Hymn to King Helios Dedicated to Sallust
Choose a text
id="mobileReaderAuthor" class="mobile-reader-author" href="/authors/julian-emperor-of-rome" aria-label="More works by Julian, Emperor of Rome">
—
⋯
Original / primary: Spanish Gemini
1
Considero que corresponde a este discurso, sobre todo, a todos los seres que sobre la tierra respiran y se mueven, y que han participado del ser, del alma racional y del intelecto, pero no menos que a todos los demás, a mí mismo; pues soy seguidor del rey Helios. De esto poseo en mi fuero interno las pruebas más precisas; pero lo que me es lícito decir y no es objeto de reproche, es que desde niño se ha arraigado en mí un terrible deseo por los rayos del dios, y desde muy pequeño mi mente se sentía tan arrebatada hacia la luz etérea que no solo deseaba mirar fijamente hacia él, sino que, si alguna vez salía de noche en un cielo despejado y sereno, abandonándolo todo por completo, me entregaba a las bellezas celestiales, sin comprender ya nada si alguien me decía algo, ni prestando atención a lo que yo mismo hacía. Parecía ser demasiado curioso respecto a ellas y un tanto entrometido, y alguien me tomó ya por astrólogo cuando apenas me empezaba a salir la barba. Y sin embargo, por los dioses, jamás llegó a mis manos tal libro, ni sabía entonces qué era esa cosa. Pero¿ por qué digo esto, teniendo cosas mayores que decir, si contara cómo pensaba entonces sobre los dioses? Que el olvido cubra aquella oscuridad. Pero el hecho de que la luz celestial me envolviera por todas partes, me despertara y me incitara a la contemplación, de modo que yo mismo, sin haber conocido a nadie que filosofara sobre tales cosas, comprendiera ya el movimiento de la luna opuesto al todo, que lo dicho me sirva de señal.
2
Envidio, pues, la buena fortuna de aquel a quien el dios le ha permitido, habiendo recibido un cuerpo compuesto de una semilla sagrada y profética, abrir los tesoros de la sabiduría; pero no desprecio esta parte que yo mismo he recibido de este dios, al haber nacido en el linaje que domina y reina sobre la tierra en mis tiempos, sino que considero, si es que hay que creer a los sabios, que este es el padre común de todos los hombres. Pues se dice con razón que el hombre engendra al hombre y el sol, sembrando almas no solo de sí mismo, sino también de los otros dioses en la tierra, según el fin que estas manifiestan en las vidas que eligen. Es, pues, algo hermosísimo si a alguien le ha sucedido servir al dios desde antes de la tercera generación, desde muchísimos antepasados sucesivamente, pero no es censurable aquel que, habiéndose reconocido a sí mismo como servidor por naturaleza de este dios, solo entre todos o con pocos, se entrega al servicio del señor.
3
Ea, pues, en la medida de nuestras posibilidades, celebremos su festividad, que la ciudad reinante honra con sacrificios anuales. Es, bien lo sé, difícil incluso comprender solo acerca de él, cuán grande es aquel que es invisible al calcularlo a partir de lo visible, y contarlo es quizás imposible, incluso si uno quisiera decir menos de lo que merece. Pues bien sé que nadie podría alcanzar lo que es digno de él, pero no errar en la medida en los elogios es el punto culminante de la capacidad humana en lo que a hablar se refiere. Pero que me asista en esto el elocuente Hermes junto con las Musas y Apolo, guía de las Musas, puesto que también a él le corresponde el ámbito de los discursos, y que me concedan decir todo lo que es grato a los dioses que se diga y se crea sobre ellos.
4
¿ Cuál será, pues, el modo de los elogios?¿ O es evidente que, al tratar sobre su esencia, de dónde procedió, sus poderes y sus actividades, cuántas son visibles y cuántas invisibles, y sobre la dádiva de los bienes que realiza en todos los mundos, no haremos unos encomios que desentonen en absoluto con el dios? Hay que empezar por aquí.
5
Este mundo divino y hermosísimo, desde la bóveda extrema del cielo hasta la tierra más profunda, sostenido por la indisoluble providencia del dios, ha existido desde la eternidad como ingénito y es eterno para el tiempo venidero, no custodiado por ningún otro, sino inmediatamente por el quinto cuerpo, cuyo punto culminante es el rayo del sol, en un grado como segundo del mundo inteligible, y más antiguo aún por el rey de todas las cosas, alrededor del cual todo existe. Este, pues, ya sea lícito llamarlo lo que está más allá del intelecto, o idea de los seres, que es lo que yo llamo el conjunto inteligible, o el Uno, puesto que el Uno parece ser de alguna manera lo más antiguo de todo, o lo que Platón acostumbra a llamar el Bien, esta causa monádica de todas las cosas, que guía a todos los seres hacia la belleza, la perfección, la unidad y un poder inefable, según la esencia primigenia que permanece en él, hizo aparecer desde sí mismo, en medio de las causas intelectuales y demiúrgicas, al dios Helios, el más grande, todo él semejante a sí mismo; tal como piensa también el divino Platón:' A este, pues', dije yo,' di que me refiero al vástago del Bien, al que el Bien engendró análogo a sí mismo, que lo que este es en el lugar inteligible respecto al intelecto y a lo inteligible, eso es aquel en el lugar visible respecto a la vista y a lo visible'.
6
Su luz tiene, creo, esta analogía respecto a lo visible que la verdad respecto a lo inteligible. Él mismo, en su totalidad, como vástago que ha llegado a ser del primero y más grande Bien de la idea, habiendo subsistido desde la eternidad en torno a su esencia permanente, recibió también la potestad entre los dioses intelectuales, de los cuales el Bien es causa para los inteligibles, y él mismo distribuye estas cosas a los intelectuales. El Bien es, creo, causa para los dioses inteligibles de belleza, esencia, perfección y unidad, sosteniéndolos y envolviéndolos con un poder semejante al Bien; estas mismas cosas otorga Helios a los intelectuales, ordenado por el Bien para mandar y reinar sobre ellos, aunque hayan procedido junto con él y subsistido conjuntamente, para que, creo, también para los dioses intelectuales, una causa semejante al Bien, presidiendo sobre todos los bienes, dirija todo según el intelecto. Pero también este disco que aparece visiblemente es claramente causa de la salvación para los seres sensibles, y de cuantas cosas dijimos que el gran Helios es causa para los dioses intelectuales, de otras tantas es causa este que aparece para los seres manifiestos.
