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Original / primary: Spanish Gemini
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Un joven, tras ser desheredado, aprendió medicina. Habiendo curado a su padre, que se había vuelto loco y al que los demás médicos habían desahuciado, mediante la administración de un fármaco, fue readmitido en la familia. Después de esto, al ser requerido para curar a su madrastra, que había enloquecido, es desheredado.
1
No son estas cosas nuevas, señores jueces, ni tampoco son paradójicos los actos que mi padre realiza en el presente, ni es la primera vez que se enfurece de este modo; más bien, esta ley le resulta fácil de usar y recurre habitualmente a este tribunal. Pero lo que sí es más novedoso y me causa desgracia ahora es que, no teniendo yo un cargo específico, me arriesgo a sufrir un castigo por causa de mi arte si no puedo obedecer en todo a quien me lo ordena.¿ Qué podría haber más absurdo que curar por mandato, ya no como el arte puede, sino como el padre quiere? Yo deseaba, pues, que la medicina tuviera algún fármaco capaz de detener no solo a los locos, sino también a los que se enfurecen injustamente, para poder curar también esta enfermedad de mi padre. Pero ahora, los síntomas de su locura han cesado por completo, mientras que los de su ira se intensifican más, y lo más terrible es que, aunque está cuerdo para todo lo demás, solo se enfurece contra mí, que lo curé. Veis, pues, qué clase de recompensa recibo por la curación: ser desheredado de nuevo por él y ser alienado de la familia por segunda vez, como si hubiera sido readmitido solo por poco tiempo para que, al ser expulsado de casa muchas veces, me vuelva más deshonrado.
2
Yo, por mi parte, en lo que es posible, ni siquiera espero a que se me ordene; hace poco, de hecho, vine sin ser llamado para prestar ayuda. Pero cuando algo está completamente desahuciado, ni siquiera deseo intentarlo. En el caso de esta mujer, con razón soy más cauto; pues calculo lo que podría sufrir por parte de mi padre si fracaso, ya que soy desheredado sin ni siquiera haber comenzado el tratamiento. Me aflige, pues, señores jueces, que la madrastra esté en mal estado( pues era una buena mujer) y que mi padre sufra por su causa, pero lo más importante es que me aflige el parecer desobediente y no poder cumplir lo que se me ordena, tanto por la gravedad de la enfermedad como por la debilidad del arte. Sin embargo, no creo que sea justo desheredar a quien no puede hacer lo que no promete desde el principio.
3
Las razones por las que me desheredó anteriormente son fáciles de comprender a partir de lo que está ocurriendo. Yo, por mi parte, creo haber respondido suficientemente a aquellas con mi vida posterior, y también me defenderé de estas que ahora alega, en la medida de lo posible, narrándoles brevemente mis asuntos. Pues yo, el difícil de llevar y desobediente, el que avergüenza a mi padre y hace cosas indignas de mi linaje, pensaba entonces que debía responder poco a sus muchos gritos y tensiones. Pero al salir de casa, consideré que mi vida posterior sería un gran tribunal y un veredicto verdadero, y que el aparecer muy alejado de aquellas acusaciones de mi padre, el haberme dedicado a las ocupaciones más nobles y el frecuentar a los mejores, sería mi defensa. Preveía ya algo así y sospechaba que mi padre, no estando muy en sus cabales, se enfurecía injustamente y componía falsas acusaciones contra su hijo; y había quienes pensaban que esto era el comienzo de la locura, una amenaza y una escaramuza de un mal que caería pronto: un odio irracional, una ley cruel, blasfemias fáciles, un tribunal sombrío, gritos, ira y, en general, todo lleno de bilis. Por eso, tal vez, esperaba que algún día necesitaría medicina.
