De Gymnastica
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Consideremos sabiduría, ciertamente, a tales cosas como la filosofía y el hablar con técnica, así como el dedicarse a la poesía, a la música, a la geometría y, por Zeus, a la astronomía, siempre que no sea superflua; pero también es sabiduría el organizar un ejército, y además cosas como toda la medicina, la pintura, el trabajo de los escultores, las formas de las estatuas, las piedras cóncavas y el hierro cóncavo. En cuanto a las artes mecánicas, concédaseles la técnica mediante la cual se perfeccionará correctamente algún instrumento o utensilio, pero que la sabiduría se reserve solo para aquellas que he mencionado. Excluyo al piloto de las artes mecánicas, puesto que entiende de astros y vientos y se ocupa de lo invisible. Estas son las razones por las que he dicho esto, y se demostrarán; pero sobre la gimnástica, llamémosla una sabiduría no inferior a ninguna otra técnica, de modo que se componga en tratados para quienes deseen ejercitarse; pues la gimnástica de antaño creaba a Milones e Hipóstenes, a Polidamas, a Prómaco y a Glauco, hijo de Dimilo, y a los atletas aún anteriores a estos, a Peleo, por supuesto, a Teseo y al propio Heracles, mientras que la de la época de nuestros padres, aunque conoce a hombres inferiores, los considera admirables y dignos de ser recordados; pero la que se ha establecido ahora ha transformado de tal modo las cosas de los atletas que incluso a los aficionados a la gimnasia les molesta la mayoría de ellos.
2
Me parece, pues, que debo enseñar las causas por las que esto ha decaído, contribuir con lo que sé a quienes se ejercitan y a quienes ejercitan, y defender a la naturaleza, que es mal juzgada, puesto que los atletas actuales están muy por debajo de los de antaño; pues la naturaleza sigue criando leones no peores que antes, y lo mismo ocurre con los perros, los caballos y los toros, y en lo que respecta a los árboles, las vides y los dones de la higuera siguen siendo iguales, y nada ha cambiado en el oro, la plata y las piedras, sino que, tal como ella misma dispuso, hace brotar todas las cosas iguales a las anteriores; pero en cuanto a los atletas, la naturaleza no les ha arrebatado las virtudes que alguna vez tuvieron, pues sigue produciendo hombres fogosos, bien parecidos y agudos, ya que esto es propio de la naturaleza, pero el no ejercitarse saludablemente ni practicar con vigor ha privado a la naturaleza de su propio poder. Y cómo sucedió esto, lo explicaré más adelante, pero primero examinemos las causas de la carrera, el pugilato, la lucha y cosas similares, y desde cuándo comenzó cada una y a partir de qué. En todas partes se expondrán las costumbres de los eleos, pues es necesario, supongo, explicar tales cosas a partir de las fuentes más precisas.
3
Existen, pues, dentro de la competición completa, las pruebas ligeras: estadio, dólico, hoplitas, diaulo, salto, jabalina; y las más pesadas: pancracio, lucha, pugilato, disco. El pentatlón se compuso de ambas; pues luchar y lanzar el disco son pruebas pesadas, mientras que lanzar la jabalina, saltar y correr son ligeras. Antes de Jasón y Peleo, el salto se premiaba por separado y el disco por separado, y la jabalina bastaba para la victoria en los tiempos en que navegaba el Argo; Telamón lanzaba el disco con gran destreza, Linceo lanzaba la jabalina, y los hijos de Bóreas corrían y saltaban, mientras que Peleo era el segundo en estas pruebas, pero superaba a todos en la lucha; por tanto, cuando competían en Lemnos, dicen que Jasón, para complacer a Peleo, unió las cinco pruebas y que Peleo obtuvo así la victoria, y fue considerado el más guerrero de sus contemporáneos tanto por la virtud que empleaba en las batallas como por el entrenamiento en las cinco pruebas, que era tan militar que incluso se lanzaba la jabalina en los juegos.
4
La causa del dólico fue la siguiente: los heraldos corredores de Arcadia acudían a Grecia como mensajeros de asuntos militares, y se les prohibía ir a caballo, sino que debían realizar la carrera por sí mismos. Por tanto, el recorrer siempre en poco tiempo del día tantos estadios como tiene el dólico, convertía a los heraldos corredores en corredores de fondo y los entrenaba para la guerra.
5
El estadio se inventó de esta manera: cuando los eleos realizaban los sacrificios según sus costumbres, las ofrendas estaban dispuestas sobre el altar, pero aún no se les había prendido fuego. Los corredores se encontraban a un estadio de distancia del altar y un sacerdote estaba de pie ante él con una antorcha, presidiendo, y el que ganaba, tras encender las ofrendas, se marchaba como vencedor olímpico.
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Cuando los eleos sacrificaban, era necesario que también los teoros de todos los griegos sacrificaran, y para que su llegada no fuera ociosa, los corredores corrían un estadio desde el altar, como llamando a los griegos, y regresaban de nuevo al mismo lugar como anunciando que Grecia llegaría alegre; esto es, pues, lo referente al diaulo.
7
Las carreras de hoplitas son variadas, especialmente las de Nemea, a las que llaman armadas y ecuestres, y están consagradas a los hombres de Tideo, los Siete. El hoplita olímpico, según dicen los eleos, se instituyó por estas razones: los eleos entablaron una guerra contra los dimeos tan implacable que ni siquiera los Juegos Olímpicos fueron tregua, y, mientras los eleos vencían, se dice que en el mismo día de los juegos un hoplita llegó corriendo desde la batalla al estadio trayendo las buenas nuevas de la victoria. Estos relatos son plausibles, pero también los oigo de los delfios, puesto que guerrearon contra algunas ciudades de Fócida, y de los argivos, puesto que se desgastaban en una guerra continua contra los lacedemonios, y de los corintios, puesto que guerreaban incluso en el mismo Peloponeso y más allá de los límites del Istmo; pero a mí me parece otra cosa respecto al hoplita; pues afirmo que se instituyó por una causa militar, y que se entra en los juegos por el inicio de la guerra, indicando el escudo que la tregua ha cesado y que se necesitan armas. Y si no escuchas con desidia al heraldo, verás cómo al final de todo proclama que cesa el certamen del administrador de los juegos y que la trompeta señala los asuntos de Enialio, incitando a los jóvenes a las armas. Este pregón ordena también que, tras recoger el aceite, se lo lleven lejos, no para ungirse, sino como quienes han dejado de ungirse.
8
El hoplita de Beocia y Platea era considerado el mejor tanto por la longitud de la carrera como por la armadura, que llegaba hasta los pies y cubría al atleta, como si estuviera luchando, y por el hecho de estar consagrado a una hazaña brillante, la de los medos, y por considerar esto los griegos contra los bárbaros, y, ciertamente, también por la ley establecida para los que iban a competir, tal como la tiene Platea; pues al que ya había sido coronado entre ellos, si competía de nuevo, se le exigía presentar fiadores de su cuerpo, ya que se había decretado la muerte para el vencido.
