musaraf, que estaba retenido como prisionero de guerra en Antioquía( pues había sido capturado por Poto Argiro), dado que las riendas del mando pasaron a Spondyles, habiendo observado que el hombre era voluble, prometió ser de gran utilidad a los romanos si era liberado de sus cadenas, y que cumpliría todo según sus objetivos. Pues prometía dañar a sus propios compatriotas y, señalando un lugar, si se construía en él una fortaleza y se le entregaba a él, sería de no poca utilidad para los romanos. Spondyles, sin comprender sus artimañas, lo liberó de los grilletes, construyó la fortaleza como él ordenaba y le confió su guardia, instalando mil guardias romanos en ella. Musaraf, habiendo obtenido la oportunidad que deseaba, tras hablar secretamente con el emir de Trípoli y con Tusber, el comandante en jefe del egipcio, y habiendo recibido gente enviada por ellos, mata a los mil y les entrega la fortaleza. Y desde entonces los sarracenos no dejaron de atacar desde posiciones ventajosas para destruir y dañar las posesiones romanas en Siria. Pero Romano lo destituye de su cargo, enviando como su sucesor a Constantino Caranteno, su cuñado, y él mismo se preparaba para ir también detrás contra los sarracenos. Cuando ya hubo llegado a Filomelio, llegaron embajadores de Beroea con muchos regalos, suplicando obtener compasión y volver a aceptar la servidumbre anterior y ofrecer agradecidamente los tributos anuales. Aunque muchos soldados buenos que lo acompañaban le aconsejaban aceptar la propuesta, entre los cuales estaba el patricio Juan Caldo, y no hacer una expedición contra Siria en tiempo de verano, cuando el agua es escasa en ella y la nación de los árabes es irresistible, acostumbrada como está a soportar valientemente los calores locales, los ardores y las canículas, mientras que los romanos, siendo soldados de infantería pesada, no tienen resistencia ante la estación, él, sin prestar atención a nada, sino teniendo presentes los actos heroicos de los emperadores anteriores y deseando mostrar él mismo algo varonil, se va a Siria. Y habiendo establecido un campamento en una fortaleza a dos días de camino de Beroea( la fortaleza se llamaba Azacio), observaba el futuro. Estando acampado allí, envía al jefe de los excubitores, el patricio León Quirosfactes, con su propio tagma para explorar, por si venían algunos árabes a observar, y dónde sería ventajoso trasladar
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el campamento. Pero los árabes que estaban emboscados y vigilaban las llanuras intermedias, aprovechando el momento y atacando repentinamente, lo capturaron y dispersaron a la gente que estaba con él. Y llegaron a tal grado de audacia e insolencia que incluso cortaban abiertamente a los romanos la recolección de forraje y la recogida de otros suministros necesarios. Los dañaban aún más en el agua; pues los romanos, presionados, tanto ellos como sus caballos y bestias de carga, por la necesidad de la sed, se empujaban a sí mismos hacia un peligro evidente, y al ser capturados perecían. Entonces, Constantino patricio Dalaseno, enviado para detener a los atacantes y realizar algo varonil y noble, al enfrentarse a ellos y huir de manera desordenada, llenó de gran confusión y desorden a los romanos y al propio emperador. Pues al regresar él perturbado y haber llenado todo el campamento de desorden y falta de disciplina, ya no se hablaba de batalla, sino que cada uno, como podía, trataba de salvarse a sí mismo. Por lo tanto, al proponerse un consejo, se decidió que al amanecer, tras levantar el campamento, se retiraran a Antioquía. Y así, el día dos del mes de agosto, de la decimotercera indicción, del año seis mil quinientos treinta y ocho, según lo acordado, abriendo las puertas del campamento, se dirigieron por todas partes hacia Antioquía, la mayoría consumidos por una enfermedad intestinal, y la mayoría también consumidos por la necesidad de la sed. Al salir ellos del campamento, los árabes los atacan con ímpetu. Como no resistieron en absoluto el ataque, se produce una huida espantosa, y unos eran pisoteados y destruidos por otros, y otros eran capturados vivos. Allí ocurrió algo gracioso. Pues, como ninguno de los estrategos que tenían nombre por su valentía, ni de los soldados, se atrevía a resistir el peligro, sino que huían ignominiosamente, un eunuco de los servidores de cámara, al ver su propio equipaje y a sus sirvientes siendo llevados, y no pudiendo soportar moderadamente el sufrimiento, tras agitar su caballo aquí y allá, ataca con impetuosa acometida contra los sarracenos, y tensando el arco, hiere a uno, pone en fuga a los otros, y habiendo recuperado lo suyo, regresó regocijado, no por experiencia guerrera, sino por amor al dinero, despreciando su propia vida el miserable eunuco, habiendo alejado el amor al dinero el peligro de la vida lo más lejos posible. El emperador, habiendo estado cerca de ser capturado, se salva en Antioquía, habiendo luchado con entusiasmo los compañeros imperiales y habiendo salvado tanto a sí mismos como al emperador. Entonces, siendo Jorge Maniaces estratego del tema de Teluch, ochocientos árabes, regresando con orgullo tras la derrota y llegando ante él, le ordenaban ceder lo más rápido posible y abandonar la ciudad, habiendo sido capturado el emperador y habiendo perecido por completo todo el ejército romano, y no entregarse a un peligro evidente. Pues al amanecer, tanto él como los que estaban con él perecerían rodeados. Él, fingiendo aceptar el consejo y sospechando que haría lo ordenado, enviándoles comida y bebida en abundancia, les ordenaba descansar, para que al amanecer él mismo, junto con los que lo acompañaban, se marchara, y los dejaría a ellos dueños de la ciudad de Teluch y de todas las riquezas romanas. Ellos, engañados tanto por las palabras como por los hechos, y suponiendo que al día siguiente recibirían todo, se entregaron a bebidas y borracheras y pasaron la noche con toda impunidad y despreocupación. Él, a medianoche, ataca a los que estaban borrachos y despreocupados mientras dormían, y los mató a todos, y se apoderó de doscientas ochenta camellos cargados y llenos de todo tipo de riquezas romanas. Cortando las narices y las orejas de los caídos, las llevó a Capadocia al emperador, que ya había llegado de la huida a la casa de Focas y pasaba el tiempo allí. El emperador, aprobando la acción,
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lo nombra catepán de la Media inferior. Al partir de Siria, nombra doméstico de las escuelas a Simeón, el servidor de su suegro Constantino, y gobernador de Antioquía a Nicetas de Mistia. A estos les ordenó intentar en la medida de lo posible tomar la fortaleza construida por Musaraf, llamada Menico, por si pudieran liberar a Siria de las incursiones de Musaraf. Como estos intentaron el asedio de manera inepta e ignorante, Musaraf salió de noche de la fortaleza, incendió las máquinas de asedio y los expulsó vergonzosamente de allí. Al enterarse de esto el emperador, y no soportando la afrenta, envía contra Siria a Teoctisto protospatario, uno de sus diáconos más fieles y que en aquel entonces ejercía como gran etariarca, con una fuerza considerable de romanos y extranjeros, nombrándolo estratego autócrata, y ordenándole unirse al emir de Trípoli, Pinarach, y junto con él dañar los asuntos de los árabes. Pues sucedió que este Pinarach, debido a un conflicto poco antes, se había rebelado contra el amermumnis de los egipcios y había tomado las armas contra él. Y habiendo enviado el egipcio al turco Tusper, que era jefe de sus tagmas, con una mano considerable para la destrucción de Pinarach, cuando este se dio cuenta de que no era capaz de enfrentarse por sí mismo a la fuerza de los egipcios, se refugia ante el emperador de los romanos y pide una alianza. Romano, sin pasar por alto su petición, envió a Teoctisto con una multitud considerable, ordenándole proporcionar la alianza a Pinarach y, de paso, reclamar la fortaleza de Menico. Él, habiendo ido y unido a Pinarach, se puso manos a la obra. Y el comandante en jefe de los egipcios, Tusper, asombrado por la rapidez del ataque y por la multitud, regresó a casa. Tampoco Musaraf soportó el ataque de los enemigos, sino que abandonó Menico y huyó, y al ser capturado cerca de las fronteras de Trípoli, fue asesinado. Los hombres de Teoctisto tomaron la fortaleza de Menico, entregada a ellos por un sobrino de Musaraf, y otra fortaleza situada sobre una roca escarpada, la llamada Argurocastro. Habiendo establecido esto así, Teoctisto entró en la capital, trayendo consigo a Alach, el hijo de Pinarach, a quien el emperador dignificó con el patriciado. Detrás vino también Pinarach, escoltado y acompañado por el jefe que ejercía en Antioquía, Nicetas de Mistia. El emperador, recibiéndolo amablemente y agasajándolo con regalos y beneficios no pequeños, lo envió de regreso a casa regocijado. Rescató también de la cautividad a Quirosfactes y lo devolvió a los suyos. Como el protospatario Orestes, a quien el relato indicó anteriormente que había sido enviado a Sicilia por el emperador Basilio, era inexperto en los asuntos militares e intentaba realizar las cosas sin habilidad, los sarracenos de Sicilia, vigilando el momento y atacando repentinamente a los romanos, que ya estaban afectados por una enfermedad intestinal debido a los excesos, causaron una pérdida no pequeña. El emperador, tratando de reparar la desgracia ocurrida, reúne una fuerza considerable de Grecia y Macedonia y la envía a Italia, aunque no pudo hacer nada noble debido a la simplicidad y maldad del estratego. En este año seis mil quinientos treinta y nueve, de la decimocuarta indicción, Prusiano se hace monje voluntariamente, y su madre es trasladada del monasterio de Mantineo, en Bucelario, a los Tracesios, y el patricio Constantino Diógenes, expulsado de la torre, se hace monje en el monasterio de los Estuditas. El emperador Romano, habiendo comprado la casa de Triacontafilo, la transformó en un monasterio en nombre de nuestra señora la Teotocos, sin escatimar en ningún lujo, aunque, sin embargo, arruinando no poco a los súbditos con este pretexto y dañándolos tanto en el transporte de piedras como de otros materiales.
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Embellece también los capiteles de la Gran Iglesia y de la santísima Teotocos de las Blanquernas con plata y oro. Estando a punto de hacer también el altar de las Blanquernas, encontró una imagen antigua colgada, la cual ordenó restaurar. Al ver el revestimiento de la pared plateado, ordenó quitarlo y hacer uno nuevo. Al quitar el revestimiento, se encontró una imagen pintada sobre madera, un panel pectoral que representaba a la Teotocos sosteniendo al Señor y Dios nuestro, que permaneció inmaculada desde los días de Coprónimo hasta este día, habiendo transcurrido trescientos años. En el año seis mil quinientos cuarenta, de la decimoquinta indicción, en el mes de septiembre, vino ante el emperador Romano con muchos regalos Amer, el hijo del de Alepo, pidiendo renovar la paz y ofrecer los tributos anteriores. Y así es enviado Teofilacto protospatario el ateniense, quien ratificó los tratados y estableció una alianza con los de Alepo. Zoe, la emperatriz, después de la elevación de la santa cruz, yéndose repentinamente al Petrion, hizo monja a su propia hermana Teodora, diciendo que era imposible que de otra manera cesaran las intrigas y los escándalos. El emperador Romano también dio a su propia sobrina con muchos regalos de boda al exousiarca de la Gran Armenia. Estando el emperador a punto de hacer una segunda incursión contra Siria, salió hacia Mesanacta. Estando él allí, se le comunica a la emperatriz Zoe, a través de Teófanes el tesalonicense, que Constantino Diógenes, habiendo conspirado con su hermana Teodora, planea una fuga hacia el Ilírico, con el conocimiento del metropolitano de Dirraquio y del obispo de Periteorio. E inmediatamente los obispos y Diógenes son capturados. Y Constantino, siendo interrogado en el palacio de las Blanquernas por Juan prepósito, el que después fue orfanotrofo y hermano del emperador Miguel, se arrojó desde el muro y murió con el cuello roto al ser arrojado junto con los asesinos, mientras que los obispos fueron enviados ante el emperador a Mesanacta y desde allí fueron liberados. El veintiocho del mes de julio, el sexto día, a la segunda hora de la noche, hubo una caída de una estrella desde el mediodía hacia el norte, que iluminó toda la tierra. Y poco después se anuncian las desgracias que afectaron a los romanos: los árabes saquearon Mesopotamia hasta Melitene, los pechenegos cruzaron el Istro y dañaron Misia, y los sarracenos recorrieron la costa del Ilírico hasta Corfú y la incendiaron. Pero los otros regresaron a casa sin daños, mientras que los sarracenos sufrieron mal a manos de los de Ragusa y del patricio Nicéforo Caranteno, que era estratego en Nauplia, siendo derrotados y perdiendo la mayoría de sus naves. Los que se salvaron, tras matar a los cautivos romanos que tenían, al regresar a casa, naufragaron en el mar de Sicilia y perecieron. En este año también el hambre y la peste recorrieron Capadocia, Paflagonia, el Armeniaco y Honoriada, hasta el punto de que los mismos colonos de los temas abandonaban sus patrias buscando emigración. El emperador, al encontrarse con ellos en su regreso de Mesanacta a la capital y no ignorando la causa de la partida, los obligaba a regresar a casa, ayudándolos con oro y con las otras cosas necesarias para la vida. También Miguel, que entonces gobernaba la iglesia de Ancira, mostró obras dignas de virtud, sin escatimar nada de lo que tendía a la salvación de los heridos por el hambre y la peste. El trece del mes de agosto, el domingo, a la primera hora de la noche, en el año seis mil quinientos cuarenta, ocurrió un gran terremoto. El emperador también entró en la capital, y habiendo muerto su anterior esposa Elena, hizo grandes repartos en su nombre.
