Ad principem ineruditum
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Los cirenaicos instaron a Platón a que redactara leyes para ellos y organizara su constitución, pero él se negó, diciendo que era difícil legislar para los cirenaicos cuando gozaban de tanta prosperidad; pues nada hay tan arrogante, áspero y difícil de manejar como un hombre que se cree en posesión de la buena fortuna. Por eso es difícil para los gobernantes encontrar un consejero sobre el ejercicio del poder; pues temen aceptar la razón como si fuera un gobernante, no sea que esta, al someter su autoridad al deber, coarte su libertad. Pues no conocen el caso de Teopompo, rey de los espartanos, quien fue el primero en Esparta en introducir a los Éforos junto a los reyes; y cuando su esposa le reprochó que entregaría a sus hijos un poder menor del que había recibido, él respondió que, al contrario, sería mayor, en la medida en que también sería más estable; pues al relajar el carácter vehemente y absoluto de su autoridad, se libró al mismo tiempo de la envidia. Y aunque Teopompo, al canalizar el poder— como si fuera un gran torrente— hacia otros, cedió parte de él, preservó para sí la parte esencial. Pero la razón, que desde la filosofía se instala junto al gobernante como su consejero y guardián, al eliminar lo precario de la salud de su poder, deja lo que es sano.
2
Pero la mayoría de los reyes y gobernantes, carentes de juicio, imitan a los escultores mediocres que creen que los colosos parecen grandes y robustos si los esculpen con las piernas muy abiertas, tensos y con la boca abierta. Pues estos también, mediante la gravedad de su voz, la aspereza de su mirada, la dificultad de su carácter y la falta de trato, parecen imitar la magnitud y la dignidad del mando, sin diferenciarse en nada de los colosos que, teniendo por fuera una forma heroica y divina, por dentro están llenos de tierra, piedra y plomo. Salvo que, en el caso de las estatuas, estos pesos mantienen la rectitud firme e inamovible, mientras que los generales y gobernantes sin educación, debido a su ignorancia interior, a menudo se tambalean y se desploman; pues al construir una autoridad elevada sobre una base que no está asentada sobre la rectitud, se inclinan junto con ella. Es necesario que, al igual que la regla misma, al ser recta y no estar torcida, endereza lo demás mediante su aplicación y comparación, de manera similar el gobernante, habiendo adquirido primero el mando en sí mismo, habiendo enderezado su alma y establecido su carácter, armonice así a sus súbditos; pues no es propio de quien cae enderezar, ni de quien ignora enseñar, ni de quien es desordenado poner orden, ni de quien es indisciplinado organizar, ni de quien no se gobierna a sí mismo mandar. Pero la mayoría, pensando erróneamente, cree que el primer bien del mando es no ser mandado, y el rey de los persas consideraba a todos esclavos, excepto a su propia esposa, de quien precisamente debería haber sido el señor.
