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En la natividad de San Juan Profeta( homilía 1). Del presbítero Leoncio de Constantinopla sobre el nacimiento de San Juan, profeta y precursor. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y realizado la redención de su pueblo; pues nos ha visitado también hoy un oriente desde lo alto. Dormíamos en la desidia y nos despertó con su filantropía; sacudió las moradas para fortalecernos sanando nuestras heridas; azotó lo inanimado para educar a los seres animados; perturbó la tierra para que los que están en eminencia se cercioren. Sacudió, no destruyó; visitó, no condenó; pues a quien el Señor ama, educa, y azota a todo hijo que acoge. Un terremoto liberó a Pedro de la cárcel, un terremoto soltó las cadenas de Pablo, en un terremoto Elías fue arrebatado como al cielo, un terremoto precedió a la resurrección del Señor.[ Pues el día presente es resurrección].¿ Por qué un terremoto? Donde hay movimiento de la divinidad, allí hay también estruendo de los elementos. Ten misericordia del prójimo y el terremoto no te dañará; ayuna de maldad y Dios no se irritará. Di tú también con prontitud las palabras de David al orar: Señor, no me reprendas en tu ira, ni me castigues en tu furor; no me inundes como a los gigantes, ni me quemes como a los sodomitas, sino ten misericordia como con los ninivitas. Es oportuno, pues, que quienes perciben la educación del Señor digan lo del profeta: La educación del Señor abre mis oídos. Cuantos, por tanto, exigen el discurso divino con intensidad, también ellos deben ofrecer un oído obediente, para que tanto los que hablan piadosamente como los que escuchan sinceramente puedan cosechar la gavilla de muchas espigas de la fe; pues sin fe ni el eco del oído se ensancha, ni la puerta de los labios se abre, ni el plectro de la lengua se mueve, ni las flautas de los órganos vocales se dilatan. Y testigo de esto es Zacarías el sacerdote, el educado por su incredulidad para educación de los incrédulos, el que buscaba una señal de la revelación arcangélica, el que exigía un garante del anuncio del Señor. Pues habiendo dicho el arcángel Gabriel a Zacarías, tal como escuchasteis hace poco en la víspera: No temas, Zacarías, porque tu súplica ha sido escuchada, y he aquí que tu mujer Isabel te dará un hijo, Zacarías respondió, como sabéis:¿ En qué conoceré esto? Pues yo soy anciano y mi mujer está avanzada en sus días. Increíbles son, en verdad, las palabras del anciano y llenas de mucha contradicción. Pues decir¿ En qué conoceré esto? equivale a decir:¿ Qué prueba me das de lo que se dice?¿ Qué garantía?¿ En qué conoceré esto? Pues yo soy anciano.¿ Cómo seré hallado padre de un hijo legítimo? La vejez rechaza la fe, el asunto es ya de la naturaleza, los órganos generativos se han disuelto, camino apoyado en un bastón,¿ y me avivas la experiencia de un recién casado?¿ Cuándo hay sepulcro, hay descendencia?¿ En qué conoceré esto? Dímelo, oh grandísimo Gabriel. Es necesario también que los que ignoran sepan que Gabriel se interpreta como hombre de Dios, para servir al que se hizo hombre, para preparar el camino al que apareció, para llevar las buenas nuevas no solo a la estéril, sino también a la virgen. Pues este es Gabriel, el que instruyó a Daniel, el que declaró la llegada del Señor con tiempo preciso, el que trasladó a Habacuc por los cabellos y el que sometió a los leones a Daniel como a ascetas en el foso.¿ Qué hace, pues, Zacarías? Pues es bueno no abandonar nunca la secuencia.¿ En qué conoceré esto? Pues yo soy anciano y mi mujer
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avanzada en sus días.¿ En qué conoceré esto? Mira, dice, los miembros temblorosos y la vejez de ambos inclinada hacia la tierra. Si una parte estuviera joven y otra envejecida, pequeña sería la esperanza de lo que se dice; pero ahora el cuerpo de ambos está carcomido, no esperamos otra cosa que la hoz de la muerte, como espigas maduras.¿ Dices la verdad, señor Gabriel? Da señales claras, confíame una señal como prenda. No acepto la promesa si no contemplo un milagro.¿ En qué conoceré esto? Aarón no creyó si no floreció la vara; Moisés no se cercioró si no se blanqueó su mano; y Gedeón no comprendió si no hubo rocío solo sobre el vellón.¿ En qué, pues, conoceré esto? Dame una señal y danzaré como un joven. Dame una señal para no reír imprudentemente como Sara.¿ En qué conoceré esto? Si me revelo como un segundo Abraham, me corresponderán los derechos y peculiaridades de Abraham. Entra en mi morada, lavaré tus pies, te ofreceré una mesa llena de misterio para el que ha emprendido el viaje, Isabel amasará tres medidas de harina, prefigurando a la Iglesia, buscaré un becerro para que me regales un hijo.¿ En qué conoceré esto?¿ Por qué me predices el nombre del niño y enumeras sus virtudes sin estar presente? Muéstrame algo contra la naturaleza para que crea lo que está por encima de la naturaleza. Si el cielo se aboveda, yo también me renuevo; si el mar se mide, mi mujer también concibe; si el sol es alcanzado, los pechos secos fluirán leche; si la luna se amuralla, la matriz seca se humedece.