4
Tras viajar al extranjero y frecuentar a los médicos más reputados de allí, y habiendo empleado mucho esfuerzo y una asidua dedicación, aprendí el arte. Al regresar, encuentro a mi padre ya claramente loco y desahuciado por los médicos locales, que no veían en profundidad ni distinguían con precisión las enfermedades. Sin embargo, como era de esperar de un buen hijo, no guardé rencor por la desheredación ni esperé a ser llamado; pues no tenía nada específico que reprocharle, sino que todos aquellos errores eran ajenos, y como ya dije, propios de la enfermedad. Al acercarme, pues, sin ser llamado, no lo curé de inmediato; pues no es nuestra costumbre hacer eso ni el arte lo aconseja, sino que lo primero que se nos enseña a todos es a observar si la enfermedad es curable o incurable y si ha sobrepasado los límites del arte. Y entonces, si es tratable, lo intentamos y ponemos todo nuestro empeño en salvar al enfermo; pero si vemos que la afección ya ha prevalecido y vencido, ni siquiera nos acercamos, guardando una antigua ley de los médicos antepasados del arte, quienes dicen que no se debe intentar curar a los que han sido vencidos. Al ver, pues, que mi padre aún estaba dentro de la esperanza y que la afección no superaba el arte, tras observar durante mucho tiempo y examinar con precisión cada detalle, comencé a intentarlo y administré el fármaco con confianza, aunque muchos de los presentes sospechaban de la dosis y criticaban la curación, preparándose para acusarme.
5
Estaba presente también la madrastra, temerosa y desconfiada, no por odio hacia mí, sino por miedo y por saber con precisión que él estaba gravemente afectado; pues ella, al convivir con la enfermedad, era la única que conocía todo. Sin embargo, yo, sin acobardarme— pues sabía que los signos no me mentirían ni el arte me traicionaría—, apliqué la curación en el momento oportuno de la intervención, aunque algunos de mis amigos también me aconsejaban no ser temerario, no fuera que el fracaso me trajera una calumnia mayor, como si me hubiera vengado de mi padre con el fármaco por rencor a lo que había sufrido por su parte. Y, en resumen, él estuvo a salvo de inmediato, volvió a estar cuerdo y distinguía todo; los presentes se maravillaban, la madrastra también lo elogiaba y era evidente para todos que se alegraba tanto de mi éxito como de su cordura. Él, por su parte( pues tengo cómo testificarlo), sin dudar ni buscar a ningún consejero sobre esto, una vez que escuchó todo de los presentes, anuló la desheredación y me hizo su hijo desde el principio, llamándome salvador y benefactor, confesando haber recibido una prueba precisa y disculpándose por aquellos asuntos anteriores. Esto, al suceder, alegró a muchos de los que estaban presentes y eran buenas personas, pero afligió a aquellos para quienes la desheredación de un hijo es más agradable que su readmisión. Vi, de hecho, que entonces no todos se alegraban por igual con el asunto, sino que inmediatamente vi a alguien cambiar de color, con la mirada turbada y el rostro enfurecido, tal como sucede por envidia y odio. Nosotros, pues, como era de esperar, estábamos en alegría y regocijo, habiéndonos recuperado el uno al otro.
6
Pero la madrastra, poco después, comenzó a padecer una enfermedad, señores jueces, grave y absurda; pues observé el mal apenas comenzaba. No es simple ni superficial el tipo de locura, sino que un mal antiguo que acechaba en el alma se rompió y salió a la luz. Tenemos, pues, muchos otros signos de los que han enloquecido irremediablemente, pero observé un detalle nuevo en esta mujer: hacia los demás es más mansa y suave, y la enfermedad guarda paz cuando están presentes, pero si ve a algún médico y escucha solo eso, se enfurece especialmente contra él, lo cual es en sí mismo una prueba de que su estado es grave e incurable. Al ver esto, yo me afligía y compadecía a la mujer, por ser digna y sufrir más allá de lo debido.
7
El padre, por ignorancia( pues no conoce ni el origen del mal que la posee, ni la causa, ni la medida de la afección), ordenaba curarla y verter el mismo fármaco; pues cree que hay un solo tipo de locura, una sola enfermedad, y que el padecimiento es el mismo y admite un tratamiento similar. Y puesto que, lo cual es lo más verdadero, digo que es imposible salvar a la mujer y confieso que el arte ha sido vencido por la enfermedad, él se indigna, se enfurece y dice que me rindo voluntariamente y traiciono a la persona, reprochándome la debilidad del arte. Y padece lo que es habitual en los que sufren; pues todos se enfurecen contra quienes dicen la verdad con franqueza. Sin embargo, yo, en la medida de lo posible, me defenderé ante él, tanto por mí como por el arte.
