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Republic
Plato (plato)Repu 1.327 · spanish-geminiMore by Plato (plato)
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Original / primary: Spanish Gemini
1.327
Ayer bajé al Pireo con Glaucón, hijo de Aristón, para orar a la diosa y, al mismo tiempo, deseando ver cómo celebrarían la fiesta, ya que la organizaban por primera vez. La procesión de los habitantes del lugar me pareció hermosa, pero no parecía menos digna la que enviaban los tracios. Tras orar y observar, nos dirigíamos de vuelta a la ciudad. Polemarco, hijo de Céfalo, al vernos desde lejos encaminados a casa, ordenó a su esclavo que corriera y nos pidiera que lo esperáramos. El esclavo me tomó por detrás del manto y dijo:« Polemarco os pide que esperéis». Me volví y pregunté dónde estaba él.« Viene detrás— dijo—, pero esperad».« Esperaremos», dijo Glaucón. Poco después llegaron Polemarco, Adimanto, hermano de Glaucón, Nicérato, hijo de Nicias, y algunos otros que venían de la procesión. Polemarco dijo entonces:« Sócrates, me parece que os dirigís a la ciudad para iros».« No te equivocas», dije yo.«¿ Veis cuántos somos?», dijo.«¿ Cómo no?».« Pues bien— dijo—, o bien os hacéis más fuertes que estos, o bien os quedáis aquí».«¿ No queda todavía una opción— dije yo—, la de persuadiros de que debéis dejarnos ir?».«¿ Y podríais persuadirnos si no os escuchamos?», dijo él.« De ninguna manera», dijo Glaucón.« Pues pensad que no os escucharemos».
1.328
Adimanto dijo:«¿ Es que no sabéis que habrá una carrera de antorchas a caballo en honor a la diosa al atardecer?».«¿ A caballo?— dije yo—. Eso es una novedad.¿ Se pasarán las antorchas unos a otros compitiendo a caballo?¿ O cómo dices?».« Así es— dijo Polemarco—. Y además harán una vigilia nocturna que merece la pena ver; nos levantaremos después de cenar y veremos la vigilia. Estaremos allí con muchos de los jóvenes y conversaremos. Quedaos, pues, y no hagáis otra cosa». Glaucón dijo:« Parece que hay que quedarse».« Si te parece bien— dije yo—, así hay que hacerlo». Fuimos, pues, a casa de Polemarco y encontramos allí a Lisias y Eutidemo, los hermanos de Polemarco, y también a Trasímaco de Calcedonia, a Carmántides de Peania y a Clitofonte, hijo de Aristónimo; estaba dentro también el padre de Polemarco, Céfalo. Me pareció muy anciano, pues hacía tiempo que no lo veía. Estaba sentado coronado sobre un cojín y una silla, pues acababa de ofrecer un sacrificio en el patio. Nos sentamos a su lado, pues había allí varias sillas en círculo. En cuanto me vio, Céfalo me saludó y dijo:« Sócrates, no nos visitas a menudo bajando al Pireo. Deberías hacerlo. Pues si yo tuviera aún la fuerza para ir fácilmente a la ciudad, no necesitarías venir aquí, sino que nosotros iríamos a verte; pero ahora deberías venir aquí más a menudo. Pues sabe bien que, en lo que a mí respecta, a medida que se marchitan los placeres corporales, aumentan los deseos y placeres relacionados con la conversación. No hagas otra cosa, sino trata con estos jóvenes y ven aquí a vernos como a amigos y personas muy cercanas».« Y ciertamente— dije yo—, Céfalo, disfruto conversando con los ancianos; pues me parece que hay que aprender de ellos, como de quienes han recorrido un camino que quizás nosotros también tendremos que recorrer, cómo es: si es áspero y difícil, o fácil y transitable. Y ciertamente me gustaría saber de ti qué te parece esto, ya que estás en esa edad que los poetas llaman el umbral de la vejez:¿ es una etapa difícil de la vida, o cómo la describes tú?».
1.329
« Te lo diré, por Zeus— dijo—, Sócrates, tal como me parece. Pues a menudo nos reunimos algunos que tenemos una edad similar, manteniendo el viejo proverbio. La mayoría de nosotros, al reunirnos, se lamenta, añorando los placeres de la juventud y recordando los relacionados con el amor, las bebidas, los banquetes y otras cosas por el estilo, y se indignan como si hubieran sido privados de grandes cosas y entonces vivieran bien, mientras que ahora ni siquiera viven. Algunos se lamentan también de los ultrajes de sus allegados a causa de la vejez, y por esto mismo ensalzan la vejez como causa de muchos males. Pero a mí me parece, Sócrates, que estos no culpan a la causa. Pues si esta fuera la causa, yo también habría sufrido lo mismo por causa de la vejez, y todos los demás que han llegado a esta edad. Pero ahora ya he conocido a otros que no están así, y de hecho estuve presente una vez cuando alguien preguntaba al poeta Sófocles:“¿ Cómo te va, Sófocles, con los placeres del amor?¿ Todavía eres capaz de unirte a una mujer?”. Y él dijo:“¡ Calla, hombre! Con mucho gusto me he librado de ello, como quien escapa de un amo loco y salvaje”. Me pareció entonces que habló bien, y ahora no menos. Pues, en efecto, en la vejez hay mucha paz y libertad respecto a tales cosas; cuando los deseos dejan de tensar y se relajan, ocurre totalmente lo que decía Sófocles: librarse de muchos amos muy locos. Pero también respecto a esto y a lo de los allegados, hay una sola causa, no la vejez, Sócrates, sino el carácter de los hombres. Pues si son moderados y de trato fácil, incluso la vejez es moderadamente llevadera; si no, tanto la vejez como la juventud resultan difíciles para tal persona». Admirado por lo que decía, quise que siguiera hablando y le dije:« Céfalo, creo que la mayoría de la gente, cuando dices esto, no te acepta, sino que piensa que llevas la vejez fácilmente no por tu carácter, sino por poseer una gran fortuna; pues dicen que los ricos tienen muchos consuelos».
1.330
« Dices la verdad— dijo—, pues no lo aceptan. Y dicen algo, pero no tanto como creen; sino que lo de Temístocles es acertado, quien, cuando un habitante de Sérifos lo insultaba y decía que no por sí mismo sino por su ciudad gozaba de buena reputación, respondió que ni él mismo, siendo de Sérifos, habría llegado a ser famoso, ni aquel, siendo ateniense. Y para los que no son ricos, pero llevan difícilmente la vejez, es válido el mismo argumento: que ni el hombre decente soportaría la vejez con pobreza con mucha facilidad, ni el que no es decente, al enriquecerse, llegaría a estar nunca a gusto consigo mismo».«¿ Y de lo que posees— dije yo—, Céfalo, recibiste la mayor parte o la has adquirido?».«¿ Qué iba a adquirir?— dijo—. He sido un acumulador de riqueza intermedio entre mi abuelo y mi padre. Pues mi abuelo, que llevaba mi mismo nombre, recibió casi tanta fortuna como la que yo poseo ahora y la multiplicó muchas veces, mientras que Lisanias, mi padre, la hizo aún menor de lo que es ahora; yo me doy por satisfecho si no les dejo menos a estos, sino un poco más de lo que recibí».« Por eso te preguntaba— dije yo—, porque me pareció que no aprecias mucho el dinero, y esto lo hacen por lo general quienes no lo han ganado ellos mismos; mientras que los que lo han ganado lo aprecian el doble que los demás. Pues así como los poetas aman sus propios poemas y los padres a sus hijos, de la misma manera los que han ganado dinero se preocupan por él como obra suya, y además por su utilidad, igual que los demás. Por tanto, son difíciles de tratar, no queriendo alabar otra cosa que la riqueza».« Dices la verdad», dijo.« Ciertamente— dije yo—. Pero dime todavía esto:¿ qué consideras que es el mayor bien que has disfrutado por poseer una gran fortuna?».« Eso— dijo—, quizás no convencería a muchos al decirlo. Pues sabe bien, Sócrates, que cuando alguien está cerca de pensar que va a morir, le entra miedo y preocupación por cosas que antes no le venían. Pues los mitos que se cuentan sobre los que están en el Hades, que el que ha cometido injusticias aquí debe pagar allí, aunque antes se reían de ellos, entonces perturban su alma por si fueran ciertos; y él mismo— ya sea por la debilidad de la vejez o por estar ya más cerca de las cosas de allí, las ve mejor— se llena de sospechas y miedo, y empieza a reflexionar y a considerar si ha cometido alguna injusticia contra alguien».
