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Original / primary: Spanish Gemini
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DEMÓDOCO: Sócrates, necesitaba hablar contigo de ciertos asuntos privados, si tienes tiempo; y aunque no estés muy desocupado, hazte un tiempo por mí. SÓCRATES: Pues resulta que estoy desocupado, y por ti, desde luego, mucho más. Así que, si quieres decir algo, puedes hacerlo. DEMÓDOCO:¿ Quieres que nos retiremos aquí al pórtico de Zeus Eleuterio para estar apartados? SÓCRATES: Como te parezca. DEMÓDOCO: Vamos, pues. Sócrates, parece que todas las plantas siguen el mismo proceso, tanto las que brotan de la tierra como los seres vivos, los demás y el hombre. Pues incluso en las plantas, para quienes cultivamos la tierra, nos resulta facilísimo preparar todo antes de plantar y la plantación misma; pero una vez que lo plantado vive, el cuidado de lo que ha brotado resulta abundante, difícil y trabajoso. Y parece que lo mismo ocurre con los hombres; lo infiero de mis propios asuntos y de los demás. Pues, en efecto, para mí la plantación, o como deba llamarse, la procreación de este hijo mío, ha sido lo más fácil de todo, pero su crianza es difícil y siempre estoy lleno de temor por él. Se podrían decir muchas otras cosas, pero el deseo que ahora tiene me asusta mucho— pues no es innoble, pero sí peligroso—: este joven, Sócrates, desea, según dice, llegar a ser sabio. Pues me parece que algunos de sus compañeros de edad y conciudadanos, al bajar a la ciudad, le cuentan ciertos discursos que lo perturban, los cuales él ha envidiado y desde hace tiempo me causa problemas, exigiendo que me ocupe de él y que pague dinero a alguno de los sofistas que lo haga sabio. A mí, el dinero me importa menos, pero considero que él se encamina a un peligro no pequeño hacia donde se apresura.
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DEMÓDOCO: Hasta ahora lo contenía consolándolo; pero como ya no puedo, considero que lo mejor es obedecerle, para que no se corrompa al frecuentar a alguien sin mí. Por eso he venido precisamente para esto, para ponerlo en manos de alguno de estos que parecen ser sofistas. Tú, pues, has aparecido en buen momento, alguien a quien yo querría consultar sobre tales asuntos antes de actuar. Así que, si tienes algún consejo que dar a partir de lo que me has oído, puedes y debes hacerlo. SÓCRATES: Pues bien, Demódoco, se dice que el consejo es algo sagrado. Si alguna otra cosa es sagrada, también lo será esta sobre la que ahora pides consejo; pues no hay nada sobre lo que un hombre pueda deliberar que sea más divino que sobre la educación de sí mismo y de los suyos. Primero, pues, tú y yo acordemos qué es lo que creemos que es esto sobre lo que deliberamos; no sea que yo suponga una cosa y tú otra, y luego, lejos de nuestra conversación, nos demos cuenta de que somos ridículos, yo el que aconseja y tú el que es aconsejado, al no considerar lo mismo. DEMÓDOCO: Me parece que hablas correctamente, Sócrates, y así hay que hacerlo. SÓCRATES: Y hablo correctamente, aunque no del todo; pues me retracto un poco. Pienso que tal vez este joven no desea aquello que nosotros creemos que desea, sino otra cosa, y que entonces nosotros seamos aún más absurdos al deliberar sobre otra cosa. Por tanto, me parece lo más correcto empezar por esto mismo, preguntándole qué es lo que desea. DEMÓDOCO: Parece que es lo mejor, como tú dices. SÓCRATES: Dime, pues,¿ qué nombre hermoso tiene el joven?¿ Cómo lo llamamos? DEMÓDOCO: Teages es su nombre, Sócrates. SÓCRATES: Hermoso nombre le diste a tu hijo, Demódoco, y digno de lo sagrado. Dime, pues, Teages,¿ dices que deseas llegar a ser sabio y exiges a tu padre que encuentre la compañía de un hombre tal que te haga sabio? TEAGES: Sí. SÓCRATES:¿ Y llamas sabios a los que son expertos en aquello de lo que son expertos, o a los que no? TEAGES: A los expertos, por mi parte. SÓCRATES:¿ Qué entonces?¿ No te enseñó y educó tu padre lo mismo que los demás han sido educados aquí, los hijos de padres nobles y buenos, como las letras, tocar la cítara, luchar y el resto de la formación atlética? TEAGES: Sí, eso sí.