8
Y primero comenzaré por la ley bajo la cual este desea desheredarme, para que sepa que la autoridad que tiene ahora no es igual a la que tenía antes. Pues el legislador, padre, no ha concedido a todos, ni a todos los hijos, ni cuantas veces quieran, el derecho a desheredar, ni por todas las causas; sino que, así como permitió a los padres enfurecerse por tales cosas, también previó que los hijos no sufrieran esto injustamente; y por eso no permitió que el castigo fuera libre ni sin juicio, sino que convocó a un tribunal y sentó a jueces que no juzgaran lo justo ni por ira ni por calumnia. Pues sabía que a muchos les surgen a menudo causas irracionales de ira, y que uno se deja convencer por una falsa calumnia, y otro confía en un sirviente o en una mujer enemiga. Por tanto, no consideraba que el asunto debiera quedar sin juicio ni que los hijos fueran condenados de inmediato sin ser oídos, sino que se vierte agua, se concede la palabra y no se deja nada sin examinar.
9
Puesto que, por tanto, es posible, y el padre es dueño solo de acusar, pero ustedes, los jueces, de decidir si las acusaciones son razonables, no consideren todavía lo que me imputa y por lo que ahora se indigna, sino examinen primero esto: si se le debe permitir desheredar de nuevo a quien ya desheredó una vez, habiendo usado la autoridad de la ley y habiendo agotado este poder paterno, para luego readmitir y anular la desheredación. Yo, por mi parte, digo que es lo más injusto que los castigos de los hijos sean interminables, que las condenas sean muchas, que el miedo sea eterno, que la ley se enfurezca ahora, se anule poco después y vuelva a ser igual de fuerte, y que, en general, la justicia se trastorne según lo que a los padres les parezca en cada momento. Pero es digno permitir lo primero, indignarse junto con el que se indigna y hacer al progenitor dueño del castigo; pero si una vez agota la autoridad, abusa de la ley y se sacia de ira, y luego readmite, al ser persuadido de ser bueno, es necesario permanecer en esto y no volver a saltar, ni cambiar de opinión, ni rehacer el juicio. Pues esto, que el nacido resulte malo o bueno, no era, creo, ninguna señal, y por eso se ha permitido a quienes criaron sin saberlo renunciar a los indignos del linaje.
10
Cuando, sin embargo, no por necesidad sino por autoridad, alguien readmite por sí mismo y tras haber juzgado,¿ qué mecanismo queda para cambiar, o qué uso queda de la ley? Pues el legislador podría decirte: si este era malo y digno de ser desheredado,¿ qué te pasó para que lo llamaras de nuevo?¿ Por qué lo trajiste de nuevo a casa?¿ Por qué anulaste la ley? Pues eras libre y dueño de no hacer esto. Pues no se te debe permitir jugar con las leyes ni que los tribunales se reúnan según tus cambios, ni que las leyes se anulen ahora y luego sean dueñas, ni que los jueces se sienten como testigos, o mejor dicho, como sirvientes de lo que a ti te parece, castigando a veces y reconciliando otras, cuando te parezca. Has engendrado una vez, has criado una vez, tienes también una vez el derecho a desheredar en lugar de esto, y entonces, si te parece justo hacerlo; pero este desheredar incesante, eterno y tan fácil, es ya mayor que la autoridad paterna.
11
No permitan, por Zeus, señores jueces, que él, habiendo hecho la readmisión voluntariamente, habiendo anulado la sentencia del tribunal anterior y habiendo invalidado la ira, vuelva a invocar el mismo castigo y recurra a la autoridad paterna, cuyo plazo está ya caducado y pasado de moda, y para este solo es inválido y ya gastado. Pues ven, supongo, también en los otros tribunales cómo, de los jueces elegidos por sorteo, si alguien cree que el juicio ha sido injusto, la ley permite apelar a otro tribunal; pero si algunos, voluntariamente, acuerdan jueces y, habiéndolos elegido, les confían el arbitraje, ya no. Pues a quienes les era posible no someterse desde el principio, si alguien eligió a estos por propia voluntad, es justo que se conformen con lo decidido. Así también tú, a quien le era posible no readmitir si parecía indigno del linaje, si lo has readmitido tras considerar que era bueno, ya no podrás desheredar; pues que no es digno de sufrir esto de nuevo, ha sido testificado por ti mismo y ya ha sido reconocido como bueno. Es necesario, pues, que la readmisión sea irrevocable y la reconciliación firme tras un juicio tan largo y dos tribunales: uno, el primero, ante el cual renunciaste, y segundo, el tuyo, cuando cambiaste de opinión e hiciste una nueva repartición; al anular lo decidido anteriormente, confirmas lo decidido después. Permanece, pues, en lo último y guarda tu propio juicio; debes ser padre; pues esto te pareció, esto juzgaste, esto ratificaste.
