Jerome

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Original / primary: Spanish Gemini
1
Sacerdote: Oh, Crono, pues parece que tú eres quien gobierna por el momento y que de nuestra parte se te ha sacrificado y ofrecido libaciones propiciatorias,¿ qué podría pedirte y obtener de ti, sobre todo, en los sacrificios? Crono: Eso, en sí mismo, te corresponde a ti considerarlo bien, qué es lo que deseas, a menos que quieras que el gobernante sea también adivino y sepa qué es lo que te resulta más grato pedir; yo, por mi parte, no rechazaré lo que sea posible en tu petición. Sacerdote: Pero hace tiempo que lo he pensado; pues diré las cosas comunes y habituales: riqueza, mucho oro, ser dueño de tierras, poseer muchos esclavos, vestiduras floridas y suaves, plata, marfil y todo lo demás que es valioso. De esto, pues, oh excelente Crono, dame, para que yo también disfrute algo de tu gobierno y no sea el único que se quede sin parte durante toda la vida.
2
¿ Ves? No me has pedido algo que dependa de mí; pues no es asunto mío distribuir tales cosas. Así que no te aflijas si no las consigues, sino pídeselas a Zeus cuando el mando pase a él dentro de poco. Yo recibo el poder bajo condiciones: todo el reinado dura siete días, y si me excedo de este plazo, vuelvo a ser un ciudadano común y uno más de la multitud; pero durante esos mismos siete días, no se me permite gestionar nada serio ni comercial, sino beber, embriagarme, gritar, jugar, apostar a los dados, nombrar magistrados, agasajar a los criados, cantar desnudo, aplaudir temblando y, a veces, ser empujado de cabeza al agua fría con el rostro manchado de hollín; esto es lo que se me permite hacer. Pero esas grandes cosas, la riqueza y el oro, las reparte Zeus a quien él quiere.
3
Pero ni siquiera él, oh Crono, lo hace fácil ni prontamente. Yo, al menos, ya me he cansado de pedir a grandes voces, y él no escucha en absoluto, sino que, agitando la égida y blandiendo el rayo, mirando con severidad, aterra a quienes lo molestan; y si alguna vez accede a alguien y lo hace rico, hay mucha arbitrariedad en ello, y a veces, dejando de lado a los buenos y sensatos, derrama la riqueza sobre hombres malvados y necios, en su mayoría azotes de la humanidad o afeminados. Sin embargo, quiero saber qué es lo que sí está en tu poder.
4
No son cosas pequeñas ni del todo despreciables si se examinan en relación con el poder de todo el mando, a menos que te parezca poco ganar jugando a los dados y que, mientras para los demás el dado rueda hacia la unidad, para ti siempre aparezca el seis por encima; muchos, al menos, se han saciado gracias a esto, a quienes el dado les ha sido propicio y favorable; otros, en cambio, han naufragado desnudos al romperse su nave contra un lastre tan pequeño como el dado. Y además, beber lo más dulce, parecer más apto para cantar que otro en el banquete y, mientras los criados sirven, que los demás caigan al agua— pues este es el castigo por el servicio torpe— y que tú seas proclamado vencedor y te lleves los premios,¿ ves qué gran bien es? Además, ser el único rey sobre todos al ganar con el astrágalo, de modo que ni se te ordenen tareas ridículas y tú mismo puedas ordenar, a uno gritar algo vergonzoso sobre sí mismo, a otro bailar desnudo y, cargando a la flautista, dar tres vueltas a la casa,¿ cómo no son también estas muestras de mi gran generosidad? Y si te quejas de que tal reinado no es verdadero ni duradero, serás injusto al ver que yo mismo, quien distribuye esto, tengo el mando por poco tiempo. De estas cosas, pues, que me es posible dar, de los juegos, de mandar, de cantar y de las que he enumerado, pide con confianza, pues no te asustaré con la égida ni con el rayo.
5
Sacerdote: Pero, oh excelente de los Titanes, no necesito tales cosas, sino que respóndeme a aquello que más deseaba saber, y si me lo dices, habrás pagado suficiente recompensa por el sacrificio, y por lo demás te libero de las deudas. Crono: Pregunta solamente; pues responderé, si es que lo sé. Sacerdote: Lo primero de todo, si es verdad lo que oímos sobre ti, que devorabas a los hijos engendrados por Rea, y que ella, habiendo ocultado a Zeus y dándote a tragar una piedra en lugar del niño, él, al llegar a la edad adulta, te expulsó del mando tras vencerte en la guerra, y luego, llevándote al Tártaro, te encadenó a ti y a todos los aliados que lucharon contigo. Crono: Si no estuviéramos celebrando una fiesta, oh tú, y no estuviera permitido embriagarse y maldecir a los amos con libertad, habrías sabido que al menos se me permite enfadarme, habiendo preguntado tales cosas, sin respetar a un dios tan canoso y anciano. Sacerdote: Yo también, oh Crono, no digo esto por mi cuenta, sino que Hesíodo y Homero, pues me da reparo decir que casi todos los demás hombres, han creído esto sobre ti.
