Minos
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Original / primary: Spanish Gemini
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SÓC.¿ Qué es para nosotros la ley? COMP.¿ A cuál de las leyes te refieres al preguntar? SÓC.¿ Cómo?¿ Acaso difiere una ley de otra en esto mismo, en el hecho de ser ley? Observa bien lo que te estoy preguntando. Pregunto, en efecto, como si te preguntara qué es el oro, y si tú me preguntaras a tu vez a qué oro me refiero, creo que no preguntarías correctamente. Pues, en efecto, no difiere en nada ni el oro del oro ni la piedra de la piedra en cuanto a ser piedra y en cuanto a ser oro; así pues, tampoco la ley difiere en nada de la ley, sino que todas son lo mismo. Pues cada una de ellas es ley por igual, no una más y otra menos; esto mismo es lo que pregunto, qué es la ley en su totalidad. Si lo tienes a mano, dímelo. COMP.¿ Qué otra cosa podría ser la ley, Sócrates, sino lo que se tiene por ley? SÓC.¿ Acaso te parece que el discurso es lo que se dice, o la vista lo que se ve, o el oído lo que se oye?¿ O es una cosa el discurso y otra lo que se dice; y una cosa la vista y otra lo que se ve; y una cosa el oído y otra lo que se oye, y, por tanto, una cosa la ley y otra lo que se tiene por ley?¿ Es así o cómo te parece? COMP. Me ha parecido ahora que es otra cosa. SÓC. Entonces, la ley no es lo que se tiene por ley. COMP. No me lo parece.
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SÓC.¿ Qué podría ser entonces la ley? Examinémoslo así. Si alguien nos preguntara lo que acabamos de decir, puesto que decís que por la vista se ven las cosas vistas,¿ con qué siendo la vista se ve? Le habríamos respondido que con esa sensación que, a través de los ojos, manifiesta las cosas; y si, a su vez, nos preguntara:¿ y qué? Puesto que por el oído se oyen las cosas oídas,¿ con qué siendo el oído se oye? Le habríamos respondido que con esa sensación que, a través de los oídos, nos manifiesta los sonidos. Así pues, también si nos preguntara: puesto que por la ley se tiene por ley lo que se tiene por ley,¿ con qué siendo la ley se tiene por ley?¿ Acaso con alguna sensación o manifestación, como las cosas que se aprenden se aprenden mediante la ciencia que las manifiesta, o mediante algún hallazgo, como las cosas que se encuentran se encuentran, por ejemplo, lo saludable y lo enfermizo mediante la medicina, y lo que los dioses disponen, como dicen los adivinos, mediante la adivinación? Pues el arte es, para nosotros, el hallazgo de las cosas,¿ no es así? COMP. Ciertamente. SÓC.¿ Qué podríamos suponer entonces que es la ley principalmente? COMP. Estos decretos y resoluciones, me parece a mí. Pues,¿ qué otra cosa podría decir alguien que es la ley? De modo que corre el riesgo, lo que tú preguntas, este todo, la ley, de ser un decreto de la ciudad. SÓC. Dices, al parecer, que la ley es una opinión política. COMP. Yo sí. SÓC. Y quizás hablas bien; pero tal vez lo sabremos mejor de este modo.¿ Llamas a algunos sabios? COMP. Yo sí. SÓC.¿ No son los sabios sabios por la sabiduría? COMP. Sí. SÓC.¿ Y qué?¿ Los justos son justos por la justicia? COMP. Ciertamente. SÓC.¿ No son también los legales legales por la ley? COMP. Sí. SÓC.¿ Y los ilegales ilegales por la ilegalidad? COMP. Sí. SÓC.¿ Y los legales son justos? COMP. Sí. SÓC.¿ Y los ilegales son injustos? COMP. Injustos. SÓC.¿ No son, pues, la justicia y la ley algo bellísimo? COMP. Así es. SÓC.¿ Y la injusticia y la ilegalidad algo feísimo? COMP. Sí. SÓC.¿ Y una salva a las ciudades y todo lo demás, mientras que la otra las destruye y las trastorna? COMP. Sí. SÓC. Como si la ley fuera, pues, algo bello, hay que pensar en ella y buscarla como algo bueno. COMP.¿ Cómo no? SÓC.¿ No dijimos que la ley es un decreto de la ciudad? COMP. Lo dijimos, en efecto. SÓC.¿ Qué entonces?¿ No hay decretos buenos y otros malos? COMP. Los hay, ciertamente. SÓC. Y, sin embargo, la ley no era mala. COMP. No, en efecto. SÓC. Entonces, no es correcto responder tan simplemente que la ley es un decreto de la ciudad. COMP. No me lo parece. SÓC. Entonces, no encajaría que el decreto malo sea ley. COMP. De ninguna manera. SÓC. Pero, sin embargo, la ley me parece a mí también ser una especie de opinión; y puesto que no es la opinión mala,¿ no es ya evidente que es la buena, si es que la ley es una opinión? COMP. Sí. SÓC.¿ Y qué es una opinión buena?¿ No es la verdadera?
