Accusation of Calumny
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Original / primary: Spanish Gemini
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Me parece que he encontrado una ocasión propicia para hablar de aquello sobre lo que deseaba hablar desde hace tiempo; pues están presentes aquellos a quienes acuso, y están presentes aquellos ante quienes deseo reprochar a quienes me han hecho daño. Y, sin embargo, el interés es mucho mayor ante los presentes; pues creo que no valorarán en nada el hecho de que parezcan ser inadecuados para sus allegados( ya que, para empezar, ni siquiera habrían intentado hacerme daño),
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pero desearía que a estos les pareciera que, sin haber hecho nada malo, son ellos quienes me han hecho daño primero. Es penoso, pues, verse obligado a hablar de estas cosas, pero es imposible no hablar cuando, contra toda esperanza, sufro daños y descubro que quienes parecían ser mis amigos me están perjudicando.
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En primer lugar, pues, para que ninguno de vosotros, tal vez tratando de ayudar a aquellos a quienes ha ofendido, se procure una excusa para su falta, que diga cuál de vosotros ha oído hablar mal de mí o ha sufrido daño por mi parte, o quién, habiéndome pedido algo, no obtuvo aquello que yo podía dar y que él había solicitado.¿ Por qué, entonces, intentáis hablar mal de mí y hacerme daño,
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y calumniarnos ante aquellos mismos ante quienes nos calumniabais? Y, sin embargo, me molestabais tanto que alguien prefería parecer que se preocupaba por mí antes que denunciar a otro ante mí. Pero no diría todo lo que decía( pues me molestaba escucharlo), ni repetiría ante vosotros lo mismo que decíais contra mí, pues os absolvería de la culpa si dijera lo mismo sobre mí mismo que vosotros decíais;
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pero diré aquello con lo que, creyendo ultrajarme, os hacíais ridículos a vosotros mismos. Pues afirmabais que yo me veía obligado a frecuentaros y conversar con vosotros, y que, haciendo todo lo posible, no encontrabais forma de libraros de mí, y, por último, que contra vuestra voluntad os acompañaba a Eleusis. Y al decir esto, creéis difamarme, pero demostráis ser unos necios, vosotros que, al mismo tiempo, injuriabais a escondidas al mismo hombre al que, públicamente, considerabais amigo.
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Pues debíais o no hablar mal o no frecuentarme, y haber rechazado abiertamente el trato. Pero si consideráis que eso es vergonzoso,¿ cómo era vergonzoso para vosotros frecuentar a alguien con quien ni siquiera consideráis honorable romper el trato?
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Y, ciertamente, yo mismo no encontré ninguna razón por la que pudierais despreciar razonablemente mi compañía. Pues no veía que vosotros fuerais los más sabios y yo el más ignorante, ni tampoco que vosotros tuvierais muchos amigos y yo estuviera falto de ellos, ni tampoco que vosotros fuerais ricos y yo pobre, ni que vosotros gozarais de gran reputación y yo estuviera difamado, ni que mis asuntos estuvieran en peligro y los vuestros a salvo.¿ De dónde, pues, podría sospechar razonablemente que os molestaba mi compañía?
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Y esto, cuando hablabais ante los últimos, a quienes creíais que nos lo comunicarían, también ahí, considerándolo un buen ardid, fuisteis ante todos acusándoos a vosotros mismos de que frecuentáis voluntariamente a gente malvada. Pues bien, no sacaríais nada en claro preguntando al que habla. En primer lugar, porque preguntaréis al que me lo contó sabiendo quién es; pues,¿ cómo no vais a saber ante quién decíais esas palabras?
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Además, sería un malvado si hiciera con él lo mismo que él hizo con vosotros. Pues él no me contaba las mismas cosas que vosotros decíais ante él. Él, en efecto, me lo contaba para hacerme un favor a mis allegados, mientras que vosotros hablabais ante él queriendo perjudicarme. Y si yo dudara de esto, buscaría refutarlo; pero ahora( pues esto coincide con lo anterior, y para mí estos son indicios de aquello,
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y aquello es suficiente para esto), en primer lugar, habiendo hecho yo todo por vuestra mediación respecto a la entrega del caballo a Hegémaco, este Diodoro intentaba disuadirme de llevarme el caballo cuando estaba enfermo, afirmando que Policles no pondría ninguna objeción respecto a las doce minas, sino que las pagaría. Entonces, diciendo esto, tras la muerte del caballo, terminó convirtiéndose en adversario junto con estos, diciendo que no era justo que yo cobrara el dinero.
