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Original / primary: Spanish Gemini
1
Afirmo que, entre los sabios, se debe elogiar sobre todo a aquellos que no solo ofrecieron discursos hábiles sobre cada asunto, sino que también confirmaron las promesas de sus palabras con hechos equivalentes. Pues, en efecto, el médico que tiene juicio, cuando está enfermo, no llama a quienes son capaces de hablar mejor sobre el arte, sino a quienes han practicado cómo hacer algo al respecto. Y creo que es mejor músico quien puede tañer y tocar la cítara por sí mismo que aquel que solo sabe distinguir ritmos y armonías.¿ Por qué habría de hablarte de los generales que con razón fueron juzgados como los mejores, por el hecho de que no solo eran buenos para dar órdenes y aconsejar, sino también para luchar en primera línea y demostrar obras de fuerza? Como sabemos que fueron, en la antigüedad, Agamenón y Aquiles, y en tiempos posteriores, Alejandro y Pirro.
2
¿ Con qué fin dije esto? No mencioné a estos hombres por querer demostrar otra cosa que la historia, sino porque también es digno admirar a aquellos ingenieros que, habiendo sido brillantes en la teoría, dejaron, sin embargo, monumentos y ejemplos de su arte para quienes vinieron después; puesto que los sofistas que solo se han ejercitado en las palabras, con razón podrían ser llamados más bien sofistas que sabios. Oímos decir que tales fueron Arquímedes y Sóstrato de Cnido, el primero habiendo conquistado Menfis para Ptolomeo sin asedio, mediante el desvío y la división del río, y el segundo habiendo incendiado las trirremes de los enemigos con su arte. También Tales de Mileto, antes que ellos, habiendo prometido a Creso que haría pasar al ejército sin mojarse, mediante una estratagema hizo rodear el Halis por detrás del campamento en una sola noche, no siendo él un ingeniero, sino un sabio muy persuasivo tanto para idear como para comprender. Pues lo de Epeo es muy antiguo, quien se dice que no solo construyó el caballo para los aqueos, sino que también descendió con ellos dentro de él.
3
Entre estos, es digno mencionar a este Hipias de nuestro tiempo, un hombre que se ha ejercitado en las palabras más que cualquiera de los que le precedieron, agudo para comprender y clarísimo para exponer, y que ofrece obras mucho mejores que sus palabras, cumpliendo la promesa de su arte, no en temas como aquellos en los que sus predecesores tuvieron la suerte de ser los primeros, sino, según el principio geométrico, construyendo con precisión el triángulo sobre la línea dada, como dicen. Y aunque cada uno de los otros, al elegir una sola obra de la ciencia y destacar en ella, pareció ser alguien, él aparece como el primero tanto en ingeniería como en geometría, y además en armonía y música, y sin embargo demuestra cada una de estas cosas tan perfectamente como si solo supiera esa única cosa. Pues la teoría sobre los rayos, las reflexiones y los espejos, y además la astronomía, en la que dejó como niños a sus predecesores, requeriría no poco tiempo para ser elogiada.
4
No dudaré en contar lo que vi hace poco y me dejó atónito de sus obras; pues el tema es común y muy frecuente en nuestra vida: la construcción de un baño. Pero la invención y la inteligencia en esta obra común son admirables. El lugar no era llano, sino muy inclinado y escarpado, el cual, al tomarlo, lo hizo extremadamente bajo por un lado y nivelado por el otro, colocando una base muy firme para toda la obra y asegurando la estabilidad de lo que se construía sobre ella mediante la colocación de los cimientos, y fortaleciendo todo el conjunto con bóvedas muy escarpadas y unidas para mayor seguridad; y lo construido es proporcionado al tamaño del lugar, muy adecuado a la lógica de la construcción y respetando la disposición de las luces.
5
Un pórtico alto con escaleras anchas, más tendidas que empinadas para la comodidad de quienes suben; al entrar, recibe a uno una sala común de gran tamaño, con suficiente espacio para los sirvientes y acompañantes, y a la izquierda, las estancias preparadas para el lujo, muy apropiadas para un baño, agradables y resplandecientes con mucha luz. Luego, contigua a ellas, una sala, superflua para el baño, pero necesaria para la recepción de los más afortunados. Después de esta, a ambos lados, vestuarios espaciosos para quienes se desvisten, y en el medio una sala altísima y muy luminosa, que tiene tres piscinas de agua fría, decorada con piedra de Laconia, y en ella estatuas de piedra blanca de la antigua artesanía, una de Higía y otra de Asclepio.
6
Al salir, recibe a uno una sala suavemente templada, que no se encuentra con un calor hostil, alargada y redondeada, tras la cual, a la derecha, una sala muy brillante, que permite ungirse agradablemente, con entradas a ambos lados adornadas con piedra frigia, recibiendo a los que vienen de la palestra. Luego, después de esta, otra sala, la más hermosa de todas, muy agradable para estar de pie y sentarse, muy inofensiva para demorarse y muy beneficiosa para revolcarse, también ella resplandeciente hasta lo más alto del techo con piedra frigia. A continuación, recibe el pasillo caliente, revestido con piedra nómada. La sala interior es hermosísima, llena de mucha luz y como florecida de púrpura. Esta también ofrece tres bañeras calientes.
7
Al terminar de bañarte, no tienes que volver por las mismas salas, sino que hay una vía rápida hacia la fría a través de una estancia suavemente templada, y todo esto bajo una gran luz y mucha claridad interior. Además, las alturas son proporcionales, las anchuras son acordes a las longitudes y por todas partes florece mucha gracia y Afrodita; pues, según el bello Píndaro, al comenzar una obra hay que poner un rostro que brille de lejos. Esto se habría logrado sobre todo gracias al resplandor, a la luz y a las claraboyas. Pues el verdaderamente sabio Hipias hizo que la sala fría estuviera orientada hacia el norte, sin carecer tampoco del aire del mediodía; y las que necesitan mucho calor las situó bajo el viento del sur, el euro y el céfiro.
8
¿ Y qué podría decirte sobre lo que sigue, la palestra y las construcciones comunes para los que guardan la ropa, que tienen un camino rápido hacia el baño y no largo, por el bien de la utilidad y la seguridad? Y que nadie suponga que, al proponer adornar con el discurso una obra pequeña, elijo hacerlo; pues idear nuevos ejemplos de belleza en las cosas comunes, lo considero una sabiduría no pequeña, como esta obra que nuestro admirable Hipias nos mostró, que tiene todas las virtudes de un baño: lo útil, lo oportuno, lo luminoso, lo proporcionado, lo adaptado al lugar, lo que ofrece un uso seguro, y además adornado con otra invención, con dos salidas necesarias para las letrinas y muchas puertas de salida, y mostrando las dos indicaciones de las horas, una mediante el agua y el sonido, y la otra mediante el sol. No dar el elogio debido a la obra tras ver esto me pareció no solo de alguien insensato, sino también ingrato, o más bien envidioso. Yo, por mi parte, en la medida de mis fuerzas, he recompensado con el discurso tanto a la obra como al artesano y creador. Y si un dios me permite bañarme allí alguna vez, sé que tendré a muchos que compartirán conmigo mis elogios.

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