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Original / primary: Spanish Gemini
1
Bien, Cloto, esta barca nuestra está lista desde hace tiempo y muy bien preparada para zarpar; pues la sentina ha sido vaciada, el mástil está erguido, la vela ha sido izada y cada uno de los remos está en su lugar, y nada impide, por mi parte, que levantemos el ancla y partamos. Pero Hermes se retrasa, cuando debería haber estado aquí hace mucho; al menos, como ves, la barca está vacía de pasajeros, pudiendo haber hecho ya tres viajes hoy; y es casi la hora de desuncir los bueyes, y nosotros no hemos ganado ni un óbolo. Luego, Plutón, bien sé que pensará que soy yo quien se descuida en estas cosas, y eso que la causa está en otro. Y nuestro noble y buen conductor de muertos, como si él mismo hubiera bebido allá arriba el agua del Leteo, se ha olvidado de regresar a nosotros, y o bien lucha con los efebos, o toca la cítara, o recita algunos discursos exhibiendo sus necedades, o tal vez el noble caballero se ha ido a robar por ahí; pues esa es también una de sus artes. En fin, se toma libertades con nosotros, y eso que es nuestro a medias.
2
Cloto:¿ Qué sabes tú, Caronte, si le ha surgido algún asunto, habiéndole pedido Zeus que se ocupara más de los asuntos de allá arriba? También él es un señor. Caronte: Pero no hasta el punto, Cloto, de ser señor más allá de la medida de una propiedad común, ya que ni nosotros lo hemos retenido nunca cuando debía marcharse. Pero yo conozco la causa: pues entre nosotros solo hay asfódelos, libaciones, tortas y ofrendas, y lo demás es tinieblas, niebla y oscuridad, mientras que en el cielo todo es brillante, y la ambrosía es abundante y el néctar inagotable; de modo que parece que le resulta más agradable retrasarse entre ellos. Y de nosotros se eleva como si huyera de alguna prisión; pero cuando llega el momento de bajar, desciende con lentitud y a paso de tortuga, apenas si lo hace.
3
Cloto: No te enfades más, Caronte; pues él mismo está cerca, como ves, trayéndonos a muchos, o mejor dicho, arreándolos todos juntos con su vara como si fueran un rebaño de cabras. Pero,¿ qué es esto? Veo a uno de ellos atado y a otro riendo, y a uno con un zurrón colgado y un bastón en la mano, mirando con agudeza y apresurando a los demás.¿ No ves también al propio Hermes chorreando sudor, con los pies llenos de polvo y jadeando? Tiene la boca llena de aliento.¿ Qué es esto, Hermes?¿ A qué viene tanta prisa? Pues pareces alterado. Hermes:¿ Qué otra cosa, Cloto, sino que persiguiendo a este malvado que se escapaba, por poco me quedo sin aliento hoy? Cloto:¿ Quién es?¿ Y por qué quería escapar? Hermes: Esto es evidente, que prefería vivir. Es un rey o un tirano, al menos por sus lamentos y por lo que grita, diciendo que se le ha privado de una gran felicidad. Cloto:¿ Y el insensato escapaba, como si pudiera seguir viviendo, habiéndose agotado ya el hilo que le había sido hilado?
