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The Caesars
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Puesto que el dios permite jugar— pues son las Cronias—, y yo no conozco nada ridículo ni placentero que no parezca digno de consideración al ser expresado de forma risible, oh amigo. Entonces,¿ quién es tan obtuso y anticuado, oh César, como para tomarse en serio incluso el juego? Yo pensaba que el juego era un descanso del alma y una liberación de las preocupaciones. Tú lo supones correctamente, pero a mí no me parece que el asunto se presente de esa manera. Pues no he nacido en absoluto apto ni para bromear, ni para parodiar, ni para hacer chistes. Pero puesto que es necesario obedecer la ley del dios,¿ quieres que te relate, a modo de juego, un mito que quizás contenga muchas cosas dignas de ser escuchadas? Podrías hablar, y con mucho gusto, puesto que yo mismo no desprecio los mitos ni expulso por completo a los que están bien construidos, pensando de manera acorde a ti y a tu amigo, o mejor dicho, al amigo común, Platón, ya que también él se ha ocupado mucho de los mitos. Dices, sí, por Zeus, cosas verdaderas.¿ Y cuál es el mito y de qué clase? No es uno de los antiguos, como los que compuso Esopo, sino que, ya sea que lo llames una invención de Hermes— pues habiéndolo aprendido de él te lo contaré—, o que la verdad sea así, o que sea una mezcla de ambos, el asunto mismo, como dicen, lo demostrará. Este prólogo, pues, ya te ha sido elaborado de manera mítica y a la vez retórica; pero ahora, relátame el discurso mismo, tal como es.
2
Podrías aprenderlo. Rómulo, al sacrificar en las Cronias, invitaba a todos los dioses, y ciertamente también a los propios césares. Y los lechos estaban preparados para los dioses arriba, en lo que dicen que es la parte elevada del cielo, hacia el Olimpo, donde dicen que está la morada segura de los dioses para siempre. Pues se dice que, después de Heracles, también Quirino— con cuyo nombre es necesario llamarlo, obedeciendo a la fama divina— pasó allí. Así pues, el banquete estaba preparado para los dioses allí; pero bajo la misma luna, en el aire elevado, se había decidido que los césares cenaran. Los sostenía la ligereza de los cuerpos que vestían y la rotación de la luna. Así pues, estaban dispuestos cuatro lechos, preparados para los dioses más grandes. El de Crono era de ébano, brillante y que ocultaba en su negrura un gran resplandor divino, de modo que nadie era capaz de mirar de frente. Los ojos sufrían lo mismo ante aquel ébano por la exageración del brillo, lo que creo que sucede ante el sol cuando alguien mira fijamente su disco. El de Zeus era más brillante que la plata y más blanco que el oro. Si esto debe llamarse electro o decir otra cosa, Hermes no pudo decírmelo con mucha precisión. Y junto a cada uno se sentaban, en tronos de oro, la madre y la hija, Hera junto a Zeus y Rea junto a Crono. Pero la belleza de los dioses ni siquiera él la describió en el relato, diciendo que era mayor y visible solo para la mente, y que no era fácil de expresar con el oído y las palabras, ni posible de recibir. No habrá nadie que sea y parezca tan grandilocuente como para expresar esa magnitud de belleza que resplandece en la visión de los dioses. Y para los otros dioses, cada uno tenía preparado un trono o un lecho según su antigüedad. Y nadie disputaba, sino lo que Homero, haciendo bien, dijo, al parecer habiéndolo escuchado de las mismas Musas, que cada uno de los dioses tiene un trono en el que es totalmente lícito que se siente de manera firme e inamovible; puesto que, al levantarse ante la presencia del padre, de ninguna manera perturban los asientos, ni se cambian, ni se arrebatan los lugares unos a otros, sino que cada uno reconoce lo que le corresponde.
3
Estando, pues, todos los dioses sentados en círculo, Sileno, que me parece que sentía un afecto erótico por Dioniso, hermoso y joven y semejante a su padre Zeus, estaba sentado cerca de él, como un tutor y pedagogo, alegrando al dios, que por lo demás era amante de los juegos, de la risa y dador de gracias, y ciertamente también mediante el burlarse y bromear mucho.
4
Cuando también el banquete de los césares estuvo reunido, entró primero Julio César, queriendo por ambición disputar con Zeus sobre la monarquía, hacia quien Sileno, mirando, dijo: Mira, oh Zeus, no sea que este hombre, por afán de mando, piense en arrebatarte también el reino. Pues, como ves, es grande y hermoso; al menos para mí, si no en otra cosa, al menos en lo que respecta a la cabeza es semejante. Mientras Sileno seguía bromeando así y los dioses no le prestaban mucha atención, entra Octaviano, cambiando mucho, como los camaleones, de colores, y ahora palideciendo, luego volviéndose rojo, después negro, sombrío y nublado; pero de nuevo se relajaba hacia Afrodita y las Gracias, y quería que los dardos de sus ojos fueran como es el gran Helios; pues no consideraba digno a ninguno de los que se encontraba de mirarlo de frente. Y Sileno dijo:¡ Vaya, qué bestia tan polifacética es esta!¿ Qué cosa terrible nos hará acaso? Deja de decir tonterías, dijo Apolo; pues yo, entregándolo a este Zenón, al instante os lo mostraré como oro puro. Pero ve, dijo, oh Zenón, ocúpate de mi pupilo. Y él, obedeciendo, luego encantándolo un poco con sus doctrinas, como los que recitan los encantamientos de Zamolxis, lo mostró como un hombre sensato y moderado.
5
Tercero entró corriendo ante ellos Tiberio, solemne de rostro y hosco, con una mirada a la vez moderada y guerrera. Pero al volverse hacia el asiento, se vieron innumerables cicatrices en la espalda, algunas marcas de cauterio, rasguños, heridas graves y cardenales, y por el libertinaje y la crueldad, algunas sarnas y tiñas como si estuvieran quemadas. Entonces Sileno dijo: Me pareces distinto, extranjero, de lo que dijiste antes, o parecía ser más serio de lo que era. Y Dioniso le dijo:¿ Por qué, oh abuelito, te pones serio? Y él dijo: Me ha asustado este viejo, el Sátiro, y ha hecho que, olvidándome de mí mismo, proponga las musas homéricas. Pero, dijo, te tirará de las orejas; pues se dice que él mismo le hizo esto a un maestro de gramática. Llorando, pues, dijo, en la islita— aludiendo a Capri—, que el miserable pescador se rasque.