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ante mí, obtendréis grandes honores y bienes, y viviréis una vida libre de penas y pura. Cuando el eparca leyó la proclama ante el pueblo, se escuchó una voz, sin que se encontrara a quien la había proferido, diciendo que no queríamos a un emperador calafateador y destructor de la cruz, sino a nuestra madre original, heredera y nuestra, Zoe. Y de inmediato todo el pueblo, como con una sola voz, gritaba:«¡ Que sean desenterrados los huesos del calafateador!». Y tomando cada uno piedras, pedestales y los maderos que tenían a mano, casi mataron al eparca( era el patricio Anastasio, quien había servido al padre de Zoe), si no hubiera sido porque, recurriendo a la huida, procuró su propia salvación. Ellos, por su parte, corriendo hacia la Gran Iglesia— pues sucedió que también el patriarca, habiendo comprado su propio retorno, denigraba al emperador y buscaba el regreso de la emperatriz—, acudieron todos los eunucos de su padre, el patricio Constantino Cabasilas y todo el resto de la multitud del senado, y por consejo común, enviaron a buscar a Teodora desde el Petrio a la Gran Iglesia, y vistiéndola con la púrpura imperial, la aclamaron como soberana junto con Zoe, su hermana. Y lanzándose hacia el palacio, se apresuraron a derrocar a Miguel de los palacios. Él, amedrentado ante la ira y el movimiento del pueblo, envió de inmediato a buscar a Zoe al palacio y, despojándola de sus hábitos monásticos, la vistió con ropajes imperiales. Al asomarse, pues, desde el palco del hipódromo e intentar arengar al pueblo, diciendo que la emperatriz había sido traída y que todo estaba bien para ellos según sus deseos, no fue permitido, siendo bañado por insultos desde todas partes y atacado con piedras y flechas desde abajo. Y finalmente, desesperado, decidió ir al monasterio de los Estuditas y tonsurarse. Pero el doméstico no lo permitió, diciendo que no debía abandonar el poder y retirarse tan fácilmente, sino resistir con valentía, y o bien prevalecer por completo, o morir magnánima y regiamente, como conviene a un emperador. Prevaleciendo esta opinión, armó él mismo a todos los que estaban en el palacio, según lo permitía el momento, y el nobelísimo también, habiendo hecho venir a toda su propia gente armada desde su propia casa( sucedió que el estratego Catacalo Cecaumeno acababa de llegar de Sicilia, trayendo los evangelios desde Mesina), resistía valientemente los acontecimientos. Dividido el pueblo en tres partes, y atacando una parte en el hipódromo, otra junto a los excubitos y la restante junto al tzykanisterion, también los que estaban con el emperador, dividiendo sus fuerzas en tres, se defendían vigorosamente. Y se produce una gran matanza de ciudadanos, como quienes, desnudos y desarmados, luchaban contra hombres armados con maderos, piedras y los objetos que tenían a mano. Pues dicen que perecieron en este día( era el martes de la semana de Pascua) unos tres mil hombres. Finalmente, los ciudadanos, superando en número, lograron imponerse a los del emperador. Y rompiendo las puertas del palacio y entrando, saquearon el oro almacenado en los secretos y los demás bienes que encontraron, destruyeron también los registros públicos y se apresuraron a capturar al emperador. Él, puesto que se supo superado, subiendo al dromón imperial con el nobelísimo y algunos de sus más allegados, dejando a Zoe en el palacio, partió huyendo hacia el monasterio de los Estuditas el miércoles por la mañana, y de inmediato se vistió con el hábito de los monjes junto con su tío. Miguel 5. 2 Y la guerra, habiendo comenzado desde la segunda hora del segundo día de la semana de Pascua, terminó la noche del tercer día. Zoe, habiendo recuperado el control del imperio, deliberaba sobre expulsar a su propia hermana Teodora, pero fue impedida por la multitud, que también la reclamaba a ella para reinar conjuntamente. Llega, pues, también Teodora, habiendo salido de la Gran Iglesia hacia el palacio. Habiéndose reunido también el senado, Zoe, tras arengar
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primero ante el senado, luego también desde cierta altura ante la multitud, les devolvió, como es natural, agradecimientos y votos por su benevolencia hacia ella, pero buscaba la opinión sobre el emperador, qué debía hacerse con él. Y todos gritaron unánimemente:«¡ Elimina al homicida, quita de en medio al impío!¡ Que sea empalado, crucificado, cegado!». Ella dudaba ante el castigo y se mostraba compasiva con el desdichado. Pero Teodora, llena de ira y franqueza, ordena al recién nombrado eparca( era Campanaris) que vaya con prontitud y le saque los ojos tanto a él como a su tío. Quien, habiendo salido, seguido por todo el pueblo, se dirigió a los Estuditas. Miguel y su tío, al sentir la presencia del pueblo, se refugiaron en los adyacentes del templo del Precursor. Pero el pueblo, aún inflamado de ira por los asesinados, entra por la fuerza en el divino templo y, arrebatándolos de allí, los arrastraban por el mercado desde los pies, y llevándolos por encima del monasterio de Peribleptos, en el lugar llamado Sigma, los cegaron a ambos, habiendo Miguel suplicado mucho antes que cegaran a su propio tío, como instigador y causa de todos los males ocurridos; lo cual también sucedió. Cegados, pues, son exiliados, Miguel al monasterio de los Elegmos el veintiuno del mes de abril, de la décima indicción del año 6550, habiendo reinado durante cuatro meses y cinco días, y todos sus parientes fueron dispersados cada uno por su lado. Constantino 9. 1 CONSTANTINO MONÓMACO. De nuevo, habiendo recaído el poder en Zoe, teniendo como corregente, como dijimos, no de buen grado, a su hermana Teodora, el senado honraba con ascensos y el reparto de dones a la comunidad, y los asuntos recibían la provisión adecuada, enviándose cartas y decretos a todas partes, prometiendo que los cargos se obtendrían sin compra, y no venales como antes, y que toda injusticia sería eliminada. Establecidas estas cosas, según les parecía a los gobernantes, fue traído también el nobelísimo Constantino desde el exilio y, siendo interrogado sobre los fondos públicos, asustado por las amenazas, indicó que en su casa junto a los Santos Apóstoles, escondidos en una cisterna, había cincuenta y tres centenarios de oro. Y esto fue trasladado a la emperatriz, y a aquel lo recibió de nuevo el exilio. La emperatriz nombra doméstico de las escuelas de Oriente a Nicolás, el eunuco de su propio padre, y duque de Occidente al patricio Constantino Cabasilas; al patricio Jorge Maniaces, habiendo sido ya liberado de la guardia por Miguel, honrándolo como magistro, lo envía como estratego autocrátor de las tropas en Italia. Y esto sucedió así. Habiéndose propuesto consejo sobre el emperador, y pareciendo a todos que debía nombrarse un emperador y unirse legalmente a Zoe, ella se apresuraba a tomar a Constantino el catepán, a quien llamaban Artoclino por el servicio que desempeñaba. Pues el hombre era de aspecto agraciado, y se decía que se acercaba a Zoe en secreto. Pero a este, la conviviente lo saca de la vida con venenos, no porque tuviera falta de afecto hacia él, sino porque estaba a punto de ser privada de él estando aún vivo. Y finalmente, habiendo fallado la emperatriz en su objetivo, hace traer del exilio a Constantino Monómaco, condenado por el orfanotrofo a habitar la isla de Mitilene debido a que se rumoreaba por todos que estaba destinado a tomar el imperio. Pues a este, cuando planeaba llevar al otro Constantino al trono imperial, lo había nombrado juez de los helenos,
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y puesto que también aquel, como dijimos, fue eliminado por veneno, el mencionado Monómaco, homónimo del fallecido, fue considerado adecuado por la emperatriz. Fue traído, pues, al templo del Archistratega, situado muy cerca de Atiro, en Damocranea. Y habiendo sido enviado Esteban, uno de los eunucos de cámara de la emperatriz, el de Pérgamo, lo despoja de su vestimenta civil, lo viste con la púrpura imperial y, embarcándolo en un dromón, lo lleva a los palacios. A quien, habiendo sido traído, se une en comunión de matrimonio la emperatriz, realizándose la ceremonia sagrada por el primero de los presbíteros de la Nea, quien era llamado Stupes, el once del mes de junio, del año 6550. Es coronado al día siguiente por el patriarca. Constantino 9. 2 Y habiendo tomado ya el control de los cetros, ascendió a todos los senadores a grados de dignidades según el mérito de cada uno, y agasajó a la multitud con repartos de oro. Envió también informes a todos los temas, declarando su proclamación y prometiendo un manantial de todo bien y franqueza, y el corte de toda maldad. Trasladó también a Juan el orfanotrofo con todo lo que tenía, desde el monasterio de los Monobatos a la isla de Lesbos, y a Miguel, el anterior emperador, a Quíos, y a Constantino el nobelísimo a Samos. Y esto se hizo en los prolegómenos de Monómaco, en la décima indicción. El seis del mes de octubre, de la undécima indicción, del año 6551, apareció un cometa haciendo su curso de oriente a occidente, y se veía brillando durante todo este mes. Este presagiaba las calamidades mundiales que estaban por suceder. Pues Esteban, también llamado Boisthlabos, como se dijo antes, habiendo huido de Bizancio y ocupado los montes ilíricos, y atacando y saqueando a los tribalos, serbios y los pueblos vecinos y súbditos de los romanos, Monómaco, no soportando sus incursiones, ordena por cartas al entonces arconte de Dirraquio( era el patricio Miguel, hijo de Anastasio el logoteta) que reúna el ejército de Dirraquio bajo su mando, y además también los ejércitos de los temas cercanos a este y sujetos a él, y junto con los sub- estrategos ir a los tribalos y combatir a Esteban. Él, estando lejos de la ciencia militar, como hombre criado a la sombra y nutrido en pasiones, habiendo emprendido la tarea de manera inepta y sin arte, fue causa de una gran desgracia para el gobierno de los romanos. Pues habiendo reunido las fuerzas que se le habían ordenado, que dicen eran unas sesenta mil, entra en el país de los tribalos, recorriendo caminos ascendentes, ásperos, escarpados y estrechos, de modo que no podían caminar dos jinetes a la vez, habiendo cedido, como dicen, a propósito también los serbios y permitido la entrada, sin preocuparse por el regreso, ni haber establecido una guardia capaz de luchar en los estrechos. Aquel, pues, habiendo entrado, devastaba las llanuras e incendiaba, mientras los serbios, habiendo ocupado y vigilado los estrechos y escarpados del camino, esperaban el regreso. Cuando a Miguel le pareció suficiente lo del saqueo, y se hizo con mucho botín y cautivos, y apareció el momento de la retirada, y caminaban por los estrechos, entonces sí, desde lo alto, los enemigos, lanzando piedras, flechas y toda clase de instrumentos de largo alcance, y haciendo rodar piedras enormes, los aniquilaban, sin que los que estaban con Miguel pudieran usar ni manos, ni armas, ni mostrar en absoluto una obra de valor. Y unos caían allí mismo siendo atacados, otros se despeñaban y eran consumidos lastimosamente, de modo que los barrancos y arroyos cercanos se llenaron de cadáveres y se hicieron transitables para los perseguidores. Cayeron, pues, unos cuarenta mil, y fueron eliminados también siete estrategos. Los restantes, escondiéndose en las malezas, valles y desfiladeros de los montes, y escapando a los ojos de los contrarios, y trepando por estas cumbres,
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se salvaron de noche, a pie y desnudos, y para quienes los veían, un espectáculo lastimoso, lamentable y digno de llanto. Se salvó con ellos también Miguel, cargando él mismo con la misma suerte. Constantino 9. 3 Jorge, el magistro Maniaces, en Italia, como se dijo en los discursos anteriores, enviado por la emperatriz Zoe para establecer las cosas allí( pues todo enfermaba y se llevaba mal por la inexperiencia y vileza de los jefes), miró hacia la rebelión. Es digno decir, recorriendo también las causas para el conocimiento preciso de los que leen el libro. Cuando este fue enviado por primera vez a Italia por el emperador Miguel para ayudar a Apolafar Muchemet, el arconte de Sicilia, que era combatido por su propio hermano y los afros, sucedió que se hizo aliado también de quinientos francos enviados desde las Galias más allá de los Alpes, que tenían como jefe a Arduino de nombre, arconte de cierta región y no dirigido por nadie, con quienes realizó los trofeos contra los sarracenos. Cuando este, calumniado, fue destituido del mando y, habiendo sido llevado a la ciudad, fue encarcelado, y fue enviado para gobernar Italia en su lugar Miguel, el protospatario Doceiano, hombre inepto y no dotado para el manejo de los asuntos, no necesitó tiempo para confundir y corromper todo. Pues no proporcionando a tiempo a los francos la ración que se les daba cada mes, o más bien, como dicen, habiendo insultado y azotado indignamente al jefe de estos, que había llegado ante él para rogarle que tratara con suavidad a los soldados y no los privara del salario de sus trabajos, obligó a los hombres a rebelarse. Habiendo estos movido las armas, él no quiso reunir todas las fuerzas romanas y unirse a ellos, sino habiendo tomado una sola unidad, la de Opsiquio y parte de los tracios, y habiendo chocado con ellos en Cannas junto al río Ánfido, donde también en los tiempos antiguos Aníbal masacró a las muchas miríadas de romanos, fue derrotado y perdió la mayor parte del ejército, salvándose él mismo vergonzosamente en Cannas. Habiendo sido golpeado así, ni siquiera después del golpe tuvo sentido, según el pescador de los proverbios, ni habiendo fortificado a sí mismo con todo el ejército atacó a los enemigos, sino, guiado por la audacia, al parecer, habiendo tomado de nuevo a los mismos derrotados y a los pisidios y licaonios, que completan la unidad de los federados, choca con los enemigos cerca de las llamadas Horas y es derrotado de nuevo con fuerza, habiéndose aliado los francos con otra multitud no pequeña de los italianos que habitan junto al río Po y las estribaciones de los Alpes. Habiendo sabido esto, el emperador Miguel lo destituyó del mando. Y envió a Boioannes, que parecía ser un hombre práctico y de buena reputación en las guerras, y que refería a aquel la referencia del linaje, el Boioannes enviado en Italia bajo el emperador Basilio, quien entonces sometió toda Italia hasta Roma al emperador. Pero también este, habiendo ido al lugar y no habiendo tomado una fuerza nueva y vigorosa, sino obligado a chocar con los enemigos junto a Monópolis, ya fortalecidos y aferrándose al país como propio, derrotado fue capturado, y el ejército con él, cuantos no fueron pasto del hierro, fueron dispersados cada uno por su lado, salvándose en las fortalezas que aún pensaban a favor de los romanos. Y finalmente los francos se apoderaron de Italia como de una posesión ganada por la lanza, cediéndoles los habitantes locales, unos voluntariamente, otros por fuerza y necesidad, excepto Brindisi, Hidrunt, Tarento y Bari. Pues estas cuatro ciudades permanecieron guardando fidelidad a los romanos. Habiendo muerto el emperador Miguel y habiendo sido expulsado el que estaba después de él del imperio, Maniaces, como se dijo arriba, enviado a Italia por Zoe, aunque no tenía una fuerza digna, sin embargo, usando estratagemas militares con la presente, logró expulsar a los francos de Italia cerca de Capua y
