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Hymn to the Mother of the Gods
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Original / primary: Spanish Gemini
1
¿ Acaso debemos hablar también sobre estos temas?¿ Escribiremos sobre lo inefable, expondremos lo que no debe ser expuesto y divulgaremos lo que no debe ser dicho?¿ Quién es Atis o el Galo, quién es la Madre de los dioses, cuál es el modo de esta pureza y, además, por qué nos fue revelado desde el principio de esta manera, transmitido por los frigios más antiguos y acogido primero por los griegos, y no por unos cualesquiera, sino por los atenienses, instruidos por los hechos de que no se habían burlado correctamente de quien celebraba los misterios de la Madre? Pues se dice que estos ultrajaron y expulsaron al Galo por introducir novedades en lo divino, sin comprender qué clase de realidad es la diosa y cómo es la Deo, Rea y Deméter honrada entre ellos. Luego, la cólera de la diosa a consecuencia de esto y la curación de dicha cólera. Pues la que se convirtió en guía de los griegos en todos los bienes, la profetisa del dios Pitio, ordenó aplacar la cólera de la Madre de los dioses; y dicen que por esto se erigió el Metreo, donde los atenienses guardaban públicamente todos los archivos. Después de los griegos, los romanos acogieron estos ritos, habiéndoles aconsejado también el Pitio, durante la guerra contra los cartagineses, traer de Frigia a la diosa como aliada. Y quizás nada impide añadir aquí una pequeña historia.
2
Pues, al conocer el oráculo, los habitantes de la amada Roma envían una embajada para pedir a los reyes de Pérgamo, que entonces dominaban Frigia, y a los propios frigios, la santísima estatua de la diosa. Tras recibirla, transportaron la carga sagrada colocándola en un carguero ancho capaz de navegar fácilmente por tan grandes mares. Tras cruzar el Egeo y el Jónico, y luego rodear Sicilia y el mar Tirreno, arribó a la desembocadura del Tíber; y el pueblo de la ciudad se volcó junto con el senado, y salieron a su encuentro, antes que los demás, los sacerdotes y todas las sacerdotisas, todos con el atuendo apropiado según las costumbres patrias, mirando expectantes hacia la nave que navegaba con viento favorable, y observaban alrededor de la quilla el murmullo de las olas al ser cortadas; luego, al entrar la nave, la saludaban adorándola cada uno desde donde se encontraba. Pero ella, como queriendo demostrar al pueblo romano que no traían de Frigia una estatua inanimada, sino que posee una fuerza mayor y más divina la que habían recibido de los frigios y traían, en cuanto tocó el Tíber, detiene la nave como si de repente se hubiera enraizado en el río. Tiraban, pues, contra la corriente, pero ella no seguía. Como se encontraron con bajíos, intentaron empujar la nave, pero esta no cedía a sus empujones. Se aplicó entonces todo tipo de maquinaria, pero no por ello estaba menos inamovible; de modo que cae sobre la virgen consagrada a la santísima jerarquía una terrible e injusta sospecha, y acusaban a Claudia— pues este era el nombre de la venerable virgen— de no mantenerse del todo inmaculada ni pura para la diosa; que por eso ella se irritaba y se enfurecía manifiestamente; pues ya a todos les parecía el asunto más sobrenatural. Ella, al principio, se llenaba de pudor ante el nombre y la sospecha; tan lejos estaba de la acción vergonzosa e ilegal. Pero cuando vio que la acusación se fortalecía contra ella, desatándose el cinturón y rodeando con él los extremos de la nave, como por una inspiración, ordenó a todos que se retiraran, y luego suplicó a la diosa que no la abandonara viéndose envuelta en injustas blasfemias. Gritando como una orden náutica, dicen, dijo:« Señora Madre, si soy casta, sígueme». Y, en efecto, no solo movió la nave, sino que la arrastró un largo trecho contra la corriente; y creo que la diosa mostró a los romanos dos cosas aquel día: que no traían de Frigia una carga de poco valor, sino digna de todo, y que no era humana, sino verdaderamente divina, ni tierra inanimada, sino algo animado y sobrenatural. Una cosa así les mostró la diosa; y otra, que a ninguno de los ciudadanos le pasaría inadvertido si era bueno o malo. Sin embargo, la guerra contra los cartagineses fue ganada inmediatamente por los romanos, de modo que la tercera guerra fue solo por los muros de Cartago. En cuanto a la historia, aunque a algunos les parezca increíble y que no corresponde a un filósofo ni a un teólogo, que se diga no obstante, pues está registrada en común por la mayoría de los historiadores y se conserva también en imágenes de bronce en la excelentísima y amada por los dioses Roma. Aunque no se me oculta que algunos de los demasiado sabios dirán que son patrañas de viejas intolerables. Pero a mí me parece que hay que creer en tales cosas a las ciudades más que a estos elegantes, cuya almita es aguda, pero no ve nada sano.
