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Charmid
Plato (plato)Charmid 153 · spanish-geminiMore by Plato (plato)
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Original / primary: Spanish Gemini
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Llegamos la víspera por la tarde desde Potidea, del campamento, y como hacía tiempo que no venía, fui con gusto a mis lugares habituales de reunión. Entré, pues, en la palestra de Taureas, que está frente al templo de Basile, y allí encontré a muchos, algunos desconocidos para mí, pero la mayoría conocidos. En cuanto me vieron entrar de improviso, me saludaron inmediatamente desde todas partes. Querefonte, que es un hombre impulsivo, saltó de en medio, corrió hacia mí, me tomó de la mano y dijo:« Sócrates,¿ cómo te has salvado de la batalla?». Poco antes de que partiéramos, había ocurrido una batalla en Potidea, de la cual los que estaban aquí acababan de enterarse. Yo le respondí:« Como ves».« Pues se ha anunciado aquí», dijo,« que la batalla fue muy intensa y que en ella murieron muchos conocidos».« Y es cierto», dije,« lo que se ha anunciado».«¿ Estuviste en la batalla?», preguntó.« Estuve».« Ven aquí entonces», dijo,« y cuéntanoslo, pues aún no lo sabemos todo con claridad». Y al mismo tiempo me lleva y me sienta junto a Critias, hijo de Calaescro. Al sentarme, saludé a Critias y a los demás, y les contaba lo del campamento, pues me preguntaban; cada uno preguntaba una cosa distinta. Cuando ya estábamos hartos de tales temas, yo les preguntaba a ellos sobre lo de aquí, sobre cómo estaba la filosofía en ese momento y sobre los jóvenes, si había entre ellos algunos que destacaran por su sabiduría, por su belleza o por ambas cosas.
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Critias, mirando hacia la puerta, al ver a unos jóvenes que entraban discutiendo entre sí y a otra multitud que los seguía, dijo:« Sobre los bellos, Sócrates, me parece que te vas a enterar enseguida; pues estos que entran resultan ser los precursores y amantes del que parece ser el más bello en este momento, y me parece que él mismo está ya cerca, acercándose».«¿ Y quién es?», dije.« Seguro que lo conoces», dijo,« pero no tenía la edad suficiente antes de que te fueras: es Cármides, hijo de Glaucón, nuestro tío, y primo mío».« Lo conozco, por Zeus», dije,« pues no era un cualquiera ni siquiera entonces, cuando aún era un niño, y ahora supongo que ya será un joven muy apuesto».« Enseguida», dijo,« sabrás qué edad tiene y cómo ha llegado a ser». Y mientras decía esto, entra Cármides. Para mí, amigo mío, no hay medida posible; pues soy una vara de medir blanca ante los bellos— ya que casi todos los de esa edad me parecen bellos—, pero, en aquel momento, él me pareció admirable tanto por su estatura como por su belleza, y todos los demás me parecieron estar enamorados de él— tan atónitos y alborotados estaban cuando entraba—, y muchos otros amantes lo seguían detrás. Lo nuestro, lo de los hombres, era menos sorprendente; pero yo también me fijé en los niños, pues ninguno de ellos miraba a otra parte, ni siquiera el más pequeño, sino que todos lo contemplaban como a una estatua. Querefonte me llamó y dijo:«¿ Qué te parece el joven, Sócrates?¿ No es hermoso de rostro?».« Extraordinariamente», dije.« Sin embargo», dijo,« si quisiera desnudarse, te parecerá que no tiene rostro; tan bello es su aspecto». Los demás estuvieron de acuerdo con Querefonte; y yo dije:«¡ Por Heracles!, qué invencible decís que es el joven, si además le falta solo una pequeña cosa».«¿ Qué?», dijo Critias.« Si resulta que tiene una buena naturaleza en su alma», dije.« Y es natural, Critias, que sea así, siendo de vuestra familia».« Pero», dijo,« es muy bello y bueno también en eso».«¿ Por qué entonces», dije,« no le quitamos esa ropa y lo contemplamos antes que su aspecto? Pues, a su edad, seguro que ya quiere conversar».
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« Y tanto», dijo Critias,« puesto que es filósofo y, como les parece a otros y a él mismo, muy poeta».« Eso, querido Critias», dije,« es un bien que os viene de lejos, por el parentesco con Solón. Pero,¿ por qué no me has presentado al joven llamándolo aquí? Pues no sería vergonzoso para él conversar con nosotros delante de ti, que eres a la vez su tutor y su primo».« Dices bien», dijo,« y lo llamaremos». Y al mismo tiempo, dirigiéndose al criado, dijo:« Muchacho, llama a Cármides, diciéndole que quiero presentárselo a un médico para la dolencia de la que me hablaba hace poco». Critias me dijo entonces:« Hace poco decía que le pesaba la cabeza al levantarse por la mañana; pero,¿ qué te impide fingir ante él que sabes algún remedio para la cabeza?».« Nada», dije;« que venga».« Vendrá», dijo. Y así sucedió. Pues vino, y causó un gran revuelo; cada uno de nosotros, los que estábamos sentados, empujaba con entusiasmo al vecino para que se sentara a su lado, hasta que levantamos a los que estaban en el extremo y tiramos al suelo al que estaba de lado. Él vino y se sentó entre Critias y yo. Entonces, amigo mío, ya me sentía perdido, y mi audacia anterior, la que tenía de que conversaría con él muy fácilmente, se me había esfumado; y cuando, tras decir Critias que yo era el que sabía el remedio, me miró con unos ojos de una forma indescriptible y se dispuso a preguntarme, y todos los que estaban en la palestra nos rodearon por completo, entonces, noble amigo, vi lo que había dentro de su manto, me encendí y ya no fui dueño de mí mismo, y pensé que Cüdias era el más sabio en asuntos amorosos, quien, hablando de un joven bello, aconsejaba a otro que se guardara de no elegir, al acercarse un cervatillo a un león, una parte de la carne; pues yo mismo me sentía presa de tal criatura. Sin embargo, cuando me preguntó si sabía el remedio para la cabeza, apenas pude responder que sí.«¿ Qué es, entonces?», dijo. Y yo dije que era una hoja, pero que había un encantamiento que acompañaba al remedio, el cual, si uno lo recitaba al mismo tiempo que lo usaba, el remedio curaba por completo; pero que sin el encantamiento, la hoja no servía de nada.