6
¿ Crees acaso que aquel pastor, el fanfarrón, sabe algo sensato sobre mí? Considera esto así:¿ hay algún hombre— pues no diré dios— que soportaría voluntariamente devorar a sus propios hijos, a menos que fuera un Tiestes y, habiéndose topado con un hermano impío, comiera? Y esto podría ser, pero¿ cómo ignoraría que está comiendo una piedra en lugar de un niño, a menos que fuera insensible de dientes? Pero ni guerreamos ni Zeus me arrebató el mando por la fuerza, sino que yo se lo entregué voluntariamente y le cedí el mando; pues que no estoy encadenado ni en el Tártaro, tú mismo lo ves, a menos que seas ciego como Homero.
7
Sacerdote:¿ Qué te pasó, oh Crono, para que dejaras el mando? Crono: Te lo diré: en resumen, siendo ya viejo y sufriendo de gota por el tiempo— por lo cual muchos conjeturaron que estaba encadenado—; pues no podía resistir tanta injusticia de los actuales, sino que siempre tenía que estar arriba y abajo con el rayo levantado, quemando a los perjuros, a los sacrílegos o a los violentos, y el asunto era muy laborioso y juvenil; así que cedí, haciendo un bien a Zeus. Y, por otra parte, me pareció bien, habiendo distribuido el mando a mis hijos, banqueteárselo todo en paz, sin atender a los que rezan ni ser molestado por los que piden lo contrario, ni tener que tronar, lanzar rayos o, a veces, granizo; sino que paso esta vida de anciano, la más dulce, bebiendo néctar más puro, conversando con Jápeto y los demás de mi edad; él, en cambio, gobierna teniendo mil problemas. Sin embargo, me pareció bien reservarme estos pocos días para lo que dije y retomo el mando, para recordar a los hombres cómo era la vida bajo mi mandato, cuando todo crecía para ellos sin sembrar ni arar, no espigas, sino pan listo y carnes preparadas, y el vino fluía como ríos y fuentes de miel y leche; pues todos eran buenos y de oro. Esta es la causa de este breve reinado mío, y por eso en todas partes hay estrépito, canto, juego e igualdad para todos, esclavos y libres; pues bajo mi mando nadie era esclavo.
8
Sacerdote: Yo, oh Crono, conjeturaba también que ese filantropismo hacia los esclavos y los maltratados lo hacías a partir de aquel mito, honrando a los que sufren lo mismo, ya que tú mismo fuiste esclavo, recordando la cadena. Crono:¿ No dejarás de decir tales tonterías? Sacerdote: Dices bien, y dejaré de hacerlo; pero respóndeme aún esto.¿ Era habitual jugar a los dados también bajo tu mando para los hombres? Crono: Y mucho, pero no por talentos y miríadas como ustedes, sino por nueces, lo más importante, para no afligirse al ser derrotado ni llorar por estar siempre sin comer, siendo el único de los demás. Sacerdote: Bien hacían aquellos.¿ Por qué habrían de jugar si ellos mismos eran de oro puro? Pues yo, incluso mientras hablabas, pensé algo así: si alguien hubiera traído a uno de aquellos hombres de oro puro a esta vida nuestra y lo hubiera mostrado a la multitud,¿ qué habría sufrido el infeliz a manos de ellos? Pues lo habrían despedazado, sé bien que sí, abalanzándose sobre él como las Ménades sobre Penteo, o las tracias sobre Orfeo, o los perros sobre Acteón, compitiendo cada uno por llevarse la mayor parte, ellos que ni siquiera celebrando fiestas están fuera de la codicia, sino que la mayoría ha hecho de la fiesta una fuente de ingresos. Luego, unos se van robando a los amigos en el banquete, otros te maldicen a ti, sin necesidad, y rompen los dados, que no tienen la culpa de lo que ellos hacen voluntariamente. Pero dime también esto,¿ por qué siendo un dios tan delicado y viejo elegiste el momento más desagradable, cuando la nieve cubre todo y el bóreas es fuerte y no hay nada que no esté congelado por el frío y los árboles están secos, desnudos y sin hojas y los prados deslucidos y sin flores y los hombres encorvados como los muy ancianos, la mayoría alrededor del hogar, celebras entonces? Pues el momento no es de anciano ni adecuado para los que viven con lujo.