9
El pugilato es un invento laconio y llegó alguna vez hasta los bárbaros bébrices, y Pólux lo empleaba de la mejor manera, de donde los poetas lo cantaban a partir de esto. Los antiguos lacedemonios practicaban el pugilato por lo siguiente: los lacedemonios no tenían cascos, ni consideraban que la lucha bajo ellos fuera propia de su tierra, sino que el escudo era el sustituto del casco para quien lo portaba con conocimiento. Así pues, como se protegían de los golpes dirigidos al rostro y, al ser golpeados, los soportaban, practicaron el pugilato y se ejercitaban para proteger así el rostro. Al avanzar el tiempo, abandonaron el pugilato y el pancracio por igual, considerando vergonzoso competir en pruebas en las que, si uno se rinde, se puede difamar a Esparta como carente de valor.
10
El pugilato antiguo estaba armado de esta manera: los cuatro dedos se introducían en una correa y sobresalían de ella tanto como para que, si se cerraban, formaran un puño, y se mantenían unidos por una cuerda que se habían colocado desde el antebrazo como apoyo. Pero ahora ha cambiado, pues al curtir pieles de los bueyes más gordos, fabrican una correa de pugilato aguda y que sobresale, y el pulgar no ayuda a los dedos a golpear por la simetría de las heridas, para que no luche toda la mano. De donde excluyen de los estadios las correas de cerdo, considerando que los golpes de estas son dolorosos y difíciles de curar.
11
Que la lucha y el pancracio se inventaron por ser útiles para la guerra, lo demuestra, en primer lugar, la hazaña de Maratón, que los atenienses llevaron a cabo de tal modo que parecía cercana a la lucha, al estar esto presente en la acción, y en segundo lugar, la de las Termópilas, cuando los lacedemonios, al romperse sus espadas y lanzas, hicieron mucho con las manos desnudas. De todas las pruebas que hay en la competición, el pancracio es la más valorada, aunque esté compuesto de una lucha incompleta y un pugilato incompleto, pero es más valorada por otros, ya que los eleos han considerado la lucha como fuerte y dolorosa según los poetas, no solo por los entrelazamientos de las presas, para las cuales se necesita un cuerpo flexible y ágil, sino también por tener que luchar tres veces en la precompetición, dado que se requieren tantas caídas. En efecto, considerando terrible coronar sin lucha en el pancracio, el pugilato y la lucha, no expulsan al luchador, puesto que la ley dice que tal victoria solo se concede a la lucha curva y penosa, y para mí, al menos, es clara la razón por la que la ley ordena esto; pues siendo terrible competir en Olimpia, parece aún más difícil ejercitarse. Las pruebas ligeras las ejercita el corredor de fondo unos ocho o diez estadios y el pentatleta una de las tres, los corredores el diaulo o el estadio o ambos;¿ qué hay de terrible en tales cosas? Nada; pues el modo de los ejercicios es el mismo, ya sea que los eleos los ejerciten o que otros lo hagan; pero el atleta más pesado es ejercitado por los eleos durante la época del año en que el sol quema más el lodo en la cóncava Arcadia, y soporta un polvo más caliente que la arena de los etíopes, y resiste comenzando desde el mediodía. Y siendo estas cosas tan penosas, los luchadores son los más sufridos; pues el púgil, cuando llega el momento del estadio, será herido y herirá y se acercará a las espinillas, y al ejercitarse mostrará una sombra de la competición, y el pancraciasta competirá de todas las maneras que existen en el pancracio, y se ejercita de una y otra forma, mientras que la lucha es lo mismo en la precompetición y lo mismo en la competición; pues cada una ofrece una prueba de lo que sabe y de lo que puede, y con razón se ha llamado curva; pues curva es la lucha y también la recta, de donde los eleos coronan lo más gimnástico y solo por el hecho de haberse ejercitado.
12
Dicen que estas pruebas no llegaron todas juntas a los juegos, sino que una tras otra fueron inventadas por la gimnástica y perfeccionadas. Pues los antiguos Juegos Olímpicos fueron, hasta la decimotercera Olimpiada, solo de estadio, y en ellos vencieron tres eleos, siete mesenios, un corintio, un dimeo, un cleoneo, cada uno en una Olimpiada distinta, y nadie el mismo dos veces. En la decimocuarta comenzó el diaulo, y la victoria en él fue del eleo Hipeno. En la siguiente, la prueba de dólico, y venció el espartano Acanto. La decimoctava Olimpiada introdujo el pentatlón de hombres y la lucha de hombres; venció en la lucha Euríbato de Lusia, y en las cinco pruebas Lampis el laconio. Hay quienes escriben que Euríbato era espartano. La vigesimotercera Olimpiada convocó ya al púgil hombre, y el esmirneo Onomasto se impuso al boxear, venciendo e inscribiendo a Esmirna con una bella hazaña; pues a todas las ciudades jónicas, lidias, las del Helesponto y Frigia, y a todos los pueblos de hombres que hay en Asia, a todos ellos juntos los superó Esmirna y fue la primera en obtener la corona olímpica. Y este atleta escribió leyes de pugilato, que los eleos usaban por la sabiduría del púgil, y los arcadios no se molestaron porque viniera a escribirles leyes de competición desde la delicada Jonia. En la trigesimotercera Olimpiada se instituyó el pancracio, que aún no se había instituido, y venció Ligdamis de Siracusa. El siciliano era tan grande que su pie medía un codo; al menos se dice que midió el estadio con tantos de sus pies como codos se considera que tiene el estadio.
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Dicen también que el pentatlón de niños llegó allí en la trigesimoctava, cuando venció Eutelidas el lacedemonio, pero que esta modalidad ya no se volvió a competir en Olimpia. El que venció en el estadio de niños en la cuadragesimosexta Olimpiada— pues entonces se instituyó por primera vez— fue el hermoso niño Poliméstor de Mileto, quien por la rapidez de sus pies alcanzaba a las liebres. Sobre el pugilato de niños, unos dicen que comenzó en la cuadragesimoprimera Olimpiada y que venció Filetas de Síbaris, mientras que otros dicen que en la sexagésima fue Crión de la isla de Ceos. Se dice que Damareto de Herea fue el primero en obtener la victoria en hoplita en la sexagesimoquinta. En la centésima cuadragesimoquinta Olimpiada inscribieron al niño pancraciasta, no sé por qué tardaron tanto en pensar en él, cuando ya gozaba de buena fama entre otros; pues comenzó tarde, cuando ya Egipto era coronado en las Olimpiadas, y aquella victoria también fue de un egipcio; al menos se proclamó a Náucratis venciendo el egipcio Fedimo. No me parece que estas cosas hayan llegado a los juegos una por una de este modo, ni que hubieran sido objeto de tanto interés por parte de los eleos y de todos los griegos, si la gimnástica no hubiera progresado y las hubiera practicado; pues, en efecto, las victorias mismas de los atletas se atribuyen a los gimnastas no menos que a los atletas.