12
Yo, incluso si no fuera hijo por naturaleza, sino adoptivo, y quisieras desheredarme, pensaba que te sería posible; pues lo que desde el principio no era posible hacer, es injusto anularlo una vez que ha sucedido. Pero al que ha sido adoptado tanto por naturaleza como de nuevo por elección y juicio,¿ cómo es razonable rechazarlo de nuevo y privarlo muchas veces de la única relación? Y si fuera un esclavo, y al principio, creyéndolo malo, lo hubieras encadenado, pero al cambiar de opinión, como no había hecho nada malo, lo hubieras dejado libre,¿ te sería posible, al enfurecerte por un momento, volver a llevarlo a la misma esclavitud? De ninguna manera. Pues las leyes consideran que tales cosas deben ser firmes y dueñas por siempre. Sobre que ya no le es posible a este desheredar a quien, tras desheredar una vez, readmitió voluntariamente, aunque tengo mucho más que decir, me detendré.
13
Consideren ya a quién va a desheredar; y no digo esto porque entonces fuera un particular y ahora un médico; pues el arte no podría ayudar en nada contra esto; ni porque entonces fuera joven y ahora ya mayor, y tuviera la garantía de no hacer nada malo por la edad; pues esto es quizás poco. Pero entonces, aunque no hubiera sufrido nada, como yo diría, pero tampoco habiendo recibido bien, renunciaba a la casa, mientras que ahora, habiendo sido hace poco salvador y benefactor.¿ Qué podría haber más ingrato que recompensar de inmediato con tales cosas a quien se salvó gracias a mí y escapó de un peligro tan grande, sin tener en cuenta aquella curación, sino haber olvidado tan fácilmente y expulsar a la soledad a quien se habría alegrado justamente por lo que injustamente había sido expulsado, no solo sin guardar rencor, sino habiendo salvado y preparado para estar cuerdo?
14
Pues no es poco, señores jueces, ni algo casual haberle hecho un bien, y sin embargo, ahora soy digno de tales cosas. Pero incluso si él ignora lo de entonces, todos ustedes saben cómo, al recibirlo yo cuando actuaba y sufría de tal manera y estaba en tal estado, cuando los demás médicos lo habían desahuciado y los familiares huían y ni siquiera se atrevían a acercarse, lo hice tal que puede incluso acusar y hablar sobre las leyes. O mejor dicho, ves, padre, el ejemplo: siendo tú tal que estabas poco menos que como está ahora la mujer, te devolví a la antigua cordura. No es justo que tal sea mi recompensa a cambio de aquello, ni que te cures solo contra mí; pues que no has sido poco beneficiado por mí, es evidente incluso por lo que alegas; pues a quien odias por no curar a la mujer, que está en el último extremo y en muy mal estado,¿ cómo no vas a amar mucho más y agradecer que te libré de algo similar, habiendo sido librado de cosas tan terribles? Tú, en cambio, lo cual es lo más insensato, tras estar cuerdo, llevas de inmediato al tribunal y, habiendo sido salvado, castigas y vuelves a aquel antiguo odio y lees la misma ley. Es hermoso, pues, el salario que devuelves al arte y las recompensas dignas de los fármacos que aplicas al médico solo cuando estás sano.
15
Y ustedes, señores jueces,¿ permitirán que este castigue al benefactor, que expulse al que salvó, que odie al que hizo estar cuerdo y que tome represalias contra el que levantó? No, si hacen lo justo. Pues incluso si ahora estuviera cometiendo los mayores errores, tenía yo una gratitud no pequeña debida de antemano, mirando a la cual y recordándola, hubiera sido bueno despreciar los presentes y, por aquellos, tener el perdón a mano, y especialmente si tal fuera el beneficio que superara todo lo posterior. Lo cual creo que también tengo yo hacia este, a quien salvé, y que es deudor de toda su vida hacia mí, y a quien he proporcionado el ser, el estar cuerdo y el comprender, y especialmente cuando todos los demás ya lo habían desahuciado y confesaban ser inferiores a la enfermedad.
