Timaeus
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Original / primary: Spanish Gemini
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SÓC. Uno, dos, tres; pero¿ dónde está el cuarto de nuestros convidados de ayer, mi querido Timeo, que hoy son nuestros anfitriones? TIM. Le sobrevino una indisposición, Sócrates; pues de otro modo no habría faltado voluntariamente a esta reunión. SÓC.¿ No es, pues, tarea tuya y de los presentes suplir la parte del ausente? TIM. Ciertamente, y en la medida de nuestras fuerzas no dejaremos nada que desear; pues no sería justo que, habiendo sido agasajados ayer por ti con la hospitalidad que correspondía, no te correspondiéramos nosotros, los que quedamos, con igual entusiasmo. SÓC.¿ Recordáis, pues, cuántas cosas y sobre qué temas os encargué hablar? TIM. Algunas las recordamos, y las que no, tú, al estar presente, nos las recordarás; o mejor aún, si no te resulta molesto, vuelve a exponerlas brevemente desde el principio, para que queden más firmes entre nosotros. SÓC. Así será. Ayer, supongo, el punto principal de los discursos que pronuncié sobre el Estado era cómo y de qué clase de hombres me parecería que resultaría el mejor. TIM. Y ciertamente, Sócrates, lo expuesto nos pareció a todos muy acertado. SÓC.¿ Acaso no distinguimos primero en él a la clase de los agricultores y a todas las demás artes, separándolas de la clase de los que habrían de combatir? TIM. Sí. SÓC. Y habiendo asignado por naturaleza a cada uno una sola ocupación adecuada a sí mismo, un solo oficio, dijimos que aquellos que debían combatir por todos, debían ser únicamente guardianes de la ciudad, ya fuera que alguien viniera de fuera o de dentro a causar daño, juzgando con suavidad a los gobernados por ellos, que son amigos por naturaleza, pero volviéndose duros en las batallas contra los enemigos con quienes se encontraran.
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TIM. Absolutamente. SÓC. Pues creo que decíamos que la naturaleza de los guardianes del alma debía ser a la vez fogosa y filósofa en grado sumo, para que pudieran ser rectamente suaves y duros con unos y otros. TIM. Sí. SÓC.¿ Y qué hay de la crianza?¿ No dijimos que debían ser educados en la gimnasia, la música y todas las disciplinas que les corresponden? TIM. Ciertamente. SÓC. Y se dijo, creo, que los así educados no debían considerar oro, plata ni ninguna otra posesión como propia, sino que, como auxiliares que reciben un salario por su vigilancia de parte de aquellos a quienes salvan, debían gastar lo que fuera moderado para hombres sensatos, vivir en común y convivir unos con otros, teniendo cuidado de la virtud en todo momento y dejando de lado las demás ocupaciones. TIM. También se dijo eso de ese modo. SÓC. Y también mencionamos lo relativo a las mujeres, que debían ajustarse naturalezas similares a las de los hombres, y que todas las ocupaciones debían ser comunes a todas, tanto en la guerra como en el resto de la vida. TIM. Así también se decía. SÓC.¿ Y qué hay de lo relativo a la procreación?¿ O es esto fácil de recordar debido a la extrañeza de lo dicho, que establecíamos que los matrimonios y los hijos debían ser comunes a todos, ingeniándonos para que nadie conociera jamás a su propia descendencia, sino que todos consideraran a todos como de su misma estirpe, llamando hermanos y hermanas a los que estuvieran en la edad apropiada, padres y antepasados a los de más edad, y descendientes e hijos de descendientes a los de menor edad? TIM. Sí, y eso es fácil de recordar tal como lo dices. SÓC. Y para que, en la medida de lo posible, resultaran de inmediato de la mejor naturaleza,¿ no recordamos que dijimos que los gobernantes y las gobernantes debían ingeniarse secretamente, mediante ciertos sorteos, para que los malos y los buenos se unieran cada uno con sus semejantes, y que no surgiera entre ellos enemistad por esto, atribuyendo a la suerte la causa de la unión? TIM. Lo recordamos.
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SÓC.¿ Y que dijimos que los hijos de los buenos debían ser criados, mientras que los de los malos debían ser distribuidos secretamente en la otra ciudad; y que, a medida que crecieran, debían observar a los dignos para traerlos de vuelta, y trasladar a los indignos de entre ellos al lugar de los que regresaban? TIM. Así es. SÓC.¿ Hemos repasado ya, pues, como ayer, para volver a exponerlo en resumen, o echamos de menos algo de lo dicho, mi querido Timeo, como si hubiera quedado fuera? TIM. De ninguna manera, sino que esas mismas fueron las cosas dichas, Sócrates. SÓC. Podríais escuchar ahora lo que sigue sobre el Estado que expusimos, qué sentimiento experimento hacia él. Mi estado se parece a algo así: como si alguien que hubiera contemplado animales hermosos, ya sea realizados por la pintura o vivos pero en reposo, sintiera el deseo de verlos en movimiento y compitiendo en algo de lo que parece corresponder a sus cuerpos en la lucha; lo mismo he experimentado yo hacia la ciudad que expusimos. Pues escucharía con gusto a alguien que relatara en un discurso los combates que una ciudad libra, compitiendo contra otras ciudades, llegando adecuadamente a la guerra y, al guerrear, rindiendo lo que corresponde a su educación y crianza, tanto en las acciones de los hechos como en las interpretaciones de los discursos hacia cada una de las ciudades. Por tanto, Critias y Hermócrates, yo mismo me he condenado a no ser capaz de elogiar suficientemente a los hombres y a la ciudad. Y lo mío no es nada sorprendente; pero he llegado a la misma opinión sobre los poetas de antaño y sobre los actuales, no despreciando el género poético, sino que es evidente para todos que el género imitativo imitará más fácil y mejor aquello en lo que haya sido criado, y lo que está fuera de la crianza de cada uno es difícil de imitar bien en los hechos, y aún más difícil en los discursos. Y considero que el género de los sofistas es muy experto en muchos otros discursos hermosos, pero temo que, como es errante por las ciudades y no ha administrado nunca hogares propios, sea a la vez ajeno a los hombres filósofos y políticos, en todo lo que, siendo capaces, harían y dirían en la guerra y en las batallas, tratando con cada uno en hechos y palabras.
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SÓC. Queda, pues, el género de vuestra condición, que participa a la vez de la naturaleza y la crianza de ambos. Pues este Timeo, siendo de una ciudad muy bien gobernada, la Lócride en Italia, y no siendo inferior a nadie de allí en fortuna y linaje, ha desempeñado los cargos y honores más importantes de la ciudad, y ha llegado, según mi opinión, a la cumbre de toda la filosofía; y todos los que estamos aquí sabemos que Critias no es un extraño en nada de lo que decimos. Y sobre la naturaleza y crianza de Hermócrates, muchos dan testimonio de que es capaz para todo esto, por lo que hay que creerlo. Por eso, ayer, cuando me disponía a exponer lo relativo al Estado, accedí con entusiasmo, sabiendo que nadie de vosotros, si quisiera, podría rendir un discurso posterior más capaz— pues habiendo puesto a la ciudad en una guerra adecuada, rendiríais todo lo que le corresponde, siendo los únicos de los actuales—. Habiendo dicho, pues, lo encargado, os encargué a vosotros lo que ahora también digo. Acordasteis, pues, tras deliberar en común entre vosotros, devolverme hoy los dones de hospitalidad de los discursos, y estoy aquí, pues, adornado para ello y muy dispuesto a recibirlos. HER. Y ciertamente, tal como dijo este Timeo, Sócrates, no dejaremos de tener entusiasmo ni tenemos ninguna excusa para no hacer esto; de modo que ayer, inmediatamente después de salir de aquí, cuando llegamos a la casa de huéspedes donde nos alojamos con Critias, e incluso antes en el camino, considerábamos estas mismas cosas. Este, pues, nos propuso un discurso de una antigua tradición; el cual, cuéntalo ahora tú, Critias, a este, para que juzgue si es adecuado o inadecuado para el encargo. CRIT. Es necesario hacer esto, si también le parece bien al tercer compañero, Timeo. TIM. Ciertamente me parece bien. CRIT. Escucha, pues, Sócrates, un discurso muy extraño, pero absolutamente verdadero, como dijo alguna vez Solón, el más sabio de los siete. Era, pues, pariente y muy amigo de nuestro bisabuelo Drópides, tal como él mismo dice en muchos lugares de su poesía;
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CRIT. Y le dijo a nuestro abuelo Critias, tal como el anciano nos lo recordaba, que había grandes y admirables obras antiguas de esta ciudad, desaparecidas por el tiempo y la destrucción de los hombres, y de todas, una la mayor, sobre la cual sería apropiado que, al mencionarla ahora, te devolviéramos el favor y a la vez celebráramos a la diosa en la festividad, elogiándola justa y verdaderamente como si le cantáramos un himno. SÓC. Hablas bien. Pero,¿ qué obra es esta que Critias contaba, no como algo que se dice, sino como algo que realmente fue hecho por esta ciudad en la antigüedad, según la tradición de Solón? CRIT. Yo lo contaré, habiendo escuchado un discurso antiguo de un hombre no joven. Pues Critias tenía entonces, según decía, casi cerca de noventa años, y yo unos diez; y era para nosotros la fiesta de las Cureótides de las Apaturias. Lo habitual de la fiesta sucedió entonces también para los niños; pues nuestros padres nos pusieron premios por rapsodias. Se dijeron, pues, muchos poemas de muchos poetas, y como los de Solón eran nuevos en aquel tiempo, muchos de los niños los cantamos. Entonces dijo uno de los fraternos, ya sea porque le pareciera así entonces o por hacerle un favor a Critias, que le parecía que Solón había sido el más sabio en todo y, a su vez, el más libre de todos los poetas en su poesía. El anciano— pues lo recuerdo muy bien— se alegró mucho y, sonriendo, dijo: Si, Amunandro, no hubiera utilizado la poesía como algo secundario, sino que se hubiera dedicado a ella como otros, y hubiera terminado el discurso que trajo de Egipto, y no se hubiera visto obligado a descuidarlo debido a las facciones y a otros males que encontró al llegar aquí, según mi opinión, ni Hesíodo ni Homero ni ningún otro poeta habría llegado a ser más famoso que él.¿ Y cuál era el discurso, dijo, Sócrates?¿ Era sobre la mayor y más famosa de todas las acciones, que con justicia sería la que esta ciudad realizó, pero que por el tiempo y la destrucción de los que la realizaron, el discurso no llegó hasta aquí? Cuéntalo desde el principio, dijo, qué era y cómo y de quiénes lo escuchó Solón como verdadero. Hay, dijo, en Egipto, en el Delta, alrededor del cual se divide la corriente del Nilo en la cima, un nomo llamado Saitico, y la ciudad más grande de este nomo es Sais— de donde era también el rey Amasis—, a quienes la diosa es una especie de fundadora de la ciudad, en egipcio su nombre es Neith, y en griego, según el discurso de ellos, Atenea; y son muy filoatenienses y dicen ser de algún modo parientes de estos.
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CRIT. A los cuales, dijo Solón, al ir, se hizo muy estimado entre ellos, y al preguntar alguna vez sobre las cosas antiguas a los sacerdotes más expertos en esto, descubrió que casi ni él ni ningún otro griego sabía nada, por así decirlo, sobre tales cosas. Y alguna vez, queriendo llevarlos a hablar sobre las cosas antiguas, intentó contar las cosas más antiguas de aquí, sobre Foroneo, el primero que se dice, y Níobe, y después del diluvio, a su vez, sobre Deucalión y Pirra, cómo sobrevivieron, y genealogizar a los que nacieron de ellos, e intentar contar los tiempos recordando los años que tenían los que mencionaba; y uno de los sacerdotes, muy antiguo, dijo:¡ Oh Solón, Solón, los griegos sois siempre niños, y no hay griego anciano! Al escuchar esto, dijo:¿ Cómo, qué dices con esto? Sois jóvenes, dijo, en cuanto a las almas todos; pues no tenéis en ellas ninguna opinión antigua por una tradición antigua, ni ninguna enseñanza encanecida por el tiempo. Y la causa de esto es esta. Muchas destrucciones de hombres han ocurrido y ocurrirán, las mayores por fuego y agua, y otras menores por otros diez mil. Pues lo que también se dice entre vosotros, que alguna vez Faetón, hijo de Helios, habiendo uncido el carro de su padre, debido a que no era capaz de conducir por el camino de su padre, quemó lo que había sobre la tierra y él mismo, fulminado por el rayo, pereció, esto se dice con forma de mito, pero lo verdadero es la desviación de los cuerpos que se mueven alrededor de la tierra en el cielo y la destrucción de lo que hay sobre la tierra por mucho fuego a través de largos tiempos. Entonces, pues, todos los que viven en las montañas y en lugares altos y secos perecen más que los que viven junto a los ríos y el mar; y a nosotros el Nilo, salvador en otras cosas, también entonces nos salva liberándonos de esta dificultad. Pero cuando, a su vez, los dioses purifican la tierra con aguas y la inundan, los que están en las montañas se salvan, pastores y ganaderos, mientras que los que están en vuestras ciudades son arrastrados por los ríos hacia el mar; pero en esta tierra, ni entonces ni en otro momento el agua fluye desde arriba sobre los campos, sino que, por el contrario, todo está hecho por naturaleza para brotar desde abajo.
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CRIT. De donde y por cuyas causas se dice que lo que hay aquí es lo más antiguo; pero lo verdadero es que en todos los lugares donde el invierno excesivo o el calor no lo impide, hay siempre un género de hombres, a veces más, a veces menos. Y todo lo que, ya sea entre vosotros o aquí o en cualquier otro lugar del que sepamos por tradición, si alguna vez ha ocurrido algo hermoso o grande o que tenga alguna otra diferencia, todo está escrito desde antiguo aquí en los templos y conservado; mientras que lo que hay entre vosotros y los demás, acaba de ser preparado cada vez con letras y todo lo que las ciudades necesitan, y de nuevo, a través de los años acostumbrados, llega como una enfermedad un flujo celestial y deja a los iletrados y sin cultura de entre vosotros, de modo que de nuevo desde el principio os volvéis como jóvenes, sin saber nada ni de lo de aquí ni de lo de entre vosotros, de lo que hubo en los tiempos antiguos. Las genealogías que se hicieron hace poco, Solón, sobre los de entre vosotros que expusiste, difieren poco de los mitos de niños, que primero recordáis un solo diluvio de la tierra, habiendo ocurrido muchos antes, y además no sabéis que el género más hermoso y mejor de hombres nació en la tierra entre vosotros, de los cuales tú y toda la ciudad sois ahora, habiendo quedado una pequeña semilla, pero os ha pasado desapercibido debido a que los que sobrevivieron durante muchas generaciones murieron sin letras. Pues hubo alguna vez, Solón, antes de la mayor destrucción por aguas, la ciudad que ahora es de los atenienses, la mejor en la guerra y en todo, la más bien gobernada con diferencia; de la cual se dice que ocurrieron las obras más hermosas y las constituciones más hermosas de todas cuantas hemos recibido por tradición bajo el cielo. Al escuchar esto, Solón dijo que se maravilló y tuvo todo el entusiasmo, pidiendo a los sacerdotes que le expusieran todo con precisión sobre los antiguos ciudadanos. El sacerdote, pues, dijo: Ninguna envidia, Solón, sino que hablaré por ti y por vuestra ciudad, y sobre todo por la diosa, que obtuvo y crió y educó a la vuestra y a esta, primero a la de entre vosotros hace mil años, habiendo tomado vuestra semilla de la Tierra y de Hefesto, y a esta después. Y sobre la organización de aquí, en nuestros escritos sagrados está escrito el número de ocho mil años. Sobre los ciudadanos que vivieron hace nueve mil años, te declararé brevemente las leyes y la obra más hermosa que realizaron;
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CRIT. Y lo preciso sobre todo lo demás lo expondremos después con calma, habiendo tomado los escritos mismos. Observa, pues, las leyes comparándolas con las de aquí; pues encontrarás aquí ahora muchos ejemplos de las que había entonces entre vosotros, primero la clase de los sacerdotes separada de las demás, y después de esto la de los artesanos, que cada uno trabaja por sí mismo sin mezclarse con otro, la de los pastores y la de los cazadores y la de los agricultores. Y ciertamente la clase guerrera, supongo que te has dado cuenta de que aquí está separada de todas las clases, a quienes la ley no ordenó ocuparse de nada más que de lo relativo a la guerra; además, la disposición de su armamento, escudos y lanzas, con los que nosotros fuimos los primeros de los que están alrededor de Asia en armarnos, habiéndolo mostrado la diosa primero entre vosotros, tal como en aquellos lugares. Y sobre la sabiduría, ves supongo qué cuidado tuvo la ley aquí desde el principio sobre el orden, habiendo descubierto todo hasta la adivinación y la medicina para la salud a partir de estas cosas divinas, y habiendo adquirido todas las demás enseñanzas que siguen a estas. Esta, pues, toda la organización y disposición de entonces, la diosa, habiéndoos organizado primero, os estableció, habiendo elegido el lugar en el que habéis nacido, al ver la templanza de las estaciones en él, que produciría hombres muy sabios; pues siendo la diosa amante de la guerra y filósofa, habiendo elegido el lugar que iba a producir hombres más parecidos a ella, lo estableció primero. Vivíais, pues, usando leyes tales y estando aún más bien gobernados y habiendo superado a todos los hombres en virtud, tal como es natural siendo retoños y educados por dioses. Muchas y grandes obras de vuestra ciudad están escritas aquí y son admiradas, pero una supera a todas en grandeza y virtud; pues dicen los escritos cuánta fuerza detuvo alguna vez vuestra ciudad, que marchaba con insolencia a la vez contra toda Europa y Asia, habiendo partido desde fuera del mar Atlántico.
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CRIT. Pues entonces era navegable el mar de allí; pues tenía una isla frente a la boca que vosotros llamáis, como decís, las columnas de Heracles, y la isla era mayor que Libia y Asia juntas, desde la cual era posible pasar a las otras islas para los que viajaban entonces, y desde las islas a todo el continente opuesto que rodea aquel verdadero océano. Pues esto de aquí, cuanto está dentro de la boca de la que hablamos, parece un puerto que tiene una entrada estrecha; pero aquel es un océano en verdad, y la tierra que lo rodea podría decirse con toda verdad que es un continente. Y en esta isla Atlántida se formó una gran y admirable fuerza de reyes, que dominaba toda la isla y muchas otras islas y partes del continente; y además de esto, de los que están dentro de aquí, dominaban Libia hasta Egipto, y Europa hasta Tirrenia. Toda esta fuerza, habiéndose reunido en una, intentó alguna vez esclavizar con un solo ataque todo el lugar de entre vosotros y el de entre nosotros y el que está dentro de la boca. Entonces, pues, Solón, la fuerza de vuestra ciudad se hizo manifiesta a todos los hombres por su virtud y fuerza; pues habiéndose puesto al frente de todos por su valentía y artes cuantas hay en la guerra, liderando a los griegos, y ella misma aislada por necesidad al desertar los demás, habiendo llegado a los peligros extremos, habiendo vencido a los que atacaban, erigió un trofeo, y evitó que los que aún no habían sido esclavizados fueran esclavizados, y a todos los demás, cuantos habitamos dentro de los límites de Heracles, liberó generosamente a todos. Pero en un tiempo posterior, habiendo ocurrido terremotos y diluvios excesivos, habiendo llegado un solo día y una noche terrible, todo el poder guerrero de entre vosotros se hundió bajo tierra, y la isla Atlántida de igual modo, habiéndose hundido bajo el mar, desapareció; por lo que también ahora el mar de allí se ha vuelto intransitable e inexplorable, habiendo mucho lodo poco profundo en el camino, que la isla al hundirse proporcionó. Lo dicho, pues, Sócrates, por el antiguo Critias según la tradición de Solón, lo has escuchado, por decirlo brevemente; y al hablar tú ayer sobre el Estado y los hombres que decías, me maravillaba recordando estas mismas cosas que ahora digo, comprendiendo cuán divinamente, por alguna suerte, no fuera del blanco, coincidiste en la mayoría de las cosas con lo que dijo Solón.
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CRIT. Sin embargo, no quise decirlo de inmediato; pues por el tiempo no lo recordaba suficientemente. Pensé, pues, que era necesario que yo mismo primero recordara todo suficientemente para decirlo así. De donde accedí rápidamente a lo que me encargaste ayer, pensando que, lo que es la mayor obra en todos los casos tales, proponer un discurso adecuado a los deseos, de esto tendríamos abundancia moderadamente. Así, pues, tal como dijo este, ayer mismo al salir de aquí se lo refería a estos recordando, y al irme, observando casi todo, lo recordé durante la noche. Pues, como se dice, las enseñanzas de los niños tienen un recuerdo admirable. Pues lo que escuché ayer, no sé si podría recordarlo todo de nuevo; pero esto que he escuchado hace mucho tiempo, me maravillaría mucho si algo de ello se me hubiera escapado. Se escuchaba, pues, con mucho placer y juego entonces, y el anciano enseñándome con entusiasmo, ya que yo preguntaba a menudo, de modo que han quedado en mí como marcas de una escritura indeleble; y ciertamente se lo decía a estos desde la mañana estas mismas cosas, para que tuvieran abundancia de discursos conmigo. Ahora, pues, por lo que se ha dicho todo esto, estoy listo para hablar, Sócrates, no solo en resumen, sino tal como escuché, punto por punto; y a los ciudadanos y a la ciudad que ayer nos exponías como en un mito, ahora, trasladándolos a la verdad, los pondremos aquí como si aquella fuera esta, y diremos que los ciudadanos que pensabas son aquellos verdaderos antepasados nuestros, los que decía el sacerdote. En todo caso encajarán y no discordaremos diciendo que son los que estaban en aquel tiempo. Y deliberando todos en común, intentaremos rendir lo adecuado en la medida de nuestras fuerzas a lo que encargaste. Hay que observar, pues, Sócrates, si este discurso nos parece bien, o si hay que buscar algún otro en su lugar.