9
Crono: Me interrogas mucho, oh tú, cuando ya es hora de beber; pues me has quitado no poco tiempo de la fiesta filosofando sobre cosas que no me son del todo necesarias. Así que, por ahora, deja eso, banqueteémonos ya, aplaudamos y vivamos con libertad en la fiesta, luego juguemos a la antigua con nueces, elijamos reyes y obedezcámosles; pues así confirmaría el proverbio que dice que los ancianos vuelven a ser niños. Sacerdote: Pero que no pueda beber quien tenga sed, oh Crono, a quien no le resulten dulces estas cosas que dices. Así que bebamos; pues has respondido suficientemente a las primeras. Y me parece que, habiendo escrito en un libro esta reunión nuestra, lo que yo mismo pregunté y lo que tú respondiste propiciamente a esto, lo ofreceré para que lo lean los amigos, al menos cuantos sean dignos de escuchar tus palabras.
10
Esto dice el sacerdote de Cronosolón, profeta de Crono y legislador de lo relativo a la fiesta: lo que los pobres deben hacer, se lo envié a ellos mismos en otro libro, habiéndolo escrito, y sé bien que ellos también cumplirán las leyes, o de lo contrario serán responsables de las penas que se han establecido como grandes contra los desobedientes. Ustedes, en cambio, oh ricos, cuiden de no transgredir ni desoír estos mandatos; pues quien no lo haga así, sepa que no me despreciará a mí, el legislador, sino al mismo Crono, quien me eligió para legislar para la fiesta, no apareciéndose en sueños, sino presentándose claramente ante mí, que estaba despierto, hace poco. No estaba encadenado ni lleno de suciedad, como lo muestran los pintores al recibirlo de las tonterías de los poetas, sino que tenía la hoz muy afilada; por lo demás, estaba radiante, vigoroso y vestido de forma real. Con tal forma se me apareció, y lo que dijo, también es muy divino y digno de serles anunciado.
11
Pues al verme sombrío, caminando sumido en pensamientos, como es natural para un dios, conoció al instante cuál es la causa de mi tristeza, y cómo me afligía la pobreza, no siendo la estación para ir con una sola túnica; pues hacía frío, mucho bóreas, escarcha y nieve; y yo estaba muy poco protegido contra ello. Sino que también, acercándose la fiesta, veía a los demás preparándose para sacrificar y banqueteárselo, mientras que para mí no había nada muy festivo. Y entonces, acercándose por detrás y tomándome de la oreja y sacudiéndome, como suele acercarse a mí,¿ Qué es esto, dijo, oh Cronosolón, pareces afligido? No es digno, dije, oh señor, cuando veo a hombres malditos e impuros siendo riquísimos y siendo los únicos que viven con lujo, mientras yo y otros muchos de los instruidos estamos juntos en la carencia y la impotencia; pero ni siquiera tú, oh señor, quieres detener esto y reorganizarlo hacia la igualdad. Las demás cosas, dijo, no es fácil cambiarlas, cuantas sufren por Cloto y las demás Moiras, pero lo que es de la fiesta, les corregiré la pobreza, y que la corrección sea esta: ve, oh Cronosolón, y escríbeme algunas leyes, lo que hay que hacer en la fiesta, para que los ricos no celebren solos, sino que compartan con ustedes los bienes. Pero no sé, dije.
12
Yo, dijo, te enseñaré; y luego, comenzando, me enseñaba. Luego, cuando ya lo sabía todo, Y diles, dijo, que si no hacen esto, no en vano llevo esta hoz afilada, o sería ridículo haber hecho castrado a mi padre Urano y no castrar a los ricos, cuantos transgredan, para que se conviertan en eunucos y mendiguen para la madre con flautas y tambores. Esto amenazó. Así que les conviene no transgredir los preceptos.
13
Que nadie haga nada, ni comercial ni privado, dentro de la fiesta, salvo lo que sea para el juego, el lujo y la alegría; que solo los cocineros y pasteleros estén activos. Que haya igualdad para todos, esclavos y libres, pobres y ricos. Que a nadie le esté permitido enfadarse, indignarse o amenazar. Que tampoco esté permitido tomar cuentas a los encargados de las Cronias. Que nadie examine la plata o la vestidura ni la registre en la fiesta, ni se ejercite en las Cronias, ni practique o exhiba discursos, salvo si algunos son ingeniosos y alegres, mostrando burla y juego.