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SÓCRATES:¿ Crees entonces que falta alguna ciencia de la que convenga que tu padre se ocupe por ti? TEAGES: Yo creo que sí. SÓCRATES:¿ Cuál es esa? Dínoslo también a nosotros, para que podamos complacerte. TEAGES: Él también lo sabe, Sócrates— pues se lo he dicho muchas veces—, pero dice esto a propósito ante ti, como si no supiera lo que yo deseo; pues pelea conmigo sobre otras cosas similares y no quiere presentarme a nadie. SÓCRATES: Pero lo que antes dijiste ante él era como si se hablara sin testigos; ahora, hazme testigo a mí y, ante mí, di qué es esa sabiduría que deseas. Vamos, pues, si desearas aquella con la que los hombres gobiernan los barcos, y yo te preguntara:« Teages,¿ de qué sabiduría careces para que te quejes de tu padre porque no quiere presentarte a aquellos de quienes podrías hacerte sabio?»,¿ qué me responderías?¿ Qué es ella?¿ Acaso no la náutica? TEAGES: Sí. SÓCRATES: Y si, deseando ser sabio en esa sabiduría con la que se gobiernan los carros, te quejaras a tu padre, y yo, a mi vez, preguntara qué es esa sabiduría,¿ qué responderías que es?¿ Acaso no la auriga? TEAGES: Sí. SÓCRATES: Y la que ahora deseas,¿ es innominada o tiene nombre? TEAGES: Creo que tiene. SÓCRATES:¿ Conoces la cosa, pero no el nombre, o también el nombre? TEAGES: También el nombre. SÓCRATES:¿ Qué es entonces? Dilo. TEAGES:¿ Qué otro nombre, Sócrates, diría alguien que tiene, sino sabiduría? SÓCRATES:¿ Acaso la auriga no es también sabiduría?¿ O te parece que es ignorancia? TEAGES: No a mí. SÓCRATES:¿ Sino sabiduría? TEAGES: Sí. SÓCRATES:¿ Para qué la usamos?¿ No es para saber gobernar un tiro de caballos? TEAGES: Sí. SÓCRATES:¿ Acaso la náutica no es también sabiduría? TEAGES: Me lo parece. SÓCRATES:¿ Acaso no es aquella con la que sabemos gobernar barcos? TEAGES: Esa misma. SÓCRATES: Y la sabiduría que tú deseas,¿ cuál es?¿ Para saber gobernar qué? TEAGES: Me parece que para gobernar a los hombres. SÓCRATES:¿ Acaso a los enfermos? TEAGES: De ninguna manera. SÓCRATES: Pues esa es la medicina;¿ no es así? TEAGES: Sí. SÓCRATES:¿ Sino para saber gobernar a los que cantan en los coros? TEAGES: No. SÓCRATES: Pues esa es la música,¿ no? TEAGES: Ciertamente. SÓCRATES:¿ Sino para saber gobernar a los que hacen ejercicio? TEAGES: No. SÓCRATES: Pues esa es la gimnasia,¿ no? TEAGES: Sí. SÓCRATES:¿ Sino para gobernar a los que hacen qué? Esfuérzate en decirlo como yo hice contigo antes.