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Y él dijo:« Anotaré entonces el encantamiento de ti».«¿ Si me convences», dije,« o incluso si no?». Riendo, dijo:« Si te convenzo, Sócrates».« Está bien», dije;«¿ y conoces bien mi nombre?».« Si no me equivoco», dijo;« pues no es poca tu fama entre los de nuestra edad, y yo mismo recuerdo que, cuando era niño, estabas con este Critias».« Haces bien», dije;« pues así te hablaré con más franqueza sobre cómo es el encantamiento; hace un momento estaba perdido sobre cómo mostrarte su poder. Pues es, Cármides, de tal naturaleza que no puede curar solo la cabeza, sino que, como quizás ya hayas oído a los buenos médicos, cuando alguien se les acerca con dolor de ojos, dicen que no es posible intentar curar solo los ojos, sino que es necesario curar también la cabeza, si se quiere que los ojos estén bien; y, a su vez, pensar que se podría curar la cabeza por sí sola sin todo el cuerpo es una gran insensatez. A partir de este razonamiento, se dirigen a todo el cuerpo con dietas e intentan curar y sanar la parte junto con el todo;¿ o no te has dado cuenta de que dicen esto y que es así?».« Ciertamente», dijo.«¿ No te parece entonces que se dice bien y aceptas el razonamiento?».« Totalmente», dijo. Al oír que lo aprobaba, cobré ánimo, mi audacia volvió a surgir poco a poco y me reavivé. Y dije:« Tal es, Cármides, el caso de este encantamiento. Lo aprendí allí, en el ejército, de uno de los médicos tracios de Zalmoxis, de quienes se dice que también hacen inmortales. Este tracio decía que los médicos griegos, de los que yo hablaba hace un momento, decían bien; pero Zalmoxis, decía, nuestro rey, siendo un dios, dice que, así como no se debe intentar curar los ojos sin la cabeza ni la cabeza sin el cuerpo, tampoco el cuerpo sin el alma, y que esta es la causa de que a los médicos griegos se les escapen la mayoría de las enfermedades, porque descuidan el todo, del cual debería ocuparse el cuidado, y si este no está bien, es imposible que la parte esté bien».
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« Pues decía que todo parte del alma, tanto los males como los bienes para el cuerpo y para todo el hombre, y que desde allí fluyen como de la cabeza a los ojos; por tanto, hay que cuidar eso primero y sobre todo, si se quiere que tanto la cabeza como el resto del cuerpo estén bien. Y decía, bienaventurado, que el alma se cura con ciertos encantamientos, y que estos encantamientos son los discursos bellos; de tales discursos nace en las almas la templanza, y una vez nacida y presente, es fácil proporcionar salud tanto a la cabeza como al resto del cuerpo. Al enseñarme el remedio y los encantamientos, me dijo:“ Que nadie te convenza de curar su cabeza con este remedio, a menos que primero te entregue su alma para ser curada por ti con el encantamiento”. Pues incluso ahora, decía, este es el error entre los hombres: que algunos intentan ser médicos de cada cosa por separado, de la templanza y de la salud; y me encargaba encarecidamente que no hubiera nadie, por rico, noble o bello que fuera, que me convenciera de hacer otra cosa. Yo, pues— ya que le he jurado y tengo que obedecer—, obedeceré, y a ti, si quieres entregar primero tu alma para ser encantada con los encantamientos del tracio, según las instrucciones del extranjero, te aplicaré el remedio a la cabeza; si no, no sabría qué hacer contigo, querido Cármides». Al oírme decir esto, Critias dijo:«¡ Un hallazgo, Sócrates, sería la dolencia de la cabeza para el joven, si se ve obligado a mejorar también su mente por causa de la cabeza! Sin embargo, te digo que Cármides no solo parece destacar entre sus coetáneos por su aspecto, sino también en esto mismo, de lo que dices que tienes el encantamiento; dices que es la templanza,¿ no es así?».« Ciertamente», dije.« Sabe bien, pues», dijo,« que parece ser, con mucho, el más templado de los de ahora, y en todo lo demás, para la edad que tiene, no es inferior a nadie».« Y es justo», dije,« Cármides, que destaques sobre los demás en todas estas cosas; pues no creo que nadie más de los que están aquí podría mostrar fácilmente qué dos familias, al unirse en Atenas, podrían engendrar, según lo probable, hijos más bellos y mejores que aquellos de los que tú has nacido».
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« Pues la familia paterna, la de Critias, hijo de Dropides, nos ha sido transmitida como elogiada tanto por Anacreonte como por Solón y por otros muchos poetas, como destacada en belleza, virtud y la otra felicidad de la que se habla, y la materna, igualmente; pues de Pirilampes, tu tío, se dice que no hubo hombre más bello ni más grande en el continente, cada vez que iba como embajador ante el gran rey o ante cualquier otro de los del continente, y toda esta familia no es en nada inferior a la otra. Habiendo nacido de tales personas, es natural que seas el primero en todo. En cuanto a lo que se ve de tu aspecto, querido hijo de Glaucón, me parece que no has sido superado por nadie de los anteriores en nada; pero si además has nacido con suficiente capacidad para la templanza y para lo demás, según el discurso de este, te engendró una madre bienaventurada, querido Cármides. Pero es así: si ya posees, como dice este Critias, la templanza y eres suficientemente templado, ya no necesitarías ni los encantamientos de Zalmoxis ni los de Abaris el hiperbóreo, sino que ya habría que darte el remedio para la cabeza; pero si te parece que aún careces de esto, hay que encantar antes de la administración del remedio. Dime tú mismo si estás de acuerdo con este y dices que ya participas suficientemente de la templanza o si careces de ella». Cármides, al sonrojarse, primero pareció aún más bello— pues su pudor era propio de su edad—, luego respondió con nobleza; pues dijo que no era fácil en el presente ni estar de acuerdo ni negar lo que se preguntaba.« Pues si digo», dijo,« que no soy templado, es absurdo decir tales cosas de mí mismo, y a la vez demostraré que este Critias y otros muchos, para quienes parezco ser templado, son mentirosos, según su discurso; pero si digo que lo soy y me alabo a mí mismo, quizás parezca odioso. Así que no sé qué responderte». Yo dije que me parecía que hablaba con sensatez, Cármides.« Y me parece», dije,« que deberíamos examinar juntos si posees o no lo que pregunto, para que ni tú te veas obligado a decir lo que no quieres, ni yo me dedique a la medicina sin reflexionar. Si te parece bien, quiero examinarlo contigo; si no, lo dejamos».« Pero me parece bien sobre todas las cosas», dijo;« así que, por esto, examínalo por donde tú mismo creas que es mejor examinarlo».« Por aquí, pues», dije,« me parece que es el mejor examen sobre ello».
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« Pues es evidente que si posees la templanza, tienes alguna opinión sobre ella. Pues es necesario que, si está presente, proporcione alguna sensación, de la cual podrías tener una opinión sobre qué es y qué clase de cosa es la templanza;¿ o no lo crees?».« Yo creo que sí», dijo.«¿ No podrías entonces», dije,« esto que crees, puesto que sabes hablar griego, decir qué te parece que es?».« Quizás», dijo.« Para que conjeturemos entonces si la posees o no, dime», dije,« qué dices que es la templanza según tu opinión». Él, al principio, dudaba y no quería responder; luego, sin embargo, dijo que le parecía que la templanza es hacer todas las cosas con orden y con calma, tanto caminar por las calles como conversar, y hacer todo lo demás de la misma manera.« Y me parece», dijo,« que en resumen es una especie de tranquilidad lo que preguntas».«¿ Dices bien, entonces?», dije.« Dicen, Cármides, que los tranquilos son templados; veamos si dicen algo. Pues dime,¿ no es la templanza una de las cosas bellas?».« Ciertamente», dijo.«¿ Es entonces más bello en la escuela escribir las mismas letras rápido o con calma?».« Rápido».«¿ Y leer?¿ Rápido o despacio?».« Rápido».«¿ Y tocar la cítara rápido y luchar con rapidez es mucho más bello que con calma y despacio?».« Sí».«¿ Y qué hay de boxear y practicar el pancracio?¿ No es igual?».« Ciertamente».«¿ Y correr y saltar y todas las obras del cuerpo, no son las que se hacen con rapidez y prontitud las que pertenecen a lo bello, y las lentas, con dificultad y con calma, las que pertenecen a lo vergonzoso?».« Parece que sí».« Parece entonces», dije,« que en cuanto al cuerpo, no es lo tranquilo, sino lo más rápido y veloz lo que es más bello.¿ No es así?».« Ciertamente».«¿ Y la templanza era algo bello?».« Sí».« No sería entonces, en cuanto al cuerpo, la tranquilidad más templada que la rapidez, puesto que la templanza es algo bello».« Lo parece», dijo.«¿ Qué más?», dije,«¿ es mejor aprender rápido o aprender despacio?».« Aprender rápido».«¿ Y enseñar a otro no es más rápido y más bello y con más fuerza que con calma y despacio?».« Sí».«¿ Y qué hay de recordar y tener memoria?¿ Es más bello con calma y despacio que con fuerza y rapidez?».« Con fuerza», dijo,« y rapidez».