16
Pues esto creo que hace mayor mi beneficio, que no siendo hijo entonces ni teniendo causa necesaria para el tratamiento, sino estando libre y ajeno, liberado de la causa natural, sin embargo, no lo descuidé, sino que vine voluntario, sin ser llamado, por propia iniciativa; ayudé, insistí, curé, levanté, y conservé al padre para mí, y me defendí de la desheredación, y con la benevolencia detuve la ira, y anulé la ley con el afecto, y compré el regreso al linaje con un gran beneficio, y en un momento tan peligroso demostré la fidelidad hacia el padre, y con el arte me hice hijo, y aparecí como hijo legítimo en los momentos terribles. Pues,¿ cuántas cosas creen que sufrí, cuántas trabajé estando presente, sirviendo, vigilando el momento, cediendo a veces ante el apogeo de la afección, y otras aplicando el arte cuando el mal cedía un poco? Es, de todas las cosas que existen en la medicina, lo más peligroso curar a tales personas y acercarse a los que están en tal estado; pues a menudo lanzan la rabia contra los cercanos, al hervir la afección. Y, sin embargo, ante nada de esto me acobardé ni me asusté, y conviviendo y examinándome de toda manera contra la enfermedad, al final vencí con el fármaco.
17
No sea que, al escuchar esto, alguien suponga de inmediato:¿ cuál o cuánto es el esfuerzo de verter un fármaco? Pues muchas cosas deben suceder antes de esto, y preparar el camino para la bebida, y preparar el cuerpo para que sea fácil de curar, y cuidar de todo el estado, evacuando, adelgazando, alimentando con lo necesario, moviendo en la medida útil, ideando sueños y maquinando descansos, cosas que los que padecen otra enfermedad aceptarían fácilmente, pero los locos, debido a la libertad de la mente, son difíciles de llevar, difíciles de conducir, peligrosos para el médico y difíciles de vencer con el tratamiento. Cuando, de hecho, a menudo pensamos que ya estamos cerca del final y esperamos, un pequeño error que surge al apogeo de la afección ha destruido fácilmente todo aquello, ha impedido el tratamiento y ha arruinado el arte.
18
Al que ha soportado todo esto, ha luchado contra una enfermedad tan grave y ha vencido una afección que es la más difícil de capturar de todas las afecciones,¿ permitirán que este lo desherede todavía, permitirán que interprete las leyes como quiera contra el benefactor y permitirán que él luche contra la naturaleza? Yo, obedeciendo a la naturaleza, señores jueces, salvo y conservo al padre para mí, aunque cometa injusticias; este, en cambio, al hijo que lo ha beneficiado, siguiendo las leyes, como dice, lo destruye y lo priva del linaje. Este es un odiador de hijos, yo resulto un amante de padres. Yo abrazo la naturaleza, este descuida las cosas de la naturaleza y ultraja lo justo. Oh, padre que odias injustamente; oh, hijo que amas más injustamente. Pues me reprocho a mí mismo, obligándome el padre, que, siendo odiado, amo cuando no debería y amo más de lo que corresponde. Aunque la naturaleza ordena a los padres amar a los hijos más que a los hijos a los padres. Pero este, voluntariamente, descuida también las leyes, que guardan a los hijos que no han hecho nada malo para el linaje, y la naturaleza, que atrae a los que engendraron hacia un gran deseo de los engendrados. No es que, teniendo mayores principios de benevolencia hacia mí, me aporte y me dé mayores derechos de benevolencia, o al menos me imite y me envidie en el afecto; sino que, ay de la desgracia, además odia al que ama y persigue al que quiere, e injustamente trata al que beneficia y deshereda al que abraza, y maneja las leyes amantes de los hijos como odiadoras de los hijos contra mí. Oh, lucha que introduces, padre, con las leyes contra la naturaleza.
19
No es esto, no es como quieres; interpretas mal, padre, las leyes que están bien establecidas. No luchan la naturaleza y la ley en las benevolencias, sino que se siguen mutuamente aquí y luchan juntas por la solución de las injusticias. Ultrajas al benefactor, cometes injusticia contra la naturaleza.¿ Por qué cometes injusticia también contra las leyes junto con la naturaleza? A las cuales, queriendo ser hermosas, justas y amantes de los hijos, no permites, moviéndolas contra un solo hijo como contra muchos, y no permitiendo descansar en los castigos a los que desean descansar en las benevolencias de los hijos hacia los padres, aunque no estén establecidas para los que no han cometido ningún error. Y, de hecho, las leyes permiten incluso demandar por ingratitud contra los que no devuelven el bien a los benefactores. Pero el que, además de no recompensar, considera digno castigar incluso por las cosas que ha sufrido, consideren si ha dejado alguna exageración de injusticia. Que, pues, no le es posible a este desheredar de nuevo, habiendo agotado ya una vez la autoridad paterna y habiendo usado las leyes, ni es justo de otra manera rechazar a un benefactor que ha llegado a serlo en tales cosas y renunciar a él de la casa, ha sido demostrado suficientemente, creo.