4
¿ Escapaba, dices? Pues si este valiente, el del bastón, no me hubiera ayudado y, habiéndolo agarrado, lo hubiéramos atado, se habría ido escapando de nosotros; pues desde que Átropos me lo entregó, durante todo el camino se resistió y tiró, y apoyando los pies contra el suelo no era del todo fácil de llevar; a veces incluso suplicaba y rogaba, pidiendo ser soltado por un poco y prometiendo dar mucho. Yo, como es natural, al ver que deseaba cosas imposibles, no lo soltaba. Y cuando ya estábamos en la misma boca, mientras yo contaba los muertos, como es costumbre, a Éaco y él los calculaba según la señal que le había enviado tu hermana, el maldito, no sé cómo, se escapó sin que me diera cuenta. Faltaba, pues, un muerto en el recuento, y Éaco, levantando las cejas, dijo:« No uses, Hermes, la astucia con todos; ya tienes bastante con tus juegos en el cielo; los de los muertos son precisos y de ninguna manera pueden pasar desapercibidos. El símbolo tiene grabados, como ves, cuatro mil, y tú me traes uno menos, a menos que digas que Átropos te ha engañado en el cálculo». Yo, sonrojado ante sus palabras, recordé rápidamente lo ocurrido en el camino, y como al mirar alrededor no lo veía por ninguna parte, comprendiendo la huida, lo perseguí con toda la rapidez que pude por el camino que lleva a la luz; y este excelente hombre me seguía voluntariamente, y como si corriéramos desde la barrera, lo alcanzamos ya en Ténaro; por tan poco escapó.
5
Cloto: Y nosotros, Caronte, ya estábamos condenando la negligencia de Hermes. Caronte:¿ Por qué, pues, seguimos demorándonos como si no hubiéramos tenido ya suficiente retraso? Cloto: Bien dices; que suban. Yo, habiendo tomado el libro y sentándome junto a la pasarela, como es costumbre, reconoceré a cada uno de ellos al subir, quién es, de dónde y de qué manera ha muerto; tú, recibiéndolos, apílalos y ordénalos; tú, Hermes, mete primero a estos recién nacidos; pues,¿ qué podrían responderme? Hermes: Aquí tienes, barquero, trescientos en número, junto con los expósitos. Caronte:¡ Vaya, qué buena pesca! Nos traes muertos que son como uvas verdes. Hermes:¿ Quieres, Cloto, que hagamos subir a los que no han sido llorados? Cloto:¿ Te refieres a los ancianos? Hazlo así. Pues,¿ qué necesidad tengo de complicarme examinando ahora los anteriores a Euclides? Vosotros, los de más de sesenta, pasad ya.¿ Qué es esto? No me escuchan, con los oídos tapados por los años. Quizás habrá que levantarlos y llevarlos. Hermes: Aquí tienes de nuevo a estos cuatrocientos menos dos, todos marchitos, maduros y cosechados a su tiempo. Caronte:¡ Por Zeus, si ya son todos pasas!
6
Cloto: Haz pasar a los heridos después de estos, Hermes; y primero decidme cómo habéis muerto; o mejor, yo misma os examinaré según lo escrito. Debían haber muerto combatiendo ayer en Media ochenta y cuatro, y con ellos Gobares, el hijo de Oxiartes. Hermes: Están presentes. Cloto: Siete se degollaron por amor, y el filósofo Teágenes por la cortesana de Mégara. Hermes: Estos están cerca. Cloto:¿ Y dónde están los que murieron unos a manos de otros por el reino? Hermes: Están presentes. Cloto:¿ Y el asesinado por el adúltero y la mujer? Hermes: Aquí lo tienes cerca. Cloto: Haz pasar a los de los tribunales, digo a los del tormento y a los empalados.¿ Y dónde están los dieciséis que murieron a manos de bandidos, Hermes? Hermes: Aquí están los heridos que ves.¿ Quieres que haga pasar a las mujeres al mismo tiempo? Cloto: Ciertamente, y a los de los naufragios también; pues han muerto de la misma manera. Y a los de la fiebre también, y a estos juntos, y al médico Agatocles con ellos.
7
Cloto:¿ Y dónde está el filósofo Cinisco, que debía morir tras comer la cena de Hécate y los huevos de las purificaciones y, además de esto, una sepia cruda? Cinisco: Hace tiempo que estoy ante ti, excelente Cloto.¿ Por qué me dejaste tanto tiempo arriba habiéndote hecho tanto daño? Pues casi me has hilado todo el huso. Y sin embargo, muchas veces intenté cortar el hilo para venir, pero no sé cómo era irrompible. Cloto: Te dejaba para que fueras supervisor y médico de los errores humanos. Pero sube con buena suerte. Cinisco:¡ Por Zeus, no, a menos que primero hagamos subir a este que está atado; pues temo que te convenza suplicándote.
