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Original / primary: Spanish Gemini
1
Como un sueño, ilustrísimo Quintilo, te ofrezco este regalo, los Macrobios, tras haber tenido el sueño hace tiempo y habérselo contado a mis amigos cuando ponías nombre a tu segundo hijo. Como no podía comprender a qué personas me ordenaba el dios que te ofreciera los Macrobios, en aquel momento rogué a los dioses que vivierais el mayor tiempo posible, tanto tú mismo como tus hijos, pensando que esto era beneficioso para todo el género humano y, por encima de todo, para mí mismo y para todos los míos; pues me pareció que el dios me presagiaba también algo bueno.
2
Reflexionando conmigo mismo, llegué a la conclusión de que es razonable que los dioses, al ordenar esto a un hombre dedicado a la educación, me manden ofrecerte a los que se distinguieron por su arte. Por tanto, considerando este día de tu cumpleaños como el más propicio, te entrego a los que, según se cuenta, llegaron a una larga vejez con el alma sana y el cuerpo íntegro. Pues también podría resultarte doblemente útil este escrito: por un lado, una cierta alegría y buena esperanza de poder vivir uno mismo el mayor tiempo posible, y por otro, una enseñanza a partir de ejemplos, si comprendieras que quienes más se cuidaron tanto en cuerpo como en alma, esos llegaron a una vejez muy avanzada con una salud completa.
3
Homero dice que Néstor, el más sabio de los aqueos, vivió durante tres generaciones, y nos lo presenta perfectamente ejercitado tanto en alma como en cuerpo. La tragedia dice también que el adivino Tiresias vivió hasta seis generaciones. Sería verosímil que un hombre consagrado a los dioses y que sigue un régimen de vida más puro viva el mayor tiempo posible.
4
Se cuenta que hay pueblos enteros longevos debido a su régimen de vida, como los llamados hierogramatistas de los egipcios, los intérpretes de mitos de los asirios y árabes, los llamados brahmanes de los indios, hombres que se dedican rigurosamente a la filosofía, y también los llamados magos, un linaje adivinatorio consagrado a los dioses entre persas, partos, bactrianos, corasmios, arios, sacas, medos y muchos otros bárbaros; son vigorosos y longevos debido a que, al practicar la magia, llevan también un régimen de vida más riguroso.
5
Existen ya naciones enteras muy longevas, como los seres, de quienes se cuenta que viven hasta trescientos años, atribuyendo unos la causa de su larga vejez al aire, otros a la tierra y otros al régimen de vida; pues dicen que toda esta nación bebe agua. También se cuenta que los atotas viven hasta ciento treinta años, y hay un relato de que los caldeos viven más de cien años, los cuales consumen pan de cebada como remedio para la agudeza visual; dicen que, debido a tal régimen de vida, sus otros sentidos también son más vigorosos que los de los demás hombres.
6
Pero esto es en cuanto a los linajes y naciones longevos, de los que dicen que viven el mayor tiempo posible, unos por la tierra y el aire, otros por el régimen de vida y otros por ambos. Yo, por mi parte, podría ofrecerte con justicia una esperanza fácil, tras haber constatado que en toda tierra y bajo todo aire ha habido hombres longevos que utilizan los ejercicios adecuados y el régimen de vida más apropiado para la salud.
7
Haré la primera división del discurso según las ocupaciones de los hombres, y te relataré primero a los hombres reales y a los generales, de los cuales la fortuna piadosísima del gran y divinísimo emperador, al llevar a uno de ellos al rango más perfecto, ha beneficiado enormemente a su propio mundo; pues así, al observar tú también a los hombres longevos, podrías esperar con mayor facilidad una vejez sana y larga, similar en condición y fortuna, y, al mismo tiempo, emulándola, podrías labrarte para ti mismo, mediante el régimen de vida, una vida a la vez grandiosa y muy saludable.