20
Y ya vayamos a la causa misma de la desheredación y examinemos qué clase de cargo es. Es necesario volver de nuevo a la intención del legislador; pues para concederte esto por un momento, que sea posible desheredar cuantas veces quieras, y que incluso contra el benefactor concedamos esta autoridad, no simplemente, creo, ni por todas las causas desheredarás. Ni esto dice el legislador, que el padre desherede por cualquier cosa que le ocurra alegar, y que baste con querer y reprochar. Pues,¿ qué necesidad habría de un tribunal? Sino que en ustedes hace esto, señores jueces, observar si el padre se enfurece por cosas grandes y justas o no. Por tanto, examinen esto ya. Comenzaré desde lo que sigue inmediatamente a la locura.
21
Los primeros momentos de la cordura del padre fueron la anulación de la desheredación, y yo era salvador, benefactor y todo. Y nada, creo, podía añadirse a esto como cargo. Pero después de esto,¿ qué me reprochas de todo?¿ Qué tratamiento, qué cuidado de hijo he descuidado?¿ Cuándo he pasado la noche fuera?¿ Qué banquetes inoportunos, qué orgías me reprochas?¿ Qué desenfreno?¿ Qué alcahuete ha sido ultrajado?¿ Quién se ha quejado? Ni uno solo. Y, de hecho, estas son las cosas por las que la ley permite más desheredar. Pero la madrastra comenzó a enfermar.¿ Qué entonces?¿ Me reprochas esto y me exiges justicia por la enfermedad?
22
No, dice.¿ Pero qué? Siendo ordenado curar, no quieres, y por esto serías digno de desheredación al desobedecer al padre. Yo, por mi parte, pospondré por un momento el hecho de que parezco desobedecer al no poder obedecerle cuando ordena tales cosas; pero antes digo simplemente esto, que la ley no le da a este el derecho a ordenar todo, ni para mí es necesario obedecer en todo absolutamente. En lo que respecta a los mandatos, algunos son irresponsables, otros dignos de ira y castigo. Si enfermas tú mismo y yo descuido; si ordenas cuidar de los asuntos de casa y yo soy negligente; si ordenas supervisar los asuntos del campo y yo soy perezoso; todas estas cosas y las similares tienen causas razonables y reproches paternos. Pero las otras cosas dependen de nosotros, los hijos, al ser de las artes y del uso de estas, y especialmente si el padre mismo no es perjudicado en nada. Pues si un padre ordenara a un pintor: esto, hijo, pinta, esto no; y al músico: esta armonía toca, esta no; y al que trabaja el bronce: tales cosas trabaja, tales no;¿ alguien soportaría que desheredara porque el hijo no usa el arte según lo que a él le parece? Nadie, creo.
23
Y cuanto más venerable y útil para la vida es la medicina, tanto más libre debe ser para los que la usan, y es justo que el arte tenga cierta prerrogativa en la autoridad del uso, y que no sea obligado ni se le ordene nada, siendo un asunto sagrado, una educación de dioses y una ocupación de hombres sabios, ni que caiga bajo la esclavitud de una ley, ni bajo el voto y castigo de un tribunal, ni bajo el miedo y la amenaza del padre y la ira privada. De modo que, incluso si te dijera esto claramente y expresamente: no quiero ni curo aunque puedo, sino que solo para mí y para mi padre conozco el arte, y para todos los demás quiero ser un particular,¿ qué tirano es tan violento como para obligar incluso a alguien que no quiere a usar el arte? Pues tales cosas, creo, deben someterse a súplicas y ruegos, no a leyes, iras y tribunales; el médico debe ser persuadido, no ordenado; querer, no ser temido; no ser llevado a la curación, sino alegrarse al venir voluntariamente. El arte está libre de la necesidad paterna, donde las ciudades dan a los médicos honores, presidencias, exenciones y prerrogativas públicamente.
