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Original / primary: Spanish Gemini
1
Hermes: Este es el Cáucaso, Hefesto, donde habrá que encadenar a este miserable Titán. Busquemos ya un risco adecuado, si es que hay algún lugar libre de nieve, para que las ataduras queden más firmemente fijadas y él quede colgado a la vista de todos. Hefesto: Busquemos, Hermes; pues no conviene que sea crucificado en un lugar bajo y cercano al suelo, para que los hombres, sus criaturas, no puedan socorrerlo, ni tampoco en la cima, pues sería invisible para los de abajo; sino que, si te parece, que sea crucificado aquí en medio, sobre este barranco, con los brazos extendidos desde este risco hacia el opuesto. Hermes: Bien dices; pues las rocas son escarpadas e inaccesibles por todas partes, inclinadas suavemente, y el risco tiene una base tan estrecha para el pie que apenas se puede estar de puntillas, por lo que la cruz resultaría de lo más oportuna. No te demores, pues, Prometeo, sino sube y entrégate para ser fijado al monte.
2
Prometeo:¡ Ojalá al menos vosotros, Hefesto y Hermes, os apiadarais de mí, que sufro más de lo que merezco! Hermes:¿ Dices eso, Prometeo, que te apiademos para que seamos crucificados en tu lugar, desobedeciendo al instante la orden?¿ O es que no te parece que el Cáucaso es lo bastante grande como para albergar a otros dos empalados? Pero extiende la mano derecha; tú, Hefesto, cierra y clava, y descarga el martillo con fuerza. Dame también la otra; que esta también quede bien sujeta. Está bien. Pronto se abalanzará también el águila para devorar tu hígado, para que lo tengas todo a cambio de tu hermosa y hábil labor de modelado.
3
Prometeo:¡ Oh Crono, Jápeto y tú, madre mía, lo que sufro yo, el desdichado, sin haber cometido ninguna falta grave! Hermes:¿ Ninguna falta grave, Prometeo? Tú, que primero, al ser encargado de la distribución de las carnes, la hiciste tan injusta y engañosa que te reservaste para ti las mejores partes y engañaste a Zeus cubriendo los huesos con grasa blanca; pues recuerdo, por Zeus, que Hesíodo lo dijo así. Y después, modelaste a los hombres, criaturas de lo más astutas, y sobre todo a las mujeres; y, por encima de todo, robaste el fuego, el bien más preciado de los dioses,¿ y se lo diste a los hombres?¿ Dices que no has cometido ninguna injusticia tras haber hecho tantas atrocidades?
4
Prometeo: Pareces, Hermes, ser como el poeta que acusa al inocente, al reprocharme tales cosas por las que yo, si se hiciera justicia, me habría hecho acreedor a ser alimentado en el pritaneo. Si tienes tiempo, me gustaría defender mi causa contra las acusaciones, para demostrar que Zeus ha juzgado injustamente sobre nosotros; tú, en cambio— ya que eres locuaz y experto en leyes—, defiéndelo a él, justificando por qué dictó una sentencia tan justa al crucificarme cerca de estas puertas Caspias, en el Cáucaso, un espectáculo lamentable para todos los escitas. Hermes: Vas a defender una causa caduca, Prometeo, y sobre algo que no viene al caso; pero, aun así, habla; pues, de todos modos, es necesario esperar hasta que el águila descienda para ocuparse de tu hígado. Sería bueno aprovechar este tiempo intermedio para una audición sofística, tal como eres tú, de lo más astuto en los discursos.
5
Prometeo: Habla tú primero, pues, Hermes, y acúsame de la forma más severa posible, sin omitir nada de lo que es justo para el padre. A ti, Hefesto, te nombro juez. Hefesto:¡ Por Zeus que no! Ten por seguro que me tendrás como acusador en lugar de juez, ya que al robar el fuego me has dejado la fragua fría. Prometeo: Entonces, dividiendo la acusación, tú, Hermes, encárgate de la parte del robo, y que él se queje del reparto de las carnes y de la creación de los hombres; ambos parecéis ser artesanos y hábiles en el hablar. Hefesto: Hermes hablará también por mí; pues yo no estoy versado en discursos judiciales, sino que paso la mayor parte del tiempo en la fragua; él, en cambio, es orador y no se ha ocupado de estas cosas como algo secundario. Prometeo: Yo nunca hubiera pensado que Hermes quisiera hablar sobre el robo ni reprocharme tal cosa siendo del mismo oficio. Pero, aun así, si también te encargas de esto, hijo de Maia, es hora ya de concluir la acusación.