1.331
« El que encuentra en su vida muchas injusticias, a menudo se despierta sobresaltado del sueño, como los niños, y vive con una mala esperanza; pero para quien no tiene conciencia de haber cometido ninguna injusticia, una dulce esperanza está siempre presente y es una buena nodriza de la vejez, como dice Píndaro. Pues con gracia, Sócrates, dijo aquel que quien lleve una vida justa y piadosa, una dulce esperanza que nutre el corazón acompaña a la vejez, la cual gobierna sobre todo la mente voluble de los mortales. Habla, pues, maravillosamente bien. Por esto, yo considero que la posesión de dinero es de gran valor, no para cualquier hombre, sino para el decente y moderado. Pues el no haber engañado ni mentido a nadie ni siquiera involuntariamente, ni tampoco estar debiendo sacrificios a un dios o dinero a un hombre para luego partir hacia allá con miedo, la posesión de dinero contribuye en gran medida a esto. Tiene también otras utilidades, pero, una por una, no pondría en último lugar para un hombre sensato, Sócrates, que la riqueza es muy útil».« Hablas muy bien, Céfalo— dije yo—. Pero esto mismo, la justicia,¿ diremos que es la verdad y devolver lo que uno haya recibido de alguien, o que incluso esto mismo es a veces justo hacerlo y a veces injusto? Digo algo como esto: todo el mundo diría, si alguien recibiera armas de un amigo sensato y, si enloqueciera, se las reclamara, que no hay que devolver tales cosas, ni sería justo el que las devolviera, ni tampoco querer decir toda la verdad a alguien que está en tal estado».« Dices bien», dijo.« No es, pues, esta la definición de justicia, decir la verdad y devolver lo que uno haya recibido».« Ciertamente— dijo Polemarco, interviniendo—, si es que hay que creer a Simónides».« Y ciertamente— dijo Céfalo—, os cedo la palabra; pues debo ocuparme ya de los sacrificios».«¿ No soy yo, pues— dijo Polemarco—, el heredero de lo tuyo?».« Por supuesto», dijo riendo, y al mismo tiempo se fue a los sacrificios.« Dime, pues— dije yo—, tú, el heredero de la conversación,¿ qué dices que Simónides afirma correctamente sobre la justicia?».« Que— dijo— devolver a cada uno lo que se le debe es justo; al decir esto, me parece que habla bien».
1.332
« Pero, sin embargo— dije yo—, no es fácil desconfiar de Simónides, pues es un hombre sabio y divino; pero qué es lo que dice, tú, Polemarco, quizás lo sabes, pero yo lo ignoro. Pues es evidente que no dice esto que decíamos hace poco, que hay que devolver lo que alguien ha depositado a quien no está en su sano juicio al reclamarlo. Y, sin embargo, es algo debido lo que depositó,¿ no es así?».« Sí».«¿ Pero no hay que devolverlo de ninguna manera cuando alguien lo reclama sin estar en su sano juicio?».« Es verdad», dijo.«¿ Alguna otra cosa, pues, que no sea tal, es lo que Simónides dice que es justo devolver lo que se debe?».« Otra cosa, por Zeus— dijo—; pues cree que los amigos deben a los amigos hacerles algún bien, y ningún mal».« Entiendo— dije yo—, que no devuelve lo que se debe quien devuelve oro a alguien que lo depositó, si la devolución y la recepción resultan perjudiciales, y son amigos el que recibe y el que devuelve.¿ No es eso lo que dices que afirma Simónides?».« Ciertamente».«¿ Qué más?¿ Hay que devolver a los enemigos lo que por casualidad se les deba?».« Totalmente— dijo—, lo que se les debe; y se les debe, creo, por parte del enemigo al enemigo lo que también le corresponde: algún mal».« Simónides, pues— dije yo—, como parece, dio a entender poéticamente qué es la justicia. Pues pensaba, al parecer, que la justicia es devolver a cada uno lo que le corresponde, y a esto lo llamó debido. Pero,¿ qué crees?».«¡ Por Zeus!— dije yo—, si alguien le preguntara:“ Simónides,¿ qué arte, al devolver a quién qué, se llama medicina?”.¿ Qué crees que nos respondería?».« Es evidente— dijo—, la que devuelve a los cuerpos medicamentos, alimentos y bebidas».«¿ Y qué arte, al devolver a quién qué, se llama cocina?».« La que devuelve a los guisos los condimentos».« Bien.¿ Qué arte, pues, al devolver a quién qué, se llamaría justicia?».« Si hay que seguir, Sócrates, lo dicho anteriormente— dijo—, la que devuelve beneficios y daños a amigos y enemigos».«¿ Llama, pues, justicia a hacer bien a los amigos y mal a los enemigos?».« Me lo parece».«¿ Quién, pues, es más capaz de hacer bien a los amigos enfermos y mal a los enemigos respecto a la enfermedad y la salud?».« El médico».«¿ Y quién a los que navegan respecto al peligro del mar?».« El piloto».«¿ Y el justo?¿ En qué acción y respecto a qué tarea es más capaz de beneficiar a los amigos y dañar a los enemigos?».« En hacer la guerra y en aliarse, me parece».« Bien. Pero a los que no están enfermos, amigo Polemarco, el médico es inútil».« Es verdad».« Y a los que no navegan, el piloto».« Sí».«¿ Es, pues, el justo inútil para los que no están en guerra?».« No me lo parece en absoluto».«¿ Es, pues, útil la justicia también en tiempo de paz?».
1.333
« Es útil. Pues también la agricultura,¿ o no?».« Sí».«¿ Para la obtención de frutos?».« Sí».« Y también el arte de la zapatería».« Sí».« Para la obtención de calzado, supongo que dirías».« Ciertamente».«¿ Qué más?¿ Para qué necesidad o adquisición dirías que la justicia es útil en tiempo de paz?».« Para los contratos, Sócrates».«¿ Y por contratos entiendes asociaciones o alguna otra cosa?».« Asociaciones, ciertamente».«¿ Es, pues, el justo un buen y útil socio para colocar fichas, o el jugador de dados?».« El jugador de dados».«¿ Pero para colocar ladrillos y piedras es el justo un socio más útil y mejor que el constructor?».« De ninguna manera».«¿ Pero para qué asociación es el justo un mejor socio que el constructor y el músico, como el músico lo es del justo para las notas?».« Para el dinero, me parece».« Salvo quizás, Polemarco, para el uso del dinero, cuando hay que comprar o vender un caballo en común; entonces, como yo creo, el experto en caballos».«¿ No es así?».« Parece».«¿ Y cuando es un barco, el constructor naval o el piloto?».« Parece».« Cuando, pues, hay que usar en común dinero o oro,¿ es el justo más útil que los demás?».« Cuando hay que depositarlo y que esté a salvo, Sócrates».«¿ Dices, pues, cuando no hay necesidad de usarlo, sino que esté guardado?».« Ciertamente».«¿ Es, pues, la justicia útil para el dinero cuando este es inútil?».« Es probable».« Y cuando hay que guardar una hoz,¿ la justicia es útil tanto en común como en privado; pero cuando hay que usarla, la viticultura?».« Parece».«¿ Dirás también que para el escudo y la lira, cuando hay que guardarlos y no usarlos, la justicia es útil, pero cuando hay que usarlos, el arte de la guerra y la música?».« Es necesario».«¿ Y respecto a todo lo demás, la justicia es inútil para cada cosa en su uso, pero útil en su desuso?».« Es probable».« No sería, pues, amigo, la justicia algo muy serio, si resulta ser útil para las cosas inútiles. Pero consideremos esto:¿ no es el más capaz de golpear en combate, ya sea en boxeo o en cualquier otra cosa, el mismo que también es el más capaz de protegerse?».« Ciertamente».«¿ Es, pues, el que es capaz de protegerse de una enfermedad, también el más capaz de causarla sin ser descubierto?».« Me lo parece».
