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De Facie Quae in orbe Lunae Apparet
Plutarch (plutarch)Appa 1 · spanish-geminiMore by Plutarch (plutarch)
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Lo que Sila dijo, pues, pertenece a mi relato y de allí proviene; pero si ya habéis comenzado a discutir sobre estas opiniones que están a mano y en boca de todos acerca del rostro de la luna, primero me gustaría escucharlo con gusto.¿ Y por qué no?¿ Acaso no íbamos a vernos empujados hacia aquellos temas por la perplejidad que nos causan estos? Pues, al igual que quienes padecen enfermedades crónicas, cuando se desesperan de los remedios comunes y de las dietas habituales, recurren a purificaciones, amuletos y sueños, así es necesario, en investigaciones difíciles de contemplar y sin salida, cuando los argumentos comunes, reputados y habituales no convencen, intentar los más extraños y no despreciarlos, sino, en rigor, conjurarnos a nosotros mismos con los argumentos de los antiguos y examinar la verdad a través de todo.
2
Pues ves de inmediato cuán extraño es quien dice que la forma que aparece en la luna es una afección de la vista que cede ante el brillo por debilidad, lo que llamamos[ deslumbramiento]; sin advertir que esto debería ocurrir más bien ante el sol, que se presenta agudo y punzante, como Empédocles, no sin gracia, atribuye la diferencia entre ambos:' el sol de agudos rayos y la luna de suave luz', calificando así su aspecto atrayente, alegre y no doloroso. Además, al dar una explicación según la cual las vistas tenues y débiles no ven ninguna diferencia de forma en la luna, sino que su círculo les resplandece liso y lleno, mientras que los que ven de forma aguda y vehemente distinguen más y separan las formas que se imprimen del rostro, y captan la diferencia con mayor claridad; pues debería ser, creo, al contrario, si la afección del ojo vencido produjera la imagen, ya que donde lo que padece es más débil, más clara debería ser la apariencia. Y la irregularidad refuta por completo el argumento; pues no es una visión de sombra continua y confusa, sino que Agesianacte, al describirla no mal, ha dicho:' toda ella brilla alrededor con fuego, pero en medio aparece más azul que el cian, como el ojo y las húmedas frentes de una doncella; y las facetas se asemejan a un rostro'. Pues, en efecto, las partes sombrías se deslizan bajo las brillantes, y son presionadas de nuevo por ellas y cortadas, y en general están entrelazadas unas con otras, de modo que la configuración de la figura es pictórica. Y esto, Aristóteles, no parecía decirse de forma poco convincente ni siquiera para tu Clearco, pues es vuestro hombre, habiendo sido familiar del antiguo Aristóteles, aunque haya desviado muchas cosas del Perípato.
3
Al tomar Apolónides la palabra y preguntar cuál era la opinión de Clearco, dije que la desconocía más que nadie, aunque a ti te corresponde el argumento, como quien parte del hogar de la geometría; pues el hombre dice que el llamado rostro en la luna son imágenes especulares y reflejos del gran mar que aparecen en ella; pues el borde, al reflejarse desde muchos lugares, es capaz de alcanzar lo que no se ve en línea recta, y la luna llena misma es, por la uniformidad y el brillo de todos los espejos, la más hermosa y pura. Así pues, como vosotros pensáis que el arco iris se ve en la nube, que ha tomado una suavidad húmeda y una condensación tranquila, al reflejarse la vista hacia el sol, así él piensa que se ve en la luna el mar exterior, no en el lugar donde está, sino desde donde la refracción hizo que la vista tuviera contacto con él y su reflejo; como en algún lugar ha dicho de nuevo Agesianacte:' o bien la imagen de un gran oleaje de un mar que se agita frente a un espejo que arde en fuego'.
4
Apolónides, complacido, dijo que el artificio de la opinión era propio y totalmente nuevo, y que poseía cierta audacia y musa; pero¿ cómo le aplicaba la refutación? Primero, dije, donde una es la naturaleza del mar exterior, un mar que fluye junto y es continuo, la imagen no es una sola de las manchas en la luna, sino que tiene como istmos, al dividir y delimitar lo brillante lo sombrío; de donde, al estar cada lugar separado y tener su propio límite, las incidencias de las luces sobre las oscuras, al tomar la imagen de altura y profundidad, configuraron de forma muy semejante las imágenes que aparecen alrededor de los ojos y los labios. De modo que hay que suponer o bien más mares exteriores, encerrados por algunos istmos y continentes, lo cual es extraño y falso, o bien, siendo uno solo, no es verosímil que una imagen aparezca tan fragmentada. Pues es más seguro preguntar eso que afirmar, estando tú presente, si, siendo la anchura y longitud de la tierra habitada igual, es posible que la vista reflejada desde la luna toque el mar de la misma manera para todos, incluso para los que navegan en ese gran mar, por Zeus, y viven en él, como los britanos, y esto sin que la tierra, como decís, ocupe el lugar del centro respecto a la esfera de la luna. Esto, pues, dije que era tu tarea examinarlo; pero la refracción de la vista hacia la luna ya no es tuya ni de Hiparco; aunque, amigo, a muchos no les agrada que, al filosofar sobre la vista, se crea que tiene una mezcla y condensación de la misma naturaleza, más que ciertos golpes y rebotes, como los que Epicuro inventaba para los átomos. Y no querrá, creo, Clearco suponer que la luna es para vosotros un cuerpo pesado y sólido, sino un astro etéreo y portador de luz, como decís; pero a tal cuerpo le corresponde romper y desviar la vista, de modo que la reflexión desaparece. Y si alguien nos necesita, preguntaremos cómo es que solo el rostro es en la luna el espejo del mar, y no se ve en ninguno de los otros tantos astros; aunque lo verosímil exige que la vista sufra esto ante todos o ante ninguno. Pero, dije mirando a Lucio, recuerda lo primero que se dijo de los nuestros.
5
Y Lucio dijo:' Para que no parezca que ultrajamos por completo a Farnaces, al pasar por alto la opinión estoica de forma tan inaccesible, di algo al hombre, que supone que la luna es una mezcla de aire y fuego suave, y luego afirma que, como en una calma cuando corre un escalofrío, el aire se oscurece y se produce una imagen con forma'. Dije:' Has envuelto bien, Lucio, la extrañeza con nombres eufemísticos; pero nuestro compañero no hablaba así, sino, lo que era verdad, decía que ellos mismos se golpean la cara al llenar la luna de manchas y oscuridades, invocando a la vez a Artemisa y a Atenea, y a la vez haciendo una mezcla y amalgama de aire sombrío y fuego carbonoso, que no tiene ignición ni luz propia, sino un cuerpo difícil de distinguir, siempre humeante y quemado, como los que los poetas llaman rayos sin luz y ahumados. Que, sin embargo, el fuego carbonoso, como el que estos hacen de la luna, no tiene permanencia ni constitución en absoluto, a menos que se apodere de una materia sólida que a la vez lo contenga y lo alimente, creo que es mejor verlo en algunos filósofos que dicen en broma que se dice que Hefesto es cojo porque el fuego, sin leña, como los cojos sin bastón, no avanza. Si, pues, la luna es fuego,¿ de dónde le ha venido tanto aire? Pues este lugar que se mueve arriba y en círculo no es de aire, sino de una sustancia superior y que tiene la naturaleza de atenuar y encender todo; y si le ha venido,¿ cómo no desaparece transformándose en otra forma al ser eterizado por el fuego, sino que se conserva y convive con el fuego tanto tiempo, como un clavo fijado y unido siempre a las mismas partes? Pues a lo que es raro y confuso le corresponde no permanecer, sino caer; pero no es posible que esté condensado mezclado con fuego y sin participar ni de agua ni de tierra, con las cuales solo el aire es capaz de condensarse. Y el ímpetu quema también el aire que hay en las piedras y el que hay en el plomo frío, cuanto más el que gira en el fuego con tanta rapidez. Pues también se molestan con Empédocles, que hace de la luna un bloque de aire granizado contenido por la esfera del fuego, mientras que ellos dicen que la luna, siendo una esfera de fuego, contiene aire disperso aquí y allá,¡ y esto sin tener grietas en sí misma ni profundidades y cavidades, que los que la hacen terrosa dejan! Sino que, evidentemente, está sobre la superficie por su curvatura. Y esto es irrazonable para la permanencia e imposible para la visión en las lunas llenas; pues no debería estar delimitado lo negro y sombrío, sino oscurecerse al ocultarse o brillar conjuntamente, al ser alcanzada la luna por el sol. Pues también entre nosotros, lo que está en las profundidades y cavidades de la tierra, donde no pasa la luz, permanece sombrío y sin luz; pero lo que está fuera, derramado alrededor de la tierra, tiene resplandor y color luminoso; pues es fácil de mezclar con toda cualidad y potencia por su rareza, y sobre todo si toca la luz, como decís, y la roza, a través de todo; al transformarse, se ilumina. Lo mismo, pues, ocurre también con los que empujan el aire hacia ciertas profundidades y barrancos; en la luna parece que ayuda maravillosamente, pero a vosotros os refuta, a los que no sé cómo mezcláis y ajustáis su esfera de aire y fuego; pues no es posible que quede sombra sobre la superficie, cuando el sol ilumina con su luz todo lo que nosotros también cortamos con la vista de la luna'.
6
Y Farnaces, mientras yo aún hablaba, dijo de nuevo:' Eso es lo mismo otra vez; ha llegado a nosotros el artificio de la Academia, que consiste en no ofrecer refutación de lo que ellos mismos dicen cuando se entretienen hablando ante otros, sino en usar siempre defensas y no acusaciones, si se encuentran con alguien. Pero a mí no me sacaréis hoy a dar cuenta de lo que reprocháis a los estoicos, antes de recibir cuentas de vosotros, que ponéis el mundo patas arriba'. Y Lucio, riendo, solo dijo:' Amigo, no nos anuncies un juicio por impiedad, como Cleantes pensaba que los griegos debían acusar de impiedad a Aristarco de Samos, por mover el hogar del mundo, porque el hombre intentaba salvar los fenómenos, suponiendo que el cielo permanece, pero que la tierra se desplaza a lo largo de un círculo oblicuo, girando a la vez sobre su propio eje. Nosotros, pues, no decimos nada por nuestra cuenta, pero los que suponen que la luna es tierra, excelente amigo,¿ en qué os superan al poner el mundo patas arriba, al establecer la tierra aquí suspendida en el aire, siendo mucho mayor que la luna, como los matemáticos miden su tamaño en las afecciones de los eclipses y en los pasos de la época a través de la sombra? Pues la sombra de la tierra se extiende menor por ser mayor el cuerpo que ilumina, y que la parte superior y estrecha de la sombra misma no escapó ni a Homero, como dicen, sino que llamó a la noche' veloz' por la agudeza de la sombra; pero, sin embargo, la luna, al ser capturada por esto en los eclipses, apenas se libera con tres veces su propio tamaño. Considera, pues, cuántas lunas es la tierra, si proyecta una sombra, aunque sea mínima, de tres lunas de ancho. Pero, sin embargo, teméis que no caiga sobre la luna; pero sobre la tierra quizás Esquilo os ha convencido, de que Atlas está de pie,' apoyando sobre sus hombros la columna del cielo y de la tierra, una carga no fácil de abrazar', si bajo la luna corre un aire ligero y no es capaz de soportar un cuerpo sólido, mientras que a la tierra, según Píndaro, la rodean columnas de pies de diamante; y por esto Farnaces mismo está en seguridad de que la tierra no caiga, pero compadece a los etíopes o taprobaneos que están debajo del transporte de la luna, no sea que les caiga encima tanto peso. Aunque para la luna la ayuda para no caer es el movimiento mismo y el zumbido de la rotación, como todo lo que, puesto en las hondas, tiene como impedimento de la caída el giro en círculo; pues cada cosa es llevada por su movimiento natural, si no es desviada por ninguna otra. Por eso el peso no lleva a la luna, al ser expulsada la inclinación por la rotación. Pero quizás tenía más sentido maravillarse de que ella permanezca por completo como la tierra y esté inmóvil. Ahora bien, la luna tiene una gran causa para no ser llevada hacia aquí; pero la tierra, al estar privada de otro movimiento, era verosímil que se moviera solo por lo que pesa; y es más pesada que la luna no solo por ser mayor, sino aún más, al haberse vuelto ligera por el calor y la ignición. Y en general parece, por lo que dices, que la luna, si es fuego, necesita tierra y materia, en la que se apoya y se adhiere y mantiene y aviva la potencia; pues no es posible concebir un fuego que se conserve sin materia; pero vosotros decís que la tierra permanece sin base ni raíz'.'¡ Por supuesto!', dijo Farnaces,' al ocupar el lugar medio, como si fuera propio de ella y conforme a la naturaleza; pues este es el lugar alrededor del cual todos los pesos se inclinan y son llevados y convergen desde todas partes; pero toda la región superior, incluso si recibe algo terroso arrojado por la fuerza, lo exprime inmediatamente hacia aquí, o más bien lo suelta, al ser natural que sea llevado hacia abajo por su propia inclinación'.