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TEAGES: A los que están en la ciudad, me parece. SÓCRATES:¿ Acaso en la ciudad no están también los enfermos? TEAGES: Sí, pero no hablo solo de ellos, sino también de los demás que están en la ciudad. SÓCRATES:¿ Acaso comprendo qué arte dices? Pues me parece que no dices aquella con la que sabemos gobernar a los segadores, a los vendimiadores, a los que plantan, siembran y trillan; pues esa es la agricultura, con la que gobernamos a estos.¿ No es así? TEAGES: Sí. SÓCRATES: Ni tampoco creo que sea aquella con la que sabemos gobernar a todos los que asierran, taladran, alisan y tornean,¿ no dices esa? Pues esa es la carpintería,¿ no? TEAGES: Sí. SÓCRATES: Pero quizás dices esa sabiduría con la que sabemos gobernar a todos estos, a los mismos agricultores, a los carpinteros, a todos los artesanos, a los particulares, a las mujeres y a los hombres. TEAGES: Esa es la que desde hace tiempo, Sócrates, quiero decir. SÓCRATES:¿ Puedes decir entonces si Egisto, el que mató a Agamenón en Argos, gobernaba a estos de los que hablas, a los artesanos, particulares, hombres y mujeres, o a otros? TEAGES: No, sino a estos. SÓCRATES:¿ Y qué decir de Peleo, hijo de Éaco, en Ftía?¿ No gobernaba a estos mismos? TEAGES: Sí. SÓCRATES:¿ Y has oído hablar de Periandro, hijo de Cípselo, que gobernó en Corinto? TEAGES: Sí. SÓCRATES:¿ No gobernaba a estos mismos en su propia ciudad? TEAGES: Sí. SÓCRATES:¿ Y qué de Arquelao, hijo de Pérdicas, este que recientemente gobernó en Macedonia?¿ No crees que gobernaba a estos mismos? TEAGES: Yo creo que sí. SÓCRATES:¿ Y a Hipias, hijo de Pisístrato, que gobernó en esta ciudad, a quiénes crees que gobernó?¿ No a estos? TEAGES:¿ Cómo no? SÓCRATES:¿ Podrías decirme entonces qué nombre tienen Baquis, Sibila y nuestro Anfíloco? TEAGES:¿ Qué otro, Sócrates, sino adivinos? SÓCRATES: Hablas correctamente. Pero intenta responderme también así sobre estos:¿ qué nombre tienen Hipias y Periandro por el mismo gobierno? TEAGES: Creo que tiranos;¿ qué otro? SÓCRATES: Entonces, quien desea gobernar a todos los hombres de la ciudad,¿ desea el mismo gobierno que ellos, el tiránico, y ser tirano? TEAGES: Eso parece. SÓCRATES:¿ Entonces dices que deseas eso? TEAGES: Eso parece por lo que he dicho.
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SÓCRATES:¡ Oh, impío!¿ Deseando entonces tiranizar sobre nosotros te quejabas desde hace tiempo a tu padre porque no te enviaba a un maestro de tiranos? Y tú, Demódoco,¿ no te avergüenzas de saber desde hace tiempo lo que este desea, y teniendo dónde enviarlo para hacerlo artesano de la sabiduría que desea, luego le envidias y no quieres enviarlo? Pero ahora—¿ ves?— ya que ante mí ha confesado lo que quiere, deliberemos juntos, tú y yo, a quién podríamos enviarlo y mediante la compañía de quién podría llegar a ser un sabio tirano. DEMÓDOCO: Sí, por Zeus, Sócrates, deliberemos, pues me parece que este asunto requiere una deliberación no trivial. SÓCRATES: Espera, buen hombre. Averigüemos primero de él suficientemente. DEMÓDOCO: Pregunta, pues. SÓCRATES:¿ Qué pasaría si usáramos algo de Eurípides, Teages? Pues Eurípides dice en algún lugar:« Los tiranos son sabios por la compañía de los sabios». Si alguien preguntara a Eurípides:« Eurípides,¿ de qué sabios dices que los tiranos son sabios por su compañía?», igual que si hubiera dicho:« Los agricultores son sabios por la compañía de los sabios», preguntaríamos:«¿ De qué sabios?»,¿ qué nos habría respondido?¿ Acaso otra cosa que de los que saben de agricultura? TEAGES: No, sino eso. SÓCRATES:¿ Y si hubiera dicho:« Los cocineros son sabios por la compañía de los sabios», si preguntáramos:«¿ De qué sabios?»,¿ qué nos habría respondido?