6
Hermes: Desde luego, Prometeo, se necesitan largos discursos y una preparación considerable para tus actos, y no basta con decir solo los puntos principales de tus delitos: que, habiéndosete confiado el reparto de las carnes, te guardaste para ti las mejores, engañaste al rey, modelaste a los hombres sin necesidad alguna y, tras robar el fuego de nosotros, se lo llevaste a ellos. Y me parece, mi buen amigo, que no comprendes lo magnánimo que ha sido Zeus al experimentar tales cosas. Si niegas haber hecho esto, habrá que refutarlo, extender un largo discurso y tratar de mostrar la verdad lo mejor posible; pero si admites haber hecho tal reparto de las carnes, haber innovado en lo referente a los hombres y haber robado el fuego, ya he acusado lo suficiente y no diré más; pues, de otro modo, sería una necedad.
7
Prometeo: Si lo que has dicho es una necedad, lo sabremos poco después; yo, puesto que dices que las acusaciones son suficientes, trataré de refutar los cargos en la medida de mis posibilidades. Y primero, escucha lo referente a las carnes. Aunque, por el Cielo, incluso ahora al decirlo me avergüenzo por Zeus, si es tan mezquino y rencoroso como para enviar a un dios tan antiguo a ser crucificado solo porque encontró un pequeño hueso en su porción, sin recordar la alianza ni considerar cuán grande es el motivo de su ira, y cuán propio de un muchacho es enfadarse y molestarse si no recibe la parte mayor.
8
Prometeo: Y sin embargo, Hermes, no se deben recordar tales engaños que ocurren en los banquetes, sino que, si se ha cometido algún error mientras se banquetea, hay que considerarlo una broma y dejar la ira en el mismo banquete; guardar el odio para el día siguiente, guardar rencor y mantener una ira caduca,¡ lejos de mí!, no es propio de dioses ni, por lo demás, de reyes. Pues si alguien elimina de los banquetes estas sutilezas, los engaños, las bromas, las burlas y las risas, lo que queda es embriaguez, hartazgo y silencio, cosas sombrías y desagradables, y en absoluto propias de un banquete. Por eso, yo ni siquiera pensaba que Zeus recordaría esto al día siguiente, y mucho menos que se indignaría tanto por ello y consideraría que ha sufrido algo terrible si alguien, al repartir las carnes, gastaba una broma para ver si el que elegía distinguía lo mejor.
9
Prometeo: Pero supongamos, Hermes, lo más grave: que no le haya asignado la porción menor a Zeus, sino que me haya quedado con todo.¿ Y qué?¿ Por eso era necesario, como dice el refrán, mezclar el cielo con la tierra, idear cadenas, cruces y todo el Cáucaso, enviar águilas y desgarrar el hígado? Mira no sea que esto acuse al que se indigna de una gran mezquindad, bajeza de espíritu y facilidad para la ira.¿ O qué habría hecho este si hubiera perdido un buey entero, si por unas pocas carnes hace tanto?
10
Prometeo: Y, sin embargo,¡ cuánto más sensatos son los hombres ante tales cosas, de quienes cabría esperar que fueran más irascibles que los dioses! Pero, aun así, no hay ninguno de ellos que condenaría a su cocinero a la cruz si, al cocer las carnes, metiera el dedo y probara un poco del caldo, o si, al asarlas, arrancara algo y se lo tragara, sino que les conceden el perdón; y si se enfadaran mucho, les darían unos golpes o un bofetón, pero nadie entre ellos ha sido crucificado por tales motivos. Y sobre las carnes, esto es todo; es vergonzoso para mí defenderme, pero mucho más vergonzoso para él acusarme.
11
Prometeo: Y sobre el modelado y el hecho de que creé a los hombres, es hora ya de hablar. Esto, Hermes, al tener una doble acusación, no sé por cuál de ellas me culpáis:¿ si es que los hombres no debían haber existido en absoluto, y era mejor que permanecieran quietos siendo tierra, o si debían haber sido creados, pero no de esta forma? Yo, sin embargo, hablaré de ambas cosas; y primero, trataré de mostrar que no ha resultado ningún daño para los dioses por el hecho de que los hombres hayan sido traídos a la vida; y después, que esto ha sido beneficioso y mucho mejor para ellos que si la tierra hubiera permanecido desierta y sin hombres.
