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De Pythiae oraculis
Plutarch (plutarch)Orac 1 · spanish-geminiMore by Plutarch (plutarch)
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Original / primary: Spanish Gemini
1
BASILOCLES: Habéis hecho la tarde muy profunda, Filino, acompañando al extranjero a través de las ofrendas; pues yo, esperándoos, me he cansado. FILINO: Es que caminábamos despacio, Basilocles, sembrando discursos y cosechando inmediatamente, junto con la lucha, otros ocultos y belicosos, como los Espartos, que nos brotaban y crecían a lo largo del camino. BASILOCLES:¿ Será necesario, pues, invitar a otro de los que han llegado, o quieres tú, complaciéndonos, exponer cuáles eran los discursos y quiénes los que hablaban? FILINO: Es tarea mía, al parecer, Basilocles. Pues a ninguno de los otros podrías encontrarlo fácilmente por la ciudad; ya que a la mayoría los veía subir de nuevo al Coricio y a la Licuria con el extranjero. BASILOCLES:¿ Es acaso el extranjero un amante de los espectáculos y extraordinariamente amante de escuchar? FILINO: Más bien es amante de las letras y amante del aprendizaje. Sin embargo, no es esto lo que más merece admiración, sino una mansedumbre que posee mucha gracia, y su carácter combativo y dado a la indagación por su inteligencia, sin ser difícil ni esquivo ante las respuestas; de modo que, tras estar poco tiempo con él, uno diría inmediatamente: hijo de un buen padre. Pues conoces a Diogeniano, el mejor de los hombres. BASILOCLES: Yo mismo no lo he visto, Filino, pero me he encontrado con muchos que aceptan firmemente tanto el discurso como el carácter del hombre, y dicen otras cosas similares sobre el joven. Pero¿ qué principio y qué pretexto tuvieron los discursos?
2
FILINO: Los guías terminaban lo que estaba ordenado, sin preocuparse nada de que les pidiéramos abreviar las explicaciones y la mayor parte de las inscripciones. Al extranjero, la forma y la técnica de las estatuas le atraían moderadamente, habiendo sido, al parecer, espectador de muchas y bellas obras; pero admiraba el brillo del bronce, como si no se pareciera a la herrumbre ni al verdín, sino a un tinte de azul brillante, de modo que incluso bromeó con los navarcos— pues de ellos había comenzado la observación— diciendo que estaban, sencillamente, como marinos y abisales por el color.«¿ Acaso— dijo— hubo alguna mezcla y preparación de los antiguos artesanos respecto al bronce, como la llamada templanza de las espadas, cuya desaparición hizo que el bronce tuviera una tregua de obras bélicas?». Pues el bronce corintio no obtuvo su belleza por arte, sino por casualidad, al invadir el fuego una casa que tenía algo de oro y plata, y mucho bronce almacenado; al mezclarse y fundirse estos, el bronce dio nombre al que era mayor en cantidad. Pero Teón, interviniendo, dijo que habíamos oído otro relato más astuto: que un broncista en Corinto, al encontrar un cofre que contenía mucho oro y temiendo ser descubierto, cortando poco a poco y mezclándolo suavemente con el bronce, que adquiría una mezcla maravillosa, lo vendía caro por el color y la belleza que era apreciada. Pero también estos y aquellos son mitos; había, al parecer, alguna mezcla y aderezo, como también ahora, al mezclar oro con plata, proporcionan una palidez enfermiza y una corrupción poco bella que a mí me parece peculiar y extraordinaria.
3
¿ Qué causa, pues, dijo Diogeniano, crees que ha tenido el color del bronce aquí? Y Teón, cuando dijo que de los primeros y más naturales elementos que serán y son, fuego, tierra, aire y agua, nada más se acerca ni se relaciona con el bronce excepto solo el aire, es evidente que ha sufrido por este y a través de este ha obtenido la diferencia que tiene, al estar siempre presente y aplicado;¿ o esto ya lo sabías antes de que naciera Teognis, según el cómico, pero deseas aprender qué naturaleza tiene el aire y de qué fuerza se sirve al tocar para haber coloreado el bronce? Tras decir Diogeniano:« Pues yo también, hijo», dijo,« busquemos, pues, en común y primero, si quieres, por qué causa el aceite se llena de verdín más que los líquidos; pues no es que el verdín se frote contra el bronce, ya que se acerca a él puro e inmaculado».« De ninguna manera— dijo el joven—, me parece que la causa de esto es otra; pues al ser fino, puro y transparente, el verdín que cae sobre él es muy evidente, mientras que en los otros líquidos desaparece». Y Teón dijo:« Bien, hijo, y correctamente; observa, si quieres, también la causa mencionada por Aristóteles».« Pero quiero», dijo. Dice, pues, que de los otros líquidos el verdín se desplaza de forma invisible y se dispersa, al ser los poros desiguales y raros; pero que en el aceite se contiene por su densidad y permanece acumulado. Si, pues, nosotros también podemos suponer algo así, no estaremos del todo faltos de encantamiento y consuelo ante la dificultad.
4
Como ordenábamos y consentíamos, dijo que el aire en Delfos, al ser denso, continuo y tener tensión debido a la reflexión y resistencia de los montes, es además fino y mordaz, como atestiguan también los procesos de digestión de los alimentos; al penetrar, pues, por su finura y cortar el bronce, hace que brote mucho verdín de él y terroso, pero que este, a su vez, se contiene y presiona, al no permitir la densidad su dispersión, y el que se deposita por su cantidad florece y adquiere brillo y lustre en la superficie. Tras haberlo aceptado nosotros, el extranjero dijo que la otra hipótesis bastaba para el discurso.« La finura— dijo— parecerá oponerse a la mencionada densidad del aire, pero no se toma necesariamente; pues el bronce mismo, al envejecer por sí mismo, exhala y suelta el verdín, que la densidad, al retenerlo y espesarlo, lo hace evidente por su cantidad». Interviniendo Teón, dijo:«¿ Qué impide, pues, extranjero, que lo mismo sea fino y denso, como los tejidos de seda y lino, sobre los cuales también Homero dijo:' del fino lienzo resbala el aceite líquido', indicando la precisión y finura del tejido al no esperar el aceite, sino resbalar y deslizarse, al no dejarlo pasar la finura y densidad? Y ciertamente, no solo se podría usar la finura del aire para la incisión del verdín, sino que parece hacer el color mismo más agradable y más azulado, mezclando luz y brillo con el azul».
