To the Cynic Heracleios
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Original / primary: Spanish Gemini
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Muchas cosas suceden en un largo tiempo; esto me vino a la mente para exclamarlo hace poco, tras haberlo escuchado en la comedia, cuando, invitados, escuchábamos a un perro que no ladraba de forma clara ni noble, sino que, como las nodrizas, cantaba cuentos y ni siquiera los exponía con sensatez. En el momento, me vino el impulso de levantarme y disolver la asamblea; pero, puesto que era necesario escuchar, como en un teatro, las comedias sobre Heracles y Dioniso por parte de los comediantes, lo soporté no por el que hablaba, sino por los reunidos, o más bien, si es preciso decir algo más juvenil, por nosotros mismos y para no parecer que, por superstición más que por una mente piadosa y razonada, como las palomas, me asusté por las palabritas y salí volando. Permanecí allí diciéndome a mí mismo:« Soporta, corazón, que algo más perruno has soportado antes», aguanta también al perro que desvaría durante una pequeña parte del día; no es la primera vez que escuchas a los dioses ser blasfemados, no es que gestionemos tan bien los asuntos comunes, no es que seamos tan sensatos por nuestros asuntos privados, ni tampoco somos tan afortunados como para tener los oídos limpios o, al menos, para no tener los ojos manchados por las impiedades de todo tipo de este género de hierro. Y puesto que el perro, como si estuviéramos faltos de tales males, nos llenó de palabras no sagradas al nombrar al mejor de los dioses, como ojalá nunca hubiera dicho ni nosotros escuchado, intentemos aquí, ante vosotros, enseñarle, primero, que al perro le corresponde escribir discursos más que mitos, luego, qué tipo de preparaciones de los mitos debe hacer, si es que la filosofía necesita de la mitografía, y, sobre todo, hablaré un poco sobre la reverencia hacia los dioses; pues esto ha sido también el motivo de mi entrada ante vosotros, a pesar de no ser escritor y de haber renunciado en el tiempo anterior a hablar ante la multitud, como si fuera algo de las cosas gravosas y sofísticas. Quizás no sea inapropiado para mí decir y para vosotros escuchar una pequeña genealogía sobre el mito.
2
Sobre el origen de dónde se encontró y quién fue el primero en intentar componer la mentira de forma persuasiva para beneficio o entretenimiento de los oyentes, uno no podría encontrarlo más que si intentara buscar al primero que estornudó o carraspeó. Pero si, al igual que los jinetes aparecieron en Tracia y Tesalia, y los arqueros y las armas más ligeras en la India, Creta y Caria, siguiendo la naturaleza del país las ocupaciones, creo, así alguien supone también sobre las otras cosas, en las que cada una es valorada, que fueron encontradas principalmente por estos y primero; parece que el mito es un hallazgo de la gente común desde el principio, y permanece desde entonces hasta ahora entre ellos como algo que se practica, como cualquier otra de las audiciones, la flauta y la cítara, por causa del deleite y el entretenimiento. Pues, al igual que los pájaros han nacido para volar, los peces para nadar y los ciervos para correr, no necesitan ser enseñados, y aunque alguien los ate o los encierre, intentan, sin embargo, usar esas partes para las que saben que han nacido, estos animales, así creo que también el género humano, al no tener el alma otra cosa que razón y conocimiento como encerrado, lo que los sabios llaman potencia, se vuelve hacia el aprender, buscar y curiosear, como hacia la más propia de sus obras; y a aquel a quien un dios benévolo le soltó rápidamente las ataduras y llevó la potencia a la acción, a este le está presente inmediatamente el conocimiento, pero a los que aún están atados, como se dice que Ixión descansó con una nube en lugar de la diosa, a estos se les ha adherido una opinión falsa en lugar de la verdadera; pues nacen de ahí para ellos estas cosas vanas y monstruosas, como ciertos ídolos y sombras del verdadero conocimiento; actúan, al menos, antes del conocimiento de las verdades, las mentiras, y las enseñan con mucha disposición y las aprenden, como creo, como algo bueno y maravilloso. Y si en absoluto es necesario defender también a los que primero inventaron los mitos, me parecen que, para las almas de los niños, al igual que las nodrizas les atan ciertas cosas de cuero a las manos cuando les pican las encías por la dentición, para consolar su padecimiento, así también estos, para el alma que está echando alas y desea saber más, pero que aún no puede ser enseñada las verdades, canalizan estas cosas, como regando un campo sediento, para, creo, consolar su cosquilleo y su dolor.
3
Avanzando esto y gozando de buena reputación entre los griegos, los poetas arrastraron de ahí la fábula, que se diferencia del mito en que no está hecha para niños, sino para hombres, y no solo tiene entretenimiento, sino también alguna exhortación. Pues quiere, ocultándose, exhortar y enseñar, cuando el que habla teme decir las cosas abiertamente, sospechando la aversión de los que escuchan. Así, ciertamente, parece haberlo hecho Hesíodo; y el que vino después de él, Arquíloco, como añadiendo un condimento a la poesía, utilizó mitos no pocas veces, viendo, como es natural, que el tema que trataba carecía de tal entretenimiento, y sabiendo claramente que la poesía privada de mito es solo epopeya, y está privada, como diría alguien, de sí misma, pues ya no queda poesía, recogió estos condimentos de la Musa poética, y los añadió precisamente por esto, para que no fuera considerado un escritor de sátiras, sino un poeta. Pero el Homero de los mitos, o Tucídides, o Platón, o como quieras llamarlo, era Esopo el samio, esclavo por fortuna más que por elección, pero no un hombre insensato ni siquiera en esto mismo. Pues a quien la ley no le concedía libertad de palabra, a este le correspondía presentar los consejos esbozados y adornados con placer y gracia, al igual que, creo, de los médicos, unos, los libres, ordenan lo necesario, pero si alguien resulta ser a la vez esclavo por fortuna y médico por oficio, tiene dificultades al verse obligado a adular y curar al mismo tiempo al amo.
4
Si, pues, también al perro le corresponde esta esclavitud, que hable, que escriba, que le ceda la mitología cualquiera, pero si afirma ser el único libre, para qué usará los mitos, no lo sé.¿ Acaso para que, mezclando lo amargo y mordaz del consejo con placer y gracia, a la vez beneficie y evite recibir algún mal del beneficiado? Pero esto es demasiado servil.¿ Acaso no sería mejor que alguien fuera enseñado no escuchando las cosas mismas ni los nombres que les corresponden, llamando a las cosas por su nombre, según el cómico? Pero en lugar de tal cosa,¿ qué necesidad hay de nombrar a Faetón?¿ Y por qué manchar de forma no sagrada el nombre del rey Helios?¿ Y quién es Pan y quién es Zeus para ser llamado digno de los hombres que caminan por la tierra, para que desde allí traslademos nuestras mentes hacia ellos? Y sin embargo, si esto fuera posible, mejor sería nombrar a los hombres mismos. Pues,¿ no era mejor decir poniendo nombres humanos? Más aún, ni siquiera poniéndolos, pues bastaban los que nuestros padres nos pusieron. Pero si ni es más fácil aprender a través de la ficción ni es propio del cínico inventar tales cosas,¿ por qué no ahorramos el gasto costoso, y además echamos a perder el tiempo inventando y componiendo mititos, y luego escribiendo discursos y aprendiéndolos de memoria? Pero quizás el discurso no dice que no deban cantarse en las asambleas comunes las mentiras y ficciones del perro, a quien únicamente le pertenece la libertad, sino que la costumbre se ha vuelto así, comenzando desde Diógenes y Crates hasta los siguientes. No encontrarás en ninguna parte tal ejemplo; pues dejo de lado por ahora que al cínico que altera la moneda no le corresponde en absoluto prestar atención a la costumbre, sino al discurso mismo únicamente, y encontrar lo que debe hacerse desde sí mismo, y no aprenderlo de fuera. Pero si Antístenes el socrático, al igual que Jenofonte, anunciaba algunas cosas a través de los mitos, que esto no te engañe; pues un poco más adelante hablaré contigo sobre esto.
