Statesman
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Original / primary: Spanish Gemini
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SÓC.¡ Cuánta gratitud te debo, Teodoro, por haberme dado a conocer a Teeteto y, al mismo tiempo, al extranjero! TEOD. Pronto, Sócrates, me deberás el triple, una vez que te hayan terminado de retratar al político y al filósofo. SÓC.¡ Bien!¿ Diremos, pues, mi querido Teodoro, que hemos escuchado esto de boca del hombre más experto en cálculos y geometría? TEOD.¿ Cómo, Sócrates? SÓC. Al haber atribuido a cada uno de los hombres el mismo valor, cuando en estima distan más entre sí de lo que permite la proporción de vuestra ciencia. TEOD.¡ Muy bien, por nuestro dios Amón, Sócrates! Y con justicia, y además con mucha memoria, me has reprendido por mi error en los cálculos. A ti te abordaré por esto en otra ocasión; tú, extranjero, no te canses de hacernos el favor, sino prosigue y desarróllalo, eligiendo si prefieres empezar por el político o por el filósofo. EXTR. Así debe hacerse, Teodoro; puesto que ya hemos comenzado, no debemos abandonar hasta que lleguemos al final de ellos. Pero,¿ qué debo hacer respecto a este Teeteto? TEOD.¿ Respecto a qué? EXTR.¿ Lo dejaremos descansar y tomaremos en su lugar a este su compañero de gimnasia, Sócrates?¿ O qué me aconsejas? TEOD. Haz como has dicho, tómalo; siendo jóvenes, soportarán más fácilmente cualquier esfuerzo si descansan. SÓC. Y, de hecho, extranjero, ambos parecen tener algún parentesco conmigo.
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SÓC. Al menos, vosotros decís que uno de ellos se me parece por la naturaleza de su rostro, y la identidad de nombre y el modo de llamarlo nos proporciona cierta familiaridad. Es necesario que nosotros, los parientes, nos reconozcamos siempre con entusiasmo a través del diálogo. Con Teeteto ya he conversado ayer y ahora le he oído responder, pero con Sócrates no he hecho ni lo uno ni lo otro; es necesario examinar también a este. Para mí, pues, será en otra ocasión; que te responda ahora a ti. EXTR. Así será. Sócrates,¿ escuchas a Sócrates? JOV. SÓC. Sí. EXTR.¿ Estás de acuerdo, pues, con lo que dice? JOV. SÓC. Por supuesto. EXTR. Parece que lo tuyo no impide nada, y quizás lo mío debería impedirlo aún menos. Pero, después del sofista, es necesario, según me parece, que busquemos al político; dime, pues,¿ debemos clasificarlo también a él entre los que poseen conocimiento, o cómo? JOV. SÓC. Así es. EXTR.¿ Debemos, pues, dividir los conocimientos, tal como cuando examinábamos al anterior? JOV. SÓC. Tal vez. EXTR. Pero no me parece, Sócrates, que la división sea la misma. JOV. SÓC.¿ Por qué no? EXTR. Es por otra parte. JOV. SÓC. Eso parece. EXTR.¿ Cómo encontrará uno, pues, el camino del político? Es necesario encontrarlo y, separándolo de los demás, marcarlo con una sola idea, y señalando otra forma en las demás desviaciones, hacer que nuestra alma conciba todos los conocimientos como si fueran dos especies. JOV. SÓC. Creo que esta es ya tu tarea, extranjero, y no la mía. EXTR. Pero es necesario, Sócrates, que sea también tuya, una vez que se nos haga evidente. JOV. SÓC. Bien dicho. EXTR.¿ Acaso la aritmética y algunas otras artes afines a ella no son puras respecto a la acción, y solo proporcionan el conocimiento? JOV. SÓC. Así es. EXTR. En cambio, las que se refieren a la construcción y a toda la artesanía poseen el conocimiento como si estuviera innato en las acciones, y completan los cuerpos que son producidos por ellas y que antes no existían. JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXTR. Divide, pues, todos los conocimientos de esta manera, llamando a uno práctico y al otro puramente cognoscitivo. JOV. SÓC. Que estos sean para ti, pues, dos especies de un solo conocimiento total. EXTR.¿ Clasificaremos, pues, al político, al rey, al amo y también al administrador como si todos ellos fueran una sola cosa, o diremos que son tantas artes como nombres se han mencionado? O mejor, sígueme por aquí. JOV. SÓC.¿ Por dónde?
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EXTR. Por aquí. Si alguien de los médicos públicos es capaz de aconsejar siendo él mismo un particular,¿ no es necesario que se le aplique el nombre del arte que es el mismo que aquel a quien aconseja? JOV. SÓC. Sí. EXTR.¿ Y qué? Quien, siendo un particular, es experto en aconsejar a un hombre que gobierna un país,¿ no diremos que posee el conocimiento que el gobernante mismo debería poseer? JOV. SÓC. Lo diremos. EXTR. Pero,¿ no es acaso la real la del verdadero rey? JOV. SÓC. Sí. EXTR. Y quien posee esto, ya sea gobernante o particular,¿ no será llamado correctamente real según el arte mismo? JOV. SÓC. Es justo, al menos. EXTR. Y, ciertamente, administrador y amo son lo mismo. JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXTR.¿ Y qué?¿ Acaso el tamaño de una gran casa o el volumen de una pequeña ciudad diferirán en algo respecto al mando? JOV. SÓC. En nada. EXTR. Por tanto, lo que hace un momento examinábamos, es evidente que un solo conocimiento abarca todas estas cosas; y si alguien lo llama real, político o económico, no discutamos con él. JOV. SÓC.¿ Por qué habríamos de hacerlo? EXTR. Pero esto es evidente: que todo rey, con sus manos y con todo su cuerpo, puede hacer muy poco para mantener el mando en comparación con la inteligencia y la fuerza de su alma. JOV. SÓC. Es evidente. EXTR.¿ Quieres que digamos que el rey es más afín al conocimiento que al arte manual y, en general, al práctico? JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXTR.¿ Reuniremos, pues, la política, el político, la real y el rey en lo mismo, como si todas estas cosas fueran una sola? JOV. SÓC. Es evidente. EXTR.¿ Podríamos, pues, seguir adelante si después de esto delimitamos lo cognoscitivo? JOV. SÓC. Por supuesto. EXTR. Presta atención, pues, por si acaso discernimos en él alguna ramificación. JOV. SÓC. Di cuál. EXTR. Esta: teníamos, creo, un arte llamado cálculo. JOV. SÓC. Sí. EXTR. De los artes cognoscitivos, supongo, por completo. JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXTR. Al conocer el cálculo la diferencia en los números,¿ le daremos alguna tarea mayor que la de juzgar lo conocido? JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXTR. Pues también todo arquitecto no es él mismo un trabajador, sino un jefe de trabajadores. JOV. SÓC. Sí. EXTR. Proporcionando, supongo, conocimiento y no trabajo manual. JOV. SÓC. Así es.
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EXTR. Con justicia, pues, se diría que participa del conocimiento cognoscitivo. JOV. SÓC. Por supuesto. EXTR. Y a este, creo, le corresponde, tras haber juzgado, no terminar ni quedar libre, como el calculador quedaba libre, sino ordenar a cada uno de los trabajadores lo que es apropiado hasta que terminen lo ordenado. JOV. SÓC. Correctamente. EXTR.¿ No son, pues, cognoscitivos todos los de este tipo y cuantos siguen al cálculo, pero estos dos géneros difieren entre sí en el juicio y en la orden? JOV. SÓC. Eso parecen. EXTR.¿ Si, pues, dividiéramos todo el conocimiento en la parte imperativa y la parte crítica, diríamos que ha sido dividido adecuadamente? JOV. SÓC. Según mi opinión, sí. EXTR. Pero, ciertamente, para quienes hacen algo en común, es deseable estar de acuerdo. JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXTR. Por tanto, hasta donde nosotros mismos estemos de acuerdo en esto, debemos dejar que las opiniones de los demás se vayan. JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXTR. Vamos, pues,¿ en cuál de estas dos artes debemos colocar al político?¿ En la crítica, como si fuera un espectador, o lo colocaremos más bien en la imperativa, como si fuera un arte que posee, al menos, el mando? JOV. SÓC.¿ Cómo no más bien en esta? EXTR. Habría que observar de nuevo el arte imperativo por si acaso se distingue en algo. Y me parece que es así, tal como el arte de los mercaderes se distingue del arte de los vendedores directos, y el género real parece estar separado del género de los heraldos. JOV. SÓC.¿ Cómo? EXTR. Los mercaderes, supongo, aceptan obras ajenas ya vendidas y las venden ellos mismos por segunda vez. JOV. SÓC. Por supuesto. EXTR.¿ No es también el género de los heraldos el que, habiendo recibido órdenes de pensamientos ajenos, los ordena él mismo por segunda vez a otros? JOV. SÓC. Muy cierto. EXTR.¿ Qué, pues?¿ Mezclaremos en lo mismo la real con la interpretativa, la imperativa, la adivinatoria, la heráldica y muchas otras artes afines a estas, que todas ellas tienen el ordenar?¿ O quieres que, tal como conjeturábamos hace un momento, le asignemos también un nombre, puesto que el género de los que se ordenan a sí mismos resulta ser casi anónimo, y dividamos estas cosas de esta manera, colocando el género de los reyes en la autoimperativa, y descuidando todo lo demás, cediéndoles a ellos que se pongan otro nombre? Pues nuestro método era por causa del gobernante y no de lo contrario.
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JOV. SÓC. Por supuesto. EXTR. Entonces, puesto que esto se ha alejado moderadamente de aquellos, al estar definido por la ajenidad respecto a la afinidad,¿ es necesario dividir esto mismo de nuevo, si es que todavía tenemos algún corte que ceda en esto? JOV. SÓC. Por supuesto. EXTR. Y, de hecho, parece que lo tenemos; pero sígueme y corta. JOV. SÓC.¿ Cómo? EXTR. A todos los que consideremos gobernantes que utilizan la orden,¿ no los encontraremos ordenando por causa de alguna generación? JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXTR. Y, ciertamente, no es del todo difícil dividir en dos todas las cosas que nacen. JOV. SÓC.¿ Cómo? EXTR. Algunas de ellas son inanimadas, y otras animadas. JOV. SÓC. Sí. EXTR. Y a estas mismas, si queremos cortar, cortaremos la parte del conocimiento que es imperativa. JOV. SÓC.¿ Según qué? EXTR. Ordenando una parte sobre las generaciones de las cosas inanimadas, y la otra sobre las de las animadas; y así todo quedará dividido en dos. JOV. SÓC. Por completo. EXTR. Dejemos, pues, una parte de ellas y tomemos la otra, y al tomarla, dividamos el todo en dos. JOV. SÓC.¿ Cuál de las dos dices que hay que tomar? EXTR. Sin duda, la imperativa sobre los seres vivos. Pues el arte real no es en absoluto el que supervisa las cosas inanimadas, como el arquitectónico, sino uno más noble, que posee siempre su poder en los seres vivos y sobre ellos mismos. JOV. SÓC. Correctamente. EXTR. Ciertamente, uno podría ver la generación y alimentación de los seres vivos como una alimentación individual, o como el cuidado común de los rebaños. JOV. SÓC. Correctamente. EXTR. Pero no encontraremos al político como un alimentador individual, como un boyero o un caballerizo, sino más bien parecido a un criador de caballos o de bueyes. JOV. SÓC. Parece que es así, dicho ahora. EXTR.¿ Llamamos, pues, a la alimentación común de los rebaños, cría de rebaños o alimentación común? JOV. SÓC. Lo que resulte en el discurso.
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EXTR. Bien, Sócrates; y si te guardas de no esforzarte demasiado en los nombres, aparecerás más rico en sabiduría al llegar a la vejez. Ahora, sin embargo, hay que hacer esto, tal como ordenas; pero,¿ acaso comprendes cómo, al declarar doble lo buscado, harás que lo que ahora está en las mitades se busque entonces en los dobles? JOV. SÓC. Me esforzaré. Y me parece que una es la alimentación de los hombres y otra la de las fieras. EXTR. Has dividido con mucho entusiasmo y valentía; no obstante, no suframos esto en otra ocasión según nuestras fuerzas. JOV. SÓC.¿ Qué cosa? EXTR. No quitemos una pequeña parte frente a grandes y muchas, ni sin especie; sino que la parte tenga a la vez especie. Pues es muy hermoso separar inmediatamente lo buscado de las demás cosas, si es correcto, tal como tú, al creer hace poco que tenías la división, apresuraste el discurso al ver que se dirigía a los hombres; pero, amigo mío, no es seguro hacer minucias, sino que es más seguro ir cortando a través de los medios, y así uno podría encontrar mejor las ideas. Esto es lo que más importa para las búsquedas. JOV. SÓC.¿ Cómo dices esto, extranjero? EXTR. Debo intentar explicarlo aún más claramente por benevolencia hacia tu naturaleza, Sócrates. En el presente, es imposible declarar lo actual sin carencias; pero hay que intentar llevarlo un poco más adelante por causa de la claridad. JOV. SÓC.¿ Qué es, pues, lo que dices que al dividir no hacíamos correctamente hace poco? EXTR. Esto: como si alguien, al intentar dividir el género humano en dos, lo dividiera tal como muchos de aquí distribuyen, separando lo helénico como uno solo de todos los demás, y llamando a todos los otros géneros, que son infinitos, inmezclables y discordantes entre sí, bárbaro con un solo nombre, y por este único nombre esperan que sea también un solo género; o si alguien pensara dividir el número en dos especies separando la miríada de todos los demás, como si separara una sola especie, y al poner un solo nombre a todo lo restante, por el nombre, pretende que esto sea también un género distinto, uno solo, separado de aquel. Pero sería más hermoso y más según especies y en dos si uno cortara el número en par e impar, y el género de los hombres en masculino y femenino, y separara a los lidios o frigios o a otros cualesquiera frente a todos los demás solo entonces, cuando tuviera dificultades para encontrar un género y una parte a la vez en cada uno de los cortados.
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JOV. SÓC. Muy correctamente; pero, extranjero,¿ cómo podría uno conocer más claramente el género y la parte, como si no fueran lo mismo sino distintos entre sí? EXTR.¡ Oh, el mejor de los hombres!, no me pides algo fácil, Sócrates. Nosotros, incluso ahora, nos hemos extraviado más de lo debido desde el discurso propuesto, y tú nos pides que nos extraviemos aún más. Ahora, pues, como es natural, volvamos atrás; y esto lo trataremos en otra ocasión con calma, como si estuviéramos rastreando. No obstante, guárdate por completo de esto: que no creas haber escuchado de mí que esto está claramente definido. JOV. SÓC.¿ Qué cosa? EXTR. Que especie y parte son distintas entre sí. JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXTR. Que cuando algo es especie de algo, es necesario que sea también parte de la cosa de la que se dice que es especie; pero no hay ninguna necesidad de que una parte sea especie. Di siempre que digo esto, Sócrates, o aquello más bien. JOV. SÓC. Así será. EXTR. Dime, pues, lo siguiente. JOV. SÓC.¿ Qué? EXTR. De dónde nos llevó aquí el extravío. Pues creo que principalmente desde donde, al ser preguntado, dijiste con mucho entusiasmo que la cría de rebaños debe dividirse en dos géneros de seres vivos: uno el humano, y otro el de todas las demás fieras. JOV. SÓC. Cierto. EXTR. Y a mí me pareció entonces que, al quitar una parte, creías dejar el resto del género de todas las cosas como uno solo, porque tuviste el nombre de llamar a todas con el mismo nombre, llamándolas fieras. JOV. SÓC. También esto fue así. EXTR. Pero,¡ oh, el más valiente de todos!, tal vez, si hay algún otro ser vivo inteligente, como parece ser el de las grullas, o algún otro similar, que quizás clasifica de la misma manera que tú, oponiendo a las grullas como un solo género frente a los demás seres vivos y enalteciéndose a sí mismo, y agrupando a los demás junto con los hombres en lo mismo, no llamaría a nada más que, quizás, fieras. Intentemos, pues, nosotros guardarnos de todas esas cosas. JOV. SÓC.¿ Cómo? EXTR. No dividiendo todo el género de los seres vivos, para que suframos menos esas cosas. JOV. SÓC. Pues no hay necesidad. EXTR. Pues, de hecho, también entonces se cometía un error en esto. JOV. SÓC.¿ Por qué? EXTR. La parte de lo cognoscitivo que era imperativa para nosotros era, supongo, del género de la cría de seres vivos, de los seres vivos de rebaño.¿ No es así? JOV. SÓC. Sí.