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Entonces,¿ qué hay que saber sobre la gimnástica?¿ Qué otra cosa sino considerarla una sabiduría compuesta de medicina y paidotribia, siendo más completa que la primera y una parte de la segunda? Explicaré cuánto ha participado de ambas: el paidotriba mostrará cuántos tipos de lucha existen, sugiriendo los momentos, los impulsos, las medidas y cómo uno debe protegerse o dominar a quien se protege, y el gimnasta enseñará esto al atleta que aún no lo sabe; pero hay ocasiones en las que es necesario manejar bien la lucha o el pancracio o incluso escapar o rechazar una ventaja de los adversarios, cosas que no se le ocurrirían al gimnasta si no conociera también las de los paidotribas. En esto, pues, las técnicas son iguales, pero purgar los humores, eliminar lo superfluo, suavizar lo endurecido y engordar algo o cambiarlo o calentarlo es parte de la sabiduría de la gimnástica. Pues el paidotriba o no entenderá esas cosas o, si conoce algo, las usará mal con los niños, poniendo a prueba la libertad de una sangre pura. La gimnástica es, pues, mucho más completa que la ciencia mencionada anteriormente, y respecto a la medicina se comporta así: las enfermedades que llamamos catarros, hidropesías, tisis y todas las enfermedades sagradas, los médicos las detienen vertiendo algo, purgando o aplicando emplastos, mientras que la gimnástica contiene tales cosas con dietas y fricciones. Pero si alguien se rompe algo, es herido, se le nubla la luz de los ojos o se le disloca alguna de las articulaciones, hay que llevarlo al médico, ya que la gimnástica no sirve para tales cosas.
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Creo haber demostrado suficientemente cuánta es la gimnástica respecto a cada una de las ciencias, pero me parece ver también esto en ella: nadie podría abarcar toda la medicina, sino que uno entiende de fracturas, otro de fiebres, otro de enfermedades oculares, otro de tísicos, y los médicos dicen que, siendo grande incluso realizar correctamente una pequeña parte de ella, es necesario conocerla toda; pero nadie podría prometer toda la gimnástica, pues quien conoce las pruebas de carrera no entenderá las de los luchadores y pancraciastas, y quien entrena las pruebas más pesadas se ocupará ignorantemente de la otra ciencia.
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Esta es la participación de la sabiduría en la técnica, pero su origen es el hecho de que el hombre nazca capaz de luchar, boxear y correr correctamente; pues ni siquiera existiría nada de tales cosas si no preexistiera aquello por lo que se produce, y así como el origen de la herrería es el hierro y el bronce, el de la agricultura la tierra y lo que proviene de la tierra, y el de la navegación el hecho de que exista el mar, consideremos también que la gimnástica es la más afín y connatural al hombre. Y se canta un relato, que la gimnástica aún no existía, pero que existía Prometeo y que Prometeo se ejercitó primero, y que Hermes ejercitó a otros, y que se maravilló de él por el invento, y que la primera palestra fue la de Hermes, y que los hombres moldeados de barro por Prometeo fueron estos que se ejercitaron en el barro en el que estaban, a quienes creían que Prometeo moldeaba, puesto que la gimnástica hacía sus cuerpos aptos y bien compuestos.
17
En Pito, en el Istmo y dondequiera que se instituyeran juegos en la tierra, el gimnasta, vistiendo un tribón, unge al atleta y nadie lo desnudará contra su voluntad, pero en Olimpia permanece desnudo, según la opinión de algunos, porque los eleos ponen a prueba al gimnasta según la época del año, si sabe resistir y soportar el calor, pero según dicen los eleos, Ferenice de Rodas era hija de Diágoras el púgil, y el carácter de Ferenice era tan fuerte que al principio a los eleos les pareció un hombre. En efecto, iba por Olimpia bajo un tribón y ejercitaba a su propio hijo, Pisirrodo. Y aquel también era púgil, hábil en la técnica y no inferior a su abuelo. Cuando se dieron cuenta del engaño, dudaron en matar a Ferenice al pensar en Diágoras y los hijos de Diágoras— pues la familia de Ferenice son todos vencedores olímpicos—, pero se escribió una ley para que el gimnasta se desnude y para que ni siquiera este quede sin ser puesto a prueba por ellos.
18
El gimnasta lleva allí también un estrígilo, quizás por esto: es necesario que el atleta se cubra de polvo en la palestra en Olimpia y se exponga al sol; para que, por tanto, no dañen su condición, el estrígilo recuerda al atleta el aceite y dice que es necesario aplicarlo tan abundantemente que, tras ungirse, también se estrígilice. Hay quienes dicen que un gimnasta en Olimpia mató al atleta con el estrígilo afilado por no haber resistido por la victoria, y acepto el relato, pues es mejor creer que no creer. Que el estrígilo sea, pues, una espada contra los atletas malvados, y que el gimnasta tenga en Olimpia algún poder sobre el helanódica.
19
Los lacedemonios querían también que los gimnastas supieran táctica, considerando que los juegos mismos son un entrenamiento para los asuntos militares, y no hay que maravillarse, puesto que los lacedemonios referían totalmente a los asuntos militares incluso la danza, lo más ocioso de los tiempos de paz, bailando de una manera en la que uno se protegerá de un proyectil, lo lanzará, lo recogerá del suelo y usará el escudo con destreza.
20
En cuanto a cuánto contribuyeron los gimnastas a los atletas, ya sea exhortándolos, reprendiéndolos, amenazándolos o usando estratagemas, son muchas estas cosas y más de lo que se puede decir, pero digamos las más notables. A Glauco de Caristo, el púgil, que dudaba en Olimpia ante su adversario, el gimnasta Tisias lo llevó a la victoria exhortándolo a golpear con el golpe del arado; esto era, pues, el movimiento de la derecha hacia el adversario; pues Glauco era tan fuerte en aquella mano que una vez, en Eubea, enderezó una reja de arado que se había doblado golpeándola con la derecha como con un martillo.
21
A Arriquión el pancraciasta, que ya vencía en dos Olimpiadas y en una tercera Olimpiada luchaba por la corona y ya desfallecía, el gimnasta Erixias lo llevó al amor por la muerte gritando desde fuera que es un hermoso sudario el no rendirse en Olimpia.
22
El gimnasta de Prómaco de Pelene entendía que estaba enamorado, y estando cerca los Juegos Olímpicos, dijo: Prómaco, me parece que estás enamorado; y al verlo sonrojarse, dijo: no te lo pregunto para reprochártelo, sino para ayudarte en tu amor; pues incluso podría hablar por ti con la joven. Y tras hablar, no llegó ante el atleta trayendo una palabra falsa, sino una de gran valor para el enamorado: no te desprecia, dijo, por ser uno de sus pretendientes al vencer en Olimpia, y Prómaco, al respirar por lo que escuchó, no solo venció, sino que también venció a Polidamas de Escotusa después de los leones que Polidamas había capturado ante Oco el persa.