7
Ante esto, yo, queriendo dar tiempo a Lucio para que recordara, llamé a Teón y dije:'¿ Quién, Teón, de los trágicos ha dicho que los médicos purgan la bilis con medicinas amargas?'. Al responder Teón que Sófocles, dije:' Y hay que concedérselo a ellos por necesidad; pero no hay que escuchar a los filósofos si quieren defender lo paradójico con cosas paradójicas y, al luchar contra lo maravilloso de los dogmas, inventan cosas más extrañas y maravillosas, como estos que introducen el movimiento hacia el centro.¿ En qué no hay paradoja?¿ No es que la tierra sea una esfera, teniendo tales profundidades y alturas e irregularidades?¿ Que los antípodas vivan, como carcomas o lagartijas, al estar patas arriba pegados a la tierra?¿ Que nosotros mismos no caminemos sobre ángulos rectos, sino que permanezcamos de lado inclinándonos como los borrachos?¿ Que masas de mil talentos, al ser llevadas a través de la profundidad de la tierra, cuando llegan al centro, se detengan, sin que nada se encuentre ni las sostenga; y si, al ser llevadas hacia abajo con ímpetu, superaran el centro, se vuelvan de nuevo hacia atrás y regresen desde ellas?¿ Que trozos de tierra cortados de ambos lados no sean llevados hacia abajo a través de todo, sino que, al caer hacia la tierra desde fuera, sean empujados hacia dentro y se oculten alrededor del centro?¿ Que una corriente impetuosa de agua llevada hacia abajo, si llegara al punto central, que ellos mismos dicen que es incorpóreo, se detenga suspendida o gire en círculo, en un balanceo incesante y sin descanso? Pues ni siquiera falsamente alguien podría forzarse a sí mismo a poner algunas de estas cosas en lo posible mediante la invención. Pues esto es que lo de arriba sea abajo y todo al revés, al volverse abajo lo que está hasta el centro y de nuevo arriba lo que está bajo el centro; de modo que, si alguien, por simpatía de la tierra, se detuviera teniendo su centro alrededor del ombligo, tendría a la vez la cabeza arriba y los pies arriba; y si alguien excavara el lugar de más allá, su ser se volvería hacia arriba y el que es excavado sería atraído hacia abajo desde arriba; y si alguien fuera concebido caminando en contra de esto, los pies de ambos se volverían a la vez arriba y se dirían'.
8
De tales y tantas paradojas, no por Zeus una alforja, sino el equipaje y la carga de algún prestidigitador, al haber superado y arrastrado a otros, dicen que es ridículo poner la luna arriba, siendo tierra, al establecerla donde no está el centro. Aunque, si todo cuerpo pesado converge hacia lo mismo y se apoya hacia su propio centro con todas sus partes, no es más como centro del todo que la tierra se apropiará de las partes, siendo suyos los pesos; y será prueba de los que se inclinan no la centralidad de la tierra respecto al mundo, sino respecto a la tierra cierta comunión y connaturalidad con los que fueron alejados de ella y luego de nuevo son llevados hacia abajo. Pues así como el sol hace volver hacia sí las partes de las que está compuesto, y la tierra recibe la piedra como algo propio y conveniente y la lleva hacia ella; de donde se une con el tiempo y se hace connatural a ella cada una de tales cosas. Y si algún cuerpo resulta no haber sido asignado a la tierra desde el principio ni haber sido arrancado, sino que tuvo en algún lugar por sí mismo una constitución propia y naturaleza, como dirían ellos de la luna,¿ qué impide que esté aparte y permanezca alrededor de sí mismo, presionado y encadenado por sus propias partes? Pues ni la tierra se muestra como centro del todo, y la convergencia y constitución de los que están aquí hacia la tierra sugiere el modo en que es verosímil que permanezcan los que allí han caído hacia la luna. Y el que conduce todas las cosas terrosas y pesadas hacia un solo lugar y hace partes de un solo cuerpo, no veo por qué no atribuye la misma necesidad a las ligeras, sino que deja que haya constituciones de fuego tan grandes aparte y, al no reunir a todos los astros en lo mismo, claramente piensa que debe haber un cuerpo común de todos los que son llevados hacia arriba y son como llamas.
9
Pero decís que el sol está a incontables miríadas de distancia de la rotación superior, dije, amigo Apolónides, y que el portador de luz y el que brilla y los otros planetas, al ceder ante las estrellas fijas, son llevados a grandes distancias unos de otros; pero para los pesados y terrosos no pensáis que el mundo proporciona ninguna amplitud en sí mismo y distancia. Veis que es ridículo si no diremos que la luna es tierra porque está alejada de la región inferior, y diremos que es un astro, viendo que está alejada de la rotación superior por tantas miríadas de estadios y como sumergida en algún abismo; pues está más abajo de los astros tanto como uno no podría decir la medida, sino que os faltan a vosotros los matemáticos los números al calcular, pero de la tierra en cierto modo toca y, al ser llevada cerca,' como la huella de un carro se enrolla', dice Empédocles,' y la que está alrededor del extremo', pues ni siquiera supera su sombra muchas veces al elevarse un poco por ser inmenso el cuerpo que ilumina; pero parece que vaga tan al ras y casi en los brazos de la tierra, de modo que es obstruida frente al sol por ella, al no superar este lugar sombrío, terrenal y nocturno, que es la suerte de la tierra. Por eso hay que decir, creo, con confianza, que la luna está en los límites de la tierra, al ser obstruida por sus extremos.
10
Y considera, dejando a los otros fijos y planetas, lo que demuestra Aristarco en el' Sobre los tamaños y distancias', que la distancia del sol respecto a la distancia de la luna a la que está de nosotros es más de dieciocho veces y menos de veinte veces. Aunque el que eleva la luna al máximo dice que está a cincuenta y seis veces la distancia desde el centro de la tierra; y esta es de cuatro miríadas según los que miden de forma media; y calculando desde esta, el sol está alejado de la luna más de cuatro mil treinta miríadas. Así está alejada del sol por su peso y tanto se ha acercado a la tierra que, si hay que dividir las sustancias por los lugares, la parte y región de la tierra reclama a la luna y está sujeta a los asuntos y cuerpos alrededor de la tierra por parentesco y vecindad. Y no cometemos ninguna falta, creo, al dar a los que son llamados superiores tanta profundidad y distancia, al dejar también alguna rotación y anchura a la inferior, tanta como es desde la tierra hasta la luna; pues ni el que llama superior solo a la superficie extrema del cielo y todo lo demás inferior es moderado, ni el que describe lo inferior a la tierra, o más bien al centro, es tolerable; sino que también el movimiento permite el intervalo necesario en esta parte del mundo por su tamaño. Pero al que exige que todo lo que está lejos de la tierra sea inmediatamente superior y elevado, otro le responde que es inmediatamente inferior lo que está lejos de la rotación fija.
11
Y en general,¿ cómo se dice y de qué es la tierra el centro? Pues el todo es infinito; y al infinito, que no tiene ni principio ni fin, no le corresponde tener centro; pues el centro es también un fin, y la infinitud es privación de fines. Y el que afirma que la tierra es el centro no del todo, sino del mundo, es gracioso, si no piensa que el mundo mismo está sujeto a las mismas perplejidades; pues el todo no le dejó ni a este un centro, sino que está sin hogar y sin fundamento, llevado en un vacío infinito hacia nada propio, o habiendo encontrado alguna otra causa para permanecer, se detuvo, no por la naturaleza del lugar. Es posible conjeturar cosas semejantes sobre la tierra y sobre la luna, como si fuera por otra alma y naturaleza, más bien por diferencia, permaneciendo una inmóvil aquí y siendo la otra llevada. Y sin esto, mira no sea que se les haya escapado algo grande; pues si todo lo que de cualquier modo está fuera del centro de la tierra es superior, no hay ninguna parte inferior del mundo, sino que arriba es tanto la tierra como lo que está sobre la tierra y, en suma, todo cuerpo que está alrededor o sobre el centro se vuelve superior; y abajo solo hay uno, ese punto incorpóreo, que es necesario que se oponga a toda la naturaleza del mundo, si es que lo inferior se opone por naturaleza a lo superior. Y no solo esto es extraño, sino que también destruye la causa de los pesos, por la cual caen y son llevados hacia aquí; pues no hay ningún cuerpo abajo hacia el cual se mueva, y el incorpóreo ni es verosímil ni quieren que tenga tanta potencia como para atraer todo hacia sí y mantenerlo alrededor de sí. Pero en general se encuentra que es irrazonable y que lucha contra los hechos que el mundo entero sea superior, y que lo inferior no sea nada más que un fin incorpóreo y sin distancia; pero aquello es razonable, como decimos nosotros, que tanto lo superior como lo inferior estén divididos teniendo mucha anchura.