¿ No que de los cocineros? TEAGES: Sí. SÓCRATES:¿ Y si hubiera dicho:« Los luchadores son sabios por la compañía de los sabios», si preguntáramos:«¿ De qué sabios?»,¿ acaso no habría dicho que de los que saben luchar? TEAGES: Sí. SÓCRATES: Pero ya que dijo:« Los tiranos son sabios por la compañía de los sabios», si nosotros preguntamos:«¿ De qué sabios hablas, Eurípides?»,¿ qué diría?¿ Qué clase de sabios serían esos? TEAGES: Pues, por Zeus, no lo sé. SÓCRATES:¿ Pero quieres que te lo diga yo? TEAGES: Si tú quieres. SÓCRATES: Esos son los que Anacreonte decía que Calicrite sabía;¿ o no conoces el poema? TEAGES: Sí. SÓCRATES:¿ Qué entonces?¿ Deseas tú también la compañía de un hombre que resulta ser del mismo oficio que Calicrite, la hija de Cianes, y que sabe de cosas tiránicas, como decía el poeta de ella, para que tú también llegues a ser tirano para nosotros y para la ciudad? TEAGES: Desde hace tiempo, Sócrates, te burlas y bromeas conmigo. SÓCRATES:¿ Qué pasa?¿ No dices que deseas esa sabiduría con la que gobernarías a todos los ciudadanos? Y al hacer esto,¿ qué otra cosa serías sino un tirano?
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TEAGES: Desearía, creo, llegar a ser tirano, preferiblemente de todos los hombres, y si no, de tantos como sea posible; y tú, creo, y todos los demás hombres— y quizás aún más, llegar a ser un dios—, pero no decía que deseaba eso. SÓCRATES:¿ Pero qué es entonces lo que deseas?¿ No dices que deseas gobernar a los ciudadanos? TEAGES: No por la fuerza ni como los tiranos, sino con su consentimiento, como los demás hombres ilustres de la ciudad. SÓCRATES:¿ Acaso dices como Temístocles, Pericles, Cimón y todos los que han sido hábiles en los asuntos políticos? TEAGES: Por Zeus, a esos me refiero. SÓCRATES:¿ Qué entonces si desearas llegar a ser sabio en la equitación?¿ A quiénes acudirías pensando que llegarías a ser un jinete hábil?¿ A otros que no fueran los jinetes? TEAGES: Por Zeus, no. SÓCRATES: Sino a los mismos que son hábiles en eso, y que tienen caballos y los usan en cada ocasión, tanto propios como muchos ajenos. TEAGES: Es evidente. SÓCRATES:¿ Y qué si desearas llegar a ser sabio en el lanzamiento de jabalina?¿ No pensarías que llegarías a ser sabio acudiendo a los lanzadores de jabalina, aquellos que tienen jabalinas y usan muchas, ajenas y propias, en cada ocasión? TEAGES: Me parece que sí. SÓCRATES: Dime, pues: ya que deseas llegar a ser sabio en los asuntos políticos,¿ crees que llegarás a ser sabio acudiendo a otros que no sean estos políticos, los mismos que son hábiles en los asuntos políticos y que usan en cada ocasión tanto su propia ciudad como muchas otras, y que tratan con ciudades griegas y bárbaras?¿ O crees que llegarás a ser sabio en estas mismas cosas frecuentando a otros, y no a estos mismos? TEAGES: He oído, Sócrates, los discursos que dicen que tú pronuncias, que los hijos de estos hombres políticos no son mejores que los de los zapateros; y me parece que dices lo más verdadero a partir de lo que puedo percibir. Sería insensato, pues, si pensara que alguno de ellos me entregaría su propia sabiduría, sin haber beneficiado en nada a su propio hijo, si fuera capaz de beneficiar en esto a cualquier otro hombre. SÓCRATES:¿ Qué harías entonces, el mejor de los hombres, contigo mismo, si una vez que tuvieras un hijo te causara tales problemas, y dijera que desea llegar a ser un buen pintor, y se quejara a ti, su padre, porque no quieres gastar dinero en él para eso mismo, y despreciara a los artesanos de esto mismo, los pintores, y no quisiera aprender de ellos?¿ O a los flautistas, deseando llegar a ser flautista, o a los citaristas?¿ Tendrías qué hacer con él y a dónde enviarlo si no quisiera aprender de ellos? TEAGES: Por Zeus, no.