23
De Mandrógenes de Magnesia escuché yo mismo la resistencia que empleó en su juventud para el pancracio, atribuyéndosela al gimnasta; pues decía que su padre había muerto y que la casa estaba a cargo de su madre, una mujer fuerte y con carácter de hombre, a quien el gimnasta escribió una carta así: si oyes que tu hijo ha muerto, créelo, pero si oyes que ha sido vencido, no lo creas. Decía que, al admirar esta carta, mostró todo su valor, de modo que ni el gimnasta mintiera ni la madre fuera engañada.
24
Atalo el egipcio venció en Platea en una segunda prueba al fortalecerlo el gimnasta, existiendo entre ellos una ley de morir públicamente el que es vencido tras la victoria y ser considerado excluido antes de presentar fiadores de su cuerpo. Como nadie lo avalaba, el gimnasta se sometió a la ley de manera tan grande y fortaleció al atleta para una segunda victoria; pues para quienes piensan en ocuparse de una obra mayor, es esperanzador, supongo, el no ser desconfiado.
25
Puesto que fluye una multitud de tales cosas al mezclar nosotros lo nuevo con lo antiguo, examinemos al gimnasta mismo, qué clase de hombre es y cuánto sabe al estar al frente del atleta. Que el gimnasta no sea charlatán ni falto de ejercicio en la lengua, para que ni se disuelva por la charlatanería la eficacia de la técnica, ni parezca demasiado rústico al no hacerse con razón, y que haya examinado toda la fisiognomía. Ordeno esto por lo siguiente: un helanódica o un anfictión juzgan a un niño atleta a partir de tales cosas: si tiene tribu y patria, si tiene padre y linaje, si es de libres y no bastardo, y sobre todo, si es joven y no mayor que un niño; pero si es dueño de sí o incontinente, si es borracho, si es glotón, si es audaz o cobarde, ni lo saben, ni, si lo supieran, las leyes hablan nada sobre tales cosas, pero el gimnasta debe saber perfectamente esto, siendo juez de la naturaleza, supongo. Que conozca, pues, toda la moral en los ojos, por la cual se manifiestan los perezosos de los hombres, y se manifiestan los tensos, los irónicos, los menos resistentes y los incontinentes; pues otros son los caracteres de los ojos negros, otros los de los ojos claros, glaucos y sanguinolentos, y otros los de los rubios y los motejados, los salientes y los hundidos, pues la naturaleza señaló las estaciones con los astros, pero los caracteres con los ojos; y la analogía de las partes del cuerpo, como en la escultura, debe examinarse así: el tobillo debe concordar con la muñeca, la espinilla con el antebrazo, y el brazo debe compararse con el muslo y el hombro con el glúteo, la espalda debe observarse respecto al vientre y el pecho debe estar dispuesto de manera similar a las partes bajo la cadera, y la cabeza, siendo la forma del todo, debe tener proporción respecto a todo esto.
26
Habiendo dicho esto, no consideremos que el ejercitarse sigue a esto, sino el separar al que se ejercita y ponerlo a prueba de la naturaleza, cómo está compuesto y para qué; pues,¿ dónde es necesario que haya tanto razonamiento sobre perros y caballos para los cazadores y jinetes, de modo que no se usen los mismos para toda forma, ni para todas las presas, sino que se usen unos perros para esto y otros para aquello, y de los caballos unos se hagan compañeros de caza, otros de competición, otros de carro, y ni siquiera estos simplemente, sino según cada uno sea apto para un lado o para la rienda del carro, y que los hombres sean sin juicio, a quienes es necesario llevar a Olimpia o a Pito por los pregones, que incluso Heracles deseaba? Ordeno, pues, que él mismo examine la analogía de todo lo que he dicho, y además de la analogía, los caracteres de los humores.
27
Y sin embargo, esto es más antiguo, lo que también le parecía a Licurgo el espartano; pues al estar al lado de Lacedemonia, dice: que las doncellas se ejerciten como atletas de guerra y practiquen públicamente correr, por el bien de la buena crianza, supongo, y de que los descendientes nazcan mejores por el vigor del cuerpo; pues al llegar a un hombre, no dudará en llevar agua, ni en moler por haber estado ejercitada desde joven, y si se uniera a un joven también ejercitado, dará mejores descendientes, pues serán de buena estatura, fuertes y sin enfermedades. Y Lacedemonia llegó a ser tan grande en la guerra, puesto que sus asuntos matrimoniales los trataba así.
28
Puesto que es necesario comenzar desde el linaje del hombre, que el gimnasta vaya hacia el niño atleta, observándolo primero desde sus padres, si se unieron jóvenes, nobles y sin enfermedades, de las que se asientan en los nervios y en las sedes de los ojos, y se extienden a los oídos o a las entrañas, pues estas enfermedades también acechan de algún modo a la naturaleza, y siendo niños se han ocultado invisiblemente, pero estallan al tener la sangre un cambio en los giros de la edad. Pero el linaje de los jóvenes, si ambos se unen siendo nobles, contribuye a la fuerza y al vigor del atleta, a una sangre pura, a la fortaleza de los huesos, a humores puros y a una estatura igual, y además diría que también aportan belleza. Que no se ignoren al no estar presentes ante el niño para el juicio, si vamos a poner a prueba saludablemente la semilla; pues el razonamiento caerá en algo ingenuo si aplazamos al atleta que ya está al frente del estadio y que anhela el olivo y el laurel hacia el padre y la madre, quizás incluso muertos cuando era un niño. Pero es necesario caminar hacia la soberana, según la cual, al mirar al atleta desnudo, no parecerá que ignoramos ni siquiera lo de sus antepasados, cómo está en él. Es difícil el pensamiento y no del todo fácil, pero no lejos de la técnica. Lo entrego, pues, al conocimiento.
29
He demostrado qué clase de hombres arrojará la semilla noble y joven, pero la de los que han avanzado debe ponerse a prueba así: la piel es delgada para estos, las clavículas son como copas, las venas están levantadas, como en los que han trabajado, y la cadera es para estos sin sangre y los músculos débiles. De los que se ejercitan hay más pruebas; pues son perezosos y crudos en la sangre por la frialdad y los sudores que afloran más que los que surgen de los curvados y cóncavos, y estos ni siquiera florecen con los trabajos, si no purgamos los sudores. Algunos ni siquiera son aptos para la facilidad, sino que necesitan treguas, y se consumen con trabajos más allá de lo trabajado. Yo los excluyo a estos de todos los que están en la competición— pues esto no asegura a un hombre—, especialmente del pancracio y el pugilato, pues son vulnerables a los golpes y heridas los que ni siquiera tienen la piel fortalecida. Pero deben ser ejercitados, o más bien halagados por el que ejercita, puesto que necesitan de esto tanto al trabajar como al ejercitarse. Si la semilla parece haber pasado su mejor momento según uno de estos, los defectos serán similares, pero menos evidentes. La sangre pondrá a prueba las condiciones enfermizas, pues es necesario que parezca turbia y sumergida por la bilis. Y tal sangre, incluso si alguna vez se vuelve animada por el gimnasta, cambia de nuevo y se enturbia, pues sucede que lo que no ha nacido bien es difícil.