12
No obstante, si quieres, al suponer que los movimientos existen contra la naturaleza en el cielo para los cuerpos terrosos,¿ consideremos con calma, no trágicamente, sino suavemente? Que esto no demuestra que la luna no sea tierra, sino que es tierra donde no es natural que esté; puesto que también el fuego del Etna está bajo tierra contra la naturaleza, pero es fuego; y el aire, al ser contenido en los odres, es por naturaleza ascendente y ligero, pero llega donde no es natural por necesidad.¿ Y la propia alma, por Zeus, dije, no está unida al cuerpo contra la naturaleza, la rápida al lento y la ígnea al frío, como decís, y la invisible al sensible?¿ Por esto, pues, no digamos que el alma es para el cuerpo, ni que una cosa divina del intelecto, por peso o espesor, al recorrer y sobrevolar todo el cielo y la tierra y el mar a la vez, llega a carnes y nervios y médulas y humedades llenas de mil afecciones?¿ Y este Zeus vuestro no es, al usar su propia naturaleza, un gran fuego continuo, y ahora ha sido rebajado y doblado y configurado, habiéndose vuelto todo color y volviéndose en las transformaciones? De modo que mira y considera, divino, no sea que al trasladar y alejar a cada uno de donde es natural que esté, filosofes sobre una disolución del mundo y traigas la discordia de Empédocles a los hechos; o más bien mueves a los antiguos Titanes y Gigantes contra la naturaleza y deseas ver aquella mítica y terrible falta de orden y falta de medida, al poner todo lo pesado aparte y aparte lo ligero,' donde no se teme el brillante aspecto del sol, ni tampoco la raza velluda de la tierra, ni el mar', como dice Empédocles; pues la tierra no participaba de calor, ni el agua de aire, ni nada de lo pesado arriba ni nada de lo ligero abajo, sino que eran principios de los todos sin mezcla y sin afecto y unidades, que no admitían comparación de uno con otro ni comunión, sino que huían y se alejaban y eran llevados con movimientos propios y obstinados, así estaban, como está todo donde falta un dios, según Platón, es decir, como están los cuerpos, al faltar el intelecto y el alma; hasta que lo deseable llegó a la naturaleza por providencia, al nacer la amistad y Afrodita y Eros, como dicen Empédocles y Parménides y Hesíodo, para que, al cambiar de lugares y tomar potencias unos de otros y ser atados por necesidades de movimiento unos y de permanencia otros y ser forzados hacia lo mejor, desde donde es natural, cedieran y se trasladaran para realizar la armonía y comunión del todo.
13
Pues si ninguna otra parte del mundo hubiera estado contra la naturaleza, sino que cada una estuviera donde es natural, sin necesitar ninguna traslación ni reordenación ni haber necesitado un principio, me pregunto cuál es la obra de la providencia o de qué se ha vuelto hacedor y padre creador Zeus, el maestro de artes. Pues no hay utilidad de tácticos en un campamento, si cada uno de los soldados supiera por sí mismo tomar y guardar el orden y el lugar según el momento, donde debe; ni de jardineros ni de constructores, si por una parte el agua misma fuera natural que viniera por sí misma a los que la necesitan y regara al fluir, y por otra parte los ladrillos y maderas y piedras, al usar las inclinaciones y tendencias naturales, tomaran por sí mismos la armonía y el lugar conveniente. Y si este argumento refuta directamente la providencia, pero al dios le corresponde el orden de los seres y el dividir,¿ qué es de extrañar que la naturaleza haya sido ordenada y armonizada de tal modo que aquí esté el fuego y allí los astros, y de nuevo aquí la tierra y arriba la luna, al ser contenida por un vínculo más firme que el natural, el racional? Pues, si es que todo debe usar las inclinaciones naturales y ser llevado según lo que es natural,¡ que ni el sol circule ni el portador de luz ni las otras estrellas!, pues no es natural que los cuerpos ligeros e ígneos se muevan en círculo arriba. Y si la naturaleza tiene tal cambio respecto al lugar, de modo que aquí el fuego parezca ser llevado arriba, pero cuando llega al cielo, gire junto con el giro,¿ qué es de extrañar si también a los pesados y terrosos, al llegar allí, les ha sucedido de igual modo ser vencidos por lo que los contiene hacia otro tipo de movimiento? Pues no es que a los ligeros les quite el movimiento hacia arriba, que es natural para el cielo, pero a los pesados y que se inclinan hacia abajo no puede dominarlos, sino que, al haber trasladado a aquellos con la potencia que allí tenía, usó la naturaleza de ellos hacia lo mejor.
14
No obstante, si hay que dejar ya las opiniones esclavizadas y decir sin miedo lo que aparece, nada parece tener una parte del todo por sí misma un orden o posición o movimiento propio, que uno llamaría simplemente natural. Pero cuando cada cosa, por cuya causa ha nacido y hacia lo que es natural o ha sido hecha, lo proporciona útil y convenientemente al moverse, y al sufrir o actuar o estar dispuesta, como es adecuado para aquel para su salvación o belleza o potencia, entonces parece tener el lugar y movimiento y disposición naturales. El hombre, al menos, como si hubiera nacido según la naturaleza de otra cosa de los seres, tiene arriba los pesados y terrosos sobre todo alrededor de la cabeza, y en los medios los calientes e ígneos; y de los dientes unos nacen de arriba y otros de abajo, y ninguno tiene contra la naturaleza; ni el fuego que brilla arriba alrededor de los ojos es natural y el que está en el vientre y el corazón contra la naturaleza, sino que cada uno ha sido ordenado de forma propia y útil. Sí, ciertamente, al observar la naturaleza de los caracoles de concha de piedra y de las tortugas y de todo molusco, como dice Empédocles,' donde verás la tierra habitando sobre la piel', y lo pétreo no presiona ni oprime la constitución al estar encima, ni tampoco lo caliente, por ligereza, se va volando hacia la región superior; sino que está mezclado de algún modo unos con otros y ordenado según la naturaleza de cada uno.
15
Como es natural que el cosmos también posea, si es que en verdad es un ser vivo, tierra en muchos lugares, y en otros fuego, agua y aire, no comprimidos por necesidad, sino ordenados por la razón. Pues ni el ojo está aquí en el cuerpo comprimido por ligereza, ni el corazón ha caído hacia el pecho resbalando por su peso, sino porque era mejor que cada uno estuviera dispuesto así. No pensemos, pues, que tampoco las partes del cosmos, ni la tierra yace aquí amontonada por el peso, ni el sol, como creía Metrodoro de Quíos, ha sido comprimido hacia la región superior a modo de odre por su ligereza, ni que los otros astros, como en una diferencia de balanza, se han inclinado hacia los lugares en los que están; sino que, bajo el dominio de la razón, unos circulan como ojos luminosos fijados en el rostro del todo, mientras que el sol, poseyendo la fuerza de un corazón, envía y dispersa desde sí mismo calor y luz como sangre y aire; y el cosmos utiliza la tierra y el mar según su naturaleza, tanto como un ser vivo utiliza el vientre y la vejiga. La luna, situada entre el sol y la tierra, como el hígado o alguna otra víscera blanda entre el corazón y el vientre, envía hacia aquí el calor de arriba y, al atenuar con cierta cocción y purificación las exhalaciones que vienen de aquí, las exhala a su alrededor; si además su parte terrosa y sólida tiene alguna utilidad adecuada para otras cosas, nos es desconocido. Pero en todo prevalece lo mejor sobre lo forzado. Pues,¿ qué tomemos como lo verosímil de lo que ellos dicen? Dicen que la parte del éter brillante y sutil se ha convertido en cielo por su rareza, y la que se ha condensado y reunido, en astros; y que de estos, la luna es la más inerte y turbia. Pero, sin embargo, es posible ver que la luna no está separada del éter, sino que todavía es arrastrada por el aire que la rodea, y que tiene mucho debajo de sí para ser agitada por los vientos y los cometas. Así, cada uno de los cuerpos no ha sido equilibrado por las inclinaciones según el peso y la ligereza, sino que ha sido ordenado por otra razón.
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Dichas estas cosas y cediéndome Lucio la palabra, mientras se dirigía a las demostraciones de la doctrina, Aristóteles, sonriendo, dijo:« Testifico que has hecho toda la refutación contra aquellos que suponen que la luna es semígnea y que afirman, en común, que los cuerpos se inclinan unos hacia arriba y otros hacia abajo por sí mismos; pero si hay alguien que diga que los astros se mueven en círculo por naturaleza y que son de una sustancia muy distinta a la de los cuatro elementos, no nos ha venido a la memoria por azar, de modo que yo me vea libre de problemas y tú, Lucio». Y Lucio dijo:« En absoluto, mi buen amigo. Pero, quizás, que los otros astros y todo el cielo sean puestos por vosotros en una naturaleza pura, sincera y libre de la alteración según la afección, y que los llevéis en un círculo de rotación eterna e inacabable, nadie lo disputaría en el presente, aunque haya innumerables dificultades. Pero cuando el discurso desciende y toca así la luna, ya no conserva en ella la impasibilidad y aquella belleza del cuerpo, sino, para dejar de lado las otras anomalías y diferencias, este mismo rostro que se transparenta ha surgido por alguna afección de la sustancia o por la mezcla de otra; y lo que se mezcla también sufre algo, pues pierde su pureza, al llenarse por la fuerza de lo peor. Y su inercia, la torpeza de su rapidez, y lo cálido inerte y oscuro, con lo cual, según el poeta Jon, el racimo negro no madura,¿ en qué lo pondremos sino en su debilidad y afección, si es que un cuerpo eterno y olímpico participa de afección? Pues, en general, mi querido Aristóteles, siendo tierra, aparece como algo bellísimo, solemne y ordenado; pero como astro, luz o algún cuerpo divino y celestial, temo que sea informe, indecoroso y que deshonre el bello nombre, si es que, habiendo tantos en el cielo, ella sola circula necesitada de luz ajena, según Parménides, mirando siempre hacia los rayos de Helios». Mi compañero, pues, en la disertación, al demostrar esto mismo, lo de Anaxágoras, que el sol pone en la luna lo brillante, tuvo éxito; yo, sin embargo, no diré estas cosas que aprendí de vosotros o con vosotros, sino que iré voluntariamente a lo restante. Que la luna es iluminada, pues, no como el vidrio o el cristal por el resplandor y la transparencia del sol, es verosímil; ni tampoco por alguna columinación y co- iluminación, como las antorchas al aumentar la luz; pues así no habría menos luna llena en las novilunios que en los plenilunios; para nosotros,¿ acaso no retiene ni obstruye al sol, sino que lo deja pasar por su rareza o brilla por mezcla? Y enciende la luz a su alrededor. Pues no es posible culpar de inclinaciones ni desviaciones de ella, como cuando está dicótoma, gibosa o falcada, en torno a la conjunción, sino que, según Demócrito, al situarse a nivel del cuerpo iluminante, recibe y acoge al sol; de modo que era verosímil que ella misma apareciera y que aquel se transparentara. Pero ella está lejos de hacer esto; pues ella misma es invisible entonces y lo ocultó a él, y muchas veces lo hizo desaparecer, y dispersó sus rayos, como dice Empédocles, hacia la tierra por encima, y oscureció de la tierra tanto como era la anchura de la luna de ojos glaucos, como si la luz hubiera caído en la noche y la oscuridad, no en otro astro. Lo que dice Posidonio, que por la profundidad de la luna la luz del sol no atraviesa a través de ella hacia nosotros, es refutado claramente. Pues el aire, siendo inmenso y teniendo una profundidad muchas veces mayor que la de la luna, es totalmente iluminado y resplandece con los rayos. Queda, pues, lo de Empédocles, que el iluminamiento aquí se produce por alguna reflexión del sol hacia la luna desde ella. De donde ni calor ni brillo llega a nosotros, como era verosímil, habiéndose producido una ignición y mezcla de luces. Pero así como las voces en las reflexiones hacen aparecer más tenue el sonido, y los golpes de las flechas que rebotan caen más suavemente, así el rayo, tras golpear el círculo de la luna, tiene una corriente de retorno débil y tenue hacia nosotros, al disolverse la fuerza por la refracción.
