q.1
El hombre de Dios que recorre en verdad el camino de la justicia y el siervo obediente del Señor, en cada bien y en cada estado de virtud, recibe siempre progreso y se vuelve mejor que sí mismo, mejorando día a día y adquiriendo un fundamento en todas las prácticas de la virtud, como en la humildad, la mansedumbre, la bondad, la paciencia, la longanimidad, el amor, la fe, la esperanza, la templanza, la fortaleza y la rectitud. Pues cada una de ellas posee una gran profundidad, amplitud y un trabajo de sutileza. Así como si en un paraíso hubiera muchos árboles frutales y diversos, y cada árbol tuviera ramas, y a su vez las ramas tuvieran ramitas pequeñas, astillas más finas y una gran multitud de hojas, así en cada una de las virtudes reside una gran sutileza de trabajo y una gran profundidad, y cada una resulta ser como un logro perfecto. Pero el cimiento, el apoyo y lo más elevado de todo esto, en lo que debe afirmarse y fundamentarse todo aquel que se acerca a Dios, es la confianza en Dios y la firmeza de la fe, lo cual, antes que nada, todo aquel que desea agradar a Dios debe adquirir y afirmarse en la confianza en Dios. Pues los que no adquieren primero la confianza en Dios se parecen a quienes construyen una casa sin cimientos. Pues incluso aquellos que, en torno a los Macabeos, lucharon grandemente y mostraron nobleza con magnanimidad en muchas y grandes guerras, sometían a sus enemigos en la guerra corporal mediante la fe y la confianza en Dios; tomémoslos como ejemplo para nosotros mismos en la guerra invisible« contra las huestes espirituales de maldad», ya que así de dispuestos, valientes, nobles y magnánimos debemos ser los verdaderos guerreros de Cristo; pues dice el apóstol:« Estas cosas les sucedían como ejemplo, y fueron escritas para nuestra amonestación, a quienes han llegado los fines de los siglos». Por tanto, en las diversas aflicciones y en las variadas tentaciones que los espíritus de maldad suscitan contra nosotros, debemos ser pacientes, cobrar ánimo y ser longánimos, nosotros, los nobles atletas y guerreros de Cristo, para que también podamos ser agradecidos en los consuelos y dones de la gracia. Pues así como el mundo visible de los hombres es administrado por Dios con gracia y justicia— con gracia en la abundancia y fertilidad de los frutos, en la salud, en la templanza de las estaciones y en toda dádiva de bienes; y con justicia y disciplina en las hambres, pestes, aflicciones, necesidades, catástrofes, granizos, derrumbes y todo lo que está ordenado por Dios para disciplina, por justicia y beneficio de los hombres—, así también el alma que desea heredar el mundo superior de la divinidad es administrada de múltiples maneras por la gracia: a veces se regocija en el alivio y la alegría del Espíritu y se deleita en el consuelo de la gracia, y a veces es entregada a la disciplina, a diversas tentaciones y a toda clase de aflicciones del espíritu mundano, para que, habiendo sido ejercitada a través de todo, hallada probada, soportando noblemente en todas las tentaciones y no desviándose en nada de lo que agrada a Dios, y habiendo así prosperado en Cristo, se vuelva digna de Dios, heredando la vida eterna por gracia y justicia.
q.2
Y así como en esta vida no todo es alivio, abundancia, frutos y paz entre los hombres, sino que Dios disciplina, tiene misericordia y provee al mundo con el yugo y la medida de la justicia, así también el alma que anhela nacer para el mundo superior no vive todo el tiempo en el alivio, la alegría y el gozo del Espíritu, sino que Dios la disciplina, tiene misericordia y la administra con el yugo de la justicia y la gracia. Pues si todo fuera alivio en la vida entre los hombres, deleite, hartazgo y riqueza sin aflicciones ni dolores, los hombres no habrían soportado, despreciando a Dios y entregándose por completo a los placeres de la carne. Pues dice:« Comió Jacob y se sació, engordó, se hizo grueso, se ensanchó, y dio coces el amado». Así también aplícalo a lo espiritual. Si el alma viviera solo y sin cesar en el gozo, el alivio y la alegría del Espíritu, ya no se reconocería a sí misma, ignoraría el ejercicio y el camino de la« justicia», se envanecería y solo progresaría en la soberbia, despreciando a todos y ni siquiera se consideraría a sí misma como humana. Como dice el apóstol:« Por la grandeza de las revelaciones»,« me fue dado un aguijón en la carne, un mensajero de Satanás, para que me abofetee, a fin de que no me enaltezca».¿ Ves que para tal hombre santo las aflicciones eran para su provecho? Además, como dice el mismo:« La aflicción produce paciencia, la paciencia prueba, y la prueba esperanza; y la esperanza no avergüenza». De modo que las aflicciones resultan ser para provecho y para hacer al alma más probada.