7
De esto son pruebas evidentes las que consideran lo invisible a partir de lo visible. Ea, pues, primero,¿ no es la luz misma una especie de algo divino incorpóreo de lo que es transparente en acto? Y lo que sea que es lo transparente, es, por así decirlo, el sustrato de todos los elementos y siendo su especie inmediata, no es corpóreo ni se mezcla ni admite las cualidades propias del cuerpo. Por tanto, no dirás que tiene un calor propio, ni le atribuirás la frialdad opuesta a este, ni lo duro, ni lo blando, ni ninguna otra de las diferencias táctiles, ni tampoco gusto ni olor, sino que tal naturaleza solo cae bajo la vista al ser conducida a la actividad por la luz. La luz es una especie de esto, como una materia subyacente y extendida a los cuerpos. Siendo la luz misma incorpórea, sus rayos serían una especie de extremo y como una flor. La opinión de los fenicios, sabios en las cosas divinas y conocedores, decía que el rayo que avanza por todas partes es una actividad inmaculada del intelecto puro mismo; y el discurso no desentona, si la luz misma es incorpórea, si uno no supone que su fuente es un cuerpo, sino una actividad del intelecto que resplandece hacia su propia sede, la cual ha obtenido el centro de todo el cielo, desde donde, resplandeciendo, llena de toda energía los círculos celestiales y envuelve todo con una luz divina e inmaculada.
8
Las obras que proceden de él entre los dioses, sin embargo, ya han sido dichas por nosotros moderadamente hace poco y se dirán dentro de poco. Pero cuantas cosas vemos con la vista misma, son solo un nombre carente de obra, si no recibieran la ayuda dirigente de la luz.¿ Qué sería, en absoluto, algo visible que no hubiera sido llevado primero ante la luz como la materia ante el artesano, para que, creo, reciba la forma? Pues incluso el oro, simplemente fundido así, es oro, pero no una estatua ni una imagen, hasta que el artesano le confiere la forma. Por tanto, cuantas cosas son por naturaleza visibles, al no ser llevadas ante los que ven con la luz, están privadas por completo de ser visibles. Al dar, pues, a los que ven el ver y a lo visto el ser visto, perfecciona dos naturalezas con una sola actividad: la vista y lo visible; y las perfecciones son especies y esencia.
9
Pero esto es quizás demasiado sutil; pero lo que todos seguimos, ignorantes y legos, filósofos y eruditos,¿ qué poder tiene el dios al salir y al ponerse en el todo? Produce la noche y el día y cambia manifiestamente y hace girar el todo. Y, sin embargo,¿ a cuál de los otros astros pertenece esto?¿ Cómo, pues, no creemos ya a partir de esto también sobre las cosas más divinas, que también los géneros de dioses intelectuales, invisibles y divinos, que están por encima del cielo, se llenan de su poder semejante al Bien, al cual cede todo el coro de los astros, y la generación sigue, gobernada por su providencia? Pues que los planetas, al danzar en torno a él como un rey, se mueven circularmente en ciertos intervalos determinados respecto a él de la manera más adecuada, realizando ciertas detenciones y un movimiento hacia adelante y hacia atrás, como llaman los expertos en la teoría esférica a los fenómenos en torno a ellos, y cómo la luz de la luna aumenta y disminuye, al sufrir según la distancia del sol, es algo evidente para todos.¿ Cómo, pues, no suponemos razonablemente que también la disposición más antigua de los cuerpos entre los dioses intelectuales tiene una analogía con tal orden? Tomemos, pues, de todo: el poder perfeccionador, de que vemos que el todo hace ver a los seres visibles( pues los perfecciona a través de la luz); el demiúrgico y fecundo, del cambio en torno al todo; el que mantiene todas las cosas en una, de la concordancia en torno a los movimientos hacia uno y lo mismo; y el medio, de él mismo. El medio, y el que él esté establecido como rey entre los intelectuales, del orden medio entre los planetas.
10
Si, pues, viéramos estas cosas en torno a alguno de los otros dioses manifiestos, o tantas otras, no le atribuyamos a este la hegemonía sobre los dioses; pero si no tiene nada en común con los otros fuera de la beneficencia, de la cual él mismo también hace partícipes a todos, habiendo invocado a los sacerdotes de los chipriotas, quienes declaran altares comunes para Helios y Zeus, y antes de estos aún, habiendo llamado a Apolo como testigo, que se sienta junto a este dios; pues dice este dios:' Uno es Zeus, uno es Hades, uno es Helios, Serapis'. Supongamos una potestad común, o mejor dicho, una sola de Helios y Zeus entre los dioses intelectuales; de donde me parece que también Platón, no sin razón, llamó a Hades dios prudente. Llamamos a este mismo también Serapis, es decir, el invisible y el intelectual, hacia quien dice que ascienden las almas de los que han vivido mejor y más justamente. Pues que nadie suponga que este es aquel a quien los mitos persuaden a temer, sino el manso y benigno, que libera por completo a las almas de la generación, y no, una vez liberadas, las clava en otros cuerpos castigándolas y cobrándose justicia, sino que conduce hacia arriba y eleva las almas hacia el mundo inteligible.
11
Que la opinión no es en absoluto reciente, sino que la anticiparon los más antiguos de los poetas, Homero y Hesíodo, ya sea entendiendo así o inspirados divinamente como los adivinos que entusiasmados hacia la verdad, de aquí podría hacerse conocido. El que lo genealogiza dijo que era de Hiperión y Tea, casi insinuando a través de esto que nació como vástago legítimo del que supera a todos; pues¿ quién otro podría ser Hiperión sino este?¿ Y Tea misma, de otro modo, no se dice que es lo más divino de los seres? No supongamos conjunción ni bodas, juguetes increíbles y paradójicos de la musa poética. Consideremos como su padre y progenitor al más divino y supremo;¿ y quién otro podría ser tal sino el que está más allá de todo y alrededor del cual todo es y por causa del cual todo existe? Homero lo llama Hiperión por su padre, y muestra, ciertamente, su autodeterminación y que está por encima de toda necesidad. Pues Zeus, como dice aquel, siendo señor de todos, obliga a los demás; pero en el mito de este dios, al decir que por la impiedad de los compañeros de Odiseo abandonará el Olimpo, ya no dice' los arrastraría con la tierra misma y con el mar mismo', ni amenaza con cadenas ni violencia, sino que dice que impondrá justicia a los que han errado, y él mismo se considera digno de brillar entre los dioses.¿ Acaso no dice a través de esto que, además de la autodeterminación, Helios es también perfeccionador? Pues¿ de qué necesitan los dioses de él, a no ser que, al resplandecer invisiblemente hacia la esencia y el ser, resulte ser colmador de los bienes que dijimos? Pues el que' a Helios el incansable, la de ojos de buey, la venerable Hera, envió a las corrientes del Océano a irse contra su voluntad', dice que antes del tiempo se consideró que era la noche debido a alguna niebla difícil. Pues esta diosa, en otro lugar de la poesía, dice:' Hera extendió delante una niebla profunda'. Pero dejemos que las cosas de los poetas se despidan; pues tiene, junto con lo divino, mucho también de lo humano; pero las cosas que el dios mismo parece enseñarnos sobre sí mismo y sobre los demás, pasemos ya a tratarlas.
