Jerome

Reader

Read texts in the original and in translation.
Settings
Not signed in
Find in Jerome
You can also type short locations such as 1, 1.1, 1:2, or 1-3 inside the current work.
Bruta animalia ratione uti
Plutarch (plutarch)uti 1 · spanish-geminiMore by Plutarch (plutarch)
Choose a text id="mobileReaderAuthor" class="mobile-reader-author" href="/authors/plutarch" aria-label="More works by Plutarch (plutarch)"> —
⋯
More
Original / primary: Spanish Gemini
1
Odiseo: Me parece, Circe, haber aprendido esto y que lo recordaré; pero me gustaría preguntarte si tienes entre estos a algunos griegos a quienes hayas convertido en lobos y leones a partir de hombres. Circe: Y a muchos, mi deseado Odiseo.¿ Pero por qué preguntas esto? Od. Porque, por Zeus, me parece que sería para mí una hermosa ambición ante los griegos si, tomándolos por tu gracia, los rescatara de nuevo como compañeros humanos y no permitiera que envejecieran contra natura en cuerpos de fieras, llevando una vida tan lastimosa y deshonrosa. Cir. Este hombre cree que, por necedad, su propia ambición debe convertirse en una desgracia no solo para sí mismo y para sus compañeros, sino también para quienes no tienen nada que ver con él. Od. De nuevo estás mezclando y adulterando otro brebaje de palabras, Circe, convirtiéndome a mí, en efecto, en una fiera, si te creo que es una desgracia que un hombre se convierta en fiera. Cir.¿ Acaso no te has hecho ya cosas más extrañas que estas, tú que, abandonando la vida inmortal y sin vejez conmigo, te apresuras hacia una mujer mortal y, como yo digo, ya vieja, a través de mil males todavía, para ser así más admirado y renombrado que ahora, persiguiendo un bien vacío y una sombra en lugar de la verdad? Od. Que sea esto como dices, Circe; pues,¿ qué necesidad hay de que discutamos muchas veces sobre lo mismo? Pero entrégame a estos hombres, habiéndolos liberado, y concédemelos. Cir. No tan simplemente,¡ por Hécate!, pues no son gente cualquiera; pero pregúntales primero si quieren; y si no dicen que sí, habiendo conversado, noble amigo, persuádelos; pero si no los persuades, y aun así ellos prevalecen al conversar, que te baste con haber deliberado mal sobre ti mismo y sobre tus amigos. Od.¿ Por qué te burlas de mí, bienaventurada?¿ Cómo podrían ellos dar o recibir razón, mientras son asnos, cerdos y leones? Cir. Ten confianza, el más ambicioso de los hombres; yo te los presentaré entendiendo y conversando; o mejor, uno solo será suficiente para dar y recibir razón por todos; mira, conversa con este. Od.¿ Y a quién llamaremos, Circe, a este?¿ O quién era este de entre los hombres? Cir.¿ Qué importa eso para el discurso? Pero llámalo, si quieres, Grilo. Yo me retiraré de ustedes, no sea que parezca que estoy influyendo en su opinión por complacerte.
2
Grilo: Salve, Odiseo. Od. Y tú también, por Zeus, Grilo. Gr.¿ Qué quieres preguntar? Od. Sabiendo que ustedes fueron hombres, me compadezco de todos los que están así, pero me parece natural que me importen más aquellos que, siendo griegos, han llegado a esta desgracia; por eso hice una petición a Circe, para que, liberando al que de ustedes quiera y devolviéndolo a su forma antigua, lo envíe con nosotros. Gr. Detente, Odiseo, y no digas nada más, pues todos nosotros te despreciamos, ya que en vano se decía que eras terrible y parecías superar mucho en inteligencia a los demás hombres, tú que temiste precisamente esto, el cambio de lo peor a lo mejor, sin reflexionar; pues así como los niños temen las medicinas de los médicos y huyen de los padecimientos que, al transformarlos de enfermos e insensatos, los hacen más sanos y prudentes, así tú rechazaste el convertirte de otra cosa en otra, y ahora tú mismo vives con Circe temblando y asustado de que ella te haga, sin que te des cuenta, cerdo o lobo, y nos persuades a nosotros, que vivimos en abundancia de bienes, a abandonar junto con ellos a quien nos proporciona esto y a zarpar contigo, para convertirnos de nuevo en hombres, el animal más desdichado de todos. Od. Me parece, Grilo, que no solo tu forma, sino también tu mente ha sido corrompida por aquella bebida y que te has llenado de opiniones absurdas y totalmente deformadas;¿ o es que algún placer de la costumbre te ha hechizado hacia este cuerpo? Gr. Ninguna de estas cosas, rey de los Cefalenos; pero si prefieres conversar en lugar de insultar, pronto te haremos cambiar de opinión, pues, teniendo experiencia de ambas vidas, te diremos por qué razonablemente amamos estas más que aquellas. Od. Pues bien, estoy dispuesto a escuchar.