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«¿ Y la agudeza no es una rapidez del alma y no una tranquilidad?».« Es verdad».«¿ Y comprender lo que se dice, tanto en la escuela como con el citarista y en todas partes, no es más bello no de la manera más tranquila, sino de la más rápida?».« Sí».« Pero, en las búsquedas del alma y en el deliberar, no es el más tranquilo, como yo creo, el que delibera y encuentra con dificultad el que parece digno de elogio, sino el que hace esto con la mayor facilidad y rapidez».« Es así», dijo.«¿ No es entonces todo», dije,« Cármides, tanto lo que se refiere al alma como lo que se refiere al cuerpo, lo que parece más bello por la rapidez y la agudeza que lo que se refiere a la lentitud y la tranquilidad?».« Eso parece», dijo.« No sería entonces la templanza una especie de tranquilidad, ni la vida templada una vida tranquila, según este razonamiento, puesto que, siendo templado, debe ser algo bello. Pues hay dos posibilidades: o en ninguna parte nos han parecido las acciones tranquilas más bellas que las rápidas y fuertes, o en muy pocos casos. Y si, amigo, las acciones tranquilas resultaran ser, en la mayor medida posible, no menos bellas que las acciones fuertes y rápidas, tampoco por eso la templanza sería más el hacer las cosas con calma que el hacerlas con fuerza y rapidez, ni al caminar ni al hablar ni en ninguna otra parte, ni la vida tranquila sería más templada que la no tranquila, puesto que en el razonamiento se nos propuso la templanza como algo bello, y lo bello ha resultado no ser menos rápido que tranquilo».« Me parece, Sócrates», dijo,« que has hablado correctamente».« De nuevo, pues», dije,« Cármides, prestando más atención y mirando dentro de ti mismo, habiendo reflexionado sobre qué clase de persona te hace la templanza al estar presente y qué clase de cosa sería la que produjera tal efecto, habiendo reflexionado sobre todo esto, dime bien y con valentía qué te parece que es». Él, tras una pausa y habiendo reflexionado con mucha valentía para sí mismo, dijo:« Me parece entonces que la templanza hace que el hombre se avergüence y sea pudoroso, y que la templanza es lo mismo que el pudor».« Está bien», dije,«¿ no admitías hace poco que la templanza es algo bello?».« Ciertamente», dijo.«¿ Y no son los templados hombres buenos?».« Sí».«¿ Podría ser entonces algo bueno lo que no hace a los hombres buenos?».« De ninguna manera».« No solo es bella, pues, sino también buena».
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« A mí me lo parece».«¿ Qué entonces?», dije;«¿ no crees que Homero habla bien cuando dice que el pudor no es bueno para un hombre necesitado?».« Yo sí», dijo.« Es entonces, al parecer, el pudor algo que no es bueno y bueno a la vez».« Parece que sí».« Pero la templanza es algo bueno, si es que hace buenos a aquellos en quienes está, y no malos. Pero, en efecto, me parece que es así como tú dices».« No sería entonces la templanza el pudor, si es que resulta ser algo bueno, mientras que el pudor no es más bueno que malo».« Pero a mí me parece», dijo,« Sócrates, que esto se dice correctamente; pero examina esto, qué te parece que es sobre la templanza. Pues hace poco recordé— lo que ya oí decir a alguien— que la templanza sería hacer lo propio. Examina, pues, si te parece que el que lo dice habla correctamente». Y yo dije:«¡ Oh, malvado!,¿ lo has oído de este Critias o de algún otro de los sabios?».« Parece», dijo Critias,« que de otro; pues no de mí».« Pero,¿ qué importa», dijo,« Cármides, Sócrates, de quién lo oí?».« Nada», dije;« pues de todos modos no hay que examinar quién lo dijo, sino si se dice la verdad o no».« Ahora hablas correctamente», dijo.« Por Zeus», dije.« Pero si encontraremos cómo es, me sorprendería; pues parece un enigma».«¿ Por qué, pues?», dijo.« Porque no creo», dije,« que en el sentido en que pronunció las palabras pensaba que la templanza es hacer lo propio.¿ O acaso crees que el maestro de escuela no hace nada cuando escribe o lee?».« Yo creo que sí», dijo.«¿ Te parece entonces que el maestro de escuela escribe y lee solo su propio nombre o enseña a vosotros los niños, o acaso no escribíais igual los nombres de los enemigos que los vuestros y los de los amigos?».« Igual».«¿ Hacíais entonces cosas ajenas y no erais templados al hacer esto?».« De ninguna manera».« Y, sin embargo, no hacíais las vuestras, si es que escribir es hacer algo y leer también. Pero, en efecto, lo es. Pues también curar, amigo, y construir y tejer y realizar cualquier obra de arte mediante el arte es, sin duda, hacer algo».« Ciertamente».
