Hesiod
Lucian of Samosata (lucian-of-samosata)Hesi 1 · spanish-geminiMore by Lucian of Samosata (lucian-of-samosata)
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Pero que eres un poeta excelente, Hesíodo, y que recibiste esto de las Musas junto con el laurel, tú mismo lo demuestras en lo que compones— pues todo es inspirado y solemne— y nosotros creemos que es así. Sin embargo, es digno de cuestionar por qué, habiendo declarado de antemano sobre ti mismo que por esta razón recibiste aquel canto divino de los dioses, para que celebraras y cantaras lo pasado y profetizaras lo venidero, has cumplido lo primero de manera muy completa, narrando las genealogías de los dioses hasta aquellos primeros, el Caos, la Tierra, el Cielo y el Amor, y además las virtudes de las mujeres y los consejos agrícolas, y todo lo relativo a las Pléyades y lo relativo a los tiempos de siembra, cosecha, navegación y, en general, todo lo demás; pero lo segundo, que era mucho más útil para la vida y más parecido a los dones de los dioses, me refiero a la predicción de los acontecimientos futuros, ni siquiera lo has revelado en absoluto, sino que has entregado toda esta parte al olvido, sin imitar en ninguna parte de tu poesía ni a Calcante, ni a Télemo, ni a Polieido, ni a Fineo, quienes, aun sin haber obtenido esto de las Musas, sin embargo profetizaban y no dudaban en dar oráculos a quienes los necesitaban.
2
De modo que es necesario que estés sujeto a una de estas tres causas: o bien mentiste, aunque sea amargo decirlo, al afirmar que las Musas te prometieron que también podrías predecir el futuro; o bien ellas te lo dieron tal como prometieron, pero tú, por envidia, lo ocultas y guardas el don en tu seno sin compartirlo con quienes lo necesitan; o bien has escrito muchas cosas así, pero aún no las has entregado a la vida, reservando su uso para no sé qué otro momento. Pues eso último ni siquiera me atrevería a decirlo, que las Musas, habiéndote prometido proporcionarte dos cosas, te dieron una, pero retiraron a medias la promesa, me refiero al conocimiento de lo futuro, y esto habiéndolo prometido ellas mismas primero en el poema.
3
¿ De quién otro, pues, Hesíodo, podría uno aprender esto sino de ti mismo? Pues convendría que, así como los dioses son dadores de bienes, así también vosotros, sus amigos y discípulos, expliquéis con toda verdad lo que sabéis y resolváis nuestras dudas.
4
Podría, mi buen amigo, darte una respuesta fácil sobre todo esto: que nada de lo que he rapsodiado es propio mío, sino de las Musas, y que deberías exigirles a ellas las razones tanto de lo dicho como de lo omitido. Yo, por mi parte, sobre lo que sabía personalmente— me refiero a apacentar, pastorear, conducir, ordeñar y las demás tareas y conocimientos de los pastores—, sería justo que me defendiera, pero las diosas reparten sus dones a quienes quieren y por el tiempo que consideran conveniente.
5
Sin embargo, no me faltará una defensa poética ante ti. Pues no creo que deba exigirse a los poetas, con una precisión minuciosa, que todo lo dicho sea absolutamente completo sílaba por sílaba, y si algo se desliza inadvertidamente en el curso de la poesía, examinarlo con severidad, sino saber que nosotros añadimos muchas cosas tanto por el metro como por la eufonía; y a veces el propio verso, siendo fluido, lo ha admitido sin saber cómo. Pero tú nos privas del mayor de los bienes que tenemos, me refiero a la libertad y a la autoridad en la creación, y no ves cuántas cosas bellas tiene la poesía, sino que seleccionas minucias y espinas y buscas pretextos para la calumnia. Pero no eres el único que hace esto, ni solo contra mí, sino que muchos otros también critican las obras de mi colega Homero, examinando cosas tan sumamente sutiles y, sobre todo, pequeñeces.
6
Y si es necesario enfrentarse a la acusación y presentar la defensa más recta, lee, buen hombre, mis Trabajos y Días; pues sabrás cuántas cosas en este poema han sido profetizadas por mí de manera adivinatoria y profética, revelando de antemano los resultados tanto de lo que se hace correctamente y a su debido tiempo, como los perjuicios de lo que se omite. Y el hecho de que' lo llevarás en una cesta y pocos te verán', y de nuevo cuántos bienes resultarán para quienes cultivan correctamente, podría considerarse una adivinación muy útil para la vida.
7
Esto, pues, admirable Hesíodo, te ha quedado muy pastoril y pareces confirmar la inspiración de las Musas al no ser capaz ni siquiera de defender tus versos. Pero nosotros no esperábamos de ti y de las Musas esa clase de adivinación; puesto que, en tales asuntos, los agricultores son mucho más adivinos que vosotros, y podrían profetizarnos perfectamente sobre ellos: que si el dios hace llover, las espigas serán lozanas, pero si sobreviene la sequía y los campos tienen sed, no hay forma de que el hambre no siga a su sed, y que no hay que arar en pleno verano, o no serviría de nada que las semillas se esparcieran en vano, ni segar la espiga cuando aún está verde, o el grano se encontraría vacío. Ciertamente, tampoco requiere adivinación el hecho de que, si no cubres las semillas y un siervo con una azada no echa tierra sobre ellas, las aves descenderán y se comerán toda la esperanza del verano.
8
Pues quien llame a tales cosas consejos y advertencias no se equivocaría, pero me parece que distan mucho de la adivinación, cuya función es prever lo oculto y lo que de ninguna manera es evidente, como predecir a Minos que su hijo estaría ahogado en la tinaja de miel, o anunciar a los aqueos la causa de la ira de Apolo y que Ilión sería tomada en el décimo año; pues eso es la adivinación. Puesto que si alguien le atribuyera tales cosas, no tardaría en llamarme a mí también adivino; pues predeciré y profetizaré, incluso sin Castalia, laurel ni trípode délfico, que si alguien anda desnudo bajo el frío mientras el dios hace llover o granizar, un escalofrío no pequeño se apoderará de tal persona, y lo que es aún más adivinatorio que esto, que después de esto, como es natural, sobrevendrá calor, y muchas otras cosas semejantes, de las cuales sería ridículo hacer mención.
9
De modo que deja esas defensas y adivinaciones; pero eso que has dicho al principio, quizás sea digno de admitir, que no sabías nada de lo que se decía, sino que una inspiración divina te infundía los metros, aunque ni siquiera esa es del todo segura; pues de lo contrario no habría cumplido unas de las promesas y dejado otras incompletas.