3
Sobre lo que me vino a la mente decir justo en el momento de la consagración, escucho que también Porfirio ha filosofado algo al respecto, pero no lo sé, pues no lo he leído, si es que acaso coincide con mi discurso. Yo mismo concibo, por mi cuenta, a este Galo y a este Atis como la esencia que engendra todo hasta la materia última, proveniente del intelecto generador y demiúrgico, y que contiene en sí misma todos los logos y las causas de las formas materiales; pues no es que las formas estén todas en todas las cosas, ni en las causas superiores y primeras las de las últimas y postreras, después de las cuales no hay nada más que el nombre de la privación junto con una tenue noción. Siendo, pues, muchas las esencias y muchos los demiurgos del tercer demiurgo, que tiene los logos de las formas materiales separados y las causas continuas, la naturaleza última y que desciende hasta la tierra por la abundancia de lo generador a través de los astros desde arriba es el Atis que buscamos. Quizás sea necesario explicar más claramente de lo que hablo. Decimos que existe una materia, pero también una forma material. Pero si no se antepone una causa a estas, nos engañaríamos a nosotros mismos introduciendo la doctrina de Epicuro. Pues si no hay nada más antiguo que dos principios, un movimiento automático y el azar los habría unido. Pero vemos, dice un peripatético agudo como Jenarco, que la causa de esto es el quinto cuerpo circular. Pero es ridículo Aristóteles al investigar y curiosear sobre esto, e igualmente Teofrasto; pues ignoró su propia voz. Pues, al igual que al llegar a la esencia incorpórea e inteligible se detuvo sin curiosear la causa, sino diciendo que las cosas son así por naturaleza; pues debería, sin duda, también en el caso del quinto cuerpo, al aceptar que es así por naturaleza, no buscar ya las causas, sino detenerse en ellas y no caer hacia lo inteligible, que no es nada por naturaleza en sí mismo, sino que tiene una vana suposición. Pues recuerdo haber oído a Jenarco decir tales cosas. Si dijo esto correctamente o no, que se permita a los peripatéticos demasiado estrictos examinarlo, pero que no me resulta agradable es evidente para cualquiera, donde incluso supongo que las hipótesis aristotélicas son deficientes, a menos que alguien las lleve a lo mismo que las de Platón, o mejor aún, a las profecías dadas por los dioses.
4
Aquello, sin embargo, quizás sea digno de preguntar: cómo el cuerpo circular puede tener las causas incorpóreas de las formas materiales. Que no es posible que la génesis subsista sin estas, es evidente y claro.¿ Pues por qué existen tantas cosas que nacen?¿ De dónde lo masculino y lo femenino?¿ De dónde la diferencia según el género de los seres en formas definidas, si no existieran logos preexistentes y causas preexistentes a modo de paradigma? Hacia las cuales, si vemos con dificultad, purifiquemos aún los ojos del alma. La purificación correcta es volverse hacia uno mismo y comprender cómo el alma y el intelecto material son como un molde de las formas materiales y una imagen. Pues no hay ninguna de las cosas corporales o de las incorpóreas que ocurren y se observan en torno a los cuerpos, cuya representación el intelecto no pueda captar incorpóreamente, lo cual nunca habría hecho si no tuviera algo afín a ellas por naturaleza. Por esto Aristóteles dijo que el alma es lugar de las formas, aunque no en acto, sino en potencia. Es necesario, pues, que tal alma y la vuelta hacia el cuerpo tenga estas cosas en potencia; pero si alguien fuera independiente y no mezclado con ella, debe considerarse que los logos ya no están en potencia, sino que todos existen en acto. Tomemos esto más claramente mediante el ejemplo que Platón usó en el Sofista para otro discurso, pero que, sin embargo, usó. No traigo el ejemplo para demostración del discurso; pues no hay que tomarlo por demostración, sino solo por intuición, pues trata de las causas primeras o de las que son del mismo orden que las primeras, si es que, como es digno de creer, Atis es un dios.¿ Y qué es y cómo es el ejemplo? Dice Platón en alguna parte, que de los que se dedican a la imitación, si alguien quisiera imitar, de modo que los imitados subsistan, sería trabajoso y difícil y, por Zeus, cercano a lo imposible, pero fácil y sencillo y muy posible la imitación que se hace mediante el parecer de los seres. Cuando, pues, tomamos el espejo y lo llevamos alrededor de todos los seres, captando fácilmente, mostramos las formas de cada uno. De este ejemplo traslademos la semejanza a lo dicho, para que el espejo sea lo que Aristóteles llama lugar de las formas en potencia. Pero las formas mismas deben subsistir primero absolutamente en acto que en potencia. Por tanto, teniendo el alma en nosotros, como también le parece a Aristóteles, las formas de los seres en potencia,¿ dónde pondremos primero estas en acto?¿ Acaso en los seres materiales? Pero estos son claramente los últimos. Queda, pues, buscar causas inmateriales en acto antepuestas a las materiales, a las cuales, al subsistir y avanzar junto con nuestra alma, es necesario que esta reciba de allí, como los espejos de ciertos seres, los logos de las formas, y los entregue a través de la naturaleza a la materia y a estos cuerpos materiales. Pues que la naturaleza es demiurgo de los cuerpos lo sabemos, como siendo una totalidad del todo, y la de cada uno de los seres en particular, es evidente y claro, pero la naturaleza está en acto sin representación en nosotros, mientras que el alma que está por encima de ella ha recibido también la representación. Si, pues, se admite que la naturaleza tiene la causa de las cosas de las que no tiene la representación,¿ por qué, por los dioses, no daremos esto mismo aún más y más antiguo al alma, donde ya lo conocemos representativamente y lo captamos mediante el logos? Luego,¿ quién es tan contencioso como para admitir que los logos materiales existen en la naturaleza, aunque no todos y no de la misma manera en acto, sino al menos todos en potencia, y no conceder esto mismo al alma? Por tanto, si las formas están en potencia en la naturaleza y no en acto, y aún más puramente y más distintamente en potencia en el alma, de modo que incluso se captan y se conocen, pero en ninguna parte en acto,¿ de dónde colgaremos los cables de la generación eterna?¿ Dónde asentaremos los logos sobre la eternidad del cosmos? Pues el cuerpo circular es de un sustrato y una forma. Es necesario, pues, que, aunque nunca estén en acto separados unos de otros, al menos en las nociones aquellos sean primeros y se consideren más antiguos.