5
Tras producirse silencio a partir de esto, de nuevo los guías exponían las explicaciones. Habiéndose dicho un oráculo en verso, creo, sobre el reinado de Egon el argivo, Diogeniano dijo haber admirado muchas veces la vulgaridad y la pequeñez de los versos en los que se dicen los oráculos. Y eso que el dios es conductor de las Musas, y no menos bello le es participar de la llamada elocuencia que de la buena voz en melodías y cantos, y superar mucho a Hesíodo y a Homero en elocuencia; pero vemos que la mayoría de los oráculos están llenos de faltas y vulgaridad tanto en los metros como en los nombres. Estando presente, pues, el poeta Sarapión de Atenas, dijo:« Entonces, creyendo que estos versos son del dios, nos atrevemos de nuevo a decir que son inferiores en belleza a los de Homero y Hesíodo, y no usaremos estos como si estuvieran hechos de la mejor y más bella manera, corrigiendo nuestro propio juicio, predispuesto por una mala costumbre». Interviniendo, pues, Boeto el geómetra— pues conoces al hombre que ya se inclina hacia Epicuro—, dijo:«¿ Has oído, pues, lo de Pausón el pintor?».« Yo no», dijo Sarapión.« Pero ciertamente merece la pena. Pues habiendo tomado, al parecer, un caballo revolcándose, lo pintó corriendo. Indignado el hombre, Pausón rió y dio la vuelta al cuadro; y al quedar lo de arriba abajo, de nuevo el caballo parecía corriendo, no revolcándose». Dice Bión que esto les sucede a algunos de los discursos cuando se invierten. Por eso también algunos dirán que los oráculos son buenos y bellos porque son del dios; otros, que no son del dios porque son vulgares. Pues aquello está en lo incierto; pero que los versos sobre los oráculos no están bien hechos, también para ti, juez, querido Sarapión, dijo, es evidente. Pues escribes poemas filosóficos y austeros en los asuntos, pero en fuerza, gracia y construcción en la dicción, más parecidos a los de Homero y Hesíodo que a los emitidos por la Pitia.
6
Y Sarapión dijo:« Pues estamos enfermos, Boeto, tanto los oídos como los ojos, acostumbrados por el lujo y la molicie a considerar y declarar bellas las cosas más dulces. Quizás, pues, censuraremos a la Pitia porque no suena más melodiosa que Glauca la citarista, ni baja al ádito untada con perfumes ni vestida de púrpura, ni quema casia, ládano o incienso, sino laurel y harina de cebada.¿ No ves— dijo— cuánta gracia tienen los cantos sáficos que encantan y seducen a los oyentes? Pero la Sibila, con boca delirante, según Heráclito, diciendo cosas sin risa, sin adorno y sin perfume, llega con su voz a mil años gracias al dios. Y Píndaro dice que Cadmo escuchó del dios una música correcta, no dulce ni lujuriosa ni quebrada en las melodías. Pues el placer no lo admite lo impasible y puro, sino que allí fue arrojada junto con la Ate, y la mayor parte de ella, al parecer, ha fluido a los oídos de los hombres».
7
Tras decir esto Sarapión, Teón sonrió y dijo:« Sarapión ha devuelto lo acostumbrado a su modo, disfrutando al haber surgido un discurso sobre la Ate y el placer. Pero nosotros, Boeto, aunque estos versos sean más vulgares que los de Homero, no pensemos que los ha hecho el dios, sino que él da el principio del movimiento, según la naturaleza de cada una de las profetisas. Pues incluso si hubiera que escribir, no decir, los oráculos, no creo que, creyendo que son escritos del dios, los censuraríamos porque son inferiores en caligrafía a los reales. Pues no es del dios la voz, ni el sonido, ni la dicción, ni el metro, sino de la mujer; él solo presenta las imágenes y hace luz en el alma sobre el futuro; pues el entusiasmo es tal. Y en general, a vosotros, los profetas de Epicuro— pues es evidente que tú también te dejas llevar—, no es posible escapar, sino que también acusáis a aquellas antiguas profetisas como si usaran poemas vulgares, y a las de ahora que dicen los oráculos en prosa y a través de nombres fortuitos, para que no tengáis que rendir cuentas de metros acéfalos, laxos y cojos». Y Diogeniano dijo:« No bromees, por los dioses, sino resuélvenos esta dificultad que es común. Pues no hay ninguno de los griegos que no busque la causa y el motivo de cómo ha cesado el oráculo de usar versos y discursos». Interviniendo, pues, Teón, dijo:« Pero también ahora, hijo, parecemos quitar a los guías su propia tarea por alguna envidia. Deja, pues, que ocurra lo de estos primero, luego sobre lo que quieras discutirás con tranquilidad».
8
Ya avanzábamos junto a la estatua de Hierón el tirano; y el extranjero, aunque sabía todo sobre los demás, se mostraba sin embargo, por facilidad, como oyente; pero al oír que una columna de bronce que estaba arriba de Hierón cayó, automáticamente aquel día, y coincidió que Hierón moría en Siracusa, se maravilló. Y yo recordaba a la vez cosas similares, como la de Hierón el espartano, que antes de su muerte en Leuctra se cayeron los ojos de la estatua, y las estrellas que Lisandro dedicó tras la batalla naval en Egospótamos desaparecieron. La estatua de piedra del mismo Lisandro floreció con una maleza salvaje y hierba en tal cantidad que ocultó el rostro. Y en las desgracias sicilianas de los atenienses, los frutos de oro de la palmera caían, y los cuervos picoteaban el escudo del Paladio. Y la corona de los cnidios, que Filomelo, el tirano de los focidios, regaló a Farsalia la bailarina, al trasladarse ella de Grecia a Italia, la perdió en Metaponto mientras jugaba cerca del templo de Apolo; pues los jóvenes, al lanzarse sobre la corona y luchar entre ellos por el oro, despedazaron a la mujer. Aristóteles, pues, decía que solo Homero hacía nombres en movimiento por la energía; yo diría que también las ofrendas aquí se mueven sobre todo y señalan junto con la providencia del dios; y que ninguna parte de estas es vacía ni insensible, sino que todas están llenas de divinidad. Y Boeto dijo:« Sí, pues no basta con encerrar al dios en un cuerpo mortal una vez al mes, sino que también lo mezclaremos con toda piedra y bronce, como si no tuviéramos a la fortuna y al azar como artífices suficientes de tales sucesos». Entonces dije yo:«¿ Te parece a ti que cada uno de estos sucesos se debe a la fortuna y al azar, y es probable que los átomos se deslicen, se disuelvan y se desvíen ni antes ni después, sino en aquel tiempo en el que cada uno de los que dedicaron iba a sufrir peor o mejor? Y a ti, Epicuro te beneficia ahora, al parecer, por lo que dijo o escribió hace trescientos años; pero el dios, si no se uniera llevándose a sí mismo a todo y no se mezclara con todo,¿ no te parecería que proporciona el principio de movimiento y la causa de afección a ninguno de los seres?».