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SÓCRATES:¿ Ahora, pues, te maravillas al hacer tú mismo lo mismo ante tu padre, y te quejas si él está en apuros sobre qué hacer contigo y a dónde enviarte? Pues te presentaremos a cualquiera de los atenienses nobles y buenos que desees en los asuntos políticos, quien estará contigo gratuitamente; y al mismo tiempo no gastarás dinero, y al mismo tiempo tendrás mucha mejor reputación ante la mayoría de los hombres que frecuentando a cualquier otro. TEAGES:¿ Qué entonces, Sócrates?¿ Acaso tú no eres también de los hombres nobles y buenos? Pues si tú quisieras estar conmigo, es suficiente y no busco a nadie más. SÓCRATES:¿ Qué dices, Teages? DEMÓDOCO: Sócrates, no dice nada malo, y al mismo tiempo me complacerás; pues no hay nada que yo consideraría un hallazgo mayor que si él estuviera satisfecho con tu compañía y tú quisieras estar con él. Y, de hecho, me avergüenza decir cuánto lo deseo. Pero les ruego a ambos, que tú quieras estar con él y que tú no busques frecuentar a nadie más que a Sócrates; y me librarán de muchas y terribles preocupaciones. Pues ahora temo mucho por él, no sea que se encuentre con alguien capaz de corromperlo. TEAGES: No temas ya más, padre, por mí, si es que eres capaz de persuadir a este para que acepte mi compañía. DEMÓDOCO: Hablas muy bien. Sócrates, el discurso siguiente debería ser ya contigo; pues estoy dispuesto, por decirlo brevemente, a ofrecerte tanto a mí como a mis bienes de la manera más cercana posible, de lo que sea que necesites en breve, si acoges a este Teages y lo beneficias en lo que seas capaz. SÓCRATES: Demódoco, no me maravillo de que te hayas tomado esto en serio, si es que crees que por mí él podría ser beneficiado al máximo— pues no sé por qué alguien que tiene juicio se tomaría más en serio que por su propio hijo para que sea lo mejor posible—, pero de dónde te vino la idea de que yo sería más capaz de beneficiar a tu hijo para que llegue a ser un buen ciudadano que tú mismo, y de dónde este pensó que yo lo beneficiaré más que tú mismo, eso me maravilla mucho. Pues tú, primero, eres mayor que yo, y luego, ya has ejercido muchas y las más grandes magistraturas para los atenienses, y eres honrado por los anagirasios, tus conciudadanos, mucho más que nadie, y por el resto de la ciudad no menos que nadie; y yo no veo nada de esto en ninguno de los dos.