8
Cloto: Deja que vea quién es. Cinisco: Megapentes, hijo de Lacides, tirano. Cloto: Sube tú. Megapentes: De ninguna manera, señora Cloto, sino déjame subir por un poco. Luego vendré a ti por mi propia voluntad sin que nadie me llame. Cloto:¿ Y qué es lo que quieres para venir? Megapentes: Permíteme terminar primero mi casa; pues el edificio ha quedado a medio terminar. Cloto: Dices tonterías; sube. Megapentes: No pido mucho tiempo, Moiras; déjame quedarme este día, hasta que le dé instrucciones a mi mujer sobre el dinero, donde tenía enterrado el gran tesoro. Cloto: Está decidido; no lo conseguirás. Megapentes:¿ Se perderá, pues, tanto oro? Cloto: No se perderá. Tranquilízate al menos por eso; pues Megacles, tu primo, lo tomará. Megapentes:¡ Oh, qué ultraje!¿ El enemigo, a quien por pereza yo no maté antes? Cloto: Ese mismo; y te sobrevivirá cuarenta años y algo más, habiéndose quedado con tus concubinas, tu ropa y todo tu oro. Megapentes: Cometes una injusticia, Cloto, repartiendo lo mío entre mis mayores enemigos. Cloto:¿ Pues no te habías apoderado tú de ello, siendo de Cidímaco, oh valiente, matándolo y degollando a sus hijos mientras aún respiraban? Megapentes: Pero ahora era mío. Cloto: Por tanto, se te ha acabado ya el tiempo de la posesión.
9
Megapentes: Escucha, Cloto, lo que quiero decirte en privado sin que nadie me oiga; vosotros apartaos un poco. Si me dejas escapar, te prometo darte hoy mil talentos de oro acuñado. Cloto:¿ Todavía tienes en la memoria el oro y los talentos, insensato? Megapentes: Y añadiré, si quieres, las dos cráteras que tomé al matar a Cleócrito, pesando cada una cien talentos de oro puro. Cloto: Arrastradlo; pues parece que no subirá voluntariamente. Megapentes: Os tomo como testigos, el muro y los astilleros quedan sin terminar; pues los habría terminado viviendo solo cinco días más. Cloto: Descuida; otro los construirá. Megapentes: Y, sin embargo, pido algo muy razonable. Cloto:¿ Qué cosa? Megapentes: Vivir lo suficiente hasta que someta a los pisidios y a los lidios les imponga los tributos, y habiéndome erigido un monumento enorme, inscriba todas las grandes hazañas estratégicas que hice durante mi vida. Cloto: Este, ya no pides este día, sino casi veinte años de retraso.
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Megapentes: Y estoy dispuesto a ofreceros garantes de mi rapidez y mi regreso. Y si queréis, os entregaré a mi amado como rehén en mi lugar. Cloto:¡ Oh, abominable, a quien tantas veces rezabas por dejarlo sobre la tierra! Megapentes: Hace tiempo rezaba eso; pero ahora veo lo que es mejor. Cloto: También él vendrá a ti dentro de poco, eliminado por el que acaba de reinar.