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SÓC.¿ Y qué otro, Critias, podríamos tomar en lugar de este, que por la presente ofrenda a la diosa debido a su afinidad sería el más adecuado, y que el hecho de no ser un mito inventado sino un discurso verdadero es algo muy grande? Pues,¿ cómo y de dónde encontraríamos otros dejando estos? No es posible, sino que con buena suerte debéis hablar vosotros, y yo, en lugar de los discursos de ayer, ahora, estando en silencio, escuchar a cambio. CRIT. Observa, pues, la disposición de los dones de hospitalidad para ti, Sócrates, como la hemos dispuesto. Pues nos pareció que Timeo, siendo el más astrónomo de nosotros y habiendo hecho el mayor trabajo en saber sobre la naturaleza del todo, hablara primero comenzando desde la generación del cosmos, y terminara en la naturaleza de los hombres; y yo después de este, como habiendo recibido de este a los hombres que han llegado a ser por el discurso, y habiendo sido educados extraordinariamente por ti algunos de ellos, y habiendo introducido a los que, según el discurso y la ley de Solón, como si nos hiciera jueces, ciudadanos de esta ciudad como si fueran los atenienses de entonces, a quienes la fama de los escritos sagrados reveló que estaban ocultos, y que el resto de los discursos se hicieran como sobre ciudadanos y atenienses que ya son. SÓC. Perfecta y brillantemente parece que voy a recibir a cambio el banquete de los discursos. Tu tarea, pues, sería hablar, Timeo, lo que sigue, al parecer, habiendo llamado a los dioses según la ley. TIM. Pero, Sócrates, esto ciertamente todos los que participan aunque sea un poco de sensatez, en todo comienzo de cualquier asunto, pequeño o grande, siempre llaman a un dios; y nosotros, que estamos a punto de hacer discursos sobre el todo, cómo ha llegado a ser o si es ingénito, si no nos desviamos totalmente, es necesario, invocando a dioses y diosas, orar para que todo sea dicho según el pensamiento de ellos sobre todo, y consecuentemente según el nuestro. Y lo relativo a los dioses quede invocado así; lo nuestro debe ser invocado de modo que vosotros aprendáis más fácilmente, y yo, de modo que pueda mostrar mejor lo que pienso sobre lo propuesto.
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TIM. Es, pues, según mi opinión, necesario distinguir primero esto:¿ qué es lo que es siempre, y no tiene generación, y qué es lo que llega a ser siempre, pero no es nunca? Lo uno, pues, es abarcable por el pensamiento con el discurso, siendo siempre igual a sí mismo, lo otro, a su vez, es opinable por la opinión con la sensación irracional, llegando a ser y pereciendo, pero no siendo nunca realmente. Y todo lo que llega a ser, llega a ser necesariamente por alguna causa; pues es imposible para todo tener generación sin causa. Por tanto, de lo que el creador, mirando siempre a lo que es igual a sí mismo, usando tal modelo, realiza la idea y la fuerza de él, es necesario que todo lo que se realiza así sea hermoso; pero de lo que se realiza mirando a lo que ha llegado a ser, usando un modelo generado, no es hermoso. Todo el cielo— o cosmos o cualquier otro nombre que pudiera recibir, que este sea el nuestro—, hay que considerar, pues, sobre él primero, lo que está supuesto que hay que considerar sobre todo al principio, si fue siempre, teniendo un principio de generación, o si ha llegado a ser, habiendo comenzado desde algún principio. Ha llegado a ser; pues es visible y tangible y tiene cuerpo, y todas estas cosas son sensibles, y las sensibles, abarcables por la opinión con la sensación, aparecieron como llegando a ser y generadas. Y a lo que ha llegado a ser, decimos que es necesario que haya llegado a ser por alguna causa.
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TIM. Encontrar, pues, al creador y padre de este todo es una tarea, y habiéndolo encontrado, es imposible decirlo a todos; pero hay que considerar de nuevo sobre él, hacia cuál de los modelos el que lo fabricaba lo realizaba, hacia el que es igual a sí mismo y de la misma manera, o hacia el que ha llegado a ser. Si, pues, este cosmos es hermoso y el creador es bueno, es evidente que miraba hacia lo eterno; pero si lo que ni siquiera es lícito decir a nadie, hacia lo que ha llegado a ser. Es claro para todos que hacia lo eterno; pues es el más hermoso de los generados, y él es el mejor de las causas. Así, pues, habiendo llegado a ser, ha sido creado mirando hacia lo abarcable por el discurso y el pensamiento y que es igual a sí mismo; y existiendo esto, es toda necesidad que este cosmos sea imagen de algo. Es, pues, lo más grande comenzar todo según la naturaleza por un principio. Así, pues, hay que definir sobre la imagen y sobre el modelo de ella, que los discursos, de los cuales son intérpretes, son también parientes de ellos mismos; los del permanente y firme y manifiesto con el pensamiento, son permanentes e inmutables— en cuanto es posible y conviene que los discursos sean irrefutables e invencibles, de esto no hay que dejar nada—, y los del que ha sido asimilado a aquel, siendo imagen, son verosímiles y según la razón de aquellos; pues lo que es la esencia para la generación, eso es la verdad para la creencia. Si, pues, Sócrates, sobre muchas cosas de muchos, de dioses y de la generación del todo, no somos capaces de rendir discursos en todo y por todo consistentes consigo mismos y precisos, no te maravilles; sino que si rendimos los que no son menos verosímiles que nadie, hay que estar satisfechos, recordando que el que habla, yo, y vosotros los jueces, tenemos naturaleza humana, de modo que, aceptando el mito verosímil sobre esto, conviene no buscar nada más allá de esto. SÓC. Muy bien, Timeo, hay que aceptarlo absolutamente como ordenas; el prólogo, pues, lo hemos aceptado maravillosamente de ti, termina ahora la ley para nosotros a continuación. TIM. Digamos, pues, por qué causa el que lo compone compuso la generación y todo esto. Era bueno, y en el bueno no surge nunca envidia sobre nada; estando fuera de esto, quiso que todo fuera lo más posible semejante a sí mismo.
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Esta es, pues, la causa más soberana del nacimiento y del cosmos que uno, al aceptarla de hombres sensatos, aceptaría con mayor rectitud. Pues el dios, queriendo que todas las cosas fueran buenas y nada malo en la medida de lo posible, tomó todo lo que era visible, que no estaba en reposo sino moviéndose de manera desordenada y caótica, y lo llevó del desorden al orden, considerando que aquello era en todo sentido mejor que esto. Y no era ni es lícito que el mejor haga otra cosa que lo más bello. Por tanto, al razonar, descubrió que, de las cosas visibles por naturaleza, ninguna obra carente de inteligencia sería jamás más bella que la que posee inteligencia en su totalidad, y que, a su vez, es imposible que la inteligencia se dé en alguien sin alma. Debido a este razonamiento, al constituir la inteligencia en el alma y el alma en el cuerpo, construyó el todo, para que fuera una obra por naturaleza lo más bella y excelente posible. Así pues, según el razonamiento verosímil, debemos decir que este cosmos ha llegado a ser un ser vivo dotado de alma e inteligencia en verdad, gracias a la providencia del dios. Siendo esto así, debemos decir a continuación a qué animal lo asemejó el que lo constituyó. No lo consideremos digno de ninguno de los que existen en forma parcial— pues nada que se asemeje a lo incompleto podría ser bello jamás—, sino que establezcamos que es el más semejante de todos a aquel del cual los demás animales son partes, tanto individualmente como por géneros. Pues aquel contiene en sí mismo todos los animales inteligibles, tal como este cosmos nos contiene a nosotros y a todos los demás seres visibles que han sido constituidos.
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Pues el dios, queriendo asemejarlo lo más posible al más bello y en todo sentido perfecto de los seres inteligibles, lo constituyó como un único ser vivo visible, que contiene dentro de sí a todos los animales que por naturaleza le son afines.¿ Hemos, pues, llamado correctamente a un solo cielo, o habría sido más correcto decir que hay muchos e infinitos? Uno, si es que ha de haber sido creado según el modelo. Pues lo que contiene todos los seres inteligibles no podría ser jamás un segundo junto a otro; pues, de ser así, tendría que haber otro animal que los abarcara a ambos, del cual aquellos serían partes, y ya no se diría con más propiedad que este está asimilado a aquellos, sino a aquel que los contiene. Por tanto, para que este sea, en su unicidad, semejante al ser vivo perfecto, el creador no hizo dos ni infinitos mundos, sino que este cielo único, engendrado, es y seguirá siendo. Y lo que ha llegado a ser debe ser corpóreo, visible y tangible; pero nada podría ser visible sin fuego, ni tangible sin algo sólido, ni sólido sin tierra; de donde el dios, al comenzar a constituir el cuerpo del todo, lo hacía de fuego y tierra. Pero es imposible que dos cosas se constituyan bien sin una tercera; pues es necesario que haya un vínculo en medio que una a ambas. Y el más bello de los vínculos es aquel que hace de sí mismo y de lo que une una unidad lo más perfecta posible, y esto es lo que la analogía realiza de la manera más bella.
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Pues cuando de tres números, ya sean volúmenes o potencias, el medio es tal que lo que el primero es respecto a él, eso mismo es él respecto al último, y a su vez, lo que el último es respecto al medio, el medio es respecto al primero, entonces, al convertirse el medio en primero y último, y el último y el primero en medios ambos, sucederá por necesidad que todos sean lo mismo, y al ser lo mismo entre sí, todos serán uno. Si el cuerpo del todo hubiera tenido que ser plano, sin profundidad, una sola media proporcional habría bastado para unir lo que está con ella y a sí misma; pero, como era necesario que fuera sólido, y los sólidos nunca son unidos por una sola, sino siempre por dos medias proporcionales, el dios puso agua y aire en medio de fuego y tierra, y los hizo, en la medida de lo posible, en la misma proporción entre sí, de modo que lo que el fuego es respecto al aire, el aire lo es respecto al agua, y lo que el aire es respecto al agua, el agua lo es respecto a la tierra, y así unió y constituyó un cielo visible y tangible. Y por estas razones, y a partir de estos elementos, que son cuatro en número, el cuerpo del cosmos nació en concordancia por analogía, y obtuvo de ellos amistad, de modo que, al unirse en sí mismo, se volvió indisoluble por cualquier otro excepto por aquel que lo unió. La constitución del cosmos tomó cada uno de los cuatro como un todo. Pues el que lo constituyó lo formó de todo el fuego, el agua, el aire y la tierra, sin dejar fuera ninguna parte ni potencia de ninguno, pensando en esto: primero, para que fuera un ser vivo lo más completo posible a partir de partes completas,
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además de esto, uno, puesto que no quedaba nada de lo cual pudiera surgir otro igual, y además para que fuera libre de vejez y enfermedad, considerando que, en un cuerpo constituido, las cosas calientes y frías y todas las que tienen potencias fuertes, al rodearlo desde fuera y chocar inoportunamente, lo disuelven y, al traer enfermedades y vejez, lo hacen marchitar. Por esta causa y este razonamiento, lo construyó como un todo único, completo a partir de todos los elementos, libre de vejez y enfermedad. Le dio la forma adecuada y afín. Para el ser vivo que iba a contener en sí mismo todos los animales, la forma adecuada sería la que abarca en sí misma todas las formas; por eso lo torneó esférico, equidistante desde el centro en todas direcciones hacia los extremos, circular, la más perfecta de todas las formas y la más semejante a sí misma, considerando que lo semejante es infinitamente más bello que lo desemejante. Y lo pulió todo alrededor por fuera por muchas razones. Pues no necesitaba ojos, ya que no quedaba nada visible fuera, ni oídos, pues tampoco había nada audible; no había aire alrededor que necesitara respiración, ni tampoco necesitaba ningún órgano con el cual recibir alimento hacia sí mismo, ni enviar fuera lo que ya había sido digerido. Pues nada salía ni entraba en él desde ninguna parte— pues no había nada—; pues se ha hecho por arte de modo que él mismo se proporciona alimento con su propia descomposición y todo lo padece y hace en sí mismo y por sí mismo; pues el que lo compuso consideró que sería mejor siendo autosuficiente que necesitado de otros. Y no creyó necesario añadirle manos, con las cuales no había necesidad de tomar ni de defenderse de nada, ni pies, ni en absoluto el servicio relacionado con el desplazamiento.
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Pues le asignó el movimiento propio de su cuerpo, el de los siete que es el más relacionado con la inteligencia y la prudencia; por eso, al hacerlo girar en el mismo lugar, sobre sí mismo y en sí mismo, lo hizo moverse en círculo, y eliminó los otros seis movimientos y lo hizo libre de sus errores. Y para este giro, como no necesitaba pies, lo engendró sin piernas y sin pies. Todo este razonamiento del dios sobre el dios que iba a ser en algún momento, al razonar, hizo un cuerpo liso y uniforme, en todas partes equidistante desde el centro, y un todo completo a partir de cuerpos completos; y al poner el alma en su centro, la extendió por todo y además cubrió el cuerpo con ella por fuera, y estableció un cielo único, solitario, que gira en círculo, capaz por su virtud de convivir consigo mismo y no necesitado de ningún otro, y suficientemente conocido y amigo de sí mismo. Por todas estas razones, engendró un dios feliz. Pero el dios no planeó el alma como ahora intentamos decir que es posterior, más joven— pues no habría permitido que lo más viejo fuera gobernado por lo más joven al unirlos—, sino que nosotros, participando mucho de lo que ocurre y del azar, hablamos de esta manera, pero él constituyó el alma como anterior y más vieja que el cuerpo, tanto en nacimiento como en virtud, como señora y gobernante de lo que ha de ser gobernado, a partir de estos elementos y de tal manera.
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De la esencia indivisible y que siempre se mantiene igual, y de la que, a su vez, llega a ser divisible en torno a los cuerpos, mezcló una tercera forma de esencia en medio, a partir de ambas, de la naturaleza de lo mismo y de la de lo otro, y la constituyó de la misma manera en medio de lo indivisible de ellas y de lo divisible según los cuerpos; y al tomar estas tres, las mezcló en una sola idea, ajustando por la fuerza la naturaleza de lo otro, que es difícil de mezclar, con lo mismo. Al mezclarla con la esencia y hacer una sola a partir de tres, distribuyó de nuevo este todo en tantas partes como era conveniente, cada una mezclada de lo mismo, de lo otro y de la esencia. Y comenzó a dividir de esta manera. Primero tomó una parte del todo, después de esta quitó el doble, la tercera, a su vez, una vez y media la segunda, pero el triple de la primera, la cuarta el doble de la segunda, la quinta el triple de la tercera, la sexta ocho veces la primera, y la séptima veintisiete veces la primera;
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después de esto, completaba los intervalos dobles y triples, cortando aún más partes de allí y poniéndolas en medio de ellos, de modo que en cada intervalo hubiera dos medias proporcionales, una que supera y es superada por la misma parte de los extremos mismos, y otra que supera y es superada por un número igual. Al haberse formado intervalos hemiolios, epitritos y epogdoos a partir de estos vínculos en los intervalos anteriores, completaba todos los epitritos con el intervalo del epogdo, dejando de cada uno una parte, cuya parte de este intervalo, al tener los términos de número a número, es de doscientos cincuenta y seis a doscientos cuarenta y tres. Y, en efecto, lo mezclado, de donde cortaba esto, ya lo había consumido todo. Por tanto, al dividir toda esta constitución en dos a lo largo, y al unir medio con medio, como una letra ji, la dobló en un círculo, uniéndolas a sí mismas y entre sí en el punto opuesto a la unión, y las envolvió con el movimiento que gira de la misma manera en el mismo lugar, y puso uno de los círculos fuera y otro dentro. Así pues, llamó al movimiento exterior el de la naturaleza de lo mismo, y al interior el de lo otro. El de lo mismo lo hizo girar por el lado hacia la derecha, y el de lo otro por la diagonal hacia la izquierda, y dio el poder al giro de lo mismo y semejante; pues lo dejó como uno solo, indiviso, pero al dividir el interior en seis, hizo siete círculos desiguales según el intervalo doble y triple cada uno, siendo tres de cada uno, y ordenó que los círculos fueran en direcciones opuestas entre sí, y en cuanto a la velocidad, tres de manera semejante, y los otros cuatro de manera desemejante entre sí y a los tres, pero moviéndose en proporción. Y cuando toda la constitución del alma hubo sido creada según la inteligencia del que la constituía, después de esto construyó todo lo corpóreo dentro de ella y, al unir centro con centro, lo ajustó; y ella, al haberse entrelazado desde el centro hasta el cielo extremo en todas partes y al haberlo cubierto por fuera en círculo, girando ella misma en sí misma, comenzó un principio divino de vida incesante y prudente por todo el tiempo.
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Y el cuerpo del cielo ha llegado a ser visible, pero ella, el alma, invisible, participando de la inteligencia y la armonía, la mejor de las cosas engendradas por el mejor de los seres, siendo siempre de los inteligibles. Puesto que, pues, fue mezclada de estas tres partes, de la naturaleza de lo mismo, de la de lo otro y de la esencia, y fue dividida y unida según proporción, y ella misma se mueve en círculo hacia sí misma, cuando toca algo que tiene una esencia dispersa y cuando toca lo indivisible, dice, moviéndose a través de todo su ser, a qué es idéntico algo y de qué es diferente, y respecto a qué, dónde, cómo y cuándo sucede que las cosas que llegan a ser son y padecen respecto a cada una, y respecto a las que se mantienen siempre de la misma manera. Y el razonamiento que, siendo verdadero según lo mismo, se da tanto sobre lo que es otro como sobre lo que es lo mismo, al ser llevado en lo que se mueve por sí mismo sin voz ni sonido, cuando ocurre sobre lo sensible y el círculo de lo otro, yendo recto, lo anuncia a toda su alma, se producen opiniones y creencias firmes y verdaderas, y cuando, a su vez, es sobre lo racional y el círculo de lo mismo, siendo de buen giro, lo manifiesta, se produce necesariamente inteligencia y ciencia; y si alguien dice que esto en lo que se producen estas cosas es otra cosa que el alma, dirá cualquier cosa menos la verdad. Y cuando el padre que lo engendró comprendió que este ser vivo, al moverse y vivir, se había convertido en una imagen de los dioses eternos, se admiró y, alegrándose, planeó hacerlo aún más semejante al modelo. Así pues, tal como aquel resulta ser un ser vivo eterno, también intentó hacer este todo de tal manera en la medida de lo posible. La naturaleza del ser vivo, pues, resultaba ser eterna, y esto no era posible atribuírselo totalmente a lo engendrado; pero planeó hacer una imagen móvil de la eternidad, y al ordenar el cielo, hace una imagen eterna, que avanza según el número, de la eternidad que permanece en uno, a la cual hemos llamado tiempo. Pues los días, las noches, los meses y los años, que no existían antes de que el cielo naciera, entonces, al mismo tiempo que él se constituía, planea su nacimiento; y todas estas son partes del tiempo, y el' era' y el' será' son formas del tiempo que han llegado a ser, las cuales, al aplicarlas erróneamente, no nos damos cuenta de que no pertenecen a la esencia eterna.