¿ En qué conoceré, pues, este misterio paradójico? Pues yo soy anciano y mi mujer está avanzada en sus días. El ángel dijo a Zacarías:¿ Exiges a Dios como prenda?¿ Pones a prueba a un arcángel en la tierra? Definiendo la debilidad corporal como más segura que la promesa del Señor,¿ no temes interrogar:¿ En qué conoceré esto?¿ Acaso te envían a Egipto para que temas el orgullo del faraón y te excuses diciendo:" Designa a otro, pues soy de habla escasa y lengua lenta"?¿ En qué conocerás esto, Zacarías?¿ Acaso Dios no obra nada por encima de la naturaleza?¿ Buscas la secuencia de la naturaleza, no la capacidad de hacer paradojas de la divinidad? Dime:¿ dónde están fijados los pilares de la tierra?¿ Dónde está asentada la bóveda del cielo?¿ Dónde se encuentran las cavidades de las nubes?¿ Dónde se urden las gotas de lluvia?¿ Dónde se extraen los terrones de nieve?¿ Quién guía el curso del sol?¿ Quién pone límites a la mengua de la luna?¿ Quién cuenta las multitudes de las estrellas?¿ Cómo el mar enfurecido respeta la arena?¿ Cómo se mezclan los ríos de aguas termales?¿ Dónde se teje la niebla de la oscuridad?¿ Cómo se forma el hombre en la matriz?¿ Cómo el femenino se encuentra más tímido que el masculino?¿ Cómo el alma a imagen de Dios se encuentra de repente en el cuerpo?¿ A Esaú y a Jacob, a quienes el mundo entero no contuvo, cómo el oscuro conducto de Rebeca los mantuvo sin estrechez?¿ Dices:¿ En qué conoceré esto, Zacarías?¿ Buscas la secuencia de la naturaleza donde hay energía de la divinidad?¿ No crees que la estéril pueda engendrar?¿ Qué harás cuando oigas sobre la virgen?¿ Acaso Sansón el nazareo, que con la quijada de un asno golpeó a mil extranjeros, que se vio atrapado en la aridez y la sed, y que estuvo a punto de desfallecer, y que clamó sinceramente a Dios, no abrió inmediatamente el alvéolo de la quijada, y el agua se estancó, y dio de beber al nazareo? Si, pues, en la quijada de un asno mostró tal señal y de un hueso seco hizo brotar ríos de aguas,¿ dudarás en llamar a los envejecidos de días a la procreación?¿ En qué conocerás, Zacarías?¿ No tienes como ejemplo a Abraham y a Sara?¿ Acaso aquel no era anciano, y ella estéril y habiendo dejado la costumbre de las reglas
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por haberse corrompido la materia por la vejez?¿ No escuchaste a Ana jactándose: La estéril dio a luz siete, y la que era prolífica en hijos se debilitó?¿ No escuchaste al profeta decir, Zacarías: Las señales son para los incrédulos? Debías, Zacarías, no haber negado lo dicho, habiendo obtenido un ministerio mayor que el servicio profético. Pero puesto que, como incrédulo, pides señales a Dios, lleva en tus propios miembros una señal portadora de azotes: estarás mudo y no podrás hablar. Donde está la audacia de la imprudencia, allí está también el freno de la educación. Estarás mudo; donde habló la insolencia, allí está la sentencia de la reprensión. Dios quería, Zacarías, que fueras heraldo de tal milagro; pues nace el jefe de campamento del Rey celestial y purificador previo de la redención cósmica de los pecados. Pero puesto que definiste la debilidad del cuerpo como más segura que la promesa del Señor, estarás mudo y no podrás hablar hasta el día en que sucedan estas cosas, por cuanto no creíste en mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.¿ Ves que sin fe no se hace nada de lo debido? Apenas escuchó Zacarías estas palabras, salió inmediatamente del templo llevando como salario de la incredulidad la mudez. Entró para liberar a otros y salió él mismo condenado; llevando el incensario litúrgico, portaba el título de exilio. El pueblo esperaba escuchar algo bueno de él, y él hacía señas: Nadie se me acerque, llevo el horror de la indignación del Señor. Oh, qué cosas tan paradójicas. Zacarías enmudece e Isabel se regocija, la lengua ha sido amordazada y la matriz se hincha, la lengua se vuelve estéril y la estéril se vuelve madre, el padecimiento de la matriz se traslada a la lengua, la voz es frenada y la generación es liberada, Zacarías calla y Juan salta. Pues apenas vio la estéril a la virgen y el lucero del alba comprendió al sol, saltó grandemente Juan en el vientre materno culpando la lentitud de la naturaleza: Soy, dice, heraldo del Señor.¿ Por qué estoy encadenado con leyes iguales a las de mis consiervos?¿ No sea que esperando el parto pierda la carrera?¿ No sea que el Señor se adelante al que se agita en los dolores?¿ No sea que la secuencia de la naturaleza se convierta en ilegalidad del orden? He reconocido al presente y no soporto callar; sacudo las cadenas de la naturaleza; pues me apresuro a proclamar, me convierto en breve señal de dos cosas paradójicas: toco la trompeta de la presencia divina y desato la lengua paterna. Estos son los intereses de los capítulos que dejamos pendientes en la víspera; pues todo capital engendra interés, de donde también el niño es llamado interés; pues como capital el hombre presta la semilla a la mujer, pues el hombre es cabeza de la mujer, y la mujer engendra al capital el interés...