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Megapentes: Entonces, al menos no me niegues esto, Moiras. Cloto:¿ Qué cosa? Megapentes: Quiero saber qué suerte correrán las cosas después de mí. Cloto: Escucha; pues te dolerá más al saberlo. A tu mujer la tendrá Midas, el esclavo, y hace tiempo que ya la adulteraba. Megapentes:¡ El maldito, a quien yo, obedeciéndola a ella, dejé libre! Cloto: Y tu hija será contada entre las concubinas del que ahora tiraniza; y las imágenes y estatuas que la ciudad te erigió hace tiempo, todas derribadas, causarán risa a los que las vean. Megapentes: Dime,¿ ninguno de mis amigos se indignará por lo que sucede? Cloto:¿ Pues quién era tu amigo?¿ O por qué causa lo fue?¿ Ignoras que todos los que te adoraban y elogiaban cada una de tus palabras y acciones lo hacían por miedo o por esperanza, siendo amigos del poder y mirando hacia la ocasión? Megapentes: Y, sin embargo, brindando en los banquetes, con gran voz me deseaban muchas cosas buenas, estando cada uno de ellos dispuesto a morir antes que yo, si fuera posible; y, en suma, yo era su juramento. Cloto: Por eso moriste ayer cenando en casa de uno de ellos; pues esa última bebida que te trajeron te envió aquí. Megapentes:¡ Conque eso era lo que sentía amargo!¿ Y qué quería al hacer eso? Cloto: Me haces muchas preguntas, cuando deberías subir.
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Megapentes: Una cosa me ahoga sobre todo, Cloto, por la que deseaba volver a salir a la luz por un poco. Cloto:¿ Y qué es esto? Pues parece ser algo enorme. Megapentes: Carión, mi criado, apenas me vio muerto, al caer la tarde, subió a la habitación donde yo yacía, habiendo tiempo libre— pues nadie me vigilaba—, trajo a Glicerio, mi concubina— y creo que ya hacía tiempo que se habían relacionado—, cerró la puerta y se divertía como si no hubiera nadie dentro; luego, cuando estuvo satisfecho de su deseo, mirándome, dijo:« Tú, pequeña criatura abominable, me diste muchos golpes sin que yo hiciera nada malo»; y diciendo esto al mismo tiempo, me arrancaba los pelos y me golpeaba en la cabeza, y finalmente, escupiendo un gran gargajo sobre mí y diciendo:« Vete al lugar de los impíos», se fue; yo me quemaba de rabia, pero no tenía, sin embargo, qué hacerle, estando ya seco y frío. Y la abominable muchacha, cuando sintió el ruido de alguien que se acercaba, untándose los ojos con saliva como si hubiera llorado por mí, lamentándose y llamándome por mi nombre, se marchó.¡ Si pudiera atraparlos!
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Cloto: Deja de amenazar, y sube; es hora de que te presentes ante el tribunal. Megapentes:¿ Y quién se atreverá a emitir un voto contra un tirano? Cloto: Contra un tirano nadie, pero contra un muerto, Radamantis, a quien verás enseguida imponiendo la justicia de manera muy justa y según el mérito; pero por ahora no te demores. Megapentes: Hazme al menos un ciudadano privado, Moiras, uno de los pobres, o un esclavo en lugar del antiguo rey; déjame solo volver a vivir. Cloto:¿ Dónde está el del bastón? Y tú, Hermes, arrástralo por el pie; pues no subiría voluntariamente. Hermes: Sígueme ahora, fugitivo; recíbelo tú, barquero, y asegúrate de que... Caronte: Descuida, será atado al mástil. Megapentes: Y, sin embargo, debo sentarme en el asiento de honor. Cloto:¿ Por qué? Megapentes: Porque, por Zeus, era tirano y tenía diez mil guardaespaldas. Cinisco:¿ Entonces no te arrancaba los pelos con justicia Carión, siendo tan necio? Tendrás una tiranía amarga al probar el bastón. Megapentes:¿ Se atreverá Cinisco a levantarme el bastón?¿ No te clavé casi el otro día, porque eras demasiado libre, rudo y crítico? Cinisco: Por tanto, te quedarás tú también clavado al mástil.