1.334
« Pero, además, el mismo es un buen guardián de un campamento, el que también es capaz de robar los planes y las demás acciones de los enemigos».« Ciertamente».« De quien uno es capaz de ser guardián, de eso mismo es capaz de ser ladrón».« Parece».« Si, pues, el justo es capaz de guardar el dinero, también es capaz de robarlo».« Al menos eso es lo que indica el argumento», dijo.« El justo, pues, ha resultado ser una especie de ladrón, al parecer, y corres el riesgo de haber aprendido esto de Homero; pues también él aprecia a Autólico, el abuelo materno de Odiseo, y dice que superaba a todos los hombres en robos y juramentos. La justicia, pues, según tú, según Homero y según Simónides, parece ser una especie de arte de robar, aunque para beneficio de los amigos y daño de los enemigos.¿ No es eso lo que decías?».«¡ Por Zeus que no!— dijo—, pero ya no sé lo que decía; sin embargo, esto me sigue pareciendo: que la justicia beneficia a los amigos y daña a los enemigos.¿ Pero llamas amigos a los que a cada uno le parecen buenos, o a los que lo son, aunque no lo parezcan, y enemigos de la misma manera?».« Es natural— dijo—, que uno ame a quienes considera buenos y odie a quienes considera malos».«¿ No se equivocan, pues, los hombres en esto, de modo que les parecen buenos muchos que no lo son, y muchos lo contrario?».« Se equivocan».«¿ Para estos, pues, los buenos son enemigos y los malos amigos?».« Ciertamente».«¿ Pero entonces es justo para estos beneficiar a los malos y dañar a los buenos?».« Parece».«¿ Pero no son los buenos justos y capaces de no cometer injusticias?».« Es verdad».« Según tu argumento, es justo hacer daño a los que no cometen ninguna injusticia».« De ninguna manera— dijo—, Sócrates; pues el argumento parece ser malo».«¿ Es justo, pues— dije yo—, dañar a los injustos y beneficiar a los justos?».« Esto parece mejor que lo anterior».« A muchos, pues, Polemarco, a todos los hombres que se han equivocado, les resultará que es justo dañar a los amigos— pues para ellos son malos— y beneficiar a los enemigos— pues son buenos—; y así diremos lo contrario de lo que decíamos que decía Simónides».« Y ciertamente— dijo—, así sucede. Pero cambiemos; pues corremos el riesgo de no haber definido bien al amigo y al enemigo».«¿ Cómo definiéndolos, Polemarco?».« Al que parece bueno, ese es amigo».«¿ Y ahora cómo— dije yo—, cambiemos?».
1.335
« Al que parece— dijo— y al que es bueno, amigo; al que parece, pero no es, que parezca pero no sea amigo. Y respecto al enemigo, la misma definición».« Amigo, pues, al parecer, según este argumento, será el bueno, y enemigo el malo».« Sí».«¿ Nos pides, pues, que añadamos a la justicia lo que decíamos al principio, diciendo que es justo beneficiar al amigo y dañar al enemigo; ahora, además de esto, decir así: que es justo beneficiar al amigo que es bueno y dañar al enemigo que es malo?».« Ciertamente— dijo—, así me parece que se diría bien».«¿ Es, pues— dije yo—, propio de un hombre justo dañar a cualquier hombre?».« Ciertamente— dijo—; hay que dañar a los malos y enemigos».«¿ Los caballos, al ser dañados, se vuelven mejores o peores?».« Peores».«¿ Respecto a la virtud de los perros, o a la de los caballos?».« Respecto a la de los caballos».«¿ Los perros, pues, al ser dañados, se vuelven peores respecto a la virtud de los perros, y no a la de los caballos?».« Es necesario».«¿ Y a los hombres, amigo, no diremos que, al ser dañados, se vuelven peores respecto a la virtud humana?».« Ciertamente».«¿ Pero no es la justicia una virtud humana?».« También esto es necesario».« Es necesario, pues, amigo, que los hombres que son dañados se vuelvan más injustos».« Parece».«¿ Pueden, pues, los músicos, con la música, hacer a otros ignorantes de la música?».« Es imposible».«¿ O los jinetes, con la equitación, hacer a otros incapaces de montar?».« No es posible».«¿ O los justos, con la justicia, hacer a otros injustos?¿ O, en general, los buenos, con la virtud, hacer a otros malos?».« Es imposible».« Pues no es obra del calor, creo, enfriar, sino de su contrario».« Sí».« Ni de la sequedad humedecer, sino de su contrario».« Ciertamente».« Ni tampoco del bueno dañar, sino de su contrario».« Parece».«¿ Pero el justo es bueno?».« Ciertamente».« No es, pues, obra del justo dañar, Polemarco, ni a un amigo ni a nadie, sino de su contrario, del injusto».« Me parece que dices la verdad totalmente, Sócrates», dijo.« Si, pues, alguien dice que es justo devolver lo que se debe a cada uno, y entiende con esto que se debe daño a los enemigos por parte del hombre justo, y beneficio a los amigos, no era sabio el que dijo esto. Pues no decía la verdad; pues en ninguna parte nos pareció justo dañar a nadie».« Lo admito», dijo.« Lucharemos, pues— dije yo—, tú y yo juntos, si alguien dice que esto lo ha dicho Simónides, o Bías, o Pítaco, o cualquier otro de los hombres sabios y dichosos».« Yo, al menos— dijo—, estoy dispuesto a compartir la lucha».
1.336
« Pero,¿ sabes— dije yo— de quién me parece que es la frase, la de decir que es justo beneficiar a los amigos y dañar a los enemigos?».«¿ De quién?», dijo.« Creo que es de Periandro, o de Pérdicas, o de Jerjes, o de Ismenias el tebano, o de algún otro hombre rico que se cree capaz de mucho».« Dices la verdad», dijo.« Bien— dije yo—; puesto que tampoco esto resultó ser la justicia ni lo justo,¿ qué otra cosa podría decir alguien que es?». Trasímaco, muchas veces, mientras hablábamos, intentaba interrumpir la conversación, pero era impedido por los que estaban sentados al lado, que querían escuchar hasta el final. Pero cuando nos detuvimos y yo dije esto, ya no guardó silencio, sino que, encogiéndose como una fiera, se lanzó sobre nosotros como si fuera a despedazarnos. Polemarco y yo, asustados, nos quedamos atónitos. Él, gritando en medio, dijo:«¿ Qué tontería os tiene desde hace tiempo, Sócrates?¿ Y por qué os comportáis como unos ingenuos cediendo unos ante otros? Pero si de verdad quieres saber qué es lo justo, no preguntes solo ni te vanaglories refutando cuando alguien responde, sabiendo esto, que es más fácil preguntar que responder, sino responde tú mismo y di qué dices que es lo justo. Y no me digas que es lo debido, ni que es lo útil, ni que es lo provechoso, ni que es lo lucrativo, ni que es lo conveniente, sino dímelo clara y precisamente; pues no lo aceptaré si dices tales necedades». Al oírlo, me quedé pasmado y, al mirarlo, sentí miedo, y creo que, si no lo hubiera visto antes que él a mí, me habría quedado mudo. Pero ahora, cuando empezaba a enfurecerse por el argumento, lo miré antes, de modo que pude responderle, y dije temblando:« Trasímaco, no seas duro con nosotros; pues si cometemos algún error en el examen de los argumentos, yo y este, sabe bien que lo cometemos involuntariamente. Pues no creas que, si buscáramos oro, nunca estaríamos dispuestos a ceder voluntariamente unos ante otros en la búsqueda y arruinar su hallazgo, y que, buscando la justicia, algo más valioso que mucho oro, luego cederíamos tan insensatamente unos ante otros y no nos esforzaríamos al máximo por que apareciera».
1.337
« Créelo tú, amigo. Pero creo que no podemos; es mucho más natural que seamos compadecidos por vosotros, los expertos, antes que enfadados». Al oír esto, soltó una carcajada muy sardónica y dijo:«¡ Por Heracles!— dijo—, esa es la habitual ironía de Sócrates, y esto yo ya lo sabía y les advertía, que no querrías responder, sino que serías irónico y harías cualquier cosa antes que responder si alguien te pregunta algo».« Eres sabio, Trasímaco— dije yo—; sabías bien que si preguntaras a alguien cuánto es doce, y al preguntar le advirtieras:“ No me digas, hombre, que doce es dos veces seis, ni tres veces cuatro, ni seis veces dos, ni cuatro veces tres; pues no aceptaré si dices tales tonterías”, te era evidente, creo, que nadie respondería a quien pregunta así. Pero si te dijera:“ Trasímaco,¿ cómo dices?¿ Que no responda nada de lo que has advertido?¿ Acaso, admirable hombre, ni siquiera si resulta ser algo de eso, sino que diga otra cosa que la verdad?¿ O cómo dices?”.¿ Qué le habrías dicho a esto?».« Bien— dijo—, como si esto fuera igual a aquello».« Nada impide— dije yo—; pero si no es igual, pero al preguntado le parece tal,¿ crees que responderá menos lo que le parece, tanto si nosotros lo prohibimos como si no?».«¿ Vas a hacer tú también lo mismo?— dijo—.¿ Vas a responder algo de lo que yo prohibí?».« No me extrañaría— dije yo—, si al examinarlo me pareciera así».«¿ Qué pasaría, pues— dijo—, si yo te muestro otra respuesta sobre la justicia, distinta a todas estas, mejor que estas?¿ Qué mereces sufrir?».«¿ Qué otra cosa— dije yo—, sino lo que corresponde sufrir al que no sabe? Corresponde, creo, aprender del que sabe; y yo, pues, merezco sufrir esto».« Eres divertido— dijo—, pero además de aprender, paga dinero».« Cuando lo tenga, diré».« Pero lo tiene», dijo Glaucón.« Pero por el dinero, Trasímaco, habla; pues todos nosotros pagaremos por Sócrates».« Ciertamente, creo— dijo—, para que Sócrates haga lo habitual: él mismo no responder, sino que, respondiendo otro, tome el argumento y lo refute».