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SÓCRATES: Luego, si Teages desprecia la compañía de los hombres políticos y busca a otros que se ofrecen a educar a los jóvenes, ahí están Pródico de Ceos, Gorgias de Leontinos, Polo de Acragante y otros muchos, que son tan sabios que, al ir a las ciudades, persuaden a los más nobles y ricos de los jóvenes— a quienes les es posible frecuentar gratuitamente a cualquiera de los ciudadanos que deseen—, los persuaden de que abandonen la compañía de aquellos para estar con ellos, añadiendo además una suma de dinero muy grande como pago, y además de eso, estarles agradecidos. Era natural que tu hijo y tú mismo eligieran a alguno de estos, y no a mí; pues no sé nada de esas enseñanzas dichosas y hermosas— aunque hubiera querido—, sino que, por supuesto, digo siempre que yo no sé nada, por así decirlo, excepto una pequeña enseñanza, la de las cosas eróticas. Sin embargo, en esta enseñanza me considero más hábil que cualquiera, tanto de los hombres del pasado como de los actuales. TEAGES:¿ Ves, padre? Sócrates no me parece que quiera estar conmigo— pues lo mío está listo, si él quiere—, sino que dice esto bromeando ante nosotros. Pues yo sé de mis compañeros de edad y de los un poco mayores que, antes de estar con él, no valían nada, pero una vez que estuvieron con él, en muy poco tiempo parecen mejores que todos aquellos de quienes antes eran peores. SÓCRATES:¿ Sabes entonces qué es esto, hijo de Demódoco? TEAGES: Sí, por Zeus, que, si tú quieres, yo también seré capaz de llegar a ser tal como ellos. SÓCRATES: No, buen hombre, sino que te ha pasado inadvertido qué es esto, y yo te lo diré. Pues hay algo que, por destino divino, me acompaña desde niño, un daimonion. Es una voz que, cuando ocurre, siempre me señala, respecto a lo que voy a hacer, una disuasión, pero nunca me exhorta; y si alguno de mis amigos me consulta y ocurre la voz, esto mismo, me disuade y no me permite hacerlo. Y de esto les ofreceré testigos. Pues conocen a este Cármides, el que fue hermoso, hijo de Glaucón; este una vez me consultaba porque iba a entrenar para el estadio en Nemea, y apenas empezaba a decir que iba a entrenar, ocurrió la voz, y yo lo disuadía y le dije que, mientras hablabas, me ocurrió la voz del daimonion; así que no entrenes.« Quizás», dijo,« te señala que no venceré»; pero yo, aunque no vaya a vencer, al haberme entrenado este tiempo, seré beneficiado.
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SÓCRATES: Tras decir esto, entrenó; es digno, pues, preguntarle qué le sucedió a partir de este entrenamiento. Y si quieren, pregunten al hermano de Timarco, Clitómaco, qué le dijo Timarco cuando iba a morir directamente hacia el daimonion, él y Evatlo, el corredor de estadio que acogió a Timarco cuando huía; pues les dirá que le dijo esto. TEAGES:¿ Qué? SÓCRATES:« Clitómaco», dijo,« yo voy a morir ahora, porque no quería obedecer a Sócrates».¿ Por qué, pues, dijo esto Timarco? Yo lo diré. Cuando Timarco y Filemón, hijo de Filemónides, se levantaban del banquete para matar a Nicias, hijo de Heroscamandro, ellos dos solos conocían la conspiración, y Timarco, al levantarse, me dijo:«¿ Qué dices, Sócrates? Ustedes beban, pero yo debo levantarme para ir a algún lugar; volveré un poco después, si puedo». Y me ocurrió la voz, y le dije:« De ninguna manera», dije,« te levantes; pues ha ocurrido la señal habitual, la del daimonion». Y él se detuvo. Y tras dejar pasar un tiempo, de nuevo se apresuraba a ir, y dijo:« Ya me voy, Sócrates». De nuevo ocurrió la voz; de nuevo, pues, lo obligué a detenerse. La tercera vez, queriendo ocultármelo, se levantó sin decirme ya nada, sino ocultamente, tras observar que yo tenía la mente en otra parte; y así se fue y llevó a cabo aquello por lo que iba a morir. De ahí que dijera esto a su hermano, lo que ahora les digo a ustedes, que iba a morir por haberme desobedecido. Además, pues, oirán muchas cosas sobre los que estaban en Sicilia, lo que yo decía sobre la destrucción del ejército. Y de lo pasado se puede oír de los que lo saben; pero ahora es posible tener una prueba de la señal, si es que dice algo. Pues en la partida hacia la expedición de Sannión el hermoso, me ocurrió la señal, y ahora se ha ido con Trasilo a hacer la guerra directamente hacia Éfeso y Jonia. Yo, pues, creo que aquel morirá o estará cerca de ello, y sobre el resto del ejército temo mucho. Todo esto les he dicho, porque este poder de este daimonion tiene todo el efecto también en las compañías de los que pasan el tiempo conmigo. Pues a muchos se opone, y no es posible que estos sean beneficiados pasando el tiempo conmigo, así que no me es posible pasar el tiempo con ellos; y a muchos no les impide estar conmigo, pero no son beneficiados en nada al estarlo. Pero aquellos con quienes el poder del daimonion colabora en la compañía, estos son de los que tú también te has dado cuenta; pues rápidamente, al instante, progresan.
