Against Alcibiades 1
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Original / primary: Spanish Gemini
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Considero, jueces, que no deseáis escuchar ninguna excusa de parte de quienes quieren acusar a Alcibíades; pues se ha mostrado a sí mismo como un ciudadano tal desde el principio, que incluso si alguien no resulta ser perjudicado personalmente por él, no por ello deja de ser apropiado considerarlo un enemigo a causa de sus otras conductas.
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Pues sus faltas no son pequeñas ni dignas de perdón, ni ofrecen esperanza de que en el futuro sea mejor, sino que han sido cometidas y han llegado a tal grado de maldad que, por algunas de las cosas de las que este se jacta, hasta sus enemigos se avergüenzan. Yo, sin embargo, jueces, habiendo existido ya antes una diferencia entre nosotros y nuestros padres, y considerándolo desde hace mucho tiempo un malvado, y habiendo sufrido ahora daños por su parte, intentaré, junto con vosotros, castigarlo por todos sus actos.
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Sobre los otros asuntos, Arquestrátides ha acusado suficientemente; pues ha mostrado las leyes y ha presentado testigos de todo; pero todo lo que él ha omitido, yo os lo enseñaré punto por punto. Léeme la ley.
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Es razonable, pues, jueces, que desde que hicimos la paz, al juzgar ahora sobre estos asuntos, no solo seáis jueces, sino que os convirtáis también en legisladores, sabiendo bien que, según como decidáis ahora sobre ellos, así los usará la ciudad en el tiempo restante. Me parece que es tarea tanto de un buen ciudadano como de un juez justo interpretar las leyes de tal manera que en el tiempo futuro resulte beneficioso para la ciudad.
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Pues algunos se atreven a decir que nadie es culpable de deserción ni de cobardía; porque no ha ocurrido ninguna batalla, y la ley ordena que, si alguien abandona su puesto hacia atrás por cobardía, mientras los demás luchan, los soldados juzguen sobre esto. Pero la ley no ordena esto solo sobre tales casos, sino también sobre todos aquellos que no estén presentes en la infantería. Léeme la ley.
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Escucháis, jueces, que está establecida para ambos casos, tanto para los que, habiendo batalla, se retiren hacia atrás, como para los que no estén presentes en la infantería. Considerad quiénes son los que deben estar presentes.¿ No son los que tienen esta edad?¿ No son los que los estrategas han reclutado? Y considero,
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jueces, que él es el único de los ciudadanos culpable de toda la ley; pues justamente podría ser condenado por no presentarse al servicio militar, porque, habiendo sido reclutado como hoplita, no salió con vosotros, y por deserción, porque en el campamento no se presentó solo para ponerse en formación con los demás, y por cobardía, porque eligió montar a caballo cuando debía arriesgarse con los hoplitas.
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Y sin embargo, dicen que él hará esta defensa: que, puesto que montaba a caballo, no perjudicaba en nada a la ciudad. Pero yo considero que por esto justamente deberíais estar enfadados con él, porque, ordenando la ley que si alguien monta a caballo sin haber sido examinado, sea privado de sus derechos, se atrevió a montar a caballo sin haber sido examinado. Léeme la ley.
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Este, pues, llegó a tal grado de maldad, y de tal manera os despreció y temió a los enemigos y deseó montar a caballo y no se preocupó de las leyes, que no le importó ninguno de estos peligros, sino que prefirió ser privado de sus derechos, que sus bienes fueran confiscados y ser culpable de todas las penas establecidas, antes que estar con los ciudadanos y convertirse en hoplita.
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Y otros, que nunca habían servido como hoplitas, sino que montaban a caballo el resto del tiempo y habían causado muchos males a los enemigos, no se atrevieron a subir a los caballos, temiéndoos a vosotros y a la ley; pues estaban preparados de tal manera, no como si la ciudad fuera a perecer, sino como si fuera a salvarse, a ser grande y a castigar a los que cometen injusticias; pero Alcibíades se atrevió a subir, no siendo benevolente con el pueblo, ni habiendo montado a caballo antes, ni sabiendo hacerlo ahora, ni habiendo sido examinado por vosotros, como si no fuera a ser posible para la ciudad tomar justicia de los que cometen injusticias.