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Sila, tomando la palabra, dijo:« Ciertamente, estas cosas tienen algunas verosimilitudes; pero lo que es más fuerte de las objeciones,¿ acaso obtuvo algún consuelo o se le pasó a nuestro compañero?».«¿ Qué dices con esto?», dijo Lucio,«¿ o es lo que se cuestiona respecto a la dicótoma?».« En absoluto», dijo Sila,« pues tiene alguna razón el hecho de que, produciéndose toda reflexión en ángulos iguales, cuando la luna, estando dicótoma, está en el meridiano, la luz no se dirija a la tierra desde ella, sino que resbale más allá de la tierra; pues el sol, estando en el horizonte, toca con el rayo a la luna; por lo cual, también, al refractarse hacia ángulos iguales, saldrá hacia el otro extremo y no dejará aquí el rayo; o habrá una gran distorsión y paralaje del ángulo, lo cual es imposible».«¡ Por Zeus!», dijo Lucio,« también esto se ha dicho, y además, mirando a Menelao al hablar, al matemático, me avergüenzo», dijo,« de estar presente tú, mi querido Menelao, de destruir una tesis matemática, como si fuera un fundamento subyacente a las cosas catóptricas; pero es necesario decir que el hecho de que toda reflexión se produzca hacia ángulos iguales no es ni evidente por sí mismo ni aceptado; sino que es refutado en los espejos convexos, cuando hacen imágenes mayores que ellos mismos hacia un solo punto de la visión, y es refutado por los espejos dípticos, los cuales, al inclinarse el uno hacia el otro y formarse un ángulo interior, cada uno de los planos devuelve una doble imagen y crea cuatro imágenes de un solo rostro, dos invertidas en las partes exteriores, y dos que muestran la derecha, tenues en la profundidad de los espejos. Platón da la causa de su génesis. Pues ha dicho que, al tomar el espejo altura por un lado y por otro, las visiones intercambian la reflexión al pasar de unos a otros. Si, pues, algunas de las visiones corren directamente hacia nosotros, y otras, al resbalar hacia las otras partes de los espejos, son llevadas de nuevo desde allí hacia nosotros, no es posible que todas las reflexiones se produzcan en ángulos iguales, cuantas los que se dirigen al mismo lugar pretenden para sí mismos. Al destruir la igualdad de los ángulos para las corrientes que se dirigen a la tierra desde la luna, considerando que esto es mucho más verosímil que aquello. No obstante, si hay que conceder esto a la muy querida geometría y otorgarlo, en primer lugar, es verosímil que coincida desde espejos que han sido precisados por su lisura; pero la luna tiene muchas anomalías y asperezas, de modo que los rayos, al ser llevados desde un cuerpo grande a alturas considerables, reciben contra- iluminaciones y difusiones unos de otros, y la contra- luz se refleja de todas formas, se entrelaza y se une a sí misma, como si fuera llevada hacia nosotros desde muchos espejos. Después, incluso si hiciéramos las contra- reflexiones en ángulos iguales en la misma luna, no es imposible que los rayos, al ser llevados en un intervalo tan grande, tengan refracciones y deslizamientos, de modo que la luz se confunda y brille. Algunos incluso demuestran escribiendo que muchas de las luces emiten un rayo según una línea bajo la inclinada subyacente; pero al mismo tiempo decir que se preparaba un diagrama, y esto ante muchos, no era posible».
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« Y en general», dijo,« me asombra cómo mueven la dicótoma hacia nosotros, cayendo junto con la gibosa y la falcada. Pues si el sol iluminara el volumen de la luna siendo etéreo o ígneo, no dejaría siempre un hemisferio suyo sombrío e iniluminado a la percepción, sino que, aunque lo tocara poco a poco al rodearlo, era apropiado que se llenara todo y se transformara por completo con la luz que se dirige a todas partes con facilidad. Pues donde el vino al tocar el agua en el límite, y una gota de sangre al caer en un líquido, tiñó todo a la vez al enrojecerse; pero dicen que el aire mismo no se ilumina por algunas emanaciones ni rayos mezclados, sino por giro y alteración según la noche o el contacto desde la luz;¿ cómo creen que astro con astro y luz al tocar la luz no se mezclan, ni producen confusión por completo y alteración, sino que iluminan solo aquellas cosas que tocan en la superficie? Pues el círculo que el sol al rodear lleva y hace girar alrededor de la luna, unas veces cayendo sobre lo que divide su parte visible y la invisible, y otras veces levantándose hacia ángulos rectos, de modo que corta a aquel y es cortado por aquel, y con otras inclinaciones y relaciones de lo brillante hacia lo sombrío, devolviendo formas gibosas y falcadas en ella, demuestra más que nada que el iluminamiento no es mezcla sino contacto, ni co- iluminación sino peri- iluminación de ella. Y puesto que no solo ella es iluminada, sino que también envía hacia aquí el simulacro del rayo, da aún más fuerza para insistir en el discurso sobre la sustancia. Pues las reflexiones se producen hacia nada raro ni de partes sutiles, ni es fácil concebir luz rebotando de luz o fuego de fuego; sino que es necesario que lo que causa la reflexión sea pesado y denso, para que se produzca un golpe hacia él y un movimiento desde él. El aire, al menos, deja pasar al sol sin ofrecer obstáculos ni resistencia, pero desde maderas, piedras y ropas puestas hacia la luz, devuelve muchas contra- iluminaciones y peri- iluminaciones. Y así también vemos la tierra siendo iluminada por él; pues no deja pasar el rayo hacia la profundidad como el agua ni a través de todo como el aire; sino que, tal como el círculo de su luz que rodea a la luna y la parte de aquella que corta, otro tal rodea la tierra y, al iluminar tanto siempre y dejar otro no iluminado; pues el hemisferio iluminado de cada una parece ser un poco mayor. Dadme, pues, decir geométricamente según la analogía, como si, habiendo tres cosas a las que se acerca la luz del sol, tierra, luna, aire, vemos que la luna no es iluminada más que el aire o que la tierra, es necesario que tengan una naturaleza similar, las que por naturaleza sufren lo mismo por lo mismo».
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Puesto que todos elogiaron a Lucio, dije:« Bien, que añadiste una bella analogía a un bello discurso; pues no hay que privarte de lo propio». Y aquel, sonriendo también, dijo:« Por tanto, hay que usar también una segunda analogía, para que no demostremos que la luna se parece a la tierra solo por sufrir lo mismo por lo mismo, sino también por hacer lo mismo. Pues que nada de lo que ocurre en torno al sol es tan similar como el eclipse de sol al ocaso, dadme, recordando esta conjunción de hace poco, que mostró muchos astros desde muchos lugares del cielo empezando desde el mediodía, y qué mezcla proporcionó el crepúsculo al aire; si no, este Teón nuestro nos traerá a Mimnermo, a Cidias y a Arquíloco, y además de estos a Estesícoro y a Píndaro, lamentándose en los eclipses de que el astro más evidente es robado y que en medio del día se hace noche y que el rayo del sol es un camino de oscuridad; y sobre todo a Homero, diciendo que los rostros de los hombres son cubiertos por la noche y la oscuridad, y que el sol ha perecido del cielo en torno a la luna, y esto ocurre por naturaleza, cuando el mes declina y cuando empieza. Las demás cosas, creo, han sido llevadas a las precisiones matemáticas hacia lo claro y firme, que la noche es sombra de la tierra, y el eclipse del sol es sombra de la luna, cuando la visión ocurre en ella. Pues al ponerse, es obstruido por la tierra hacia la visión, y al eclipsarse, por la luna; y ambas son oscurecimientos, pero el uno es occidental de la tierra y el otro eclíptico de la luna, al capturar la sombra la visión. Y de estas cosas es fácil ver lo que ocurre. Pues si la afección es similar, los causantes son similares; pues es necesario que a lo mismo le ocurran las mismas cosas por las mismas causas. Y si la oscuridad en torno a los eclipses no es tan profunda ni presiona el aire de manera similar a la noche, no nos asombremos; pues la sustancia del cuerpo que hace la noche y del que hace el eclipse es la misma, pero el tamaño no es igual; sino que creo que los egipcios dicen que la luna es la septuagésima segunda parte, y Anaxágoras, que es tan grande como el Peloponeso. Aristarco demuestra que el diámetro de la tierra respecto al diámetro de la luna tiene una razón que es menor que sesenta a diecinueve, y mayor que ciento ocho a cuarenta y tres. De donde la tierra priva al sol de la visión por completo debido a su tamaño; pues la interposición es grande y tiene el tiempo de la noche; pero la luna, aunque oculte todo el sol alguna vez, no tiene tiempo ni anchura el eclipse, sino que brilla algún rayo en torno al borde, no dejando que la sombra se haga profunda y pura. Aristóteles, el antiguo, da también esta causa de que la luna sea vista eclipsándose más a menudo que el sol, además de otras; pues el sol se eclipsa por la obstrucción de la luna, la luna, en cambio... Y Posidonio, al definir así esta afección: el eclipse de sol es la conjunción de la sombra de la luna, cuyo eclipse, pues solo para aquellos es eclipse, cuya visión, al ser capturada por la sombra de la luna, obstruya hacia el sol; al aceptar que la sombra de la luna es llevada hacia nosotros, no sé qué se ha dejado para decirse a sí mismo, pero es imposible que se haga sombra de un astro; pues lo no iluminado se llama sombra, y la luz no hace sombra, sino que por naturaleza la destruye».
