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De gloria Atheniensium
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Original / primary: Spanish Gemini
1
Xylander fue el primero en sugerir una laguna al principio. Aquello lo dijo con razón respecto a los generales que le sucedieron, a quienes dio paso para sus acciones posteriores al expulsar al bárbaro y liberar a Grecia; pero también se dirá con razón respecto a quienes se enorgullecen de sus discursos: pues si eliminas a los que actúan, no tendrás a los que escriben. Elimina la política de Pericles, los trofeos navales de Formión frente a Río, las proezas de Nicias en Citera, Mégara y Corinto, la Pilos de Demóstenes, los cuatrocientos prisioneros de Cleón y a Tolmides circunnavegando el Peloponeso, y a Mironides venciendo a los beocios en Enofita, y Tucídides te habrá sido borrado. Elimina las hazañas juveniles de Alcibíades en el Helesponto, las de Trasilo frente a Lesbos, la disolución de la oligarquía por Terámenes, y a Trasíbulo y Arquino y a los setenta que desde Fila se levantaron contra la hegemonía de los espartanos, y a Conón devolviendo a Atenas al mar, y Crátipo habrá sido eliminado. Pues Jenofonte se convirtió en su propia historia, al escribir lo que él mismo dirigió y logró, y al componer sobre estos mismos hechos a Temistógenes el siracusano, para ser más creíble al narrar sobre sí mismo como si fuera otro, cediendo a otro la gloria de los discursos. Todos los demás historiadores, Clitodemo, Diilo, Filócoro, Filarco, se han convertido en ajenos a las obras, como actores de dramas, disponiendo las acciones de los generales y reyes y revistiéndose de sus memorias para participar de una especie de resplandor y luz. Pues de los que actúan se refleja hacia los que escriben y refulge un simulacro de gloria ajena, apareciendo la acción a través de los discursos como en un espejo.
2
Ciertamente, esta ciudad ha sido madre y nodriza benévola de muchas otras artes, habiendo descubierto y mostrado primero unas, y habiendo añadido poder, honor y crecimiento a otras; y no menos ha sido promovida y adornada por ella la pintura. Pues Apolodoro el pintor, el primero de los hombres en descubrir el deterioro y el matiz de la sombra, era ateniense; sobre cuyas obras se ha escrito que alguien las criticará más que las imitará. Y Eufránor, Nicias, Asclepiodoro y Panaino, el hermano de Fidias, unos pintaron generales victoriosos, otros batallas, otros héroes, como Eufránor, quien comparó su propio Teseo con el de Parrasio, diciendo que el de aquel había comido rosas, mientras que el suyo, carne de buey. Pues, en verdad, el de Parrasio está pintado con elegancia y adornado y se parece a algo; pero alguien, al ver el de Eufránor, dijo no sin gracia:' el pueblo del magnánimo Erecteo, al que una vez crió Atenea, hija de Zeus'. Eufránor también pintó la batalla de caballería en Mantinea contra Epaminondas, no sin entusiasmo. El hecho ocurrió así: Epaminondas el tebano, enaltecido por la batalla de Leuctra, quiso invadir Esparta, que estaba cayendo, y pisotear el orgullo y la dignidad de la ciudad. Y primero, al invadir con setenta mil soldados, devastó el territorio y apartó a los periecos de ellos; después, al estar ellos formados para la batalla cerca de Mantinea, los desafió; pero como no querían ni se atrevían, sino que esperaban el auxilio de Atenas, partió de noche y, sin que nadie lo notara, descendió a Laconia, y por poco logra tomar y ocupar la ciudad desierta de un solo golpe. Al darse cuenta los aliados y producirse un rápido auxilio hacia la ciudad, fingió que se retiraba para dedicarse de nuevo al saqueo y la destrucción del territorio; pero tras engañar y adormecer así a los enemigos, se retiró de noche de Laconia; y tras recorrer el territorio intermedio, apareció inesperadamente ante los mantineos que deliberaban y ordenó inmediatamente a los tebanos armarse. Los tebanos, pues, orgullosos, se lanzaban con las armas y rodeaban los muros, mientras que entre los mantineos hubo estupor, gritos y carreras, al no poder ni imaginar cómo rechazar a la fuerza que caía en masa como un torrente. En este momento de tiempo y fortuna, los atenienses descendían desde las alturas hacia Mantinea sin conocer el peso ni la rapidez del combate, sino marchando por el camino con tranquilidad, cuando alguien de los ciudadanos salió corriendo y anunció el peligro; siendo pocos frente a la multitud de los enemigos, y cansados por el camino, y sin que ningún otro aliado estuviera presente, sin embargo, inmediatamente se colocaron en formación con la mayoría de los hoplitas; y los jinetes, tras prepararse y salir al frente, bajo las mismas puertas y el muro, entablaron una dura batalla de caballería; y tras vencer, arrebataron Mantinea de las manos de Epaminondas. Esta obra la pintó Eufránor, y es posible ver en la imagen de la batalla el choque y la resistencia, llena de fuerza, coraje y espíritu. Pero no creo que prefieran el juicio del pintor al del general, ni que soporten a quienes prefieren el cuadro al trofeo y la imitación a la verdad.
