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Hipparchus
Plato (plato)Hipp 225 · spanish-geminiMore by Plato (plato)
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Original / primary: Spanish Gemini
225
SÓC.¿ Qué es, pues, el afán de lucro?¿ Qué es exactamente y quiénes son los ávidos de lucro? ET. Me parece que son aquellos que pretenden obtener ganancias de cosas que no valen nada. SÓC.¿ Te parece entonces que lo hacen sabiendo que no valen nada, o por ignorancia? Pues si es por ignorancia, llamas insensatos a los ávidos de lucro. ET. No los llamo insensatos, sino malvados, perversos y esclavos de la ganancia, que, aun sabiendo que las cosas de las que se atreven a sacar provecho no valen nada, se atreven a lucrarse por pura desvergüenza. SÓC.¿ Acaso llamas ávido de lucro a alguien como, por ejemplo, un agricultor que, sabiendo que una planta no vale nada, pretende obtener ganancia de ella una vez cultivada?¿ Es a tal persona a quien te refieres? ET. El ávido de lucro, Sócrates, cree que debe obtener ganancia de todo. SÓC. No me respondas así a la ligera, como si estuvieras ofendido por alguien, sino presta atención y respóndeme como si te preguntara de nuevo desde el principio:¿ no admites que el ávido de lucro es experto en cuanto al valor de aquello de lo que pretende obtener ganancia? ET. Así es. SÓC.¿ Quién es, pues, el experto en el valor de las plantas, en qué época y en qué terreno deben plantarse? Para que nosotros también introduzcamos algunas de esas palabras sabias con las que se adornan los hábiles en los tribunales. ET. Creo que el agricultor. SÓC.¿ Acaso pretender obtener ganancia es otra cosa que creer que se debe obtener ganancia? ET. Eso es lo que digo.
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SÓC. No intentes, pues, engañarme, siendo tan joven, a un hombre ya mayor, respondiendo como hace un momento cosas que ni tú mismo crees, sino habla con la verdad:¿ crees que existe algún agricultor que, sabiendo que la planta que cultiva no vale nada, crea que puede obtener ganancia de ella? ET.¡ Por Zeus, que no! SÓC.¿ Y qué?¿ Crees que un hombre experto en caballos, sabiendo que proporciona a su caballo un alimento que no vale nada, ignora que está arruinando al animal? ET. No, ciertamente. SÓC. Por tanto, no cree obtener ganancia de esos alimentos que no valen nada. ET. No. SÓC.¿ Y qué?¿ Crees que un navegante que ha provisto a su nave de velas y timones que no valen nada ignora que sufrirá un perjuicio y correrá el riesgo de perecer él mismo, perder la nave y todo lo que transporte? ET. No, ciertamente. SÓC. Por tanto, no cree obtener ganancia de unos aparejos que no valen nada. ET. En efecto. SÓC.¿ Acaso un general, sabiendo que su ejército posee armas que no valen nada, cree obtener ganancia de ellas y pretende lucrarse? ET. De ninguna manera. SÓC.¿ O acaso un flautista que tiene flautas que no valen nada, o un citarista una lira, o un arquero un arco, o cualquier otro artesano o hombre sensato, teniendo instrumentos o cualquier otro equipo que no valga nada, cree obtener ganancia de ellos? ET. No parece ser así. SÓC.¿ A quiénes llamas entonces ávidos de lucro? Pues no a los que hemos mencionado, sino a aquellos que, sabiendo que las cosas no valen nada, creen que deben obtener ganancia de ellas. Pero así, mi querido amigo, tal como tú dices, no hay nadie entre los hombres que sea ávido de lucro. ET. Pero yo, Sócrates, quiero decir que son ávidos de lucro aquellos que, por codicia, se afanan desmesuradamente por cosas muy pequeñas, de poco valor o de ninguno, y se lucran con ellas. SÓC. No, ciertamente, mi buen amigo, sabiendo que no valen nada; pues esto ya lo hemos refutado nosotros mismos en el razonamiento, que es imposible. ET. Eso me parece. SÓC. Entonces, si no es sabiendo, es evidente que es por ignorancia, creyendo que las cosas que no valen nada son de gran valor. ET. Así parece. SÓC.¿ Acaso los ávidos de lucro aman la ganancia? ET. Sí. SÓC.¿ Y llamas a la ganancia lo contrario de la pérdida?