14
Mucho antes de la fiesta, que los ricos escriban en una tablilla el nombre de cada uno de los amigos, y que tengan también dinero listo, la décima parte de lo que ingresa al año, y la vestidura que les sobre y cuanta sea de hechura más gruesa de lo que les corresponde, y no poca de la de plata. Que esto esté listo. Y el día anterior a la fiesta, que se lleve un purificador y que ellos mismos expulsen de la casa la mezquindad, la avaricia, la codicia y todo lo demás que suele habitar en la mayoría de ellos. Y cuando hayan dejado la casa limpia, que sacrifiquen a Zeus dador de riqueza, a Hermes dador y a Apolo gran dador. Luego, hacia el atardecer, que se les lea aquella tablilla amistosa.
15
Y habiendo distribuido ellos mismos según el mérito a cada uno antes de que el sol se ponga, que lo envíen a los amigos. Que los que llevan las cosas no sean más de tres o cuatro, los más fieles de los criados, ya ancianos. Que se escriba en un papel qué es lo que se envía y cuánto, para que ambos no sospechen de los que transportan. Que los criados mismos, habiendo bebido cada uno una copa, se vayan, y que no pidan nada más. Que a los instruidos se les envíe todo el doble; pues es digno que sean de doble porción. Que lo que se diga sobre los regalos sea lo más moderado y breve posible; que nadie envíe nada gravoso ni alabe lo que se envía. Que el rico no envíe nada al rico ni que el rico agasaje al igual en las Cronias. Que no se guarde nada de lo que se ha preparado para enviar ni que entre arrepentimiento por el regalo. Si alguien el año pasado, estando fuera, se quedó sin parte por ello, que reciba también aquello. Y que los ricos paguen también las deudas de los amigos pobres y el alquiler, quienes, debiendo pagar esto, no tengan; y, en general, que se preocupen mucho antes de saber qué es lo que más necesitan.
16
Que esté ausente también de los que reciben la queja, y que lo enviado, sea lo que sea, parezca grande. Que un ánfora de vino o una liebre o un ave gorda no parezcan regalo de Cronias; ni que lleven a risa los regalos de Cronias. Que el pobre envíe a cambio al rico, el instruido, un libro de los antiguos, si es algo de buen augurio y festivo, o un escrito suyo, lo que pueda, y que el rico reciba esto con rostro muy alegre y, al recibirlo, que lo lea al instante; y si lo rechaza o lo tira, sepa que es responsable de la amenaza de la hoz, aunque envíe lo que debía; los demás, que unos envíen coronas, otros granos de incienso. Y si un pobre envía vestidura o plata u oro por encima de sus posibilidades a un rico, que lo enviado sea público y, vendido, se deposite en el tesoro de Crono, y que el pobre al día siguiente reciba golpes del rico con la caña en las manos, no menos de doscientos cincuenta.
17
Que se bañen cuando el elemento esté a seis pies, y que antes del baño haya nueces y dados. Que se recueste donde le toque a cada uno; que el rango, el linaje o la riqueza contribuyan poco a la preferencia. Que todos beban del mismo vino; y que no haya pretexto para el rico, ni de estómago ni de dolor de cabeza, para beber solo por ello del mejor. Que la parte de las viandas sea igual para todos; que los criados no sirvan a nadie por favor, pero que tampoco se retrasen ni se paseen hasta que les parezca, cuantas cosas hay que llevar. Que no se sirva a uno cosas grandes y a otro muy pequeñas, ni al uno el muslo y al otro la mandíbula del cerdo, sino igualdad para todos.
18
Que el copero mire agudamente desde la vigilancia a cada uno, y menos al amo, y que escuche con más agudeza. Y copas de todo tipo. Y que esté permitido ofrecer, si alguien quiere, una invitación. Que todos brinden a todos, si quieren, brindando primero el rico. Que no sea obligatorio beber si alguien no puede. Que no esté permitido llevar al banquete ni bailarín ni citarista que esté aprendiendo, si alguien quiere. Que la medida de la burla sea la que no causa dolor para todos. Que todos jueguen a los dados con nueces; si alguien juega por dinero, que esté sin comer al día siguiente. Y que cada uno se quede y se vaya cuando quiera. Y cuando el rico agasaje a los criados, que los amigos sirvan con él. Que cada uno de los ricos escriba estas leyes en una estela de bronce y la tenga en el centro del patio, y que la lea. Y hay que saber que mientras esta estela permanezca, ni hambre ni peste ni incendio ni ningún otro mal entrará en su casa. Y si alguna vez— lo que no suceda— es derribada, sufrirán lo que es de mal agüero.