5
Ahora, dime por las Musas sobre el cinismo,¿ es una locura y una vida no humana, sino una disposición de alma bestial que no considera nada bello, nada serio ni bueno? Pues Enómao podría dar pie a muchos para suponer esto sobre él. Si te hubiera importado al menos considerar esto, habrías reconocido claramente en la propia voz del perro y en lo que escribió el hombre contra los oráculos y en todo, simplemente, lo que escribió. Siendo tal el asunto, de modo que se ha destruido toda la reverencia hacia los dioses, se ha deshonrado toda prudencia humana, y se ha pisoteado no solo la ley homónima de lo bello y justo, sino también las que están como inscritas por los dioses en nuestras almas, por las cuales todos estamos convencidos sin enseñanza de que hay algo divino y miramos hacia esto y nos apresuramos hacia ello, creo, disponiendo nuestras almas hacia ello como creo que los que ven hacia la luz, y además de esto, si también la segunda ley, siendo sagrada por naturaleza y divina, la que ordena abstenerse en todo y por completo de lo ajeno y no permitir confundir estas cosas ni en palabra ni en obra ni en las mismas actividades ocultas del alma, la cual es para nosotros guía de la justicia más perfecta,¿ no es el asunto digno de un abismo?¿ No deberían los que alaban estas cosas ser expulsados, como los envenenadores, no siendo golpeados con varas? Pues el castigo es más ligero que las injusticias.¿ Sino morir siendo apedreados? Pues, dime por los dioses,¿ en qué se diferencian estos de los que roban en el desierto y han ocupado las costas para dañar a los que llegan navegando? Desprecian la muerte, dicen; como si esta locura no acompañara también a aquellos. Dice, al menos, el poeta y mitólogo de entre vosotros, como el Pitio respondió a los que usaban piratas, héroe y demonio, sobre los que saquean el mar:« Como los piratas, que vagan sobre el mar, arriesgando sus almas».¿ Qué otra cosa buscas, pues, como testigo sobre la locura de los piratas? A menos que alguien diga que esos piratas son más valientes que tales perros, y que estos perros son más audaces que aquellos piratas. Pues aquellos, siendo conscientes de que su vida es tan miserable, no se lanzan a los desiertos más por miedo a la muerte que por vergüenza, pero estos, en cambio, caminan en medio confundiendo las leyes comunes, no por introducir una constitución mejor y más pura, sino peor y más repugnante.
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Las tragedias atribuidas a Diógenes, siendo ciertamente escritos de algún cínico, pero disputadas solo en esto, si son del maestro, Diógenes, o del discípulo Filisco,¿ quién no se sentiría asqueado al leerlas y consideraría que la exageración de la obscenidad no ha quedado atrás ni siquiera de las cortesanas? Y al encontrarme con las de Enómao, pues escribió también tragedias parecidas a sus propios discursos, más indecibles que lo indecible y más allá de los males, y ya no tengo qué decir sobre ellas dignamente, aunque invoque contra ellos los males de los magnetes, el de Termerio, o simplemente toda la tragedia con el sátiro, la comedia y el mimo, así toda obscenidad, toda locura ha sido trabajada por el hombre en ellas hasta la exageración; y si alguien pretende mostrarnos a partir de estas cómo es el cinismo, blasfemando contra los dioses, ladrando contra todos, lo que dije al comenzar, que se vaya, que avance, tierra tras tierra, a donde quiera.
7
Pero si, como dijo el dios a Diógenes, habiendo alterado la moneda, se volviera hacia el consejo dicho antes por el dios, el« Conócete a ti mismo», que Diógenes y Crates parecen haber emulado en sus obras, esto ya diría yo que es digno de todo para un hombre que desea tanto dirigir como filosofar.¿ Y qué dijo el dios, acaso lo sabemos? Que le ordenó despreciar la opinión de la mayoría y alterar no la verdad, sino la moneda.¿ En qué parte pondremos el« Conócete a ti mismo»?¿ En la de la moneda?¿ O pondremos esto mismo como cabeza de la verdad y diremos que fue dicho a modo de:« Altera la moneda a través de la sentencia del Conócete a ti mismo»? Pues al igual que el que ha despreciado por completo las cosas tenidas por tales, y llegando a la verdad misma, no pondrá las cosas tenidas por tales ni siquiera por sí mismo, sino las que realmente son, así creo que también el que se ha conocido a sí mismo sabrá exactamente lo que es y no lo que se cree.¿ Acaso, pues, el Pitio no es un dios verdadero, y Diógenes estaba claramente convencido de esto, quien, habiéndole obedecido, fue demostrado no mayor que el rey de los persas, sino, como la fama ha transmitido, envidiable para el mismo que destruyó el poder de los persas y competía con las hazañas de Heracles, y se esforzaba por superar a Aquiles?
8
Que este Diógenes, pues, sea conocido por las obras que hizo, cómo era respecto a los dioses y a los hombres, no a través de los discursos de Enómao ni de las tragedias de Filisco, a las cuales, habiendo escrito el nombre de Diógenes, mintió muchas veces sobre la cabeza divina.¿ Fue a Olimpia para qué, por Zeus?¿ Para ver a los atletas?¿ Y qué?¿ No era posible ver a los mismos en los Ístmicos y en los Panateneas sin complicaciones?¿ Sino queriendo reunirse allí con los mejores de los griegos? Pues,¿ no frecuentaban el Istmo? No encontrarías, pues, otra causa que la veneración hacia el dios. Y si no se asustó por el rayo, tampoco yo, por los dioses, habiendo experimentado muchas veces muchas señales divinas, me asusté. Pero, sin embargo, de tal manera tiemblo ante los dioses, los amo, los venero, los respeto y siento todo, simplemente, lo que se siente hacia ellos, tanto y tal como uno siente hacia buenos amos, maestros, padres, tutores, hacia todo, simplemente, lo que es así, que por poco me levanto hace poco por tus palabras. Esto, pues, no sé de qué manera vino, quizás se dijo lo que debía callarse. Diógenes, siendo pobre y falto de dinero, caminaba a Olimpia, y ordenaba a Alejandro que viniera a él, si es que Dion es digno de crédito. Así consideraba que le convenía a él frecuentar los lugares sagrados de los dioses, y al más real de los de su tiempo, acudir a su compañía. Y lo que escribió a Arquídamo,¿ no son consejos reales? Y Diógenes no solo era piadoso en los discursos, sino también en las obras. Pues habiendo elegido vivir en Atenas, cuando el demonio lo llevó a Corinto, liberado por el que compró la ciudad, ya no pensó que debía abandonarla; pues estaba convencido de que los dioses se preocupaban por él y que no fue a Corinto en vano ni por casualidad, sino que de alguna manera fue enviado por los dioses, viendo a la ciudad más entregada al lujo que la de los atenienses y necesitada de un corrector más grande y noble.