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« Pero,¿ qué se dijo después de esto de los testimonios?», dijo. Y yo dije:« La luna recibía el mismo eclipse».« Correctamente recordaste, pero,¿ acaso me dirijo ya al discurso como si estuvierais convencidos y pusierais que la luna se eclipsa al ser capturada por la sombra, o queréis que haga un ejercicio y una demostración enumerando cada uno de los argumentos para vosotros?».«¡ Por Zeus!», dijo Teón,« ejercítate también en estos; yo también necesito alguna persuasión, habiendo escuchado solo esto, que los eclipses ocurren cuando los tres cuerpos, tierra, sol y luna, se sitúan en una línea recta; pues la tierra priva al sol de la luna, o a su vez la luna de la tierra; pues este se eclipsa por la luna, y la luna por la tierra, situándose en medio de los tres; de los cuales uno ocurre en conjunción y el otro en plenilunio». Y Lucio dijo:« Ciertamente, estas son las cosas más importantes de lo que se dice; pero añade primero, si quieres, el argumento a partir de la forma de la sombra; pues es un cono, ya que un fuego o luz esferoide rodea un volumen esferoide menor; de donde en los eclipses de la luna los contornos de las partes que se oscurecen hacia las brillantes tienen cortes circulares; pues los cortes que un círculo al mezclarse con otro círculo reciba o proporcione, al dirigirse a todas partes por semejanza, se hacen circulares; segundo, creo que sabes que de la luna se eclipsan primero las partes hacia el este, y del sol las partes hacia el oeste, y la sombra de la tierra se mueve hacia el oeste desde los orientes, y el sol y la luna al contrario hacia los orientes. Pues estas cosas permiten ver a la percepción los fenómenos y es posible aprenderlos de discursos no muy largos; y de estas cosas se confirma la causa del eclipse. Pues puesto que el sol se eclipsa al ser capturado, y la luna al encontrarse con el que causa el eclipse, verosímilmente, más aún necesariamente, aquel es capturado primero por detrás, y esta por delante; pues desde allí empieza la interposición, desde donde primero se aplica lo que interpone; y se aplica a aquel la luna desde el oeste compitiendo hacia él, y a esta desde los orientes, como si fuera llevada hacia lo contrario. Tercero, pues, toma también lo del tiempo y lo del tamaño de sus eclipses. La que se eclipsa estando alta y en el apogeo se oculta poco tiempo, pero la que está cerca de la tierra y baja, al sufrir esto mismo, es presionada fuertemente y sale lentamente de la sombra; aunque estando baja utiliza los mayores movimientos, y estando alta los menores. Pero la causa de la diferencia está en la sombra; pues siendo anchísima en torno a la base, como los conos, al contraerse poco a poco hacia lo agudo, termina en un extremo puntiagudo y sutil. De donde la luna, al caer baja, es capturada por sus mayores círculos y atraviesa lo profundo y más oscuro, pero arriba, como en un pantano, al ser manchada por la sutileza de lo sombrío, se libera rápidamente. Dejo de lado cuantas cosas se dijeron por separado sobre las bases y las diferencias; pues también aquellas admiten la causa hasta donde es posible; pero vuelvo al discurso subyacente que tiene como principio la percepción. Pues vemos que el fuego se transparenta y brilla más desde un lugar sombrío, ya sea por la espesura del aire oscuro, que no recibe las emanaciones y difusiones, sino que mantiene la sustancia en lo mismo y la aprieta; ya sea que esta sea una afección de la percepción, como las cosas cálidas junto a las frías son más cálidas y los placeres junto a los dolores más intensos, así las cosas brillantes aparecen claras junto a las oscuras, al tensar la imaginación ante las afecciones diferentes. Pero parece ser más verosímil lo primero; pues en el sol toda naturaleza de fuego no solo pierde lo brillante, sino que al ceder se hace de difícil trabajo y más obtusa; pues el calor dispersa y disuelve la fuerza. Si, pues, la luna ha obtenido un fuego débil e inerte, siendo un astro más turbio, como ellos mismos dicen, no es apropiado que sufra nada de lo que parece sufrir ahora, sino que sufra todo lo contrario, que aparezca cuando se oculta, y que se oculte cuando aparece; es decir, que se oculte el otro tiempo al ser oscurecida por el éter que la rodea, y que brille y se haga manifiesta cada seis meses y de nuevo cada cinco al sumergirse en la sombra de la tierra. Pues los cuatrocientos sesenta y cinco periodos de las lunas llenas eclípticas tienen los cuatrocientos cuatro semestres y los otros pentamestres. Era necesario, pues, que después de tantos tiempos apareciera la luna siendo iluminada en la sombra; pero ella se eclipsa en la sombra y pierde la luz, y la recupera de nuevo cuando escapa de la sombra, y aparece muchas veces de día, de modo que es todo menos un cuerpo ígneo y asteroide».
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Dicho esto por Lucio, Farnaces y Apolónides se unieron de algún modo al discurso; luego, al callar Apolónides, Farnaces dijo que esto demuestra sobre todo que la luna es un astro o fuego; pues no es totalmente invisible en los eclipses, sino que transparenta algún color carbonizado y sombrío, que es propio de ella. Apolónides se opuso respecto a la sombra, pues siempre llaman así los matemáticos al lugar iniluminado, y que el cielo no recibe sombra. Yo dije que esto se oponía más bien al nombre de forma erística que a la cosa de forma física y matemática; pues si alguien no quiere llamar sombra al lugar obstruido por la tierra, sino lugar sin luz, es necesario, sin embargo, que la luna esté en él. Y en general dije que es una necedad decir que allí no llega la sombra de la tierra, donde la sombra de la luna al caer sobre la visión y llegar hasta la tierra hace eclipse de sol.« Pero hacia ti, Farnaces, me dirigiré; pues ese color carbonizado y ardiente de la luna, que dices que es propio de ella, es de un cuerpo que tiene densidad y profundidad; pues nada de llama quiere permanecer en las cosas raras ni rastro, ni hay génesis de carbón donde no hay un cuerpo sólido que, habiendo recibido la ignición a través de la profundidad, la conserve; como en algún lugar Homero ha dicho:' pero cuando la flor del fuego se hubo ido, y la llama cesó al extender la brasa'; pues el carbón parece no ser fuego, sino un cuerpo igneado y que ha sufrido por el fuego, permaneciendo en un volumen sólido y que tiene raíz, y pasando tiempo en él; pero las llamas son una ignición de lo raro y corrientes de alimento y materia, que se disuelven rápidamente por debilidad; de modo que no habría otro testimonio tan evidente de que la luna es terrosa y densa, si el color carbonizado fuera propio de ella. Pero no lo es, mi querido Farnaces; pues al eclipsarse cambia muchos colores y los matemáticos los dividen así según el tiempo; y al delimitar la hora, si se eclipsa desde el atardecer, aparece terriblemente negra hasta la tercera hora y media; pero si en medio, emite este color que se enrojece y es ígneo; desde la séptima hora y media el enrojecimiento se levanta; y al final, ya hacia la aurora, toma un color azulado y glauco, desde el cual, ciertamente, los poetas y Empédocles la llaman sobre todo de ojos glaucos. Al ver, pues, que la luna toma tantos colores en la sombra, no se dirigen correctamente solo a lo carbonizado, que uno diría sobre todo que es ajeno a ella y más bien una mezcla y resto de la luz que brilla a través de la sombra; lo propio es lo negro y terroso. Donde aquí, con púrpuras y lagos de color rojo, y ríos que reciben al sol, los lugares sombríos vecinos se tiñen y son iluminados, al devolver por las reflexiones muchos y diferentes resplandores,¿ qué asombro si una corriente de sombra, al entrar como en un mar celestial de luz no estable ni en reposo, sino agitado por innumerables astros y que toma mezclas y alteraciones de todas clases, devuelve aquí, al imprimir otro color en otro momento, desde la luna? Pues un astro o fuego no se transparentaría en la sombra negro, glauco o azulado; pero en montes, llanuras y mares, muchas formas de colores corren desde el sol, y sombras y nieblas, tales como las que el brillante, al mezclarse con fármacos pictóricos, aporta tintes; de los cuales algunos de los del mar ha intentado de algún modo nombrarlos Homero llamándolos de color de violeta y mar de color de vino, y a su vez ola purpúrea y mar glauco de otra manera y calma blanca; pero las diferencias de los colores que aparecen de una u otra manera en torno a la tierra las dejó pasar, como siendo infinitas en multitud. Y no es verosímil que la luna, como el mar, tenga una sola superficie, sino que se parece sobre todo a la tierra en su naturaleza, la que fabulaba Sócrates el antiguo, ya sea aludiendo a esta o contando alguna otra; pues no es increíble ni asombroso si, no teniendo nada corrompido en sí misma ni cenagoso, sino disfrutando de una luz pura desde el cielo y estando llena de un calor no ardiente ni de fuego maníaco, sino húmedo, inofensivo y que tiene según la naturaleza, posee bellezas asombrosas de lugares, montes de forma de llama y tiene zonas de color púrpura, y oro y plata no dispersados en la profundidad, sino floreciendo mucho hacia las llanuras o circulando hacia alturas lisas; pero si la visión de estas cosas llega a través de la sombra de una u otra manera hacia nosotros por un cambio y alguna diferencia de lo que la rodea, no pierde, sin embargo, lo valioso de la gloria ni lo divino la luna, la cual es considerada sagrada por los hombres más que fuego turbio, como dicen los estoicos, y como heces. Pues el fuego, al menos, entre los medos y asirios tiene honores bárbaros, quienes por miedo veneran las cosas que dañan, purificándose antes de las solemnes; pero el nombre de tierra es para todo griego querido y valioso, y es para nosotros como venerar a otro dios cualquiera. Y estamos lejos de que los hombres consideremos a la luna, siendo tierra olímpica, un cuerpo sin alma, sin mente y sin parte de lo que es apropiado ofrecer a los dioses, pagando por ley las recompensas de los bienes y venerando según la naturaleza lo que es superior en virtud, fuerza y más valioso. De modo que no pensemos que cometemos falta al ponerla como tierra, y que este rostro suyo que aparece, así como la tierra que está entre nosotros tiene algunos grandes golfos, así aquella se ha desplegado con grandes profundidades y rupturas que contienen agua o aire sombrío, dentro de los cuales no deja entrar ni toca la luz del sol, sino que se eclipsa y devuelve aquí la reflexión fragmentada
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Apolónides, tomando la palabra, dijo:« Entonces,¡ por la propia Luna!,¿ les parece posible que las sombras provengan de ciertas grietas o abismos y que lleguen hasta aquí a nuestra vista, o es que no calculan lo que sucede y debo decirlo yo? Escuchen, aunque no lo ignoren. El diámetro de la Luna tiene doce dedos de tamaño aparente en las distancias medias. Cada una de las partes negras y sombrías parece mayor de medio dedo, de modo que es mayor que la vigésima cuarta parte del diámetro. Y, ciertamente, si suponemos que la circunferencia de la Luna es de treinta mil estadios y su diámetro de diez mil, no habría en ella ninguna de las partes sombrías que fuera menor de quinientos estadios según lo expuesto. Observen, pues, primero si es posible que en la Luna existan profundidades y rugosidades tan grandes como para producir una sombra de tal magnitud; y luego,¿ cómo es que, siendo de tal tamaño, no las vemos nosotros?». Yo, sonriéndome ante él, dije:« Bien has encontrado una prueba, Apolónides, mediante la cual demostrarás que tanto tú como yo somos más grandes que aquellos Alóadas, aunque no en todo momento del día, sino sobre todo por la mañana y al atardecer, si crees que nuestras sombras, al hacerlas el sol elevadísimas, proporcionan este hermoso silogismo: que si lo que se ensombrece es grande, lo que ensombrece es enorme». En Lemnos, sé bien que ninguno de nosotros ha estado, pero ambos hemos oído muchas veces aquel yambo tan divulgado:« El Atos cubrirá los costados de la novilla lemnia»; pues la sombra del monte, al parecer, alcanza a una pequeña becerra de bronce, extendiéndose a lo largo del mar no menos de setecientos estadios, siendo la altura que ensombrece tal debido a la causa de que las distancias de la luz hacen las sombras muchas veces mayores que los cuerpos. Mira, pues, también la Luna, cuando está llena y manifiesta sobre todo la forma articulada de su rostro por la profundidad de la sombra, el intervalo que más se aleja es el sol; pues esta distancia de la luz es la que ha hecho la sombra grande, no las magnitudes de las irregularidades sobre la Luna. Y, ciertamente, los resplandores del sol no permiten que las prominencias de los montes sean vistas durante el día, pero las partes profundas y cóncavas aparecen sombrías desde lejos. No hay, pues, nada extraño si tampoco es posible ver con precisión la percepción y la iluminación de la Luna, pero las yuxtaposiciones de las partes sombrías junto a las brillantes no escapan a la vista por la diferencia.