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SÓCRATES: Y de estos que progresan, algunos tienen el beneficio firme y duradero; pero muchos, durante el tiempo que están conmigo, progresan maravillosamente, pero cuando se apartan de mí, de nuevo no se diferencian de nadie. Esto le pasó una vez a Arístides, hijo de Lisímaco, hijo de Arístides. Pues pasando el tiempo conmigo, había progresado muchísimo en poco tiempo; luego tuvo una expedición y se fue navegando, y al volver, me encontró pasando el tiempo con Tucídides, hijo de Melesias, hijo de Tucídides. Y Tucídides el día anterior se había vuelto hostil conmigo en ciertos discursos; al verme, pues, Arístides, después de saludarme y hablar de otras cosas, dijo:« Tucídides, oigo, Sócrates, que se enorgullece ante ti y se irrita como si fuera algo».« Es así», dije yo.«¿ Qué, no sabe», dijo,« antes de frecuentarte, qué clase de esclavo era?».« No lo parece», dije yo,« por los dioses. Pero, en efecto, yo mismo», dijo,« estoy ridículo, Sócrates».«¿ Por qué especialmente?», dije yo.« Porque», dijo,« antes de navegar, era capaz de hablar con cualquier hombre y no parecer peor que nadie en los discursos, así que incluso buscaba la compañía de los hombres más elegantes, pero ahora, al contrario, huyo si percibo que alguien es educado; así me avergüenzo de mi propia pequeñez».«¿ Y acaso», dije yo,« de repente te abandonó este poder o poco a poco?».« Poco a poco», dijo.« Y cuando te ocurrió», dije yo,«¿ te ocurrió habiendo aprendido algo de mí o de alguna otra manera?».« Yo te diré», dijo,« Sócrates, algo increíble por los dioses, pero verdadero. Pues yo no aprendí nada de ti nunca, como tú mismo sabes; pero progresaba cuando estaba contigo, incluso si estaba solo en la misma casa, pero no en la misma habitación, pero más cuando estaba en la misma habitación, y a mí me parecía que progresaba mucho más cuando, estando en la misma habitación, al hablar tú, te miraba a ti, más que cuando miraba a otra parte, pero mucho más y al máximo progresaba cuando me sentaba junto a ti mismo, agarrándote y tocándote; pero ahora», dijo,« toda esa disposición se ha desvanecido». Es, pues, Teages, tal nuestra compañía; si es grato al dios, progresarás mucho y rápidamente, pero si no, no. Mira, pues, si no te es más seguro educarte con alguno de aquellos que son dueños de la utilidad con la que benefician a los hombres, más que conmigo, que por casualidad hago esto.
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TEAGES: A mí, pues, me parece, Sócrates, que hagamos esto, probar este daimonion estando juntos. Y si nos permite, esto es lo mejor; pero si no, entonces ya al instante deliberaremos qué haremos, si estaremos con otro, o si intentaremos consolar al mismo ser divino que te ocurre con oraciones, sacrificios y cualquier otra cosa que los adivinos expliquen. DEMÓDOCO: No te opongas ya más a esto, Sócrates, ante el joven; pues Teages habla bien. SÓCRATES: Pero si parece que hay que hacerlo así, hagámoslo así.