9
Y qué,¿ no se conservan también de Crates muchas muestras musicales y elegantes de su santidad y reverencia hacia los dioses? Escúchalas, pues, de nosotros, si no has tenido tiempo de aprenderlas de ellos:« Hijos gloriosos de Mnemósine y Zeus Olímpico, Musas Piérides, escuchadme mientras rezo: dadme un sustento continuo para mi vientre, y dadme sin esclavitud, que hizo una vida humilde. Lo útil para los amigos, no lo pongáis dulce. No quiero acumular riquezas gloriosas, buscando la fortuna de un escarabajo y la riqueza de una hormiga, sino participar de la justicia y reunir una riqueza llevadera, fácil de adquirir, valiosa para la virtud. Y habiendo obtenido esto, aplacaré a Hermes y a las Musas puras. No con gastos lujosos, sino con virtudes sagradas».¿ Ves que rezaba alabando a los dioses, y no blasfemando contra ellos como tú? Pues,¿ cuántas hecatombes son dignas de la santidad, que incluso el divino Eurípides alabó correctamente diciendo:« Santidad, señora de los dioses, santidad»?¿ O se te ha escapado esto, que todas las cosas, tanto las grandes como las pequeñas, ofrecidas a los dioses con santidad tienen la misma potencia, y privada de santidad, no una hecatombe, por los dioses, sino la hecatombe de la Olimpiada es solo un gasto, y nada más? Lo que, creo, sabiendo Crates, él mismo honraba a los dioses solo a través de la santidad que tenía con alabanza y enseñaba a los otros a no preferir los gastos a la santidad, sino la santidad a aquellos en los ritos. Siendo tales estos dos hombres, no organizaban auditorios sobre las cosas de los dioses ni se reunían con los amigos a través de imágenes y mitos como los sabios; pues es dicho bien por Eurípides:« El mito de la verdad nació simple»; pues dice que el falso e injusto necesita de esbozos.¿ Cuál era, pues, el modo de su compañía? Las obras guiaban a los discursos, y los que honran la pobreza aparecen ellos mismos los primeros despreciando las riquezas paternas, los que abrazaron la sencillez practicaban la frugalidad en todo, los que eliminaban lo trágico y serio de las vidas ajenas habitaban ellos mismos los primeros las plazas o los recintos de los dioses, y luchaban contra el lujo incluso antes de las palabras a través de las obras, demostrando con obras, no gritando con discursos, que es posible reinar con Zeus no necesitando nada o muy poco y no siendo molestado por el cuerpo, y reprendían a los que erraban cuando vivían los que habían caído, no blasfemaban contra los muertos, cuando incluso los más moderados de los enemigos hacen paces con los que se han ido. Y el verdadero perro no tiene enemigo, aunque alguien golpee su cuerpecito, aunque arrastre su nombre, aunque insulte y blasfeme, porque lo de la enemistad se vuelve hacia el adversario, pero lo que supera la competencia hacia otro suele ser honrado con benevolencia; y si alguien tiene otra disposición hacia él, como creo que muchos hacia los dioses, para aquel no es enemigo, pues ni siquiera es dañino, pero él mismo, imponiéndose el castigo más pesado, la ignorancia de lo mejor, queda privado de la protección de aquel.
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Pero si ahora me propusiera escribir sobre el cinismo, habría dicho sobre esto aún lo que se me ocurre, quizás no menos que lo dicho; pero ahora, devolviendo lo continuo a la elección, examinemos a continuación sobre qué tipo deben ser los que se inventan los mitos. Quizás también esta empresa es guiada por aquella, sobre qué tipo de filosofía es propia la mitografía. Pues aparecen muchos también de los filósofos y de los teólogos habiéndolo hecho, como Orfeo, el más antiguo, habiendo filosofado divinamente, y no pocos también de los que vinieron después de él; sin embargo, también Jenofonte, Antístenes y Platón aparecen habiendo utilizado en muchos lugares los mitos, de modo que nos ha aparecido que, si no al cínico, al menos a algún filósofo le corresponde la mitografía. Debo decir, pues, poco sobre las partes o instrumentos de la filosofía. Pues no es grande la diferencia de cómo uno añada lo lógico a lo práctico y a lo físico; pues parece necesario igualmente según ambos. Cada una de estas tres se divide a su vez en tres, lo físico en lo teológico, lo relativo a las matemáticas y tercero lo relativo a la teoría de las cosas que nacen y perecen y de las eternas, pero cuerpos al fin y al cabo, qué es el ser para ellas y cuál es la esencia de cada una; de lo práctico, lo relativo a un solo hombre, ético, lo económico lo relativo a una sola casa, y lo político lo relativo a la ciudad; además, de lo lógico, lo demostrativo a través de las verdades, lo persuasivo a través de las opiniones comunes, y lo paralogístico a través de las opiniones aparentemente comunes. Siendo tantas las partes de la filosofía, si es que no se me ha escapado algo; y no es de extrañar que un hombre soldado no sea muy preciso ni escudriñe tales cosas, ya que no las dice por ejercicio de libros, sino por la disposición que le ha tocado; seréis, pues, también vosotros mis testigos, si contáis los días, cuántos son los que hay entre esta y la audición que tuvimos hace poco, y de cuántas ocupaciones estamos llenos; pero, como dije, aunque algo haya sido omitido por mí; aunque creo que no falta nada; a menos que el que añade no será enemigo, sino amigo.
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De estas partes, ni a lo lógico le corresponde la mitografía ni a lo matemático de lo físico, sino solo, si acaso, a lo práctico lo relativo a uno solo y a lo teológico lo relativo a lo iniciático y místico; pues la naturaleza suele ocultarse, y lo oculto de la esencia de los dioses no soporta ser arrojado con palabras desnudas a oídos impuros. Lo que la naturaleza secreta de los caracteres es capaz de beneficiar incluso siendo desconocida; cura, al menos, no solo almas, sino también cuerpos, y hace presencias de dioses; esto creo que sucede muchas veces también a través de los mitos, cuando a los oídos de la mayoría, que no pueden recibir las cosas divinas puramente, se les vierte a través de enigmas con la escenificación de los mitos. Habiéndose hecho ya evidente a qué y a qué tipo de filosofía le corresponde a veces mitografiar; pues además del discurso, la elección de los hombres anteriores da testimonio de esto. Puesto que también a Platón se le han mitificado muchas cosas sobre los asuntos en el Hades filosofando teológicamente y, antes que esto, al de Calíope, y a Antístenes, Jenofonte y al mismo Platón, tratando algunas hipótesis éticas, no de forma secundaria, sino con cierta armonía, se ha mezclado la escritura de los mitos, los cuales debías, si querías, imitando, en lugar de Heracles, tomar el nombre de Perseo o de algún Teseo y grabar el tipo antisténico, y en lugar de la escenificación de Pródico sobre estos dos dioses, introducir otra similar en el teatro.
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Puesto que también mencioné los mitos iniciáticos, vamos ahora a intentar ver por nosotros mismos cuáles deben ser los que convienen a cada una de las partes, sin necesitar ya de testigos antiguos en todo, siguiendo nuevos rastros de un hombre a quien yo, después de los dioses, admiro y venero por igual a Aristóteles y Platón. Dice este no sobre todo, sino sobre los iniciáticos, que nos transmitió Orfeo, el que estableció las iniciaciones más sagradas. Pues lo que es absurdo en los mitos le abre camino a esto mismo hacia la verdad. Cuanto más paradójico y monstruoso es el enigma, tanto más parece testificar que no se crea en lo que se dice directamente, sino que se escudriñe lo oculto y no se desista antes de que, habiéndose hecho manifiesto bajo dioses guías, perfeccione, o más bien complete, la mente que hay en nosotros, y si es que hay algo mejor en nosotros que la mente, una pequeña parte del uno mismo y del bien que tiene el todo indivisiblemente, plenitud del alma y que mantiene toda ella en el uno y el bien a través de su presencia superior, separada y excluida. Pero esto sobre el gran Dioniso no sé cómo me vino al estar bacante de enloquecer; pero pongo el buey en la lengua; pues sobre las cosas indecibles no hay que decir nada. Pero que los dioses les den a aquellos y a la mayoría de vosotros, cuantos sois hasta ahora no iniciados en esto, el beneficio.