8
Se cuenta que Pompilio Numa, el más afortunado de los reyes romanos y el que más se ocupó del culto a los dioses, vivió más de ochenta años. También se cuenta que Servio Tulio, rey de los romanos, vivió más de ochenta años. Se dice que Tarquinio, el último rey de los romanos, tras ser desterrado y residir en Cumas, vivió con gran firmeza más de noventa años.
9
Estos son, pues, los reyes romanos, a los que añadiré los demás reyes que llegaron a una larga vejez y, después de ellos, a cada uno según sus ocupaciones. Al final, te registraré también a los demás romanos que llegaron a una vejez muy avanzada, añadiendo al mismo tiempo a los que vivieron el mayor tiempo posible en el resto de Italia; pues la historia es una prueba notable contra quienes intentan difamar el aire de aquí, de modo que también nosotros tengamos esperanzas más favorables de que nuestras plegarias se verán cumplidas para que el señor de toda la tierra y el mar llegue a una vejez muy larga y próspera, siendo suficiente para su propio mundo incluso siendo anciano.
10
Se dice que Argantonio, rey de los tartesios, vivió ciento cincuenta años, según el historiador Heródoto y el poeta lírico Anacreonte; pero esto a algunos les parece un mito. Agatocles, el tirano de Sicilia, murió a los noventa años, tal como cuentan Demócares y Timeo. Hierón, el tirano de los siracusanos, murió de enfermedad a los noventa y dos años, tras haber reinado setenta, tal como dicen Demetrio de Calatia y otros. Ateas, rey de los escitas, cayó luchando contra Filipo cerca del río Istro, habiendo superado los noventa años. Se dice que Bardilis, rey de los ilirios, luchó a caballo en la guerra contra Filipo a la edad de noventa años. Teres, rey de los odrisios, según dice Teopompo, murió a los noventa y dos años.
11
Antígono, el hijo de Filipo, el Tuerto, rey de los macedonios, murió a los ochenta y un años tras recibir muchas heridas luchando en Frigia contra Seleuco y Lisímaco, tal como relata Jerónimo, quien hizo campaña con él. También Lisímaco, rey de los macedonios, pereció en la batalla contra Seleuco a la edad de ochenta años, como dice el mismo Jerónimo. Antígono, hijo de Demetrio y nieto de Antígono el Tuerto, reinó sobre los macedonios cuarenta y cuatro años y vivió ochenta, como relatan Medeo y otros historiadores. Del mismo modo, Antípatro, hijo de Yolao, que tuvo un gran poder y fue tutor de muchos reyes macedonios, murió tras vivir más de ochenta años.
12
Ptolomeo, hijo de Lago, el más afortunado de los reyes de su tiempo, reinó en Egipto y, tras vivir ochenta y cuatro años, entregó el poder en vida, dos años antes de su muerte, a su hijo Ptolomeo, apodado Filadelfo, quien sucedió en el reino paterno a sus hermanos... Filetero, que fue el primero en adquirir y mantener el poder en Pérgamo siendo eunuco, terminó su vida a los ochenta años. Átalo, el apodado Filadelfo, también rey de los pergamenos, ante quien llegó el general romano Escipión, dejó la vida a los ochenta y dos años.
13
Mitrídates, rey del Ponto, el llamado Fundador, huyendo de Antígono el Tuerto, murió en el Ponto tras vivir ochenta y cuatro años, tal como relata Jerónimo y otros historiadores. Ariarato, rey de los capadocios, vivió ochenta y dos años, según relata Jerónimo; quizás habría podido vivir más, pero fue capturado en la batalla contra Pérdicas y empalado.
14
Ciro, el antiguo rey de los persas, como muestran los anales de los persas y asirios, con los que parece estar de acuerdo Onesícrito, el autor de la obra sobre Alejandro, al llegar a los cien años buscaba a cada uno de sus amigos, y al enterarse de que la mayoría habían sido destruidos por su hijo Cambises, y alegando Cambises que había hecho esto por orden suya, en parte difamado por la crueldad de su hijo y en parte acusándose a sí mismo de estar loco, murió desanimado.