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Y es necesario reflexionar que, si va a ser posible hacer lo que cada uno quiera, no hay utilidad en que existan leyes, ni en que vosotros os reunáis, ni en que elijáis estrategas. Me asombra, jueces, que alguien pretenda, si alguien, al acercarse los enemigos, estando formado en la primera fila, pasa a la segunda, condenarlo por cobardía, pero si alguien, estando formado entre los hoplitas, aparece entre los jinetes,
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tenerle consideración. Y, ciertamente, jueces, considero que juzgáis no solo por causa de los que cometen faltas, sino para que también hagáis más sensatos a los otros que se comportan desordenadamente. Si, pues, castigáis a los desconocidos, ninguno de los otros será mejor; pues nadie sabrá lo que vosotros habéis condenado; pero si castigáis a los más destacados de los que cometen faltas, todos se enterarán, de modo que, usando este ejemplo, los ciudadanos serán mejores.
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Si, pues, lo condenáis, no solo los que están en la ciudad lo sabrán, sino que también los aliados se darán cuenta y los enemigos se enterarán, y considerarán que la ciudad es de mucho más valor si ven que os enfadáis más por tales faltas y que los que se comportan desordenadamente en la guerra no obtienen ningún perdón.
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Y reflexionad, jueces, que de los soldados, unos resultaban estar enfermos, otros carecían de lo necesario, y gustosamente unos se habrían quedado en las ciudades para ser atendidos, otros, habiendo regresado a casa, se habrían ocupado de sus asuntos, otros servían como infantería ligera, y otros entre los
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jinetes se arriesgaban; pero, sin embargo, no os atrevíais a abandonar los puestos ni a elegir lo que os placía a vosotros mismos, sino que temíais mucho más a las leyes de la ciudad que al peligro frente a los enemigos. Recordando esto, debéis emitir ahora vuestro voto y hacer evidente a todos que los atenienses que no quieran luchar contra los enemigos sufrirán males por vuestra parte.
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Y considero, jueces, que sobre la ley y el hecho mismo ellos no tendrán qué decir; pero al subir, os pedirán y suplicarán, no considerando justo condenar a tanta cobardía al hijo de Alcibíades, como si aquel hubiera sido causa de muchos bienes y no de muchos males; a quien, si lo hubierais matado siendo tan joven, cuando por primera vez lo capturasteis cometiendo faltas, no habrían ocurrido tantas desgracias a la ciudad.
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Y me parece terrible, jueces, si condenasteis a muerte a aquel mismo, pero si absolvéis al hijo que comete injusticias por causa de aquel, quien él mismo no se atrevía a luchar con vosotros, mientras que su padre consideraba digno servir con los enemigos. Y cuando, siendo niño, aún no estaba claro qué clase de persona sería, por las faltas del padre casi fue entregado a los Once;¿ pero ahora, cuando además de lo hecho por aquel conocéis también la maldad de este, consideraréis digno compadecerlo por causa del padre?
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¿ No es, pues, terrible, jueces, que estos sean tan afortunados que, cuando son capturados cometiendo faltas, se salven por su linaje, mientras que nosotros, si hemos tenido mala suerte por causa de los que se comportan tan desordenadamente, no podamos pedir nada a los enemigos ni por las virtudes de nuestros antepasados?
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Y, sin embargo, muchas y grandes han sido, y en favor de todos los griegos, y en nada se parecen a lo hecho por estos contra la ciudad, jueces. Y si aquellos parecen ser mejores salvando a sus amigos, es evidente que también vosotros pareceréis mejores castigando a los enemigos.
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Y pretendo, jueces, que si algunos de sus parientes lo piden, os enfadéis porque no intentaron pedirle( o, habiéndolo pedido, no pudieron lograrlo) que hiciera lo ordenado por la ciudad, pero intentan persuadiros a vosotros de que no
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es necesario tomar justicia de los que cometen injusticias; y si algunos de los magistrados lo ayudan, haciendo una demostración de su propio poder y jactándose de que pueden salvar incluso a los que han cometido faltas manifiestamente, vosotros debéis suponer, en primer lugar, que si todos hubieran llegado a ser como Alcibíades, no habría necesidad de estrategas( pues no tendrían a quién dirigir), y en segundo lugar, que es mucho más apropiado que ellos acusen a los que abandonan el puesto que defender a tales personas. Pues,¿ qué esperanza hay de que los demás quieran hacer lo ordenado por los estrategas, cuando estos mismos intentan salvar a los que se comportan desordenadamente?
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Yo, pues, pretendo que, si los que hablan y piden por Alcibíades demuestran que sirvió en la infantería o que montaba a caballo habiendo sido examinado, lo absolváis; pero si, no teniendo nada justo, ordenan que se les haga un favor, debéis recordar que os enseñan a perjurar y a no obedecer las leyes, y que, ayudando con demasiado entusiasmo a los que cometen injusticias, harán que muchos deseen realizar las mismas acciones.