12
Prometeo: Existía, pues, hace tiempo— pues así quedará más claro si he cometido alguna injusticia al transformar y renovar lo referente a los hombres—, existía solo el linaje divino y celestial, y la tierra era algo salvaje y sin forma, toda ella cubierta de bosques, y estos indómitos, y no había altares de dioses ni templos— pues,¿ de dónde?— ni estatuas ni nada parecido, como lo que ahora aparece por todas partes siendo honrado con todo cuidado. Yo, en cambio— pues siempre planeo algo para el bien común y considero cómo aumentarán las cosas de los dioses y cómo progresará todo lo demás hacia el orden y la belleza—, pensé que sería mejor tomar un poco de barro y formar algunos seres y modelar formas parecidas a nosotros mismos; pues pensaba que al divino le faltaba algo, al no existir lo contrario a él y aquello ante lo cual la comparación pudiera hacerlo parecer más dichoso; seres mortales, sin embargo, pero de lo más ingeniosos y sensatos, y capaces de percibir lo mejor.
13
Prometeo: Y así, según el relato poético, mezclando tierra con agua y ablandándola, modelé a los hombres, invitando incluso a Atenea a que me ayudara en la obra. Esto es en lo que he ofendido gravemente a los dioses. Y ves cuán grande es el castigo, si hice seres de barro y llevé a la inmovilidad lo que antes estaba inmóvil; y, al parecer, desde entonces los dioses son menos dioses porque han nacido algunos seres mortales sobre la tierra; pues así es como se indigna ahora Zeus, como si los dioses disminuyeran por la creación de los hombres, a menos que tema que estos también planeen una rebelión contra él y declaren la guerra a los dioses como los Gigantes. Pero que no habéis sufrido ninguna injusticia, Hermes, por mi parte y por mis obras, es evidente; o muestra tú al menos una cosa, por pequeña que sea, y yo callaré y aceptaré haber recibido un trato justo por vuestra parte.
14
Prometeo: Y que esto ha sido útil para los dioses, lo aprenderías si observaras toda la tierra, que ya no está seca y sin belleza, sino adornada con ciudades, cultivos y plantas cultivadas, y el mar siendo navegado, y las islas habitadas, y por todas partes altares, sacrificios, templos y fiestas; todas las calles están llenas de Zeus, y todos los mercados de hombres. Pues si hubiera creado esto como una posesión solo para mí, quizás habría sido egoísta, pero ahora lo he traído y puesto a disposición de vosotros mismos; más aún, hay templos de Zeus, de Apolo, de Hera y tuyos, Hermes, por todas partes, pero de Prometeo en ninguna.¿ Ves cómo solo busco lo mío, y traiciono y disminuyo lo común?
15
Prometeo: Además, Hermes, considera también esto: si te parece que algún bien sin testigos, como una posesión o una obra que nadie verá ni alabará, será igualmente agradable y placentero para quien lo posee.¿ A qué viene esto que he dicho? A que, al no haber nacido los hombres, la belleza del universo habría quedado sin testigos, y habríamos tenido una riqueza que no sería admirada por nadie más ni sería igualmente valiosa para nosotros mismos; pues no habríamos tenido con qué compararla para ver que es menor, ni habríamos comprendido cuán dichosos somos al no ver a otros privados de lo nuestro; pues así es como lo grande parecería grande, si se midiera con lo pequeño. Vosotros, en cambio, debiendo honrarme por esta gestión, me habéis crucificado y me habéis dado esta recompensa por mi plan.
16
Prometeo: Pero dices que hay algunos malvados entre ellos, que cometen adulterio, hacen la guerra, se casan con sus hermanas y conspiran contra sus padres.¿ Acaso no hay abundancia de esto entre nosotros? Y no creo que por eso alguien pueda culpar al Cielo y a la Tierra por habernos creado. Quizás dirías también esto, que nos causa muchas molestias ocuparnos de ellos. Entonces, que el pastor se lamente por tener el rebaño, porque es necesario que se ocupe de él. Y, sin embargo, este trabajo es agradable; además, el cuidado no es desagradable, pues tiene cierto entretenimiento.¿ O qué haríamos si no tuviéramos de qué preocuparnos? Estaríamos ociosos, bebiendo néctar y hartándonos de ambrosía sin hacer nada.