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Algo también lo demuestra la garganta saliente, las alas de los hombros, el cuello levantado y el que se desliza demasiado donde se unen las clavículas. Y ciertamente también los que tienen las costillas cerradas y los que están abiertos más allá de lo moderado señalan mucho de lo enfermizo; pues a unos les es necesario que las entrañas estén presionadas y no llevar el aliento con fluidez, ni traerlo en los trabajos, y ser atrapados por la corrupción continua de los alimentos, mientras que a otros les es necesario que las entrañas sean pesadas y estén suspendidas, de modo que el aliento que proviene de ellas sea obtuso y el impulso hacia atrás, y los alimentos se distribuirán menos en estos al ir al vientre más que a la nutrición del cuerpo. Esto es sobre el linaje de los que van a competir, pero lo que es apto para cada una de las competiciones debe examinarse así:
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Que el que va a competir en las cinco pruebas sea más pesado que los ligeros, y más ligero que los pesados, de buena estatura, bien compacto, erguido, sin exceso en los músculos y no castigado. Que tenga las piernas más largas que simétricas y la cintura flexible y ágil tanto por las rotaciones de la jabalina o del disco como por el salto; pues saltará sin dolor y no romperá nada del cuerpo si, al bajar la cadera, se apoya en la base. Y es necesario que sea de manos largas y de dedos largos, pues lanzará el disco mucho mejor si, por el tamaño de los dedos, el borde del disco es enviado desde una mano más cóncava, y moverá la jabalina con más facilidad si los dedos, al no ser pequeños, tocan la parte superior de la correa.
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Quien haya de correr el dolicodromo de la mejor manera, que tenga los hombros y el cuello fortalecidos de forma similar a un pentatleta, pero que tenga las piernas delgadas y ligeras, como los corredores de estadio; pues aquellos mueven las piernas con los brazos para la carrera rápida, como si fueran alados por las manos, mientras que los dolicodromistas hacen esto solo cerca de la meta, y el resto del tiempo casi como si caminaran, manteniendo los brazos en proyección, por lo cual necesitan hombros más vigorosos.
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Ya nadie distingue al hoplita, al atleta de estadio y al de diaulo por los tiempos en los que Leónidas de Rodas venció en esta triple prueba durante cuatro Olimpiadas, pero aun así deben distinguirse quienes compiten en estas pruebas por separado y quienes en todas a la vez. Al hoplita, que lo acompañen costados largos, hombro bien nutrido y rótula roma, para que el escudo sea bien llevado al ser sostenido por estos; los corredores de estadio, lo más ligero de la competición, son excelentes si son proporcionados, pero mejores que estos son los que no son excesivamente largos, sino un poco más largos que los proporcionados, pues la longitud excesiva falla en la estabilidad, al igual que las plantas que han crecido demasiado. Que estén constituidos de forma robusta, pues el principio de correr bien es estar bien plantado. La armonía de ellos es esta: que las piernas sean equilibradas con los hombros, que el tórax sea menor que el proporcionado y de buenas entrañas, rótula ligera, pantorrilla recta, manos por encima de la norma, y que tengan también la musculatura proporcionada, pues los músculos superfluos son ataduras de la velocidad. Los atletas de diaulo deben estar constituidos más vigorosos que los de estadio, pero más ligeros que los hoplitas. Los atletas de las tres carreras deben estar organizados de forma selecta, compuestos de las ventajas que estos tienen por separado. Que nadie crea que esto es imposible, pues corredores así hubo también en nuestros tiempos.
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El boxeador debe ser de brazos largos y antebrazos bien formados, y que no tenga el brazo tenso hacia arriba, y que sea de hombros y cuello robustos y de cuello erguido. Las muñecas de los antebrazos, las gruesas son más pesadas para golpear, mientras que las menos gruesas son flexibles y golpean con facilidad. Que lo sostenga también una cadera robusta, pues la proyección de las manos hace colgar el cuerpo si no se apoya sobre una cadera firme. No considero aptos para ninguna otra prueba a los de pantorrillas gruesas, y menos aún para el boxeo; pues son lentos para acercarse a las pantorrillas de los rivales y vulnerables al que se aproxima. Que tenga, pues, la pantorrilla recta y los muslos separados y distanciados de forma proporcionada, pues la postura del boxeador es más impetuosa si los muslos no se juntan, y el vientre mejor es el retraído, pues tales hombres son ligeros y buenos de aliento. Existe, sin embargo, algún beneficio del vientre para el boxeador, pues tal vientre rechaza los golpes de la cara al interponerse en la trayectoria del que golpea.
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Pasemos a los luchadores. El luchador, según la norma, debe ser más bien largo que proporcionado, pero armonizado como los proporcionados, sin ser de cuello erguido ni con el cuello unido a los hombros, pues esto es ciertamente natural, pero se parece más a alguien castigado que a alguien entrenado, para quien entiende también las estatuas de Heracles, cuanto más dulces y divinas son las que son libres y no de cuello unido. Pero que el cuello esté erguido, como en un caballo hermoso y que se entiende a sí mismo, y que la base del cuello descienda hacia cada clavícula, y que las cabezas de los hombros sean convergentes y erguidas, contribuyendo en tamaño al luchador, en nobleza de aspecto, en fuerza y en luchar mejor; pues tales hombros son buenos guardianes cuando el cuello se dobla y se retuerce por la lucha, apoyando la cabeza desde los brazos. Un brazo bien marcado es una ventaja en la lucha; llamo brazo bien marcado a aquel en el que venas anchas comienzan desde el cuello y la nuca, una a cada lado sobre el hombro, y descienden hacia las manos, destacando en brazos y antebrazos. Aquellos en los que son superficiales y más visibles de lo normal, no obtienen fuerza de ellas y son desagradables a la vista, como las varices, pero en aquellos en los que resultan profundas y ondulantes, calientan la sangre serena de las manos y hacen que el brazo, cuando se adelantan, parezca juvenil, y cuando son jóvenes, hacen que parezca impetuoso y en disposición de lucha. Los pechos mejores son los que sobresalen y están expuestos, pues las entrañas están situadas en ellos como en una casa sólida y bien formada, nobles, fuertes, sanas y valientes en el momento oportuno; y son también elegantes los pechos que están moderadamente expuestos, pero endurecidos con líneas, pues estos son fuertes y resistentes, y aunque inferiores a los que sobresalen para luchar, son más aptos para la lucha que los otros. No considero aptos para desnudarse ni para entrenar a los que tienen pechos pequeños y hundidos, pues resultan de mal estómago, no de buenas entrañas y de aliento estrecho. El vientre debe estar retraído hacia el bajo vientre, pues el vientre no es una carga útil para el luchador, y que no se apoye sobre ingles vacías, sino que haya algo de ellas bien nutrido; pues tales ingles son capaces de sujetar todo lo que la lucha entregue, y al estar sujetas, dolerán más de lo que serán doloridas. Las espaldas son elegantes si son rectas, pero más aptas para el gimnasio las que son ligeramente curvadas, puesto que son más adaptables al armazón de la espalda, que es curvo e inclinado. Que no las juzgue una columna vertebral cóncava, pues esto carecerá de médula y las vértebras se doblarían allí y serían forzadas por las luchas y a deslizarse alguna vez hacia adentro, sino que esto debe ser más bien una suposición que una realidad. El hueso de la cadera, como un eje insertado en los miembros superiores e inferiores, debe ser flexible, bien giratorio y capaz de girar. Esto lo produce su longitud y, por Zeus, una carnosidad superior a la norma. Lo que está bajo la cadera no debe ser ni resbaladizo ni tampoco excesivo, pues lo primero es débil y lo segundo no está entrenado, sino que debe estar expuesto de forma vigorosa y adaptada al luchador. El costado flexible y que levanta el pecho hace a los hombres capaces de luchar y ser luchados. Pues los que son así, al estar debajo de los rivales, son difíciles de vencer y no son fáciles para los que están debajo. Los glúteos estrechos son débiles, los más anchos son lentos, y los bien formados son capaces para todo. El muslo robusto y girado hacia afuera con gracia es fuerte y sostiene bien todo, y más si la pantorrilla no se desvía hacia ningún lado, sino que el muslo se apoya recto sobre la rótula. Las piernas que no son rectas desde los tobillos, sino torcidas y desviadas hacia adentro, hacen tropezar el cuerpo, al igual que las bases de las columnas que no están rectas.