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Sobre lo que es lícito decir y escuchar y no es censurable para ambos, todo discurso que se presenta está compuesto de expresión y pensamiento. Por tanto, puesto que también el mito es un discurso, estará compuesto de estos dos. Examinemos cada uno de ellos. Hay una disposición simple en todo discurso, y además se presenta según una figura, y los ejemplos de ambos son muchos. Lo uno, pues, es simple y no necesita variedad, pero lo figurado tiene muchas diferencias en sí mismo, de las cuales, si te ha importado la retórica, no eres ignorante. De estas figuras según el pensamiento, convienen al mito la mayoría; excepto que para mí no hay que decir ahora sobre la mayoría ni sobre todas, sino sobre dos, la solemne según el pensamiento y la absurda. Estas mismas cosas suceden también respecto a la expresión. Pues se forma de alguna manera y se figura por los que no se presentan al azar ni arrastrando como un torrente basura de palabras desde la encrucijada; sino de estos dos, cuando inventamos sobre las cosas divinas, deben ser muy solemnes las palabras y la expresión lo más sensata, bella y más apropiada para los dioses posible, y nada de las cosas vergonzosas y blasfemas o impías, para que no nos convirtamos en iniciadores de tal audacia para la multitud, o más bien, incluso antes que la multitud, nos adelantemos a haber sido impíos respecto a los dioses. No debe haber, pues, nada absurdo respecto a tales expresiones, sino todo solemne, bello, magnífico, divino, puro y que apunte en la medida de lo posible a la esencia de los dioses.
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Pero lo absurdo según el pensamiento, al hacerse por causa de lo útil, debe ser admitido, para que los hombres, no necesitando alguna advertencia de fuera, sino siendo enseñados por las cosas dichas en el mito, se apresuren a buscar y curiosear lo oculto bajo la guía de los dioses. Pues mira, yo escuché a muchos diciendo que Dioniso era un hombre, puesto que nació de Sémele, pero dios a través de la teúrgia y la iniciación, al igual que el señor Heracles fue llevado al Olimpo por el padre Zeus a través de la virtud real. Pero, amigo, dije, no entendéis el mito que alude claramente. Pues,¿ dónde está el nacimiento como el de Heracles, así también el de Dioniso, teniendo lo mejor, superior y excluido, pero permaneciendo aún en lo moderado de la naturaleza humana y de alguna manera asimilándose a nosotros? Heracles, en cambio, se dice que nació niño y que poco a poco el cuerpo divino se desarrolló en él, y se cuenta que fue a maestros, y se dice que hizo campaña y venció a todos, pero que se cansó según el cuerpo. Y sin embargo, estas cosas le sucedieron a él, pero de forma mayor que a un hombre. Pues cuando en las pañales estrangulaba a las serpientes y se enfrentaba a los elementos mismos de la naturaleza, calores y fríos, luego a las cosas más difíciles e invencibles, digo por falta de alimento y desierto, y el viaje a través de él, creo, del mar sobre la copa de oro, que yo creo, por los dioses, que no es una copa, sino que he pensado que caminó sobre ella como si el mar estuviera seco. Pues,¿ qué era difícil para Heracles?¿ Y qué no obedeció a su cuerpo divino y purísimo, sirviendo los elementos llamados así a su potencia creadora y perfeccionadora de la mente inmaculada y pura? A quien el gran Zeus, a través de la Providencia Atenea, habiendo puesto a esta diosa como guardiana, habiéndose entregado todo de todo, lo plantó como salvador para el mundo, luego lo llevó de vuelta a través del fuego del rayo hacia sí mismo, habiendo ordenado al niño venir hacia sí bajo la señal divina del resplandor etéreo. Pero sobre esto, que Heracles sea propicio para mí y para vosotros.
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¿ En qué se asemeja a las cosas humanas el nacimiento de Dioniso, que aunque se celebra como tal, no es un nacimiento, sino una manifestación divina? Dicen que su madre, al estar encinta, engañada por la celosa Hera, suplicó a su amante que acudiera a ella como solía visitar a su esposa legítima; entonces, al no soportar el cuerpecito los estruendos de Zeus, fue consumido por el rayo. Mientras todo ardía a la vez, Zeus ordenó a Hermes arrebatar a Dioniso y, cortándose su propio muslo, lo cosió en él; luego, cuando el niño llegó a término, Zeus, con dolores de parto, acude a las ninfas; estas, recitando un conjuro sobre el muslo para que el niño saliera, trajeron a la luz nuestro ditirambo; después, dicen, el dios enloqueció por causa de Hera, pero la Madre de los dioses le curó la enfermedad, y él fue inmediatamente un dios. En cualquier caso, no le seguían Licas, como a Heracles, ni Yolao, ni Telamón, ni Hilas, ni Abdero, sino Sátiros, Bacantes, Panes y un ejército de demonios.¿ Ves cómo la semilla es humana a través de los rayos, pero el nacimiento es más humano, y las acciones de ambos, los mencionados, son más parecidas a las humanas?¿ Por qué, pues, no desechamos esa necedad y sabemos primero, sobre esto, que Sémele era sabia en las cosas divinas? Pues era hija de Cadmo el fenicio, y el dios mismo da testimonio de la sabiduría de estos al decir:« Muchos caminos de los bienaventurados conocieron los fenicios».
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Me parece, pues, que esta primera entre los griegos, al percibir a este dios y predecir su futura aparición no mucho tiempo después, movió algunos de los ritos que le rodeaban más pronto de lo debido, al no soportar esperar el tiempo destinado, y luego fue consumida por el fuego que fluyó sobre ella. Y puesto que Zeus había decidido otorgar a todos los hombres en común el comienzo de un nuevo orden y transformarlos de la vida nómada a una más civilizada, Dioniso apareció desde los indios como un demonio visible, visitando las ciudades, llevando consigo un gran ejército de ciertos demonios y dando a los hombres, en común a todos, como símbolo de su aparición, la planta de la vid, por la cual me parece que los griegos, al haberse civilizado los aspectos de su vida, le otorgaron este mismo nombre, y llamaron a Sémele su madre debido a la profecía, sobre todo porque el dios la honraba, ya que fue la primera hierofante de la aparición que aún estaba por llegar. Siendo la historia de tal naturaleza, como podría examinar alguien que investigue con precisión, aquellos que buscan quién es Dioniso entre los dioses, tomando la verdad, como dije, la convirtieron en mito, aludiendo tanto a la esencia del dios como a su gestación en los seres inteligibles junto al padre y a su nacimiento no engendrado en el mundo... en el todo, y las demás cosas sucesivas que eran dignas de investigación, pero no es fácil para mí expresarlas, quizás también por ignorar aún la precisión sobre ellas, y quizás también por no querer exponer al dios, oculto y a la vez manifiesto, como en un teatro, ante oídos inexaminados y mentes vueltas hacia cualquier cosa menos hacia la filosofía. Pero sobre esto, que lo sepa el propio Dioniso, a quien también rezo para que libere mis mentes y las vuestras de la embriaguez hacia el verdadero conocimiento de los dioses, para que no permanezcamos mucho tiempo sin ser iniciados en el dios y suframos lo que Penteo, quizás incluso viviendo, pero ciertamente después de habernos despojado del cuerpo. Pues a aquel para quien la plenitud de la vida no sea perfeccionada por la bacanal divina en torno al dios, a partir de la esencia de Dioniso, que preexiste como una unidad y es totalmente indivisible en lo divisible y entera en todas las cosas sin mezcla, a ese le corre peligro de que su vida fluya hacia muchas cosas, y al fluir, se desgarre, y al desgarrarse, perezca; y que nadie, al escuchar« fluir» y« desgarrarse», preste atención a las palabras como si fueran agua o un hilo de lino, sino que entienda lo que se dice de otra manera, la que Platón, la que Plotino, la que Porfirio, la que el divino Jámblico. Y quien no lo haga así, se reirá, pero sepa que se ríe con una risa sardónica, estando siempre vacío del conocimiento de los dioses, por el cual yo no cambiaría ni siquiera el gobernar todo el mundo junto con el de los bárbaros,¡ no, por mi señor Helios! Pero de nuevo, no sé qué dios me ha embriagado hacia esto sin que yo lo eligiera.