q.3
Las almas de los cristianos que entran en muchas aflicciones en este mundo por parte del maligno se parecen a la especie del cáñamo. Pues así como la especie del cáñamo, cuanto más es golpeada y atormentada, tanto más fina, útil y pura se vuelve, para que de ella se hagan hilos finísimos, y cuanto más es atormentada y cardada, más útil se vuelve, así también las almas de los cristianos que aman a Dios y aman la verdad, cuanto más entran en muchas aflicciones, pruebas y tentaciones por parte de los espíritus de maldad, y ellas soportan y son longánimas, más puras, útiles y probadas se preparan para la obra espiritual de la sutileza de la gracia, y finalmente son dignas de habitar el lugar celestial de los santos. Pues el alma, siendo probada en las muchas tentaciones y diversas aflicciones y siendo ayudada por la gracia, soportando con longanimidad en la esperanza del Señor, disminuye poco a poco de sí misma toda especie de maldad y se despoja de la pesada carga del pecado que habita en ella de la siguiente manera: como si alguien recorriera un camino largo yendo a una ciudad, y llevara un saco lleno de arena, y este tuviera un agujero finísimo en la parte inferior, y a medida que camina por todo el camino, esta se derrama y él mismo se aligera, y al llegar finalmente a la ciudad, la arena pesadísima se ha vaciado y él mismo se ha aliviado y descansado totalmente del peso de la arena; así también el alma que lucha en verdad, recorriendo el camino de la« justicia» y apresurándose hacia la ciudad del reino, llevando consigo la pesada carga del pecado de las pasiones, cuanto más recorre el camino de las virtudes y se adhiere al Señor, tanto más disminuyen el pecado y las pasiones, y ella misma siente en sí una sensación de ligereza y mansedumbre. Y si se adhiere totalmente y por completo, y recorre el camino de la« justicia» de manera irreprochable y buena, es digna de entrar en el mismo descanso de la plenitud de la gracia, habiéndose librado totalmente de la pesadísima carga del pecado de las pasiones. Pero primero es necesario pasar por muchas tentaciones y aflicciones, y así entra en el descanso de la plenitud de la gracia, es decir, es digna de alcanzar la impasibilidad.
q.4
Pues así como el vaso recién formado, si no es echado al fuego, es inútil para los hombres, o como un niño pequeño resulta inepto para las obras del mundo, pues no puede construir una ciudad, ni plantar, ni sembrar, ni realizar ninguna otra obra del mundo; pues es un niño; así también las almas sin tentaciones y no probadas en diversas aflicciones por los espíritus de maldad son todavía niñas y sin ejercicio y( por así decirlo) todavía no sirven al reino, como dice el bienaventurado Pablo:« Pero si estáis sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos y no hijos». Mira cuánto las aflicciones( y las pruebas y las tentaciones) son para provecho del hombre, haciendo al alma útil y probada. Solo que uno debe prepararse con prontitud, nobleza y valentía, llevando con paciencia lo que sobreviene, y que se aferre a la esperanza y a la confianza, teniendo siempre la expectativa de la redención y confiando en la misericordia de Cristo, que no permite que el alma que lo busca sea tentada hasta el fin más allá de sus fuerzas,« sino que hará juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar».