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Y me asombra sobremanera, jueces, que alguno de vosotros pretenda que Alcibíades se salve por causa de los que lo ayudan, y no perezca por su propia maldad. De la cual es digno que escuchéis, para que sepáis que no podríais absolverlo razonablemente, como si hubiera cometido estas faltas, pero en lo demás hubiera sido un buen ciudadano; pues por las otras cosas hechas por este, justamente podríais condenarlo a muerte.
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Y os conviene saber sobre ellos; pues puesto que aceptáis también a los que se defienden cuando hablan de sus propias virtudes y de los beneficios de sus antepasados, es razonable que escuchéis también a los acusadores, si demuestran que los acusados han cometido muchas faltas contra vosotros y que sus antepasados han sido causa de muchos males.
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Pues este, siendo niño, en casa de Arquelao el Glauco, quien había robado no pocas de vuestras cosas, bebía ante muchos testigos acostado bajo el mismo manto, y celebraba fiestas durante el día, teniendo una cortesana siendo aún impúber, imitando a sus propios antepasados, y pensando que no podría llegar a ser brillante siendo mayor, si siendo joven no parecía ser el más malvado.
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Y fue llamado por Alcibíades, cuando cometía faltas manifiestamente. Y sin embargo,¿ qué clase de persona debéis considerar que es, quien, practicando tales cosas con aquel, había sido difamado, quien enseñaba a los demás esto? Y habiendo conspirado con Teotimo contra su padre, traicionó Ornos. Y aquel, habiendo tomado el lugar, primero lo ultrajaba siendo hermoso, y al final, habiéndolo atado, le exigía dinero.
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Y el padre lo odiaba tan intensamente que decía que ni siquiera si moría recogería sus huesos. Y habiendo muerto aquel, Arquebíades, habiéndose convertido en su amante, lo liberó. Y no mucho tiempo después, habiendo perdido sus bienes en el juego, partiendo de Leuca Acte, hundía a sus amigos.
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Todo lo que, jueces, ha cometido contra los ciudadanos, contra los extranjeros, contra sus propios familiares o contra los demás, sería largo de contar; pero Hipónico, habiendo llamado a muchos, expulsó a su propia mujer, diciendo que este entraba en su casa no como hermano de ella, sino como marido de aquella.
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Y habiendo cometido tales faltas y habiendo hecho cosas tan terribles, muchas y grandes, no le importan ni las cosas que le han sucedido ni las que sucederán, sino que, a quien debería ser el más moderado de los ciudadanos, haciendo una defensa de su propia vida por las faltas del padre, este intenta ultrajar a otros, como si pudiera compartir con los demás una parte mínima de los reproches que le corresponden, y esto siendo hijo de Alcibíades,
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quien convenció a los lacedemonios de fortificar Decelia, y navegó para hacer que las islas se rebelaran, y se convirtió en maestro de los males de la ciudad, y más veces sirvió con los enemigos contra la patria que con los ciudadanos contra aquellos. Por lo cual, tanto a vosotros como a los que vendrán les conviene castigar a quienquiera que capturéis de estos.
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Y, sin embargo, está muy acostumbrado a decir que no es razonable que su padre, habiendo regresado, recibiera recompensas del pueblo, y que este haya sido difamado injustamente por el exilio de aquel. Pero a mí me parece terrible si le quitasteis las recompensas como si se las hubierais dado injustamente, pero si absolvéis a este que comete injusticias como si el padre hubiera sido un buen ciudadano para con la ciudad.
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Y, ciertamente, jueces, es digno condenarlo por muchas otras razones, y porque usa vuestras virtudes como ejemplos sobre su propia maldad. Pues se atreve a decir que Alcibíades no ha hecho nada terrible al servir
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contra la patria; pues que vosotros, estando en el exilio, capturasteis Fila, cortasteis árboles y atacasteis las murallas, y que, habiendo hecho esto, no dejasteis un reproche a vuestros hijos, sino que ganasteis honor ante todos los hombres, como si fueran dignos de lo mismo los que, habiendo huido, sirvieron con los enemigos contra el país, y los que regresaron cuando los lacedemonios tenían la ciudad.
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Y, ciertamente, considero que para todos es evidente que estos buscaban regresar para entregar el imperio del mar a los lacedemonios, y ellos mismos gobernaros a vosotros. Pero vuestro pueblo, habiendo regresado, expulsó a los enemigos y liberó a los ciudadanos, incluso a los que querían ser esclavos; de modo que, no habiendo sido las acciones iguales para ambos, hace sus discursos.