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Pues decimos que' era',' es' y' será', pero al que es, según el razonamiento verdadero, solo le corresponde el' es', mientras que el' era' y el' será' deben decirse sobre el nacimiento que avanza en el tiempo— pues son movimientos, y al que siempre se mantiene igual de la misma manera no le corresponde llegar a ser más viejo ni más joven a través del tiempo, ni haber llegado a ser alguna vez, ni haber sido, ni ser en el futuro, y en absoluto nada de lo que el nacimiento ha atribuido a las cosas que se mueven en la percepción, sino que estas han llegado a ser formas del tiempo que imita a la eternidad y gira según el número— y además de esto, tales cosas como que lo que ha llegado a ser es lo que ha llegado a ser, y lo que llega a ser es lo que llega a ser, y además que lo que llegará a ser es lo que llegará a ser, y que lo que no es es lo que no es, de las cuales no decimos nada preciso. Sobre estas cosas, pues, quizás no sea el momento adecuado para hablar con precisión en el presente. El tiempo, pues, ha nacido con el cielo, para que, al haber nacido juntos, también se disuelvan juntos, si alguna vez ocurre alguna disolución de ellos, y según el modelo de la naturaleza eterna, para que sea lo más semejante posible a él; pues el modelo es todo el tiempo, y este, a su vez, a través de todo el tiempo, ha nacido, es y será. Por tanto, a partir de tal razonamiento y pensamiento del dios sobre el nacimiento del tiempo, para que el tiempo nazca, el sol, la luna y otros cinco astros, llamados planetas, han nacido para la determinación y custodia de los números del tiempo; y el dios, al hacer los cuerpos de cada uno de ellos, los puso en los giros que recorría el giro de lo otro, siendo siete y siete, la luna en el primero en torno a la tierra, el sol en el segundo sobre la tierra, y el lucero de la mañana y el llamado sagrado de Hermes en los círculos que van con la misma velocidad que el sol, pero que han obtenido la potencia contraria a él; de donde el sol, el de Hermes y el lucero de la mañana se alcanzan y son alcanzados de la misma manera entre sí. Los demás, dónde y por qué causas los estableció, si alguien los recorriera todos, el razonamiento, siendo secundario, causaría más trabajo del que se pretende. Estas cosas, pues, quizás podrían obtener en otro momento, con calma, la narración que merecen;
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y puesto que cada uno de los que debían colaborar en el tiempo llegó al giro adecuado para sí mismo, y los cuerpos, al ser atados con vínculos dotados de alma, nacieron como seres vivos y aprendieron lo ordenado, según el giro de lo otro, que es oblicuo, al ser recorrido y dominado por el giro de lo mismo, unos recorrían un círculo mayor y otros uno menor, los que recorrían el menor más rápido, y los que el mayor más lento. Por el giro de lo mismo, los que recorrían más rápido parecían ser alcanzados por los que iban más lento; pues al hacer girar todos sus círculos en espiral debido a que avanzan simultáneamente en dos direcciones contrarias, el que se aleja más lentamente de sí mismo, siendo el más rápido, lo hacía parecer el más cercano. Y para que hubiera una medida clara entre sí de lentitud y rapidez y para que las ocho revoluciones se movieran, el dios encendió una luz en la segunda de las revoluciones desde la tierra, a la que ahora hemos llamado sol, para que brillara lo más posible sobre todo el cielo y los seres vivos participaran del número, cuantos debían, al aprenderlo del giro de lo mismo y semejante. La noche y el día, pues, han nacido así y por estas razones, el periodo de la única y más prudente revolución; el mes, cuando la luna, al recorrer su propio círculo, alcanza al sol, y el año, cuando el sol recorre su propio círculo. Los hombres, excepto unos pocos de la mayoría, al no haber comprendido los periodos de los demás, ni los nombran ni los miden entre sí observándolos con números, de modo que, por así decirlo, no saben que el tiempo es el movimiento de estos errantes, que usan un número incalculable y están maravillosamente adornados; sin embargo, no es menos posible comprender que el número perfecto del tiempo completa el año perfecto entonces, cuando las velocidades de todas las ocho revoluciones, al haberse completado entre sí, tienen su cabeza medida por el círculo del que va de la misma manera y semejante. Según esto y por estas razones nacieron todos los astros que, al avanzar por el cielo, tuvieron cambios, para que este sea lo más semejante posible al ser vivo perfecto e inteligible para la imitación de la naturaleza eterna. Y las demás cosas ya habían sido terminadas hasta el nacimiento del tiempo para la semejanza a aquello a lo que se asemejaba, pero el hecho de no haber contenido aún todos los seres vivos nacidos dentro de sí, en esto aún era desemejante. Esto, pues, lo que quedaba, lo terminaba al modelar su naturaleza según la del modelo. Por tanto, tal como la inteligencia contempla las ideas que existen en el ser vivo que es, cuáles y cuántas son, pensó que este también debía tener tales y tantas.
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Son, pues, cuatro: una, el género divino de los celestiales, otra, el alado y viajero del aire, la tercera, la especie acuática, y la cuarta, la terrestre y caminante. Del divino, pues, terminó la mayor parte de la idea a partir del fuego, para que fuera lo más brillante y bello de ver, y al asemejarlo al todo lo hizo bien circular, y lo pone en la inteligencia del mejor, siguiéndolo, al distribuirlo por todo el cielo en círculo, para que sea un cosmos verdadero adornado para él en su totalidad. Y le asignó dos movimientos a cada uno, uno en el mismo lugar y de la misma manera, al pensar siempre lo mismo sobre las mismas cosas, y otro hacia adelante, al ser dominado por el giro de lo mismo y semejante; pero los otros cinco movimientos los dejó inmóviles y quietos, para que cada uno de ellos fuera lo mejor posible. Por esta causa, pues, han nacido todos los astros errantes que, siendo seres vivos divinos y eternos, permanecen siempre girando de la misma manera en el mismo lugar; pero los que cambian y tienen tal errancia, como se dijo anteriormente, han nacido según aquellos. Y la tierra, nutricia nuestra, que se mueve en torno al polo extendido a través de todo, la planeó como guardiana y creadora de la noche y el día, la primera y más vieja de los dioses que han nacido dentro del cielo. Pero hablar de las danzas de estos mismos y de sus comparaciones entre sí, y sobre las retrogradaciones y avances de los círculos hacia sí mismos, y en qué conjunciones cuáles de los dioses, al ponerse unos frente a otros, y cuántos están opuestos, y después de quiénes, delante de quiénes y en qué tiempos cada uno es ocultado y al aparecer de nuevo envían miedos y señales de las cosas que sucederán a los que no pueden razonar, hablar sin ver estas imitaciones sería un trabajo vano; pero que estas cosas, pues, y lo dicho sobre la naturaleza de los dioses visibles y engendrados, tengan aquí su fin. Sobre los demás demonios, decir y conocer su nacimiento es mayor que nuestras fuerzas, y debemos creer a los que han hablado antes, siendo descendientes de dioses, como dijeron, y conociendo seguramente a sus propios antepasados; es imposible, pues, no creer a los hijos de los dioses, aunque hablen sin demostraciones verosímiles y necesarias, sino que, como dicen anunciar cosas familiares, debemos creerles siguiendo la ley.
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Así pues, según ellos, que nuestra generación sobre estos dioses sea y se diga así. De la Tierra y el Cielo nacieron Océano y Tetis, y de estos Forcis, Cronos y Rea y los que están con ellos, y de Cronos y Rea, Zeus, Hera y todos los que conocemos como sus hermanos llamados, y además de estos otros descendientes; y puesto que todos los dioses, tanto los que circulan visiblemente como los que aparecen cuando quieren, tuvieron nacimiento, el que engendró este todo les dice esto:' Dioses de dioses, de los cuales yo soy creador y padre de las obras, las cosas que han nacido por mí son indisolubles si yo no quiero. Todo lo que ha sido atado es disoluble, pero querer disolver lo que ha sido bien ajustado y está bien es propio de un malvado; por lo cual, puesto que habéis nacido, no sois inmortales ni totalmente indisolubles, pero ciertamente no seréis disueltos ni obtendréis la suerte de la muerte, habiendo obtenido mi voluntad como un vínculo aún mayor y más soberano que aquellos con los que fuisteis atados cuando nacisteis. Ahora, pues, aprended lo que os digo al mostrarlo. Quedan tres géneros mortales aún no nacidos; y si estos no nacen, el cielo será incompleto; pues no tendrá en sí mismo todos los géneros de seres vivos, y debe tenerlos si ha de ser suficientemente completo. Pero si nacen por mí y participan de la vida, se igualarían a los dioses; para que, pues, sean mortales y este todo sea verdaderamente todo, volveos según vuestra naturaleza a la creación de los seres vivos, imitando mi potencia en vuestra generación. Y en cuanto a lo que de ellos deba ser homónimo a los inmortales, llamado divino y que gobierne en ellos a los que siempre quieren seguir la justicia y a vosotros, al sembrarlo y comenzarlo, yo lo entregaré; lo demás, vosotros, al entretejer lo mortal con lo inmortal, cread seres vivos y engendrad, y al darles alimento, hacedlos crecer y recibidlos de nuevo cuando se marchiten'. Dijo esto, y de nuevo en la crátera anterior, en la que mezclaba el alma del todo, vertía los restos de los anteriores, mezclándolos de alguna manera de la misma forma, pero ya no puros de la misma manera, sino segundos y terceros. Y al constituir el todo, dividió almas en igual número que los astros, y asignó cada una a cada uno, y al subirlas como a un carro, mostró la naturaleza del todo, y les dijo las leyes destinadas, que la primera generación sería una sola ordenada para todos, para que nadie fuera disminuido por él, y que debían, al ser sembradas en los órganos de los tiempos adecuados para cada una, nacer como el ser vivo más temeroso de los dioses, y siendo doble la naturaleza humana, el género superior sería aquel que después sería llamado hombre.
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Cuando, pues, fueran implantadas en cuerpos por necesidad, y algo entrara y algo saliera de su cuerpo, primero sería necesario que una sola percepción, innata a partir de padecimientos violentos, naciera en todos, y segundo, un amor mezclado con placer y dolor, y además de esto, miedo y cólera, y todas las cosas que los siguen y cuantas por naturaleza están separadas de manera contraria; de las cuales, si las dominaran, vivirían con justicia, pero si fueran dominadas, con injusticia. Y el que haya vivido bien el tiempo adecuado, al ir de nuevo a la morada del astro que le corresponde, tendrá una vida feliz y habitual, pero el que haya fallado en esto, se transformará en la naturaleza de una mujer en la segunda generación; y al no cesar en estos males, de la manera en que se corrompiera, según la semejanza del nacimiento de su carácter, se transformará siempre en alguna naturaleza animal semejante, y al cambiar, no cesará de sus trabajos antes de que, al ser arrastrado por el giro de lo mismo y semejante que está en él, al dominar con la razón la gran multitud y la que se adhirió después a partir de fuego, agua, aire y tierra, que es ruidosa e irracional, llegue a la forma de la primera y mejor disposición. Al haber establecido todas estas leyes para ellos, para que él fuera inocente de la maldad futura de cada uno, sembró a unos en la tierra, a otros en la luna, y a otros en los demás órganos del tiempo; y después de la siembra, entregó a los dioses jóvenes la tarea de moldear cuerpos mortales, y todo lo que quedaba por añadir del alma humana, y al terminar todo lo que sigue a aquello, gobernar, y en la medida de lo posible, gobernar al ser vivo mortal de la manera más bella y excelente, para que no se convierta en causa de males para sí mismo. Y él, al haber ordenado todas estas cosas, permanecía en su carácter habitual;
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pero los hijos, al comprender la orden del padre, la obedecían, y al tomar el principio inmortal del ser vivo mortal, imitando a su propio creador, al tomar prestadas partes de fuego, tierra, agua y aire del cosmos como si fueran a ser devueltas de nuevo, las pegaban en lo mismo, no con los vínculos indisolubles con los que ellos mismos estaban unidos, sino al fundirlas con clavos densos e invisibles por su pequeñez, al hacer de todo un solo cuerpo cada uno, ataban los giros del alma inmortal en un cuerpo que fluye y se desprende. Y ellas, al ser atadas en un gran río, ni dominaban ni eran dominadas, sino que eran llevadas por la fuerza y llevaban, de modo que todo el ser vivo se movía, pero avanzaba de manera desordenada y sin razón, al tener los seis movimientos; pues avanzaban errantes hacia adelante y hacia atrás, y de nuevo hacia la derecha y la izquierda, hacia abajo y hacia arriba, y en todas partes según los seis lugares. Pues siendo grande la ola que inundaba y se desprendía, que proporcionaba el alimento, los padecimientos de las cosas que chocaban contra cada uno causaban un ruido aún mayor, cuando el cuerpo de alguien chocaba con fuego al encontrarse con algo extraño desde fuera, o con un sólido sólido de tierra, o con resbaladizos flujos de aguas, o si era atrapado por la tempestad de vientos llevados por el aire, y por todas estas cosas los movimientos, al ser llevados a través del cuerpo, chocaban contra el alma; las cuales, pues, después de esto fueron llamadas y aún ahora son llamadas todas las percepciones. Y, en efecto, entonces, en el presente, al causar el mayor y más grande movimiento, al mover y sacudir violentamente los giros del alma junto con el cauce que fluye constantemente, ataron por completo el de lo mismo al fluir de manera contraria a él y lo detuvieron al gobernar y avanzar, y sacudieron el de lo otro, de modo que todas las tres distancias del doble y el triple, y las medias proporcionales y vínculos de los hemiolios, epitritos y epogdoos, puesto que no eran totalmente disolubles excepto por el que los unió, giraron todos los giros y causaron todas las fracturas y corrupciones de los círculos, de todas las maneras posibles, de modo que, al estar apenas unidos entre sí, se movían, pero se movían sin razón, a veces hacia direcciones contrarias, otras veces oblicuas, otras veces invertidas; como cuando alguien, al estar invertido y apoyar la cabeza en la tierra y poner los pies hacia arriba, los tiene frente a algo, entonces, en este padecimiento, tanto del que lo padece como de los que ven, lo derecho parece izquierdo y lo izquierdo derecho para ambos.
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TI. Este mismo y otros semejantes, al sufrir violentamente las revoluciones, cuando se encuentran con algo de lo que está fuera, ya sea del género de lo idéntico o de lo otro, entonces, al proclamar como verdaderas las cosas contrarias a la verdad, se vuelven falsos y carentes de razón, y no hay en ellos entonces ningún período que gobierne o dirija; pero aquellos a quienes ciertas sensaciones que vienen de fuera, al caer sobre ellos, arrastran consigo todo el receptáculo del alma, entonces, al ser dominados, parecen dominar. Y debido a todas estas afecciones, el alma se vuelve insensata al principio, cuando es atada a un cuerpo mortal. Pero cuando la corriente de crecimiento y nutrición se vuelve menor, y los períodos, al recuperar la calma, siguen su propio camino y se estabilizan más a medida que pasa el tiempo, entonces, al enderezarse los círculos hacia la forma que les es natural, al proclamar correctamente lo otro y lo idéntico, hacen que quien los posee se vuelva sensato. Si, además, se añade una correcta nutrición de la educación, se vuelve íntegro y completamente sano, habiendo evitado la mayor de las enfermedades; pero si se descuida, al recorrer una vida coja, llega de nuevo al Hades incompleto e insensato. Esto, sin embargo, sucede más tarde; pero sobre lo que se ha propuesto ahora, es necesario tratar con mayor precisión, y sobre lo anterior, acerca de los cuerpos según las partes de la generación y sobre el alma, por qué causas y providencia han sido creados, aferrándonos a lo más verosímil y procediendo de acuerdo con esto, debemos tratarlo. Así pues, los períodos divinos, siendo dos, imitándolos la forma del todo que es esférica, los encerraron en un cuerpo esférico, esto que ahora llamamos cabeza, que es lo más divino y lo que domina todo lo que hay en nosotros; a la cual los dioses, al comprender que participaría de todos los movimientos que habrían de existir, le entregaron todo el cuerpo como servicio. Para que, por tanto, no rodando sobre la tierra, que tiene alturas y profundidades de todo tipo, se viera en apuros para superar unas y salir de otras, le dieron este vehículo y facilidad de movimiento.
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TI. De donde el cuerpo obtuvo longitud, y el dios, al ingeniar la marcha, hizo crecer miembros extensibles y flexibles, con los cuales, al asirse y apoyarse, fue posible avanzar a través de todos los lugares, llevando la morada de lo más divino y sagrado por encima de nosotros. Así pues, las piernas y los brazos se adhirieron a todos por esta razón; y considerando los dioses que la parte delantera es más honorable y principal que la trasera, nos dieron la mayor parte de la marcha por este lado. Era necesario, pues, que el hombre tuviera la parte delantera del cuerpo diferenciada y distinta. Por eso, primero, alrededor del receptáculo de la cabeza, habiendo colocado allí el rostro, le fijaron órganos para toda la providencia del alma, y dispusieron que esta parte, la que participa del mando, fuera la delantera por naturaleza; y de los órganos, primero construyeron ojos portadores de luz, fijándolos con la siguiente causa. Del fuego, la parte que no tenía la propiedad de quemar, sino la de proporcionar una luz suave, propia de cada día, la ingeniaron para que se convirtiera en cuerpo. Pues hicieron que el fuego puro que hay dentro de nosotros, siendo hermano de este, fluyera a través de los ojos, liso y denso en su totalidad, pero especialmente al compactar la parte media de los ojos, de modo que la otra parte, más gruesa, contuviera todo, pero filtrara solo esta parte pura por sí misma. Por tanto, cuando hay luz diurna alrededor de la corriente de la visión, entonces, al salir lo semejante hacia lo semejante, al volverse compacto, se formó un solo cuerpo emparentado a lo largo de la línea recta de los ojos, dondequiera que lo que incide desde dentro se encuentre con lo que se ha unido desde fuera. Al volverse todo de afección semejante por la semejanza, cualquier cosa que toque y cualquier otra cosa que toque a aquella, al transmitir sus movimientos a todo el cuerpo hasta el alma, proporcionó esta sensación que llamamos ver. Pero al llegar la noche, el fuego emparentado se corta; pues al salir hacia lo desemejante, se altera y se extingue, al no volverse ya connatural con el aire cercano, dado que este no tiene fuego. Por tanto, cesa de ver, y además se vuelve inductor del sueño; pues la salvaguarda que los dioses ingeniaron para la visión, la naturaleza de los párpados, cuando estos se cierran, encierra la fuerza del fuego interior, y este disuelve y suaviza los movimientos internos, y al suavizarse, se produce quietud, y al producirse mucha quietud, sobreviene un sueño de breves ensueños.
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TI. Pero al quedar algunos movimientos mayores, tales y en tales lugares como se dejan, tales y tantos fantasmas proporcionaron, al ser asimilados dentro y fuera, recordados al despertar. Y sobre la formación de imágenes en los espejos y todo lo que es brillante y liso, ya no es difícil de ver. Pues por la comunión del fuego interior y exterior entre sí, y al volverse uno alrededor de la lisura en cada caso y ser transformado de muchas maneras, todas estas cosas aparecen necesariamente, al volverse compacto el fuego que está alrededor del rostro con el fuego que está alrededor de la visión, alrededor de lo liso y brillante. Lo derecho aparece a la izquierda, porque el contacto ocurre en las partes contrarias de la visión con las partes contrarias, contra la costumbre establecida de la incidencia; pero lo derecho aparece derecho y lo izquierdo izquierdo, por el contrario, cuando la luz que se compacta con aquello con lo que se compacta cambia de lugar, y esto sucede cuando la lisura de los espejos, al tomar alturas de un lado y de otro, empuja la parte derecha hacia la parte izquierda de la visión y la otra hacia la otra. Al girar a lo largo del rostro, esto mismo hizo que todo pareciera invertido, al empujar lo de abajo hacia arriba de la luz y lo de arriba hacia abajo de nuevo. Todas estas cosas, pues, son de los causas auxiliares de las que el dios se sirve como servidores al realizar la idea de lo mejor en la medida de lo posible; pero la mayoría de la gente opina que no son causas auxiliares, sino causas de todas las cosas, al enfriar y calentar, al compactar y disolver, y al realizar todas esas cosas. Pero no son capaces de tener razón ni inteligencia para nada. Pues de las cosas que existen, a la única a la que le corresponde poseer inteligencia, hay que decir que es el alma— y esto es invisible, mientras que el fuego, el agua, la tierra y el aire se han vuelto todos cuerpos visibles—, y el amante de la inteligencia y la ciencia debe perseguir primero las causas de la naturaleza sensata, y como segundas, aquellas que, siendo movidas por otras, mueven a otras por necesidad. Debemos, pues, hacer lo mismo nosotros; hay que mencionar ambos géneros de causas, pero separando aquellas que, con la inteligencia, son creadoras de cosas bellas y buenas, y aquellas que, privadas de prudencia, producen cada vez lo que sucede al azar y sin orden.
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TI. Que se diga, pues, lo referente a los causas auxiliares de los ojos para poseer la fuerza que ahora han obtenido; pero la mayor obra de ellos para beneficio, por la cual el dios nos los ha regalado, debe decirse después de esto. La visión, según mi razonamiento, se ha convertido en causa del mayor beneficio para nosotros, porque ninguno de los discursos actuales sobre el universo se habría dicho jamás si no hubiéramos visto los astros, ni el sol, ni el cielo. Pero ahora, el día y la noche, al ser vistos, los meses y los períodos de los años, y los equinoccios y los solsticios, han ingeniado el número, y han dado la noción del tiempo y la investigación sobre la naturaleza del universo; de donde hemos obtenido el género de la filosofía, del cual no ha venido ni vendrá jamás un bien mayor regalado por los dioses al género mortal. Digo, pues, que este es el mayor bien de los ojos;¿ y qué cantaríamos de los demás, que son menores, de los cuales el no filósofo, al quedar ciego, se lamentaría en vano? Pero que se diga de nuestra parte esta causa para esto: que el dios nos ha encontrado y regalado la visión, para que, al contemplar los períodos de la inteligencia en el cielo, los usemos para las revoluciones de la inteligencia que hay en nosotros, que son afines a aquellas, aunque perturbadas, y al aprenderlas y participar de la rectitud de los razonamientos según la naturaleza, imitando las revoluciones del dios que son totalmente infalibles, estabilicemos las que en nosotros están errantes. Y sobre la voz y el oído, de nuevo el mismo razonamiento, que han sido regalados por los dioses para lo mismo y por las mismas razones. Pues el discurso ha sido ordenado para esto mismo, contribuyendo con la mayor parte a ello, y todo lo que de la música es útil para el oído por causa de la armonía ha sido dado. La armonía, al tener movimientos afines a los períodos de nuestra alma, ha sido dada por las Musas a quien se sirve de ellas con inteligencia, no para un placer irracional como parece ser ahora, sino como aliada para el ordenamiento y la concordancia consigo mismo del período del alma que en nosotros se ha vuelto inarmónico; y el ritmo, a su vez, ha sido dado por los mismos para lo mismo como auxiliar, debido a la condición desmedida y carente de gracia que se produce en la mayoría de nosotros. Así pues, lo pasado de lo dicho, excepto por poco, ha sido expuesto, las cosas creadas por la inteligencia; pero es necesario exponer también en el discurso las cosas que suceden por necesidad.