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ET. Así es. SÓC.¿ Hay alguien para quien sea un bien sufrir una pérdida? ET. Para nadie. SÓC.¿ Es un mal? ET. Sí. SÓC. Los hombres son perjudicados, pues, por la pérdida. ET. Son perjudicados. SÓC. La pérdida es, por tanto, un mal. ET. Sí. SÓC. Y la ganancia es lo contrario de la pérdida. ET. Lo contrario. SÓC. La ganancia es, por tanto, un bien. ET. Sí. SÓC. Llamas, pues, ávidos de lucro a los que aman el bien. ET. Eso parece. SÓC. No llamas locos, compañero, a los ávidos de lucro. Pero tú mismo,¿ amas lo que es bueno o no lo amas? ET. Yo sí. SÓC.¿ Hay algún bien que no ames, sino que sea un mal? ET.¡ Por Zeus, que no! SÓC.¿ Amas quizás todos los bienes? ET. Sí. SÓC. Pregúntame también a mí si yo no hago lo mismo; pues yo también te admitiré que amo los bienes. Pero, además de a mí y a ti,¿ no te parece que todos los demás hombres aman los bienes y odian los males? ET. Así me parece. SÓC.¿ Y hemos admitido que la ganancia es un bien? ET. Sí. SÓC. Todos resultan ser, pues, ávidos de lucro de esta manera; pero, según lo que decíamos antes, nadie era ávido de lucro.¿ Cuál de los dos razonamientos debería uno usar para no equivocarse? ET. Si alguien, Sócrates, creo que tomara correctamente al ávido de lucro. Y es correcto considerar ávido de lucro a aquel que se afana por estas cosas y pretende obtener ganancia de aquello de lo que los hombres honrados no se atreven a lucrarse. SÓC. Pero ves, mi querido amigo, que hace un momento admitimos que obtener ganancia es ser beneficiado. ET.¿ Y qué con eso? SÓC. Que también admitimos esto otro: que todos desean los bienes siempre. ET. Sí. SÓC.¿ Acaso los hombres buenos desean tener todas las ganancias, si es que son bienes? ET. No de aquellas ganancias de las que van a ser perjudicados, Sócrates. SÓC.¿ Y por ser perjudicados entiendes sufrir una pérdida o alguna otra cosa? ET. No, entiendo sufrir una pérdida. SÓC.¿ Los hombres son perjudicados, pues, por la ganancia o por la pérdida? ET. Por ambas; pues son perjudicados tanto por la pérdida como por la ganancia malvada. SÓC.¿ Te parece entonces que algo útil y bueno sea una cosa malvada? ET. A mí no.
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SÓC.¿ No admitimos hace poco que la ganancia es lo contrario de la pérdida, que es un mal? ET. Lo afirmo. SÓC.¿ Y que, siendo lo contrario de un mal, es un bien? ET. Lo admitimos. SÓC.¿ Ves, pues, que intentas engañarme, diciendo deliberadamente lo contrario de lo que acabamos de admitir? ET.¡ Por Zeus que no, Sócrates! Al contrario, tú eres quien me engaña y no sé cómo haces para que los razonamientos den vueltas arriba y abajo. SÓC. Habla con respeto; no obraría bien si no obedeciera a un hombre bueno y sabio. ET.¿ A quién te refieres?¿ Y por qué especialmente? SÓC. A un conciudadano mío y tuyo, el hijo de Pisístrato, de los Filaidas, Hiparco, quien era el mayor y más sabio de los hijos de Pisístrato, el cual, entre otras muchas y bellas obras de sabiduría, fue el primero en traer los poemas de Homero a esta tierra y obligó a los rapsodas a recitarlos en las Panateneas sucesivamente y en orden, tal como hacen estos todavía ahora; envió una nave de cincuenta remos a buscar a Anacreonte de Teos para traerlo a la ciudad, y siempre tuvo consigo a Simónides de Ceos, convenciéndolo con grandes salarios y regalos. Hacía esto deseando educar a los ciudadanos para gobernarlos siendo ellos lo mejor posible, sin creer que debiera envidiar la sabiduría a nadie, ya que era un hombre noble y bueno. Y cuando los ciudadanos que vivían en la ciudad estuvieron educados y lo admiraban por su sabiduría, tramando a su vez educar a los que vivían en los campos, erigió para ellos Hermes a lo largo de los caminos, en medio de la ciudad y de cada uno de los demos, y luego, seleccionando de su propia sabiduría, la que aprendió y la que él mismo descubrió, lo que consideraba más sabio, lo grabó él mismo en poemas elegíacos como muestras de su sabiduría, para que, en primer lugar, sus ciudadanos no admiraran tanto las sabias inscripciones de Delfos, el" conócete a ti mismo", el" nada en exceso" y las demás por el estilo, sino que consideraran más sabias las sentencias de Hiparco; y, en segundo lugar, para que, al pasar arriba y abajo y leerlas, y al tomar una muestra de su sabiduría, acudieran desde los campos para ser educados también en lo demás.