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Pero, sin embargo, existiendo tantas y tan grandes desgracias para él por la maldad del padre, se jacta, y dice que aquel tenía tanto poder que ha sido causa de todos los males para la ciudad. Y, sin embargo,¿ quién es tan ignorante de su propia patria que, queriendo ser malvado, no sugeriría a los enemigos qué lugares deben capturar, no mostraría qué fortalezas están mal guardadas, no enseñaría qué asuntos están en mal estado, y no denunciaría a los que quieren rebelarse de los aliados?
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Pues no es posible que, cuando estaba en el exilio, por su poder pudiera perjudicar a la ciudad, y cuando, habiéndoos engañado, regresó y mandó muchas trirremes, no pudiera expulsar a los enemigos del país, ni hacer amigos de nuevo a los quiotas que hizo rebelarse, ni haceros ningún otro bien.
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De modo que no es difícil saber que Alcibíades no se diferenciaba en nada de los demás en poder, pero era el primero de los ciudadanos en maldad. Pues lo que sabía que estaba mal en vuestros asuntos, se convirtió en denunciante de ello ante los lacedemonios; pero cuando debía dirigir, no podía hacer ningún mal a aquellos, sino que, habiendo prometido que por su medio el rey daría dinero, robó a la ciudad más de doscientos talentos.
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Y pensaba que había cometido tantas faltas contra vosotros que, pudiendo hablar, teniendo amigos y habiendo adquirido dinero, nunca se atrevió a venir a rendir cuentas, sino que, habiéndose condenado a sí mismo al exilio, prefería ser ciudadano de Tracia y de cualquier ciudad antes que serlo de su propia patria. Y lo último, jueces, habiendo hecho una exageración de su maldad anterior, se atrevió a traicionar las naves a Lisandro junto con Adimanto.
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De modo que si alguno de vosotros compadece a los que murieron en la batalla naval, o se avergüenza por los que sirvieron a los enemigos, o se indigna por las murallas derribadas, o odia a los lacedemonios, o se enfada con los Treinta, de todo esto debe considerar responsable al padre de este, y reflexionar que a Alcibíades, su bisabuelo, y a Megacles, el abuelo materno de su padre, vuestros antepasados los desterraron a ambos dos veces, y que los más ancianos de vosotros condenaron a muerte a su padre,
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de modo que ahora debéis, habiendo considerado que este es un enemigo hereditario de la ciudad, condenarlo, y no considerar ni la compasión, ni el perdón, ni ningún favor por encima de las leyes establecidas y de los juramentos que jurasteis.
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Y es necesario considerar, jueces,¿ por qué alguien perdonaría a tales hombres?¿ Acaso porque han tenido mala suerte con la ciudad, pero por lo demás son ordenados y han vivido sensatamente?¿ No es cierto que la mayoría de ellos han sido prostitutos, otros han tenido relaciones con sus hermanas, otros han tenido hijos de sus hijas,
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otros han celebrado los misterios, han mutilado los hermas, han sido impíos contra todos los dioses y han cometido faltas contra toda la ciudad, comportándose injusta e ilegalmente tanto en su trato con los demás como en su trato entre ellos mismos, no absteniéndose de ninguna audacia, ni siendo inexpertos en ninguna acción terrible? Sino que han sufrido y han hecho todo. Pues están dispuestos de tal manera que se avergüenzan de las cosas buenas y se jactan de las malas.
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Y, ciertamente, jueces, ya habéis absuelto a algunos pensando que cometían injusticias, pero creyendo que en el futuro os serían útiles.¿ Qué esperanza hay, pues, de que la ciudad reciba algún bien de este, a quien vosotros, cuando se defienda, sabréis que no vale nada, y habéis percibido por sus otras conductas que es malvado?
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Pero, ciertamente, ni siquiera saliendo de la ciudad podría haceros ningún mal, siendo cobarde, pobre, incapaz de actuar, en desacuerdo con sus familiares y odiado por los demás. De modo que ni siquiera por esto es digno de ser vigilado,
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sino mucho más para hacer un ejemplo tanto para los demás como para los amigos de este, quienes no quieren hacer lo ordenado, pero desean tales acciones, y habiendo deliberado mal sobre sus propios asuntos, hablan demagógicamente sobre los vuestros.
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Yo, pues, he acusado lo mejor que he podido, y sé que los demás de los que escuchan se asombran de cómo he podido descubrir con tanta precisión las faltas de estos, mientras que este se ríe de mí porque no he dicho ni una parte mínima de los males que corresponden a estos.
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Vosotros, pues, habiendo reflexionado tanto sobre lo dicho como sobre lo omitido, condenadlo mucho más, reflexionando que es culpable de la acusación, y que es una gran fortuna para la ciudad librarse de tales ciudadanos. Léeles las leyes, los juramentos y la acusación; y recordando esto, votarán lo justo. Leyes, Juramentos, Acusación