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TI. Pues la generación de este mundo nació mezclada, de la necesidad y de la constitución de la inteligencia; y al gobernar la inteligencia a la necesidad al persuadirla de llevar la mayoría de las cosas que nacen hacia lo mejor, de esta manera y por estas causas, al ser vencida la necesidad por la persuasión sensata, así se constituyó al principio este todo. Si alguien, pues, dirá cómo ha nacido realmente según esto, debe mezclar también la especie de causa errante, tal como es su naturaleza llevar; por tanto, hay que retroceder de nuevo, y al tomar otra causa adecuada de estas mismas cosas, de nuevo, tal como sobre las de entonces, ahora sobre estas hay que empezar de nuevo desde el principio. Pues hay que contemplar la naturaleza del fuego, del agua, del aire y de la tierra antes de la generación del cielo, y las afecciones anteriores a esto; pues ahora nadie ha revelado aún su generación, sino que, como si supiéramos qué es el fuego y cada uno de ellos, los llamamos principios y elementos del todo, cuando no sería razonable que fueran comparados ni siquiera con las formas de las sílabas por alguien que tuviera un poco de juicio. Pero ahora, que lo nuestro sea así: sobre la causa o las causas de todas las cosas, o como parezca, sobre esto no hay que hablar ahora, no por otra razón, sino por la dificultad de explicar las opiniones de acuerdo con el modo actual de exposición, así que ni ustedes crean que debo decirlo, ni yo mismo sería capaz de persuadirme de que intentaría correctamente emprender una tarea tan grande; pero manteniendo lo dicho al principio, la fuerza de los discursos verosímiles, intentaré decir cosas no menos verosímiles, o mejor aún, desde el principio sobre cada una y sobre todas. Invocando de nuevo al dios al principio de lo dicho para que nos salve de una narración extraña y desacostumbrada hacia la doctrina de lo verosímil, empecemos a hablar de nuevo. Que la nueva base sobre el universo sea dividida más ampliamente que la anterior; pues entonces distinguimos dos especies, ahora debemos revelar otro tercer género.
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TI. Pues las dos eran suficientes para lo dicho anteriormente, una propuesta como especie de modelo, inteligible y siempre siendo según lo mismo, y una segunda, imitación del modelo, que tiene generación y es visible. La tercera, entonces, no la distinguimos, pensando que las dos serían suficientes; pero ahora el discurso parece obligar a intentar mostrar una especie difícil y oscura.¿ Qué fuerza y naturaleza, pues, hay que suponer que tiene? Tal como esta: que es receptáculo de toda generación, como una nodriza. Se ha dicho la verdad, pero es necesario hablar más claramente sobre ella, y es difícil, especialmente porque es necesario haber dudado antes sobre el fuego y las cosas con el fuego por causa de esto; pues decir de cada una de estas qué es realmente agua más que fuego, y qué es cualquier cosa más que todas y cada una, de modo que se use un discurso confiable y firme, es difícil.¿ Cómo, pues, y de qué manera y qué podríamos decir al dudar verosímilmente sobre ellas? Primero, lo que ahora hemos llamado agua, al compactarse, vemos que se vuelve piedras y tierra, y al derretirse y disolverse, esto mismo se vuelve espíritu y aire, y al quemarse el aire, fuego, y a la inversa, al reunirse y extinguirse el fuego y volver a la idea de aire, y de nuevo el aire al reunirse y compactarse, nube y niebla, y de estas, al compactarse aún más, fluye agua, y del agua, tierra y piedras de nuevo, un círculo que así se transmite entre sí, como parece, la generación. Así pues, al no aparecer nunca cada una de estas como las mismas,¿ quién no se avergonzaría de sí mismo al afirmar firmemente que alguna de ellas es esto y no otra cosa? No existe, sino que es más seguro hablar de ellas de esta manera: siempre lo que vemos que se vuelve de una manera u otra, como el fuego, no llamarlo esto, sino lo tal en cada caso fuego, ni esto agua, sino lo tal siempre, ni ninguna otra cosa como si tuviera alguna firmeza, todas las cosas que, al mostrar con el término esto y aquello, creemos que indicamos algo; pues huye sin esperar la frase de esto y aquello y la que indica que son permanentes como si fueran seres. Pero no decir cada una de estas, sino llamar así a lo tal que siempre circula, semejante sobre cada una y sobre todas, y ciertamente también el fuego, lo que es tal a través de todo, y todo lo que tenga generación;
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TI. Pero en lo que siempre nacen cada una de ellas y aparecen y de nuevo perecen desde allí, solo a aquello llamar usando el nombre de esto y aquello, pero lo que es de cualquier tipo, caliente o blanco o cualquier cosa de los contrarios, y todas las cosas que son de estos, no llamar a aquello nada de esto. Y es necesario esforzarse por hablar de ello aún más claramente de nuevo. Pues si alguien, habiendo moldeado todas las figuras de oro, no dejara de remodelar cada una en todas, al mostrar alguien una de ellas y preguntar qué es, sería mucho más seguro para la verdad decir que es oro, pero el triángulo y todas las demás figuras que nacían en él, no decir nunca que son estas, que cambian mientras uno las pone, sino que, si acaso alguien quiere aceptar lo tal con seguridad, contentarse. El mismo razonamiento también sobre la naturaleza que recibe todos los cuerpos. Hay que llamarla siempre lo mismo; pues no se aparta en absoluto de su propia fuerza— pues recibe siempre todas las cosas, y nunca ha tomado forma alguna semejante a ninguna de las que entran en ninguna parte de ninguna manera; pues por naturaleza yace como molde para todo, movida y configurada por las que entran, y aparece por aquellas de una manera u otra—, y las que entran y salen son siempre imitaciones de los seres, impresas a partir de ellos de una manera difícil de explicar y maravillosa, a la que volveremos de nuevo. En el presente, pues, hay que concebir tres géneros, lo que nace, aquello en lo que nace, y aquello de donde, al ser asimilado, nace lo que nace. Y es apropiado comparar lo que recibe con la madre, lo de donde con el padre, y la naturaleza intermedia entre estos con el hijo, y concebir que no de otra manera, si ha de haber un impreso de una forma variada de todas las variedades, esto mismo en lo que se asienta al ser impreso podría estar bien preparado, excepto por ser informe de todas aquellas ideas que habría de recibir de alguna parte. Pues al ser semejante a alguna de las que entran, al recibir las de la naturaleza contraria o las de la naturaleza totalmente distinta cuando llegaran, las asimilaría mal, al mostrar su propia apariencia. Por eso es necesario que lo que ha de recibir todas las cosas esté fuera de todas las especies en sí mismo, tal como alrededor de los ungüentos, los que fabrican con arte los que son fragantes, primero hacen que esto mismo sea, hacen que lo que recibe los líquidos sea lo más inodoro posible para las fragancias; y los que intentan imprimir figuras en algunas de las cosas blandas, no dejan que ninguna figura sea evidente, sino que, al alisar primero, lo hacen lo más liso posible.
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TI. Lo mismo, pues, le corresponde por naturaleza estar fuera de todas las especies a aquel que ha de recibir bien las asimilaciones de todas las cosas que siempre son en todo de sí mismo. Por eso, no llamemos a la madre y receptáculo de lo nacido, visible y totalmente sensible, ni tierra, ni aire, ni fuego, ni agua, ni las cosas que son de estos, ni de las que estos han nacido; sino una especie invisible e informe, que lo recibe todo, y que participa de lo inteligible de una manera muy difícil y es muy difícil de captar, al decir esto no mentiremos. En la medida en que es posible alcanzar su naturaleza a partir de lo dicho anteriormente, alguien diría con mayor rectitud: que el fuego aparece en cada caso como su parte encendida, el agua como la humedecida, y la tierra y el aire en la medida en que recibe imitaciones de estos. Pero debemos considerar sobre ellas definiendo más bien lo tal:¿ existe algún fuego en sí mismo y todas las cosas sobre las que siempre hablamos así, siendo cada una en sí misma, o son estas mismas que vemos, y todas las demás que percibimos a través del cuerpo, las únicas que tienen tal verdad, y no existen otras fuera de estas de ninguna manera, sino que en vano decimos cada vez que hay alguna especie inteligible de cada cosa, y que aquello no era nada más que discurso? No es digno, pues, dejar lo presente sin juzgar y sin decidir, al afirmar firmemente que es así, ni añadir otra tarea al largo discurso; pero si un límite definido grande apareciera a través de breves palabras, esto sería lo más oportuno. Así pues, yo mismo pongo mi voto de esta manera. Si la inteligencia y la opinión verdadera son dos géneros, que existen totalmente en sí mismas estas especies, imperceptibles por nosotros, inteligibles solo; pero si, como a algunos les parece, la opinión verdadera no difiere en nada de la inteligencia, hay que poner todas las cosas que percibimos a través del cuerpo como lo más firme. Hay que decir que son dos, porque han nacido separadas y se comportan de manera desemejante. Pues una de ellas nace en nosotros a través de la enseñanza, la otra a través de la persuasión; y una siempre con discurso verdadero, la otra irracional; y una es inamovible por persuasión, la otra persuadible; y hay que decir que de la una participa todo hombre, pero de la inteligencia los dioses, y del género de los hombres una pequeña parte.
52
TI. Estando así estas cosas, hay que admitir que una es la especie que tiene el mismo estado, ingénita e imperecedera, que no recibe nada de otro lado en sí misma ni ella misma va a otro lugar, invisible y por lo demás imperceptible, esto que la inteligencia ha obtenido para observar; la segunda es la homónima y semejante a aquella, sensible, engendrada, siempre llevada, que nace en algún lugar y de nuevo perece desde allí, captable por la opinión con la sensación; el tercer género es el de la región siempre, que no admite destrucción, que proporciona asiento a todas las cosas que tienen generación, y ella misma es captable sin sensación por algún razonamiento bastardo, difícilmente creíble, hacia la cual soñamos al mirar y decimos que es necesario que todo lo que existe esté en algún lugar y ocupe alguna región, y que lo que no está ni en la tierra ni en algún lugar del cielo no es nada. Todas estas cosas y otras hermanas de estas, sobre la naturaleza que existe sin sueño y verdaderamente, no somos capaces, al despertar, de decir la verdad al distinguirlas, como que para una imagen, puesto que ni siquiera esto mismo para lo que ha nacido es de sí misma, sino que siempre es llevada como fantasma de otra cosa, por esto es necesario que nazca en otra cosa, aferrándose a la esencia de alguna manera, o que no sea nada en absoluto, mientras que para lo que verdaderamente existe, el discurso verdadero que va a través de la precisión es auxiliar, como que mientras una cosa sea una y otra otra, ninguna de las dos, al nacer en la otra, llegará a ser una y la misma y dos a la vez. Que este discurso, pues, calculado por mi voto, sea dado en resumen, que el ser, la región y la generación son tres, tripartitamente, incluso antes de que el cielo naciera; y la nodriza de la generación, al humedecerse y encenderse y al recibir las formas de la tierra y del aire, y al sufrir todas las demás afecciones que acompañan a estas, parece ser de todo tipo al verla, pero debido a que no se llena de fuerzas ni iguales ni equilibradas, no se equilibra en nada de sí misma, sino que, al ser sacudida al balancearse de manera desigual por todas partes, es sacudida por aquellas, y al moverse, a su vez, mueve a aquellas;
53
TI. Y las cosas que se mueven son siempre llevadas a otro lugar al ser separadas, tal como las cosas que son sacudidas y aventadas por los cedazos y los instrumentos para la limpieza del trigo, las cosas densas y pesadas se asientan en otro lugar, y las raras y ligeras van a otro asiento al ser llevadas; entonces, así, los cuatro géneros, al ser sacudidos por el receptáculo, al moverse este mismo como un instrumento que proporciona sacudida, separan las cosas más desemejantes lo más lejos posible de sí mismas, y empujan las más semejantes lo más posible hacia lo mismo, por lo cual estos tienen una región distinta a otra, incluso antes de que el todo sea ordenado a partir de ellos. Y lo anterior a esto tenía todas estas cosas irracional y desmedidamente; pero cuando se intentaba ordenar el todo, el fuego primero, y el agua, y la tierra, y el aire, aunque tenían algunos rastros de sí mismos, estaban totalmente dispuestos como es natural que tenga todo cuando un dios está ausente de algo, así pues, entonces, al ser así por naturaleza, los configuró primero con especies y números. Que el dios, en la medida de lo posible, los constituye de la manera más bella y mejor a partir de cosas que no estaban así, que esto nos sirva como dicho siempre; pero ahora debemos intentar revelar la disposición de cada uno de ellos y su generación con un discurso desacostumbrado para ustedes, pero puesto que participan de los caminos de la educación a través de los cuales es necesario mostrar lo que se dice, me seguirán. Primero, pues, que el fuego, la tierra, el agua y el aire son cuerpos, es claro para cualquiera; pero toda especie de cuerpo tiene también profundidad. Y toda profundidad tiene necesariamente que haber abarcado la naturaleza plana; y la base recta de la plana está constituida de triángulos. Y todos los triángulos comienzan de dos triángulos, teniendo cada uno un ángulo recto y los agudos; de los cuales uno tiene por ambos lados partes de un ángulo recto divididas por lados iguales, y el otro partes desiguales divididas por lados desiguales. Esta, pues, suponemos que es el principio del fuego y de los otros cuerpos, al proceder según el discurso verosímil con la necesidad; pero los principios aún más altos de estos los conoce el dios y aquel de los hombres que sea amigo de él. Es necesario decir qué cuerpos serían los cuatro más bellos, desemejantes entre sí, pero capaces de nacer al disolverse algunos a partir de otros; pues al conseguir esto tenemos la verdad sobre la generación de la tierra y del fuego y de los que están en proporción en medio. Pues esto no lo concederemos a nadie, que haya cuerpos visibles más bellos que estos, siendo cada uno según un género. Por tanto, hay que esforzarse por armonizar los cuatro géneros de cuerpos que difieren en belleza y decir que hemos captado suficientemente su naturaleza.
54
TI. De los dos triángulos, el isósceles ha obtenido una sola naturaleza, pero el escaleno, infinitas; hay que elegir, pues, de nuevo de los infinitos el más bello, si hemos de empezar como es debido. Si alguien, pues, tiene uno más bello elegido para decir sobre la constitución de estos, aquel, no siendo enemigo sino amigo, vence; pero nosotros ponemos como el más bello de los muchos triángulos uno, habiendo dejado de lado los demás, a partir del cual el triángulo equilátero está constituido de un tercero. Por qué, es un discurso más largo; pero para quien refute esto y lo encuentre así, le quedan los premios amistosos. Que se elijan, pues, dos triángulos a partir de los cuales se han ingeniado el del fuego y los de los otros cuerpos, uno el isósceles, y el otro el que tiene el lado mayor siempre triple en potencia que el menor. Lo que se dijo antes confusamente, ahora debe definirse mejor. Pues los cuatro géneros parecían tener generación a través de unos y otros hacia otros, al aparecer no correctamente; pues nacen de los triángulos que hemos elegido cuatro géneros, tres de uno, el que tiene los lados desiguales, y el cuarto, uno solo, constituido a partir del triángulo isósceles. No es posible, pues, que todos, al disolverse unos en otros, nazcan de muchos pequeños, pocos grandes y a la inversa, pero los tres sí es posible; pues al haber nacido todos de uno, y al disolverse los mayores, muchos pequeños se constituirán de los mismos, al recibir las figuras que les corresponden, y cuando de nuevo muchos pequeños se dispersen según los triángulos, un número que se ha vuelto de una masa grande podría completar otra especie una. Esto, pues, que se diga sobre la generación entre sí; pero qué especie ha nacido cada uno de ellos y de cuántos números que han coincidido, sería lo siguiente a decir. Empezará, pues, la primera especie y la más pequeña al constituirse, y su elemento es el que tiene la hipotenusa doble en longitud que el lado menor; y al componerse dos de tales según el diámetro y al suceder esto tres veces, al apoyar los diámetros y los lados cortos hacia lo mismo como centro, un triángulo equilátero ha nacido de seis en número.
55
TI. Y cuatro triángulos equiláteros, al constituirse según tres ángulos planos, hacen un ángulo sólido, que ha nacido a continuación del más obtuso de los ángulos planos; y al completarse cuatro de tales, se constituye la primera especie sólida, distributiva de todo lo esférico en partes iguales y semejantes. La segunda, a partir de los mismos triángulos, pero al constituirse según ocho triángulos equiláteros, que han realizado un ángulo sólido a partir de cuatro planos; y al haber nacido seis de tales, el segundo cuerpo obtuvo así su fin. El tercero, a partir de dos veces doce elementos compactados, con doce ángulos sólidos, estando cada uno abarcado por cinco triángulos equiláteros planos, ha nacido teniendo veinte bases de triángulos equiláteros. Y el uno se había librado de los elementos al engendrar estos, pero el triángulo isósceles engendraba la naturaleza del cuarto, al constituirse según cuatro, al reunir los ángulos rectos hacia el centro, al realizar un cuadrado equilátero; y seis de tales, al compactarse, completaron ocho ángulos sólidos, al armonizarse cada uno según tres planos rectos; y la figura del cuerpo constituido ha nacido cúbica, teniendo seis bases de cuadrados equiláteros planos. Y existiendo aún una quinta constitución, el dios la utilizó para el todo al pintar aquel. Lo cual, si alguien, al calcularlo todo armoniosamente, se viera en apuros sobre si hay que decir que los mundos son infinitos o que tienen límite, pensaría que los infinitos son realmente una doctrina de algo infinito de lo que es necesario ser experto, pero sobre si es apropiado decir que son uno o cinco los que han nacido en verdad, más bien se vería en apuros verosímilmente al detenerse aquí. Lo que es de nuestra parte, pues, indica que es uno, nacido según el discurso verosímil, dios, pero otro, al mirar hacia otras partes, opinará otras cosas. Y a este hay que dejarlo, y distribuyamos los géneros que han nacido ahora en el discurso en fuego, tierra, agua y aire. Demos a la tierra la especie cúbica; pues la tierra es la más inmóvil de los cuatro géneros y la más plástica de los cuerpos, y es necesario que sea tal el que tiene las bases más seguras; y la base de los triángulos supuestos al principio es por naturaleza más segura la de los lados iguales que la de los desiguales, y el plano equilátero compuesto de cada uno, cuadrado de triángulo equilátero, tanto por partes como en su totalidad, se asienta necesariamente con mayor estabilidad.
56
TI. Por consiguiente, al asignar esto a la tierra, preservamos el razonamiento verosímil; al agua, a su vez, de entre los restantes, la forma más difícil de mover; al fuego, la más fácil de mover; y al aire, el término medio. El cuerpo más pequeño, al fuego; el más grande, al agua; y el intermedio, al aire. El más agudo, al fuego; el segundo, al aire; y el tercero, al agua. Así pues, de todas estas cosas, es necesario que la que posee el menor número de bases sea, por naturaleza, la más fácil de mover, siendo la más cortante y aguda en todas partes y respecto a todo, y además la más ligera, al estar compuesta por el menor número de partes idénticas; la segunda, que posea estas mismas propiedades en segundo grado; y la tercera, en tercer grado. Sea, pues, conforme a la razón recta y a la verosímil, el sólido que ha resultado de la pirámide el elemento y semilla del fuego; el segundo en generación, digamos que es el del aire; y el tercero, el del agua. Por tanto, hay que concebir que todas estas cosas son tan pequeñas que, al considerar cada una de las especies por separado, no vemos ninguna debido a su pequeñez, pero al agruparse muchas, se ven sus masas. Y, en efecto, el dios, allí donde la naturaleza de la necesidad, habiendo cedido voluntaria y persuadida, se prestaba, ajustó todas estas cosas con precisión en cuanto a las proporciones relativas a las cantidades, los movimientos y las demás potencias, armonizándolas según la razón. De todo lo que hemos expuesto sobre los géneros, así es como, según lo verosímil, debería ser: la tierra, al encontrarse con el fuego y ser disuelta por su agudeza, sería arrastrada, ya sea que se disuelva en el propio fuego, o en una masa de aire o de agua, hasta que sus partes, al encontrarse de algún modo, se ensamblen de nuevo consigo mismas y vuelvan a ser tierra— pues nunca pasaría a otra especie—. El agua, al ser dividida por el fuego o también por el aire, puede llegar a convertirse en un cuerpo de fuego y dos de aire; y los fragmentos de aire, al disolverse una parte, podrían convertirse en dos cuerpos de fuego. Y, a la inversa, cuando el fuego, al ser envuelto por el aire, el agua o algo de tierra, siendo poco entre mucho, moviéndose entre lo que es arrastrado, lucha y es vencido y fragmentado, dos cuerpos de fuego se ensamblan en una forma de aire; y al ser vencido el aire y fragmentado, de dos enteros y medio se formará una forma entera y compacta de agua.