12
El lugar en torno a la tierra tiene el ser en el llegar a ser.¿ Quién es, pues, el que le otorga la eternidad?¿ Acaso no el que sostiene estas cosas con medidas determinadas? Pues no era posible que la naturaleza del cuerpo fuera infinita, puesto que no es ingénita ni autosubsistente; y si de la esencia llegara a ser algo continuamente, y nada se resolviera en ella, la esencia de los seres que llegan a ser faltaría. A tal naturaleza, pues, este dios, moviéndose con medida, al acercarse la endereza y la levanta, y al alejarse la disminuye y la corrompe, o mejor dicho, él mismo siempre vivifica moviendo y canalizando hacia ella la vida; y su abandono y su traslado hacia otras partes se convierte en causa de corrupción para los seres que perecen. Siempre, pues, la dádiva de los bienes que proviene de él desciende igual sobre la tierra; pues en otro momento otra región recibe tales cosas para que ni la generación falte ni el dios deje de hacer bien al mundo pasible, ni más ni menos que lo acostumbrado. Pues la identidad, así como de la esencia, así también de la actividad, existe en los dioses y, antes que los demás, en el rey de todas las cosas, Helios, quien realiza también el movimiento más simple por encima de todos los que se mueven en sentido contrario al todo; lo cual, ciertamente, el célebre Aristóteles toma como señal de su superioridad sobre los demás.
13
Pero también de los otros dioses intelectuales descienden hacia este mundo poderes no tenues. Entonces,¿ qué es esto?¿ Acaso excluimos a los otros al reconocer que la hegemonía ha sido dada a este? Pero mucho más consideramos justo creer sobre lo invisible a partir de lo visible. Pues así como este aparece perfeccionando y armonizando hacia sí mismo y hacia el todo los poderes que desde allí se entregan a todos hacia la tierra, así debe suponerse que también en lo invisible tienen sus relaciones entre sí, siendo aquel el guía, y los otros concordando con él al mismo tiempo. Puesto que también, si dijimos que el dios está establecido en medio de los dioses intelectuales,¿ qué clase de medio es aquel del cual, a su vez, es necesario suponer que él es el medio? Que el rey Helios mismo nos conceda decirlo. Decimos que el medio no es el que se contempla en los contrarios, equidistante de los extremos, como en los colores el amarillo o el gris, en lo caliente y lo frío lo templado, y cuantas cosas son tales, sino el unificador y el que reúne lo que está separado, tal como Empédocles dice que es la armonía, desterrando de ella por completo la discordia.¿ Qué es, pues, lo que reúne, y de qué es medio? Digo, pues, que de los dioses manifiestos y mundanos y de los incorpóreos e inteligibles, que están en torno al Bien, como si la esencia inteligible y divina se multiplicara sin sufrir y sin adición.
14
Que es, pues, un medio, no mezclado a partir de los extremos, sino que la esencia intelectual y hermosísima del rey Helios es perfecta e inmezclable a partir de todos los dioses, manifiestos e invisibles, sensibles e inteligibles, y qué clase de medio se debe considerar, ya se ha dicho. Y si hay que tratar también sobre cada uno, para que contemplemos con el intelecto el medio de su esencia también según las especies, cómo se comporta respecto a lo primero y a lo último, aunque no sea fácil tratarlo todo, intentemos al menos decir lo posible.
15
Uno es absolutamente lo inteligible que siempre preexiste, y que ha abarcado todas las cosas juntas en el uno.¿ Qué más?¿ Acaso el mundo entero no es un ser vivo, lleno por completo de alma y de intelecto, perfecto a partir de partes perfectas? De esta doble perfección monádica, pues; digo la que en lo inteligible contiene todas las cosas en una, y la que en torno al mundo se reúne en una y la misma naturaleza perfecta; la perfección media del rey Helios es monádica, establecida en los dioses intelectuales. Pero, ciertamente, lo que sigue a esto es una cohesión en el mundo inteligible de los dioses que ordena todas las cosas hacia el uno.¿ Qué más?¿ Acaso no aparece también en torno al cielo, moviéndose circularmente, la esencia del quinto cuerpo, que contiene todas las partes y las aprieta hacia sí misma, manteniendo lo que por naturaleza es dispersable de ellas y fluye de unas a otras? Estas dos esencias, causas de cohesión, la una en los inteligibles y la otra que aparece en los sensibles, el rey Helios las une en lo mismo, imitando la fuerza cohesiva en los intelectuales, puesto que procedió de ella, y siendo precursor de la última, que se contempla en torno al mundo manifiesto.¿ Acaso, pues, también lo autosubsistente, que existe primero en los inteligibles y último en los que aparecen en el cielo, tiene como medio la esencia autosubsistente del rey Helios, de cuya esencia primigenia desciende hacia el mundo manifiesto el rayo que envuelve todas las cosas?
16
De nuevo, al considerar según otra cosa, uno es el demiurgo de todas las cosas, y muchos son los dioses demiúrgicos que circulan por el cielo. Por tanto, hay que establecer como media también la demiurgia que desciende de Helios hacia el mundo. Pero también lo fecundo de la vida es mucho y sobreabundante en lo inteligible, y el mundo aparece también lleno de vida fecunda. Es evidente, pues, que también lo fecundo de la vida del rey Helios es medio de ambos, puesto que esto lo atestiguan también los fenómenos; pues perfecciona unas especies, otras las trabaja, otras las ordena, otras las levanta, y no hay ni una sola que salga a la luz y a la generación sin el poder demiúrgico que proviene de Helios. Además, si pensáramos en la esencia inmaculada, pura e incorpórea en los inteligibles, sin que nada extraño se le acerque ni exista en ella, sino llena de su propia pureza inmaculada, y en la naturaleza del cuerpo inmaculado y divino en el mundo, en torno al cuerpo que se mueve circularmente, muy sincera y pura respecto a todos los elementos inmezclables, encontraremos también la esencia brillante e inmaculada del rey Helios como media de ambas, de la pureza incorpórea en los inteligibles y de la pureza sincera, inmaculada e inmezclable respecto a la generación y la corrupción en los sensibles. Y la mayor prueba de esto es que ni siquiera la luz, que se lleva sobre todo desde allí hacia la tierra, se mezcla con nada ni admite suciedad ni mancha, sino que permanece en todos los seres inmaculada, incontaminada e impasible. Además, hay que prestar atención a las especies incorpóreas e inteligibles, pero también a las sensibles, cuantas cosas están en torno a la materia o en torno al sustrato. Aparecerá de nuevo aquí como medio lo intelectual de las especies en torno al gran Helios, por las cuales también las especies en torno a la materia son ayudadas, no pudiendo de otro modo ni ser ni salvarse si no colaboraran con aquel hacia la esencia.¿ Qué más?¿ Acaso no es él causa de la distinción de las especies y de la composición de la materia, no solo proporcionándonos a nosotros mismos el pensar, sino también el ver con los ojos? Pues la distribución de los rayos por todo el mundo y la unidad de la luz indica la distinción demiúrgica de la creación.
