Olympic Oration
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Por muchas y hermosas hazañas, señores, es digno recordar a Heracles, y también porque fue el primero en convocar este certamen por benevolencia hacia Grecia. Pues, en el tiempo anterior, las ciudades se trataban con hostilidad unas a otras.
2
Pero cuando él puso fin a los tiranos y contuvo a los que cometían excesos, instituyó un certamen de fuerza física, de emulación por la riqueza y de exhibición de ingenio en el lugar más hermoso de Grecia, para que, por todo esto, nos reuniéramos en un mismo sitio, unos para ver y otros para escuchar; pues consideró que la asamblea aquí reunida sería el comienzo para los griegos de la amistad entre ellos.
3
Él, pues, trazó este camino, pero yo no he venido a ocuparme de pequeñeces ni a disputar sobre palabras. Considero que tales cosas son tareas de sofistas sumamente inútiles y muy necesitados de sustento, mientras que es propio de un hombre de bien y de un ciudadano valioso aconsejar sobre los asuntos más importantes, al ver a Grecia en una situación tan vergonzosa, con gran parte de ella bajo el dominio del bárbaro y muchas ciudades devastadas por tiranos. Y si sufriéramos esto por debilidad,
4
sería necesario resignarse a la suerte; pero puesto que es por la discordia y la rivalidad entre nosotros,¿ cómo no es digno poner fin a lo primero y evitar lo segundo, sabiendo que la rivalidad es propia de quienes prosperan, pero discernir lo mejor es propio de quienes están en nuestra situación?
5
Pues vemos que los peligros son grandes y nos rodean por todas partes; y sabed que el poder está en manos de quienes dominan el mar, el Gran Rey es el tesorero de los recursos, los cuerpos de los griegos son los que pueden ser consumidos, y tanto él como el tirano de Sicilia poseen muchas naves.
6
De modo que es digno deponer la guerra entre nosotros, mantenernos unidos en la misma intención por nuestra salvación, avergonzarnos de lo pasado y temer por lo que ha de venir, y mirar hacia nuestros antepasados, quienes hicieron que los bárbaros, que deseaban lo ajeno, se vieran privados de lo suyo, y expulsaron a los tiranos para establecer la libertad común para todos.
7
Admiro sobre todo a los lacedemonios, preguntándome con qué intención permiten que Grecia se consuma, siendo ellos los líderes de los griegos, no sin justicia, tanto por su virtud innata como por su conocimiento de la guerra, y siendo los únicos que viven sin ser saqueados, sin murallas, sin discordias, invictos y manteniendo siempre las mismas costumbres; por lo cual existe la esperanza de que posean una libertad inmortal y, habiendo sido salvadores de Grecia en los peligros pasados, prevean lo que ha de venir.
8
Por tanto, el tiempo venidero no es mejor que el presente; pues no debemos considerar las desgracias de los que han perecido como ajenas, sino como propias, ni esperar hasta que las fuerzas de ambos vengan contra nosotros mismos, sino, mientras todavía es posible, impedir la insolencia de estos.
9
Pues,¿ quién no se indignaría al ver que ellos se han hecho grandes en la guerra entre nosotros? Siendo esto no solo vergonzoso sino terrible, pues a quienes han cometido grandes faltas les ha quedado el poder sobre lo realizado, mientras que para los griegos no hay castigo alguno para ellos.