9
Tales cosas respondí yo a Boeto, y similares sobre los oráculos sibilinos. Pues cuando nos detuvimos junto a la roca que está junto al consejo, sobre la cual se dice que se sentaba la primera Sibila al llegar del Helicón, criada por las Musas( algunos dicen que llegó de los malieos, siendo hija de Lamia, hija de Poseidón), Sarapión recordó los versos en los que se cantó a sí misma, que ni siquiera al morir cesará de la adivinación; sino que ella misma circula en la luna, habiéndose convertido en el llamado rostro visible, y su espíritu, mezclado con el aire, será llevado siempre en rumores y presagios; y al transformarse el cuerpo en la tierra, al brotar hierba y plantas, estas serán pasto de animales sagrados, que tendrán colores, formas y cualidades de todo tipo en sus entrañas, de donde provienen las premoniciones de los hombres sobre el futuro. Boeto era aún más evidente al burlarse; pero al decir el extranjero que, si bien estas cosas parecen mitos, sin embargo, muchas restauraciones y traslados de ciudades griegas, y muchas apariciones de ejércitos bárbaros y destrucciones de hegemonías dan testimonio de las adivinaciones; y que estos sucesos recientes y nuevos en torno a Cumas y Dicearquia, no cantados hace tiempo y celebrados a través de los sibilinos, el tiempo los ha devuelto como si los debiera, erupciones de fuego montañoso y hervores marinos, y lanzamientos de piedras e inflamaciones por el aire, y destrucciones de ciudades a la vez tan grandes y tales, que tras pasar el día hay ignorancia y oscuridad sobre dónde estaban habitadas, al estar el país confundido; pues si esto ha sucedido, es difícil de creer, y mucho más haberlo predicho sin divinidad.
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Y Boeto dijo:«¿ Qué afección, pues, divino, no debe el tiempo a la naturaleza?¿ Qué hay de extraño e inesperado en la tierra, el mar, las ciudades o los hombres, que alguien, al predecirlo, no acierte que suceda? Y sin embargo, esto casi ni siquiera se puede predecir, sino decir, o más bien lanzar y dispersar discursos que no tienen principio hacia lo infinito; a los cuales, al vagar, la fortuna ha encontrado muchas veces y ha coincidido automáticamente. Pues difiere, creo, que suceda lo dicho a que se diga lo que va a suceder. Pues el discurso que dice lo que no existe, teniendo en sí mismo el error, no espera justamente la fe por el azar, ni usa como prueba verdadera de haber predicho el saber lo que sucedió después de decir, llevándolo todo la infinitud; más bien, el que conjetura bien, a quien el proverbio ha proclamado el mejor adivino, es semejante al que sigue el rastro y busca a través de lo razonable el futuro. Pero estas Sibilas y Bácides, como hacia el mar, lanzaron y dispersaron el tiempo sin pruebas, como sucedió, nombres y palabras de todo tipo de afecciones y sucesos; a los cuales, al suceder algunos por fortuna, es igualmente falso lo que se dice ahora, aunque después, si sucede, sea verdad».
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Tras exponer Boeto tales cosas, Sarapión dijo que el axioma es justo sobre las cosas dichas así, como dice Boeto, de forma indefinida y sin hipótesis; si se ha predicho victoria a un general, ha vencido; si destrucción de una ciudad, ha perecido. Pero donde no solo se dice lo que va a suceder, sino también cómo, cuándo, después de qué y con quién, no es conjetura de lo que quizás sucederá, sino premonición de lo que sucederá absolutamente. Y estas son las relativas a la cojera de Agesilao:« Observa, Esparta, aunque seas muy orgullosa, no sea que tu coja realeza dañe tu paso recto. Pues largos trabajos te retendrán, inesperados, y sobre la ola que consume hombres de la guerra que rueda». Y las relativas a la isla de nuevo, que levantó el mar antes de Tera y Terasia; y sobre la guerra de Filipo y los romanos:« Pero cuando la estirpe de los troyanos sea superior a la de los fenicios en la lucha, entonces habrá obras increíbles; el mar brillará con fuego inextinguible, y de los rayos, trombas de fuego saltarán arriba a través de la ola mezcladas con piedra, y se mantendrá allí una isla no nombrable para los hombres, y hombres peores, habiendo forzado con sus manos al más fuerte, vencerán». Pues que en poco tiempo los romanos superaran a los cartagineses tras combatir a Aníbal, y que Filipo, al enfrentarse a los etolios y romanos, fuera vencido en batalla, y finalmente que una isla surgiera del abismo con mucho fuego y oleaje hirviente, nadie diría que todo sucedió a la vez y coincidió por fortuna y automáticamente, sino que el orden manifiesta la premonición y el haber predicho a los romanos hace casi quinientos años el tiempo en el que combatirían contra todas las naciones a la vez; esto era combatir contra los esclavos que se habían rebelado. En estos, pues, no hay nada sin pruebas ni ciego que el discurso busque en torno a la fortuna en la infinitud, sino que da muchas prendas de la experiencia y muestra el camino por donde camina el destino. Pues no creo que nadie dirá que junto con estos, como se predijo, coincidió por fortuna; pues¿ qué impide decir otra cosa, como que Epicuro no escribió las doctrinas principales para vosotros, Boeto, sino que por fortuna y automáticamente, al coincidir así las letras unas con otras, se terminó el libro?».