1.338
¿ Cómo podría, dije yo, mi buen amigo, responder alguien que, en primer lugar, no sabe ni pretende saber, y que, en segundo lugar, incluso si tuviera alguna opinión, se le hubiera prohibido decir nada de lo que piensa por parte de un hombre nada despreciable? Más bien, es a ti a quien corresponde hablar; pues tú afirmas saber y ser capaz de decirlo. No hagas otra cosa, sino compláceme respondiendo y no seas mezquino en instruir a Glaucón aquí presente y a los demás. Tras decir yo esto, tanto Glaucón como los otros le rogaron que no hiciera otra cosa. Y Trasímaco se mostraba deseoso de hablar para ganar prestigio, creyendo tener una respuesta excelente; pero fingía disputar para que fuera yo quien respondiera. Finalmente accedió, y luego dijo: Esta es, pues, la sabiduría de Sócrates: él mismo no quiere enseñar nada, sino que va de un lado a otro aprendiendo de los demás y ni siquiera les da las gracias. Que aprendo de los demás, dije yo, has dicho la verdad, Trasímaco, pero que dices que no pago con gratitud, mientes; pues pago tanto como puedo. Y solo puedo alabar, pues no tengo dinero. Y cuán dispuesto estoy a hacerlo, si alguien me parece que habla bien, lo sabrás muy pronto, en cuanto respondas; pues creo que hablarás bien. Escucha, pues, dijo él. Pues yo afirmo que la justicia no es otra cosa que lo que conviene al más fuerte. Pero,¿ por qué no me alabas? Pero no querrás. Si primero aprendo, dije, qué quieres decir; pues ahora aún no lo sé. Dices que lo que conviene al más fuerte es justo.¿ Y esto, Trasímaco, qué es lo que quieres decir? Pues seguramente no dirás algo como esto: si Polidamante, el pancraciasta, es más fuerte que nosotros y a él le conviene comer carne de buey para su cuerpo, este alimento es también para nosotros, los más débiles que él, conveniente y a la vez justo. Eres detestable, dijo, Sócrates, y tomas el argumento por donde más daño puedes hacerle. De ninguna manera, mi excelente amigo, dije yo; pero explica más claramente qué quieres decir.¿ Acaso no sabes, dijo, que de las ciudades unas están gobernadas por tiranos, otras por el pueblo y otras por los aristócratas?¿ Cómo no?¿ No es cierto que en cada ciudad el poder soberano es el que manda? Ciertamente. Y cada gobierno establece las leyes según su propia conveniencia: la democracia, leyes democráticas; la tiranía, tiránicas; y las demás, de igual modo; y al establecerlas, declaran que lo justo para los gobernados es lo que a ellos les conviene, y castigan al que se aparta de esto como alguien que infringe la ley y comete una injusticia.
1.339
Esto es, pues, mi excelente amigo, lo que digo que es lo mismo en todas las ciudades: la justicia es lo conveniente para la autoridad establecida. Y como esta es la que tiene el poder, resulta para quien razona correctamente que en todas partes la justicia es la misma: lo conveniente para el más fuerte. Ahora, dije yo, he comprendido lo que dices; si es verdad o no, trataré de aprenderlo. Así pues, Trasímaco, tú también respondiste que lo conveniente es justo— aunque me prohibías que yo respondiera eso—, pero añades además que es lo del más fuerte. Una pequeña adición, tal vez, dijo él. Aún no está claro si es grande; pero que hay que examinar si dices la verdad, eso sí está claro. Pues, puesto que yo también admito que lo justo es algo conveniente, y tú añades y afirmas que es lo del más fuerte, mientras que yo lo ignoro, hay que examinarlo. Examínalo, dijo. Así será, dije yo. Y dime:¿ no afirmas también que es justo obedecer a los gobernantes? Así es.¿ Son los gobernantes en cada una de las ciudades infalibles o son capaces de equivocarse en algo? Sin duda, dijo, son capaces de equivocarse en algo. Por tanto, al intentar establecer leyes,¿ establecen unas correctamente y otras no? Eso creo.¿ Y acaso lo correcto es establecer lo que es conveniente para ellos mismos, y lo incorrecto lo que no es conveniente?¿ O cómo dices? Así es.¿ Y lo que establecen debe ser hecho por los gobernados, y eso es lo justo?¿ Cómo no? Entonces, según tu razonamiento, no solo es justo hacer lo conveniente para el más fuerte, sino también lo contrario, lo que no es conveniente.¿ Qué dices?, dijo él. Lo que tú dices, me parece; pero examinémoslo mejor.¿ No se ha admitido que los gobernantes, al ordenar a los gobernados hacer ciertas cosas, a veces se equivocan respecto a lo que es mejor para ellos mismos, y que es justo para los gobernados hacer lo que los gobernantes ordenan?¿ No se ha admitido esto? Eso creo, dijo. Considera entonces, dije yo, que también se te ha admitido que es justo hacer lo que no es conveniente para los gobernantes y más fuertes, cuando los gobernantes ordenan involuntariamente cosas malas para sí mismos, y tú afirmas que para los gobernados es justo hacer lo que aquellos ordenaron.¿ Acaso entonces, sapientísimo Trasímaco, no resulta necesariamente que sucede así, que es justo hacer lo contrario de lo que tú dices? Pues, sin duda, se ordena a los más débiles hacer lo que no es conveniente para el más fuerte.
1.340
—¡ Por Zeus, sí!— dijo Polemarco—, es clarísimo.— Si tú, al menos, se lo confirmas— intervino Clitofonte.—¿ Y qué necesidad hay de un testigo?— dije yo—. El propio Trasímaco admite que los gobernantes a veces ordenan cosas perjudiciales para sí mismos, y que para los gobernados es justo hacerlas. Pues Trasímaco estableció que es justo hacer lo que los gobernantes ordenan, Polemarco. Y es que, Clitofonte, él estableció que lo justo es lo que conviene al más fuerte. Al establecer ambas cosas, admitió a su vez que, a veces, los más fuertes ordenan a los más débiles y gobernados hacer lo que no les conviene a ellos mismos. De estas admisiones, no se seguiría en absoluto que lo justo sea lo que conviene al más fuerte más que lo que no le conviene.— Pero— dijo Clitofonte—, él se refería a que lo justo es lo que el más fuerte considera que le conviene; esto es lo que el más débil debe hacer, y eso es lo que él establecía como justo.— Pero no se dijo así— dijo Polemarco.— No importa, Polemarco— dije yo—; si ahora Trasímaco lo dice así, aceptémoslo de él de ese modo. Dime, Trasímaco:¿ era esto lo que querías decir por justo, que es lo que al más fuerte le parece que le conviene, tanto si le conviene como si no?¿ Diremos que eso es lo que afirmas?— En absoluto— dijo—;¿ acaso crees que llamo fuerte al que se equivoca cuando se equivoca?— Yo, al menos— dije—, pensaba que eso decías cuando admitías que los gobernantes no son infalibles, sino que también se equivocan en algo.— Es que eres un calumniador en las discusiones, Sócrates— dijo—. Pues, dime,¿ llamas médico al que se equivoca respecto a los enfermos por el hecho mismo de que se equivoca?¿ O calculador al que se equivoca en un cálculo, en el momento en que se equivoca, por causa de ese error? Pero creo que nos expresamos así con las palabras: que el médico se equivocó, y el calculador se equivocó, y el gramático. Pero, en mi opinión, ninguno de ellos, en tanto que es aquello por lo que lo llamamos así, se equivoca nunca; de modo que, según el discurso preciso— ya que tú también te pones preciso—, ninguno de los expertos se equivoca. Pues el que se equivoca, se equivoca por falta de conocimiento, en aquello en lo que no es experto; de modo que ningún experto, ni sabio, ni gobernante se equivoca en el momento en que es gobernante, aunque todo el mundo diría que el médico se equivocó y el gobernante se equivocó.