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SÓC. Hay dos inscripciones. En la parte izquierda de cada Hermes está grabado que el Hermes está erigido en medio de la ciudad y del demo, y en la parte derecha dice:" Monumento de Hiparco; camina pensando con justicia". Hay también otros muchos y bellos poemas grabados en otros Hermes; y hay también este en el camino de Estiria, en el que dice:" Monumento de Hiparco; no engañes a un amigo". Yo, por tanto, siendo tú mi amigo, no me atrevería a engañarte ni a desconfiar de aquel hombre tan noble, de quien, incluso después de muerto, los atenienses fueron tiranizados durante tres años por su hermano Hipias, y habrás oído de todos los antiguos que solo esos años hubo tiranía en Atenas, y que el resto del tiempo los atenienses vivieron casi como bajo el reinado de Crono. Se dice también por los hombres más refinados que su muerte no ocurrió por lo que la mayoría pensó, por la deshonra de su hermana en la procesión de las canéforas— pues eso es una tontería—, sino que Harmodio había sido el amado de Aristogitón y había sido educado por él, y Aristogitón se sentía muy orgulloso de haber educado a un hombre, y consideraba a Hiparco como un rival. En aquel tiempo, sucede que el propio Harmodio estaba enamorado de uno de los jóvenes, bellos y nobles de entonces— y dicen su nombre, pero yo no lo recuerdo—; este joven, pues, al principio admiraba a Harmodio y a Aristogitón como sabios, pero después, al relacionarse con Hiparco, los despreció, y ellos, profundamente dolidos por esta deshonra, mataron así a Hiparco. ET. Resulta, pues, Sócrates, que o no me consideras tu amigo o, si me consideras amigo, no obedeces a Hiparco; pues yo, aunque no sé de qué manera, no puedo convencerme de que no me estés engañando en el razonamiento. SÓC. Pues bien, como si jugara a los dados, quiero retractarme ante ti de lo que quieras de lo dicho, para que no creas que te engaño.¿ Acaso debo retractarme de esto, de que no todos los hombres desean los bienes? ET. Eso no. SÓC.¿ O de que sufrir una pérdida y la pérdida misma no es un mal? ET. Eso no. SÓC.¿ O de que la ganancia y el obtener ganancia no es lo contrario de la pérdida y de sufrir una pérdida?
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ET. Tampoco eso. SÓC.¿ O de que, siendo lo contrario de un mal, el obtener ganancia no es un bien? ET. No todo, ciertamente; retracta esto. SÓC. Te parece, pues, al parecer, que una parte de la ganancia es buena y otra mala. ET. A mí sí. SÓC. Me retracto, pues, ante ti; que haya, en efecto, una ganancia buena y otra ganancia mala. Pero la ganancia no es más ganancia por ser buena que por ser mala;¿ o sí? ET.¿ Cómo me preguntas eso? SÓC. Yo te lo diré.¿ Es el alimento algo bueno y malo? ET. Sí. SÓC.¿ Es acaso uno de ellos más alimento que el otro, o ambos son igualmente alimentos, y en esto no difiere uno del otro, en cuanto a ser alimento, sino en que uno de ellos es bueno y el otro malo? ET. Sí. SÓC.¿ No ocurre lo mismo con la bebida y con todas las demás cosas que, siendo las mismas, unas resultan ser buenas y otras malas, que no difiere en nada una de la otra en cuanto a ser lo mismo? Como el hombre, que uno es honrado y otro perverso. ET. Sí. SÓC. Pero el hombre, creo, no es ni más ni menos hombre uno que otro, ni el honrado más que el perverso ni el perverso más que el honrado. ET. Dices la verdad. SÓC.¿ No debemos pensar así también sobre la ganancia, que tanto la perversa como la honrada son igualmente ganancia? ET. Es necesario. SÓC. No gana, pues, más quien tiene la ganancia honrada que quien tiene la perversa; no parece que ninguna de las dos sea más ganancia, como admitimos. ET. Sí. SÓC. Pues a ninguna de las dos le corresponde el más ni el menos. ET. Ciertamente no. SÓC.¿ Cómo podría alguien hacer o sufrir más o menos algo con tal cosa, a la que no le corresponde ninguna de esas dos cosas? ET. Es imposible. SÓC. Puesto que ambas son igualmente ganancias y lucrativas, debemos examinar esto:¿ por qué llamas a ambas ganancia, qué ves de idéntico en ambas? Como si, a lo que me preguntabas hace un momento, por qué llamo igualmente alimento tanto al alimento bueno como al malo, te habría dicho que porque ambos son nutrición seca del cuerpo, por eso; pues eso es ser alimento, y tú también nos lo admitirías.¿ O no? ET. Yo sí.