17
Siendo aún muchos los bienes manifiestos en torno a la esencia del dios, que muestran que es medio entre los dioses inteligibles y los mundanos, pasemos a su última suerte manifiesta. La primera, pues, de sus cosas en torno al último mundo es la de los ángeles solares, que tiene la idea y la subsistencia como en un paradigma; después de esta, la generativa de los sensibles, de la cual la parte más valiosa tiene la causa del cielo y de los astros, y la más humilde supervisa la generación, conteniendo desde la eternidad en sí misma su causa ingénita. Tratar, pues, todas las cosas en torno a la esencia de este dios no es posible, ni siquiera si el dios mismo concediera a alguien comprenderlas, donde incluso abarcar todas las cosas con el intelecto me parece a mí imposible.
18
Puesto que hemos tratado muchas cosas, hay que poner como un sello a este discurso, estando a punto de pasar a otras cosas que requieren no menos contemplación.¿ Cuál es, pues, el sello y, como en resumen, la comprensión que abarca todas las cosas sobre la esencia del dios, que él mismo nos ponga en la mente, deseando nosotros reunir en breve tanto la causa de la que procedió, como quién es él mismo, y de qué cosas llena el mundo manifiesto? Hay que decir, pues, que de uno, del dios, procedió uno, del mundo inteligible, el rey Helios, establecido como medio de los dioses intelectuales en medio de ellos según toda clase de medio, el de mente común y amigo y que reúne lo que está separado, llevando hacia la unidad lo último con lo primero, teniendo en sí mismo los medios de la perfección, de la cohesión, de la vida fecunda y de la esencia monádica, presidiendo en el mundo sensible toda clase de bienes, no solo a través del rayo con el que él mismo envuelve, ordenando y embelleciendo, sino también habiendo hecho subsistir consigo mismo la esencia de los ángeles solares y conteniendo la causa ingénita de los seres que llegan a ser, y aún antes de esta, la causa de la vida, sin vejez y permanente, de los cuerpos eternos.
19
Lo que era necesario decir sobre la esencia de este dios, aunque se hayan omitido la mayoría de las cosas, se ha dicho, sin embargo, no poco; puesto que la multitud de sus poderes y la belleza de sus actividades es tan grande que es una exageración de las cosas que se contemplan en torno a su esencia, puesto que las cosas divinas, al proceder hacia lo manifiesto, tienden por naturaleza a multiplicarse debido a lo que sobra y es fecundo de la vida, mira qué haremos, nosotros que nos desnudamos ante un mar inmenso, descansando apenas y con gusto del discurso anterior. Hay que atreverse, sin embargo, confiando en el dios, e intentar abordar el discurso.
20
Debe suponerse que lo dicho anteriormente sobre su esencia corresponde en común a sus poderes. Pues no es otra cosa la esencia de un dios, y otra el poder, y, por Zeus, una tercera fuera de estas, la actividad. Pues todas las cosas que quiere, esas es, puede y realiza; pues ni quiere lo que no es, ni no tiene fuerza para hacer lo que quiere, ni desea realizar lo que no puede. Estas cosas, pues, no son así en torno al hombre; pues es una naturaleza doble y combatiente, mezclada en una, de alma y cuerpo, la una divina, el otro oscuro y tenebroso; y parece ser una especie de lucha y sedición. Puesto que también Aristóteles dice que, debido a tal cosa, ni los placeres ni los dolores concuerdan entre sí en nosotros; pues lo que es placentero para una de las naturalezas que hay en nosotros, por naturaleza es doloroso para la que se opone a esta; pero en los dioses no hay nada tal; pues los bienes existen para ellos por esencia y continuamente, no a veces sí y a veces no. Primero, pues, cuantas cosas dijimos, queriendo presentar su esencia, debe suponerse que estas mismas han sido dichas por nosotros también sobre los poderes y actividades.
21
Puesto que en tales cosas el discurso parece invertir, cuantas cosas consideramos a continuación sobre sus poderes y actividades, estas deben suponerse no solo obras, sino también esencia. Pues hay dioses afines a Helios y connaturales, que coronan la esencia inmaculada del dios, multiplicándose en el mundo, pero estando en torno a él de manera monádica. Escucha, pues, primero cuantas cosas dicen los que no ven el cielo como caballos y bueyes o alguno de los animales irracionales e ignorantes, sino que investigan desde él la naturaleza invisible; además, antes de esto, si te es grato, sobre sus poderes y actividades supramundanas, y contempla unas pocas de entre miles en multitud.
22
El primero de sus poderes es aquel a través del cual, reuniendo toda la esencia intelectual, sus extremos hacia uno y lo mismo, la manifiesta como una. Pues lo que es evidente comprender en torno al mundo sensible, habiendo tomado el aire y el agua en medio del fuego y la tierra, como vínculo de los extremos,¿ no podría uno suponer razonablemente que esto está dispuesto así en la causa separada antes de los cuerpos, que teniendo el principio de la generación no es generación, de modo que también en aquellos las causas extremas, separadas por completo de los cuerpos, se unan en torno a él al ser reunidas hacia lo mismo por el rey Helios mediante ciertos medios? Concurre con él también el poder demiúrgico de Zeus, a través del cual dijimos también antes que estaban establecidos para ellos en Chipre y declarados en común los recintos; y también llamamos a Apolo mismo como testigo de los discursos, quien es probable, por supuesto, que sepa mejor sobre su propia naturaleza; pues también este está junto a Helios y se comunica a través de la simplicidad de los pensamientos y lo permanente de la esencia y de la actividad que es según lo mismo. Pero también la demiurgia dividida de Dioniso no aparece en ninguna parte separada del dios Helios; al someterla siempre a este y declararla co- trono, es para nosotros intérprete de los pensamientos más hermosos sobre el dios. Y Helios, al contener en sí mismo todos los principios de la hermosísima mezcla intelectual, es Apolo, guía de las Musas. Puesto que también nos completa toda la vida del buen orden, engendra en el mundo a Asclepio, pero lo tiene también antes del mundo junto a sí mismo.