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Pero dije que aquello refuta más bien la llamada reflexión desde la Luna, el hecho de que quienes están en los rayos reflejados no solo ven lo iluminado, sino también lo que ilumina. Pues cuando, al rebotar un rayo desde el agua hacia una pared, la vista se sitúa en el mismo lugar iluminado según la reflexión, ve tres cosas: el rayo reflejado, el agua que produce la reflexión y el sol mismo, desde el cual la luz, al incidir sobre el agua, se ha reflejado. Siendo esto admitido y evidente, piden a quienes sostienen que la tierra es iluminada por la Luna mediante reflexión que demuestren que el sol aparece reflejado en la Luna de noche, tal como aparece en el agua de día cuando se produce una reflexión desde ella; y, al no aparecer esto, creen que la iluminación ocurre de otro modo, no por reflexión; y si no es esto, que la Luna tampoco es tierra.«¿ Qué hay que responderles, pues, a ellos, Apolónides?», dijo,« pues parece que los argumentos sobre la reflexión son comunes también para nosotros».« Sin duda, en cierto modo», dije,« son comunes, pero en otro modo no lo son; primero, observa cómo toman la imagen como si fuera de ríos y al revés. Pues en la tierra el agua está abajo, pero la Luna está sobre la tierra y en lo alto; de donde las líneas reflejadas forman la figura del ángulo de manera inversa, teniendo el vértice la de arriba hacia la Luna y la de abajo hacia la tierra; no exijan, pues, que toda forma de espejos ni desde toda distancia produzca una reflexión similar, ya que luchan contra la evidencia. Y ellos, al declarar que la Luna no es un cuerpo fino ni liso, como lo es el agua, sino denso y terroso, no sé cómo exigen la imagen del sol en ella hacia la vista; pues ni siquiera la leche devuelve tales reflejos ni produce reflexiones de la vista debido a la irregularidad y rugosidad de sus partes;¿ de dónde es posible que la Luna envíe de vuelta la vista desde sí misma, tal como envían los espejos más lisos? Y, sin embargo, incluso estos, supongo, si alguna muesca, suciedad o rugosidad ocupa el punto desde el cual la vista está hecha para reflejarse, se ciega y, aunque se ven a sí mismos, no devuelven el resplandor. Y el que exige que la Luna refleje desde sí misma nuestra vista hacia el sol o el sol hacia nosotros es gracioso, al exigir que el ojo sea el sol, la vista la luz y el hombre el cielo. Pues es verosímil que la luz del sol, por su intensidad y brillo, al llegar a la Luna, sea llevada hacia nosotros con un golpe tras la reflexión; pero la vista, siendo débil, fina y escasa,¿ qué tiene de extraño si no produce un golpe de rebote ni, al saltar, mantiene la continuidad, sino que se rompe y se abandona, al no tener una abundancia de luz como para no dispersarse ante las irregularidades y rugosidades? Pues desde el agua y los otros espejos, siendo aún fuerte y estando cerca del principio, no es imposible que la reflexión salte hacia el sol; pero desde la Luna, aunque se produzcan algunos deslizamientos de ella, serán débiles, tenues y se abandonarán antes por la longitud de la distancia; pues, por lo demás, los espejos cóncavos hacen la luz reflejada más intensa que la precedente, de modo que a menudo envían llamas; pero los convexos y esféricos, al no presionar desde todas partes, la hacen débil y oscura. Observen, supongo, cuando aparecen dos arcoíris, conteniendo una nube a otra, que la que envuelve hace los colores oscuros e imprecisos; pues la nube exterior, al estar situada más lejos de la vista, no devuelve una reflexión intensa ni fuerte.¿ Y qué necesidad hay de decir más? Pues donde la luz del sol, al reflejarse desde la Luna, pierde todo su calor y apenas llega a nosotros un resto tenue e inerte de su brillo,¿ es posible que la vista, recorriendo el mismo camino, pueda hacer llegar cualquier resto hacia el sol desde la Luna? Yo, al menos, no lo creo. Observen también ustedes», dije,« si la vista sufriera lo mismo ante el agua y la Luna, debería hacer aparecer imágenes de la tierra, de las plantas, de los hombres y de los astros en la luna llena, tal como hacen los demás espejos; si no se producen reflexiones de la vista hacia estos debido a su debilidad o a la rugosidad de la Luna, no las exijamos tampoco hacia el sol».
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« Nosotros, pues», dije,« hemos relatado todo lo que no se nos escapó de la memoria de lo que allí se dijo; es hora de invitar a Sila, o más bien de exigirle la narración, como quien se ha convertido en oyente bajo condiciones; de modo que, si les parece, terminando el paseo y sentándonos en los bancos, proporcionémosle un auditorio estable». Así se decidió, y habiéndonos sentado, Teón dijo:« Yo, ciertamente, Lamprias, deseo no menos que ustedes escuchar lo que se dirá, pero antes escucharía con gusto sobre lo que se dice que habita en la Luna, no si algunos la habitan, sino si es posible habitar allí; pues si no es posible, será irracional también que la Luna sea tierra; pues parecerá que ha sido hecha para nada y en vano, al no producir frutos ni proporcionar a algunos hombres asiento, nacimiento y sustento, por causa de los cuales decimos que esta también ha sido hecha, según Platón, como nuestra nodriza y guardiana y artífice infalible del día y de la noche. Y ves que se dicen muchas cosas, tanto con risa como con seriedad, sobre esto. Pues dicen que para los que habitan bajo la Luna, esta cuelga sobre sus cabezas como a los Tántalos, y que los que habitan sobre ella, a su vez, están atados como Ixiones, con tal ímpetu, aunque no se mueve con un solo movimiento, sino que, como también se dice, es' Tríada', llevándose a la vez longitud sobre el zodiaco, latitud y profundidad; a las cuales los matemáticos llaman, no sé cómo, recorrido, hélice y anomalía, aunque no ven que tenga nada anómalo ni desordenado en sus retornos. Por tanto, si un león cayó por el ímpetu hacia el Peloponeso, no es digno de asombro; pero¿ cómo es que no vemos siempre miles de caídas de hombres y patadas de vidas desde allí, como si estuvieran haciendo volteretas y dando vueltas? Y, ciertamente, es ridículo dudar sobre la permanencia de los que están allí, si no pueden tener nacimiento ni constitución. Pues donde los egipcios y los trogloditas, para quienes el sol se detiene un instante sobre la cabeza en los solsticios y luego se va, están poco lejos de ser quemados por la sequedad del entorno,¿ es verosímil que los que están en la Luna soporten doce veranos cada año, al detenerse y apoyarse el sol sobre ellos perpendicularmente cuando hay luna llena? Espíritus, ciertamente, nubes y lluvias, sin los cuales no hay nacimiento de plantas ni salvación para los nacidos, es imposible imaginar que se formen allí debido al calor y la finura del entorno; pues ni siquiera aquí las partes altas de los montes reciben los inviernos salvajes y contrarios; sino que ya el aire, teniendo oleaje por su ligereza, escapa a esta constitución y condensación, a menos que, por Zeus, digamos que, así como Atenea vertió un poco de néctar y ambrosía a Aquiles cuando no aceptaba alimento, así la Luna, siendo llamada y siendo Atenea, alimenta a los hombres, enviándoles ambrosía diaria, como piensa el antiguo Ferecides que se alimentan los dioses. Pues la raíz india, que dice Megástenes que los que ni comen ni beben, sino que son de buena boca, la queman y la ahúman y se alimentan del olor,¿ de dónde podría alguien tomarla creciendo allí, si la Luna no es regada?».
25
Dicho esto por Teón, dije:« Muy bien y excelentemente has relajado nuestras cejas con la broma del discurso, por lo cual también nos nace valor para la respuesta, al no esperar una censura muy amarga ni austera; pues, en verdad, no se diferencian en nada de los muy convencidos aquellos que se molestan mucho con ellos y desconfían, en lugar de querer examinar con calma lo posible y lo admisible. Desde el principio, pues, no es necesario que, si los hombres no habitan la Luna, haya sido hecha en vano y para nada. Pues tampoco vemos esta tierra activa ni habitada en su totalidad, sino que una pequeña parte de ella, como ciertas puntas o penínsulas que sobresalen del abismo, es fértil en animales y plantas, mientras que de las otras, unas están desiertas y estériles por inviernos y sequías, y la mayoría se ha hundido bajo el gran mar. Pero tú, que siempre amas y admiras a Aristarco,¿ no escuchas a Crates leyendo:' El Océano, que ha sido el nacimiento para todos los hombres y dioses, envía la mayor parte sobre la tierra'? Pero falta mucho para que estas cosas hayan sido hechas en vano; pues el mar envía exhalaciones suaves y los vientos más agradables, y, al estar en su apogeo el verano, las nieves de la parte deshabitada y fría se derriten lentamente, se sueltan y se dispersan, y día y noche permanece en medio una guardiana y artífice infalible, según Platón. Nada impide, pues, que la Luna esté desierta de animales, pero que proporcione reflexiones a la luz que se dispersa a su alrededor y una confluencia y mezcla en ella a los rayos de los astros, con la cual madura a la vez las exhalaciones de la tierra y, al mismo tiempo, suaviza lo ígneo y duro del sol. Y tal vez, cediendo a una antigua fama, diremos que es considerada Artemisa como virgen y estéril, pero por lo demás servicial y útil. Luego, nada de lo dicho, querido Teón, demuestra que la llamada habitación en ella sea imposible; pues el giro, teniendo mucha suavidad y calma, alisa el aire y lo distribuye ordenadamente, de modo que no hay temor de que los que han vivido allí caigan y se deslicen; y el cambio y lo variado de este movimiento y su errancia no son de anomalía ni de desorden, sino que los astrólogos demuestran un orden admirable en esto y en el curso, reuniéndola con ciertos círculos que se despliegan alrededor de otros, unos como si estuviera inmóvil, otros como si siempre fuera llevada de vuelta suave y uniformemente con las mismas velocidades; pues estas superposiciones de los círculos, sus giros y relaciones entre sí y con nosotros concluyen muy armoniosamente los fenómenos del movimiento, las alturas y profundidades y las desviaciones en latitud junto con sus periodos en longitud. Y dejarás de temer el mucho calor y la continua ignición por el sol si primero antepones a las once conjunciones veraniegas las lunas llenas; y conocerás que la continuidad del cambio no tiene mucho tiempo para producir una mezcla adecuada en las hipérboles y quitar lo excesivo de cada una, y, siendo el punto medio de estas, como es verosímil, tienen una estación muy parecida a la primavera. Luego, hacia nosotros envía calor a través de un aire turbio y que presiona, alimentado por las exhalaciones; pero allí, siendo el aire fino y transparente, dispersa y diluye el rayo, que no tiene combustible ni cuerpo alguno. Y la materia y los frutos los alimentan allí las lluvias, pero en otros lugares, como arriba cerca de Tebas entre ustedes y Siena, la tierra, bebiendo agua no de lluvia sino nacida de la tierra y usando vientos y rocíos, no querría, creo, compararse con la que es más regada en fertilidad debido a alguna virtud y mezcla. Las mismas plantas por género entre nosotros, si son muy presionadas por los inviernos, producen mucho y buen fruto; pero en Libia y entre ustedes, en Egipto, son totalmente frioleras y cobardes ante los inviernos. De la Gedrosia y la Troglodítide, que desciende hacia el océano, siendo infértil por la sequedad y totalmente sin árboles, en el mar adyacente y circundante se alimentan tamaños admirables de plantas y florecen bajo el abismo; de las cuales unas llaman olivos, otras laureles y otras cabellos de Isis. Estos llamados' reverdecientes', al ser sacados de la tierra, no solo viven colgados el tiempo que uno quiera, sino que brotan. Se siembran unas hacia el invierno y otras al apogeo del verano, como el sésamo y el mijo; pero el tomillo o la centaura, si se siembran en una tierra buena y rica y se riegan y se riegan, se apartan de su cualidad natural y pierden su fuerza, pero se alegran con la sequía y se desarrollan hacia lo propio; y si, como dicen, ni siquiera soportan los rocíos, como la mayoría de las cosas árabes, sino que se oscurecen al humedecerse y se corrompen,¿ qué es, pues, de extrañar si se producen alrededor de la Luna raíces, semillas y materias que no necesitan lluvias ni nieves, sino que están bien dispuestas hacia un aire veraniego y fino?