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«¿ Qué entonces?», dije,«¿ te parecería que una ciudad estaría bien gobernada por esta ley que ordena que cada uno teja y lave su propia ropa, y que cada uno corte sus zapatos, y su frasco de aceite y su rascador y todas las demás cosas según el mismo razonamiento, no tocar lo ajeno, sino que cada uno trabaje y haga lo suyo?».« No me lo parece», dijo.« Pero, sin embargo», dije,« una ciudad que vive con templanza estaría bien gobernada».«¿ Cómo no?», dijo.« No sería entonces el hacer las cosas de tal manera y así lo propio la templanza».« No lo parece».« Enigmáticamente hablaba, pues, al parecer, lo que yo decía hace poco, el que decía que la templanza es hacer lo propio; pues no creo que fuera tan simple.¿ Oíste a algún necio decir esto, Cármides?».« En absoluto», dijo,« puesto que me parecía muy sabio».« Más que nada, pues, según me parece, propuso un enigma, como si fuera difícil saber qué es hacer lo propio».« Quizás», dijo.«¿ Qué podría ser entonces hacer lo propio?¿ Puedes decirlo?».« No lo sé, por Zeus», dijo;« pero quizás nada impide que ni el que lo dice sepa lo que pensaba». Y al decir esto, se reía un poco y miraba a Critias. Y Critias estaba claro que desde hacía tiempo estaba angustiado y se sentía ambicioso ante Cármides y ante los presentes, y apenas conteniéndose antes, entonces no pudo más; pues me parece que es más cierto que nada lo que supuse, que Cármides había oído a Critias esta respuesta sobre la templanza. Cármides, pues, queriendo no dar él mismo razón, sino que fuera aquel quien la diera de la respuesta, lo incitaba y mostraba que había sido refutado; pero él no lo soportó, sino que me pareció que se enfadó con él como un poeta con un actor que interpreta mal sus poemas. Así que, mirándolo, dijo:«¿ Crees, Cármides, que si tú no sabes lo que pensaba el que dijo que la templanza es hacer lo propio, tampoco él lo sabe?».« Pero, excelente Critias», dije,« no es nada sorprendente que este lo ignore, siendo tan joven; pero tú, supongo, es natural que lo sepas, tanto por tu edad como por tu dedicación. Si estás de acuerdo en que esto es la templanza, lo que este dice, y aceptas el razonamiento, yo examinaría mucho más gustosamente contigo si lo dicho es verdad o no».« Pero estoy totalmente de acuerdo», dijo,« y lo acepto».« Haces bien», dije.« Y dime,¿ estás de acuerdo también en lo que preguntaba hace poco, que todos los artesanos hacen algo?».« Yo sí».
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«¿ Te parece entonces que hacen solo lo suyo o también lo de los demás?».« También lo de los demás».«¿ Son templados entonces al no hacer solo lo suyo?».«¿ Qué lo impide?», dijo.« Nada a mí», dije;« pero mira que no lo impida aquel que, habiendo propuesto que la templanza es hacer lo propio, luego dice que nada impide que también los que hacen lo de los demás sean templados. Pues yo, supongo», dijo,« he admitido esto, que los que hacen lo de los demás son templados, si admití que los que hacen son templados».« Dime», dije,«¿ no llamas igual al hacer y al actuar?».« No, en efecto», dijo;« ni tampoco al trabajar y al hacer. Pues aprendí de Hesíodo, quien decía que el trabajo no es ninguna vergüenza.¿ Crees entonces que él, si llamaba a tales trabajos trabajar y actuar, como decías hace poco, diría que no es vergüenza para nadie el que corta zapatos o vende salazones o está sentado en un burdel?».« No hay que creerlo, Sócrates, sino que también él, creo, consideraba la creación como algo distinto de la acción y del trabajo, y que la creación llega a ser una vergüenza a veces, cuando no se hace junto con lo bello, pero que el trabajo nunca es una vergüenza; pues llamaba trabajos a las cosas que se hacen bien y útilmente, y tales creaciones, trabajos y acciones. Y hay que decir que él consideraba como propios solo tales cosas, y todas las perjudiciales como ajenas; de modo que también hay que creer que Hesíodo y cualquier otro que sea sensato llama templado al que hace lo propio».« Critias», dije,« y apenas empezabas ya casi comprendía el razonamiento, que llamabas propias y tuyas a las cosas buenas, y acciones a las creaciones de los bienes; pues he oído miles de cosas a Pródico distinguiendo sobre los nombres. Pero te permito que pongas los nombres como quieras; solo aclara a qué te refieres cuando usas el nombre, qué es lo que dices. Ahora, pues, define de nuevo desde el principio más claramente:¿ dices que la acción o creación de los bienes, o como quieras llamarlo, es la templanza?».« Yo sí», dijo.«¿ No es templado entonces el que hace los males, sino el que hace los bienes?».«¿ Y a ti, excelente amigo», dijo,« no te parece así?».« Déjalo», dije;« pues no examinemos todavía lo que me parece a mí, sino lo que tú dices ahora. Pero, en efecto, yo», dijo,« no digo que sea templado el que hace no bienes sino males, sino que el que hace bienes y no males es templado; pues defino claramente para ti que la acción de los bienes es la templanza».
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Y nada te impide, tal vez, decir la verdad; sin embargo, me asombra, dije, que creas que los hombres sensatos ignoran que son sensatos. Pero no lo creo, dijo.¿ No se decía hace poco por ti que nada impide a los artesanos, incluso haciendo las cosas de otros, ser sensatos? Se decía, en efecto, dijo; pero¿ qué con eso? Nada; pero dime si te parece que un médico, al hacer a alguien sano, hace cosas útiles tanto para sí mismo como para aquel a quien cura. A mí, ciertamente.¿ No hace, pues, lo debido quien hace esto? Sí.¿ El que hace lo debido no es sensato? Es sensato, ciertamente.¿ Es necesario, pues, que el médico también sepa cuándo cura de manera útil y cuándo no?¿ Y cada uno de los artesanos, cuándo va a obtener provecho de la obra que realiza y cuándo no? Tal vez no. A veces, pues, dije, al actuar de manera útil o perjudicial, el médico no sabe cómo actuó; y, sin embargo, al actuar de manera útil, según tu razonamiento, actuó con sensatez.¿ O no decías eso? Yo, ciertamente.¿ No es, pues, como parece, que a veces al actuar de manera útil actúa con sensatez y es sensato, pero se ignora a sí mismo que es sensato? Pero esto, dijo, Sócrates, no podría suceder nunca; más bien, si crees que de lo que he admitido anteriormente es necesario que esto se derive, yo preferiría retractarme de aquello y no me avergonzaría de no haber dicho correctamente lo que dije, antes que admitir jamás que un hombre, ignorándose a sí mismo, sea sensato. Pues yo afirmo que casi esto mismo es la sensatez, el conocerse a sí mismo, y coincido con quien dedicó tal inscripción en Delfos. Pues me parece que esa inscripción está dedicada así, como un saludo del dios a los que entran en lugar del« salve», como si este saludo, el« salve», no fuera correcto y no debiera exhortarse a esto unos a otros, sino a ser sensatos. Así, pues, el dios saluda a los que entran en el templo de manera diferente a como lo hacen los hombres, tal como pensaba quien lo dedicó, según me parece; y le dice al que entra en cada momento nada más que:« Sé sensato», dice.