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Benevento y Nápoles, y proporcionó una situación moderada y calma a los asuntos. Este Maniaces, teniendo sus residencias en el tema de los Anatólicos y siendo vecino de Romano el Esclero, disputando con él muchas veces, intentó eliminarlo, si no hubiera sido porque él mismo procuró su salvación huyendo. Cuando los cetros de los romanos llegaron a Constantino Monómaco y el Esclero se elevó a una gran fortuna( pues la hermana del Esclero era concubina de Monómaco), honrado como magistro y protoestrator, recordando las incursiones de Jorge contra él, abusando del poder y atacando la ausencia de Maniaces, devastaba y talaba las tierras que le pertenecían y ultrajaba desenfrenadamente su lecho. Lo cual, habiendo sabido aquel en Italia, se irritaba y se consumía de ira. Y recién habiendo sido destituido del mando por el celo de Romano y desesperado por todo( pues sabía que su llegada a Bizancio no terminaría en un fin bueno), habiendo agitado y corrompido las fuerzas en Italia, estando los soldados sedientos de ver sus patrias, mueve las armas contra el emperador. Y al sucesor enviado de él( era el protospatario Pardo, hombre bizantino, y por ninguna otra cosa buena, sino porque era conocido del emperador, enviado a gobernar un país tan grande) lo elimina, y él mismo, poniéndose la diadema y tomando los emblemas del imperio, es proclamado emperador, y habiendo embarcado las fuerzas en naves, cruza a Bulgaria. Habiendo sabido esto, el emperador cayó en una perturbación no común. Y envía cartas hacia él liberándolo de todo miedo a él y a los que estaban con él, rogándole que depusiera las armas y prometiendo todo beneficio. Pero puesto que aquel era inflexible y no desistía de su objetivo, habiendo traído también él las fuerzas que tenía, y habiendo puesto como estratego autocrátor sobre ellas al sebastóforo Esteban, el de Damocranea, que le había llevado los evangelios del imperio, lo envía contra el rebelde. Y los ejércitos se encuentran junto al llamado Ostrovo en Marmario y, habiéndose producido el choque, los que estaban con Esteban son derrotados, avanzando el mismo Maniaces y rompiendo las falanges. Y lo aclamaban como emperador. Mientras esto sucedía, repentinamente, habiendo caído del caballo, este murió, sin que apareciera nadie que lo hubiera herido. Pues fue encontrado teniendo una herida mortal en el pecho. Habiéndose sabido esto por el ejército contrario, es cortada la cabeza de Jorge, y son capturados también todos los que le ayudaban, habiendo arrojado las armas tras la caída del jefe y entregándose. Y al emperador fue enviado un mensajero llevando los evangelios de la victoria, y entra después de algunos días también Esteban llevando la cabeza de Maniaces y los capturados en la guerra. Y habiendo triunfado por medio de la Plaza, precediendo la cabeza sobre una lanza, y los rebeldes montados en asnos, él mismo seguía detrás, montado en un caballo blanco. Y lo referente a Maniaces tuvo tal fin. Constantino 9. 4 Hubo también otra rebelión en Chipre en este tiempo, teniendo como instigador a Teófilo el Erótico. Pues este, siendo estratego de la isla y deseando siempre asuntos nuevos, puesto que se enteró de la caída del Calafateador y la confusión que dominaba los asuntos, creyendo haber encontrado un momento oportuno para lo que deseaba, inflama a toda la nación de los chipriotas, y prepara la eliminación del juez y recaudador de los impuestos públicos, el protospatario Teofilacto, habiendo presentado una acusación contra él, como que realizaba las recaudaciones de las contribuciones de manera pesada. Pero contra este no necesitó Monómaco de más larga demora. Pues es capturado, habiendo sido enviado el jefe de la flota, el patricio Constantino el Hage, habiendo sometido a toda la nación de los chipriotas, y lo lleva ante el emperador. Habiendo sido traído, el emperador, vistiéndolo con ropa de mujer y triunfando en el hipódromo mientras se celebraban carreras, y despojándolo de sus bienes, lo liberó. Constantino 9. 5 En el
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veinte del mes de febrero, de la undécima indicción, terminó su vida el patriarca Alejo, y es elevado a su trono Miguel Cerulario el día de la Anunciación, siendo monje, desde donde el orfanotrofo lo había exiliado por la conspiración. Se anuncia al emperador también oro atesorado en el monasterio de Alejo, y habiendo enviado, lo recupera, sumando veinticinco centenarios. El dos de mayo, de la misma indicción, es cegado también el orfanotrofo en el lugar llamado de los Marucatas, como dicen algunos, por Teodora contra la voluntad del emperador, como prevalece el discurso de la mayoría, por él mismo, irritado contra él por los exilios, y el trece del mismo mes muere. En el mes de julio de la misma indicción fue acusado también Esteban el sebastóforo, como conspirando contra el emperador y queriendo hacer emperador a León, patricio y estratego de Melitene, el hijo de Lampro. Y Esteban, despojado de sus bienes y tonsurado como monje, fue exiliado, y Lampro, habiendo sido interrogado cruelmente y cegado de la vista y paseado por el mercado, murió poco después. Constantino 9. 6 Sucedió también en el mes de julio de la misma indicción el movimiento de la nación de los Rus contra la emperatriz. Estos, pues, cooperando hasta entonces con los romanos y estando en paz con ellos, se mezclaban sin miedo unos con otros y enviaban comerciantes entre sí. En este tiempo, habiéndose producido una disputa en Bizancio con algunos comerciantes escitas, y habiendo seguido de ella una pelea y habiendo sido asesinado un escita ilustre, el entonces jefe de la nación de estos, Vladimiro, hombre impetuoso y que se entregaba mucho a la ira, habiendo sabido lo sucedido y habiendo sufrido terriblemente y no habiendo dado demora ni tiempo al movimiento, habiendo reunido de los que estaban bajo él cuanto era apto para la guerra, y habiendo aliado también una fuerza aliada no pequeña de las naciones que habitan en las islas del Océano septentrional, y habiendo reunido una multitud, como dicen, de unas cien mil, y habiendo embarcado en naves locales llamadas monóxilas, parte contra la ciudad. Habiendo sabido esto, el emperador envía embajadores, pidiendo que depongan las armas y prometiendo reparar, si es que ha sucedido algo indebido, y no querer por un asunto pequeño disolver la paz establecida desde hace mucho y encender a las naciones unas contra otras. Puesto que él, habiendo recibido las cartas, expulsó indignamente a los embajadores y devolvió respuestas orgullosas y arrogantes, habiendo desesperado el emperador de la paz, también él, como pudo, se preparó para el enfrentamiento. Y a los comerciantes de los escitas que residían en la ciudad, y además también a los que estaban presentes por alianza, habiéndolos dispersado en los temas y asegurado, para que no se levantara alguna conspiración desde dentro, como permitía el momento y la rapidez de la obra, habiendo preparado las trirremes imperiales y otras no pocas de las ágiles y ligeras, y habiéndolas llenado de gente de los soldados que estaban entonces en Bizancio, él mismo sube al dromón imperial y sale y sale al encuentro de los escitas en la boca del Ponto, en el llamado Faro donde anclaban, teniendo siguiéndole por tierra también una fuerza de caballería no pequeña. Puesto que las fuerzas se pusieron frente a frente, ninguna de las partes emprendió la obra; pues los escitas, estando en el puerto donde anclaban, permanecían en calma, y el emperador esperaba el movimiento de aquellos. Puesto que el tiempo se consumía y la hora era avanzada, el emperador envía de nuevo embajadores sobre la paz, y de nuevo el bárbaro los despide indignamente, anunciando que, si quiere el emperador que depongan las armas, debe dar a todo el ejército que le sigue tres libras de oro a cada uno. Habiendo parecido imposible la respuesta, decidió que debía ocuparse de la obra. Como aquellos permanecían quietos, habiendo hecho llamar el emperador al magistro Basilio Teodorocano, ordena tomar tres trirremes rápidas e ir y probar a los escitas, si pudiera
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escaramuceando, atraerlos a la guerra. Él, habiendo tomado las trirremes y habiéndose acercado a los escitas, no probó su intención mediante escaramuzas, sino habiéndose empujado al medio, incendia siete naves con el fuego preparado, y hunde tres con toda su tripulación. Captura también una, habiendo saltado él mismo dentro, y habiendo degollado a los que estaban dentro, a unos, y a otros habiéndolos puesto en fuga, asombrados por su audacia. Los escitas, viendo ya al emperador viniendo con toda la flota y habiendo calculado, lo cual era natural, si han sufrido tales cosas habiendo resistido a tres trirremes que luchaban, qué sufrirían siendo forzados a luchar con toda la flota, miraron hacia la huida, y habiéndose arrojado a lugares que tenían escollos y rocas sumergidas, perdieron la mayoría de las naves, atacándolos desde tierra también los soldados que pasaban y destruyéndolos, de modo que se encontraron después en las orillas cadáveres arrojados unos quince mil. El emperador, pues, después de la derrota de los escitas, habiendo permanecido por dos días enteros, al tercero regresó a la ciudad imperial, dejando dos unidades y las llamadas hetairías, bajo el mando de Nicolás el paracomimeno y Basilio magistro el Teodorocano, para vigilar las orillas y recorrerlas y guardarse de que no ocurriera algún desembarco de los bárbaros, habiendo ordenado a toda la flota esperar junto al Faro. Y el emperador, habiendo realizado esto, entró en Bizancio, mientras los que estaban con el paracomimeno y el Teodorocano, recorriendo las orillas donde después de la derrota fueron arrojados los cuerpos de los bárbaros, se hicieron dueños de mucho botín y despojos. Y veinticuatro trirremes del resto de la flota seguían a los bárbaros que huían. En cierto golfo donde anclaban, pasaron estas persiguiendo. Y habiendo conocido los escitas la escasez y habiendo comprendido con precisión que no eran más de los que aparecían, habiendo hecho maniobras de envolvimiento desde el cabo de un lado y de otro y usando un remo intenso, se apresuraban a encerrar a los enemigos. Los romanos, estando agotados por el remo anterior y la persecución y amedrentados ante la multitud de las naves bárbaras, se inclinaron hacia la huida; puesto que las naves de los bárbaros llegaron a rodear la boca del golfo y era imposible la salida hacia el mar, Constantino patricio el Caballurio, siendo estratego de los Cibirreotas, se mantuvo valientemente para la guerra con su propia trirreme y diez restantes, y luchando vigorosamente fue masacrado, y fueron capturadas también cuatro trirremes con toda su tripulación junto con la capitana, y todos los que estaban en ellas fueron degollados, y las restantes naves romanas fueron arrojadas en bajíos, costas y escollos. Habiéndose destrozado estas, unos de los que estaban en ellas se hundieron en el mar, otros fueron capturados por los bárbaros y entregados a la espada y a la esclavitud, otros, salvándose a pie y desnudos, regresaron al propio campamento. Los escitas, como no les salían bien las cosas de sus esperanzas, se acordaron del viaje a casa. Mientras estos regresaban por tierra y mar( pues no bastaban para todos las naves, unas hundidas y capturadas por la batalla naval anterior, otras rotas por el oleaje y la tempestad, y por esto la mayoría hacía el viaje a pie), Catacalo vestes el Cecaumeno, siendo arconte de las ciudades y lugares junto al Istro, habiéndose encontrado con ellos junto a la orilla de la llamada Varna y habiendo chocado, los puso en fuga, y mató a muchos, y habiendo tomado ochocientos vivos, los envía encadenados al emperador. Pues este hombre, también cuando por primera vez los escitas, habiéndose apartado de sus propias costumbres, se apresuraban hacia la ciudad imperial y, habiendo desembarcado en el mando que le había tocado, hacían incursiones, habiendo reunido al pueblo que estaba a su alrededor, se lanzó contra ellos, y habiendo luchado valientemente, los puso en fuga con fuerza y los obligó a huir a sus propias naves. Y de nuevo las
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aniquilando y sin perdonar siquiera la edad infantil. Aarón, el vestes y gobernador de la región, hijo de Vladislao y hermano de Presiano, sabiéndose incapaz de luchar y de resistir ante tal multitud de turcos, envía cartas al vestes Catacalo Cecaumeno, gobernador de Ani y de Iberia, y le ruega que le ayude con todas las fuerzas que pueda. Este, tras recibir las cartas, reúne a su ejército más rápido de lo que se puede decir, parte a toda prisa y se une a Aarón. Una vez planteada la consulta sobre si debían recurrir a un combate nocturno o aceptar una batalla campal, Cecaumeno no se inclinaba por ninguna de las dos, pues había decidido otra forma de derrotar a los enemigos mediante la estrategia. Aconsejó, en efecto, abandonar el campamento tal como estaba, con las tiendas, las bestias de carga y el resto del equipaje, y apostar emboscadas en los lugares más oportunos durante la noche; y cuando los turcos llegaran y, al encontrar el recinto vacío de hombres, se dispusieran a saquear lo que había dentro, entonces, saliendo de la emboscada, atacarles. Y, ciertamente, no se vio frustrado en su propósito. Pues al amanecer, Asán, tras levantarse de su propio campamento situado junto al río Stragna, parte hacia la guerra. Como nadie salía a su encuentro, se acercó al recinto de los romanos y, al ver que no había guardia ni se escuchaba voz alguna, sino que estaba vacío de toda fuerza, sospechando entonces que los romanos habían huido, rompe el campamento por muchos lugares y ordena realizar el saqueo del botín. Los romanos, habiéndose levantado al atardecer, se lanzan contra los turcos organizados en formaciones desordenadas y los ponen en fuga de inmediato, al no poder soportar el ímpetu irresistible de la acometida romana. Cae, pues, Asán, luchando en primera línea, y cae también lo más valiente del ejército. Los que se salvaron, muy pocos y despojados de todo, se ponen a salvo a través de las montañas en las ciudades de los persarmenios.
