On The Refusal Of A Pension
Choose a text
id="mobileReaderAuthor" class="mobile-reader-author" href="/authors/lysias" aria-label="More works by Lysias">
—
⋯
Original / primary: Spanish Gemini
1
Poco me falta, señores del Consejo, para estar agradecido al acusador por haberme preparado este juicio. Pues, al no tener antes un pretexto para dar cuenta de mi vida, ahora, gracias a él, lo he conseguido. Intentaré, mediante mi discurso, demostrar que él miente y que yo, hasta el día de hoy, he vivido de una manera más digna de elogio que de envidia; pues no creo que me haya preparado este peligro por ninguna otra razón que no sea la envidia.
2
Y, sin embargo, quien envidia a aquellos a quienes los demás compadecen,¿ de qué clase de maldad no creen ustedes que sería capaz tal individuo? Pues si me calumnia por dinero...; pero si me castiga como si fuera su enemigo, miente; pues, debido a su propia maldad, nunca lo he tratado ni como amigo ni como enemigo.
3
Ya es evidente, señores del Consejo, que me tiene envidia porque, a pesar de sufrir tal desgracia, soy un ciudadano mejor que él. Pues creo, señores del Consejo, que es necesario curar las desgracias del cuerpo con las ocupaciones del alma, y hacerlo bien. Porque si mantuviera mi mente y mi vida al mismo nivel que mi desgracia,¿ en qué me diferenciaría de él?
4
Sobre estos asuntos, baste con lo dicho; sobre aquello de lo que me corresponde hablar, lo diré de la manera más breve posible. Pues el acusador afirma que no recibo justamente el dinero de la ciudad; dice que mi cuerpo es capaz y que no soy de los inválidos, y que poseo un oficio tal que podría vivir incluso sin esta ayuda.
5
Y utiliza como pruebas de la fortaleza de mi cuerpo el hecho de que monto a caballo, y de mi holgura económica gracias al oficio, el que puedo frecuentar a personas capaces de gastar. Por tanto, creo que todos ustedes conocen la holgura que obtengo de mi oficio y el resto de mi vida, tal como es; sin embargo, yo también hablaré brevemente de ello.
6
Mi padre no me dejó nada, y hace tres años que dejé de mantener a mi madre, que ha fallecido; no tengo hijos todavía que me cuiden. Poseo un oficio que apenas puede ayudarme, en el que yo mismo trabajo ya con dificultad, y todavía no he podido encontrar a alguien que me sustituya. No tengo otros ingresos más que este, y si me lo quitan, correría el riesgo de caer en la suerte más desgraciada. No vayan, pues,
7
ya que es posible, señores del Consejo, salvarme justamente, a destruirme injustamente; ni me quiten, ahora que soy más viejo y más débil, lo que me dieron cuando era más joven y más fuerte; ni, después de haber parecido ser los más compasivos incluso con los que no tenían ningún mal, se muestren ahora, por culpa de este hombre, cruelmente hostiles con quienes son dignos de lástima incluso para sus enemigos; ni, al atreverse a hacerme una injusticia, hagan que los demás que se encuentran en mi misma situación se desanimen.
8
Pues sería absurdo, señores del Consejo, que cuando mi desgracia era sencilla, entonces pareciera que recibía este dinero, y ahora, cuando se me añaden la vejez, las enfermedades y los males que las acompañan, entonces me lo quitaran.
9
Me parece que el acusador sería el único hombre capaz de demostrar la magnitud de mi pobreza con total claridad. Pues si yo, nombrado corego para las tragedias, lo desafiara a un intercambio de bienes, preferiría diez veces ser corego antes que intercambiar mis bienes una sola vez.¿ Y cómo no es terrible que ahora me acuse de que, por mi gran holgura, puedo frecuentar a los más ricos, y si ocurriera algo de lo que yo digo, que fuera así?¿ Y qué hay más malvado?
10
Sobre mi afición a montar a caballo, que este se atrevió a mencionar ante ustedes, sin temer a la fortuna ni avergonzarse ante ustedes, no hay mucho que decir. Pues yo, señores del Consejo, creo que todos los que tienen alguna desgracia buscan y filosofan sobre cómo sobrellevar el mal que les ha ocurrido de la manera menos dolorosa posible. Yo soy uno de ellos, y al haberme caído en tal desgracia, encontré este alivio para mí mismo para los caminos que son más largos de lo necesario.
11
Y lo que es la mayor prueba, señores del Consejo, de que monto a caballo por mi desgracia y no por arrogancia, como dice este, es fácil de entender: pues si poseyera bienes, montaría en una silla de montar y no montaría en caballos ajenos; pero ahora, como no puedo adquirir tal cosa, me veo obligado a usar a menudo caballos ajenos.
12
Y, sin embargo,¿ cómo no es absurdo, señores del Consejo, que este, si me viera montado en una silla de montar, guardara silencio( pues,¿ qué podría decir?), pero que, porque monto en caballos prestados, intente convencerlos de que soy capaz?¿ Y que no me acuse de que uso dos bastones, cuando los demás usan uno, como si esto también fuera propio de los capaces; pero que, porque monto a caballo, lo use como prueba ante ustedes de que soy de los capaces? Ambos los uso por la misma razón.