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EXTR. Estaba, pues, ya dividido entonces todo el ser vivo en manso y salvaje. Pues los que tienen naturaleza para ser domesticados han sido llamados mansos, y los que no quieren, salvajes. JOV. SÓC. Bien. EXTR. Pero el conocimiento que cazamos estaba y está en los mansos, y debe buscarse en los rebaños. JOV. SÓC. Sí. EXTR. No dividamos, pues, como entonces, mirando a todos, ni apresurándonos, para que seamos rápidos en llegar a la política. Pues nos ha hecho sufrir incluso ahora lo que dice el proverbio. JOV. SÓC.¿ Qué? EXTR. No haber terminado más despacio por dividir bien y con calma. JOV. SÓC. Y bien hecho, extranjero, ha hecho. EXTR. Que así sea. Intentemos, pues, de nuevo desde el principio dividir la alimentación común; pues quizás también esto que te esfuerzas por terminar te lo indique mejor el discurso mismo. Y dime. JOV. SÓC.¿ Qué cosa? EXTR. Esto, si alguna vez has oído hablar de ello; pues sé que tú mismo no has tenido ocasión de ver las domesticaciones de los peces en el Nilo y en los estanques reales. En las fuentes, quizás, sí habrás percibido algo. JOV. SÓC. Por supuesto, y he visto esas cosas y he oído hablar de muchas otras. EXTR. Y, ciertamente, de la cría de gansos y de grullas, aunque no hayas viajado por las llanuras de Tesalia, al menos has oído hablar y crees que existen. JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXTR. Por esto pregunté todas estas cosas, porque de la alimentación de los rebaños hay una que es acuática y otra que camina por tierra seca. JOV. SÓC. Pues, en efecto, existe. EXTR.¿ Te parece, pues, a ti también que debemos dividir en dos el conocimiento de la alimentación común, asignando a cada una de estas partes su parte, llamando a una alimentación acuática y a la otra alimentación terrestre? JOV. SÓC. A mí sí. EXTR. Y, ciertamente, tampoco buscaremos de qué arte es lo real; pues es evidente para todos. JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXTR. Cualquiera dividiría el género de la cría de rebaños terrestre. JOV. SÓC.¿ Cómo? EXTR. Distinguiéndolo en alado y pedestre. JOV. SÓC. Muy cierto. EXTR.¿ Y qué?¿ Debemos buscar lo político en lo pedestre?¿ O no crees que incluso el más ignorante, por así decirlo, opina así? JOV. SÓC. Yo sí. EXTR. Y hay que mostrar que la ciencia de lo pedestre, tal como hace poco el número, debe dividirse en dos. JOV. SÓC. Es evidente.
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EXTR. Y, ciertamente, hacia la parte a la que se ha dirigido nuestro discurso, parecen extenderse dos caminos, uno más rápido, que divide lo pequeño en una gran parte, y el otro, que decíamos antes que debe cortar por el medio tanto como sea posible, que tiene esto más, pero es más largo. Es posible, pues, seguir cualquiera de los dos que queramos. JOV. SÓC.¿ Y qué?¿ Es imposible ambos? EXTR. A la vez, admirable amigo; pero por partes, es evidente que es posible. JOV. SÓC. Por partes, pues, elijo ambos. EXTR. Es fácil, puesto que lo que queda es poco; al principio y a la mitad del camino, el mandato nos habría sido difícil. Ahora, sin embargo, puesto que parece que es así, vayamos primero por el más largo; pues siendo más jóvenes, lo recorreremos más fácilmente. Y observa la división. JOV. SÓC. Di. EXTR. Los pedestres de los mansos, cuantos son de rebaño, están divididos por naturaleza en dos. JOV. SÓC.¿ Por qué? EXTR. Porque unos tienen la generación sin cuernos, y otros con cuernos. JOV. SÓC. Parece. EXTR. Divide, pues, la ciencia de lo pedestre y asígnala a cada parte usando el discurso. Pues si quisieras nombrarlas, te resultaría más complicado de lo debido. JOV. SÓC.¿ Cómo hay que decir, pues? EXTR. Así: habiéndose dividido en dos la ciencia de lo pedestre, que una parte se encargue de la parte con cuernos del rebaño, y la otra de la parte sin cuernos. JOV. SÓC. Que esto se diga así; pues, en cualquier caso, ha quedado suficientemente claro. EXTR. Y, ciertamente, el rey nos resulta evidente que pastorea un rebaño sin cuernos. JOV. SÓC.¿ Cómo no va a ser evidente? EXTR. Intentemos, pues, al romper esto, devolverle lo que le corresponde. JOV. SÓC. Por supuesto. EXTR.¿ Quieres, pues, dividirlo por lo que tiene pezuña hendida y lo que se llama de un solo casco, o por la generación común y la individual? Pues supongo que entiendes. JOV. SÓC.¿ Qué cosa? EXTR. Que el género de los caballos y los asnos nace de los mismos. JOV. SÓC. Sí. EXTR. Y que el resto del rebaño de los mansos es inmezclable en género entre sí. JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXTR.¿ Y qué?¿ El político parece tener cuidado de una naturaleza de generación común o de una individual? JOV. SÓC. Es evidente que de la inmezclable. EXTR. Es necesario, pues, tal como antes, al parecer, dividir esto en dos. JOV. SÓC. Es necesario, en efecto.
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EXTR. Y, ciertamente, el ser vivo, en cuanto manso y de rebaño, ya casi todo ha sido fragmentado, excepto en dos géneros. Pues el género de los perros no es digno de ser contado como un ser vivo de rebaño. JOV. SÓC. Pues no. Pero,¿ por qué dividimos los dos? EXTR. Por lo mismo que es justo que Teeteto y tú distribuyáis, puesto que también os ocupáis de la geometría. JOV. SÓC.¿ Por qué? EXTR. Por el diámetro, supongo, y de nuevo por el diámetro del diámetro. JOV. SÓC.¿ Cómo has dicho? EXTR. La naturaleza que nuestro género de los hombres posee,¿ acaso ha nacido para caminar de otra manera que como el diámetro que es de dos pies en potencia? JOV. SÓC. No de otra. EXTR. Y, ciertamente, la del resto del género es de nuevo, en potencia, el diámetro de nuestra potencia, si es que ha nacido de dos pies dos veces. JOV. SÓC.¿ Cómo no va a serlo? Y, de hecho, casi comprendo lo que quieres indicar. EXTR. Además de esto,¿ acaso vemos, Sócrates, que nos ha ocurrido algo de lo que sería digno de risa en lo dividido? JOV. SÓC.¿ Qué cosa? EXTR. Que nuestro género humano ha coincidido y corrido junto con el género de los seres más nobles y, a la vez, más fáciles. JOV. SÓC. Lo veo y ocurre de forma muy extraña. EXTR.¿ Y qué?¿ No es natural que lo más lento llegue al final? JOV. SÓC. Sí, eso sí. EXTR.¿ Y no nos damos cuenta de que el rey parece aún más ridículo al correr junto con el rebaño y al caminar junto al que está mejor entrenado para la vida fácil de los hombres? JOV. SÓC. Por completo. EXTR. Pues ahora, Sócrates, es más evidente lo que se dijo entonces en la búsqueda sobre el sofista. JOV. SÓC.¿ Qué cosa? EXTR. Que a tal método de los discursos no le importó más lo más noble que lo que no lo es, y no ha despreciado en nada lo más pequeño frente a lo mayor, sino que siempre termina por sí mismo lo más verdadero. JOV. SÓC. Parece. EXTR.¿ No es, pues, después de esto, para que no te me adelantes preguntando cuál era entonces el camino más corto hacia la definición del rey, que yo mismo vaya primero hacia ti? JOV. SÓC. Por supuesto. EXTR. Digo, pues, que entonces era necesario dividir inmediatamente lo pedestre en el género de dos pies frente al de cuatro pies, y al observar que el humano coincidía solo con el alado, dividir de nuevo el rebaño de dos pies en el que no tiene plumas y el que tiene plumas, y al estar dividido este y al haberse mostrado ya entonces el arte de la política, al traer al político y al rey y ponerlo en él como un auriga, entregarle las riendas de la ciudad como si fueran propias y como si este conocimiento fuera también suyo.
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JOV. SÓC. Bien, y como si fuera una deuda me has devuelto el discurso, añadiendo la desviación como si fuera un interés y completándolo. EXTR. Vamos, pues, y unamos, volviendo al principio hasta el final, el discurso del nombre del arte del político. JOV. SÓC. Por supuesto. EXTR. De la ciencia cognoscitiva, pues, teníamos al principio una parte imperativa; y de esta, la parte que se le asemejaba fue llamada autoimperativa. Y de la autoimperativa, la cría de seres vivos se separaba no en el género más pequeño; y especie de la cría de seres vivos es la cría de rebaños, y de la cría de rebaños, la cría de pedestres; y del pedestre se cortaba sobre todo el arte de la alimentación de la naturaleza sin cuernos. Y de esta, a su vez, es necesario entrelazar una parte no menor triple, si uno quiere reunirla en un solo nombre, llamándola ciencia de la alimentación de la generación inmezclable. Y la parte que sigue a esto, al quedar solo la parte de la alimentación humana sobre el rebaño de dos pies, esto mismo es ya lo buscado, llamado a la vez real y político. JOV. SÓC. Por completo. EXTR.¿ Acaso, Sócrates, esto es para nosotros, tal como tú has dicho ahora, verdadero y realizado? JOV. SÓC.¿ Qué cosa? EXTR.¿ Que lo propuesto ha sido dicho de manera suficientemente completa?¿ O es que esto mismo es lo que más le falta a la búsqueda, que el discurso haya sido dicho de alguna manera, pero no del todo terminado con perfección? JOV. SÓC.¿ Cómo has dicho? EXTR. Intentaré explicar esto mismo que pienso ahora aún más. JOV. SÓC. Habla. EXTR.¿ No es cierto que, habiendo aparecido hace poco muchos artes de alimentación, uno de ellos era el político y el cuidado de un rebaño? JOV. SÓC. Sí. EXTR. Y este, el discurso lo definía no como alimentador de caballos ni de otras fieras, sino como ciencia de la alimentación común de los hombres. JOV. SÓC. Así es. EXTR. Observemos, pues, la diferencia entre todos los pastores y la de los reyes. JOV. SÓC.¿ Qué cosa? EXTR. Si alguno de los otros, teniendo el nombre de otro arte, dice y pretende ser compañero de alimentación del rebaño en común. JOV. SÓC.¿ Cómo dices?
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EXTR. Por ejemplo, los comerciantes, los agricultores y todos los que trabajan el trigo, y además de estos, los gimnastas y el género de los médicos, sabes que todos estos lucharían por completo con el discurso contra los pastores de los hombres, a quienes llamamos políticos, diciendo que ellos se ocupan de la alimentación de los hombres, no solo de los hombres de rebaño, sino también de los gobernantes mismos. JOV. SÓC.¿ No dirían, pues, correctamente? EXTR. Tal vez. Y esto lo examinaremos, pero sabemos esto: que nadie disputará con el boyero sobre ninguna de estas cosas, sino que el boyero mismo es el alimentador del rebaño, él mismo el médico, él mismo como un casamentero y el único experto en la obstetricia respecto a los partos y alumbramientos de los que nacen. Además, respecto al juego y la música, en la medida en que sus rebaños participan por naturaleza, nadie es mejor para consolar y calmar encantando, manejando de la mejor manera la música de su propio rebaño, tanto con instrumentos como con la boca pura. Y, de hecho, el mismo modo es respecto a los demás pastores.¿ No es así? JOV. SÓC. Muy correctamente. EXTR.¿ Cómo, pues, nos parecerá correcto e íntegro el discurso sobre el rey, cuando lo ponemos como pastor y alimentador del rebaño humano, separándolo solo de otros innumerables que disputan? JOV. SÓC. De ninguna manera. EXTR.¿ No temimos, pues, correctamente hace poco al sospechar que tal vez decíamos una forma real, pero que aún no habíamos terminado con precisión al político, hasta que, habiendo quitado y separado de aquellos a los que lo rodean y disputan con él sobre la convivencia, lo mostráramos puro y solo? JOV. SÓC. Muy correctamente. EXTR. Esto, pues, Sócrates, debemos hacer, si no queremos avergonzar el discurso al final. JOV. SÓC. Pero, ciertamente, de ninguna manera hay que hacer eso. EXTR. Hay que ir, pues, de nuevo desde otro principio por otro camino. JOV. SÓC.¿ Cuál? EXTR. Casi mezclando un juego; pues hay que usar una gran parte de un gran mito, y lo restante, tal como en los anteriores, quitando siempre parte de parte, llegar hasta el extremo de lo buscado.¿ No es necesario? JOV. SÓC. Por supuesto. EXTR. Pero presta mucha atención a mi mito, tal como los niños; en cualquier caso, no te faltan muchos años de juegos. JOV. SÓC. Habla. EXTR. Había, pues, y habrá muchas otras cosas de las dichas hace tiempo, y en particular el portento sobre la disputa dicha de Atreo y Tiestes. Pues supongo que has oído y recuerdas lo que dicen que ocurrió entonces. JOV. SÓC. Quizás te refieres a la señal sobre el cordero de oro.
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EXTR. De ninguna manera, sino sobre el cambio de la puesta y salida del sol y de los otros astros, cómo es que desde donde sale ahora, en aquel tiempo se ponía, y salía desde el lado opuesto, y cómo entonces, habiendo dado testimonio el dios a Atreo, lo cambió a la configuración actual. JÓV. SÓC. Pues, en efecto, también se dice esto. EXTR. Y, además, también hemos oído hablar mucho de la realeza que ejerció Crono. JÓV. SÓC. De muchísimos, ciertamente. EXTR.¿ Y qué hay de que los de antes nacían de la tierra y no engendrados unos de otros? JÓV. SÓC. También esto es uno de los relatos de antaño. EXTR. Estos, pues, son todos producto del mismo fenómeno, y además de estos, otros diez mil aún más asombrosos que estos, pero por la cantidad de tiempo, algunos de ellos se han extinguido, y otros, dispersos, se cuentan por separado, cada uno ajeno a los demás. Pero nadie ha dicho cuál es la causa de este fenómeno para todos ellos, y ahora, ciertamente, debe decirse; pues será apropiado decirlo para la demostración del rey. JÓV. SÓC. Has hablado excelentemente, y dilo sin omitir nada. EXTR. Escucha, pues. Pues este todo, a veces el propio dios lo guía en su marcha y lo hace girar conjuntamente, y a veces lo suelta, cuando los periodos han alcanzado ya la medida de tiempo que le corresponde, y este, a su vez, se mueve automáticamente en sentido contrario, siendo un ser vivo y habiendo obtenido prudencia del que lo ensambló desde el principio. Y este ir en sentido inverso le ha resultado innato por necesidad debido a esto. JÓV. SÓC.¿ Debido a qué, pues? EXTR. El mantenerse siempre igual y de la misma manera y ser el mismo corresponde solo a lo más divino de todo, pero la naturaleza del cuerpo no es de este orden. El cielo y cosmos que hemos nombrado, ha participado de muchas cosas felices por parte del que lo engendró, pero, sin embargo, también ha participado de cuerpo; de donde le es imposible ser ajeno al cambio por completo, aunque, según su capacidad, se mueve en una sola rotación en el mismo lugar y de la misma manera tanto como es posible; por lo cual ha obtenido la retrogradación, porque es la menor desviación de su propio movimiento. Pero que él mismo se haga girar siempre, casi a nadie le es posible, excepto al que guía a todos los seres que se mueven; pero mover a este a veces de una manera y otras veces de forma contraria, no es lícito.
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EXTR. De todo esto, pues, no hay que decir que el cosmos se haga girar a sí mismo siempre, ni tampoco que sea girado siempre por un dios en dos rotaciones contrarias, ni tampoco que dos dioses dotados de razón lo hagan girar en sentidos contrarios, sino lo que se dijo hace poco y es lo único que queda: que a veces es guiado por otra causa divina, recuperando la vida y recibiendo una inmortalidad reparada por parte del demiurgo, y a veces, cuando es soltado, va por sí mismo, al ser dejado en el momento oportuno, de tal manera que se mueve en sentido inverso durante muchos diez miles de periodos, debido a que, siendo el más grande y el más equilibrado, se mueve sobre el pie más pequeño. JÓV. SÓC. Parece, al menos, que se ha dicho con mucha verosimilitud todo lo que has expuesto. EXTR. Reflexionemos, pues, sobre el fenómeno a partir de lo dicho ahora, que dijimos que es la causa de todas las cosas asombrosas. Pues esto es, en efecto, eso mismo. JÓV. SÓC.¿ Qué cosa? EXTR. Que el movimiento del todo a veces se desplaza hacia donde gira ahora, y a veces hacia el sentido contrario. JÓV. SÓC.¿ Cómo es eso? EXTR. Hay que considerar que este cambio es el mayor y más completo de todos los giros que ocurren en torno al cielo. JÓV. SÓC. Así parece, al menos. EXTR. Por tanto, hay que considerar que entonces ocurren cambios grandísimos para nosotros que habitamos dentro de él. JÓV. SÓC. También esto es verosímil. EXTR.¿ Y no sabemos acaso que la naturaleza de los seres vivos soporta difícilmente cambios grandes, numerosos y de todo tipo que se acumulan? JÓV. SÓC.¿ Cómo no? EXTR. Entonces, por necesidad, ocurren en ese momento destrucciones grandísimas de los otros seres vivos, y, en efecto, también el género de los hombres queda reducido a muy poco; y sobre estos sobrevienen otros muchos padecimientos asombrosos y nuevos, pero el mayor y el que acompaña al desenrollamiento del todo en ese momento, cuando ocurre el giro contrario al que está establecido ahora, es este. JÓV. SÓC.¿ Cuál? EXTR. La edad que cada uno de los seres vivos tenía, esta primero se detuvo para todos, y todo lo que era mortal cesó de verse avanzar hacia la vejez, y cambiando de nuevo hacia lo contrario, crecía como más joven y más tierno; y las canas de los más viejos se oscurecían, y las mejillas de los que ya tenían barba, al alisarse, devolvían a cada uno a la juventud pasada, y los cuerpos de los que estaban en la flor de la edad, al alisarse y hacerse más pequeños cada día y cada noche, regresaban de nuevo a la naturaleza del niño recién nacido, asimilándose tanto en el alma como en el cuerpo; y desde ahí, marchitándose, desaparecían por completo. Y, a su vez, los cuerpos de los que morían violentamente en aquel tiempo, sufriendo estos mismos padecimientos, se corrompían rápidamente, desapareciendo en pocos días.