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El sultán, al enterarse por los fugitivos del infortunio ocurrido, cayó en una gran angustia y se apresuró a ver cómo podía reparar la desgracia sucedida. Así pues, tras organizar un pueblo selecto de turcos, cabiros y dilimnitas de unas cien mil personas, y entregárselas a Abramio Aleim, su medio hermano, los envía contra los romanos. Al anunciarse la incursión, los mencionados gobernadores de los ejércitos, unidos de nuevo, propusieron un consejo y deliberaron sobre lo que debían hacer. A Cecaumeno le parecía bien salir al encuentro de los turcos con la fuerza presente fuera de las fronteras romanas y luchar allí, ya que la mayoría de los adversarios iban a pie y el resto de sus fuerzas estaba agotado por el largo camino, además de que a los turcos les faltaban las herraduras con las que suelen proteger los cascos de los animales, y los romanos estaban animados y valientes por la victoria anterior y deseosos de enfrentarse a los enemigos. Por el contrario, Aarón opinaba que debían retener las fuerzas, diciendo que había que fortificar las ciudades y las fortalezas, encerrar todo dentro de los muros, informar al emperador y no luchar contra tal multitud de bárbaros con una fuerza pequeña sin su consentimiento. Al expresarse así los generales, prevaleció la opinión de Aarón. Ellos mismos, tras partir con el ejército, permanecieron descansando en campo abierto en Iberia, en una llanura llamada localmente Urtru, habiendo encerrado antes a toda la población campesina, mujeres, niños y todo lo que era valioso en las fortificaciones. Escribieron también al emperador mediante un correo, informándole de la llegada de los adversarios. Este, al recibir las cartas, les ordenaba detenerse hasta que Liparites llegara con la fuerza de los iberos y se uniera a los ejércitos romanos; envía además cartas a aquel ordenándole a toda prisa que, si se considera aliado y amigo de los romanos, recoja a todo el pueblo que le rodea, llegue, se una a los generales de los romanos y luche junto a ellos contra los bárbaros. Los generales, pues, al recibir las cartas, permanecieron tranquilos, como se les ordenó, y esperaron la llegada de Liparites, mientras que este, al recibir la orden imperial, reunía y armaba a su propia gente con calma. Mientras este reunía sus propias fuerzas y el tiempo se perdía, Abramio, al llegar a Baasprakania y enterarse de que los romanos se habían reunido allí y, al saber de su llegada, habían regresado a Iberia, sospechando que el asunto se debía a cobardía, lo cual era probable, sin dar importancia al botín y al saqueo, los persiguió por detrás, apresurándose a chocar con los presentes antes de que se reuniera otra fuerza. Al enterarse de esto los generales de los romanos y asustarse de que pudieran verse obligados a luchar contra su voluntad antes de que llegara Liparites, se refugiaron en un terreno difícil, escarpado y rodeado de barrancos por todas partes, y permanecieron tranquilos, escribiendo a Liparites que viniera a toda prisa y no se retrasara. Abramio, al no encontrar al ejército romano, llega a lo que se llama Artze. Artze era una ciudad populosa y con gran riqueza; pues vivían en ella comerciantes nativos y una multitud no pequeña de sirios, armenios y otros pueblos. Estos, confiando en su propia multitud, no aceptaron entrar dentro de los muros, y eso que la ciudad de Teodosiópolis estaba situada en las cercanías, una ciudad muy grande que tenía un muro fuerte e inexpugnable, a pesar de que Cecaumeno les había amenazado y rogado muchas veces mediante cartas. Al llegar, pues, los turcos y ponerse manos a la obra, los de Artze cerraron los pasos y, subiéndose a los tejados, se defendían de los atacantes con piedras, madera y arcos. Y continuaron luchando durante seis días enteros. Al anunciarse esto a los generales, Cecaumeno insistía mucho rogándoles que fueran y atacaran a los turcos que estaban concentrados en el asedio, y que no se quedaran allí sin hacer nada perdiendo el tiempo, esperando el socorro de higo seco de Liparites, y viendo pasar el momento oportuno, que no es fácil de conseguir de nuevo. Como Aarón se oponía y decía que no debía hacerse nada contra la voluntad imperial, él también mantuvo la calma. Abramio, al no salirle las cosas según sus planes y no poder tomar la ciudad por asedio, despreciando tanto la riqueza como el botín, ordena prender fuego a los tejados, y de inmediato los turcos, tomando antorchas y encendiendo leña inflamable, las arrojaban a los tejados. Al encenderse el fuego por todas partes y levantarse un incendio enorme, los artzenos, al no poder resistir ni el fuego ni los disparos de las flechas, se dieron a la fuga. Y se dice que perecieron unas ciento cincuenta mil personas, habiendo sido pasto unos de la espada y otros del fuego. Pues estos, al verse vencidos, degollaban a sus mujeres e hijos y se arrojaban ellos mismos al fuego. Una vez tomado así Artze, Abramio, al encontrar mucho oro, armas y otros utensilios de hierro necesarios que no quedaron inservibles por el fuego, y al apoderarse también de una gran cantidad de caballos y bestias de carga y armar a su propia gente como era debido, regresó en busca de la fuerza romana.
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Esta, al haber llegado ya Liparites, había bajado de la mencionada fortificación y estaba situada en la llanura al pie de la montaña, donde está fundada la fortaleza de Capetru. Al llegar los turcos de forma dispersa, Cecaumeno aconsejaba de nuevo atacarles mientras estaban dispersos y aún desorganizados. Pero Liparites no quería debido al día; pues era sábado, el dieciocho del mes de septiembre, de la segunda indicción, y en los días nefastos se consideraba el sábado para Liparites, por lo que, evitándolo, se negaba a luchar. Así estaban las cosas de los romanos, mientras que Abramio, al enterarse por los exploradores de dónde acampaban los romanos y que estaban tranquilos, tras organizar sus fuerzas, comenzó a avanzar organizado para la batalla. La fuerza adversaria, al ver esto, también se formó involuntariamente, teniendo Cecaumeno el ala derecha, Aarón la izquierda, y Liparites se situaba en el centro. La hora era cerca del atardecer. Frente a Cecaumeno estaba Abramio, frente a Aarón, Chorosantes, el otro general, y frente a Liparites, Aspán Salarios, el medio hermano de Abramio. Al producirse el choque, Cecaumeno y Aarón pusieron en fuga las alas que tenían enfrente y las persiguieron hasta el canto de los gallos, mientras que Liparites, al caer su sobrino, afligido y tras avanzar con ímpetu violento, al ser herido su caballo y caer, es capturado. Él estaba en esta situación, mientras que los romanos, al cesar la persecución, bajarse de los caballos y dar a Dios himnos de victoria, gritando a una sola voz'¿ qué dios es grande como nuestro Dios?', esperaban a Liparites, esperando que él también persiguiera a los enemigos. Como no aparecía por ninguna parte, estaban en apuros, preguntándose qué habría pasado. Mientras estaban así en apuros, llega un soldado de los que estaban bajo su mando y comunica a los generales su derrota y captura, y cómo Abramio, tras regresar de la huida y unirse a su hermano( pues Asán cayó en la guerra), habiendo tomado a Liparites y a los iberos capturados, regresó a la llamada Castrocome, haciendo el viaje con prisa. Los jefes del ejército quedaron paralizados al oírlo. Sin embargo, tras pasar la noche en vela, al amanecer el día se propuso un consejo y se consideró conveniente para todos que cada uno se fuera a su casa; Aarón, tras recoger a su propia gente, parte hacia Iban( que es la metrópolis de Baasprakán), mientras que Cecaumeno regresó con los suyos a Ani. Abramio, satisfecho con la captura de Liparites y considerándose más afortunado que cualquier hombre por el éxito presente, sin ocuparse de nada más, sino acelerando el viaje, llega en cinco días a lo que se llama Re, y de allí parte hacia el sultán, enviando por delante las buenas noticias y comunicando la captura de Liparites. Este, aunque en apariencia se alegró y se regocijó por la captura de Liparites, envidió a su hermano por haber sido digno de tal éxito, y siempre meditaba y buscaba un pretexto para quitarlo de en medio.