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COMP. Sí. SÓC.¿ No es, pues, la opinión verdadera el hallazgo de lo que es? COMP. Lo es, en efecto. SÓC. La ley, por tanto, quiere ser el hallazgo de lo que es. COMP.¿ Cómo entonces, Sócrates, si la ley es el hallazgo de lo que es, no usamos siempre las mismas leyes sobre las mismas cosas, si es que lo que es ha sido hallado por nosotros? SÓC. La ley quiere, no obstante, ser el hallazgo de lo que es; pero los hombres que no usan siempre las mismas leyes, como nos parece, no siempre pueden hallar lo que la ley quiere, lo que es. Pues, vamos, veamos si acaso nos resulta evidente desde aquí si usamos siempre las mismas leyes o unas veces unas y otras veces otras, y si todos usamos las mismas o unos usan unas y otros otras. COMP. Pero esto, Sócrates, no es difícil de conocer, que ni los mismos usan siempre las mismas leyes ni todos usan las mismas. Pues, sin ir más lejos, para nosotros no es ley sacrificar hombres, sino que es impío, pero los cartagineses sacrifican como si fuera algo santo y legal para ellos, y esto incluso algunos de ellos a sus propios hijos a Crono, como quizás tú también has oído. Y no solo los bárbaros usan otras leyes distintas a las nuestras, sino también los de Licaea y los descendientes de Atamante, qué sacrificios ofrecen siendo griegos. Como también sabes tú mismo, al oírlo, qué leyes usábamos nosotros antes respecto a los difuntos, degollando víctimas antes de la salida del cadáver y enviando a buscar a las que vierten las libaciones; los que fueron antes que ellos, a su vez, enterraban a los difuntos en la propia casa; nosotros no hacemos nada de esto. Y uno podría decir miles de cosas así; pues hay mucha amplitud para demostrar que ni nosotros legislamos siempre lo mismo para nosotros mismos ni los hombres lo mismo unos que otros. SÓC. No es nada extraño, mi buen amigo, si tú hablas correctamente y a mí esto se me ha escapado. Pero mientras tú digas por tu cuenta lo que te parece en un largo discurso y yo a mi vez, nunca llegaremos a un acuerdo, según creo; pero si se plantea la investigación en común, tal vez podríamos ponernos de acuerdo. Si quieres, pues, infórmate de mí y examínalo conmigo en común; si quieres, a su vez, responde. COMP. Estoy dispuesto, Sócrates, a responder lo que quieras. SÓC. Vamos, pues,¿ crees tú que las cosas justas son injustas y las injustas justas, o que las justas son justas y las injustas injustas?
