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Original / primary: Spanish Gemini
1
Entonen conmigo un lamento, valles y aguas dorias,
2
y ríos, lloren al encantador Bión.
3
Ahora, plantas, lloren por mí, y ahora, bosques, giman,
4
flores, exhalen ahora su aliento en racimos de dolor,
5
ahora, rosas, tiñanse de rojo por el duelo, ahora, anémonas,
6
ahora, jacinto, proclama tus letras y, más aún,¡ ay!
7
escríbelas en tus pétalos: ha muerto el hermoso cantor.
8
Comiencen, Musas sicilianas, comiencen el lamento.
9
Ruiseñores que se lamentan entre el espeso follaje,
10
anuncien a las fuentes de Aretusa,
11
que Bión, el pastor, ha muerto, que con él
12
ha muerto también la melodía y ha perecido el canto dorio.
13
Comiencen, Musas sicilianas, comiencen el lamento.
14
Cisnes del Estrimón, lloren junto a las aguas con lamentos,
15
y con bocas dolientes entonen una canción de duelo,
16
tal como la que la vejez canta en sus labios,
17
y díganlo de nuevo a las hijas de Eagro, díganlo a todas
18
las ninfas bistonias: ha perecido el Orfeo dorio.
19
Comiencen, Musas sicilianas, comiencen el lamento.
20
Aquel que era amado por los rebaños ya no canta,
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ya no entona sentado bajo las encinas solitarias,
22
sino que junto a Plutón canta una melodía del Leteo.
23
Las montañas están mudas, y las vacas que junto a los toros
24
vagan, gimen y no quieren pastar.
25
Comiencen, Musas sicilianas, comiencen el lamento.
26
Por ti, Bión, lloró el propio Apolo tu pronta muerte,
27
y los sátiros se lamentaron, y los Príapos de negro manto;
28
y los Panes gimieron por tu melodía, y las que en el bosque
29
habitan, las ninfas Cránides, lloraron, y las aguas se volvieron lágrimas.
30
Eco se lamenta entre las rocas, porque en silencio
31
ya no imita tus labios. Y ante tu muerte
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los árboles dejaron caer su fruto, y todas las flores se marchitaron.
33
Las manzanas no vertieron su hermosa leche, ni la miel de las colmenas,
34
murió en la cera, afligida; pues ya no es necesario
35
cosechar la miel, habiendo muerto la tuya.
36
Comiencen, Musas sicilianas, comiencen el lamento.
37
No tanto se lamentó la Sirena junto a las olas del mar,
38
ni tanto cantó jamás el Ruiseñor en los riscos,
39
ni tanto se lamentó la Golondrina por las altas montañas,
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ni tanto gritó Ceix por los dolores de Alcíone,
42
ni tanto cantó el martín pescador en las olas glaucas,
41
ni tanto, volando alrededor de la tumba de Memnón,
43
se lamentó el ave del hijo de la Aurora en los valles matutinos,
44
como se lamentaron por la muerte de Bión.
45
Comiencen, Musas sicilianas, comiencen el lamento.
46
Ruiseñores y todas las golondrinas, a quienes él deleitaba,
47
a quienes enseñaba a hablar, sentadas en los troncos,
48
se lamentaban unas frente a otras; y ellas respondían:
49
Aves, aflíjanse, las que están de duelo; y también nosotras.
50
Comiencen, Musas sicilianas, comiencen el lamento.
51
¿ Quién, oh tres veces deseado, tocará tu flauta?
52
¿ Quién pondrá su boca sobre tus cañas?¿ Quién es tan audaz?
53
Pues aún respiran tus labios y tu aliento,
54
y el eco aún se alimenta en los juncos de tu canto.
55
¿ Llevaré la melodía a Pan? Quizás incluso él
56
temería poner su boca, por miedo a quedar en segundo lugar tras de ti.
57
Comiencen, Musas sicilianas, comiencen el lamento.
58
Llora también Galatea tu melodía, a la que deleitabas
59
sentada junto a ti en las orillas del mar.
60
Pues no cantabas igual que el Cíclope; a él lo evitaba
61
la hermosa Galatea, pero a ti te miraba más dulce que al mar.
62
Y ahora, olvidada de las olas, en las arenas
63
se sienta sola, y aún pastorea tus vacas.
64
Comiencen, Musas sicilianas, comiencen el lamento.
65
Todos los dones de las Musas han muerto contigo, oh pastor,
66
los encantadores besos de las doncellas, los labios de los muchachos,
67
y los Amores lloran alrededor de tu cuerpo.
68
Y Cipris te desea mucho más que el beso
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que hace poco besó a Adonis cuando moría.
70
Este es para ti, oh el más melodioso de los ríos, un segundo dolor,
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este, Meles, es un nuevo dolor. Murió hace poco Homero,
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aquella dulce boca de Calíope, y dicen que tú
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lloraste a tu hermoso hijo con corrientes de mucho llanto,
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y llenaste todo el mar con tu voz; ahora, de nuevo, a otro
75
hijo lloras, y te consumes en un nuevo duelo.
76
Ambos amados por las fuentes, uno bebía
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de la fuente Pegáside, y el otro tenía la bebida de Aretusa.
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Aquel cantó a la hermosa hija de Tindáreo
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y al gran hijo de Tetis y al Atrida Menelao;
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este no cantó guerras, ni lágrimas, sino a Pan,
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y celebraba a los pastores y, cantando, pastoreaba,
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y fabricaba flautas y ordeñaba a la dulce ternera,
83
y enseñaba los besos de los muchachos, y a Eros
84
criaba en su regazo y provocaba a Afrodita.
85
Comiencen, Musas sicilianas, comiencen el lamento.
86
Toda ciudad ilustre te llora, Bión, todas las ciudades.
87
Ascra te gime mucho más que a Hesíodo;
88
los bosques beocios no desean tanto a Píndaro;
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no tanto lloró Lesbos a Alceo, la encantadora;
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ni tanto se lamentó la ciudad de Teos por su cantor;
91
Paros te desea más que a Arquíloco; y en lugar de Safo,
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aún se lamenta Mitilene por tu melodía.
93
Y para los siracusanos, Teócrito; pero yo, para ti,
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canto una melodía de dolor ausónico, no ajeno al canto
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bucólico, sino aquel que enseñaste a tus discípulos,
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heredero de la Musa doria, con la cual, honrándome,
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a otros dejaste tu riqueza, pero a mí me dejaste el canto.
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Comiencen, Musas sicilianas, comiencen el lamento.
99
¡ Ay! Las malvas, cuando mueren en el jardín,
100
y el verde apio y el eneldo frondoso y lozano,

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