Patriae encomium
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Que no hay nada más dulce que la patria es algo que ya se ha dicho hasta la saciedad.¿ Acaso, pues, no hay nada más dulce, pero sí algo más venerable y divino? Y, sin embargo, de todo lo que los hombres consideran venerable y divino, la patria es la causa y la maestra, pues nos ha engendrado, criado y educado. Muchos admiran la magnitud, el esplendor y la suntuosidad de las construcciones de las ciudades, pero todos aman a sus patrias; y nadie, ni siquiera los que están totalmente cautivados por el placer de la contemplación, ha sido engañado hasta el punto de olvidar su patria por la exageración de las maravillas que hay en otros lugares.
2
Quien se enorgullece de ser ciudadano de una ciudad afortunada me parece ignorar qué honor debe tributar a la patria, y tal persona deja claro que se sentiría molesta si le hubiera tocado en suerte una patria más modesta; para mí, en cambio, es más dulce honrar el nombre mismo de la patria. Pues a quien intenta comparar ciudades le corresponde examinar su magnitud, su belleza y la abundancia de sus mercancías; pero donde hay que elegir entre ciudades, nadie elegiría la más brillante dejando de lado a su patria, sino que desearía que su patria fuera semejante a las afortunadas, pero elegiría la suya, sea cual sea.
3
Esto mismo hacen los hijos justos y los padres virtuosos; pues ni un joven noble y bueno preferiría a otro antes que a su padre, ni un padre que se haya preocupado por su hijo amaría a otro joven, sino que los padres, al ser vencidos por el afecto, conceden tanto a sus hijos que les parecen ser los más bellos, los más grandes y los mejor dotados en todos los aspectos. Y quien no es un juez así respecto a su hijo, no me parece tener ojos de padre.
4
El nombre de patria es, pues, el más íntimo de todos; pues no hay nada más íntimo que el padre. Y si alguien tributa al padre el honor justo, tal como ordenan la ley y la naturaleza, preferiría adecuadamente a la patria; pues el propio padre es una posesión de la patria, al igual que el padre del padre y todos los parientes que descienden de ellos hacia arriba, y el nombre se eleva hasta llegar a los dioses patrios.
5
También los dioses se alegran con sus patrias y, como es natural, contemplan todo lo humano, considerando toda la tierra y el mar como posesiones suyas, pero cada uno de ellos prefiere, por encima de todas las demás ciudades, aquella en la que nació. Y las ciudades que son patrias de dioses son más venerables, y las islas donde se celebra el nacimiento de los dioses son más divinas. Al menos, estos lugares se consideran gratos a los dioses cuando cada uno, al llegar a sus lugares propios, realiza sacrificios. Y si para los dioses es valioso el nombre de patria,¿ cómo no lo será mucho más para los hombres?
6
Pues cada uno vio el sol por primera vez desde su patria, de modo que este dios, aunque sea común, es considerado por cada uno como patrio debido a la primera visión desde aquel lugar; y allí comenzó a hablar, aprendiendo primero las palabras locales, y allí conoció a los dioses. Y si alguien ha tenido la suerte de una patria tal que ha necesitado otra para una educación superior, que tenga gratitud hacia su patria por esas enseñanzas; pues no habría conocido ni siquiera el nombre de ciudad si no hubiera aprendido, gracias a su patria, que existe la ciudad.
7
Y creo que los hombres reúnen todas las enseñanzas y conocimientos preparándose a sí mismos para ser más útiles con ellos a sus patrias; y adquieren también riquezas por amor a la gloria, para los gastos comunes de la patria. Y con razón, creo; pues no deben ser desagradecidos quienes han recibido los mayores beneficios. Pero si alguien tributa gratitud a los individuos, como es justo, cuando recibe un bien de alguien, mucho más corresponde retribuir a la patria con lo que es debido; pues existen leyes en las ciudades contra el maltrato a los padres, y es justo considerar a la patria como la madre común de todos y devolverle agradecimientos por la crianza y por el conocimiento de las leyes mismas.
8
No se ha visto a nadie tan olvidadizo de su patria como para descuidarla al estar en otra ciudad, sino que tanto los que sufren infortunios en sus viajes invocan constantemente a la patria como el mayor de los bienes, como los que viven felices, aunque les vaya bien en todo lo demás, consideran que les falta esto, lo más importante: no vivir en la patria, sino ser extranjeros; pues el ser extranjero es un oprobio. Y a los que durante el tiempo de su estancia en el extranjero se han hecho brillantes, ya sea por la adquisición de riquezas, por la fama de sus honores, por el testimonio de su educación o por el elogio de su valentía, se les puede ver a todos apresurándose hacia su patria, como si no pudieran mostrar sus méritos en otros lugares mejores; y cada uno se apresura tanto más a aferrarse a su patria cuanto más parece haber sido considerado digno de mayores honores por otros.
9
La patria es, pues, anhelada también por los jóvenes; pero en los que ya han envejecido, cuanto mayor es su sensatez que la de los jóvenes, tanto mayor es el anhelo que sienten por la patria; al menos, cada uno de los ancianos se apresura y desea terminar su vida en su patria, para que, allí donde comenzó a vivir, allí mismo deposite también su cuerpo en la tierra que lo crió y participe de las tumbas patrias; pues a cada uno le parece terrible ser considerado extranjero incluso después de la muerte, al yacer en tierra ajena.
10
Cuánto afecto sienten por sus patrias los ciudadanos verdaderamente genuinos, uno podría aprenderlo de los autóctonos; pues los inmigrantes, como si fueran bastardos, realizan fácilmente sus traslados, sin conocer ni amar el nombre de la patria, y pensando que en todas partes podrán proveerse de lo necesario, poniendo como medida de la felicidad los placeres del vientre. Pero aquellos para quienes la patria es una madre, aman la tierra en la que nacieron y fueron criados, aunque la tengan pequeña, aunque sea áspera y de suelo pobre; y aunque carezcan de tierra para alabar su excelencia, no carecerán de elogios para su patria. Pero incluso si ven a otros enorgullecerse de llanuras abiertas y prados cubiertos de plantas de todo tipo, ellos mismos no olvidan los elogios de su patria, y despreciando la que cría caballos, alaban la que cría hombres.
11
Y uno se apresura hacia su patria, aunque sea isleño, aunque pueda ser feliz entre otros, y no aceptará ni siquiera la inmortalidad si se le ofrece, prefiriendo la tumba en su patria, y el humo de su patria le parecerá más brillante que el fuego de los demás.
12
Tan valiosa parece ser la patria ante todos, que uno podría ver que los legisladores de todas partes han impuesto el destierro como el castigo más severo para los delitos más graves. Y no es que los legisladores piensen así y los que tienen a su cargo las estrategias de otra manera, sino que en las batallas el mayor de los mandatos para los que se forman en filas es que la guerra es por su patria, y no hay nadie que, al oír esto, quiera ser un cobarde; pues el nombre de la patria hace valiente al cobarde.