24
Estas cosas, pues, podría haber dicho simplemente a favor del arte, incluso si, habiéndome enseñado tú y habiendo cuidado mucho y gastado para que aprendiera, me opusiera a esta única curación, siendo posible. Pero ahora considera también esto, que haces algo completamente insensato al no permitirme usar mi posesión con libertad. Yo aprendí este arte no siendo tu hijo ni estando sujeto a tu ley, y sin embargo lo he aprendido para ti— y tú has sido el primero en disfrutarlo— sin tener nada de ti para aprender.¿ Qué maestro pagué?¿ Qué preparación de fármacos? Ninguna en absoluto; sino que yo, siendo pobre y necesitado de lo necesario, y siendo compadecido por los maestros, fui educado, y tales eran los recursos que tenía de mi padre para aprender: dolor, soledad, pobreza, odio de los familiares y rechazo de los parientes. A cambio de esto, pues, pretendes usar mi arte y quieres ser dueño de lo que se obtuvo cuando no eras dueño. Conténtate si incluso antes te hice un bien voluntariamente, sin deberlo, no pudiendo exigirme ninguna gratitud ni entonces.
25
No debe, pues, mi beneficio convertirse en una necesidad para mí en el futuro, ni el haber beneficiado voluntariamente convertirse en pretexto para ser ordenado contra mi voluntad, ni debe existir esta costumbre, que alguien que ha curado a uno cure siempre a todos los que el curado quiera; pues habríamos elegido así a los curados como dueños sobre nosotros y habríamos añadido como salario el servirles y el obedecerles en todo lo que ordenen,¿ de lo cual qué podría ser más injusto? Porque te levanté cuando estabas gravemente enfermo,¿ por eso crees que te es posible abusar de mi arte?
26
Podría decir esto si tus órdenes fueran posibles y yo no obedeciera en absoluto ni por necesidad. Pero ahora, considera también cómo son tus mandatos: puesto que me curaste, dices, cuando yo estaba loco, y mi mujer también está loca y sufre lo mismo— pues eso es lo que crees— y ha sido desahuciada por los demás de igual modo, y tú puedes hacer todo lo que has demostrado, cúrala a ella también y líbrala ya de la enfermedad. Esto, escuchado así simplemente, parecería muy razonable, especialmente para alguien lego y ajeno a la medicina; pero si me escucharan defender el arte, aprenderían que no todo es posible para nosotros, ni las naturalezas de las enfermedades son similares, ni la curación es la misma, ni los fármacos son eficaces por igual en todos los casos, y entonces quedaría claro que el no poder difiere mucho del no querer. Soportadme mientras filosofo sobre esto, y no consideréis que mi discurso sobre tales asuntos es inoportuno, extravagante, ajeno o fuera de lugar.
27
En primer lugar, las naturalezas y constituciones de los cuerpos no son las mismas, aunque se admita que están formadas por elementos similares, sino que unos participan de unos y otros de otros, en mayor o menor medida. Y digo esto incluso respecto a los hombres, que ni siquiera estos son iguales o similares en todos los casos, ni en constitución ni en estructura. Por tanto, es necesario que las enfermedades que se producen en ellos también difieran en tamaño y forma, siendo algunas fáciles de curar y abiertas al tratamiento, mientras que otras están completamente desahuciadas, siendo fácilmente presas y capturadas por las enfermedades. Por consiguiente, pensar que toda fiebre, toda tisis, toda neumonía o toda locura, siendo una y la misma en su género, es igual en todo cuerpo, no es propio de personas sensatas, reflexivas o que hayan examinado tales cosas, sino que lo mismo es fácil de curar en este caso, pero ya no en aquel. Como creo que si arrojas el mismo trigo en diferentes tierras, crecerá de una manera en la llanura, profunda, regada, soleada, ventilada y cultivada— un fruto lozano, creo, nutritivo y abundante—, y de otra en un terreno montañoso y pedregoso, de otra en un lugar sombrío, de otra al pie de un monte, y en general de forma diferente según cada lugar. Así también las enfermedades, según los lugares que las reciben, se vuelven más o menos fértiles y nutritivas. Por tanto, el padre, pasando por alto esto y dejando todo sin examinar, pretende que toda locura en todo cuerpo sea igual y que el tratamiento sea el mismo.
28
Además de todo esto, es fácil comprender que los cuerpos femeninos difieren enormemente de los masculinos tanto en la diferencia de la enfermedad como en la esperanza o desesperanza de la curación; pues los de los hombres son firmes y tensos, ejercitados por trabajos, movimientos y una vida al aire libre, mientras que los de ellas son laxos y poco compactos, criados a la sombra y pálidos por falta de sangre, escasez de calor y afluencia de humedad superflua. Por tanto, son más vulnerables y están más expuestos a las enfermedades, no esperando la curación, y son especialmente más propensos a la locura; pues, al tener mucho de irascible, voluble y de rápida excitación, pero poca fuerza en el cuerpo mismo, caen fácilmente en este padecimiento.