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Micilo: Dime, Cloto,¿ no hay ninguna palabra para mí?¿ O porque soy pobre, por eso debo subir el último? Cloto:¿ Y tú quién eres? Micilo: Micilo, el zapatero. Cloto:¿ Y te molesta retrasarte?¿ No ves cuánto promete dar el tirano si lo sueltan por un poco? Me causa admiración, al menos, que no te sea grata la demora. Micilo: Escucha, excelente Moiras; no me alegra mucho ese regalo del Cíclope, prometer que yo seré el último en ser devorado por Nadie; pues, ya sea el primero o el último, los mismos dientes esperan. Por otra parte, mis cosas no son iguales a las de los ricos; pues nuestras vidas son diametralmente opuestas, dicen; el tirano, que parece ser feliz durante la vida, temible para todos y admirado, dejando tanto oro, plata, ropa, caballos, banquetes, hermosos muchachos y bellas mujeres, naturalmente se afligía y le pesaba ser arrancado de ellos; pues no sé cómo, el alma se adhiere a tales cosas como con una especie de liga y no quiere separarse fácilmente, ya que se ha fundido con ellas hace tiempo; o mejor, este vínculo es como irrompible, al que les ha sucedido estar atados. Sin duda, aunque alguien los lleve por la fuerza, se lamentan y suplican, y siendo audaces en lo demás, se muestran cobardes ante este camino que lleva al Hades; al menos, miran hacia atrás y, como los amantes desgraciados, quieren mirar desde lejos las cosas que están en la luz, como hacía aquel insensato, escapando por el camino y aquí suplicándote.
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Yo, como no tenía ninguna prenda en la vida, ni campo, ni casa, ni oro, ni utensilios, ni gloria, ni imágenes, naturalmente iba ligero, y apenas Átropos me hizo una señal, alegremente, arrojando la lezna y el cuero— pues tenía una sandalia en las manos—, saltando inmediatamente, descalzo y sin haberme lavado la tinta, le seguía, o mejor, iba delante, mirando hacia adelante; pues nada de lo que dejaba atrás me hacía volverme y me llamaba. Y, por Zeus, ya veo que todas las cosas entre vosotros son hermosas; pues que haya igualdad para todos y que nadie sea diferente del vecino, me parece lo más dulce. Deduzco que aquí no se exigen las deudas a los que deben, ni se pagan tributos, y lo más importante, ni se pasa frío en invierno, ni se enferma, ni se es golpeado por los más poderosos. Hay paz para todos y las cosas están invertidas; nosotros, los pobres, reímos, mientras que los ricos se afligen y se lamentan.
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Cloto: Hace tiempo que te veía riendo, Micilo.¿ Qué era lo que más te movía a reír? Micilo: Escucha, la más estimada de las diosas; viviendo arriba junto al tirano, veía con mucha precisión lo que ocurría en su casa y me parecía entonces que era casi un dios; pues viendo el brillo de la púrpura lo consideraba afortunado, y la multitud de los que lo seguían, el oro, las copas incrustadas de piedras y las camas con patas de plata; además, el aroma de lo que se preparaba para el banquete me torturaba, de modo que me parecía un hombre sobrehumano y tres veces afortunado, y casi más hermoso que todos y más alto por todo un codo real, envanecido por la fortuna, caminando con solemnidad, hinchándose a sí mismo y asombrando a los que se encontraba. Pero cuando murió, él mismo me pareció ridículo al despojarse del lujo, y me reía aún más de mí mismo, por qué clase de basura había sentido admiración, deduciendo su felicidad por el aroma y considerándolo afortunado por la sangre de los caracoles del mar de Laconia.
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Micilo: Y no solo de este, sino también al ver al prestamista Gnifón gimiendo y arrepintiéndose de no haber disfrutado de su dinero, sino de haber muerto sin probarlo, dejando su fortuna al pródigo Rodocares— pues este era el pariente más cercano y el primero en ser llamado a la herencia según la ley—, no podía dejar de reír, y sobre todo recordando que siempre estaba pálido y descuidado, con la frente llena de preocupaciones y siendo rico solo con los dedos, con los que calculaba talentos y miríadas, reuniendo poco a poco lo que poco después sería derrochado por el afortunado Rodocares. Pero,¿ por qué no nos vamos ya? Pues mientras navegamos nos reiremos de lo que queda al verlos lamentarse. Cloto: Sube, para que el barquero también levante el ancla.