13
Y ha superado en desvergüenza a todos los hombres, hasta el punto de intentar convencerlos a ustedes, siendo uno solo, de que no soy de los inválidos. Y, sin embargo, si convence a algunos de ustedes, señores del Consejo,¿ qué me impide presentarme al sorteo de los nueve arcontes, y que ustedes me quiten el óbolo como si estuviera sano, mientras que a este todos le votan como si fuera un inválido? Pues no creo que ustedes vayan a quitarle la ayuda al mismo hombre por considerarlo capaz, mientras que los tesmotetes le impidan participar en el sorteo por considerarlo inválido.
14
Pero es que ni ustedes tienen la misma opinión que este, ni él hace bien. Pues él viene como si fuera a disputar una herencia, e intenta convencerlos de que no soy tal como todos ustedes ven; pero ustedes( lo cual es propio de los que piensan bien) confían más en sus propios ojos que en las palabras de este.
15
Dice que soy arrogante, violento y que me comporto con demasiada insolencia, como si, por usar términos temibles, fuera a decir la verdad, y no, si hablara con mucha suavidad y sin mentir, a hacer estas cosas. Pero yo, señores del Consejo, creo que ustedes deben distinguir claramente quiénes son las personas a las que les cabe ser arrogantes y a quiénes no les corresponde.
16
Pues no es natural que los pobres y los que se encuentran en una situación de extrema necesidad sean arrogantes, sino aquellos que poseen mucho más de lo necesario; ni los que son físicamente incapaces, sino los que confían más en sus propias fuerzas; ni los que ya han avanzado en edad, sino los que son aún jóvenes y tienen mentes jóvenes.
17
Pues los ricos compran su libertad de los peligros con dinero, mientras que los pobres se ven obligados a ser moderados por la necesidad presente; y a los jóvenes se les considera dignos de obtener el perdón de los mayores, mientras que a los mayores que cometen errores, ambos los critican por igual;
18
y a los fuertes les cabe ser arrogantes con quienes quieran sin sufrir nada ellos mismos, mientras que los débiles no pueden ni defenderse de quienes los han atacado primero, ni, si quisieran ser arrogantes, prevalecer sobre los que han sido injustamente tratados. De modo que me parece que el acusador ha hablado de mi arrogancia no con seriedad, sino bromeando, y no queriendo convencerlos de que soy así, sino queriendo ridiculizarme, como si hiciera algo bueno.
19
Además, dice que se reúnen en mi casa hombres malvados y numerosos, que han gastado lo suyo y conspiran contra los que quieren conservar lo propio. Pero piensen todos ustedes que, al decir esto, no me acusa a mí más que a los demás que tienen oficios, ni a los que entran en mi casa más que a los que entran en la de los otros artesanos.
20
Pues cada uno de ustedes está acostumbrado a frecuentar, uno una perfumería, otro una barbería, otro una zapatería, o donde sea que le toque, y la mayoría va a los que están instalados más cerca del ágora, y los menos a los que están más lejos; de modo que si alguno de ustedes va a condenar por maldad a los que entran en mi casa, es evidente que también a los que pasan el tiempo en la de los otros; y si también a aquellos, a todos los atenienses; pues todos ustedes están acostumbrados a frecuentar y pasar el tiempo en algún lugar.
21
Pero es que no sé por qué debo molestarlos más tiempo defendiéndome con demasiada precisión de cada una de las cosas dichas. Pues si he hablado de los asuntos más importantes,¿ por qué debo esforzarme tanto como él en los asuntos triviales? Yo, señores del Consejo, les pido a todos ustedes que tengan sobre mí la misma opinión que tenían antes.
22
Y no me priven, por culpa de este hombre, de lo único que la ciudad me ha dado de lo que hay en la patria; ni permitan que este, siendo uno solo, los convenza de quitarme lo que hace tiempo todos ustedes me dieron en común. Pues, señores del Consejo, cuando la divinidad nos privó de las magistraturas más importantes, la ciudad nos votó este dinero, considerando que las fortunas, tanto las malas como las buenas, son comunes a todos.
23
¿ Cómo no iba a ser el más miserable si, habiendo sido privado de las cosas más bellas y grandes por mi desgracia, me quitaran por culpa del acusador lo que la ciudad me dio, preocupándose por los que se encuentran en tal situación? De ninguna manera, señores del Consejo, emitan su voto en ese sentido. Pues,¿ por qué habría de merecer tal trato de ustedes?
24
¿ Acaso porque alguien, por mi culpa, haya perdido su fortuna al verse envuelto en un juicio? Pero nadie podría demostrarlo.¿ O porque soy un entrometido, audaz y pendenciero?
25
Pero no recurro a tales medios de vida para tales fines.¿ O porque soy demasiado arrogante y violento? Pero ni él mismo lo diría, a menos que quisiera mentir también en esto como en lo demás.¿ O porque, al estar en el poder durante los Treinta, hice daño a muchos de los ciudadanos? Pero huí con la mayoría de ustedes a Calcis, junto al Euripo, y pudiendo participar en la política sin miedo con ellos, elegí irme y correr riesgos con ustedes.
26
No permitan, pues, señores del Consejo, que, sin haber cometido ninguna falta, reciba el mismo trato que los que han cometido muchas injusticias, sino emitan sobre mí el mismo voto que los otros Consejos, recordando que ni he gestionado dinero de la ciudad para rendir cuentas de él, ni he ejercido ninguna magistratura para someterme ahora a una auditoría, sino que solo hablo por un óbolo.
27
Y así, todos ustedes conocerán lo justo, y yo, al obtener esto de ustedes, les estaré agradecido, y este aprenderá en el futuro a no conspirar contra los más débiles, sino a prevalecer sobre sus iguales.