12
A la vez que se decían estas cosas, avanzábamos. En la casa de los corintios, al observar la palmera de bronce, que es la que aún queda de las ofrendas, las ranas y serpientes de agua esculpidas en torno a la raíz causaban asombro a Diogeniano, y ciertamente también a nosotros. Pues ni la palmera, como otros árboles, es una planta pantanosa y amante del agua, ni las ranas corresponden a los corintios, de modo que sean símbolo o emblema de la ciudad; como, ciertamente, se dice que los selinuntios dedicaron alguna vez un apio de oro, y los tenedios el hacha por los cangrejos que nacen en torno al llamado Asterio entre ellos; pues solo ellos, al parecer, tienen en el caparazón la forma de un hacha. Y ciertamente, al dios mismo, consideramos que le son más queridos los cuervos, cisnes, lobos, halcones y todo más que estos animales. Tras decir Sarapión que el artífice aludió a la alimentación del sol a partir de los líquidos, su nacimiento y exhalación, ya sea por haber oído a Homero decir:« el sol saltó dejando el bellísimo lago», ya sea por haber visto a los egipcios escribir el principio del amanecer como un niño recién nacido sentado sobre un loto, reí y dije:«¿ Dónde tú de nuevo, buen hombre, empujas la Estoa aquí y sugieres suavemente al discurso las igniciones y exhalaciones, no como las tesalias bajando la luna y el sol, como si brotaran y se regaran desde aquí, desde la tierra y las aguas? Pues Platón llamó al hombre planta celestial, como si se erigiera desde una raíz arriba, desde la cabeza; vosotros, en cambio, os burláis de Empédocles, que afirma que el sol, al nacer en torno a la tierra por la reflexión de la luz celestial, de nuevo resplandece hacia el Olimpo con rostros impávidos, mientras vosotros declaráis al sol animal nacido de la tierra o planta pantanosa, inscribiéndolo en la patria de las ranas o serpientes de agua. Pero dejemos esto para la tragedia estoica, y examinemos los trabajos secundarios de los artesanos de forma secundaria. Pues en muchos son elegantes, pero no en todas partes han evitado lo frío y rebuscado. Como, pues, el que hizo el gallo sobre la mano de Apolo indicó la hora matutina y el momento del amanecer que se acerca, así aquí uno diría que las ranas han sido hechas como símbolo de la estación primaveral, cuando el sol comienza a dominar el aire y a disolver el invierno, si es que hay que considerar, según vosotros, a Apolo y al sol no como dos dioses, sino como uno». Y Sarapión dijo:«¿ Pues tú no lo consideras así, sino que crees que el sol difiere de Apolo?».« Yo sí— dije—, como la luna difiere del sol; pero esta no oculta muchas veces ni a todos el sol, mientras que el sol ha hecho que casi todos ignoren a Apolo, desviando con la sensación el pensamiento de lo que es hacia lo que aparece».
13
A partir de esto, Sarapión preguntó a los guías por qué no llaman a la casa de Cípselo, el que la dedicó, sino de los corintios. Ante la falta de causa, al menos para mí, al callar ellos, reí y dije:«¿ Qué más, pues, pensamos que estos conocen o recuerdan, estando completamente aturdidos, mientras nosotros hablamos de cosas elevadas? Pues antes les oíamos decir que, al disolverse la tiranía, los corintios querían inscribir tanto la estatua de oro en Pisa como este tesoro aquí como de la ciudad. Delfos, pues, dio como es justo, y consintió, pero los eleos, al tener envidia, votaron que no participaran de los Ístmicos, de donde no ha habido desde entonces ningún atleta de los Ístmicos eleo. Pero la muerte de los Moliónidas por Heracles en torno a Cleonas no es, como algunos piensan, causa parcial para que los eleos sean excluidos; pues al contrario, les correspondía a ellos excluir, si por esto habían chocado con los corintios». Yo, pues, dije esto.
14
Y cuando el guía nos mostró, tras pasar la casa de los acantios y de Brásidas, el lugar en el que estuvieron alguna vez los obeliscos de hierro de Rodopis la cortesana, Diogeniano, indignado, dijo:«¿ Era, pues, de la misma ciudad proporcionar lugar a Rodopis, donde depositará las décimas que trae de sus salarios, y perder a Esopo, su compañero de esclavitud?». Y Sarapión dijo:«¿ Por qué, pues, estas cosas, dichoso, te indignas? Mira allí arriba y contempla a Mnesarete entre los estrategas y reyes, a quien Crates dijo que estaba dedicada como trofeo de la incontinencia de los griegos». Al verla, pues, el joven dijo:«¿ Entonces no era sobre Friné que esto había sido dicho por Crates?».« Sí— dijo Sarapión—; pues se llamaba Mnesarete, y tuvo el sobrenombre de Friné por su palidez. Muchos, al parecer, de los nombres los ocultan los sobrenombres. Pues dicen que la madre de Alejandro fue llamada Polixena, luego Mirtale, Olimpia y Estratonice; y a la rodia Eumétide, hasta ahora la mayoría la llama Cleobulina por su padre; y a Herófila la eritrea, al hacerse adivina, la llamaron Sibila; y oirás a los gramáticos decir que Leda fue llamada Mnesinoe, y Orestes Aqueo. Pero,¿ cómo— dijo, mirando a Teón— piensas tú resolver esta acusación sobre Friné?».
15
Y aquel, sonriendo tranquilamente, dijo:« De tal manera que también a ti te reprocho que examines las cosas más pequeñas de las faltas griegas. Pues así como Sócrates, al ser agasajado en casa de Calias, combate solo contra el perfume, pero al ver danzas de niños, volteretas, besos y bufones, los tolera, también tú me pareces excluir a una mujercita del templo por haber usado la belleza de su cuerpo no de forma libre, pero al ver al dios rodeado de primicias y décimas de matanzas, guerras y saqueos, y el templo lleno de despojos y botines griegos, no te indignas, ni te compadeces de los griegos al leer las más vergonzosas inscripciones sobre las bellas ofrendas:' Brásidas y los acantios de los atenienses', y' los atenienses de los corintios', y' los focidios de los tesalios',' los orneatas de los sicionios', y' los anfictiones de los focidios'. Pero Praxíteles, al parecer, fue el único que molestó a Crates al obtener su amada una donación allí, a quien Crates debía alabar porque ante estos reyes de oro presentó a una cortesana de oro, reprochando a la riqueza que no tiene nada de admirable ni solemne. Pues es bello dedicar al dios ofrendas de justicia, templanza y grandeza de alma, a los reyes y a los gobernantes, no de riqueza dorada y lujosa, de la cual participan también los que han vivido de la manera más vergonzosa».