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SÓC. Y sobre la bebida, pues, sería el mismo modo de respuesta, que por ser nutrición líquida del cuerpo, sea buena o mala, este es su nombre, bebida; y lo mismo con las demás cosas. Intenta, pues, imitarme respondiendo así. Dices que la ganancia honrada y la ganancia perversa son ambas ganancia;¿ qué ves de idéntico en ellas para que esto sea ganancia? Y si tú mismo no puedes responder, observa mientras yo hablo:¿ llamas ganancia a toda posesión que uno adquiera sin haber gastado nada, o habiendo gastado menos, reciba más? ET. Me parece que llamo a eso ganancia. SÓC.¿ Llamas también a esto ganancia, si alguien, tras haber sido invitado a un banquete, sin haber gastado nada y habiendo disfrutado, contrae una enfermedad? ET.¡ Por Zeus, que no! SÓC.¿ Y si adquiere salud tras un banquete, adquiriría una ganancia o una pérdida? ET. Una ganancia. SÓC. No es, pues, ganancia el adquirir cualquier posesión. ET. Ciertamente no. SÓC.¿ O es que no, si es mala?¿ O es que, si adquiere cualquier cosa buena, no adquirirá una ganancia? ET. Parece que sí, si es buena. SÓC. Y si es mala,¿ no adquirirá una pérdida? ET. Eso me parece. SÓC.¿ Ves, pues, cómo vuelves a dar vueltas a lo mismo? La ganancia parece ser un bien, y la pérdida un mal. ET. Estoy en un aprieto sobre qué decir. SÓC. No sin razón estás en un aprieto. Responde todavía a esto: si alguien, habiendo gastado menos, adquiere más,¿ dices que es ganancia? ET. No digo que sea algo malo, sino si, habiendo gastado menos oro o plata, recibe más. SÓC. Y yo iba a preguntar eso. Dime, pues, si alguien, habiendo gastado la mitad del peso de oro, recibe el doble de plata,¿ ha obtenido ganancia o pérdida? ET. Una pérdida, Sócrates; pues el oro le resulta el doble de caro que el valor de doce veces su peso. SÓC. Y, sin embargo, ha recibido más;¿ o no es más el doble que la mitad? ET. No en cuanto al valor de la plata respecto al oro. SÓC. Debe, pues, al parecer, estar presente esto en la ganancia: el valor. Ahora, al menos, dices que la plata, siendo más que el oro, no es valiosa, y que el oro, siendo menos, es valioso. ET. Ciertamente; pues así es. SÓC. Lo valioso es, pues, lucrativo, sea pequeño o grande, y lo que no tiene valor no es lucrativo. ET. Sí. SÓC.¿ Y llamas a lo valioso otra cosa que lo que es útil poseer? ET. Sí, lo útil poseer. SÓC.¿ Y llamas a lo valioso poseer lo inútil o lo útil? ET. Lo útil, ciertamente.
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SÓC.¿ No es, pues, lo útil un bien? ET. Sí. SÓC.¿ No es, pues, el más valiente de todos, que lo lucrativo es un bien, lo que nos llega admitido por tercera o cuarta vez? ET. Eso parece. SÓC.¿ Recuerdas, pues, de dónde nos ha venido este razonamiento? ET. Creo que sí. SÓC. Si no, yo te lo recordaré. Me disputaste que los hombres buenos no desean obtener todas las ganancias, sino las ganancias que son bienes, y las perversas no. ET. Sí. SÓC.¿ No nos ha obligado ahora el razonamiento a admitir que todas las ganancias, tanto pequeñas como grandes, son bienes? ET. Me ha obligado, Sócrates, más a mí que convencido. SÓC. Pero quizás después de esto te convenza; ahora, sin embargo, estés convencido o como estés, al menos admites con nosotros que todas las ganancias son bienes, tanto pequeñas como grandes. ET. Lo admito, en efecto. SÓC.¿ Y admites que los hombres buenos desean todos los bienes, todos ellos?¿ O no? ET. Lo admito. SÓC. Pero, en efecto, tú mismo dijiste que los perversos aman tanto las ganancias pequeñas como las grandes. ET. Lo dije. SÓC.¿ No serían, pues, según tu razonamiento, todos los hombres ávidos de lucro, tanto los buenos como los perversos? ET. Así parece. SÓC. No reprocha, pues, correctamente quien reprocha a alguien por ser ávido de lucro; pues resulta que quien hace tales reproches es él mismo tal cual.

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