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Caronte:¡ Eh, tú, adónde vas! La barca ya está llena; espera ahí hasta mañana; te cruzaremos al amanecer. Micilo: Cometes una injusticia, Caronte, dejando atrás a un muerto que ya está pasado; sin duda te denunciaré por ilegal ante Radamantis.¡ Ay de mis males! Ya navegan; y yo me quedaré solo aquí. Y sin embargo,¿ por qué no nado tras ellos? Pues no temo que, agotado, me ahogue, estando ya muerto; por otra parte, ni siquiera tengo el óbolo para pagar el pasaje. Cloto:¿ Qué es esto? Espera, Micilo; no es justo que pases así. Micilo: Y, sin embargo, quizás incluso me adelante a vosotros.
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Cloto: De ninguna manera, sino acercándonos, recojámoslo; y tú, Hermes, ayúdalo a subir. Caronte:¿ Dónde se sentará ahora? Pues todo está lleno, como ves. Hermes: Sobre los hombros, si te parece, del tirano. Cloto: Hermes ha pensado bien. Caronte: Sube, pues, y pisa el tendón del malvado; y nosotros naveguemos bien. Cinisco: Caronte, te va bien decir las verdades desde aquí. Yo no podría darte el óbolo al llegar; pues no hay más que el zurrón que ves y este bastón; pero estoy dispuesto a achicar agua, si quieres, o a remar; no te quejarás de nada, si solo me das un remo bien hecho y resistente. Caronte: Rema; pues esto es suficiente recibir de ti. Cinisco:¿ Habrá que dar también el compás? Caronte: Por Zeus, si sabes algún canto de los marineros. Cinisco: Sé muchos, Caronte. Pero, ves, estos responden llorando; de modo que nuestro canto se verá perturbado.
20
Muertos:¡ Ay de mis posesiones!—¡ Ay de mis campos!—¡ Ay, la casa que dejé!—¡ Cuántos talentos malgastará el heredero al recibirlos!—¡ Ay de mis hijos recién nacidos!—¿ Quién cosechará las viñas que planté el año pasado? Hermes: Micilo,¿ tú no te lamentas de nada? Y, sin embargo, no es justo que alguien cruce sin llorar. Micilo:¡ Quita! No hay nada por lo que me lamente navegando bien. Hermes: Aun así, gime un poco aunque sea, según la costumbre. Micilo: Me lamentaré, pues, ya que te parece bien, Hermes.¡ Ay de mis cueros!¡ Ay de mis sandalias viejas!¡ Ay de mis zapatos podridos! Ya no pasaré el día, desgraciado, desde la mañana hasta la noche sin comer, ni vagaré en invierno descalzo y medio desnudo haciendo castañear los dientes por el frío.¿ Quién tendrá mi lezna y mi punzón? Hermes: Ya se ha llorado bastante; casi hemos llegado ya.
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Caronte: Vamos, devolvednos primero el pasaje; y tú da; ya tengo de todos. Da tú también el óbolo, Micilo. Micilo: Bromeas, Caronte, o escribes sobre el agua, como dicen, esperando un óbolo de Micilo. Ni siquiera sé si el óbolo es cuadrado o redondo. Caronte:¡ Oh, qué buena y lucrativa navegación hoy! Pero bajad; yo iré a buscar a los caballos, bueyes, perros y los demás animales; pues también ellos deben cruzar ya. Cloto: Llévatelos, Hermes, recogiéndolos; yo misma navegaré hacia el otro lado para llevar a Indopates y Heramíthres, los seres; pues han muerto luchando entre sí por los límites de la tierra. Hermes: Sigamos, vosotros; o mejor, seguidme todos en orden.