5
Por tanto, puesto que se ha dado también una causa de las formas materiales que es absolutamente inmaterial bajo el tercer demiurgo, quien es para nosotros no solo padre y señor de estas, sino también del cuerpo visible y quinto; habiendo separado de aquel a Atis, la causa que desciende hasta la materia, hemos creído que Atis es un dios generador y Galo, a quien el mito dice que floreció al ser expuesto junto a las corrientes del río Galo, y luego, al aparecer bello y grande, ser amado por la Madre de los dioses. Y que ella le confió todo lo demás y le puso el gorro estrellado. Pero si este cielo visible cubre la cabeza de Atis,¿ acaso no debemos conjeturar que el río Galo es el círculo de la galaxia? Pues dicen que allí se mezcla el cuerpo pasible con la circulación impasible del quinto cuerpo. Hasta aquí permitió la Madre de los dioses saltar y bailar a este bello dios, semejante a los rayos solares, al dios intelectivo, a Atis. Pero él, al avanzar hasta llegar a los últimos extremos, el mito dijo que descendió a la caverna y se unió a la ninfa, aludiendo a lo húmedo de la materia; y no dijo ahora la materia misma, sino la última causa incorpórea, que preexiste a la materia. Pues se dice también según Heráclito que la muerte es para las almas convertirse en húmedas; a este Galo, pues, al dios intelectivo, al conector de las formas materiales y sublunares, uniéndose a la causa antepuesta a la materia, y uniéndose no como otro a otra, sino como decimos que él mismo se traslada hacia sí mismo.
6
¿ Quién es, pues, la Madre de los dioses? La fuente de los dioses intelectivos y demiúrgicos que gobiernan lo visible, la diosa que, habiendo engendrado y convivido con el gran Zeus, subsistió grande después del gran demiurgo y junto con él, la señora de toda vida y causa de toda generación, la que realiza fácilmente lo que se hace, engendrando sin pasión y creando los seres junto con el padre; esta es también virgen sin madre y compañera de trono de Zeus y verdaderamente madre de todos los dioses. Pues habiendo recibido en sí misma las causas de todos los dioses inteligibles supracosmicos, se convirtió en fuente para los intelectivos. Y a esta diosa, siendo también providencia, le sobrevino un amor impasible por Atis; pues no solo las formas materiales son voluntarias y según su voluntad para ella, sino mucho más las causas de estas. El mito dijo que la providencia que salva lo que nace y perece ama la causa demiúrgica y generadora de estos, y que ella le ordena engendrar más en lo inteligible y desea que se vuelva hacia ella y conviva, y le da la orden de no unirse a ninguna otra, persiguiendo a la vez lo salvífico unitario y huyendo de lo que se inclina hacia la materia; le ordenó mirar hacia sí misma, siendo fuente de los dioses demiúrgicos, y no ser arrastrado hacia la generación ni ser seducido; pues así el gran Atis iba a ser también un demiurgo superior, puesto que en todas las cosas la vuelta hacia lo superior es más activa que la inclinación hacia lo inferior. Puesto que también el quinto cuerpo es más demiúrgico que los de aquí y más divino, por estar más vuelto hacia los dioses, puesto que el cuerpo, aunque sea del éter más puro, nadie se atrevería a decir que es superior a un alma inmaculada y pura, como la que el demiurgo envió de Heracles. Entonces, sin embargo, era y parecía más activo que cuando ella se entregó al cuerpo. Puesto que también para el propio Heracles, que ahora ha pasado totalmente hacia el padre, el cuidado de estas cosas se ha vuelto más fácil que antes, cuando se movía entre los hombres llevando un cuerpo. Así, en todas las cosas, la separación hacia lo superior es más activa que el giro hacia lo inferior. Lo cual, queriendo enseñar el mito, dice que la Madre de los dioses exhorta a Atis a que la cuide y ni se aleje ni ame a otra.