6
Mientras seguían bromeando, entra una bestia malvada. Entonces todos los dioses apartaron la mirada, y luego la Justicia lo entrega a las Erinias, y ellas lo arrojaron al Tártaro. Sileno, pues, no tuvo nada que decir sobre él. Al entrar Claudio, Sileno comienza a cantar los Caballeros de Aristófanes, adulando a Claudio en lugar del Pueblo. Luego, mirando a Quirino, dijo: Cometes una injusticia, oh Quirino, al traer al descendiente al banquete sin los libertos Narciso y Palas. Pero ve, dijo, envía por ellos, si quieres, también por la esposa Mesalina. Pues este séquito de la tragedia es, poco me falta para decir, incluso inanimado sin ellos. Mientras Sileno hablaba, entra Nerón con la cítara y el laurel. Entonces, mirando él hacia Apolo, dijo: Este se prepara contra ti. Y el rey Apolo dijo: Pero yo lo despojaré de la corona, porque no me imita en todo ni, en lo que me imita, se convierte en un imitador justo mío. Y al ser despojado de la corona, el Cocito lo arrebató de inmediato.
7
Tras esto, muchos y de toda clase corrían juntos: Vindices, Galbas, Otones, Vitelios. Y Sileno dijo:¿ De dónde habéis encontrado este enjambre de monarcas, oh dioses? Estamos ahumados por el humo; pues estas bestias no perdonan ni siquiera a los palacios. Y Zeus, mirando a su hermano Sarapis y señalando a Vespasiano, dijo: Envía a este pequeño de Egipto rápidamente, para que apague esta llama; y en cuanto a los hijos, ordena al mayor que juegue con la Afrodita popular, y al menor átalo con un collar, de manera semejante a la bestia siciliana.
8
Pasó tras ellos un anciano hermoso de ver; pues la belleza brilla a veces incluso en la vejez; muy amable al tratar, muy justo al administrar. Sileno lo respetó y guardó silencio. Entonces Hermes dijo:¿ Y sobre este no nos dices nada? Sí, por Zeus, dijo, os reprocho la desigualdad. Pues a la bestia asesina, habiéndole concedido tres veces cinco años, apenas le disteis uno a este para reinar. Pero no te quejes, dijo Zeus; pues introduciré tras este a muchos buenos. Inmediatamente, pues, Trajano entraba llevando sobre los hombros los trofeos, tanto el gético como el pártico. Al verlo, Sileno dijo, queriendo a la vez pasar desapercibido y ser escuchado: Es hora ahora para el señor Zeus de vigilar cómo será custodiado para él Ganímedes. Tras este entra un hombre con la barba espesa, arrogante y, entre otras cosas, dedicado a la música, mirando a menudo al cielo y escudriñando los secretos. Al verlo, Sileno dijo:¿ Qué os parece este sofista?¿ Acaso busca aquí a Antinoo? Que alguien le diga que no esté presente el joven aquí y que lo haga desistir de su necedad y palabrería.
9
Tras ellos entra un hombre sensato, no en lo referente a Afrodita, sino en lo referente a la política. Al verlo, Sileno dijo:¡ Vaya con la mezquindad! Me parece que este anciano es uno de los que cortan el comino. Al entrar tras él la pareja de hermanos, Vero y Lucio, Sileno se encogió terriblemente. Pues no podía jugar ni burlarse, especialmente de Vero, aunque escudriñaba también sus errores respecto al hijo y a la mujer, de ella porque lloró más de lo debido, siendo por lo demás ni siquiera decorosa, y del hijo porque permitió que el poder se perdiera, teniendo también a este como un pariente serio, quien habría dirigido los asuntos comunes mejor y, ciertamente, habría cuidado del hijo mejor que él mismo. Aunque, pues, escudriñaba estas cosas, respetaba la magnitud de su virtud; al hijo, sin embargo, no considerándolo digno ni de ser objeto de burla, lo dejó ir; pues él mismo caía al suelo no pudiendo mantenerse en pie y acompañar a los héroes.
10
Entra Pertinax en el banquete lamentando su asesinato. La Justicia, compadeciéndose de él, dijo: Pero no se alegrarán los culpables de esto; y tú también, oh Pertinax, cometiste una injusticia al participar en la conspiración, en lo que respecta a los planes, en la que fue conspirado el hijo de Marco. Tras este, Severo, un hombre lleno de amargura y castigador. Sobre este, dijo Sileno, no digo nada; pues temo su excesiva dureza e inflexibilidad. Y como también sus hijos iban a entrar con él, Minos los impidió desde lejos. Y reconociendo claramente, dejó ir al menor, pero al mayor lo envió a pagar el castigo. Macrino, un fugitivo asesino; luego el niño de Emesa era expulsado lejos de los recintos sagrados. El sirio Alejandro, sin embargo, estaba sentado en algún lugar al final lamentando su propia desgracia. Y Sileno, burlándose de él, dijo: Oh necio y gran niño, siendo de tal edad no gobernabas tú mismo lo tuyo, sino que dabas el dinero a la madre y no te convenciste de cuánto mejor era gastarlo en los amigos que atesorarlo. Pero yo, dijo la Justicia, entregaré a todos ellos, cuantos han sido cómplices de esto, para que sean castigados. Y así fue liberado el joven.
11
Tras este pasó dentro Galieno con su padre, el uno llevando las cadenas del cautiverio, el otro usando un vestido y un movimiento más suaves como las mujeres. Y Sileno, hacia aquel, dijo:¿ Quién es este de penacho blanco, que va delante del ejército?, y hacia Galieno: El que, teniendo oro, se entrega al lujo como una doncella; a estos dos Zeus les dijo que salieran del banquete de allí.