19
Yo a Crono, saludos. Ya te había escrito antes declarando en qué situación estaba y cómo por la pobreza corría el riesgo de ser el único sin parte de la fiesta que has anunciado, añadiendo también esto— pues me acuerdo— que es muy irracional que unos de nosotros sean riquísimos y vivan con lujo sin compartir lo que tienen con los más pobres, mientras otros mueren de hambre, y esto estando presentes las Cronias; y como entonces no me respondiste nada, pensé que debía recordarte de nuevo lo mismo. Pues debías, oh excelente Crono, habiendo quitado esta desigualdad y puesto los bienes en común para todos, entonces ordenar celebrar. Como estamos ahora, hormiga o camello, como dice el proverbio. O mejor, piensa en un actor trágico que con uno de los pies está sobre algo alto, como son los coturnos trágicos, y el otro está descalzo. Si camina así, ves que es necesario para él estar a veces alto y a veces bajo, según con qué pie avance. Tanto es la desigualdad en nuestra vida; y unos, habiéndose calzado los coturnos que la fortuna proporciona, actúan trágicamente para nosotros, mientras la mayoría caminamos a pie y por el suelo, pudiendo, sé bien que sí, no actuar peor que ellos y caminar, si alguien nos hubiera vestido de forma parecida a ellos.
20
Y sin embargo, oigo a los poetas decir que en la antigüedad las cosas no eran así para los hombres mientras tú aún reinabas, sino que la tierra les producía los bienes sin sembrar ni arar, cena lista para cada uno hasta la saciedad, y los ríos, unos fluían vino, otros leche, y hay quienes dicen que también miel; lo más importante, dicen que los hombres mismos eran de oro, y que la pobreza ni siquiera se les acercaba en absoluto. Nosotros, en cambio, ni siquiera pareceríamos plomo, sino si algo más despreciable que esto, y el alimento es con trabajos para la mayoría, y la pobreza y la carencia y la impotencia y el ay de mí y el de dónde me vendría y oh la fortuna, muchas cosas así, al menos entre nosotros los pobres. Y estaríamos menos afligidos, sé bien que sí, por ellas, si no viéramos a los ricos viviendo con tanta felicidad, quienes, habiendo encerrado tanto oro, tanta plata, y teniendo cuantas vestiduras, y esclavos y yuntas y casas y campos, poseyendo muchísimas cosas de cada una, no solo no nos compartieron nunca de ellas, sino que ni siquiera consideran digno mirar a la mayoría.
21
Esto es lo que más nos asfixia, oh Crono, y consideramos el asunto insoportable, que uno, recostado sobre púrpuras, disfrute de tantos bienes eructando y siendo felicitado por los que están con él, celebrando siempre, mientras yo y los semejantes soñamos si de algún lado salieran cuatro óbolos, para que pudiéramos dormir llenos al menos de pan o harina, comiendo berro o tomillo o cebolla. O bien cambia esto, oh Crono, y transfórmalo hacia la igualdad de vida, o, lo último, ordena a ellos mismos, a los ricos, que no disfruten solos de los bienes, sino que de tantos medimnos de oro nos derramen al menos un jón a todos nosotros, y de las vestiduras cuantas ni siquiera comidas por las polillas les afligirían; esto, al menos, que se pierde totalmente y será destruido por el tiempo, dárnoslo para vestirnos mejor que dejar que se pudra con mucho moho en los lechos y cofres.
22
Y además, que cada uno agasaje a veces a cuatro, a veces a cinco de los pobres, no al modo actual de los banquetes, sino al más democrático, para que todos participen por igual y no que uno se llene de manjares y el criado espere de pie hasta que se canse de comer, y al llegar a nosotros, estando aún preparándonos para poner la mano, pase de largo mostrando solo la fuente o lo que queda del pastel; ni que, habiendo traído un cerdo, distribuyendo, ponga al amo la mitad entera con la cabeza, y a los demás traiga huesos cubiertos. Y que ordene también a los coperos no esperar hasta que cada uno de nosotros pida beber siete veces, sino que si ordena una vez, al instante vierta y entregue una gran copa llenándola como al amo; y que el vino mismo sea uno y el mismo para todos los comensales.¿ O dónde se ha escrito esta ley, que uno se embriague de vino oloroso y yo me rompa el vientre con el mosto?
23
Si corriges esto y reorganizas, oh Crono, habrás hecho la vida vida y la fiesta fiesta, si no, que ellos celebren, y nosotros nos sentaremos rezando para que, cuando vengan después de bañarse, el criado les vuelque el ánfora y la rompa, el cocinero llene de olor el caldo y, olvidándose, no eche el pescado en las lentejas; que la perra entre y se coma el embutido entero, teniendo los cocineros otras cosas, y la mitad del pastel; que el cerdo y el ciervo y los lechones, mientras se asan, hagan lo mismo que Homero dice sobre las vacas de Helios; o mejor, que no solo se arrastren, sino que saltando huyan al monte con los mismos espetones; y que las aves gordas, aunque ya sin alas y preparadas, volando se vayan también estas, para que no disfruten solo ellos de ellas.