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El pueblo de los pacinacos, siendo escita, de los llamados escitas reales, es grande y populoso, ante el cual ni siquiera un solo pueblo escita por sí mismo puede resistir. Está dividido en trece generaciones, las cuales se llaman todas con el nombre común, pero cada una tiene también su propia denominación heredada de su propio antepasado y jefe. Habitan las llanuras que se extienden más allá del Istro desde el río Borístenes hasta Panonia, siendo nómadas y abrazando siempre la vida de tienda. El jefe de este pueblo era entonces Tirach, hijo de Vilter, que llegaba al máximo de nobleza, pero por lo demás era obtuso y amante de la tranquilidad. Había también otro en el pueblo llamado Cegenes, hijo de Baltzar, de linaje oscuro y casi sin nombre, pero muy activo en los asuntos militares y estratégicos, quien muchas veces, al enfrentarse a los uzos( los uzos son un pueblo húnico) que atacaban a los pacinacos, los puso en fuga y los rechazó, sin que Tirach se atreviera no solo a salir a enfrentarlos, sino que incluso se escondía en los pantanos y lagunas junto al Istro. A Tirach, pues, los pacinacos lo honraban por su linaje, mientras que a Cegenes lo apreciaban especialmente por su valentía sobresaliente y su destreza en las guerras. Al oír y ver esto, Tirach se sentía herido en su alma, temiendo por su poder, y buscaba la manera de deshacerse de Cegenes. Le tiende, pues, emboscadas muchas veces, pero todas resultaron inútiles. Como tras intentarlo muchas veces en secreto fracasó, decidió no demorarse, sino intentarlo abiertamente. Por eso, tras enviar una multitud, ordenó capturar al hombre y matarlo. Este, al prever la conspiración, huye hacia los pantanos del Borístenes y así escapa de la muerte. Desde allí, escondiéndose y enviando mensajes secretos tanto a sus parientes como a su tribu, pudo apartar a su propia generación de la benevolencia del rey( era la Belemarnis) y, además de esta, a otra, la Pagumanida. Y tras conseguir una fuerza, se enfrenta con las dos generaciones contra Tirach, que tenía las once. Y tras resistir durante muchas horas, sin embargo, al ser superado por la multitud, es puesto en fuga. Vagando por los pantanos y buscando la salvación, pensó que la única para él y los suyos era la huida hacia el emperador de los romanos. Por eso, al llegar a Doróstolo y encerrarse en una isla fluvial por seguridad con los que estaban con él( eran unas veinte mil personas), envía un mensaje al gobernador de la región( era Miguel, hijo de Anastasio) y le da a conocer quién es y qué desgracias huyendo ha llegado, y que quiere convertirse en desertor ante el emperador, prometiendo también que, si es aceptado, será de gran beneficio para sus asuntos. Este, tras transmitir los mensajes al emperador más rápido que la palabra, recibe la orden de aceptar al hombre con los que le acompañan, proporcionarles lo necesario y enviarlo gloriosamente a Bizancio. Y él hizo lo que se le ordenó, mientras que Cegenes, al llegar a la ciudad imperial y hablar con el emperador, fue recibido con amabilidad y magnificencia, y tras prometer que él mismo recibiría el santo bautismo y persuadir a los que le acompañaban de hacer lo mismo, fue elevado a la dignidad de patricio, y recibió tres fortalezas de las fundadas en las orillas del Istro y muchos estadios de tierra, y de ahora en adelante fue inscrito entre los amigos y aliados de los romanos. Y lo más importante, que también, como prometió, recibió el santo bautismo él mismo y los que estaban con él, habiendo sido enviado un tal Eutimio, un monje piadoso, quien realizó los ritos del baño divino junto al río Istro y compartió con todos el santo bautismo.
q.208
Al estar en seguridad y haber asegurado las incursiones repentinas, se dedicó a la defensa contra el enemigo, y cruzando el Istro, a veces con mil, luego con dos mil, y de nuevo con más o menos, y atacando de repente, causaba los mayores daños y perjuicios a los pacinacos de Tirach, matando a los hombres que atacaban y esclavizando a mujeres y niños, y vendiéndolos a los romanos. Al no soportar Tirach estos ataques secretos de Cegenes, envía una embajada al emperador, comunicando que, como era debido para el gran emperador, teniendo tratados con el pueblo de los pacinacos, no debía aceptar en absoluto a su desertor, y puesto que lo aceptó, debía impedirle cruzar y dañar a los que estaban bajo tratado; o bien que se impida al hombre hacer tales cosas, o que no reciba ninguna alianza, o que sepa el emperador que atrae sobre sí mismo y sobre su país una guerra muy pesada. Estos eran los mensajes de Tirach, pero el emperador, al recibir los anuncios, se rió de ellos, si por las amenazas de un pacinaco se volvía traidor del que se había refugiado en él, y le impedía no dañar a los que le habían dañado, y envió a los embajadores sin éxito. Envía cartas tanto a Miguel, el gobernador de las ciudades del Paristrio, como al propio Cegenes, para que vigilen estrictamente las orillas del río; y si alguna fuerza pesada atacara, que lo comunique por cartas, para que también desde los regimientos occidentales se envíen algunos y junto con ellos impidan a los pacinacos el cruce del río. Envió también cien trirremes, encargándoles navegar a lo largo del Istro e intentar impedir que los pacinacos cruzaran. Al regresar sus embajadores sin éxito, Tirach se enfureció y se enojó y deseaba que llegara pronto el invierno. Ya al terminar la estación otoñal y llegar el invierno, estando el sol cerca de Capricornio, sopló un viento del norte muy fuerte, de modo que el río se cristalizó hasta quince codos de profundidad. Al cesar, pues, toda guardia, aprovechando la libertad que Tirach deseaba conseguir, cruza el Istro con todos los pacinacos, que eran, según se decía, ochocientos mil, y se establece en la otra orilla, talando y destruyendo lo que encontraba a su paso. Se enviaban cartas al emperador pidiendo ayuda a toda prisa. Este, sin ni siquiera leer todas las cartas, escribe al duque de Adrianópolis( era Constantino, el magistro Arianites), que había recibido las fuerzas macedonias, y además a Basilio Monaco, el gobernador de Bulgaria, que había recibido la fuerza búlgara, para que lleguen, se unan a Miguel y a Cegenes y junto con ellos luchen contra los pacinacos. Al hacer ellos según la orden imperial y reunirse todos bajo uno, Cegenes, tras tomar las falanges romanas, acampa en campo abierto, y atacando cada día de repente, causaba no poco daño a los pacinacos. Pues a estos, junto con el cruce del río, al encontrar abundancia de animales y vino y bebidas preparadas con miel, de las cuales nunca habían oído hablar, y al hartarse sin medida de tales cosas, les sobreviene una enfermedad que tiene una afección intestinal, y perecían cada día multitudes incontables. Al enterarse de esto Cegenes por un desertor, y considerando que este era el momento oportuno para atacar a los enemigos, cuando están oprimidos tanto por el invierno como por la enfermedad, tras persuadir también a los romanos que dudaban y temían enfrentarse a tantas miríadas, se lanza contra los enemigos. Estos, asombrados por la rápida llegada y acobardados ante la guerra, tras arrojar las armas, el propio Tirach y todos los jefes y el resto de la multitud se entregan. Cegenes, pues, aconsejaba y protestaba que debían degollarlos a todos en edad de combatir, y decía también un proverbio, bárbaro pero que tiene mucho sentido, que mientras aún es invierno hay que matar a la serpiente, cuando no puede mover la cola; pues al calentarse con el sol nos causará fatigas y problemas. Esto no les pareció bien a los jefes romanos, sino que se consideró un acto bárbaro e impío e indigno de la humanidad romana. Más bien consideraban conveniente dispersarlos en las llanuras desiertas de Bulgaria y establecer a otros en otros lugares e imponerles tributos; pues no sería poco el impuesto que vendría de tales personas; y si el emperador necesitara ejército tanto contra los turcos como contra otras naciones de otro origen, armarlos de entre ellos. Tras decirse muchas palabras, prevaleció la opinión de los romanos; y Cegenes, a todos los que tomó prisioneros, excepto a los que vendió, tras degollarlos a todos, regresó a casa, mientras que las miríadas de pacinacos, Basilio el Monje, el gobernador de Bulgaria, tras tomarlas, las establece dispersándolas por las llanuras de Sardica, Naissus y Eutzápolis, y quitándoles toda arma por seguridad. Tirach y con él ciento cuarenta hombres son llevados ante el emperador. A quienes este, tras recibirlos con amabilidad, bautizarlos y elevarlos con las mayores dignidades, los mantuvo en comodidades.
q.209
El sultán, al no soportar el regreso sin éxito de sus embajadores, tras reunir todas las fuerzas en Persia y las babilonias en una sola, realiza una incursión contra los romanos. Al haber oído esto de antemano, Monómaco se apresuraba a organizar una resistencia contra el enemigo también con sus propias fuerzas, y armó también a quince mil de los pacinacos. Y tras ponerles cuatro jefes de los pacinacos que estaban en Constantinopla, a Sultzun, a Selte, a Caramán y a Catalim, y tras honrarlos con no pequeños regalos, y darles carros hermosísimos y caballos distinguidos, los hace cruzar en Crisópolis, dándoles como guía al que debía llevarlos a Iberia, el patricio Constantino Hadrobalano. Tras cruzar estos, montar a caballo, tomar el camino que lleva hacia el este y avanzar hasta algunas millas y acercarse a lo que se llama Damatris, detuvieron la marcha, y al detenerse en el camino, propusieron un consejo, que entre ellos se llama' comento'. A algunos, pues, les parecía que debían seguir, y no oponerse a las órdenes imperiales en el país del emperador, al estar separados del resto del pueblo y no poder resistir por sí mismos la fuerza romana, ni tener un punto de partida hacia los infortunios de la suerte; a otros, en cambio, les parecía que debían ocupar algunas montañas de Bitinia, permanecer en ellas y defenderse de los que atacaran, pero no subir en absoluto a Iberia, a un país lejano y extraño, donde iban a tener como enemigos no solo a los enemigos de los romanos, sino también a los propios romanos. Catalim, solo, daba la opinión de regresar y unirse a sus parientes. Al decir uno:'¿ y cómo será cruzable el mar?'. Sin decir nada más, ordena que le sigan. A Hadrobalano, pues, al intentar matarlo, no pudieron( pues huyó y se salvó en un piso alto de tres plantas de los palacios de Damatris), mientras que, siguiendo a Catalim, bajaban hacia el mar, no esperando quizás que él tuviera barcos preparados que fueran a hacer fácil para ellos el cruce del mar, sino dudando y queriendo saber cuál era el modo del cruce. Cuando estuvieron en la orilla, sin decir nada más Catalim que solo:' que siga el que quiera salvarse a sí mismo y a todos los pacinacos', tras espolear al caballo, entra en el mar. Esto mismo hizo otro al verlo, y tras él otro, y de inmediato toda la multitud. Y tras nadar, cruzan junto a San Tarasio, unos con sus carros, otros tras arrojar antes los carros. Y tras cruzar y acelerar la marcha, pudieron salvarse con los suyos junto a Triaditza, sin que nadie se atreviera a resistir o impedir. Pues la rapidez de la incursión hizo fácil su marcha. Al unirse, pues, a los pacinacos que estaban en Triaditza, envían mensajeros también a los establecidos en las otras regiones. Al convertirse, pues, todos en una sola multitud, y en lugar de armas tomando hachas agrícolas y hoces y otros utensilios de hierro de los campos, se armaban, y al llegar a Filipópolis y cruzar el Hemo, toda la multitud acampó junto al llamado río Osmos en la llanura del Paristrio, solo Selte, tras detenerse en Lobitzos, descansaba. Apenas el Arianites hubo reunido las fuerzas macedonias, los persigue por detrás. Y al encontrar a Selte acampado en Lobitzos, no pudo capturarlo( pues se le adelantó huyendo), pero tras capturar todo su campamento, regresó. Y los asuntos de occidente tuvieron este modo.