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JÓV. SÓC.¿ Y cuál era entonces, extranjero, la generación de los seres vivos?¿ Y de qué manera nacían unos de otros? EXTR. Es evidente, Sócrates, que el nacer unos de otros no existía en la naturaleza de aquel tiempo, sino que el género que se dijo ser alguna vez nacido de la tierra, este era el que en aquel tiempo regresaba de nuevo desde la tierra, y era recordado por nuestros primeros antepasados, quienes lindaban con el tiempo siguiente al terminar la rotación anterior, y nacían al comienzo de esta; pues estos fueron para nosotros heraldos de estos relatos, que ahora son injustamente desconfiados por muchos. Pues desde ahí, creo, hay que reflexionar. Pues es consecuente con que los ancianos vayan hacia la naturaleza del niño, que los que han muerto, y que yacen en la tierra, al reunirse allí de nuevo y revivir, sigan el giro, al circular conjuntamente la generación hacia lo contrario, y que, por tanto, los nacidos de la tierra, según este razonamiento, por necesidad al crecer, tengan así el nombre y el relato, todos aquellos a quienes un dios no trasladó a otra suerte. JÓV. SÓC. Ciertamente, esto sigue por completo a lo anterior. Pero, dime, la vida que dices que es bajo el poder de Crono,¿ estaba en aquellos giros o en estos? Pues el cambio de los astros y del sol es evidente que ocurre en ambos giros. EXTR. Has seguido bien el razonamiento. Lo que preguntaste sobre que todo ocurre automáticamente para los hombres, no pertenece en absoluto al movimiento establecido ahora, sino que esto también era del anterior. Pues entonces, el propio dios gobernaba cuidando de toda la rotación, y, a su vez, según los lugares, esto mismo estaba distribuido por dioses gobernantes en todas las partes del cosmos; y, en efecto, los seres vivos, según géneros y rebaños, habían sido distribuidos por demonios pastores divinos, siendo cada uno autosuficiente para todo en aquello que él mismo pastoreaba, de modo que no había nada salvaje ni devoración mutua, y no había guerra ni sedición en absoluto; y otras cosas que siguen a tal ordenamiento, sería infinito decirlas. Pero, en cualquier caso, lo que se dijo sobre la vida automática de los hombres se ha dicho debido a lo siguiente.
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EXTR. Un dios los pastoreaba él mismo, supervisándolos, tal como ahora los hombres, siendo un ser vivo más divino, pastorean otros géneros más viles que ellos mismos; y mientras él pastoreaba, no había constituciones políticas ni posesiones de mujeres y niños; pues todos revivían desde la tierra, sin recordar nada de lo anterior; pero tales cosas estaban ausentes por completo, y tenían frutos abundantes de los árboles y de mucha otra vegetación, no producidos por la agricultura, sino que la tierra los ofrecía automáticamente. Y vivían desnudos y sin lecho, al aire libre la mayor parte del tiempo; pues el clima de las estaciones estaba templado para ellos sin causarles dolor, y tenían lechos blandos al brotar hierba abundante de la tierra. La vida, pues, Sócrates, la oyes, la de los que estaban bajo Crono; y esta que se dice que es bajo Zeus, la actual, la has percibido al estar presente;¿ podrías y querrías juzgar cuál de las dos es más feliz? JÓV. SÓC. De ninguna manera. EXTR.¿ Quieres entonces que te la distinga de alguna manera? JÓV. SÓC. Por supuesto. EXTR. Si, pues, los protegidos de Crono, al tener presente para ellos tanto ocio y capacidad para poder comunicarse mediante el lenguaje no solo con los hombres sino también con las fieras, utilizaban todo esto para la filosofía, conviviendo con las fieras y entre ellos, e indagando de toda naturaleza si alguno, teniendo alguna capacidad propia, percibía algo diferente de los demás para la reunión de la prudencia, es fácil de juzgar que los de entonces superaban en diez mil veces a los de ahora en felicidad; pero si, hartándose de comida y bebida, conversaban entre ellos y con las fieras, relatos tales como los que se cuentan ahora sobre ellos, también esto, al menos según mi opinión, es muy fácil de juzgar. Pero, en cualquier caso, dejemos esto hasta que nos aparezca un informante capaz sobre cómo tenían entonces los deseos respecto a las ciencias y al uso de los discursos; lo que debemos decir es el motivo por el cual suscitamos el mito, para que terminemos lo que sigue a continuación. Pues cuando el tiempo de todas estas cosas se completó y debía ocurrir un cambio, y, en efecto, todo el género terrestre ya se había consumido, habiendo devuelto cada alma todas las generaciones, habiendo caído a la tierra tantas semillas como le había sido ordenado a cada una, entonces, el timonel del todo, como soltando el timón, se retiró a su propia atalaya, y el cosmos, a su vez, se volvía hacia atrás por el destino y por un deseo innato.
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EXTR. Todos, pues, los dioses que co- gobiernan según los lugares con el mayor demonio, conociendo ya lo que ocurría, soltaron a su vez las partes del cosmos de su propio cuidado; y este, al volverse y chocar, habiendo emprendido un impulso contrario al del principio y al del fin, provocando un gran terremoto en sí mismo, produjo a su vez otra destrucción de seres vivos de todo tipo. Después de esto, habiendo pasado suficiente tiempo, cesando ya de los estruendos y de la confusión y habiendo alcanzado la calma de los terremotos, iba ordenándose hacia su curso acostumbrado, teniendo cuidado y poder él mismo de las cosas que hay en sí mismo y de sí mismo, recordando la enseñanza del demiurgo y padre en la medida de lo posible. Al principio, pues, lo realizaba con mayor precisión, pero al final con mayor torpeza; y de esto es causa para él lo corpóreo de la mezcla, lo que es congénito a la naturaleza de antaño, porque participaba de mucho desorden antes de llegar al cosmos actual. Pues del que lo compuso posee todas las cosas bellas; pero de la disposición anterior, todo lo que hay de difícil e injusto en el cielo, esto lo tiene él mismo de aquella y lo produce en los seres vivos. Pues, mientras estaba con el timonel, alimentando a los seres vivos en sí mismo, producía pocos males, pero grandes bienes; pero al separarse de aquel, siempre pasa todo de la mejor manera en el tiempo más cercano a la separación, pero al avanzar el tiempo y al producirse el olvido en él, domina más el fenómeno de la antigua desarmonía, y al final del tiempo, floreciendo, y mezclándose con pocos bienes, pero con mucha mezcla de lo contrario, llega al peligro de destrucción tanto de sí mismo como de los que están en él. Por lo cual, entonces ya, el dios que lo ordenó, al verlo en dificultades, cuidando de que, al ser azotado por la confusión y disuelto, no se hunda en el mar infinito de la desemejanza, volviendo a ser guardián de sus timones, habiendo hecho girar lo que se había enfermado y disuelto en el periodo anterior bajo sí mismo, lo ordena y, corrigiéndolo, lo hace inmortal y libre de vejez. Este, pues, se ha dicho que es el fin de todas las cosas; pero lo que es suficiente para la demostración del rey a partir de lo anterior, tocando el razonamiento; pues al haberse girado de nuevo el cosmos hacia el camino de la generación actual, la edad, a su vez, se detenía y devolvía cosas nuevas y contrarias a las de entonces. Pues los seres vivos que por pequeñez estaban a punto de desaparecer, crecían, y los cuerpos recién nacidos de la tierra, habiendo crecido canosos, al morir de nuevo, descendían a la tierra.
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EXTR. Y todas las demás cosas cambiaban, imitando y siguiendo el fenómeno del todo, y, en efecto, también la imitación de la concepción, el nacimiento y la nutrición seguía a todas las cosas por necesidad; pues ya no era posible que el ser vivo naciera en la tierra a través de otros que lo ensamblaban, sino que, tal como se le había ordenado al cosmos ser soberano de su propia marcha, así, de la misma manera, también a las partes mismas se les ordenaba, a través de sí mismas, en la medida de lo posible, crecer, engendrar y nutrirse por la misma conducción. Y aquello por lo cual ha comenzado todo el razonamiento, estamos ya en ello. Pues sobre las otras fieras sería largo y prolijo exponer muchas cosas, de dónde y por qué causas cada una ha cambiado; pero sobre los hombres es más breve y más apropiado. Pues, habiendo quedado desamparados del cuidado del demonio que nos poseía y pastoreaba, al haberse vuelto salvajes a su vez muchas de las fieras que eran de naturaleza difícil, y habiéndose vuelto ellos mismos, los hombres, débiles y sin protección, eran arrebatados por ellas, y todavía estaban sin recursos y sin artes en los primeros tiempos, ya que la nutrición automática había desaparecido, y no sabían todavía procurársela debido a que ninguna necesidad los obligaba antes. De todo esto estaban en grandes dificultades. De donde, pues, los dones dichos de antaño nos han sido dados por los dioses con necesaria enseñanza y educación, el fuego por parte de Prometeo, las artes por parte de Hefesto y de su coartífice, y las semillas y plantas a su vez por parte de otros; y todo lo que ha organizado la vida humana ha surgido de esto, una vez que lo que venía de los dioses, lo que se dijo hace poco, dejó de cuidar a los hombres, y debían ellos mismos tener su propia conducción y cuidado, tal como todo el cosmos, al cual, imitando y siguiendo, vivimos y crecemos siempre, a veces de una manera y otras de otra. Y que el mito tenga aquí su fin, pero lo haremos útil para ver cuánto nos equivocamos al definir al rey y al político en el razonamiento anterior. JÓV. SÓC.¿ Cómo, pues, y qué tan grande dices que ha sido el error que hemos cometido? EXTR. En parte más breve, y en parte muy noble y mucho mayor y más que entonces. JÓV. SÓC.¿ Cómo?
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EXTR. Que, al ser preguntados por el rey y el político de la rotación y generación actual, dijimos el pastor de la entonces manada humana del periodo contrario, y esto siendo un dios en lugar de un mortal, en esto nos desviamos muchísimo; pero que lo declaramos gobernante de toda la ciudad, pero no explicamos de qué manera, en esto, a su vez, lo dicho es verdadero, pero no se dijo de manera completa ni clara, por lo cual también nos equivocamos menos que en aquel punto. JÓV. SÓC. Verdadero. EXTR. Es necesario, pues, al parecer, habiendo definido el modo del gobierno de la ciudad, esperar que el político nos haya sido dicho de manera completa. JÓV. SÓC. Bien. EXTR. Por esto, pues, también expusimos el mito, para que mostrara sobre la cría de rebaños no solo cómo todos disputan sobre ella con el que se busca ahora, sino también para que viéramos más claramente a aquel mismo a quien corresponde solo, según el paradigma de los pastores y boyeros, teniendo el cuidado de la nutrición humana, ser digno solo de este apelativo. JÓV. SÓC. Correctamente. EXTR. Y creo, Sócrates, que esto es aún mayor que el esquema de ser rey, el del pastor divino, y que los políticos que están aquí ahora son mucho más parecidos a los gobernados en sus naturalezas y han participado de manera más semejante de educación y nutrición. JÓV. SÓC. Ciertamente, supongo. EXTR. Pero, en cualquier caso, no habría que buscarlos ni menos ni más, ya sean de una manera o de otra. JÓV. SÓC.¿ Cómo no? EXTR. Volvamos, pues, de nuevo aquí. Pues la técnica que dijimos que era de auto- orden sobre los seres vivos, pero que no tenía el cuidado de manera privada sino común, y la llamamos entonces inmediatamente cría de rebaños,¿ te acuerdas? JÓV. SÓC. Sí. EXTR. En esto, pues, de alguna manera nos equivocamos. Pues al político no lo incluimos ni lo nombramos en ninguna parte, sino que se nos escapó en la denominación. JÓV. SÓC.¿ Cómo? EXTR. Que el nutrir cada una de las manadas corresponde a todos los otros pastores, pero al político, no correspondiéndole, le aplicamos el nombre, debiendo aplicar uno de los comunes a todos. JÓV. SÓC. Dices cosas verdaderas, si es que resultaba serlo. EXTR.¿ Y cómo no iba a ser el cuidar algo común a todos, sin que se definiera ninguna nutrición ni ninguna otra ocupación? Sino que, al llamarla cría de rebaños o terapéutica o incluso alguna técnica de cuidado, era posible cubrir tanto al político como a los demás, ya que el razonamiento indicaba que debía ser esto.
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JÓV. SÓC. Correctamente. Pero la división después de esto,¿ de qué manera ocurriría? EXTR. De la misma manera en que antes dividíamos la cría de rebaños en pedestres y alados, y en los que no se mezclan y en los que no tienen cuernos, con estos mismos, supongo, dividiendo también la cría de rebaños, habríamos incluido tanto la actual como la de la realeza de Crono de manera semejante en el razonamiento. JÓV. SÓC. Parece; pero busco, a su vez, qué es lo que sigue. EXTR. Es evidente que, habiéndose dicho así el nombre de la cría de rebaños, nunca nos habría ocurrido que algunos disputaran que no es un cuidado en absoluto, tal como entonces se disputó justamente que no hay ninguna técnica entre nosotros digna de este apelativo de nutritiva, y si, en cualquier caso, hubiera alguna, a muchos les corresponde antes y más que a cualquiera de los reyes. JÓV. SÓC. Correctamente. EXTR. Pero el cuidado de toda la comunidad humana, ninguna otra técnica querría decir que es más y antes que la real y que es técnica de gobierno sobre todos los hombres. JÓV. SÓC. Dices correctamente. EXTR. Pero después de esto, Sócrates,¿ nos damos cuenta de que, en el fin mismo, se cometía un error considerable? JÓV. SÓC.¿ Cuál? EXTR. Este, que si incluso pensamos que hay alguna técnica nutritiva de la manada bípeda, no por ello debíamos llamar inmediatamente a la real y política como terminada. JÓV. SÓC.¿ Por qué no? EXTR. Primero, lo que decimos, cambiar el nombre, aplicándolo más al cuidado que a la nutrición, y después dividirla; pues no tendría divisiones pequeñas todavía. JÓV. SÓC.¿ Cuáles? EXTR. En la que habríamos dividido al pastor divino por separado y al cuidador humano. JÓV. SÓC. Correctamente. EXTR. Y, a su vez, era necesario dividir en dos la técnica de cuidado asignada. JÓV. SÓC.¿ En qué? EXTR. En la violenta y en la voluntaria. JÓV. SÓC.¿ Cómo es eso? EXTR. Y en esto, supongo, equivocándonos antes, compusimos de manera más simple de lo debido en el mismo rey y tirano, siendo ellos mismos y el modo de gobierno de cada uno muy diferentes. JÓV. SÓC. Verdadero. EXTR. Pero ahora, corrigiéndonos de nuevo, tal como dije,¿ dividimos la técnica de cuidado humana en dos, en la violenta y en la voluntaria? JÓV. SÓC. Por supuesto. EXTR. Y, al llamar tiránica a la de los violentos, y política a la cría de rebaños voluntaria y de bípedos voluntarios,¿ declaramos que el que posee esta técnica y cuidado es verdaderamente rey y político?
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JÓV. SÓC. Y corre el riesgo, extranjero, de que la demostración sobre el político nos resulte completa de esta manera. EXTR. Nos resultaría bien, Sócrates. Pero es necesario que esto no solo te parezca bien a ti, sino también a mí, en común contigo. Pero ahora, al menos según mi opinión, el rey todavía no parece tener un esquema completo para nosotros, sino que, tal como los escultores a veces, apresurándose fuera de tiempo, al añadir más y mayores partes de lo debido a cada una de las obras, se retrasan, también nosotros ahora, para declarar rápida y magníficamente el error de la exposición anterior, al pensar que al rey le conviene hacer grandes paradigmas, habiendo levantado un asombroso volumen del mito, nos vimos obligados a utilizar una parte mayor de lo debido; por lo cual hemos hecho la demostración más larga y, en cualquier caso, no pusimos fin al mito, sino que el razonamiento nos resulta, sin más, como un ser vivo que parece tener suficientemente la descripción exterior, pero no haber obtenido todavía la claridad, como con los fármacos y la mezcla de los colores. Pero para la pintura y toda cirugía, explicar todo ser vivo con palabras y razonamiento conviene más a los que pueden seguir; a los otros, a través de cirugías. JÓV. SÓC. Esto, correctamente; pero aclara dónde dices que todavía no se ha dicho suficientemente para nosotros. EXTR. Es difícil, hombre divino, no mostrar suficientemente algo de las cosas mayores sin utilizar paradigmas. Pues cada uno de nosotros corre el riesgo de conocer todo como en un sueño y, a su vez, de ignorarlo todo como en la vigilia. JÓV. SÓC.¿ Cómo has dicho esto? EXTR. Y parezco haber movido de manera muy extraña en el presente el fenómeno sobre la ciencia en nosotros. JÓV. SÓC.¿ Por qué? EXTR. Del paradigma, bienaventurado, también el paradigma mismo me ha hecho falta. JÓV. SÓC.¿ Qué entonces? Dilo sin dudar por mi parte. EXTR. Hay que decirlo, ya que tú también estás dispuesto a seguir. Pues conocemos a los niños, cuando apenas se vuelven expertos en letras... JÓV. SÓC.¿ Qué cosa? EXTR. Que perciben suficientemente cada uno de los elementos en las sílabas más breves y fáciles, y son capaces de decir la verdad sobre ellos.