16
«¿ Y aquello no lo dices— dijo el otro de los guías—, que Creso hizo aquí también una imagen de oro de la panadera y la dedicó, aunque no por lujo en el templo, sino por haber tomado una causa bella y justa? Pues se dice que Aliates, el padre de Creso, se casó con una segunda mujer y criaba a otros hijos; la mujer, pues, al conspirar contra Creso, dio veneno a la panadera y le ordenó que, tras amasar un pan, se lo sirviera a Creso; pero la panadera se lo contó secretamente a Creso, y sirvió el pan a los hijos de ella. Por lo cual, al reinar Creso, como si tuviera al dios por testigo, recompensó la gracia de la mujer, haciendo bien a aquella». De donde, dijo, es digno, pues, honrar y amar también si hay alguna ofrenda de las ciudades de tal tipo, como la de los opuntios. Pues cuando los tiranos de los focidios, tras fundir muchas de las ofrendas de oro y plata, acuñaron moneda y la dispersaron por las ciudades, los opuntios, tras recoger toda la plata, enviaron una hidria aquí al dios y la consagraron. Yo también alabo a los mirineos y a los apoloniates por haber enviado aquí cosechas de oro; y aún más a los eretrios y magnetas, por haber regalado al dios primicias de hombres, como dador de frutos, paterno, generador y filántropo. Pero censuro a los megarenses, porque casi fueron los únicos que pusieron aquí al dios con una lanza tras la batalla en la que, tras vencer a los atenienses que tenían la ciudad después de las guerras médicas, los expulsaron. Más tarde, sin embargo, dedicaron un plectro de oro al dios, tras colocarlo, al parecer, según Esquino, que dice sobre la lira, que es armonizada por el hermoso Apolo de Zeus, que tiene todo principio y fin; y tiene un brillante plectro, la luz del sol».
17
Al intentar Sarapión decir algo sobre esto, el extranjero dijo:« Es dulce escuchar tales discursos, pero para mí es necesario reclamar la primera promesa sobre la causa que ha hecho cesar a la Pitia de profetizar en versos y otros metros; de modo que, si parece, posponiendo lo que queda de la visita, escuchemos sobre esto sentándonos aquí. Pues este es el discurso que más se opone a la fe del oráculo; que una de dos, o la Pitia no se acerca al lugar en el que está lo divino, o el espíritu se ha extinguido por completo y la fuerza ha desaparecido». Tras dar la vuelta, pues, nos sentamos en los escalones meridionales del templo, mirando hacia el templo de la Tierra y el agua, de modo que inmediatamente dijo Boeto que también el lugar contribuye a la dificultad del extranjero. Pues había aquí un templo de las Musas en torno a la respiración de la fuente, de donde usaban esta agua para las libaciones, como dice Simónides:« donde se guarda para las abluciones el agua pura de las Musas de bellos cabellos, desde abajo». Y un poco más rebuscadamente, de nuevo Simónides, tras llamar a Clío« guardiana de las abluciones», dice que es muy suplicada y escasa, y que tomó agua ambrosíaca de los recovecos, sin vestido de oro, fragante. No creyó, pues, correctamente Eudoxo que esta agua fuera llamada del Estigia. Y establecieron a las Musas como asistentes de la adivinación y guardianas de ella junto a la fuente y el templo de la Tierra, de la cual se dice que nació el oráculo por la profecía en metros y melodías. Algunos dicen también que aquí se oyó por primera vez el metro heroico:« Traed alas, aves, y cera, abejas», cuando al dios, al hacerse necesitado, le ocurrió perder lo solemne.
18
Sarapión dijo esto de manera más moderada, oh Boeto, y más musical; pues no debemos luchar contra el dios ni, junto con la adivinación, suprimir la providencia y lo divino, sino buscar soluciones a lo que parece contradictorio y no abandonar la fe piadosa y tradicional.« Dices bien», dije yo,« excelente Sarapión; pues tampoco desaprobamos la filosofía como si estuviera totalmente suprimida y corrompida porque antes los filósofos expresaban sus doctrinas y discursos en poemas, como Orfeo, Hesíodo, Parménides, Jenófanes, Empédocles y Tales; pero después cesaron y han cesado de usar metros, excepto tú; y a través de ti, de nuevo, la poética regresa a la filosofía, exhortando a los jóvenes de manera elevada y noble. Tampoco los seguidores de Aristarco, Timócaris, Aristilo e Hiparco hicieron la astrología más despreciable al escribir en prosa, cuando antes Eudoxo, Hesíodo y Tales escribían en metros, si es que Tales compuso, a decir verdad, la astrología que se le atribuye. Píndaro, incluso respecto al modo de la melodía que se descuida, confiesa estar perplejo y se admira de que, pues no hay nada terrible ni absurdo en buscar las causas de tales cambios, no es justo suprimir las artes y las facultades si algo se mueve y se desvía de lo que está conforme a ellas».
19
Teón intervino:« Pero esto, ciertamente, ha tenido grandes cambios e innovaciones; sin embargo, sabemos que muchos oráculos de aquí se emitían entonces en prosa y sobre asuntos no triviales. Pues a los lacedemonios, como ha registrado Tucídides, cuando consultaban sobre la guerra contra los atenienses, les respondió con victoria y poder, y que él mismo ayudaría, tanto si se le invocaba como si no; y a Pausanias, que si no lo traían de vuelta, araría con un arado de plata. A los atenienses, que consultaban sobre la expedición a Sicilia, les ordenó traer a la sacerdotisa de Atenea de Eritras; la mujer se llamaba Hesiquia. A Deinómenes el siciliano, que consultaba sobre sus hijos, le respondió que los tres serían tiranos; y cuando Deinómenes replicó:“¡ Que giman, oh señor Apolo!”,¿ acaso no dijo que también concedía esto y lo añadía? Sabed, pues, que Gelón reinó con hidropesía, Hierón con cálculos, y el tercero, Trasíbulo, tras verse envuelto en facciones y guerras, fue expulsado del poder en poco tiempo. Procles, el tirano de Epidauro, mató a muchos otros cruel y ilegalmente, y a Timarco, que había llegado de Atenas con dinero, lo recibió y agasajó para luego matarlo, y arrojó el cuerpo al mar metido en un cesto; hizo esto a través de Cleandro de Egina, sin que los demás lo supieran. Más tarde, al verse en dificultades, envió aquí a su hermano Cleótimo en secreto para consultar sobre su huida y traslado. El dios respondió que concedía a Procles huida y traslado,¿ allí donde ordenó depositar al huésped egineta o donde el ciervo pierde el cuerno? Comprendiendo entonces el tirano que el dios le ordenaba ahogarse o enterrarse( pues los ciervos entierran y ocultan bajo tierra cuando se les cae el cuerno), se contuvo poco tiempo, luego, al volverse sus asuntos totalmente desastrosos, fue expulsado. Los amigos de Timarco, al capturarlo y matarlo, arrojaron el cadáver al mar. Y lo que es más importante, las retas, mediante las cuales Licurgo organizó la constitución de los lacedemonios, le fueron dadas en prosa. Por tanto, habiendo escrito oráculos sin metro Alirio, Heródoto, Filócoro e Istro, quienes más se esforzaron por recopilar los oráculos métricos, Teopompo, que se había ocupado del oráculo tanto como cualquiera, ha criticado duramente a quienes no creen que la Pitia profetizara en metros en aquel tiempo; luego, queriendo demostrar esto, se encontró con muy pocos oráculos, ya que los demás se emitían ya entonces en prosa».