3
Gr. Y nosotros, por tanto, a hablar. Debemos comenzar primero por las virtudes, en las cuales vemos que ustedes se enorgullecen, como si superaran mucho a las fieras en justicia, prudencia, valentía y las demás virtudes. Respóndeme, pues, el más sabio de los hombres— pues te escuché una vez contarle a Circe sobre la tierra de los Cíclopes, cómo, sin ser arada en absoluto, ni plantando nadie nada en ella, es tan buena y noble por naturaleza que produce todos los frutos por sí misma—:¿ alabas más a esta o a la Ítaca, criadora de cabras y escabrosa, que apenas, tras muchos trabajos y grandes fatigas, devuelve poco, mezquino y sin valor a quienes la cultivan? Y mira cómo no te sentirás molesto al responder, contrariamente a lo que parece, por benevolencia hacia tu patria. Od. Pero no debo mentir; pues amo y aprecio a mi propia patria y tierra más, pero alabo y admiro la de ellos. Gr. Entonces diremos que esto es así, que el más prudente de los hombres cree que debe alabar y aprobar unas cosas, pero elegir y amar otras; y creo que has respondido lo mismo sobre el alma, pues es lo mismo que sobre la tierra, que es mejor la que, sin esfuerzo, produce la virtud como un fruto espontáneo. Od. Que sea esto también así para ti. Gr. Entonces ya admites que el alma de las fieras es más apta para la generación de la virtud y más perfecta; pues, sin ser mandada y sin ser enseñada, como si fuera sin semilla y sin arar, produce y hace crecer la virtud que corresponde a cada una según su naturaleza. Od.¿ Y de qué virtud, Grilo, participan las fieras?
4
Gr.¿ De cuál no, más que el más sabio de los hombres? Considera primero, si quieres, la valentía, de la que te enorgulleces y no te cubres al ser llamado audaz y destructor de ciudades, tú que, oh el más miserable, engañas con trampas y artificios a hombres que conocen una forma de guerra sencilla y noble, pero que son ajenos al engaño y a las mentiras, y añades el nombre de virtud a la astucia, que en absoluto admite la astucia. Pero mira cómo las fieras, en sus luchas entre sí y contra ustedes, realizan sus defensas sin engaños, sin artificios y con el valor desnudo y manifiesto; y ni llamándolas la ley ni temiendo la acusación de deserción, sino huyendo por naturaleza de ser dominadas, resisten hasta el final y conservan su invencibilidad; pues no son derrotadas al ser vencidas en sus cuerpos ni se rinden en sus almas, sino que mueren en las batallas. Y al morir muchas, el valor, junto con el espíritu, se retira a alguna parte y, reuniéndose alrededor de una parte del cuerpo, resiste al que mata, salta y se indigna, hasta que, como el fuego, se extingue por completo y perece. No hay súplica ni petición de piedad ni confesión de derrota, ni un león sirve a un león ni un caballo a un caballo por cobardía, como el hombre al hombre, abrazando fácilmente lo que es sinónimo de cobardía. Y cuantas fieras los hombres han capturado con trampas o engaños, las que ya son adultas, rechazando el alimento y resistiendo la sed, se provocan la muerte antes que la esclavitud; pero a los polluelos y cachorros de estas, por ser manejables y tiernos debido a su edad, ofreciéndoles muchos y engañosos halagos y seducciones, y embaucándolos, los han sometido con el tiempo, acostumbrándolos a placeres contra natura y a una dieta inactiva, hasta que aceptaron y soportaron la llamada domesticación, como una afeminación del espíritu; por lo cual es evidente que las fieras están bien dotadas por naturaleza para el valor. Para los hombres, la franqueza es incluso contra natura; y de esto, oh excelente Odiseo, podrías aprenderlo mejor: pues en las fieras la naturaleza está en equilibrio para el valor y la hembra no es inferior al macho en nada, tanto en soportar los trabajos necesarios como en luchar las luchas por sus crías. Pero incluso oyes hablar de una cerda cromionia que, siendo una fiera hembra, causó muchos problemas a Teseo; y a aquella Esfinge no le habría servido de nada la sabiduría sentada arriba en el monte Ficio, tejiendo enigmas y acertijos, si no hubiera superado mucho a los cadmeos en fuerza y valentía. Dicen que también hubo una zorra teumesia, una cosa terrible, y cerca, una serpiente que luchó en duelo con Apolo por el oráculo en Delfos. Y vuestro rey tomó a la Ete de manos del sicionio como pago por no ir a la guerra, deliberando excelentemente, pues prefirió a un hombre cobarde una yegua buena y competitiva. Y tú mismo has visto muchas veces leopardos y leonas, cómo las hembras no ceden en nada a los machos en espíritu y valor, mientras que tu mujer, mientras tú haces la guerra, se sienta en casa junto al hogar, sin defenderse ni siquiera de las golondrinas que se acercan a ella y a la casa, y eso siendo espartana.