7
Pero él avanzó hasta descender a los extremos de la materia. Y puesto que era necesario que la infinitud cesara alguna vez y se detuviera, el gran Helios, el Coribante, el que comparte el trono con la Madre y codemiurga con ella todas las cosas y prevé junto con ella y no hace nada sin ella, convence al león de que sea el denunciante.¿ Y quién es el león? Lo oímos como el ardiente, por tanto, la causa preexistente de lo cálido y ígneo, que iba a luchar contra la ninfa y a sentir celos de ella por su comunión con Atis; ya hemos dicho quién es la ninfa; el mito dice que sirvió a la providencia demiúrgica de los seres, es decir, a la Madre de los dioses; luego, al descubrirlo y convertirse en denunciante, ser la causa para el joven de la castración.¿ Y qué es la castración? El cese de la infinitud; pues las cosas de la generación se detuvieron en formas definidas al ser contenidas por la providencia demiúrgica, no sin la llamada locura de Atis, que apartándose de lo moderado y excediéndolo y por esto como debilitándose y no pudiendo ser ya de sí mismo; lo cual no es irracional que subsista en torno a la última causa de los dioses. Observa, pues, al ver el quinto cuerpo inalterable ante toda alteración en torno a las iluminaciones de la luna, para que el cosmos que nace y perece continuamente esté próximo al quinto cuerpo. En torno a sus iluminaciones observamos cierta alteración y pasiones que ocurren.
8
No es extraño, pues, que este Atis sea también un semidiós; pues el mito también quiere esto; o mejor dicho, un dios para el todo; pues avanza desde el tercer demiurgo y es elevado de nuevo hacia la Madre de los dioses después de la castración; y puesto que parece inclinarse y tender totalmente hacia la materia, nadie se equivocaría al suponerlo el último de los dioses, pero el jefe de todos los linajes divinos. Y el mito dice que es semidiós por esto, indicando la diferencia respecto a sus dioses inmutables. Pues lo escoltan, dados por la Madre, los Coribantes, las tres hipóstasis principales de los linajes superiores después de los dioses. Y manda también sobre los leones, que, habiéndose repartido la esencia cálida e ígnea junto con su jefe el león, son causa para el fuego primeramente, y a través de la calidez de aquí, son también causa de la salvación para los demás mediante la energía cinética; y lleva el cielo alrededor en lugar de tiara, lanzándose desde allí como hacia la tierra.
9
Este es para nosotros el gran dios Atis; estas son las fugas, ocultamientos y desapariciones del rey Atis que se lamentan durante un tiempo, y las puestas en la caverna. Y que sean pruebas de esto el tiempo en el que ocurre. Pues dicen que el árbol sagrado se corta el día en que el sol llega al extremo del arco equinoccial; luego, a continuación, se toma el toque de trompeta; y al tercer día se corta el fruto sagrado e inefable del dios Galo; después de esto, dicen, las Hilarias y las fiestas. Que la castración, de la que tanto se habla entre la mayoría, es un cese de la infinitud, es evidente por lo que ocurre cuando el gran Helios toca el círculo equinoccial, donde está lo más definido; pues lo igual es definido, mientras que lo desigual es infinito e inabarcable; según el logos, el árbol se corta inmediatamente; luego, a continuación, ocurren las demás cosas, unas por los preceptos místicos y ocultos, otras también por las que pueden ser dichas a todos. Pero la castración del árbol, esto pertenece a la historia sobre el Galo, pero nada a los misterios, en los que se toma, enseñándonos, creo, los dioses simbólicamente, que debemos, habiendo cosechado lo más bello de la tierra, la virtud junto con la piedad, llevarlo a la diosa, como símbolo de la buena política de aquí. Pues el árbol nace de la tierra, pero se apresura como hacia el éter y es bello de ver y proporcionar sombra en el calor, y ya también producir fruto de sí mismo y regalarlo; así, le sobra mucho de lo generador. A nosotros, pues, el precepto nos exhorta, a los que somos celestiales por naturaleza, pero que hemos sido llevados a la tierra, a que, habiendo cosechado virtud junto con piedad de la política en la tierra, nos apresuremos hacia la diosa ancestral y vivificadora. Inmediatamente, pues, la trompeta después de la castración da la señal de llamada a Atis y a todos los que alguna vez volamos desde el cielo a la tierra y caímos. Después de este símbolo, cuando el rey Atis detiene la infinitud mediante la castración, los dioses nos ordenan castrar también en nosotros mismos la infinitud y imitar a los guías, y correr hacia lo definido y unitario y, si es posible, hacia el uno mismo; una vez ocurrido lo cual, es necesario que sigan las Hilarias.¿ Pues qué podría ser más alegre, qué más hilarante que un alma que ha huido de la infinitud y la generación y el oleaje que hay en ella, y ha sido elevada hacia los dioses mismos? De los cuales, siendo uno también Atis, la Madre de los dioses no permitió de ninguna manera que caminara más adelante de lo debido, sino que lo volvió hacia sí misma, ordenándole detener la infinitud.