12
Tras ellos entra Claudio, al ver al cual todos los dioses lo admiraron por su magnanimidad y concedieron el poder a su linaje, considerando justo que el linaje de un hombre tan patriota estuviera por mucho tiempo en el mando. Tras ellos entró corriendo Aureliano como huyendo de los que lo retenían ante Minos; pues se acumulaban contra él muchos juicios por asesinatos injustos, y huía de las acusaciones defendiéndose mal. Helios, mi señor, ayudándole en otras cosas, y no menos también en esto mismo, ayudó, diciendo entre los dioses: Pero¿ ha pagado la justicia, o ha pasado inadvertido el oráculo dado en Delfos: Si sufre lo que hizo, la justicia sería recta?
13
Con este entra Probo, quien habiendo levantado setenta ciudades en ni siquiera siete años completos y habiendo administrado muchas cosas muy sensatamente, habiendo sufrido injusticias por parte de los impíos, era honrado, entre otras cosas, por el hecho de que los asesinos pagaron ante él el castigo. Sileno, sin embargo, intentaba burlarse de él, aunque muchos le ordenaban guardar silencio; pero, Dejad, dijo, al menos ahora que los siguientes sean aleccionados a través de él.¿ No sabes, oh Probo, que los médicos, al mezclar los medicamentos amargos, los ofrecen con hidromiel? Tú, en cambio, eras demasiado austero y duro, sin ceder nunca; has sufrido, pues, injusticias, pero sin embargo naturales. Pues no es posible gobernar ni caballos, ni bueyes, ni mulas, y menos aún hombres, sin conceder algo de lo que les es grato, como a veces los médicos dan pequeñas cosas a los enfermos, para que en las mayores los tengan obedientes.¿ Qué es esto, dijo Dioniso, oh abuelito?¿ Nos has resultado filósofo? Pues,¿ no te has vuelto tú también filósofo gracias a mí, hijo?, dijo.¿ No sabes que también Sócrates, semejante a mí, se llevó los primeros puestos en la filosofía de los hombres de su tiempo, si crees a tu hermano que es veraz? Déjanos, pues, no decir solo cosas ridículas, sino también serias.
14
Mientras seguían conversando entre ellos, tanto Caro con sus hijos, queriendo entrar en el banquete, fue rechazado por la Justicia, como Diocleciano, llevando consigo a los dos Maximianos y a mi abuelo Constancio, avanzaba en orden. Se tomaban de las manos y caminaban no por igual, sino como si fuera una danza en torno a él, unos como escoltándolo y queriendo correr delante de él, y él impidiéndolo; pues no consideraba digno aventajar en nada. Y como comprendía que él mismo se cansaba, dándoles todo lo que llevaba sobre los hombros, él mismo caminaba ligero. Los dioses admiraron la concordia de los hombres y les permitieron sentarse antes que a muchos otros. Sileno no consideró digno burlarse de Maximiano, siendo terriblemente libertino, pero no admitía el banquete de los reyes. Pues no solo era libertino en lo referente a Afrodita de toda clase, sino también entrometido, desleal y no en todo acorde con el tetracordio. La Justicia, pues, lo expulsó rápidamente. Luego se fue no sé a qué parte de la tierra; pues me olvidé de escudriñar eso a Hermes.
15
A este tetracordio panarmónico se le adhiere un sistema terrible, duro y turbulento. A los dos, pues, la Justicia no permitió ni siquiera tocar los umbrales de la asamblea de los héroes, y a Licinio, que llegó hasta los umbrales, cometiendo muchas cosas absurdas y erróneas, Minos lo expulsó rápidamente. Constantino pasó dentro y se sentó por mucho tiempo, luego tras él sus hijos. Pues para Magnencio no hubo entrada, porque no había hecho nada sano, aunque parecía que el hombre había hecho muchas cosas hermosas; pero los dioses, viendo que esto no había sido hecho por él desde una buena disposición, lo dejaban irse llorando.
16
Siendo tal la preparación en torno a la cena, los dioses no deseaban nada, pues lo tienen todo, pero a Hermes le parecía probar a los mismos héroes, y a Zeus esto no le parecía mal. Y Quirino pedía ya trasladar a alguien de allí junto a sí. Heracles dijo: No lo soportaré, oh Quirino; pues¿ por qué no invitaste también a mi Alejandro al banquete? De ti, pues, oh Zeus, te pido, si has decidido llevar a alguno de estos junto a nosotros, ordena que venga Alejandro. Pues¿ por qué no probamos a los hombres en común y lo ponemos en manos del mejor? A Zeus le pareció que el hijo de Alcmena decía cosas justas. Y al entrar él ante los héroes, ni César ni ningún otro se levantó; pero habiendo encontrado un asiento libre, que el hijo de Severo se había hecho para sí— pues aquel había sido expulsado por el fratricidio—, se sentó. Y Sileno, burlándose de Quirino, dijo: Mira, no sea que estos sean equivalentes a uno solo de este griego. Por Zeus, dijo Quirino, creo que hay muchos que no son peores. Y mis descendientes lo han admirado tanto, que solo a él, de todos los que han sido gobernantes extranjeros, lo nombran y consideran grande. Sin embargo, no creen que este sea mayor que los que han nacido entre ellos, quizás habiendo sufrido algo por amor propio, quizás sea así; lo sabremos muy pronto probando a los hombres. Diciendo esto, Quirino se sonrojaba, y estaba claro que estaba angustiado por sus descendientes, no fuera que, habiendo recibido el segundo lugar, se fueran.