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JÓV. SÓC.¿ Cómo no? EXTR. Pero estas mismas cosas, al dudar en otras, se equivocan de nuevo tanto en opinión como en razonamiento. JÓV. SÓC. Por supuesto. EXTR.¿ No es, pues, de esta manera más fácil y mejor llevarlos a las cosas que todavía no conocen? JÓV. SÓC.¿ Cómo? EXTR. Llevarlos primero a aquellas en las que opinaban correctamente sobre estas mismas cosas, y al llevarlos, ponerlas junto a las que todavía no conocen, y al compararlas, mostrar la misma semejanza y naturaleza que hay en ambas combinaciones, hasta que, al comparar las cosas que se opinan correctamente con todas las cosas ignoradas, se muestren, y al mostrarse, convirtiéndose así en paradigmas, haga que cada uno de los elementos sea nombrado en todas las sílabas, lo uno como siendo diferente de los otros, y lo otro como siendo siempre lo mismo de la misma manera que sí mismo. JÓV. SÓC. Por completo, ciertamente. EXTR.¿ No hemos comprendido, pues, suficientemente esto, que la generación de un paradigma ocurre entonces, cuando lo que es lo mismo, al ser opinado correctamente en otra cosa dispersa, y al ser reunido en torno a cada uno, como ambos juntos, constituye una sola opinión verdadera? JÓV. SÓC. Parece. EXTR.¿ Nos asombraríamos, pues, si nuestra alma, habiendo sufrido por naturaleza esto mismo sobre los elementos de todas las cosas, a veces se constituye por la verdad sobre cada uno en algunas cosas, y a veces se desplaza sobre todas en otras, y algunas de ellas las opina correctamente de alguna manera, pero al ser trasladadas a las sílabas largas y no fáciles de las cosas, ignora estas mismas cosas de nuevo? JÓV. SÓC. Y no es nada asombroso. EXTR. Pues,¿ cómo, amigo, podría alguien, comenzando desde una opinión falsa, llegar a algo de la verdad y adquirir prudencia al llegar a una pequeña parte? JÓV. SÓC. Casi de ninguna manera. EXTR.¿ No cometeríamos, pues, ningún error, si estas cosas son así, tú y yo, al intentar primero ver la naturaleza de todo el paradigma en otro pequeño paradigma por partes, y después de esto, al estar a punto de llevar el mayor y mismo tipo del rey desde cosas menores, intentar, a través de un paradigma, conocer de nuevo la terapéutica de las cosas de la ciudad mediante la técnica, para que nos resulte una vigilia en lugar de un sueño? JÓV. SÓC. Por supuesto, correctamente.
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EXTR. Hay que retomar de nuevo el razonamiento anterior, ya que, como diez mil disputan sobre el género real del cuidado de las ciudades, hay que separar a todos estos y dejar solo a aquel, y para esto, dijimos, necesitamos algún paradigma. JÓV. SÓC. Y mucho. EXTR.¿ Qué paradigma, pues, podría alguien, teniendo la misma ocupación que la política, al exponer el más pequeño, encontrar suficientemente lo que se busca?¿ Quieres, por Zeus, Sócrates, si no tenemos otro a mano, que elijamos la técnica del tejido? Y esta, si te parece,¿ no toda? Pues quizás bastará la que trata sobre los tejidos de lana; pues tal vez también esta parte de ella nos testificaría lo que queremos. JÓV. SÓC.¿ Por qué no? EXTR.¿ Por qué, pues, no, tal como en los anteriores, al dividir partes de partes, dividíamos cada una, y ahora sobre el tejido hicimos esto mismo, y en la medida de lo posible, habiendo recorrido todo rápidamente en pocas palabras, volvimos de nuevo a lo útil ahora? JÓV. SÓC.¿ Cómo dices? EXTR. Haré la exposición misma como respuesta para ti. JÓV. SÓC. Has hablado excelentemente. EXTR. Son, pues, todas las cosas que fabricamos y poseemos, unas para hacer algo, y otras como defensas para no sufrir; y de las defensas, unas son antídotos, tanto divinos como humanos, y otras son protecciones; y de las protecciones, unas son armamentos para la guerra, y otras son barreras; y de las barreras, unas son cortinas, y otras son defensas contra los inviernos y los calores; y de las defensas, unas son techos, y otras son coberturas; y de las coberturas, unas son subyacentes, y otras son envoltorios; y de los envoltorios, unos son de una sola pieza, y otros son compuestos; y de los compuestos, unos son perforados, y otros son atados sin perforación; y de los no perforados, unos son de nervios de plantas de la tierra, y otros de pelo; y de los de pelo, unos están pegados con agua y tierra, y otros están atados entre sí. A estas defensas y coberturas fabricadas de las cosas atadas entre sí, las llamamos vestidos; y a la técnica que cuida principalmente de los vestidos, tal como entonces dijimos la política de la ciudad,¿ la llamamos ahora también, a partir del hecho mismo, técnica de vestir?¿ Y digamos también que el tejido, en cuanto a la parte mayor que era en la fabricación de los vestidos, no difiere en nada excepto en el nombre de esta técnica de vestir, tal como allí entonces la real de la política?
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JÓV. SÓC. Correctísimamente. EXTR. Reflexionemos, pues, después de esto, que alguien podría pensar que el tejido de vestidos, dicho así, ha sido dicho suficientemente, al no poder comprender que todavía no se ha distinguido de los colaboradores cercanos, y que se ha separado de muchos otros parientes. JÓV. SÓC.¿ De cuáles, dime, parientes? EXTR. No has seguido lo dicho, al parecer; de nuevo, pues, parece que hay que volver comenzando desde el final. Pues si comprendes la afinidad, la dividimos hace poco de ella misma, separando la composición de los lechos mediante el envoltorio y la base. JÓV. SÓC. Entiendo. EXTR. Y, además, toda la fabricación de los linos y cuerdas y todo lo que dijimos hace poco que eran nervios de plantas, la eliminamos; y, a su vez, separamos la técnica de fieltro y la composición que utiliza perforación y costura, de la cual la mayor parte es la zapatería. JÓV. SÓC. Por supuesto. EXTR. Y, por tanto, eliminamos el cuidado de las coberturas de una sola pieza, la técnica de cuero, y las de los techos, todas las que en la construcción y en toda la carpintería y en otras técnicas se vuelven protectoras de corrientes, y todas las técnicas de barreras que proporcionan obras preventivas contra los robos y las acciones violentas, y las que tratan sobre la generación de tapas y las fijaciones de las puertas, asignadas a la parte de la técnica de clavazón; y separamos la técnica de armamento, siendo parte de la gran y variada técnica de defensa; y, en efecto, también la técnica de magia que trata sobre los antídotos la definimos desde el principio, y hemos dejado, como pensaríamos, la técnica de defensa buscada, la que trata sobre la defensa de lana, llamada técnica de tejido. JÓV. SÓC. Así parece, en efecto.
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EXT. Pero esto aún no está dicho de manera completa, hijo. Pues quien al principio se ocupa de la confección de las prendas parece hacer lo contrario del tejido. JOV. SÓC.¿ Cómo? EXT. El tejido es, en cierto modo, una unión. JOV. SÓC. Sí. EXT. Y, en cambio, es una disolución de las cosas que están juntas y apelmazadas. JOV. SÓC.¿ A qué te refieres? EXT. A la labor del arte del cardador.¿ O nos atreveremos a llamar tejido al cardado y a llamar tejedor al cardador? JOV. SÓC. De ninguna manera. EXT. Y, por otra parte, si alguien llama tejido a la labor de la urdimbre y la trama, dice un nombre paradójico y falso. JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXT.¿ Y qué?¿ Debemos considerar que el batanado y el remiendo en su totalidad no son ningún cuidado ni tratamiento de la vestimenta, o diremos que todos estos son también tejidos? JOV. SÓC. De ninguna manera. EXT. Pero, ciertamente, todos estos disputarán con la capacidad del tejido sobre el cuidado y la producción de las prendas, otorgándole a aquel la mayor parte, pero asignándose también a sí mismos una gran parte. JOV. SÓC. Ciertamente. EXT. Además de estos, hay que considerar que los artesanos de las herramientas, mediante las cuales se realizan las obras del tejido, pretenden ser causas auxiliares de todo tejido. JOV. SÓC. Muy correctamente. EXT. Entonces,¿ estará nuestro discurso sobre el tejido, la parte que hemos elegido, suficientemente delimitado si, de todos los cuidados que se refieren a la vestimenta de lana, lo situamos en el más bello y grande de todos?¿ O diríamos algo verdadero, pero no claro ni completo, hasta que hayamos eliminado también todos estos? JOV. SÓC. Correctamente. EXT.¿ Entonces debemos hacer lo que decimos, para que nuestro discurso avance en orden? JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXT. Primero, pues, observemos que hay dos artes en todas las cosas que se hacen. JOV. SÓC.¿ Cuáles? EXT. Una que es causa auxiliar de la producción, y otra que es la causa misma. JOV. SÓC.¿ Cómo? EXT. Todas las que no producen la cosa misma, sino que preparan instrumentos para las que producen, sin los cuales no se podría realizar lo encomendado a cada uno de los artes, estas son causas auxiliares, y las que producen la cosa misma son las causas. JOV. SÓC. Tiene sentido. EXT. Después de esto,¿ llamemos causas auxiliares a todas las que se ocupan de los husos, las lanzaderas y cualquier otra herramienta que participe en la producción de las vestimentas, y causas a las que las cuidan y producen? JOV. SÓC. Muy correctamente.
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EXT. De las causas, pues, es razonable incluir el batanado, el remiendo y todo el tratamiento relacionado con esto, siendo mucha la parte de la cosmética, bajo el arte del batanado. JOV. SÓC. Bien. EXT. Y, ciertamente, el cardado, el hilado y todas las partes que se refieren a la fabricación misma de la vestimenta de la que hablamos, son un solo arte de los que todos llaman arte de la lana. JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXT. Del arte de la lana hay dos partes, y cada una de estas es, a la vez, parte de dos artes. JOV. SÓC.¿ Cómo? EXT. El cardado, la mitad del arte de la lanzadera y todo lo que separa las cosas que están unidas, todo esto, para decirlo como una sola cosa, es parte del arte de la lana mismo, y nos han resultado dos grandes artes en todo: el comparativo y el divisorio. JOV. SÓC. Sí. EXT. Por tanto, del divisorio son el cardado y todo lo que se acaba de decir; pues el divisorio en las lanas y las urdimbres, que ocurre de una manera con la lanzadera y de otra con las manos, abarca todo lo que se acaba de nombrar. JOV. SÓC. Ciertamente. EXT. Tomemos de nuevo una parte del comparativo que sea a la vez del arte de la lana; dejemos de lado todo lo que era del divisorio allí, dividiendo el arte de la lana en una parte divisoria y una comparativa. JOV. SÓC. Que quede dividido. EXT. Entonces, Sócrates, debes dividir la parte comparativa y a la vez del arte de la lana, si es que vamos a elegir el tejido que hemos mencionado antes. JOV. SÓC. Es necesario. EXT. Es necesario, pues; y digamos que una parte de él es el retorcido y la otra el entrelazado. JOV. SÓC.¿ Entiendo? Pues me parece que llamas retorcido a lo que se refiere al trabajo de la urdimbre. EXT. No solo eso, sino también de la trama;¿ o encontraremos alguna producción de ella que no sea retorcida? JOV. SÓC. De ninguna manera. EXT. Delimita, pues, cada una de estas; quizás la delimitación sea oportuna para ti. JOV. SÓC.¿ Cómo? EXT. De esta manera:¿ llamamos a algo cardado a lo que, de las obras del cardado, se ha alargado y ha adquirido anchura? JOV. SÓC. Sí. EXT. De esto, di que el hilo que ha sido retorcido con el huso y se ha vuelto sólido es la urdimbre, y que el arte que lo endereza es el arte de la urdimbre. JOV. SÓC. Correctamente.
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EXT. Y todo lo que, por el contrario, toma la torsión de forma laxa, pero mediante el entrelazado de la urdimbre con la tracción del batanado adquiere suavidad de manera mesurada, digamos que lo hilado es la trama, y que el arte encargado de ellos es el arte de la trama. JOV. SÓC. Muy correctamente. EXT. Y, ciertamente, la parte del tejido que nos propusimos ya es clara para todos. Pues cuando la parte del comparativo que está en el arte de la lana produce un entrelazado mediante la unión recta de la trama y la urdimbre, llamamos a todo lo tejido vestimenta de lana, y al arte que está detrás de esto lo llamamos tejido. JOV. SÓC. Muy correctamente. EXT. Bien;¿ por qué entonces no respondimos directamente que el tejido es el entrelazado de la trama y la urdimbre, sino que dimos vueltas en círculo delimitando muchas cosas en vano? JOV. SÓC. A mí, extranjero, no me pareció que nada de lo dicho se dijera en vano. EXT. Y no es nada extraño; pero tal vez, bienaventurado, lo parezca. Ante tal dolencia, si es que ocurre muchas veces después— pues no es nada extraño—, escucha un discurso que conviene decir sobre todas estas cosas. JOV. SÓC. Solo habla. EXT. Primero, pues, veamos toda la exageración y la deficiencia, para que podamos alabar y censurar con razón las cosas que se dicen más largas de lo debido en cada caso y lo contrario sobre tales ocupaciones. JOV. SÓC. Es necesario. EXT. Creo que el discurso sobre estas mismas cosas se haría correctamente. JOV. SÓC.¿ Sobre qué? EXT. Sobre la longitud y la brevedad y toda superioridad y deficiencia; pues la medida está en todas estas cosas. JOV. SÓC. Sí. EXT. Dividamos, pues, esta en dos partes; pues es necesario para lo que ahora nos apresuramos. JOV. SÓC. Podrías decir la división en qué consiste. EXT. De esta manera: una parte según la relación de la grandeza y la pequeñez entre sí, y la otra según la esencia necesaria de la producción. JOV. SÓC.¿ Cómo dices? EXT.¿ No te parece que, por naturaleza, lo mayor no necesita ser llamado mayor de nada más que de lo menor, y lo menor, a su vez, menor de lo mayor, y de nada más? JOV. SÓC. A mí sí. EXT.¿ Y qué?¿ No diremos que lo que supera la naturaleza de lo mediano y es superado por ella, tanto en discursos como en obras, es lo que realmente ocurre, en lo que más se diferencian de nosotros los malos y los buenos? JOV. SÓC. Parece. EXT. Por tanto, hay que establecer estas dos esencias y juicios de lo grande y lo pequeño, y no, como dijimos hace poco, que solo deben serlo respecto a sí mismos, sino, como se ha dicho ahora, más bien que una debe decirse respecto a sí misma y la otra respecto a lo mediano;¿ querríamos aprender por qué? JOV. SÓC.¿ Cómo no?
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EXT. Si alguien deja la naturaleza de lo mayor sin ninguna otra relación que la de lo menor, nunca será respecto a lo mediano;¿ no es así? JOV. SÓC. Así es. EXT.¿ Entonces destruiremos los artes mismos y todas sus obras con este discurso, y de hecho haremos desaparecer la política que buscamos ahora y el tejido que se ha mencionado? Pues todos estos artes, de alguna manera, no consideran el más y el menos de lo mediano como algo que no existe, sino como algo que existe y que es difícil de observar en las acciones, y de esta manera, al preservar la medida, producen todas las cosas buenas y bellas. JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXT. Entonces, si hacemos desaparecer la política,¿ será nuestra búsqueda posterior de la ciencia real un callejón sin salida? JOV. SÓC. Y mucho. EXT. Entonces,¿ al igual que en el Sofista obligamos a que el no ser existiera, puesto que el discurso se nos escapó por ahí, así también ahora debemos obligar a que el más y el menos sean medibles no solo respecto a sí mismos, sino también respecto a la producción de lo mediano? Pues no es posible que ni un político ni ningún otro experto en las acciones haya llegado a serlo sin que esto sea aceptado. JOV. SÓC. Entonces, también ahora es necesario hacer lo mismo tanto como sea posible. EXT. Esta tarea, Sócrates, es aún mayor que aquella— aunque recordamos cuán grande era la longitud de aquella—, pero es muy justo suponer algo así sobre ellas. JOV. SÓC.¿ Qué cosa? EXT. Que alguna vez será necesaria la demostración de lo que se ha dicho ahora para la precisión sobre ella misma. Pero que se demuestra bien y suficientemente para lo presente, me parece que este discurso nos ayuda magníficamente, de modo que debemos considerar que todos los artes son iguales, y que tanto lo mayor como lo menor se miden no solo respecto a sí mismos, sino también respecto a la producción de lo mediano. Pues existiendo esto, existen aquellas, y existiendo aquellas, existe también esto, y no existiendo ninguna de estas, ninguna de ellas existirá jamás. JOV. SÓC. Esto es correcto; pero¿ qué es lo que sigue? EXT. Es claro que dividiríamos la medida, como se dijo, cortándola en dos, poniendo en una parte de ella todos los artes que miden el número, las longitudes, las profundidades, las anchuras y las velocidades respecto a lo contrario, y en la otra, todos los que miden respecto a lo mediano, lo conveniente, el momento oportuno, lo debido y todo lo que se ha alejado de los extremos hacia el centro. JOV. SÓC. Has mencionado dos grandes partes, y muy diferentes entre sí.