10
Y que nadie suponga que digo que estas cosas ocurrieron alguna vez y sucedieron, como si los dioses mismos no supieran lo que van a hacer, o corrigieran sus propios errores. Sino que los antiguos, investigando siempre las causas de los seres, ya sea bajo la guía de los dioses o por sí mismos, o quizás sea mejor decir buscando bajo los dioses como guías, luego, al encontrarlas, las ocultaron con mitos paradójicos, para que, mediante lo paradójico y absurdo, el relato, al ser descubierto, nos incite a la búsqueda de la verdad, siendo suficiente para los profanos, creo, el beneficio irracional y solo a través de los símbolos, mientras que para los sobresalientes en prudencia, la verdad sobre los dioses solo será útil de esta manera, si alguien, examinándola bajo los dioses como guías, la encuentra y la capta, recordado mediante los enigmas que hay que buscar algo sobre ellos, y al final, habiendo encontrado como la cima del asunto mediante la investigación, procediera, no más por pudor y fe en una opinión ajena, sino por su propia energía según el intelecto.
11
Entonces,¿ qué decimos que es, en resumen? Habiendo observado hasta el quinto cuerpo no solo lo inteligible, sino también estos cuerpos visibles como pertenecientes a la parte impasible y divina, hasta aquí consideraron que los dioses son puros; pero con la esencia generadora de los dioses de los que subsisten aquí, habiendo avanzado desde la eternidad la materia junto con los dioses, y por ellos y a través de ellos, debido a que están sobrellenos de la causa generadora y demiúrgica, la providencia de los seres, consustanciada con los dioses desde la eternidad, y siendo compañera de trono del rey Zeus, y fuente de los dioses intelectivos, y lo que parece sin vida y estéril y desecho y, como diría uno, despojo de los seres y heces y sedimento, a través de la última causa de los dioses, en la que terminan las esencias de todos los dioses, lo adornó y corrigió y trasladó hacia lo superior. Pues este Atis, teniendo la tiara salpicada de estrellas, es evidente que hizo de las suertes de todos los dioses vistas en el cosmos visible los principios de su propio reino; en él, lo puro y limpio estaba hasta la galaxia; pero en torno a este lugar, al mezclarse lo pasible con lo impasible y subsistir la materia desde allí, la comunión con ella es el descenso a la caverna, que no ocurrió involuntariamente para los dioses y su Madre, pero se dice que ocurrió involuntariamente. Pues, siendo los dioses por naturaleza en lo superior, no quiere que lo mejor descienda de allí hacia aquí, sino que, a través del descenso de los superiores, eleve también estas cosas hacia la suerte mejor y más amada por los dioses. Así, pues, se dice que la Madre no odia a Atis después de la castración, sino que ya no se indigna, y se dice que se indigna debido al descenso, porque, siendo superior y dios, se entregó a lo inferior; pero habiendo detenido su avance de la infinitud y adornado este desorden mediante la simpatía hacia el círculo equinoccial, para que el gran Helios gobierne la medida más perfecta del movimiento definido, la diosa lo eleva hacia sí misma con alegría, o mejor dicho, lo tiene junto a sí. Y nunca ha ocurrido que estas cosas no tuvieran este modo que tienen ahora, sino que Atis es siempre ministro de la Madre y auriga, y siempre se esfuerza hacia la generación, y siempre se corta la infinitud mediante la causa definida de las formas. Y al ser elevado, se dice que vuelve a reinar con los cetros antiguos, no habiendo caído de ellos de ninguna manera ni cayendo, sino que se dice que cae de ellos debido a la mezcla con lo pasible.