17
Tras esto, Zeus preguntó a los dioses si debían llamar a todos a la competición o, como sucede en los juegos gimnásticos, el que ha vencido al que ha obtenido muchas victorias, habiendo superado a uno, parece no ser menos mejor que aquellos que no lucharon en absoluto contra él, sino que fueron inferiores al vencido. Y a todos les pareció que tal examen era muy apropiado. Hermes, pues, proclamaba que pasaran César y Octaviano para esto, y Trajano en tercer lugar, como los más guerreros. Entonces, habiéndose hecho silencio, el rey Crono, mirando a Zeus, dijo que se maravillaba al ver a emperadores guerreros llamados a esta competición, pero a ningún filósofo. Pero para mí, dijo, no son menos amigos los de tal clase. Llamad, pues, dentro también a Marco. Y cuando también Marco, llamado, pasó, muy solemne, teniendo por los trabajos tanto los ojos como el rostro un poco contraídos, mostrando una belleza inefable en esto mismo, en lo que se presentaba sin adornos y sin afeites; pues su barba era muy espesa y sus vestidos sencillos y moderados, y por la falta de alimentos su cuerpo era muy diáfano y transparente como, creo, la luz misma más pura y sincera;
18
puesto que también este estaba dentro de los recintos sagrados, Dioniso dijo: Oh rey Crono y Zeus padre,¿ acaso es digno que haya algo incompleto entre los dioses? Y diciendo ellos que no, Introduzcamos, pues, a alguien amante del placer aquí. Y Zeus dijo: Pero no es lícito que entre un hombre que no se esfuerza por lo nuestro. Que sea, pues, dijo Dioniso, el juicio para ellos en los umbrales. Pero, si esto parece así, llamemos a un hombre no sin experiencia en la guerra, pero más dócil al placer y al disfrute. Que venga, pues, hasta los umbrales Constantino. Y como también esto se había decidido, se propuso la opinión sobre de qué manera debían competir. Y Hermes pedía que cada uno hablara por turno sobre lo suyo, y que los dioses emitieran el voto. Sin embargo, esto no le parecía bien a Apolo; pues el examen y la prueba entre los dioses debe ser de verdad, y no de persuasión ni de astucia. Y Zeus, queriendo complacer a ambos y a la vez prolongarles más la convivencia, dijo: Nada impide permitirles hablar, habiendo medido un poco de agua, y luego preguntar y probar la mente de cada uno. Y Sileno, burlándose, dijo: Pero no sea que, pensando que es néctar, Trajano y Alejandro se beban toda el agua, y luego se la quiten a los otros. Y Poseidón dijo: No se han vuelto amantes de mi agua, sino de vuestra bebida, los dos hombres. Por tanto, es más digno que temas por tus propias vides que por mis fuentes. Y Sileno, picado, callaba, y prestaba atención a los que competían a partir de entonces.
19
Hermes proclamaba: Comienza la competición el administrador de los premios más hermosos, y el momento llama a no demorarse más. Pero escuchando nuestra voz de heraldo, vosotros, antiguos reyes, que habéis esclavizado muchas naciones y habéis afilado la lanza guerrera, junto con una gran mente prudente, venid, poneos ante el juicio rival, para quienes la prudencia ha sido el fin de una vida dichosa, y para quienes hacer muchos males a los enemigos y bienes a los amigos ha sido considerado el objetivo de una vida hermosa, y para quienes tener el disfrute más dulce como fin de los trabajos, y banquetes y bodas, cosas placenteras a los ojos, y llevar vestidos suaves junto con brazaletes incrustados de piedras alrededor de las manos ha parecido lo más dichoso. El fin de la victoria será preocupación de Zeus.
20
Mientras Hermes proclamaba tales cosas, echaban a suertes; y de alguna manera el sorteo coincidió con el afán de primacía de César. Esto lo hizo a él orgulloso y más arrogante; y por esto Alejandro estuvo a punto de huir del juicio; pero Heracles, animándolo, lo detuvo. El segundo en hablar tras él le tocó a Alejandro; y en los siguientes los sorteos avanzaron junto con los tiempos de cada uno. César comenzó, pues, así: A mí, oh Zeus y dioses, me sucedió estar en una ciudad tan grande después de tantos hombres, de modo que, de cuantos ninguna otra ciudad ha reinado jamás, reinar, y para otros es satisfactorio haber obtenido al menos el segundo lugar. Pues¿ qué ciudad, habiendo comenzado desde tres mil hombres, en ni siquiera seiscientos años llegó a los confines de la tierra con las armas?¿ Y qué naciones proporcionaron tantos hombres buenos, guerreros y legisladores?¿ Y quiénes honraron a los dioses de tal manera? Habiendo nacido en una ciudad tan grande y de tal magnitud, superé no solo a los de mi tiempo, sino también a todos los que han existido con mis obras. Y de mis ciudadanos sé bien que nadie me disputará los primeros puestos; pero si este Alejandro se atreve,¿ cuál de sus obras considera digno de comparar con las mías? Quizás las persas,¿ como si no hubiera visto tantos trofeos levantados por mí contra Pompeyo? Y sin embargo,¿ qué general más terrible ha existido, Darío o Pompeyo?¿ Y a cuál de los dos seguía un ejército más valiente? Las naciones más guerreras que antes obedecían a Darío las tenía Pompeyo siguiendo en la parte de los carios, y a los de Europa, que muchas veces llevaron la guerra a Asia, y de estos mismos a los más valientes, italianos, ilirios, celtas.
21
Pero puesto que he recordado a los celtas,¿ acaso comparamos la destrucción de la Céltica con las obras géticas de Alejandro? Este cruzó una vez el Istro, yo por segunda vez el Rin; esto es, a su vez, mi obra germánica. Y contra esto no se opuso ni uno solo, yo luché contra Ariovisto. Fui el primero de los romanos que se atrevió a pisar el mar exterior. Y esta obra quizás no era maravillosa. Y sin embargo, es digno admirar también esta audacia; pero lo mayor mío, el desembarcar el primero de la nave; y callo a los helvecios y a la nación de los íberos. No he recordado aún ninguna de las obras gálicas, habiendo sometido a más de trescientas ciudades, y no menos de doscientos miríadas de hombres. Siendo estas mis obras tales, aquello era mayor y más audaz. Pues era necesario que yo luchara también contra los mismos ciudadanos y venciera a los invictos e invencibles romanos. Si alguien juzga por la cantidad de batallas, tres veces tantas veces luché cuantas las que presumen los que engrandecen las cosas de Alejandro, o por la cantidad de ciudades cautivas, no solo de Asia, sino también de Europa, destruí la mayoría. Alejandro recorrió Egipto contemplando, yo, organizando banquetes, hice la guerra.¿ Queréis examinar la moderación después de vencer en cada uno? Yo perdoné incluso a los enemigos; sufrí, al menos, por parte de ellos todo lo que le importó a la Justicia; él, en cambio, ante los enemigos no se abstuvo ni siquiera de los amigos.