15
Artajerjes, el llamado Mnemón, contra quien hizo campaña su hermano Ciro, murió de enfermedad siendo rey de los persas a los ochenta y seis años, aunque Dinón relata que a los noventa y cuatro. Otro Artajerjes, rey de los persas, de quien el historiador Isidoro de Carax dice que reinó en tiempos de sus antepasados, vivió noventa y tres años y fue asesinado por una conspiración de su hermano Gosithro. Sinatroces, rey de los partos, habiendo llegado ya a los ochenta años, fue traído por los escitas sacauracos, comenzó a reinar y reinó siete años. Tigranes, rey de los armenios, contra quien luchó Lúculo, murió de enfermedad a los ochenta y cinco años.
16
Hispausines, rey de Caracene y de los lugares del mar Eritreo, murió de enfermedad a los ochenta y cinco años. Tiraios, el tercer rey después de Hispausines, murió de enfermedad tras vivir noventa y dos años. Artabazo, el séptimo rey de Caracene después de Tiraios, reinó tras ser traído por los partos a los ochenta y seis años. Camnasquires, rey de los partos, vivió noventa y seis años.
17
Masinisa, rey de los mauros, vivió noventa años. Asandro, el proclamado rey del Bósforo por el dios Augusto en lugar de etnarca, a la edad de unos noventa años, no resultó inferior a nadie en el combate a caballo y a pie; al ver que los suyos se pasaban a Escribonio durante la batalla, se abstuvo de comer y murió a los noventa y tres años. Goaiso, como dice Isidoro de Carax, en su propia época, habiendo reinado sobre los omanos, la tierra de los perfumes, murió de enfermedad a los ciento quince años. Estos son, pues, los reyes longevos que han registrado quienes nos precedieron.
18
Puesto que también los filósofos y todos los dedicados a la educación, cuidándose de algún modo, llegaron a una larga vejez, registraremos también a los que se cuenta de entre ellos, y primero a los filósofos. Demócrito de Abdera murió a los ciento cuatro años tras abstenerse de alimento. Jenófilo el músico, como dice Aristóxeno, tras dedicarse a la filosofía de Pitágoras, vivió en Atenas más de ciento cinco años. Solón, Tales y Pítaco, que fueron de los llamados siete sabios, vivieron cien años cada uno.
19
Zenón, el fundador de la filosofía estoica, vivió noventa y ocho años; dicen que al entrar en la asamblea y tropezar, exclamó:¿ Por qué me llamas?, y que al regresar a casa y abstenerse de alimento, terminó su vida. Cleantes, discípulo y sucesor de Zenón, habiendo llegado a los noventa y nueve años, tuvo un tumor en el labio y, mientras se dejaba morir de hambre, tras recibir unas cartas de unos compañeros, tomó alimento y, tras ocuparse de lo que pedían los amigos, volvió a abstenerse de alimento y dejó la vida.
20
Jenófanes, hijo de Dexino y discípulo del físico Arquelao, vivió noventa y un años; Jenócrates, discípulo de Platón, ochenta y cuatro; Carnéades, fundador de la Academia nueva, ochenta y cinco; Crisipo, ochenta y uno; Diógenes de Seleucia, filósofo estoico del Tigris, ochenta y ocho; Posidonio de Apamea de Siria, aunque rodio por ley, filósofo y a la vez historiador, ochenta y cuatro; Critolao el peripatético, más de noventa y dos.
21
Platón, el más sagrado, noventa y un años. Atenodoro de Tarso, hijo de Sandón, estoico, que fue maestro del dios César Augusto, por quien la ciudad de los tarsenses fue aliviada de tributos, murió en su patria tras vivir ochenta y dos años, y el pueblo de los tarsenses le rinde honores cada año como a un héroe. Néstor, estoico de Tarso, maestro del César Tiberio, noventa y dos años; Jenofonte, hijo de Grilo, vivió más de noventa años.