12
Pero aquello quizás sea digno de preguntar además; pues siendo doble el equinoccio, prefieren el que está en el carnero, no el que está en las pinzas.¿ Cuál es, pues, la causa de esto? Es evidente, sin duda. Puesto que el sol comienza entonces a acercarse a nosotros desde el equinoccio, aumentando, creo, el día, este momento pareció más apropiado. Pues fuera de la causa que dice que la luz es concomitante con los dioses, hay que creer que los rayos elevadores del sol son afines a los que se apresuran a ser liberados de la generación. Y observa claramente: atrae todo desde la tierra y provoca y hace brotar con la chispa vital y el calor admirable, distinguiendo, creo, los cuerpos hacia la máxima finura, y aligera los que por naturaleza son llevados hacia abajo. Tales deben ser las pruebas de sus fuerzas invisibles. Pues el que en los cuerpos, mediante el calor corporal, realiza esto de tal manera,¿ cómo no atraerá y elevará a las almas afortunadas mediante la esencia invisible y totalmente incorpórea y divina y pura establecida en los rayos? Por tanto, puesto que ha aparecido que esta luz es afín a los dioses y a los que se apresuran a ser elevados, y tal cosa aumenta en el cosmos que está entre nosotros, de modo que el día sea mayor que la noche, comenzando el rey Helios a recorrer el carnero; se ha demostrado, pues, que la naturaleza de los rayos del dios es elevadora tanto mediante la energía visible como la invisible, bajo la cual muchísimas almas fueron elevadas al seguir a la más brillante y más semejante al sol. Pues tal percepción de los ojos no solo la elogió el divino Platón como deseable y útil para la vida, sino también como guía hacia la sabiduría. Y si tocara también la inefable mistagogia, que el caldeo celebró en torno al dios de siete rayos, elevando a través de él las almas, diré cosas desconocidas, y muy desconocidas para la chusma, pero conocidas para los teúrgos bienaventurados; por lo cual las callaré por ahora.
13
Lo que decía, que también el momento no debe suponerse sin razón, sino que, en la medida de lo posible, fue añadido al precepto por los antiguos con un logos probable y verdadero, es señal de esto, que la diosa misma se repartió el círculo equinoccial. Pues se celebran en torno a la balanza los venerables e inefables misterios para Deo y Core. Y esto ocurre razonablemente. Pues es necesario que se celebren también cuando el dios se va, para que no suframos nada difícil por la fuerza impía y oscura que prevalece. Dos veces, al menos, los atenienses celebran los misterios para Deo, los pequeños misterios, dicen, en el carnero mismo, y los grandes cuando el sol está en torno a las pinzas, por las causas que dije hace poco. Y creo que se llaman grandes y pequeños también por otras razones, pero sobre todo, como es probable, porque el dios se aleja más que cuando se acerca; por lo cual en estos solo en cuanto a recordatorio. Como estando presente el dios salvador y elevador, se establecían los preliminares de la iniciación; luego, poco después, purificaciones continuas y consagraciones de los sacerdotes. Pero al irse ya el dios hacia la zona antípoda, y por causa de la protección y salvación, se celebra el punto principal de los misterios. Y observa: así como aquí se corta la causa de la generación, así también entre los atenienses los que tocan lo inefable son santísimos, y el hierofante que los dirige ha rechazado toda la generación, como no participando él del avance hacia el infinito, sino de la esencia definida y que permanece siempre y se contiene en el uno, inmaculada y pura. Sobre estos temas, basta con esto.
14
Resta, pues, como es natural, tratar sobre la santificación misma y la pureza, para que también de ahí obtengamos algo que contribuya a nuestro propósito. Resulta ridículo de inmediato para todos lo siguiente: la ley sagrada permite tocar carnes, pero prohíbe las semillas.¿ Acaso aquellas no son inanimadas y estas animadas?¿ Acaso aquellas no son puras y estas están llenas de sangre y de muchas otras cosas que no son agradables ni a la vista ni al oído?¿ No es lo más importante que en aquellas no hay nadie que sufra daño por su consumo, mientras que en estas los animales son sacrificados y degollados, sufriendo, como es natural, y consumiéndose? Esto podrían decirlo muchos de los que se creen superiores; pero los más impíos de los hombres ya se burlan de aquellas otras. Dicen que se comen las partes aéreas de las hortalizas, pero que se rechazan las raíces, como los nabos. Y dicen que se comen los higos, pero ya no las granadas ni, además, las manzanas. Tras haber escuchado esto muchas veces de boca de muchos que se quejan, y habiéndolo dicho yo mismo anteriormente, parezco ser el único de todos que va a conocer una gran gratitud hacia los dioses soberanos, sobre todo hacia todos ellos, pero antes que a los demás, hacia la Madre de los dioses, pues así como en todo lo demás, también en esto le estoy agradecido, porque no me dejó vagar como en la oscuridad, sino que primero me ordenó castrarme, no ciertamente en el cuerpo, sino en cuanto a los impulsos y movimientos irracionales del alma, eliminando lo superfluo y vano mediante la causa intelectual y preexistente de nuestras almas. Y ella misma puso en mi mente ciertos razonamientos que quizás no disuenan en absoluto de la verdadera y piadosa ciencia sobre los dioses. Pero parece que, como si no tuviera qué decir, doy vueltas en círculo. Sin embargo, me es posible, examinando cada punto, dar razones claras y luminosas de por qué no es lícito para nosotros consumir aquello que la ley divina prohíbe; y lo haré un poco más adelante, pero es mejor ahora proponer como ciertos modelos y normas, siguiendo los cuales, incluso si algo se escapa a menudo del discurso por la premura, tendremos cómo juzgar sobre estos asuntos.