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La razón por la que dije esto: cuando los mitos sobre las cosas divinas resultan absurdos según el sentido literal, nos gritan y protestan directamente que no creamos simplemente, sino que observemos y busquemos lo que está oculto. Y lo absurdo es tanto mejor que lo solemne en estos casos, cuanto que a través de lo segundo existe el peligro de considerar a los dioses como hombres, aunque sean muy bellos, grandes y buenos, mientras que a través de lo absurdo, al despreciar lo que se dice en la superficie, existe la esperanza de elevarse hacia su esencia separada y su intelecto puro que supera a todos los seres. Estas son, pues, las causas por las que la filosofía teúrgica y mistagógica, aunque pronuncia las palabras como algo más sagrado y solemne que cualquier otra cosa, hace una interpretación diferente de tales cosas según el sentido.
18
El que inventa discursos y presenta mitos para la corrección de las costumbres, que haga esto no ante hombres, sino ante niños, ya sea por edad o por juicio, pero que ciertamente necesiten estos discursos. Si, pues, te hemos parecido niños, ya sea yo o este Anatolio, y cuenta también en esto a Memorio y a Salustio, y además de estos, si quieres, a los demás sucesivamente,¡ necesitas Anticiras! Pues,¿ por qué alguien habría de fingir? Porque, por los dioses y por el mito mismo, o mejor dicho, por el rey común de todos, Helios,¿ qué obra grande o pequeña has hecho?¿ A quién has apoyado cuando luchaba por la justicia?¿ A quién has consolado cuando estaba de duelo, enseñándole con el discurso que la muerte no es un mal ni para el que la sufre ni para sus allegados?¿ Quién te acusará de su propia templanza juvenil, porque lo has hecho pasar de libertino a templado y bello, no solo en el cuerpo, sino mucho más en el alma?¿ Qué ejercicio de vida has hecho?¿ Y qué es digno de la vara de Diógenes o, sí, por Zeus, de la franqueza que has hecho?¿ Crees que es una gran obra tomar una vara o dejarse crecer el pelo, y recorrer las ciudades y los campamentos, y maldecir a los mejores y servir a los peores? Dime, por Zeus y por estos que escuchan, que por vosotros se desvían de la filosofía,¿ por qué fuiste a Italia ante el difunto Constancio, pero ya no hasta las Galias? Aunque, al viajar hacia nosotros, si nada más, al menos ibas a acercarte a un hombre más capaz de entender tu voz.¿ Y qué es eso de andar por todas partes y causar problemas a las mulas? Y yo oigo que también a los que conducen las mulas, que os temen más a vosotros que a los soldados; pues oigo que algunos de vosotros usáis esos palos más cruelmente que ellos sus espadas. Os volvéis, pues, justificadamente más temibles para ellos. Hace tiempo que os puse este nombre, pero ahora parece que incluso lo voy a escribir. Los impíos galileos llaman a algunos« apotactitas»; la mayoría de estos, renunciando a poco, recogen mucho, o mejor dicho, todo de todas partes, y se procuran ser honrados, escoltados y servidos. Vuestra obra es algo parecido, excepto quizás por el ganar dinero. Pero esto no sucede por vosotros, sino por nosotros; pues somos más inteligentes que esos insensatos; quizás también porque no tenéis ningún pretexto para recaudar impuestos de manera presentable, como ellos, lo que llaman, no sé cómo, limosna, pero todo lo demás es parecido para vosotros y para ellos. Habéis abandonado la patria como ellos, vagáis por todas partes y habéis molestado al campamento más que ellos y más insolentemente; pues ellos son llamados, pero vosotros incluso sois expulsados.¿ Y qué bien ha resultado de esto para vosotros, o mejor dicho, para nosotros los demás? Subió Asclepiades, luego Sereniano, luego Chitron, luego no sé qué muchacho rubio y alto, luego tú, y con vosotros otros el doble.¿ Qué bien ha resultado, pues, de vuestra subida, oh excelentes?¿ Qué ciudad o qué particular se ha dado cuenta de vuestra franqueza? No fue insensato al principio elegir el camino hacia el rey que ni siquiera quería veros, pero al subir, lo usasteis más insensatamente, más ignorantemente y más locamente, adulando a la vez que ladrando y dando libros y suplicando que estos fueran presentados; no creo que ninguno de vosotros haya ido tantas veces a un filósofo como a un copista, de modo que para vosotros la Academia y el Liceo eran, en lugar de la Estoa Pecile, los pórticos de los palacios.
19
¿ No quitaréis esto?¿ No lo dejaréis ahora al menos, si no antes, cuando no tenéis nada más por la melena y la vara?¿ Y cómo es que la filosofía se ha vuelto despreciable por vosotros? Los más ignorantes de los retóricos, que ni siquiera pueden ser purificados de la lengua por el propio rey Hermes, ni ser instruidos ni siquiera por la propia Atenea junto con Hermes, habiendo arrebatado esto de la agilidad callejera y errante; pues ni siquiera conocen el proverbio que circula:« racimo junto a racimo madura»; se lanzan al cinismo: vara, manto, melena, y de ahí ignorancia, audacia, insolencia y, simplemente, todas esas cosas. Ojalá vosotros también recorrierais el camino largo, dicen, el camino corto y tenso hacia la virtud; más fácilmente habríais llegado por aquel que por este.¿ No sabéis que los caminos cortos tienen grandes dificultades? Y así como en las carreteras, el que ha podido ir por el camino corto rodea más fácilmente el camino circular, pero no a la inversa, el que va por el camino circular no llegaría necesariamente también por el atajo, así también en la filosofía hay un fin y un principio único: conocerse a sí mismo y asemejarse a los dioses; el principio, pues, es conocerse a sí mismo, y el fin, la semejanza con los seres superiores.
20
Quien, pues, quiere ser cínico, habiendo despreciado todas las monedas y las opiniones humanas, se ha vuelto primero hacia sí mismo y hacia el dios. Para él, el oro no es oro, ni la arena es arena, si alguien examinara estas cosas para un intercambio y le permitiera convertirse en tasador de su valor; pues sabe que ambas son tierra. Y considera que lo más raro y lo más fácil de ser vanidad de los hombres son obras de la ignorancia; no pone lo vergonzoso o lo bello en lo que es alabado o censurado, sino en la naturaleza; huye de los alimentos superfluos; rechaza los placeres. Y al ser forzado el cuerpo, no se ha adherido a la opinión ni espera al cocinero, los condimentos y el olor de la grasa, ni mira a Friné, ni a Laida, ni a la esposa de tal, ni a la hijita, ni a la criada; sino que, habiendo satisfecho lo más posible el cuidado del cuerpo con lo que se encuentra y habiendo apartado lo que le molesta, desde arriba, desde la cumbre del Olimpo, mira a los demás vagando en la oscuridad en el prado de Ate, soportando por placeres totalmente insignificantes cosas que ni siquiera los más elegantes de los poetas cuentan junto al Cocito y el Aqueronte. Este es el camino corto. Pues debe salir de sí mismo de golpe y saber que es divino, y mantener su intelecto de manera inquebrantable e inamovible en los pensamientos divinos, inmaculados y puros, y despreciar totalmente el cuerpo y considerarlo, según Heráclito, más desechable que el estiércol, y satisfacer sus cuidados de la manera más fácil, hasta que el dios ordene usar el cuerpo como un instrumento. Esto, pues, es como dicen por este camino. Pero volveré de donde salí.