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Pero lo dice de manera más enigmática, como un adivino; pues el« Conócete a ti mismo» y el« Sé sensato» son lo mismo, como dicen las inscripciones y yo, aunque tal vez alguien podría pensar que son cosas distintas, que es lo que me parece que les ocurrió también a quienes dedicaron las inscripciones posteriores, el« Nada en exceso» y el« La garantía trae consigo la ruina». Pues también estos pensaron que el« Conócete a ti mismo» era un consejo, y no un saludo del dios a los que entran; luego, para que ellos también dedicaran consejos útiles no menos, escribieron esto y lo dedicaron. Por lo cual, pues, digo todo esto, Sócrates, es esto: te libero de todo lo anterior— pues tal vez tú decías algo más correcto sobre ello, tal vez yo, pero no había nada claro en lo que decíamos—, pero ahora quiero darte razón de esto, si no admites que la sensatez es conocerse a sí mismo. Pero, dije, Critias, tú te diriges a mí como si yo afirmara saber sobre lo que pregunto, y como si, si quisiera, fuera a estar de acuerdo contigo; pero no es así, sino que investigo contigo siempre lo que se propone debido a que yo mismo no lo sé. Por tanto, tras haberlo examinado, quiero decir si estoy de acuerdo o no. Pero espera hasta que lo examine. Examina, pues, dijo. Pues, dije, estoy examinando. Pues si la sensatez es conocer algo, es evidente que sería una ciencia y de algo;¿ o no? Lo es, dijo, de sí misma, ciertamente.¿ No es también la medicina, dije, ciencia de lo saludable? Ciertamente. Si, pues, me preguntaras, dije:« La medicina, siendo ciencia de lo saludable,¿ qué nos es útil y qué produce?», diría que no una pequeña utilidad; pues nos produce la salud, una obra hermosa, si aceptas esto. Lo acepto. Y si, pues, me preguntaras por la arquitectura, siendo ciencia de construir, qué obra digo que produce, diría que viviendas; y de igual modo también de las otras artes. Es necesario, pues, que también tú, sobre la sensatez, puesto que afirmas que es ciencia de sí misma, seas capaz de decir al ser preguntado, Critias:« Sensatez, siendo ciencia de sí misma,¿ qué obra hermosa nos produce y digna del nombre?». Vamos, pues, dilo. Pero, Sócrates, dijo, no buscas correctamente. Pues esta no ha nacido igual que las otras ciencias, ni tampoco las otras entre sí; y tú haces la investigación como si fueran iguales.
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Pues dime, dijo, de la aritmética o de la geometría,¿ qué obra hay tal como una casa de la arquitectura o un vestido de la tejeduría u otras obras tales, que uno podría mostrar muchas de muchas artes?¿ Tienes, pues, tú también alguna obra tal de estas que mostrarme? Pero no la tendrás. Y yo dije que dices la verdad; pero esto sí puedo mostrarte, de qué es ciencia cada una de estas ciencias, lo cual resulta ser algo distinto de la ciencia misma. Por ejemplo, la aritmética es, supongo, de lo par y de lo impar, de cómo es la cantidad respecto a sí misma y respecto a otras;¿ no es así? Ciertamente, dijo.¿ No es, pues, lo impar y lo par algo distinto de la aritmética misma?¿ Cómo no? Y, además, la estática es ciencia del peso más pesado y más ligero; pero el peso pesado y ligero es algo distinto de la estática misma.¿ Lo admites? Yo, ciertamente. Dime, pues,¿ también la sensatez de qué es ciencia, que resulta ser algo distinto de la sensatez misma? Eso es aquello, dijo, Sócrates; has llegado a investigar aquello en lo que la sensatez se diferencia de todas las ciencias; pero tú buscas alguna semejanza de ella con las otras. Pero no es así, sino que todas las otras ciencias son ciencias de otra cosa, pero no de sí mismas, mientras que esta es la única que es ciencia de las otras ciencias y también de sí misma. Y esto está muy lejos de haberte pasado inadvertido, sino que creo que haces lo que hace un momento decías que no hacías; pues intentas refutarme, habiendo dejado de lado aquello sobre lo que es el razonamiento. Por ejemplo, dije,¿ qué haces pensando que, si te refuto al máximo, lo hago por otra cosa que no sea por aquello por lo que yo mismo me examinaría a mí mismo sobre lo que digo, temiendo no sea que sin darme cuenta crea saber algo, sin saberlo? Y ahora, pues, yo afirmo hacer esto, examinar el razonamiento sobre todo por mi causa, pero tal vez también por la de los otros allegados;¿ o no crees que es un bien común para casi todos los hombres que cada una de las cosas que son se vuelva manifiesta tal como es? Ciertamente, dijo, yo, Sócrates. Con confianza, pues, dije, oh bienaventurado, respondiendo a lo que se pregunta tal como te parece, deja estar si es Critias o Sócrates el que es refutado; sino, prestando atención al razonamiento mismo, examina cómo resultará al ser refutado. Pero, dijo, haré así; pues me parece que dices cosas razonables. Di, pues, dije, sobre la sensatez,¿ cómo dices? Digo, pues, dijo, que es la única de las otras ciencias que es ciencia tanto de sí misma como de las otras ciencias.¿ No será, pues, dije, también ciencia de la ignorancia, si es que lo es de la ciencia? Ciertamente, dijo.
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El sensato, pues, será el único que se conocerá a sí mismo y será capaz de examinar qué sabe y qué no, y de igual modo será capaz de observar a los otros, qué sabe alguien y cree, si es que sabe, y qué, a su vez, cree saber, pero no sabe, mientras que ninguno de los otros podrá; y esto es, pues, ser sensato y la sensatez y conocerse a sí mismo, el saber qué se sabe y qué no se sabe.¿ Son estas las cosas que dices? Yo, ciertamente, dijo. De nuevo, pues, dije, el tercero para el salvador, como desde el principio, examinemos primero si es posible que esto sea o no— el saber qué se sabe y qué no se sabe, saber que se sabe y que no se sabe—, después, si es posible al máximo, qué utilidad tendríamos sabiendo esto. Pero es necesario, dijo, examinarlo. Vamos, pues, dije, Critias, examina si te muestras más capaz que yo sobre ello; pues yo, ciertamente, estoy en apuros.¿ Te diré en qué estoy en apuros? Ciertamente, dijo.¿ No sería, pues, dije, todo esto, si es lo que decías hace un momento, una ciencia, que no es de otra cosa sino ciencia de sí misma y de las otras ciencias, y, además, esta misma también de la ignorancia? Ciertamente. Mira, pues, qué absurdo intentamos decir, compañero; pues si examinas esto mismo en otras cosas, te parecerá, según creo, que es imposible.¿ Cómo y dónde? En estas. Pues considera si te parece que hay alguna visión que, de las cosas de las que son las otras visiones, no sea visión de ellas, sino que sea visión de sí misma y de las otras visiones y, de igual modo, de las no visiones, y que la visión, siendo visión, no vea ningún color, sino a sí misma y a las otras visiones;¿ te parece que hay alguna tal? Por Zeus, a mí no.¿ Qué hay de la audición, que no oye ninguna voz, sino que oye a sí misma y a las otras audiciones y a las no audiciones? Tampoco esto. Examina, pues, en conjunto sobre todas las sensaciones si te parece que hay alguna que sea sensación de sensaciones y de sí misma, y que no sea sensación de nada de lo que las otras sensaciones sienten; a mí no.¿ Pero te parece que hay algún deseo que no sea deseo de ningún placer, sino de sí mismo y de los otros deseos? De ninguna manera. Ni tampoco voluntad, según creo, que no quiera ningún bien, sino que se quiera a sí misma y a las otras voluntades. Pues no, ciertamente.¿ Y dirías que hay algún amor tal, que resulta ser amor no de nada hermoso, sino de sí mismo y de los otros amores? No, dijo, yo.