3
Aparte de que Simónides llama a la pintura poesía silenciosa, y a la poesía pintura que habla. Pues las acciones que los pintores muestran como si estuvieran ocurriendo, estas las narran y escriben los discursos como si hubieran ocurrido. Y si unos con colores y formas, y otros con nombres y palabras manifiestan lo mismo, difieren en la materia y en los modos de imitación, pero un mismo fin subyace a ambos, y el mejor de los historiadores es el que ha convertido la narración en una imagen, como una pintura, mediante pasiones y personajes. Tucídides, por su parte, siempre compite en su discurso con esta vivacidad, tratando de hacer del oyente un espectador y de producir en los lectores las pasiones asombrosas y perturbadoras que ocurren a los que ven. Pues el que despliega a los atenienses a lo largo de la misma orilla de Pilos, Demóstenes, y el que apremia al piloto Brásidas a encallar, y el que avanza hacia la pasarela y es herido y desfallece y se inclina hacia el costado del barco, y los lacedemonios que luchan a pie desde el mar, y los atenienses que luchan en el mar desde tierra; y de nuevo el combate de infantería de ambos en tierra en los asuntos de Sicilia, al haberse establecido un combate naval de fuerzas iguales, con el combate incesante y la tensión de la mente debido a las formaciones, y debido a que la lucha es continua e incierta, inclinándose con temor junto con los cuerpos mismos, es de una vivacidad gráfica que respira con la disposición y la descripción de lo que sucede. De modo que si no es digno comparar a los que pintan con los generales, tampoco comparemos a los que escriben la historia. La batalla de Maratón, pues, la anunció, según cuenta Heráclides Póntico, Tersipo de Eroe; pero la mayoría dice que fue Eucles, quien corrió con las armas calientes de la batalla y, al caer ante las puertas de los primeros, solo dijo esto:'¡ Alégrense, vencemos!', y luego inmediatamente expiró. Pero este llegó como su propio mensajero, habiéndose convertido en combatiente de la batalla. Pero supongamos que alguien, habiéndose convertido en espectador del combate desde algún monte o puesto de vigilancia de pastores o boyeros, desde lejos, y al haber visto aquella gran obra, mayor que cualquier discurso, hubiera llegado a la ciudad como un mensajero invulnerable e incruento, y luego exigiera tener los honores que tuvo Cinegiro, que tuvo Calímaco, que tuvo Polizelo, porque anunció las proezas, heridas y muertes de estos;¿ no parecería superar toda desvergüenza? Donde dicen que los lacedemonios enviaron al que anunció la victoria en Mantinea, que Tucídides ha narrado, un trozo de carne de la comida común como buena nueva. Sin embargo, los que escriben son una especie de mensajeros de las acciones, de buena voz y que alcanzan el éxito mediante el discurso debido a su belleza y poder, a quienes deben una buena nueva los que primero se encuentran con ellos y los narran. Sin duda, también son elogiados al ser recordados y leídos debido a los que lograron el éxito; pues no son los discursos los que hacen las acciones, sino que debido a las acciones son dignos de ser escuchados.