q.210
El sultán, como dijimos, afligido por el desprecio de sus embajadores y el fracaso de sus deseos, tras partir con toda su fuerza, sale contra los súbditos de los romanos; y al bajar hasta lo que se llama Comio, y no poder realizar nada digno de mención( pues los de la región se habían adelantado a asegurarse a sí mismos y lo más necesario en las fortalezas; pues Iberia está llena de fortalezas muy seguras), y al no atreverse a avanzar más lejos por enterarse de que las fuerzas romanas se estaban reuniendo en Cesarea, regresó ardiendo de ira y buscando realizar algo grande. Al llegar a Baasprakán, y al encontrar allí también todo fortificado de manera similar, se lanzó a los asedios, y probó primero el llamado Manzicierte. Manzicierte es una ciudad situada en terreno llano, coronada por tres muros y regada por muchas aguas de manantial en su interior; entonces también dio la casualidad de que había almacenado abundantemente lo necesario. El sultán, al pensar que podría tomarla fácilmente por asedio por estar situada en un lugar sin defensas, tras fijar un campamento muy cerca, intentó asediarla, y permaneció durante treinta días asediándola sin ceder, usando diversas máquinas de asedio y todo tipo de ingenios. Como los de dentro rechazaban vigorosamente los ataques con la experiencia y prudencia del general( era Basilio, el patricio Apocapes), al darse cuenta de que intentaba cosas imposibles, decidió levantar el asedio y regresar. Pero lo detuvo de su ímpetu Alcán, el jefe de los corasmios, pidiendo esperar un día más y permitirle a él la guerra contra la ciudad. Complacido con la petición, detuvo la retirada. Al amanecer, pues, Alcán, tras reunir a toda la gente que le rodeaba, y tras colocar como espectador en una colina junto a la puerta oriental al propio sultán y a todos los que eran más destacados de los turcos, tras tomar las máquinas de asedio, parte hacia la mencionada puerta; pues allí le parecía que los muros de la ciudad eran más bajos y débiles, y el lugar tenía altura y ayudaba al asedio, permitiendo desde arriba ser disparados los de dentro de los muros por los de fuera. Tras dividir, pues, la fuerza en dos, y tras colocar a una parte en la altura, ordena usar tiro persistente, mientras él mismo, teniendo tiendas tejidas de mimbre, cubiertas por encima con pieles de buey y teniendo ruedas bajo las bases de las columnas que las sostenían( a tales máquinas llaman' lesas'), tras llenarlas de gente que llevaba picos y azadones y otros instrumentos agrícolas, pensaba empujar poco a poco las tiendas y ajustarlas a los muros y así socavar cómoda y seguramente los cimientos, confiando en que nadie se le permitiría asomarse al muro por la multitud de flechas; y de esta manera imaginaba que tomaría la ciudad. Al ver esto desde el muro, Apocapes ordena a los que vigilaban el muro permanecer quietos y que nadie se asome, sino que solo tengan piedras del tamaño de la mano preparadas y arcos y otros instrumentos de largo alcance, y esperar la señal de él( era' Cristo, ayuda'), tras cuya entrega debían ponerse manos a la obra; tenía también consigo vigas enormes, afiladas en la base. Y él se organizaba así, mientras Alcán, enviando los turcos de fuera las flechas como granizo y pareciendo que contenían a los de dentro de los muros, empujaba poco a poco las lesas y las acercaba al muro. Cuando las tiendas llegaron a acercarse y parecía imposible para ellas el regreso hacia atrás, al dar repentinamente Apocapes la señal, los que estaban apostados en las vigas lanzaban las vigas contra las tiendas y los demás disparaban con arcos y piedras. Entonces, pues, la tienda que contenía a Alcán, al ser atravesada por muchas vigas en el techo, se volcó por el peso de estas al ser girada; al volcarse esta, los que estaban dentro de ella
q.211
Despojados de todo, eran atacados desde todas partes con piedras y flechas, sin que nadie pudiera socorrerlos. Todos los demás cayeron allí, pero Alcán fue capturado vivo, siendo reconocible por el brillo de sus armas; pues dos jóvenes nobles y valientes, saltando desde las puertas de la ciudad y agarrándolo por los cabellos, lo arrastraron hacia el interior. Basilio, cortándole la cabeza inmediatamente, la lanzó contra los turcos, y el sultán, profundamente afligido por la desgracia, levantó el asedio y se retiró, fingiendo que unos asuntos urgentes le obligaban a regresar a casa, mientras amenazaba con volver en la primavera siguiente con una fuerza mayor contra los romanos. Const9. 20 Preocupado por esto, Monómaco, y vengándose además de Aplesfares, el señor de Tibio, quien había roto los tratados hechos bajo Constantino y estaba perjudicando a los romanos, reunió a todas las legiones orientales y puso al mando de ellas a un tal Nicéforo, un eunuco que anteriormente había sido sacerdote y servidor del emperador cuando era un particular, pero que había renunciado al sacerdocio por la gloria y el esplendor mundanos; honrándolo con el título de rectór y nombrándolo estratopedarca, lo envió al Oriente, no porque fuera activo y eficaz en los asuntos militares, sino porque mantenía su lealtad al emperador. Este, habiendo subido con el ejército hasta el llamado Puente de Hierro y Cantzaquio, no encontró a los turcos( pues, acampados en la llanura de Persarmenia con un tal Abimelec, general y hermano de Cutlumus, y habiendo oído hablar de la pesada incursión de los romanos, no se atrevieron a soportar el ataque y regresaron a casa), pero el ejército romano, encerrando a Aplesfares dentro de los muros y saqueando toda la región circundante, lo convenció, incluso contra su voluntad, de renovar los tratados y entregar como rehén a Artaseira, hijo de Fatlum, su propio hermano, quien gobernaba la tierra de los cantzaquenos. Habiéndolo recibido, Nicéforo regresó a la ciudad. Const9. 21 Los pechenegos, habiendo cruzado el Hemo, como dijimos, y explorado la llanura que se extiende entre este y el río Istro hasta el mar, y habiendo encontrado un lugar que tenía valles, bosques, matorrales de todo tipo, agua y pastos( los habitantes llaman al lugar Cien Colinas), se establecieron allí y, realizando incursiones desde ese punto, afligían no poco a los territorios bajo dominio romano. El emperador hizo llamar a Cegenes para consultarle en la capital. Este entró inmediatamente con todo su ejército y acampó en la llanura asignada a los bizantinos para el campamento( el lugar se llama Maitas) con toda su tropa. Pero antes de encontrarse con el emperador, y sin saber por qué había sido llamado, fue atacado esa noche por tres pechenegos que, con espadas, se abalanzaron sobre él mientras dormía y le infligieron heridas, aunque no mortales; pues, reconocidos inmediatamente por los guardaespaldas, infligieron heridas leves y, al huir, fueron capturados cuando la multitud, junto con Baltzar, hijo de Cegenes, acudió en su ayuda. Por la mañana, pues, Baltzar, habiendo colocado a su padre en un carro de cuatro ruedas y arrastrando a los atacantes encadenados detrás del carro( pues no se atrevió a hacerles nada más mientras invocaban al emperador), junto con todo el ejército a caballo, y él mismo a pie junto con su hermano Gulino siguiendo al carro tirado por dos caballos, se dirige hacia el emperador. Al llegar al hipódromo, detiene allí el carro y él mismo entra ante el emperador, habiéndose adelantado la noticia y allanado su entrada. El emperador, al ser introducido, le preguntó por qué no se había convertido inmediatamente en vengador de los asesinos de su padre; y al decir él que invocaban continuamente tu nombre, el emperador cayó en sospechas absurdas y, más rápido que la palabra, envió a buscar a los prisioneros ante sí y preguntó la causa por la que intentaron matar al patricio. Al decir ellos que era malintencionado hacia tu imperio y hacia la ciudad, planeando entrar al amanecer y
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masacrar a todos los que estaban dentro, saquear la ciudad y huir de regreso hacia los pechenegos, era necesario examinar lo dicho y encontrar la verdad, pero él no hizo esto, sino que, confiando en calumnias sin dueño e infundadas, lleva a Cegenes a los palacios y, bajo el pretexto de tratamiento y curación, lo encierra en la Elefantina, y a sus hijos los separó de él en diferentes lugares. A la multitud de los pechenegos, con comidas y bebidas de todo tipo, los atraía para que parecieran benevolentes, apresurándose, si era posible, a despojarlos de sus armas y caballos, y a retenerlos y vigilarlos, ordenando que los que habían intentado el asesinato vivieran libre y holgadamente, donde y como quisieran. Y parecía que, al hacer esto, pasaba inadvertido, pero no pasó inadvertido para el pueblo de los pechenegos. Pues tanto la detención de su jefe como la separación de sus hijos no lo consideraban un buen presagio, y consideraban la libertad de los conspiradores como una señal evidente de mala voluntad. Por eso, aceptaron lo enviado con gratitud, elogiaron al emperador y, por lo que hacían, parecían aceptar lo sucedido; pero al llegar la noche, sin que nadie sospechara, levantaron el campamento y, utilizando una marcha intensa durante toda la noche, al tercer día cruzaron el Hemo y se unieron ellos también a la multitud de los pechenegos. Habiéndose reunido todos, y ya provistos suficientemente de armas, cruzan el Hemo y fijan un campamento en la Aulí( la Aulí es una fortaleza situada en las estribaciones del Hemo, y no muy lejos de Adrianópolis), y se dedican al saqueo y al botín. Const9. 22 Al enterarse de esto el jefe de Occidente, el magistros Constantino Arianites, teniendo también él preparadas las fuerzas a su alrededor, partió de Adrianópolis y marchó contra ellos. Y tuvo éxito al encontrarse con algunos grupos dispersos en el camino. Luego, también cerca de la fortaleza llamada Dámpolis, al encontrarse con la multitud y atacar, es derrotado, cayendo en la guerra no pocos macedonios y tracios, y siendo eliminados Teodoro Estrabomites y Polí, hombres de linaje brillante y destacados por su infidelidad hacia Tornicio. El magistros, pues, regresó a Adrianópolis, y un mensajero se convierte en portador de la desgracia ante el emperador mediante cartas, y declara también que se necesita un ejército fresco. Pues con los presentes es imposible enfrentarse a tal multitud que ya ha vuelto la espalda. El emperador, incluso antes de sus cartas, no ignorando lo sucedido, habiendo atraído a Turach y a los jefes de los pechenegos retenidos en la ciudad con regalos y favores, y habiendo prometido con juramentos amansar a su pueblo, los envía, y él mismo, mediante cartas, hace llamar a todas las legiones orientales. Habiendo llegado estas y cruzado por Abido y Crisópolis, nombra al rectór Nicéforo general autocrátor y lo envía contra los pechenegos. Envió con él también a Catacalo Cecaumeno, nombrándolo estratelates de Oriente, y a Erbebio el Francopol, jefe en aquel entonces de sus compatriotas, ordenándoles estar con el rectór, atenerse a su juicio y seguir sus órdenes y deseos. Este, habiendo tomado las fuerzas y cruzado el Hemo por la llamada Puerta de Hierro, marchó contra los pechenegos, y al llegar, acampó en un lugar no muy lejano de las Cien Colinas, el llamado Diacene. Y habiendo fijado allí un campamento fortificado, planeaba al día siguiente, dejando allí el equipaje y lo superfluo del ejército, partir él mismo ligero de equipaje y unirse a los enemigos. Pues pensaba que los capturaría de golpe y sin sentido, y temía y se preocupaba de que alguien, ocultándose, escapara, y no solo él, sino todo el ejército; pues llevaban también cuerdas y correas para atar a los capturados. Esto les daba a entender lo que había sucedido al principio con
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ellos sobre el cadáver de Cegenes. Sin duda, al darse cuenta los pechenegos de la llegada de los romanos( pues ya Turach y los jefes liberados de la ciudad se habían unido a ellos y se esforzaban por lo que les convenía, diciendo un largo adiós a las promesas hechas a Monómaco) y habiéndose adelantado los más valientes, y gritando Cecaumeno fuertemente y exhortando a que ahora era el momento del combate, cuando están dispersos y separados, y no esperar a la reunión total, el resto de la multitud de los romanos no elogiaba sus palabras, y el rectór incluso se reía abiertamente, diciendo: detente, oh estratelates, y siendo yo el general, no intentes tú dirigir la estrategia. Pues no es necesario atacar a los pechenegos dispersos, no sea que, asustados, se escondan en los matorrales. A mí, que te sigo, oh amigo, no me acompañan perros de caza que, olfateando, los saquen de sus refugios. Y las cosas de los romanos estaban en esto, mientras que los precursores de los pechenegos, al llegar cerca del campamento de los romanos, desviándose un poco, acampan ellos también y avisan a los de atrás que lleguen lo más rápido posible. Habiendo llegado todos y unido, al día siguiente, habiendo sacado el rectór las fuerzas romanas, se enfrentan ellos también. Y a los de atrás todavía avisando que lleguen lo más rápido posible, habiendo llegado todos y unido, como dijimos, habiendo sacado el rectór las fuerzas romanas. El rectór mismo ocupaba el centro de la falange romana, el ala derecha la dirigía Cecaumeno, y la otra el Francopol. Al producirse el combate, los romanos se dan a la fuga, siendo los estratelates los primeros en inclinarse hacia la huida. Pues ellos mismos, sin soportar ni siquiera el ruido, como dicen, de los cascos de los caballos, se dieron a la fuga, pero solo Cecaumeno, habiéndose quedado con sus sirvientes y algunos parientes pocos, y luchando heroicamente, cayó con todos los que estaban con él. Entonces, pues, los pechenegos no se atrevieron a perseguir, asustados por una emboscada, y por esto los romanos pudieron salvarse ilesos; mientras tanto, saqueando a los caídos y apoderándose de muchos carros y del mismo campamento romano con el equipaje, acampan bajo el foso romano. Y un pechenego llamado Culino, conociendo a Cecaumeno, cómo es desde que gobernaba las fortalezas junto al Istro y los pueblos se mezclaban entre sí, encontrándolo tendido entre los muertos y saqueándolo, al girarlo boca arriba y reconocerlo por el rostro y darse cuenta de que aún respiraba, poniéndolo sobre un caballo( pues yacía sin voz por haber recibido heridas mortales, una en el cráneo desnudo, al habérsele caído el casco, que se extendía desde la coronilla hasta las cejas, y otra desde el cuello, donde se arraiga la lengua, que cortó el cuello y cayó en la boca, y se quedó sin sangre) lo llevó a su tienda, y habiéndolo considerado digno de cuidado y atención, lo salvó. Y los pechenegos, habiendo despachado tan fácilmente a la fuerza que había llegado, saqueaban sin miedo de ahí en adelante la tierra de los romanos. El emperador, al enterarse por los que huyeron de la desgracia, se afligió como era natural, pero reunía de nuevo fuerzas, recuperaba también las presentes, y se apresuraba a reparar la derrota sufrida para el año siguiente. Al llegar la tercera indicción del año 6558, el emperador, habiendo nombrado al hetaireiarca Constantino general autocrátor, lo envía contra los pechenegos. Y este, habiendo tomado las fuerzas recién cruzadas de Oriente y reunido las que invernaban en Occidente, llega a Adrianópolis, y habiendo fijado allí un campamento profundo, permanecía examinando con los mejores desde dónde realizar la marcha hacia adelante. Mientras este deliberaba, repentinamente, el ocho del mes de junio, los pechenegos cruzan el Hemo y aparecen ante Adrianópolis. Y habiendo sido comunicada a Constantino por los centinelas la incursión de estos, se propuso el consejo de si