20
« Algunos incluso ahora se desbocan con metros, por lo cual ha hecho un asunto notorio. Pues hay un santuario de Heracles Misógino en la Fócida, y se considera que el que ejerce el sacerdocio durante el año no debe tener trato con mujer; por eso designa sacerdotes de edad avanzada, excepto que antes un joven no malo, ambicioso, enamorado de una muchacha, tomó el sacerdocio y al principio se dominaba y evitaba a la mujer, pero una vez, descansando después de beber y bailar, ella se le acercó y lo consiguió. Temeroso y turbado, huyó al oráculo y preguntó al dios sobre su pecado si había alguna expiación o solución; recibió este oráculo:“ El dios concede todas las cosas necesarias”. Sin embargo, alguien podría conceder, puesto que nada se profetiza sin metro según nosotros, que se plantee más dudas sobre los antiguos que a veces daban las respuestas en metros y a veces sin ellos. Pero ninguna de las dos cosas, hijo, es irracional, siempre que tengamos opiniones rectas y puras sobre el dios, y no pensemos que él es aquel mismo que componía los versos antes y ahora sugiere los oráculos a la Pitia, como si hablara a través de máscaras».
21
« Pero de nuevo es digno decir algo más largo y preguntar sobre esto; por ahora, habiendo aprendido en breve, recordemos que el cuerpo usa muchos instrumentos, pero el alma usa el cuerpo mismo y las partes del cuerpo, y el alma se ha convertido en instrumento de Dios; y la virtud del instrumento es imitar lo más posible al que lo usa, según la facultad que tiene por naturaleza, y proporcionar la obra del pensamiento que es capaz de realizar en él, y mostrarla no como en el creador, pura, impasible e infalible, sino mezclada con mucho de lo ajeno; pues por sí misma nos es oculta, y al aparecer a través de otro, se impregna de la naturaleza de aquel. Dejo de lado la cera, el oro, la plata y el bronce, y cuantas otras formas de materia moldeable reciben una idea de semejanza que se imprime, y cada una añade desde sí misma una diferencia distinta a la imitación, y las innumerables reproducciones de imágenes y espectros en los espejos planos, cóncavos y convexos a partir de una sola forma. Pues no hay nada que se parezca más a la idea ni que haya nacido más dócil para ser usado como instrumento que la luna; al recibir del sol lo brillante y ardiente, no lo envía hacia nosotros igual, sino que, mezclado con ella, cambió el color y tuvo una fuerza distinta; y el calor desaparece totalmente y abandona la luz por debilidad. Creo que conoces lo que se dice en Heráclito: que el soberano, cuyo es el oráculo en Delfos, ni habla ni oculta, sino que indica. Añade a estas cosas bien dichas y piensa en el dios de aquí usando a la Pitia para el oído, tal como el sol usa a la luna para la vista; pues muestra y revela sus pensamientos, pero los muestra mezclados a través de un cuerpo mortal y un alma que no puede estar en calma ni ofrecerse al que la mueve inmóvil desde sí misma y estable, sino que, como en un oleaje, resuena y se entrelaza con los movimientos y pasiones que hay en ella y la perturban. Pues así como los remolinos de los cuerpos que son arrastrados a la vez en círculo no dominan con firmeza, sino que, al ser llevados en círculo por necesidad y tender hacia abajo por naturaleza, se produce de ambos un giro turbulento y errático, así el llamado entusiasmo parece ser una mezcla de dos movimientos, uno según lo que el alma ha padecido y otro según cómo se mueve por naturaleza. Pues donde no es posible usar cuerpos inanimados y permanentes según lo mismo forzándolos, ni mover un cilindro esféricamente o un cubo, o una lira flautísticamente o una trompeta citarísticamente; pero no es distinto, al parecer, usar técnicamente cada cosa y según su naturaleza;¿ acaso alguien podría manejar lo animado y automovido que participa de impulso y razón de otra manera que según la disposición, facultad o naturaleza preexistente en él, moviendo musicalmente a una mente no musical, o gramaticalmente al analfabeto, o elocuentemente al inexperto en palabras y sin entrenamiento? No se puede decir».
22
« Me da testimonio también Homero, al no suponer que nada se realiza sin causa de un dios, por así decirlo, pero no haciendo que el dios use a todos para todo, sino a cada uno según la técnica o facultad que tiene.¿ O no ves, dijo, oh amigo Diogeniano, a Atenea, cuando quiere persuadir a los aqueos, llamando a Odiseo, cuando quiere confundir los juramentos, buscando a Pándaro, cuando quiere poner en fuga a los troyanos, yendo hacia Diomedes? Pues uno es vigoroso y guerrero, el otro arquero y necio, el otro hábil para hablar y prudente. Pues Homero no tenía la misma opinión que Píndaro, si es que Píndaro fue quien compuso:“ si Dios quiere, incluso sobre una balsa navegarás”; sino que sabía que otras facultades y naturalezas han nacido para otras cosas, cada una de las cuales se mueve de manera diferente, aunque sea una sola la que mueve a todas. Así pues, como el que mueve al infante no puede moverlo voladoramente, ni al ceceante claramente, ni al de voz débil sonoramente, sino que incluso a Bato, creo, por esto lo envió a Libia como fundador al acudir por su voz, porque era ceceante y de voz débil, pero real, político y prudente; así es imposible que el analfabeto y sin oído para los versos hable poéticamente. Así como la que ahora sirve al dios ha nacido, si alguien más, aquí legalmente y bien, y ha vivido ordenadamente; pero criada en una casa de campesinos pobres, sin aportar nada de técnica ni de ninguna otra experiencia y facultad, desciende al oráculo, sino que, como Jenófanes cree que la novia debe ir al marido habiendo visto lo menos posible y oído lo menos posible, así, inexperta e ignorante de casi todo y virgen a decir verdad, está con el dios en su alma. Pero nosotros creemos que el dios usa garzas, reyezuelos y cuervos que emiten sonidos para indicar, y no consideramos digno que, siendo mensajeros y heraldos de los dioses, digan cada cosa lógica y claramente, y exigimos que la voz y el dialecto de la Pitia, como desde la tribuna, no sea sin dulzura ni sencilla, sino que la proporcione en metro, con pompa, artificio, metáforas de nombres y hablando con flauta».