4
Pues también la poesía tuvo gracia y honor por decir cosas semejantes a lo realizado, como dijo Homero:' fingiendo muchas mentiras semejantes a las verdaderas'. Se dice también que uno de los conocidos de Menandro le dijo:'¡ Cerca están, Menandro, las Dionisias, y tú no has hecho la comedia!'. Y que él respondió:'¡ Por los dioses, yo he hecho la comedia! Pues la disposición está organizada; solo falta cantar los versos', porque ellos mismos consideran que los hechos son más necesarios y principales que los discursos. Corina amonestó a Píndaro, siendo aún joven y usando su elocuencia con arrogancia, por ser falto de musas y no crear mitos, lo cual resulta ser la tarea de la poesía, y por añadir lenguas, usos, metáforas, cantos y ritmos como condimentos a los hechos. Píndaro, pues, tras prestar mucha atención a lo que se decía, compuso aquel canto:' Ismeno o Melia de rueca de oro, o Cadmo o el sagrado linaje de hombres espartos, o el muy audaz vigor de Heracles o el honor de Dioniso que trae mucha alegría'. Tras mostrarlo a Corina, ella, riendo, dijo que había que sembrar con la mano, y no con todo el saco. Pues, en verdad, Píndaro, tras mezclar y amontonar una especie de mezcla de mitos, la vertió en el canto. Pero que la poesía trata sobre la creación de mitos, también lo ha dicho Platón. Y el mito quiere ser un discurso falso semejante al verdadero; por eso también está muy alejado de las obras, si el discurso es imagen de la obra, y el mito es imagen y simulacro del discurso. Y tanto se quedan atrás los que inventan las acciones de los que las narran, cuanto se alejan de los que actúan los que hablan.
5
La ciudad, pues, no ha tenido un creador ilustre de poesía épica ni lírica. Pues Cinisias parece haber sido un poeta molesto de ditirambos; y él mismo resultó estéril y sin gloria, siendo objeto de burlas y escarnios por parte de los comediógrafos, no participó de una fama afortunada. De los dramaturgos, consideraban la comedia tan indecorosa y vulgar que era ley que ningún areopagita hiciera comedias. Pero la tragedia floreció y se hizo famosa, convirtiéndose en un asombroso espectáculo y visión para los hombres de entonces y proporcionando a los mitos y a las pasiones un engaño, como dice Gorgias, en el que el que engaña es más justo que el que no engaña, y el que es engañado es más sabio que el que no es engañado. Pues el que engaña es más justo, porque ha hecho lo que prometió; y el que es engañado es más sabio; pues lo que no es insensible es fácilmente cautivado por el placer de los discursos.¿ Qué beneficio, pues, trajeron las bellas tragedias a Atenas como la destreza de Temistocles amuralló la ciudad, como el cuidado de Pericles adornó la acrópolis, como Milcíades la liberó, como Cimón la llevó a la hegemonía? Si de este modo la sabiduría de Eurípides y la elocuencia de Sófocles y la boca de Esquilo libraron de alguna de las dificultades o procuraron alguno de los esplendores, es digno comparar los dramas con los trofeos y levantar el teatro frente al edificio de los generales y comparar las enseñanzas con las proezas.
6
¿ Quieren que introduzcamos a los hombres portando los símbolos y las insignias de las obras, habiendo dado un paso propio a cada uno? Que entren por un lado, bajo flautas y liras, los poetas diciendo y cantando:' Es necesario guardar silencio y apartarse de nuestros coros a quien sea inexperto en tales discursos o no tenga la mente pura, o no haya cantado ni bailado los misterios de las nobles Musas, ni haya sido iniciado en las bacanales de la lengua de Cratino el devorador de toros', y portando los atuendos, máscaras, altares, máquinas de escena, periactos y trípodes victoriosos; y que los acompañen los actores trágicos, Nicóstratos, Calípides, Miniscos, Teodoro y Polo, como los peluqueros y portadores de sillas de una mujer costosa, la tragedia, o más bien como los que siguen a las estatuas, los que las encáustican, doran y tiñen; y que se prepare un pueblo difícil de manejar de atuendos, máscaras, túnicas de púrpura, máquinas de escena, corógrafos y guardaespaldas, y una costosa coregía. Ante lo cual, un hombre laconio, al mirar, no dijo mal que los atenienses se equivocan gravemente al gastar el esfuerzo en el juego, es decir, al gastar los gastos de grandes expediciones y los suministros de los ejércitos en el teatro. Pues si se calcula cuánto costó cada uno de los dramas, parecerá que el pueblo ha gastado más en las Bacantes, Fenicias, Edipos, Antígonas y los males de Medea y Electra, de lo que gastó luchando contra los bárbaros por la hegemonía y la libertad. Pues los generales, tras ordenar muchas veces llevar alimentos sin fuego, sacaban a los hombres a las batallas; y, por Zeus, los trierarcas, tras preparar cebada para los remeros, y cebollas y queso para otros, los embarcaban en los trirremes; pero los coregos, al poner ante los coreutas anguilas, lechugas, costillas y médula, los agasajaban durante mucho tiempo mientras ejercitaban la voz y se daban a la molicie. Y de estos, a los vencidos les quedaba además haber sido insultados y haber sido objeto de burla; y a los que vencían les quedaba un trípode, no una ofrenda de la victoria, como dice Demetrio, sino una libación de las vidas derramadas y un cenotafio de las casas que han desaparecido. Pues tales son los fines de la poesía y nada más brillante hay en ellos.