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EXT. Pues lo que a veces, Sócrates, muchos de los refinados dicen creyendo decir algo sabio, que la medida está en todas las cosas que ocurren, esto mismo que se ha dicho ahora resulta ser. Pues todas las cosas que son técnicas han participado de la medida de alguna manera; pero debido a que no están acostumbrados a observar dividiendo según las formas, reúnen inmediatamente estas cosas tan diferentes en lo mismo, creyéndolas iguales, y hacen lo contrario de esto, no dividiendo según las partes, cuando deberían, cuando alguien percibe primero la comunidad de muchas cosas, no detenerse hasta que vea en ella todas las diferencias que residen en las formas, y, por otra parte, cuando se ven las desemejanzas de todo tipo en las multitudes, no ser capaz de detenerse, avergonzado, hasta que, habiendo encerrado todas las cosas afines dentro de una semejanza, las envuelva en la esencia de algún género. Que esto, pues, se diga suficientemente sobre estas cosas y sobre las deficiencias y exageraciones; pero guardemos solo que se han descubierto dos géneros de la medida sobre ellas, y recordemos lo que decimos que son. JOV. SÓC. Recordaremos. EXT. Después de este discurso, aceptemos otro sobre las cosas mismas que buscamos y sobre toda la ocupación en tales discursos. JOV. SÓC.¿ Cuál? EXT. Si alguien nos preguntara sobre la reunión de los que aprenden las letras, cuando a alguien se le pregunta cualquier nombre de qué letras es,¿ diremos entonces que su búsqueda ocurre más por causa de uno solo de los propuestos o para volverse más gramático sobre todas las letras propuestas? JOV. SÓC. Es claro que sobre todas. EXT.¿ Y qué hay ahora de nuestra búsqueda sobre el político?¿ Se ha propuesto más por causa de esto mismo o para que nos volvamos más dialécticos sobre todas las cosas? JOV. SÓC. También esto es claro que sobre todas. EXT. Nadie que tenga sentido querría cazar el discurso del tejido por causa de él mismo; pero creo que a la mayoría se le escapa que para algunas de las cosas que existen han nacido ciertas semejanzas perceptibles, que no es difícil mostrar, cuando alguien quiere demostrarlas fácilmente a quien pide un discurso sobre algo, no con cosas, sino sin discurso; pero para las cosas que son más grandes y valiosas no hay ninguna imagen creada claramente para los hombres, que, al ser mostrada, satisfaga el alma del que pregunta, adaptándola a alguna de las sensaciones, y la llene suficientemente.
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EXT. Por eso es necesario ejercitarse en ser capaz de dar y recibir un discurso de cada cosa; pues las cosas incorpóreas, siendo las más bellas y grandes, se muestran claramente solo mediante el discurso y no mediante ninguna otra cosa, y por causa de estas son todas las cosas que se dicen ahora. Y el ejercicio es más fácil en las cosas menores sobre todo que sobre las mayores. JOV. SÓC. Has hablado muy bien. EXT. Recordemos, pues, por qué se han dicho todas estas cosas sobre ellas. JOV. SÓC.¿ Sobre qué? EXT. No menos por causa de esta misma dificultad que aceptamos con dificultad sobre la prolijidad sobre el tejido, y sobre el giro del todo y sobre el sofista sobre la esencia del no ser, pensando que tuvo más longitud, y sobre todas estas cosas nos reprendimos a nosotros mismos, temiendo que dijéramos cosas superfluas y a la vez largas. Para que, pues, no suframos nada parecido en el futuro, di que por causa de todas estas cosas se han dicho las anteriores para nosotros. JOV. SÓC. Así será. Solo habla a continuación. EXT. Digo, pues, que es necesario que tú y yo, recordando lo que se ha dicho ahora, hagamos la censura y la alabanza en cada caso de la brevedad y la longitud de las cosas sobre las que hablemos siempre, no juzgando las longitudes respecto a sí mismas, sino según la parte de la medida que entonces dijimos que debíamos recordar, respecto a lo conveniente. JOV. SÓC. Correctamente.
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EXT. Entonces, ni siquiera respecto a esto todo. Pues no necesitaremos nada respecto al placer de una longitud conveniente, a menos que sea algo secundario; y el discurso ordena amar en segundo lugar, y no en primero, lo que se refiere a la búsqueda de lo propuesto, para que lo encontremos lo más fácil y rápidamente posible, pero sobre todo y en primer lugar, valorar el método mismo de ser capaz de dividir según las formas, y, de hecho, también el discurso, si al ser dicho muy largo hace al que escucha más capaz de encontrar, esforzarse por él y no indignarse en absoluto por la longitud, o si, por el contrario, es más corto, de la misma manera; y además de esto, al que censura las longitudes de los discursos y los periodos en círculo en tales reuniones, no hay que dejarlo ir muy rápido ni inmediatamente solo censurando que lo dicho es largo, sino que también debe pensar que es necesario declarar que, al ser más cortos, habrían hecho a los presentes más dialécticos y más capaces de la revelación de las cosas mediante el discurso, y de los otros censuras y alabanzas no preocuparse en absoluto ni parecer escuchar tales discursos. Y de esto es suficiente, si a ti también te parece bien; pero vayamos de nuevo al político, llevándole el ejemplo del tejido que se ha mencionado antes. JOV. SÓC. Has hablado bien, y hagamos lo que dices. EXT. Entonces, el rey se ha separado de la mayoría de las que son afines, o mejor dicho, de todas las que se refieren a los rebaños; pero quedan, decimos, las que están en la ciudad misma de las causas auxiliares y de las causas, que primero debemos separar entre sí. JOV. SÓC. Correctamente. EXT.¿ Sabes, pues, que es difícil cortarlas en dos? Pero la causa, creo, será no menos evidente a medida que avancemos. JOV. SÓC. Entonces es necesario hacerlo así. EXT. Dividámoslas, pues, por miembros como a una víctima, ya que somos incapaces de hacerlo en dos. Pues siempre es necesario cortar en el número más cercano posible. JOV. SÓC.¿ Cómo, pues, hacemos ahora? EXT. Como antes, todas las que proporcionaban herramientas para el tejido, supongo que entonces las establecíamos como causas auxiliares. JOV. SÓC. Sí. EXT. Y ahora debemos hacer lo mismo, pero aún más que entonces. Pues todas las que producen una herramienta pequeña o grande en la ciudad, debemos establecerlas todas como causas auxiliares. Pues sin estas nunca habría ciudad ni política, pero de estas, a su vez, no estableceremos ninguna como obra del arte real. JOV. SÓC. Pues no. EXT. Y, ciertamente, intentamos hacer algo difícil separando este género de los otros; pues decir que es una herramienta de algo que existe como si fuera una sola cosa parece decir algo convincente. Sin embargo, digamos esto otro de las posesiones en la ciudad. JOV. SÓC.¿ Qué cosa? EXT. Que no tiene esta capacidad. Pues no se establece por causa de la producción, como una herramienta, sino por causa de la salvaguarda de lo producido. JOV. SÓC.¿ Qué cosa?
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EXT. Esto que, habiendo sido trabajado en seco, húmedo, con fuego y sin fuego, es un recipiente de todo tipo que llamamos con un solo nombre, y es un género muy frecuente y, creo, que no pertenece en absoluto a la ciencia que buscamos. JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXT. De estos, hay que observar un tercer género de posesiones muy abundante, terrestre y acuático, errante y no errante, valioso y sin valor, pero que tiene un solo nombre, porque todo es para estar sentado, siendo siempre un asiento para alguien. JOV. SÓC.¿ Qué cosa? EXT. Lo llamamos vehículo, no es obra de la política, sino más bien de la carpintería, la cerámica y la metalurgia. JOV. SÓC. Entiendo. EXT.¿ Y qué es lo cuarto?¿ Debemos decir que es otro de estos, en el que están la mayoría de las cosas dichas hace tiempo, toda la vestimenta y la mayor parte de las armas y todos los muros, todo lo que son coberturas de tierra y piedra, y otras miles? Y habiendo sido fabricadas todas ellas por causa de la protección, lo más justamente se llamaría en conjunto protección, y se consideraría mucho más obra del arte de la construcción y del tejido que de la política. JOV. SÓC. Ciertamente. EXT.¿ Y querríamos establecer como quinto lo que se refiere al adorno y la pintura y todo lo que se realiza como imitaciones usando esto y la música, hechas solo para nuestros placeres, y que justamente se incluirían bajo un solo nombre? JOV. SÓC.¿ Cuál? EXT. Se llama, supongo, algún juguete. JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXT. Este nombre, pues, convendrá a todas estas cosas; pues ninguna de ellas se hace por causa de la seriedad, sino que todas se hacen por causa del juego. JOV. SÓC. También esto lo entiendo casi. EXT.¿ Y no estableceremos como sexto lo que proporciona cuerpos a todas estas cosas, de los cuales y en los cuales producen todas las artes que se han mencionado ahora, siendo un género de todo tipo, hijo de muchos otros artes? JOV. SÓC.¿ A qué te refieres? EXT. Al oro y la plata y todo lo que se extrae de las minas y lo que la tala y todo el corte proporcionan a la carpintería y al tejido; y además la peletería que quita las pieles de las plantas y de los cuerpos vivos, la zapatería, y todos los artes que se refieren a tales cosas, y los que trabajan el corcho, el papiro y las ataduras, que proporcionaron crear formas compuestas a partir de géneros no compuestos. Y llamamos a todo esto, que es la posesión original para los hombres y no compuesta, y que no es en absoluto obra de la ciencia real. JOV. SÓC. Bien.
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EXT. La adquisición de alimento, y todo lo que, mezclándose en el cuerpo, ha recibido la capacidad de partes de partes del cuerpo para tratar algo, debemos decir que es lo séptimo, llamándolo todo nuestro alimento, si no tenemos algo mejor que establecer; y al poner todo bajo la agricultura, la caza, la gimnasia, la medicina y la cocina, lo devolveremos más correctamente que a la política. JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXT. Casi todo lo que se refiere a la posesión, excepto los animales domésticos, creo que se ha dicho en estos siete géneros. Pero observa: pues se habría establecido muy justamente al principio el género original, y después de esto la herramienta, el recipiente, el vehículo, la protección, el juguete, el alimento. Y lo que omitimos, si no se nos ha escapado algo grande, es posible ajustarlo a alguno de estos, como la idea de la moneda y los sellos y todo carácter. Pues este género no tiene en sí mismo nada grande afín, sino que algunas cosas se ajustan al adorno, otras a las herramientas, aunque sea a la fuerza, pero de todos modos estarán de acuerdo. Y lo que se refiere a la posesión de animales domésticos, excepto los esclavos, aparecerá habiendo tomado todo lo que antes se dividió en la cría de rebaños. JOV. SÓC. Ciertamente. EXT. Y lo que queda de los esclavos y de todos los servidores, en los que supongo que los que disputan sobre el tejido mismo con el rey se volverán evidentes, al igual que entonces los que se refieren al hilado y al cardado y todo lo que dijimos a los tejedores. Y todos los demás, habiendo sido llamados causas auxiliares, han sido consumidos junto con las obras que se acaban de decir y se han separado de la acción real y política. JOV. SÓC. Parece que sí. EXT. Vamos, pues, a observar a los que quedan acercándonos de cerca, para que los conozcamos más firmemente. JOV. SÓC. Es necesario. EXT. Encontramos que los mayores servidores, como se ve desde aquí, tienen lo contrario de lo que sospechamos que era su ocupación y su condición. JOV. SÓC.¿ Quiénes? EXT. Los comprados y los que se adquieren de esta manera;¿ a quienes podemos llamar esclavos sin disputa? Que no pretenden en absoluto el arte real. JOV. SÓC.¿ Cómo no?
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EXT.¿ Y qué? De los libres, los que se ponen voluntariamente al servicio de los que se acaban de mencionar, llevando las obras de la agricultura y de los otros artes unos a otros e igualándolos, unos en los mercados, otros cambiando de ciudad en ciudad por mar y por tierra, intercambiando moneda por otras cosas y ella misma por sí misma, a quienes hemos llamado cambistas, comerciantes, armadores y mercaderes,¿ disputarán algo de la política? JOV. SÓC. Tal vez, quizás, de la de los comerciantes. EXT. Pero, ciertamente, a los que vemos como asalariados y jornaleros que sirven a todos muy prontamente, nunca los encontraremos pretendiendo la real. JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXT.¿ Y qué hay de los que nos sirven tales cosas en cada caso? JOV. SÓC.¿ Qué cosas has dicho y quiénes? EXT. Aquellos cuyo linaje es el de los heraldos, y todos los que se vuelven sabios en las letras habiendo servido muchas veces, y otros que son muy hábiles en trabajar muchas otras cosas sobre las magistraturas,¿ qué diremos de estos? JOV. SÓC. Lo que dijiste ahora, servidores, pero no los que gobiernan ellos mismos en las ciudades. EXT. Pero no creo, sin embargo, haber dicho soñando que de esta manera aparecerían los que disputan de manera diferente sobre la política. Aunque parecería muy extraño buscar a estos en alguna parte de la servidumbre. JOV. SÓC. Ciertamente. EXT. Acerquémonos aún más a los que aún no han sido examinados. Y son los que se ocupan de la adivinación, una parte de la ciencia de un servidor; pues se consideran intérpretes de los dioses para los hombres. JOV. SÓC. Sí. EXT. Y, ciertamente, también el linaje de los sacerdotes, como dice la ley, es experto en darnos regalos a los dioses mediante sacrificios para regalarles según su voluntad, y en pedirnos a nosotros de ellos la adquisición de bienes mediante oraciones; y ambas cosas son, supongo, partes del arte del servidor. JOV. SÓC. Parece que sí. EXT. Ya, pues, me parece que estamos tocando algún rastro de lo que buscamos. Pues la figura de los sacerdotes y la de los adivinos está muy llena de orgullo y adquiere una opinión solemne debido a la grandeza de sus empresas, de modo que en Egipto ni siquiera es posible que el rey gobierne sin el sacerdocio, sino que si acaso sucede que ha forzado antes desde otro linaje, después es necesario que él mismo sea iniciado en este linaje; y además, en muchos lugares de los griegos, uno podría encontrar que se ordena a las mayores magistraturas sacrificar los mayores sacrificios sobre tales cosas. Y, de hecho, también entre ustedes es claro lo que digo; pues dicen que al rey que ha sido elegido por sorteo se le han entregado aquí los más solemnes y los más patrios de los sacrificios antiguos. JOV. SÓC. Y ciertamente.
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EXT. A estos, pues, a los reyes elegidos por sorteo y a la vez sacerdotes, y a sus servidores y a otra multitud muy grande, debemos observar, que acaba de hacerse evidente para nosotros al separarse los anteriores. JOV. SÓC.¿ Y a quiénes llamas tú esos? EXT. A algunos muy extraños. JOV. SÓC.¿ Por qué? EXT. Un linaje de todo tipo, como parece a quien observa ahora. Pues muchos de los hombres se parecen a leones y centauros y otros parecidos, y muchísimos a sátiros y a bestias débiles y de muchas formas; y cambian rápidamente sus formas y su capacidad unos en otros. Y, sin embargo, ahora, Sócrates, me parece que acabo de reconocer a los hombres. JOV. SÓC. Podrías decir; pues parece que ves algo extraño. EXT. Sí; pues lo extraño ocurre a todos por ignorancia. Y, de hecho, también ahora yo mismo he sufrido esto; de repente me he confundido al ver el coro que se ocupa de las cosas de las ciudades. JOV. SÓC.¿ Cuál? EXT. Al mayor prestidigitador de todos los sofistas y al más experimentado en este arte; al que, aunque es muy difícil de separar de los que son realmente políticos y reales, hay que separar, si vamos a ver claramente lo que buscamos. JOV. SÓC. Pero, ciertamente, esto no hay que dejarlo. EXT. Entonces, según mi opinión, no. Y dime esto. JOV. SÓC.¿ Qué cosa? EXT.¿ No es la monarquía una de nuestras magistraturas políticas? JOV. SÓC. Sí. EXT. Y después de la monarquía, uno diría, creo, la dinastía de los pocos. JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXT.¿ Y no es la tercera forma de gobierno el gobierno de la multitud, llamado con el nombre de democracia? JOV. SÓC. Ciertamente. EXT. Y siendo tres,¿ no se vuelven de alguna manera cinco, engendrando otros dos nombres junto a sí mismas? JOV. SÓC.¿ Cuáles? EXT. Mirando a lo violento y a lo voluntario, y a la pobreza y a la riqueza y a la ley y a la ilegalidad que ocurren en ellas, dividiendo cada una de las dos en dos, llaman a la monarquía como si proporcionara dos formas con dos nombres, tiranía y realeza. JOV. SÓC.¿ Cómo no? EXT. Y a la ciudad que ha sido dominada por pocos en cada caso, aristocracia y oligarquía. JOV. SÓC. Ciertamente.