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se debía luchar contra ellos o no. Pero mientras los mejores deliberaban en la tienda del hetaireiarca sobre lo que debía hacerse, el patricio Samuel Burzes, hombre arrogante y audaz, que era entonces jefe de las fuerzas de infantería y a quien se le había confiado toda la supervisión del campamento, sin aceptar la señal del jefe, abandonó el orden y, habiendo disuelto el campamento, sale con los infantes y choca con los pechenegos. Al arremeter estos violentamente, los infantes comenzaron a flaquear. Por eso, Samuel, enviando a menudo al hetaireiarca, pedía ayuda, de modo que este, forzado, dio involuntariamente la señal de guerra. Habiendo salido, pues, todo el ejército hacia la llamada Pradera Real, y habiéndose trabado un combate general, debido a la sorpresa y al desorden y a que los infantes habían sido derrotados previamente, y habiéndose animado también los pechenegos, se produce una huida terrible de los romanos, y no hubo gran matanza de ellos, pero fueron encerrados vergonzosamente en el campamento, y cayó el patricio Miguel Doceano, y el magistros Constantino Arianites también recibió una herida mortal en las entrañas, y murió al tercer día. Han caído también otros pocos de los oscuros. Todo el resto del ejército, encerrado ignominiosamente en el campamento, era asediado por los pechenegos, que rellenaban el foso con piedras y ramas y se apresuraban a tomar el campamento por la fuerza. Y esto habría sucedido, si Sulzuz, al ser alcanzado por una flecha de catapulta, no hubiera cruzado con su caballo y llevado a gran asombro a los pechenegos que lo vieron. Salió también de Adrianópolis el protospatario Nicetas Glabas, lugarteniente del tagma de las escuelas, en ayuda; y al verlo y esperar que el sincelo Basilio hubiera llegado con las fuerzas búlgaras( pues también se esperaba que este viniera) y asustados los pechenegos, dispersos huyendo hacia diferentes lugares, se retiraron, y el ejército de los romanos habría perecido por completo. Const9. 23 Ocurrió también en este tiempo una acusación de tiranía contra algunos jefes ciudadanos, cuyos líderes resultaron ser Nicéforo y Miguel, los hijos de Eutimio, y algunos otros de los que se referían a su linaje. Pero todos los demás se salvaron, y solo Nicéforo, condenado sin investigación, fue exiliado, habiendo sido confiscados sus bienes previamente. Const9. 24 El emperador, preocupado por cómo las cosas de los romanos se vuelven más fuertes que las de los pechenegos, saca a Cegenes de la prisión y lo envía a los pechenegos, habiendo prometido dividir a estos y hacerlos benevolentes con el emperador. Y habiendo reunido todas las fuerzas aliadas en una sola, decimos francos y varegos, y habiendo hecho llamar también arqueros a caballo de Teluch, del Monte Negro y de Carcaro, unas veinte mil, y habiendo confiado cada uno de los linajes a hombres destacados, y habiendo nombrado sobre todos al patricio Briennio y llamándolo etnarca, envía las incursiones para impedir y detener a los pechenegos. Pues estos, después de la batalla en Adrianópolis, despreciando por completo a los romanos, saqueaban e incendiaban sin miedo tanto Macedonia como Tracia, matando cruelmente incluso a los niños lactantes, hasta el punto de que una parte de ellos llegó hasta los Catasirtas( los Catasirtas están muy cerca de la capital). Pero la destrucción de estos fue muy rápida. Pues el emperador, habiendo armado a gente tanto de los que vigilaban en la corte como de otros encontrados por casualidad, y habiéndoselo confiado al patricio Juan, uno de los eunucos de cámara de la emperatriz Zoe, a quien llaman filósofo, lo logró fácilmente; pues este, habiendo atacado de noche y encontrándolos a todos borrachos y durmiendo, los degolló, y habiendo colocado sus cabezas en carros agrícolas, las lleva al emperador. Const9. 25 Cegenes, pues, habiendo salido, negocia con los pechenegos, y habiendo prometido estos con juramentos hacer su voluntad, confiando en los juramentos y habiendo ido, es inmediatamente asesinado, cortado en pequeñas partes
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y miembros. Briennio, habiendo tomado las fuerzas que le fueron confiadas y llegando a Adrianópolis, se preocupaba de la vigilancia de los lugares. Es enviado también el jefe de todo el ejército, el patricio Miguel el Acólito, ordenado también él de no trabar un combate general, sino de impedir y cortar las incursiones. Este, habiendo salido y unido a Briennio, se puso manos a la obra, y primero, habiendo encontrado en Goloe a una parte de los pechenegos y habiéndola derrotado, la hizo desaparecer, luego de nuevo en Toplitzo( esta es una fortaleza situada junto al Euro), habiendo encontrado otra parte dispersa de los pechenegos, la destruyó. De donde, habiendo temido los pechenegos tales fuerzas, se abstuvieron de saquear los lugares situados junto a las estribaciones del Hemo, y dirigieron todo su impulso contra Macedonia. Y todo lo que era valiente, separándose, recorrían los lugares en Macedonia, y si venía alguna guerra, planeaban recibirla vigorosamente. Al enterarse de esto Briennio y Miguel, partiendo de noche, de modo que nadie se diera cuenta de a dónde iban, y utilizando una marcha intensa, llegan a Cariópolis, y habiendo entrado en ella con el ejército, esperaban el momento. Los pechenegos, habiendo saqueado todos los campos y suburbios, y regresando al atardecer, añaden el campamento muy cerca de Cariópolis, ignorando que un ejército se encuentra en absoluto en ella; por eso, descansaban sin miedo festejando con flautas y címbalos. Al llegar la noche, los de alrededor de Briennio y Miguel, habiendo salido y encontrándolos durmiendo y roncando, los matan a todos. Esta desgracia infundió contención y cobardía en los pechenegos. Por eso, las incursiones no las hacían libremente, como antes, sino con moderación durante la cuarta y quinta indicción. Const9. 26 En este tiempo ocurrió también el repentino ascenso de Romano, el llamado Boila. Pues este, estando clasificado en las hetairías y siendo fluido de lengua, y pareciendo por esto ingenioso y divertido, cuando alguna vez llegó a la vista del emperador y, al hablar, pareció muy gracioso, de ahí en adelante era inseparable de él por siempre, y lo usaba como consejero, servidor y ministro para todo servicio. A quien, elevándolo poco a poco con honores, lo exaltó y elevó tanto que ocupaba los primeros lugares en los palacios. Este hombre, siendo ingenioso y versátil, y amando siempre el imperio, probaba a todos los que de los senadores habían ofendido al emperador y revelaba el misterio. Y a cuantos de ellos aceptaban las palabras de la conspiración, los recibía tranquila y afablemente y los aseguraba con juramentos. A los que se disgustaban solo con oírlo, fingía aceptarlos y admirar su benevolencia hacia el emperador, y decía que lo dicho se había dicho por causa de prueba y juraba que hablaría de ellos ante el emperador. Finalmente, habiendo corrompido a muchos de los ciudadanos y preparando una conspiración, fue descubierto. Y todos los demás que habían conspirado con él sufrieron mal tras ser interrogados, despojados de sus posesiones y enviados al exilio, pero Romano no sufrió nada malo. Pues, habiendo el emperador apartado su rostro de él poco a poco, fue perdonado de nuevo y tuvo su posición anterior. Const9. 27 El sultán, guardando rencor, como se dijo, a Abramio, su hermano, y conspirando siempre contra su vida, planeaba continuamente matarlo. Al enterarse de esto, aquel huyó hacia Cutlumus, su primo, y junto con él emprende la guerra contra el sultán. Al enfrentarse a ellos en el llamado Pasar, aquel es derrotado, y mata a Abramio tras capturarlo; pero Cutlumus, huyendo con seis mil y Melech, hijo de Abramio, negocia con el emperador, suplicando ser aceptado y convertirse en aliado y amigo de los romanos. Y habiendo llegado a Persarmenia, cerca del llamado Carse, esperaba las respuestas de la embajada. Mientras tanto, habiendo asediado Carse
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excepto la acrópolis, había tomado la ciudad. Detrás de estos, persiguiendo, el sultán llegó con sus fuerzas a Iberia; al enterarse de esto, Cutlumus huyó hacia Saba y la Arabia feliz. El sultán, al llegar a Iberia, saqueaba lo que encontraba e incendiaba. Por eso, el emperador, con prisa, habiendo hecho llamar a Miguel el Acólito desde Occidente, lo envía a Iberia. Este, al llegar allí y habiendo traído a los francos y varegos dispersos tanto en Caldia como en Iberia, se apresuraba a impedir de la manera posible las incursiones del sultán. Pero aquel, al enterarse de la rápida incursión de este, y de que, habiendo reunido gente, se apresura a enfrentarse a él, considerando, lo que era natural, la deshonra de ambos lados del asunto, y que si ganaba sería esclavo del emperador habiendo ganado, y si era derrotado se llevaría no poca vergüenza, partió con todo el ejército hacia Tabrezio. Const9. 28 Entonces, ciertamente, Miguelas, hijo de Esteban, y jefe de los tribalos y serbios tras su padre, hace tratados con el emperador, y es inscrito entre los aliados y amigos de los romanos, siendo honrado como protospatario. Fue enviado también al emperador desde Egipto por su jefe un animal, un elefante y una jirafa. Queriendo el emperador deshacerse por completo de los pechenegos, habiendo reunido las fuerzas de donde fuera, tanto de Oriente como de Occidente, y habiéndoselas entregado a Miguel el Acólito, y habiendo ordenado también al sincelo Basilio que tomara las tropas búlgaras, envía a ambos contra los pechenegos. Al enterarse de esto, ellos fijaron un campamento cerca de la gran Perslava, fortificándolo con un foso profundo y estacas. Al llegar, pues, los romanos, encerrándose dentro del foso, eran asediados. Pero como el tiempo se perdía en vano para los romanos, sin realizar nada digno de mención, y los alcanzó también la escasez de lo necesario, propusieron un consejo sobre lo que debía hacerse, y pareciendo a todos regresar, habiendo ordenado silencio a deshoras de la noche y abierto las puertas del campamento, se retiraban. Esto no pasó inadvertido para Turach, sino que, al enterarse de que querían huir, habiendo sacado a mucha gente del campamento, los envía a los pasos por donde los romanos debían pasar. Él mismo ataca inmediatamente a los que salían. Y se produce una huida de los romanos terrible, y unos, al ser alcanzados por los de atrás, eran degollados, y otros, al ir hacia los que habían ocupado previamente los lugares difíciles, eran consumidos. Cayó, pues, una multitud grande, cae también el mismo sincelo, y los demás se salvan con Miguel en Adrianópolis. El emperador, pues, afligido por la desgracia, recuperaba a los que se salvaron de la huida y reclutaba a otra gente y reunía mercenarios, y consideraba la vida invivible si no borraba por completo el linaje de los pechenegos. Pero ellos, al enterarse de esto por un desertor, negocian con el emperador, pidiendo paz. Y este, habiendo aceptado la embajada, hace tratados con ellos, estableciendo una paz de treinta años. Const9. 29 El emperador, construyendo un monasterio en los llamados Manganas en nombre del santo gran mártir Jorge, y gastando sin medida los fondos públicos en las construcciones, ahora construyendo, ahora destruyendo, llegó a una gran escasez, de modo que por esto ideó todo tipo de comercio y descubrió recaudaciones absurdas y sofisticadas; pues nombraba administradores públicos impíos y destructores, y a través de ellos reunía dinero de fuentes injustas. Disolvió también el ejército ibérico, que contaba con unas cincuenta mil personas, a través de León Serblio, y en lugar de soldados, obtenía muchos impuestos de esos lugares. E ideó otras muchas recaudaciones malvadas e ilegales, que incluso da vergüenza enumerar. Pero lo que es necesario decir, esto diré, que desde aquel emperador y su desenfreno y ostentación, los asuntos de los romanos comenzaron a decaer, y desde entonces y