21
Puesto que conviene contar los mitos a los niños, ya sea por juicio, aunque sean hombres, o a los niños por edad, hay que examinar cómo no se diga nada ofensivo ni hacia los dioses ni hacia los hombres, o, como hace poco, algo impío; y además, esto debe ser examinado con precisión en todo, si es plausible, si es apropiado a los hechos, si el mito que se inventa es verdadero. Puesto que lo que has hecho ahora no es un mito tuyo; aunque me jactaré de esto; sino que el mito es antiguo, pero tú lo has adaptado a otros hechos, lo cual creo que suelen hacer los que usan la construcción tropológica de los pensamientos; y el poeta de Paros es abundante en esto. Pareces, pues, no haber inventado un mito, oh muy inteligente, para jactarte en vano; aunque esto es obra de una nodriza ingeniosa. Si las narraciones míticas de Plutarco hubieran llegado a tus manos, nunca se te habría escapado en qué se diferencia inventar un mito desde el principio y adaptar el existente a hechos propios. Pero para no detenerte y encadenarte, que recorres el camino corto, con libros largos y difíciles de desenredar;¿ acaso no has oído el mito de Demóstenes, que el peaniense hizo ante los atenienses, cuando el macedonio exigía a los oradores atenienses? Había que inventar algo así;¿ o, por los dioses, era obra decir un mitito así? Me obligarás a convertirme también en mitógrafo.
22
Un hombre rico tenía muchas ovejas y rebaños de bueyes y rebaños de cabras, y sus caballos eran innumerables, pastoreados por el pantano, y pastores, tanto esclavos como libres asalariados, y boyeros de bueyes y cabreros de cabras y criadores de caballos, y muchísimas posesiones. De estas, muchas le había dejado su padre, y él mismo había adquirido muchas más, queriendo enriquecerse justa e injustamente; pues le importaba poco de los dioses. Tuvo muchas mujeres y de ellas hijos e hijas, a quienes, habiéndoles repartido la propiedad, murió, sin enseñarles nada sobre la administración, ni cómo alguien podría adquirir tales cosas si no están presentes o conservarlas si están presentes. Pues pensaba por ignorancia que la cantidad era suficiente, ya que él mismo no era muy experto en tal arte, al no haberla adquirido por discurso, sino más bien por cierta costumbre y experiencia, como los malos médicos que curan a los hombres solo por la experiencia, de donde también se les escapan muchas de las enfermedades. Pensando, pues, que la cantidad de hijos era suficiente para conservar la propiedad, no se preocupó en absoluto de que fueran virtuosos. Pero esto fue el comienzo para ellos, primero, de las injusticias entre ellos. Pues deseando cada uno, como el padre, tener mucho y solo, se volvió contra el prójimo. Mientras tanto, esto se hacía. Y los parientes también disfrutaban, sin haber sido educados bien ellos mismos, de la insensatez e ignorancia de los hijos. Luego todo se llenó de asesinatos, y la maldición trágica era llevada a la obra por el demonio; pues se repartían los bienes paternos con hierro afilado, y todo estaba lleno de desorden; los santuarios paternos eran demolidos, habiendo sido despreciados antes por el padre y despojados de las ofrendas, que habían sido puestas por muchos otros, y no menos por sus antepasados. Al ser demolidos los santuarios, se construían tumbas antiguas y nuevas, anunciándoles el azar y la fortuna que, en efecto, necesitarán muchas tumbas en poco tiempo, puesto que les importaba poco de los dioses. Estando, pues, todo mezclado y consumándose bodas que no eran bodas y siendo profanadas las cosas humanas junto con las divinas, la compasión invadió a Zeus; luego, mirando hacia Helios:« Hijo», dijo,« brote más antiguo entre los dioses que el cielo y la tierra,¿ todavía piensas guardar rencor a un hombre obstinado y audaz, que al abandonarte se convirtió en causa para sí mismo y para su linaje de tales sufrimientos?¿ O crees que, porque no te enfadas ni te indignas ni afilas las flechas contra su linaje, eres menos causa de esta desgracia para él, al dejar su casa desierta? Pero», dijo,« llamemos a las Moiras, por si el hombre debe ser ayudado». Ellas obedecieron inmediatamente a Zeus. Y Helios, como pensando algo y calculando él mismo, prestaba atención a Zeus, fijando los ojos. Y la mayor de las Moiras:« Impedid», dijo,« oh padre, la Piedad junto con la Justicia. Es, pues, obra tuya, puesto que nos ordenaste ceder ante ellas, persuadir también a aquellas. Pero, pues son mis hijas», dijo,« y es digno preguntarles;¿ qué, pues, oh señora, decís? Pero de esto», dijeron,« oh padre, tú mismo eres el señor. Pero observa cómo entre los hombres este malvado celo de impiedad no prevalecerá totalmente».« Sobre ambas cosas», dijo,« yo observaré». Y las Moiras, estando cerca, tejían todo como el padre quería. Y Zeus comienza a decir a Helios:« Este niño», dijo; pues era pariente de ellos, abandonado en algún lugar y descuidado, sobrino de aquel rico y primo de los herederos;« este», dijo,« es tu descendiente. Jura, pues, por mi cetro y el tuyo, que ciertamente te ocuparás de él de manera especial y lo pastorearás y lo curarás de la enfermedad. Pues ves cómo está lleno de humo, suciedad y hollín, y hay peligro de que el fuego sembrado por ti en él se apague, si tú no te pones como defensa. A ti, pues, yo y las Moiras te cedemos; tómalo, pues, y críalo». Al oír esto, el rey Helios se alegró, complacido con el niño, viendo que aún se conservaba en él una pequeña chispa de sí mismo, y de ahí en adelante criaba a aquel niño, sacándolo de la sangre y del tumulto y de la matanza de hombres. Y el padre Zeus ordenó también a Atenea, la sin madre, la virgen, criar al niño junto con Helios. Y cuando fue criado y se convirtió en joven, primero con barba, cuya juventud es la más encantadora, al observar la cantidad de males, cuánto había sucedido en torno a sus parientes y primos, necesitó arrojarse al tártaro, horrorizado por la magnitud de los males. Y cuando Helios, siendo benevolente junto con la Providencia Atenea, al arrojar cierto sueño y letargo, lo apartó de esta intención, al despertar de nuevo se va a la soledad. Luego, al encontrar allí una pequeña piedra, descansó y observaba para sí mismo de qué manera escapará de la magnitud de tantos males; pues ya todo le parecía malvado, y nada bello en ninguna parte hasta entonces. Hermes, pues, se le acercó; pues tenía una relación cercana con él; apareciendo como un joven de su edad, lo saludó amablemente y,« Ven», dijo,« yo seré tu guía de un camino más suave y más llano, al superar este pequeño lugar tortuoso y escarpado, donde ves a todos tropezar y volver de allí atrás». Y el joven se fue con mucha precaución, teniendo consigo espada, escudo y lanza, pero lo que rodeaba la cabeza estaba desnudo hasta entonces. Confiando, pues, en él, avanzaba hacia adelante por un camino suave, no