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EXTRANJERO: En cuanto a la democracia, sin embargo, ya sea que la multitud gobierne a los que poseen bienes por la fuerza o voluntariamente, y ya sea que observen las leyes estrictamente o no, nadie acostumbra a cambiar su nombre. JOVEN SÓCRATES: Es cierto. EXTRANJERO:¿ Qué entonces?¿ Creemos que alguna de estas formas de gobierno es correcta si se define por estos criterios: por uno, por pocos o por muchos, por riqueza o pobreza, por la fuerza o el consentimiento, y si ocurre con leyes escritas o sin ellas? JOVEN SÓCRATES:¿ Y qué lo impide? EXTRANJERO: Observa con más claridad siguiendo este camino. JOVEN SÓCRATES:¿ Cuál? EXTRANJERO:¿ Nos mantendremos en lo que dijimos al principio o estaremos en desacuerdo? JOVEN SÓCRATES:¿ A qué te refieres? EXTRANJERO: Dijimos, creo, que el gobierno real es una forma de conocimiento. JOVEN SÓCRATES: Sí. EXTRANJERO: Y no de todos ellos, sino que elegimos uno crítico y directivo de entre los demás. JOVEN SÓCRATES: Sí. EXTRANJERO: Y del directivo, uno sobre obras inanimadas y otro sobre seres vivos; y dividiendo de esta manera hemos llegado hasta aquí, sin olvidar el conocimiento, aunque sin ser capaces todavía de definir con precisión cuál es. JOVEN SÓCRATES: Dices bien. EXTRANJERO:¿ Comprendemos entonces esto mismo, que el criterio no debe ser si son pocos o muchos, ni el consentimiento o la falta de él, ni la pobreza o la riqueza, sino algún conocimiento, si es que vamos a seguir lo anterior? JOVEN SÓCRATES: Ciertamente, es imposible no hacerlo. EXTRANJERO: Por necesidad, ahora debemos examinar esto: en cuál de estos casos ocurre que se da el conocimiento sobre el gobierno de los hombres, que es casi el más difícil y grande de adquirir. Pues es necesario verlo para observar a quiénes debemos separar del rey prudente, aquellos que pretenden ser políticos y convencen a muchos, pero no lo son en absoluto. JOVEN SÓCRATES: Es necesario hacer esto, como nuestro razonamiento ha dicho de antemano. EXTRANJERO:¿ Acaso parece posible que una multitud en una ciudad pueda adquirir este conocimiento? JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo podría ser? EXTRANJERO: Pero,¿ es posible que en una ciudad de mil hombres, cien o cincuenta lo adquieran suficientemente?
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JOVEN SÓCRATES: Sería la más fácil de todas las artes; pues sabemos que mil hombres no podrían ser nunca los mejores jugadores de tablero en comparación con los de otros griegos, y mucho menos reyes. Pues es necesario que quien posee el conocimiento real, ya sea que gobierne o no, sea llamado real según el razonamiento anterior. EXTRANJERO: Has recordado bien. Y creo que, como consecuencia de esto, debemos buscar el gobierno correcto en uno, dos o muy pocos, cuando sea correcto. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo no? EXTRANJERO: Y a estos, ya sea que gobiernen con el consentimiento o sin él, según leyes escritas o sin ellas, y ya sean ricos o pobres, debemos considerarlos, como pensamos ahora, gobernando según cualquier arte. No consideramos menos médicos a los que nos curan, ya sea que lo hagamos voluntariamente o no, cortando o cauterizando o aplicando algún otro dolor, y ya sea según leyes escritas o sin ellas, y ya sean pobres o ricos; de ninguna manera los llamamos menos médicos mientras, dirigiendo con arte, purgando o adelgazando de otra manera o incluso aumentando, siempre que sea para el bien de los cuerpos, haciendo mejores a los peores, los que cuidan salven a cada uno de los tratados; de esta manera, creo, y no de otra, estableceremos que este es el único criterio correcto de la medicina y de cualquier otro gobierno. JOVEN SÓCRATES: Ciertamente. EXTRANJERO: Es necesario, pues, que también de las formas de gobierno, al parecer, esta sea la única forma de gobierno correcta y superior, en la que uno pueda encontrar a los gobernantes verdaderamente conocedores y no solo aparentes, ya sea que gobiernen según leyes o sin leyes, y con el consentimiento o sin él, y siendo pobres o ricos; de esto no debe tomarse en cuenta nada en absoluto para ninguna corrección. JOVEN SÓCRATES: Bien. EXTRANJERO: Y ya sea que matando a algunos o desterrándolos purifiquen la ciudad para su bien, o enviando colonias como enjambres de abejas a algún lugar la hagan más pequeña, o introduciendo a otros de fuera y haciéndola crecer, mientras usen el conocimiento y la justicia para salvarla y hacerla mejor de lo que era en la medida de lo posible, entonces debemos decir que esta es la única forma de gobierno correcta según tales criterios; todas las demás que mencionamos no deben decirse que son genuinas ni que existen realmente, sino que son imitaciones de esta, las que llamamos bien gobernadas imitan hacia lo mejor, y las otras hacia lo peor. JOVEN SÓCRATES: Las otras cosas, extranjero, parecen haber sido dichas moderadamente; pero lo de que es necesario gobernar sin leyes fue más difícil de escuchar.
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EXTRANJERO: Te adelantaste un poco al preguntarme, Sócrates. Pues iba a preguntarte si aceptabas todo esto o si te molestaba algo de lo dicho; pero ahora ya es evidente que querremos que tratemos sobre la corrección de los que gobiernan sin leyes. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo no? EXTRANJERO: En cierto modo, sin embargo, es evidente que la legislación pertenece al arte real; pero lo mejor no es que las leyes tengan fuerza, sino el hombre real que posee prudencia.¿ Sabes por qué? JOVEN SÓCRATES:¿ A qué te refieres? EXTRANJERO: A que la ley nunca podría, abarcando con precisión lo mejor y lo más justo para todos a la vez, ordenar lo óptimo; pues las desigualdades de los hombres y de las acciones, y el hecho de que casi nada en los asuntos humanos permanezca en calma, no permiten que ningún arte, sea cual sea, declare algo simple sobre todas las cosas y para todo el tiempo.¿ Concedemos esto? JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo no? EXTRANJERO: Y vemos que la ley tiende casi a esto mismo, como un hombre obstinado e ignorante que no permite a nadie hacer nada contra su orden, ni preguntar nada, ni siquiera si algo nuevo resulta ser mejor para alguien contra el razonamiento que él mismo ordenó. JOVEN SÓCRATES: Es cierto; la ley nos hace exactamente como has dicho ahora a cada uno de nosotros. EXTRANJERO:¿ No es entonces imposible que lo que es simple a través de todo sea bueno para cosas que nunca son simples? JOVEN SÓCRATES: Parece que sí. EXTRANJERO:¿ Por qué entonces es necesario legislar, puesto que la ley no es lo más correcto? Debemos encontrar la causa de esto. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo no? EXTRANJERO:¿ No hay también entre ustedes, como en otras ciudades, ejercicios de hombres reunidos, ya sea para correr o para otra cosa, por causa de la rivalidad? JOVEN SÓCRATES: Sí, y muchos. EXTRANJERO: Vamos ahora a retomar con la memoria las órdenes de los que se ejercitan con arte en tales gobiernos. JOVEN SÓCRATES:¿ Qué quieres decir? EXTRANJERO: Que no consideran que sea posible entrar en detalles con cada uno, ordenando a cada uno lo que le corresponde para su cuerpo, sino que creen que deben establecer el orden de lo que es beneficioso para los cuerpos de manera más general y para muchos. JOVEN SÓCRATES: Bien. EXTRANJERO: Por eso, dando los mismos esfuerzos a los reunidos, al mismo tiempo los incitan y al mismo tiempo los detienen de la carrera, la lucha y todos los esfuerzos corporales. JOVEN SÓCRATES: Así es.
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EXTRANJERO: Consideremos, pues, al legislador que va a dirigir a los rebaños sobre la justicia y los contratos mutuos, que nunca será capaz de ordenar con precisión a todos los reunidos lo que le corresponde a cada uno. JOVEN SÓCRATES: Eso es lo verosímil. EXTRANJERO: Sino que creo que establecerá la ley para la mayoría y de manera general, y de una forma más tosca para cada uno, ya sea entregándola por escrito o sin escribir, legislando según las costumbres patrias. JOVEN SÓCRATES: Correctamente. EXTRANJERO: Correctamente, en efecto. Pues,¿ cómo podría alguien, Sócrates, ser capaz de sentarse siempre al lado de cada uno durante toda la vida para ordenar con precisión lo que le corresponde? Pues si fuera capaz de esto, creo, cualquiera que haya obtenido verdaderamente el conocimiento real difícilmente se pondría obstáculos a sí mismo escribiendo estas leyes que se han mencionado. JOVEN SÓCRATES: Al menos por lo que se ha dicho ahora, extranjero. EXTRANJERO: Más bien, mi buen amigo, por lo que se dirá a continuación. JOVEN SÓCRATES:¿ Qué cosas? EXTRANJERO: Las siguientes. Digamos para nosotros mismos: si un médico o un entrenador va a viajar y a estar ausente de los tratados por un tiempo largo, como él cree, pensando que los que se ejercitan o los enfermos no recordarán lo ordenado,¿ querría escribirles recordatorios, o cómo? JOVEN SÓCRATES: Así es. EXTRANJERO:¿ Y qué si, contra lo esperado, regresara después de un tiempo más corto?¿ No se atrevería a proponer otras cosas distintas a esos escritos, si resultan otras cosas mejores para los enfermos debido a los vientos o algo más que haya sucedido de manera diferente a lo esperado por los dioses, y creería que debe ser firme en no abandonar nunca las leyes antiguas, ni ordenando él mismo otras cosas ni permitiendo que el enfermo se atreva a hacer otras cosas contra lo escrito, como si estas fueran médicas y saludables, y las que suceden de otra manera fueran enfermizas y sin arte; o acaso todo lo que sucede en el conocimiento y en el arte verdadero sobre todas las cosas sería el mayor ridículo de tales legislaciones? JOVEN SÓCRATES: Ciertamente, lo sería.
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EXTRANJERO: Y para el que ha escrito lo justo y lo injusto, lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo, y ha legislado sin escribir para los rebaños de hombres, cuantos son pastoreados en cada ciudad según las leyes de los que escribieron, si el que escribió con arte o algún otro semejante llega,¿ no se le permitirá ordenar otras cosas fuera de esto?¿ O acaso esta prohibición no parecería igualmente ridícula en la verdad que la anterior? JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo no? EXTRANJERO:¿ Sabes entonces el razonamiento que dicen los muchos sobre esto? JOVEN SÓCRATES: No lo comprendo ahora así. EXTRANJERO: Y sin embargo es plausible. Dicen, en efecto, que si alguien conoce leyes mejores que las de los anteriores, debe legislar para su propia ciudad habiendo convencido a cada uno, pero de otra manera no. JOVEN SÓCRATES:¿ Qué entonces?¿ No es correcto? EXTRANJERO: Quizás. Pero si alguien, sin convencer, fuerza lo mejor, responde:¿ cuál será el nombre de la violencia? Pero no todavía, hablemos primero de lo anterior. JOVEN SÓCRATES:¿ A qué te refieres? EXTRANJERO: Si alguien, sin convencer al que es tratado, pero teniendo correctamente el arte, obliga a hacer lo mejor contra lo escrito a un niño o a un hombre o a una mujer,¿ cuál será el nombre de esta violencia?¿ No es todo lo contrario al error enfermizo que se dice contra el arte?¿ Y es posible decir todo correctamente al que fue forzado sobre tal cosa, excepto que ha sufrido cosas enfermizas y sin arte por parte de los médicos que lo forzaron? JOVEN SÓCRATES: Dices lo más verdadero. EXTRANJERO:¿ Y qué es para nosotros el error que se dice contra el arte político?¿ No es lo feo, lo malo y lo injusto? JOVEN SÓCRATES: Ciertamente. EXTRANJERO: De los que fueron forzados a hacer cosas distintas a las escritas y patrias, que son más justas, mejores y más bellas que las anteriores, vamos, el reproche de tales personas sobre tal violencia, si no ha de ser el más ridículo de todos,¿ no debe decirse todo lo contrario en cada caso, excepto que los forzados han sufrido cosas feas, injustas y malas por parte de los que los forzaron? JOVEN SÓCRATES: Dices lo más verdadero. EXTRANJERO: Pero,¿ acaso si el que forzó es rico, las cosas forzadas son justas, y si es pobre, injustas?¿ O incluso si alguien convenció o no, rico o pobre, según leyes escritas o sin ellas, hace cosas no convenientes o convenientes, debe este ser el criterio más verdadero de la administración correcta de una ciudad, que el hombre sabio y bueno administrará lo de los gobernados?
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EXTRANJERO: Como el piloto, cuidando siempre lo que es conveniente para la nave y los marineros, no estableciendo leyes escritas sino proporcionando el arte como ley, salva a los compañeros de navegación,¿ de la misma manera, según este mismo modo, podría surgir una forma de gobierno correcta por parte de los que son capaces de gobernar así, proporcionando la fuerza del arte como superior a las leyes? Y en todo lo que hacen los gobernantes prudentes no hay error, mientras guarden una gran cosa: distribuyendo siempre lo más justo con inteligencia y arte a los que están en la ciudad, sean capaces de salvarlos y de hacerlos mejores de lo que eran en la medida de lo posible. JOVEN SÓCRATES: No se puede contradecir lo que se ha dicho ahora. EXTRANJERO: Y ciertamente no se debe contradecir lo otro. JOVEN SÓCRATES:¿ Qué cosas dijiste? EXTRANJERO: Que nunca una multitud de quienes sean, habiendo tomado tal conocimiento, podría ser capaz de administrar una ciudad con inteligencia, sino que sobre algo pequeño, poco y uno, se debe buscar esa única forma de gobierno correcta, y las otras deben ponerse como imitaciones, como se dijo hace poco, unas imitando a esta hacia lo mejor, y otras hacia lo peor. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo has dicho esto? Pues ni siquiera hace poco comprendí lo de las imitaciones. EXTRANJERO: Y sin embargo no es trivial, si alguien, habiendo movido este razonamiento, lo derriba aquí y no lo explica mostrando el error que ocurre ahora sobre ello. JOVEN SÓCRATES:¿ Cuál? EXTRANJERO: Se debe buscar algo así, no muy habitual ni fácil de ver; sin embargo, intentemos captarlo. Vamos: siendo esta la única forma de gobierno correcta que hemos mencionado,¿ sabes que las otras deben salvarse usando los escritos de esta, haciendo lo que ahora se elogia, aunque no sea lo más correcto? JOVEN SÓCRATES:¿ Qué cosa? EXTRANJERO: Que nadie en la ciudad se atreva a hacer nada contra las leyes, y el que se atreva sea castigado con la muerte y con todos los castigos extremos. Y esto es lo más correcto y lo mejor como segundo, cuando alguien cambia lo primero que se dijo hace poco; pero el modo en que ha sucedido esto que llamamos segundo, vamos a recorrerlo.¿ No es así? JOVEN SÓCRATES: Ciertamente. EXTRANJERO: Volvamos, pues, a las imágenes, a las que es necesario comparar siempre a los gobernantes reales. JOVEN SÓCRATES:¿ Cuáles? EXTRANJERO: El noble piloto y el médico, que vale por muchos otros. Veamos, pues, habiendo formado alguna figura en estos mismos. JOVEN SÓCRATES:¿ Qué tipo?
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EXTRANJERO: Esta: como si todos pensáramos sobre ellos que sufrimos cosas terribles por su parte. Pues a quien cada uno de ellos quiere salvar, lo salvan igualmente, pero a quien quieren dañar, lo dañan cortando, cauterizando y ordenando llevar gastos ante ellos como tributos, de los cuales gastan poco en el enfermo y nada, pero los otros los usan ellos mismos y sus sirvientes; y finalmente, recibiendo dinero como pago de parientes o de algunos enemigos del enfermo, los matan. Y los pilotos, a su vez, hacen otras innumerables cosas tales, abandonando a algunos por alguna conspiración en las navegaciones en lugares desiertos, y cometiendo errores en los mares, los arrojan al mar, y hacen otras maldades. Si, habiendo pensado esto, deliberáramos sobre ellos alguna deliberación, de no permitir ya que estas artes gobiernen a nadie con poder absoluto, ni de esclavos ni de libres, sino reunir una asamblea de nosotros mismos, ya sea todo el pueblo o solo los ricos, y que sea permitido también a los particulares y a los otros artesanos contribuir con una opinión sobre la navegación y sobre las enfermedades, sobre cómo debemos usar los medicamentos y los instrumentos médicos con los enfermos, y también sobre las naves mismas y los instrumentos náuticos para el uso de las naves y sobre los peligros, tanto los relacionados con la navegación misma respecto a los vientos y el mar como respecto a los encuentros con piratas, y si acaso fuera necesario combatir en algún lugar con naves largas contra otras tales; y lo que al pueblo le parezca sobre esto, ya sea que aconsejen algunos médicos y pilotos u otros particulares, habiéndolo escrito en algunas tablas y estelas, y habiendo establecido también costumbres patrias no escritas, navegar y hacer los tratamientos de los enfermos según esto durante todo el tiempo futuro. JOVEN SÓCRATES: Has dicho cosas ciertamente absurdas. EXTRANJERO: Y que cada año se establezcan gobernantes del pueblo, ya sea de los ricos o de todo el pueblo, quien sea que obtenga el cargo por sorteo; y que los gobernantes establecidos gobiernen según los escritos, pilotando las naves y curando a los enfermos. JOVEN SÓCRATES: Esto es aún más difícil.