57
TI. Pues razonemos de nuevo sobre esto así: cuando un género, al ser capturado por el fuego, es cortado por la agudeza de sus ángulos y lados, al ensamblarse en la naturaleza de aquel, deja de ser cortado— pues el género que es semejante e idéntico a sí mismo no puede causar ni sufrir cambio alguno por parte de lo que es y se comporta de manera semejante—. Pero mientras, al convertirse en otra cosa, lucha siendo más débil contra lo más fuerte, no cesa de disolverse. Y, a su vez, cuando los cuerpos más pequeños, al ser envueltos por muchos más grandes, son fragmentados y extinguidos, al querer ensamblarse en la idea del que domina, dejan de ser extinguidos y se convierten de fuego en aire, y de aire en agua. Pero si van hacia los mismos y luchan contra algún otro género que se les une, no cesan de disolverse hasta que, siendo empujados y disueltos por completo, huyan hacia lo afín, o bien, vencidos, se conviertan en uno solo a partir de muchos, semejante al que venció, y permanezcan allí como sus convivientes. Y, en efecto, según estas afecciones, todos cambian de lugar; pues las multitudes de cada género se separan en un lugar propio debido al movimiento del recipiente, pero los que se vuelven desemejantes a sí mismos en cada ocasión, y semejantes a otros, son arrastrados por la agitación hacia el lugar de aquellos a los que se asemejan. Así pues, los cuerpos que son puros y primeros han surgido por tales causas; pero el hecho de que en sus especies hayan surgido otros géneros debe atribuirse a la constitución de cada uno de los elementos, al no haber plantado desde el principio un solo triángulo de un solo tamaño para cada uno, sino más pequeños y más grandes, teniendo tantos en número como géneros hay en las especies. Por ello, al mezclarse entre sí y con otros, la variedad es infinita, de la cual deben ser espectadores quienes pretendan usar un razonamiento verosímil sobre la naturaleza. Por tanto, si alguien no se pone de acuerdo sobre el movimiento y el reposo, de qué manera y con qué elementos ocurren, habría muchos obstáculos para el razonamiento posterior. Ya se ha dicho lo que respecta a ellos, pero además de eso, lo siguiente: que en la homogeneidad nunca hay voluntad de movimiento. Pues es difícil, o más bien imposible, que lo que ha de moverse exista sin lo que lo mueva, o lo que mueve sin lo que ha de moverse; y no hay movimiento si faltan estas cosas, y es imposible que estas sean alguna vez homogéneas.
58
TI. Así pues, establezcamos siempre el reposo en la homogeneidad y el movimiento en la heterogeneidad; y la causa de la naturaleza heterogénea es, a su vez, la desigualdad. Ya hemos expuesto el origen de la desigualdad; pero no hemos dicho por qué razón cada cosa, al separarse por géneros, no cesa de su movimiento y traslación a través de los demás. Diremos, pues, de nuevo lo siguiente: el periodo del todo, puesto que abarca los géneros, siendo circular y por naturaleza queriendo unirse consigo mismo, comprime todo y no permite que quede ningún espacio vacío. Por ello, el fuego ha penetrado en todo sobremanera, el aire en segundo lugar, por haber nacido segundo en finura, y los demás de igual modo; pues los que han surgido de las partes más grandes han dejado la mayor vacuidad en su constitución, y los más pequeños, la menor. Así, la unión de la compresión empuja los pequeños hacia los intersticios de los grandes. Al colocarse los pequeños junto a los grandes y los menores separar a los mayores, y los mayores unir a aquellos, todo se mueve arriba y abajo hacia sus propios lugares; pues cada cosa, al cambiar de tamaño, cambia también su posición en los lugares. Así pues, debido a estas causas, la generación de la heterogeneidad, al preservarse, proporciona el movimiento constante que estos tienen y tendrán continuamente. Después de esto, hay que comprender que han surgido muchos géneros de fuego, como la llama, lo que emana de la llama, que no quema pero proporciona luz a los ojos, y lo que queda de la llama cuando se extingue en los objetos incandescentes; y de igual modo, respecto al aire, el más puro llamado éter, el más turbio, niebla y oscuridad, y otras especies sin nombre, surgidas debido a la desigualdad de los triángulos. Los del agua se dividen primero en dos: el género líquido y el fundible. El líquido, por ser partícipe de los géneros del agua que son pequeños y desiguales, se ha vuelto móvil por sí mismo y por otro debido a la heterogeneidad y a la idea de su forma; pero el que está compuesto de partes grandes y homogéneas es más estable que aquel y, siendo pesado, está consolidado por la homogeneidad, pero al entrar el fuego y disolverlo, pierde la homogeneidad, y al perderla, participa más del movimiento, y al volverse fácil de mover, siendo empujado por el aire cercano y extendido sobre la tierra, la destrucción de sus masas se llamó fusión, y la extensión sobre la tierra, flujo, nombres que recibió cada una de las afecciones.
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TI. Y cuando el fuego sale de allí, como no sale hacia el vacío, el aire cercano, al ser empujado, empuja la masa líquida, que aún es fácil de mover, hacia los lugares del fuego y la mezcla consigo mismo; y esta, al ser empujada y recuperar la homogeneidad, al marcharse el fuego, creador de la heterogeneidad, se establece en el mismo estado que ella misma. Y la partida del fuego se llamó enfriamiento, y la unión, al marcharse aquel, se denominó género consolidado. De todas estas cosas que llamamos aguas fundibles, la que se vuelve más densa a partir de las más finas y homogéneas, un género de forma única, compartido con un color brillante y amarillento, es el oro, posesión más preciada, consolidado a través de la piedra; y el vástago del oro, por ser durísimo debido a su densidad y ennegrecido, fue llamado diamante. El que está cerca del oro en sus partes, pero tiene más de una especie, y en densidad es más denso que el oro, y ha participado de una pequeña y fina porción de tierra, de modo que es más duro, pero más ligero por tener grandes espacios vacíos en su interior, es el cobre, un género de aguas brillantes y consolidables que ha surgido; y lo que de tierra se mezcló con él, cuando al envejecer se separan de nuevo el uno del otro, al volverse manifiesto por sí mismo, se llama orín. No es necesario razonar más sobre la variedad de las demás cosas de este tipo, persiguiendo la idea de los relatos verosímiles; la cual, cuando alguien, para descansar, dejando de lado los razonamientos sobre los seres eternos, contempla los verosímiles sobre la generación, obtiene un placer sin arrepentimiento, y podría procurarse un pasatiempo moderado y sensato en la vida. Por ello, dejando ahora esto, pasaremos a los siguientes razonamientos verosímiles sobre los mismos temas de esta manera. El agua mezclada con fuego, la que es fina y líquida debido al movimiento y al camino que, al rodar sobre la tierra, se llama líquida, y además blanda porque sus bases, al ser menos estables que las de la tierra, ceden, esta, cuando se separa del fuego y se aísla del aire, se vuelve más homogénea, y al ser comprimida por los elementos que salen hacia ella, al consolidarse así, lo que ha sufrido esto sobre la tierra se llama granizo, lo que sobre la tierra, hielo, y lo que es menos, siendo aún semiconsolidado, lo que está sobre la tierra se llama nieve, y lo que se ha consolidado sobre la tierra a partir del rocío se llama escarcha.
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TI. La mayoría de las especies de aguas mezcladas entre sí— todo el género, filtrado a través de las plantas de la tierra, llamado jugos—, debido a las mezclas, al tener cada una heterogeneidad, proporcionaron muchas otras especies sin nombre, pero cuatro especies ígneas, al volverse muy transparentes, han recibido sus nombres: el que calienta el alma junto con el cuerpo, vino; el que es suave y disgregador de la vista, y por ello brillante y reluciente al verlo, y que parece aceitoso, es el género oleaginoso, como la pez, el ricino y el aceite mismo, y todos los demás de la misma potencia; el que es difusivo hasta la naturaleza de las uniones alrededor de la boca, proporcionando dulzura con esta potencia, recibió el nombre de miel, que es el más común de todos; y el que es disolvente de la carne al quemar, un género espumoso, separado de todos los jugos, fue llamado jugo vegetal. Las especies de tierra, la que es filtrada a través del agua de este modo, se convierte en cuerpo pétreo. Cuando el agua mezclada, al ser golpeada en la mezcla, cambia a la idea de aire, al convertirse en aire, asciende a su propio lugar. Y nada de vacío quedaba sobre ellas; por tanto, empujó al aire cercano. Este, al ser pesado, al ser empujado y derramado alrededor de la masa de tierra, la comprimió fuertemente y la empujó hacia los lugares de donde ascendía el nuevo aire; y la tierra, al ser comprimida por el aire de forma indisoluble con el agua, se consolida en piedra, más hermosa la que es transparente de partes iguales y homogéneas, y más fea la contraria. Lo que, por la rapidez del fuego, ha sido arrebatado de toda humedad y se ha consolidado más quebradizo que aquel, género al que hemos llamado cerámica, esto ha surgido; a veces, cuando queda humedad, al convertirse en tierra fundible a través del fuego, cuando se enfría, se convierte en la piedra que tiene color negro. Y los otros dos, que de igual modo se aíslan de una gran mezcla de agua, y siendo de partes de tierra más finas y saladas, al volverse semiconsolidados y disolubles de nuevo por el agua, el género purificador de aceite y tierra es el natrón, y el que es fácil de ajustar en las relaciones relativas a la sensación de la boca, según la razón de la ley, se convirtió en el cuerpo de la sal, grato a los dioses. Los que son comunes a ambos, no disolubles por agua pero sí por fuego, se consolidan de la siguiente manera. El fuego y el aire no derriten las masas de tierra; pues, al ser por naturaleza de partes más pequeñas que los intersticios de esta, al pasar por mucha amplitud, sin forzar, al dejarla indisoluble, la hicieron infundible; pero los del agua, puesto que han nacido con partes más grandes, al hacer violenta la salida, al disolverla, la derriten.
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TI. Pues la tierra, al no estar consolidada por la fuerza, solo el agua la disuelve, pero consolidada, nada excepto el fuego; pues no ha quedado entrada para nadie excepto para el fuego. La unión del agua, a su vez, la más violenta, solo el fuego la disuelve, pero la más débil, ambos, fuego y aire, la disuelven, el uno a través de los intersticios, el otro también a través de los triángulos; pero el aire consolidado por la fuerza nada lo disuelve excepto lo que actúa sobre el elemento, y solo el fuego lo derrite sin violencia. Así pues, de los cuerpos mezclados de tierra y agua, mientras el agua ocupe los intersticios de la tierra y esté comprimida por la fuerza, las partes del agua que vienen de fuera, al no tener entrada, al fluir alrededor de toda la masa, la dejaron infundible, pero las del fuego, al entrar en los intersticios de las aguas, lo que el agua hace a la tierra, esto el fuego lo hace al aire, al convertir el cuerpo común en fundido, solo estas resultan ser las causas de que fluya; y sucede que estas son, las que tienen menos agua que tierra, todo el género del vidrio y todas las especies de piedras que se llaman fundibles, y las que tienen más agua, todos los cuerpos cerosos y aromáticos que se consolidan. Y las especies, variadas por formas, uniones y cambios entre sí, casi han sido expuestas; pero debemos intentar mostrar las afecciones de las mismas y por qué causas han surgido. Primero, pues, es necesario que haya sensación en lo que se dice siempre, pero la generación de la carne y de lo que rodea a la carne, y de lo que es mortal del alma, aún no lo hemos expuesto; sucede que ni estas cosas pueden ser explicadas suficientemente sin las afecciones que son sensibles, ni aquellas sin estas, y al mismo tiempo casi no es posible. Debemos suponer primero unas, y volveremos a tratar las supuestas. Para que, pues, las afecciones se digan a continuación de las generaciones, sean primero para nosotros las que existen sobre el cuerpo y el alma. Primero, pues, por qué llamamos al fuego caliente, veámoslo observando de esta manera, al comprender la disgregación y el corte que ocurre en nuestro cuerpo. Pues que la afección es algo agudo, casi todos lo sentimos.
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TI. Y la finura de los lados y la agudeza de los ángulos, y la pequeñez de las partes y la rapidez del movimiento, por todo lo cual, siendo violento y cortante, corta agudamente lo que encuentra siempre, debe razonarse recordando la generación de su forma, que esa y no otra naturaleza, al disgregar nuestros cuerpos en partes pequeñas y fragmentarlos, proporcionó verosímilmente esta afección y el nombre que ahora llamamos caliente. Lo contrario de esto es evidente, pero aun así, que no falte razonamiento. Pues los líquidos que rodean el cuerpo, al entrar siendo de partes más grandes, al expulsar a los más pequeños, al no poder entrar en los lugares de aquellos, al comprimir nuestra humedad, al hacerla inmóvil por la homogeneidad y la compresión, habiendo sido movida desde la heterogeneidad, la consolidan; y lo que se contrae contra la naturaleza lucha según la naturaleza al empujarse a sí mismo hacia lo contrario. Por esta lucha y esta agitación se establecieron el temblor y el escalofrío, y toda esta afección es fría, y el agente de la misma recibió ese nombre. Duro es aquello a lo que nuestra carne cede, y blando, lo que cede a la carne; y así respecto a los demás. Cede lo que se mueve sobre algo pequeño; pero lo que es de bases cuadradas, al estar muy firme, es la forma más resistente, y lo que al unirse en densidad es más tenso. Pesado y ligero, al ser examinados junto con la naturaleza de lo que se llama arriba y abajo, se aclararían con mayor claridad. Pues no es correcto en absoluto pensar que hay por naturaleza dos lugares que dividen el todo en dos, opuestos, el de abajo, hacia el que se llevan todas las cosas que tienen alguna masa de cuerpo, y el de arriba, hacia el que todo va involuntariamente; pues siendo todo el cielo esferoidal, todas las cosas que han resultado estar a igual distancia del centro deben ser por naturaleza extremos, y el centro debe considerarse que está a la misma distancia de todos los extremos, en el lugar opuesto a todos. Siendo el cosmos así por naturaleza,¿ quién, al establecer algo de lo dicho como arriba o abajo, no parecerá con razón decir un nombre que no corresponde? Pues el lugar central en él no es justo llamarlo abajo ni arriba, sino en el centro mismo; y el que rodea no es central ni tiene una parte de sí misma diferente de la otra más que respecto al centro o a cualquiera de las opuestas. De lo que es por naturaleza igual en todas partes,¿ qué nombres contrarios podría uno aplicar y cómo podría uno pensar que habla correctamente?
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TI. Pues si hubiera algo sólido en el centro del todo, equilibrado, nunca sería llevado a ninguno de los extremos debido a la homogeneidad de ellos en todas partes; sino que, incluso si alguien caminara alrededor de él en círculo, muchas veces, al detenerse en las antípodas, llamaría a lo mismo de él abajo y arriba. Pues el todo, como se ha dicho hace poco, siendo esferoidal, no es propio de una persona sensata decir que tiene un lugar abajo y otro arriba; pero debemos ponernos de acuerdo sobre esto, suponiendo lo siguiente, de dónde se nombraron estas cosas y en qué estando nos acostumbramos a decir, debido a aquello, que el cielo entero se divide así. Si alguien, en el lugar del todo donde la naturaleza del fuego ha obtenido la mayor parte, donde también estaría reunida la mayor cantidad hacia la que se lleva, al subirse sobre aquello y teniendo fuerza hacia ello, al quitar partes del fuego, las colocara en balanzas, al levantar la balanza y forzar al fuego a entrar en un aire desemejante, es evidente que lo menor se fuerza más fácilmente que lo mayor; pues con una sola fuerza, al elevarse dos a la vez, es necesario que lo menor, al ser más estirado, siga la fuerza, y lo mayor, al ser menos, y que lo mucho sea llamado pesado y llevado abajo, y lo pequeño, ligero y arriba. Debemos descubrir que esto mismo lo hacemos nosotros respecto a este lugar. Pues al estar sobre la tierra, al separar los géneros terrestres, y a veces la tierra misma, la arrastramos hacia un aire desemejante por la fuerza y contra la naturaleza, ambos aferrándose a lo afín, pero lo más pequeño, al forzarlo hacia lo desemejante, sigue antes que lo mayor; por tanto, lo hemos llamado ligero, y el lugar hacia el que forzamos, arriba, y la afección contraria a estos, pesada y abajo. Por tanto, es necesario que estas cosas se comporten de manera diferente entre sí debido a que las multitudes de los géneros ocupan lugares opuestos unos a otros— pues lo que es ligero en un lugar, en el lugar opuesto será ligero, y lo pesado, pesado, y lo de abajo, abajo, y lo de arriba, arriba, todo se encontrará siendo y existiendo opuesto, oblicuo y totalmente diferente entre sí—, pero esto sí debe pensarse sobre todas ellas: que el camino hacia lo afín, al ser para cada una, hace pesado a lo que es llevado, y el lugar hacia el que se lleva tal cosa, abajo, y las que se comportan de manera diferente a estas, lo contrario. Sobre estas afecciones, pues, que se digan estas causas.
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TI. Y la causa de la afección de lo liso y lo áspero, cualquiera que la haya visto, podría decirla a otro; pues la dureza mezclada con la heterogeneidad, y la homogeneidad, la proporciona la densidad. La mayor y restante de las afecciones comunes sobre todo el cuerpo es la causa de lo agradable y lo doloroso en lo que hemos expuesto, y todas las que poseen sensaciones a través de las partes del cuerpo y tienen penas en sí mismas y placeres a la vez. Así pues, tomemos las causas de toda afección sensible e insensible, recordando que hemos dividido la naturaleza de lo fácil de mover y lo difícil de mover en lo anterior; pues por esto debemos perseguir todo lo que pensamos captar. Pues lo que es por naturaleza fácil de mover, cuando una afección incluso pequeña cae en él, distribuye en círculo unas partes a otras, produciendo lo mismo, hasta que, al llegar a lo sensato, anuncia la potencia de lo que lo produjo; pero lo que es estable por naturaleza, al no ir por ningún círculo, solo sufre, y no mueve a otro de los cercanos, de modo que, al no distribuir unas partes a otras la afección primera, al volverse inmóvil en ellos hacia todo el animal, proporcionó la insensibilidad a lo que sufrió. Estas cosas son sobre los huesos y los pelos y todas las demás partes que tenemos en nosotros que son mayoritariamente terrestres; pero las anteriores, sobre las de la vista y el oído, sobre todo, debido a que la potencia del fuego y el aire está en ellas en grado máximo. Así pues, hay que concebir la afección del placer y el dolor de esta manera: lo que ocurre contra la naturaleza y por la fuerza, siendo una afección repentina en nosotros, es doloroso, y lo que vuelve a la naturaleza de nuevo repentinamente, es agradable, y lo que es suave y poco a poco, es insensible, y lo contrario de esto, lo contrario. Lo que ocurre con facilidad es todo sensible en grado máximo, pero no participa de dolor y placer, como las afecciones sobre la vista misma, que se dijo en lo anterior que se vuelve un cuerpo con nosotros cada día. Pues por esto, los cortes y las quemaduras y todo lo que sufre no producen penas, ni placeres al volver de nuevo a la misma especie, pero son las sensaciones más grandes y claras en cuanto a lo que sea que sufra y de cuantas cosas, al acercarse, toque; pues no hay fuerza en absoluto en su disgregación y composición.
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TI. Los cuerpos que son de partes más grandes, que ceden difícilmente a lo que actúa, pero que distribuyen los movimientos hacia el todo, tienen placeres y penas, penas al ser alienados, y placeres al establecerse de nuevo en lo mismo. Los que han recibido las salidas y vaciados poco a poco, pero los llenados repentinamente y en grandes cantidades, al volverse insensibles al vaciado, pero sensibles al llenado, no proporcionan penas al mortal del alma, sino los mayores placeres; y esto es evidente sobre los aromas. Los que son alienados repentinamente, pero poco a poco y difícilmente se establecen de nuevo en lo mismo, proporcionan todo lo contrario a los anteriores; y esto, a su vez, es evidente al ocurrir sobre las quemaduras y cortes del cuerpo. Y las afecciones comunes de todo el cuerpo, y cuantas denominaciones han surgido para los que las producen, casi han sido dichas; pero debemos intentar decir las que ocurren en nuestras partes propias, tanto las afecciones como las causas de los agentes, si de algún modo podemos. Primero, pues, debemos mostrar, en la medida de lo posible, cuantas cosas sobre los jugos dejamos en lo anterior, siendo afecciones propias sobre la lengua. Parece que estas también, al igual que la mayoría, ocurren a través de ciertas composiciones y disgregaciones, y además de ellas, usar más que las otras las asperezas y suavidades. Pues cuantas cosas, al entrar alrededor de las venas, como pruebas de la lengua extendidas hacia el corazón, al caer en las partes húmedas y blandas de la carne, al ser derretidas, contraen las venas y las secan, siendo más ásperas, son astringentes, y las que irritan menos, parecen agrias; las que son limpiadoras de estas y lavan todo lo que rodea la lengua, al hacer esto más allá de lo debido y al tomar además para derretir de la naturaleza misma, como la potencia del natrón, todas estas han sido llamadas amargas, y las que son inferiores a la disposición del natrón, al usar la limpieza con moderación, parecen más saladas sin la amargura áspera y más gratas para nosotros.