1.341
Considera, pues, que mi respuesta es tal como te acabo de decir; pero lo más preciso es esto: que el gobernante, en tanto que es gobernante, no yerra, y al no errar, establece lo que es mejor para sí mismo, y esto es lo que debe hacer el gobernado. De modo que, tal como decía desde el principio, llamo justo a hacer lo que conviene al más fuerte.— Muy bien— dije yo—, Trasímaco;¿ te parece que te calumnio?— Desde luego que sí— dijo—.¿ Acaso crees que te he preguntado lo que te he preguntado por malicia, intentando perjudicarte en el discurso?— Sé muy bien que sí— dijo—. Y no sacarás nada de ello; pues ni podrías pasar inadvertido si me perjudicaras, ni, si no pasaras inadvertido, podrías imponerte mediante el discurso.— Ni siquiera lo intentaría— dije yo, mi buen amigo. Pero, para que no nos vuelva a suceder algo así, aclara en qué sentido hablas del gobernante y del más fuerte:¿ te refieres al sentido común o al sentido estricto, el que acabas de mencionar, según el cual lo que conviene al más fuerte será lo justo que el más débil debe hacer?— Me refiero al gobernante en el sentido más estricto— dijo—. A partir de esto, perjudícame y calúniame si puedes— no te concedo nada—, pero no serás capaz.—¿ Acaso crees— dije— que estoy tan loco como para intentar afeitar a un león y calumniar a Trasímaco?— Pues ahora mismo lo has intentado, siendo un don nadie— dijo.— Basta de tales cosas— dije—. Pero dime: el médico en el sentido estricto, del que hablabas hace poco,¿ es un hombre de negocios o un sanador de los enfermos? Y dime el que es médico en realidad.— Un sanador de los enfermos— dijo.—¿ Y el piloto?¿ El piloto propiamente dicho es un gobernante de marineros o un marinero?— Un gobernante de marineros.— No creo que deba tenerse en cuenta que navega en la nave, ni debe ser llamado marinero; pues no se le llama piloto por el hecho de navegar, sino por su arte y por su mando sobre los marineros.— Es cierto— dijo.—¿ No tiene, pues, cada uno de ellos algún interés?— Ciertamente.—¿ Y no está el arte— dije yo— hecho para esto, para buscar y procurar lo que conviene a cada uno?— Para esto— dijo.—¿ Acaso cada una de las artes tiene algún otro interés que no sea el de ser lo más perfecta posible?—¿ Cómo preguntas esto?— Como si— dije yo— me preguntaras si el cuerpo basta por sí mismo para ser cuerpo o si necesita algo; yo diría que, ciertamente, lo necesita. Por eso se ha descubierto ahora el arte de la medicina, porque el cuerpo es defectuoso y no le basta ser como es. Para que este obtenga lo que le conviene, para eso se ha preparado el arte.¿ Te parece que hablo correctamente al decir esto, o no?
1.342
— Correcto— dijo—.¿ Y qué hay de esto?¿ Es la medicina misma algo defectuoso, o acaso alguna otra técnica necesita de alguna virtud— tal como los ojos necesitan de la vista y los oídos de la audición, y por ello requieren de una técnica que examine y procure lo que es conveniente para ellos—; acaso existe también en la técnica misma algún defecto, y cada técnica necesita de otra técnica que examine lo que es conveniente para ella, y para la que examina, otra más, y así hasta el infinito?¿ O acaso ella misma examina lo que le es conveniente?¿ O es que no necesita ni de sí misma ni de otra para examinar lo que es conveniente respecto a su propio defecto? Pues no hay defecto ni error alguno presente en ninguna técnica, ni corresponde a una técnica buscar lo que es conveniente para otra cosa que no sea aquello de lo cual es técnica, sino que ella misma es incólume e íntegra, siendo correcta, mientras cada una sea exacta y completa en lo que es. Examínalo con ese razonamiento exacto:¿ es así o de otro modo?— Así parece— dijo—.— Por tanto— dije—, la medicina no examina lo que es conveniente para la medicina, sino para el cuerpo.— Sí— dijo—.— Ni la equitación para la equitación, sino para los caballos; ni ninguna otra técnica para sí misma— pues no lo necesita—, sino para aquello de lo cual es técnica.— Parece que es así— dijo—.— Pero, ciertamente, Trasímaco, las técnicas gobiernan y dominan aquello de lo cual son técnicas. Accedió a esto, aunque con mucha dificultad.— Por consiguiente, ninguna ciencia examina ni prescribe lo que es conveniente para el más fuerte, sino lo que es conveniente para el más débil y para aquel que es gobernado por ella. Accedió también a esto al final, aunque intentaba resistirse al respecto; pero una vez que hubo accedido, dije:—¿ Acaso ningún médico, en tanto que médico, examina ni prescribe lo que es conveniente para el médico, sino lo que es conveniente para el enfermo? Pues se ha convenido que el médico exacto es gobernante de cuerpos y no un buscador de ganancias.¿ O no se ha convenido? Asintió.—¿ Y no es también el piloto exacto gobernante de los marineros y no un marinero?— Se ha convenido.— Por tanto, tal piloto y gobernante examinará y prescribirá lo que es conveniente para el piloto, sino para el marinero y para el gobernado. Asintió con dificultad.— Por consiguiente— dije—, Trasímaco, nadie que ejerza autoridad, en tanto que gobernante, examina ni prescribe lo que es conveniente para sí mismo, sino lo que es conveniente para el gobernado y para aquel sobre el cual ejerce su oficio, y, mirando hacia ello y hacia lo que es conveniente y apropiado para aquel, dice lo que dice y hace todo lo que hace.
1.343
Una vez que llegamos a este punto de la discusión y para todos resultaba evidente que el argumento sobre lo justo se había vuelto del revés, Trasímaco, en lugar de responder, me dijo: Dime, Sócrates,¿ tienes nodriza?¿ Y eso qué importa?, le dije;¿ no sería mejor responder que hacer tales preguntas? Porque ella te deja andar con los mocos colgando, dijo, y no te limpia aunque lo necesites, ya que ni siquiera sabes distinguir las ovejas del pastor.¿ Y por qué precisamente eso?, le pregunté. Porque crees que los pastores o los boyeros buscan el bien de las ovejas o de los bueyes, y los engordan y los cuidan mirando a otra cosa que no sea el bien de sus amos o el suyo propio; y, en efecto, crees que los gobernantes en las ciudades, los que lo son de verdad, piensan respecto a sus gobernados de otra manera que como alguien se sentiría respecto a las ovejas, y que buscan otra cosa día y noche que no sea aquello de donde ellos mismos se beneficiarán. Y estás tan lejos respecto a lo justo y la justicia, y a lo injusto y la injusticia, que ignoras que la justicia y lo justo son en realidad un bien ajeno, el provecho del más fuerte y del que gobierna, y un perjuicio propio para el que obedece y sirve, mientras que la injusticia es lo contrario, y gobierna a los que son verdaderamente ingenuos y justos, y los gobernados hacen lo que es provechoso para aquel que es más fuerte, y lo hacen feliz sirviéndole, pero a sí mismos no les reporta nada en absoluto. Y hay que considerar esto así, ingenuísimo Sócrates: que el hombre justo siempre sale perdiendo frente al injusto. Primero, en los contratos entre ellos, dondequiera que uno de tal clase se asocie con otro igual, no encontrarás en la disolución de la sociedad que el justo tenga más que el injusto, sino menos; después, en lo que respecta a la ciudad, cuando hay contribuciones, el justo aporta más de lo mismo, y el otro menos; y cuando hay beneficios, uno no obtiene nada, mientras que el otro gana mucho. Pues cuando cada uno ejerce algún cargo, al justo le sucede, aunque no tenga otra pérdida, que sus asuntos privados empeoran por descuido, y que no obtiene beneficio alguno de lo público por ser justo, y además de esto, se gana el odio de sus allegados y conocidos cuando no quiere servirles en contra de lo justo; al injusto, en cambio, le sucede todo lo contrario.
1.344
Pues me refiero a aquel de quien hablaba hace un momento, el que tiene gran capacidad para sacar ventaja. Observa a este, si es que quieres juzgar cuánto más le conviene, en lo privado, ser injusto que ser justo. Lo aprenderás con la mayor facilidad si te fijas en la injusticia más completa, la cual hace al que comete la injusticia sumamente feliz, y a los que la sufren y no estarían dispuestos a cometerla, sumamente desgraciados. Esto es la tiranía, que no arrebata los bienes ajenos poco a poco, a escondidas o por la fuerza, ya sean sagrados, divinos, privados o públicos, sino de golpe. Cuando alguien, tras cometer injusticias en cada una de estas partes, no logra ocultarlo, es castigado y sufre los mayores oprobios— pues los sacrílegos, los traficantes de esclavos, los ladrones de casas, los estafadores y los ladrones que cometen injusticias por partes son llamados por tales nombres infames—, pero cuando alguien, además de los bienes de los ciudadanos, esclaviza a los propios ciudadanos tras haberlos secuestrado, en lugar de estos nombres vergonzosos, es llamado feliz y dichoso, no solo por los ciudadanos, sino también por todos aquellos que se enteran de que ha cometido la injusticia total. Pues quienes reprochan la injusticia no lo hacen por miedo a cometerla, sino por miedo a sufrirla. Así, Sócrates, la injusticia, cuando se ejerce a gran escala, es más fuerte, más libre y más señorial que la justicia, y, como decía desde el principio, lo justo resulta ser el interés del más fuerte, mientras que lo injusto es lo que resulta provechoso y ventajoso para uno mismo. Tras decir esto, Trasímaco tenía la intención de marcharse, como un bañero que nos hubiera vertido de golpe y en abundancia su discurso sobre los oídos; sin embargo, los presentes no lo dejaron, sino que lo obligaron a quedarse y a dar cuenta de lo que había dicho. Y, ciertamente, yo mismo le rogué mucho y le dije:« Extraordinario Trasímaco,¿ acaso tienes la intención de marcharte después de haber soltado tal discurso, antes de haber enseñado suficientemente o aprendido si las cosas son así o de otra manera?¿ O crees que intentas definir un asunto de poca importancia, y no la forma de vida entera, mediante la cual cada uno de nosotros podría vivir la vida más provechosa?».«¿ Acaso crees, dijo Trasímaco, que yo pienso que esto es de otra manera?».« Eso parece, dije yo, o bien que no te preocupas en absoluto por nosotros, ni te importa si viviremos peor o mejor ignorando lo que tú dices saber».