22
Micilo:¡ Oh, Heracles, qué oscuridad!¿ Dónde está ahora el hermoso Megilo?¿ O quién podría distinguir aquí si Simije es más hermosa que Frine? Pues todo es igual y del mismo color y nada es hermoso ni más hermoso, sino que incluso el manto, que antes me parecía deforme, se vuelve igual de valioso que la púrpura del rey; pues ambos son invisibles y hundidos bajo la misma oscuridad. Cinisco,¿ dónde estás tú? Cinisco: Aquí estoy, te digo, Micilo; pero caminemos juntos, si te parece. Micilo: Bien dices; dame la mano. Dime— pues fuiste iniciado, Cinisco, es evidente, en los misterios de Eleusis—,¿ no te parecen los de aquí iguales a los de allá? Cinisco: Bien dices; mira, pues, se acerca una portadora de antorchas mirando algo terrible y amenazante.¿ Será acaso una Erinia? Micilo: Lo parece por su aspecto.
23
Hermes: Recibe a estos, Tisífone, cuatro mil. Tisífone: Pues hace tiempo que este Radamantis os espera. Radamantis: Hazlos pasar, Erinia. Y tú, Hermes, proclama y llama. Cinisco: Radamantis, por mi padre, examíname a mí primero haciéndome pasar. Radamantis:¿ Por qué motivo? Cinisco: Quiero acusar a un tirano de las cosas malvadas que sé que hizo durante su vida. No sería, pues, digno de crédito al hablar, si no apareciera primero yo mismo tal como soy y qué clase de vida he vivido. Radamantis:¿ Y quién eres tú? Cinisco: Cinisco, excelente, filósofo de pensamiento. Radamantis: Ven aquí y sé el primero en presentarte al juicio. Y tú llama a los acusadores.
24
Hermes: Si alguien acusa a este Cinisco, que se acerque aquí. Cinisco: Nadie se acerca. Radamantis: Pero esto no es suficiente, Cinisco; desnúdate, para que te examine por las marcas. Cinisco:¿ Pues dónde me convertí en un marcado? Radamantis: Todas las cosas malvadas que uno de vosotros haga durante la vida, lleva marcas invisibles de cada una de ellas en el alma. Cinisco: Aquí estoy desnudo ante ti; así que busca esas marcas que dices. Radamantis: Este está limpio en general, excepto por estas tres o cuatro marcas muy tenues e indistintas. Y sin embargo,¿ qué es esto? Rastros y señales de quemaduras, pero no sé cómo se han borrado, o mejor, se han cortado.¿ Cómo es esto, Cinisco, o cómo has aparecido limpio desde el principio? Cinisco: Yo te lo diré: habiendo sido malvado hace tiempo por falta de educación y habiendo comprado muchas marcas por ello, apenas empecé a filosofar, poco a poco lavé todas las manchas de mi alma. Radamantis: Este ha usado un remedio bueno y muy eficaz. Pero vete a las Islas de los Bienaventurados para estar con los mejores, habiendo acusado antes al tirano que dices. Llama a otros.
25
Micilo: Y lo mío, Radamantis, es poco y necesita un examen breve; pues hace tiempo que estoy desnudo ante ti, así que examina. Radamantis:¿ Y quién eres? Micilo: Micilo, el zapatero. Radamantis: Bien, Micilo, limpio exactamente y sin inscripciones; vete tú también con este Cinisco. Llama ya al tirano. Hermes: Que venga Megapentes, hijo de Lacides.¿ Adónde te giras? Acércate. Te llamo a ti, el tirano. Empújalo, Tisífone, al medio empujándolo por el cuello. Radamantis: Y tú, Cinisco, acusa y refuta ya; pues el hombre está cerca.