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Tal es el luchador, y tal hombre también practicará el pancracio, el pancracio inferior, y no menos el combate de manos. Más perfectos que los pancraciastas son los que están constituidos más para la lucha que los boxeadores, y más para el boxeo que los luchadores. Nobles entre los atletas son también los grandes en pequeño; consideremos a estos los que son inferiores en tamaño a los cuadrados y proporcionados, pero que tienen el cuerpo articulado de forma grandiosa y más allá de la longitud, y más si no parecen estar endurecidos, sino que muestran algo de carnosidad. La lucha los proclama más, pues son bien giratorios, versátiles, vigorosos, ligeros, rápidos y de igual tensión, y escapan de muchas de las situaciones difíciles y difíciles de luchar apoyándose en la cabeza, como en una base, pero no son buenos líderes en pancracio y boxeo, al estar expuestos al que golpea y levantándose ridículamente de la tierra cuando ellos mismos golpean. Tomemos como ejemplo de los grandes en pequeño las imágenes del luchador Marón, a quien Cilicia dio a luz una vez. Deben evitarse entre estos también los de tórax largo; pues estos también son capaces de escapar de las situaciones difíciles de la lucha, pero son inútiles para luchar hasta el suelo debido a que se sientan sobre las piernas.
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Los de tipo león, los de tipo águila, los de tipo hendido, los de tipo correa y los que llaman osos, son tales tipos de atletas: los de tipo león son de pecho ancho y manos hábiles, pero inferiores por detrás; los de tipo águila son similares en forma a estos, pero vacíos en las ingles, como los águilas cuando se erigen. Ambos demuestran ser audaces, vigorosos y compactos, aunque más desanimados en los errores, y no hay que sorprenderse considerando los caracteres de los leones y las águilas.
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Los de tipo hendido y los de tipo correa son ambos largos, de piernas largas y manos excesivas, pero se diferencian entre sí poco y mucho; pues unos parecen tensos, bien trazados y polifacéticos, de donde, creo, viene su nombre, mientras que los otros son laxos y más relajados, y a la vez flexibles en las rotaciones, al igual que las correas. Hay entre ellos unos más impetuosos en los agarres, y los de tipo correa son más cohesivos y persistentes.
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Los tipos de atletas resistentes son coléricos, musculosos, de vientre cóncavo y aspecto saltarín; pero también se parecen al águila los corredores y los de pecho grande, mientras que al león los flemáticos, pues los coléricos son imperceptibles, como también por la prontitud de la naturaleza y por cambiar de forma maníaca.
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Los que se asemejan a los osos son redondos, flexibles, carnosos, menos articulados y más envolventes que rectos, difíciles de luchar y resbaladizos, pero persistentes al agarrar, y el aliento los desgarrará, al igual que a los osos en las carreras.
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Los ambidextros, a quienes llaman diestros, siendo un hallazgo raro de la naturaleza, son inquebrantables en fuerza, difíciles de guardar e incansables. Pues esto les da la igualdad de manos del propio cuerpo, siendo más fuerte que los pares. Digo de dónde sé esto: Mus, el egipcio, como oía a los mayores, era un joven no grande, pero luchaba más allá de la técnica; a este, al enfermar, se le debilitaron los derechos, pero se le fortalecieron los izquierdos, y al desesperar de competir, tuvo un sueño de confiar en la enfermedad, pues fortalecería más a los mutilados que a los íntegros e invulnerables. Y la visión fue verdadera; pues al entrelazar las situaciones difíciles de la lucha con las partes dañadas, era duro para los rivales y se beneficiaba de la enfermedad al estar fuerte en los miembros estropeados. Esto es maravilloso, pero que se diga no como algo que sucede, sino como algo que sucedió, y que parezca más bien un dios mostrando algo grande a los hombres.
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Sobre las analogías del cuerpo y si es mejor este o aquel, hay en algún lugar discusiones aceptables entre los que no han examinado esto con razón, pero sobre las constituciones, cuantas son, ni se ha discutido aún, ni se podría discutir que la mejor de las constituciones no sea la cálida y húmeda, pues está compuesta, como las costosas estatuas, de materia pura y sin mezcla. Libres de barro, lodo y humores superfluos, en los que flota el flujo de la flema y la bilis, son capaces de trabajar lo que deben trabajar, son buenos comedores y, aunque enferman pocas veces, se recuperan rápidamente de las enfermedades, y son manejables y fáciles de guiar para entrenar de forma variada debido a la buena fortuna de la mejor constitución. Los atletas coléricos son cálidos, pero secos en la constitución e infructuosos para los que entrenan, al igual que las arenas cálidas para los que siembran. Sin embargo, son fuertes por la prontitud de la mente, pues les sobra esto. El equilibrar la condición cálida del cuerpo mediante la frialdad. Estos deben ser entrenados intensamente, siendo vigilados, mientras que los coléricos deben ser entrenados caminando y respirando, pues a unos les hace falta aguijón y a otros riendas. Es necesario reunir a unos con el polvo y a otros con el aceite.