3
¿ Quién, pues, gobernará al gobernante? La ley, que es« reina de todos, mortales e inmortales», como dijo Píndaro, no escrita fuera en libros ni en tablas de madera, sino siendo una razón viva dentro de él, que siempre convive con él, lo vigila y nunca deja su alma desprovista de guía. Pues el rey de los persas tenía a uno de sus servidores encargado de esto, para que al amanecer entrara y le dijera:« Levántate, oh rey, y ocúpate de los asuntos de los que el gran Oromasdes quiso que te ocuparas». Pero en el gobernante educado y sensato, quien pronuncia esto y lo exhorta constantemente está dentro de él. Pues Polemón decía que el amor es un servicio de los dioses para el cuidado y la salvación de los jóvenes. Pero más verazmente se podría decir que los gobernantes sirven a Dios para el cuidado y la salvación de los hombres, para que distribuyan y protejan los bienes y las cosas nobles que Dios da a los hombres.¿ Ves este éter infinito allá arriba y la tierra que lo rodea en sus brazos húmedos? Aquel hace descender los principios de las semillas apropiadas, la tierra los hace brotar, y las cosas crecen calentadas por las lluvias, los vientos, los astros y la luna, y el sol lo ordena todo y a todos les infunde este filtro que proviene de él. Pero de tales y tan grandes dones y bienes que los dioses conceden, no hay disfrute ni uso correcto sin ley, justicia y gobernante. La justicia, pues, es el fin de la ley, la ley es la obra del gobernante, y el gobernante es una imagen de Dios que todo lo ordena, no necesitando de un Fidias que lo esculpa, ni de un Policleto o un Mirón, sino estableciéndose a sí mismo en semejanza a Dios mediante la virtud, y creando la más dulce de ver y la más divina de las estatuas. Y tal como Dios ha instalado en el cielo un hermoso reflejo de sí mismo, el sol y la luna, así ha establecido en las ciudades un reflejo y luz: el gobernante que, temeroso de Dios, se sostiene en la justicia, es decir, que tiene una mente que posee la razón de Dios, no un cetro, ni un rayo, ni un tridente, como algunos se representan y se pintan a sí mismos, haciendo odiosa la insensatez con lo inalcanzable. Pues Dios se indigna con quienes imitan sus truenos, rayos y resplandores, pero a quienes emulan su virtud y se asimilan a su bondad y filantropía, los hace crecer con alegría y les hace partícipes de la buena ley, la justicia, la verdad y la mansedumbre que lo rodean; de las cuales no hay nada más divino, ni el fuego, ni la luz, ni el curso del sol, ni las salidas y puestas de los astros, ni lo eterno e inmortal. Pues Dios no es feliz por la duración de su vida, sino por su virtud; esto es lo divino en el gobernante, y lo bello de ello es también lo que es gobernado.
4
Anaxarco, pues, al consolar a Alejandro por el asesinato de Clito, dijo que también para Zeus la Justicia y Temis son sus consejeras, para que todo lo que haga un rey parezca legítimo y justo; no curando de manera correcta ni útil su arrepentimiento por sus errores al animarlo a cometer otros similares. Pero si hay que conjeturar sobre esto, Zeus no tiene a la Justicia como consejera, sino que él mismo es Justicia y Temis, y la ley más antigua y perfecta. Pero los antiguos dicen, escriben y enseñan así, que sin la Justicia ni siquiera Zeus puede gobernar bien; y ella es, según Hesíodo, una virgen incorruptible, compañera de la vergüenza, la sensatez y la utilidad, de donde llaman« respetables» a los reyes; pues es a quienes menos temen a quienes más les corresponde sentir vergüenza. Y el gobernante debe temer más el cometer una injusticia que el sufrirla; pues esto es la causa de aquello, y este es el miedo del gobernante: filantrópico y no innoble, temer por los gobernados no sea que sufran daños sin darse cuenta, como los perros que vigilan en el redil, al oír a una fiera de corazón fuerte, no por sí mismos, sino por los que están bajo su custodia. Epaminondas, cuando los tebanos se entregaron sin freno a una fiesta y a la bebida, patrullaba solo las armas y las murallas, diciendo que él estaba sobrio y en vela para que los demás pudieran embriagarse y dormir. Y Catón en Útica proclamó que todos los demás debían ser enviados al mar tras la derrota; y después de embarcarlos, tras haber rogado por un buen viaje para ellos, regresó a casa y se degolló a sí mismo, enseñando por quiénes debe el gobernante usar el miedo y de quiénes debe despreocuparse. Clearco, el tirano del Ponto, dormía metiéndose en un cofre como una serpiente. Y Aristodemo de Argos dormía en una habitación en el piso superior que tenía una puerta con cerrojo, sobre la cual colocaba su camastro y dormía con su amante; la madre de ella retiraba la escalera desde abajo y la volvía a poner al día siguiente.¿ Cómo creen que este temblaba ante el teatro, el archivo, el consejo, el banquete, él que había convertido su dormitorio en una prisión? Pues, en realidad, los reyes temen por los gobernados, pero los tiranos temen a los gobernados; por eso aumentan el miedo con el poder, pues al gobernar a más personas, temen a más.