29
Por tanto, no es justo exigir a los médicos el mismo tratamiento para ambos, sabiendo que hay una gran diferencia, estando separados desde el principio en toda su vida, en todas sus acciones y en todas sus ocupaciones. Por consiguiente, cuando digas que está loca, añade también que, siendo mujer, está loca, y no confundas todo esto bajo el nombre de locura, que parece uno y el mismo, sino separándolo, como es justo, por la naturaleza, considera lo posible en cada caso. Pues nosotros, lo cual recuerdo haber dicho al principio de mis palabras, examinamos primero esto: la naturaleza del cuerpo que enferma y su constitución, de qué participa más, si es más caliente o más frío, si está en su apogeo o en decadencia, si es grande o pequeño, si es obeso o escaso de carne, y todas esas cosas. Y, en general, si alguien examina esto de antemano, sería muy digno de crédito al desahuciar o prometer algo.
30
Puesto que de la locura misma hay innumerables tipos y tiene muchísimas causas, y ni siquiera los nombres son iguales; pues no es lo mismo desvariar, desatinar, estar furioso o estar loco, sino que todos estos son nombres para estar más o menos poseído por la enfermedad. Las causas son unas para los hombres y otras para las mujeres, y entre los mismos hombres, otras para los jóvenes y diferentes para los ancianos; por ejemplo, para los jóvenes, el exceso en su mayor parte, mientras que para los ancianos, una calumnia inoportuna y una ira irracional que, al caer muchas veces sobre los allegados, primero los perturbó y luego, poco a poco, los convirtió en locura. A las mujeres les afectan muchas cosas y son fácilmente conducidas a la enfermedad, especialmente un gran odio hacia alguien, o envidia por un enemigo que tiene éxito, o alguna pena o ira; estas cosas, al arder poco a poco y alimentarse durante mucho tiempo, producen la locura.
31
Tales cosas, padre, ha sufrido también la mujer, y quizás algo la ha afligido hace poco; pues ella no odiaba nada. Pero, en cualquier caso, está poseída y no podría ser curada por un médico en las circunstancias actuales; pues si algún otro prometiera curarla, si alguien la liberara, me odiaría entonces como a alguien que la agravia. Y ciertamente, padre, no dudaría en decir también esto: que incluso si no estuviera tan completamente desahuciada, sino que todavía se vislumbrara alguna esperanza de salvación, ni aun así me habría atrevido a intervenir tan fácilmente ni a administrar un fármaco precipitadamente, temiendo la suerte y la mala fama por parte de la mayoría. Ves cómo todos piensan que hay cierto odio hacia los antepasados en todas las madrastras, aunque sean buenas, y que están locas con esta locura femenina común. Quizás, por tanto, alguien habría sospechado, si el mal hubiera seguido otro curso y los fármacos no hubieran funcionado, que el tratamiento había sido malintencionado y traicionero.
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Y así están las cosas de la mujer, padre, y te lo digo habiéndolo observado muy bien: nunca estará mejor, aunque beba el fármaco diez mil veces. Por esto no vale la pena intentarlo, a menos que me presiones solo para que fracase y quieras cubrirme de mala fama. Deja que sea envidiado por mis colegas. Pero si me desheredas de nuevo, yo, aunque me quede privado de todo, no desearé nada terrible contra ti; pero,¿ qué pasaría si, que no ocurra, la enfermedad volviera de nuevo? Pues tales cosas suelen, al ser irritadas, retroceder.¿ Qué tendré que hacer? Curaré, tenlo por seguro, incluso entonces, y nunca abandonaré el puesto que la naturaleza asignó a los hijos, ni me olvidaré de lo que me corresponde por linaje. Entonces, cuando recuperes la sensatez,¿ debo confiar en que me aceptarás de nuevo?¿ Ves? Incluso haciendo esto, atraes la enfermedad y recuerdas el padecimiento. Ayer y anteayer, habiéndote recuperado de tales males, te esfuerzas y gritas, y lo más importante, te enfureces, te vuelves hacia el odio e invocas las leyes. Ay de mí, padre, estos eran los preludios de tu antigua locura.