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COMP. Yo, que las justas son justas y las injustas injustas. SÓC.¿ No se tiene por tal también entre todos, como aquí? COMP. Sí. SÓC.¿ No es así también entre los persas? COMP. También entre los persas. SÓC.¿ Pero siempre, supongo? COMP. Siempre. SÓC.¿ Se tiene por más pesado aquí lo que atrae más, y lo que atrae menos por más ligero, o al contrario? COMP. No, sino que lo que atrae más es más pesado, y lo que atrae menos es más ligero. SÓC.¿ No es así también en Cartago y en Licaea? COMP. Sí. SÓC. Lo bello, al parecer, se tiene por bello en todas partes y lo feo por feo, pero no lo feo por bello ni lo bello por feo. COMP. Así es. SÓC.¿ No se tiene, pues, para decirlo de todo, por ser lo que es, y no lo que no es, tanto entre nosotros como entre todos los demás? COMP. Me lo parece. SÓC. Quien, por tanto, yerra respecto a lo que es, yerra respecto a lo legal. COMP. Así, Sócrates, como tú dices, parece que estas cosas son legales tanto para nosotros siempre como para los demás; pero cuando reflexiono que no dejamos de cambiar las leyes de arriba abajo, no puedo convencerme. SÓC. Quizás porque no reflexionas que estas cosas que se cambian son las mismas. Pero examínalas conmigo de este modo.¿ Has encontrado alguna vez un escrito sobre la salud de los enfermos? COMP. Yo sí. SÓC.¿ Sabes, pues, de qué arte es este escrito? COMP. Sé que es de la medicina. SÓC.¿ No llamas médicos a los que son expertos en estas cosas? COMP. Lo digo. SÓC.¿ Acaso los expertos opinan lo mismo sobre las mismas cosas o unos opinan unas cosas y otros otras? COMP. Me parece que lo mismo. SÓC.¿ Acaso los griegos solos opinan lo mismo ante los griegos, o también los bárbaros ante sí mismos y ante los griegos, sobre lo que saben, opinan lo mismo? COMP. Lo mismo, supongo, hay mucha necesidad de que los que saben opinen lo mismo entre sí, tanto griegos como bárbaros. SÓC. Has respondido bien.¿ No es también siempre? COMP. Sí, también siempre. SÓC.¿ No escriben también los médicos sobre la salud lo mismo que opinan que es? COMP. Sí. SÓC. Estos escritos de los médicos son, pues, médicos y leyes médicas. COMP. Médicos, ciertamente. SÓC.¿ Acaso los escritos agrícolas son leyes agrícolas? COMP. Sí. SÓC.¿ De quiénes son, pues, los escritos y normas sobre el cultivo de los jardines? COMP. De los jardineros. SÓC. Estos son, pues, para nosotros leyes de jardinería. COMP. Sí. SÓC.¿ De los que saben dirigir los jardines? COMP.¿ Cómo no? SÓC. Y los jardineros saben. COMP. Sí. SÓC.¿ De quiénes son los escritos y normas sobre la preparación de los alimentos? COMP. De los cocineros. SÓC.¿ Son, pues, estas leyes de cocina? COMP. De cocina.