7
Observemos, a su vez, a los generales que pasan desde aquí, al pasar los cuales, en verdad, es necesario guardar silencio y apartarse los que no actúan, los que no participan en la política y los que no van a la guerra, quien sea cobarde ante tales obras y no tenga la mente pura, ni haya sido iniciado en las bacanales de la mano de Milcíades el matador de medos ni de Temistocles el matador de persas. Este cortejo de Ares desde la tierra junto con falanges y flotas desde el mar y cargado de despojos mezclados y trofeos.' Escucha, Alalá, hija de la Guerra, preludio de lanzas, a quien se sacrifica a los hombres con la muerte sacrificada', como dijo el tebano Epaminondas, entregándose por la patria, las tumbas y los templos a los más bellos y brillantes combates. De los cuales me parece ver acercarse a las Victorias,¿ no arrastrando un buey como premio o un macho cabrío, ni coronadas con hiedra y oliendo a hez dionisíaca? Sino que ciudades enteras son suyas, islas y continentes, y templos de mil talentos y colonias de pueblos de diez mil hombres, y se coronan con trofeos de todo tipo y botines; cuyas estatuas y símbolos son los partenones de cien pies, los muros del sur, los cobertizos para barcos, los propileos, el Quersoneso, Anfípolis. Maratón envía la Victoria de Milcíades, y Salamina la de Temistocles, que ha subido sobre los naufragios de mil naves. Y la de Cimón trae cien trirremes fenicias del Eurimedonte, y la de Demóstenes y Cleón desde Esfacteria el escudo capturado de Brásidas y los espartanos encadenados. Y la de Conón amuralla la ciudad, y la de Trasíbulo trae al pueblo libre desde Fila, y las de Alcibíades levantan a la ciudad que resbalaba alrededor de Sicilia; y de los combates de Neleo y Androclo alrededor de Lidia y Caria, Grecia vio a Jonia levantarse. Y si preguntas a cada una de las otras qué bien ha obtenido la ciudad de ella, una dirá Lesbos, otra Samos, otra Chipre, otra el Ponto Euxino, otra quinientos trirremes, otra diez mil talentos, regalo de la gloria y de los trofeos. Esto celebra la ciudad y por esto sacrifica a los dioses, no por las victorias de Esquilo o Sófocles; ni cuando Carcino tenía éxito con la Aérope o Astidamante con el Héctor, sino que el seis del mes Boedromión, aún hoy, la ciudad celebra la victoria en Maratón; y el dieciséis del mes se sirve vino por la victoria naval de Cabrias en Naxos; y el doce sacrificaban acciones de gracias por la libertad; pues en ese día los de Fila regresaron. Y el tres del mes vencían en la batalla de Platea. Y el dieciséis de Muniquión consagraron a Ártemis, en el que la diosa brilló como luna llena para los griegos que vencían en Salamina. Y el doce de Esciroforión lo hizo más sagrado el combate de Mantinea, al ser forzados y puestos en fuga los otros aliados, ellos solos, al vencer en lo que les correspondía, erigieron un trofeo sobre los enemigos que vencían. Esto elevó a la ciudad a la gloria, esto a la grandeza; por esto Píndaro llamó a Atenas el baluarte de Grecia, no porque levantaran a los griegos con las tragedias de Frínico y Tespis, sino porque primero, como dice él mismo, en Artemisio los hijos de los atenienses lanzaron el brillante cimiento de la libertad; y en Salamina, Micala y Platea, al haber apoyado la libertad de Grecia como si fuera de diamante, la entregaron a los demás hombres.