23
«¿ Qué diremos, pues, de los antiguos? No una sola cosa, creo. Primero, pues, como se ha dicho, la mayoría de ellos también se expresaban en prosa. Segundo, aquel tiempo trajo también mezclas y naturalezas de cuerpos que tenían algo fluido y propicio para la poesía, a las cuales inmediatamente se añadían entusiasmos, impulsos y preparaciones del alma que hacían una prontitud que necesitaba de un pequeño principio externo y una desviación de lo imaginativo, para ser arrastrados inmediatamente hacia lo propio solamente, como dice Filino, astrólogos y filósofos, sino que, al ocurrir en mucho vino y pasión, al fluir alguna compasión o al sobrevenir alegría, resbalaban hacia una voz melodiosa y los banquetes y los libros se llenaban de metros eróticos y canciones de letras. Eurípides, al decir que el amor enseña al poeta, aunque antes no sea musical, comprendió que el Amor no inserta la facultad poética y musical, sino que mueve y recalienta la que ya existe latente y ociosa.¿ O diremos que nadie ama ahora, oh extranjero, sino que el amor ha desaparecido, porque nadie dispara rápidamente himnos dulces como Píndaro dijo que disparaba himnos dulces a los jóvenes? Pero es absurdo; pues muchos amores todavía se vuelven hacia los hombres, y al tratar con almas que no están bien dotadas ni dispuestas para la música, son sin flauta y sin lira, pero no menos habladores y ardientes que los antiguos;¿ pues acaso no es impío decir o hermoso que la Academia y el coro de Sócrates y Platón estaban sin amor, de cuyos discursos eróticos se puede encontrar, pero no han dejado poemas?¿ Qué deja de decir el que afirma que Safo fue la única mujer erótica, que la Sibila, Aristónica y todas las que profetizaron a través de metros fueron las únicas adivinas? Pues el vino, como decía Queremón, se mezcla con los modos de los que beben, y el entusiasmo adivinatorio, como el erótico, usa la facultad subyacente y mueve a cada uno de los que la reciben según lo que es por naturaleza».
24
« No obstante, observando también lo del dios y la providencia, veremos que el cambio ha sido para mejor. Pues el uso del discurso se parece al cambio de moneda, y lo habitual y conocido es también válido, recibiendo distinta fuerza en distintos tiempos. Hubo, pues, un tiempo en que usaban monedas de discurso en metros, melodías y canciones, llevando toda historia y filosofía, y todo sentimiento, por así decirlo, y asunto que necesitara una voz más solemne, a la poesía y la música. Pues no solo ahora pocos apenas entienden, sino que entonces todos escuchaban y se alegraban de lo que se cantaba, pastores, labradores y cazadores de aves, según Píndaro, sino que, por la aptitud hacia la poesía, la mayoría aconsejaba, hablaba con franqueza y exhortaba a través de la lira y la canción, terminaban mitos y proverbios, y además hacían himnos a los dioses, oraciones y peanes en metros y melodías, unos por talento natural y otros por costumbre. Por tanto, el dios no envidiaba a la adivinación el adorno y la gracia, ni expulsaba de aquí a la musa honrada del trípode, sino que más bien la atraía, despertando y acogiendo las naturalezas poéticas, y él mismo daba fantasías y ayudaba a mover lo solemne y oracular como algo apropiado y admirable. Pero cuando, al tomar la vida un cambio junto con las fortunas y las naturalezas, la necesidad, expulsando lo superfluo, quitaba los moños de oro, despojaba las túnicas suaves y, tal vez, cortaba el cabello más arrogante y desataba el coturno, acostumbrándose no mal a embellecerse contra el lujo con la sencillez y a poner lo simple y llano en el adorno más que lo arrogante y curioso; así, cambiando el discurso a la vez y liberándose, la historia descendió de los metros como de vehículos y en la prosa se separó lo verdadero de lo mítico; la filosofía, acogiendo lo claro y didáctico más que lo que asombra, hacía la búsqueda a través de discursos; y el dios detuvo a la Pitia llamando a sus ciudadanos“ quemados por el fuego”, a los espartanos“ comedores de serpientes”, a los hombres“ montañeses” y a los ríos“ montañeses”; y habiendo quitado de los oráculos versos, lenguas, perífrasis y oscuridad, preparó que hablara a los que consultaban tal como las leyes hablan a las ciudades, los reyes se encuentran con los pueblos y los discípulos escuchan a los maestros, adaptándose a lo inteligente y persuasivo».
25
« Pues hay que saber bien que el dios, como dice Sófocles, es siempre para los sabios un adivinador de oráculos, y para los necios un maestro simple y breve. Junto con la claridad, también la fe giraba cambiando así con los demás asuntos, de modo que antiguamente lo que no era habitual ni común, sino oblicuo y simplemente perífrasis, llevaba a la mayoría a asombrarse y venerar la divinidad; pero después, amando aprender cada cosa clara y fácilmente, y no con pompa ni artificio, criticaban la poesía que rodeaba a los oráculos, no solo como contraria al pensamiento al mezclar oscuridad y sombra con lo que se decía hacia la verdad, sino que ya sospechaban también las metáforas, los enigmas y las ambigüedades, como si fueran rincones y refugios hechos para el que falla en la adivinación. Y era posible escuchar a muchos decir que ciertos hombres poéticos, al recibir las voces y suponer, se sientan alrededor del oráculo, entrelazando versos, metros y ritmos como recipientes para los oráculos a partir de lo que se presenta. Dejo de lado qué acusación trajeron aquellos Onomácritos, Heródicos y Cinetones sobre los oráculos, al añadirles tragedia y pompa sin necesidad, ni acepto las calumnias. Sin embargo, la poesía llenó de mayor descrédito el género vagabundo, de mercado, que bromea alrededor de los templos de la Madre y de Serapis, que unos por sí mismos y otros por sorteo, a partir de ciertos escritos, realizaban oráculos para esclavos y mujeres, llevados sobre todo por los metros y lo poético de los nombres, de donde no menos la poesía, al parecer, al ofrecerse común a estafadores, embaucadores y falsos adivinos, cayó de la verdad y del trípode».
26
« No me extrañaría, pues, si a veces era necesaria cierta duplicidad, rodeo y oscuridad para los antiguos. Pues no era tal o cual persona, por Zeus, la que bajaba a consultar sobre la compra de un esclavo, ni tal o cual sobre un trabajo, sino ciudades de gran poder, reyes y tiranos que no pensaban nada moderado se encontraban con el dios sobre asuntos que no convenía a los que estaban alrededor del oráculo afligir y provocar con enemistad al escuchar muchas cosas no deseadas. Pues el dios no se deja persuadir por Eurípides, como si legislara y dijera que Febo solo debería profetizar a los hombres. Pero usando siervos y profetas mortales, de los cuales conviene cuidar y proteger para que no perezcan a manos de hombres malvados sirviendo al dios, no quiere ocultar la verdad, pero al desviar su manifestación como un rayo en la poesía que recibe muchas reflexiones y se divide en muchos lugares, quitaba lo que era su contraparte y duro. Y, por tanto, era necesario que también los tiranos ignoraran y los enemigos no presintieran. A estos, pues, los rodeó de sospechas y ambigüedades, que, al ocultar lo que se decía a otros, no se les escapaban ni engañaban a los que necesitaban y prestaban atención; de donde es muy ingenuo el que, habiendo cambiado los asuntos, si el dios cree que debe ayudar de otra manera que a nosotros, lo acusa y calumnia».