¿ Qué más te hablo de las carias o las meonias? Pero de esto es evidente que los hombres no poseen la valentía por naturaleza; pues de lo contrario, las mujeres también participarían de igual manera del valor. De modo que ustedes, por la necesidad de las leyes, no voluntaria ni deseada, sino esclavizada a costumbres, reproches, opiniones ajenas y palabras fabricadas, practican la valentía y soportan los trabajos y los peligros, no siendo audaces ante ellos, sino por temer más otras cosas que estas. Así pues, como uno de tus compañeros, el que llega primero, se levanta hacia el remo ligero, no despreciándolo, sino temiendo y huyendo del más pesado, así el que soporta un golpe para no recibir heridas, y al defenderse de un enemigo antes que de algún castigo o la muerte, no es valiente ante esto, sino cobarde ante aquello. Y así se les reveló a ustedes que la valentía es una cobardía prudente, y la audacia un miedo que tiene el conocimiento de huir de unas cosas mediante otras. En general, si creen ser mejores que las fieras en valentía,¿ por qué sus poetas llaman a los que luchan mejor contra los enemigos de corazón de lobo, de espíritu de león y de valor semejante al jabalí, pero ninguno de ellos llama a un león de corazón humano ni de valor semejante al hombre? Pero, como creo, así como comparan a los rápidos con los pies ligeros y a los bellos con los dioses, así hacen las comparaciones de los terribles en la lucha con los seres superiores. La causa es que el espíritu es como un temple y un filo de la valentía, y las fieras usan esto puro en las luchas, mientras que en ustedes, al mezclarse con el razonamiento, como el vino con el agua, se altera ante los peligros y abandona el momento oportuno. Algunos de ustedes dicen que ni siquiera se debe usar el espíritu en las batallas, sino que, dejándolo de lado, se debe usar el razonamiento sobrio, diciendo cosas pésimas para la seguridad de la salvación, pero para el valor y la defensa, pésimas. Pues,¿ cómo no es absurdo que ustedes culpen a la naturaleza porque no les hizo crecer aguijones en los cuerpos ni dientes defensivos ni garras curvas, mientras que ustedes mismos quitan y cortan el arma innata del alma?
5
Od.¡ Vaya!, Grilo, me pareces un sofista terrible, tú que incluso ahora, hablando desde tu condición de cerdo, has emprendido la hipótesis con tanta energía. Pero,¿ por qué no hablaste a continuación sobre la templanza? Gr. Porque pensé que te habrías apoderado de lo dicho anteriormente, pero tú te apresuras a escuchar sobre la templanza, ya que eres un hombre de una mujer muy templada, y tú mismo crees haber dado una prueba de templanza al despreciar los placeres de Circe. Y en esto no te diferencias en nada de ninguna de las fieras en cuanto a continencia, pues tampoco ellas desean acercarse a los seres superiores, sino que realizan sus placeres y amores con los de su misma especie. No es de extrañar, pues, si, al igual que se dice que el macho cabrío mendesio en Egipto, encerrado con muchas y bellas mujeres, no está dispuesto a unirse, sino que está más entusiasmado por las cabras, así tú, disfrutando de los placeres habituales, no quieres, siendo hombre, dormir con una diosa. Pero la templanza de Penélope será motivo de risa y desprecio para diez mil cornejas graznando, cada una de las cuales, si muere el macho, no por poco tiempo, sino durante nueve generaciones de hombres, enviuda; de modo que la bella Penélope te queda nueve veces atrás en templanza respecto a la corneja que quieras.