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Que esto se diga por mí sobre la constitución a partir de la gimnasia actual, ya que la antigua ni siquiera conocía la constitución, sino que solo entrenaba la fuerza. Los antiguos se entrenaban unos cargando pesos no fáciles, otros compitiendo en velocidad contra caballos y liebres, otros enderezando y doblando hierro forjado en grueso, otros unidos a bueyes fuertes y carreteros, otros desnudando toros, otros a los mismos leones. Estos fueron los Polimestores, Glaucos, Amisinas y Polidamante de Escotusa. A Tisandro, el boxeador de Naxos, sus manos lo acompañaban nadando alrededor de los cabos de la isla durante gran parte del mar, entrenándose y entrenando. Ríos y fuentes los bañaban y practicaban el dormir en el suelo, unos extendidos sobre pieles, otros recogiendo lechos de los prados. Sus alimentos eran las masas y los panes no digeribles y sin levadura, y de las carnes los alimentaban las de buey, toro, cabra y ciervo, y los acebuches y olivos silvestres los ungían, de donde practicaban sin enfermedades y envejecían tarde, y competían unos ocho Olimpiadas, otros nueve, y eran buenos para ser hoplitas. Luchaban por encima de las murallas, sin caer allí, sino siendo dignos de premios y trofeos, y haciendo ejercicio de las obras de guerra en las de gimnasia, y de las de gimnasia en las de guerra.
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Pero cuando esto cambió y se volvieron sin servicio militar de combatientes, ociosos de activos, y relajados de endurecidos, la glotonería siciliana se impuso, los estadios se debilitaron, y mucho más, desde que la adulación se inscribió en la gimnasia. La medicina aduló primero, presentándose como consejera, arte buena, pero más blanda de lo que conviene a los atletas, enseñando además la ociosidad y estar sentados cargados antes del tiempo de entrenar, como cargas libias o egipcias, trayendo cocineros y chefs que deleitan, por los cuales se vuelven glotones y de vientre cóncavo, agasajando con panes de amapola y no digeribles, llenando de la alimentación más ilegal de peces, y filosofando sobre los peces de los pueblos del mar, como que son gruesos los de lodo, tiernos los de rocas, carnosos los de alta mar, y que las cuevas alimentan a los delgados, y las algas a los descoloridos, y además llevando las carnes de cerdo con teratología; pues ordena considerar malas las piaras de cerdos junto al mar debido al ajo marino, del cual están llenas las orillas y las dunas, y que se guarden también los cercanos a los ríos debido a la alimentación de cangrejos, y que solo se coman por necesidad los de cornejo y bellota.
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El vivir así con lujo es agudo también para el impulso de los placeres, y comenzó para los atletas también la ilegalidad por dinero y el vender y comprar las victorias; pues unos venden su propia gloria, creo, por necesitar mucho, y otros compran el no ganar con esfuerzo por vivir con delicadeza. Y las leyes muestran que el que roba una ofrenda de plata u oro o la corrompe es culpable de sacrilegio, pero la corona de Apolo o Poseidón, por la cual los mismos dioses lucharon mucho, es seguro venderla y seguro comprarla, excepto todo lo que el olivo permanece inviolable para los eleos según la opinión de antiguo, mientras que los otros juegos fueron mutilados; que se diga por mí uno de muchos, en el que está todo: un niño ganaba la lucha en los Ístmicos habiendo acordado tres mil con uno de los rivales por la victoria. Llegando, pues, al día siguiente al gimnasio, uno reclamaba el dinero, y el otro decía no deber, pues había ganado contra su voluntad. Como no lograba nada, lo entregan al juramento y, pasando al templo del Ístmico, juraba públicamente y esto ante los ojos de Grecia el que vendió la victoria, que ciertamente había vendido el juego del dios, pues se le habían acordado tres mil, y juraba esto con voz clara, temiendo que no fuera algo confuso.¿ Qué no sucedería en Jonia, qué no sucedería en Olimpia por tal vergüenza de un juego? Pues cuanto más verdadera, si ni siquiera sin testigos, tanto más impía y más digna de ser contada. No dejo a los entrenadores y atletas por esta corrupción, pues están presentes con dinero para entrenar, y prestando a los atletas a intereses mayores que los que prestan los comerciantes que navegan, no se preocupan nada de la gloria de los atletas, sino que se vuelven consejeros de vender y comprar para ellos, previendo su propia ganancia. Y que esto se diga por mí contra los que trafican, pues trafican, creo, con las virtudes de los atletas, poniendo en juego su propio bien.
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Cometen también aquello: desnudando a un niño atleta lo entrenan como si ya fuera hombre, ordenándole cargar el vientre y caminar entre el entrenar y eructar, por lo cual, como los que educan mal, le quitan al niño el salto juvenil, entrenando la ociosidad, las demoras y el ser perezosos y más cobardes que su propia plenitud. Se debía entrenar la relajación, como la palestra; llamo relajación a la de las piernas, cuanta es de los que ablandan, y la de las manos, cuanta es de los que frotan, y que el niño aplauda, puesto que los ejercicios de estos son más arrogantes. Esta idea entrenaba al fénix Hélice no solo en los niños, sino también llegando a hombres, y se volvió más maravilloso de lo que se dice ante todos los que sé que practican esta facilidad.
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No hay que prestar atención tampoco a las tétradas de los entrenadores, por las cuales ha perecido todo en la gimnasia. Consideremos la tétrada como un ciclo de cuatro días haciendo cada uno algo distinto; pues uno prepara al atleta, otro intensifica, otro relaja y otro es intermedio. El ejercicio que prepara es un movimiento intenso por poco tiempo y rápido, despertando al atleta y poniéndolo agudo para el trabajo venidero, el que intensifica es una prueba implacable de la fuerza depositada en la condición, el día de relajación es un movimiento que recupera la plenitud con razón, y el día intermedio enseña a escapar del rival y, al huir, a no relajarse. Y entrenando armónicamente toda tal idea y haciendo circular estas tétradas así, quitan la ciencia de entender al atleta desnudo, y todo lo que los alimentos relajan, el vino entristece, y daña la condición de los placeres y el soñar, y las ansiedades y los esfuerzos y otras muchas cosas, unas voluntarias y otras involuntarias.¿ Cómo curaremos esto haciendo tétradas y sorteando?
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A los que han comido en exceso los mostrará una ceja pesada, un aliento cóncavo, las copas de las clavículas erguidas y los costados laterales mostrando algo de volumen, a los que han bebido vino los interpretará un vientre excesivo, una sangre más alegre y una humedad, una del costado y otra de la rótula, a los que vienen de los placeres los probará más al entrenar, pues al haber cedido la fuerza, ser estrechos de aliento, cobardes en los impulsos, marchitarse por los esfuerzos y ser fáciles de ser atrapados en tales cosas, al desnudarse una clavícula cóncava lo mostraría, una cadera sin sangre, un costado que se marca y una frialdad de sangre, de los cuales si nos tocáramos, no sería una competición digna de corona. Delgados son en estos los párpados, delgada la palpitación del corazón, delgados los vapores de los sudores, delgados los sueños que dirigen los alimentos, y las miradas de los ojos errantes y las que señalan a los que parecen estar enamorados.
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Los que sueñan son una purificación de la buena condición superficial, pero se ven pálidos, sudorosos, inferiores en fuerza, pero bien nutridos por el dormir, irresponsables en la cadera y duraderos en el aliento, y estando en el lugar de los que se entregan a los placeres no son lo mismo, sino que unos purifican la condición y otros la consumen. Una buena testigo de los esfuerzos es la envoltura exterior del cuerpo, que parece más delgada de lo que es, la vena que se hincha, el brazo abatido y los músculos endurecidos.