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¿ Y has observado ya algún miedo que tema a sí mismo y a los otros miedos, pero que no tema nada de lo terrible? No lo he observado, dijo.¿ Y una opinión que sea opinión de opiniones y de sí misma, pero que no opine nada de lo que las otras opinan? De ninguna manera. Pero,¿ decimos, como parece, que hay alguna ciencia tal que no sea ciencia de ningún aprendizaje, sino ciencia de sí misma y de las otras ciencias? Pues lo decimos.¿ No es, pues, absurdo, si es que existe? Pues no afirmemos todavía nada como que no existe, sino sigamos examinando si existe. Dices correctamente. Vamos, pues; esta ciencia es ciencia de algo, y tiene alguna potencia tal como para ser de algo;¿ no es así? Ciertamente. Pues también decimos que lo mayor tiene alguna potencia tal como para ser mayor de algo; pues la tiene.¿ No es, pues, de algo menor, si es que va a ser mayor? Es necesario. Si, pues, encontráramos algo mayor que sea mayor de los mayores y de sí mismo, pero que no sea mayor de nada de lo que los otros son mayores, en todo caso, supongo, le ocurriría a eso, si fuera mayor de sí mismo, ser también menor de sí mismo;¿ o no? Hay gran necesidad, dijo, Sócrates.¿ No es, pues, también si algo es doble de los otros dobles y de sí mismo, que siendo, supongo, mitad de sí mismo y de los otros, sería doble; pues no es, supongo, doble de otra cosa que de la mitad. Verdadero.¿ Y siendo más de sí mismo no será también menor, y siendo más pesado más ligero, y siendo más viejo más joven, y todas las otras cosas de igual modo, que cualquier cosa que tenga su potencia respecto a sí misma, no tendrá también aquella esencia respecto a la cual era su potencia? Digo lo siguiente: por ejemplo, la audición, decimos, no era audición de otra cosa que de voz;¿ no es así? Sí.¿ No es, pues, que si ella misma se oye a sí misma, se oirá teniendo voz; pues no podría oír de otra manera. Hay gran necesidad. Y la visión, supongo, oh excelente, si ella misma se ve a sí misma, es necesario que tenga algún color; pues una visión sin color no vería nunca nada. Pues no, ciertamente.¿ Ves, pues, Critias, que de todas las cosas que hemos recorrido, unas nos parecen imposibles del todo, y otras se duda mucho de que pudieran tener su potencia respecto a sí mismas? Pues las magnitudes y las cantidades y las cosas tales son del todo imposibles;¿ o no? Ciertamente.
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Pero la audición, a su vez, y la visión, y además el movimiento mismo de moverse a sí mismo, y el calor de quemar, y todas las cosas tales, a unos les causarían desconfianza, pero tal vez a otros no. Se necesita, pues, de un gran hombre, amigo, que distinga suficientemente sobre todas estas cosas si ninguna de las cosas que son ha nacido para tener su potencia respecto a sí misma, excepto la ciencia, sino respecto a otra, o unas sí y otras no; y si, a su vez, hay algunas que la tienen respecto a sí mismas, si en estas está la ciencia, que nosotros decimos que es la sensatez. Yo no confío en mí mismo para ser capaz de distinguir estas cosas; por lo cual ni si es posible que esto suceda, que haya ciencia de la ciencia, puedo afirmar, ni si es posible al máximo, acepto que sea la sensatez, antes de examinar si nos sería útil algo siendo tal o no. Pues yo adivino que la sensatez es algo útil y bueno; tú, pues, hijo de Calaiscro— pues estableces que la sensatez es esto, ciencia de la ciencia y, además, de la ignorancia—, primero demuestra esto, que es posible demostrar lo que decías hace un momento, después, además de lo posible, que también es útil; y tal vez me satisfarías de que dices correctamente sobre la sensatez lo que es. Y Critias, al escuchar esto y verme en apuros, igual que los que ven a los que bostezan frente a ellos sufren lo mismo, también él me pareció que, por estar yo en apuros, se vio obligado a ser atrapado él mismo por el apuro. Como, pues, gozaba de buena reputación en cada ocasión, se avergonzaba ante los presentes, y ni quería admitirme que era incapaz de distinguir lo que le proponía, ni decía nada claro, encubriendo el apuro. Y yo, para que nuestro razonamiento avanzara, dije:« Pero si te parece, Critias, por ahora admitamos esto, que es posible que haya ciencia de la ciencia; después examinaremos si es así o no. Vamos, pues, si es posible al máximo esto,¿ en qué es más capaz de saber qué sabe uno y qué no? Pues esto, supongo, decíamos que era conocerse a sí mismo y ser sensato;¿ no es así? Ciertamente, dijo, y sucede, supongo, Sócrates. Pues si alguien tiene una ciencia que se conoce a sí misma, tal sería él mismo tal como es lo que tiene; igual que cuando alguien tiene rapidez, es rápido, y cuando belleza, hermoso, y cuando conocimiento, conocedor, y cuando alguien tiene conocimiento de sí mismo, supongo que entonces será conocedor de sí mismo. No discuto esto, dije, que cuando alguien tiene lo que se conoce a sí mismo, se conocerá a sí mismo, sino que, teniéndolo,¿ qué necesidad hay de saber qué sabe y qué no sabe?
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Porque, Sócrates, esto es lo mismo que aquello. Tal vez, dije, pero corro el riesgo de ser siempre igual; pues, a su vez, no comprendo cómo es lo mismo, saber lo que se sabe y saber lo que uno no sabe.¿ Cómo dices?, dijo. Así, dije.¿ Una ciencia que es ciencia de la ciencia será capaz de distinguir algo más que el hecho de que esto es ciencia y esto no es ciencia? No, sino solo eso.¿ Es, pues, lo mismo que la ciencia y la ignorancia de lo saludable, y que la ciencia y la ignorancia de lo justo? De ninguna manera. Sino que una, supongo, es medicina, otra política, y otra nada más que ciencia.¿ Cómo no?¿ No es, pues, que si alguien no sabe además lo saludable y lo justo, sino que conoce solo la ciencia, puesto que tiene ciencia solo de esto, que sabe algo y que tiene alguna ciencia, razonablemente lo sabría tanto sobre sí mismo como sobre los otros;¿ no es así? Sí. Pero que sabe,¿ cómo lo sabrá con esta ciencia? Pues sabe lo saludable con la medicina, pero no con la sensatez, lo armónico con la música, pero no con la sensatez, lo arquitectónico con la arquitectura, y así todo;¿ o no? Parece. Pero con la sensatez, si es solo ciencia de las ciencias,¿ cómo sabrá que sabe lo saludable o que sabe lo arquitectónico? De ninguna manera. No sabrá, pues, lo que sabe quien ignora esto, sino solo que sabe. Parece. No sería, pues, ser sensato ni sensatez esto, saber qué se sabe y qué no se sabe, sino, como parece, solo que se sabe y que no se sabe. Corre el riesgo. No será, pues, capaz este de examinar a otro que afirma saber algo, si sabe lo que afirma saber o no sabe; sino que solo sabrá, como parece, que tiene alguna ciencia, pero de qué, la sensatez no le hará saber. No parece. No será, pues, capaz de distinguir ni al que pretende ser médico, pero no lo es, y al que lo es verdaderamente, ni a ningún otro de los que saben y los que no. Examinemos, pues, desde aquí: si el sensato o cualquier otro va a distinguir al médico verdadero y al que no,¿ no lo hará así? Sobre medicina, supongo, no hablará con él— pues no entiende nada, como dijimos, el médico, sino solo lo saludable y lo enfermizo—;¿ o no? Sí, así. Pero sobre la ciencia no sabe nada, sino que esto se lo atribuimos solo a la sensatez. Sí.