23
Pero uno, al contemplar muchos otros poderes en torno a este dios, jamás podría alcanzarlos todos; pero basta haber contemplado la potestad igual y una que existe para Helios y Zeus en las causas mismas, creo, que están separadas y antes de los cuerpos, las cuales preexisten separadas de la demiurgia manifiesta, y haber contemplado la simplicidad de los pensamientos junto con lo que es eterno y permanente según lo mismo junto a Apolo, y lo dividido de la demiurgia junto a Dioniso, que supervisa la esencia dividida, y lo de la hermosísima simetría y mezcla intelectual en torno al poder del guía de las Musas, y comprender lo que completa el buen orden de toda la vida junto a Asclepio.
24
Hasta aquí sobre sus potencias precósmicas; en cuanto a las obras análogas a estas por encima del mundo visible, son la plenitud de los bienes. Pues, dado que es un legítimo descendiente del Bien, habiendo recibido de él la perfecta porción buena, él mismo la distribuye a todos los dioses intelectivos, otorgándoles una esencia bienhechora y perfecta. Esto es lo primero. La segunda obra del dios es la distribución perfectísima de la belleza inteligible en las formas intelectivas e incorpóreas. Pues, dado que la esencia que aparece en la naturaleza, siendo fecunda, desea engendrar en lo bello y depositar su fruto, es necesario que preceda en la belleza inteligible aquello que hace esto eterna y constantemente, y no que lo haga a veces sí y a veces no, ni que en ocasiones engendre y en otras sea estéril. Pues todo lo que es bello aquí alguna vez, eso es siempre en los inteligibles. Por tanto, debe decirse que la causa fecunda de su belleza en los fenómenos está precedida por el fruto ingénito en la belleza intelectiva y eterna, el cual este dios posee habiéndolo establecido en torno a sí mismo, mediante el cual distribuye también el intelecto perfecto, del mismo modo que al otorgar la visión a los ojos a través de la luz, así también en los inteligibles, a través del paradigma intelectivo, que él presenta mucho más manifiesto que el resplandor etéreo, proporciona, creo, a todos los seres intelectivos el pensar y el ser pensados. Además de estas, aparece otra energía admirable en torno al Rey de todo, Helios: la porción mejor que se otorga a los géneros superiores, ángeles, demonios, héroes y almas divisibles, cuantas permanecen en el orden del paradigma y la idea, sin entregarse nunca al cuerpo.
25
Hemos expuesto, pues, la esencia precósmica del dios, sus potencias y sus obras, himnizando al Rey de todo, Helios, en la medida en que nos fue posible alcanzar la alabanza en torno a él. Pero puesto que, como se dice, los ojos son más fiables que los oídos, aunque sean menos fiables y más débiles que el intelecto, vamos, intentemos también, tras pedirle a él hablar con moderación, decir algo sobre su creación manifiesta.
26
El mundo visible, pues, ha existido en torno a él desde la eternidad, y la luz precósmica tiene su sede desde la eternidad, no existiendo ahora sí y entonces no, ni siendo de otra manera en otro momento, sino siempre de la misma forma. Pero si alguien quisiera comprender temporalmente esta naturaleza eterna hasta el punto de la concepción, podría conocer fácilmente al Rey de todo, Helios, resplandeciendo en conjunto, de cuántos bienes es causa para el mundo a través de la eternidad. Conozco, pues, tanto al gran Platón como al hombre posterior a él en el tiempo, pero no inferior en naturaleza: me refiero al calcideo, Jámblico, quien nos inició en esto y en otras cuestiones de la filosofía a través de sus discursos, utilizando la hipótesis de lo engendrado y suponiendo una creación como temporal, para que se pudiera concebir la magnitud de las obras que provienen de él. Sin embargo, a mí, que estoy totalmente por debajo de la potencia de aquellos, no me corresponde en absoluto arriesgarme, puesto que el ilustre héroe Jámblico consideró que ni siquiera la suposición de una creación temporal en torno al mundo, hasta el nivel de una mera hipótesis, estaba exenta de peligro. Pero puesto que el dios procedió de una causa eterna, o más bien, hizo proceder todo desde la eternidad, habiendo engendrado todo en conjunto en el tiempo presente desde lo invisible a lo visible por voluntad divina, con una rapidez inefable y una potencia insuperable, se asignó como una sede más propia el centro del cielo, para distribuir equitativamente los bienes a los dioses que procedieron de él y con él, y gobierna las siete y la octava rotación del cielo, y la novena, creo, la creación que se genera y corrompe en la génesis, que se recicla eternamente. Pues es evidente que los planetas, al danzar en torno a él, tienen como medida de su movimiento la armonía con este dios en cuanto a las figuras, y todo el cielo, ajustándose a él en todas sus partes, está lleno de dioses a partir de Helios. Pues este dios es el gobernante de cinco círculos en el cielo, y al recorrer tres de ellos, engendra en tres las tres Gracias; los restantes son las balanzas de una gran necesidad. Quizás digo algo incomprensible para los griegos, como si fuera necesario decir solo lo habitual y conocido; sin embargo, esto tampoco es, como uno podría suponer, totalmente extraño.¿ Quiénes son para vosotros los Dioscuros, oh sapientísimos y que aceptáis la mayoría de las cosas sin examen?¿ No se dice que son de días alternos porque no es lícito que sean vistos el mismo día? Vosotros, según cómo escuchéis, es evidente que os referís al de ayer y al de hoy. Entonces,¿ qué significa esto, por los mismos Dioscuros? Apliquémoslo a alguna naturaleza y realidad, para que no digamos nada vacío ni sin sentido. Pero no lo encontraríamos examinándolo con precisión; pues ni siquiera el hecho de que algunos teólogos supongan que los dos hemisferios del todo tienen alguna razón es fácil de concebir, ya que el aumento de cada uno de ellos en cuanto a su iluminación es imperceptible cada día. Pero consideremos ahora sobre lo que a algunos quizás les parezca que estamos innovando. Se podría decir correctamente que participan del mismo día aquellos para quienes el tiempo del curso del sol sobre la tierra es igual en uno y el mismo mes. Que alguien vea, pues, si lo de los días alternos no se ajusta a los círculos, tanto a los otros como a los trópicos. Alguien supondrá: no es igual. Pues unos siempre aparecen, y ambos a ambos para los que habitan la tierra antípoda, mientras que los que ven a uno de ellos no ven en absoluto al otro.