6
Gr. Pero ya que no se me ha escapado que eres sofista, ven, usaré cierto orden en el discurso, definiendo la templanza y dividiendo los deseos por géneros. La templanza, pues, es una brevedad y orden de los deseos, eliminando los adventicios y superfluos, y adornando los necesarios con el momento oportuno y la moderación. Y en los deseos ves, supongo, una diferencia infinita, y el que se refiere a la comida y la bebida tiene a la vez lo natural y lo necesario; los de los placeres, a los que la naturaleza da principios, y que se pueden tener incluso sin usarlos, habiéndose liberado suficientemente, fueron llamados naturales pero no necesarios. Pero el género de los que no son ni necesarios ni naturales, sino que han sido vertidos desde fuera por una opinión vacía debido a la falta de gusto, en ustedes casi ha ocultado todos los naturales por su multitud, y tiene, como una multitud extranjera, un advenedizo en el pueblo que oprime a los ciudadanos nativos. Pero las fieras, teniendo las almas totalmente inaccesibles e inmezclables con las pasiones adventicias, y viviendo lejos de la opinión vacía, como si estuvieran apartadas del mar por vivir de manera elegante y superflua, se quedan atrás; pero el ser templado y estar mejor gobernado en los deseos, al no convivir con muchos ni con ajenos, se conserva fuertemente. A mí, al menos, alguna vez, no menos que a ti ahora, me deslumbraba el oro como una posesión incomparable con ninguna otra, y me cautivaban la plata y el marfil; y el que poseía la mayor parte de estos parecía ser un hombre bienaventurado y amado por los dioses, ya fuera frigio o cario, más innoble que Dolón y más desdichado que Príamo; y allí, siempre colgado de los deseos, no cosechaba ni gracia ni placer de las otras cosas, siendo abundantes y suficientes, sino que me quejaba de mi propia vida, como si estuviera necesitado de los mayores bienes y abandonado sin parte de ellos. Por tanto, como recuerdo haberte visto en Creta adornado con una túnica de forma festiva, no envidiaba la prudencia ni la virtud, sino que amaba y admiraba la finura de la túnica trabajada de forma superflua y la suavidad de la clámide, siendo de púrpura, y su belleza; y tenía también algo el broche, siendo de oro, un juguete, creo, perfeccionado con cincelados; te seguía hechizado, como las mujeres. Pero ahora, liberado de aquellas opiniones vacías y purificado, paso por alto el oro y la plata como las demás piedras, y por tus mantos y alfombras,¡ por Zeus!, no me acostaría más a gusto que estando lleno de barro profundo y blando, descansando. Y ninguno de tales deseos adventicios habita en nuestras almas; sino que la mayor parte de nuestra vida se administra con los deseos y placeres necesarios, y con los que no son necesarios sino naturales, solo nos relacionamos ni desordenadamente ni insaciablemente.
7
Gr. Y tratemos primero estos. El placer hacia las cosas fragantes y que mueven el olfato de forma natural, además de tener el beneficio, gratis y sencillo, contribuye a la vez a cierta necesidad en el diagnóstico del alimento. Pues la lengua es y se dice que es juez de lo dulce, lo picante y lo austero, cuando los jugos, al mezclarse con el sentido del gusto, sufren cierta confusión; pero nuestro olfato, siendo juez de la potencia de cada cosa antes que los jugos, percibiendo mucho más escépticamente que los catadores reales, deja pasar lo propio hacia dentro y expulsa lo ajeno, y no permite tocar ni dañar el gusto, sino que denuncia y acusa la vileza antes de ser dañado; las otras cosas no molestan, como a ustedes, los inciensos, cinamomos, nardos, hojas y cañas árabes, que, con cierta terrible y corruptora técnica de farmacéutica, llamada perfumería, obligan a reunir en lo mismo y comer juntos, comprando con mucho dinero una molicie poco varonil, propia de muchachas y en absoluto útil para nada. Pero, aunque es tal, ha corrompido no solo a todas las mujeres, sino ya a la mayoría de los hombres, de modo que ni siquiera quieren unirse con sus propias mujeres si no acuden a ellos oliendo a perfumes y polvos. Pero los jabalíes con las cerdas, los machos cabríos con las cabras y las demás hembras atraen a sus compañeros con sus propios olores; se reúnen para las bodas, oliendo a rocío puro, prados y hierba, por una benevolencia común, no siendo las hembras delicadas