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TI. Las que han compartido la calidez de la boca y son suavizadas por ella, al ser quemadas juntas y a su vez quemar de vuelta lo que las calentó, y al ser llevadas por la ligereza arriba hacia las sensaciones de la cabeza, y al cortar todo lo que encuentran, debido a estas potencias, todas estas cosas fueron llamadas picantes. Y lo que es pre- adelgazado por la putrefacción, al entrar en las venas estrechas, y con las partes terrestres que hay allí y cuantas tienen simetría de aire, de modo que, al moverlas alrededor, hacen que se mezclen, y al mezclarse, al chocar y al entrar en otros, hacen otros huecos al estirarse alrededor de los que entran— lo cual, al estirarse la humedad hueca alrededor del aire, a veces terrestre, a veces también pura, se convierten en vasos húmedos de aire, aguas huecas y esféricas, y las de la pura se sitúan transparentes, llamadas por nombre burbujas, y las de la terrestre, al moverse y elevarse juntas, se han llamado por nombre ebullición y fermentación—, la causa de estas afecciones fue llamada agria. Y para todas las cosas dichas sobre esto, hay una afección contraria por una causa contraria: cuando la composición de los que entran en los líquidos, siendo por naturaleza afín a la disposición de la lengua, suaviza al untar lo que se ha vuelto áspero, y lo que está compuesto o derramado contra la naturaleza, lo contrae, y lo que está derramado, lo relaja, y todo lo establece lo más posible según la naturaleza, todo lo que es tal, al convertirse en remedio de las afecciones violentas, ha sido llamado dulce, grato y afable para todos. Y estas cosas son así; pero sobre la potencia de las fosas nasales, no hay especies. Pues todo lo de los olores es semigénero, y no ha ocurrido en ninguna especie simetría respecto a tener algún olor; sino que nuestras venas sobre esto se han consolidado más estrechas respecto a los géneros de tierra y agua, y más anchas respecto a los del fuego y aire, por lo que nadie ha sentido nunca olor alguno de estos, sino que ocurren cuando algunas cosas se mojan, se pudren, se derriten o se queman. Pues al cambiar el agua en aire y el aire en agua, en el medio de estos han surgido, y todos los olores son humo o niebla, y de estos, lo que va de aire a agua es niebla, y lo que va de agua a aire es humo; de donde todos los olores han resultado ser más finos que el agua, pero más gruesos que el aire.
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TI. Se manifiestan cuando, al estar obstruido algo alrededor de la respiración, uno atrae el aliento por la fuerza hacia sí; pues entonces ningún olor se filtra junto, sino que el aliento, al estar privado de los olores, sigue solo. Por tanto, estas dos variedades de ellos han surgido sin nombre, no siendo de muchas ni simples especies, sino que solo lo agradable y lo doloroso se dicen allí como transparentes, lo que irrita y fuerza toda la cavidad que yace entre nuestra coronilla y el ombligo, y lo que calma esto mismo y lo devuelve de nuevo por donde ha nacido de forma grata. Debemos decir sobre el tercer género sensible en nosotros, el que observa lo que rodea al oído, por qué causas ocurren las afecciones sobre él. En general, pues, llamemos sonido al golpe a través de los oídos por el aire, el cerebro y la sangre hasta el alma, y el movimiento por él, que comienza desde la cabeza y termina alrededor del lugar del hígado, audición; y la que es rápida, aguda, y la que es más lenta, más grave; y la que es semejante, homogénea y lisa, y la contraria, áspera; y grande, la mucha, y la que es contraria, pequeña. Sobre la armonía de ellos es necesario que se diga en lo que se dirá después. Queda aún para nosotros un cuarto género sensible, que debemos dividir, al poseer muchas variedades en sí mismo, a las que todas llamamos colores, llama que emana de cada uno de los cuerpos, que tiene partes simétricas a la vista para la sensación; y sobre la vista se dijo en lo anterior sobre las causas de la generación. Por tanto, sobre los colores, es verosímil y apropiado tratarlo con un razonamiento razonable: que las partes que son llevadas desde los otros, al caer en la vista, unas son más pequeñas, otras más grandes, y otras iguales a las partes de la vista misma; las que son iguales son insensibles, a las que llamamos transparentes, pero las más grandes y más pequeñas, unas al comprimir y otras al disgregarla, son hermanas de los calientes y fríos sobre la carne y de los astringentes sobre la lengua, y cuantas, al ser calentadoras, llamamos picantes, y los blancos y negros, al haber ocurrido afecciones de aquellos en otro género, son los mismos, pero parecen otros debido a estas causas.
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TI. Así, pues, debemos denominarlos de este modo: lo que es capaz de separar la visión es blanco, y su opuesto es negro; en cuanto al movimiento más rápido, que al incidir sobre la visión y separarla hasta los ojos, fuerza y derrite los mismos conductos de los ojos, expulsando fuego y agua en conjunto— lo que llamamos lágrima—, mientras que el fuego mismo, al encontrarse con el opuesto, hace que el fuego que salta sea como un relámpago, y el que entra se extingue en la humedad, produciendo en esta mezcla colores de todo tipo, llamamos a esta afección destello, y a lo que produce esto lo denominamos brillante y resplandeciente. El género de fuego intermedio entre estos, que llega a la humedad de los ojos y se mezcla con ella, pero no resplandece, al mezclarse el fuego con la humedad a través de la luz, produce un color sanguíneo, al cual llamamos rojo. El brillante mezclado con rojo y blanco se convierte en amarillo; pero en cuanto a la proporción de cuánto con cuánto, no tiene sentido decirlo, ni siquiera si alguien lo supiera, pues no se podría dar de ello ni una necesidad ni una explicación verosímil y moderada. El rojo mezclado con negro y blanco es púrpura; y es oscuro cuando, al estar mezclados estos y más quemados, se mezcla con negro. El color fuego surge de la mezcla de amarillo y gris, el gris de blanco y negro, y el ocre de blanco mezclado con amarillo. Cuando el blanco se une al brillante y cae en un negro saturado, se produce el color azul; el azul mezclado con blanco produce el glauco, y el color fuego con negro produce el verde. Los demás son casi evidentes a partir de estas mezclas, si uno preserva el relato verosímil al compararlos. Pero si alguien, examinando esto mediante la práctica, quisiera ponerlo a prueba, ignoraría la diferencia entre la naturaleza humana y la divina, a saber, que Dios es capaz y sabe cómo mezclar muchas cosas en una y, a su vez, disolver una en muchas, mientras que ningún hombre es capaz de ninguna de estas dos cosas, ni ahora ni lo será jamás. Todas estas cosas, siendo así por necesidad, las tomó el artífice de lo más bello y lo mejor cuando engendraba al dios autosuficiente y perfectísimo, utilizando las causas que sirven a estos fines, mientras que él mismo elaboraba el bien en todas las cosas que llegan a ser.
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TI. Por tanto, es necesario distinguir dos tipos de causas: lo necesario y lo divino; y buscar lo divino en todas las cosas en aras de la posesión de una vida feliz, en la medida en que nuestra naturaleza lo permite, y lo necesario en función de aquellas, razonando que sin estas no es posible comprender, ni alcanzar, ni participar de ninguna otra manera de aquellas cosas que son nuestro único objeto de estudio. Puesto que ahora tenemos ante nosotros, como artesanos, los géneros de causas filtrados, a partir de los cuales debe tejerse el resto del relato, volvamos brevemente al principio y avancemos rápidamente hacia el mismo punto desde donde llegamos aquí, e intentemos ya poner un final y una cabeza al relato que se ajuste a lo anterior. Pues, como se dijo al principio, Dios hizo que estas cosas, que estaban en desorden, tuvieran simetrías en cada una consigo mismas y entre sí, en la medida y de la forma en que era posible que fueran proporcionales y simétricas. Pues entonces, ninguna de estas cosas participaba de nada, salvo por azar, ni había nada digno de mención que tuviera los nombres que ahora tienen, como fuego, agua y cualquier otra cosa; sino que primero ordenó todas estas cosas y, después, a partir de ellas, constituyó este todo, un único ser vivo que contiene en sí mismo a todos los seres vivos, mortales e inmortales. Y él mismo se convierte en el creador de los seres divinos, mientras que ordenó a sus propias criaturas que crearan la generación de los mortales. Estos, imitándolo, tras tomar el principio inmortal del alma, tornearon a su alrededor el cuerpo mortal, le dieron todo el cuerpo como vehículo y construyeron en él otro tipo de alma, la mortal, que posee en sí misma afecciones terribles y necesarias: primero el placer, el mayor cebo del mal; luego los dolores, que ahuyentan los bienes; además, el valor y el miedo, consejeros insensatos; la ira, difícil de apaciguar; y la esperanza, fácil de seducir. Mezclando estas cosas con una sensación irracional y con el amor que se atreve a todo, compusieron necesariamente el género mortal. Y por esta razón, temiendo contaminar lo divino, en la medida en que no era absolutamente necesario, alojan lo mortal en otra morada del cuerpo, separada de aquella, construyendo un istmo y un límite entre la cabeza y el pecho, colocando el cuello en medio para que estuvieran separados. Así pues, en el pecho y en lo que se llama tórax, alojaron el género mortal del alma.
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TI. Y puesto que una parte de ella era mejor y otra peor, construyen de nuevo la cavidad del tórax, separando, como si fueran las moradas de las mujeres y de los hombres, colocando el diafragma como tabique en medio de ellos. Así pues, alojaron la parte del alma que participa de la valentía y la ira, por ser competitiva, más cerca de la cabeza, entre el diafragma y el cuello, para que, al ser obediente a la razón, pudiera contener en común con ella, por la fuerza, al género de los deseos, cuando este no quisiera obedecer en absoluto al mandato y a la razón desde la acrópolis. Establecieron el corazón, nudo de las venas y fuente de la sangre que circula vigorosamente por todos los miembros, en la morada de los guardianes, para que, cuando la ira hirviera al anunciar la razón que se está cometiendo alguna injusticia contra ellos desde fuera o incluso desde los deseos internos, todo lo que es sensible en el cuerpo, al percibir rápidamente a través de todos los conductos las exhortaciones y amenazas, se volviera obediente y siguiera en todo, permitiendo así que lo mejor gobierne en todos ellos. Y para el salto del corazón en la expectativa de los peligros y en el despertar de la ira, previendo que toda esa hinchazón de los iracundos iba a ocurrir a través del fuego, idearon como auxilio la forma del pulmón, primero blanda y sin sangre, y luego con cavidades internas como una esponja perforada, para que, al recibir el aliento y la bebida, enfriara y proporcionara respiración y alivio en el ardor; por eso cortaron los conductos de la tráquea hacia el pulmón y lo colocaron alrededor del corazón como un bálsamo, para que, cuando la ira alcanzara su punto máximo en él, al saltar sobre algo que cede y se refrigera, sufriera menos y pudiera servir mejor a la razón junto con la ira. En cuanto a la parte del alma deseosa de comidas y bebidas y de todo lo que necesita debido a la naturaleza del cuerpo, la alojaron en el espacio entre el diafragma y el límite hacia el ombligo, construyendo en todo este lugar una especie de pesebre para el alimento del cuerpo; y ataron a tal criatura allí como a un animal salvaje, necesario de alimentar si es que el género mortal iba a existir alguna vez.
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TI. Para que, pues, alimentándose siempre en el pesebre y viviendo lo más lejos posible de la parte deliberativa, proporcionando el menor ruido y alboroto, permitiera que la parte más excelente deliberara en paz sobre lo que es común y privado para todos, por estas razones le dieron allí su lugar. Sabiendo que no iba a entender la razón, y que si llegara a participar de alguna percepción de ella, no le sería innato preocuparse por los razonamientos, sino que sería seducido principalmente por imágenes y fantasmas de noche y de día, Dios, planeando esto, constituyó la forma del hígado y la puso en su morada, habiéndola diseñado densa, lisa, brillante y dulce, pero con amargura, para que en ella la fuerza que proviene de la inteligencia, como en un espejo que recibe formas y proporciona imágenes para ver, lo atemorizara cuando, usando una parte de la amargura, se acercara con una amenaza severa, mezclándola rápidamente por todo el hígado y mostrando colores biliosos, y al contraerlo, lo hiciera arrugado y áspero, y al curvar y retraer el lóbulo, las receptáculos y las puertas, y al obstruir y cerrar los otros, proporcionara dolores y angustias; y cuando, a su vez, una inspiración de suavidad proveniente de la inteligencia pintara fantasmas opuestos, proporcionando calma a la amargura al no querer ni mover ni tocar la naturaleza opuesta a sí misma, y usando la dulzura innata en ella para enderezar todo lo que es recto, liso y libre, hiciera que la parte del alma alojada alrededor del hígado fuera propicia y serena, pasando la noche en una distracción moderada, usando la adivinación durante el sueño, ya que no participaba de la razón y la prudencia. Pues los que nos constituyeron, recordando el mandato del padre cuando ordenaba hacer el género mortal lo mejor posible, corrigiendo así también nuestra parte vil, para que de alguna manera se acercara a la verdad, establecieron en ella el oráculo. Y una señal suficiente de que Dios ha dado la adivinación a la insensatez humana es que nadie en su sano juicio accede a la adivinación inspirada y verdadera, sino que lo hace o bien durante el sueño, cuando la fuerza de la prudencia está encadenada, o bien debido a una enfermedad, o bien por algún entusiasmo que lo hace cambiar.
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TI. Pero es propio de una persona sensata recordar lo dicho, ya sea en sueños o en vigilia, por la naturaleza adivinatoria y entusiasta, y distinguir mediante el razonamiento todos los fantasmas que se vean, dónde significan algo y qué mal o bien futuro, pasado o presente presagian; pero no es tarea del que ha enloquecido y aún permanece en ese estado juzgar lo que ha aparecido y ha sido dicho por él mismo, sino que se dice bien y desde antiguo que actuar y conocer lo propio y a sí mismo corresponde solo al que es sensato. De ahí que sea ley establecer jueces sobre las adivinaciones inspiradas para el género de los profetas; a quienes algunos llaman adivinos, ignorando por completo que estos son intérpretes de la fama y la fantasía a través de enigmas, y que no son adivinos en absoluto, sino que con toda justicia deberían ser llamados profetas de los que adivinan. Así pues, la naturaleza del hígado ha nacido tal y como decimos y en el lugar que decimos, por causa de la adivinación; y mientras cada uno vive, tal órgano tiene señales más claras, pero al ser privado de la vida, se vuelve ciego y sus adivinaciones son más tenues para significar algo claro. La constitución y el asiento del órgano vecino a él, a la izquierda, ha sido hecho por causa de aquel, para mantenerlo siempre brillante y puro, como un espejo preparado y listo, siempre dispuesto como un molde. Por eso, cuando se producen impurezas debido a enfermedades del cuerpo alrededor del hígado, la porosidad del bazo las recibe todas al limpiarlo, ya que ha sido tejido como un órgano hueco y sin sangre; de donde, al llenarse de las cosas que se limpian, crece grande y purulento, y de nuevo, cuando el cuerpo se limpia, disminuye y se contrae a su estado original. Así pues, lo relativo al alma, cuánto tiene de mortal y cuánto de divino, y dónde, con qué y por qué se alojó por separado, solo podríamos afirmarlo con seguridad si Dios estuviera de acuerdo; sin embargo, que lo verosímil ha sido dicho por nosotros, tanto ahora como aún más al examinarlo, debe arriesgarse a ser afirmado, y que así sea. Lo que sigue a esto debe ser perseguido de la misma manera; era el resto del cuerpo lo que quedaba por explicar cómo ha sido hecho. A partir de un razonamiento como este, sería más apropiado que se constituyera por encima de todo.
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TI. Los que compusieron nuestro género sabían de la desenfreno que habría en nosotros respecto a las bebidas y las comidas, y que por glotonería usaríamos mucho más de lo moderado y necesario; por tanto, para que la corrupción no fuera rápida debido a enfermedades y el género mortal no terminara prematuramente, previendo esto, colocaron la llamada cavidad inferior como receptáculo para el exceso de bebida y comida, y enrollaron alrededor la formación de los intestinos, para que el alimento no pasara rápidamente y obligara al cuerpo a necesitar pronto otro alimento, y al proporcionar insaciabilidad, hiciera que todo el género, debido a una glotonería ajena a la filosofía y sin cultura, fuera desobediente a lo más divino que hay en nosotros. Lo relativo a los huesos, las carnes y toda esa naturaleza fue así. El principio de todo esto es la generación de la médula; pues los lazos de la vida, al estar el alma encadenada al cuerpo, se entrelazan en ella y arraigan el género mortal; la médula misma ha sido hecha de otras cosas. Pues los triángulos que, al ser los primeros, son indeformables y lisos, y capaces de proporcionar fuego, agua, aire y tierra con la mayor precisión, Dios, separándolos de sus propios géneros y mezclándolos entre sí de manera proporcional, ideando una panespermia para todo género mortal, elaboró la médula a partir de ellos, y después de esto, plantando en ella, ató los géneros de las almas, y en cuanto a las formas que iba a tener, tantas y tales como cada tipo, dividió la médula misma en tantas y tales formas desde el principio en la distribución. Y a la parte que iba a contener la semilla divina como un campo, la moldeó circular por todas partes y llamó a esta parte de la médula cerebro, como si, una vez terminado cada ser vivo, el recipiente alrededor de esto fuera a ser la cabeza; y a la parte que iba a contener el resto y lo mortal del alma, la dividió en formas redondas y alargadas, y a toda la llamó médula, y como si lanzara desde anclas, a partir de estas, los lazos de toda alma, ya estaba elaborando todo este cuerpo nuestro alrededor de esto, construyendo primero un revestimiento óseo alrededor de todo. El hueso lo constituye así: tamizó tierra pura y lisa, la amasó y la humedeció con médula, y después de esto la mete en el fuego, y después de aquello la sumerge en agua, y de nuevo en fuego, y otra vez en agua; trasladándola así muchas veces a uno y otro, la hizo indisoluble por ambos.
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TI. Utilizando esto, torneó una esfera ósea alrededor de su cerebro, y dejó en ella un estrecho conducto; y alrededor de la médula del cuello y de la espalda, moldeó vértebras a partir de ella y las extendió como ejes, comenzando desde la cabeza, a través de toda la cavidad. Y preservando así toda la semilla, la cercó con un recinto pétreo, creando articulaciones, utilizando la fuerza del otro como una fuerza intermedia en ellas, para el movimiento y la flexión. Y considerando que la condición de la naturaleza ósea era demasiado quebradiza e inflexible, y que al volverse ardiente y luego enfriarse, al gangrenarse, destruiría rápidamente la semilla dentro de sí, por estas razones ideó el género de los nervios y el de la carne, para que, al atar todos los miembros con el primero, al tensarse y relajarse alrededor de los ejes, proporcionara al cuerpo la capacidad de doblarse y extenderse, y la carne fuera una protección contra los calores, un escudo contra los inviernos, y además, como posesiones afieltradas, contra las caídas, cediendo suave y blandamente a los cuerpos, y al tener una humedad caliente dentro de sí, en verano, al sudar y humedecerse desde fuera, proporcionaría un frescor adecuado por todo el cuerpo, y durante el invierno, a su vez, con este fuego, se defendería moderadamente del frío que se acerca desde fuera y se instala alrededor. Habiendo pensado esto nuestro modelador, mezclando y ajustando agua, fuego y tierra, y habiendo añadido una levadura compuesta de ácido y salado, constituyó una carne jugosa y blanda; y la naturaleza de los nervios la mezcló a partir de una mezcla de hueso y carne sin levadura, una sola intermedia en fuerza a partir de ambas, usando un color amarillo. De donde obtuvo una fuerza más tensa y viscosa que las carnes, pero más blanda y húmeda que los huesos. Con estos, Dios envolvió los huesos y la médula, los ató entre sí con nervios, y después de esto los cubrió todos con carnes desde arriba. Así pues, las partes de los huesos que eran más animadas las cubrió con la menor cantidad de carne, y las que eran menos animadas por dentro, con la mayor y más densa, y, de hecho, en las uniones de los huesos, donde la razón no mostraba ninguna necesidad de que estuvieran, hizo crecer una carne breve, para que, al no ser un obstáculo para las flexiones, no hicieran los cuerpos difíciles de soportar, al volverse difíciles de mover, ni, a su vez, al ser muchas y densas y estar muy apretadas entre sí, al causar insensibilidad debido a la solidez, hicieran las cosas relativas a la inteligencia más difíciles de recordar y más sordas.