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Conviene primero recordar brevemente quién dijimos que era Atis y qué la castración, de qué son símbolos los ritos que se realizan después de la castración hasta las Hilarias y qué pretende la pureza. Atis, pues, se decía que era una causa y un dios, el que crea directamente el mundo material, que descendiendo hasta los extremos se detiene por el movimiento creador del sol, cuando el dios llega a la circunferencia del universo definida como el límite extremo, a la cual se le da el nombre de equinoccio según su función. Y decíamos que la castración es el cese de la infinitud, lo cual no sucede de otra manera que mediante la llamada y el ascenso hacia las causas más antiguas y primordiales. Y afirmamos que el objetivo de la pureza misma es el ascenso de las almas.
16
Por tanto, primero no permite alimentarse de las semillas que se hunden bajo la tierra; pues la tierra es lo último de los seres. Platón dice que los males se agitan allí donde son arrojados, y a través de los oráculos los dioses llaman a menudo a esto mismo escoria, y exhortan a huir de allí. Primero, pues, la diosa vivificadora y providente no permite ni siquiera para el sustento de los cuerpos usar lo que se hunde bajo la tierra, exhortando a mirar hacia el cielo, o mejor aún, más allá del cielo. Algunos usan una semilla, las legumbres, considerándolas no tanto semilla como hortaliza, por el hecho de que crecen de alguna manera hacia arriba y rectas, y ni siquiera están arraigadas en la tierra; pues están arraigadas como el fruto de un árbol, de una hiedra o de una vid, y cuelgan de un tallo. Por tanto, se nos ha prohibido usar semillas de plantas por esta razón, pero se nos ha permitido usar frutos y hortalizas, no las que crecen a ras de suelo, sino las que se elevan desde la tierra hacia lo alto. Por eso mismo, ordena rechazar la parte del nabo que se deleita en la tierra por ser ctónica, pero permite consumir la que emerge hacia arriba y se eleva a la altura, por ser pura precisamente por esto. De las hortalizas, permite usar las que crecen hacia arriba, pero prohíbe las raíces, y especialmente las que se nutren y simpatizan con la tierra. Y además, de los árboles, no permitió destruir ni consumir las manzanas, por ser sagradas y doradas e imágenes de misterios inefables y teúrgicos, siendo dignas de ser veneradas y honradas por causa de sus arquetipos; pero rechazó las granadas por ser una planta ctónica, y el fruto de la palmera quizás alguien diría que por no darse en Frigia, donde se estableció primero la ley; pero a mí me parece más bien que, como planta sagrada del sol que no envejece, no permitió consumirla en las santificaciones como alimento del cuerpo. Además de esto, se ha prohibido usar todo tipo de peces. Este problema es común también con los egipcios.
17
A mí me parece que por dos razones uno debería abstenerse de los peces, sobre todo siempre, pero absolutamente en las santificaciones: primero, porque no es apropiado alimentarse de aquello que no sacrificamos a los dioses. Y quizás no hay temor de que algún glotón y comilón me reprenda aquí, como recuerdo haber sufrido ya antes, al escuchar a alguien decir:¿ Por qué?¿ Acaso no sacrificamos a menudo de ellos a los dioses? Pero teníamos algo que responder a esto. Y sacrificamos, dije, bienaventurado, en ciertos sacrificios teúrgicos, como los romanos el caballo, como muchos otros animales y fieras, quizás los griegos perros a Hécate y también los romanos; y hay muchas cosas entre otros que son teúrgicas, y públicamente en las ciudades una o dos veces al año tales sacrificios, pero no en los sacrificios honoríficos, de los cuales solo es digno participar y ofrecer a los dioses. Pero no sacrificamos peces en los sacrificios honoríficos, porque ni los apacentamos, ni nos ocupamos de su generación, ni tenemos rebaños de ellos como de ovejas y bueyes. Pues estos animales, ayudados por nosotros y multiplicándose, podrían justamente ayudarnos en las otras necesidades y, antes que nada, en los sacrificios honoríficos. Este es, pues, un argumento por el cual no creo que deba ofrecerse pescado como alimento en tiempo de pureza. Y otro, que considero que se ajusta más a lo dicho anteriormente, es que, de alguna manera, ellos mismos, al haberse hundido en el abismo, serían más ctónicos que las semillas, y quien desea volar y elevarse por encima del aire hacia las cumbres mismas del cielo, justamente debería apartarse de todas esas cosas, y perseguir y buscar lo que se extiende hacia el aire y se apresura hacia lo ascendente y, para decirlo de forma más poética, lo que mira hacia el cielo. Por tanto, permite usar aves, excepto unas pocas que resulta que son sagradas en todo, y de los cuadrúpedos los habituales, excepto el cerdo. A este, por ser ctónico en todo, tanto en forma como en vida y en el mismo concepto de su esencia— pues es excrementicio y de carne espesa—, lo excluye del alimento sagrado. Pues se cree que es una víctima grata a los dioses ctónicos, y no sin razón. Pues este animal es incapaz de ver el cielo, no solo porque no quiere, sino porque ni siquiera está hecho para mirar hacia arriba jamás. Tales son, pues, las razones que la ley divina ha dado sobre la abstención de lo que se debe evitar; los que comprenden, compartimos con los que conocen a los dioses.