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EXTRANJERO: Observa también lo que sigue a esto. Pues cuando a cada uno de los gobernantes se le termine el año, será necesario establecer tribunales de hombres, ya sea por selección de los ricos o de todo el pueblo, los que hayan sido sorteados, para llevar ante ellos a los que han gobernado y pedirles cuentas, y que el que quiera acuse de que no pilotó las naves durante el año según los escritos ni según las antiguas costumbres de los antepasados; y lo mismo sobre los que curan a los enfermos; y de los que sean condenados, estimar qué es necesario que sufran o que paguen. JOVEN SÓCRATES: Entonces, el que quiera y voluntariamente gobierne en tales cosas, sufriría y pagaría lo más justamente cualquier cosa. EXTRANJERO: Y además será necesario establecer una ley sobre todo esto: si alguien aparece buscando la verdad de la navegación y el arte náutico o la salud y la medicina sobre los vientos, el calor y el frío contra los escritos y filosofando cualquier cosa sobre tales cosas, primero que nada, no llamarlo médico ni piloto, sino meteorólogo, un sofista charlatán, y luego, como alguien que corrompe a otros más jóvenes y los convence de atacar la navegación y la medicina no según las leyes, sino de gobernar con poder absoluto las naves y a los enfermos, que el que quiera, a quien le esté permitido, lo acuse y lo lleve ante algún tribunal; y si parece que convence contra las leyes y lo escrito, ya sea a jóvenes o a ancianos, castigarlo con los castigos extremos. Pues no hay necesidad de que nada sea más sabio que las leyes; pues nadie ignora lo médico y lo saludable ni lo piloto y náutico; pues está permitido al que quiera aprender los escritos y las costumbres patrias establecidas. Si esto sucediera así sobre estas artes como decimos, Sócrates, y sobre la estrategia y cualquier arte de caza y pintura o cualquier parte de la imitativa y la carpintería y, en conjunto, cualquier fabricación o incluso la agricultura y el arte sobre las plantas en conjunto, o si viéramos también alguna cría de caballos sucediendo según escritos o toda la ganadería o la adivinación o todo lo que la parte servil ha abarcado, o el juego de tablero o toda la aritmética pura, ya sea plana o en profundidad o en velocidades, en algún lugar— sobre todas estas cosas sucediendo así, según escritos y no según el arte,¿ qué aparecería? JOVEN SÓCRATES: Es evidente que todas las artes perecerían completamente para nosotros, y nunca volverían a existir debido a esta ley que impide buscar; de modo que la vida, siendo ya difícil, en ese tiempo se volvería totalmente invivible.
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EXTRANJERO:¿ Y qué de esto? Si obligáramos a cada una de las cosas mencionadas a suceder según escritos y que el elegido o el que obtuvo el cargo por suerte dirija según nuestros escritos, pero este, sin preocuparse de los escritos, por causa de alguna ganancia o favor privado, intentara hacer otras cosas contra esto, sin saber nada,¿ no se volvería esto un mal aún mayor que el mal anterior? JOVEN SÓCRATES: Ciertamente, lo más verdadero. EXTRANJERO: Pues, creo, contra las leyes establecidas por mucha experiencia y por algunos consejeros que aconsejaron elegantemente cada cosa y convencieron al pueblo de establecerlas, el que se atreve a hacer cosas contra esto, produciendo un error multiplicado por error, destruiría toda acción aún más que los escritos. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo no va a ser así? EXTRANJERO: Por esto, para los que establecen leyes y escritos sobre cualquier cosa, el segundo camino es no permitir que ni uno ni una multitud hagan nunca nada contra esto. JOVEN SÓCRATES: Correctamente. EXTRANJERO:¿ No serían entonces estas imitaciones de la verdad de cada cosa, las que han sido escritas por los que saben en la medida de lo posible? JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo no? EXTRANJERO: Y ciertamente dijimos que el que sabe, el verdaderamente político, si recordamos, hará muchas cosas con su arte para su propia acción sin preocuparse de los escritos, cuando le parezcan otras cosas mejores contra lo escrito por él mismo y ordenado a algunos que están ausentes. JOVEN SÓCRATES: Pues lo dijimos. EXTRANJERO:¿ No es entonces que cualquier hombre, uno o una multitud, a quienes les suceda que hay leyes establecidas, cuando intentan hacer cosas contra esto como si fuera mejor, hacen lo mismo en la medida de lo posible que aquel verdadero? JOVEN SÓCRATES: Ciertamente. EXTRANJERO:¿ Entonces, si siendo ignorantes hacen tal cosa, intentarían imitar la verdad, pero imitarían muy mal; pero si son expertos, esto ya no es una imitación sino esa misma cosa más verdadera? JOVEN SÓCRATES: De todas formas, supongo. EXTRANJERO: Y ciertamente tenemos acordado de antemano que ninguna multitud ni nadie es capaz de obtener el arte. JOVEN SÓCRATES: Pues está acordado. EXTRANJERO: Entonces, si existe algún arte real, la multitud de los ricos y todo el pueblo nunca podrían obtener este conocimiento político. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo podrían?
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EXTRANJERO: Es necesario, pues, que tales formas de gobierno, al parecer, si van a imitar en la medida de lo posible esa forma de gobierno verdadera del que gobierna con arte, nunca hagan nada contra lo escrito y las costumbres patrias cuando las leyes estén establecidas para ellos. JOVEN SÓCRATES: Has dicho lo más bello. EXTRANJERO: Cuando, pues, los ricos imitan esto, entonces llamamos a tal forma de gobierno aristocracia; pero cuando no se preocupan de las leyes, oligarquía. JOVEN SÓCRATES: Parece que sí. EXTRANJERO: Y ciertamente cuando, a su vez, uno gobierna según leyes, imitando al conocedor, lo llamamos rey, sin distinguir por nombre al que monarquiza con conocimiento o con opinión según leyes. JOVEN SÓCRATES: Parece que sí. EXTRANJERO: Entonces, si alguien que es verdaderamente conocedor gobierna solo, de todas formas el nombre será el mismo, rey, y no será llamado de otra manera; por lo cual los cinco nombres de las formas de gobierno que se dicen ahora se han convertido en uno solo. JOVEN SÓCRATES: Parece, al menos. EXTRANJERO:¿ Y qué cuando uno que gobierna no actúa ni según leyes ni según costumbres, sino que pretende, como el conocedor, que se debe hacer lo mejor contra lo escrito, pero hay alguna pasión e ignorancia guiando esta imitación, acaso no debemos llamar a cada uno de tales personas tirano? JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo no? EXTRANJERO: Así, pues, ha surgido el tirano, decimos, y el rey y la oligarquía y la aristocracia y la democracia, habiéndose molestado los hombres con aquel único monarca, y habiendo desconfiado de que nadie sería digno de tal gobierno, de modo que quiera y sea capaz de gobernar con virtud y conocimiento distribuyendo lo justo y lo santo correctamente a todos, sino que dañaría, mataría y maltrataría a quien quiera de nosotros en cada momento; pues si hubiera surgido tal como decimos, sería amado y viviría administrando felizmente la única forma de gobierno correcta con precisión. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo no? EXTRANJERO: Pero ahora, puesto que no surge, como decimos, un rey en las ciudades como el que nace en los enjambres, uno que difiere inmediatamente en cuerpo y alma, es necesario que, reunidos, escriban escritos, al parecer, siguiendo las huellas de la forma de gobierno más verdadera. JOVEN SÓCRATES: Parece que sí.
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EXTRANJERO:¿ Nos maravillamos, pues, Sócrates, en tales formas de gobierno de cuántos males suceden y cuántos sucederán, estando tal cimiento subyacente a ellas, el que actúa según escritos y costumbres no con conocimiento, al cual, si otro se usara, sería evidente para todos que destruiría todo lo que sucede según él?¿ O debemos maravillarnos más de que la ciudad es algo fuerte por naturaleza? Pues sufriendo tales cosas las ciudades ahora por un tiempo infinito, sin embargo, algunas de ellas son estables y no se derriban; muchas, sin embargo, a veces, como naves que se hunden, perecen y han perecido y aún perecerán debido a la maldad de los pilotos y marineros que han tomado la mayor ignorancia sobre las cosas más grandes, quienes, no sabiendo nada sobre las cosas políticas, creen haber tomado este conocimiento de manera más clara que todas las artes. JOVEN SÓCRATES: Lo más verdadero. EXTRANJERO:¿ Cuál, pues, de estas formas de gobierno no correctas es la menos difícil de convivir, siendo todas difíciles, y cuál es la más pesada? Debemos ver algo, aunque sea dicho como algo secundario a lo que se nos ha propuesto ahora; sin embargo, quizás todos hacemos todas las cosas por causa de tal cosa. JOVEN SÓCRATES: Debemos;¿ cómo no? EXTRANJERO: Di, pues, que la misma, siendo tres, se vuelve difícil de manera diferente y la más fácil. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo dices? EXTRANJERO: No de otra manera, sino que digo que la monarquía, el gobierno de pocos y el de muchos, son estas tres que hemos mencionado al principio del razonamiento que ahora se ha vertido. JOVEN SÓCRATES: Pues lo eran. EXTRANJERO: Dividiendo, pues, cada una de estas en dos, hagamos seis, habiendo separado la correcta de estas como séptima. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo? EXTRANJERO: De la monarquía, la real y la tiránica; y de las que no son muchas, dijimos que la de buen nombre es la aristocracia y la oligarquía; y de las muchas, entonces llamábamos a la simple democracia, pero ahora debemos poner también a esta como doble para nosotros. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo?¿ Y dividiendo esta por qué? EXTRANJERO: Por nada diferente de las otras, ni siquiera si el nombre ya es doble de esta; sino que el gobernar según leyes y ilegalmente existe también en esta y en las otras. JOVEN SÓCRATES: Pues existe. EXTRANJERO: Entonces, cuando buscaban la correcta, esta división no era útil, como demostramos en lo anterior; pero puesto que sacamos aquella y pusimos las otras como necesarias, en estas, pues, lo ilegal y lo legal divide en dos a cada una de estas. JOVEN SÓCRATES: Parece, ahora que se ha dicho este razonamiento. EXTRANJERO: La monarquía, pues, unida en buenos escritos, a los que llamamos leyes, es la mejor de todas las seis; pero la ilegal es difícil y la más pesada de convivir.
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JOVEN SÓCRATES: Parece probable. EXTRANJERO: Consideremos, pues, la de los que no son muchos, como el medio entre uno y la multitud, como un término medio respecto a ambos; y la de la multitud, por su parte, como débil en todos los aspectos y sin capacidad para realizar nada grande, ni bueno ni malo, en comparación con las otras, debido a que el poder está distribuido en ella en pequeñas partes entre muchos. Por eso, de todas las constituciones legales, esta resulta ser la peor, pero de todas las ilegales, la mejor; y, cuando todas son desenfrenadas, es preferible vivir en una democracia, mientras que, cuando todas son ordenadas, es el lugar donde menos se debe vivir, y en la primera es, con mucho, el primer y mejor lugar, a excepción de la séptima; pues a esa hay que separarla de las demás constituciones, como a un dios de los hombres. JOVEN SÓCRATES: Parece que esto sucede y ocurre así, y que debemos actuar tal como dices. EXTRANJERO:¿ No debemos, entonces, separar también a los partícipes de todas estas constituciones, excepto al que posee el conocimiento, considerándolos no como políticos, sino como facciosos, y como jefes de los mayores simulacros, siendo ellos mismos tales, y, al ser los mayores imitadores y embaucadores, convertirse en los sofistas de los sofistas? JOVEN SÓCRATES: Es muy probable que esta expresión se haya aplicado con toda justicia a los llamados políticos. EXTRANJERO: Bien; esto es para nosotros, sencillamente, como un drama, tal como se dijo hace poco, que debe ser visto como un coro centáurico o satírico, que debe ser separado del arte político; aunque ahora, con gran dificultad, ha sido separado. JOVEN SÓCRATES: Así parece. EXTRANJERO: Pero de esto queda aún algo más difícil, por ser a la vez más afín al linaje real y más difícil de comprender; y me parece que nos ha ocurrido algo similar a lo que les sucede a los que purifican el oro. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo? EXTRANJERO: Los artesanos separan primero la tierra, las piedras y muchas otras cosas; después de esto, quedan mezclados los elementos afines al oro, valiosos y separables solo por el fuego, como el cobre y la plata, y a veces también el diamante, que, tras ser apenas eliminados mediante pruebas de fundición, nos permiten ver el llamado oro puro, solo y por sí mismo. JOVEN SÓCRATES: Pues se dice, en efecto, que esto sucede así.
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EXTRANJERO: Siguiendo el mismo razonamiento, parece que también ahora se han separado de la ciencia política los otros elementos, todos los que son ajenos y no afines, y que quedan los valiosos y afines. Entre estos se encuentran, supongo, la estrategia, la justicia y toda la retórica que, al participar de la real, persuade y gobierna conjuntamente las acciones en las ciudades;¿ de qué manera podría alguien separarlos más fácilmente para mostrar desnudo y solo, por sí mismo, al que buscamos? JOVEN SÓCRATES: Es evidente que debemos intentar hacerlo de algún modo. EXTRANJERO: Pues bien, para probarlo, quedará claro; intentaremos mostrarlo a través de la música. Y dime. JOVEN SÓCRATES:¿ Qué cosa? EXTRANJERO:¿ Existe entre nosotros algún aprendizaje de la música y, en general, de las ciencias relacionadas con la artesanía? JOVEN SÓCRATES: Existe. EXTRANJERO:¿ Y qué hay de esto?¿ Diremos que el saber si debemos aprender cualquiera de estas cosas o no es también una ciencia sobre estas mismas, o cómo? JOVEN SÓCRATES: Así es, diremos que lo es. EXTRANJERO:¿ No estaremos de acuerdo en que esta es distinta de aquellas? JOVEN SÓCRATES: Sí. EXTRANJERO:¿ Y debemos decir que ninguna de ellas manda sobre otra, o que aquellas mandan sobre esta, o que esta, ejerciendo la tutela, debe mandar sobre todas las demás? JOVEN SÓCRATES: Esta sobre aquellas. EXTRANJERO:¿ Entonces tú declaras que la ciencia que decide si se debe aprender o no debe mandar sobre la que aprende y la que enseña? JOVEN SÓCRATES: Ciertamente. EXTRANJERO:¿ Y la que decide si se debe persuadir o no sobre la que es capaz de persuadir? JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo no? EXTRANJERO: Bien;¿ a qué ciencia, pues, atribuiremos el poder de persuadir a la multitud y a la masa mediante mitos y no mediante la enseñanza? JOVEN SÓCRATES: Creo que es evidente que esto debe atribuirse a la retórica. EXTRANJERO:¿ Y a qué ciencia, por otra parte, añadiremos la de si se debe actuar mediante la persuasión o mediante algún tipo de fuerza, o si se debe mantener la calma por completo? JOVEN SÓCRATES: A la que manda sobre la persuasiva y la oratoria. EXTRANJERO: Y esta no sería otra, según creo, que la facultad del político. JOVEN SÓCRATES: Has hablado excelentemente. EXTRANJERO: Y esto parece haber separado rápidamente lo retórico de lo político, como una especie distinta, aunque sirviendo a esta. JOVEN SÓCRATES: Sí. EXTRANJERO:¿ Y qué debemos pensar de esta otra facultad? JOVEN SÓCRATES:¿ Cuál? EXTRANJERO: La de cómo se debe hacer la guerra contra aquellos contra quienes decidamos hacerla;¿ diremos que es un arte o que no lo es? JOVEN SÓCRATES:¿ Y cómo podríamos pensar que no es un arte, si la estrategia y toda la acción bélica la ejercen? EXTRANJERO:¿ Y la que es capaz de deliberar con conocimiento sobre si se debe hacer la guerra o llegar a un acuerdo mediante la amistad, la consideraremos distinta de esta o la misma? JOVEN SÓCRATES: Siguiendo lo anterior, es necesario que sea distinta.