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Prometeo: Y lo que más me asfixia es esto: que, aunque criticáis la creación de los hombres y sobre todo a las mujeres, sin embargo, las amáis y no dejáis de bajar, convirtiéndoos unas veces en toros, otras en sátiros y cisnes, y pretendéis que se hagan dioses a partir de ellas. Pero quizás dirás que los hombres debían haber sido creados de otra forma, y no parecidos a nosotros;¿ y qué otro modelo mejor que este podría haber elegido, que sabía que era totalmente hermoso?¿ O debía haber hecho al ser insensato, bestial y salvaje?¿ Y cómo habrían sacrificado a los dioses o rendido los otros honores si no hubieran sido así? Pero vosotros, cuando os ofrecen las hecatombes, no dudáis, incluso si hay que ir hasta el Océano con los irreprochables etíopes; pero al causante de vuestros honores y sacrificios, lo habéis crucificado. Sobre los hombres, pues, esto es suficiente.
18
Prometeo: Y ahora pasaré también al fuego, si te parece, y a este robo tan denostado. Y por los dioses, respóndeme a esto sin dudar:¿ hemos perdido algo del fuego desde que está también entre los hombres? No podrías decirlo. Pues esta es, creo, la naturaleza de esta posesión: no disminuye en nada si alguien más participa de ella; pues no se apaga porque alguien encienda la suya; y es pura envidia impedir compartir con los necesitados aquello de lo que vosotros no habéis sufrido ningún daño. Y, sin embargo, siendo dioses, debéis ser buenos y dadores de bienes, y estar libres de toda envidia; donde, incluso si hubiera robado todo este fuego y lo hubiera llevado a la tierra sin dejar nada de él, no os habría hecho un gran daño; pues vosotros no lo necesitáis, ni para pasar frío, ni para cocer la ambrosía, ni para necesitar luz artificial.
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Prometeo: Los hombres, en cambio, utilizan el fuego para otras cosas, pero sobre todo para los sacrificios, para poder llenar las calles de aroma, quemar incienso y quemar los muslos sobre los altares. Y veo que vosotros os alegráis sobre todo con el humo y consideráis este banquete como el más dulce cuando el aroma llega al cielo, girando en el humo. Esta queja, por tanto, resultaría ser totalmente contraria a vuestro deseo. Y me asombra cómo no habéis impedido también que el sol los ilumine; aunque este también es fuego, mucho más divino y ardiente.¿ O es que también lo acusáis a él de malgastar vuestra posesión? He hablado. Vosotros, Hermes y Hefesto, si algo os parece que no ha sido bien dicho, corregidme y refutadme, y yo volveré a defenderme.
20
Hermes: No es fácil, Prometeo, competir contra un sofista tan noble; pero alégrate de que Zeus no haya escuchado esto; pues sé bien que te habría enviado dieciséis buitres para que te arrancaran las entrañas; tan terriblemente lo has acusado mientras pretendías defenderte. Pero me asombra que, siendo adivino, no supieras de antemano que serías castigado por esto. Prometeo: Lo sabía, Hermes, y sé también que seré liberado de nuevo, y pronto llegará de Tebas tu hermano, que no tardará en disparar sus flechas contra el águila que dices que se abalanzará sobre mí. Hermes: Ojalá sucediera eso, Prometeo, y pudiera verte liberado, banqueteando junto con nosotros, aunque no repartiendo carnes.
21
Prometeo: Ten confianza; banquetearemos juntos y Zeus me liberará, no a cambio de un pequeño beneficio. Hermes:¿ De cuál? No dudes en decirlo. Prometeo:¿ Conoces, Hermes, a Tetis? Pero no debo decirlo; pues es mejor guardar el secreto, para que sea mi recompensa y rescate por la condena. Hermes: Pues guárdalo, Titán, si eso es mejor. Nosotros vámonos, Hefesto; pues ya está cerca este águila. Soporta, pues, con firmeza; y ojalá aparezca pronto el tebano que dices que es arquero, para que te libre de ser desgarrado por el ave.