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Tampoco sobre medicina sabe, pues, el médico, puesto que la medicina resulta ser ciencia. Verdadero. Que tiene alguna ciencia, el sensato conocerá al médico; pero siendo necesario poner a prueba cuál es,¿ examinará otra cosa de qué cosas es?¿ O no está definida cada ciencia no solo por ser ciencia, sino también por cuál es, por ser de algunas cosas? Por esto, ciertamente. Y la medicina, pues, fue definida como distinta de las otras ciencias por ser ciencia de lo saludable y de lo enfermizo. Sí.¿ No es, pues, necesario examinar en estas cosas al que quiere examinar la medicina, en las que sea que esté; pues no, supongo, en las de fuera, en las que no está? De ninguna manera. En las saludables y enfermizas, pues, examinará al médico, en cuanto es médico, el que examina correctamente. Parece.¿ No es, pues, en las cosas así dichas o hechas, examinando las dichas, si se dicen verdaderas, y las hechas, si se hacen correctamente? Es necesario.¿ Podría, pues, alguien, sin medicina, seguir alguna vez a cuáles de estas? De ninguna manera. Tampoco ningún otro, como parece, excepto el médico, ni siquiera el sensato; pues sería médico además de sensato. Es así. Con mayor razón, pues, si la sensatez es solo ciencia de la ciencia y de la ignorancia, no será capaz de distinguir al médico que sabe las cosas del arte o al que no las sabe, pretendiendo o creyendo, ni a ningún otro de los que saben cualquier cosa, excepto a su propio colega, igual que los otros artesanos. Parece, dijo.¿ Qué utilidad, pues, dije, Critias, nos quedaría de la sensatez siendo tal? Pues si, lo que suponíamos desde el principio, el sensato supiera qué sabía y qué no sabía, unas cosas que sabe, otras que no sabe, y fuera capaz de examinar a otro que hubiera sufrido esto mismo, nos sería, decimos, grandemente útil ser sensatos; pues viviríamos la vida sin errores nosotros mismos y los que tienen la sensatez y todos los otros que eran gobernados por nosotros. Pues ni nosotros intentaríamos hacer lo que no sabíamos, sino que, encontrando a los que saben, se lo entregaríamos a ellos, ni permitiríamos a los otros, a quienes gobernábamos, hacer otra cosa que lo que, haciéndolo, iban a hacer correctamente— y esto sería aquello de lo que tenían ciencia— y así, pues, por la sensatez, una casa administrada iba a ser bien administrada, y una ciudad gobernada, y todo otro asunto sobre el que gobernara la sensatez;
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pues, habiendo eliminado el error, y guiando la rectitud, es necesario que los que están así dispuestos hagan bien y correctamente en toda acción, y los que hacen bien sean felices.¿ No es así, dije, Critias, como hablábamos sobre la sensatez, diciendo qué gran bien sería el saber qué sabe uno y qué no sabe? Ciertamente, dijo, así. Pero ahora, dije,¿ ves que en ninguna parte ha aparecido ninguna ciencia siendo tal? Veo, dijo.¿ Tiene, pues, dije, este bien la que ahora encontramos que es la sensatez, el saber ciencia e ignorancia, que el que la tiene, cualquier otra cosa que aprenda, la aprenderá más fácilmente y todas las cosas le parecerán más claras, puesto que observa junto a cada cosa que aprenda la ciencia; y examinará mejor a los otros sobre las cosas que él mismo aprenda, mientras que los que examinan sin esto lo harán más débil y peor?¿ Son, amigo, tales cosas las que disfrutaremos de la sensatez, y nosotros vemos algo mayor y buscamos que sea algo mayor de lo que es? Tal vez, dijo, sea así. Tal vez, dije; tal vez nosotros no buscamos nada útil. Y conjeturo que me parecen cosas absurdas sobre la sensatez, si es tal. Veamos, pues, si quieres, habiendo admitido que es posible saber la ciencia, y no privándonos de lo que desde el principio establecíamos que era la sensatez, el saber qué se sabe y qué no se sabe, sino concediéndolo; y habiendo concedido todo esto, examinemos aún mejor si nos aprovechará en algo siendo tal. Pues lo que decíamos hace un momento, que la sensatez sería un gran bien si fuera tal, guiando la administración, la casa y la ciudad, no me parece, Critias, que lo hayamos admitido correctamente.¿ Cómo?, dijo. Porque, dije, admitimos fácilmente que sería un gran bien para los hombres si cada uno de nosotros hiciera lo que sabe, y lo que no supiera, se lo entregara a otros, a los que saben.¿ No lo admitimos, pues, correctamente?, dijo. No me parece, dije. Dices cosas absurdas, en verdad, dijo, Sócrates. Por el perro, dije, también a mí me parece así, y mirando hacia allí y hace un momento dije que me parecían cosas absurdas, y que temía que no examináramos correctamente.
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Pues en verdad, si la sensatez es tal al máximo, no me parece claro que nos produzca ningún bien.¿ Cómo?, dijo. Dilo, para que también nosotros sepamos qué dices. Creo, dije, que desvarío; sin embargo, es necesario examinar lo que se presenta y no dejarlo pasar al azar, si es que alguien se preocupa aunque sea un poco de sí mismo. Pues dices correctamente, dijo. Escucha, pues, dije, mi sueño, si ha venido a través de cuernos o de marfil. Pues si la sensatez nos gobernara al máximo, siendo tal como la definimos ahora, todo se haría según las ciencias, y ni un piloto que afirmara serlo, no siéndolo, nos engañaría, ni un médico ni un general ni ningún otro, pretendiendo saber algo que no sabe, pasaría inadvertido; siendo así estas cosas,¿ nos sucedería algo distinto a que los cuerpos estuvieran más sanos que ahora, y que los que corren peligro en el mar y en la guerra se salvaran, y que los utensilios y toda la vestimenta y el calzado y todas las riquezas estuvieran fabricados para nosotros con pericia y muchas otras cosas debido a que usamos verdaderos artesanos? Y si quisieras, admitamos también que la adivinación es ciencia de lo que va a suceder, y que la sensatez, gobernándola, aparte a los impostores y nos establezca a los que son verdaderamente adivinos como profetas de lo que va a suceder. Que el género humano, estando así preparado, actuaría y viviría con conocimiento, lo sigo— pues la sensatez, protegiendo, no permitiría que la ignorancia, entrometiéndose, fuera nuestra colaboradora—, pero que actuando con conocimiento actuaríamos bien y seríamos felices, esto todavía no podemos comprenderlo, amigo Critias. Pero, sin embargo, dijo, no encontrarás fácilmente otro fin del actuar bien, si desprecias el actuar con conocimiento. Enséñame, pues, un poco más, dije.¿ De qué hablas con conocimiento?¿ De cortar cueros? Por Zeus, yo no.¿ De trabajar el bronce? De ninguna manera.¿ De lanas o maderas o cualquier otra cosa de tales? De ninguna manera. No nos mantenemos, pues, dije, todavía en el razonamiento de que es feliz el que vive con conocimiento. Pues estos que viven con conocimiento no son admitidos por ti como felices, sino que me pareces definir al feliz como el que vive con conocimiento sobre algunas cosas.