27
Pero para no perder el tiempo diciendo más sobre lo mismo, al realizar los trópicos, como sabemos, es padre de las estaciones, y al no abandonar en absoluto los polos, sería el Océano, guía de una doble esencia.¿ Acaso decimos algo oscuro también en esto, puesto que antes que nosotros también Homero dijo:« Océano, que ha sido engendrado como origen para todos, tanto de mortales como de dioses bienaventurados», como él mismo diría? Verdaderamente. Pues no hay nada de todas las cosas que no haya nacido de la esencia del Océano. Pero,¿ qué tiene esto que ver con los polos?¿ Quieres que te lo diga? Aunque hubiera sido mejor callar; sin embargo, se dirá.
28
Se dice, al menos, aunque no todos lo aceptan fácilmente, que el disco es llevado sobre el cielo sin estrellas, mucho más alto que el de las estrellas fijas; y así, no ocupará el centro de los planetas, sino de los tres mundos según las hipótesis teúrgicas, si es que se debe llamar a tales cosas hipótesis, y no que estas sean dogmas y las otras hipótesis de los esféricos. Pues unos dicen haber escuchado a dioses o a grandes demonios, otros suponen lo verosímil a partir de la concordancia con los fenómenos. Es digno, pues, alabar también a estos, pero creer a aquellos a quien le parezca mejor; a este yo, jugando y hablando en serio, lo admiro y me he maravillado. Y esto es así, como dicen.
29
Mucho más allá de lo que dije, hay una multitud de dioses en torno al cielo, a quienes comprendieron los que observan el cielo no de pasada ni como el ganado. Pues al dividir el tres en cuatro a través de la comunión del círculo zodiacal con cada uno de ellos, divide a su vez este zodiaco en las potencias de doce dioses, y ciertamente a cada uno de estos en tres, de modo que hace seis más treinta. De ahí, creo, desciende hacia nosotros desde los cielos la triple dádiva de las Gracias, de los círculos, que este dios, al dividir en cuatro, envía la cuádruple magnificencia de las estaciones, que poseen los trópicos de los tiempos. Un círculo, pues, imitan también las Gracias en la tierra a través de las estatuas. Y el dador de gracias es Dioniso, de quien se dice que co- reina con Helios.
30
Entonces,¿ por qué te hablo aún de Horus y de los otros nombres de dioses, que pertenecen todos a Helios? Pues los hombres comprendieron al dios a partir de lo que este dios realiza, habiendo perfeccionado todo el cielo con los bienes intelectivos y habiéndole comunicado la belleza inteligible, y habiendo comenzado desde allí, tanto a él en su totalidad como a sus partes, con la abundante dádiva de los bienes. Pues gobierna todo movimiento hasta el último límite del mundo; la naturaleza, el alma y todo lo que existe, todo se perfecciona en todas partes.
31
A tal ejército de dioses, habiéndolo ordenado en una sola unidad hegemónica, lo entregó a Atenea Pronoia, a quien el mito dice que nació de la cabeza de Zeus, pero nosotros decimos que fue proyectada entera de todo el Rey Helios, manteniéndose en él, diferenciándonos en esto del mito, en que no fue de la parte más alta, sino entera de todo; puesto que, al considerar que Zeus no se diferencia en nada de Helios, estamos de acuerdo con la antigua fama. Y al llamar a esto mismo Atenea Pronoia no innovamos, si es que escuchamos correctamente:« Llegó a Pitón y a la de ojos glaucos Pronoia». Así, pues, también a los antiguos les parecía Atenea Pronoia co- trono de Apolo, de quien se considera que no se diferencia en nada de Helios.¿ Acaso, pues, también esto fue por destino divino en Homero? Pues estaba, como es natural, poseído por un dios; profetizó en muchos lugares de la poesía:« Que yo sea honrado como fue honrada Atenea y Apolo», por Zeus, supongo,¿ quién es el mismo que Helios?
32
Y así como el rey Apolo participa a través de la simplicidad de las intelecciones con Helios, así también debe considerarse que Atenea, habiendo recibido la esencia de él y siendo su intelección perfecta, une a los dioses en torno a Helios con el Rey de todo, Helios, sin confusión en una unidad, y ella misma, distribuyendo la vida pura y sin mancha desde la bóveda más alta del cielo a través de los siete círculos hasta la Luna, a la cual esta diosa, siendo la última de los cuerpos circulares, llenó de prudencia, por la cual la Luna contempla los inteligibles que están por encima del cielo y, al adornar la materia bajo sí con las formas, elimina su carácter bestial, turbulento y desordenado. Y Atenea da a los hombres bienes, sabiduría, el pensar y las artes creadoras. Y habita las acrópolis, habiendo establecido la comunión política a través de la sabiduría.
33
Unas pocas cosas más sobre Afrodita, a quien los sabios de los fenicios admiten que colabora en la creación con el dios, y yo me convenzo. Es, pues, ella una mezcla de los dioses celestiales, y de su armonía, además, amistad y unidad. Pues estando cerca de Helios, corriendo con él y acercándose, llena el cielo de templanza y otorga lo fecundo a la tierra, preocupándose también ella de la generación eterna de los seres vivos, de la cual el Rey Helios tiene la causa primera, y Afrodita es co- causa con él, la que encanta nuestras almas con alegría y envía a la tierra desde el éter rayos dulcísimos y puros, más brillantes que el mismo oro.
34
Aún quiero añadir algo más de la teología de los fenicios; si no es en vano, el discurso lo mostrará al avanzar. Los que habitan Emesa, lugar sagrado de Helios desde la eternidad, establecen junto a él a Mónimo y a Aziz. Jámblico, de quien también tomamos todas las demás cosas pequeñas de muchas, dice que esto alude a que Mónimo sería Hermes y Aziz sería Ares, asistentes de Helios, que vierten muchos y buenos bienes al lugar en torno a la tierra.
35
Las obras del dios en torno al cielo son, pues, tales, y a través de ellas se extienden hasta los últimos límites de la tierra; pero lo que realiza bajo la Luna sería largo de enumerar todo. Sin embargo, debe decirse esto como en resumen. Sé, pues, que ya lo mencioné anteriormente, cuando me proponía examinar lo invisible a partir de lo visible sobre la esencia del dios, pero el discurso me exige también ahora exponer sobre ellos en orden.
