Jerome

Reader

Read texts in the original and in translation.
Settings
Not signed in
Find in Jerome
You can also type short locations such as 1, 1.1, 1:2, or 1-3 inside the current work.
De fortuna
Plutarch (plutarch)Fort 1 · spanish-geminiMore by Plutarch (plutarch)
Choose a text id="mobileReaderAuthor" class="mobile-reader-author" href="/authors/plutarch" aria-label="More works by Plutarch (plutarch)"> —
⋯
More
Original / primary: Spanish Gemini
1
La fortuna rige los asuntos de los mortales, no la prudencia.¿ Acaso no rigen los asuntos de los mortales ni la justicia, ni la equidad, ni la templanza, ni la moderación, sino que fue por fortuna y gracias a la fortuna que Arístides perseveró en la pobreza, pudiendo haber sido dueño de grandes riquezas, y que Escipión, tras tomar Cartago, no tomó ni vio nada de los botines, mientras que por fortuna y gracias a la fortuna Filócrates, al recibir oro de Filipo, compraba prostitutas y pescados, y Lastenes y Eutícrates perdieron Olinto, midiendo la felicidad por el vientre y por las cosas más vergonzosas?¿ Y es por fortuna que Alejandro, hijo de Filipo, se abstuvo él mismo de las mujeres cautivas y castigaba a quienes cometían excesos, mientras que el hijo de Príamo, valiéndose de un mal demonio y de la fortuna, se acostaba con la mujer del huésped y, tras tomarla, llenó de guerra y de males a los dos continentes? Pues si esto sucede por fortuna,¿ qué impide decir que también las comadrejas, los machos cabríos y los monos se mantienen unidos por fortuna en sus glotonerías, sus incontinencias y sus bufonadas?
2
Si existen la templanza, la justicia y la valentía,¿ cómo tiene sentido que no exista la prudencia, y si existe la prudencia, cómo no también la sensatez? Pues la templanza es, como dicen, una forma de prudencia y sensatez, y la justicia requiere de la presencia de la prudencia; o más bien, a la sensatez y a la prudencia, cuando nos hacen buenos en medio de los placeres, las llamamos continencia y templanza; en medio de los peligros y los trabajos, fortaleza y valor; y en medio de las relaciones sociales y la vida política, buen orden y justicia. Por tanto, si consideramos que las obras de la sensatez son de la fortuna, que sean también de la fortuna las de la justicia y las de la templanza, y, por Zeus, que el robar, el hurtar bolsas y el ser libertino sean también de la fortuna, y, abandonando nuestros propios razonamientos, entreguémonos a la fortuna como polvo o basura arrastrados y dispersados por un gran viento. Siendo así que no existe la sensatez, es natural que no haya deliberación sobre los asuntos, ni examen, ni búsqueda de lo conveniente; más bien, desvarió Sófocles al decir que todo lo que se busca es alcanzable, pero que lo descuidado se escapa, y al dividir de nuevo los asuntos en: lo que se puede enseñar, lo aprendo; lo que se puede hallar, lo busco; y lo que se puede desear, lo pido a los dioses. Pues,¿ qué es hallable o qué es aprendible para los hombres si todo se cumple según la fortuna?¿ Y qué consejo de ciudad no se anula, o qué asamblea de rey no se disuelve, si todo está bajo la fortuna, a la que injuriamos de ciega, como ciegos que tropezamos con ella?¿ Y por qué no habríamos de estarlo, cuando, tras habernos arrancado la sensatez como si fueran los ojos, tomamos a la fortuna como guía ciega de nuestra vida?
3
Y, sin embargo, supongamos que alguien de nosotros dice que los asuntos de los que ven son obra de la fortuna, no de la vista ni de los ojos portadores de luz, como dice Platón, y que los asuntos de los que oyen son obra de la fortuna, no de la facultad perceptiva del impacto del aire que llega a través del oído y el cerebro; es bueno, al parecer, ser cauteloso con la percepción. Pero, en realidad, la naturaleza nos otorgó la vista, el oído, el gusto, el olfato y las demás partes del cuerpo y sus facultades como servicio a la sensatez y a la prudencia; y la mente ve y la mente oye, mientras que lo demás es sordo y ciego. Y así como, si no existiera el sol, pasaríamos la noche a causa de los otros astros, como dice Heráclito, así también, a causa de las percepciones, si el hombre no tuviera mente ni razón, no se diferenciaría en nada en su vida de las fieras. Pero ahora, no por fortuna ni automáticamente las superamos y dominamos, sino que Prometeo, es decir, el razonamiento, es la causa, habiendo dado como contrapartida y receptáculo de trabajos, según Esquilo, las monturas de caballos y asnos y los linajes de toros. Pues, por fortuna y por una naturaleza de nacimiento mejor, la mayoría de los animales irracionales se valen de recursos. Unos están armados con cuernos, dientes y aguijones; de hecho, dice Empédocles, cerdas de punta aguda erizan los lomos de los erizos; otros están calzados y vestidos con escamas, pelajes, pezuñas y cascos duros; solo el hombre, según Platón, ha sido dejado por la naturaleza desnudo, desarmado, descalzo y sin cobertura. Pero, al darle una sola cosa, suaviza todo esto: el razonamiento, el cuidado y la previsión. Es pequeña la fuerza del hombre, pero con la variedad de su inteligencia domina los terribles linajes del mar, de la tierra y del aire. Los caballos son ligerísimos y velocísimos, pero corren para el hombre; el perro es guerrero y fogoso, pero guarda al hombre; el pez es muy sabroso y el cerdo muy carnoso, pero son alimento y manjar para el hombre.