y poniendo por delante de los deseos engaños, hechizos y negativas, mientras los machos, por frenesí y lascivia, compran con pagos, trabajo y servidumbre el acto de la generación, sino buscando una Afrodita sin engaño, con el tiempo y sin pago, que, despertando el deseo de los animales según la estación del año como el brote de las plantas, lo extinguía inmediatamente, no admitiendo la hembra después de la concepción ni intentándolo ya el macho. Tan pequeño y débil valor tiene el placer entre nosotros, y en general la naturaleza. De donde las deseos de las fieras no han traído hasta ahora unión ni de macho con macho ni de hembra con hembra. De ustedes, muchas tales cosas de los venerables y buenos— pues dejo a los que no valen nada—; Agamenón recorrió Beocia cazando a Argino que huía y mintiendo sobre el mar y los vientos, luego, sumergiéndose bellamente a sí mismo en el lago Copaide, como si allí fuera a extinguir el amor y a liberarse del deseo. Heracles, de igual manera, persiguiendo a un compañero imberbe, fue abandonado por los mejores y traicionó la expedición; y en el tholos del Apolo Pteo, alguien de ustedes escribió a escondidas:« Aquiles es bello», teniendo ya Aquiles un hijo; y me entero de que las letras permanecen. Un gallo montando a otro gallo, no estando presente la hembra, es quemado vivo, declarando algún adivino o intérprete de prodigios que lo que sucede es algo grande y terrible. Así, incluso por los mismos hombres se ha admitido que corresponde más a las fieras ser templadas y no violentar la naturaleza con los placeres. Las cosas desenfrenadas en ustedes, no teniendo ni siquiera a la ley como aliada, la naturaleza las encierra dentro de límites, sino que, siendo arrastradas como por una corriente, en muchos lugares con los deseos, producen una terrible insolencia, confusión y mezcla en los placeres de la naturaleza. Pues hombres han intentado unirse con cabras, cerdas y yeguas, y mujeres se han vuelto locas por fieras machos; pues de tales matrimonios brotan para ustedes Minotauros y Egipanes, y como creo, también Esfinges y Centauros. Y sin embargo, por hambre, alguna vez un perro comió de un hombre por necesidad y un ave probó, pero para la unión, ninguna fiera intentó jamás usar a un hombre. Los hombres, fieras, violentan y transgreden la ley incluso ante esto y ante muchas otras cosas según los placeres.
8
Gr. Y siendo tan viles e incontinentes respecto a los deseos mencionados, se demuestran aún más en los necesarios, quedando muy atrás de las fieras en cuanto a templanza; y estos son los que se refieren a la comida y la bebida, de los cuales nosotros tomamos siempre lo agradable junto con cierta necesidad, mientras que ustedes, persiguiendo el placer más que lo natural del alimento, son castigados por muchas y largas enfermedades, que, siendo extraídas de una sola fuente, la hartura, llenan sus cuerpos de toda clase de humores y de difícil limpieza. Primero, pues, para cada género de animal, un alimento es connatural; para unos la hierba, para otros alguna raíz o fruto; y cuantos comen carne, no se vuelven hacia ningún otro tipo de alimento ni quitan el alimento a los más débiles; sino que permiten pastar, y el león está hecho por naturaleza para el ciervo y el lobo para la oveja. Pero el hombre, siendo llevado hacia todo por los placeres debido a la glotonería, y probando de todo y degustando, como si aún no hubiera conocido lo conveniente y propio, se ha convertido en el único de los seres que es omnívoro. Y usa carnes primero, sin ninguna carestía ni falta de recursos, a quien le está presente siempre según la estación otras cosas tras otras, cosechando, tomando y recogiendo de plantas y semillas, para no cansarse debido a la multitud; sino que, por molicie y hartura de los necesarios, persiguiendo comidas inadecuadas y no puras con matanzas de animales, mucho más salvajemente que las fieras más salvajes. Pues la sangre, el asesinato y las carnes son alimento propio para el milano, el lobo y la serpiente, pero para el hombre es un condimento. Luego, usando todo género, no como las fieras, que se abstienen de la mayoría y luchan contra pocos debido a la necesidad del alimento, sino que ni un ave ni un ser nadador, por así decirlo, ni un ser terrestre ha escapado de las llamadas mesas amables y hospitalarias de ustedes.