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Y tal vez dices al que yo decía hace un momento, al que sabe todo lo que va a suceder, al adivino.¿ Dices a este o a otro? También a este, dijo, y a otro.¿ A quién?, dije.¿ Acaso no al tal, si alguien además de lo que va a suceder supiera también todo lo sucedido y lo que es ahora, y no ignorara nada? Pues supongamos que es alguien. Pues no creo que pudieras decir de este que hay alguien que viva con más conocimiento. De ninguna manera. Todavía deseo esto,¿ quién de las ciencias lo hace feliz?¿ O todas por igual? De ninguna manera por igual, dijo.¿ Pero cuál sobre todo?¿ La que sabe qué de las cosas que son, de las sucedidas y de las que van a suceder?¿ Acaso la que sabe el juego de dados?¿ Qué juego de dados?, dijo.¿ Sino la que sabe el cálculo? De ninguna manera.¿ Sino la que sabe lo saludable? Más, dijo.¿ Pero aquella que digo sobre todo, dije, la que sabe qué? La que sabe el bien, dijo, y el mal. Oh impío, dije, hace tiempo que me arrastras en círculo, ocultándome que no era el vivir con conocimiento lo que hacía actuar bien y ser feliz, ni el conjunto de todas las otras ciencias, sino siendo esta una sola, la que es sobre el bien y el mal. Pues, Critias, si quieres quitar esta ciencia de las otras ciencias,¿ la medicina hará menos sano, la zapatería hará menos calzado, la tejeduría hará menos vestido, la pilotaje impedirá menos morir en el mar y la estrategia en la guerra? Nada menos, dijo. Pero, amigo Critias, el que cada una de estas cosas se haga bien y útilmente nos habrá abandonado al estar ausente esta. Dices la verdad. Pero esta, como parece, no es la sensatez, sino aquella cuya obra es beneficiarnos. Pues no es ciencia de ciencias e ignorancias, sino del bien y del mal; de modo que si esta es útil, la sensatez sería otra cosa que la que nos es útil.¿ Qué, pues, dijo, no nos beneficiaría esta? Pues si la sensatez es al máximo ciencia de las ciencias, y gobierna también a las otras ciencias, también gobernando a esta ciencia que es sobre el bien, nos beneficiaría, supongo.¿ Acaso esta nos haría sanos, dije, y no la medicina?¿ Y esta haría las otras cosas de las artes, y no las otras cada una su propia obra?¿ O no protestábamos hace tiempo que es ciencia solo de la ciencia y de la ignorancia, y de ninguna otra cosa; no es así? Parece, ciertamente.¿ No será, pues, artífice de la salud? De ninguna manera.
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Porque la salud pertenecía a otra técnica,¿ o no? A otra. Por tanto, tampoco a la de la utilidad, amigo mío, pues ya le habíamos atribuido esta función a otra técnica hace un momento,¿ no es así? Ciertamente.¿ Cómo, pues, será útil la templanza, si no es creadora de ninguna utilidad? De ninguna manera, Sócrates, al menos eso parece.¿ Ves entonces, Critias, cómo desde hace tiempo temía con razón y me reprochaba justamente a mí mismo que no estaba examinando nada valioso sobre la templanza? Pues no es posible que aquello que se admite que es lo más hermoso de todo nos haya resultado inútil, si es que yo tuviera alguna utilidad para investigar correctamente. Pero ahora, en todos los aspectos hemos sido derrotados y no somos capaces de encontrar a qué cosa de entre las existentes le puso el legislador este nombre: la templanza. Y, sin embargo, hemos admitido muchas cosas que no concuerdan con nosotros en el razonamiento. Pues admitimos que existe una ciencia de la ciencia, cuando el razonamiento no lo permite ni afirma que exista; y, a su vez, admitimos que esta ciencia conoce también las obras de las otras ciencias, cuando el razonamiento tampoco permite esto, para que así el hombre templado sea, según nosotros, conocedor de lo que sabe que sabe y de lo que no sabe que no sabe. Esto, ciertamente, lo admitimos con total grandilocuencia, sin siquiera examinar que es imposible conocer de algún modo aquello que uno no conoce en absoluto; pues nuestra admisión afirma que uno conoce esas cosas precisamente porque no las conoce. Y, sin embargo, según creo, nada parecería más absurdo que esto. Pero, aun así, nuestra investigación, al ser tan ingenua y no rigurosa, no es capaz de encontrar la verdad en absoluto, sino que se ha burlado tanto de ella que aquello que nosotros, desde hace tiempo, admitíamos y construíamos juntos como la templanza, nos lo ha mostrado de manera muy insolente como algo inútil. Por mi parte, me indigno menos; pero por ti, dije, Carmides, me indigno mucho, si tú, siendo como eres en tu aspecto y, además, en tu alma, el más templado, no obtienes ningún provecho de esta templanza ni te servirá de nada en la vida su presencia. Y me indigno aún más por el ensalmo que aprendí del tracio, si es que lo aprendí con tanto esmero siendo una cosa que no vale nada. Por tanto, no creo en absoluto que las cosas sean así, sino que yo soy un investigador mediocre; puesto que la templanza es, ciertamente, un gran bien, y si tú la posees, eres afortunado.
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Pero mira si la posees y no necesitas el ensalmo; pues si la posees, yo te aconsejaría más bien que me consideres a mí un charlatán incapaz de investigar nada mediante el razonamiento, y que te consideres a ti mismo, cuanto más templado seas, tanto más dichoso. Y Carmides dijo:¡ Por Zeus, Sócrates, yo no sé ni si la poseo ni si no la poseo!¿ Cómo podría saberlo si ni siquiera ustedes son capaces de descubrir qué es, como tú mismo dices? Sin embargo, no te creo del todo, y creo, Sócrates, que necesito mucho el ensalmo, y nada impide que tú me ensalmes todos los días, hasta que tú digas que es suficiente. Está bien; pero, dijo Critias, Carmides, si haces esto, para mí será una prueba de que eres templado, si te dejas ensalmar por Sócrates y no te apartas de él ni en lo grande ni en lo pequeño. Como que lo seguiré, dijo, y no me apartaré; pues sería terrible si no te obedeciera a ti, que eres mi tutor, y no hiciera lo que ordenas. Pero ciertamente, dijo, yo te lo ordeno. Lo haré, pues, dijo, empezando desde este mismo día. Ustedes, dije yo,¿ qué han planeado hacer? Nada, dijo Carmides, sino que ya hemos planeado.¿ Me van a forzar, entonces, dije, y no me darán ni siquiera derecho a interrogar? Como que te forzaremos, dijo, puesto que este ordena; ante esto, planea tú a tu vez qué harás. Pero no queda ningún plan, dije yo; pues contra ti, que intentas hacer cualquier cosa y me fuerzas, nadie de los hombres podrá oponerse. No te opongas, pues, dijo, tampoco tú. Entonces, dije, no me opondré.

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