26
En general, ni siquiera hacían falta palabras; pues lo conocerás enseguida tal como es por las marcas. Sin embargo, yo mismo te revelaré al hombre y lo mostraré más claramente por el discurso. Pues este maldito, lo que hizo siendo un ciudadano privado, me parece que lo dejaré pasar; pero desde que, habiéndose aliado con los más audaces y reunido guardaespaldas, se levantó contra la ciudad y se convirtió en tirano, mató a más de diez mil sin juicio, y quitando las propiedades de cada uno y llegando a la cima de la riqueza, no dejó ninguna forma de desenfreno, y usó toda crueldad y ultraje contra los desgraciados ciudadanos, corrompiendo vírgenes, deshonrando a efebos y ultrajando a los súbditos de todas las maneras. Y de su arrogancia, orgullo y altanería hacia los que se encontraba, no podrías obtener justicia de él ni siquiera según el mérito; pues más fácilmente miraría uno al sol sin parpadear que a este. Sin embargo,¿ quién podría narrar la novedad de sus castigos en cuanto a crueldad, él que ni siquiera se abstuvo de los más cercanos? Y que esto no es una calumnia vacía contra él, lo sabrás enseguida llamando a los asesinados por él; o mejor, están presentes sin ser llamados, como ves, y rodeándolo lo ahogan. Todos estos, Radamantis, han muerto a manos del malvado, unos por haber sido objeto de intrigas por mujeres hermosas, otros por indignarse al ser llevados sus hijos para ser ultrajados, otros porque eran ricos, otros porque eran hábiles y sensatos y no les gustaban en absoluto las cosas que se hacían.
27
Radamantis:¿ Qué dices a esto, abominable? Megapentes: He cometido los asesinatos que dice, pero todo lo demás, los adulterios, los ultrajes a los efebos y las corrupciones de las vírgenes, todo esto Cinisco lo ha inventado sobre mí. Cinisco: Entonces, también de esto, Radamantis, te presentaré testigos. Radamantis:¿ A quiénes llamas? Cinisco: Llama por mí, Hermes, a su lámpara y a su cama; pues ellos mismos testificarán al pasar, qué cosas sabían que hacía. Hermes: Que la Cama y la Lámpara de Megapentes estén presentes. Hicieron bien en obedecer. Radamantis: Decid, pues, vosotros lo que sabéis de este Megapentes; habla primero tú, Cama. Cama: Cinisco ha acusado todo lo verdadero. Yo, sin embargo, me avergüenzo de decir estas cosas, señor Radamantis; tales eran las cosas que se cometían sobre mí. Radamantis: Testificas muy claramente, sin soportar siquiera decirlas. Y tú, Lámpara, testifica ya. Lámpara: Yo no vi las cosas del día; pues no estaba presente; pero lo que hacía y sufría por las noches, me resisto a decirlo; sin embargo, vi muchas cosas inefables y que superaban todo ultraje. Y sin embargo, muchas veces no quería beber el aceite queriendo extinguirme; pero él me acercaba a lo que se hacía y manchaba mi luz de todas las maneras.
28
Radamantis: Basta ya de testigos. Pero quítate también la púrpura, para que veamos el número de tus marcas.¡ Vaya!, este hombre está todo amoratado y lleno de inscripciones, o mejor dicho, está negro por las marcas.¿ De qué modo, pues, debería ser castigado?¿ Acaso debe ser arrojado al Piriflegetonte o entregado a Cerbero? Cinisco: De ninguna manera; pero si quieres, yo te sugeriré un castigo nuevo y apropiado para él. Radamantis: Habla, pues te estaré muy agradecido por ello. Cinisco: Es costumbre, creo, que todos los que mueren beban el agua del Leteo. Radamantis: Ciertamente. Cinisco: Pues bien, que este sea el único de todos ellos que no beba.
29
Radamantis:¿ Por qué razón? Cinisco: Sufrirá un castigo tan severo al recordar cómo era y cuánto poder tenía en el mundo de arriba, y al repasar mentalmente su vida de lujo. Radamantis: Bien dicho; que sea condenado y, tras ser llevado junto a Tántalo, que sea encadenado allí, recordando lo que hizo durante su vida.