1.345
Pero, mi buen amigo, esfuérzate también por demostrárnoslo— no te resultará nada malo el hecho de hacernos un favor a tantos como somos—, pues yo, por mi parte, te digo que no estoy convencido ni creo que la injusticia sea más provechosa que la justicia, ni siquiera si alguien la deja actuar y no le impide hacer lo que quiere. Pero, mi buen amigo, supongamos que alguien es injusto y que tiene el poder de cometer injusticias, ya sea ocultándose o luchando abiertamente; aun así, no me convence de que sea más provechosa que la justicia. Quizás otro de nosotros sienta lo mismo, no solo yo; así que convéncenos, mi querido amigo, de manera suficiente de que no estamos razonando correctamente al valorar la justicia por encima de la injusticia.¿ Y cómo, dijo, voy a convencerte? Pues si no te has convencido con lo que acabo de decir,¿ qué más puedo hacer por ti?¿ Acaso quieres que te introduzca el argumento en el alma?¡ Por Zeus, dije yo, eso no! Pero, en primer lugar, mantente fiel a lo que digas, o si cambias de opinión, hazlo abiertamente y no nos engañes. Pero ahora ves, Trasímaco— pues examinemos todavía lo anterior—, que al definir al verdadero médico, no creíste necesario mantener la misma precisión al definir al verdadero pastor, sino que crees que este engorda a las ovejas, en tanto que es pastor, no mirando por el bien de las ovejas, sino como si fuera un invitado a un banquete que se dispone a darse un festín, o bien pensando en venderlas, como un comerciante y no como un pastor. Pero el arte del pastoreo, sin duda, no se preocupa de otra cosa que de aquello para lo que ha sido establecido, es decir, de procurar el mayor bien para ello— puesto que, en cuanto a lo que le concierne para ser lo mejor posible, ya está suficientemente provisto, siempre que no le falte nada para ser el arte del pastoreo—. Así pues, yo creía hace un momento que era necesario que estuviéramos de acuerdo en que todo gobierno, en tanto que gobierno, no busca el mayor bien para nadie más que para aquel a quien gobierna y cuida, tanto en el gobierno político como en el privado.¿ Y tú crees que los gobernantes en las ciudades, los que son verdaderos gobernantes, gobiernan voluntariamente?¡ Por Zeus, no!, dijo, sino que lo sé muy bien.
1.346
¿ Y qué me dices, dije yo, Trasímaco?¿ No te das cuenta de que nadie quiere ejercer las otras magistraturas voluntariamente, sino que piden un salario, como si el beneficio que se obtiene de gobernar no fuera para ellos mismos, sino para los gobernados? Pues dime esto:¿ no decimos acaso que cada una de las artes es distinta por tener una facultad distinta? Y, mi buen amigo, no respondas contra tu opinión, para que podamos llegar a alguna conclusión. Pero por eso mismo, dijo, es distinta.¿ Entonces cada una de estas artes nos proporciona un beneficio propio y no común, como la medicina la salud, la navegación la seguridad en la travesía, y así las demás? Ciertamente.¿ Y el arte asalariado, el salario? Pues esa es su facultad.¿ O acaso llamas a la medicina y a la navegación lo mismo? O, si quieres definir con precisión, como propusiste,¿ acaso llamas más a la navegación medicina si alguien que navega recobra la salud por el hecho de que le conviene navegar en el mar? De ninguna manera, dijo. Ni tampoco, creo, al arte asalariado, si alguien cobra un salario estando sano. Ciertamente no.¿ Y qué?¿ Llamas al arte médico arte asalariado si alguien cobra un salario mientras cura? Dijo que no.¿ Entonces admitimos que el beneficio de cada arte es propio? Que así sea, dijo. Por tanto, cualquier beneficio que obtengan en común todos los artesanos, es evidente que lo obtienen por el uso común de algo que les es común. Parece que sí, dijo. Pero decimos que el beneficio de obtener un salario les llega a los artesanos por el uso del arte asalariado. Asintió con dificultad. Entonces, este beneficio, la obtención del salario, no proviene para cada uno de su propio arte, sino que, si hay que examinarlo con precisión, la medicina produce salud, el arte asalariado, salario; la arquitectura, una casa, y el arte asalariado que la acompaña, salario; y así todas las demás realizan su propia obra y benefician a aquello para lo que han sido designadas. Pero si no se le añade un salario,¿ acaso el artesano obtiene algún beneficio de su arte? No parece, dijo.¿ Entonces tampoco beneficia cuando trabaja gratis? Eso creo yo. Por tanto, Trasímaco, esto ya está claro: que ningún arte ni magistratura procura lo que es beneficioso para sí misma, sino que, como decíamos hace tiempo, procura y ordena lo que es para el gobernado, buscando el interés de aquel que es más débil, y no el del más fuerte.
1.347
Por estas razones, mi querido Trasímaco, decía yo hace un momento que nadie quiere gobernar voluntariamente y ocuparse de corregir los males ajenos, sino que pide una retribución, porque quien pretende ejercer bien su arte nunca hace lo mejor para sí mismo ni lo ordena al ejercer su arte, sino para el gobernado. Por esto, al parecer, debe haber una retribución para quienes han de estar dispuestos a gobernar, ya sea dinero, honores o un castigo si no gobiernan.¿ Cómo dices esto, Sócrates?, dijo Glaucón. Pues conozco los dos tipos de retribución, pero no comprendo el castigo al que te refieres ni cómo lo has incluido en la categoría de retribución. Entonces, dije yo, no comprendes la retribución de los mejores, por la cual gobiernan los más íntegros cuando deciden hacerlo.¿ O no sabes que ser ambicioso y codicioso se considera y es un oprobio? Lo sé, dijo. Por eso, continué, los hombres de bien no quieren gobernar ni por dinero ni por honores; pues no quieren ser llamados asalariados por cobrar abiertamente una retribución por el cargo, ni ladrones por tomarla a escondidas del cargo. Tampoco por honores, pues no son ambiciosos. Es necesario, pues, que les impongan una necesidad y un castigo si han de estar dispuestos a gobernar— de ahí que parezca vergonzoso acudir al gobierno voluntariamente y no esperar a la necesidad—, y el mayor castigo es ser gobernado por alguien peor si uno mismo no quiere gobernar. Temiendo esto, me parece que los hombres íntegros gobiernan cuando lo hacen, y entonces acuden al gobierno no como si fueran hacia algo bueno ni como si fueran a disfrutar en él, sino como a algo necesario y al no tener a nadie mejor ni igual a quien encomendárselo. Pues es probable que, si existiera una ciudad de hombres buenos, se pelearían por no gobernar, tal como ahora se pelean por gobernar, y allí se haría evidente que el verdadero gobernante no es, por naturaleza, alguien que busca su propio beneficio, sino el del gobernado; de modo que cualquiera que entienda esto preferiría ser beneficiado por otro antes que tener complicaciones beneficiando a otros. En esto, pues, no estoy de ninguna manera de acuerdo con Trasímaco, en que la justicia sea el beneficio del más fuerte. Pero esto lo examinaremos en otra ocasión; me parece mucho más importante lo que dice ahora Trasímaco, al afirmar que la vida del injusto es mejor que la del justo.¿ Tú, pues, Glaucón, cuál eliges?, dije yo.¿ Y cuál te parece que se dice con más verdad? Yo, desde luego, que la vida del justo es más provechosa.