8
Pero, por Zeus,¿ son un juego las cosas de los poetas, y los oradores tienen algo al compararse con los generales, de donde es razonable que Esquines, al burlarse de Demóstenes, diga que presentará una demanda ante la tribuna contra el edificio de los generales?¿ Es digno, pues, preferir el Plateico de Hipérides a la victoria de Arístides en Platea?¿ O el de Lisias contra los Treinta a la tiranía de Trasíbulo y Arquino?¿ O el de Esquines contra Timarco por prostitución a la ayuda de Foción a Bizancio, mediante la cual impidió que los hijos de los aliados se convirtieran en ultraje y objeto de embriaguez de los macedonios?¿ O comparemos con las coronas comunes, que el pueblo recibió al liberar a Grecia, la de Demóstenes sobre la corona, en la que el orador ha hecho esto, lo más brillante y elocuente, al jurar por los que se arriesgaron primero en Maratón, no por los que enseñan a los jóvenes en las escuelas? Por los cuales no a los Isócrates, Antifontes e Iseos, sino a estos la ciudad los enterró con funerales públicos, al recibir los restos de sus cuerpos, y a estos los deificó el orador al jurar por los juramentos que no imitaba. Isócrates, al decir que los que se arriesgaron primero en Maratón lucharon como con almas ajenas y al celebrar su audacia y su desprecio por la vida, él mismo, como dicen, habiéndose vuelto ya viejo, al que le preguntaba cómo vivía, dijo:' Así, como un hombre que ha superado los noventa años y considera la muerte como el mayor de los males'. Pues no afilando una espada ni grabando una lanza ni puliendo un casco ni yendo a la guerra ni remando, sino pegando y componiendo contrarios, paralelos y homoioptota, casi alisando y ajustando los periodos con cinceles y escoplos, envejeció.¿ Cómo, pues, no iba a temer el estruendo de las armas y el choque de las falanges el hombre que teme chocar una vocal con una vocal y sacar el isocolon falto de sílaba? Milcíades, pues, al partir hacia Maratón y entablar la batalla al día siguiente, llegó a la ciudad con el ejército habiendo vencido, y Pericles, tras someter a los samios en nueve meses, se sentía mayor que Agamenón que tomó Troya en el décimo año; Isócrates, en cambio, casi gastó tres olimpiadas para escribir el discurso panegírico, sin haber ido a la guerra en estos tiempos ni haber sido embajador ni haber fundado una ciudad ni haber sido enviado como navarco, aunque el tiempo de entonces trajo diez mil guerras; sino que, mientras Timoteo liberaba Eubea y Cabrias luchaba en el mar en Naxos y en Lequeo Ifícrates destrozaba la mora de los lacedemonios, y el pueblo, tras liberar a toda ciudad, estableció a Grecia con igual voto que ellos, él estaba sentado en casa inventando un libro con los nombres, durante el tiempo en que Pericles levantó los propileos y los de cien pies. Aunque también a este, como a uno que terminaba lentamente las obras, Cratino, al burlarse, dice algo así sobre el muro intermedio:' Pues Pericles lo hace avanzar con discursos, pero con obras ni siquiera lo mueve'. Observa la pequeñez de espíritu sofística, que gasta la novena parte de la vida en un solo discurso. Pero,¿ es digno comparar los discursos del orador Demóstenes con las obras del general?¿ El de la agresión contra Conón con los trofeos de aquel en Pilos?¿ El de Arethusio sobre los esclavos con los espartanos esclavizados por aquel?¿ O por la edad en que escribió los discursos de tutela, esa edad tenía Alcibíades cuando unió a los mantineos y eleos contra Lacedemonia? Y, ciertamente, los discursos públicos tienen esto de asombroso, que en los Filípicos exhorta a las acciones y elogia la acción de Leptines.

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