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SÓC.¿ De los que saben, al parecer, dirigir la preparación de los alimentos? COMP. Sí. SÓC.¿ Y los cocineros saben, como dicen? COMP. Saben, en efecto. SÓC. Bien;¿ de quiénes son, pues, los escritos y normas sobre la administración de la ciudad?¿ Acaso no de los que saben dirigir las ciudades? COMP. Me lo parece. SÓC.¿ Saben otros además de los políticos y los reyes? COMP. Estos, ciertamente. SÓC. Estos escritos son, pues, políticos, los que los hombres llaman leyes, escritos de reyes y de hombres buenos. COMP. Dices la verdad. SÓC.¿ Acaso los que saben no escribirán otras cosas sobre las mismas cosas en otro momento? COMP. No. SÓC.¿ Ni cambiarán nunca sobre las mismas cosas otras normas distintas? COMP. De ninguna manera. SÓC. Si, pues, vemos a algunos en cualquier lugar haciendo esto,¿ diremos que son expertos o inexpertos los que hacen esto? COMP. Inexpertos. SÓC.¿ No diremos, pues, que lo que sea correcto es legal para cada uno, ya sea lo médico, lo de cocina o lo de jardinería? COMP. Sí. SÓC.¿ Y lo que no sea correcto, ya no diremos que es legal? COMP. Ya no. SÓC. Se vuelve, pues, ilegal. COMP. Es necesario. SÓC.¿ No es también en los escritos sobre lo justo y lo injusto y, en general, sobre la ordenación de la ciudad y sobre cómo debe administrarse una ciudad, lo correcto la ley real, y lo que no es correcto no lo es, aunque parezca ley a los que no saben? Pues es ilegal. COMP. Sí. SÓC. Hemos acordado, pues, correctamente que la ley es el hallazgo de lo que es. COMP. Parece. SÓC. Examinemos también esto en ella.¿ Quién es experto en distribuir las semillas en la tierra? COMP. El agricultor. SÓC.¿ Este distribuye las semillas adecuadas a cada tierra? COMP. Sí. SÓC. El agricultor es, pues, un buen pastor de estas cosas,¿ y sus leyes y distribuciones sobre ellas son correctas? COMP. Sí. SÓC.¿ Quién es un buen pastor de los sonidos sobre las melodías, y de distribuir los adecuados?¿ Y las leyes de quién son correctas? COMP. Las del flautista y las del citarista. SÓC. El más experto en leyes en estas cosas es, pues, el más experto en flauta. COMP. Sí. SÓC.¿ Quién es el mejor en distribuir el alimento sobre los cuerpos de los hombres?¿ No es el que sabe el valor? COMP. Sí. SÓC. Sus distribuciones y leyes son, pues, las mejores, y quien es más experto en leyes sobre estas cosas es también el mejor pastor. COMP. Ciertamente. SÓC.¿ Quién es este?
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COMP. El maestro de gimnasia. SÓC.¿ Este es el mejor para pastorear el rebaño humano del cuerpo? COMP. Sí. SÓC.¿ Quién es el mejor para pastorear el rebaño de las ovejas?¿ Qué nombre tiene? COMP. Pastor. SÓC. Las leyes del pastor son, pues, las mejores para las ovejas. COMP. Sí. SÓC. Y las del boyero para los bueyes. COMP. Sí. SÓC.¿ Las leyes de quién son las mejores para las almas de los hombres?¿ No las del rey? Dilo. COMP. Lo digo, en efecto. SÓC. Hablas bien, pues.¿ Podrías decir, entonces, quién de los antiguos ha sido un buen legislador en las leyes de la flauta? Quizás no te das cuenta,¿ pero quieres que te lo recuerde? COMP. Ciertamente. SÓC.¿ Acaso se habla de Marsias y de su favorito, Olimpo el frigio? COMP. Dices la verdad. SÓC. Sus melodías de flauta son, pues, las más divinas, y solo ellas conmueven y manifiestan a los que están en necesidad de los dioses; y aún ahora son las únicas que quedan, por ser divinas. COMP. Es así. SÓC.¿ Quién se dice que ha sido un buen legislador entre los antiguos reyes, cuyas normas permanecen aún ahora por ser divinas? COMP. No me doy cuenta. SÓC.¿ No sabes quiénes usan las leyes más antiguas entre los griegos? COMP.¿ Te refieres a los lacedemonios y a Licurgo el legislador? SÓC. Pero esto quizás no tiene aún trescientos años o poco más. Pero,¿ de dónde vienen las mejores de estas normas?¿ Lo sabes? COMP. Dicen que de Creta. SÓC.¿ No usan estos, pues, las leyes más antiguas de los griegos? COMP. Sí. SÓC.¿ Sabes, pues, quiénes fueron sus buenos reyes? Minos y Radamantis, los hijos de Zeus y Europa, de quienes son estas leyes. COMP. Dicen de Radamantis, Sócrates, que fue un hombre justo, pero de Minos que fue alguien salvaje, cruel e injusto. SÓC. Dices, mi buen amigo, un mito ático y trágico. COMP.¿ Qué?¿ No se dice esto de Minos? SÓC. No, al menos por Homero y Hesíodo; y, sin embargo, son más creíbles que todos los poetas trágicos, escuchando a los cuales dices esto. COMP. Pero,¿ qué dicen entonces ellos de Minos?