24
Lo que más les afligiría, que unas hormigas como las indias desentierren el oro de los tesoros y lo saquen de noche a lo público; que la vestidura, por descuido de los encargados, sea agujereada como un tamiz por los mejores ratones, de modo que no se diferencie de una red de pesca de atunes; que sus hijos hermosos y de larga cabellera, a quienes llaman Jacinto o Aquiles o Narciso, mientras les ofrecen la copa, se vuelvan calvos al caerse el cabello y les crezca una barba puntiaguda, como son en las comedias los de barba en cuña, y que lo que está junto a las sienes sea muy velludo y pinche mucho, y lo del medio sea liso y desnudo. Esto y más que esto desearíamos, si no quieren, dejando ese egoísmo excesivo, enriquecerse en común y compartir con nosotros lo moderado.
25
Crono: A mí, al más valioso, saludos.¿ Por qué dices estas tonterías, oh tú, escribiéndome sobre las cosas presentes y ordenando hacer un reparto de los bienes? Eso sería de otro, del que gobierna ahora. Pues me asombra si eres el único de todos que desconoce que yo, siendo rey hace tiempo, he cesado, habiendo distribuido el mando a mis hijos, y Zeus se ocupa sobre todo de tales cosas; lo nuestro es hasta los dados, el aplauso, el canto y la embriaguez, y esto no más de siete días. Así que sobre las cosas mayores que dices, quitar la desigualdad y que todos sean pobres o ricos por igual, Zeus podría responderles. Pero si alguien fuera injustamente tratado o perjudicado en algo de la fiesta, sería asunto mío juzgar; y ordeno a los ricos sobre los banquetes y el jón de oro y las vestiduras, para que también les envíen a ustedes en la fiesta; pues esto es justo y digno que ellos hagan, como dicen, si no tienen algo razonable que decir a esto.
26
En general, sepan ustedes, pobres, que están engañados y no juzgan correctamente sobre los ricos, quienes creen que son totalmente felices y que solo ellos viven una vida dulce, porque pueden cenar lujosamente y embriagarse de vino dulce y tratar con hijos hermosos y mujeres y usar vestiduras suaves; pero ignoran totalmente cómo es. Pues las preocupaciones sobre esto no son pequeñas, sino que es necesario estar vigilante para cada uno, no sea que el administrador, por pereza o robo, pase desapercibido, no sea que el vino se agrie, no sea que el grano se llene de piojos, o que el ladrón robe las copas, no sea que el pueblo crea a los sicofantes que dicen que quiere tiranizar; y todo esto no sería ni la milésima parte de lo que les aflige; si al menos supieran los miedos y las preocupaciones que tienen, les parecería que la riqueza debe ser evitada a toda costa.
27
Pues si crees que yo mismo me habría vuelto loco de tal manera, que si fuera bueno ser rico y reinar, lo habría dejado y cedido a otros para sentarme como particular y soportar estar bajo otro; sino que, sabiendo todas estas cosas que es necesario que acompañen a los ricos y gobernantes, dejé el mando haciendo un bien.
28
Pues lo que ahora te lamentas ante mí, que unos se llenan de cerdos y pasteles, y ustedes comen berro o tomillo o cebolla en la fiesta, considera cómo es; pues para el presente es dulce y quizás no doloroso cada uno de ellos, pero para lo que sigue, el asunto se invierte. Luego, ustedes no se levantarían al día siguiente con dolor de cabeza como aquellos por la embriaguez, ni eructando algo maloliente y más humeante por la excesiva saciedad; los otros disfrutan de esto y gran parte de la noche, mezclados con hijos o mujeres o como el macho cabrío ordene, no difícilmente contrajeron tisis o neumonía o hidropesía por el mucho lujo.¿ O a quién de ellos podrías mostrar fácilmente que no esté totalmente pálido, mostrando mucho lo cadavérico?¿ Y quién llega a la vejez con sus propios pies, y no siendo llevado a cuestas sobre cuatro, de oro puro por fuera, pero remendado por dentro, como las vestiduras trágicas hechas de harapos muy baratos? Ustedes, aunque sin probar pescados ni comer,¿ no ven que también están libres de gota o neumonía, o si sucede por alguna otra causa? Y sin embargo, ni siquiera para ellos mismos es dulce comer esto cada día y más allá de la saciedad, sino que los verías deseando verduras y tomillo a veces, como tú no de las liebres y cerdos.