9
Gr. Está bien; pero usan estos condimentos endulzando el alimento;¿ qué, pues, al decir esto sobre estas mismas cosas? Pero la prudencia de las fieras no da lugar a ninguna de las artes inútiles y vanas, y las necesarias no las toma de otros ni son enseñables por pago, ni pegando con práctica y uniendo mezquinamente cada uno de los teoremas con cada uno, sino que desde sí misma, como si fueran innatas y connaturales, las produce. Pues escuchamos que todos los egipcios son médicos, pero cada uno de los animales no solo es autoartesano para la curación, sino también para la alimentación, para el valor, la caza, la vigilancia y la música, cuanto corresponde a cada uno según la naturaleza. Pues,¿ de quién aprendimos nosotros, estando enfermos, a ir a los ríos por los cangrejos?¿ Quién enseñó a las tortugas, tras comer de la víbora, a comer orégano, y a las cabras cretenses, cuando caen en las flechas, a buscar el dictamo, tras cuya ingestión expulsan las puntas? Si dices, lo cual es verdad, que la maestra de esto es la naturaleza, refieres la prudencia de las fieras al principio más soberano y sabio; la cual, si no creen que deba llamarse razón ni prudencia, es hora de buscar un nombre más bello y valioso para ella, así como, sin duda, proporciona una potencia mejor y más admirable mediante las obras; no es ignorante ni sin educación, sino más bien autodidacta y autosuficiente, no por debilidad, sino por fuerza y perfección de la virtud según la naturaleza, dejando que se alegre el aprendizaje de la prudencia de otros mediante el estudio. Pues cuantas cosas los hombres, siendo molicies o jugando, llevan al aprender y practicar, de estas la mente, incluso contra la naturaleza del cuerpo y por exceso de inteligencia, asume los aprendizajes. Pues dejo de lado rastrear a los perros y caminar en ritmo a los potros practicando, sino a los cuervos conversar y a los perros saltar a través de ruedas giratorias. Y los caballos y bueyes en los teatros, acostamientos, danzas, posturas arriesgadas y movimientos que ni siquiera para los hombres son muy fáciles, aprendiendo con precisión y recordando, tienen una muestra de facilidad de aprendizaje para ninguna otra cosa útil en absoluto. Y si no crees que aprendemos artes, escucha que también enseñamos. Pues las perdices, al huir, acostumbran a los polluelos a esconderse y a poner por delante un terrón en lugar de sí mismos, cayendo boca arriba con los pies; y a los polluelos de cigüeña ves en los tejados cómo los adultos presentes, al ser probados, les enseñan el vuelo. Los ruiseñores enseñan a sus polluelos a cantar; y los que son capturados siendo aún pequeños y criados en manos de hombres cantan peor, como si se hubieran hecho antes de tiempo por un maestro. Al descender a este cuerpo, admiro aquellos discursos con los que era persuadido por los sofistas de considerar irracional y sin sentido todo excepto al hombre.
10
Od. Ahora, pues, Grilo, has cambiado, y declaras que la oveja es racional y el asno. Gr. Por el contrario, con estas mismas cosas, oh excelente Odiseo, es necesario conjeturar más la naturaleza de las fieras, que no está privada de razón e inteligencia. Pues así como no hay árbol más o menos inanimado que otro, sino que todos tienen la misma relación con la insensibilidad— pues de ninguno de ellos participa el alma—, así no parecía que un animal fuera más lento y difícil de aprender que otro, si no fuera porque todos participaban de la razón y la inteligencia, pero unos más y otros menos de alguna manera. Y considera que las necedades y estupideces de algunos son denunciadas por las astucias y agudezas de otros, cuando comparas con el asno y la oveja al zorro, al lobo y a la abeja, como si te compararas a ti mismo con Polifemo o a tu abuelo Autólico con aquel Homero corintio. Pues no creo que haya tanta distancia de fiera a fiera como la que el hombre ha distanciado del hombre en cuanto a prudencia, razonamiento y memoria. Od. Pero mira, Grilo, no sea que sea terrible y violento abandonar la razón a aquellos en quienes no nace el conocimiento de Dios. Gr.¿ Entonces no diremos, Odiseo, que tú, siendo tan sabio y extraordinario, has nacido de Sísifo?

Intertext edge

Open linked passage

Note