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TI. Por eso, la naturaleza de los muslos, las piernas y la de las caderas, así como los huesos de los brazos y los antebrazos, y todos los demás miembros nuestros que no tienen articulaciones, y los huesos que por dentro, debido a la escasez de alma en la médula, están vacíos de prudencia, todos estos están llenos de carne; pero los que son inteligentes, menos— a menos que haya hecho carne por sí misma por causa de las sensaciones, como el tipo de la lengua—, pero la mayoría de la otra manera; pues la naturaleza que surge y se nutre por necesidad no admite en absoluto un hueso denso y mucha carne junto con una percepción aguda. Pues la constitución alrededor de la cabeza los habría tenido todos, si hubieran querido coincidir, y el género humano, al tener una cabeza carnosa, nervuda y fuerte, habría adquirido una vida doble, múltiple, más saludable y menos dolorosa que la actual. Pero ahora, a los creadores de nuestra generación, que reflexionaban sobre si debían hacer un género de vida más larga pero peor, o de vida más corta pero mejor, les pareció que la vida más corta, siendo mejor, debía ser elegida por todos en todos los aspectos; por eso no cubrieron la cabeza con hueso poroso, carnes y nervios, ya que tampoco tiene flexiones. Por tanto, en todos estos aspectos, se añadió al cuerpo una cabeza más sensible y más inteligente, pero mucho más débil que cualquier hombre. Y por estas razones, Dios, tras colocar los nervios alrededor de la cabeza, los pegó en círculo alrededor del cuello por semejanza, y ató las mandíbulas extremas a ellos bajo la naturaleza del rostro; y los demás los dispersó por todos los miembros, uniendo articulación con articulación. La fuerza de nuestra boca la ordenaron los que ordenan con dientes, lengua y labios en aras de lo necesario y de lo mejor, tal como ahora está dispuesta, ideando la entrada para lo necesario y la salida para lo mejor; pues es necesario todo lo que entra al dar alimento al cuerpo, mientras que el flujo de las palabras que fluye hacia fuera y sirve a la prudencia es el más bello y mejor de todos los flujos.
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TI. Por otra parte, no era posible dejar la cabeza solo ósea y desnuda debido a la exageración de las estaciones en ambos sentidos, ni tampoco descuidarla al volverse sorda e insensible debido a la multitud de carnes. Al no secarse la naturaleza carnosa, una capa mayor que sobraba se separaba, la piel que ahora llamamos. Esta, debido a la humedad alrededor del cerebro, al unirse consigo misma y brotar en círculo, envolvía la cabeza; la humedad, al subir bajo las suturas, la regaba y la cerraba en la coronilla, como si reuniera un nudo, y el tipo de suturas se volvió de todo tipo debido a la fuerza de los periodos y del alimento, más numerosas cuando estos luchan entre sí, y menos cuando son menores. Toda esta piel la punzaba en círculo con fuego el ser divino, y al ser perforada y al ser transportada la humedad hacia fuera a través de ella, lo que era húmedo y caliente, en la medida en que era puro, se iba, mientras que lo mezclado de lo que también estaba hecha la piel, al ser levantado por el movimiento hacia fuera, se extendía largo, teniendo un grosor igual al de la punción, pero debido a la lentitud, al ser empujado hacia atrás por el aire que rodea desde fuera, se enrollaba de nuevo dentro bajo la piel y se arraigaba; y según estas afecciones, el género de los pelos ha nacido en la piel, siendo un pariente correoso de ella, pero más duro y denso por el afieltrado del enfriamiento, que al separarse de la piel, cada pelo, al enfriarse, se afieltró. Con esto, el que nos hace hizo nuestra cabeza velluda, usando las causas mencionadas, pero pensando que debía ser un revestimiento en lugar de carne para la seguridad alrededor del cerebro, ligero y suficiente para proporcionar sombra y refugio en verano e invierno, sin que fuera a ser un obstáculo para la sensibilidad. Lo que en el entrelazamiento de los dedos del nervio, la piel y el hueso, mezclado de tres, al secarse, se convirtió en una piel dura común a todos, creada por estas causas auxiliares, pero elaborada por la causa más causal en aras de lo que iba a ser después. Pues los que nos constituyen sabían que algún día las mujeres y los demás animales nacerían de los hombres, y sabían que muchas de las crías necesitarían el uso de las uñas, de donde, en los hombres, al nacer, esbozaron la generación de las uñas. Por este razonamiento y por estas razones, hicieron crecer piel, pelos y uñas en las extremidades de los miembros.
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TI. Y puesto que todas las partes y miembros del ser vivo mortal estaban unidos, y sucedía que tenía la vida necesariamente en el fuego y el aliento, y debido a esto, al ser derretido y vaciado por ellos, se consumía, los dioses idean un auxilio para él. Pues mezclan la naturaleza de la naturaleza humana con otras formas y sensaciones, de modo que sea otro ser vivo, y los plantan; los que ahora son árboles cultivados, plantas y semillas, educados por la agricultura, se volvieron mansos para nosotros, pero antes solo existían los géneros de los salvajes, siendo más antiguos que los mansos. Pues todo lo que participa de la vida podría ser llamado con justicia un ser vivo; sin embargo, esto de lo que ahora hablamos participa del tercer tipo de alma, que el relato dice que está establecido entre el diafragma y el ombligo, del cual no participa nada de opinión, razonamiento y mente, sino de sensación placentera y dolorosa junto con deseos. Pues sigue sufriendo todo, y al girar sobre sí mismo, al rechazar el movimiento de fuera y usar el propio, la generación no le ha transmitido por naturaleza el razonar nada de lo suyo al verlo. Por eso vive y no es otro que un ser vivo, pero está fijo y arraigado por estar privado del movimiento por sí mismo. Habiendo plantado todos estos géneros los seres superiores para nosotros, los inferiores, como alimento, canalizaron nuestro propio cuerpo cortando conductos como en los jardines, para que, como de un flujo que llega, fuera regado. Y primero cortaron conductos ocultos bajo la unión de la piel y la carne, dos venas espinales, doble como el cuerpo resultaba ser, con lados derechos e izquierdos; estas las bajaron a lo largo de la columna, y tomaron la médula generativa en medio, para que esta floreciera lo más posible, y la efusión que ocurre desde allí hacia los demás, al ser hacia abajo, proporcionara el riego de manera uniforme. Después de esto, tras dividir las venas alrededor de la cabeza y entrelazarlas entre sí de manera opuesta, las hicieron pasar, inclinando las de los lados derechos hacia los izquierdos del cuerpo, y las de los izquierdos hacia los derechos, para que hubiera un lazo a la vez con la cabeza hacia el cuerpo junto con la piel, ya que no estaba envuelta en círculo por nervios alrededor de la coronilla, y, de hecho, para que la afección de las sensaciones fuera evidente desde ambos lados hacia todo el cuerpo.
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TI. A partir de ahí, prepararon el acueducto de una manera tal, que veremos más fácilmente tras haber acordado de antemano lo siguiente: que todas las cosas que consisten en partes más pequeñas cubren a las mayores, mientras que las que consisten en mayores no pueden a las más pequeñas, y el fuego es el de partes más pequeñas de todos los géneros, de donde atraviesa el agua, la tierra, el aire y todo lo que consiste en estos, y nada puede cubrirlo. Lo mismo debemos pensar sobre la cavidad que hay en nosotros, que cuando los alimentos y las bebidas caen en ella, la cubren, pero el aliento y el fuego, al ser de partes más pequeñas que su propia constitución, no pueden. De esto, pues, se sirvió Dios para el riego desde la cavidad hacia las venas, habiendo tejido un entramado de aire y fuego como las nasas, teniendo en la entrada nasas dobles, de las cuales una la volvió a entretejer bifurcada; y desde las nasas extendió como cuerdas en círculo a través de todo hacia los extremos del entramado. Las partes internas del trenzado las constituyó todas de fuego, y las nasas y la cavidad de aire, y tomándolo, lo colocó alrededor del ser vivo moldeado de la siguiente manera. La parte de las nasas la dejó entrar en la boca; y al ser doble, una parte la bajó hacia el pulmón por las arterias, y la otra hacia la cavidad junto a las arterias; y la otra parte, tras dividirla, la dejó común a ambos lados a lo largo de los conductos de la nariz, de modo que cuando una no fuera por la boca, todos los flujos de aquella se llenaran desde esta. La otra cavidad de la nasa la hizo crecer alrededor de todo lo que tenemos de hueco en el cuerpo, e hizo que todo esto fluyera a veces suavemente hacia las nasas, al ser aire, y a veces que las nasas fluyeran hacia atrás, y que el entramado, al ser el cuerpo poroso, se hundiera dentro a través de él y de nuevo hacia fuera, y que los rayos de fuego dentro estuvieran atados y siguieran al aire que va a ambos lados, y que esto, mientras el ser vivo mortal esté constituido, no deje de ocurrir; y a este género, el que puso los nombres, decimos que le puso el nombre de respiración y espiración. Todo este trabajo y esta afección ha ocurrido en nuestro cuerpo para que, al ser regado y refrigerado, se nutra y viva.
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TI. Pues cuando el fuego, al entrar y salir la respiración, sigue unido por dentro, y al ser balanceado siempre, al entrar a través de la cavidad, toma los alimentos y las bebidas, los derrite, y al dividirlos en partes pequeñas, al llevarlos a través de las salidas por donde viaja, como si bombeara desde una fuente hacia conductos hacia las venas, hace que los flujos de las venas fluyan como por un canal a través del cuerpo. De nuevo, veamos la afección de la respiración, qué causas usa para que sea tal como es ahora. Así, pues. Puesto que no hay nada vacío en lo que pueda entrar algo de lo que se mueve, y el aliento se mueve desde nosotros hacia fuera, lo que sigue es evidente para todos que no va hacia el vacío, sino que empuja lo que está cerca desde su asiento; lo que es empujado expulsa siempre a lo que está cerca, y según esta necesidad, todo lo que es empujado alrededor hacia el asiento de donde salió el aliento, al entrar allí y llenarlo, sigue al aliento, y esto ocurre todo a la vez como si una rueda fuera girada debido a que no hay nada vacío. Por eso, la parte del pecho y la del pulmón, al soltar el aliento hacia fuera, se llena de nuevo por el aire que rodea el cuerpo, al hundirse a través de los poros de las carnes y ser empujado alrededor; y de nuevo, al desviarse el aire e ir hacia fuera a través del cuerpo, empuja la respiración hacia dentro a lo largo del conducto de la boca y el de las fosas nasales. La causa del principio de ellos debe establecerse así. Todo ser vivo tiene sus partes internas alrededor de la sangre y las venas muy calientes, como si tuviera en sí mismo una fuente de fuego; lo cual comparamos con el entramado de la nasa, que está tejido de fuego extendido por el medio, y todo lo demás que está fuera, de aire. El calor, por naturaleza, debe admitirse que va hacia su propio lugar, fuera, hacia lo afín; y habiendo dos conductos, uno hacia fuera a lo largo del cuerpo y otro a lo largo de la boca y la nariz, cuando se lanza hacia uno de los dos, empuja al otro, y lo que es empujado, al caer en el fuego, se calienta, y lo que sale se enfría. Al cambiar el calor y volverse más calientes los que están a lo largo de la otra salida, de nuevo el calor tiende hacia allí, al ser llevado hacia su propia naturaleza, empuja al que está a lo largo del otro lado; y al sufrir siempre lo mismo y devolver siempre lo mismo, hace que la respiración y la espiración ocurran al ser producidas por ambos en un ciclo que se agita aquí y allá.
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TIMEA: Y, ciertamente, también las causas de las afecciones relacionadas con las ventosas médicas, las de la deglución y las de los objetos lanzados— tanto los que se dejan suspendidos en el aire como los que se desplazan sobre la tierra— deben buscarse por este camino, así como los sonidos que parecen rápidos o lentos, agudos o graves, los cuales a veces se desplazan inarmónicos debido a la desemejanza del movimiento que provocan en nosotros, y otras veces armoniosos debido a la semejanza. Pues los movimientos más lentos, al alcanzar a los anteriores y más rápidos que ya están cesando y han llegado a un estado semejante, al acercarse ellos mismos después, los mueven; y al alcanzarlos, no los perturban añadiendo otro movimiento, sino que, al añadir una semejanza al principio de un desplazamiento más lento conforme al del más rápido que está terminando, mezclan una única afección a partir de lo agudo y lo grave; de donde proporcionan placer a los insensatos y alegría a los sensatos, debido a la imitación de la divina armonía que se produce en los desplazamientos mortales. Y, ciertamente, también todas las corrientes de las aguas, además de las caídas de los rayos y los fenómenos admirables de la atracción de los ámbares y de las piedras de Heraclea, en ninguno de todos estos casos existe una atracción, sino que el hecho de que no hay vacío, el que estos mismos objetos se empujen unos a otros, y que todos los objetos, al separarse y combinarse, se desplacen hacia sus respectivos lugares, al entrelazarse estas afecciones entre sí, resultarán maravillosos para quien los investigue de la manera adecuada. Y, en efecto, también el proceso de la respiración, de donde partió el discurso, ha ocurrido conforme a esto y a través de esto, tal como se ha dicho anteriormente: el fuego corta los alimentos, y al ser suspendido en el interior, sigue al aliento, llenando las venas desde el vientre mediante la oscilación, al extraer de allí lo que ha sido cortado; y debido a esto, en efecto, los manantiales del alimento se han vuelto así, fluyendo por todo el cuerpo en todos los seres vivos. Y al ser recién cortados y provenir de seres afines— unos de frutos, otros de hierbas, que el dios plantó para nosotros precisamente para esto, para que sean alimento—, poseen colores de todo tipo debido a la mezcla, y el color rojo se difunde más por ellos, siendo una naturaleza creada en el líquido por el corte y la fricción del fuego.
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TIMEA: De donde el color de lo que fluye por el cuerpo adquirió el aspecto que hemos descrito, lo que llamamos sangre, pasto de las carnes y de todo el cuerpo, de donde cada parte, al beber, llena la base de lo que se ha vaciado; y el modo de la plenitud y de la evacuación ocurre tal como ha sucedido el desplazamiento de todo en el universo, por el cual todo lo afín se desplaza hacia sí mismo. Pues los elementos que nos rodean por fuera nos consumen continuamente y distribuyen, enviando cada especie hacia lo que le es afín, mientras que los elementos sanguíneos, a su vez, al ser fragmentados en nuestro interior y contenidos como por un cielo que constituye a cada ser vivo, se ven obligados a imitar el desplazamiento del todo; por tanto, cada una de las partes internas fragmentadas, al desplazarse hacia lo afín, llenó entonces de nuevo lo que se había vaciado. Cuando sale más de lo que fluye, todo decae; cuando menos, crece. Así pues, la nueva constitución de todo el ser vivo, al tener aún los triángulos como si fueran de astilleros, posee una fuerte unión de ellos entre sí, y toda su masa está compacta y tierna, ya que ha sido creada recientemente a partir de la médula y nutrida en leche; los triángulos que se incluyen en ella, al entrar desde fuera— de los cuales provengan los alimentos y bebidas—, al ser más antiguos y débiles que sus propios triángulos, los vence al cortarlos, y hace grande al ser vivo al nutrirlo de muchos elementos semejantes. Pero cuando la raíz de los triángulos se afloja debido a que han luchado muchas batallas durante mucho tiempo contra muchas cosas, ya no puede cortar los alimentos en semejanza a sí mismos, y ellos mismos son divididos fácilmente por los que entran desde fuera; así pues, todo ser vivo decae al ser vencido en esto, y la afección se llama vejez. Finalmente, cuando los vínculos de los triángulos alrededor de la médula ya no resisten debido al esfuerzo y se separan, sueltan a su vez los vínculos del alma, y esta, liberada conforme a la naturaleza, se alejó volando con placer; pues todo lo que es contra la naturaleza es doloroso, y lo que ocurre como es natural es agradable. Y, ciertamente, la muerte, conforme a esto, la que ocurre por enfermedades y heridas es dolorosa y violenta, mientras que la que llega al final con la vejez es la más indolora de las muertes y ocurre más con placer que con dolor.
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TIMEA: El origen de las enfermedades es, supongo, evidente para todos. Pues siendo cuatro los géneros de los que está compuesto el cuerpo— tierra, fuego, agua y aire—, la desmesura de estos contra la naturaleza, su carencia y el desplazamiento de su lugar propio a uno ajeno, y a su vez, dado que los géneros del fuego y de los otros resultan ser más de uno, el que cada uno tome lo que no le corresponde, y todo lo semejante a esto, provoca sediciones y enfermedades; pues al volverse cada cosa contra la naturaleza y desplazarse, se calientan las que antes estaban frías, las que estaban secas se vuelven húmedas, y las ligeras se vuelven pesadas, y reciben todas las transformaciones en todas partes. Pues solo, afirmamos, lo mismo que se añade y se separa de lo mismo, conforme a lo mismo, de la misma manera y proporcionalmente, permitirá que lo que es igual a sí mismo permanezca sano y salvo; pero lo que cometa cualquier falta al salir o entrar fuera de esto, provocará alteraciones de todo tipo, enfermedades y corrupciones infinitas. Al estar constituidas a su vez segundas composiciones conforme a la naturaleza, una segunda comprensión de las enfermedades resulta para quien desee entenderlas. Pues al haberse compuesto la médula, el hueso, la carne y el nervio a partir de aquellos, y además la sangre de otro modo, aunque nacida de los mismos, la mayoría de las otras cosas son como las anteriores, pero las mayores de las enfermedades han resultado difíciles de esta manera: cuando la génesis de estas sigue el camino inverso, entonces estas se corrompen. Pues conforme a la naturaleza, las carnes y los nervios nacen de la sangre, el nervio de las fibras debido al parentesco, y las carnes de lo que se ha coagulado, que se separa de las fibras al coagularse; pero lo que sale de los nervios y las carnes, viscoso y graso a la vez, pega la carne a la naturaleza de los huesos y hace crecer al propio hueso que nutre alrededor de la médula, y lo que, a su vez, se filtra a través de la densidad de los huesos, el género más puro de los triángulos, el más liso y graso, al fluir de los huesos y gotear, riega la médula. Y al ocurrir cada cosa conforme a esto, la salud ocurre en la mayoría de los casos; pero las enfermedades, cuando ocurre lo contrario. Pues cuando la carne que se deshace emite la licuefacción hacia las venas a la inversa, entonces, junto con el aire, la sangre, al ser mucha y de todo tipo en las venas, variada en colores y amargores, y además con facultades agrias y salinas, adquiere bilis, sueros y flemas de todo tipo.
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TIMEA: Pues al haberse vuelto todo corruptible y corrompido, destruye primero a la propia sangre, y al no proporcionar ya ningún alimento al cuerpo, se desplaza por todas partes a través de las venas, sin mantener ya el orden de los periodos conforme a la naturaleza, siendo enemiga de sí misma por no tener ningún disfrute de sí misma, y hostil a lo que está constituido en el cuerpo y permanece en su lugar, destruyéndolo y consumiéndolo. Por tanto, toda la parte de la carne que es más antigua y se deshace, al volverse difícil de digerir, se ennegrece por la antigua combustión, y debido a estar corroída por todas partes, al ser amarga, ataca de forma difícil a toda la parte del cuerpo que aún no ha sido corrompida, y a veces el color negro adquirió acidez en lugar de amargor, al haberse adelgazado más lo amargo, y otras veces el amargor, al teñirse con sangre, adquirió un color más rojizo, y al mezclarse el negro con esto, un color verdoso; además, se mezcla un color amarillento con el amargor cuando la carne nueva se deshace por el fuego que rodea a la llama. Y el nombre común para todas estas cosas, o bien algunos médicos lo llamaron bilis, o bien alguien que fuera capaz de mirar muchas cosas y desemejantes, pero ver en ellas un género presente digno de un nombre para todas; las otras cosas que se llaman tipos de bilis adquirieron cada una su propia razón conforme al color. El suero, el que proviene del suero de la sangre es suave, pero el de la bilis negra y agria es salvaje cuando se mezcla debido al calor con una facultad salina; y tal cosa se llama flema agria. La que a su vez se deshace con aire a partir de carne nueva y tierna, y al haberse aireado esta y haber sido contenida por la humedad, y al formarse burbujas a partir de esta afección, invisibles cada una por su pequeñez, pero que en conjunto proporcionan un volumen visible, y que tienen un color blanco debido a la génesis de la espuma, decimos que toda esta licuefacción de carne tierna entrelazada con aire es flema blanca. Y del flema nuevo que se constituye, el suero es el sudor y la lágrima, y todas las demás cosas semejantes que se vierten diariamente al limpiarse el cuerpo; y todas estas cosas han resultado ser instrumentos de enfermedades cuando la sangre no se llena conforme a la naturaleza a partir de los alimentos y bebidas, sino que adquiere el volumen a partir de elementos contrarios, contra las leyes de la naturaleza.
