Compendium argumenti Stoicos absurdiora poetis dicere
Choose a text
id="mobileReaderAuthor" class="mobile-reader-author" href="/authors/plutarch" aria-label="More works by Plutarch (plutarch)">
—
⋯
Original / primary: Spanish Gemini
1
El Ceneo de Píndaro se sometía a juicio, forjado de manera inverosímil como indestructible al hierro e impasible en su cuerpo, para luego descender invulnerable bajo tierra tras haber hendido la tierra con paso firme; pero el lapita estoico, como si hubiera sido fundido por ellos mismos a partir de una materia adamantina de impasibilidad, no es invulnerable, ni inmune a las enfermedades, ni insensible al dolor, sino que permanece sin miedo, sin tristeza, invicto y sin ser forzado, aun siendo herido, sufriendo dolor, siendo torturado, en la destrucción de su patria y en medio de tales padecimientos. Y mientras que el Ceneo de Píndaro, al ser golpeado, no resulta herido, el sabio de los estoicos, al ser encerrado, no es impedido; al ser arrojado por un precipicio, no es forzado; al ser torturado, no es atormentado; al ser mutilado, no es dañado; al caer durante la lucha, es invicto; al ser sitiado, es inexpugnable; y al ser vendido por los enemigos, es invendible; no difiriendo en nada de los barcos en los que está inscrito' Buen Viaje',' Providencia Salvadora' y' Curación', pero que aun así son azotados por la tormenta, destrozados y volcados.
2
El Yolao de Eurípides, de inerte y anciano que era, se convirtió de repente, mediante cierta oración, en joven y vigoroso para la batalla; pero el sabio de los estoicos, que ayer era el más feo y a la vez el más malvado, hoy ha cambiado repentinamente hacia la virtud y se ha transformado, de ser un anciano arrugado, pálido y, según Esquilo, dolorido de la espalda y con espasmos de dolor, en alguien apuesto, de aspecto divino y hermoso.
3
Y Atenea eliminó de Odiseo la arruguez, la calvicie y la deformidad para que pareciera hermoso; pero el sabio de ellos, sin que la vejez haya abandonado su cuerpo, sino habiéndose añadido y acumulado aún más, permaneciendo encorvado, si así sucede, desdentado y tuerto, no es ni feo, ni deforme, ni de mal aspecto. Pues el amor estoico, al igual que se dice que los escarabajos abandonan el perfume y persiguen las cosas fétidas, así, al tratar con los más feos y deformes, se aparta cuando estos se transforman en belleza y hermosura gracias a la sabiduría.
4
El que entre los estoicos es el peor, si así sucede por la mañana, al atardecer es el mejor; y habiéndose acostado como un insensato, ignorante, injusto, desenfrenado y,¡ por Zeus!, esclavo, pobre y necesitado, se levanta el mismo día habiéndose convertido en rey, rico y dichoso, siendo sensato, justo, firme y libre de opiniones falsas; no habiendo hecho brotar juventud ni vigor en un cuerpo joven y tierno, sino habiendo adquirido en un alma débil, tierna, cobarde e inestable una mente perfecta, una prudencia suprema, una disposición igual a la de un dios, un conocimiento libre de opiniones y un hábito inmutable, sin que la maldad haya cedido antes en él, sino de repente, poco me falta para decir, habiéndose convertido de las bestias que era el peor en un héroe, un demon o un dios. Pues al tomar la virtud de la Estoa, es posible decir:' pide lo que quieras, todo te sucederá'; trae riqueza, posee realeza, otorga fortuna, hace a los hombres afortunados, sin necesidades y autosuficientes, aun cuando no tengan ni una dracma en casa.
5
Pues el mito poético, manteniendo la coherencia, no abandona en ninguna parte a Heracles necesitado de lo indispensable, sino que, como de una fuente, fluye hacia él y hacia sus compañeros; pero el que ha tomado la Amaltea estoica se ha vuelto rico, pero mendiga alimento de otros; y es rey, pero resuelve silogismos por un salario, y aunque lo posee todo, paga alquiler y compra harina, a menudo pidiendo prestado o mendigando a quienes no tienen nada.
6
Y el rey de los itacenses mendiga ocultando quién es, queriendo y actuando lo más posible como un mendigo miserable; pero el de la Estoa, gritando fuerte y vociferando' yo solo soy rey, yo solo soy rico', es visto a menudo ante puertas ajenas diciendo:' dad una capa a Hiponacte, pues tengo mucho frío y castañeteo los dientes'.