22
Estos son los filósofos ilustres. De los escritores, Ctesibio murió a los ciento cuatro años en un paseo, como relata Apolodoro en sus crónicas. Jerónimo, habiendo estado en guerras y soportado muchos trabajos y heridas, vivió ciento cuatro años, como dice Agatárquides en el noveno libro de sus historias sobre Asia, y admira al hombre por estar hasta el último día en pleno uso de sus facultades y de todos sus sentidos, sin que le faltara nada para la salud. Helánico de Lesbos, ochenta y cinco, y Ferécides de Siria, igualmente ochenta y cinco. Timeo de Tauromenio, noventa y seis; Aristóbulo de Casandrea se dice que vivió más de noventa años, y comenzó a escribir su historia a los ochenta y cuatro años, como él mismo dice al principio de su obra. Polibio, hijo de Licortas, de Megalópolis, al regresar del campo cayó del caballo y, tras enfermar a causa de ello, murió a los ochenta y dos años; Hipsícrates de Amiso, escritor, tras pasar por muchos estudios, vivió noventa y dos años.
23
De los oradores, Gorgias, a quien algunos llaman sofista, vivió ciento ocho años; murió tras abstenerse de alimento; dicen que, al ser preguntado por la causa de su larga vejez y de su salud en todos los sentidos, dijo que era por no haberse unido nunca a los banquetes de otros. Isócrates, a los noventa y seis años, escribía el Panegírico, y a los noventa y nueve años, al enterarse de que los atenienses habían sido vencidos por Filipo en la batalla de Queronea, lamentándose, citó el verso de Eurípides refiriéndolo a sí mismo: Cadmo, que dejó una vez la ciudad de Sidón; y tras añadir que Grecia sería esclava, dejó la vida. Apolodoro de Pérgamo, orador, que fue maestro del dios César Augusto y, junto con Atenodoro de Tarso, el filósofo, le enseñó, vivió los mismos años que Atenodoro, ochenta y dos. Potamón, orador no poco ilustre, noventa años.
24
Sófocles, el autor de tragedias, murió asfixiado al tragar una uva, tras vivir noventa y cinco años. Al final de su vida, siendo juzgado por demencia por su hijo Yofonte, leyó a los jueces el Edipo en Colono, demostrando a través del drama cómo su mente estaba sana, de modo que los jueces lo admiraron sobremanera y condenaron al hijo por locura.
25
Cratino, el poeta de la comedia, vivió noventa y siete años, y al final de su vida, tras presentar la Pytine y ganar, murió poco después. También Filemón el cómico, que vivió igualmente noventa y siete años, estaba tumbado en su cama descansando, y al ver a un burro comiéndose los higos que le habían preparado, se echó a reír, y tras llamar al criado y decir, con una risa abundante y repentina, que le diera al burro vino puro para beber, murió asfixiado por la risa. También Epicarmo, el poeta de la comedia, se dice que vivió noventa y siete años.
26
Anacreonte, el poeta de las odas, vivió ochenta y cinco años, y lo mismo Estesícoro el lírico, y Simónides de Ceos más de noventa.
27
De los gramáticos, Eratóstenes, hijo de Aglao, de Cirene, a quien uno podría llamar no solo gramático, sino también poeta, filósofo y geómetra, vivió ochenta y dos años.
28
También se cuenta que Licurgo, el legislador de los lacedemonios, vivió ochenta y cinco años.
29
A tantos reyes y hombres instruidos hemos podido reunir; puesto que prometí registrar también a algunos romanos y a los que habitaron Italia que fueron longevos, te los daremos a conocer, si los dioses quieren, ilustrísimo Quintilo, en otro discurso.