36
Así pues, como dijimos que Helios tiene la hegemonía en los intelectivos, teniendo en torno a su esencia indivisible una gran multitud de dioses de forma unitaria, y además en los sensibles, que recorren la marcha eterna en círculo de forma muy dichosa, demostramos que es jefe y señor, otorgando lo fecundo a la naturaleza, llenando todo el cielo, así como de su resplandor visible, también de otros innumerables bienes invisibles, y perfeccionándose a partir de él también los bienes suministrados por los otros dioses visibles, y antes que estos, ellos mismos siendo perfeccionados por su energía inefable y divina; así también debe considerarse que algunos dioses se han posicionado en torno al lugar de la génesis, mantenidos por el Rey Helios, quienes, gobernando la naturaleza cuádruple de los elementos, habitan en torno a las almas junto con los tres géneros superiores.¿ Y de cuántos bienes es causa para las almas divisibles mismas, proponiéndoles juicio, dirigiéndolas con justicia y purificándolas con resplandor?¿ Y no es él quien mueve y reaviva toda la naturaleza, otorgándole lo fecundo desde arriba? Pero,¿ no es él verdaderamente causa también para las naturalezas divisibles de su marcha hasta el fin? Pues Aristóteles dice que el hombre es engendrado por el hombre y por el sol. Lo mismo, pues, debe pensarse sobre todas las demás cosas que son obras de las naturalezas divisibles en torno al Rey Helios.¿ Qué más?¿ No realiza él para nosotros las lluvias, los vientos y lo que sucede en las regiones superiores, usando como materia el doble de la exhalación? Pues al calentar la tierra, atrae vapor y humo, y de estos no solo suceden las cosas superiores, sino también todas las afecciones sobre la tierra, pequeñas y grandes.
37
Entonces,¿ por qué me extiendo más sobre lo mismo, pudiendo ya caminar hacia el final tras haber himnizado antes cuántos bienes dio Helios a los hombres? Pues al nacer de él, somos alimentados por él. Las cosas más divinas y las que da a las almas liberándolas del cuerpo, y luego haciéndolas volver a las esencias afines al dios, y el vehículo sutil y tenso del resplandor divino, dado como vehículo para el descenso seguro de las almas a la génesis, que sea himnizado dignamente por otros y creído por nosotros más que demostrado; pero no hay que dudar en exponer lo que es conocido por todos.
38
Platón dice que el cielo ha llegado a ser para nosotros maestro de sabiduría. Pues desde allí comprendimos la naturaleza del número, cuya diferencia no comprendimos de otra manera que a través del periodo de Helios. Pues el mismo Platón dice también día y noche primero. Luego, a partir de la luz de la luna, que es dada a esta diosa por Helios, avanzamos después a más de tal comprensión, apuntando en todas partes a la concordancia con este dios. Lo cual él mismo dice en alguna parte, que los dioses, compadeciéndose de nuestro género, que es laborioso por naturaleza, nos dieron a Dioniso y a las Musas como compañeros de danza. Y Helios nos apareció como jefe común de estos, himnizado como padre de Dioniso y jefe de las Musas.
39
Y Apolo, que co- reina con él,¿ no ha levantado oráculos en todas partes de la tierra, ha dado sabiduría divina a los hombres y ha adornado las ciudades con leyes sagradas y políticas? Este civilizó a través de las colonias griegas la mayor parte de la tierra habitada, y preparó a los romanos para obedecer más fácilmente, quienes tienen no solo un linaje griego, sino que también han establecido y conservado desde el principio hasta el fin leyes sagradas y la fe en los dioses como griega, y además de esto, han establecido el orden en torno a la ciudad no menos que cualquiera de las ciudades mejor gobernadas, si no es que mejor que todas las demás, cuantas constituciones han estado en uso; por lo cual, creo, él mismo reconoció a la ciudad como griega en linaje y constitución.¿ Qué más te digo, cómo previó la salud y salvación de todos al engendrar al salvador de todo, Asclepio, y cómo dio toda virtud al enviar a Afrodita junto con Atenea a nosotros, estableciendo como guardiana, si no como ley, no usar la unión para nada más que para la generación de lo semejante? Por esto, también según sus periodos, todas las cosas que crecen y los linajes de animales de todo tipo se mueven hacia la generación de lo semejante.¿ Qué necesidad hay de glorificar sus rayos y su luz? Pues,¿ acaso alguien reflexiona sobre cuán terrible es una noche sin luna y sin estrellas, para que a partir de ahí deduzca cuánto bien tenemos del sol, la luz? Y al proporcionar esto mismo de forma continua e ininterrumpida a la noche en los lugares donde es necesario desde la luna a los de arriba, nos da una tregua de los trabajos a través de la noche. No habría fin al discurso si alguien quisiera enumerar todas estas cosas. Pues no hay ningún bien en la vida que no tengamos habiéndolo recibido de este dios, ya sea perfecto solo de él, o perfeccionado por él a través de los otros dioses.
40
Y para nosotros es jefe también de la ciudad. Pues habita en ella no solo la acrópolis junto con Atenea y Afrodita, Zeus, himnizado como padre de todos, sino también Apolo en la colina Palatina y el mismo Helios, este nombre común para todos y conocido. Y cómo le pertenecemos en todo y por todo los romúlidas y enéadas, teniendo mucho que decir, diré brevemente lo más conocido. Ha nacido, dicen, de Afrodita, Eneas, quien es ministro de Helios y pariente. Y la fama nos ha transmitido que el mismo fundador de nuestra ciudad es hijo de Ares, confirmando lo paradójico de los relatos a través de las señales que siguieron después. Pues dicen que una loba hembra le ofreció el pecho. Yo, que Ares, llamado Aziz por los sirios que habitan Emesa, precede a Helios, aunque lo sé y lo he dicho antes, me parece que lo dejaré pasar.¿ Por qué razón el lobo pertenece más a Ares y no a Helios? Aunque dicen que el año se llama« lycabas» a partir del lobo; y no solo Homero ni los conocidos de los griegos lo llaman con este nombre, sino también el dios; pues dice al recorrer:« en el baile el lycabas, caminos de doce meses».¿ Quieres, pues, que te diga aún una prueba mayor, que el fundador de nuestra ciudad no solo fue enviado por Ares, sino que quizás un demonio ario y noble colaboró en la construcción de su cuerpo, el que se dice que visitó a Silvia mientras llevaba agua a la diosa, pero que toda el alma del dios Quirino descendió de Helios? Pues hay que creer, creo, a la fama. Una unión precisa de los que se repartieron la realeza manifiesta de Helios y la Luna, así como la trajo a la tierra, así también hizo subir al que recibió de la tierra, habiendo hecho desaparecer lo mortal del cuerpo con fuego de rayo. Así, manifiestamente, la creadora de las cosas terrenales, habiéndose posicionado bajo él, recibió al Quirino enviado a la tierra por el sol a través de Atenea Pronoia, y al elevarse de nuevo desde la tierra, lo hizo volver inmediatamente al Rey de todo, Helios.