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TIMEA: Al separarse, pues, cada carne por las enfermedades, pero permaneciendo sus cimientos, la fuerza de la desgracia es la mitad— pues aún recupera la asimilación con facilidad—, pero cuando lo que une las carnes a los huesos enferma, y ya no se separa de las fibras la sangre y los nervios para ser alimento para el hueso y vínculo de la carne hacia el hueso, sino que, a partir de lo graso, liso y viscoso, se vuelve áspero, salino y reseco por una mala dieta, entonces, al sufrir todo esto, tal cosa se desprende de nuevo bajo las carnes y los nervios, alejándose de los huesos, y estas, al caer junto con las raíces, dejan los nervios desnudos y llenos de salitre; y ellas mismas, al caer de nuevo en el desplazamiento de la sangre, provocan más las enfermedades mencionadas anteriormente. Y al ocurrir estas afecciones difíciles alrededor de los cuerpos, se vuelven aún mayores las anteriores a estas, cuando el hueso, al no recibir suficiente respiración debido a la densidad de la carne, al calentarse por el moho, al gangrenarse, no recibe el alimento y, a la inversa, vuelve a ir hacia aquel al ser frotado, y este cae en las carnes, y la carne en la sangre, provocando enfermedades más ásperas que las anteriores; y lo último de todo, cuando la naturaleza de la médula enferma por carencia o por algún exceso, produce las enfermedades más grandes y principales hacia la muerte, al fluir por necesidad toda la naturaleza del cuerpo a la inversa. Y un tercer tipo de enfermedades debe considerarse que ocurre de tres maneras: una por aire, otra por flema y otra por bilis. Pues cuando el pulmón, tesorero de los aires para el cuerpo, no proporciona los pasajes limpios al estar obstruido por flujos, donde no entra aire, y donde entra más aire del que corresponde, las partes que no logran refrescarse se pudren, y las que fuerzan las venas y las hacen girar junto con ellas, consumiendo el cuerpo hacia su centro y ocupando el diafragma, quedan atrapadas, y han provocado innumerables enfermedades dolorosas, a menudo con mucha sudoración. Y a menudo, al haberse separado la carne en el cuerpo, el aire que se genera y es incapaz de salir hacia fuera ha provocado los mismos dolores que los que han entrado, y los mayores, cuando, al rodear los nervios y las venillas de esa zona e hincharse, tensa de tal manera los tendones y los nervios continuos hacia atrás; los cuales, precisamente por la tensión de la afección, fueron llamados tétanos y opistótonos.
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TIMEA: De los cuales el remedio también es difícil; pues las fiebres que sobrevienen a tales cosas son las que más los disuelven. La flema blanca, debido al aire de las burbujas, es difícil cuando queda atrapada, pero al tener respiraciones fuera del cuerpo es más suave, aunque mancha el cuerpo produciendo lepras blancas y las enfermedades afines a estas. Cuando se mezcla con bilis negra y se esparce sobre los periodos que están en la cabeza, que son los más divinos, y los perturba, al ir durante el sueño es más suave, pero al atacar a los que están despiertos es más difícil de eliminar; y siendo una enfermedad de naturaleza sagrada, se llama sagrada con mucha justicia. La flema agria y salina es la fuente de todas las enfermedades que resultan catarrales; y debido a los lugares hacia los que fluye, que son de todo tipo, ha recibido nombres de todo tipo. Todas las partes del cuerpo que se dice que se inflaman, a partir de arder y quemarse, han ocurrido todas por la bilis. Al recibir respiración hacia fuera, emite todo tipo de tumores al hervir, y al estar encerrada en el interior, provoca muchas enfermedades quemadas por el fuego, y la mayor, cuando al mezclarse con sangre pura, disuelve el género de las fibras de su propio orden, las cuales se dispersaron en la sangre para que tuviera una proporción de delgadez y espesor, y ni fluyera como líquido por la porosidad del cuerpo debido al calor, ni, a su vez, al ser más densa y difícil de mover, girara con dificultad en las venas. Las fibras guardan el momento oportuno de estas cosas para la génesis de la naturaleza; las cuales, cuando alguien las reúne entre sí incluso de la sangre muerta que está en frío, toda la sangre restante se disuelve, y al ser dejadas, se coagulan rápidamente con el frío que la rodea. Teniendo las fibras esta facultad en la sangre, la bilis, al haberse convertido en sangre vieja por naturaleza y al haberse derretido de nuevo de las carnes hacia esta, al caer caliente y húmeda al principio poco a poco, se coagula debido a la facultad de las fibras, y al coagularse y ser extinguida por la fuerza, provoca escalofríos y temblores en el interior.
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TIMEA: Y al fluir más, al vencer con el calor que proviene de ella, agitó las fibras al hervir en desorden; y si llega a ser suficiente para vencer hasta el final, al atravesar hacia el género de la médula, al quemar, disolvió los cables del alma desde allí como si fueran los de una nave y la dejó libre; pero cuando es menor y el cuerpo resiste al deshacerse, al ser vencida ella misma, o bien fue expulsada por todo el cuerpo, o bien, al ser empujada a través de las venas hacia el vientre inferior o superior, como un exiliado de una ciudad en sedición al ser expulsada del cuerpo, provocó diarreas, disenterías y todas las enfermedades semejantes. Así pues, el cuerpo que ha enfermado más por exceso de fuego provoca ardores y fiebres continuas; el que proviene del aire, fiebres diarias; las de agua, tercianas, debido a que es más lenta que el aire y el fuego; y la de tierra, al ser la cuarta y la más lenta de estas, al limpiarse en periodos de tiempo cuatro veces mayores, al provocar fiebres cuartanas, se elimina con dificultad. Y las enfermedades relacionadas con el cuerpo ocurren de esta manera, y las relacionadas con el alma, por el estado del cuerpo, de esta manera. Debe admitirse que la enfermedad del alma es la insensatez, y hay dos tipos de insensatez: uno la locura, otro la ignorancia. Por tanto, cualquier afección que alguien sufra por la cual posea cualquiera de ellas, debe llamarse enfermedad, y los placeres y dolores excesivos deben considerarse las mayores enfermedades para el alma; pues un hombre que está excesivamente alegre o que sufre lo contrario por dolor, al apresurarse a alcanzar lo uno inoportunamente y a huir de lo otro, no puede ver ni oír nada correctamente, sino que delira y es entonces cuando es menos capaz de participar de la razón. Y aquel en quien el semen se vuelve abundante y fluido alrededor de la médula, y es como un árbol que ha crecido con más frutos de lo debido, al obtener muchos dolores en cada caso y muchos placeres en los deseos y en los partos relacionados con tales cosas, al volverse loco la mayor parte de la vida debido a los mayores placeres y dolores, al tener el alma enferma e insensata por el cuerpo, no es considerado como enfermo, sino como malvado voluntariamente; pero la verdad es que la incontinencia en los placeres afrodisíacos es, en gran parte, una enfermedad del alma que ha ocurrido por la fluidez y la humedad en el cuerpo debido a la porosidad de los huesos. Y casi todas las cosas que se dicen que son incontinencia de placeres y una vergüenza como si los malvados lo fueran voluntariamente, no se reprochan correctamente; pues nadie es malvado voluntariamente, sino que el malvado se vuelve malvado por un mal estado del cuerpo y una nutrición sin educación, y estas cosas le ocurren a todo el mundo como algo odioso y contra su voluntad. Y, de nuevo, el alma, respecto a los dolores, tiene mucha maldad de la misma manera debido al cuerpo.
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TIMEA: Pues de quienquiera que los flemas agrios y salinos, y todos los humores amargos y biliosos que, al vagar por el cuerpo, no encuentren respiración hacia fuera, y al girar en el interior, al mezclar el vapor que proviene de ellos con el desplazamiento del alma, se mezclen, provocan enfermedades del alma de todo tipo, más y menos, menores y mayores, al ser llevados hacia los tres lugares del alma, hacia el que cada uno de ellos ataque, varía tipos de mal humor y desánimo de todo tipo, y varía la audacia y la cobardía, además del olvido y la dificultad de aprendizaje a la vez. Además de esto, cuando al estar constituidas tan mal, se dicen constituciones políticas malas y discursos en las ciudades, tanto en privado como en público, y además no se aprenden desde jóvenes enseñanzas que sean curativas de estas cosas, de esta manera todos los malvados nos volvemos malvados por dos causas muy involuntarias; de las cuales hay que culpar más a los que siembran que a los sembrados, y a los que nutren más que a los nutridos, aunque hay que esforzarse, en la medida en que uno pueda, tanto por la nutrición como por las ocupaciones y enseñanzas, por huir de la maldad y, por el contrario, alcanzar lo opuesto. Estos, pues, son otros modos de discursos. Pero lo inverso a esto, a su vez, lo relacionado con las curaciones de los cuerpos y de las inteligencias, por las cuales se salvan, es razonable y apropiado devolverlo; pues es más justo tener un discurso sobre los bienes que sobre los males. Todo lo bueno es bello, y lo bello no es sin medida; por tanto, también el ser vivo que vaya a ser tal debe considerarse proporcionado. De las proporciones, percibimos las pequeñas y las razonamos, pero las principales y mayores las tenemos sin razón. Pues respecto a la salud y las enfermedades, las virtudes y los vicios, no hay ninguna proporción y desmesura mayor que la del alma misma respecto al cuerpo mismo; de las cuales no observamos ni pensamos nada, que cuando un alma fuerte y grande en todo monta un género más débil y menor, y cuando, a su vez, estos dos se han compuesto a la inversa, el ser vivo no es bello en su totalidad— pues es desproporcionado respecto a las mayores proporciones—, pero lo que tiene lo contrario es, de todos los espectáculos, el más bello y amable para quien es capaz de verlo. Como un cuerpo que tiene las piernas demasiado largas o alguna otra prominencia desmesurada respecto a sí mismo es a la vez feo, y a la vez, en la comunidad de los esfuerzos, al proporcionar muchos trabajos, muchas convulsiones y caídas debido a la falta de equilibrio, es causa de innumerables males para sí mismo,
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TIMEA: Debe pensarse lo mismo respecto al conjunto, el ser vivo que llamamos, que cuando el alma en él, al ser más fuerte que el cuerpo, está apasionada, al agitarlo todo desde dentro lo llena de enfermedades, y cuando se dirige intensamente hacia algunas enseñanzas e investigaciones, lo consume, y al realizar a su vez enseñanzas y batallas en discursos en público y en privado, al ocurrir por disputas y rivalidad, al hacerlo ardiente lo sacude, y al provocar flujos, al engañar a la mayoría de los llamados médicos, hace que se culpe a los inocentes; y cuando, a su vez, un cuerpo grande y demasiado fuerte se une a una inteligencia pequeña y débil, al haber dos deseos por naturaleza entre los hombres, uno por el cuerpo para el alimento, y otro por lo más divino de lo que hay en nosotros para la sabiduría, los movimientos de lo más fuerte, al vencer y aumentar lo suyo, y al hacer sordo, difícil de aprender y olvidadizo lo del alma, provocan la mayor enfermedad, la ignorancia. Una sola salvación para ambos, no mover el alma sin el cuerpo ni el cuerpo sin el alma, para que, al defenderse, se vuelvan equilibrados y sanos. Por tanto, al que se dedica a la matemática o a alguna otra práctica intensa con la inteligencia, también debe devolvérsele el movimiento del cuerpo, al tratar con la gimnasia, y al que a su vez moldea el cuerpo cuidadosamente, deben devolvérsele los movimientos del alma, al usar la música y toda la filosofía, si es que alguien va a ser llamado justamente a la vez bello y bueno. Y conforme a estas mismas cosas deben curarse también las partes, imitando la especie del todo. Pues al ser el cuerpo quemado por dentro por los que entran y enfriado, y a su vez secado y humedecido por los que vienen de fuera, y al sufrir las consecuencias de esto por ambos movimientos, cuando alguien entrega el cuerpo que está en reposo a los movimientos, al ser vencido, perece; pero si alguien imita lo que llamamos nodriza y nutricia del todo, y no permite que el cuerpo esté nunca en reposo, sino que lo mueve y, al provocar siempre algunos temblores, defiende los movimientos internos y externos conforme a la naturaleza, y al sacudir moderadamente las afecciones que vagan por el cuerpo y ordena las partes conforme a los parentescos en orden entre sí, conforme al discurso anterior que decíamos sobre el todo, no permitirá que lo enemigo, puesto junto a lo enemigo, engendre guerras en el cuerpo y enfermedades, sino que, al poner lo amigo junto a lo amigo, proporcionará salud al realizarla.
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TIMEA: De los movimientos, el que es en sí mismo por sí mismo es el mejor— pues es el más afín al movimiento intelectual y al del todo—, mientras que el que es por otro es peor; y el peor es el que, al estar el cuerpo en reposo, lo mueve por partes a través de otros. Por eso, de las limpiezas y constituciones del cuerpo, la que es a través de los ejercicios es la mejor, y la segunda es la que es a través de las oscilaciones durante los viajes y dondequiera que los transportes resulten sin esfuerzo; el tercer tipo de movimiento, muy útil cuando uno se ve obligado, pero de ninguna manera aceptable para quien tiene juicio, es el que ocurre por la limpieza farmacéutica. Pues las enfermedades, las que no tienen grandes peligros, no deben irritarse con farmacias. Pues toda constitución de enfermedades se parece de alguna manera a la naturaleza de los seres vivos. Pues también la unión de estas, al tener tiempos ordenados de la vida de todo el género, y el ser vivo mismo, al tener cada uno la vida destinada, nace, aparte de las afecciones por necesidad; pues los triángulos, desde el principio, al tener facultad, se constituyen para ser capaces de bastar hasta cierto tiempo, vida que nadie podría vivir nunca más allá. Por tanto, el mismo modo es también el de la constitución relacionada con las enfermedades; la cual, cuando alguien la corrompe contra el destino del tiempo con farmacias, suele ocurrir que a partir de pequeñas enfermedades se vuelven grandes y muchas. Por eso, hay que guiar con dietas todas estas cosas, en la medida en que uno tenga tiempo, pero no irritar un mal difícil con farmacias. Y sobre el ser vivo común y la parte de él relacionada con el cuerpo, por la cual uno, al guiar y ser guiado por sí mismo, viviría más conforme a la razón, que se diga esto; pero lo que lo guiará debe prepararse, supongo, antes, en la medida de lo posible, para ser lo más bello y mejor para la guía. Pues tratar con precisión sobre estas cosas sería un trabajo suficiente por sí solo; pero alguien que siga lo que se ha dicho en el trabajo secundario, no estaría fuera de lugar si, al observar de esta manera, terminara el discurso así.
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TIMEA: Tal como hemos dicho muchas veces, que tres especies de alma están instaladas en nosotros, y cada una resulta tener movimientos, así conforme a esto también ahora debe decirse en breves palabras que la que de ellas pasa el tiempo en inactividad y mantiene en reposo sus propios movimientos es necesario que se vuelva la más débil, y la que está en ejercicios, la más fuerte; por eso hay que cuidar que tengan los movimientos proporcionados entre sí. Y sobre la especie de alma más importante en nosotros debe pensarse de esta manera, que el dios ha dado a cada uno un demonio, este que decimos que habita en la parte superior de nuestro cuerpo, y que nos eleva desde la tierra hacia el parentesco en el cielo como seres que somos una planta no terrestre sino celestial, diciendo lo más correcto; pues desde allí, de donde nació la primera génesis del alma, al colgar la cabeza y raíz nuestra, el dios endereza todo el cuerpo. Por tanto, al que se ha dedicado a los deseos o a la rivalidad y se esfuerza mucho en estas cosas, es necesario que todas sus opiniones se hayan vuelto mortales, y en la medida de lo posible volverse mortal, no dejar nada pequeño de esto, ya que ha aumentado tal cosa; pero al que se ha esforzado en el amor por el aprendizaje y en las verdaderas sabidurías y se ha ejercitado sobre todo en pensar cosas inmortales y divinas, si es que alcanza la verdad, es necesario, supongo, que, en la medida en que la naturaleza humana admite participar de la inmortalidad, no deje ninguna parte de esto, y ya que siempre cuida lo divino y tiene al demonio bien adornado como habitante consigo mismo, sea extraordinariamente feliz. Y la cura para todo es una sola, devolver a cada uno sus propios alimentos y movimientos. Y afines a lo divino que hay en nosotros son los movimientos y periodos de pensamiento del todo; por tanto, cada uno debe seguir estos, al enderezar los periodos de nuestra cabeza que han sido corrompidos en la génesis al aprender las armonías y periodos del todo, para asimilar lo que comprende a lo que es comprendido conforme a la naturaleza antigua, y al asimilarlo, tener el fin de la mejor vida propuesta a los hombres por los dioses para el tiempo presente y el futuro. Y, ciertamente, las cosas que se nos han ordenado desde el principio para recorrer sobre el todo hasta la génesis humana parecen tener casi un fin. Pues sobre los otros seres vivos, cómo han nacido, hay que mencionarlo brevemente, lo cual no hay necesidad de alargar; pues así uno parecería ser más proporcionado consigo mismo respecto a los discursos sobre estos. Que se diga, pues, tal cosa de esta manera.
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TIMEA: De los hombres que han nacido, cuantos fueron cobardes y pasaron la vida injustamente, conforme al discurso probable, se transformaron en mujeres en la segunda génesis; y en aquel tiempo, por estas razones, los dioses fabricaron el amor de la unión, al constituir un ser vivo animado en nosotros y en las mujeres, al hacerlo de tal manera en cada uno. El pasaje de la bebida, por donde recibe la bebida que ha llegado a través del pulmón bajo los riñones hacia la vejiga y la expulsa al ser presionada por el aire, lo perforaron hacia la médula que se ha compuesto desde la cabeza a lo largo del cuello y a través de la columna, la cual dijimos en los discursos anteriores que era semen; y este, ya que es animado y ha recibido respiración, al haber provocado en él un deseo vital de la salida por donde respiró, completó el amor de engendrar. Por eso, en los hombres, la naturaleza alrededor de los genitales, al haberse vuelto desobediente y autónoma, como un ser vivo que no obedece a la razón, intenta dominar todo por deseos excitados; y las matrices y úteros en las mujeres, a su vez, llamados así por estas mismas razones, al ser un ser vivo deseoso de la procreación, cuando se vuelve estéril durante mucho tiempo fuera de la época, se indigna difícilmente, y al vagar por todas partes por el cuerpo, al obstruir los pasajes del aire, al no dejar respirar, arroja a las últimas dificultades y provoca otras enfermedades de todo tipo, hasta que el deseo y el amor de ambos, al reunirse, como si hubieran arrancado el fruto de los árboles, siembren en la matriz, como en un campo, seres vivos invisibles por su pequeñez y sin forma, y al separarlos de nuevo, los críen grandes en el interior y después de esto, al llevarlos a la luz, completen la génesis de los seres vivos. Las mujeres, pues, y todo el género femenino han nacido así; pero el género de las aves se transformó, al hacer crecer plumas en lugar de pelos, a partir de hombres inofensivos, pero ligeros, y que, aunque meteorológicos, creían por ingenuidad que las demostraciones sobre estas cosas eran las más seguras a través de la vista. Y el género terrestre y salvaje ha nacido de los que no usaban para nada la filosofía ni observaban nada sobre la naturaleza del cielo, debido a que ya no usaban los periodos que están en la cabeza, sino que seguían a las partes del alma que son líderes alrededor del pecho.
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Timeo: A partir de estas prácticas, pues, arrastraron hacia la tierra sus miembros anteriores y sus cabezas por afinidad, y sus cráneos se volvieron alargados y de formas diversas, según donde se comprimieron las revoluciones de cada uno por la inactividad. De esta causa, su linaje se volvió cuadrúpedo y también polípodo, al ponerles el dios más bases a los más insensatos, para que fueran arrastrados aún más hacia la tierra. Y a los más insensatos de entre ellos, que extendían todo su cuerpo hacia el suelo como si ya no tuvieran necesidad de pies, los engendraron sin pies y arrastrándose sobre la tierra. El cuarto linaje, el acuático, surgió de los más faltos de inteligencia y más ignorantes, a quienes los demiurgos ni siquiera consideraron dignos de una respiración pura, puesto que tenían el alma impura por toda clase de transgresiones; en lugar de una respiración de aire sutil y puro, los empujaron a una respiración de agua turbia y profunda. De ahí provino el linaje de los peces y el de los moluscos y todos los seres acuáticos, que obtuvieron las moradas más bajas como castigo por su extrema ignorancia. Y de acuerdo con todo esto, entonces y ahora, los seres vivos se transforman unos en otros, cambiando según la pérdida o la adquisición de intelecto o insensatez. Y así, digamos que nuestro discurso sobre el universo ha llegado ya a su fin; pues este mundo, habiendo recibido seres vivos mortales e inmortales y habiéndose completado de este modo, como ser vivo visible que contiene lo visible, imagen del inteligible, dios sensible, el más grande, el mejor, el más bello y el más perfecto, ha llegado a ser este cielo único, siendo engendrado como único.