¿ Y cómo no es verosímil que envíe vientos calentados por la Luna y por el oleaje del giro, y que acompañen brisas suavemente, y que rocíos y humedades ligeras se derramen y, al dispersarse, ayuden a los que brotan, y que ella misma, por su mezcla, no sea ígnea ni seca, sino suave y productora de agua? Pues de la sequedad no llega ninguna afección desde ella hacia nosotros, pero sí muchas de humedad y feminidad: crecimientos de plantas, corrupciones de carnes, cambios y relajaciones de vinos, suavidades de maderas, partos fáciles de mujeres. Temo volver a irritar y mover a Farnaces, que está tranquilo, comparando las mareas del océano, como dicen ellos mismos, y los aumentos de los estrechos, al dispersarse y aumentar por la Luna al humedecerse. Por eso me volveré más hacia ti, querido Teón, pues dices a ustedes, explicando estos versos de Alcman:' La hija de Zeus, Ersa, nutre a la divina Selene', que ahora llama Zeus al aire y dice que este, al ser humedecido por la Luna, se convierte en rocíos. Pues corre el riesgo, amigo, de tener una naturaleza antipática hacia el sol; si es que no solo, cuantas cosas aquel condensa y seca, esta es natural que las ablande y diluya, sino también que humedezca y enfríe el calor que viene de aquel al incidir sobre ella y mezclarse. Y los que piensan que la Luna es un cuerpo ígneo y abrasador se equivocan, y los que exigen que para los animales de allí existan cuantas cosas para los de aquí para el nacimiento, el sustento y la dieta, parecen no haber visto las irregularidades de la naturaleza, en las cuales es posible encontrar mayores y más numerosas diferencias y desemejanzas entre los animales unos con otros o con los no animales. Y que no haya hombres de buena boca y alimentados por olores, que ni siquiera me parecen existir; pero la fuerza que Amonio nos explicaba él mismo, la insinuó Hesíodo al decir:' Ni siquiera cuanto en la malva y el asfódelo hay gran provecho', y la hizo manifiesta en la obra Epiménides, al enseñar que la naturaleza reaviva y mantiene al animal con un combustible totalmente pequeño, si toma cuanto el tamaño de una oliva, sin necesitar ya ningún alimento. Es verosímil que los que están en la Luna, si es que existen, sean ágiles en sus cuerpos y duraderos al ser alimentados por lo que sea; pues dicen que la Luna misma, como el sol, siendo un animal ígneo y siendo muchas veces mayor que la tierra, se alimenta de las humedades que vienen de la tierra, y los otros astros, siendo infinitos; así suponen que el lugar de arriba lleva animales ligeros y sencillos de llevar lo necesario. Pero ni vemos estas cosas ni que también el país, la naturaleza y la mezcla sean otra cosa adecuada para ellos; así pues, si, no pudiendo nosotros acercarnos al mar ni tocarlo, sino solo mirando su vista desde lejos y preguntando que es agua amarga, imbebible y salada, alguien dijera que alimenta muchos y grandes animales y de toda forma en sus profundidades y que está lleno de fieras que usan el agua como ustedes el aire, parecería que realiza cosas parecidas a mitos y monstruos; así parecemos estar y sufrir lo mismo ante la Luna, desconfiando de que algunos hombres habiten allí. Pero creo que aquellos se asombrarían mucho más de la tierra, mirando como un sedimento y lodo del todo, apareciendo entre humedades, nieblas y nubes, un lugar sin brillo, humilde e inmóvil, si produce y alimenta animales que participan de movimiento, respiración y calor; y si de algún lugar pudieran escuchar estos versos homéricos:' Terribles, mohosos, que incluso los dioses detestan, y tanto debajo del Hades cuanto el cielo está lejos de la tierra', dirán que estas cosas se dicen sin más sobre este lugar y que el Hades y el Tártaro han sido trasladados aquí, y que la Luna es una sola tierra, que dista igual de aquellos de arriba y de estos de abajo.
26
Aún estando yo casi hablando, Sila, tomando la palabra, dijo:« Detente, Lamprias, y compara el pequeño umbral del discurso, no sea que sin darte cuenta encalles el mito como en tierra y confundas mi drama, que tiene otra escena y disposición; yo, pues, soy actor, pero antes diré su poeta a ustedes si nada lo impide, comenzando según Homero:' Una isla Ogigia yace lejos en el mar, a cinco días de camino de Britania navegando hacia el oeste; y otras tres, distando igual de aquella y entre sí, se encuentran sobre todo hacia las puestas del sol estival; en una de las cuales los bárbaros mitologizan que Crono está encerrado por Zeus, y que el que tiene como hijo es guardián de aquellas islas y del mar, al que llaman mar Cronio, y que habita más allá; y que el gran continente, por el cual el gran mar es rodeado en círculo, dista menos de las otras cosas, pero de Ogigia unos cinco mil estadios para quien es llevado en barcos de remos; pues el mar es de lento caminar y fangoso por la multitud de corrientes; y que las corrientes salen de la gran tierra y se producen aluviones de ellas y que el mar es pesado y terroso, por lo cual también tuvo fama de estar congelado. Y que las partes del continente junto al mar son habitadas por griegos alrededor de un golfo no menor que el de Meótide, cuya boca yace casi en línea recta con la boca del mar Caspio; y que hablan y consideran que ellos mismos son continentales, pero isleños los que habitan esta tierra, como si fuera rodeada en círculo por el mar; y que creen que los que llegaron con Heracles y se quedaron, mezclándose después con los pueblos de Crono, ya apagándose lo griego allí y siendo dominado por lengua bárbara y leyes y dietas, como si reavivara de nuevo, haciéndose fuerte y mucho; por lo cual tienen los primeros honores Heracles, y los segundos Crono. Cuando, pues, el astro de Crono, al que nosotros llamamos Fenonte, pero ellos, dijo, llaman Nicturo, llega a Tauro cada treinta años, habiendo preparado en mucho tiempo las cosas sobre el sacrificio y la partida, envían a los que han salido por sorteo en tantos barcos, llevando mucha atención y preparación necesaria, pues van a navegar un mar tan grande a remo y a pasar mucho tiempo viviendo en tierra extranjera; habiendo zarpado, pues, usan de suertes, como es verosímil, unos otras; y los que se salvan del mar, primero se detienen en las islas que se encuentran delante, habitadas por griegos, y ven al sol ocultándose menos de una hora durante treinta días, y que esto es la noche, teniendo una oscuridad ligera y crepuscular que brilla desde el oeste; habiendo pasado allí noventa días, con honor y amabilidad, siendo considerados sagrados y llamados así, son transportados ya por vientos; y que no habitan otros sino ellos mismos y los que fueron enviados antes que ellos; pues es permitido navegar de vuelta a casa a los que han servido al dios tres veces diez años, pero la mayoría elige habitualmente habitar allí, unos por costumbre, otros porque sin trabajo ni asuntos tienen todo en abundancia, pasando el tiempo siempre en sacrificios y coros o en torno a algunos discursos y filosofía. Pues es admirable la naturaleza de la isla y la suavidad del aire que la rodea, y para algunos también lo divino se convierte en obstáculo al haber pensado navegar de vuelta, mostrándose como a conocidos y amigos; pues no solo en sueños ni a través de símbolos, sino también manifiestamente encuentran muchos visiones de demonios y voces. Pues al propio Crono dicen que lo rodea en una cueva profunda una piedra de color dorado mientras duerme, pues el sueño ha sido ideado para él como cadena por Zeus, y que aves que vuelan sobre la cima de la piedra le llevan ambrosía, y que la isla está llena de fragancia, dispersándose como de una fuente de la piedra; y que aquellos demonios cuidan y sirven a Crono, habiéndose hecho compañeros suyos cuando reinaba sobre dioses y hombres, y que muchas cosas, siendo ellos mismos adivinos, las predicen, pero las más grandes y sobre las cosas más grandes las anuncian bajando como sueños de Crono; pues cuantas cosas Zeus premedita, estas las sueña Crono; y que las pasiones titánicas y movimientos del alma en él son la resurrección, y que el sueño es totalmente el reino y lo divino mismo por sí mismo puro e inmaculado. Allí, pues, llevado, como decía, el extranjero y sirviendo al dios con calma, tuvo experiencia de astrología hasta donde es posible avanzar para quien ha medido, y de la otra filosofía usando la natural. Y teniendo algún deseo y anhelo de convertirse en espectador de la gran isla; pues así, al parecer, llaman a la habitada entre nosotros; cuando pasaron los treinta años, habiendo llegado los sucesores de casa, saludando a los amigos zarpó, habiendo preparado las otras cosas con sencillez, pero llevando mucho sustento en copas de oro. Lo que sufrió, pues, y a cuántos hombres pasó, encontrando escrituras sagradas y siendo iniciado en todos los ritos, no es obra de un día contarlo, como él nos relataba, recordando muy bien y punto por punto; pero lo que es propio de la presente reunión, escuchen. Pues pasó mucho tiempo en Cartago, ya que, al perecer la ciudad anterior, habiendo encontrado pieles sagradas que habían sido sacadas secretamente y habían escapado mucho tiempo estando en la tierra, decía que era necesario, y me exhortaba a honrar de manera diferente a la Luna, como siendo la más soberana de la vida'.