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SÓC. Yo te lo diré, para que tú tampoco seas impío como la mayoría. Pues no hay nada más impío que esto ni nada que se deba evitar más, salvo pecar contra los dioses de palabra y de obra, y en segundo lugar contra los hombres divinos; sino que hay que tener siempre mucho cuidado, cuando vayas a censurar o a alabar a un hombre, de no hablar incorrectamente. Por esto mismo hay que aprender a distinguir a los hombres buenos de los malos. Pues el dios se indigna cuando alguien censura al que es semejante a él o alaba al que es contrario a él; y este es el bueno. Pues no creas que las piedras son sagradas, y la madera, las aves y las serpientes, pero los hombres no; sino que de todas estas cosas lo más sagrado es el hombre bueno, y lo más abominable el malo. Ahora, pues, también sobre Minos, como Homero y Hesíodo lo elogian, por esto te lo diré, para que, siendo hombre, no peques de palabra contra un héroe, hijo de Zeus. Pues Homero, hablando de Creta, dice que hay en ella muchos hombres y noventa ciudades, y en ellas, dice: está Cnosos, gran ciudad, donde Minos reinaba nueve años, confidente del gran Zeus. Es, pues, este un elogio de Homero a Minos dicho brevemente, como no hizo Homero a ninguno de los héroes. Pues que Zeus es un sofista y que este arte es bellísimo, lo manifiesta en muchos lugares y en otros, pero también aquí. Pues dice que Minos se reunía cada nueve años con Zeus en conversaciones y acudía a ser educado como por un sofista que es Zeus. Que este privilegio, pues, no hay a quien Homero se lo haya concedido de los héroes, ser educado por Zeus, a otro que a Minos, esto es un elogio maravilloso. Y en la Nekyia de la Odisea ha hecho a Minos juzgando con un cetro de oro, no a Radamantis; a Radamantis no lo ha hecho ni juzgando allí ni reuniéndose con Zeus en ninguna parte. Por esto digo yo que Minos ha sido el más elogiado de todos por Homero. Pues ser hijo de Zeus y ser el único educado por Zeus no tiene exceso de elogio; esto significa el verso: reinaba nueve años, confidente del gran Zeus, ser el compañero de conversaciones de Zeus Minos. Pues las conversaciones son discursos, y el confidente es un compañero de conversaciones; acudía, pues, cada nueve años Minos a la cueva de Zeus, unas cosas para aprender y otras para mostrar las que en el periodo de nueve años anterior había aprendido de Zeus.