quebradizo, muy limpio y cargado de frutos y muchas flores y bienes, los que son queridos por los dioses, y árboles de hiedra, laurel y mirto. Y al llevarlo a un monte grande y alto,« En la cumbre de este», dijo,« se sienta el padre de todos los dioses. Mira, pues; aquí está el gran peligro; cómo lo adorarás de la manera más sagrada, y pedirás de él lo que quieras; pero elige, oh niño, lo mejor». Al decir esto, Hermes se ocultó de nuevo. Y él quería preguntar a Hermes qué es lo que hay que pedir al padre de los dioses, pero al no verlo cerca,« Necesitado», dijo,« pero bella es, sin embargo, la recomendación. Pidamos, pues, con buena fortuna lo mejor, aunque todavía no veamos claramente al padre de los dioses. Oh Zeus padre, o como te sea grato el nombre y como sea llamado; muéstrame el camino que lleva hacia ti arriba. Pues me parecen mejores los lugares de allí, al adivinar ante ti la belleza que hay junto a ti, a partir del esplendor de estos lugares de donde hemos venido hasta ahora». Al rezar esto, le sobrevino un sueño o un éxtasis. Y él le muestra al propio Helios. Horrorizado, pues, el joven por la visión,« Pero a ti», dijo,« oh padre de los dioses, por las demás cosas y por todas estas, me entregaré llevándome a mí mismo». Y al rodear con las manos las rodillas de Helios, se aferraba firmemente, suplicando que lo salvara. Y él, al llamar a Atenea, ordenó primero interrogarlo sobre cuántas armas traía. Y cuando veía el escudo y la espada junto con la lanza,« Pero,¿ dónde tienes», dijo,« oh niño, la Gorgona y el casco?». Y él,« También esto», dijo,« apenas lo adquirí; pues no había nadie que ayudara al abandonado en la casa de los parientes».« Sabe, pues», dijo el gran Helios,« que ciertamente debes volver allí». Allí suplicaba que no lo enviara allí de nuevo, sino que lo retuviera, como si no fuera a volver después, sino a perecer por los males de allí. Y al suplicar llorando,« Pero eres joven», dijo,« y no iniciado. Ve, pues, ante vosotros, para que seas iniciado y vivas allí con seguridad; pues debes ir y purificar todos esos actos impíos, y exhortarme a mí y a Atenea y a los demás dioses». Al oír esto, el joven permanecía en silencio. Y el gran Helios, al llevarlo a cierto puesto de observación, cuya parte superior estaba llena de luz, y la de abajo de innumerables brumas, a través de las cuales, como a través del agua, la luz llegaba débilmente desde el rayo del rey Helios,«¿ Ves», dijo,« al primo heredero?». Y él,« Veo», dijo.«¿ Y qué?¿ A estos boyeros y pastores?». Y el joven dijo que también los veía.«¿ Qué clase de heredero te parece?¿ Y qué clase de pastores y boyeros?». Y el joven,« El uno», dijo,« me parece que dormita la mayor parte del tiempo y, al hundirse, disfruta secretamente de los placeres, y de los pastores, lo ingenioso es poco, pero la mayoría es malvada y bestial. Pues come y vende las ovejas y daña doblemente al señor. Pues destruye sus rebaños y, al traer poco de muchos, dice que no tiene salario y se lamenta. Aunque era mejor exigir los salarios completos que destruir el rebaño».« Si, pues», dijo,« yo, junto con esta Atenea, ordenándolo Zeus, te estableciera en lugar de este heredero como administrador de todo esto—?». De nuevo allí el joven se resistía y suplicaba mucho que se quedara. Y él,« No seas demasiado desobediente», dice,« no sea que alguna vez te odie, como ahora te he amado terriblemente». Y el joven,« Pero, oh grandísimo», dijo,« Helios y Atenea, te tomo como testigo a ti y al propio Zeus, usadme para lo que queráis». De nuevo, pues, Hermes, al aparecer de repente, hizo al joven más valiente. Pues ya pensaba haber encontrado al guía para el camino de vuelta y la estancia allí. Y Atenea,« Aprende», dijo,« oh excelente, de este buen padre, este dios, y mi brote. A este», dijo,« heredero, los mejores de los pastores no lo alegran, pero los aduladores y los malvados lo han hecho esclavo y subordinado. Sucede, pues, que no es amado por los justos, y por los que se cree que aman, es dañado en lo más grande. Observa, pues, cómo al volver no pondrás al adulador antes que al amigo. Escucha mi segunda recomendación, oh niño. Este, al dormitar, es engañado la mayor parte del tiempo; tú, en cambio, sé sobrio y vigila, no sea que el adulador te engañe a través de la franqueza del amigo y no te des cuenta, como un herrero lleno de humo y carbón, teniendo un manto blanco y el rostro untado con albayalde, y luego le des para casarse con alguna de tus hijas. Escucha mi tercera recomendación, y guárdate muy fuertemente, y respétanos solo a nosotros, y a cualquier hombre que sea semejante a nosotros, pero a ningún otro».¿ Ves cómo a este necio lo dañaron la vergüenza y el ser demasiado tímido? Y el gran Helios, al retomar de nuevo el discurso, dijo:« Al elegir amigos, úsalos como amigos, y no los consideres siervos ni servidores, sino acércate a ellos libre, sencilla y noblemente, no diciendo unas cosas y pensando otras sobre ellos.¿ Ves que también a este heredero lo destruyó esto, la desconfianza hacia los amigos? Ama a los subordinados como nosotros a ti. Que lo que es hacia nosotros te parezca el mejor de todos los bienes; pues somos tus benefactores, amigos y salvadores». Al oír esto, el joven se sintió aliviado y era evidente que ya obedecía en todo a los dioses.« Pero ve», dijo,« camina con buena esperanza. Pues nosotros estaremos contigo en todas partes, yo y Atenea y este Hermes y con nosotros todos los dioses que están en el Olimpo y los que están en torno al aire y la tierra y todo el linaje divino en todas partes, hasta que seas santo en lo que es hacia nosotros y fiel en lo que es hacia los amigos y humano en lo que es hacia los subordinados, gobernándolos y guiándolos hacia lo mejor; pero no cedas siendo esclavo ni de tus propios deseos ni de los de ellos. Teniendo, pues, la panoplia que trajiste ante nosotros, vete habiendo tomado esta antorcha de mí, para que también en la tierra brille para ti una gran luz y no desees nada de lo que hay aquí, y de esta bella Atenea, la Gorgona y el casco; pues muchas cosas, ves, tiene ella, y da a quien quiere. Y Hermes te dará también una vara de oro. Ve, pues, adornado con esta panoplia por toda la tierra y por todo el mar, obedeciendo inquebrantablemente nuestras leyes, y que nadie, ni hombres ni mujeres, ni de los allegados ni de los extranjeros, te persuada de olvidar nuestras órdenes. Pues al permanecer en ellas, serás amigo y honrado para nosotros, respetable para nuestros buenos servidores, y temible para los hombres malvados y desgraciados. Y sabe que se te han dado los cuerpos para esta función. Pues queremos purificar la casa ancestral por respeto a los antepasados. Recuerda, pues, que tienes el alma inmortal y eres nuestro descendiente, y al seguirnos serás un dios y verás a nuestro padre junto con nosotros».