1.348
—¿ Has escuchado— dije— todo lo que Trasímaco acaba de exponer sobre los bienes del injusto?— Lo he escuchado— dijo—, pero no me convence.—¿ Quieres, pues, que lo convenzamos, si logramos encontrar la manera, de que no dice la verdad?—¿ Cómo no voy a querer?— respondió.— Si, pues— dije—, nos limitamos a oponerle un discurso tras otro, enumerando todos los bienes que conlleva ser justo, y él hace lo mismo, y nosotros volvemos a responder, tendremos que contar y medir los bienes que cada uno de nosotros mencione, y necesitaremos entonces unos jueces que decidan; pero si, como hace un momento, examinamos el asunto poniéndonos de acuerdo entre nosotros, seremos al mismo tiempo jueces y oradores.— Desde luego— dijo.— Como prefieras, pues— dije—.— Así— dijo.— Vamos, pues— dije—, Trasímaco, respóndenos desde el principio.¿ Afirmas que la injusticia perfecta es más provechosa que la justicia perfecta?— Desde luego que lo afirmo— dijo—, y ya he dicho por qué.— Dime, pues,¿ qué dices sobre esto?¿ Llamas a una virtud y a la otra vicio?—¿ Cómo no?—¿ Entonces llamas a la justicia virtud y a la injusticia vicio?— Es lo natural— dijo—, mi querido amigo, puesto que sostengo que la injusticia es provechosa y la justicia no.—¿ Entonces qué es?— Lo contrario— dijo.—¿ Llamas a la justicia vicio?— No, sino una ingenuidad muy noble.—¿ Llamas entonces a la injusticia malicia?— No, sino buen juicio— dijo.—¿ Y te parecen, Trasímaco, que los injustos son prudentes y buenos?— Al menos aquellos— dijo— que son capaces de ser injustos de forma perfecta, y que pueden someter a su poder ciudades y naciones; tal vez creas que me refiero a los que cortan bolsas. Ciertamente, eso también es provechoso— dijo—, si es que no los descubren, pero no es digno de mención, sino lo que decía hace un momento.— No ignoro— dije— lo que quieres decir, pero me ha sorprendido que sitúes la injusticia en el ámbito de la virtud y la sabiduría, y la justicia en el de sus contrarios.— Pero es exactamente así como lo sitúo.— Esto— dije— es ya más difícil de rebatir, amigo mío, y ya no es fácil saber qué decir.
1.349
Pues si hubieras establecido que la injusticia es provechosa, pero aun así hubieras admitido que es un vicio o algo vergonzoso, como hacen otros, tendríamos algo que decir al hablar conforme a lo establecido; pero ahora es evidente que dirás que es también hermosa y fuerte, y le añadirás todas las demás cualidades que nosotros atribuíamos a la justicia, ya que te has atrevido a incluirla también en la virtud y la sabiduría.« Adivinas con mucha exactitud», dijo.« Pero, sin embargo», dije yo,« no hay que desistir de examinar el argumento, mientras suponga que dices lo que piensas. Pues me parece, Trasímaco, que ahora no estás bromeando en absoluto, sino diciendo lo que opinas sobre la verdad».«¿ Y qué te importa», dijo,« si opino así o no, en lugar de refutar el argumento?».« Nada», dije yo.« Pero intenta responderme aún esto además de lo anterior:¿ crees que el justo querría tener ventaja sobre el justo?».« De ninguna manera», dijo;« pues no sería sensato, como ahora, ni ingenuo».«¿ Y qué?¿ Sobre la acción justa?».« Tampoco sobre la justa», dijo.«¿ Y sobre el injusto, acaso pretendería tener ventaja y consideraría que es justo, o no lo consideraría?».« Lo consideraría», dijo,« y pretendería, pero no podría».« Pero no pregunto esto», dije yo,« sino si el justo no pretende tener ventaja sobre el justo ni lo desea,¿ pero sobre el injusto?».« Así es», dijo.«¿ Y qué hay del injusto?¿ Acaso pretende tener ventaja sobre el justo y sobre la acción justa?».«¿ Cómo no?», dijo,«¡ si pretende tener ventaja sobre todos!».«¿ Entonces el injusto también tendrá ventaja sobre el hombre injusto y sobre la acción injusta, y competirá para ser él quien obtenga la mayor parte de todos?».« Así es».« Digámoslo así», dije:« el justo no tiene ventaja sobre su semejante, pero sí sobre el desemejante, mientras que el injusto la tiene tanto sobre el semejante como sobre el desemejante».« Has hablado excelentemente», dijo.«¿ Y acaso», dije,« el injusto es prudente y bueno, y el justo ninguna de las dos cosas?».« También esto», dijo,« está bien».« Entonces», dije yo,« el injusto se parece al prudente y al bueno, y el justo no se parece».«¿ Cómo no va a ser así», dijo,« siendo tal, parecerse a los tales, y el que no lo es, no parecerse?».« Bien».«¿ Cada uno de ellos es, pues, tal como aquello a lo que se parece?».«¿ Cómo no va a serlo?», dijo.« Bien, Trasímaco;¿ llamas a alguien músico y a otro no músico?».« Yo sí».«¿ A cuál prudente y a cuál ignorante?».« Al músico, supongo, prudente, y al no músico, ignorante».«¿ Y no es bueno aquello en lo que es prudente, y malo aquello en lo que es ignorante?».« Sí».«¿ Y qué hay del médico?¿ No es así?».« Así es».«¿ Crees entonces, mi querido amigo, que un hombre músico, al afinar una lira, querría tener ventaja sobre un hombre músico en la tensión y distensión de las cuerdas, o pretendería tener más?».« A mí no me lo parece».«¿ Y sobre el no músico?».« Es necesario», dijo.
1.350
¿ Y qué hay del médico?¿ En la comida o en la bebida querría tener ventaja sobre un médico o sobre una acción médica?« De ninguna manera».«¿ Y sobre el no médico?».« Sí».« Observa, pues, respecto a toda ciencia y falta de ciencia, si crees que cualquier experto querría elegir más de lo que otro experto haría o diría, y no lo mismo que su semejante en la misma acción».« Pero quizás», dijo,« es necesario que sea así».«¿ Y qué hay del inexperto?¿ No tendría ventaja tanto sobre el experto como sobre el inexperto?».« Quizás».«¿ Y el experto es sabio?».« Lo afirmo».«¿ Y el sabio es bueno?».« Lo afirmo».« Por tanto, el bueno y sabio no querrá tener ventaja sobre su semejante, sino sobre el desemejante y contrario».« Lo parece», dijo.«¿ Y el malo e ignorante sobre el semejante y sobre el contrario?».« Parece».« Entonces, Trasímaco», dije yo,«¿ el injusto tiene ventaja sobre el desemejante y el semejante?¿ O no decías eso?».« Yo sí», dijo.«¿ Y el justo no tendrá ventaja sobre el semejante, sino sobre el desemejante?».« Sí».« Parece, pues», dije yo,« que el justo es como el sabio y bueno, y el injusto como el malo e ignorante».« Es probable».« Pero admitíamos que, a quien cada uno se parezca, tal es también cada uno».« Lo admitíamos, en efecto».« Por tanto, el justo nos ha resultado ser bueno y sabio, y el injusto ignorante y malo». Trasímaco admitió todo esto, no tan fácilmente como yo lo digo ahora, sino arrastrado y a duras penas, con un sudor asombroso, dado que era verano— entonces vi yo, y no antes, a Trasímaco sonrojarse—. Pero una vez que estuvimos de acuerdo en que la justicia es virtud y sabiduría, y la injusticia vicio e ignorancia,« bien», dije yo,« que esto quede así establecido para nosotros, pero también decíamos que la injusticia es fuerte.¿ O no te acuerdas, Trasímaco?».« Me acuerdo», dijo;« pero a mí ni siquiera me agradan las cosas que dices ahora, y tengo qué decir sobre ellas. Si hablara, sé bien que dirías que estoy pronunciando un discurso. Así que o déjame decir lo que quiero, o, si quieres preguntar, pregunta; yo, como a las viejitas que cuentan cuentos, te diré' bien' y asentiré y negaré con la cabeza».« De ninguna manera», dije yo,« si es contra tu propia opinión».« Para que te agrade a ti», dijo,« ya que no me dejas hablar.¿ Qué más quieres?».« Nada, por Zeus», dije yo,« pero si vas a hacer esto, hazlo; yo preguntaré».« Pregunta, pues».