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Los que han comido en exceso, tanto si son atletas de los ligeros como de los más pesados, deben ser tratados con los frotamientos hacia abajo, para que se eliminen los superfluos de los más importantes, y los pentatletas deben ser entrenados con alguno de los ligeros, los corredores sin tensar, sino pausados y dando pasos más grandes, y los boxeadores que combatan de manos, ligeros y aireando. La lucha y el pancracio, rectos también estos. Pero es necesario rodar. Que rueden, pero apoyándose más que estando debajo y sin dar vueltas en ningún caso, para que no mutilen el cuerpo con alguna herida incurable. Que el entrenador trate a los ligeros y a los pesados de igual manera con los frotamientos de aceite moderado, sobre todo de las partes inferiores, y que limpie esto.
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El vino que ha sobrado en los cuerpos de los atletas, de modo que todo esté lleno de mucho sudor, debe ser llamado mediante ejercicios moderados. Pues no hay que sobreentrenar a tales hombres, ni relajarlos, pues es mejor drenar el líquido corrompido, para que la sangre no sea dañada por él. Que el entrenador limpie y use el estrigilo usando el barro proporcionado, para que no se obstruyan las salidas del sudor.
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Es mejor no entrenar a los que vienen de los placeres, pues los que han cambiado el placer vergonzoso de las coronas y los heraldos,¿ dónde están los hombres? Pero si acaso se entrenaran, que se entrenen para amonestación, siendo probados en la fuerza y el aliento, pues esto es lo que más cortan los placeres. La condición de los que sueñan, placeres también estos, pero involuntarios, como dije. Deben ser entrenados con cuidado y la fuerza debe ser nutrida más, puesto que falta claramente, y deben ser secados los sudores, puesto que son superfluos para estos. Que los ejercicios sean más suaves, pero avanzados en longitud, para que entrenen el aliento. Necesitan aceite proporcionado y espesado con polvo, pues este es el remedio y sujeta el cuerpo y lo relaja moderadamente.
53
Los atletas que sufren ansiedad deben ser tratados también en sus mentes con palabras que los animen y los establezcan, y que se entrenen en el lugar de los que no duermen y no comen bien. Es bueno para estos el ejercicio armónico, pues las mentes temerosas son más dispuestas a aprender lo que conviene guardar. Los esfuerzos, unos automáticos son principios de enfermedades y basta con relajar a los que han trabajado en el barro y la palestra moderadamente y como dije, y a los que han trabajado en el polvo, entrenarlos al día siguiente en el barro con una pequeña tensión, pues la relajación repentina después del polvo es un mal médico de los esfuerzos, pues no cura la fuerza sino que la hace colgar. La gimnasia más sabia e intensificadora del atleta sería tal.
54
Una prueba de las tétradas, que he rechazado, es el error en el luchador Gerenio, cuyo monumento está en Atenas a la derecha del camino hacia Eleusis. Este resultó haber vencido en Olimpia, y al tercer día después de aquel, bebiendo su propia victoria y agasajando a algunos de sus conocidos, usando una glotonería inusual, fue llevado por el sueño. Llegando, pues, al día siguiente al gimnasio, confesaba al entrenador estar crudo y sentirse mal de alguna manera, y él se enfurecía y escuchaba con ira y era duro como si se relajara y rompiera las tétradas, hasta que mató al atleta en el mismo entrenar por ignorancia, no entendiendo lo que había dicho que debía saber y callando. Siendo tales las tétradas y siendo así no entrenadas por un entrenador sin educación, ocurren males no moderados; pues fallar los estadios un atleta así,¿ cómo no es grave?¿ Qué harán los que abrazan las tétradas al llegar a Olimpia? Entre quienes hay polvo, como he dicho, ejercicios ordenados, y el helanódica entrena no por la proclamación, sino todo improvisado según el momento, con el látigo amenazando también al entrenador, si hiciera algo contra lo que ordenan. Ordenan cosas implacables, como que a los que rechazan esto les es fácil ser excluidos de los Olímpicos. Sobre las tétradas, pues, tanto. Siguiendo esto, mostraremos sabiduría gimnástica y fortaleceremos a los atletas y los estadios rejuvenecerán por el buen entrenar.
55
El haltera es un hallazgo de los pentatletas, y ha sido hallado para el salto, de donde también ha sido nombrado, pues las leyes, considerando el salto más difícil de los de la competición, levantan al que salta con la flauta y lo aligeran con el haltera, pues es un guía seguro de las manos y lleva el paso firme y bien marcado hacia la tierra. Cuánto vale esto lo muestran las leyes: pues no permiten medir el salto si no está bien respecto a la huella. Entrenan los largos de los halteras los hombros y las manos, y los esféricos los dedos. Deben ser tomados tanto por los ligeros como por los pesados para todos los ejercicios, excepto el que relaja.
56
El polvo, el fangoso es capaz de limpiar y dar proporción a los superfluos, el de tipo concha es apto para abrir y llevar al sudor lo que está cerrado, el de tipo asfalto para calentar lo que se ha enfriado, y el polvo negro y el rubio son ambos terrosos y buenos para ablandar y nutrir, y el polvo rubio hace también brillantes y más agradables de ver, como es en un cuerpo noble y entrenado. Se debe esparcir el polvo con la muñeca húmeda y los dedos separados, rociando más que espolvoreando, para que la pelusa caiga sobre el atleta.
57
Que el corico sea colgado también para los boxeadores, pero mucho más para los que van al pancracio. Que sea ligero el del boxeo, puesto que solo se entrenan las manos de los boxeadores con el corico, pero el de los pancraciastas más pesado y mayor, para que entrenen la base resistiendo a la carga del corico, y entrenen hombros y dedos golpeando a algún rival. Que la cabeza golpee y que el atleta se someta a todas las formas rectas del pancracio.
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Se exponen al sol unos haciéndolo ignorantemente en todo el sol y todos, otros con ciencia y razón no siempre y cuantos es mejor; pues los soles del norte y los sin viento son puros y bien soleados, al expulsar el blanco del éter, mientras que los del sur y los nublados son húmedos y queman en exceso, como para ablandar más a los que entrenan que para calentarlos. He dicho los días bien soleados, pero deben ser más soleados los flemáticos, para que se sequen de lo superfluo, y hay que alejar a los coléricos de esto, para que no se vierta fuego sobre fuego. Y que se soleen los que avanzan estando ociosos y expuestos al sol de la misma manera que los que se asan, y los vigorosos activos y entrenando todo, como creen los eleos. El ser calentado y ungido en seco, puesto que se aferra a la gimnasia más rústica, dejémoslo a los lacedemonios, cuyos ejercicios no se parecen ni al pancracio ni al boxeo. Dicen los mismos lacedemonios que no entrenan esta idea ni siquiera por competición, sino por resistencia solamente, lo cual es de los que son azotados, puesto que es ley para ellos ser desollados sobre el altar.