q.5
Además, también juzga esto en sí mismo: que incluso si me mata y sufro otros mil males peores, habiendo sido permitido por mi Señor sufrir y ser afligido por los espíritus de maldad, yo no lo abandono. Pues fiel es él, quien me librará de toda aflicción« y de los abismos de la tierra» me hará subir de nuevo, y así, habiéndose entregado a sí mismo todo por entero al Señor y habiendo soportado hasta el fin, después recibirá la experiencia del beneficio, del socorro y de la retribución de los bienes, tal como dice el Señor:« El que persevere hasta el fin, este será salvo». Pues si en esta vida los hombres no pueden llegar a cargos y progresos ni recibir un cargo mayor de parte de un rey, si primero no pasan por mucho ejercicio y demuestran muchas hazañas al entrar en la guerra, habiendo aprendido todo el arte de la guerra, habiéndose ejercitado, habiendo demostrado la victoria con la experiencia, habiendo levantado trofeos contra los enemigos y habiendo sido aprobados en todo por el rey( pues entonces son dignos de grandes cargos y honores reales), cuánto más ante el Rey celestial y verdadero nadie es digno de recibir inmediatamente los cargos de la gracia y del don del Espíritu y los dones celestiales de parte de Dios, si primero no se ejercita la mente en todo momento con la meditación de los pensamientos de los bienes, con la atención a los santos mandamientos y con la confianza en Dios, y así es digno de la gracia y recibe el arma celestial( el Espíritu mismo) y en él es grandemente aprobado luchando contra los espíritus« de maldad», estando de acuerdo y uniéndose a la gracia que le ha sido dada por Dios y al arma celestial, habiéndose convertido en aliado y compañero de lucha contra la maldad en todo momento y habiendo derrotado a través de muchos trabajos, luchas y pruebas la guerra« contra las huestes espirituales de maldad». Y cuando obtiene la victoria contra los enemigos, entonces es digno de alcanzar cargos divinos y celestiales y honores gloriosos y espirituales ante el Rey celestial, pudiendo este, en adelante, preparar y enseñar a otros la guerra. Pues si un hombre común es tomado simplemente de un rebaño sin saber la guerra ni tener experiencia en asuntos militares y se convierte inmediatamente en general, es digno de risa de todos al querer dirigir asuntos militares sin haber conocido él mismo primero la guerra. Así también en lo espiritual, el que guía la palabra de Dios y preside las almas debe ser experimentado en todo en los asuntos espirituales, para que, habiendo demostrado con la experiencia la práctica de las palabras que guía, aporte beneficio y ayuda a través de sí mismo a los que escuchan en cada ocasión. Pues la sabiduría de Dios, el camino del cristianismo y la obra de la gracia, al ser preparados en el alma fiel, se realizan con una gran sutileza, crecimiento y progreso, y cuando uno piensa haber terminado, entonces debe comenzar algo más profundo, ocurriendo en el alma los misterios del Espíritu y los progresos espirituales, y muchas veces, habiendo pensado terminar, muchas veces tiene que comenzar. Pues si en esta vida, en la sabiduría mundana, es decir, primero maestros elementales, luego gramáticos, luego retóricos, luego sofistas, finalmente filósofos, y cuando alguien pasa por todos los maestros terminando uno y comenzando otro, entonces comienza a hablar en juicios ante los magistrados, luego, habiendo sido aprobado con el tiempo, se convierte a su vez en magistrado, y entonces de nuevo toma a alguien como colega para que no se desvíe de la justicia. Si, pues, en este mundo hay tanta sutileza y progreso de sabiduría, cuánto más la inefable e infinita sabiduría de Dios y el camino del cristianismo tienen una gran sutileza y muchos progresos. Y cuanto más progresa uno, comienza otras cosas, se vuelve más profundo en los misterios del Espíritu y en los tesoros ocultos de la sabiduría, y cuanto más crece y progresa en la gracia y se enriquece con el conocimiento de Dios, tanto más reconoce los« pensamientos» y las astucias de la maldad, como dice el apóstol:« Pues no ignoramos sus pensamientos». Habiendo, pues, tal esperanza ante nosotros y estando preparados tantos bienes espirituales para los que desean luchar en verdad, entreguémonos también nosotros con todas nuestras fuerzas a agradar a Dios, para que, habiendo alcanzado los dones espirituales, habiendo progresado en la sabiduría de Dios, habiendo superado toda tentación y aflicción por medio de la gracia de Cristo y habiendo sido dignos totalmente de la santificación, seamos dignos de la vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor, a quien sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.