1.351
« Pregunto, pues, lo mismo que hace un momento, para que examinemos el argumento en orden: qué clase de cosa resulta ser la justicia frente a la injusticia. Pues se dijo en algún lugar que la injusticia es más poderosa y fuerte que la justicia; pero ahora», dije,« si la justicia es sabiduría y virtud, fácilmente creo que aparecerá también como más fuerte que la injusticia, puesto que la injusticia es ignorancia— nadie podría ya ignorar esto—. Pero no deseo, Trasímaco, examinarlo de manera tan simple, sino de esta forma:¿ dirías que una ciudad es injusta y que intenta esclavizar injustamente a otras ciudades y las tiene esclavizadas, a muchas bajo su dominio?».«¿ Cómo no?», dijo.« Y esto lo hará sobre todo la que sea más y más perfectamente injusta».« Entiendo», dije,« que ese era tu argumento. Pero considero esto al respecto:¿ la ciudad que se vuelve más poderosa que otra tendrá este poder sin justicia, o es necesario que lo tenga con justicia?».« Si es como decías hace poco», dijo,« que la justicia es sabiduría, con justicia; pero si es como yo decía, con injusticia».« Admiro mucho», dije yo,« Trasímaco, que no solo asientas y niegues, sino que también respondas muy bien».« Es que te complazco», dijo.« Haces bien; pero compláceme también en esto y dime:¿ crees que una ciudad, o un ejército, o unos bandidos, o unos ladrones, o cualquier otro grupo que se una para realizar algo injustamente, podría lograr algo si se hicieran injusticias entre sí?».« De ninguna manera», dijo.«¿ Y qué si no se hicieran injusticias?¿ No sería más?».« Mucho más».« Porque la injusticia, Trasímaco, provoca facciones, odios y luchas entre ellos, mientras que la justicia proporciona concordia y amistad;¿ no es así?».« Que sea así», dijo,« para no llevarte la contraria».« Haces bien, mi querido amigo. Pero dime esto: si este es el efecto de la injusticia, provocar odio dondequiera que esté,¿ no hará también que, al surgir entre libres y esclavos, se odien unos a otros y se dividan en facciones y sean incapaces de actuar juntos?».« Ciertamente».«¿ Y qué si surge entre dos?¿ No discreparán, se odiarán y serán enemigos entre sí y de los justos?».« Lo serán», dijo.« Y si, mi admirable amigo, la injusticia surge en uno solo,¿ perderá su poder o lo conservará no menos?».« Que lo conserve no menos», dijo.
1.352
«¿ No parece, pues, tener tal poder que, en quienquiera que surja, ya sea en una ciudad, en una estirpe, en un ejército o en cualquier otro, primero lo hace incapaz de actuar consigo mismo por el hecho de dividirse y discrepar, y además lo hace enemigo de sí mismo y de todo lo contrario y de lo justo?¿ No es así?».« Ciertamente».« Y en uno solo, creo, al estar presente, hará lo mismo que por naturaleza produce: primero, lo hará incapaz de actuar al estar dividido y no en concordia consigo mismo, y después, enemigo de sí mismo y de los justos;¿ no es así?».« Sí».«¿ Y no son justos, amigo, también los dioses?».« Que sea así», dijo.« Entonces, el injusto será también enemigo de los dioses, Trasímaco, y el justo, amigo».« Disfruta del banquete del argumento», dijo,« con confianza; pues yo no te llevaré la contraria, para no enemistarme con estos».« Vamos, pues», dije yo,« y completa el resto del banquete respondiéndome como hasta ahora. Pues que los justos aparecen como más sabios, mejores y más capaces de actuar, y que los injustos ni siquiera son capaces de actuar juntos— y lo que decimos de aquellos que alguna vez han logrado hacer algo juntos siendo injustos, no lo decimos del todo verdadero; pues no se habrían abstenido unos de otros siendo completamente injustos, sino que es evidente que había en ellos cierta justicia que les impedía hacerse injusticias entre sí y a aquellos contra quienes iban, gracias a la cual hicieron lo que hicieron, y se lanzaron a las injusticias siendo medio malvados por la injusticia, ya que los que son completamente malvados y perfectamente injustos son también perfectamente incapaces de actuar—, entiendo que esto es así, y no como tú establecías al principio. Pero si los justos viven mejor que los injustos y son más felices, que es lo que nos propusimos examinar después, hay que considerarlo. Aparecen, pues, incluso ahora, según me parece, por lo que hemos dicho; pero aun así hay que considerarlo mejor. Pues el argumento no es sobre cualquier cosa, sino sobre el modo en que se debe vivir».« Examínalo, pues», dijo.« Lo examino», dije yo.« Y dime:¿ crees que hay una función propia del caballo?».« Yo sí».«¿ Acaso llamarías función del caballo y de cualquier otra cosa aquello que uno hace solo con eso o mejor que con cualquier otra cosa?».« No entiendo», dijo.« Pero así:¿ podrías ver con otra cosa que no sean los ojos?».« De ninguna manera».«¿ Y qué?¿ Oír con otra cosa que no sean los oídos?».« De ninguna manera».«¿ No diríamos, pues, con justicia que estas son sus funciones?».« Ciertamente».
1.353
«¿ Y qué?¿ Podrías cortar un sarmiento de vid con un cuchillo, con una podadera y con muchas otras cosas?».«¿ Cómo no?».« Pero creo que con ninguna tan bien como con la hoz hecha para esto».« Es verdad».«¿ No estableceremos, pues, que esta es su función?».« La estableceremos, ciertamente».« Ahora creo que entenderías mejor lo que preguntaba hace poco, al indagar si no es la función de cada cosa aquello que realiza solo o mejor que las demás».« Pero», dijo,« entiendo y me parece que esa es la función de cada cosa».« Bien», dije yo.«¿ Y no te parece que hay una virtud para cada cosa a la que se le ha asignado una función? Volvamos a lo mismo:¿ los ojos, decimos, tienen alguna función?».« La tienen».«¿ Acaso hay también una virtud de los ojos?».« También una virtud».«¿ Y qué?¿ Los oídos tenían alguna función?».« Sí».«¿ No hay también una virtud?».« También una virtud».«¿ Y qué hay de todas las demás cosas?¿ No es así?».« Así es».« Atiende, pues:¿ podrían los ojos realizar bien su propia función si no tuvieran su propia virtud, sino que en lugar de la virtud tuvieran un vicio?».«¿ Y cómo podrían?», dijo;« quizás te refieres a la ceguera en lugar de la vista».« Cualquiera que sea su virtud», dije yo;« pues no pregunto esto todavía, sino si con su propia virtud las cosas que realizan su función la realizarán bien, y con el vicio mal».« Es verdad», dijo,« lo que dices».«¿ Y no realizarán también los oídos, privados de su propia virtud, mal su propia función?».« Ciertamente».«¿ Establecemos, pues, lo mismo para todas las demás cosas?».« Me lo parece».« Vamos, pues, después de esto considera esto:¿ hay alguna función de la psique que no podrías realizar con ninguna otra de las cosas existentes, como lo siguiente: cuidar, gobernar, deliberar y todas las cosas semejantes,¿ hay algo más a lo que con justicia podríamos atribuirlas y decir que son propias de ella?».« A ninguna otra».«¿ Y qué hay de vivir?¿ No diremos que es función de la psique?».« Ciertamente», dijo.«¿ Y no decimos que hay una virtud de la psique?».« Lo decimos».«¿ Acaso, Trasímaco, la psique realizará bien sus funciones estando privada de su propia virtud, o es imposible?».« Imposible».« Es necesario, pues, que una psique mala gobierne y cuide mal, y que la buena realice bien todas estas cosas».« Es necesario».«¿ Y no acordamos que la justicia es la virtud de la psique y la injusticia el vicio?».« Lo acordamos, en efecto».« Por tanto, la psique justa y el hombre justo vivirán bien, y mal el injusto».« Parece», dijo,« según tu argumento».
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« Pero, ciertamente, el que vive bien es dichoso y feliz, y el que no, lo contrario».«¿ Cómo no?».« El justo, pues, es feliz, y el injusto, desgraciado».« Que sea así», dijo.« Pero, ciertamente, ser desgraciado no es provechoso, sino ser feliz».«¿ Cómo no?».« Nunca, pues, mi querido Trasímaco, la injusticia es más provechosa que la justicia».« Que esto, Sócrates», dijo,« sea tu banquete en las Bendideas».« Por ti, Trasímaco», dije yo,« ya que te has vuelto amable conmigo y has dejado de estar enfadado. Sin embargo, no he sido bien agasajado, pero por mí mismo y no por ti; sino que, como los glotones que arrebatan y prueban lo que se va sirviendo antes de haber disfrutado moderadamente de lo anterior, también yo me parece que, antes de encontrar lo que buscábamos al principio, qué es la justicia, abandonando eso, me lancé a examinar si es vicio e ignorancia, o sabiduría y virtud, y al surgir después otro argumento, que la injusticia es más provechosa que la justicia, no me contuve de ir hacia eso desde aquello, de modo que ahora me ha resultado del diálogo no saber nada; pues cuando no sé qué es la justicia, difícilmente sabré si resulta ser una virtud o no, y si el que la posee es feliz o no».

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