22
Entonces,¿ serás capaz de disputarme los primeros puestos?¿ Y no cederás tú mismo desde el principio junto con los otros, sino que me obligarás a decir cómo tú trataste amargamente a los tebanos, y yo a los helvecios con humanidad? Pues tú quemaste las ciudades de aquellos, y yo levanté las ciudades quemadas por los propios ciudadanos. Y sin embargo, no era lo mismo vencer a diez mil griegos y resistir a quince miríadas que se acercaban. Teniendo mucho que decir aún sobre mí y sobre este, por no tener tiempo libre, no practiqué en absoluto el hablar. Por lo cual es necesario que tengáis indulgencia, y a partir de lo dicho, y haciendo el examen igual y justo sobre lo no dicho, me concedáis el primer puesto.
23
Diciendo César tales cosas y queriendo hablar aún, Alejandro, que apenas se contenía antes, ya no se contuvo, sino que con cierta turbación y angustia, dijo: Yo, oh Zeus y dioses,¿ hasta cuándo soportaré en silencio la insolencia de este? Pues no hay fin, como veis, ni de los elogios hacia sí mismo ni de las blasfemias hacia mí. Y quizás era necesario, sobre todo, perdonar a ambos; pues parece que ambos son de alguna manera igualmente molestos; pero más el difamar lo mío, habiéndome convertido además en imitador de ellos. Y él llegó a tal punto de desvergüenza, que se atrevió a parodiar los arquetipos de sus propias obras. Y era necesario, oh César, que recordaras aquellas lágrimas que entonces derramaste, escuchando los informes que se han hecho sobre mis acciones.
24
Pero Pompeyo te ensalzó después de esto, siendo adulado por sus propios ciudadanos, y no siendo nadie en ninguna parte. Pues triunfar desde Libia no es una gran obra, la hizo muy famosa la debilidad de los cónsules de entonces. Aquella guerra servil, que no fue ni siquiera contra hombres, sino contra los peores de los esclavos, otros la llevaron a cabo, Crasos y Lucios, pero el nombre y la inscripción la tuvo Pompeyo. Y Armenia y sus alrededores los conquistó Lúculo, pero Pompeyo triunfó por ellos. Entonces los ciudadanos lo adularon y lo llamaron Grande,¿ siendo mayor que quién de los anteriores a él? Pues¿ qué se hizo por él tan grande como lo que se hizo por Mario o por los dos Escipiones o por Furio, junto a este Quirino, quien levantó su ciudad que estaba a punto de caer? Pues estos no se inscribieron en acciones ajenas, como en las construcciones políticas y gastos que, habiendo sido iniciados y terminados por otros, otro gobernante se inscribió habiendo blanqueado un poco la pared, así se inscribieron en las acciones ajenas; sino que, siendo ellos mismos arquitectos y creadores, fueron considerados dignos de los nombres más hermosos. No es, pues, nada sorprendente si has vencido a Pompeyo, que se rascaba con el dedo y en lo demás era más zorro que león. Pues desde que la fortuna lo traicionó, la cual le había acompañado el tiempo anterior, rápidamente lo venciste, estando solo. Y que no fue superior en ninguna habilidad, es evidente; pues habiendo estado en falta de lo necesario— y esto no es un pequeño error, como sabes, de un general—, y habiendo luchado, fuiste derrotado. Y si Pompeyo, por insensatez y falta de juicio o por no poder gobernar a los ciudadanos, ni cuando era necesario desgastar la guerra posponía la batalla, ni venciendo con la victoria avanzaba, cayó por sus propios errores y no por tus estrategias. Los persas, en cambio, en todas partes, bien y sensatamente preparados, cedieron ante nuestra fuerza.
25
Puesto que a un hombre excelente y a un rey le corresponde no simplemente actuar, sino actuar con justicia, yo, en nombre de los griegos, exigí justicia a los persas y reanudé las guerras helénicas, no queriendo afligir a Grecia, sino frenando a quienes me impedían cruzar y exigir justicia al persa. Tú, en cambio, hiciste la guerra a los germanos y a los galas, preparándote contra tu propia patria,¿ qué podría haber de peor o más abominable que esto? Y puesto que, como si te burlaras, mencionaste a los innumerables griegos, aunque sé que también vosotros procedéis de allí y que los griegos habitaron la mayor parte de Italia, no lo admito. De estos mismos, un pueblo pequeño, me refiero a los etolios que viven junto a nosotros,¿ no os esforzasteis por tenerlos como amigos y aliados, y luego, al enemistarse con vosotros por cualquier causa, no los obligasteis a obedeceros no sin peligro? Y si apenas bastasteis contra la vejez, por así decirlo, de Grecia, y no contra toda ella, sino contra un pueblo pequeño, cuando el mundo helénico estaba en su apogeo y ni siquiera se sabía que existíais,¿ qué habríais sido si hubierais tenido que luchar contra los griegos en su apogeo y unidos? Pues sabéis cómo temblasteis cuando Pirro cruzó contra vosotros. Y si consideras pequeña la victoria sobre los persas y menosprecias una empresa tan grande, dime,¿ por qué razón no conquistasteis la tierra que está más allá del río Tigris, gobernada por los partos, a pesar de haber estado en guerra más de trescientos años?¿ Quieres que te lo diga? Las flechas de los persas os detuvieron. Que te hable de ellas Antonio, a quien tú formaste en el arte de la estrategia. Yo, en cambio, en menos de diez años completos, me hice dueño de estos territorios y de los indios.¿ Y te atreves a disputarme, a mí que desde niño, ejerciendo el mando, realicé tales hazañas que su recuerdo, aunque no haya sido celebrado dignamente por los historiadores, permanece junto a mi vida, al igual que las de Calinico, mi rey, de quien fui servidor y seguidor, compitiendo con Aquiles, mi antepasado, y admirando a Heracles y siguiéndolo, como un hombre tras las huellas de un dios?