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Y, sin embargo, os acusabais a vosotros mismos. Pues si lo que hacíais junto con ellos no era justo decirlo cuando yo era perjudicado, ciertamente actuabais mal. Y yo pensaba que ellos, filosofando, argumentaban en contra sobre el asunto; pero resulta que no argumentaban en contra, sino que actuaban en contra,
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y por eso argumentaban en contra, para que Policles conociera mi argumento; pues esto quedó demostrado. Estando presentes los árbitros, Policles, enfadado, dijo que incluso a mis allegados les parecía que yo cometía una injusticia, tal como ellos le decían.¿ Acaso esto coincide con lo que se contaba? Pues el mismo hombre contó que vosotros afirmabais que disuadiríais a los que iban a hablar a mi favor, y que a algunos ya los habíais impedido.¿ Y qué necesidad tengo de refutar esto más claramente? Vamos,¿ acaso sabía él alguna vez que, habiendo pedido a Cleitodico que hablara, no lo conseguí?
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Pues no estaba presente con ellos;¿ o qué ganancia tenía él al calumniarme ante vosotros con tanto entusiasmo, hasta el punto de esforzarse en inventar esto ante mis allegados?
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Y ahora reconozco que desde hace tiempo buscabais una excusa, cuando afirmabais que vosotros hablabais mal de Trasímaco por mi culpa. Y yo le preguntaba a él si hablaba mal de Diodoro por mi culpa; pero él despreció tanto el' por mi culpa' que dijo que estaba muy lejos de haber hablado mal de Diodoro por culpa de nadie. Y, aun cuando yo lo instaba, Trasímaco estaba dispuesto a ser refutado,
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sobre lo que este decía; pero este habría hecho cualquier otra cosa. Después de esto, Autócrates, estando yo presente, decía a Trasímaco que Euriptólemo se quejaba de él, afirmando que hablaba mal de él; y que el que lo contaba era Menófilo. Inmediatamente, él fue hacia Menófilo conmigo; y aquel afirmó que nunca había oído nada ni se lo había contado a Euriptólemo, y no solo eso, sino que ni siquiera habían hablado en mucho tiempo.
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Poniendo tales excusas, entonces sois evidentes por mi trato con Trasímaco, pero ahora, puesto que se os han acabado las excusas, ya no os queda nada para perjudicarme más libremente. Debí, pues, reconocer entonces que estaba destinado a sufrir esto, cuando incluso ante mí hablabais mal de vosotros mismos; después, también sobre Policles, a quien ahora ayudáis,
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lo he dicho todo ante vosotros.¿ Por qué, pues, no me protegía de esto? Sufrí una ingenuidad. Pues pensaba que era para vosotros un amigo depositario de no oír nada malo precisamente por esto, porque ante mí hablabais mal de los demás, teniendo en depósito de cada uno de vosotros palabras malvadas sobre los otros.
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Yo, pues, renuncio voluntariamente a vuestra amistad, ya que, por los dioses, no sé qué daño sufriré por no frecuentaros; pues tampoco me beneficiaba frecuentaros.¿ Acaso, cuando tenga algún asunto, echaré de menos a quien hable y a quienes testifiquen? Y ahora, en lugar de hablar a mi favor, intentáis hablar en contra, y en lugar de ayudarme y testificar lo justo, os unís a mis adversarios y testificáis.
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¿ O es que, como si fuerais benevolentes conmigo, diréis lo mejor sobre mí? Pero incluso ahora vosotros sois los únicos que habláis mal de mí. Lo mío, pues, no será un obstáculo para vosotros. Pero sufriréis algo así entre vosotros, puesto que es vuestra costumbre hablar mal y perjudicar siempre a uno de los que os frecuentan; cuando yo ya no os frecuente, os volveréis los unos contra los otros, y luego, uno a uno, os enemistaréis entre vosotros, y, al final, el único que quede hablará mal de sí mismo.
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Y ganaré tanto, que, habiéndome librado de vosotros ahora el primero, sufriré el menor daño posible por vuestra parte; pues a los que os frecuentan los maltratáis de palabra y de obra, pero a los que no os frecuentan, nunca a ninguno.