23
Si esto es un mito o un relato verdadero, no lo sé. Pero lo que tú has hecho,¿ a quién quieres que represente Pan y a quién Zeus, si no es esto, tal como somos tú y yo, tú Zeus y yo Pan?¡ Oh, qué ridículo Pseudopan, más ridículo, por Asclepio, que un hombre que es cualquier cosa menos Zeus!¿ No es esto, en rigor, el producto de una boca enloquecida, no de una locura divina, sino de una locura aturdida?¿ No sabes que también Salmoneo pagó a los dioses por estas cosas, porque, siendo hombre, intentó ser Zeus? Si aún no has oído lo que se dice de Hesíodo sobre quienes se dieron a sí mismos los nombres de los dioses, de Hera y de Zeus, puedo perdonarte; pues no fuiste bien educado ni tuviste un guía como el que yo tuve para los poetas, este filósofo, tras el cual llegué a los umbrales de la filosofía para ser iniciado por un hombre a quien he considerado superior a todos los de mi tiempo. Él, antes que nada, me enseñaba a practicar la virtud y a considerar a los dioses como guías de todo lo bello. Si ha logrado algo útil, él mismo lo sabrá y, antes que él, los dioses reyes; pero esto eliminaba lo maníaco y audaz, e intentaba hacerme más sensato conmigo mismo. Yo, aunque, como sabes, estaba alado por las ventajas externas, sin embargo me sometí al guía y a sus amigos, contemporáneos y condiscípulos, y de aquellos a quienes oía elogiar por él, me apresuraba a ser oyente, y leía aquellos libros que él mismo aprobaba. Así, nosotros, formados por guías— por un filósofo el que me completó en la educación preparatoria, y por uno muy filósofo el que me mostró los umbrales de la filosofía—, aunque poco debido a las ocupaciones que nos sobrevinieron desde fuera, sin embargo disfrutamos de la recta dirección, no por el camino corto que tú dices, sino recorriéndolo por el rodeo; aunque, por los dioses, creo que me encaminé hacia la virtud de forma más directa que tú. Pues yo, si no es presuntuoso decirlo, estoy de pie en sus umbrales, mientras que tú estás lejos incluso de los umbrales.¿ Qué participación tienes tú en la virtud, o tus hermanos?— retirando lo difamatorio, completa tú mismo lo que queda; si quieres, sopórtalo también dicho suavemente por nosotros—. Criticas a todos sin hacer tú nada digno de elogio, elogias de forma vulgar como ninguno de los oradores más ignorantes, a quienes, por la escasez de discursos y por no tener qué decir a partir de lo presente, les viene a la mente Delos y Leto con sus hijos, luego cisnes cantando melodiosamente y los árboles resonando con ellos, prados húmedos de rocío llenos de hierba suave y profunda, el aroma de las flores, la primavera misma y algunas imágenes semejantes.¿ Dónde hizo esto Isócrates en sus discursos encomiásticos?¿ Dónde alguno de los hombres antiguos, que eran iniciados genuinamente en las Musas, y no como los de ahora? Dejo lo siguiente para no enemistarme también con ellos al mismo tiempo que choco con los más viles de los cínicos y de los oradores; pues, en lo que a mí respecta, con los mejores de los cínicos, si es que hay alguno ahora, y con los nobles oradores, todo es amistad.
24
De tales discursos, aunque fluye una gran multitud— y no hay quien, queriendo hablar, no pudiera extraer de una tinaja muy abundante—, me abstendré por causa de la ocupación que tenemos ante nosotros. Añadiendo aún poco al discurso como una deuda, me volveré hacia otra cosa, completando en algún lugar este escrito suyo.¿ Cuál es, pues, la cautela de los pitagóricos respecto a los nombres de los dioses, y cuál la de Platón?¿ Qué clase de hombre era Aristóteles en esto?¿ No es digno de verlo?¿ O nadie negará que el samio fue así? Pues ni permitía llevar los nombres de los dioses en el sello ni usar el juramento temerariamente con los nombres de los dioses. Si ahora dijera que también viajó a Egipto y vio a los persas e intentó en todas partes contemplar todos los misterios de los dioses y ser iniciado en toda clase de ritos en todas partes, diré quizás cosas desconocidas para ti, pero familiares y claras para la mayoría. Pero escucha a Platón:« Mi temor, oh Protarco, hacia los nombres de los dioses no es humano, sino que supera el mayor miedo». Y ahora, a Afrodita, como a ella le place, así la llamo; pero sé que el placer es variado; esto se dice en el Filebo, y otras cosas semejantes de nuevo en el Timeo; pues considera que se debe creer simplemente y sin demostración lo que dicen los poetas sobre los dioses. He expuesto esto para que no te proporcione un pretexto, como creo que a muchos de los platónicos, el que Sócrates sea irónico por naturaleza para despreciar la doctrina platónica. Pues allí no es Sócrates, sino Timeo quien dice esto, siendo en absoluto irónico. Aunque esto no es sano: no examinar lo que se dice, sino a quienes lo dicen, y ante quiénes se realizan los discursos.¿ Quieres, pues, que te dicte después la sirena omnisciente, el tipo de Hermes el elocuente, el amigo de Apolo y de las Musas? Aquel considera que quienes preguntan o intentan investigar en absoluto si los dioses existen, no deben obtener respuesta como los hombres, sino castigo como las fieras. Si hubieras leído su discurso introductorio, que estaba escrito antes tanto del de Platón como del de su propia escuela, habrías sabido, antes que nada, que se pregonaba ser piadosos hacia los dioses, estar iniciados en todos los misterios, haber cumplido los ritos más sagrados y haber sido conducidos a través de todas las disciplinas por quienes caminan dentro del peripato.
25
Tú, en cambio, procura no asustarnos presentándonos a Diógenes como si fuera un espantajo. Pues no fue iniciado, dicen, sino que, ante quien lo exhortaba a iniciarse, dijo:« Ridículo, joven, si crees que los recaudadores de impuestos, por causa de este rito, compartirán los bienes sagrados de los que están en el Hades, mientras que Agesilao y Epaminondas yacerán en el fango». Esto, joven, es muy profundo y requiere de una explicación, como me convenzo a mí mismo, mayor, de la cual las propias diosas nos den la intuición; y creo que ya se ha dado. Pues parece que Diógenes no es, como ustedes pretenden, impío, sino semejante a aquellos de quienes hice mención poco antes. Pues, al mirar la situación que lo sobrevino, y luego al mirar los mandatos del Pitio y comprender que el que se iniciaba debía ser inscrito primero como ciudadano y ser ateniense, si no por naturaleza, al menos por ley, esto evitó, no el ser iniciado, pensando que él era ciudadano del mundo, y dignándose, por su grandeza de alma, a ser conciudadano de las esencias totales de los dioses, que gobiernan el mundo entero en común, y no de las que se han repartido sus partes; y no transgredió la norma por respeto a los dioses, aunque pisoteaba y alteraba las otras cosas; y no se reintegró a sí mismo de donde se había liberado gustosamente.¿ Y qué era esto? El someterse a las leyes de una sola ciudad y someterse a ella, lo cual era necesario sufrir al hacerse ateniense.¿ Cómo no iba a querer el que caminaba a Olimpia por causa de los dioses, el que obedeció al Pitio y filosofó como Sócrates— pues él mismo dice que tiene al Pitio en casa, consigo mismo, de donde le vino también el impulso hacia la filosofía— entrar dentro de los santuarios y muy gustosamente, si no evitaba esto: el someterse a leyes y declararse esclavo de una constitución? Pero,¿ por qué no dijo esta misma causa, y en cambio, a partir de los contrarios, la que quita no poco de la solemnidad de los misterios? Quizás alguien podría atribuir tales cosas incluso a Pitágoras, razonando incorrectamente. Pues no todo debe decirse, y creo que incluso de estas mismas cosas, de las que es lícito hablar, algunas me parece que deben ser calladas ante la mayoría. Sin embargo, la causa de esto también es evidente. Pues, al observar que quien lo exhortaba a tales cosas descuidaba la rectitud de la vida y se enorgullecía de estar iniciado, al mismo tiempo que lo corregía y le enseñaba que, para aquellos que han vivido dignamente de ser iniciados, incluso sin ser iniciados los dioses les guardan las recompensas intactas, mientras que para los malvados no hay nada más, aunque se introduzcan dentro de los recintos sagrados.¿ O acaso no es esto lo que también el hierofante proclama, prohibiendo iniciarse a quien no es puro de manos y a quien no debe?¿ Qué fin tendrán nuestros discursos si esto aún no te convence?