26
Todo lo que era necesario, oh dioses, responder a este— aunque hubiera sido mejor ignorarlo—, ha sido dicho. Si algo amargo fue hecho por nosotros, no fue en absoluto contra hombres inocentes, sino contra quienes a menudo y en muchas ocasiones nos ofendieron o no utilizaron el momento de manera adecuada ni decorosa; al menos, el arrepentimiento, una deidad muy sensata y salvadora de los que han errado, siguió a los errores cometidos por las circunstancias, mientras que a aquellos que parecían vanagloriarse de ser a menudo hostiles y ofensivos, no consideré que hacía nada injusto al castigarlos.
27
Como este discurso también había sido dicho de manera más militar, el servidor de Poseidón llevaba la hidria hacia Octaviano, midiendo para él menos agua debido a las circunstancias y, además, guardándole rencor por su arrogancia hacia el dios. Y él, cuando comprendió por su agudeza, dejando de decir algo sobre los asuntos ajenos, dijo: Yo, oh Zeus y dioses, me abstendré de menospreciar las obras de los demás y de hacerlas pequeñas, y haré todo mi discurso sobre las mías. Siendo joven me hice cargo de mi propia ciudad, como este noble Alejandro, y llevé a buen término las guerras germánicas, como mi padre, este César. Enredado en las luchas civiles, vencí en la batalla naval de Egipto cerca de Accio, derroté a Bruto y Casio cerca de Filipos, y consideré al hijo de Pompeyo, Sexto, como un asunto secundario de mi estrategia. Y me mostré tan dócil a la filosofía que soporté la franqueza de Atenodoro, no indignándome, sino alegrándome por ella, y respetando al hombre como a un pedagogo o más bien como a un padre. A Ario lo considero amigo y compañero de vida, y en general no hay nada que hayamos cometido contra la filosofía. Al ver que Roma, debido a las facciones civiles, se precipitaba a menudo al peligro extremo, dispuse sus asuntos de tal manera que, si no fuera por vosotros, oh dioses, sería de diamante. Pues no cediendo a deseos desmedidos, no pensé en absoluto en expandirla, sino que establecí dos límites, como si fueran señalados por la naturaleza, los ríos Istro y Éufrates. Luego, tras someter al pueblo de los escitas y tracios, mientras vosotros me concedíais tiempo de reinado, no buscaba una guerra tras otra, sino que dedicaba mi tiempo libre a la legislación y a la reparación de las desgracias de la guerra, sin considerar que nadie antes que yo hubiera deliberado peor, o mejor dicho, si hay que decirlo con audacia, mejor que quienes alguna vez administraron tales hegemonías. Pues unos murieron en sus estrategias, pudiendo haber descansado y no haber hecho la guerra, buscándose guerras tras guerras, como los intrigantes se buscan pleitos; otros, incluso mientras guerreaban, se entregaban al lujo, prefiriendo el lujo vergonzoso no solo a la gloria posterior, sino incluso a la propia salvación. Yo, pues, pensando así, no me considero digno de la peor parte; pero lo que a vosotros, oh dioses, os parezca, es natural que yo, por supuesto, lo acepte.
28
Se le da después de este la palabra a Trajano. Él, aunque podía hablar, por indolencia— pues solía dejar que Sura escribiera la mayor parte de las cosas por él—, más bien balbuceando que hablando, les mostraba tanto el trofeo gético como el pártico. Y culpaba a la vejez por no haberle permitido proseguir con los asuntos párticos. Y Sileno dijo: Pero, oh insensato, has reinado veinte años, y este Alejandro doce.¿ Por qué, pues, dejando de culpar a tu propio lujo, te quejas de la brevedad del tiempo? Provocado, pues, por la burla— pues no estaba fuera de su capacidad el poder retórico, aunque por su afán de trabajo era a menudo más lento que sí mismo—, dijo: Yo, oh Zeus y dioses, al recibir el poder, entumecido y como disuelto tanto por la tiranía que prevaleció en casa durante mucho tiempo como por la insolencia de los getas, fui el único que se atrevió a conquistar pueblos más allá del Istro, y eliminé al pueblo de los getas, que han sido los más guerreros de todos los tiempos, no solo por la valentía de su cuerpo, sino también por lo que les convenció Zalmoxis, honrado entre ellos. Pues, al creer que no mueren, sino que se trasladan, lo hacen con más prontitud de lo que otros soportan los viajes. Y esta obra la realicé en unos cinco años. Y que de todos los emperadores que me precedieron fui visto por los súbditos como el más manso, y que ni este César me disputaría esto ni ningún otro, es evidente. Contra los partos, antes de ser ofendido por ellos, no creí que debiera usar las armas; pero al ofenderme, los perseguí sin que la edad me lo impidiera, aunque las leyes me daban la opción de no hacer la guerra. Siendo esto así,¿ no soy acaso justo en ser honrado por encima de los demás, habiendo sido manso con los súbditos y temible con los enemigos de manera sobresaliente, y habiendo respetado también vuestra filosofía descendiente? Al decir Trajano tales cosas, parecía vencer a todos con su mansedumbre, y los dioses estaban de alguna manera visiblemente complacidos por esto.
29
Al comenzar Marco a hablar, Sileno dijo en voz baja a Dioniso: Escuchemos a este estoico, qué dirá de aquellos dogmas paradójicos y prodigiosos. Él, mirando a Zeus y a los dioses, dijo: Pero para mí, oh Zeus y dioses, no hay necesidad de palabras ni de lucha. Pues si ignorarais mis asuntos, me correspondería enseñaros; pero puesto que lo sabéis y nada de todo os es oculto, valoradme vosotros mismos según mi mérito. Pareció, pues, que Marco era, además de otras cosas, alguien admirable y sabio de manera sobresaliente, ya que, creo, sabía distinguir: Hablar donde es necesario y callar donde es bueno.