18
Sobre lo que permite usar, decimos solo esto: que no todo para todos, sino que la ley divina, considerando lo posible para la naturaleza humana, permitió usar estas muchas cosas, no para que todos usemos todo por necesidad; pues esto quizás no es fácil; sino para que aquel a quien, primero, la fuerza del cuerpo se lo permite, luego le acompaña cierta abundancia y, tercero, la elección, la cual es digno intensificar en los ritos sagrados de tal manera que incluso se esfuerce más allá de la fuerza del cuerpo y se apresure a seguir las leyes divinas. Pues esto es, en efecto, lo más eficaz para la salvación del alma misma, si pone mayor consideración en sí misma que en la seguridad del cuerpo, y además, el cuerpo mismo parece participar ocultamente de un beneficio mayor y más admirable. Pues cuando el alma se entrega por completo a los dioses, confiando todo lo suyo a los seres superiores, siguiendo, creo, la santificación y, antes que ella, las leyes divinas que la guían, no quedando ya nada que la impida o estorbe— pues todo está en los dioses y todo subsiste alrededor de ellos y todo está lleno de los dioses—, de inmediato resplandece en ellas la luz divina, y al ser divinizadas, estas confieren cierto tono y fuerza al espíritu connatural, y este, siendo templado y fortalecido por ellas, es causa de salvación para todo el cuerpo. Y que la mayoría de las enfermedades, si no todas, provienen de la alteración y desviación del espíritu, no hay nadie, creo, de los Asclepíadas que no lo afirme. Pues unos dicen que todas, otros que la mayoría y las más grandes y difíciles de curar; y dan testimonio de esto también los oráculos de los dioses, digo, que mediante la santificación no solo el alma, sino también los cuerpos son dignos de mucha ayuda y salvación; pues los dioses, al exhortar a los teúrgos más puros, prometen que se salvará para ellos también el envoltorio mortal de materia amarga.
19
¿ Qué argumento nos queda, sobre todo habiendo sido autorizados a componer esto sin aliento en una breve parte de la noche, sin haber leído nada previamente ni haber reflexionado sobre ello, ni siquiera habiendo decidido hablar de esto antes de pedir estas tablillas? Y la diosa es testigo de mi palabra. Pero, como decía,¿ qué nos queda sino cantar a la diosa junto con Atenea y Dioniso, cuyas fiestas la ley estableció en estas santificaciones? Veo la afinidad de Atenea con la Madre de los dioses a través de la semejanza providencial en ambas esencias, y observo también la creación distributiva de Dioniso, la cual el gran Dioniso, habiéndola recibido de la vida unitaria y permanente del gran Zeus, puesto que también procedió de él, la distribuyó en todos los fenómenos, administrando y reinando sobre toda la creación distributiva. Conviene junto con estos cantar también al Hermes Epafrodito; pues así es llamado por los místicos este dios, cuantos dicen encender antorchas para Atis el sabio.¿ Quién es, pues, tan obtuso de alma que no comprende que a través de Hermes y Afrodita son llamados en todas partes todos los seres de la generación que tienen el' por algo' en todo y por todo, lo cual es lo más propio del logos?¿ Y no es Atis este que hace poco era insensato, y ahora, al escuchar, sabio debido a la castración? Insensato porque eligió la materia y administra la generación, sabio porque adornó esta escoria con tal belleza y la transformó, que ninguna técnica ni inteligencia humana podría imitar. Pero¿ qué fin tendrán mis palabras?¿ O es evidente que el himno de la gran diosa?
20
Oh madre de dioses y hombres, oh compañera de trono y de asiento del gran Zeus, oh fuente de los dioses intelectuales, oh tú que te uniste a las esencias inmaculadas de los seres inteligibles y recibiste la causa común de todos y la entregas a los seres intelectuales, diosa vivificadora, inteligencia, providencia y creadora de nuestras almas, oh tú que amas al gran Dioniso y salvaste a Atis tras ser expuesto y lo haces volver de nuevo al entrar en la caverna de la tierra, oh tú que guías a todos los bienes para los dioses intelectuales, y llenas de todo el mundo sensible, y nos has concedido todos los bienes en todas las cosas, concede a todos los hombres la felicidad, cuyo punto principal es el conocimiento de los dioses, y en común al pueblo de los romanos, sobre todo purificarse de la mancha de la impiedad, y además que la fortuna sea propicia, gobernando junto con él los asuntos del imperio por muchos miles de años, y para mí que el fruto de mi culto hacia ti sea la verdad en los dogmas sobre los dioses, la perfección en la teúrgia, la virtud en todas las obras a las que nos acercamos en los asuntos políticos y militares, junto con la buena fortuna, y que el fin de la vida sea sin dolor y honorable, junto con la buena esperanza en el camino hacia ustedes.

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