27
Admirando yo estas cosas y pidiendo escuchar más claramente, dijo:« Muchas cosas, Sila, se dicen sobre los dioses, pero no todas se dicen bien entre los griegos. Por ejemplo, nombrando correctamente a Deméter y a Core, no correctamente piensan que ambas están juntas y alrededor del mismo lugar; pues una está en la tierra y es soberana de las cosas de la tierra, y la otra en la Luna y de las cosas de la Luna. Y ha sido llamada Core y Perséfone, lo uno como siendo portadora de luz, y Core porque también de la pupila, en la que brilla de vuelta la imagen del que mira, así como el resplandor del sol es visto en la Luna, la llamamos pupila. Y en las cosas que se dicen sobre su errancia y búsqueda hay verdad; pues se desean mutuamente estando separadas y se entrelazan alrededor de la sombra muchas veces; pero que ahora esté en el cielo y en la luz, y ahora en la oscuridad y en la noche, sobre Core, no es mentira, pero el tiempo ha proporcionado errancia al número. Pues no vemos que sea tomada por la sombra de la tierra, como por la madre, cada seis meses, sino a intervalos de seis meses, y pocas veces sufriendo esto a los cinco meses; pues es imposible que abandone el Hades, siendo el límite del Hades, como también Homero, ocultándolo, no dijo esto en vano, sino hacia el campo Elíseo y los confines de la tierra; pues donde la sombra de la tierra, al extenderse, se detiene, esto puso como término de la tierra y límite; y hacia esto no sube ningún malvado ni impuro, sino que los buenos, tras la muerte, siendo llevados allí, teniendo una vida muy fácil, aunque no dichosa ni divina, pasan hasta la segunda muerte».
28
¿ Quién es este, Sila? No preguntes por estas cosas, pues yo mismo voy a explicarlas. La mayoría de la gente considera correctamente que el ser humano es un compuesto, pero no acierta al creer que está compuesto solo de dos partes; pues piensan que el intelecto es una parte del alma, no menos que aquellas otras, errando quienes creen que el alma es una parte del cuerpo; pues el intelecto es tan superior y divino respecto al alma como el alma lo es respecto al cuerpo. La mezcla de alma y cuerpo produce lo irracional y lo pasional, mientras que la unión de intelecto y alma produce la razón; de estos, lo primero es principio de placer y dolor, lo segundo de virtud y vicio. Al unirse estos tres, la tierra proporcionó el cuerpo, la luna el alma y el sol el intelecto para la génesis, tal como a su vez el sol proporciona el resplandor a la luna. La muerte que sufrimos hace del hombre dos partes a partir de tres, y una a partir de dos; una ocurre en la tierra, en los ritos de Deméter, y por eso los atenienses llamaban antiguamente a los muertos' demetrios'; la otra ocurre en la luna, en los ritos de Perséfone, y Hermes es el compañero de la primera, mientras que la segunda tiene a Perséfone como compañera celestial. Esta primera disolución separa rápida y violentamente el alma del cuerpo, mientras que Perséfone separa suavemente y tras mucho tiempo el intelecto del alma, y por esto se le llama' unigénita', pues solo lo mejor del hombre llega a separarse de ella. Cada una de estas cosas sucede así por naturaleza: es el destino que toda alma, tanto la privada de intelecto como la que lo posee, al caer del cuerpo, vague por el espacio entre la tierra y la luna durante un tiempo desigual; las injustas e intemperantes pagan las penas de sus injusticias, mientras que las moderadas deben permanecer durante un tiempo determinado en la parte más suave del aire, a la que llaman prados del Hades, hasta purificarse y exhalar los miasmas del cuerpo como si fueran un vapor nocivo. Luego, como si regresaran de un destierro a su patria, prueban una alegría semejante a la que tienen los iniciados, mezclada con confusión y sobresalto junto a una dulce esperanza. Pues muchas son expulsadas y rechazadas cuando ya se aferran a la luna, mientras que otras, al volverse hacia abajo, ven cómo se hunden de nuevo como en un abismo; pero las que logran subir y establecerse firmemente, primero, como los vencedores, caminan coronadas con guirnaldas de plumas llamadas de' estabilidad', porque en su vida mostraron que lo irracional y pasional del alma era dócil a la razón y estaba bien ordenado. En segundo lugar, semejantes a un rayo en su visión y al fuego en su alma que se eleva, tal como aquí, en el éter que rodea la luna, obtienen de él tensión y fuerza, como el hierro al ser templado; pues lo que aún es tenue y difuso se fortalece y se vuelve estable y diáfano, de modo que puede nutrirse de la exhalación que se presente; y bien dijo Heráclito que las almas tienen olfato en el Hades.
29
Contemplan primero el tamaño y la belleza de la propia luna, y su naturaleza, que no es simple ni pura, sino como una mezcla de astro y tierra; pues así como la tierra, mezclada con espíritu y humedad, se ha vuelto blanda, y la sangre, al mezclarse con la carne, le proporciona la sensación, así dicen que la luna, mezclada profundamente con el éter, es a la vez animada y fértil, y posee una simetría de ligereza que equilibra su peso. Pues el cosmos mismo, ensamblado así por la naturaleza de lo que se mueve hacia arriba y hacia abajo, se ha librado por completo del movimiento local. Parece que Jenócrates también intuyó esto con un razonamiento divino, tomando el principio de Platón. Pues Platón es quien declaró que cada uno de los astros está ensamblado de tierra y fuego mediante las naturalezas intermedias dadas por analogía; pues nada llega a la percepción si no tiene algo de tierra y de luz mezclado. Jenócrates dice que los astros y el sol están compuestos de fuego y del primer elemento denso, la luna del segundo, el denso, y de su propio aire, y la tierra de agua, aire y el tercero de los densos; en general, ni lo denso por sí mismo ni lo tenue son receptivos del alma. Esto en cuanto a la esencia de la luna. Su anchura y tamaño no son los que dicen los geómetras, sino que a menudo es mayor; mide la sombra de la tierra pocas veces con sus propios tamaños, no por pequeñez, sino por el calor con el que acelera su movimiento para atravesar rápidamente el lugar sombrío, sacando a las almas de los buenos que se apresuran y gritan, pues al estar en la sombra ya no escuchan la armonía del cielo; al mismo tiempo, desde abajo, las almas de los castigados se acercan entonces gimiendo y gritando a través de la sombra; por eso la mayoría acostumbra a golpear objetos de bronce en los eclipses y hacer ruido y estrépito para espantar a las almas; también las aterroriza el llamado rostro, cuando se acercan, al verse algo sombrío y espeluznante. Pero no es tal, sino que, al igual que la tierra entre nosotros tiene golfos profundos y grandes, uno que se derrama aquí hacia nosotros a través de las columnas de Hércules, y fuera el Caspio y los mares alrededor del Eritreo, así son estas profundidades y cavidades de la luna; llaman a la mayor de ellas el' seno de Hécate', donde las almas dan y reciben cuentas de lo que, ya convertidas en demonios, hayan sufrido o hecho; las otras dos son largas, pues las almas atraviesan por ellas, unas veces hacia las partes de la luna orientadas al cielo, otras veces de vuelta hacia las orientadas a la tierra; y se dice que las partes de la luna orientadas al cielo son el campo elíseo, y las de aquí, la Perséfone antictónica.
30
Los demonios no permanecen siempre en ella, sino que descienden aquí para ocuparse de los oráculos, y asisten y participan en los ritos más elevados, y se convierten en castigadores y guardianes de las injusticias, y brillan como salvadores en las guerras y en el mar. Y cualquier cosa que no hagan bien en esto, sino por ira, por un favor injusto o por envidia, pagan la pena; pues son empujados de nuevo a la tierra, encerrados en cuerpos humanos. De aquellos mejores, decían que eran los que rodean a Crono; y antes, los Dáctilos Ideos en Creta, los Coribantes en Frigia, y los Trofoníadas en Lebadea de Beocia, y otros innumerables en muchos lugares de la tierra habitada; de los cuales permanecen aún sus santuarios, honores y nombres; pero las facultades de algunos se abandonan, al alcanzar otro lugar de la mejor transformación. Unos alcanzan esto antes y otros después, cuando el intelecto se separa del alma; y se separa por amor a la imagen que rodea al sol, a través de la cual brilla lo deseable, lo bello, lo divino y lo bienaventurado, que toda naturaleza, cada una a su manera, anhela. Pues la propia luna vaga siempre por amor al sol y se une a él, anhelando recibir de él lo más fértil. La naturaleza del alma queda en la luna, conservando como ciertos rastros de vida y sueños; y sobre esto considera que se dijo correctamente:' el alma, como un sueño, vuela y se aleja'. Pues no sufre esto inmediatamente ni al separarse del cuerpo, sino después, cuando queda desierta y sola al separarse del intelecto. Y Homero parece haber hablado de todo lo que dijo, sobre todo según un dios, acerca de los que están en el Hades:' y después de él vi a la fuerza de Heracles, su imagen; él mismo, en cambio, está entre los dioses inmortales'. Pues cada uno de nosotros no es el ánimo, ni el miedo, ni el deseo, al igual que tampoco es carne ni humores, sino aquello con lo que pensamos y razonamos; y el alma, al ser moldeada por el intelecto y al moldear el cuerpo y envolverlo por todas partes, imprime su forma; de modo que, aunque pase mucho tiempo separada de cada uno, conservando la semejanza y el molde, se le llama correctamente imagen. De estos, la luna, como se ha dicho, es el elemento; pues se disuelven en ella, al igual que los cuerpos de los muertos en la tierra, rápidamente las sensatas, que han amado una vida tranquila y filosófica; pues al ser liberadas por el intelecto y no usar ya para nada las pasiones, se marchitan; pero de las ambiciosas, las activas, las eróticas respecto a los cuerpos y las irascibles, algunas se consumen como si estuvieran en un sueño, usando los recuerdos de la vida como sueños, como la de Endimión; y cuando lo inestable y lo pasional las saca y las arrastra fuera de la luna hacia otra génesis, no lo permite, sino que las llama y las hechiza. Pues no es una tarea pequeña, ni tranquila, ni armoniosa, cuando sin intelecto se apoderan del cuerpo pasional. Los Ticios y Tifones, y aquel Tifón que ocupó Delfos y perturbó el oráculo con insolencia y violencia, eran de esas almas, que usaron lo pasional, errante por la falta de razón y por la soberbia. Con el tiempo, la luna también las acogió en sí misma y las ordenó, y luego, al sembrar de nuevo el intelecto el sol, recibe lo vital y crea nuevas almas; la tierra proporcionó el tercer cuerpo. Pues esta no da nada después de la muerte, sino solo lo que recibe para la génesis; el sol no recibe nada, sino que recupera al dar el intelecto, mientras que la luna recibe, da, compone y divide según una u otra facultad, de las cuales se llama Ilitía a la que compone y Ártemis a la que divide. Y de las tres Moiras, Átropos, establecida alrededor del sol, entrega el principio de la génesis, Cloto, que se mueve alrededor de la luna, une y mezcla; y la última, Láquesis, se ocupa alrededor de la tierra, a la que le corresponde la mayor parte de la suerte. Pues lo inanimado es nulo en sí mismo y pasible por otros, mientras que el intelecto es impasible y soberano; y el alma, como mezcla y mediación, al igual que la luna, ha sido hecha por el dios como una mezcla y combinación de lo de arriba y lo de abajo, teniendo por tanto respecto al sol la misma relación que la tierra respecto a la luna. 15. Esto dijo Sila, lo que yo escuché al extranjero exponer, y a él se lo comunicaron los compañeros de lecho y servidores de Crono, como él mismo decía; a vosotros, Lamprias, os toca usar el razonamiento, si queréis.

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