27
« Además, no hay nada más útil para el discurso que la poesía, al estar lo que se dice atado a metros y entrelazado, para ser recordado y retenido. Pues a los de entonces les era necesaria mucha memoria; pues se decían muchas cosas, señales de lugares, momentos de acciones, santuarios de dioses allende los mares y tumbas secretas de héroes, y cosas difíciles de encontrar para los que partían lejos de Grecia. Pues sabéis del quío, Cretino, Nesico y Falanto, y otros muchos jefes de expediciones a quienes les era necesario encontrar con pruebas la fundación dada y apropiada para cada uno; de los cuales algunos incluso fallaban, como Bato. Pues pareció fracasar al no encontrar el lugar al que fue enviado; luego vino por segunda vez lamentándose. El dios, al decir:“ Si conoces Libia, rica en ovejas, mejor que yo, sin haber ido, habiendo ido, admiro demasiado tu sabiduría”, así de nuevo lo envió. Lisandro, al ignorar totalmente la colina Orcalide y la llamada Álopece y el río Hoplita, y“ al hijo de la tierra, el dragón engañoso que viene por detrás”, vencido en batalla, cayó en aquellos lugares a manos de Neócoro, hombre de Haliarto, que llevaba un escudo con un dragón como emblema. Pero no es necesario exponer ante vosotros, que los conocéis, otras muchas cosas semejantes de los antiguos, difíciles de retener y de recordar».
28
« En cuanto a los asuntos actuales, sobre los cuales consultan al dios, los acepto y acojo; pues hay mucha paz y tranquilidad, ha cesado la guerra, y no hay errancias, facciones ni tiranías, ni otras enfermedades y males de Grecia que necesiten, por así decirlo, fármacos de gran potencia y superfluos. Donde no hay nada variado, secreto ni terrible, sino preguntas sobre asuntos pequeños y populares, como en la escuela, propuestas sobre si se debe casar, si se debe navegar, si se debe prestar dinero, y los mayores oráculos de las ciudades son sobre la cosecha de frutos, la cría de ganado y la salud de los cuerpos; ahí, rodear de metros, inventar perífrasis y añadir lenguas a preguntas que necesitan una respuesta simple y breve, es tarea de un sofista ambicioso que embellece el oráculo por gloria. La Pitia, por su parte, es noble en su carácter, y cuando desciende allí y está junto al dios, le importa más la verdad que la gloria y que los hombres la alaben o la censuren».
29
« Quizás deberíamos ser así nosotros; pero ahora, como si estuviéramos angustiados y temerosos de que el lugar pierda la gloria de tres mil años y algunos, despreciando el oráculo, se alejen como de la clase de un sofista, nos disculpamos e inventamos causas y discursos a favor de lo que no sabemos ni nos conviene saber; consolando al que acusa y persuadiéndolo, no dejándolo alegrarse; pues para él mismo será primero más doloroso tener tal opinión sobre el dios; de modo que aceptad y admirad estos escritos de los sabios, el“ conócete a ti mismo” y el“ nada en exceso”, no menos por la brevedad, como si contuvieran una mente densa y forjada en poco volumen, y acusad a los oráculos porque dicen la mayoría de las cosas breve, simple y directamente. Y tales apotegmas de los sabios han sufrido lo mismo que las corrientes comprimidas en un estrecho; pues no tienen visión ni transparencia de la mente, sino que si examinas qué se ha escrito y dicho sobre ellos por quienes quieren aprender cómo es cada uno, no encontrarás fácilmente otros discursos más largos. El dialecto de la Pitia, así como los matemáticos llaman línea recta a la menor de las que tienen los mismos extremos, así, al no hacer curva, círculo, duplicidad ni ambigüedad, sino ser recta hacia la verdad y, sin embargo, insegura y responsable hacia la fe, no ha entregado hasta ahora ninguna prueba contra sí misma, y ha llenado el oráculo de ofrendas y regalos bárbaros y griegos, y lo ha embellecido con edificios, bellezas y construcciones anfictiónicas. Veis, sin duda, vosotros mismos muchas cosas añadidas que antes no existían, y muchas recuperadas de las que estaban confundidas y corrompidas. Y como a los árboles florecientes les brotan otros, también a Delfos la Pilea rejuvenece y se alimenta, tomando por las riquezas de aquí una forma, figura y adorno de santuarios, asambleas y aguas como no tuvo en los mil años anteriores. Los que habitan alrededor del Galaxio de Beocia percibieron la epifanía del dios en la abundancia y riqueza de leche; pues de todas partes brotó, como de fuentes, agua excelente, leche floreciente; y ellos llenaban los recipientes apresurándose; y ni un odre ni un ánfora descansaba en las casas, pues las cubas y los recipientes de madera se llenaron todos. A nosotros nos da señales más brillantes, mejores y más claras que estas, como si tras la sequía de la anterior soledad hubiera hecho abundancia, brillantez y honor. Y aunque me amo a mí mismo por lo que fui entusiasta y útil en estos asuntos junto con Polícrates y Petreo, y amo al que se convirtió en guía de esta política para nosotros y pensó y preparó la mayoría de estas cosas, pero no es posible de otra manera que un cambio tan grande y tal haya ocurrido en poco tiempo por cuidado humano, sin que el dios esté presente aquí y co- divinice el oráculo».
30
« Pero así como en aquellos tiempos estaban los que criticaban la oblicuidad y oscuridad de los oráculos, también ahora están los que calumnian lo demasiado simple. Cuyo padecimiento es totalmente infantil y necio; pues como los niños se alegran y aman más los arcoíris, los halos y los cometas que la luna y el sol, así estos anhelan los enigmas, las alegorías y las metáforas de la adivinación, siendo reflexiones hacia lo mortal y fantástico, y aunque no pregunten suficientemente la causa del cambio, se alejan condenando al dios, no a nosotros ni a sí mismos como incapaces de alcanzar con el razonamiento el pensamiento del dios».

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