29
Dejo de mencionar cuántas otras cosas les afligen: un hijo libertino, una esposa enamorada de un criado, o un amante que convive con ellos más por necesidad que por placer. En suma, son muchas las cosas que ustedes, al ignorarlas, solo ven de ellos el oro y la púrpura, y si alguna vez los ven salir en un carruaje de caballos blancos, se quedan boquiabiertos y los veneran. Pero si los despreciaran, los menospreciaran, no se fijaran en el carruaje de plata, no miraran la esmeralda del anillo mientras conversan, ni admiraran la suavidad de sus ropas al rozarlas, sino que los dejaran enriquecerse por su cuenta, sepan bien que ellos mismos vendrían a ustedes a rogarles que compartieran la mesa, para mostrarles los lechos, las mesas y las copas, de las cuales no hay provecho alguno si la posesión carece de testigos.
30
Ciertamente, encontrarían que la mayoría de las cosas las adquieren por causa de ustedes, no para usarlas ellos mismos, sino para que ustedes las admiren. Los consuelo con esto, conociendo la vida de ambos, y es digno de celebrar el reflexionar que, dentro de poco, todos tendrán que partir de la vida, dejando ellos la riqueza y ustedes la pobreza. No obstante, les escribiré tal como prometí, y sé que no desdeñarán mis cartas.
31
Cronos a los ricos, salud. Los pobres me han escrito hace poco acusándolos de no compartir con ellos lo que tienen, y en general me pedían que hiciera los bienes comunes para todos y que cada uno tuviera su parte; pues dicen que es justo que se establezca la igualdad y que no ocurra que uno tenga más y el otro no participe en absoluto de los placeres. Yo dije que sobre esto Zeus debería reflexionar mejor, pero respecto a lo presente y a lo que consideraban una injusticia durante la fiesta, vi que el juicio me correspondía a mí, y prometí escribirles. Lo que piden es moderado, según me pareció. Pues,¿ cómo, dicen, podríamos celebrar estando ateridos por tanto frío y acosados por el hambre? Si, por tanto, quisiera que ellos también participaran de la fiesta, me pedían que los obligara a compartir con ellos las vestiduras que tienen, si alguna es sobrante o más gruesa de lo que necesitan, y a dejarles caer un poco de oro; pues si hacen esto, dicen, no disputarán más con ustedes por los bienes ante Zeus; de lo contrario, amenazan con convocar al reparto de tierras en cuanto Zeus proponga los primeros juicios. Esto no es del todo difícil para ustedes, dada la abundancia que, haciendo bien, poseen.
32
¡ Por Zeus!, también sobre los banquetes, para que compartan la mesa con ustedes, pedían añadir esto a la carta: que ahora ustedes disfrutan solos cerrando las puertas; y si alguna vez, tras mucho tiempo, desean invitar a algunos de ellos, hay más amargura que alegría en el banquete, y la mayoría de las veces ocurre por ultrajarlos, como eso de no beber el mismo vino,¡ Heracles, qué falta de nobleza!; y es digno de condenarlos a ellos mismos por no levantarse en ese momento y marcharse, dejándoles todo el banquete. Pero dicen que ni siquiera beben hasta saciarse, pues los coperos de ustedes tienen los oídos tapados con cera, como los compañeros de Odiseo. Pues las otras cosas son tan vergonzosas que me da reparo decirlas, lo que reprochan sobre el reparto de las carnes y los sirvientes, que están junto a ustedes hasta que se hartan, mientras pasan de largo ante ellos, y muchas otras cosas mezquinas y que en absoluto convienen a hombres libres. En cualquier caso, lo más dulce y propio de un banquete es la igualdad, y el que comparte la mesa busca esto al presidir sus banquetes, para que todos tengan lo mismo.
33
Vean, pues, cómo hacer para que ya no los acusen, sino que los honren y los quieran al participar de estas pocas cosas, cuyo gasto para ustedes es imperceptible, pero para ellos, en el momento de la necesidad, el regalo es inolvidable. Por otra parte, ni siquiera podrían habitar las ciudades si los pobres no fueran también conciudadanos y contribuyeran en miles de formas a su bienestar, ni tendrían quienes admiren su riqueza si fueran ricos solos, en privado y a oscuras. Que muchos vean, pues, y admiren su plata, sus mesas y sus brindis de amistad; mientras beben, que observen la copa y conozcan el peso al sostenerla ellos mismos, así como la precisión de la obra y cuánto oro florece en el arte. Pues, además de ser llamados buenos y filántropos, se verán libres de ser envidiados por ellos.¿ Quién envidiaría a quien comparte y da de lo moderado?¿ Y quién no desearía que viva hasta lo más largo disfrutando de los bienes? Tal como están ahora, la felicidad carece de testigos, la riqueza es envidiable y la vida es desagradable.