41
¿ Quieres que te diga aún una prueba de las mismas, la obra del rey Numa? Vírgenes sagradas entre nosotros guardan una llama inextinguible de Helios según las diferentes estaciones, las cuales guardan el fuego que ha nacido en torno a la tierra por el dios. Aún más grande que estas tengo que decirte una prueba de este dios, obra del mismo rey divinísimo. Los meses para todos los demás, por así decirlo, se cuentan a partir de la luna, pero solo nosotros y los egipcios medimos los días de cada año según los movimientos del sol. Si después de esto te dijera que también honramos a Mitra y celebramos juegos cuatrienales a Helios, diría cosas más recientes; pero quizás sea mejor proponer una de las más antiguas.
42
Pues al hacer cada uno el comienzo del ciclo anual desde un lugar distinto, unos desde el equinoccio de primavera, otros desde el apogeo del verano, y la mayoría cuando la cosecha ya declina, himnizan las dádivas más manifiestas de Helios, uno la oportunidad de trabajo que se otorga, cuando la tierra florece y se enorgullece, creciendo ya todos los frutos, y se vuelve apto para navegar los mares y lo desagradable y sombrío del invierno se transforma hacia lo más alegre, otros honraron la estación del verano, como teniendo entonces confianza de forma segura sobre la generación de los frutos, habiéndose ya recogido las semillas, y estando la cosecha en su apogeo y madurando ya los frutos puestos en los árboles. Otros, aún más elegantes que estos, supusieron que el fin del año es el apogeo y declive de todos los frutos; por esto celebran las novilunios anuales cuando la cosecha ya declina. Pero nuestros antepasados, honrando a este dios aún más grandemente desde el mismo rey divinísimo Numa, dejaron de lado las necesidades, ya que creo que eran divinos por naturaleza y extraordinarios en el pensamiento, y vieron al causante de estas y ordenaron celebrar armoniosamente el novilunio en la presente estación de las horas, cuando el Rey Helios vuelve de nuevo hacia nosotros, habiendo dejado los límites del mediodía y, habiendo girado como en torno a una meta en Capricornio, viene desde el sur hacia el norte para comunicarnos los bienes anuales. Que ellos, habiendo pensado esto con precisión, establecieron así el novilunio anual, se podría comprender desde aquí. Pues no creo que ordenaron la fiesta en el día en que el dios se vuelve, ni en el que se hace manifiesto a todos al ir desde el mediodía hacia las osas. Pues aún no les era conocida la sutileza de los cánones, que inventaron los caldeos y egipcios, y perfeccionaron Hiparco y Ptolomeo, sino que, juzgando por la sensación, seguían a los fenómenos. Y así, estas cosas, como dije, fueron comprendidas teniéndolas de los posteriores. Antes del novilunio, inmediatamente después del último mes de Cronos, hacemos el juego más manifiesto a Helios, habiendo dedicado la fiesta a Helios invicto, después del cual no es lícito que se realicen ninguno de los espectáculos que el último mes tiene, sombríos pero necesarios, sino que, siendo los Cronios los últimos, une inmediatamente según el ciclo las Helias.
43
Que a menudo me concedan los dioses reyes himnizar y realizar, y antes que los demás el mismo Rey de todo, Helios, el que procedió desde la eternidad en torno a la esencia fecunda del Bien, en medio de los dioses intelectivos, habiéndolos llenado de cohesión y de belleza inmensa y de abundancia fecunda y de intelecto perfecto y de todos los bienes en conjunto sin tiempo, y resplandeciendo en el presente hacia la sede propia que desde la eternidad es llevada en el medio del cielo visible, y comunicando al todo visible la belleza inteligible, y habiendo llenado todo el cielo de tantos dioses cuantos él mismo tiene en sí mismo intelectualmente, multiplicándose indivisiblemente en torno a él y unidos a él de forma unitaria, no obstante, manteniendo también el lugar bajo la luna a través de la generación eterna y de los bienes otorgados desde el cuerpo circular, preocupándose del género común de los hombres y particularmente de nuestra ciudad, así como también estableció nuestra alma desde la eternidad, habiéndola declarado su seguidora. Que estas cosas, pues, cuantas deseé hace poco, las conceda, y además, otorgando la eternidad posible con benevolencia, que la guarde para la ciudad en común, y a nosotros nos conceda prosperar tanto en lo humano como en lo divino, en la medida en que permite vivir, y que nos conceda vivir y participar en la vida en la medida en que sea grato a él mismo y mejor para nosotros y conveniente para los asuntos comunes de los romanos.
44
Esto, oh amigo Salustio, según la triple creación del dios, en tres noches sobre todo, me atreví a escribirte lo que me vino a la memoria, puesto que también lo que te escribí anteriormente para los Cronios no te pareció del todo despreciable. Pero si quieres profundizar en discursos más perfectos y místicos sobre lo mismo, al encontrar los escritos realizados por el divino Jámblico sobre estas mismas cosas, encontrarás allí el fin de la sabiduría humana. Que el gran Helios me conceda conocer no menos sobre él, y enseñar en común a todos, y en particular a los dignos de aprender. Mientras el dios me conceda esto, honremos en común a Jámblico, amigo del dios, de donde también ahora hemos expuesto pocas cosas de muchas que vinieron a la mente. De él sé bien que nadie dirá nada más perfecto, ni aunque alguien, tras esforzarse mucho, innovara; pues se saldrá, como es natural, de la intelección más verdadera del dios. Era, pues, quizás vano, si lo hacía por causa de enseñanza, escribir algo después de él, pero puesto que, queriendo exponer un himno de agradecimiento al dios, suponía en esto un lugar para decir sobre su esencia según mi capacidad, creo que estos discursos no se han hecho en vano, aceptando el« hacer sacrificios a los dioses inmortales según la capacidad», no solo en los sacrificios, sino también en las alabanzas hacia los dioses. Ruego, pues, por tercera vez, en lugar de este mi entusiasmo, que el Rey de todo, Helios, me sea propicio, y me dé vida buena y prudencia más perfecta e intelecto divino y la liberación del destino de la vida, la más suave en el tiempo oportuno, y el ascenso hacia él después de esto y la permanencia junto a él, sobre todo eterna, y si esto fuera mayor de lo que he vivido, periodos muy numerosos y de muchos años.