¿ Qué hay más grande que el elefante?¿ O más temible de ver? Pero incluso esto se ha convertido en un juguete del hombre y en un espectáculo público; aprende danzas, coros y reverencias, no siendo inútil la introducción de tales cosas, sino para que aprendamos a qué altura eleva la prudencia al hombre y por encima de qué cosas lo coloca, y cómo domina todo y prevalece. Pues no somos boxeadores intachables ni luchadores, ni corremos velozmente con los pies, sino que en todo esto somos más desafortunados que las fieras; pero mediante la experiencia, la memoria, la sabiduría y la técnica, según Anaxágoras, nos servimos de ellas, y extraemos miel, ordeñamos, cargamos y conducimos capturándolas, de modo que, en esto, nada es de la fortuna, sino que todo es de la sensatez.
4
Pero, ciertamente, también los asuntos de los artesanos son de los mortales, y los de los broncistas, los constructores y los escultores, en los cuales no vemos que nada se logre automáticamente ni al azar. Pues, dado que a estos les sobreviene alguna pequeña fortuna, pero la mayoría y las más grandes de las obras las realizan las artes por sí mismas, esto también ha sido indicado: id al camino, pues, todo el pueblo artesano, vosotros que suplicáis a la Ergane de mirada terrible de Zeus con cestas erguidas. Pues las artes tienen como asistente a la Ergane, no a la Fortuna. Se dice, sin embargo, que Nealces, mientras pintaba un caballo, lograba acertar con las demás formas y colores, pero que, en cuanto a la espuma que se golpea alrededor del freno y al aliento que sale junto con ella, escribía y borraba muchas veces, y al final, por ira, lanzó la esponja contra el cuadro tal como estaba, llena de pigmentos, y que esta, al caer, imprimió maravillosamente lo que se necesitaba. Solo esto se cuenta como una fortuna técnica. En todas partes usan reglas, pesas, medidas y números, para que en ninguna parte lo fortuito y lo azaroso se introduzca en las obras. Y, ciertamente, se dice que las artes son pequeñas formas de prudencia, o más bien efluvios de prudencia y restos esparcidos en las necesidades de la vida, tal como se insinúa que el fuego, repartido por Prometeo, fue dispersado aquí y allá. Pues, en efecto, partes y fragmentos de la prudencia, al romperse y desmenuzarse, han pasado a las artes.
5
Es sorprendente, pues, cómo las artes no necesitan de la fortuna para su fin propio, mientras que la mayor y más perfecta de todas las artes, y el punto culminante de la buena reputación y la justificación humana, no es nada. Pero en la tensión y relajación de las cuerdas hay una sensatez que llaman música, y en la preparación de los alimentos que llamamos cocina, y en el lavado de las ropas que es el batanado; enseñamos a los niños a calzarse y a vestirse, y a tomar el alimento con la mano derecha y a sostener el pan con la izquierda, como si ni siquiera estas cosas sucedieran por fortuna, sino que requirieran supervisión y atención.¿ Y las cosas más grandes y principales para la felicidad no llaman a la prudencia, ni participan de lo que es conforme a la razón y a la previsión? Pero nadie, tras haber humedecido la tierra con agua, la dejó como si los ladrillos fueran a hacerse por fortuna y automáticamente, ni, tras haber adquirido lana y cueros, se sienta rezando a la fortuna para que le resulten una túnica y calzado; pero, tras haber acumulado mucho oro y plata, y una multitud de esclavos, y tras haberse rodeado de patios de muchas puertas y haberse provisto de lechos y mesas costosas,¿ cree que estas cosas le proporcionarán felicidad, una vida sin dolor, dichosa e inmutable, sin que la prudencia le haya acompañado? Alguien preguntaba a Ifícrates el general, como si lo estuviera poniendo a prueba:¿ quién eres? Pues no eres ni hoplita, ni arquero, ni peltasta. Y aquel respondió: el que manda a todos estos y se sirve de ellos.
6
La prudencia no es oro, ni plata, ni gloria, ni riqueza, ni salud, ni fuerza, ni belleza.¿ Qué es, entonces? Aquello que es capaz de usar bien todas estas cosas y gracias a lo cual cada una de ellas se vuelve agradable, honrosa y útil; sin esto, son difíciles de usar, infructuosas y dañinas, y cargan y deshonran a quien las posee. Sin duda, el Prometeo de Hesíodo exhorta bien a Epimeteo a no aceptar nunca regalos de Zeus Olímpico, sino a rechazar los que son de la fortuna y los externos, como si le exhortara a no tocar la flauta siendo ignorante en música, ni a leer siendo analfabeto, ni a montar a caballo sin saber, exhortándole así a no gobernar siendo insensato, ni a enriquecerse siendo innoble, ni a casarse estando dominado por una mujer. Pues no solo el tener éxito más allá del mérito se convierte en ocasión de pensar mal para los insensatos, como dijo Demóstenes, sino que el tener fortuna más allá del mérito es ocasión de actuar mal para los que no tienen prudencia.

Intertext edge

Open linked passage

Note