34
Pues ni siquiera es igual de dulce, creo, hartarse solo, como dicen que hacen los leones y los lobos solitarios, que convivir con hombres amables que intentan complacer en todo, quienes, primero, no dejarán que el banquete sea sordo y mudo, sino que convivirán con relatos de sobremesa, bromas inofensivas y diversas muestras de afecto, que son los pasatiempos más dulces, queridos por Dioniso y Afrodita, y queridos por las Gracias; y después, al contar a todos al día siguiente la amabilidad de ustedes, harán que sean amados. Esto valdría la pena comprarlo a gran precio.
35
Pues les preguntaré: si los pobres caminaran con los ojos cerrados— supongamos que así fuera—,¿ no les molestaría a ustedes no tener ante quién mostrar las vestiduras de púrpura, la multitud de seguidores o el tamaño del anillo? Dejo de decir cómo es necesario que surjan intrigas y odios por parte de los pobres hacia ustedes si desean disfrutar solos; pues lo que amenazan con desear contra ustedes es detestable,¡ que nunca tengan que llegar a la necesidad de ese deseo! Pues ni probarán salchichas, ni pasteles, ni si queda algún resto de la carne, y las lentejas tendrán para ustedes sabor a pescado podrido, y el cerdo y el ciervo asándose planearán su huida de la cocina a la montaña, y las aves, extendiendo sus alas, volarán hacia los mismos pobres; y lo más importante, los más hermosos de los coperos se volverán calvos en un instante, y con el ánfora rota, además. Ante esto, deliberen lo que sea digno de la fiesta y lo más seguro para ustedes, y alivien mucho la pobreza de ellos, obteniendo a cambio, por un pequeño gasto, amigos que no sean reprochables.
36
Los ricos a Cronos, salud. Pues,¿ crees, Cronos, que estas cosas han sido escritas solo para ti por los pobres, y que Zeus no está ya ensordecido por ellos gritando y exigiendo que ocurra este mismo reparto, y acusando al destino de haber hecho una distribución desigual, y a nosotros de no considerar digno compartir nada con ellos? Pero él sabe, siendo Zeus, de quién es la culpa, y por eso no les hace caso la mayor parte del tiempo. Sin embargo, nos defenderemos ante ti, puesto que ahora nos gobiernas. Nosotros, habiendo tomado en cuenta todo lo que has escrito, sobre lo bueno que es ayudar a los necesitados con la abundancia y lo más dulce que es convivir y banquetear con los pobres, siempre hemos actuado así, estableciéndonos como iguales en la mesa, de modo que ni el mismo comensal pueda reprochar nada.
37
Pero los que al principio decían necesitar poco, una vez que les abrimos las puertas, no cesaban de pedir una cosa tras otra; y si no recibían todo de inmediato o al pie de la letra, surgían la ira, el odio y las blasfemias a flor de labios; e incluso si mentían sobre nosotros, los que escuchaban les creían como si supieran con exactitud por haber convivido. De modo que había que elegir una de dos cosas: o ser enemigos por no dar, o, al entregarlo todo, volverse pobres de inmediato, tanto ellos como nosotros.
38
Y las otras cosas son moderadas; pero en los banquetes mismos, descuidando el hartarse y llenarse ellos mismos, cuando beben más de lo suficiente, o bien pellizcan la mano de un joven hermoso mientras sirve la copa, o intentan propasarse con una concubina o con la esposa legítima; luego, tras haber vomitado en el banquete, al día siguiente bajan a insultarnos, contando lo mucho que pasaron sed y hambre. Y si te parece que mentimos sobre ellos, recuerda a su parásito, Ixión, quien, habiendo sido considerado digno de una mesa común, teniendo una dignidad igual a la de ustedes, estando borracho intentó propasarse con Hera, el muy noble.
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Estas son las cosas y otras similares por las cuales decidimos, para nuestra seguridad futura, no hacerles más accesible la casa. Pero si ante ti acuerdan pedir cosas moderadas, tal como dicen ahora, y no cometer nada insolente en los banquetes, tal como dicen ahora, que compartan con nosotros y banqueteen con buena fortuna. Y enviaremos las vestiduras, como tú ordenas, y añadiremos tanto oro como sea posible, y en suma, no faltaremos en nada; y que ellos mismos, dejando de tratarnos con astucia, sean amigos en lugar de aduladores y parásitos. Pues a nosotros no podrías reprocharnos nada si ellos también estuvieran dispuestos a hacer lo debido.

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