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hasta el presente, avanzando poco a poco hacia atrás, llegaron a la debilidad total; pues, persiguiendo simplemente la libertad, la había llevado al extremo del desenfreno. No obstante, no estaba privado del todo de acciones buenas, sino que se cuentan también algunas obras suyas dignas de memoria histórica. Pues tanto el monasterio mencionado como los asilos de ancianos, los hospitales y los orfanatos que hay en él no carecen de elogios, y la obra realizada en la gran iglesia de Dios no se queda atrás en encomios. Pues hasta entonces, solo en las fiestas señaladas en ella, y además también los sábados y los domingos, se realizaba la liturgia incruenta a Dios, pero en los demás días de ninguna manera. Esto sucedía por la escasez de ingresos, que él, habiendo asignado generosamente y suficientemente, hizo que se realizara la sagrada liturgia cada día; lo cual prevalece realizándose hasta los nuestros. Y dedicó a tal iglesia vasos destinados al sagrado sacrificio, hechos de oro y piedras y perlas preciosas, superando por mucho a los demás en tamaño, belleza y valor; y con otros tesoros no pocos la embelleció. Y esto es lo referente a él. Const9. 30 Irrumpió también una enfermedad pestilente en la capital durante la séptima y octava indicción, de modo que los vivos no podían sacar a los muertos. Se produjo también durante el verano de la séptima indicción una gran cantidad de granizo, y muchos, no solo animales, sino también hombres, perecieron por él. El emperador, retenido por la enfermedad habitual de la gota, yacía en el monasterio de los Manganas, construido de nuevo por él. Cuando siguió otro síntoma y la muerte ya se acercaba, deliberaban los que ocupaban los primeros lugares en los palacios, el logoteta Juan, a quien el emperador tenía como poderoso, habiendo desplazado a Leicudes, el protonotario del dromo Constantino, el encargado del canicleo Basilio, y los demás que estaban familiarizados con él de otra manera, a quién establecerían en el trono imperial. Pareció, pues, a todos adecuado para esto Nicéforo Proteuon. Y ciertamente se envía un correo a Bulgaria, para traerlo de allí; pues sucedió que entonces rodeaba el mando de Bulgaria. Pero al enterarse de esto los que servían a la emperatriz Teodora( pues Zoe ya había terminado su vida), tanto Nicetas Xilinites, Teodoro y Manuel, habiéndola embarcado en un dromón, la llevan a los palacios del gran palacio y la proclaman autocrátor. Y el emperador, habiendo muerto en los Manganas, recibió un entierro cualquiera, y los que estaban alrededor de la emperatriz, habiendo enviado, detuvieron al Proteuon en Tesalónica, y de allí lo llevan al Tracesio, al monasterio de Cuzena, y allí lo confinan. Theodor. t TEODORA Theodor. 1 Teodora, habiendo recibido el imperio ancestral, inmediatamente persigue a todos los que planearon que el Proteuon fuera emperador, despojándolos de sus bienes y exiliándolos. Promueve también a todos sus eunucos a los cargos más altos, nombrando a Teodoro doméstico de las escuelas de Oriente, y habiéndolo enviado al Oriente, para impedir las incursiones de los turcos, habiendo desplazado al magistros Isaac Comneno de la estratopedarquía. Pues sucedió que Monómaco había cruzado todas las fuerzas macedonias en Oriente, teniendo como jefes a todos macedonios, de los cuales uno era también Briennio; pues corría entre los turcos el rumor de que estaba destinado que el linaje de los turcos fuera destruido por tal fuerza, como la que Alejandro el Macedonio tenía cuando destruyó a los persas. Se nombraba también logoteta del dromo a Nicetas, y drungario de la vigla a Manuel. Se hizo acompañar, por su gran experiencia, para administrar los asuntos públicos, del sincelo León, el llamado Estrabospondilo, que anteriormente había servido al emperador Miguel. Pero también, habiendo muerto León, arzobispo de Bulgaria, nombró al monje Teódulo, originario de Iconio,
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En aquel entonces,[ Comneno] era el estratega de Occidente y el más distinguido de todos los macedonios, sobresaliendo tanto por su linaje como por su prudencia y experiencia. El ala izquierda había sido confiada al magistros Aarón, quien tenía como subestrategas a Licantes, a Pnuemio y al patricio Randulfo el Franco. Habiéndose formado la línea de batalla de este modo en un lugar llamado Hades por los lugareños, tan pronto como se dio la señal de combate y las fuerzas chocaron entre sí, Aarón puso en fuga al ala derecha y los persiguió hasta el mismo campamento, capturando vivo a Romano Esclero. Y habría obtenido una victoria completa si no se hubiera mostrado excesivamente cauto y se hubiera abstenido de saquear el campamento, pues Comneno ya estaba tambaleándose y pensaba en huir hacia Nicea. Pero Cecaumeno, tras poner en fuga a quienes se le oponían, no detuvo la persecución, sino que, llegando hasta el mismo campamento, lo rompió, entró en él, saqueó las tiendas y, tras acuchillarlas con sus espadas, las arrojó por tierra. Al ser visto esto por los que estaban lejos( pues el campamento se hallaba en un terreno elevado), infundió valor a los hombres de Comneno y cobardía a los de Aarón. Pues al ver el campamento saqueado, unos lanzaron gritos de júbilo y otros se lanzaron a la huida. Cayó mucha gente del bando del emperador, especialmente macedonios, no solo soldados, sino también muchos estrategas: Maurocatacalo, Pnuemio, Cazamuntes y otros no pocos; y fueron capturados muchos más de los que perecieron. En esta batalla se dice que, mientras los hombres del emperador huían, Randulfo el Franco, vagando entre los que huían y los que perseguían, buscaba enfrentarse a alguno de los notables. Cuando supo que Nicéforo Botaniates pasaba por allí, dejando a los demás, se dirigió hacia él, gritando desde lejos y exhortándole a detenerse, declarando su nombre, quién era y por qué le desafiaba. Al saberlo, Botaniates detuvo su marcha y, cuando Randulfo se acercó, se enfrentaron; aquel golpeó con su espada el escudo de Randulfo y lo partió en dos, pero el franco le golpeó en el yelmo, aunque la espada resbaló y no le causó daño. Por ello, otros que acudieron junto a Botaniates capturaron al hombre y lo llevaron ante Comneno. También cayó uno de los estrategas de Comneno, León el Antíoco, y algunos soldados.
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Producida la derrota y habiendo llegado ante el emperador los que se salvaron de la huida y del combate, junto con el doméstico y Aarón, él mismo ya había perdido toda esperanza y estaba dispuesto a renunciar a todo para buscar refugio y salvación; pero los que le rodeaban no le permitieron hacerlo, sino que le instaron a permanecer y a morir noblemente, si fuera necesario, por el imperio. Por tanto, reclutar de nuevo y proceder a segundos enfrentamientos se consideraba gravoso y poco conveniente, pero él creía que prevalecería si lograba atraerse la benevolencia de los ciudadanos; por ello, los trató con deferencia y los retuvo con regalos y honores. Comneno, tras haber quebrantado y dispersado las fuerzas enemigas, partió de Nicea y al tercer día llegó a Nicomedia. Estando allí, llegaron también los embajadores del emperador: el proedros Constantino Leicudes, el proedros Teodoro Alopo y Constantino Pselo, el hipato de los filósofos. Estos tres hombres, que se consideraban superiores a los hombres de aquel día en sabiduría y elocuencia, y Pselo incomparablemente, fueron elegidos para la embajada. Y el emperador esperaba lograr grandes cosas gracias a la elocuencia y gracia de aquellos. La embajada prometía que, si Comneno deponía las armas, él mismo sería adoptado por el emperador y proclamado césar, y que todos los que le habían seguido recibirían amnistía por sus males y perdón por sus faltas. Como se dice, nadie les prestó atención; regresaron ante el emperador, recibieron otra embajada y volvieron, encontrando a Comneno que se dirigía al lugar llamado las Reas. La embajada declaraba que Comneno sería proclamado emperador tras ser adoptado, y que a todos los que habían combatido con él se les confirmarían mediante documentos imperiales los honores otorgados por Comneno. Al anunciarse la promesa del emperador, el propio Comneno y todos los jefes que estaban con él aclamaron, y exigieron que las promesas fueran confirmadas con documentos crisobulos, pero solo Cecaumeno se mostró descontento con todo e insistió en que el anciano debía abandonar el imperio y retirarse, diciendo que no era digno que aquel, habiendo sido ya depuesto y excomulgado con juramentos terribles, fuera permitido de nuevo reinar sobre los romanos; pues decía que esto provocaría la ira de Dios por el perjurio, y que la deposición de las armas no les sería provechosa ni a ellos mismos; pues él mismo, una vez adoptado, sería eliminado con venenos y perecería pronto, y a cada uno de los que le ayudaron le serían arrancados los ojos. Se dice también que los embajadores, actuando de forma contraria a su misión, acercándose a escondidas a Cecaumeno, le instaban a mantener su postura y a no ceder en absoluto. Y los que bien sabían esto confirmaban que ellos hacían esto, hombres incapaces de mentir, y aseguraban bajo juramento al propio Comneno que toda la multitud urbana estaba ardientemente a su favor, y que, si tan solo se acercaba a la ciudad, expulsarían al anciano y lo recibirían con cantos de victoria e himnos. Y se dice que esto sucedió en el campamento.
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El anciano, por su parte, estrechaba la benevolencia de los ciudadanos hacia él con regalos, dinero, preeminencia en cargos y cosas similares, con las que la multitud es seducida, demagogizada y encadenada a la benevolencia y la lealtad; pero, deseando hacer el vínculo de benevolencia más grande e irrompible, redactó un documento asegurado con juramentos terribles y maldiciones execrables, según el cual nunca llamarían a Comneno emperador o señor, ni le ofrecerían el honor debido al emperador, y obligó a cada uno de los senadores a firmarlo y ratificar lo escrito. Y todos, obedeciendo a la autoridad, firmaron mientras Comneno aún estaba lejos. Pero cuando este se acercó a un lugar llamado Almeas, y estaba a punto de alojarse al día siguiente en los palacios de Damatrio, de repente, al amanecer, en la gran iglesia de Dios, el magistros Miguel, hijo de Anastasio, el patricio Teodoro Criselio, el patricio Cristóforo Pirro, todos los jefes de las hetairías y algunos otros de los más oscuros, gritaban desde abajo que el patriarca bajara hacia ellos, pues debían plantearle preguntas sobre asuntos urgentes. Como él no se convenció de bajar, sino que cerró sus puertas y la entrada del laberinto que conduce a las galerías superiores de la iglesia, y envió a Nicéforo y Constantino, los hermanos y sus propios sobrinos, ordenando que a través de ellos se le plantearan las preguntas, los que se habían reunido y otros muchos que se les unieron( pues, habiéndose difundido ya el rumor, acudían todos a toda prisa, no solo los que se alegraban de las novedades, sino también muchos de los más sensatos y una multitud de senadores, todos aquellos que no habían sido suficientemente atendidos por el emperador), rodeando a los sobrinos del patriarca, amenazaban con llevárselos si él mismo no bajaba pronto hacia ellos. Él, ya fuera contra su voluntad, no lo sé, o de buen grado, como decía la mayoría, vistiéndose con la capa sacerdotal y tomando los demás distintivos del archieratismo, baja fingiendo reticencia y pareciendo sufrir terriblemente; pero todo esto era una farsa, como demostraron los hechos. Pues, una vez que bajó, los instigadores de la multitud lo tomaron inmediatamente y, trayendo un trono, lo sientan en la parte derecha del santo bema. Y primero, como bajo un pretexto, le pedían que fuera embajador ante el emperador, para que le fuera devuelto el documento firmado por ellos, ya que el emperador supuestamente había pactado con Comneno y lo había proclamado emperador. Pues, si el documento se conservaba intacto, decían que necesariamente seguiría uno de dos absurdos: o bien, al aclamarlo como emperador, cometerían perjurio, o bien serían castigados por haber injuriado al emperador. Él, al principio, los acogía y prometía cumplir su petición. Luego, pasado poco tiempo, abandonando todo, proclaman a Comneno emperador autócrata, y llamaban enemigos de los romanos y rebeldes a todos los que no querían esto, y decidían que sus casas fueran saqueadas por la multitud, estando presente y consintiendo el propio patriarca, primero a través de Esteban, el segundo de la iglesia, y Teodoro, el patriarca de Antioquía, quien gritó la aclamación de la alabanza y exhortaba a demoler y saquear las casas de los notables que no estaban de acuerdo con lo que sucedía. Y esto hacía dentro del divino y renombrado templo. Habiendo enviado un mensajero a Comneno y otros al anciano, a aquel le comunica que se dé prisa y no se demore, y exigía recompensas por su cooperación, como si su deseo ya hubiera llegado a su fin, y a este le pedía que bajara de los palacios, pues ya no le pertenecían en nada. Y a partir de esto, el patriarca apareció ante todos sin excusa, no solo como partícipe, sino como principal responsable de la rebelión. Cuando él preguntó a los metropolitanos enviados a él:«¿ Y qué me ofrece el patriarca a cambio del imperio?», y ellos respondieron:« El reino celestial», al mismo tiempo que decía esto, arrojó la púrpura y las sandalias teñidas de grana, y vistiéndose con ropa de civil, baja. Esto ciertamente habría sucedido, como él planeaba y los metropolitanos prometían, si junto con la rebelión se hubiera ido dejando los palacios; pero habiendo resistido hasta la guerra y soportado ver tal caída de hombres de su misma raza, y luego, quebrantado y tambaleado por los ciudadanos, retirándose contra su voluntad del imperio, no sé si recibirá como recompensa por el imperio terrenal el celestial. Pero esto, como sea grato a Dios, sucederá. Estando él en su casa de la acrópolis el cuarto día, el treinta y uno del mes de agosto, de la décima indicción, es enviado Cecaumeno, honrado con el título de curopalata por Comneno, junto con algunos nobles no pocos, el jueves por la mañana en un dromón, y al entrar toma los palacios. Comneno llega al atardecer y entra en ellos, y al día siguiente, el primero del mes de septiembre, realizando una procesión pública, va a la gran iglesia, y allí, sobre el ambón, es ceñido por las manos del patriarca con la diadema imperial y proclamado emperador autócrata de los romanos.

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