30
Después de este permitieron hablar a Constantino. Él, al principio, confiaba en la contienda. Pero al mirar las obras de los demás, vio que las suyas eran pequeñas en absoluto. Pues había derribado a dos tiranos, si es que hay que decir la verdad, uno sin guerra y afeminado, y el otro miserable y débil por la vejez, ambos odiosos tanto para los dioses como para los hombres. Lo que respecta a los bárbaros era ridículo para él; pues había pagado tributos como si fueran impuestos, y miraba hacia el Lujo; y esta estaba lejos de los dioses, de pie alrededor de los pórticos de la Luna; por lo tanto, estaba enamorado de ella, y mirando totalmente hacia ella, no le importaba nada la victoria. Y puesto que también él tenía que decir algo, dijo: En esto soy superior a ellos, al macedonio, porque luché contra los romanos y los pueblos germánicos y escitas, y no contra los bárbaros asiáticos, y a César y Octaviano, porque no me faccioné, como ellos, contra ciudadanos nobles y buenos, sino que perseguí a los más abominables y malvados de los tiranos. A Trajano, por sus hazañas contra los tiranos, razonablemente podría ser preferido, y por recuperar la tierra que este adquirió, no sería considerado injustamente igual, si es que no es mayor recuperar que adquirir. Este Marco, al callar sobre sí mismo, nos cede a todos el primer puesto. Y Sileno dijo:¿ Acaso nos presentas los jardines de Adonis como obras tuyas, oh Constantino?¿ Qué son, dijo, los que llamas jardines de Adonis? Los que las mujeres plantan para el marido de Afrodita, echando tierra en tiestos de barro; y al reverdecer esto por poco tiempo, al instante se marchita. Y Constantino se sonrojó, reconociendo directamente que tal era su obra.
31
Al haber silencio, unos parecían esperar a quién los dioses darían el voto por el primer puesto; otros pensaban que debían sacar a la luz las intenciones de los hombres y no juzgar por las cosas hechas por ellos, de las cuales la Fortuna se atribuía la mayor parte y estaba presente gritando contra todos ellos, excepto solo contra Octaviano. A este decía que le era agradecido. Decidieron, pues, los dioses confiar también esto a Hermes, y le dieron primero que preguntara a Alejandro qué consideraba más hermoso y mirando hacia qué había hecho y sufrido todo lo que había hecho y sufrido. Él dijo: Vencer a todos. Entonces, dijo Hermes,¿ crees que has hecho esto? Y mucho, dijo Alejandro. Y Sileno, riendo burlonamente, dijo: Pero mis hijas te vencían a menudo, aludiendo a las vides, burlándose de Alejandro como si fuera un borracho y amante del vino. Y Alejandro, como lleno de enseñanzas peripatéticas, dijo: No vencer a las cosas inanimadas; pues no tenemos lucha contra ellas; sino a todo el género de los hombres y a todo el de las fieras. Y Sileno, como los que admiran irónicamente, dijo:¡ Ay, ay, de las rejas dialécticas!¿ En qué género te pondrás tú mismo, en el de las inanimadas o en el de las animadas y vivas? Y él, como indignado, dijo:¡ Calla! Pues por magnanimidad, porque me había convertido en dios, o más bien lo era, estaba convencido. Entonces, dijo, fuiste vencido por ti mismo a menudo. Pero vencer y ser vencido por uno mismo se dice homónimamente; para mí el discurso era sobre los asuntos contra otros.¡ Vaya con la dialéctica, dijo, cómo refutas nuestros sofismas! Pero cuando, dijo, fuiste herido entre los indios y Peucestas yacía a tu lado, y tú salías de la ciudad agonizando,¿ eras acaso inferior al que te hirió, o también vencías a aquel? No solo a aquel, dijo, sino que saqueé la propia ciudad. Tú no, dijo, oh bienaventurado; pues tú yacías como el Héctor homérico, sin fuerzas y agonizando; los otros luchaban y vencían.¡ Bajo nuestro mando!, dijo Alejandro. Y Sileno,¿ Cómo?¿ Si vosotros erais llevados casi muertos? Luego cantaba de los versos de Eurípides:¡ Ay, qué mal se considera en Grecia, cuando un ejército erige un trofeo sobre los enemigos! Y Dioniso dijo: Cesa, oh abuelito, de decir tales cosas, no sea que este te haga lo que a Clito. Y Alejandro, sonrojándose a la vez y como confundido por las lágrimas en los ojos, callaba. Y así terminó este discurso.
32
Hermes preguntó de nuevo al César: Y a ti, dijo, oh César,¿ cuál fue el objetivo de tu vida? Ser el primero, dijo, de los míos y no ser ni considerarse segundo de nadie. Esto, dijo Hermes, es ambiguo; pues, dime,¿ en cuanto a sabiduría o destreza en las palabras o experiencia militar o poder político? Era, pues, dijo el César, agradable para mí ser el primero en todo entre todos; y no pudiendo conseguir esto, emulé el poder ser el mayor entre mis ciudadanos.¿ Y tú, dijo, pudiste ser grande? Sileno hacia él. Y él, Mucho, dijo; al menos me hice dueño de ellos. Pero esto, dijo, pudiste; pero no pudiste ser amado por ellos, y eso que fingiste mucha filantropía como en un drama y en un escenario, y los adulabas vergonzosamente a todos.¿ Entonces no parezco haber sido amado por el pueblo que persiguió a Bruto y Casio? No porque te mataran, dijo; pues por eso el pueblo los votó para ser cónsules; sino por el dinero, cuando al escuchar los testamentos veían que no se les había añadido una recompensa cualquiera por su indignación.
33
Al terminar también este discurso, Hermes movía de nuevo a Octaviano. Y tú, dijo,¿ no nos dirás qué considerabas más hermoso? Y él, Reinar, dijo, bien.¿ Y qué es lo bien, oh Augusto, dímelo, puesto que esto pueden decirlo también los más malvados? Pues Dionisio creía reinar bien y el más abominable que este, Agatocles. Pero sabéis, dijo, oh dioses, que al enviar a mi nieto os rogué que le dierais la audacia de César, la destreza de Pompeyo y mi fortuna. Muchas, dijo Sileno, y necesitadas de dioses verdaderamente salvadores, ha acumulado este fabricante de muñecos. Entonces,¿ por qué, dijo, me pusiste este nombre tan ridículo?¿ Pues no nos fabricabas, dijo, como aquellos las ninfas, oh Augusto, dioses, de los cuales uno y primero este César? Y Octaviano, como avergonzado, calló.