5
Pues no es razonable ni apropiado, como dicen algunos filósofos, que Dios esté mezclado en la materia que todo lo padece y en asuntos que reciben innumerables necesidades, azares y cambios; sino que él, establecido en algún lugar arriba, en pedestales sagrados, como dice Platón, alrededor de la naturaleza que siempre se comporta de la misma manera, termina su curso recto según la naturaleza. Y así como el sol en el cielo aparece como un hermoso reflejo de sí mismo a través de un espejo para aquellos capaces de contemplarlo a través de él, así estableció en las ciudades el resplandor de la justicia y de la razón que lo rodea como una imagen, la cual los hombres bienaventurados y sensatos, a partir de la filosofía, copian, moldeándose a sí mismos según lo más bello de las cosas. Y esta disposición no la produce nada más que la razón que proviene de la filosofía; para que no suframos lo que le pasó a Alejandro, quien al ver a Diógenes en Corinto, y al amarlo por su buen natural y admirar su espíritu y la grandeza del hombre, dijo:« Si no fuera Alejandro, sería Diógenes»; estando a punto de decir que consideraba su propia buena fortuna, brillantez y poder como un obstáculo para la virtud y una distracción, y envidiaba el manto y el zurrón, porque con ellos Diógenes era invencible e inexpugnable, no como él con armas, caballos y sarisas. Era posible, pues, filosofando, llegar a ser Diógenes en la disposición y seguir siendo Alejandro en la fortuna, y por eso llegar a ser Diógenes más aún, porque era Alejandro, ya que una gran fortuna, que tiene mucho viento y oleaje, necesita mucho lastre y un gran timonel.
6
Pues en los débiles, humildes y particulares, la insensatez mezclada con la impotencia termina en la ausencia de error, como en los sueños malos alguien perturba el alma que no puede levantarse junto con los deseos; pero el poder, al tomar la maldad, añade nervios a las pasiones, y es verdad lo de Dionisio; pues decía que disfrutaba más del poder cuando hacía rápidamente lo que quería. Grande es, pues, el peligro de querer lo que no se debe cuando se tiene el poder de hacer lo que se quiere;« al instante, pues, el mito era, y se cumplía la obra». La maldad, al tener un camino rápido a través del poder, expulsa toda pasión, convirtiendo la ira en asesinato, el amor en adulterio, la codicia en confiscación.« Al instante, pues, el mito era», y perece el que ofendió; una sospecha, y muere el difamado. Pero así como los físicos dicen que el relámpago sale después del trueno, como la sangre de una herida, pero parece anterior, al esperar el oído el ruido mientras la vista se encuentra con la luz; así en los gobiernos los castigos se adelantan a las acusaciones y las sentencias se anticipan a las pruebas. Pues el ánimo ya cede y no resiste más, como un anzuelo de arena ante el oleaje, si la razón, que tiene peso, no oprime y presiona el poder, imitando el gobernante al sol, que cuando alcanza su mayor altura, elevado en los solsticios, se mueve lo menos posible, estableciendo su curso hacia lo seguro con un ritmo más pausado.
7
Pues tampoco es posible ocultar las maldades en los poderes; sino que a los epilépticos, si llegan a cierta altura y son movidos, los atrapa el vértigo y el mareo, poniendo a prueba su enfermedad, y a los incultos e ignorantes, la fortuna, al aligerarlos un poco con riquezas, honores o cargos, al quedar elevados, muestra inmediatamente que caen; más aún, como no podrías distinguir lo intacto de lo dañado en los recipientes vacíos, sino que cuando viertes, aparece lo que fluye; así, las almas podridas, al no contener los poderes, fluyen hacia afuera con los deseos, las iras, las arrogancias, las vulgaridades. Y sin embargo,¿ por qué decir esto, cuando incluso las más pequeñas faltas de los ilustres y gloriosos son calumniadas? El vino de Cimón era motivo de difamación, el sueño de Escipión, Lúculo era mal visto por cenar con demasiada suntuosidad.