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SÓC. Hay quienes suponen que el confidente es un compañero de banquetes y de juegos de Zeus, pero uno podría usar este testimonio de que no dicen nada los que suponen esto; pues habiendo muchos hombres, tanto griegos como bárbaros, no hay quienes se abstengan de banquetes y de este juego, donde hay vino, otros que los cretenses y los lacedemonios en segundo lugar, habiéndolo aprendido de los cretenses. En Creta, pues, esta es una de las otras leyes que Minos estableció, no beber juntos hasta la embriaguez. Y, sin embargo, es evidente que lo que consideraba que era bello, esto lo estableció como legal también para sus propios ciudadanos. Pues Minos no consideraba unas cosas y hacía otras distintas a las que consideraba, como un hombre vil; sino que esta reunión era como yo digo, mediante discursos para la educación hacia la virtud. De donde, pues, estableció estas leyes para sus propios ciudadanos, por las cuales Creta es feliz todo el tiempo y Lacedemonia, desde que empezó a usarlas, por ser divinas. Radamantis era un hombre bueno; pues había sido educado por Minos. Había sido educado, sin embargo, no en todo el arte real, sino en el servicio al arte real, en cuanto a supervisar en los tribunales; de donde también se dijo que era un buen juez. Pues Minos lo usaba como guardián de las leyes en la ciudad, y en el resto de Creta a Talos. Pues Talos recorría tres veces al año las aldeas, guardando las leyes en ellas, teniendo las leyes escritas en tablillas de bronce, de donde fue llamado de bronce. También Hesíodo ha dicho cosas hermanas a estas sobre Minos. Pues, habiendo mencionado su nombre, dice: quien fue el más real de los reyes mortales, y reinaba sobre la mayoría de los hombres vecinos, teniendo el cetro de Zeus; con el cual reinaba sobre las ciudades. Y este dice que el cetro de Zeus no es otra cosa que la educación de Zeus, con la que gobernaba Creta. COMP.¿ Por qué, pues, Sócrates, se ha extendido esta fama de Minos de que es alguien inculto y cruel?
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SÓC. Por lo que también tú, mi buen amigo, si eres sensato, te cuidarás, y todo hombre a quien le importe tener buena reputación, de no enemistarse nunca con ningún hombre poético. Pues los poetas tienen gran poder sobre la reputación, hacia cualquier lado que compongan sobre los hombres, ya sea alabando o calumniando. Lo cual, en efecto, erró Minos, al guerrear contra esta ciudad, en la que hay mucha otra sabiduría y poetas de todo tipo, tanto de la otra poesía como de la tragedia. La tragedia es antigua aquí, no como creen que empezó con Tespis ni con Frínico, sino que, si quieres reflexionar, encontrarás que es un hallazgo muy antiguo de esta ciudad. La tragedia es lo más agradable al pueblo y lo que más atrae el alma de la poesía; en la cual, en efecto, nosotros, al componer, castigamos a Minos por lo que nos obligó a pagar aquellos tributos. Esto, pues, erró Minos, al enemistarse con nosotros, de donde, lo que tú preguntas, ha tenido peor fama. Puesto que, en cuanto a que era bueno y legal, lo que decíamos también antes, un buen pastor, esto es la mayor señal, que sus leyes son inamovibles, por haber hallado bien la verdad sobre la administración de la ciudad. COMP. Me parece, Sócrates, que has dicho un discurso verosímil. SÓC.¿ No es, pues, si yo digo la verdad, que te parecen los cretenses ciudadanos de Minos y Radamantis usar las leyes más antiguas? COMP. Lo parecen. SÓC. Estos han sido, pues, los mejores legisladores de los antiguos, pastores y guardianes de hombres, como también Homero decía que el buen general es pastor de pueblos. COMP. Ciertamente. SÓC. Vamos, pues, por Zeus amigo; si alguien nos preguntara,¿ qué es el buen legislador y pastor para el cuerpo, estas cosas que distribuyendo sobre el cuerpo lo hacen mejor?, diríamos bien y brevemente respondiendo, que alimento y ejercicios, aumentando con lo uno, y ejercitando y consolidando el cuerpo mismo con lo otro. COMP. Correctamente. SÓC. Si, pues, después de esto nos preguntara,¿ qué son, pues, aquellas cosas que el buen legislador y pastor distribuyendo sobre el alma la hacen mejor?¿ Qué responderíamos sin avergonzarnos ni por nosotros mismos ni por nuestra edad? COMP. Ya no puedo decir esto. SÓC. Pero, sin embargo, es vergonzoso para el alma de cada uno de nosotros parecer no saber las cosas que hay en ellas, en las cuales está en ellas tanto lo bueno como lo malo, mientras que hemos examinado las del cuerpo y las de los demás.