34
Hermes, mirando a Trajano, dijo: Y tú,¿ qué pensabas al hacer todo lo que hiciste? De las mismas cosas que Alejandro, pero más sensatamente, dijo, me afané. Y Sileno, Fuiste vencido, dijo, también tú por los más innobles. Pues aquel era vencido en su mayor parte por la ira, tú en cambio por un placer vergonzoso y oprobioso.¡ Al diablo!, dijo Dioniso, puesto que te burlas de todos ellos y haces que no digan nada en su favor. Pero en aquellos tenían cabida tus burlas; presta atención ahora a cómo te enfrentarás a Marco, pues me parece que es un hombre, según Simónides, cuadrado, hecho sin tacha. Hermes, mirando a Marco, dijo: Y a ti, oh Vero,¿ qué te parecía que era el fin más hermoso de la vida? Y él, tranquila y sensatamente, dijo: Imitar a los dioses. Pareció, pues, inmediatamente que la respuesta no era innoble, sino digna de todo. Pero Hermes no quería inmiscuirse, convencido de que Marco diría todo coherentemente. A los otros dioses les pareció bien; solo Sileno dijo: Pero no, por Dioniso, soportaré a este sofista.¿ Por qué, dime, comías y bebías no como nosotros ambrosía y néctar, sino pan y vino? Pero yo, dijo, no de la manera en que creía imitar a los dioses, de esa manera tomaba alimentos y bebidas; sino que alimentaba el cuerpo, quizás falsamente, pero convencido de que también vuestros cuerpos necesitan el alimento de las exhalaciones. Sin embargo, no es en esto en lo que hay que imitaros, sino que supuse que era en la inteligencia. Sileno, tras dudar un poco como golpeado por un boxeador diestro, dijo: Has dicho esto, tal vez no absurdamente, pero dime, dijo,¿ qué creías que era la imitación de los dioses? Y él, Necesitar lo menos posible, y hacer el bien al mayor número posible.¿ Acaso, pues, no necesitabas nada? Y Marco, Yo de nada, pero quizás mi cuerpecito de poco.
35
Al parecer también esto dicho correctamente por Marco, Sileno, dudando del fin, se aferra a los asuntos del hijo y la esposa, que le parecen no hechos correctamente ni según la razón, a ella porque la inscribió entre las heroínas, y a él porque le confió la hegemonía. Imité, dijo, también en esto a los dioses; pues obedecía a Homero cuando dice sobre la esposa, que quien es bueno y sensato, ama y cuida a la suya; sobre el hijo tengo la declaración del propio Zeus; pues culpando a Ares, dijo: Hace tiempo habrías sido golpeado por el rayo, si no fuera porque te amaba por ser mi hijo. Además, no creía que el hijo fuera a ser tan malvado. Y si la juventud, haciendo grandes inclinaciones hacia ambos lados, se dejó llevar hacia lo peor, no confié la hegemonía a un malvado, sino que sucedió que el que la recibió resultó ser malvado. Por tanto, lo hecho sobre la mujer lo he hecho por celo de Aquiles, el tío, y lo hecho sobre el hijo por imitación del grandísimo Zeus, además de que no innové nada. Pues es costumbre confiar las sucesiones a los hijos, y todos desean esto, y a la esposa no fui yo el primero en honrarla, sino después de muchos otros. Y quizás empezar tales cosas no es razonable, pero privar a los más cercanos, habiendo sucedido en muchos, está cerca de la injusticia. Pero me he olvidado de que me estoy disculpando demasiado ante vosotros que lo sabéis, oh Zeus y dioses; por lo cual sed indulgentes con esta precipitación mía.
36
Al cesar también este discurso, Hermes preguntó a Constantino:¿ Y tú qué consideraste hermoso? Muchas cosas, dijo, habiendo adquirido mucho, concederlo, sirviendo a mis propios deseos y a los de mis amigos. Sileno, soltando una gran carcajada, dijo:¿ Acaso querías ser banquero y no te habías dado cuenta, viviendo una vida de cocinero y peluquera? Aludía a esto tanto el peinado como el aspecto, pero ahora también tu juicio te acusa. De esto, pues, Sileno se burló de manera algo más amarga.
37
Al haber silencio, los dioses llevaban secretamente los votos. Luego hubo muchos para Marco. Zeus, tras deliberar en privado con su padre, ordenó a Hermes que proclamara. Él proclamaba: Hombres que habéis venido a esta contienda, hay leyes entre nosotros y las juicios se hacen de tal manera que tanto el que vence se alegra como el que es vencido no se queja. Id, pues, dijo, a donde a cada uno le plazca, para vivir de aquí en adelante bajo dioses guías; que cada uno elija para sí al protector y guía. Tras este anuncio, Alejandro corría hacia Heracles, Octaviano hacia Apolo, y Marco se aferraba firmemente a Zeus y Crono. Al César, que vagaba mucho y corría de un lado a otro, el gran Ares y Afrodita, compadeciéndose, lo llamaron junto a ellos; Trajano corría hacia Alejandro como para sentarse con él.
38
Constantino, no encontrando en los dioses el arquetipo de su vida, al ver cerca al Lujo, corrió hacia ella; ella, recibiéndolo suavemente y rodeándolo con sus brazos, y habiéndolo adornado y embellecido con mantos variados, lo llevó hacia la Disolución, para que, encontrando también a Jesús que andaba por allí y pregonaba a todos: Quien sea corruptor, quien sea homicida, quien sea impío y abominable, que venga confiado; pues lo declararé limpio al instante lavándolo con esta agua, y si de nuevo se vuelve culpable de lo mismo, le daré que, golpeándose el pecho y azotándose la cabeza, se vuelva limpio, se encontró con él muy alegremente, sacando de la asamblea de los dioses a los niños. Pero a él y a aquellos los atormentaban no menos que la impiedad los demonios vengadores, pagando justicia por sangres familiares, hasta que Zeus, por Claudio y Constancio, le permitió respirar. A ti, en cambio, diciendo Hermes hacia nosotros, te he dado conocer al padre Mitra; tú mantente firme en sus mandamientos, preparándote un amarre y un puerto seguro para ti mismo mientras vives, y cuando sea necesario partir de aquí, con la buena esperanza, estableciendo para ti un dios guía benevolente.

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