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EXTRANJERO:¿ No declararemos, pues, que esta manda sobre aquella, si es que vamos a suponer lo mismo que antes? JOVEN SÓCRATES: Lo afirmo. EXTRANJERO:¿ A qué otra, entonces, intentaremos declarar dueña de toda la ciencia bélica, tan terrible y grande, sino a la que es verdaderamente real? JOVEN SÓCRATES: A ninguna otra. EXTRANJERO: Por tanto, no consideraremos política a la ciencia de los estrategas, puesto que es servil. JOVEN SÓCRATES: No es razonable. EXTRANJERO: Vamos, pues, observemos también la facultad de los jueces que juzgan correctamente. JOVEN SÓCRATES: Por supuesto. EXTRANJERO:¿ Acaso tiene más poder que el de tomar las leyes que el rey legislador ha establecido sobre todos los contratos, juzgar mirando hacia ellas lo que es justo y lo que es injusto, ofreciendo su propia virtud al no dejarse vencer por regalos, miedos, compasiones ni por ninguna otra enemistad o amistad, queriendo resolver las demandas mutuas según el orden del legislador? JOVEN SÓCRATES: No, sino que casi todo lo que has dicho es la tarea de esta facultad. EXTRANJERO: Descubrimos, pues, que el poder de los jueces no es real, sino guardián de las leyes y servidor de aquella. JOVEN SÓCRATES: Así parece. EXTRANJERO: Hay que observar esto al ver todas las ciencias que se han mencionado, que ninguna de ellas resultó ser política. Pues la que es verdaderamente real no debe actuar por sí misma, sino mandar sobre los que son capaces de actuar, conociendo el principio y el impulso de los asuntos más importantes en las ciudades respecto a la oportunidad y la inoportunidad, mientras que las otras deben hacer lo que se les ordena. JOVEN SÓCRATES: Correcto. EXTRANJERO: Por estas razones, las que acabamos de repasar, al no mandar unas sobre otras ni sobre sí mismas, sino ocupándose cada una de una acción propia, han recibido justamente un nombre propio según la particularidad de sus acciones. JOVEN SÓCRATES: Eso parece, al menos. EXTRANJERO: Y a la que manda sobre todas estas, y se ocupa de las leyes y de todo lo que concierne a la ciudad, y lo entrelaza todo de la manera más correcta, al abarcar su poder con el nombre común, podríamos llamarla, como parece, política con toda justicia. JOVEN SÓCRATES: Absolutamente. EXTRANJERO:¿ No querríamos, pues, examinarla ahora siguiendo el ejemplo del arte del tejido, una vez que todos los géneros que hay en la ciudad nos han quedado claros? JOVEN SÓCRATES: Y con mucho gusto.
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EXTRANJERO: Debemos decir, al parecer, cuál es el entrelazamiento real y qué tipo de tejido nos entrega al entrelazarlo. JOVEN SÓCRATES: Es evidente. EXTRANJERO: Resulta, pues, que ha sido necesario demostrar un asunto difícil, según parece. JOVEN SÓCRATES: De todos modos, hay que decirlo. EXTRANJERO: Pues la parte de la virtud que es diferente de otra especie de virtud es, de alguna manera, muy vulnerable ante las opiniones de la mayoría para quienes se dedican a las disputas dialécticas. JOVEN SÓCRATES: No he entendido. EXTRANJERO: Pues bien, de esta manera. Creo que consideras que la valentía es una parte de la virtud. JOVEN SÓCRATES: Ciertamente. EXTRANJERO: Y, además, que la templanza es distinta de la valentía, pero que también esta es una parte de la misma que aquella. JOVEN SÓCRATES: Sí. EXTRANJERO: Sobre esto, pues, hay que atreverse a exponer un razonamiento sorprendente. JOVEN SÓCRATES:¿ Cuál? EXTRANJERO: Que, de alguna manera, tienen entre sí una gran enemistad y una facción contraria en muchas de las cosas que existen. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo dices? EXTRANJERO: Un razonamiento que no es habitual en absoluto; pues todas las partes de la virtud se dicen, supongo, amigas entre sí. JOVEN SÓCRATES: Sí. EXTRANJERO: Observemos, pues, prestando mucha atención, si esto es tan simple, o si, más que cualquier otra cosa, tiene una diferencia entre sus elementos afines en algún aspecto. JOVEN SÓCRATES: Sí, podrías decir cómo debemos examinarlo. EXTRANJERO: En el conjunto debemos buscar todo lo que llamamos bello, pero que colocamos en dos especies contrarias entre sí. JOVEN SÓCRATES: Habla aún más claramente. EXTRANJERO: La rapidez y la agudeza, ya sea en los cuerpos, en las almas o en el movimiento de la voz, ya sea que existan en estas mismas cosas o en imágenes, cuantas imitaciones ofrece la música y también la pintura,¿ has sido alguna vez elogiador de alguna de estas, o has percibido a otro elogiándolas estando presente? JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo no? EXTRANJERO:¿ Y tienes memoria de qué manera actúan en cada una de estas cosas? JOVEN SÓCRATES: De ninguna manera. EXTRANJERO:¿ Sería yo capaz, entonces, tal como lo pienso, de demostrártelo mediante razonamientos? JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo no? EXTRANJERO: Parece que consideras fácil tal cosa; pero examinémoslo en los géneros opuestos. Pues en muchas de las acciones, y a menudo en cada ocasión, cuando admiramos la rapidez, la vehemencia y la agudeza del pensamiento y del cuerpo, y también de la voz, lo elogiamos usando una sola denominación, la de la valentía. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo? EXTRANJERO: Decimos primero, supongo, agudo y valiente, y rápido y varonil, y vehemente de igual modo; y al aplicar siempre el nombre que digo, común a todas estas naturalezas, las elogiamos. JOVEN SÓCRATES: Sí.
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EXTRANJERO:¿ Y qué hay de la especie de la generación tranquila?¿ No la hemos elogiado a menudo en muchas de las acciones? JOVEN SÓCRATES: Y con mucho gusto. EXTRANJERO:¿ Acaso no decimos lo contrario que respecto a aquellas al expresar esto? JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo? EXTRANJERO: Decimos, supongo, que son siempre sosegadas y templadas, admirándolas cuando se realizan en el pensamiento, y lentas y suaves en las acciones, y además, cuando se producen en las voces, suaves y graves, y cuando toda la música y el movimiento rítmico utilizan la lentitud en el momento oportuno, no aplicamos a todas ellas el nombre de la valentía, sino el de la moderación. JOVEN SÓCRATES: Muy cierto. EXTRANJERO: Y, sin embargo, cuando ambos resultan inoportunos para nosotros, cambiamos y censuramos a ambos, asignando los nombres a lo contrario. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo? EXTRANJERO: Cuando se vuelven más rápidos de lo debido, los llamamos más duros, insolentes y locos; y a los más graves, lentos y suaves, los llamamos cobardes y estúpidos; y casi en su mayor parte, tanto estos como la naturaleza templada y la valentía, como si fueran ideas que han tomado una facción enemiga, no encontramos que se mezclen entre sí en las acciones relacionadas con tales cosas, y además veremos que los que las poseen en sus almas están en desacuerdo entre sí si los seguimos. JOVEN SÓCRATES:¿ Dónde dices? EXTRANJERO: En todas estas cosas que hemos dicho ahora, como es probable que ocurra en otras muchas. Pues, según creo, según su propia afinidad, elogiando unas como propias y censurando las de los diferentes como ajenas, se establecen en una gran enemistad entre sí respecto a muchas cosas. JOVEN SÓCRATES: Es probable. EXTRANJERO: Esta diferencia de estas especies es, pues, una especie de juego; pero respecto a las cosas más importantes, ocurre que se convierte en la enfermedad más odiosa de todas para las ciudades. JOVEN SÓCRATES:¿ Respecto a qué cosas dices? EXTRANJERO: Respecto a todo el modo de vida, como es probable. Pues los que son excesivamente moderados están siempre dispuestos a vivir una vida tranquila, haciendo ellos mismos sus propios asuntos, tratando así con todos en casa, y de la misma manera dispuestos a mantener la paz de alguna forma con las ciudades exteriores; y debido a este amor, que es más inoportuno de lo debido, cuando hacen lo que quieren, sin darse cuenta se quedan sin defensa y disponen a los jóvenes de la misma manera, siendo siempre víctimas de los que los atacan, por lo que, en pocos años, ellos mismos, sus hijos y toda la ciudad, a menudo sin darse cuenta, se convierten en esclavos en lugar de libres.
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JOVEN SÓCRATES: Has mencionado un padecimiento difícil y terrible. EXTRANJERO:¿ Y qué hay de los que se inclinan más hacia la valentía?¿ Acaso no tensan siempre sus ciudades hacia alguna guerra debido a su deseo de tal vida, más vehemente de lo debido, poniéndose en enemistad con muchos y poderosos, o bien destruyen por completo sus patrias, o las someten y las ponen bajo el control de sus enemigos? JOVEN SÓCRATES: También esto es así. EXTRANJERO:¿ Cómo, pues, no vamos a decir que en estos ambos géneros mantienen siempre una gran y máxima enemistad y facción entre sí? JOVEN SÓCRATES: De ninguna manera diremos que no. EXTRANJERO:¿ No hemos descubierto, pues, lo que examinábamos al principio, que las partes de la virtud difieren no poco entre sí por naturaleza y que, además, hacen lo mismo los que las poseen? JOVEN SÓCRATES: Es probable. EXTRANJERO: Tomemos, pues, esto también. JOVEN SÓCRATES:¿ Qué cosa? EXTRANJERO: Si alguna de las ciencias sintéticas compone voluntariamente cualquiera de sus obras, aunque sea la más insignificante, a partir de elementos malos y buenos, o si toda ciencia en todas partes desecha los elementos malos en la medida de lo posible, toma los adecuados y buenos, y a partir de estos, siendo iguales o desiguales, reuniéndolos todos en uno, crea una sola facultad e idea. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo no? EXTRANJERO: Tampoco la política, que es verdaderamente tal por naturaleza, compondrá jamás voluntariamente una ciudad a partir de hombres buenos y malos, sino que es evidente que primero los pondrá a prueba en un juego, y después de la prueba los entregará a los que son capaces de educar y servir para este mismo fin, ordenando y supervisando ella misma, tal como el arte del tejido ordena y supervisa a los que cardan y a los que preparan todo lo demás que acompaña a su tejido, mostrando a cada uno qué obras realizar, las que considera adecuadas para su propio entrelazamiento. JOVEN SÓCRATES: Absolutamente.
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EXTRANJERO: Lo mismo me parece que hace la real con todos los educadores y criadores según la ley, al poseer ella misma el poder de supervisión, no permitiendo practicar nada que no produzca un carácter adecuado para su propia mezcla, y ordenando educar solo estas cosas; y a los que no son capaces de participar de un carácter valiente y templado, y de todo lo demás que tiende a la virtud, sino que son empujados por la fuerza de una mala naturaleza hacia la impiedad, la insolencia y la injusticia, los expulsa mediante la muerte, el destierro y los castiga con las mayores infamias. JOVEN SÓCRATES: Se dice, al menos, de alguna manera así. EXTRANJERO: Y a los que se revuelcan en la ignorancia y en una gran bajeza, los somete al género servil. JOVEN SÓCRATES: Correctísimo. EXTRANJERO: A los restantes, pues, cuyas naturalezas son capaces de alcanzar la educación hacia lo noble y de recibir, mediante el arte, una mezcla entre sí, a los que se inclinan más hacia la valentía, considerándolos como el carácter sólido, como la urdimbre, y a los que se inclinan hacia lo moderado, utilizando un hilo más suave y blando, y según la imagen, azafranado, que se inclinan de manera opuesta entre sí, intenta unirlos y entrelazarlos de tal manera. JOVEN SÓCRATES:¿ De qué manera? EXTRANJERO: Primero, ensamblando la parte de su alma que es eterna con un vínculo divino, según su afinidad, y después de lo divino, la parte animal de ellos con vínculos humanos. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo has dicho esto de nuevo? EXTRANJERO: La opinión verdadera sobre lo bello, lo justo, lo bueno y sus contrarios, cuando se arraiga con firmeza en las almas, digo que se vuelve divina en un género demoníaco. JOVEN SÓCRATES: Es adecuado, al menos, así. EXTRANJERO:¿ Sabemos acaso que al político y al buen legislador le corresponde ser el único capaz de producir esto mismo con la musa real en los que han participado correctamente de la educación, a quienes mencionábamos hace poco? JOVEN SÓCRATES: Es lo probable, al menos. EXTRANJERO: Y al que sea incapaz de hacer tal cosa, Sócrates, no lo llamemos nunca con los nombres que buscamos ahora. JOVEN SÓCRATES: Correctísimo. EXTRANJERO:¿ Qué entonces?¿ Un alma valiente que toma tal verdad no se amansa y desearía participar de lo justo de la mejor manera, mientras que, si no participa, no se inclinará más hacia una naturaleza salvaje? JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo no? EXTRANJERO:¿ Y qué hay de la naturaleza moderada?¿ Acaso al participar de estas opiniones no se vuelve verdaderamente templada y prudente, como en una constitución, mientras que, si no participa de lo que decimos, no recibe con toda justicia una reputación vergonzosa de simpleza? JOVEN SÓCRATES: Absolutamente. EXTRANJERO:¿ No diremos, pues, que este entrelazamiento y vínculo nunca se vuelve duradero para los malos entre sí y para los buenos con los malos, y que ninguna ciencia utilizaría jamás con seriedad tal cosa con tales personas? JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo podría?
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EXTRANJERO: Sino solo para los que han nacido nobles desde el principio y han sido criados según la naturaleza mediante leyes, y que para estos este es el remedio del arte, y, como dijimos, este vínculo de las partes de la virtud de naturalezas diferentes y que se dirigen hacia lo contrario es más divino. JOVEN SÓCRATES: Muy cierto. EXTRANJERO: Respecto a los restantes, siendo vínculos humanos, una vez que existe este divino, casi no es difícil ni pensarlo ni, una vez pensado, realizarlo. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo, pues, y cuáles? EXTRANJERO: Los de las alianzas matrimoniales, los de la procreación de hijos y los de las dotes y matrimonios privados. Pues la mayoría no se une correctamente en estas cosas para la procreación de los hijos. JOVEN SÓCRATES:¿ Por qué? EXTRANJERO:¿ Qué podría alguien censurar como digno de mención en la búsqueda de riqueza y poder en tales cosas? JOVEN SÓCRATES: Nada. EXTRANJERO: Más bien, es justo hablar de la preocupación por los linajes en estas cosas, si no actúan de la manera adecuada. JOVEN SÓCRATES: Es probable, en efecto. EXTRANJERO: No actúan, pues, bajo ningún razonamiento correcto, buscando la comodidad inmediata y abrazando a los que son semejantes a ellos, y no amando a los que son diferentes, asignando la mayor parte a la aversión. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo? EXTRANJERO: Los moderados buscan su propio carácter y, en la medida de lo posible, se casan entre ellos y envían a sus hijas a ellos; y de la misma manera hace el género relacionado con la valentía, buscando su propia naturaleza, cuando deberían hacer todo lo contrario ambos géneros. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo, y por qué? EXTRANJERO: Porque la valentía, al nacer sin mezclarse con una naturaleza templada en muchas generaciones, florece al principio con fuerza, pero al final se desborda por completo en locuras. JOVEN SÓCRATES: Es probable. EXTRANJERO: Y el alma demasiado llena de pudor y sin mezcla de audacia valiente, nacida así durante muchas generaciones, se vuelve más lenta de lo debido y al final se vuelve completamente inútil. JOVEN SÓCRATES: También es probable que esto suceda así.
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EXTRANJERO: Decía que no es difícil unir estos vínculos una vez que existe la opinión de que ambos géneros deben tener una sola opinión sobre lo bello y lo bueno. Pues esta es una tarea única y completa del entrelazamiento real, no permitir nunca que los caracteres templados se aparten de los valientes, sino tejiéndolos con opiniones comunes, honores, infamias, reputaciones y promesas de rehenes entre sí, reuniendo de ellos un tejido suave y, como se dice, de buena trama, confiando siempre las magistraturas en las ciudades conjuntamente a estos. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo? EXTRANJERO: Donde se necesite un solo gobernante, eligiendo al que posee ambas cosas; y donde se necesiten más, mezclando una parte de cada uno. Pues los caracteres de los gobernantes templados son muy cautelosos, justos y salvadores, pero carecen de agudeza y de cierta audacia rápida y práctica. JOVEN SÓCRATES: Parece, en efecto, que esto es así. EXTRANJERO: Y los valientes, por otra parte, son más deficientes respecto a lo justo y cauteloso de aquellos, pero poseen una audacia superior en las acciones. Es imposible que todo lo relacionado con las ciudades, en privado y en público, suceda bien si no están presentes ambos. JOVEN SÓCRATES:¿ Cómo no? EXTRANJERO: Digamos, pues, que este es el fin del tejido entrelazado con rectitud de la acción política: el carácter de los hombres valientes y templados, cuando el arte real, habiendo reunido su vida en común mediante la concordia y la amistad, habiendo realizado el más magnífico y mejor de todos los tejidos, de modo que sea común, vistiendo a todos los demás en las ciudades, esclavos y libres, los mantiene con este entrelazamiento, y en la medida en que corresponde a una ciudad ser feliz, sin faltar en nada de esto, manda y supervisa. JOVEN SÓCRATES: Has completado excelentemente para nosotros al hombre real, extranjero, y al político.